Chile: Impunidad y terrorismo de Estado

 

Chile: Impunidad y terrorismo de Estado
 
“Terrorismo de Estado y impunidad han sido el arte de gobernar en Chile,desde el mismo 11 de septiembre de 1973.
El caso de los “calcinados” es uno de los 700 casos de miristas ejecutados,muertos en Torturas,lanzados al mar,calcinados,incendiados,cremados en el cementerio general y o en los hornos y centros secretos de la Dina-Cni de Pinochet,se trata de casos que tendran que estar 50 años en la impunidad,segun los gobiernos Concertacionistas-Aliancista.Todo podra ser investigado,menos los casos de terror y horror en que han sido asesinados miristas(MIR) hombre y mujeres,algun dia pondremos la verdad al descubierto”.Testimonios de Victor Toro Ramirez,1976-2008.ONU y Bronx,NY.
 

La hora de los calcinados

Prácticamente está comprobado que la CNI montó un operativo para eliminar a tres militantes del MIR y un socialista simulando una explosión. Gracias a esta estrategia sistematizada, en la actualidad nos 20 casos no han sido reconocidos por las comisiones de DDHH como crímenes políticos. El Gobierno reabrirá los procesos de recalificación de casos y éste es, sin duda, el más avanzado.
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La noche del 10 de noviembre de 1981, un miembro de la 3ra Compañía de Bomberos de Puente Alto acudió, junto a sus compañeros, a sofocar un incendio. Era en el camino a Las Vizcachas, justo al frente de la casa del ministro de Relaciones Exteriores, René Rojas Galdames. Cuando llegaron al lugar se encontraron con un panorama aterrador: A un lado de la calle, tres cuerpos yacían envueltos en llamas al interior de un automóvil. Un cuarto, ardía a pocos metros de la escena. Por un segundo, todos se quedaron helados. “Fue macabro, imagínate unos cuerpo quemándose, y viéndolos a través de las llamas. Además uno de ellos estaba decapitado, palabras exactas no hay para describirlo”, recuerda el bombero.
Al grupo se sumó personal de la 1ra Compañía de la comuna. En conjunto se preparaban para la acción y buscaban la mejor posición para apagar el fuego. Pero en ese momento, el voluntario recuerda que un hombre se los impidió. “Alto ahí”, les dijo. Al principio, pensó que era una recomendación para evitar los estragos del fuego, pero luego se dio cuenta que no era así. Era un grupo de cinco hombres que portaban pistolas y ametralladoras. Tenían los rostros desencajados de ira y cercaban el lugar.
190  20 kbEn un acto desesperado, el jefe a cargo de las dos unidades de bomberos les dio la orden de apagar el fuego, pero ahora todo quedó claro. “¡Salgan de ahí, el que da las órdenes soy yo”, respondió el sujeto que, quedó claro, era de la CNI. Al instante, el resto de los agentes los apuntaron con sus ametralladoras.
El bombero que fue testigo de esto actualmente vive en Dinamarca y, según altas fuentes de la investigación, es muy probable que sea llamado a declarar en el marco del proceso judicial por este caso, denominado “Calcinados” y que sustancia el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Joaquín Billard.
En la prensa de la época, la información indicaba que las personas que murieron al interior del automóvil eran los miristas Luis Pincheira y Jaime Cuevas; Juan Ramón Soto Cerda militante del Partido Socialista y un cuerpo que se atribuye al de Nelson Araneda pero que sigue sin identificar. A éste le faltaban la cabeza, piernas y manos. La versión oficial, entonces, estableció que los subversivos se encontraban estacionados afuera de la casa del canciller con la presunta intención de realizar un atentado. En ese momento, una patrulla de la CNI pasó por el lugar y les pidió que bajaran del automóvil. Pero se encontraron con una lluvia de balas en su contra. Sin otra posibilidad, los agentes de la dictadura dispararon contra del automóvil que, debido a los disparos, explotó. Luego comenzó el incendio y los cuerpos se calcinaron.
La investigación de Billard ha mostrado avances notables. Paso a paso se ha ido acreditando que no se trató de un enfrentamiento, sino de una operación deliberadamente orquestada por la CNI, que no contaba con la libertad para actuar que tenía su predecesora, la DINA.
El caso es un emblema, ya que hasta ahora todos los montajes de la CNI, denominados por los organismos de derechos humanos “muertos por explosión”, son parte de la larga lista de casos donde aún no hay convicción sobre la participación de agentes. Esto implica que no son reconocidos por el Estado como crímenes terroristas de la dictadura, siendo catalogados como accidentes atribuibles a otras causas. Se calculan que son 30 víctimas de un total de 20 episodios.
El caso “Calcinados” da cuenta de una forma de actuar sistemática tendiente a disfrazar crímenes con explosiones sorpresivas y falsos enfrentamientos. Pero cobra más importancia luego de que los familiares de ejecutados políticos y torturados se reunieran el 3 de marzo pasado con el secretario general de Gobierno, Francisco Vidal. Terminado el encuentro se clarificó un tema que viene generando polémica hace tiempo: el Gobierno va a abrir un proceso de revisión de aquellos casos que quedaron fuera de las comisiones Rettig y Valech, por no existir la convicción de que se trató de crímenes políticos. De hecho el nuevo proceso se encuentra contenido en el proyecto de ley que dará inicio al Instituto de los Derechos Humanos. “Si bien el Instituto no ha sido aprobado, en este punto existe acuerdo en ambas cámaras. Incluso se le asignó un presupuesto para que quienes califiquen tengan acceso a los beneficios”, explicó a LND María Luisa Sepúlveda, delegada presidencial para los derechos humanos.

