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	<title>Comentarios en: Autogestión -conceptos-</title>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 18:47:36 +0000</pubDate>
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		<description>La forma genérica de la producción socialista es la Autogestión Empresarial Obrera. Debe extenderse socialmente 
El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión obrera 
Pedro Campos Santos (para Kaosenlared) [20.08.2006 09:53] - 1059 lecturas - 3 comentarios  

 
 
La Autogestión Obrera,  es la forma característica del nuevo régimen de producción, surgido en las cooperativas. Autogestión Empresarial Obrera y Autogestión Administrativa Capitalista. La NEP, el Capitalismo de Estado y el cooperativismo. El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión obrera. El concepto de  desarrollo económico en el socialismo. Las nuevas formas de propiedad socialista y su desarrollo. Otras formas de propiedad y producción presentes en el socialismo. La Autogestión deberá aplicarse también a toda la vida social. Otros significados  de la autogestión. Algunos temores. 
 


El sistema capitalista organiza la producción en base a la explotación del trabajo asalariado. El dueño aporta capital y el trabajador  la mercancía fuerza de trabajo. En  la mercancía creada por esa unión, surge la plusvalía, el excedente, del cual se apropia el capitalista. 


Para eliminar esa forma de explotación, en el seno del capitalismo los trabajadores formaron las cooperativas, donde apareció una nueva forma de organización de la cooperación, distinta al trabajo asalariado, caracterizada porque los propios trabajadores asociados, dueños colectivos de sus medios de producción, auto explotaban su fuerza de trabajo; administraban democráticamente su gestión productiva y; controlaban y distribuían el excedente.

Marx descubrió también la nueva forma de producción socialista 


Carlos Marx no sólo descubrió la plusvalía y la ley general del desarrollo de la historia humana, también conocida como  ley  de la correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino que reveló, cómo del propio seno del capitalismo, en las cooperativas,  había surgido  esa nueva forma de producción, característica -genérica- del nuevo régimen, llamado a sustituir la explotación capitalistas del trabajo asalariado. 


”… Las fábricas cooperativas de los obreros mismos... demuestran   cómo  al llegar  a

una  determinada fase  de desarrollo de  las fuerzas materiales productivas y de

formas sociales de producción adecuadas a ellas,  del seno de un régimen de 

producción surge y se desarrolla naturalmente otro nuevo.”  C. Marx. (1) 


“….el decreto mas importante de cuantos dictó la Comuna dispuso una organización para la gran industria e incluso para la manufactura, que no se basaba solo en la asociación de obreros dentro de cada fábrica, sino que debía también unificar a todas estas asociaciones en una gran Unión; en resumen, en una organización que, como Marx dice muy bien en la Guerra Civil, forzosamente habría conducido en última instancia al comunismo,...”  F.Engels (2) 


Marx, y Engels, en éstas y en otras muchas referencias al cooperativismo,  no dejaron lugar a dudas de que el sistema de trabajo, que caracteriza a las cooperativas surgidas de las propias entrañas del capitalismo -el trabajo autogestionado democráticamente de los propietarios colectivos asociados, quienes controlan el excedente, y organización que debía extenderse socialmente- era el llamado a sustituir el régimen de trabajo asalariado del Capitalismo y, es por tanto, el que corresponde a la forma de la organización del trabajo en la nueva sociedad socialista.   


Ese nuevo, sistema de trabajo, la Autogestión Empresarial Obrera y Social (AEOS), es pues el nuevo régimen que caracteriza la producción socialista, como el trabaja asalariado tipifica  al capitalismo. 


En las cooperativas no se devenga salario, el cual esconde la explotación  capitalista, sino que empieza a aplicarse  por primera vez a escala individual y cada vez más precisa, el pago según el trabajo, y esto puede ser así debido al estricto control de costos y gastos que, en función de sus propios intereses, realiza directamente el colectivo de trabajadores, puesto que de ello depende el buen desenvolvimiento de la empresa o la cooperativa pues, mientras más rentable, más y mejores niveles de vida ofrece a sus trabajadores, que no siempre vienen recompensados en forma de dinero.  


A propósito, en la Crítica al Programa de Gotha Marx explica: “… el derecho igual sigue siendo aquí, en principio, el derecho burgués, -de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo- aunque ahora el principio y la práctica ya no se tiran de los pelos, mientras que en el régimen de intercambio de mercancías, el intercambio de equivalentes no se da más que como término medio,  y no en los casos individuales” (3)   


No serán, pues,  las decisiones voluntarias de los hombres, sino la extensión paulatina a toda la sociedad del sistema de trabajo autogestionario empresarial obrero, la que irá determinando la ampliación del beneficio, más allá del dinero devengado por trabajo, lo que a su vez llevará a la gradual modificación de las funciones del dinero y su valor, y a cambios en la ley del valor, en como las demás categorías de la economía mercantil, incluido  el mercado; en un proceso paulatino, donde el intercambio de mercancías irá cediendo terreno al intercambio de equivalentes, en la medida en que “el principio y la práctica ya no se tiran de los pelos”.

Este será un proceso lento complicado y prolongado que no es otro que el período de tránsito socialista. Marx lo describió así: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde….la dictadura revolucionaria del proletariado.” (4) 


Lenin lo abordó de esta manera: “Pero para lograr que, a través de la NEP, el conjunto de la población tome parte en las cooperativas, es necesaria toda una época histórica. Será una época histórica particular, pero sin pasar por ella….no podremos alcanzar nuestro objetivo...” (5) 


Entre las transformaciones revolucionarias a las que Marx se refiere, de una sociedad a la otra, las más importantes son las que se realizan en la base económica, en las relaciones de producción, las cuales Lenin precisa aquí para su aplicación práctica. Las “transformaciones económicas socialistas”, no son otra cosa que la progresiva extensión de la Autogestión Empresarial Obrera a toda la actividad económica  de la sociedad. 


Autogestión Empresarial Obrera y Autogestión Administrativa Capitalista,  son conceptos distintos. 


Algunas empresas capitalistas modernas también utilizan, parcialmente, el sistema autogestionado surgido en las cooperativas, para buscar un mayor comprometimiento de los trabajadores en la solución de los problemas empresariales, pero constreñido a la  forma de la gestión administrativa, y excluyendo,  como norma, a los trabajadores del control de la propiedad y, desde luego, del excedente, dos principios del cooperativismo.  


En esas empresas se mantiene el régimen de trabajo asalariado aunque se pagan primas y horas extras, según la labor realizada, de acuerdo con el derecho burgués de distribución vigente y, sólo algunas empresas les posibilitan participación limitada a los trabajadores, -especialmente a los empleados administrativos y altamente cualificados, o cuellos blancos- en las acciones y, por esa vía, en el excedente. 


Las modernas empresas capitalistas que utilizan la autogestión administrativa, como forma de organización superior de la producción, están demostrando la natural e inevitable tendencia del sistema capitalista a brindar una mayor participación a los trabajadores en la gestión  empresarial, como vía más segura para garantizar la subsistencia del sistema capitalista.  


La  propensión del capitalismo  a la autogestión, fue identificada por Marx, en el Capítulo XXVII  del III Tomo de El Capital, El papel de el crédito en la producción capitalista, al analizar las sociedades anónimas, cuando señala: “En las sociedades anónimas…..Este resultado del máximo desarrollo de la producción capitalista constituye una fase necesaria de transición hacia la reversión del capital a propiedad de los productores, pero ya no como propiedad privada de productores aislados, sino como propiedad de los productores asociados, como propiedad directa de la sociedad. … Y es, de otra parte, una fase de transición hacia la transformación de todas las funciones del proceso de reproducción aún relacionadas hasta aquí con la propiedad del capital en simples funciones de los productores asociados, en funciones sociales. .. Esto equivale a la supresión del régimen de producción capitalista dentro del propio régimen de producción capitalista y, por tanto, a una contradicción que se anula a sí misma y aparece “prima facie” como simple fase de transición hacia una nueva forma de producción...” (6) 


El desarrollo de la autogestión administrativa por el propio capitalismo, que empieza circunscrito a la gestión y se extiende luego limitadamente  a la propiedad, en la medida en que brinda participación a los trabajadores en las acciones, y a través de éstas, al excedente, es la muestra más fehaciente de que, el avance progresivo de la autogestión administrativa hasta incluir además de la gestión, también y en forma integra la propiedad y el excedente, es el camino de la solución de las contradicciones  del sistema capitalista: la Autogestión Empresarial Obrera.  


Pero el control completo de la propiedad y el excedente, por parte de los trabajadores, el paso más revolucionario en esa dirección, sólo es posible con la revolución  social  que realice la expropiación a los expropiadores y extienda, en proceso prolongado y complejo,  el nuevo régimen de la Autogestión Empresarial Obrera a toda la sociedad. 


La NEP, el Capitalismo de Estado y el cooperativismo 


El proceso que debe conducir al control de los trabajadores sobre la gestión, la propiedad y el excedente, fue el que intentó en Rusia Lenin, cuando pretendió rectificar el camino de la NEP (Nueva Política Económica), que él mismo había impulsado a partir de 1921, pero  siempre con un sentido de provisionalidad, como variante para salir del desastre en que fue sumida Rusia por la guerra impuesta por 14 potencias imperialistas, la contrarrevolución y la política económica del comunismo de guerra, que arruinaron el campo y la industria.   


El Capitalismo de Estado, aplicado con la NEP tenía la intención de reactivar la economía mediante la liberalización del mercado y la producción agrícola e industrial, y favorecer la creación de empresas. Para lograrlo, las pequeñas y medianas fueron privatizadas y el Estado siguió siendo el propietario de los medios de producción en las ramas que se consideraron de interés nacional como el transporte y la industria pesada. Las finanzas y el comercio exterior se mantuvieron centralizados. El uso del dinero, que había sido sustituido por un sistema de  trueques y cuotas en especies, fue restablecido. En las empresas del Estado, se estableció el trabajo asalariado como forma de organización de la producción, en manera parecida al capitalismo.  


En 1923, en su trascendental  artículo “Sobre la Cooperación” Lenin señala: “ Al pasar a la NEP nos excedimos, pero no porque dimos demasiada preeminencia al principio de la industria y el comercio libres, sino porque olvidamos la importancia de la cooperación, no la valoramos como corresponde, dejamos de pensar en su enorme significación…

Ahora debemos comprender, para obrar en consecuencia,  que el régimen social al que hoy debemos prestar un apoyo extraordinario es al régimen cooperativo…

Ahora bien, el régimen de cooperativitas cultos, cuando existe la propiedad social sobre los medios de producción, y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía, es el régimen socialista…Ahora tenemos el derecho de afirmar que para nosotros, el simple desarrollo de la cooperación se identifica…con el desarrollo del socialismo y al mismo tiempo nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo”  (7)   


El Jefe de la Revolución de Octubre se percató dos años después de iniciada la NEP, que no se  le habían prestado la atención necesaria al régimen cooperativo, cuyo desarrollo y extensión “se identifica con el desarrollo del socialismo” y sin el cual no se podría alcanzar el objetivo de construir la nueva sociedad. La comprensión de que ese era el camino y no otro, lo llevó a reconocer que esto implicaba un “cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo”. 


Poco después de dictar, ya no  podría escribir, en enero de 1923, este documento histórico “Sobre la Cooperación”,  el último de carácter teórico sobre la construcción socialista, Lenin quedó definitivamente incapacitado para poder seguir ejerciendo la dirección del Partido y el gobierno rusos, y moría un año después. 


Rusia no siguió este camino indicado por Lenin. Resultado de no haber extendido el sistema cooperativo, la autogestión empresarial obrera, en Rusia se fortaleció el Capitalismo de Estado en base al régimen salarial, que fue concebido inicialmente como transitorio y que, por demás se expandió también, a las empresas agrícolas estatales. En el seno del Partido Comunista se sucedieron históricas discusiones sobre el rumbo a seguir, pero terminaron cruentamente.  


Después de la muerte de Lenin, la cooperativización,  que debió transcurrir como un proceso progresivo estimulado y apoyado por el nuevo Estado revolucionario, fue en cambio forzada en el campo para los pequeños productores solamente y no se desarrolló en la industria ni en los servicios.  Esto provocó un aumento de la centralización de la propiedad y de las decisiones en el Estado, hasta que la NEP misma fue derogada y sustituida por los planes quinquenales en 1928, los cuales partían de la más absoluta centralización y el control estatal central, lo que vino a ser una especie de santificación de una variante del capitalismo de Estado   como “sistema de producción en el socialismo”. 


Aquella sociedad, en lugar  de avanzar hacia la nueva forma de producción autogestionada empresarial  obrera, se estancó y evolucionó a una forma distorsionada de la explotación asalariada por el Estado.  Fue así como el Capitalismo de Estado, transfirió la esencia de  su sistema asalariado característico de la producción capitalista, al Socialismo de Estado, en que se trastocó. Ahora, el excedente, en lugar de ser controlado por los capitalistas, era controlado por el Estado, sin participación real alguna por parte de los trabajadores mismos. 


Esta deforme y  nefasta herencia fue el origen de la dicotomía entre el pueblo trabajador y el estado explotador, y la que  posibilitó la reversibilidad hacia el capitalismo de aquellos procesos socialistas, lo cual tuvo como base, el hecho de que no se consolidaron, extendieron ni, desde luego, llegaron a predominar en la sociedad, las nuevas formas de organización de la producción,  basadas en la AEOS. 


El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión empresarial 


Para avanzar hacia el socialismo, Lenin había establecido claramente la necesidad objetiva de que todas las empresas pasaran al régimen cooperativo, es decir a la autogestión empresarial obrera. Esa hubiera sido la forma de realizar una verdadera socialización de los medios de producción y desarrollar el autocontrol de los trabajadores sobre el excedente y sus condiciones materiales de producción y existencia. 


Esta es la esencia, en el orden interno, de la llamada revolución permanente  de Marx: el continuo avance de la forma socialista de producción, a costa del capitalismo. Su violación por el socialismo fracasado, demostró en la práctica, que el proceso revolucionario sólo puede subsistir avanzando. 


La experiencia del socialismo que no logró progresar hasta hacer predominar el cooperativismo, la AEOS,  demostró específicamente también que es imposible avanzar en la nueva sociedad si no se democratiza el control de ese excedente, dando participación más directa en el mismo a los trabajadores y a los ciudadanos, a través de la diversificación y ampliación de la socialización de la propiedad y la apropiación, lo cual sólo es posible realizar a través del nuevo régimen de la organización de la producción.   


El eventual papel obstruccionista del aparato burocrático que  en nombre de la Revolución Proletaria, puede obstaculizar el avance socialista, así como las formas fundamentales de evitarlo,  fueron previstos también por los clásicos, en sus análisis sobre la Comuna de París. 


Sobre este particular, en su introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia de Marx, Engels señala: “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento, que la clase obrera,….tenía, de una parte, que barrer toda la  vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y de otra parte,  precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles era las características del Estado hasta entonces?….a la larga estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella” 


La forma, sigue Engels, en que la Comuna “amputó” esos lados peores del Estado,  fue: “En primer lugar cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores…..Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos….” (8) 


Ciertamente, el socialismo “real” se caracterizó por la ausencia de esos antídotos antiburocráticos: Los dirigentes estatales se añejaban en los cargos y estos significaban muchas prebendas. Los fallos en los mecanismos democráticos del gobierno de los trabajadores, posibilitaron la existencia de funcionarios en el Estado que, “de servidores de la sociedad se convirtieron en señores de ella”. De manera que, una garantía para el avance del proceso socialista, es el establecimiento de mecanismos  que impidan el control de tales personas sobre el aparato burocrático, transitorio, pero inevitablemente necesario por un buen tiempo.  


El concepto de  desarrollo económico en el socialismo 


Una de las más significativas experiencias del socialismo estatal centralizado, fue que el desarrollo económico del socialismo no radica en los avances que se logren en los descubrimientos y aplicaciones de la técnica y la ciencia, en altos niveles de producción, en las grandes inversiones en macro empresas, en el aumento de los presupuestos estatales para enfrentar al estilo paternalista del Estado de Bienestar, los problemas sociales, etc., sino en el avance de las relaciones socialistas, cooperativistas, autogestionarias en las unidades de producción y empresas de todo tipo, que ya hayan alcanzado un relativo desarrollo del capitalismo y concentren capitales  de nivel medio y superior. 


Es claro que mientras mayor sea el nivel de desarrollo científico-técnico del capitalismo,  más aceleradamente se puede avanzar a las relaciones socialistas de producción, pero esto no niega que a partir de niveles inferiores de desarrollo  capitalista, se pueda progresar en la sociedad socialista -entendida esta no como un reino de consumo o distribución, sino como una sociedad de “cooperativistas cultos”, más equitativa, humana, solidaria, democrática y justa- que a la larga va a ser mucho más productiva, eficiente, más justamente repartida, popularmente apoyada y multidesarrollada que las actuales capitalistas de alto desarrollo, pero de más altos contrastes en todos los órdenes. 


El desarrolló de medios y técnicas per se, no significó ningún avance objetivo del socialismo, pues aquellos grandes rendimientos, y descubrimientos  científicos y técnicos no estaban en función de las nuevas relaciones de producción  cooperativistas, la AEOS, sino que partían de, y servían a  otros tipos de relaciones estatales y asalariadas, cuyos máximos beneficiarios no fueron los trabajadores, sino los funcionarios de los aparatos burocráticos que terminaron por pactar con el capitalismo. 


En consecuencia, de no salir de la etapa estatal primaria de la Revolución socialista, y avanzar al cooperativismo extendido, como pretendió Lenin en 1923, el progreso del nuevo régimen social de producción, puede quedar estancado en el sistema basado en la propiedad estatal, la centralización y el trabajo asalariado, con todas sus consecuencias, incluida la eventualidad de la reversibilidad del proceso socialista, como quedó demostrado en Europa. 


Una concepción desarrollista del “socialismo”, que confía  el eventual avance socialista, no al progreso de  la AEOS, sino principalmente a la inversión de capitales extranjeros, que continúa explotando el trabajo asalariado, solo tenderá al fortalecimiento de las relaciones capitalistas de producción.  


El desarrollismo capitalista, trasplantado a los intentos de hacer avanzar una economía  socialista, va acompañado de todos sus vicios, especialmente la corrupción, el consumismo y el despilfarro concomitantes, que tienden, especialmente, al abuso de los recursos no renovables de la naturaleza y a la degradación del medio ambiente. Ambos excesos, consecuencias del mercantilismo propio del desarrollismo capitalista, pueden ser neutralizados solamente por el uso racional de los recursos que impone una concepción de desarrollo integral del ser humano en armonía con la naturaleza, presente únicamente en la autogestión social socialista. 


Algunos teóricos de la izquierda han creído que el socialismo  es la búsqueda  de soluciones a los múltiple problemas sociales que aquejan a las mayorías desposeídas y desprotegidas, a partir de la actuación benevolente del Estado, en una repartición más equitativa de la renta nacional regenteada por éste, al estilo del “Estado de Bienestar”.  


En general estas concepciones tienen  que ver con la idea, de que la solución a los problemas de fondo en la economía, se pueden resolver con una “inteligente o correcta” distribución del ingreso nacional, con  un “mejor” manejo de la dirección económica y las inversiones, o la buena voluntad y la honradez de los dirigentes, los trabajadores  y otros factores éticos y morales por el estilo, correspondientes a la superestructura. Estas ideas pierden de vista que tanto la distribución como el consumo, están históricamente determinados por las relaciones de producción. 


C. Marx, en el Cap LI del Tomo III de El Capital, Relaciones  de distribución y relaciones de producción, señala: “…las relaciones de distribución son esencialmente idénticas a estas relaciones de producción, el reverso de ellas, pues ambas presentan el mismo carácter histórico transitorio…..Las llamadas relaciones de distribución responden, pues, a formas históricamente determinadas y específicamente sociales del proceso de producción, de las que brotan, y a las relaciones que  los hombres contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida humana.  El carácter histórico de estas relaciones de distribución, es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas solo expresan un aspecto.” (9) 


Es materialmente imposible, por tanto,  concebir una verdadera distribución socialista, mientras las relaciones de producción no lo sean también. Y ya vimos que las relaciones de producción genéricas del socialismo  no tienen que ver con el trabajo asalariado, sino con las nacidas en el cooperativismo, identificadas como la AEOS. 


Las nuevas formas de propiedad socialista y su desarrollo 


De acuerdo con el análisis de las experiencias socialistas intentadas en Europa y especialmente la yugoslava y la cubana, que han estado entre las que más se han acercado al cooperativismo, las nuevas formas de la propiedad socialista, de los colectivos de trabajadores, a funcionar bajo el sistema de la AEOS, pueden resumirse en tres tipos principales: las cooperativas tradicionales, las cooperativas socialistas y las empresas cogestionadas, tanto para la agricultura, como para la industria, los servicios y demás actividades del Estado. El tema: las formas de propiedad en el Socialismo ya ha sido abordado in extenso en otros trabajos (10). 


Estas formas de propiedad socialistas deben verse en desarrollo, de las inferiores a las superiores, en dependencia del nivel alcanzado por las fuerzas productivas y según dicte la conveniencia práctica.  


Fue expresado por los clásicos y la práctica posterior lo ha demostrado, que para desarrollarse plenamente, el sistema cooperativo, la AEOS,  es necesario el apoyo del Estado producto de la Revolución, el cual debe ir inyectando y traspasando medios y recursos bajo su control, provenientes de sus distintas fuentes de ingresos, al nuevo sistema socialista, que debe ser apoyado especialmente en forma crediticia, y aprovecharse de la cooperación controlada con el capital extranjero. 


El Estado, a sus distintos niveles, retendría la propiedad de las empresas que considere de importancia estratégica o de interés local del nivel correspondiente. El usufructo, la gestión y todo lo demás estarían a cargo del colectivo de trabajadores, que respondería ante el nivel comunal correspondiente, de los planes, pedidos,  y sus demás intereses. Las instancias del gobierno, que atesoran la recaudación  fiscal irán a su vez invirtiendo en nuevas micro, medias y mega empresas, según las necesidades y las posibilidades económicas, así como del financiamiento que consiga del banco nacional y las relaciones controladas (51-49) con el capital internacional y según las regulaciones establecidas. 


El papel del Banco Central, deberá acrecentarse, diversificarse y expandirse para poder dar respuesta eficiente a las solicitudes de crédito, conocer las posibilidades de su realización y fiscalizar su ejecución. 


Esta es la forma paulatina en que el aparato central del Estado se irá, a su vez, transformando, pasando sus funciones administrativas y de control de la producción a los colectivos de trabajadores y de ciudadanos, y quedando cada vez más y paulatinamente,  solo para las cuestiones que vayan siendo imprescindibles, como por ejemplo: defensa y seguridad, relaciones internacionales, comercio exterior, orden interior, finanzas,  sistema jurídico, instituciones de planeamiento social general, instituciones controladoras del medio ambiente y otras que la necesidad  práctica demande, imposibles de precisar en un trabajo teórico. 


Los tipos de propiedades de los colectivos de trabajadores podrían unirse territorial o sectorialmente, en uniones de cooperativas o uniones de empresas, en uniones de cooperativas y de  empresas, para formar empresas mayores, más potentes o integrales,  según convenga al desarrollo de la producción y sea decidido democráticamente por sus trabajadores, hasta convertirse todo el sistema en una gran unión de empresas autogestionadas. La práctica irá demandando  lo más conveniente. 


Igualmente, las cooperativas y empresas o sus uniones podrían recibir inversiones extranjeras y cooperar con cualesquiera otras de las formas de propiedad y producción existente, según el interés  compartido de sus trabajadores. No se debe temer a ese intercambio, pues práctica y teóricamente se ha demostrado la superioridad de  la autogestión  empresarial obrera, sobre el trabajo asalariado. 


Un cuerpo de leyes generales deberá regular todo el funcionamiento de la AEOS y de estas formas genéricas de la propiedad socialista, así como de las otras que todavía tienen cabida en el Período de Transito Socialista. 


Otras formas de propiedad y producción presentes en el socialismo 


Igualmente los clásicos advirtieron, y la práctica ha demostrado, que las nuevas formas de propiedad y producción socialistas autogestionadas, que deben tender a ser predominantes en la nueva sociedad, no son las únicas en el Socialismo, pues se trata de una sociedad de tránsito del Capitalismo a la fase superior de la nueva formación económico-social Comunista.

C,Marx. En la Crítica al Programa de Gotha, escrita cuatro años después de la Comuna de París, hace ya más de un siglo y cuarto,  expuso: “De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto,  presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede…” (11) 


En consonancia, la AEOS no implica la eliminación  automática de otras formas pre-socialistas como  la producción mercantil simple, el cuentapropismo individual o familiar, ni otras que la propia necesidad de la producción demande, ni tampoco la inversión extrajera controlada.  El socialismo incluye, necesita, todo eso.  


En particular, tal y como ha sido demostrado por las experiencias socialistas intentadas y como ha evidenciado la incapacidad del capitalismo desarrollado para acabar con la producción mercantil simple, debe respetarse el trabajo por cuenta propia que existe por  necesidad natural y,  que  incluye la propiedad individual o familiar; la cual, siendo privada, no explota trabajo ajeno, no permite la reproducción ampliada, y no deja de ser tampoco una forma  socializada de la  propiedad, en tanto y cuanto significa la extensión y repartición de la propiedad en el seno de la sociedad; en verdad, una forma de socialización de la propiedad y la apropiación. Por su esencia (auto explotación del trabajo del mismo dueño, con sus propios medios de  producción, y  que controla a su vez el excedente), la forma de producción del trabajo por cuenta propia, es también autogestionaria. Su tendencia natural en el socialismo deberá ser, a la creación de cooperativas y a su paulatina reducción. 


La AEOS deberá aplicarse también a toda la vida social. 


La AEOS, para triunfar definitivamente, debe no sólo extenderse a todas las ramas de la economía y a todas las esferas de la producción material, sino también a todo el resto de  la vida de la sociedad. Esto implica a toda la gestión productiva y social del Estado a todos sus niveles, incluida la salud pública, la educación, especialmente los centros de enseñanza superior (la autonomía universitaria), y los servicios generales que brindan las instituciones comunales. Esto se hace realidad a través de los órganos de poder del pueblo que genera cada proceso revolucionario, el cual debe controlar a sus niveles correspondientes los recursos necesarios para su funcionamiento autogestionado. 


El  verdadero poder descansa en la propiedad y en el control de los recursos materiales y financieros. Para que el poder del pueblo fuera firme,  era necesario que la propiedad, los recursos y las finanzas fueran controlados  escalonadamente por los distintos niveles de ese poder popular, la nación, la provincia, la región, o la comunidad. Así la propiedad social, se hubiera hecho, efectivamente,  más socializada y hubiera dotado de poder real a las instancias de gobierno a cada nivel, las que a su vez hubiera debido controlar la recaudación de impuestos y el manejo del presupuesto correspondiente a cada nivel comunal.  


Esta sería la forma de hacer que las comunidades administren y gestionen recursos propios, para enfrentar sus necesidades de todo tipo, no tengan que estar esperando asignaciones  de “arriba”  de presupuestos o recursos que necesitan. Igual, esto permitiría que las comunidades sientan más suyos los parques, las calles, los establecimientos públicos, las escuelas, los policlínicos, las áreas de esparcimiento, y demás instituciones sociales y productivas que existan y ellos mismos desarrollen, en un territorio dado. 


El concepto de propiedad comunal a nivel de nación, provincia, región o comunidad, daría sentido a la instancia de poder del pueblo correspondiente, sería más consecuente con los fines de la sociedad socialista y ayudaría a desmitificar la noción de “propiedad del Estado” que tanto daño hizo  al “socialismo real”. 


F. Engesl, en carta a Bebel el 18-28 de marzo de 1875, le escribre: “Habría que abandonar toda esa charlatanería  acerca del  Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra. … Por eso nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra Comunidad (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa Commune” (12) 
 


Otros significados  de la autogestión. Algunos temores. 


Un Estado basado en la Autogestión Empresarial Obrera y Social, parece ser el único capaz  satisfacer las expectativas socialistas, a saber: la más amplia participación social y, especialmente, de todos los trabajadores en las decisiones importantes que  tengan que ver  con todos los aspectos de la producción, la reproducción y la vida social; la integración de los intereses de la sociedad, las regiones, los colectivos de trabajadores, los trabajadores mismos y la naturaleza; el desarrollo armónico y proporcional de ramas y regiones y; el balance entre las satisfacción de las necesidades y la acumulación socialista. 


El ánimo de lucro individual, sólo se neutraliza en un medio en el que predominen los intereses colectivos, tanto mediatos como inmediatos. En un medio social colectivista, determinado por el sistema cooperativo de producción y la autogestión comunitaria, se darían las condiciones que permitirían forjar el hombre nuevo, que soñara el Che y que debemos ir preparando para el futuro. En su avance, el sistema de Estados cooperativos a nivel internacional constituiría, en el futuro impredecible,  la sociedad Comunista. 


La fuerza centrífuga (desintegradora) que pueda generar la autogestión, el cooperativismo, a nivel  empresarial, o regional, se compensaría con la fuerza centrípeta (integradora) que generaría la autogestión a nivel social en todos sus escalones. Por eso hay que ver la autogestión -no como un asunto de  empresas cooperativas aisladas-  sino como un movimiento de toda la sociedad.  


Para garantizar que la AEOS se encamine por los objetivos del socialismo, y su funcionamiento no se preste a interpretaciones contradictorias,  sería necesario crear un cuerpo de leyes que regule todo el funcionamientos de los distintos tipos de cooperativas y empresas autogestionadas, sus uniones, absorciones, niveles de cooperación con otros eslabones de la economía y con el capital extranjero, sus relaciones con el Estado y otros aspectos que sean necesarios. 
 


El Socialismo que precisa planificación eficiente, pero  solo la necesaria a cada uno de los niveles, y poder producir sobre la base de criterios generales y específicos de necesidades y demandas, incluye todavía –necesita- de un mercado que, como la mercancía, la ley del valor, la ley de la oferta y la demanda y las demás categorías de la economía mercantil, tenderán a desaparecer, pero no por la voluntad de los hombres, sino como resultado de la extensión del trabajo cooperativo autogestionario socialista, el desarrollo estructural y la paulatina extinción de la división social del trabajo, las clases y el Estado. 


El mercado en el socialismo, el cual no debe confundirse con el  “socialismo de mercado” -concepto que trata de unir elementos estáticamente inconciliables- tenderá naturalmente a irse modificando por la propia dinámica de la economía autogestionaria cooperativista, pero seguirá funcionando como el dinero y otras categorías mercantiles  -cada vez menos-, debido también a la presencia del mercado externo y a la necesaria competitividad que deberán tener los productos del socialismo, mientras el mercado mundial no se transforme en intercambio, con el advenimiento paulatino del socialismo internacionalmente.   


Ya en el socialismo fracasado, que no por ello  dejó de aportar  importantes experiencias, el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) había establecido un sistema de trueque internacional, para compensar el intercambio desigual y favorecer a los países menos desarrollados, que tendía  más al intercambio de equivalentes que al de mercancías. 


Una experiencia similar podría irse aplicando entre las empresas autogestionadas socialistas, que por su naturaleza obrera y colectivista deberán ser solidarias,  -de lo que también se encargarían los impuestos progresivos-. Tal adecuación podría ir favoreciendo el desarrollo de las empresas mas atrasadas, a través de intercambios compensados o uniones voluntarias de empresas de distinto nivel de desarrollo científico-técnico, para beneficiar a las menos desarrolladas,  además de la concesión de créditos, inversiones extranjeras y otras vías de recepción de financiamiento. Como las empresas cogestionadas (entre la comunidad y los trabajadores) mantienen la propiedad en la comunidad, ésta debe tener capacidad para influir en esta dirección. 


Algunos revolucionarios rechazan la Autogestión  Empresarial Obrera y Social (AEOS), porque la consideran contrapuesta a un Estado fuerte económica y militarmente, capaz de realizar la acumulación socialista y llevar adelante la Defensa del País. Nada más lejos de la verdad. Todo lo contrario. 


Una economía estructurada sobre estas nuevas bases, debe  garantizar un aumento sostenido de la producción con máxima eficiencia; -como no lo puede hacer el sistema estatal asalariado, por la falta de estímulos, el burocratismo y la corrupción que lo ha caracterizado-; aportar grandes sumas de dinero y recursos  a la recaudación fiscal para los planes generales de desarrollo de  la sociedad y su defensa; y legitimar el respaldo popular real y efectivo de los trabajadores armados en defensa de sus industrias, su tierra, y sus comunidades, verdadera base de la defensa del proceso revolucionario.  Ni más ni menos que la  concepción cubana de las Guerra de Todo el Pueblo, las zonas de defensa y la Milicias de Tropas Territoriales (MTT), pero, incluso, más acentuada y con bases más sólidas. 


El proceso revolucionario que no es capaz de garantizar su defensa no sobrevive. El Concepto de Defensa Nacional, que integra factores militares, económicos, políticos, diplomáticos y  sociales, falló en la URSS, a pesar de todos sus cohetes atómicos, porque el pueblo no se sintió comprometido con la necesidad de defender aquel Estado.  


La paulatina extensión de la autogestión empresarial obrera y social hasta hacerla predominar, lleva a la desaparición progresiva de la contradicción Pueblo-Estado que segrega el socialismo estatal; es la forma de hacer real el poder de los trabajadores y de todo el pueblo y, por tanto, un tipo de estado más fuerte, imposible de destruir; garantiza la irreversibilidad del proceso socialista; y es la que puede abrir al mundo la senda segura hacia el Comunismo.  
 


* Pedro Campos Santos. Lic. en Historia, ex funcionario del Servicio  Exterior de Cuba. La Habana, agosto del 2006.

CE  perf@disemah.com 
 


1) C. Marx. El Capital, T-III, Cap.  XXVII. El Papel del Crédito en la Producción Capitalista. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.

2) F. Engels. Introducción de  1891  a la Guerra Civil en Francia, de C. Marx.  C. Marx y F. Engels, OE  en tres Tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973.

3) C. Marx. Crítica al Programa de Gotha, C. Marx y F. Engles,  O.E en tres tomos, T-III, Editorial Progreso, Moscú 1974.

4) Idem

5) V.I. Lenin. Sobre la Cooperación.  T- XXXIII. O.C. Editora Politica. La Habana.1964

6) C. Marx. Ibídem (1)

7) V.I. Lenin. Ibídem (5)

8) F. Engels.Ibídem (2)

9) C. Marx El Capital, Tomo III, Cap. LI, Relaciones  de distribución y relaciones de producción. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.

10) Formas genéricas de la propiedad socialista, tomado del libro del autor, en preparación: “Urge a la Revolución Cubana avanzar hacia la autogestión empresarial obrera y social, para garantizar su continuidad histórica”: La Cooperativa ) Es la cooperativa tradicional, las primeras que surgieron en el capitalismo, que puede considerarse inferior, pues los medios de producción aportados son de propiedad original de los trabajadores y generalmente de bajo de un bajo nivel de desarrollo. Corresponde a pequeños campesinos unidos, pequeñas empresas industriales o de servicios, más bien de tipo artesanales.  La Cooperativas Socialista. Aquí, la propiedad  sobre los medios de producción se otorgaría directamente a los trabajadores en forma plena, por medio de un crédito, la venta o la cesión por parte del Estado. Los trabajadores determinarían autogestionadamente todo en la empresa, a través de sus órganos democráticamente elegidos. Esta forma de propiedad, generalmente ha sido referida a empresas  medias a pequeñas por su nivel de desarrollo, debiendo quedar estatuido que son indivisibles  e invendibles, y su fusión o unión con otras empresas quedar sujeta a leyes.  Empresa Cogestionada  (entre la Comunidad y el Colectivo de Trabajadores). La propiedad se mantendría total o parcialmente en la Comunidad (el nivel correspondiente, sea nación, provincial, municipio o comunal), pero los trabajadores la administran en base a los principios de la autogestión empresarial obrera. Podrían llamarse Cooperativas de Tipo Superior. Parecen las convenientes de aplicar a las empresas de interés  nacional o estratégico, con alto nivel tecnológico,  que demandan una enorme cantidad de recursos y personal altamente especializado que solo puede ser aportado por el presupuesto estatal o el capital extranjero. El carácter de propiedad Comunal  y en usufructo compartido con los trabajadores, garantizaría que no haya eventuales  subestimaciones  de los intereses generales de la nación o el surgimiento de tendencias localistas, regionales o sectoriales perjudiciales.

11) C.Marx. Ibídem  (3)

12) F. Engels,  carta a Bebel el 18-28 de marzo de 1875. C.Marx y F.Engles. OE en tres tomos. Tomo III. Editorial Progreso, Moscú 1974 

* Pedro Campos Santos. Lic. en Historia, ex funcionario del Servicio Exterior de Cuba. La Habana, agosto del 2006.
 
http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=22291</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La forma genérica de la producción socialista es la Autogestión Empresarial Obrera. Debe extenderse socialmente<br />
El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión obrera<br />
Pedro Campos Santos (para Kaosenlared) [20.08.2006 09:53] &#8211; 1059 lecturas &#8211; 3 comentarios  </p>
<p>La Autogestión Obrera,  es la forma característica del nuevo régimen de producción, surgido en las cooperativas. Autogestión Empresarial Obrera y Autogestión Administrativa Capitalista. La NEP, el Capitalismo de Estado y el cooperativismo. El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión obrera. El concepto de  desarrollo económico en el socialismo. Las nuevas formas de propiedad socialista y su desarrollo. Otras formas de propiedad y producción presentes en el socialismo. La Autogestión deberá aplicarse también a toda la vida social. Otros significados  de la autogestión. Algunos temores. </p>
<p>El sistema capitalista organiza la producción en base a la explotación del trabajo asalariado. El dueño aporta capital y el trabajador  la mercancía fuerza de trabajo. En  la mercancía creada por esa unión, surge la plusvalía, el excedente, del cual se apropia el capitalista. </p>
<p>Para eliminar esa forma de explotación, en el seno del capitalismo los trabajadores formaron las cooperativas, donde apareció una nueva forma de organización de la cooperación, distinta al trabajo asalariado, caracterizada porque los propios trabajadores asociados, dueños colectivos de sus medios de producción, auto explotaban su fuerza de trabajo; administraban democráticamente su gestión productiva y; controlaban y distribuían el excedente.</p>
<p>Marx descubrió también la nueva forma de producción socialista </p>
<p>Carlos Marx no sólo descubrió la plusvalía y la ley general del desarrollo de la historia humana, también conocida como  ley  de la correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, sino que reveló, cómo del propio seno del capitalismo, en las cooperativas,  había surgido  esa nueva forma de producción, característica -genérica- del nuevo régimen, llamado a sustituir la explotación capitalistas del trabajo asalariado. </p>
<p>”… Las fábricas cooperativas de los obreros mismos&#8230; demuestran   cómo  al llegar  a</p>
<p>una  determinada fase  de desarrollo de  las fuerzas materiales productivas y de</p>
<p>formas sociales de producción adecuadas a ellas,  del seno de un régimen de </p>
<p>producción surge y se desarrolla naturalmente otro nuevo.”  C. Marx. (1) </p>
<p>“….el decreto mas importante de cuantos dictó la Comuna dispuso una organización para la gran industria e incluso para la manufactura, que no se basaba solo en la asociación de obreros dentro de cada fábrica, sino que debía también unificar a todas estas asociaciones en una gran Unión; en resumen, en una organización que, como Marx dice muy bien en la Guerra Civil, forzosamente habría conducido en última instancia al comunismo,&#8230;”  F.Engels (2) </p>
<p>Marx, y Engels, en éstas y en otras muchas referencias al cooperativismo,  no dejaron lugar a dudas de que el sistema de trabajo, que caracteriza a las cooperativas surgidas de las propias entrañas del capitalismo -el trabajo autogestionado democráticamente de los propietarios colectivos asociados, quienes controlan el excedente, y organización que debía extenderse socialmente- era el llamado a sustituir el régimen de trabajo asalariado del Capitalismo y, es por tanto, el que corresponde a la forma de la organización del trabajo en la nueva sociedad socialista.   </p>
<p>Ese nuevo, sistema de trabajo, la Autogestión Empresarial Obrera y Social (AEOS), es pues el nuevo régimen que caracteriza la producción socialista, como el trabaja asalariado tipifica  al capitalismo. </p>
<p>En las cooperativas no se devenga salario, el cual esconde la explotación  capitalista, sino que empieza a aplicarse  por primera vez a escala individual y cada vez más precisa, el pago según el trabajo, y esto puede ser así debido al estricto control de costos y gastos que, en función de sus propios intereses, realiza directamente el colectivo de trabajadores, puesto que de ello depende el buen desenvolvimiento de la empresa o la cooperativa pues, mientras más rentable, más y mejores niveles de vida ofrece a sus trabajadores, que no siempre vienen recompensados en forma de dinero.  </p>
<p>A propósito, en la Crítica al Programa de Gotha Marx explica: “… el derecho igual sigue siendo aquí, en principio, el derecho burgués, -de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo- aunque ahora el principio y la práctica ya no se tiran de los pelos, mientras que en el régimen de intercambio de mercancías, el intercambio de equivalentes no se da más que como término medio,  y no en los casos individuales” (3)   </p>
<p>No serán, pues,  las decisiones voluntarias de los hombres, sino la extensión paulatina a toda la sociedad del sistema de trabajo autogestionario empresarial obrero, la que irá determinando la ampliación del beneficio, más allá del dinero devengado por trabajo, lo que a su vez llevará a la gradual modificación de las funciones del dinero y su valor, y a cambios en la ley del valor, en como las demás categorías de la economía mercantil, incluido  el mercado; en un proceso paulatino, donde el intercambio de mercancías irá cediendo terreno al intercambio de equivalentes, en la medida en que “el principio y la práctica ya no se tiran de los pelos”.</p>
<p>Este será un proceso lento complicado y prolongado que no es otro que el período de tránsito socialista. Marx lo describió así: “Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista media el período de transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde….la dictadura revolucionaria del proletariado.” (4) </p>
<p>Lenin lo abordó de esta manera: “Pero para lograr que, a través de la NEP, el conjunto de la población tome parte en las cooperativas, es necesaria toda una época histórica. Será una época histórica particular, pero sin pasar por ella….no podremos alcanzar nuestro objetivo&#8230;” (5) </p>
<p>Entre las transformaciones revolucionarias a las que Marx se refiere, de una sociedad a la otra, las más importantes son las que se realizan en la base económica, en las relaciones de producción, las cuales Lenin precisa aquí para su aplicación práctica. Las “transformaciones económicas socialistas”, no son otra cosa que la progresiva extensión de la Autogestión Empresarial Obrera a toda la actividad económica  de la sociedad. </p>
<p>Autogestión Empresarial Obrera y Autogestión Administrativa Capitalista,  son conceptos distintos. </p>
<p>Algunas empresas capitalistas modernas también utilizan, parcialmente, el sistema autogestionado surgido en las cooperativas, para buscar un mayor comprometimiento de los trabajadores en la solución de los problemas empresariales, pero constreñido a la  forma de la gestión administrativa, y excluyendo,  como norma, a los trabajadores del control de la propiedad y, desde luego, del excedente, dos principios del cooperativismo.  </p>
<p>En esas empresas se mantiene el régimen de trabajo asalariado aunque se pagan primas y horas extras, según la labor realizada, de acuerdo con el derecho burgués de distribución vigente y, sólo algunas empresas les posibilitan participación limitada a los trabajadores, -especialmente a los empleados administrativos y altamente cualificados, o cuellos blancos- en las acciones y, por esa vía, en el excedente. </p>
<p>Las modernas empresas capitalistas que utilizan la autogestión administrativa, como forma de organización superior de la producción, están demostrando la natural e inevitable tendencia del sistema capitalista a brindar una mayor participación a los trabajadores en la gestión  empresarial, como vía más segura para garantizar la subsistencia del sistema capitalista.  </p>
<p>La  propensión del capitalismo  a la autogestión, fue identificada por Marx, en el Capítulo XXVII  del III Tomo de El Capital, El papel de el crédito en la producción capitalista, al analizar las sociedades anónimas, cuando señala: “En las sociedades anónimas…..Este resultado del máximo desarrollo de la producción capitalista constituye una fase necesaria de transición hacia la reversión del capital a propiedad de los productores, pero ya no como propiedad privada de productores aislados, sino como propiedad de los productores asociados, como propiedad directa de la sociedad. … Y es, de otra parte, una fase de transición hacia la transformación de todas las funciones del proceso de reproducción aún relacionadas hasta aquí con la propiedad del capital en simples funciones de los productores asociados, en funciones sociales. .. Esto equivale a la supresión del régimen de producción capitalista dentro del propio régimen de producción capitalista y, por tanto, a una contradicción que se anula a sí misma y aparece “prima facie” como simple fase de transición hacia una nueva forma de producción&#8230;” (6) </p>
<p>El desarrollo de la autogestión administrativa por el propio capitalismo, que empieza circunscrito a la gestión y se extiende luego limitadamente  a la propiedad, en la medida en que brinda participación a los trabajadores en las acciones, y a través de éstas, al excedente, es la muestra más fehaciente de que, el avance progresivo de la autogestión administrativa hasta incluir además de la gestión, también y en forma integra la propiedad y el excedente, es el camino de la solución de las contradicciones  del sistema capitalista: la Autogestión Empresarial Obrera.  </p>
<p>Pero el control completo de la propiedad y el excedente, por parte de los trabajadores, el paso más revolucionario en esa dirección, sólo es posible con la revolución  social  que realice la expropiación a los expropiadores y extienda, en proceso prolongado y complejo,  el nuevo régimen de la Autogestión Empresarial Obrera a toda la sociedad. </p>
<p>La NEP, el Capitalismo de Estado y el cooperativismo </p>
<p>El proceso que debe conducir al control de los trabajadores sobre la gestión, la propiedad y el excedente, fue el que intentó en Rusia Lenin, cuando pretendió rectificar el camino de la NEP (Nueva Política Económica), que él mismo había impulsado a partir de 1921, pero  siempre con un sentido de provisionalidad, como variante para salir del desastre en que fue sumida Rusia por la guerra impuesta por 14 potencias imperialistas, la contrarrevolución y la política económica del comunismo de guerra, que arruinaron el campo y la industria.   </p>
<p>El Capitalismo de Estado, aplicado con la NEP tenía la intención de reactivar la economía mediante la liberalización del mercado y la producción agrícola e industrial, y favorecer la creación de empresas. Para lograrlo, las pequeñas y medianas fueron privatizadas y el Estado siguió siendo el propietario de los medios de producción en las ramas que se consideraron de interés nacional como el transporte y la industria pesada. Las finanzas y el comercio exterior se mantuvieron centralizados. El uso del dinero, que había sido sustituido por un sistema de  trueques y cuotas en especies, fue restablecido. En las empresas del Estado, se estableció el trabajo asalariado como forma de organización de la producción, en manera parecida al capitalismo.  </p>
<p>En 1923, en su trascendental  artículo “Sobre la Cooperación” Lenin señala: “ Al pasar a la NEP nos excedimos, pero no porque dimos demasiada preeminencia al principio de la industria y el comercio libres, sino porque olvidamos la importancia de la cooperación, no la valoramos como corresponde, dejamos de pensar en su enorme significación…</p>
<p>Ahora debemos comprender, para obrar en consecuencia,  que el régimen social al que hoy debemos prestar un apoyo extraordinario es al régimen cooperativo…</p>
<p>Ahora bien, el régimen de cooperativitas cultos, cuando existe la propiedad social sobre los medios de producción, y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía, es el régimen socialista…Ahora tenemos el derecho de afirmar que para nosotros, el simple desarrollo de la cooperación se identifica…con el desarrollo del socialismo y al mismo tiempo nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo”  (7)   </p>
<p>El Jefe de la Revolución de Octubre se percató dos años después de iniciada la NEP, que no se  le habían prestado la atención necesaria al régimen cooperativo, cuyo desarrollo y extensión “se identifica con el desarrollo del socialismo” y sin el cual no se podría alcanzar el objetivo de construir la nueva sociedad. La comprensión de que ese era el camino y no otro, lo llevó a reconocer que esto implicaba un “cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo”. </p>
<p>Poco después de dictar, ya no  podría escribir, en enero de 1923, este documento histórico “Sobre la Cooperación”,  el último de carácter teórico sobre la construcción socialista, Lenin quedó definitivamente incapacitado para poder seguir ejerciendo la dirección del Partido y el gobierno rusos, y moría un año después. </p>
<p>Rusia no siguió este camino indicado por Lenin. Resultado de no haber extendido el sistema cooperativo, la autogestión empresarial obrera, en Rusia se fortaleció el Capitalismo de Estado en base al régimen salarial, que fue concebido inicialmente como transitorio y que, por demás se expandió también, a las empresas agrícolas estatales. En el seno del Partido Comunista se sucedieron históricas discusiones sobre el rumbo a seguir, pero terminaron cruentamente.  </p>
<p>Después de la muerte de Lenin, la cooperativización,  que debió transcurrir como un proceso progresivo estimulado y apoyado por el nuevo Estado revolucionario, fue en cambio forzada en el campo para los pequeños productores solamente y no se desarrolló en la industria ni en los servicios.  Esto provocó un aumento de la centralización de la propiedad y de las decisiones en el Estado, hasta que la NEP misma fue derogada y sustituida por los planes quinquenales en 1928, los cuales partían de la más absoluta centralización y el control estatal central, lo que vino a ser una especie de santificación de una variante del capitalismo de Estado   como “sistema de producción en el socialismo”. </p>
<p>Aquella sociedad, en lugar  de avanzar hacia la nueva forma de producción autogestionada empresarial  obrera, se estancó y evolucionó a una forma distorsionada de la explotación asalariada por el Estado.  Fue así como el Capitalismo de Estado, transfirió la esencia de  su sistema asalariado característico de la producción capitalista, al Socialismo de Estado, en que se trastocó. Ahora, el excedente, en lugar de ser controlado por los capitalistas, era controlado por el Estado, sin participación real alguna por parte de los trabajadores mismos. </p>
<p>Esta deforme y  nefasta herencia fue el origen de la dicotomía entre el pueblo trabajador y el estado explotador, y la que  posibilitó la reversibilidad hacia el capitalismo de aquellos procesos socialistas, lo cual tuvo como base, el hecho de que no se consolidaron, extendieron ni, desde luego, llegaron a predominar en la sociedad, las nuevas formas de organización de la producción,  basadas en la AEOS. </p>
<p>El socialismo se fortalece haciendo avanzar la autogestión empresarial </p>
<p>Para avanzar hacia el socialismo, Lenin había establecido claramente la necesidad objetiva de que todas las empresas pasaran al régimen cooperativo, es decir a la autogestión empresarial obrera. Esa hubiera sido la forma de realizar una verdadera socialización de los medios de producción y desarrollar el autocontrol de los trabajadores sobre el excedente y sus condiciones materiales de producción y existencia. </p>
<p>Esta es la esencia, en el orden interno, de la llamada revolución permanente  de Marx: el continuo avance de la forma socialista de producción, a costa del capitalismo. Su violación por el socialismo fracasado, demostró en la práctica, que el proceso revolucionario sólo puede subsistir avanzando. </p>
<p>La experiencia del socialismo que no logró progresar hasta hacer predominar el cooperativismo, la AEOS,  demostró específicamente también que es imposible avanzar en la nueva sociedad si no se democratiza el control de ese excedente, dando participación más directa en el mismo a los trabajadores y a los ciudadanos, a través de la diversificación y ampliación de la socialización de la propiedad y la apropiación, lo cual sólo es posible realizar a través del nuevo régimen de la organización de la producción.   </p>
<p>El eventual papel obstruccionista del aparato burocrático que  en nombre de la Revolución Proletaria, puede obstaculizar el avance socialista, así como las formas fundamentales de evitarlo,  fueron previstos también por los clásicos, en sus análisis sobre la Comuna de París. </p>
<p>Sobre este particular, en su introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia de Marx, Engels señala: “La Comuna tuvo que reconocer desde el primer momento, que la clase obrera,….tenía, de una parte, que barrer toda la  vieja máquina represiva utilizada hasta entonces contra ella, y de otra parte,  precaverse contra sus propios diputados y funcionarios, declarándolos a todos, sin excepción, revocables en cualquier momento. ¿Cuáles era las características del Estado hasta entonces?….a la larga estos órganos, a la cabeza de los cuales figuraba el poder estatal, persiguiendo sus propios intereses específicos, se convirtieron de servidores de la sociedad en señores de ella” </p>
<p>La forma, sigue Engels, en que la Comuna “amputó” esos lados peores del Estado,  fue: “En primer lugar cubrió todos los cargos administrativos, judiciales y de enseñanza por elección, mediante sufragio universal, concediendo a los electores el derecho a revocar en todo momento a sus elegidos. En segundo lugar todos los funcionarios, altos y bajos, estaban retribuidos como los demás trabajadores…..Con este sistema se ponía una barrera eficaz al arribismo y a la caza de cargos….” (8) </p>
<p>Ciertamente, el socialismo “real” se caracterizó por la ausencia de esos antídotos antiburocráticos: Los dirigentes estatales se añejaban en los cargos y estos significaban muchas prebendas. Los fallos en los mecanismos democráticos del gobierno de los trabajadores, posibilitaron la existencia de funcionarios en el Estado que, “de servidores de la sociedad se convirtieron en señores de ella”. De manera que, una garantía para el avance del proceso socialista, es el establecimiento de mecanismos  que impidan el control de tales personas sobre el aparato burocrático, transitorio, pero inevitablemente necesario por un buen tiempo.  </p>
<p>El concepto de  desarrollo económico en el socialismo </p>
<p>Una de las más significativas experiencias del socialismo estatal centralizado, fue que el desarrollo económico del socialismo no radica en los avances que se logren en los descubrimientos y aplicaciones de la técnica y la ciencia, en altos niveles de producción, en las grandes inversiones en macro empresas, en el aumento de los presupuestos estatales para enfrentar al estilo paternalista del Estado de Bienestar, los problemas sociales, etc., sino en el avance de las relaciones socialistas, cooperativistas, autogestionarias en las unidades de producción y empresas de todo tipo, que ya hayan alcanzado un relativo desarrollo del capitalismo y concentren capitales  de nivel medio y superior. </p>
<p>Es claro que mientras mayor sea el nivel de desarrollo científico-técnico del capitalismo,  más aceleradamente se puede avanzar a las relaciones socialistas de producción, pero esto no niega que a partir de niveles inferiores de desarrollo  capitalista, se pueda progresar en la sociedad socialista -entendida esta no como un reino de consumo o distribución, sino como una sociedad de “cooperativistas cultos”, más equitativa, humana, solidaria, democrática y justa- que a la larga va a ser mucho más productiva, eficiente, más justamente repartida, popularmente apoyada y multidesarrollada que las actuales capitalistas de alto desarrollo, pero de más altos contrastes en todos los órdenes. </p>
<p>El desarrolló de medios y técnicas per se, no significó ningún avance objetivo del socialismo, pues aquellos grandes rendimientos, y descubrimientos  científicos y técnicos no estaban en función de las nuevas relaciones de producción  cooperativistas, la AEOS, sino que partían de, y servían a  otros tipos de relaciones estatales y asalariadas, cuyos máximos beneficiarios no fueron los trabajadores, sino los funcionarios de los aparatos burocráticos que terminaron por pactar con el capitalismo. </p>
<p>En consecuencia, de no salir de la etapa estatal primaria de la Revolución socialista, y avanzar al cooperativismo extendido, como pretendió Lenin en 1923, el progreso del nuevo régimen social de producción, puede quedar estancado en el sistema basado en la propiedad estatal, la centralización y el trabajo asalariado, con todas sus consecuencias, incluida la eventualidad de la reversibilidad del proceso socialista, como quedó demostrado en Europa. </p>
<p>Una concepción desarrollista del “socialismo”, que confía  el eventual avance socialista, no al progreso de  la AEOS, sino principalmente a la inversión de capitales extranjeros, que continúa explotando el trabajo asalariado, solo tenderá al fortalecimiento de las relaciones capitalistas de producción.  </p>
<p>El desarrollismo capitalista, trasplantado a los intentos de hacer avanzar una economía  socialista, va acompañado de todos sus vicios, especialmente la corrupción, el consumismo y el despilfarro concomitantes, que tienden, especialmente, al abuso de los recursos no renovables de la naturaleza y a la degradación del medio ambiente. Ambos excesos, consecuencias del mercantilismo propio del desarrollismo capitalista, pueden ser neutralizados solamente por el uso racional de los recursos que impone una concepción de desarrollo integral del ser humano en armonía con la naturaleza, presente únicamente en la autogestión social socialista. </p>
<p>Algunos teóricos de la izquierda han creído que el socialismo  es la búsqueda  de soluciones a los múltiple problemas sociales que aquejan a las mayorías desposeídas y desprotegidas, a partir de la actuación benevolente del Estado, en una repartición más equitativa de la renta nacional regenteada por éste, al estilo del “Estado de Bienestar”.  </p>
<p>En general estas concepciones tienen  que ver con la idea, de que la solución a los problemas de fondo en la economía, se pueden resolver con una “inteligente o correcta” distribución del ingreso nacional, con  un “mejor” manejo de la dirección económica y las inversiones, o la buena voluntad y la honradez de los dirigentes, los trabajadores  y otros factores éticos y morales por el estilo, correspondientes a la superestructura. Estas ideas pierden de vista que tanto la distribución como el consumo, están históricamente determinados por las relaciones de producción. </p>
<p>C. Marx, en el Cap LI del Tomo III de El Capital, Relaciones  de distribución y relaciones de producción, señala: “…las relaciones de distribución son esencialmente idénticas a estas relaciones de producción, el reverso de ellas, pues ambas presentan el mismo carácter histórico transitorio…..Las llamadas relaciones de distribución responden, pues, a formas históricamente determinadas y específicamente sociales del proceso de producción, de las que brotan, y a las relaciones que  los hombres contraen entre sí en el proceso de reproducción de su vida humana.  El carácter histórico de estas relaciones de distribución, es el carácter histórico de las relaciones de producción, de las que aquellas solo expresan un aspecto.” (9) </p>
<p>Es materialmente imposible, por tanto,  concebir una verdadera distribución socialista, mientras las relaciones de producción no lo sean también. Y ya vimos que las relaciones de producción genéricas del socialismo  no tienen que ver con el trabajo asalariado, sino con las nacidas en el cooperativismo, identificadas como la AEOS. </p>
<p>Las nuevas formas de propiedad socialista y su desarrollo </p>
<p>De acuerdo con el análisis de las experiencias socialistas intentadas en Europa y especialmente la yugoslava y la cubana, que han estado entre las que más se han acercado al cooperativismo, las nuevas formas de la propiedad socialista, de los colectivos de trabajadores, a funcionar bajo el sistema de la AEOS, pueden resumirse en tres tipos principales: las cooperativas tradicionales, las cooperativas socialistas y las empresas cogestionadas, tanto para la agricultura, como para la industria, los servicios y demás actividades del Estado. El tema: las formas de propiedad en el Socialismo ya ha sido abordado in extenso en otros trabajos (10). </p>
<p>Estas formas de propiedad socialistas deben verse en desarrollo, de las inferiores a las superiores, en dependencia del nivel alcanzado por las fuerzas productivas y según dicte la conveniencia práctica.  </p>
<p>Fue expresado por los clásicos y la práctica posterior lo ha demostrado, que para desarrollarse plenamente, el sistema cooperativo, la AEOS,  es necesario el apoyo del Estado producto de la Revolución, el cual debe ir inyectando y traspasando medios y recursos bajo su control, provenientes de sus distintas fuentes de ingresos, al nuevo sistema socialista, que debe ser apoyado especialmente en forma crediticia, y aprovecharse de la cooperación controlada con el capital extranjero. </p>
<p>El Estado, a sus distintos niveles, retendría la propiedad de las empresas que considere de importancia estratégica o de interés local del nivel correspondiente. El usufructo, la gestión y todo lo demás estarían a cargo del colectivo de trabajadores, que respondería ante el nivel comunal correspondiente, de los planes, pedidos,  y sus demás intereses. Las instancias del gobierno, que atesoran la recaudación  fiscal irán a su vez invirtiendo en nuevas micro, medias y mega empresas, según las necesidades y las posibilidades económicas, así como del financiamiento que consiga del banco nacional y las relaciones controladas (51-49) con el capital internacional y según las regulaciones establecidas. </p>
<p>El papel del Banco Central, deberá acrecentarse, diversificarse y expandirse para poder dar respuesta eficiente a las solicitudes de crédito, conocer las posibilidades de su realización y fiscalizar su ejecución. </p>
<p>Esta es la forma paulatina en que el aparato central del Estado se irá, a su vez, transformando, pasando sus funciones administrativas y de control de la producción a los colectivos de trabajadores y de ciudadanos, y quedando cada vez más y paulatinamente,  solo para las cuestiones que vayan siendo imprescindibles, como por ejemplo: defensa y seguridad, relaciones internacionales, comercio exterior, orden interior, finanzas,  sistema jurídico, instituciones de planeamiento social general, instituciones controladoras del medio ambiente y otras que la necesidad  práctica demande, imposibles de precisar en un trabajo teórico. </p>
<p>Los tipos de propiedades de los colectivos de trabajadores podrían unirse territorial o sectorialmente, en uniones de cooperativas o uniones de empresas, en uniones de cooperativas y de  empresas, para formar empresas mayores, más potentes o integrales,  según convenga al desarrollo de la producción y sea decidido democráticamente por sus trabajadores, hasta convertirse todo el sistema en una gran unión de empresas autogestionadas. La práctica irá demandando  lo más conveniente. </p>
<p>Igualmente, las cooperativas y empresas o sus uniones podrían recibir inversiones extranjeras y cooperar con cualesquiera otras de las formas de propiedad y producción existente, según el interés  compartido de sus trabajadores. No se debe temer a ese intercambio, pues práctica y teóricamente se ha demostrado la superioridad de  la autogestión  empresarial obrera, sobre el trabajo asalariado. </p>
<p>Un cuerpo de leyes generales deberá regular todo el funcionamiento de la AEOS y de estas formas genéricas de la propiedad socialista, así como de las otras que todavía tienen cabida en el Período de Transito Socialista. </p>
<p>Otras formas de propiedad y producción presentes en el socialismo </p>
<p>Igualmente los clásicos advirtieron, y la práctica ha demostrado, que las nuevas formas de propiedad y producción socialistas autogestionadas, que deben tender a ser predominantes en la nueva sociedad, no son las únicas en el Socialismo, pues se trata de una sociedad de tránsito del Capitalismo a la fase superior de la nueva formación económico-social Comunista.</p>
<p>C,Marx. En la Crítica al Programa de Gotha, escrita cuatro años después de la Comuna de París, hace ya más de un siglo y cuarto,  expuso: “De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto,  presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede…” (11) </p>
<p>En consonancia, la AEOS no implica la eliminación  automática de otras formas pre-socialistas como  la producción mercantil simple, el cuentapropismo individual o familiar, ni otras que la propia necesidad de la producción demande, ni tampoco la inversión extrajera controlada.  El socialismo incluye, necesita, todo eso.  </p>
<p>En particular, tal y como ha sido demostrado por las experiencias socialistas intentadas y como ha evidenciado la incapacidad del capitalismo desarrollado para acabar con la producción mercantil simple, debe respetarse el trabajo por cuenta propia que existe por  necesidad natural y,  que  incluye la propiedad individual o familiar; la cual, siendo privada, no explota trabajo ajeno, no permite la reproducción ampliada, y no deja de ser tampoco una forma  socializada de la  propiedad, en tanto y cuanto significa la extensión y repartición de la propiedad en el seno de la sociedad; en verdad, una forma de socialización de la propiedad y la apropiación. Por su esencia (auto explotación del trabajo del mismo dueño, con sus propios medios de  producción, y  que controla a su vez el excedente), la forma de producción del trabajo por cuenta propia, es también autogestionaria. Su tendencia natural en el socialismo deberá ser, a la creación de cooperativas y a su paulatina reducción. </p>
<p>La AEOS deberá aplicarse también a toda la vida social. </p>
<p>La AEOS, para triunfar definitivamente, debe no sólo extenderse a todas las ramas de la economía y a todas las esferas de la producción material, sino también a todo el resto de  la vida de la sociedad. Esto implica a toda la gestión productiva y social del Estado a todos sus niveles, incluida la salud pública, la educación, especialmente los centros de enseñanza superior (la autonomía universitaria), y los servicios generales que brindan las instituciones comunales. Esto se hace realidad a través de los órganos de poder del pueblo que genera cada proceso revolucionario, el cual debe controlar a sus niveles correspondientes los recursos necesarios para su funcionamiento autogestionado. </p>
<p>El  verdadero poder descansa en la propiedad y en el control de los recursos materiales y financieros. Para que el poder del pueblo fuera firme,  era necesario que la propiedad, los recursos y las finanzas fueran controlados  escalonadamente por los distintos niveles de ese poder popular, la nación, la provincia, la región, o la comunidad. Así la propiedad social, se hubiera hecho, efectivamente,  más socializada y hubiera dotado de poder real a las instancias de gobierno a cada nivel, las que a su vez hubiera debido controlar la recaudación de impuestos y el manejo del presupuesto correspondiente a cada nivel comunal.  </p>
<p>Esta sería la forma de hacer que las comunidades administren y gestionen recursos propios, para enfrentar sus necesidades de todo tipo, no tengan que estar esperando asignaciones  de “arriba”  de presupuestos o recursos que necesitan. Igual, esto permitiría que las comunidades sientan más suyos los parques, las calles, los establecimientos públicos, las escuelas, los policlínicos, las áreas de esparcimiento, y demás instituciones sociales y productivas que existan y ellos mismos desarrollen, en un territorio dado. </p>
<p>El concepto de propiedad comunal a nivel de nación, provincia, región o comunidad, daría sentido a la instancia de poder del pueblo correspondiente, sería más consecuente con los fines de la sociedad socialista y ayudaría a desmitificar la noción de “propiedad del Estado” que tanto daño hizo  al “socialismo real”. </p>
<p>F. Engesl, en carta a Bebel el 18-28 de marzo de 1875, le escribre: “Habría que abandonar toda esa charlatanería  acerca del  Estado, sobre todo después de la Comuna, que no era ya un Estado en el verdadero sentido de la palabra. … Por eso nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la palabra Estado, la palabra Comunidad (Gemeinwesen), una buena y antigua palabra alemana que equivale a la palabra francesa Commune” (12) </p>
<p>Otros significados  de la autogestión. Algunos temores. </p>
<p>Un Estado basado en la Autogestión Empresarial Obrera y Social, parece ser el único capaz  satisfacer las expectativas socialistas, a saber: la más amplia participación social y, especialmente, de todos los trabajadores en las decisiones importantes que  tengan que ver  con todos los aspectos de la producción, la reproducción y la vida social; la integración de los intereses de la sociedad, las regiones, los colectivos de trabajadores, los trabajadores mismos y la naturaleza; el desarrollo armónico y proporcional de ramas y regiones y; el balance entre las satisfacción de las necesidades y la acumulación socialista. </p>
<p>El ánimo de lucro individual, sólo se neutraliza en un medio en el que predominen los intereses colectivos, tanto mediatos como inmediatos. En un medio social colectivista, determinado por el sistema cooperativo de producción y la autogestión comunitaria, se darían las condiciones que permitirían forjar el hombre nuevo, que soñara el Che y que debemos ir preparando para el futuro. En su avance, el sistema de Estados cooperativos a nivel internacional constituiría, en el futuro impredecible,  la sociedad Comunista. </p>
<p>La fuerza centrífuga (desintegradora) que pueda generar la autogestión, el cooperativismo, a nivel  empresarial, o regional, se compensaría con la fuerza centrípeta (integradora) que generaría la autogestión a nivel social en todos sus escalones. Por eso hay que ver la autogestión -no como un asunto de  empresas cooperativas aisladas-  sino como un movimiento de toda la sociedad.  </p>
<p>Para garantizar que la AEOS se encamine por los objetivos del socialismo, y su funcionamiento no se preste a interpretaciones contradictorias,  sería necesario crear un cuerpo de leyes que regule todo el funcionamientos de los distintos tipos de cooperativas y empresas autogestionadas, sus uniones, absorciones, niveles de cooperación con otros eslabones de la economía y con el capital extranjero, sus relaciones con el Estado y otros aspectos que sean necesarios. </p>
<p>El Socialismo que precisa planificación eficiente, pero  solo la necesaria a cada uno de los niveles, y poder producir sobre la base de criterios generales y específicos de necesidades y demandas, incluye todavía –necesita- de un mercado que, como la mercancía, la ley del valor, la ley de la oferta y la demanda y las demás categorías de la economía mercantil, tenderán a desaparecer, pero no por la voluntad de los hombres, sino como resultado de la extensión del trabajo cooperativo autogestionario socialista, el desarrollo estructural y la paulatina extinción de la división social del trabajo, las clases y el Estado. </p>
<p>El mercado en el socialismo, el cual no debe confundirse con el  “socialismo de mercado” -concepto que trata de unir elementos estáticamente inconciliables- tenderá naturalmente a irse modificando por la propia dinámica de la economía autogestionaria cooperativista, pero seguirá funcionando como el dinero y otras categorías mercantiles  -cada vez menos-, debido también a la presencia del mercado externo y a la necesaria competitividad que deberán tener los productos del socialismo, mientras el mercado mundial no se transforme en intercambio, con el advenimiento paulatino del socialismo internacionalmente.   </p>
<p>Ya en el socialismo fracasado, que no por ello  dejó de aportar  importantes experiencias, el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) había establecido un sistema de trueque internacional, para compensar el intercambio desigual y favorecer a los países menos desarrollados, que tendía  más al intercambio de equivalentes que al de mercancías. </p>
<p>Una experiencia similar podría irse aplicando entre las empresas autogestionadas socialistas, que por su naturaleza obrera y colectivista deberán ser solidarias,  -de lo que también se encargarían los impuestos progresivos-. Tal adecuación podría ir favoreciendo el desarrollo de las empresas mas atrasadas, a través de intercambios compensados o uniones voluntarias de empresas de distinto nivel de desarrollo científico-técnico, para beneficiar a las menos desarrolladas,  además de la concesión de créditos, inversiones extranjeras y otras vías de recepción de financiamiento. Como las empresas cogestionadas (entre la comunidad y los trabajadores) mantienen la propiedad en la comunidad, ésta debe tener capacidad para influir en esta dirección. </p>
<p>Algunos revolucionarios rechazan la Autogestión  Empresarial Obrera y Social (AEOS), porque la consideran contrapuesta a un Estado fuerte económica y militarmente, capaz de realizar la acumulación socialista y llevar adelante la Defensa del País. Nada más lejos de la verdad. Todo lo contrario. </p>
<p>Una economía estructurada sobre estas nuevas bases, debe  garantizar un aumento sostenido de la producción con máxima eficiencia; -como no lo puede hacer el sistema estatal asalariado, por la falta de estímulos, el burocratismo y la corrupción que lo ha caracterizado-; aportar grandes sumas de dinero y recursos  a la recaudación fiscal para los planes generales de desarrollo de  la sociedad y su defensa; y legitimar el respaldo popular real y efectivo de los trabajadores armados en defensa de sus industrias, su tierra, y sus comunidades, verdadera base de la defensa del proceso revolucionario.  Ni más ni menos que la  concepción cubana de las Guerra de Todo el Pueblo, las zonas de defensa y la Milicias de Tropas Territoriales (MTT), pero, incluso, más acentuada y con bases más sólidas. </p>
<p>El proceso revolucionario que no es capaz de garantizar su defensa no sobrevive. El Concepto de Defensa Nacional, que integra factores militares, económicos, políticos, diplomáticos y  sociales, falló en la URSS, a pesar de todos sus cohetes atómicos, porque el pueblo no se sintió comprometido con la necesidad de defender aquel Estado.  </p>
<p>La paulatina extensión de la autogestión empresarial obrera y social hasta hacerla predominar, lleva a la desaparición progresiva de la contradicción Pueblo-Estado que segrega el socialismo estatal; es la forma de hacer real el poder de los trabajadores y de todo el pueblo y, por tanto, un tipo de estado más fuerte, imposible de destruir; garantiza la irreversibilidad del proceso socialista; y es la que puede abrir al mundo la senda segura hacia el Comunismo.  </p>
<p>* Pedro Campos Santos. Lic. en Historia, ex funcionario del Servicio  Exterior de Cuba. La Habana, agosto del 2006.</p>
<p>CE  <a href="mailto:perf@disemah.com">perf@disemah.com</a> </p>
<p>1) C. Marx. El Capital, T-III, Cap.  XXVII. El Papel del Crédito en la Producción Capitalista. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.</p>
<p>2) F. Engels. Introducción de  1891  a la Guerra Civil en Francia, de C. Marx.  C. Marx y F. Engels, OE  en tres Tomos. T-II. Editorial Progreso. Moscú 1973.</p>
<p>3) C. Marx. Crítica al Programa de Gotha, C. Marx y F. Engles,  O.E en tres tomos, T-III, Editorial Progreso, Moscú 1974.</p>
<p>4) Idem</p>
<p>5) V.I. Lenin. Sobre la Cooperación.  T- XXXIII. O.C. Editora Politica. La Habana.1964</p>
<p>6) C. Marx. Ibídem (1)</p>
<p>7) V.I. Lenin. Ibídem (5)</p>
<p> <img src='http://s.wordpress.com/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> F. Engels.Ibídem (2)</p>
<p>9) C. Marx El Capital, Tomo III, Cap. LI, Relaciones  de distribución y relaciones de producción. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.</p>
<p>10) Formas genéricas de la propiedad socialista, tomado del libro del autor, en preparación: “Urge a la Revolución Cubana avanzar hacia la autogestión empresarial obrera y social, para garantizar su continuidad histórica”: La Cooperativa ) Es la cooperativa tradicional, las primeras que surgieron en el capitalismo, que puede considerarse inferior, pues los medios de producción aportados son de propiedad original de los trabajadores y generalmente de bajo de un bajo nivel de desarrollo. Corresponde a pequeños campesinos unidos, pequeñas empresas industriales o de servicios, más bien de tipo artesanales.  La Cooperativas Socialista. Aquí, la propiedad  sobre los medios de producción se otorgaría directamente a los trabajadores en forma plena, por medio de un crédito, la venta o la cesión por parte del Estado. Los trabajadores determinarían autogestionadamente todo en la empresa, a través de sus órganos democráticamente elegidos. Esta forma de propiedad, generalmente ha sido referida a empresas  medias a pequeñas por su nivel de desarrollo, debiendo quedar estatuido que son indivisibles  e invendibles, y su fusión o unión con otras empresas quedar sujeta a leyes.  Empresa Cogestionada  (entre la Comunidad y el Colectivo de Trabajadores). La propiedad se mantendría total o parcialmente en la Comunidad (el nivel correspondiente, sea nación, provincial, municipio o comunal), pero los trabajadores la administran en base a los principios de la autogestión empresarial obrera. Podrían llamarse Cooperativas de Tipo Superior. Parecen las convenientes de aplicar a las empresas de interés  nacional o estratégico, con alto nivel tecnológico,  que demandan una enorme cantidad de recursos y personal altamente especializado que solo puede ser aportado por el presupuesto estatal o el capital extranjero. El carácter de propiedad Comunal  y en usufructo compartido con los trabajadores, garantizaría que no haya eventuales  subestimaciones  de los intereses generales de la nación o el surgimiento de tendencias localistas, regionales o sectoriales perjudiciales.</p>
<p>11) C.Marx. Ibídem  (3)</p>
<p>12) F. Engels,  carta a Bebel el 18-28 de marzo de 1875. C.Marx y F.Engles. OE en tres tomos. Tomo III. Editorial Progreso, Moscú 1974 </p>
<p>* Pedro Campos Santos. Lic. en Historia, ex funcionario del Servicio Exterior de Cuba. La Habana, agosto del 2006.</p>
<p><a href="http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=22291" rel="nofollow">http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=22291</a></p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-124</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 18:32:41 +0000</pubDate>
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		<description>De la huelga salvaje a la autogestión revolucionaria, Ratgeb (1974)