MONTAJE EN TALCA
Antes de que los tres cuerpos de los miristas aparecieran calcinados en el automóvil, la directiva de esa colectividad sabía que estaban desaparecidos hace un tiempo. Todos ellos tenían la orden de reunirse en Talca para organizar la guerrilla de Nahuelbuta, luego del desastre ocurrido en Neltume, donde 25 militantes fueron asesinados. Nelson Araneda estaba al mando de la misión. Luis Pincheira lo secundaba y Jaime Cuevas era un campesino reclutado meses atrás. Los tres fueron capturados durante los últimos días de octubre de 1981, en esa ciudad.
Esta reconstrucción ha sido posible luego de un largo trabajo del magistrado, en conjunto con los efectivos de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos (BAES) de Investigaciones.
Uno de los que decidió “soltar la lengua” fue el coronel (R) del Ejército y jefe del cuartel de la CNI en Talca, Gonzalo del Real Anthauer. Según su declaración del 2 de mayo de 2007, a fines de 1981 recibió una llamada de la CNI de Santiago. Le ordenaron que hiciera vigilancia a un domicilio ubicado en la calle 2 Sur. “Ese mismo día, alrededor de las 18 horas, llegaron de tres a cuatro vehículos provenientes de Santiago, con unas diez personas que estaban a cargo del capitán Sandoval, apodado ‘Pete El Negro’, relata. La persona identificada por Del Real es Enrique Erasmo Sandoval Arancibia, condenado, entre otros casos, por el crimen del niño de 13 años Carlos Fariña, en 1973. Actualmente es funcionario de la Municipalidad de Providencia.
Del Real, agrega que se identificó a dos sujetos en un domicilio de la VII Región. El apellido de uno de ellos era Pincheira. También declaró que los miristas fueron detenidos poco rato después en la vía pública, mientras caminaban por la calle.
El ex agente de la CNI de Talca y suboficial (R) de Carabineros, José Manuel Nolasco, recalca lo señalado por su superior y agrega que “en esa época, cuando habían procedimientos de detención, participábamos todos, sin importar en qué oficina trabajáramos”. También aclaró que la orden de detención llegó desde la capital debido a que los dos sujetos estaban hospedados en una casa ubicada en la calle 2 Sur “y fueron denunciados, al parecer, por los propios dueños de casa”. El agente declaró que los dos tipos eran parte de la guerrilla de Neltume.
El ex agente de la CNI, Ruperto Núñez González, es aún más específico en su declaración y reconoce que los sujetos fueron detenidos en un restaurante, ubicado en una calle céntrica de la ciudad, junto a dos personas más que luego fueron liberadas. Según su testimonio, al día siguiente “nos dedicamos a buscar a un tercer sujeto, quien era el enlace de la persona más alta, pero este sujeto fue detenido al día siguiente, también en la vía pública”.