Capítulo III
La autogestión generalizada


[De los derechos positivos revolucionarios] 

[Del derecho de autodefensa] 

[Del derecho de participación] 

[Del derecho de comunicación] 

[Del derecho de realización] 

[De la abolición del trabajo forzado] 

[Del derecho de encuentro y de afinidades] 

[De la libre disposición del espacio-tiempo] 


1
La autogestión generalizada es la organización social del poder reconocido a cada cual sobre su vida cotidiana y ejercido directamente por los propios individuos o por las asambleas de autogestión.

2
Ha aparecido en la historia del movimiento obrero cada vez que la base ha querido imponer y realizar sus propias decisiones sin abandonar su poder a unos jefes y sin dejarse guiar por ninguna ideología.

3
Ha sido aplastada por el efecto conjunto de su debilidad constitutiva, sus indecisiones y confusiones, su aislamiento, y unos dirigentes que la autogestión generalizada ha cometido el error de darse o de tolerar y que la han llevado a su pérdida pretendiendo ordenarla y fortificarla. Los ejemplos más ricos de enseñanzas son los consejos obreros aparecidos en Rusia en 1905 (aplastados por el zarismo), 1917 (recuperados y destruidos por los bolcheviques), 1921 (aplastados en Kronstadt por Lenin y Trotski); en Alemania en 1918 (aplastados por los socialistas); en Italia en 1920 (destruidos por los socialistas y los sindicatos); en España en 1934 (revolución de Asturias aplastada por el gobierno republicano), en 1936-37 (recuperados por el sindicato anarquistas y aplastados por los estalinistas); en Hungría en 1956 (aplastados por el Estado llamado soviético).

4
No hay revolución posible al margen de la recuperación, del reforzamiento definitivo y de la expansión internacional del movimiento de la autogestión generalizada.

5
El movimiento de autogestión generalizada nace en el funcionamiento de las asambleas y de sus consejos de coordinación.

6
La asamblea de autogestión generalizada procede de la lucha de clases. Expresa de la manera más sencilla la voluntad del proletariado de liquidar la burguesía y de liquidarse a sí mismo como clase; su decisión de dejar de asistir como espectador a su propia decadencia y a las representaciones engañosas que hacen cuanto pueden por disimularla; su resolución de dejar de sufrir la historia para realizarla en beneficio propio y de todos.

7
La asamblea de autogestión generalizada no es otra cosa que la asamblea de huelga constituida por los trabajadores a partir de las ocupaciones de las fábricas, y que se extiende lo antes posible del lugar de trabajo al barrio circundante y a la región. Su proyecto no tiene nada de abstracto ni de político: por el contrario, está centrado en la vida cotidiana de cada cual y en sus posibilidades de enriquecimiento pasional.

8
El consejo agrupa el conjunto de los delegados elegidos por la asamblea, encargados de un mandato preciso, controlados y revocables en cada momento.

9
El consejo tiene esencialmente una función de coordinación. Es indisociable de la asamblea. Sus miembros dependen exclusivamente de quienes los han elegido con un objetivo muy preciso; no ejercen ningún poder por sí mismos y se limitan a tener toda la libertad de creatividad necesaria para conseguir el resultado que les ha sido asignado. Si alguna vez apareciera alguna separación entre sus intereses y los de sus electores, el consejo se convertiría en comité y, al arrogarse un poder autónomo, abriría el camino a un nuevo Estado.

10
Incluso en el grado de expansión más amplio, el conjunto de las asambleas de autogestión generalizada no deja de controlar permanentemente, por todos los medios de la telecomunicación, la eficacia de los delegados en la misión de la que han sido encargados.


De los derechos positivos revolucionarios


11
Los derechos positivos revolucionarios son el conjunto creciente de derechos individuales de goce, garantizados por el mismo funcionamiento de la nueva organización social. 
a) Nacidos de la lucha contra el sistema mercantil y concretados desde las primeras medidas tomadas por las asambleas de autogestión generalizada, constituye una adquisición por debajo de la cual es imposible volver. 
b) Formados por las demandas presentadas en la asamblea de autogestión generalizada, y que han sido realizadas inmediatamente, armonizadas o diferidas por falta momentánea de medios, componen un código perpetuo de los derechos posibles. 


12
En el rechazo de la supervivencia, los derechos al goce aparecen bajo una forma negativa. Tomamos conciencia de ello en las reivindicaciones anti-Estado, anti-burocracia, anti-trabajo, anti-intercambio, anti-sacrificio, anti-propiedad privada, anti-cuantitativo, anti-ideología, anti-jerarquía. De este modo, sólo tenemos una idea empobrecida de la dicha inagotable que la destrucción de un sistema de obligaciones y de mentiras puede poner a nuestro alcance de la noche a la mañana. Al realizar positivamente unos derechos hasta entonces reprimidos, atascados, falsificados, la asamblea de autogestión liberará auténticamente las pasiones de lo que las corrompe y las armonizará de tal manera que desaparecerán de una vez por todas las secuelas psicológicas de la supervivencia (celos, avaricia, prestigio, autoritarismo, gusto por la sumisión y por la violación...)

13
Para que el movimiento de autogestión generalizada sea auténtico, es preciso que su poder sea absoluto en las zonas liberadas: queremos la autogestión de las libertades, no la autogestión de la opresión y la mentira en nombre de la autogestión.

14
No se trata de condenar un deseo o una pasión encaminados hacia la angustia o la destrucción sino de convertirlos en caducos mediante la multiplicidad de goces posibles. Así pues, todas las demandas pasionales merecen ser presentadas a la asamblea de autogestión generalizada a fin de ser realizadas en ella, armonizadas por ofertas y demandas, desarrolladas de lo simple a lo complejo, multiplicadas y refinadas. Si bien es cierto que los revolucionarios formarán las primeras asambleas de autogestión, también lo es que dichas asambleas formarán a los revolucionarios.

15
Los derechos positivos revolucionarios son la práctica de los individuos concretos, no los principios abstractos del ciudadano o del Hombre en sí.

16
No basta con que cada individuo conozca y se invente unos derechos experimentando su práctica, es preciso fundamentalmente que la organización social esté hecha de tal manera que sólo pueda reforzar, enriquecer y multiplicar estos derechos individuales. No queremos una nueva declaración de los Derechos del Hombre sino los derechos reales que se desprenden del mismo funcionamiento de la organización social.

17
Los derechos positivos revolucionarios se expresan por toda la vida social gracias al funcionamiento de las asambleas de autogestión generalizada. Cuanto más simple sea este funcionamiento, más aumentará la complejidad de las exigencias individuales y más podrá satisfacerse la demanda pasional sin que ni siquiera sea necesario pasar por las asambleas.

18
Cuanto más decisivos sean los golpes asestados al sistema mercantil y al Estado, más y mejor la armonización de los intereses, de los deseos y de las pasiones individuales convertirá a cada cual en el dueño de su vida cotidiana. Durante la fase de tanteos y de errores, lo más importante es imposibilitar cualquier forma de represión dentro de la sociedad de autogestión, a excepción de la guerra de autodefensa que tiende a la eliminación de los partidarios del Estado: 
a) Nadie es condenable por lo que ha sido antes de la revolución. Sólo la actitud durante la lucha es determinante. Cuando los disturbios de 1933, los anarquistas de Alcoriza (Aragón) dispararon sobre el notario del pueblo, a consecuencia de lo cual cojeó hasta su muerte. En 1936, el pueblo fue colectivizado y el notario, al igual que todos los demás, entró en la colectividad. Un año después, con el reforzamiento de la burguesía gracias al partido comunista y a los esfuerzos de los estalinistas por destruir la colectivización, una minoría de pequeños propietarios quiso salirse arrastrando a los demás. El notario se opuso entonces a su argumentación y dijo: &quot;Antes, yo tenía una finca de tantas hectáreas. Ahora, en la colectividad, todo me pertenece y soy mucho más rico&quot;. Este notario, convertido en revolucionario, fue fusilado por los franquistas en 1939 en Barcelona. 
b) De la misma manera que el rigor debe predominar en el combate, también conviene, una vez asegurada la victoria, dejar de lado el concepto de &quot;sospechoso&quot; diversificando las relaciones lúdicas. 
c) Sólo cuenta el resultado práctico. Que las relaciones de juicio desaparezcan en favor de las relaciones de armonización. La falta a los derechos individuales no requiere otro &quot;castigo&quot; que su corrección. 



Del derecho de autodefensa


19
La autodefensa es el primer derecho de los revolucionarios. Mientras las armas no hayan pasado a ser inútiles, todos tendrán derecho a estar armados.

20
La asamblea se organiza inmediatamente en grupos de autodefensa encargados entre otras cosas de: 
- la guerrilla en zonas no liberadas, con destrucción de los centros económicos vitales para los defensores del estado y atentados que provoquen la desorganización del enemigo. 
- la producción de armas nuevas. 
- la preparación de tácticas insólitas. 
- la protección de las fábricas básicas, de las fuentes de abastecimiento, de los depósitos, de las zonas de almacenamiento, de los centros médicos, de las telecomunicaciones. 


21
A través de los tanteos y de los inevitables errores, la mejor garantía de la autodefensa reside en la demostración aportada a todos, práctica e inmediatamente, de que: 
a) La autogestión generalizada asegura a cada individuo un aumento instantáneo de la calidad de vida cotidiana (primacía de las pasiones desalienadas, abolición del trabajo forzado, construcción de auténticas relaciones humanas...). 
b) La represión hacia el intercambio, el dinero, la jerarquía, la mercancía se convierte en subjetivamente odiosa y objetivamente imposible. 
c) La liquidación del sistema mercantil cambia radicalmente el sentido de los intereses y de las preocupaciones humanas. Liberados de los problemas de la supervivencia, no tendremos al fin más que la preocupación de aprender a vivir. 


22
La adquisición de derechos múltiples y cada vez más ricos es la mejor arma del combatiente revolucionario. No tenemos que hacer exhortaciones ni dar lecciones. No somos héroes sino los conquistadores de pasiones nuevas, los fanáticos de un placer sin reservas.

23
La expansión del movimiento de autogestión generalizada - una expansión que debe alcanzar rápida y necesariamente una dimensión internacional - reside principalmente en los progresos de a emancipación individual, asegurada por la transformación colectiva de las condiciones históricas.

24
La lucha contra el aislamiento que amenaza los intentos de autogestión generalizada supone una alteración simultánea del tiempo y del espacio: 
a) Modificar el espacio geográfico instaurando el reino de la gratuidad de los bienes, la conquista de sectores económicos complementarios (especialmente una zona industrial, una zona agraria + las fuentes de materias primas), la creación de &quot;poliindustrias&quot; automatizadas y capaces de ofrecer la mayor diversidad de productos. Y a la vez, 
b) Crear las condiciones de paso del tiempo del tedio y de la pasividad a un tiempo de creatividad y de pasiones múltiples, de manera que las personas vivan a otro ritmo y en un conjunto de unidades de espacio y de tiempo que controlan y transforman. 


25
El cambio cualitativo de la vida cotidiana es una exigencia absoluta en la sociedad de la autogestión generalizada. Excluye cualquier compromiso con las fuerzas del viejo mundo. La causa de que los revolucionarios españoles se condenaran al exterminio en 1937 estuvo en no haber avanzado suficientemente y pactar con la canalla reformista y estalinista.

26
La autogestión generalizada no tiene programa mínimo ni programa máximo. Su suerte va unida a la de las asambleas, a su desarrollo coherente o a su muerte. Algunas realizaciones inseparables e inmediatamente aplicables permiten juzgar su éxito o su fracaso: la abolición de todo poder estatal o paraestatal, la apropiación por los productores de todos los medios de producción, el final del trabajo por la creación colectiva, el final de los intercambios por el don generalizado, el final de la supervivencia y del espectáculo por la construcción individual de la vida cotidiana.


Del derecho de participación


27
Todo individuo tiene derecho a: 
a) Participar en la asamblea de autogestión que prefiera. 
b) Elegir delegados. 
c) Ser elegido como delegado. 
d) Llevar a la asamblea sus reivindicaciones, tomar la palabra para defenderlas y disponer, para darlas a conocer, de todas las técnicas que posea la colectividad. 
e) Gozar como mínimo en el conjunto de su vida cotidiana de los enriquecimientos de que disfruta en la asamblea de autogestión. 


28
Todo delegado se compromete a defender los mandatos para los que ha sido elegido y asegurar su ejecución por todos los medios. Su elección no le concede ningún privilegio; así pues, su revocación no supone ningún descrédito. El único criterio que decide su revocación o su mantenimiento es el resultado de sus gestiones.

29
Los miembros de la asamblea no delegan su poder: el delegado no es más que un momento en el movimiento de realización del poder de todos y de cada cual; jamás está separado de la asamblea. Precisamente para impedir esta separación los miembros deben permanecer en contacto permanente con su delegado y utilizar las telecomunicaciones menos con un espíritu de control que para permitirle la consulta a cada momento de su mandato. Esta comunicación que los miembros de la asamblea exigen permanentemente de sus delegados sólo afecta a la misión que han aceptado realizar. No actúa como un obstáculo a su creatividad sino que procura únicamente el feliz cumplimiento de su mandato.

30
Todo delegado tiene derecho a dimitir. Diríase, de todos modos, que dicho derecho pasa momentáneamente por ciertas reservas en el período de autodefensa. No se concibe cómo un voluntario de una sección de asalto pueda abandonar a sus camaradas en el momento de desencadenar una operación armada.

31
Sin pretender adelantar la forma que las condiciones históricas conferirán al consejo de los delegados de la asamblea de autogestión generalizada, quizás sea útil prever cuatro secciones estrechamente unidas: 
a) Una sección de equipamiento, encargada de coordinar las ofertas de producción y las demandas de distribución; de equilibrar los stocks de producción y los stocks a distribuir; de regular las relaciones entre las zonas industriales y las zonas agrarias haciendo todo lo posible por conseguir su fusión. 
b) Una sección de autodefensa, encargada de organizar la guerrilla, la liberación de los territorios controlados por los defensores del Estado y la protección de las fábricas básicas, de los stocks y de los centros de materias primas. 
c) Una sección de armonización, encargada de coordinar las ofertas y las demandas pasionales, de armonizar la pluralidad de los deseos, de ayudar a la realización de los caprichos especiales. 
c) Una sección de coordinación, encargada de las relaciones con las asambleas y sus consejos de delegados. 


32
La división de los consejos en diferentes secciones corresponde a un primer esfuerzo de coordinación de las demandas y de las ofertas más diferentes. Pero no existe la menor separación entre las secciones; por el contrario, trabajan en común y ayudan a establecer sobre bases concretas el espíritu de la totalidad. Los delegados participan en las reuniones y en el trabajo de todas las secciones del consejo.

33
Salvo en materia de autodefensa - y siempre que la estrategia lo exija -, ninguna decisión tomada por mayoría de votos excluye las demás reivindicaciones. Si una reivindicación no puede ser satisfecha (porque no se dispone del equipamiento material necesario para su realización, o porque manifiesta una regresión hacia conductas antiguas u alienantes), es tomada a cargo de los delegados de la sección de armonización. Estos intentan evitar su atascamiento y tienen el mandato de realizarla según los deseos del demandante.

34
Cada cual tiene el derecho de presentar y defender sus reivindicaciones hasta su satisfacción. (Ver III, 82 y 88).

35
Todo lo que se armoniza espontáneamente no necesita pasar por la asamblea de autogestión generalizada. La diversidad de las ocupaciones atractivas, la multiplicación de las aventuras, el gusto del cambio, el juego de las intrigas, de los encuentros, de los entusiasmos alcanzan tal desarrollo que sólo se armoniza con ayuda de la asamblea lo que todavía no ha conseguido armonizarse al azar de la vida cotidiana.

36
Los miembros de la asamblea fijan la frecuencia de las reuniones según las urgencias del momento. El interés y el placer de cada cual determinan la participación en las asambleas, y no el voluntarismo así como tampoco, evidentemente, la obligación.

37
El reforzamiento de las posibilidades y el enriquecimiento de las regiones y de sus asambleas son la mejor garantía de las relaciones internacionales basadas en el don y en lo lúdico. Por otra parte, la internacional de las asambleas y de sus consejos asegura las mayores posibilidades de armonización de los deseos e instaura realmente el reino de la abundancia.

38
La libertad de cambiar las ocupaciones y de lugar de residencia conlleva la libertad de cambiar de asamblea. Dicha movilidad ofrece l menos tres ventajas: 
a) Evita la reaparición de un regionalismo o el apego a un concepto de territorio. 
b) Evita la fijación de los grupos y las costumbres comunitarias. 
c) Unida a la preocupación de satisfacer tanto las reivindicaciones minoritarias como las mayoritarias, permite, modificando el número de los miembros de las asambleas y de los grupos de afinidad que se hacen y se deshacen, disolver el criterio de la cantidad, acabar con las oposiciones proporcionales (como el antagonismo mayoría-minoría), estimular una diversidad de lo cualitativo. 


39
Tanto en las modalidades de participación como en los problemas de realización, hay que procurar derrotar cuanto subsista de la vieja dictadura de lo cuantitativo. Donde la diversidad existe en la calidad, la ley del número no tiene cabida; donde el don predomina sin contrapartida, el intercambio de cantidades iguales desaparece; donde cada cual tiene el derecho a afirmar su particularidad, los grupos dejan de ser considerados como una simple suma de individuos.


Del derecho de comunicación


40
Todo individuo tiene derecho a expresar y difundir su opinión, sus deseos, sus reivindicaciones, sus críticas, mediante la palabra, el impreso, el film, los medios artísticos... Para ello, dispone libremente de las técnicas de comunicación creadas, mantenidas y mejoradas por las asambleas de autogestión generalizada.

41
Cada asamblea posee un máximo de medios de telecomunicación. Estos sirven principalmente para: 
Difundir los proyectos y las demandas de los individuos o de los grupos. 
Dar a conocer las decisiones de las asambleas y el nivel de desarrollo de los problemas en curso. 
Llevar a conocimiento de todos las cuestiones de armonización entre los individuos y las posibilidades de conjugar las ofertas y las demandas materiales y pasionales. 
Comunicar informaciones sobre todo, formar centros de acumulación de conocimientos, difundir los procedimientos de creación en todos los terrenos, constituir unas memorias básicas para utilización de una enseñanza fundada en la curiosidad y en la atracción práctica. 
Recoger y comunicar las experiencias particulares, los sueños, los recuerdos, las creaciones, los estudios e investigaciones individuales y colectivas. 


42
Toda comunicación presentada a la asamblea es debatida y resuelta públicamente. Cuando todas las atracciones están permitidas, todas son confesables y la realización de un deseo no hace más que excitar a que todos lo realicen.

43
La asamblea asegura la comunicación de lo que la voluntad individual no consigue comunicar por sí misma. Jamás interviene al margen de una petición de los individuos (cosa que equivaldría a actuar contra ellos y negarse a sí misma). Su misión no es limitar sino, por el contrario, radicalizar, multiplicar y enriquecer las ocupaciones atractivas, los encuentros, las experiencias, las aventuras.

44
El balance permanente de las realizaciones, la práctica de los nuevos derechos, el progreso de la armonización social permiten juzgar con la mayor claridad la marcha irregular de la larga revolución, corregir sus errores, recordar sus retrasos, olvidar sus progresos.

45
La asamblea también es el lugar en el que se cometen los errores. Pero la transparencia de las relaciones entre los individuos, posibilitada por la falta de prejuicios, de obligaciones y de tabúes, no estimula a la autocrítica sino a la autocorrección permanente. El único error irremediable sería preferir a una asamblea que se equivoca un comité que siempre tiene razón.

46
El consejo de delegados responde a lo que la asamblea espera de él presentando cada vez una perspectiva global de las reivindicaciones individuales y de su proceso. Refleja el punto de vista de la totalidad dando cuenta de sus pasos, de sus éxitos, de sus fracasos.


Del derecho de realización


47
La asamblea de autogestión generalizada pone la colectividad al servicio de los individuos y no viceversa. Lo que ofrece la creatividad de cada cual mediante el juego de las ocupaciones atractivas es inmediata e íntegramente puesto a disposición de todos sin necesidad de contrapartida.

48
El consejo de delegados es un mero órgano de coordinación. Es el centro de la asamblea de la misma manera que la asamblea es el pivote de la vida social. También es el instrumento de ejecución de las voluntades expresadas en la asamblea. Las necesidades son lo que crea los delegados, y no a la inversa. No deben existir delegados elegidos al margen de voluntades precisas que ejecutar de manera que a cada instante, según las decisiones de la asamblea, éstos puedan ser llamados a justificar la realización - inmediata, diferida a corto plazo o diferida a largo plazo - de las demandas expuestas.

49
La construcción por cada cual de su propia vida individual - la realización de lo que realmente quiere ser - significa el final de la economía como sector separado y su integración en una creación colectiva que asegura almismo tiempo el libre uso de los bienes de supervivencia (ropas, casas, alimentos, cuidados, instrumentos domésticos) y del equipo necesario para la realización de las pasiones, los encuentros, las aventuras, los juegos.

50
Aunque la urgencia se refiere a la autodefensa (armamentos, equipos, víveres, organización de la guerrilla...), la satisfacción de las pasiones individuales debe ser prioritaria. &quot;Unicamente lucharemos sin reservas si ganamos combatiendo una vida sin reservas&quot;.

51
El final del sistema mercantil implica el reino de la gratuidad. Esta alcanza su fase irreversible cuando las asambleas de autogestión se apoderan de los centros de distribución y de producción y organizan el reparto de los bienes así como el libre uso de los equipos técnicos.

52
La producción o la creación de bienes no concede derecho a la distribución gratuita en contrapartida. Nosotros sustituimos el &quot;a cada cual según su trabajo&quot; por el &quot;a cada cual según sus deseos&quot;. El don debe sustituir en todas partes al intercambio.

53
Los delegados del consejo tienen, de manera permanente, el mandato de seguir el movimiento de los stocks en los &quot;graneros de aprovisionamiento&quot; y los almacenes colectivos. Los ordenadores permiten la relación de las posibilidades de abastecimiento y de las ofertas de producción y de creación. Estos datos deben estar al alcance de todos. Son el camino a la abundancia con su incremento gradual de stocks, la multiplicación de centros de productos sobrantes, la emulación del lujo y el triunfo de los suntuoso.

54
El reino de la gratuidad significa el final de los intercambios que rigen el conjunto de los comportamientos sociales en el sistema mercantil. Cuando el interés pasional domina sobre la carrera tras el beneficio y el poder, el uso de los objetos y la noción de utilidad se modifican y desvían los gestos cotidianos de sus antiguas hábitos. Así es como desaparecerán las reacciones de avaricia, de apropiación privada, de celos, de mentira, de prestigio y de espectáculo.

55
El reino de la gratuidad no hará más que desarrollar lo que los momentos revolucionarios del pasado iniciaron. Así, por ejemplo, en Kronstadt, en 1921, &quot;la Unión de agricultores, organización de obreros que poseían una vinculación con el campo, pidió a todos los poseedores de chatarra que la entregaran para fabricar aperos agrícolas. (...) Todo lo que se fabricaba era inventariado en listas completas en los Izvestia del soviet de Kronstadt. Cada objeto llevaba el sello de la Unión de Agricultores de Kronstadt. A los agitadores del soviet que iban al campo se les entregaba, según las posibilidades, objetos e instrumentos fabricados por esta unión; eran ofrecidos a los campesinos a través de los soviets locales&quot;. (Efim Yartchuk: Kronstadt en la revolución rusa.) El intercambio será sustituido por el don, por el regalos sin contrapartida.

56
El final del sistema mercantil significa el final del reino de lo cuantitativo. A medida que la producción vaya siendo sustituida por la creación colectiva, el criterio de la calidad dominará por doquier y será uno de los factores importantes de la emulación pasional y de la conquista del lujo. De igual manera que el arte de la gastronomía debe sustituir a la mera necesidad de alimentarse, la búsqueda de la calidad en los productos, las técnicas y el estilo de vida se convertirá en la ocupación esencial de todos.

57
El progreso de la larga revolución se observará en el paso de la práctica &quot;A trabajo mínimo, distribución igual para todos&quot; a su fase más avanzada &quot;A creatividad general, dones máximos para todos&quot;.

58
Queremos que el goce de todos los derechos sea el derecho de todos los goces.


De la abolición del trabajo forzado


59
La autogestión generalizada es el camino más breve hacia la abundancia. En ella, el trabajo tiende a cero, la creatividad a infinito.

60
La liquidación del trabajo forzado es una de las primeras medidas que expresan la realidad del momento revolucionario. Su proceso es aplicable inmediatamente por: 
a) La supresión de los sectores parasitarios (industrias superfluas o contaminantes, oficinas, ministerios, bancos, seguros, sector terciario). Esto liberará a un gran número de trabajadores, entre los cuales no faltarán voluntarios para pasar de 5 a 8 horas al mes en sectores básicos al tiempo que se entregan a la creación individual y colectiva. Las asambleas coordinarán el desplazamiento de los equipos rotativos. Los propios voluntarios determinarán el número de horas y su distribución. 
b) Una inversión de perspectivas: en lugar de cuarenta horas de trabajo forzado por semana y de un tiempo dominado por los imperativos de supervivencia (la carrera tras el beneficio y los ascensos), cada individuo descubrirá los problemas apasionantes que plantea la construcción de una sociedad que se marca como objetivo la felicidad de todos: creación y distribución gratuita de los bienes creados, multiplicidad de encuentros, reagrupamiento por afinidades, realización de los deseos por la variedad de las disposiciones pasionales finalmente reconocidas y liberadas de los tabúes que las impelían hacia la violencia y la destrucción. 
c) Se instalará o desarrollará inmediatamente la automatización en los sectores básicos y los trabajos residuales repugnantes (limpieza, destrucción de las basuras). Se procurará especialmente sanear la producción de energía (estudio de los procedimientos de producción de energía solar). 


61
No es seguro, de todos modos, que todos los trabajos penosos puedan ser suprimidos inmediatamente. Así pues, es preciso tener en cuenta: 
a) Que sean de escasa duración. 
b) Reservarlos a quienes les gustan. 
c) Automatizarlos prioritariamente. 


62
Es importante, en general, que todo trabajo forzado residual desaparezca en favor de la creación colectiva, gracias a un juego de ocupaciones atractivas. De este modo, los trabajos indispensables redescubrirán, pero a un mayor nivel de desarrollo técnico, el carácter de fiesta que revestían, en algunas sociedades agrícolas, las tareas de la siega y la vendimia.

63
Una vez abolidas las condiciones que convierten el tiempo en una mercancía, las ocupaciones dejan de obedecer a la necesidad de beneficio y de la representación social; se organizan según los criterios del placer. Una actividad - hoy ridícula - como el bricolage contiene en germen una creatividad que sólo espera el momento de desarrollarse sin presiones y de disponer de las técnicas más elaboradas para enriquecer en pocos meses a la humanidad con más descubrimiento ingeniosos y agradables de lo que nunca aportaron siglos y siglos de trabajo forzado.

64
Cuantas tareas rutinarias y aburridas subsistan serán dispuestas de tal manera que el mayor número posible de personas les dediquen una o dos horas por amor al cambio, a fin de que los que estaban condenados a hacerlas sólo pasen por ellas el tiempo necesario para formar equipos de relevo.

65
A medida que se vaya afinando el amor por el cambio, cabe suponer que muchos alcanzarán una formación politécnica, es decir, la capacidad de ejercer con fortuna cualquier ocupación creativa.

66
Los nuevos deseos definen nuevas utilidades. A medida que desaparezcan, con el tiempo-mercancía, los coches y los desplazamientos rápidos; con el espectáculo, la organización de la mentira; con la burocracia, el Estado y la jerarquía, etc. la disponibilidad de la creatividad individual culminará en la desconcentración industrial y agraria.

67
Sólo hay peligro de escasez si se comete el error de considerar la supervivencia como básica en lugar de plantearse como objetivo la elevación global del estilo de vida.

68
A partir de ahora, hay que evitar las concentraciones de población, descentralizar y abrir las ciudades a un nuevo campo.

69
El final de las separaciones será también el final de la separación entre ciudades y campo. Eso significa la mecanización de la agricultura liberada de los imperativos mercantiles (rentabilidad, contaminación por abonos...) Y la penetración en las ciudades de zonas agrícolas como campos, pastos, bosques, huertas, zonas de pastoreo.

70
La automatización rápida de los sectores básicos estimula el renacimiento de un nuevo artesanado, el redescubrimiento de técnicas antiguas perdidas a causa de su escasa rentabilidad, la creación de nuevos inventos.

71
Las fábricas serán descentralizadas lo antes posible en talleres automatizados de creación colectiva (a partir del modelo existente, aunque de manera arcaica, en algunas fábricas de tejidos, de armas, de relojes). Las industrias de materias primas abastecerán de piezas básicas a los talleres de creación a fin de permitirles la mayor variedad de productos acabados.

72
Junto a los talleres de creación o de montaje, hay que prever la multiplicación de centros de experimentación individuales o de reducida colectividad así como de máquinas sueltas en las que cada cual pueda reparar o construir, cocinas y panaderías comunes, versiones modernas de los hornos y de los molinos comunes de la Edad Media o de los silos de trigo.

73
Sean cuales fuesen su edad, su estado físico y sus capacidades, todos tienen derecho a ejercer libremente su creatividad. Es una adquisición especialmente importante, pues contribuye a acelerar la liquidación de las distinciones de edad, sexo, de fuerza física o mental, de capacidades o incapacidades erigidas en prestigio, en suma, de acabar con las separaciones.

74
La armonización social incita a la mayor variedad de gustos y de pasiones. A partir de ahora unos y otras serán los únicos motores de la abundancia, la garantía de cada individuo contra todo retorno al trabajo forzado, a la función y al rol.


Del derecho de encuentro y de afinidades


75
El movimiento de autogestión generalizada también es el estudio, la investigación y la experimentación de relaciones humanas basadas en la atracción y la antipatía que se manifiestan entre los individuos.

76
Los delegados que forman la sección de armonización deben estar al corriente de los conflictos o de los acuerdos surgidos entre los individuos y entre los grupos. La sección facilita los encuentros, registra y comunica la oferta y la demanda pasionales, amplía el campo de las posibilidades y acumula la mayor variedad de comportamientos y de deseos.

77
No se trata de suprimir las oposiciones y los desacuerdos sino, por el contrario, de mantenerlos de tal manera que todo el mundo descubra en ellos incrementados placeres.

78
Las desigualdades, los contrastes, los deseos disparatados son el motor de la armonización, su principio de variaciones y de variedades. Su análisis y su organización constituyen una de las preocupaciones más importantes de la vida cotidiana en autogestión; se trata realmente de la realización de la historia individual por la realización colectiva de la historia.

79
Todo lo que no pueda ser armonizado inmediatamente debe ser considerado como una demanda urgente, con delegados debidamente encargados del proyecto de realización.

80
Cuantas más singularidades existan, más espontáneamente se realizará la armonización. La mejor manera de no sucumbir a una única pasión consiste en tener muchas.

81
No queremos que el rechazo de regresar al sistema mercantil dé lugar a un nuevo moralismo. El llamamiento a la virtud revolucionaria siempre es contrarrevolucionario. No hace más que convertir en vergonzosas y cínicas las taras que condena. Mentiras, separaciones, prestigio, pasividad, apropiaciones y todos los hábitos heredados del sistema mercantil no desaparecerán bajo el efecto de presiones, sanciones o buenas palabras, sino mediante la organización armoniosa de las pasiones y de las voluntades de realización individuales.

82
Es previsible que los grupos ideológicos anteriores a la revolución (partidos, organizaciones políticas) intenten mantenerse o reconstituirse en las asambleas. Hay que combatirles decididamente en el período de lucha sin cuartel contra los defensores del estado pero no más allá. Si la autogestión se generaliza con corrección, los grupos con etiqueta política o sindical desaparecerán en la variedad y la complejidad de las reagrupaciones que se fundarán en las simpatías, las antipatías, las comunidades de gustos y de repulsiones; en un juego de acuerdos y desacuerdos que pondrá las rivalidades y las afinidades al servicio de los progresos de la autogestión.

83
Los individuos disponen de todas las libertades prácticas de adhesión o de no -adhesión, de modo que pueden agruparse por afinidades, reunirse para unas ocupaciones comunes, compartir sus pasiones y sus gustos, permanecer sólos, pasar de un grupo a otro, convertirse en los campeones entusiastas de una actividad, cambiar de preocupaciones varias veces por día, rivalizar y emularse en la creatividad (concurso del mejor plato cocinado, de invención, de perfeccionamiento de los placeres, etc.).

84
La coherencia de la asamblea debe promover un conjunto de actividades dispuestas de tal manera que no se destruyan mutuamente sino que, por el contrario, se multipliquen y se refuercen. Es obvio, naturalmente, que dicha organización supone la desaparición de las condiciones espectaculares-mercantiles y no tiene nada en común con la dinámica de grupo y demás técnicas de integración al mundo de la supervivencia. No se trata de combinar unos deseos alienados, sino, por el contrario, de armonizar entre sí los deseos desalienados, liberados de su entorpecimiento, desembarazados, por el cambio radical de las condiciones históricas, de lo que les enfrentaba a sí mismos en favor de un conjunto de obligaciones, de impotencias y de mentiras.

85
Todos los gustos están en la naturaleza de la armonización social. Al liquidar la culpabilidad, la promoción y la liberación de los deseos liquidarán también los delitos y crímenes que conocía el viejo mundo. Es una de las apuestas de la autogestión generalizada.

86
Las tendencias rivales o divergentes dan vida a las asambleas de autogestión generalizada y a toda la organización social. &quot;La falta de discordia, o bien negativo, no es más que el sucedáneo del bien positivo que nace de la combinación de discordias.&quot;

87
La nueva organización social no es más que la organización por todos los individuos de los deseos, de las pasiones, de las voluntades, de los sueños, creando día a día las condiciones históricas de su liberación, de su desarrollo, de su realización práctica. La humanidad no tiene otra opción en el momento actual de su historia: desaparecer o crear las garantías de la felicidad individual.

88
Los comportamientos y las costumbres heredadas del sistema mercantil, y que su liquidación no ha conseguido extirpar totalmente, deben ser dirigidos hacia el juego, hacia la combinación lúdica de las pasiones, de manera que la abundancia de goces acabe con las miserables compensaciones del renunciamiento, de las insuficiencias y de la infraestimación de uno mismo.

89
No solamente admitir sino sobre todo estimular cada disposición de un individuo, cada reivindicación subjetiva, cada deseo particular, cada singularidad de gusto, cada capacidad, he ahí lo que confiere su valor positivo a las desigualdades, he ahí lo que les impide ordenarse según las funciones negativas de una nueva jerarquía. La satisfacción competitiva de las tendencias individuales define la gama de las desigualdades positivas que, en las relaciones lúdicas no coercitivas, constituye el encanto de los encuentros y de las reagrupaciones. Queremos crear unas condiciones igualitarias para todas nuestras desigualdades objetivas.

90
La práctica de la armonización social de los individuos es inseparable de la lucha contra las separaciones. Es importante, por ejemplo, que la economía y la vida cotidiana no subsistan como sectores autónomos sino que, por el contrario, desaparezcan tal como han existido hasta ahora y se encuentren estrechamente mezcladas, indiferenciadas entre sí. Así pues, habrá que procurar que la oferta y la demanda pasionales sean inseparables de la oferta y la demanda de los productos de supervivencia (alimentos, conocimientos, materias primas, cuidados, etc.). El trabajo de los delegados es coordinar en un todo lo que se les exige de manera separada, a fin de que el espíritu de totalidad acabe de extenderse por todas partes.

91
El movimiento de reagrupaciones por simpatías y contrastes es, a su vez, una de las garantías más seguras del final de las separaciones, de lo parcelario, de las especializaciones. Al convertirse, por un juego de emulación general y de goces particulares, en cosa de todos, la economía, la enseñanza, los conocimientos, el lenguaje... dejan de ser unos sectores y unas actividades separadas de la construcción de la vida cotidiana, y participan, por tanto, de acuerdo con una unidad cuyo imperioso deseo y muy incierta posibilidad han percibido siempre las generaciones pasadas, en la mayor revolución de la historia.

92
La existencia de una sección de armonización en el seno del consejo de delgados tiene su utilidad en la medida en que facilita, de manera unitaria con las demás secciones, las posibilidades de encuentro y de reagrupamientos atractivos. Desaparecerá cuando los individuos ya posean por cuenta propia una visión global de las posibilidades de encuentros y de asociación. Puede acelerar especialmente la autogestión de los niños, al coordinar la acción de todas las personas relacionadas con ellos a fin de crear, en la edad de supervivencia, las mejores condiciones de desarrollo, y aprendiendo después de su creatividad espontánea cómo redescubrir una finura desaparecida, una nueva percepción de lo real, el auténtico sentido de la unidad entre la palabra y el acto, el espacio y el tiempo, el sueño y lo real.


De la libre disposición del espacio-tiempo


93
El espacio-tiempo creado por la revolución de la vida cotidiana es el conjunto de los territorios liberados del control estatal y del sistema mercantil, y modificados permanentemente por los individuos que aprenden a construir, colectiva e individualmente, cada momento de su existencia.

94
Modelo y centro de la vida social, asamblea de autogestión generalizada es la unidad de lugar y de tiempo de la práctica revolucionaria individual y colectiva. Es ahí donde el antiguo proyecto de hacerse haciendo la historia descubre su único camino de realización posible.

95
La libre disposición del tiempo y la libre disposición del espacio son inseparables. Es necesario que a cada instante todos puedan estar en todas partes como en su casa. Eso significa prácticamente que cada individuo tiene derecho a edificar cualquier estilo de vivienda, a crear unos ambientes, a desplazarse como le plazca (derecho de nomadismo), a construir sus sueños, a concretar sus recuerdos, a condensar el tiempo de lo vivido, a desmigajarlo en instantes fugitivos, a acabarlo por el suicidio, a explorarlo.

96
Una de las menores modificaciones del espacio-tiempo, realizable a breve plazo, consiste en liquidar la distinción entre la ciudad y el campo. Parcialmente invadidas por los campos y los bosques, las grandes ciudades desaparecerán en favor de una gran dispersión y una gran variedad de hábitats, móviles o fijos, efímeros o duraderos.

97
El derecho al cambio del espacio-tiempo de la vida cotidiana suscita el derecho a todos los cambios con que sueña la subjetividad (por ejemplo, cambio de aspecto, cambio de nombre según las circunstancias).

98
Es prácticamente seguro que la libre disposición del espacio-tiempo aportará modificaciones preciosas en el comportamiento humano. De este modo cambiará nuestra percepción de lo real, y nuestros sentidos, deteriorados por los hábitos embrutecedores de la supervivencia, se afinarán hasta alcanzar una agudeza actualmente insospechable.