CRIMEN EN SANTIAGO
Una vez trasladados al Cuartel Borgoño, En Santiago, los tres miristas fueron llevados hasta los calabozos. La declaración prestada por el radio operador de la CNI, Aladino Pereira, ayudó a determinar cómo el militante del PS, Juan Soto Soto, se sumó al grupo de calcinados. En su declaración señala que el 8 de noviembre recibió una llamada de agentes operativos, quienes recién habían detenido a un militante del PS. Y añade que cuando Álvaro Corbalán se enteró de la noticia, le señaló: “Atento ese equipo, habla once cero cero, a ese huevón tráiganmelo para acá porque lo necesito para esta noche”. Pereira agrega que “durante todo el día diferentes agentes de la agrupación estuvieron preparando el vehículo con materiales incendiarios, tales como bencina, polvo de aluminio, etc.”.
Otro dato fundamental, aportado por el radiooperador, es que el automóvil donde ardieron los militantes del MIR y del PS fue visto poco rato antes en el Cuartel Borgoño.
“Ese mismo día me enteré por la radio de Carabineros que dos sujetos armados habían robado un taxi marca Chevrolet Opala. Minutos más tarde veo que hizo ingreso al cuartel un automóvil de las mismas características del auto robado y me percaté de que se trataba del mismo vehículo, pues las patentes coincidían”, relata. Según su testimonio, se bajaron del auto Francisco “El Gurka” Zúñiga y el agente Américo Correa.
En el marco de esta causa el perito balístico de Investigaciones, Gustavo Lynch, a cargo del peritaje balístico en 1981 declaró en la causa: “las balas no causan una explosión. Yo creo que el vehículo fue rociado con algún tipo de combustible y luego se le prendió fuego directamente”
A toda la evidencia se agrega que aunque los agentes no reconocen que se trató de un crimen premeditado, varios ya han reconocido que estuvieron esa madrugada mientras el automóvil se quemaba.
Estos agentes fueron los que esa noche no dejaron al bombero que apagara el fuego. La impotencia y la angustia de observar una escena tan horrenda provocaron en él cambios que lo acompañarían toda su vida. Y ahora puede convertirse en un testigo clave.

“Por ningún motivo me entregaré”

Esta entrevista se gestó semanas después del asalto al Banco Security de Agustinas. Entonces, Juan Aliste, uno de los hombres más buscados de Chile, nos pidió esperar antes de publicarla, confiado en nuestra calidad de periodistas y no de policías. Desde entonces, no volvimos a saber de él. Sus escuetas frases sólo apuntaron a defenderse de las acusaciones: “Yo no estuve en ese banco”, aseguró a LND en exclusiva.
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Será necesario partir parafraseando al gran Cervantes y decir que esta entrevista se realizó “en un lugar, cuyo nombre no podemos recordar”. Aunque fue fruto de ese azar propio del periodismo, también resultó de la necesidad de un hombre que dice buscar contar “su verdad”, a riesgo de su propia salvaguardia.
Conseguir que Juan Aliste hablara fue una empresa compleja, de “alto riesgo” como repiten los comentaristas deportivos. El encuentro tardó varios días en gestarse y sólo fue posible varias semanas después del asalto al Security. Para entonces no se producía la detención en San Martín de Los Andes, Argentina, de Marcelo Villarroel y Freddy Fuentevilla, otros dos acusados de participar en el atraco. No recordamos si hacía frío o calor, si era de día o de noche, pero la condición fue una sola: no publicarla de inmediato. El cara a cara fue breve y sólo sirvió para entregar las preguntas que días después fuimos recogiendo como niños en busca de huevitos de Pascua de Resurrección, durante toda una tarde en distintos basureros públicos. Desde entonces no volvimos a saber del entrevistado. Sólo supimos que se perdió raudo por el fondo de una calle, confiado en que cumpliríamos nuestro rol de hacer periodismo y que no lo delataríamos. Es todo lo que podemos decir; el resto, es la versión del hombre más buscado de Chile, a cuya caza se abocan día y noche cerca de un centenar de policías.