La revolución permanente 

es el pivote racional de todas las pasiones 



Ratgeb: De la huelga salvaje a la autogestión revolucionaria


I. La sociedad de la supervivencia 

II. ABCD de la revolución 


http://www.sindominio.net/ash/salvaje3.htm</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>De la huelga salvaje a la autogestión revolucionaria, Ratgeb (1974)</p>
<p>Capítulo III<br />
La autogestión generalizada</p>
<p>[De los derechos positivos revolucionarios] </p>
<p>[Del derecho de autodefensa] </p>
<p>[Del derecho de participación] </p>
<p>[Del derecho de comunicación] </p>
<p>[Del derecho de realización] </p>
<p>[De la abolición del trabajo forzado] </p>
<p>[Del derecho de encuentro y de afinidades] </p>
<p>[De la libre disposición del espacio-tiempo] </p>
<p>1<br />
La autogestión generalizada es la organización social del poder reconocido a cada cual sobre su vida cotidiana y ejercido directamente por los propios individuos o por las asambleas de autogestión.</p>
<p>2<br />
Ha aparecido en la historia del movimiento obrero cada vez que la base ha querido imponer y realizar sus propias decisiones sin abandonar su poder a unos jefes y sin dejarse guiar por ninguna ideología.</p>
<p>3<br />
Ha sido aplastada por el efecto conjunto de su debilidad constitutiva, sus indecisiones y confusiones, su aislamiento, y unos dirigentes que la autogestión generalizada ha cometido el error de darse o de tolerar y que la han llevado a su pérdida pretendiendo ordenarla y fortificarla. Los ejemplos más ricos de enseñanzas son los consejos obreros aparecidos en Rusia en 1905 (aplastados por el zarismo), 1917 (recuperados y destruidos por los bolcheviques), 1921 (aplastados en Kronstadt por Lenin y Trotski); en Alemania en 1918 (aplastados por los socialistas); en Italia en 1920 (destruidos por los socialistas y los sindicatos); en España en 1934 (revolución de Asturias aplastada por el gobierno republicano), en 1936-37 (recuperados por el sindicato anarquistas y aplastados por los estalinistas); en Hungría en 1956 (aplastados por el Estado llamado soviético).</p>
<p>4<br />
No hay revolución posible al margen de la recuperación, del reforzamiento definitivo y de la expansión internacional del movimiento de la autogestión generalizada.</p>
<p>5<br />
El movimiento de autogestión generalizada nace en el funcionamiento de las asambleas y de sus consejos de coordinación.</p>
<p>6<br />
La asamblea de autogestión generalizada procede de la lucha de clases. Expresa de la manera más sencilla la voluntad del proletariado de liquidar la burguesía y de liquidarse a sí mismo como clase; su decisión de dejar de asistir como espectador a su propia decadencia y a las representaciones engañosas que hacen cuanto pueden por disimularla; su resolución de dejar de sufrir la historia para realizarla en beneficio propio y de todos.</p>
<p>7<br />
La asamblea de autogestión generalizada no es otra cosa que la asamblea de huelga constituida por los trabajadores a partir de las ocupaciones de las fábricas, y que se extiende lo antes posible del lugar de trabajo al barrio circundante y a la región. Su proyecto no tiene nada de abstracto ni de político: por el contrario, está centrado en la vida cotidiana de cada cual y en sus posibilidades de enriquecimiento pasional.</p>
<p>8<br />
El consejo agrupa el conjunto de los delegados elegidos por la asamblea, encargados de un mandato preciso, controlados y revocables en cada momento.</p>
<p>9<br />
El consejo tiene esencialmente una función de coordinación. Es indisociable de la asamblea. Sus miembros dependen exclusivamente de quienes los han elegido con un objetivo muy preciso; no ejercen ningún poder por sí mismos y se limitan a tener toda la libertad de creatividad necesaria para conseguir el resultado que les ha sido asignado. Si alguna vez apareciera alguna separación entre sus intereses y los de sus electores, el consejo se convertiría en comité y, al arrogarse un poder autónomo, abriría el camino a un nuevo Estado.</p>
<p>10<br />
Incluso en el grado de expansión más amplio, el conjunto de las asambleas de autogestión generalizada no deja de controlar permanentemente, por todos los medios de la telecomunicación, la eficacia de los delegados en la misión de la que han sido encargados.</p>
<p>De los derechos positivos revolucionarios</p>
<p>11<br />
Los derechos positivos revolucionarios son el conjunto creciente de derechos individuales de goce, garantizados por el mismo funcionamiento de la nueva organización social.<br />
a) Nacidos de la lucha contra el sistema mercantil y concretados desde las primeras medidas tomadas por las asambleas de autogestión generalizada, constituye una adquisición por debajo de la cual es imposible volver.<br />
b) Formados por las demandas presentadas en la asamblea de autogestión generalizada, y que han sido realizadas inmediatamente, armonizadas o diferidas por falta momentánea de medios, componen un código perpetuo de los derechos posibles. </p>
<p>12<br />
En el rechazo de la supervivencia, los derechos al goce aparecen bajo una forma negativa. Tomamos conciencia de ello en las reivindicaciones anti-Estado, anti-burocracia, anti-trabajo, anti-intercambio, anti-sacrificio, anti-propiedad privada, anti-cuantitativo, anti-ideología, anti-jerarquía. De este modo, sólo tenemos una idea empobrecida de la dicha inagotable que la destrucción de un sistema de obligaciones y de mentiras puede poner a nuestro alcance de la noche a la mañana. Al realizar positivamente unos derechos hasta entonces reprimidos, atascados, falsificados, la asamblea de autogestión liberará auténticamente las pasiones de lo que las corrompe y las armonizará de tal manera que desaparecerán de una vez por todas las secuelas psicológicas de la supervivencia (celos, avaricia, prestigio, autoritarismo, gusto por la sumisión y por la violación&#8230;)</p>
<p>13<br />
Para que el movimiento de autogestión generalizada sea auténtico, es preciso que su poder sea absoluto en las zonas liberadas: queremos la autogestión de las libertades, no la autogestión de la opresión y la mentira en nombre de la autogestión.</p>
<p>14<br />
No se trata de condenar un deseo o una pasión encaminados hacia la angustia o la destrucción sino de convertirlos en caducos mediante la multiplicidad de goces posibles. Así pues, todas las demandas pasionales merecen ser presentadas a la asamblea de autogestión generalizada a fin de ser realizadas en ella, armonizadas por ofertas y demandas, desarrolladas de lo simple a lo complejo, multiplicadas y refinadas. Si bien es cierto que los revolucionarios formarán las primeras asambleas de autogestión, también lo es que dichas asambleas formarán a los revolucionarios.</p>
<p>15<br />
Los derechos positivos revolucionarios son la práctica de los individuos concretos, no los principios abstractos del ciudadano o del Hombre en sí.</p>
<p>16<br />
No basta con que cada individuo conozca y se invente unos derechos experimentando su práctica, es preciso fundamentalmente que la organización social esté hecha de tal manera que sólo pueda reforzar, enriquecer y multiplicar estos derechos individuales. No queremos una nueva declaración de los Derechos del Hombre sino los derechos reales que se desprenden del mismo funcionamiento de la organización social.</p>
<p>17<br />
Los derechos positivos revolucionarios se expresan por toda la vida social gracias al funcionamiento de las asambleas de autogestión generalizada. Cuanto más simple sea este funcionamiento, más aumentará la complejidad de las exigencias individuales y más podrá satisfacerse la demanda pasional sin que ni siquiera sea necesario pasar por las asambleas.</p>
<p>18<br />
Cuanto más decisivos sean los golpes asestados al sistema mercantil y al Estado, más y mejor la armonización de los intereses, de los deseos y de las pasiones individuales convertirá a cada cual en el dueño de su vida cotidiana. Durante la fase de tanteos y de errores, lo más importante es imposibilitar cualquier forma de represión dentro de la sociedad de autogestión, a excepción de la guerra de autodefensa que tiende a la eliminación de los partidarios del Estado:<br />
a) Nadie es condenable por lo que ha sido antes de la revolución. Sólo la actitud durante la lucha es determinante. Cuando los disturbios de 1933, los anarquistas de Alcoriza (Aragón) dispararon sobre el notario del pueblo, a consecuencia de lo cual cojeó hasta su muerte. En 1936, el pueblo fue colectivizado y el notario, al igual que todos los demás, entró en la colectividad. Un año después, con el reforzamiento de la burguesía gracias al partido comunista y a los esfuerzos de los estalinistas por destruir la colectivización, una minoría de pequeños propietarios quiso salirse arrastrando a los demás. El notario se opuso entonces a su argumentación y dijo: &#8220;Antes, yo tenía una finca de tantas hectáreas. Ahora, en la colectividad, todo me pertenece y soy mucho más rico&#8221;. Este notario, convertido en revolucionario, fue fusilado por los franquistas en 1939 en Barcelona.<br />
b) De la misma manera que el rigor debe predominar en el combate, también conviene, una vez asegurada la victoria, dejar de lado el concepto de &#8220;sospechoso&#8221; diversificando las relaciones lúdicas.<br />
c) Sólo cuenta el resultado práctico. Que las relaciones de juicio desaparezcan en favor de las relaciones de armonización. La falta a los derechos individuales no requiere otro &#8220;castigo&#8221; que su corrección. </p>
<p>Del derecho de autodefensa</p>
<p>19<br />
La autodefensa es el primer derecho de los revolucionarios. Mientras las armas no hayan pasado a ser inútiles, todos tendrán derecho a estar armados.</p>
<p>20<br />
La asamblea se organiza inmediatamente en grupos de autodefensa encargados entre otras cosas de:<br />
- la guerrilla en zonas no liberadas, con destrucción de los centros económicos vitales para los defensores del estado y atentados que provoquen la desorganización del enemigo.<br />
- la producción de armas nuevas.<br />
- la preparación de tácticas insólitas.<br />
- la protección de las fábricas básicas, de las fuentes de abastecimiento, de los depósitos, de las zonas de almacenamiento, de los centros médicos, de las telecomunicaciones. </p>
<p>21<br />
A través de los tanteos y de los inevitables errores, la mejor garantía de la autodefensa reside en la demostración aportada a todos, práctica e inmediatamente, de que:<br />
a) La autogestión generalizada asegura a cada individuo un aumento instantáneo de la calidad de vida cotidiana (primacía de las pasiones desalienadas, abolición del trabajo forzado, construcción de auténticas relaciones humanas&#8230;).<br />
b) La represión hacia el intercambio, el dinero, la jerarquía, la mercancía se convierte en subjetivamente odiosa y objetivamente imposible.<br />
c) La liquidación del sistema mercantil cambia radicalmente el sentido de los intereses y de las preocupaciones humanas. Liberados de los problemas de la supervivencia, no tendremos al fin más que la preocupación de aprender a vivir. </p>
<p>22<br />
La adquisición de derechos múltiples y cada vez más ricos es la mejor arma del combatiente revolucionario. No tenemos que hacer exhortaciones ni dar lecciones. No somos héroes sino los conquistadores de pasiones nuevas, los fanáticos de un placer sin reservas.</p>
<p>23<br />
La expansión del movimiento de autogestión generalizada &#8211; una expansión que debe alcanzar rápida y necesariamente una dimensión internacional &#8211; reside principalmente en los progresos de a emancipación individual, asegurada por la transformación colectiva de las condiciones históricas.</p>
<p>24<br />
La lucha contra el aislamiento que amenaza los intentos de autogestión generalizada supone una alteración simultánea del tiempo y del espacio:<br />
a) Modificar el espacio geográfico instaurando el reino de la gratuidad de los bienes, la conquista de sectores económicos complementarios (especialmente una zona industrial, una zona agraria + las fuentes de materias primas), la creación de &#8220;poliindustrias&#8221; automatizadas y capaces de ofrecer la mayor diversidad de productos. Y a la vez,<br />
b) Crear las condiciones de paso del tiempo del tedio y de la pasividad a un tiempo de creatividad y de pasiones múltiples, de manera que las personas vivan a otro ritmo y en un conjunto de unidades de espacio y de tiempo que controlan y transforman. </p>
<p>25<br />
El cambio cualitativo de la vida cotidiana es una exigencia absoluta en la sociedad de la autogestión generalizada. Excluye cualquier compromiso con las fuerzas del viejo mundo. La causa de que los revolucionarios españoles se condenaran al exterminio en 1937 estuvo en no haber avanzado suficientemente y pactar con la canalla reformista y estalinista.</p>
<p>26<br />
La autogestión generalizada no tiene programa mínimo ni programa máximo. Su suerte va unida a la de las asambleas, a su desarrollo coherente o a su muerte. Algunas realizaciones inseparables e inmediatamente aplicables permiten juzgar su éxito o su fracaso: la abolición de todo poder estatal o paraestatal, la apropiación por los productores de todos los medios de producción, el final del trabajo por la creación colectiva, el final de los intercambios por el don generalizado, el final de la supervivencia y del espectáculo por la construcción individual de la vida cotidiana.</p>
<p>Del derecho de participación</p>
<p>27<br />
Todo individuo tiene derecho a:<br />
a) Participar en la asamblea de autogestión que prefiera.<br />
b) Elegir delegados.<br />
c) Ser elegido como delegado.<br />
d) Llevar a la asamblea sus reivindicaciones, tomar la palabra para defenderlas y disponer, para darlas a conocer, de todas las técnicas que posea la colectividad.<br />
e) Gozar como mínimo en el conjunto de su vida cotidiana de los enriquecimientos de que disfruta en la asamblea de autogestión. </p>
<p>28<br />
Todo delegado se compromete a defender los mandatos para los que ha sido elegido y asegurar su ejecución por todos los medios. Su elección no le concede ningún privilegio; así pues, su revocación no supone ningún descrédito. El único criterio que decide su revocación o su mantenimiento es el resultado de sus gestiones.</p>
<p>29<br />
Los miembros de la asamblea no delegan su poder: el delegado no es más que un momento en el movimiento de realización del poder de todos y de cada cual; jamás está separado de la asamblea. Precisamente para impedir esta separación los miembros deben permanecer en contacto permanente con su delegado y utilizar las telecomunicaciones menos con un espíritu de control que para permitirle la consulta a cada momento de su mandato. Esta comunicación que los miembros de la asamblea exigen permanentemente de sus delegados sólo afecta a la misión que han aceptado realizar. No actúa como un obstáculo a su creatividad sino que procura únicamente el feliz cumplimiento de su mandato.</p>
<p>30<br />
Todo delegado tiene derecho a dimitir. Diríase, de todos modos, que dicho derecho pasa momentáneamente por ciertas reservas en el período de autodefensa. No se concibe cómo un voluntario de una sección de asalto pueda abandonar a sus camaradas en el momento de desencadenar una operación armada.</p>
<p>31<br />
Sin pretender adelantar la forma que las condiciones históricas conferirán al consejo de los delegados de la asamblea de autogestión generalizada, quizás sea útil prever cuatro secciones estrechamente unidas:<br />
a) Una sección de equipamiento, encargada de coordinar las ofertas de producción y las demandas de distribución; de equilibrar los stocks de producción y los stocks a distribuir; de regular las relaciones entre las zonas industriales y las zonas agrarias haciendo todo lo posible por conseguir su fusión.<br />
b) Una sección de autodefensa, encargada de organizar la guerrilla, la liberación de los territorios controlados por los defensores del Estado y la protección de las fábricas básicas, de los stocks y de los centros de materias primas.<br />
c) Una sección de armonización, encargada de coordinar las ofertas y las demandas pasionales, de armonizar la pluralidad de los deseos, de ayudar a la realización de los caprichos especiales.<br />
c) Una sección de coordinación, encargada de las relaciones con las asambleas y sus consejos de delegados. </p>
<p>32<br />
La división de los consejos en diferentes secciones corresponde a un primer esfuerzo de coordinación de las demandas y de las ofertas más diferentes. Pero no existe la menor separación entre las secciones; por el contrario, trabajan en común y ayudan a establecer sobre bases concretas el espíritu de la totalidad. Los delegados participan en las reuniones y en el trabajo de todas las secciones del consejo.</p>
<p>33<br />
Salvo en materia de autodefensa &#8211; y siempre que la estrategia lo exija -, ninguna decisión tomada por mayoría de votos excluye las demás reivindicaciones. Si una reivindicación no puede ser satisfecha (porque no se dispone del equipamiento material necesario para su realización, o porque manifiesta una regresión hacia conductas antiguas u alienantes), es tomada a cargo de los delegados de la sección de armonización. Estos intentan evitar su atascamiento y tienen el mandato de realizarla según los deseos del demandante.</p>
<p>34<br />
Cada cual tiene el derecho de presentar y defender sus reivindicaciones hasta su satisfacción. (Ver III, 82 y 88).</p>
<p>35<br />
Todo lo que se armoniza espontáneamente no necesita pasar por la asamblea de autogestión generalizada. La diversidad de las ocupaciones atractivas, la multiplicación de las aventuras, el gusto del cambio, el juego de las intrigas, de los encuentros, de los entusiasmos alcanzan tal desarrollo que sólo se armoniza con ayuda de la asamblea lo que todavía no ha conseguido armonizarse al azar de la vida cotidiana.</p>
<p>36<br />
Los miembros de la asamblea fijan la frecuencia de las reuniones según las urgencias del momento. El interés y el placer de cada cual determinan la participación en las asambleas, y no el voluntarismo así como tampoco, evidentemente, la obligación.</p>
<p>37<br />
El reforzamiento de las posibilidades y el enriquecimiento de las regiones y de sus asambleas son la mejor garantía de las relaciones internacionales basadas en el don y en lo lúdico. Por otra parte, la internacional de las asambleas y de sus consejos asegura las mayores posibilidades de armonización de los deseos e instaura realmente el reino de la abundancia.</p>
<p>38<br />
La libertad de cambiar las ocupaciones y de lugar de residencia conlleva la libertad de cambiar de asamblea. Dicha movilidad ofrece l menos tres ventajas:<br />
a) Evita la reaparición de un regionalismo o el apego a un concepto de territorio.<br />
b) Evita la fijación de los grupos y las costumbres comunitarias.<br />
c) Unida a la preocupación de satisfacer tanto las reivindicaciones minoritarias como las mayoritarias, permite, modificando el número de los miembros de las asambleas y de los grupos de afinidad que se hacen y se deshacen, disolver el criterio de la cantidad, acabar con las oposiciones proporcionales (como el antagonismo mayoría-minoría), estimular una diversidad de lo cualitativo. </p>
<p>39<br />
Tanto en las modalidades de participación como en los problemas de realización, hay que procurar derrotar cuanto subsista de la vieja dictadura de lo cuantitativo. Donde la diversidad existe en la calidad, la ley del número no tiene cabida; donde el don predomina sin contrapartida, el intercambio de cantidades iguales desaparece; donde cada cual tiene el derecho a afirmar su particularidad, los grupos dejan de ser considerados como una simple suma de individuos.</p>
<p>Del derecho de comunicación</p>
<p>40<br />
Todo individuo tiene derecho a expresar y difundir su opinión, sus deseos, sus reivindicaciones, sus críticas, mediante la palabra, el impreso, el film, los medios artísticos&#8230; Para ello, dispone libremente de las técnicas de comunicación creadas, mantenidas y mejoradas por las asambleas de autogestión generalizada.</p>
<p>41<br />
Cada asamblea posee un máximo de medios de telecomunicación. Estos sirven principalmente para:<br />
Difundir los proyectos y las demandas de los individuos o de los grupos.<br />
Dar a conocer las decisiones de las asambleas y el nivel de desarrollo de los problemas en curso.<br />
Llevar a conocimiento de todos las cuestiones de armonización entre los individuos y las posibilidades de conjugar las ofertas y las demandas materiales y pasionales.<br />
Comunicar informaciones sobre todo, formar centros de acumulación de conocimientos, difundir los procedimientos de creación en todos los terrenos, constituir unas memorias básicas para utilización de una enseñanza fundada en la curiosidad y en la atracción práctica.<br />
Recoger y comunicar las experiencias particulares, los sueños, los recuerdos, las creaciones, los estudios e investigaciones individuales y colectivas. </p>
<p>42<br />
Toda comunicación presentada a la asamblea es debatida y resuelta públicamente. Cuando todas las atracciones están permitidas, todas son confesables y la realización de un deseo no hace más que excitar a que todos lo realicen.</p>
<p>43<br />
La asamblea asegura la comunicación de lo que la voluntad individual no consigue comunicar por sí misma. Jamás interviene al margen de una petición de los individuos (cosa que equivaldría a actuar contra ellos y negarse a sí misma). Su misión no es limitar sino, por el contrario, radicalizar, multiplicar y enriquecer las ocupaciones atractivas, los encuentros, las experiencias, las aventuras.</p>
<p>44<br />
El balance permanente de las realizaciones, la práctica de los nuevos derechos, el progreso de la armonización social permiten juzgar con la mayor claridad la marcha irregular de la larga revolución, corregir sus errores, recordar sus retrasos, olvidar sus progresos.</p>
<p>45<br />
La asamblea también es el lugar en el que se cometen los errores. Pero la transparencia de las relaciones entre los individuos, posibilitada por la falta de prejuicios, de obligaciones y de tabúes, no estimula a la autocrítica sino a la autocorrección permanente. El único error irremediable sería preferir a una asamblea que se equivoca un comité que siempre tiene razón.</p>
<p>46<br />
El consejo de delegados responde a lo que la asamblea espera de él presentando cada vez una perspectiva global de las reivindicaciones individuales y de su proceso. Refleja el punto de vista de la totalidad dando cuenta de sus pasos, de sus éxitos, de sus fracasos.</p>
<p>Del derecho de realización</p>
<p>47<br />
La asamblea de autogestión generalizada pone la colectividad al servicio de los individuos y no viceversa. Lo que ofrece la creatividad de cada cual mediante el juego de las ocupaciones atractivas es inmediata e íntegramente puesto a disposición de todos sin necesidad de contrapartida.</p>
<p>48<br />
El consejo de delegados es un mero órgano de coordinación. Es el centro de la asamblea de la misma manera que la asamblea es el pivote de la vida social. También es el instrumento de ejecución de las voluntades expresadas en la asamblea. Las necesidades son lo que crea los delegados, y no a la inversa. No deben existir delegados elegidos al margen de voluntades precisas que ejecutar de manera que a cada instante, según las decisiones de la asamblea, éstos puedan ser llamados a justificar la realización &#8211; inmediata, diferida a corto plazo o diferida a largo plazo &#8211; de las demandas expuestas.</p>
<p>49<br />
La construcción por cada cual de su propia vida individual &#8211; la realización de lo que realmente quiere ser &#8211; significa el final de la economía como sector separado y su integración en una creación colectiva que asegura almismo tiempo el libre uso de los bienes de supervivencia (ropas, casas, alimentos, cuidados, instrumentos domésticos) y del equipo necesario para la realización de las pasiones, los encuentros, las aventuras, los juegos.</p>
<p>50<br />
Aunque la urgencia se refiere a la autodefensa (armamentos, equipos, víveres, organización de la guerrilla&#8230;), la satisfacción de las pasiones individuales debe ser prioritaria. &#8220;Unicamente lucharemos sin reservas si ganamos combatiendo una vida sin reservas&#8221;.</p>
<p>51<br />
El final del sistema mercantil implica el reino de la gratuidad. Esta alcanza su fase irreversible cuando las asambleas de autogestión se apoderan de los centros de distribución y de producción y organizan el reparto de los bienes así como el libre uso de los equipos técnicos.</p>
<p>52<br />
La producción o la creación de bienes no concede derecho a la distribución gratuita en contrapartida. Nosotros sustituimos el &#8220;a cada cual según su trabajo&#8221; por el &#8220;a cada cual según sus deseos&#8221;. El don debe sustituir en todas partes al intercambio.</p>
<p>53<br />
Los delegados del consejo tienen, de manera permanente, el mandato de seguir el movimiento de los stocks en los &#8220;graneros de aprovisionamiento&#8221; y los almacenes colectivos. Los ordenadores permiten la relación de las posibilidades de abastecimiento y de las ofertas de producción y de creación. Estos datos deben estar al alcance de todos. Son el camino a la abundancia con su incremento gradual de stocks, la multiplicación de centros de productos sobrantes, la emulación del lujo y el triunfo de los suntuoso.</p>
<p>54<br />
El reino de la gratuidad significa el final de los intercambios que rigen el conjunto de los comportamientos sociales en el sistema mercantil. Cuando el interés pasional domina sobre la carrera tras el beneficio y el poder, el uso de los objetos y la noción de utilidad se modifican y desvían los gestos cotidianos de sus antiguas hábitos. Así es como desaparecerán las reacciones de avaricia, de apropiación privada, de celos, de mentira, de prestigio y de espectáculo.</p>
<p>55<br />
El reino de la gratuidad no hará más que desarrollar lo que los momentos revolucionarios del pasado iniciaron. Así, por ejemplo, en Kronstadt, en 1921, &#8220;la Unión de agricultores, organización de obreros que poseían una vinculación con el campo, pidió a todos los poseedores de chatarra que la entregaran para fabricar aperos agrícolas. (&#8230;) Todo lo que se fabricaba era inventariado en listas completas en los Izvestia del soviet de Kronstadt. Cada objeto llevaba el sello de la Unión de Agricultores de Kronstadt. A los agitadores del soviet que iban al campo se les entregaba, según las posibilidades, objetos e instrumentos fabricados por esta unión; eran ofrecidos a los campesinos a través de los soviets locales&#8221;. (Efim Yartchuk: Kronstadt en la revolución rusa.) El intercambio será sustituido por el don, por el regalos sin contrapartida.</p>
<p>56<br />
El final del sistema mercantil significa el final del reino de lo cuantitativo. A medida que la producción vaya siendo sustituida por la creación colectiva, el criterio de la calidad dominará por doquier y será uno de los factores importantes de la emulación pasional y de la conquista del lujo. De igual manera que el arte de la gastronomía debe sustituir a la mera necesidad de alimentarse, la búsqueda de la calidad en los productos, las técnicas y el estilo de vida se convertirá en la ocupación esencial de todos.</p>
<p>57<br />
El progreso de la larga revolución se observará en el paso de la práctica &#8220;A trabajo mínimo, distribución igual para todos&#8221; a su fase más avanzada &#8220;A creatividad general, dones máximos para todos&#8221;.</p>
<p>58<br />
Queremos que el goce de todos los derechos sea el derecho de todos los goces.</p>
<p>De la abolición del trabajo forzado</p>
<p>59<br />
La autogestión generalizada es el camino más breve hacia la abundancia. En ella, el trabajo tiende a cero, la creatividad a infinito.</p>
<p>60<br />
La liquidación del trabajo forzado es una de las primeras medidas que expresan la realidad del momento revolucionario. Su proceso es aplicable inmediatamente por:<br />
a) La supresión de los sectores parasitarios (industrias superfluas o contaminantes, oficinas, ministerios, bancos, seguros, sector terciario). Esto liberará a un gran número de trabajadores, entre los cuales no faltarán voluntarios para pasar de 5 a 8 horas al mes en sectores básicos al tiempo que se entregan a la creación individual y colectiva. Las asambleas coordinarán el desplazamiento de los equipos rotativos. Los propios voluntarios determinarán el número de horas y su distribución.<br />
b) Una inversión de perspectivas: en lugar de cuarenta horas de trabajo forzado por semana y de un tiempo dominado por los imperativos de supervivencia (la carrera tras el beneficio y los ascensos), cada individuo descubrirá los problemas apasionantes que plantea la construcción de una sociedad que se marca como objetivo la felicidad de todos: creación y distribución gratuita de los bienes creados, multiplicidad de encuentros, reagrupamiento por afinidades, realización de los deseos por la variedad de las disposiciones pasionales finalmente reconocidas y liberadas de los tabúes que las impelían hacia la violencia y la destrucción.<br />
c) Se instalará o desarrollará inmediatamente la automatización en los sectores básicos y los trabajos residuales repugnantes (limpieza, destrucción de las basuras). Se procurará especialmente sanear la producción de energía (estudio de los procedimientos de producción de energía solar). </p>
<p>61<br />
No es seguro, de todos modos, que todos los trabajos penosos puedan ser suprimidos inmediatamente. Así pues, es preciso tener en cuenta:<br />
a) Que sean de escasa duración.<br />
b) Reservarlos a quienes les gustan.<br />
c) Automatizarlos prioritariamente. </p>
<p>62<br />
Es importante, en general, que todo trabajo forzado residual desaparezca en favor de la creación colectiva, gracias a un juego de ocupaciones atractivas. De este modo, los trabajos indispensables redescubrirán, pero a un mayor nivel de desarrollo técnico, el carácter de fiesta que revestían, en algunas sociedades agrícolas, las tareas de la siega y la vendimia.</p>
<p>63<br />
Una vez abolidas las condiciones que convierten el tiempo en una mercancía, las ocupaciones dejan de obedecer a la necesidad de beneficio y de la representación social; se organizan según los criterios del placer. Una actividad &#8211; hoy ridícula &#8211; como el bricolage contiene en germen una creatividad que sólo espera el momento de desarrollarse sin presiones y de disponer de las técnicas más elaboradas para enriquecer en pocos meses a la humanidad con más descubrimiento ingeniosos y agradables de lo que nunca aportaron siglos y siglos de trabajo forzado.</p>
<p>64<br />
Cuantas tareas rutinarias y aburridas subsistan serán dispuestas de tal manera que el mayor número posible de personas les dediquen una o dos horas por amor al cambio, a fin de que los que estaban condenados a hacerlas sólo pasen por ellas el tiempo necesario para formar equipos de relevo.</p>
<p>65<br />
A medida que se vaya afinando el amor por el cambio, cabe suponer que muchos alcanzarán una formación politécnica, es decir, la capacidad de ejercer con fortuna cualquier ocupación creativa.</p>
<p>66<br />
Los nuevos deseos definen nuevas utilidades. A medida que desaparezcan, con el tiempo-mercancía, los coches y los desplazamientos rápidos; con el espectáculo, la organización de la mentira; con la burocracia, el Estado y la jerarquía, etc. la disponibilidad de la creatividad individual culminará en la desconcentración industrial y agraria.</p>
<p>67<br />
Sólo hay peligro de escasez si se comete el error de considerar la supervivencia como básica en lugar de plantearse como objetivo la elevación global del estilo de vida.</p>
<p>68<br />
A partir de ahora, hay que evitar las concentraciones de población, descentralizar y abrir las ciudades a un nuevo campo.</p>
<p>69<br />
El final de las separaciones será también el final de la separación entre ciudades y campo. Eso significa la mecanización de la agricultura liberada de los imperativos mercantiles (rentabilidad, contaminación por abonos&#8230;) Y la penetración en las ciudades de zonas agrícolas como campos, pastos, bosques, huertas, zonas de pastoreo.</p>
<p>70<br />
La automatización rápida de los sectores básicos estimula el renacimiento de un nuevo artesanado, el redescubrimiento de técnicas antiguas perdidas a causa de su escasa rentabilidad, la creación de nuevos inventos.</p>
<p>71<br />
Las fábricas serán descentralizadas lo antes posible en talleres automatizados de creación colectiva (a partir del modelo existente, aunque de manera arcaica, en algunas fábricas de tejidos, de armas, de relojes). Las industrias de materias primas abastecerán de piezas básicas a los talleres de creación a fin de permitirles la mayor variedad de productos acabados.</p>
<p>72<br />
Junto a los talleres de creación o de montaje, hay que prever la multiplicación de centros de experimentación individuales o de reducida colectividad así como de máquinas sueltas en las que cada cual pueda reparar o construir, cocinas y panaderías comunes, versiones modernas de los hornos y de los molinos comunes de la Edad Media o de los silos de trigo.</p>
<p>73<br />
Sean cuales fuesen su edad, su estado físico y sus capacidades, todos tienen derecho a ejercer libremente su creatividad. Es una adquisición especialmente importante, pues contribuye a acelerar la liquidación de las distinciones de edad, sexo, de fuerza física o mental, de capacidades o incapacidades erigidas en prestigio, en suma, de acabar con las separaciones.</p>
<p>74<br />
La armonización social incita a la mayor variedad de gustos y de pasiones. A partir de ahora unos y otras serán los únicos motores de la abundancia, la garantía de cada individuo contra todo retorno al trabajo forzado, a la función y al rol.</p>
<p>Del derecho de encuentro y de afinidades</p>
<p>75<br />
El movimiento de autogestión generalizada también es el estudio, la investigación y la experimentación de relaciones humanas basadas en la atracción y la antipatía que se manifiestan entre los individuos.</p>
<p>76<br />
Los delegados que forman la sección de armonización deben estar al corriente de los conflictos o de los acuerdos surgidos entre los individuos y entre los grupos. La sección facilita los encuentros, registra y comunica la oferta y la demanda pasionales, amplía el campo de las posibilidades y acumula la mayor variedad de comportamientos y de deseos.</p>
<p>77<br />
No se trata de suprimir las oposiciones y los desacuerdos sino, por el contrario, de mantenerlos de tal manera que todo el mundo descubra en ellos incrementados placeres.</p>
<p>78<br />
Las desigualdades, los contrastes, los deseos disparatados son el motor de la armonización, su principio de variaciones y de variedades. Su análisis y su organización constituyen una de las preocupaciones más importantes de la vida cotidiana en autogestión; se trata realmente de la realización de la historia individual por la realización colectiva de la historia.</p>
<p>79<br />
Todo lo que no pueda ser armonizado inmediatamente debe ser considerado como una demanda urgente, con delegados debidamente encargados del proyecto de realización.</p>
<p>80<br />
Cuantas más singularidades existan, más espontáneamente se realizará la armonización. La mejor manera de no sucumbir a una única pasión consiste en tener muchas.</p>
<p>81<br />
No queremos que el rechazo de regresar al sistema mercantil dé lugar a un nuevo moralismo. El llamamiento a la virtud revolucionaria siempre es contrarrevolucionario. No hace más que convertir en vergonzosas y cínicas las taras que condena. Mentiras, separaciones, prestigio, pasividad, apropiaciones y todos los hábitos heredados del sistema mercantil no desaparecerán bajo el efecto de presiones, sanciones o buenas palabras, sino mediante la organización armoniosa de las pasiones y de las voluntades de realización individuales.</p>
<p>82<br />
Es previsible que los grupos ideológicos anteriores a la revolución (partidos, organizaciones políticas) intenten mantenerse o reconstituirse en las asambleas. Hay que combatirles decididamente en el período de lucha sin cuartel contra los defensores del estado pero no más allá. Si la autogestión se generaliza con corrección, los grupos con etiqueta política o sindical desaparecerán en la variedad y la complejidad de las reagrupaciones que se fundarán en las simpatías, las antipatías, las comunidades de gustos y de repulsiones; en un juego de acuerdos y desacuerdos que pondrá las rivalidades y las afinidades al servicio de los progresos de la autogestión.</p>
<p>83<br />
Los individuos disponen de todas las libertades prácticas de adhesión o de no -adhesión, de modo que pueden agruparse por afinidades, reunirse para unas ocupaciones comunes, compartir sus pasiones y sus gustos, permanecer sólos, pasar de un grupo a otro, convertirse en los campeones entusiastas de una actividad, cambiar de preocupaciones varias veces por día, rivalizar y emularse en la creatividad (concurso del mejor plato cocinado, de invención, de perfeccionamiento de los placeres, etc.).</p>
<p>84<br />
La coherencia de la asamblea debe promover un conjunto de actividades dispuestas de tal manera que no se destruyan mutuamente sino que, por el contrario, se multipliquen y se refuercen. Es obvio, naturalmente, que dicha organización supone la desaparición de las condiciones espectaculares-mercantiles y no tiene nada en común con la dinámica de grupo y demás técnicas de integración al mundo de la supervivencia. No se trata de combinar unos deseos alienados, sino, por el contrario, de armonizar entre sí los deseos desalienados, liberados de su entorpecimiento, desembarazados, por el cambio radical de las condiciones históricas, de lo que les enfrentaba a sí mismos en favor de un conjunto de obligaciones, de impotencias y de mentiras.</p>
<p>85<br />
Todos los gustos están en la naturaleza de la armonización social. Al liquidar la culpabilidad, la promoción y la liberación de los deseos liquidarán también los delitos y crímenes que conocía el viejo mundo. Es una de las apuestas de la autogestión generalizada.</p>
<p>86<br />
Las tendencias rivales o divergentes dan vida a las asambleas de autogestión generalizada y a toda la organización social. &#8220;La falta de discordia, o bien negativo, no es más que el sucedáneo del bien positivo que nace de la combinación de discordias.&#8221;</p>
<p>87<br />
La nueva organización social no es más que la organización por todos los individuos de los deseos, de las pasiones, de las voluntades, de los sueños, creando día a día las condiciones históricas de su liberación, de su desarrollo, de su realización práctica. La humanidad no tiene otra opción en el momento actual de su historia: desaparecer o crear las garantías de la felicidad individual.</p>
<p>88<br />
Los comportamientos y las costumbres heredadas del sistema mercantil, y que su liquidación no ha conseguido extirpar totalmente, deben ser dirigidos hacia el juego, hacia la combinación lúdica de las pasiones, de manera que la abundancia de goces acabe con las miserables compensaciones del renunciamiento, de las insuficiencias y de la infraestimación de uno mismo.</p>
<p>89<br />
No solamente admitir sino sobre todo estimular cada disposición de un individuo, cada reivindicación subjetiva, cada deseo particular, cada singularidad de gusto, cada capacidad, he ahí lo que confiere su valor positivo a las desigualdades, he ahí lo que les impide ordenarse según las funciones negativas de una nueva jerarquía. La satisfacción competitiva de las tendencias individuales define la gama de las desigualdades positivas que, en las relaciones lúdicas no coercitivas, constituye el encanto de los encuentros y de las reagrupaciones. Queremos crear unas condiciones igualitarias para todas nuestras desigualdades objetivas.</p>
<p>90<br />
La práctica de la armonización social de los individuos es inseparable de la lucha contra las separaciones. Es importante, por ejemplo, que la economía y la vida cotidiana no subsistan como sectores autónomos sino que, por el contrario, desaparezcan tal como han existido hasta ahora y se encuentren estrechamente mezcladas, indiferenciadas entre sí. Así pues, habrá que procurar que la oferta y la demanda pasionales sean inseparables de la oferta y la demanda de los productos de supervivencia (alimentos, conocimientos, materias primas, cuidados, etc.). El trabajo de los delegados es coordinar en un todo lo que se les exige de manera separada, a fin de que el espíritu de totalidad acabe de extenderse por todas partes.</p>
<p>91<br />
El movimiento de reagrupaciones por simpatías y contrastes es, a su vez, una de las garantías más seguras del final de las separaciones, de lo parcelario, de las especializaciones. Al convertirse, por un juego de emulación general y de goces particulares, en cosa de todos, la economía, la enseñanza, los conocimientos, el lenguaje&#8230; dejan de ser unos sectores y unas actividades separadas de la construcción de la vida cotidiana, y participan, por tanto, de acuerdo con una unidad cuyo imperioso deseo y muy incierta posibilidad han percibido siempre las generaciones pasadas, en la mayor revolución de la historia.</p>
<p>92<br />
La existencia de una sección de armonización en el seno del consejo de delgados tiene su utilidad en la medida en que facilita, de manera unitaria con las demás secciones, las posibilidades de encuentro y de reagrupamientos atractivos. Desaparecerá cuando los individuos ya posean por cuenta propia una visión global de las posibilidades de encuentros y de asociación. Puede acelerar especialmente la autogestión de los niños, al coordinar la acción de todas las personas relacionadas con ellos a fin de crear, en la edad de supervivencia, las mejores condiciones de desarrollo, y aprendiendo después de su creatividad espontánea cómo redescubrir una finura desaparecida, una nueva percepción de lo real, el auténtico sentido de la unidad entre la palabra y el acto, el espacio y el tiempo, el sueño y lo real.</p>
<p>De la libre disposición del espacio-tiempo</p>
<p>93<br />
El espacio-tiempo creado por la revolución de la vida cotidiana es el conjunto de los territorios liberados del control estatal y del sistema mercantil, y modificados permanentemente por los individuos que aprenden a construir, colectiva e individualmente, cada momento de su existencia.</p>
<p>94<br />
Modelo y centro de la vida social, asamblea de autogestión generalizada es la unidad de lugar y de tiempo de la práctica revolucionaria individual y colectiva. Es ahí donde el antiguo proyecto de hacerse haciendo la historia descubre su único camino de realización posible.</p>
<p>95<br />
La libre disposición del tiempo y la libre disposición del espacio son inseparables. Es necesario que a cada instante todos puedan estar en todas partes como en su casa. Eso significa prácticamente que cada individuo tiene derecho a edificar cualquier estilo de vivienda, a crear unos ambientes, a desplazarse como le plazca (derecho de nomadismo), a construir sus sueños, a concretar sus recuerdos, a condensar el tiempo de lo vivido, a desmigajarlo en instantes fugitivos, a acabarlo por el suicidio, a explorarlo.</p>
<p>96<br />
Una de las menores modificaciones del espacio-tiempo, realizable a breve plazo, consiste en liquidar la distinción entre la ciudad y el campo. Parcialmente invadidas por los campos y los bosques, las grandes ciudades desaparecerán en favor de una gran dispersión y una gran variedad de hábitats, móviles o fijos, efímeros o duraderos.</p>
<p>97<br />
El derecho al cambio del espacio-tiempo de la vida cotidiana suscita el derecho a todos los cambios con que sueña la subjetividad (por ejemplo, cambio de aspecto, cambio de nombre según las circunstancias).</p>
<p>98<br />
Es prácticamente seguro que la libre disposición del espacio-tiempo aportará modificaciones preciosas en el comportamiento humano. De este modo cambiará nuestra percepción de lo real, y nuestros sentidos, deteriorados por los hábitos embrutecedores de la supervivencia, se afinarán hasta alcanzar una agudeza actualmente insospechable.</p>
<p>La revolución permanente </p>
<p>es el pivote racional de todas las pasiones </p>
<p>Ratgeb: De la huelga salvaje a la autogestión revolucionaria</p>
<p>I. La sociedad de la supervivencia </p>
<p>II. ABCD de la revolución </p>
<p><a href="http://www.sindominio.net/ash/salvaje3.htm" rel="nofollow">http://www.sindominio.net/ash/salvaje3.htm</a></p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-123</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 18:26:28 +0000</pubDate>
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		<description>26.11.07 
La autogestión según Abraham Guillén 

x Centre dEstudis Llibertaris Francesc Sá bat  
La autogestión según Abraham Guillén
Daniel*

Resulta paradójico que en una época de desencanto a consecuencia del hundimiento del “socialismo real” y del “fin de las utopías”, el advenimiento de un individualismo condicionado por el miedo social y la sed de consumir (y con ambas cosas reproduciéndose), la renuncia a superar la organización estatal de la sociedad y capitalista de la producción… los debates sobre la autogestión se limitan –al menos en Francia- a trabajos sociológicos e históricos, confinando esta práctica social a la categoría de objeto de estudio(1). Paradójico porque la autogestión ha supuesto desde siempre un conjunto de respuestas contemporáneas y de experimentaciones sociales(2) que siguen siendo un antídoto a la desesperación que nos ofrecen estos tiempos opresivos. Esta conclusión es aún más sorprendente cuando afecta a los partidarios de la autogestión generalizada, que son los libertarios, y que pusieron en marcha las colectivizaciones de la España republicana. Para ellos esta aspiración es una reivindicación histórica(3) y una práctica actual.
Surge así la cuestión del ineludible esfuerzo por reactualizar la idea autogestionaria anarquista y sus necesarios debates. Sin duda, este renacer pasa por una primera reapropiación: la del trabajo realizado no hace tanto tiempo y que no ha contado con un eco significativo. Entre quienes han intentado profundizar en la autogestión libertaria y no han contado con nuestro suficiente reconocimiento –más que conociendo su nombre o sus ideas fuerza- hay que señalar al español Abraham Guillén(4).
La lectura de una de sus obras consagrada a la economía –ha escrito unas cincuenta sobre temas muy diversos- es una forma de conocer sus concepciones de la autogestión. Sin perder nunca de vista su sentido político (“Así pues, sin autogestión no hay emancipación del pueblo por el pueblo mismo. Éste es un axioma político.”) hizo el esfuerzo de pensar la construcción libertaria y sus consecuencias, e incluso su enfrentamiento con el mercado capitalista, aunque sea siguiendo a veces caminos poco frecuentes para un anarquista. La última obra de este autor, que falleció en 1993, fue publicada en 1990(5) y puede ser una primera divulgación de sus tesis, bastante desconocidas más allá del mundo hispanohablante.

Práctico y pluralista
En este voluminoso trabajo, Abraham Guillén desmenuza con cuidado los mecanismos y las teorías económicas de su tiempo para mostrar sus mentiras desde el punto de vista de la justicia social y la igualdad. Sus observaciones no dejan nunca de señalar con el dedo a la economía capitalista pero también a la economía de Estado, enfrentando cada tipo de organización con sus propios límites o contradicciones, puesto que éstos se apoyan siempre en las injusticias y la aparición, según las distintas áreas económicas, de una clase capitalista o tecnoburocrática que se apropia de las plusvalías generadas por el mundo trabajador. Para liberarse de estos poderes y de la alienación de los productores por la mercancía (dinero, objeto), hay que asociar con pragmatismo el pensamiento crítico con “la praxis” autogestionaria: “En la “praxis” se revela la realidad económica, el reparto desigual de la riqueza según los grupos privilegiados, la división del trabajo entre dirigentes y dirigidos, la servidumbre del obrero en su trabajo enajenado al capital privado o de Estado.” (pp. 340-341). Pero no es cuestión de someterse a teorías económicas rígidas: “Hay que conocer las leyes objetivas de la ciencia económica sin divinizarlas, sin alienarse en ellas, y tomarlas como conceptos puros del entendimiento humano para justificar regímenes económicos anacrónicos […].” (p. 152).
Con esta perspectiva abierta, afirma la necesidad de que la organización económica libertaria sea plural, como un medio y como un fin: “Debe haber plena libertad de ensayo económico (empresas mixtas, municipales, cooperativas, mutuales y autogestionarias) sin estalinismo, monopolios ni elitismo.” (p. 201). Como origen de desigualdades, Abraham Guillén insiste en la división del trabajo entre trabajadores manuales e intelectuales. El socialismo autogestionario libertario debe remediarlo radicalmente: “La participación creciente de los trabajadores en la gestión de sus empresas, siendo todos capaces de hacer todo, es la condición esencial del socialismo autogestionario. Sólo así todos participarían por igual en la gestión y la distribución del excedente económico, producto de un trabajo común y en igualdad de condiciones para todos […].” (p. 395). En este sentido, la empresa autogestionada debe ser un lugar de formación permanente para, asociada a la gestión colectiva de los instrumentos de trabajo, permitir un acceso igual a los saberes con el fin de abolir la diferencia entre trabajadores manuales e intelectuales e impedir la reproducción de una nueva clase gestora que se apropie en el futuro del fruto del trabajo de los demás. Y advertía: “Si el socialismo autogestionario no fuera capaz de superar la vieja división del trabajo entre ejecución de la producción y dirección de la misma, no sería entonces posible la emancipación de los trabajadores […].” (p. 395).
La trayectoria de este teórico de la autogestión le llevó a conocer, siendo muy joven, las colectivizaciones españolas, y más tarde el sector cooperativista de Perú, al tiempo que trabajaba como experto para Naciones Unidas. Sus estudios unidos a sus experiencias personales han alimentado su reflexión. Sin duda, esto le ayudó a concebir modos originales de organización autogestionaria. Por otra parte, a diferencia de los anarcosindicalistas, para quienes la organización sindical es la columna vertebral de la organización social o económica autogestionaria, hay que señalar que Guillén no atribuye ningún papel preponderante a los sindicatos.
Parte de la idea de que la autogestión generalizada es también una investigación en la acción: “En los primeros tiempos de un nuevo régimen de democracia libertaria, de economía autogestionaria, habrá que tener muy en cuenta la prueba y el error, la experiencia histórica, para no ideologizar el saber, para no caer en dogmas más cerca de la metafísica que de la realidad cotidiana. En este orden de ideas experimentales, de verificación de programas y de resultados de planes, los autogestores tendrán que ser muy autocríticos, pensando que lo que ayer era positivo mañana puede ser negativo, ya que habría cambios cuantitativos, hacia delante o hacia atrás, lo cual determinaría cambios cualitativos.” (p. 285).