“Soy inocente”
-¿Qué hizo el día del asalto, dónde estaba?
-Ese día me reuní con un amigo, quien me acompañó para ayudarme con una pega que hacía durante esos días en una institución que prefiero no nombrar para no provocarle problemas a quienes trabajan allí, pues ya es suficiente con lo que han molestado a mi familia, durante todo este tiempo, interviniendo sus teléfonos, sacándoles fotografías, acosando incluso a una muchacha con la que tuve un pequeño romance, del que nació un niña. Luego de ese trámite almorzamos en el Mercado Central y me sentí mal del estómago, por lo que decidí irme a mi casa. Yo nunca estuve en ese banco…
-Pero el famoso ‘Danny de Vitto’ lo inculpa, según la policía.
-No lo conozco y lamento su situación. Es todo lo que tengo que decir sobre esa persona
174  11 kb-¿Conoce a los otros inculpados de asaltar el banco: Marcelo Villarroel, Freddy Fuentevilla y Carlos Gutiérrez?
-Con ellos compartí la prisión política, de manera que los conozco. A Fuentevilla le ubico porque su hermano fue prisionero político. Pero el punto no es ése, pues sean o no mis amigos, para la policía sólo existen los cómplices. El tema aquí es más de fondo. La historia se repite y nada es casual. Nuestras familias y amigos han visto con horror y vergüenza cómo los medios de comunicación, principalmente la televisión y alguna prensa escrita, se alinean bajo un principio sensacionalista y criminalizador, tal como lo hicieron en los peores tiempos de la dictadura, validando la estigmatización de nuestra historia de lucha y rebeldía -que por lo demás sigue vigente-, para involucrarnos y culparnos por este hecho, atropellando y dejando fuera todo principio de verosimilitud. Todo es una persecución, un montaje. Se instaló el tema en el escenario nacional, de tal modo que aparecimos culpables antes de toda investigación. Con ello se violó el principio de inocencia y también el Estado de Derecho que tanto dicen defender, pues, en nuestro caso, se anularon todas las garantías para que éste opere. Todo eso es por lo que nosotros representamos.
-¿Está asegurando entonces que es inocente?
-Sí, soy inocente. Fui prisionero político de esta “democracia”, al igual que los otros hermanos perseguidos. La pregunta es despejar a quién favorece esta forma de construir mediáticamente el asalto al banco y la muerte de un paco. De ahí en adelante, el paso siguiente y más fácil para la policía fue cerrar el círculo en un grupo de luchadores sociales, ex prisioneros, combatientes populares, implementando toda una maquinaria mediática, sin importar los costos de vida que implica para nosotros: los acusados. Ya quisiéramos el mismo ímpetu del Estado para resolver la muerte de 10 niños calcinados en una prisión bajo el resguardo y alero del Estado Chileno (Sename de Puerto Montt), o la muerte del estudiante mapuche Matías Catrileo, asesinado por defender su tierra.

LA HUIDA
-¿Cuándo y por qué decide huir, si pudo alegar inocencia a través de un buen abogado?
-Nosotros no somos como aquel profeta de Pomaire (Jorge Bravo), que aparecemos destrozados junto a nuestra familia, alegando inocencia. Poseemos una historia de lucha que seguimos reivindicando, pese a todo. Pero eso acarrea un estigma legal que da cuenta, a todas luces, que falta mucho para que la bullada “reconciliación” tome cuerpo. “El que nada hace, nada teme”, no funciona, no corre para nosotros que luchamos contra la dictadura y contra este modelo de injusticias…
-¿En algún momento notó que lo seguían?
-Hasta el viernes 2 de noviembre salí de mi casa en la mañana, alrededor de las 07:30 con destino a mi trabajo. Previo a ello pasé por el Patronato de Reos para cumplir con la exigencia de firmar una vez a la semana, pues hasta ese momento gozaba de libertad condicional y no fui indultado, como se pretendió hacer creer en medio del vómito de acusaciones que surgieron luego del hecho. En dicho lugar me di cuenta de que ocurrían situaciones totalmente ajenas a la cotidianeidad del trámite, el que realicé sistemáticamente varios años.
-¿Y antes no sospechó nada? ¿No vio situaciones extrañas, como la que ocurrió ese día de la firma?
-Yo estaba al tanto de lo ocurrido a través de la prensa y de que se instalaba en la coyuntura nacional una situación de inseguridad, producto de un asalto a una sucursal bancaria y la posterior muerte de un funcionario de Carabineros. Frente a este escenario tomé la decisión, basado en anteriores experiencias similares, de no ingresar a firmar
-¿A qué se refieres con experiencias similares?
-Tomé la decisión de clandestinizarme basado en la experiencia de un hecho anterior, cuando fui acusado de un atraco (Banco Santander de Ñuñoa en 2003). Esa vez se basaron en fotografías tomadas por policías civiles, mientras yo estaba en la universidad (Arcis, donde estudiaba periodismo). En esas fotos un compañero de curso me pasó un equipo fotográfico y ellos dijeron que se trataba de armamento. Si te fijas, son similares características, y eso me significó un período de ocho meses de encarcelamiento injusto, pues quedó demostrado judicialmente mi completa inocencia de todos los cargos imputados y orquestados por la prensa de aquel entonces. Por esos hechos nadie ofreció disculpa alguna y mucho menos reparación para mí ni a mi familia.
-¿Y por qué lo inculpan?
-Entiendo que no soy un ciudadano intachable ante los ojos de esta sociedad. Como el resto de los compañeros que estuvieron en prisión y los que hoy son perseguidos, he debido asumir que soy un subversivo, que milité en una organización revolucionaria, y asumir con orgullo la responsabilidad de una opción y accionar que significó 12 años de prisión efectiva y el posterior control semanal de firmas. Ese procedimiento, por lo demás, estaba a cargo de un equipo multidisciplinario que constantemente chequeaba y corroboraba información relacionada con la totalidad de nuestras vidas y quehacer diario: dónde y con quién vivo; horarios de estudio y trabajo, situación económica familiar, entre otros aspectos. Todo eso forma parte de una política concreta y funciona respaldada por documentos y acciones que constan en la institución (Gendarmería) destinada a prestar apoyo en todo aquello que permita afianzar el complejo proceso de reinserción social.
-Pero usted ya había pagado con cárcel esa opción. ¿Por qué cree que lo persiguen?
-Esa es la pregunta que un poblador y la gente en general deben estar haciéndose. Vivimos en un supuesto Estado de Derecho donde los personajes se repiten y conforman cuadros inquisidores. Ahí tienes lo que ocurre con muchos compañeros de prisión política que hoy son requeridos por la justicia militar, que no se les reconoce los años de encarcelamiento, como ocurre con Flora Pavez o Pablo Contreras, por ejemplo (ex militantes Lautaro). En nuestro caso, se valen de un fiscal militar como (Roberto) Reveco, el mismo que no hizo justicia en el asesinato de los hermanos Vergara Toledo, para juzgar e incomunicar a civiles con las mismas prácticas y atribuciones del pasado. Y de una policía vestida de OS-9 o Dipolcar, que detuvo, incomunicó y torturó a principios de los ’90; que utilizó supuestos delatores, que como ocurrió con nosotros luego de octubre, se dio el trabajo de calzar imágenes de video casi con “forcep”, con fotos del Registro Civil de nuestras cédulas de identidad difundidas como en el viejo oeste; que todos estos meses le ha estado escupiendo en la oreja al fiscal (Andrés) Montes, lo que debe y no debe hacer para parecer efectivo, usando como chivo expiatorio a compañeros que vivieron la prisión política, como ocurre con Axel Osorio (uno de los tres acusados de ayudistas en el caso del atraco al Banco Security”.
-¿Está dispuesto a entregase si se dan las condiciones que reclama?
-¡Por ningún motivo! Todo este escenario, todo este montaje da cuenta de la imposibilidad de contar con un juicio justo, apegado a derecho, que permita establecer la realidad de fondo y no una pasada de cuenta que, incluso, legitima no sólo la prisión para los luchadores, sino además, la muerte, que creemos será el fin de esta persecución política que intenta acabar con nuestro pasado y presente subversivo, con quienes fuimos y somos protagonistas de esos procesos históricos.

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