La organización social y local
Guillén describe una organización social bastante completa e incluso presenta algunas perspectivas: “En su calidad de autogestores, los trabajadores liberados de la dictadura del capital privado o de Estado, deben participar en la gestión de sus empresas y en el reparto del excedente económico obtenido en ellas por su trabajo asociado; participar en la toma de decisiones de la actividad económica de las empresas autogestionadas; definir la política económica de la empresa de propiedad social, a fin de que sea asegurado su continuo progreso económico, tecnológico, cultural, social, educativo e informativo; dirigirse los autogestores a los órganos del autogobierno empresarial con justas peticiones a las cuales éstos están obligados a responder practicando la democracia directa sin trámites burocráticos” (p. 390). “Los trabajadores de la empresa de propiedad social autogestionada deben tener acceso a sus decisiones fundamentales: cálculo de los gastos de producción; precios; plan de cuentas; informes periódicos; convenios y contratos de todo tipo; decidir sobre la elección de candidatos al consejo autogestor; votar el reglamento de derechos y deberes de los trabajadores; informarse sobre gastos y recursos; concertar créditos; vincularse con otras empresas y organismos; considerar el saldo de resultados económicos mensual, trimestral y anualmente; apercibirse de los planes económicos a corto, mediano y largo plazo.” (p. 391).
El consejo obrero de la empresa autogestionada es “el Autopoder supremo de la empresa”, elegido democráticamente. Sus miembros son revocables y se eligen por dos años, no pudiéndoseles renovar hasta después de otros dos años más (p. 391). “El consejo autocrático de la sociedad anónima capitalista será sustituido por un Consejo Obrero Autogestor de Empresa; y la asamblea de accionistas, por la asamblea de productores directos, eligiendo, por voto directo y secreto, a sus consejeros autogestores rotatorios y renovables.” (p. 317)
Aunque no se pronuncia sobre la cuestión del autogobierno municipal, Guillén defiende concepciones interesantes respecto de un tema actual, la “relocalización”: “Si los agricultores estuvieran agrupados en combinados agro-industriales autogestionados, incluyendo en su sistema la producción de elementos primarios, su transformación en productos industrializados y su distribución en el mercado, asociando así el capital agrícola, el industrial y el mercantil, sin falsos intermediarios, la producción llegaría al mercado con la menor diferencia posible entre el costo de producción y el precio de venta, para beneficiar, con precios baratos, a toda la sociedad, como hicieron en su mercado socialista libertario las colectividades anarquistas españolas durante la revolución de 1936-1939.” (p. 235). Adquieren valor los recursos locales: “Por ejemplo, en comunidades autogestionarias locales, integradas comarcalmente, de acuerdo con el entorno económico, ecológico y demográfico, se pueden crear complejos autogestionarios constituidos por la integración de la agricultura, la industria agro-alimentaria y de transformación de materias primas (agrícolas, animales, forestales, pesqueras), utilizando para ello fuentes de energía locales: biomasa, carbón mineral, vegetal o turba, energía solar, eólica, metano y alcohol de la biomasa, a fin de tener una empresa autosuficiente o, por lo menos, no tan dependiente de sus materias primas y fuentes de energía como la mercantilizada empresa capitalista, dependiente de la mercancía.” (p. 121).

Autogestión y mercado
Para este enemigo del fetichismo materialista mercantil, deben darse las leyes de cooperación entre colectividades al mismo tiempo que se establece un sistema de valores de cambio. Se trataría del valor trabajo y del valor de uso, por oposición al valor comercial que integra la plusvalía capitalista: “En el socialismo autogestionario (con democracia directa en los escalones de la comuna, el auto-gobierno regional y el co-gobierno federal) ningún grupo autogestor de trabajo cambiaría el trabajo de un año por el de seis meses, sino un valor de uso por otro valor de uso del mismo valor-trabajo, de modo que el cambio no produzca injusticia distributiva, creando así clases parasitarias, burocracias y Estado caro y malo. […] En cualquier producto del trabajo humano –independientemente del modo de producción histórico- hay un valor de cambio y un valor de uso, pero una sociedad autogestionaria se identifica con el valor de uso, desbordando el valor de cambio. Pues, para que cada uno aporte según su capacidad y reciba según su necesidad, fórmula de la distribución comunista, debe haber al menos cierta abundancia de bienes y servicios, una moral de consumo y un reparto equitativo, independientemente de las capacidades y las cualidades del trabajo individual para que haya igualdad económica entre los hombres, sin la cual no hay libertad.” (p. 123).
La riqueza producida deberá ser superior a las necesidades de las empresas, creando así un capital social gestionado colectivamente con el fin de aumentar la productividad y liberando al trabajador de sus tareas, pero también permitiendo la investigación y el desarrollo, la educación, el ocio, la cultura, etc. El objetivo es, en definitiva, provocar un “decrecimiento de los precios” –gracias a un valor de cambio estable y no especulativo-, un “decrecimiento del tiempo de trabajo” –por la mejora técnica del rendimiento financiada por el aumento del “capital social”-.
El autor anticapitalista evoca el mercado: “Con socialismo de autogestión, la planificación nacional es programática, indicativa, pues deja las decisiones básicas a las empresas autogestoras que saben lo que necesita el mercado socialista, en cantidad y calidad, en precios competitivos […]. El socialismo libertario no tiene necesidad de planificación centralizada, sino de un socialismo de mercado, de la competencia entre grupos colectivos de trabajo, de la democracia directa en las empresas por medio de los consejos autogestores.” (p. 135). Este concepto del mercado se usa aquí sin ambigüedades en cuanto a las intenciones: “[…] el único sistema socio-económico que puede hacer cumplir la ley del valor-trabajo en los intercambios, dentro de un mercado socialista (libre de mercachifles, de agiotistas monetarios y bursátiles, de capitalistas que consumen mucho y producen poco), es la economía autogestionaria (en las empresas, explotaciones agro-industriales, servicios, talleres y fábricas) y la democracia directa (en la política).” (p. 201).

Las estrategias
Y A. Guillén cambia el paso; considera y argumenta a favor de ¡una competencia entre la economía autogestionaria y las economías capitalistas o de Estado! Y desarrolla su idea: “Una economía autogestionaria debe ser competitiva, desafiante e imbatible en el mercado mundial; pero no sólo porque sus protagonistas auto-organizados hagan sacrificios económicos en el sentido de consumir poco e invertir mucho, sino más bien por ponerse a trabajar todos útilmente; reducir la burocracia al mínimo; elevar la fuerza de trabajo productivo al máximo; abolir las clases parasitarias e invertir inmediatamente sus rentas, que eran improductivas, en inversiones productivas; y no olvidar que la investigación científica y la educación generalizada son grandes fuerzas productivas para el desarrollo de la sociedad libertaria.” (p. 261). Rechaza la idea de que la revolución será simultáneamente en todo el mundo, pero muestra también que si este modelo de desarrollo no convence, tampoco habrá otras regiones del mundo que se unan a esta idea de abolir el capitalismo: “En consecuencia, si el crecimiento económico y el progreso tecnológico y cultural no son mayores con una economía autogestionaria que con una economía burguesa o burocrática, se estará en el reino de las ideologías, pero no de las realidades económicas. Pero si todo un pueblo autogestionario trabaja, investiga, consume prudentemente e invierte mucho para progresar más, si desaburguesa y desburocratiza la economía, competirá con ventaja en el mercado mundial y, a mediano plazo, se colocará a la vanguardia del progreso internacional, encarnando así el protagonismo de la historia universal.” (p. 261). Y el economista libertario no quiere mentir; afirma que el desarrollo autogestionado sería cuestionado en su vocación misma si no permitiera el acceso a un modo de vida envidiable en comparación con otras economías de mercado: “Queramos o no hay que ser desarrollistas en el buen sentido; pero no aumentar la producción por la producción misma; […] pues la humanidad no quiere perder fuerzas productivas, nivel de vida y bienestar adquiridos, cambiando de régimen.” (p. 394).
Mientras, se plantean las cuestiones estratégicas con el fin de alcanzar una economía autogestionaria. El autor afirma la complementariedad entre el pensamiento y la acción: “Así pues, necesitamos una contracultura que saque al pueblo de su pasividad animal (doméstica) de consumo; unir el pensamiento y la acción para interpretar y transformar el mundo al mismo tiempo; pues el pensamiento por sí [mismo] nunca produce ningún cambio. Por eso, en ciertos momentos históricos, mejor que decir es hacer, uniendo el pensamiento y el acto en una “praxis” coherente; pues sólo así podrán los trabajadores transformar el capitalismo en socialismo libertario.” (p. 134). Paralelamente preconiza la constitución de “comités”, liberados del control de las élites de los partidos o sindicatos institucionalizados: “La estrategia básica consiste en romper el equilibrio del sistema institucionalizado, tanto por las burguesías como por las burocracias, a fin de provocar la ruptura violenta, la lucha de clases conducente a la Revolución.” (p. 340). Y en esas estamos hoy día.
Si bien no escapa a ciertas imperfecciones líricas, cientificistas o economicistas que conviene tomar con precaución, Abraham Guillén nos ha legado, sobre todo, una serie de pensamientos y tomas de posición dignas de interés y capaces de enriquecer nuestras propias reflexiones sobre el camino hacia la autogestión libertaria. Hay que lamentar que este pensador de la autogestión sea tan poco conocido, y con él, su obra.

NOTAS:
Federación Anarquista - Grupo Gard Vaucluse (Francia). Extraído del semanario Le Monde libertaire, n° 1447, 21-27 de septiembre de 2006. Traducido por Luis B.
(1) “Habríamos dejado atrás, pues, la autogestión. Pero ciertas cuestiones que la autogestión ha planteado bien pudieran afectarnos en el presente.” Autogestion, la dernière utopie?, Éditions la Sorbonne, 2003, p. 9.
(2) Léase L’autogestion libertaire, Editions du Monde Libertaire, 2006.
(3) “Los instrumentos de trabajo, así como la tierra, serán propiedad de la comunidad, no pudiendo ser utilizados más que por los trabajadores, y éstos, agrupados en asociaciones industriales y agrícolas, serán remunerados según su trabajo.” Miguel Bakunin, Programa de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista.
(4) Aunque Daniel Guérin permanece como una referencia, citemos sin embargo a Georges Gurvitch y Jean Bancal cuyos escritos o investigaciones sobre la autogestión libertaria son bastante poco accesibles.
(5) Se trata de Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, 504 páginas, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. No se citan aquí más que las ideas más significativas del autor (especificando entre paréntesis la página de donde se extraen y respetando las cursivas del original); la lectura del libro resulta pues imprescindible.

¿Quién era Abraham Guillén?*
Nació en Corduente (Guadalajara) en marzo de 1913 y murió en Madrid en agosto de 1993. Resinero en su pueblo natal y estudiante en Madrid, becado por la República. Afiliado a la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) en edad temprana, fue también miembro de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Combatió en la guerra de 1936 y fue comisario de la 14 División y del Cuarto Cuerpo de Ejército, comandado por Cipriano Mera; también dirigió Nosotros, portavoz de la FAI-FIJL-Columna de Hierro en Valencia. El final de la guerra le sorprendió en Alicante, donde se le detuvo; condenado a muerte aunque posteriormente se le conmuto la pena por veinte años de prisión, protagonizó dos fugas, una de Añover de Tajo (1942), tras la que militó en el Comité Nacional hasta su detención en 1943, la segunda con éxito: en 1945 escapó de Carabanchel y ayudado por una tribu de gitanos libertarios pasó a Francia. Una segunda fase de su vida se inicia con su marcha a Argentina (1948), Uruguay y algún tiempo en Cuba. Licenciado en Ciencias Económicas, profesor de Economía Política (director de investigación económica en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires) y columnista de El Laborista, Democracia en Buenos Aires, asesor económico de la uruguaya Universidad del Trabajo y periodista de Acción de Montevideo, experto internacional de la OIT en economía autogestionaria y desarrollo cooperativo en el Perú, donde además colaboró en La prensa de Lima. Muerto Franco, retorna a España y en los últimos años destaca como conferenciante. Considerado como el gran teórico de la guerrilla urbana y sus plasmaciones prácticas americanas (tupamaros, uturuncos). Redactor de Juventud Libre en 1937, FIJL, director de Nosotros, Columna de Hierro etc; también colaborador de numerosos periódicos de América (comentarista de economía y política internacional en la prensa peruana, uruguaya y argentina) como El Sol de Costa Rica o Diario 16 en España y en la prensa libertaria: Año Zero, Bicicleta, Cenit, CNT, Espoir, Icaria, Ideas-Orto, Historia Libertaria, La Lletra A, Nahia, El Olivo del Búho, Solidaridad Obrera de Valencia, Tierra y Libertad de México, Vida Obrera. Autor de una cincuentena de libros. Su nombre se popularizó como experto en técnicas de guerrilla urbana, economía mundial, el poder e implantación de las multinacionales, la economía autogestionaria y temas relacionados con la guerra de España y la degeneración del comunismo. 

Algunos de los títulos que publicó son: La agonía del imperialismo (dos tomos) (1957), El imperialismo del dólar (1962), Teoría de la violencia (1965), Estrategia de la guerrilla urbana (1965), La rebelión del tercer mundo (1969), Democracia directa (1970), Socialismo de autogestión (1971), La elite del poder en España (1973), La colonización financiera del FMI (1973), La propiedad social, modelo de desarrollo peruano (1976), Revalorización de la guerrilla urbana (1977), Guerrilla 1 (en colaboración con otros autores) (1978), El capitalismo soviético: última etapa del imperialismo (1979), Economía libertaria, alternativa para un mundo en crisis (1988), Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, (1990), Socialismo Libertario. Ni capitalismo de monopolios ni comunismo de estado (1990), Técnica de desinformación (1991). 

*Extraído principalmente de Iñiguez, M. Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español. Fundación Anselmo Lorenzo. Madrid, 2001. Bibliografía por Lluís R.A.
**Se puede consultar una entrevista a Abraham Guillén aquí:
http://www.tecnimar.com/ciclo/09/16.htm

(PUBLICADO EN EL PERIODICO CNT Nº338 de OCTUBRE 2007)
http://www.periodicocnt.org

Sección de Análisis y Estudios Económicos - Centre d&#039;Estudis Llibertaris Francesc Sàbat.
http://www.cellfrancescsabat.org</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>26.11.07<br />
La autogestión según Abraham Guillén </p>
<p>x Centre dEstudis Llibertaris Francesc Sá bat<br />
La autogestión según Abraham Guillén<br />
Daniel*</p>
<p>Resulta paradójico que en una época de desencanto a consecuencia del hundimiento del “socialismo real” y del “fin de las utopías”, el advenimiento de un individualismo condicionado por el miedo social y la sed de consumir (y con ambas cosas reproduciéndose), la renuncia a superar la organización estatal de la sociedad y capitalista de la producción… los debates sobre la autogestión se limitan –al menos en Francia- a trabajos sociológicos e históricos, confinando esta práctica social a la categoría de objeto de estudio(1). Paradójico porque la autogestión ha supuesto desde siempre un conjunto de respuestas contemporáneas y de experimentaciones sociales(2) que siguen siendo un antídoto a la desesperación que nos ofrecen estos tiempos opresivos. Esta conclusión es aún más sorprendente cuando afecta a los partidarios de la autogestión generalizada, que son los libertarios, y que pusieron en marcha las colectivizaciones de la España republicana. Para ellos esta aspiración es una reivindicación histórica(3) y una práctica actual.<br />
Surge así la cuestión del ineludible esfuerzo por reactualizar la idea autogestionaria anarquista y sus necesarios debates. Sin duda, este renacer pasa por una primera reapropiación: la del trabajo realizado no hace tanto tiempo y que no ha contado con un eco significativo. Entre quienes han intentado profundizar en la autogestión libertaria y no han contado con nuestro suficiente reconocimiento –más que conociendo su nombre o sus ideas fuerza- hay que señalar al español Abraham Guillén(4).<br />
La lectura de una de sus obras consagrada a la economía –ha escrito unas cincuenta sobre temas muy diversos- es una forma de conocer sus concepciones de la autogestión. Sin perder nunca de vista su sentido político (“Así pues, sin autogestión no hay emancipación del pueblo por el pueblo mismo. Éste es un axioma político.”) hizo el esfuerzo de pensar la construcción libertaria y sus consecuencias, e incluso su enfrentamiento con el mercado capitalista, aunque sea siguiendo a veces caminos poco frecuentes para un anarquista. La última obra de este autor, que falleció en 1993, fue publicada en 1990(5) y puede ser una primera divulgación de sus tesis, bastante desconocidas más allá del mundo hispanohablante.</p>
<p>Práctico y pluralista<br />
En este voluminoso trabajo, Abraham Guillén desmenuza con cuidado los mecanismos y las teorías económicas de su tiempo para mostrar sus mentiras desde el punto de vista de la justicia social y la igualdad. Sus observaciones no dejan nunca de señalar con el dedo a la economía capitalista pero también a la economía de Estado, enfrentando cada tipo de organización con sus propios límites o contradicciones, puesto que éstos se apoyan siempre en las injusticias y la aparición, según las distintas áreas económicas, de una clase capitalista o tecnoburocrática que se apropia de las plusvalías generadas por el mundo trabajador. Para liberarse de estos poderes y de la alienación de los productores por la mercancía (dinero, objeto), hay que asociar con pragmatismo el pensamiento crítico con “la praxis” autogestionaria: “En la “praxis” se revela la realidad económica, el reparto desigual de la riqueza según los grupos privilegiados, la división del trabajo entre dirigentes y dirigidos, la servidumbre del obrero en su trabajo enajenado al capital privado o de Estado.” (pp. 340-341). Pero no es cuestión de someterse a teorías económicas rígidas: “Hay que conocer las leyes objetivas de la ciencia económica sin divinizarlas, sin alienarse en ellas, y tomarlas como conceptos puros del entendimiento humano para justificar regímenes económicos anacrónicos […].” (p. 152).<br />
Con esta perspectiva abierta, afirma la necesidad de que la organización económica libertaria sea plural, como un medio y como un fin: “Debe haber plena libertad de ensayo económico (empresas mixtas, municipales, cooperativas, mutuales y autogestionarias) sin estalinismo, monopolios ni elitismo.” (p. 201). Como origen de desigualdades, Abraham Guillén insiste en la división del trabajo entre trabajadores manuales e intelectuales. El socialismo autogestionario libertario debe remediarlo radicalmente: “La participación creciente de los trabajadores en la gestión de sus empresas, siendo todos capaces de hacer todo, es la condición esencial del socialismo autogestionario. Sólo así todos participarían por igual en la gestión y la distribución del excedente económico, producto de un trabajo común y en igualdad de condiciones para todos […].” (p. 395). En este sentido, la empresa autogestionada debe ser un lugar de formación permanente para, asociada a la gestión colectiva de los instrumentos de trabajo, permitir un acceso igual a los saberes con el fin de abolir la diferencia entre trabajadores manuales e intelectuales e impedir la reproducción de una nueva clase gestora que se apropie en el futuro del fruto del trabajo de los demás. Y advertía: “Si el socialismo autogestionario no fuera capaz de superar la vieja división del trabajo entre ejecución de la producción y dirección de la misma, no sería entonces posible la emancipación de los trabajadores […].” (p. 395).<br />
La trayectoria de este teórico de la autogestión le llevó a conocer, siendo muy joven, las colectivizaciones españolas, y más tarde el sector cooperativista de Perú, al tiempo que trabajaba como experto para Naciones Unidas. Sus estudios unidos a sus experiencias personales han alimentado su reflexión. Sin duda, esto le ayudó a concebir modos originales de organización autogestionaria. Por otra parte, a diferencia de los anarcosindicalistas, para quienes la organización sindical es la columna vertebral de la organización social o económica autogestionaria, hay que señalar que Guillén no atribuye ningún papel preponderante a los sindicatos.<br />
Parte de la idea de que la autogestión generalizada es también una investigación en la acción: “En los primeros tiempos de un nuevo régimen de democracia libertaria, de economía autogestionaria, habrá que tener muy en cuenta la prueba y el error, la experiencia histórica, para no ideologizar el saber, para no caer en dogmas más cerca de la metafísica que de la realidad cotidiana. En este orden de ideas experimentales, de verificación de programas y de resultados de planes, los autogestores tendrán que ser muy autocríticos, pensando que lo que ayer era positivo mañana puede ser negativo, ya que habría cambios cuantitativos, hacia delante o hacia atrás, lo cual determinaría cambios cualitativos.” (p. 285).</p>
<p>La organización social y local<br />
Guillén describe una organización social bastante completa e incluso presenta algunas perspectivas: “En su calidad de autogestores, los trabajadores liberados de la dictadura del capital privado o de Estado, deben participar en la gestión de sus empresas y en el reparto del excedente económico obtenido en ellas por su trabajo asociado; participar en la toma de decisiones de la actividad económica de las empresas autogestionadas; definir la política económica de la empresa de propiedad social, a fin de que sea asegurado su continuo progreso económico, tecnológico, cultural, social, educativo e informativo; dirigirse los autogestores a los órganos del autogobierno empresarial con justas peticiones a las cuales éstos están obligados a responder practicando la democracia directa sin trámites burocráticos” (p. 390). “Los trabajadores de la empresa de propiedad social autogestionada deben tener acceso a sus decisiones fundamentales: cálculo de los gastos de producción; precios; plan de cuentas; informes periódicos; convenios y contratos de todo tipo; decidir sobre la elección de candidatos al consejo autogestor; votar el reglamento de derechos y deberes de los trabajadores; informarse sobre gastos y recursos; concertar créditos; vincularse con otras empresas y organismos; considerar el saldo de resultados económicos mensual, trimestral y anualmente; apercibirse de los planes económicos a corto, mediano y largo plazo.” (p. 391).<br />
El consejo obrero de la empresa autogestionada es “el Autopoder supremo de la empresa”, elegido democráticamente. Sus miembros son revocables y se eligen por dos años, no pudiéndoseles renovar hasta después de otros dos años más (p. 391). “El consejo autocrático de la sociedad anónima capitalista será sustituido por un Consejo Obrero Autogestor de Empresa; y la asamblea de accionistas, por la asamblea de productores directos, eligiendo, por voto directo y secreto, a sus consejeros autogestores rotatorios y renovables.” (p. 317)<br />
Aunque no se pronuncia sobre la cuestión del autogobierno municipal, Guillén defiende concepciones interesantes respecto de un tema actual, la “relocalización”: “Si los agricultores estuvieran agrupados en combinados agro-industriales autogestionados, incluyendo en su sistema la producción de elementos primarios, su transformación en productos industrializados y su distribución en el mercado, asociando así el capital agrícola, el industrial y el mercantil, sin falsos intermediarios, la producción llegaría al mercado con la menor diferencia posible entre el costo de producción y el precio de venta, para beneficiar, con precios baratos, a toda la sociedad, como hicieron en su mercado socialista libertario las colectividades anarquistas españolas durante la revolución de 1936-1939.” (p. 235). Adquieren valor los recursos locales: “Por ejemplo, en comunidades autogestionarias locales, integradas comarcalmente, de acuerdo con el entorno económico, ecológico y demográfico, se pueden crear complejos autogestionarios constituidos por la integración de la agricultura, la industria agro-alimentaria y de transformación de materias primas (agrícolas, animales, forestales, pesqueras), utilizando para ello fuentes de energía locales: biomasa, carbón mineral, vegetal o turba, energía solar, eólica, metano y alcohol de la biomasa, a fin de tener una empresa autosuficiente o, por lo menos, no tan dependiente de sus materias primas y fuentes de energía como la mercantilizada empresa capitalista, dependiente de la mercancía.” (p. 121).</p>
<p>Autogestión y mercado<br />
Para este enemigo del fetichismo materialista mercantil, deben darse las leyes de cooperación entre colectividades al mismo tiempo que se establece un sistema de valores de cambio. Se trataría del valor trabajo y del valor de uso, por oposición al valor comercial que integra la plusvalía capitalista: “En el socialismo autogestionario (con democracia directa en los escalones de la comuna, el auto-gobierno regional y el co-gobierno federal) ningún grupo autogestor de trabajo cambiaría el trabajo de un año por el de seis meses, sino un valor de uso por otro valor de uso del mismo valor-trabajo, de modo que el cambio no produzca injusticia distributiva, creando así clases parasitarias, burocracias y Estado caro y malo. […] En cualquier producto del trabajo humano –independientemente del modo de producción histórico- hay un valor de cambio y un valor de uso, pero una sociedad autogestionaria se identifica con el valor de uso, desbordando el valor de cambio. Pues, para que cada uno aporte según su capacidad y reciba según su necesidad, fórmula de la distribución comunista, debe haber al menos cierta abundancia de bienes y servicios, una moral de consumo y un reparto equitativo, independientemente de las capacidades y las cualidades del trabajo individual para que haya igualdad económica entre los hombres, sin la cual no hay libertad.” (p. 123).<br />
La riqueza producida deberá ser superior a las necesidades de las empresas, creando así un capital social gestionado colectivamente con el fin de aumentar la productividad y liberando al trabajador de sus tareas, pero también permitiendo la investigación y el desarrollo, la educación, el ocio, la cultura, etc. El objetivo es, en definitiva, provocar un “decrecimiento de los precios” –gracias a un valor de cambio estable y no especulativo-, un “decrecimiento del tiempo de trabajo” –por la mejora técnica del rendimiento financiada por el aumento del “capital social”-.<br />
El autor anticapitalista evoca el mercado: “Con socialismo de autogestión, la planificación nacional es programática, indicativa, pues deja las decisiones básicas a las empresas autogestoras que saben lo que necesita el mercado socialista, en cantidad y calidad, en precios competitivos […]. El socialismo libertario no tiene necesidad de planificación centralizada, sino de un socialismo de mercado, de la competencia entre grupos colectivos de trabajo, de la democracia directa en las empresas por medio de los consejos autogestores.” (p. 135). Este concepto del mercado se usa aquí sin ambigüedades en cuanto a las intenciones: “[…] el único sistema socio-económico que puede hacer cumplir la ley del valor-trabajo en los intercambios, dentro de un mercado socialista (libre de mercachifles, de agiotistas monetarios y bursátiles, de capitalistas que consumen mucho y producen poco), es la economía autogestionaria (en las empresas, explotaciones agro-industriales, servicios, talleres y fábricas) y la democracia directa (en la política).” (p. 201).</p>
<p>Las estrategias<br />
Y A. Guillén cambia el paso; considera y argumenta a favor de ¡una competencia entre la economía autogestionaria y las economías capitalistas o de Estado! Y desarrolla su idea: “Una economía autogestionaria debe ser competitiva, desafiante e imbatible en el mercado mundial; pero no sólo porque sus protagonistas auto-organizados hagan sacrificios económicos en el sentido de consumir poco e invertir mucho, sino más bien por ponerse a trabajar todos útilmente; reducir la burocracia al mínimo; elevar la fuerza de trabajo productivo al máximo; abolir las clases parasitarias e invertir inmediatamente sus rentas, que eran improductivas, en inversiones productivas; y no olvidar que la investigación científica y la educación generalizada son grandes fuerzas productivas para el desarrollo de la sociedad libertaria.” (p. 261). Rechaza la idea de que la revolución será simultáneamente en todo el mundo, pero muestra también que si este modelo de desarrollo no convence, tampoco habrá otras regiones del mundo que se unan a esta idea de abolir el capitalismo: “En consecuencia, si el crecimiento económico y el progreso tecnológico y cultural no son mayores con una economía autogestionaria que con una economía burguesa o burocrática, se estará en el reino de las ideologías, pero no de las realidades económicas. Pero si todo un pueblo autogestionario trabaja, investiga, consume prudentemente e invierte mucho para progresar más, si desaburguesa y desburocratiza la economía, competirá con ventaja en el mercado mundial y, a mediano plazo, se colocará a la vanguardia del progreso internacional, encarnando así el protagonismo de la historia universal.” (p. 261). Y el economista libertario no quiere mentir; afirma que el desarrollo autogestionado sería cuestionado en su vocación misma si no permitiera el acceso a un modo de vida envidiable en comparación con otras economías de mercado: “Queramos o no hay que ser desarrollistas en el buen sentido; pero no aumentar la producción por la producción misma; […] pues la humanidad no quiere perder fuerzas productivas, nivel de vida y bienestar adquiridos, cambiando de régimen.” (p. 394).<br />
Mientras, se plantean las cuestiones estratégicas con el fin de alcanzar una economía autogestionaria. El autor afirma la complementariedad entre el pensamiento y la acción: “Así pues, necesitamos una contracultura que saque al pueblo de su pasividad animal (doméstica) de consumo; unir el pensamiento y la acción para interpretar y transformar el mundo al mismo tiempo; pues el pensamiento por sí [mismo] nunca produce ningún cambio. Por eso, en ciertos momentos históricos, mejor que decir es hacer, uniendo el pensamiento y el acto en una “praxis” coherente; pues sólo así podrán los trabajadores transformar el capitalismo en socialismo libertario.” (p. 134). Paralelamente preconiza la constitución de “comités”, liberados del control de las élites de los partidos o sindicatos institucionalizados: “La estrategia básica consiste en romper el equilibrio del sistema institucionalizado, tanto por las burguesías como por las burocracias, a fin de provocar la ruptura violenta, la lucha de clases conducente a la Revolución.” (p. 340). Y en esas estamos hoy día.<br />
Si bien no escapa a ciertas imperfecciones líricas, cientificistas o economicistas que conviene tomar con precaución, Abraham Guillén nos ha legado, sobre todo, una serie de pensamientos y tomas de posición dignas de interés y capaces de enriquecer nuestras propias reflexiones sobre el camino hacia la autogestión libertaria. Hay que lamentar que este pensador de la autogestión sea tan poco conocido, y con él, su obra.</p>
<p>NOTAS:<br />
Federación Anarquista &#8211; Grupo Gard Vaucluse (Francia). Extraído del semanario Le Monde libertaire, n° 1447, 21-27 de septiembre de 2006. Traducido por Luis B.<br />
(1) “Habríamos dejado atrás, pues, la autogestión. Pero ciertas cuestiones que la autogestión ha planteado bien pudieran afectarnos en el presente.” Autogestion, la dernière utopie?, Éditions la Sorbonne, 2003, p. 9.<br />
(2) Léase L’autogestion libertaire, Editions du Monde Libertaire, 2006.<br />
(3) “Los instrumentos de trabajo, así como la tierra, serán propiedad de la comunidad, no pudiendo ser utilizados más que por los trabajadores, y éstos, agrupados en asociaciones industriales y agrícolas, serán remunerados según su trabajo.” Miguel Bakunin, Programa de la Alianza Internacional de la Democracia Socialista.<br />
(4) Aunque Daniel Guérin permanece como una referencia, citemos sin embargo a Georges Gurvitch y Jean Bancal cuyos escritos o investigaciones sobre la autogestión libertaria son bastante poco accesibles.<br />
(5) Se trata de Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, 504 páginas, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo. No se citan aquí más que las ideas más significativas del autor (especificando entre paréntesis la página de donde se extraen y respetando las cursivas del original); la lectura del libro resulta pues imprescindible.</p>
<p>¿Quién era Abraham Guillén?*<br />
Nació en Corduente (Guadalajara) en marzo de 1913 y murió en Madrid en agosto de 1993. Resinero en su pueblo natal y estudiante en Madrid, becado por la República. Afiliado a la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) en edad temprana, fue también miembro de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Combatió en la guerra de 1936 y fue comisario de la 14 División y del Cuarto Cuerpo de Ejército, comandado por Cipriano Mera; también dirigió Nosotros, portavoz de la FAI-FIJL-Columna de Hierro en Valencia. El final de la guerra le sorprendió en Alicante, donde se le detuvo; condenado a muerte aunque posteriormente se le conmuto la pena por veinte años de prisión, protagonizó dos fugas, una de Añover de Tajo (1942), tras la que militó en el Comité Nacional hasta su detención en 1943, la segunda con éxito: en 1945 escapó de Carabanchel y ayudado por una tribu de gitanos libertarios pasó a Francia. Una segunda fase de su vida se inicia con su marcha a Argentina (1948), Uruguay y algún tiempo en Cuba. Licenciado en Ciencias Económicas, profesor de Economía Política (director de investigación económica en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires) y columnista de El Laborista, Democracia en Buenos Aires, asesor económico de la uruguaya Universidad del Trabajo y periodista de Acción de Montevideo, experto internacional de la OIT en economía autogestionaria y desarrollo cooperativo en el Perú, donde además colaboró en La prensa de Lima. Muerto Franco, retorna a España y en los últimos años destaca como conferenciante. Considerado como el gran teórico de la guerrilla urbana y sus plasmaciones prácticas americanas (tupamaros, uturuncos). Redactor de Juventud Libre en 1937, FIJL, director de Nosotros, Columna de Hierro etc; también colaborador de numerosos periódicos de América (comentarista de economía y política internacional en la prensa peruana, uruguaya y argentina) como El Sol de Costa Rica o Diario 16 en España y en la prensa libertaria: Año Zero, Bicicleta, Cenit, CNT, Espoir, Icaria, Ideas-Orto, Historia Libertaria, La Lletra A, Nahia, El Olivo del Búho, Solidaridad Obrera de Valencia, Tierra y Libertad de México, Vida Obrera. Autor de una cincuentena de libros. Su nombre se popularizó como experto en técnicas de guerrilla urbana, economía mundial, el poder e implantación de las multinacionales, la economía autogestionaria y temas relacionados con la guerra de España y la degeneración del comunismo. </p>
<p>Algunos de los títulos que publicó son: La agonía del imperialismo (dos tomos) (1957), El imperialismo del dólar (1962), Teoría de la violencia (1965), Estrategia de la guerrilla urbana (1965), La rebelión del tercer mundo (1969), Democracia directa (1970), Socialismo de autogestión (1971), La elite del poder en España (1973), La colonización financiera del FMI (1973), La propiedad social, modelo de desarrollo peruano (1976), Revalorización de la guerrilla urbana (1977), Guerrilla 1 (en colaboración con otros autores) (1978), El capitalismo soviético: última etapa del imperialismo (1979), Economía libertaria, alternativa para un mundo en crisis (1988), Economía autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria, (1990), Socialismo Libertario. Ni capitalismo de monopolios ni comunismo de estado (1990), Técnica de desinformación (1991). </p>
<p>*Extraído principalmente de Iñiguez, M. Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español. Fundación Anselmo Lorenzo. Madrid, 2001. Bibliografía por Lluís R.A.<br />
**Se puede consultar una entrevista a Abraham Guillén aquí:<br />
<a href="http://www.tecnimar.com/ciclo/09/16.htm" rel="nofollow">http://www.tecnimar.com/ciclo/09/16.htm</a></p>
<p>(PUBLICADO EN EL PERIODICO CNT Nº338 de OCTUBRE 2007)<br />
<a href="http://www.periodicocnt.org" rel="nofollow">http://www.periodicocnt.org</a></p>
<p>Sección de Análisis y Estudios Económicos &#8211; Centre d&#8217;Estudis Llibertaris Francesc Sàbat.<br />
<a href="http://www.cellfrancescsabat.org" rel="nofollow">http://www.cellfrancescsabat.org</a></p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-122</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 17:57:33 +0000</pubDate>
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		<description>Dossier:  La autogestión

La definición de la autogestión por Franz Mintz 
Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía por Cristian Ferrer Toro 
Autogestión y autoritarismo por Comunidad del Sur 
 

La definición de la autogestión

Franz Mintz

2006 señala a la par el aniversario de la revolución española (1936) contra el capitalismo y el de la insurrección húngara (1956) contra un gobierno pretendidamente obrero.  Más que una narración descriptiva histórica, nos interesa la aportación que podemos sacar para hoy día.  ¿Qué palanca puede acelerar la revolución?  El partido izquierdista parlamentario, la guerrilla, el sindicalismo, los atentados y la represión, la actitud ética ejemplar, la fe y el bajo clero, serían la panacea que sustentan múltiples ideologías, como el anarquismo, el catolicismo, el liberalismo y el marxismo (por orden alfabético).  En lugar de partir de la teoría, de los silogismos propagandísticos, vamos a arrancar de la realidad, dejando sentadas de paso nuestras convicciones, sin ocultar las insuficiencias ni los argumentos contrarios.

Los padres educan a sus hijos para que aprendan a vivir.  La sociedad forma a los ciudadanos para que obedezcan y trabajen, pero no les enseña ni les prepara para administrar las instituciones.  Las clases dirigentes se reservan esa función y la hacen para imponer sus propios intereses.  Así se van repitiendo los escándalos de sobornos y corrupciones, incluso en los países de tradición democrática.  A fines del siglo pasado hubo una cadena de sobornos ministeriales y de altos dirigentes en la casi totalidad de los países industriales y de los países subdesarrollados.  Los escándalos salpicaron a la mayoría de los Estados:  Francia, Alemania, Estados Unidos.  Tampoco brindaron, en aquel momento, una impresión muy diferentes los estados del agonizante socialismo realmente existente.  En China, ni el maoísmo ni el período actual han puesto punto final a los casos de explotación, corrupción y sobornos.

En todos los regímenes, los ciudadanos están al margen de las decisiones políticas y económicas fundamentales, sin control real.  Por eso se sucederán aún durante mucho tiempo los sobornos y las corrupciones, y hasta se presentan como normales:  “Un cierto nivel de corrupción parece inevitable en la vida pública de todos los países, pero a todos nos interesa que ese nivel sea lo más bajo posible.” 

En un nivel contrapuesto, estamos lo que no queremos seguir así y luchamos por la emancipación de los trabajadores por ellos mismos.  Pero este concepto ha sido y está siendo oscurecido por argucias y disquisiciones teóricas, incluso con falsificaciones históricas y quizás por la ausencia de una palabra común y clara.  Lo mismo que todos los gobiernos se proclaman a favor de la libertad, y la entienden y la aplican de modo sumamente contradictorio, la emancipación de los trabajadores por ellos mismos sufre múltiples interpretaciones.

Tres grandes ideologías se presentan en cuanto a establecer el fundamento del orden social.  La negación de la posibilidad de la emancipación del pueblo es la postura de la clase dirigente, con argumentos seudo científicos (inteligencia desigualmente innata), filosóficos (de La República de Platón a Nietzsche) e históricos (la constancia del liderazgo:  de Jesús a Hitler).  La negación de la capacidad inmediata de los trabajadores, sin la preparación y tutela de una casta superior, es la posición de los marxistas leninistas, que se fundan en argumentos científicos (behaviorismo y condicionamiento social), filosóficos (Lenin) e históricos (las revoluciones bolchevique, china, cubana).  La última postura es la de los anarquistas que sustentan que los mismos trabajadores son capaces de dirigir y reorganizar la sociedad; para ello se fundan en argumentos científicos (la sociabilidad y el estímulo revolucionario), filosóficos (la permanencia del rechazo de la autoridad, desde los griegos – Carpócrates, Zenón – y La Boetie hasta hoy) y casos históricos (La Comuna de París, los soviets en la revolución rusa, la revolución española).

Nosotros nos situamos en la última categoría, amplio sector en que encontramos a cristianos, marxistas (Pannekoek, en parte Gramsci, Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel), situacionistas, sindicalistas, individuos como Noam Chomsky, junto con anarquistas clásicos de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, o Abad de Santillán, Murray Bookchin.

La palabra actualmente aceptada para definir las tentativas de emancipación de los trabajadores por ellos mismos es “autogestión”.  Antes se hablaba de bakuninismo, anarcocomunismo, comunismo libertario, gestión directa.  Desde 1968 el término autogestión es el más cómodo, si bien lleno de ambigüedades.  Para aclarar el problema, tres enfoques son necesarios:  A. El historial del concepto.  B. Los diferentes significados.  C. Las fases socioeconómicas de aplicación; y los vamos a enunciar brevemente.

 

A. Historia del concepto:

Si desde Espartaco hasta hoy, los humildes y explotados siguen rebelándose, es durante la revolución francesa cuando las premisas teóricas se van fraguando.  En 1792, los republicanos burgueses denunciaban a los “anarquistas” de París que querían que los diputados y obreros tuviesen el mismo sueldo; que decían que había dos clases “la de los que tienen y la de los que no tienen, los sansculottes y los propietarios”.  En 1793, Jacques Roux afirmaba:  “la libertad sólo es un fantasma baladí cuando una clase de hombres puede impunemente dejar hambrienta a la otra.”  Y en el manifiesto de los Iguales de la conjura de Babeuf se lee:  “Desparezcan, por fin, odiosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y criados, gobernantes y gobernados.”  Y Varlet escribía en 1794:  “para cualquiera con capacidad de razonamiento, gobierno y revolución son incompatibles.”

La experiencia y la práctica revolucionarias dictaron los conceptos que elaboraron luego Proudhon y Bakunin, agregando la revocación permanente de los delegados por los trabajadores y ciudadanos de la base, la rotación de las tareas para evitar un desequilibrio o una nueva casta (ya prevista en la Política de Aristóteles), la federación de colectivos.  Así, en 1864 la I Internacional se dotaba de estatutos – redactados por Karl Marx y ajustados por otros delegados – con el lema “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos.”  Y en 1865, Bakunin preveía en un estatuto de sociedad revolucionaria:  “Cualquier organización debe proceder de abajo hacia arriba, de la comuna a la unidad central del país, al Estado, por la vía de la federación”.

 

B. Significados:

Para determinar los distintos significados de la autogestión, hace falta ver la meta, el cómo lograrla y las tentativas en el terreno.  “De modo estricto, hablar de socialismo autogestionario o asociativo es un pleonasmo, porque sin autogestión no hay socialismo.”  Esta afirmación del yugoslavo Branco Horvat puede ser compartida por todos los socialistas, puesto que sitúan en algún momento de la historia la desaparición del Estado.  Más detalladamente, el socialismo sería entonces:  “la idea de consejo, autogestión y democracia directa; la superación de la propiedad privada sobre los medios de producción, así como de la esfera política dominante, que puede reproducir aún peor las relaciones capitalistas; la idea de la libre disposición del trabajo propio, con relaciones sociales consiguientes; de ahí la necesidad de la libertad de investigación, de ideas y de controversias”. (Predrag Vranicki)

Por otra parte y en intentos muy concretos, se engloban bajo el término autogestión, las cooperativas y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, con criterios muy conformistas y sin un claro cuestionamiento al sistema dominante.  Por eso, desde hace más de un siglo, anarquistas y socialistas en general, están en contra de tales experimentos.  “(...) la cooperación, en la mayoría de los casos, será aplastada por la omnipotente competencia del gran capital y de la gran propiedad agraria; en los pocos casos en que, por ejemplo, tal o cual sociedad de producción, que estará funcionando más o menos cerrada sobre sí misma, consiga aguantar y superar aquella competencia, tal éxito sólo tendrá como resultado engendrar una nueva clase privilegiada de felices cooperadores en la miserable mas de los trabajadores.  Así, en las condiciones actuales de la economía social, la cooperación no puede traer la emancipación de las masas trabajadoras.  Sin embargo, tiene la ventaja de que, incluso hoy por hoy, van acostumbrando a los trabajadores a unirse, organizarse y a administrar por sí mismos sus propios asuntos.”  Este último matiz de Bakunin en 1873 es importante, si bien es exacto que en la mayoría de los casos la participación obrera es una colaboración de clases y suavización de la explotación capitalista.

Sea como sea el origen de las distintas tentativas autogestionarias – recuperación, religiosa, capitalista, política o unión de individualistas, etc. – la práctica demuestra que los trabajadores terminan por sentir que pueden y deben alcanzar más, porque se sienten maduros, formados y alentados.  La misma idea de autogestión es peligrosa para las clases dirigentes, pese a la experiencia de demagogia y de corrupción.  Y en los países del socialismo realmente existente, cada choque de los trabajadores con la burocracia, fue acompañado de la reivindicación de la Comuna de París, de la capacidad organizadora y creadora de los trabajadores.

 

C. Fases de aplicación:

Insistiremos en algunos casos históricos más lejanos.  Pero veamos si la autogestión es siempre posible.  Karl Marx imaginaba que la evolución histórica seguía fases automáticas, pero cambió de parecer al estudiar el caso ruso.  En el prefacio a la edición rusa de 1882 del Manifiesto escribió:  “¿podría la comunidad rural rusa – forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra – pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, o la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disociación que constituye el desarrollo histórico de Occidente?”  Y respondía que la simultaneidad de la revolución rusa y de la revolución en Occidente podría ser la solución.

De esta manera Marx adoptaba la postura de Bakunin de 1873 que al analizar el mir (comunidad rural rusa) como propiedad colectiva tradicional, señalaba tres ventajas:  “Toda la tierra pertenece al pueblo”, el mir “distribuye la tierra de modo temporario, entre los comuneros”, tiene una “autonomía casi absoluta y al mismo tiempo una autogestión1comunitaria; aunque anotaba también tres inconvenientes:  “el patriarcado, el aplastamiento del individuo por el mir, la confianza en el zar.”

Es evidente que así como es imprescindible que la autogestión nazca entre los mismos trabajadores para poder dar al traste de modo duradero con la explotación, es dudoso que esta autogestión se convierta enseguida en un modelo que responda a los cánones teóricos y librescos.  Pero como forma anticapitalista y antijerárquica en el Tercer Mundo o en los países industrializados, la autogestión nos parece la forma adecuada para provocar cambios sociales radicales.


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1 Hay que notar que en ruso y en serbo-croata, la palabra “samoupravlenie” tiene un uso corriente en el vocabulario social, con el sentido de “gestión local”, “autonomía”, lo que dista mucho a veces del sentido de autogestión.  En el texto de Bakunin de 1873 nos parece que “obstinnoe samoubravlenie” se puede traducir por “autogestión comunitaria”.


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Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía
Cristian Ferrer Toro

“Independiente porque nadie depende de mí.  No soy esclavo porque no soy amo.”

Víctor Tausk

La autogestión es un vocablo que, desde hace unos 40 años, está gozando de un merecido prestigio entre aquellos intelectuales interesados en las transformaciones sociales hacia formas de sociedad horizontales, militantes de base, epistemólogos que trabaja en lo que puede denominarse “galaxia auto” (autonomía, autoproducción, autopoiaisis) cansados de la estéril disyuntiva entre proyectos sociales cuyo modelo de sociedad es altamente estatizado o aquellos otros que pregonan las buenas nuevas de la libertad del mercado.  Creo que ya es posible aprovechar las enseñanzas de todos aquellos experimentos comunalistas y cooperativos, o de la abundante teoría sobre el tema, para comenzar a pensar en la autogestión como una herramienta indispensable de autoadministración social a fin de diseñar una América Latina libre de sus endémicas crisis económico-sociales.

Tres grandes constelaciones causales han catapultado esta palabra hasta nuestro interés:

El desencanto por las promesas incumplidas de los procesos revolucionarios francamente adversos a la democracia directa, la creciente atención prestada a los resultados de los experimentos autogestionarios, la explosión de una cultura libertaria preocupada en el cambio de mentalidades y de vida cotidiana en la década de 1960 y que implicó el retorno al basismo, la autogestión de los conflictos sociales y la creación de organizaciones pequeñas autogestionarias y también “colectivos” de trabajo grupal y el impacto producido por la difusión del ideario “fourierista” del hipismo.

La aparición de numeroso intelectuales de prestigio que comenzaron a prestar atención a distintas y múltiples dimensiones analíticas que propone la autogestión  (Rene Lourau, Georges Lapassade, Fernando Savater, Murria Bookchin, Pierre Clastres, Félix Guattari, Cornelius Castoriadis, etc.)  Las propias experiencias de autogestión que, breves o duraderas, han construido un saber práctico concreto sobre el tema, experimentos comunitarios, cooperativas de trabajo y producción, microempresas de escaso capital, grupos dedicados a todo tipo de actividades que se organizan sobre la base de la distribución igualitaria de poder, luchas sociales autoadministradas que evitan ser devoradas por macroorganizaciones.

Por último mencionemos una creciente desconfianza hacia el Estado como dispositivo resolutor de las demandas sociales, lo que por un lado ha generado un auge sorprendente del liberalismo, pero, por otro también, alentó las estrategias de supervivencia populares a través de la experimentación autogestionaria.  Sería interesante pensar cuanto hay, en las demandas de privatización, y en la expansión del discurso neoliberal, de demanda de autogestión cuyos partidarios harían bien en “torcerlas a su favor”. 
Si bien hay autores que sostienen otra opinión1, creo que la idea de autogestión es descendiente directa y albacea actual aunque modernizada de las experiencias utópicas del socialismo consejista y libertario.  Sería conveniente que se investigara en la riquísima experiencia histórica acumulada por sucesivos intentos horizontalistas, igualitarios y colectivistas, en los últimos 100 años, y en ese sentido, la Revolución Española resulta ser una inagotable cantera que recién se está comenzando a investigar.  También en América Latina existe un historial hoy injustamente olvidado de experiencias cooperativistas y autogestionarias, pero, como bien lo ha hecho notar Ana Proietti-Boccol, aquellas experiencias difieren de las actuales porque las más cercanas poseen un carácter “defensivo” y no necesariamente alternativo2, luego, el Estado adquirió un rol benefactor sobre la sociedad y las experiencias que nos interesan adquirieron una creciente marginalidad3.  De todas maneras, de nada sirve hacer paleontología a fin de encontrar fósiles y huellas pioneras de la autogestión ya que los desafíos que esta ideología y a la vez práctica social enfrente hoy responden a otras condiciones sociales e históricas.

El objetivo de este artículo, necesariamente breve, es tratar con aquellos aspectos que son generalmente “descuidados”, cuando se suele hablar de autogestión.  Se le suele alabar como un instrumento que poseen los sectores populares para desafiar las crisis económicas, o bien se pone énfasis en que este dispositivo descentralizado es tanto o más eficaz que las megaempresas capitalistas para cumplir funciones productivas.  Pero como no suele existir perestroika completa si no la acompañaba un soviet fraternal y su glasnot solidaria, creo que es pertinente escribir sobre ella, en tanto organizadora de la autonomía humana y constructora de una libertad auténticamente digna.

En esta dirección, la autogestión representa la continuidad de la antigua demanda humana de libertad, como opuesta a la historia de la humanidad en tanto sucesivas postas de dominaciones de unos sobre otros.  Para ello deberemos hablar de la autogestión y sus vínculos con la distribución simétrica del poder, con la distribución igualitaria del trabajo y las posesiones sociales, y con la posibilidad de que constituya un medio para que el ser humano se libere del reino de la necesidad económica y pueda desarrollar capacidades humanas aún débilmente experimentadas.


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1 Tal es el caso de Pierre Rosanvallon.

2 “Sindicalismo argentino y autogestión”, en La Ciudad Futura, N° 8-9.

3 El riquísimo historial de las experiencias anarquistas y socialistas de principios del siglo pasado, en campos tan distintos como la pedagogía, la organización sindical o las sociedades de socorro mutuos son ejemplos cabales de autogestión.


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La democracia autogestionaria
Podemos definir básicamente a la autogestión como un modelo de organización social que se fundamenta sobre la posibilidad de que los propios habitantes o constructores de la organización decidan sobre las modalidades en que el organismo será gestionado.  Esta forma de democracia directa, que implica la presencia en el lugar a fin de poder representarse a uno mismo, se encuentra tan alejado del domino estatal-burocrático sobre la sociedad, como del poder omnímodo de las megaestructuras capitalistas, y tanto define a un grupo de pocas personas organizadas en forma horizontal, como a un hipotético modo de producción autogestionaria, si nos permitiéramos apropiarnos momentáneamente del concepto acuñado por Marx y pensándolo como el extremo utópico de una sociedad sin desigualdades.  En tanto sinónimo de autogobierno, se trata de una práctica social que testifica que los esqueletos jerárquicos son estructuras inapropiadas (teniendo en cuenta su eficacia para gestionar una sociedad en libertad) para construir u organizar a la sociedad.  Por lo tanto, “el primer ámbito fundamental de autodeterminación colectiva no puede ser otro que la unidad asociativa elemental como el primer y fundamental ámbito de la libertad, no puede ser otro que el individuo y esta unidad debe ser a medida de asamblea.”  (Bertolo; 1986: 4), y ello exige una descentralización general de las funciones hoy gestionadas por el aparato estatal o por megaorganizaciones privadas, a fin de hacer máximo el apogeo de la sociedad civil.

El objetivo es que la sociedad se apropie de sí misma y no permita que sus asuntos sean gobernados por instituciones que tiendan a exteriorizarse de su base transformándose en vértices privilegiados.  En este sentido, el problema de la dimensión es vital para estos experimentos autogestionarios:   nunca deben sufrir explosiones “demográficas” porque inevitablemente perderán control sobre sus propios asuntos.  Es necesario diferenciar tajantemente estas prácticas del discurso liberal que solemos conocer:  no se trata de privatizar al Estado, sino de que los medios de gestión y de producción en la sociedad los administren los propios interesados en tanto propiedad social.  Un riesgo simétrico al liberal es el afán jacobino de la izquierda que ansia los vértices de la pirámide confiando en transformar al poder santificándolo en vez de renunciar de una vez por todas a él.  De esta manera, al colocar la tarea gestionadora en las administraciones locales, los municipios y en la especificidad de las diversas organizaciones de base que nos podamos imaginar, estaríamos forjando una sociedad descentralizada que necesariamente impide la planificación centralizadora:  ni plan económico general, ni decisiones políticas exteriores a los intereses de la base social o incluso planificación urbana que trate a una ciudad como una totalidad sin idiosincrasias locales.  La regulación solo es posible en un nivel local, necesariamente descentralizado, cuyos habitantes conocen mejor que cualquier experto las problemáticas que les conciernen.

La autogestión no es un fin en sí misma, sino más bien un instrumento que permita pedagogizar a sus miembros en la máxima libertad posible:  en la democracia directa.  Cuando se la acepta como un fin, se adopta una perspectiva muy limitada como visión de los asuntos humanos, si en cambio se la admite sólo como un medio, se transformará en una “técnica” que intenta racionalizar la producción y las opciones sociales.  Es por ello que es peligroso enfatizar su hipotética eficacia en tanto administración de la producción; este discurso de la eficiencia que ha plagado los actuales programas políticos oficialistas u opositores, debe ser ajena a la autogestión, la cual probablemente sea un instrumento adecuable solamente a otra estructura de necesidades de la población.  Se trata más bien de la posibilidad de experimentar, construyendo formas organizacionales que son extrañas a principios burocratizantes o a intereses sectoriales:  es la organización de la vida colectiva sobre nuevas bases igualitarias.  Afirmar esto es pertinente porque no podemos soñar con organismos de este tipo que sean “eficaces”:  el aprendizaje de la libertad, el apropiarse de la propia capacidad de decidir, de la propia vida y cuerpo, implica escaparse tanto de una ontología economicista-productivista, como de una programática estatista-autoritaria, para situar el acento sobre la ejercitación experimental de la autonomía.  El celo puesto en el crecimiento productivo o el desarrollo económico de un país ignora que los fundamentos humanos son del orden de lo afectivo, lo erótico, lo lúdico.  Una sociedad autogestionaria podría reclamar un tipo de modelo económico que si bien no reduzca el crecimiento, al menos no se sienta obsesionada por ello.  El gran proyecto de una sociedad futura debe ser liberar a lo humano del trabajo, del reino de la necesidad y proporcionarle a éste un peso específico menos en la cantidad de actividad socialmente necesaria para gestionar las relaciones sociales.  La autogestión es un medio para construir una estructura de necesidades (y de ser habitada por estas mismas necesidades) donde el ocio, los placeres, el desarrollo de las capacidades afectivas y creativas de los humanos constituyan la medida ontológica-antropológica y no el nivel de eficacia productiva o administrativa.  Recordemos que el stajanovismo fue el vicio simétrico del taylorismo.

La pirámide y el círculo
Cuando pienso en una sociedad autoorganizada me remito a una sociedad que no posee reglas de constitución y dictaminadas desde organismos encargados de velar por la “salud” de la base social desde una dimensión superestructural, pero, asimismo es una sociedad que no conoce una prescriptiva legal o moral que sancione a los comportamientos que se desvíen de tales normas.  Llegamos al problema fundamental que la autogestión trata de resolver:  en la historia de la humanidad, la distribución asimétrica del poder ha sido la regla por excelencia que ha organizado las sociedades; en los momentos históricos convulsivos, cuando la base social se sublevaba contra ese poder dividido, inmediatamente se instauraba otro poder cayendo presa de los apremios estructurales que son inherentes a las formas piramidales, aún contando con las más sanas intenciones imaginables.  La autogestión debe pertenecer al orden de lo contrainstitucional, de aquello que lucha permanentemente contra las fuerzas instituidas y las instituyentes de nuevos poderes y que defiende tenazmente la plena capacidad decisoria de la base social.  La asunción de que es el ejercicio asimétrico del poder, la existencia de poder delegado por los individuos y la ideología de la necesidad de las jerarquías y de la autoridad (obviamente son los políticos aquellos que más están convencidos de esto, porque justamente legitima su función) lo que impide a la sociedad buscar sus propias reglas de autoconstitución, nos permite afirmar que la faena política de la autogestión consistirá en desactivar los instrumentos u organismos de imposición e instrucción de comportamientos y decisiones a fin de acabar con los grupos privilegiados que establecen reglas y se ocupan de hacerlas cumplir.

Lo anterior sugiere que las obligaciones deben ser reemplazadas por acuerdos operativos entre los miembros, sin duración obligatoria y con alta capacidad de reordenamiento en caso de ser necesario.  Cierta regularidad en algunos acuerdos será necesaria en los niveles de coordinación supralocales o regionales y a la vez deben construirse ciertas reglas prácticas que permitan la rápida reorganización de sistemas y dispositivos que se demuestren inadecuados.

Al definir al ejercicio del poder como la problemática fundamental que la autogestión enfrenta, estoy afirmando que es un error entender al Estado como referencia central del problema:  el Estado no es reflejo del poder de clase burguesa, aunque tampoco necesariamente su opuesto.  Pero aún si pudiéramos imaginar “achicado”, cuasi desaparecido o descentralizado y eliminados los mecanismos de expropiación de plusvalía, podríamos no estar resolviendo el problema de la distribución asimétrica del poder, que no solamente antagoniza a las clases sociales, sino que, también, permite la dominación de los adultos sobre los niños, las desigualdades étnicas, sexuales, etc.  Por ello, más que hacer un análisis de estructuras, de sistemas totales o buscar afanosamente los ejes de constitución de toda la sociedad, se hace imperioso analizar a las propias organizaciones e instituciones en donde  surgen problemas en actos electivos o de ejercicio de poder.

Ciertas invariantes le son necesarias a los mecanismos autogestionarios:  la rotación permanente en los lugares de liderazgo, la falta de división jerárquica de los puestos de trabajo, la máxima transparencia informativa, a fin de que todos puedan manejar la misma información en el momento de optar, la propiedad colectiva de la producción social, la ausencia de desigualdades o discriminaciones.  No obstante, las matrices autogestionarias deben posibilitar la máxima libertad para experimentar inventando nuevas formas decisorias, o de distribución del trabajo.  Lo fundamental es transformar los modelos de toma de decisiones de estilo centro-base o centro-periferia, hacia un organismo autogestor que sea el centro de las relaciones y decisiones que le conciernen:  la emancipación no debe ser delegada en nadie.  Algunos experimentos realizados por Heinz Von Foerster4 muestran que cuando un grado de desorden es introducido en grupos acostumbrados a una organización rígida y liderada, se ingresa a etapas de desintegración grupal, mientras que grupos autoorganizados sobre el modelo autogestionario, sometidos a grados de desorden más intensos que los acostumbrados son capaces de seguir operando, porque poseen una alta capacidad para reorganizar sus estados internos.

Estamos tan acostumbrados a que otros decidan por nosotros, a la existencia de la autoridad, al privilegio decisorio de la palabra del “experto” (que suele hacer una ecuación equivocada entre un saber específico y el poder de decidir a partir de este saber), y que distintas posiciones estratégicas sobre un mismo tema se resuelvan excluyendo algunas de las dos posiciones, de manera que la distribución igualitaria al poder en las nuevas organizaciones deberá parecerse más aun proceso de aprendizaje de la democracia directa, que a un decreto distributivo.  Pero, aunque el igualitarismo deberá ser la matriz solidaria y democrática que le es imprescindible a la autogestión, no puede ser sinónima de ausencia de diferencias humanas:  muy por el contrario, una sociedad autogestionaria deberá poseer el máximo de diversidad de costumbres, preferencias, modelos afectivos, eróticos, vocacionales, de modos de producción (individuales, comunitarios, colectivistas, cooperativistas):  una sociedad libre es una sociedad compleja que permite el incremento de los grados de barroquismo social, a fin de que la novedad social y la multiplicación de posibilidades de opción sean la regla y no la excepción. No se trata de una sociedad que se instituye de una vez para siempre, sino que experimenta sobre sus mismas virtualidades:  el problema estriba en cómo vincular adecuadamente la descentralización completa a nivel micro local con plena capacidad de decisión con las formas regulativas necesarias que deben coordinar las autogestiones regionales.

Al ser pensada como una nueva forma igualitaria para regular el ejercicio del poder (especialmente en la práctica colectiva de las decisiones) se intenta resolver la separación tradicional entre dirigentes-dirigidos, y la creciente autonomización que suponen los poderes delegados a través de la participación personal en las asambleas decisorias.  La autogestión solo es viable si opera a través de la máxima libertad de pensamiento y de expresión, a fin que ninguna opinión pueda quedar insatisfecha.  Por ello, la relación entre medios y fines es fundamental, porque no cualquier método sirve para constituir organizaciones libres; la elección de los fines condiciona ineludiblemente a los medios a utilizarse; la autogestión contienen inherentemente a la libertad.

La incapacidad de pensar al poder como verdugo de la libertad, ha encandilado a sucesivas generaciones de intelectuales y políticos con la posibilidad de utilizar el poder piramidal para favorecer al pueblo.  Hoy sabemos que es necesario inventar mecanismos que neutralicen la posibilidad de que un sujeto o grupos social sea afectado en su autonomía.  La imagen geométrica del círculo es más adecuada como modalidad de potenciar estructuras libertarias:  la asamblea y el pequeño grupo, como lugar de elaboración de decisiones y el consenso a partir de condiciones igualitarias, como modo de elaboración de decisiones; por otra parte en lo que concierne a la naturaleza de las decisiones debe prestarse atención a “las condiciones de posibilidad de un tipo de decisión cuyos efectos solo comprometan y afecten a los que consienten a ese proceso decisorio, es decir, cuyas consecuencias sean controladas y selectivas, a fin de que sea un tipo de decisión que no hiciera participar en sus consecuencias, incluso indirectas, a aquellos que no lo desean.”  (Ibáñez; 1983: 121).  La libertad de un sujeto debe estar medida por su capacidad para practicar su autonomía y para multiplicar sus opciones:  estas opciones no deben entenderse solamente como transparencia informativa o como plena capacidad de decisión, sino también a la posibilidad de cambiar y despistar de los circuitos de recorrido rutinario de los sujetos, contemplando de esta manera la movilidad espacial de un sujeto por todo el territorio social (intersectando a través de distintas vocaciones, identidades, placeres, trabajos, grupos, etc.)  En nuestras sociedades, ya desde la familia o la escuela primaria, las informaciones suministradas a los sujetos, resultan ser instrucciones que moldean y determinan las identidades, construyendo los propios criterios decisionales del sujeto.  La tarea de una pedagogía de la libertad supone potenciar la autoestima de los individuos, reforzarles sus propios criterios éticos de comportamiento en contra de las obligaciones morales generales, y permitirles estar alerta cuando los individuos tengan el sentimiento subjetivo de que su libertad está siendo limitada o manipulada.

Aún cuando asegura mayores grados de participación y autonomía, los organismos autoadministrados no implican la ausencia de conflictos.  Soñar con inmóviles paraísos libertarios donde el amor todo lo puede, es el privilegio de un dios totalitario; por el contrario, vivir es sostener una tensión improbable con nuestras condiciones de existencia y la autogestión no es una pócima mágica que todo lo resuelva.  Lo único que la autogestión puede asegurar es que las divergencias conflictivas  consigan llegar a un punto óptimo de consenso e impidan que aquellos disconformes con las decisiones se separen de la organización.  En la historia de Occidente, lo múltiple siempre ha sido reducido a lo uno, en la historia a ser escrita de la autogestión los unos conviven en lo múltiple sin intentar llegar a una unidad monoteísta.  Por todo esto, decimos que la autogestión deberá pensarse como ligada indisolublemente a la conducta solidaria de los miembros y a la búsqueda intensa de las formas más libertarias posibles:  no vincularlas implican caer en otro tecnicismo más en donde se transforma en un instrumento para producir industrialmente, aunque en forma micro local:  perestroikas sin glasnost.


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4 Self administration systems, Berkeley Press:  1985.


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Las tecnologías apropiadas
La distribución desigualitaria del trabajo, el trabajo obligatorio no vocacional, las escalas estratificadas de sueldos, las tareas socialmente prestigiadas:  estas son algunas de las lacras heredadas por nuestra sociedad.  La autogestión permite, en primer lugar, poder participar en la planificación y organización del trabajo, poder de decisión sobre las modalidades de producción (qué se va a producir, cómo, con qué criterio de necesidades sociales, etc.) y apropiación colectiva de la producción.  Pero, además, el reparto equivalente de las responsabilidades instituyendo criterios de rotación y revocación a fin de que todos puedan ejercitarse en los lugares de responsabilidad.  La rotación de tareas o el trabajo social obligatorio, pero sobre todo la construcción de una sociedad a escala humana (como una novedosa estructura de necesidades y con modalidades de distribución laboral que no obliguen a sus habitantes a realizar tareas que les disgustan) es lo que permitirá concluir con la milenaria y desigual dupla trabajo directivo-trabajo de ejecución.  Esta integración del trabajo manual y del intelectual, ejecutivo y organizativo, evitará la adopción de escalas salariales separadas por abismos e impedirá la obligación actual que tienen las clases desposeídas de hacer los trabajos desagradables y penosos.  Pero, sobre todo, al desestimar a las pirámides como modalidades de organización social, se desactivará también la carrera desesperada por llegar a ser “alguien” en la sociedad, por llegar alto hasta niveles de consumo de bienes onerosos:  la estética de las uñas y de los dientes.

Ninguna tecnología material o tekhné mental o afectiva es neutra:  se adecuan al modo de producción o a la formación social de poder existente.  Las finalidades sociales perseguidas por la autogestión precisan asimismo de instrumentos adecuados:  no existen reactores atómicos humanistas, por más que puedan autoadministrarse o fábricas de armamentos progresistas autoorganizadas, ellas son intrínsicamente inadecuadas para una sociedad libre.  Todas las herramientas sociales, tecnológicas, mentales o afectivas y las de gestión y administración de organizaciones, deberán poseer un carácter “blando”, lo cual no representa una petición de principios, sino el convencimiento de que un hipotético modo de producción autogestionario exige instrumentos sociales que no le sean neutros.  Es probable que ciertos imperativos técnicos que se usan actualmente en el Estado y la industria, favorezcan la división jerárquica del trabajo:  la autogestión deberá proporcionar algo parecido a las “herramientas convivenciales” de Iván Illich o los “instrumentos polifuncionales” de Murria Boockhin.  Todo software a utilizarse deberá ser no centralizador y servir solo para interconectar necesidades locales.

Aquellos que supongan que los fines justifican los medios caerán en la paradoja mencionada por Pierre Rosanvallon:  “Quería el socialismo, encontrará la tecnocracia; quería la igualdad, hallará la jerarquía; quería la autogestión, topará con la burocracia; quería comprender, hallará una jerga; quería una comunidad, hallará ciudades-dormitorios; quería trabajar con alegría y tendrá que conformarse con la monotonía abrumadora.”

El regionalismo, habitat de la libertad
La división territorial adecuada a la autogestión es la separación por regiones definibles a partir de idiosincrasias étnicas, históricas, culturales, geográficas que les sean comunes.  El objetivo es construir modelos regionales de administración social; pueden ser municipios, barrios, ecosistemas provinciales, comunidades locales o incluso asociaciones de consumidores:  las cuales, a su vez, se intersectan en distintos dominios de interés.  El problema de la dimensión es clave, a fin de construir conjuntos sociopolíticos solo administrados por grupos locales:  es imposible construir sociedades libertarias de millones de habitantes o empresas de producción con miles y miles de empleados, inevitablemente se producirá una exteriorización del poder delegado y comenzarán a instituirse formas burocráticas y estatizadas.  Pierre Clastres ha investigado desde al etnología los procesos tribales en los cuales las explosiones demográficas o la creación de organismos privilegiados (guerreros, liderazgos permanentes) guían el camino hacia la división jerárquica de la sociedad.

Las economías a escala la urbanización comunitaria de las ciudades, la descentralización del poder, la “desurbanización” de las macrociudades deberán insertarse en estructuras regionales construidas a partir de identidades ya sedimentadas, evitando la creación artificial de “unidades nacionales” que solo terminan produciendo una balcanización bélica, o la interminable desdicha africana intertribal o bien una complejización desordenadora del territorio que es resuelta manu militari.

La desaprobación redistributiva
La autogestión supone la propiedad social o individual (dependiendo si son formas de producción colectivas o individuales) de los medios de producción, lo cual no quiere decir nacionalización o estatización de la economía.  Esta propiedad social está atravesada por su consecuente planificación democrática.  Pero el asunto es más complejo, porque si bien podemos definir a una empresa como todos aquellos que en ella trabajan, lo que hay que expropiar son también procedimientos de fabricación, sistemas de organización laboral, dispositivos de información, modalidades de ejercer la autoridad, modos de relacionarse afectivamente en los lugares de trabajo, es decir, no se puede expropiar una estructura material que en nuestras sociedades solo genera desigualdad y alineación:  es necesario mutar su naturaleza.  Rosanvallon está en lo cierto cuando afirma que hay que arrancar a la fábrica el monopolio de la producción de bienes y reemplazarla por una miríada de formas de producir (incluso por algunas hoy consideradas anacrónicas) que deben coexistir a fin de distintas modalidades de inserción en organizaciones autogestionarias.  En otras palabras, desarrollo económico y producción industrial no es lo mismo.

Por otra parte, es necesario apropiarse de todo un saber experto sobre la gestión de la producción o la sociedad, a fin de evitar el monopolio de los expertos:  esto implica, por un lado, separar el saber específico de una persona de su capacidad de decisión, que no son sinónimos, y por otro lado, construir formas organizativas y productivas que no precisen de una capa de expertos.

En principio, la autogestión se opone a la propiedad privada, mas no a la propiedad individual.  La práctica de la autogestión disuelve hasta sus últimas consecuencias la ideología de la propiedad:  todos-nadie es dueño-propietario de los medios de producción disolviéndose así el dominio.  En América Latina las posibilidades de instituir una autogestión generalizada son remotas todavía, pero no se deberían impugnar, mas bien alentar todo tipo de experiencias que instituyan un tejido de organismos autogestionados, tendiendo a desapropiar y redistribuir las posesiones sociales y el ejercicio del poder en una modalidad igualitaria.  Las estructuras monopolistas y transnacionales del capitalismo tradicional y las empresas que concentren sus estructuras productivas están asimismo en vías de extinción:  la descentralización empresarial y productiva parece resultar más eficiente en esta etapa de la reproducción del Capital.  Probablemente vamos a conocer numerosas formas de autogestión que abarcan desde las micro unidades empresariales hasta sistemas de cogestión obrero-empresariales.  Poseer cierta cuota de autogestión al interior de sistemas autocráticos o “establecer un tercer sector cooperativista de la economía dentro y por debajo de los otros dos sectores hegemónicos y verticalistas.”  (Guiducci; 1980) pueden resultar coartadas para dominar por otros medios, pero no debiera impugnárseles totalmente por cuanto pueden llegar a anticipar experimentando formas más libertarias de gestión.  Estas formas son más convenientes cuando la apropiación por la base se realiza a nivel de organismos barriales, municipales, comités escolares y sanitarios o asociaciones basistas.

La metamorfosis cultural
Si uno pensara en un sistema de experimentos autogestionarios federados y generalizados, inevitablemente debe pensar en cómo llegar a conseguirlo.  Hay una sola respuesta, la autogestión es una mutación de la racionalidad dominante en nuestras sociedades:  por ejemplo, para que los habitantes puedan autoorganizarse es preciso que se desprestigie el concepto de autoridad, que ocurra una mutación simbólica hasta ahora desconocida por la cual los sujetos humanos desconfíen de mesías, Estados benévolos o en la necesidad de niñeras institucionales.  Esta mutación simbólica produce a la vez cambios materiales en el mundo de la producción, la familia, las relaciones de pareja, etc.  La competencia es otra de las muchas prácticas conductuales (consumismo, rencor, culpa, sexismo) que deben sufrir una transformación a fin de que la cotidianeidad social genere isomorfismos igualitarios entre los miembros de los organismos institucionales o los grupos autoadministrados.  La comunicación a partir del conocimiento mutuo entre los miembros (sin referirnos con esto a las habermasianas transparencias comunicativas o a cualquier beata ideología de las “buenas ondas”) debería ser un modelo relacional ideal, aunque no debe suponerse por esto, la utopía de la comuna maternal y autosuficiente:  las obligaciones morales que solemos conocer, ya que los espacios de libertad deben ser cuidados permanentemente, así como se debe proteger a todos los que no quieran organizarse autogestionariamente o a los pocos gregarios.  Lo fundamental es la creación de un tejido social intrincado y superpuesto en distintas dimensiones por múltiples formas de asociaciones, mutualidades, afinidades, autogestiones:  un palimpsesto descentralizado.

Un presupuesto fuerte es que la minimización u obsolescencia de las instituciones verticales y autoritarias permitirá que afloren todas las capacidades y potencias creativas de los individuos y de la comunidad.  A salvo de vicariatos e instructores institucionales, la ontología comunitaria subsiguiente es una tarea social “heroica”:  la autotransformación del propio mundo de la vida.

Los debates sobre los procesos de transición hacia sociedades más libres suelen enfatizar esos momentos agitados de la historia que son los acontecimientos insurreccionales, olvidando la lenta y casi sorda preparación de diversas prácticas sociales alternativas y a los cambios de mentalidad que van sedimentando una tierra fértil para expandir estas mismas prácticas novedosas.  La construcción de una cultura más democrática, antiautoritaria y dispuesta a admitir en forma general los ideales autogestionarios germina en el mismo seno de una sociedad aún desigualitaria.  No es posible colocar como condición sine qua non a la”revolución”, porque se estarían impugnando los actuales experimentos autogestionarios (las pequeñas empresas, las cooperativas barriales, las comunidades de producción y vida en común, etc.):  la cultura es la que cobija el acontecimiento y no el evento estelar el que funda a toda una época:  la lenta pedagogía libertaria que deberá permear en nuestro pueblo antes que podamos realizar plenamente la máxima libertad que implica el aprendizaje y práctica de las técnicas mentales, afectivas y materiales adecuadas a una sociedad autoadministrada.  Esa sociedad no puede ser construida por decreto de un Estado revolucionario o por gobiernos que decretan modelos institucionales de autogestión reglamentados por ley; tan solo puede ser generada por la cultura actual, experimentando en las condiciones locales de asimilación de estos dispositivos igualitarios.  Las epistemologías de la dominación se han fundamentado en la incapacidad de poder pensar por fuera de la unidad y contra el poder; la emergencia y consolidación de las jerarquías fue acompañada de la división social económica en clases, por la distribución asimétrica del poder y por el uso de tecnología jerarquizadora; la economía humana de las necesidades medida solamente por la satisfacción del hambre o la mera autoadministración eficaz de los bienes institucionales o empresariales debe ser superada por una sociedad más lúcida, más creativa, más libre.

La autogestión debe ser a la sociedad como lo que la virtud, la ética y la bondad de corazón son al ser humano íntegro.

Bibliografía
Bertolo, Amadeo.  La gramínea subversiva:  la autogestión.  Revista Comunidad, N° 54/55, Estocolmo, 1986.

Bookchin, Murray.  Ecology of freedom.  The emergence and dissolution of hierarchy.  Cheshire Books, Palo Alto, 1982.

Guiducci, Roberto.  Autogestión y división del trabajo.  Revista Bicicleta, número especial sobre Autogestión, Barcelona, 1980.

Ibáñez, Tomás.  Poder y libertad.  Estudio sobre la naturaleza, las modalidades y los mecanismos de las relaciones de poder.  Ed. Hora, Barcelona, 1982.

Illich, Iván.  La convivencialidad.  Ed. Barral, Barcelona, 1972.

Lapasssade, Georges.  Grupos, organizaciones e instituciones.  La transformación de la burocracia.  Ed. Gedissa, Barcelona, 1977.

Lourau, Rene.  El Estado y el inconsciente.  Kairos, Madrid, 1980.

Lourau, Rene.  Autogestión e institución.  Revista Fahrenheit 450, N° 1, Buenos Aires, 1986.

Rosanvallón, Pierre.  La autogestión.  Ed. Fundamentos, Madrid, 1979.

Varios autores.  Crisis, autogestión y nuevas formas de producción social.  En La Ciudad Futura, N° 8/9, diciembre, 1987.

Varios autores.  La autogestión, el Estado y la revolución.  Ed. Proyección, Buenos Aires, 1969.

Varios autores.  Interrogations sur l’autogestion.  Atelier de creation libertaire, Lyon, 1979.

Varios autores.  Revista Volontá, número especial sobre la autogestión, Milán, julio/octubre 1979.



Autogestión y autoritarismo

Comunidad del Sur

Bases para una sociedad autogestora
• En lo económico social:

En general, la cuestión económico social debe decidirse con un doble criterio:  el de la emancipación del hombre en el plano de la creación o la creatividad, y el de la justicia en el plano del consumo y reparto.  Como productor, el hombre debe reclamar su libre y responsable iniciativa en la contribución diaria al acervo común.  La liberación y también la eficacia humana, resultan primordialmente de la responsabilidad creativa al nivel del trabajador mismo.  El reparto debe adecuarse a las necesidades, entre hombres desprovistos de poderes para imponer desigualdades.  En consecuencia:  trabajo humanizado por autogestión productora, contra trabajo enajenado. 
La socialización es dar a los medios instrumentales de producción su destino natural, como herramientas de los grupos que las operan.  Esos grupos “a necesaria escala humana” – son los núcleos intermediarios y autónomos en que han de ubicarse y desarrollarse solidariamente en el plano productor – las potencias de los hombres.  En consecuencia:  socializar es atribuir a tales grupos la disponibilidad de sus útiles, contra cualquier expropiación – ostensible o disimulada – a favor de clases privilegiadas, tecnócratas o aparatos políticos. 
La planificación debe ser el programa colectivo, dictado por la voluntad política de la comunidad, en vista del bien común.  Propuesta – no impuesta – a la espontánea colaboración de hombres y grupos.  En consecuencia:  la planificación de información o indicación, contra despotismo planificador y contra centralización subrepticia en el neo-capitalismo de grandes unidades. 
En la perspectiva revolucionaria, el desarrollo económico es una de las dimensiones de la tarea mayor de promover al hombre.  Considerar aquél desarrollo como fin en sí, es una actitud reaccionaria, cualquiera sea su origen, en cuanto procura facilitar con mejoras de consumo relaciones de servidumbre. 
En esa misma perspectiva, la función educacional debe perseguir el desarrollo del espíritu creativo de todos y su inserción en la vida social, por responsabilidad comunitaria sin egoísmo competitivo.  Y debe fomentar la libertad esencial de la cultura.  En síntesis:  dotar al hombre para resistir cualquier “miedo a la libertad”. 
• En lo político-social:

Estructurar la sociedad a partir de los agrupamientos básicos de la misma, buscando la participación más activa de sus integrantes y eliminando el dominio político de unos sobre otros. 
Administración descentralizada de los intereses sociales, en un sistema dinámico y de control directo por parte de los directamente involucrados. 
Organización federalista en el conjunto de los problemas de la sociedad, integrándose a distintos niveles y por actividad. 
Supresión del militarismo, no solo por lo que significa como creador de un espíritu autoritario, nacionalista y como elemento opresor, sino también por la carga económica. 
Búsqueda de formas de relación, coordinación e integración con los pueblos hermanos de América Latina, para solucionar problemas comunes en un orden regional o continental o mundial, destruyendo las fronteras estatales autoritarias, unívocas y rígidas. 
 
La autogestión como medio
Al plantearnos la autogestión lo hacemos a dos niveles:  como medio y como fin.  Aunque estos están íntimamente relacionados, en el sentido de que los medios tienen que estar empapados de los fines y que estos sean consecuencia de los medios, ya que es difícil imaginar que la libertad pueda ser consecuencia de la negación de la misma.

El problema actual está en encontrar y dar vida a formas sociales que consagren el protagonismo de todos, es decir, que ha de ser posible que todo hombre asuma la responsabilidad de su quehacer social en condiciones de libertad creadora.

La autogestión como medio de transformación social se basa en el principio de que toda acción político-social reposa en una interacción creativa entre hombres agrupados.  En ella se originan las ideas, se seleccionan y depuran, se toman las decisiones y se las lleva a la acción.

Al plantearnos la autogestión como una forma de transformación que ya se puede concretar ahora y aquí, postulamos nuestra creencia de que la manera de destruir radicalmente un tipo de organización y relación es reemplazándola por estructuras diferentes.  La creación de un orden nuevo es lo que puede destruir a fondo el antiguo estado de cosas.  Esto no excluye las etapas.  Pero sí debe haber un modo de organización transitorio:  es necesario que este haya roto con el viejo espíritu y el viejo tipo de relaciones, que la organización se haga fuera de toda orientación centralista y autoritaria.  Para ello se necesitan condiciones elementales:  hombres preparados en la iniciativa, en la gestión colectiva; organizaciones sociales activas y eficaces, bien ligadas los unos a las otras, capaces de tomar el relevo para responder a las necesidades de la hora y para echar bases sólidas de una sociedad socialista y libertaria.

Sintetizando, la autogestión como medio de transformación promueve relaciones diferentes entre los hombres.  Y la tarea es crear desde ahora, organismos autogestores que reanimen la vida social, familiaricen a los hombres con los problemas socio-económicos y que puedan en un momento de ruptura, convertir esto en revolucionario y constituir la base de la nueva organización social.

Todas estas disponibilidades han sido históricamente negadas al predominar la explotación del hombre por el hombre, dando lugar al acaparamiento por parte de unos pocos, del poder político y económico.  La técnica de la administración se ha basado, en consecuencia, en el centralismo, siendo su resultado inmediato, la burocracia.

El centralismo
Lo característico de la centralización es que todos los conductos, entre la cúspide, donde mora el poder político y económico y la gran base social, solo son vías de captación y dirección a disposición de aquella.  Los hombres de la base están privados de toda forma de control y responsabilidad; han quedado limitados a la tarea de encontrar y conservar su pequeño sitio de usufructo dentro del inabarcable aparato.  Se desarrolla en ellos una óptica individualista; poseer más y más cosas, consumir más, llegando a lo que decía Marx:  “el lugar de todos los sentidos físicos y mentales ha sido usurpado por la autoenajenación de todos estos, por la sensación de poseer.”  “La propiedad privada nos ha vuelto tan estúpidos e impotentes que las cosas solo llegan a ser nuestras si las tenemos, o sea si existen para nosotros como capital y las poseemos, las comemos, las bebemos, esto es, las usamos.  Somos pobres a pesar de nuestra riqueza, porque tenemos mucho pero somos poco.”

Esta enajenación del individuo hace que no pueda concebir un mejoramiento de su condición más que a través de caminos individuales.  La orientación del aparato (centralista y burocrático) es fomentar el consumo individual, impidiendo la creación de una conciencia colectiva, desviando hacia la esfera individual la satisfacción de todo tipo de necesidades.  Se convierten así, en vías de evasión y de repliegues sobre la esfera privada, que son satisfechas de buen o mal grado por el sistema, a los efectos de no tener que hacer concesiones más fundamentales (de orden político) o para impedir la politización de los descontentos.

Resumiendo entonces, podríamos decir que las consecuencias de una organización social piramidal, es que el individuo es despojado de toda posibilidad real de decisión, tanto en la esfera del trabajo como en todas las demás esferas de la vida.  Y como consecuencia se da el repliegue a la esfera privada, sentido como única esfera de soberanía.

Crítica a la autogestión como medio
Al igual que los individuos, los grupos se escapan a la influencia esterilizante de la situación social y política actual.  Esta esterilización se puede expresar en la integración al régimen o al aislamiento.  Por un lado, la integración al régimen se da por el abandono de los valores que la motivaron.  Al nivel del trabajo ha significado que muchas empresas se hayan reducido a atender las necesidades de sus integrantes, pero determinadas por el régimen dominante.  Facilitan de esa manera la ascensión en la escala social, pasar de la condición de obreros a pequeños burgueses, con todo lo que eso significa como afirmación de los valores del sistema.

Otro tipo de autogestión, la acción directa de los sindicatos, ha perdido poco a poco su postura revolucionaria de que “tienen que ser lo obreros lo que guíen el tren”, como dice la Internacional, para pasar a una lucha reivindicativa puramente económica, que asimila a los obreros al régimen a través de un mejoramiento del “nivel de vida!.  De la toma de las fábricas se ha llegado a la franca colaboración con el mejoramiento de la maquinaria del régimen.

Otro peligro importante es el aislacionismo, que lleva a los grupos aislados a cerrarse, alejándose del resto de los movimientos que persiguen los mismos fines, tratando de lograr un estéril perfeccionamiento interno y creyendo que es posible llegar a una sociedad socialista y libre, por mera agregación de individuos a las pequeñas comunidades formadas dentro del sistema capitalista.  Olvidando lo que señalaba Kropotkin:  “Cada intento socialista de variar las actuales relaciones entre capital y trabajo será un retroceso, si descuida la tendencia a la integración.”

Tenemos que entender que la autogestión no es solo una forma de organización que se da en pequeños grupos específicos (cooperativas, comunidades) sino una forma de encarar los problemas comunes en todo momento y en cualquier lugar.  Entendida como una respuesta vital y significativa, como un asumir la total responsabilidad por sí mismo y con los demás, es la tarea aquí y ahora, en las fábricas, en los centros de estudio, en los barrios, allí donde la gente se encuentre y comparta sus necesidades o problemas.  La extensión y profundidad de sus logros dependen de muchos factores, pero tanto como realización, como proyecto, nace en todo intento humano por eliminar intermediarios, parásitos o estructuras sobreimpuestas.

Se anota otro peligro de desviación o desvirtuación.  Las experiencias aisladas, en su intento de sobrevivir en la hostilidad ambiental, pueden caer en pautas autoritarias o en estructuras jerárquicas, que vuelvan a empobrecer la realidad social al reponer en manos de técnicos o administrativos, lo que debe ser tarea de todos:  la orientación y gestión más general y determinante.

http://www.asambleadelpueblocr.org/documentos/laautogestion.html</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Dossier:  La autogestión</p>
<p>La definición de la autogestión por Franz Mintz<br />
Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía por Cristian Ferrer Toro<br />
Autogestión y autoritarismo por Comunidad del Sur </p>
<p>La definición de la autogestión</p>
<p>Franz Mintz</p>
<p>2006 señala a la par el aniversario de la revolución española (1936) contra el capitalismo y el de la insurrección húngara (1956) contra un gobierno pretendidamente obrero.  Más que una narración descriptiva histórica, nos interesa la aportación que podemos sacar para hoy día.  ¿Qué palanca puede acelerar la revolución?  El partido izquierdista parlamentario, la guerrilla, el sindicalismo, los atentados y la represión, la actitud ética ejemplar, la fe y el bajo clero, serían la panacea que sustentan múltiples ideologías, como el anarquismo, el catolicismo, el liberalismo y el marxismo (por orden alfabético).  En lugar de partir de la teoría, de los silogismos propagandísticos, vamos a arrancar de la realidad, dejando sentadas de paso nuestras convicciones, sin ocultar las insuficiencias ni los argumentos contrarios.</p>
<p>Los padres educan a sus hijos para que aprendan a vivir.  La sociedad forma a los ciudadanos para que obedezcan y trabajen, pero no les enseña ni les prepara para administrar las instituciones.  Las clases dirigentes se reservan esa función y la hacen para imponer sus propios intereses.  Así se van repitiendo los escándalos de sobornos y corrupciones, incluso en los países de tradición democrática.  A fines del siglo pasado hubo una cadena de sobornos ministeriales y de altos dirigentes en la casi totalidad de los países industriales y de los países subdesarrollados.  Los escándalos salpicaron a la mayoría de los Estados:  Francia, Alemania, Estados Unidos.  Tampoco brindaron, en aquel momento, una impresión muy diferentes los estados del agonizante socialismo realmente existente.  En China, ni el maoísmo ni el período actual han puesto punto final a los casos de explotación, corrupción y sobornos.</p>
<p>En todos los regímenes, los ciudadanos están al margen de las decisiones políticas y económicas fundamentales, sin control real.  Por eso se sucederán aún durante mucho tiempo los sobornos y las corrupciones, y hasta se presentan como normales:  “Un cierto nivel de corrupción parece inevitable en la vida pública de todos los países, pero a todos nos interesa que ese nivel sea lo más bajo posible.” </p>
<p>En un nivel contrapuesto, estamos lo que no queremos seguir así y luchamos por la emancipación de los trabajadores por ellos mismos.  Pero este concepto ha sido y está siendo oscurecido por argucias y disquisiciones teóricas, incluso con falsificaciones históricas y quizás por la ausencia de una palabra común y clara.  Lo mismo que todos los gobiernos se proclaman a favor de la libertad, y la entienden y la aplican de modo sumamente contradictorio, la emancipación de los trabajadores por ellos mismos sufre múltiples interpretaciones.</p>
<p>Tres grandes ideologías se presentan en cuanto a establecer el fundamento del orden social.  La negación de la posibilidad de la emancipación del pueblo es la postura de la clase dirigente, con argumentos seudo científicos (inteligencia desigualmente innata), filosóficos (de La República de Platón a Nietzsche) e históricos (la constancia del liderazgo:  de Jesús a Hitler).  La negación de la capacidad inmediata de los trabajadores, sin la preparación y tutela de una casta superior, es la posición de los marxistas leninistas, que se fundan en argumentos científicos (behaviorismo y condicionamiento social), filosóficos (Lenin) e históricos (las revoluciones bolchevique, china, cubana).  La última postura es la de los anarquistas que sustentan que los mismos trabajadores son capaces de dirigir y reorganizar la sociedad; para ello se fundan en argumentos científicos (la sociabilidad y el estímulo revolucionario), filosóficos (la permanencia del rechazo de la autoridad, desde los griegos – Carpócrates, Zenón – y La Boetie hasta hoy) y casos históricos (La Comuna de París, los soviets en la revolución rusa, la revolución española).</p>
<p>Nosotros nos situamos en la última categoría, amplio sector en que encontramos a cristianos, marxistas (Pannekoek, en parte Gramsci, Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel), situacionistas, sindicalistas, individuos como Noam Chomsky, junto con anarquistas clásicos de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, o Abad de Santillán, Murray Bookchin.</p>
<p>La palabra actualmente aceptada para definir las tentativas de emancipación de los trabajadores por ellos mismos es “autogestión”.  Antes se hablaba de bakuninismo, anarcocomunismo, comunismo libertario, gestión directa.  Desde 1968 el término autogestión es el más cómodo, si bien lleno de ambigüedades.  Para aclarar el problema, tres enfoques son necesarios:  A. El historial del concepto.  B. Los diferentes significados.  C. Las fases socioeconómicas de aplicación; y los vamos a enunciar brevemente.</p>
<p>A. Historia del concepto:</p>
<p>Si desde Espartaco hasta hoy, los humildes y explotados siguen rebelándose, es durante la revolución francesa cuando las premisas teóricas se van fraguando.  En 1792, los republicanos burgueses denunciaban a los “anarquistas” de París que querían que los diputados y obreros tuviesen el mismo sueldo; que decían que había dos clases “la de los que tienen y la de los que no tienen, los sansculottes y los propietarios”.  En 1793, Jacques Roux afirmaba:  “la libertad sólo es un fantasma baladí cuando una clase de hombres puede impunemente dejar hambrienta a la otra.”  Y en el manifiesto de los Iguales de la conjura de Babeuf se lee:  “Desparezcan, por fin, odiosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y criados, gobernantes y gobernados.”  Y Varlet escribía en 1794:  “para cualquiera con capacidad de razonamiento, gobierno y revolución son incompatibles.”</p>
<p>La experiencia y la práctica revolucionarias dictaron los conceptos que elaboraron luego Proudhon y Bakunin, agregando la revocación permanente de los delegados por los trabajadores y ciudadanos de la base, la rotación de las tareas para evitar un desequilibrio o una nueva casta (ya prevista en la Política de Aristóteles), la federación de colectivos.  Así, en 1864 la I Internacional se dotaba de estatutos – redactados por Karl Marx y ajustados por otros delegados – con el lema “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos.”  Y en 1865, Bakunin preveía en un estatuto de sociedad revolucionaria:  “Cualquier organización debe proceder de abajo hacia arriba, de la comuna a la unidad central del país, al Estado, por la vía de la federación”.</p>
<p>B. Significados:</p>
<p>Para determinar los distintos significados de la autogestión, hace falta ver la meta, el cómo lograrla y las tentativas en el terreno.  “De modo estricto, hablar de socialismo autogestionario o asociativo es un pleonasmo, porque sin autogestión no hay socialismo.”  Esta afirmación del yugoslavo Branco Horvat puede ser compartida por todos los socialistas, puesto que sitúan en algún momento de la historia la desaparición del Estado.  Más detalladamente, el socialismo sería entonces:  “la idea de consejo, autogestión y democracia directa; la superación de la propiedad privada sobre los medios de producción, así como de la esfera política dominante, que puede reproducir aún peor las relaciones capitalistas; la idea de la libre disposición del trabajo propio, con relaciones sociales consiguientes; de ahí la necesidad de la libertad de investigación, de ideas y de controversias”. (Predrag Vranicki)</p>
<p>Por otra parte y en intentos muy concretos, se engloban bajo el término autogestión, las cooperativas y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, con criterios muy conformistas y sin un claro cuestionamiento al sistema dominante.  Por eso, desde hace más de un siglo, anarquistas y socialistas en general, están en contra de tales experimentos.  “(&#8230;) la cooperación, en la mayoría de los casos, será aplastada por la omnipotente competencia del gran capital y de la gran propiedad agraria; en los pocos casos en que, por ejemplo, tal o cual sociedad de producción, que estará funcionando más o menos cerrada sobre sí misma, consiga aguantar y superar aquella competencia, tal éxito sólo tendrá como resultado engendrar una nueva clase privilegiada de felices cooperadores en la miserable mas de los trabajadores.  Así, en las condiciones actuales de la economía social, la cooperación no puede traer la emancipación de las masas trabajadoras.  Sin embargo, tiene la ventaja de que, incluso hoy por hoy, van acostumbrando a los trabajadores a unirse, organizarse y a administrar por sí mismos sus propios asuntos.”  Este último matiz de Bakunin en 1873 es importante, si bien es exacto que en la mayoría de los casos la participación obrera es una colaboración de clases y suavización de la explotación capitalista.</p>
<p>Sea como sea el origen de las distintas tentativas autogestionarias – recuperación, religiosa, capitalista, política o unión de individualistas, etc. – la práctica demuestra que los trabajadores terminan por sentir que pueden y deben alcanzar más, porque se sienten maduros, formados y alentados.  La misma idea de autogestión es peligrosa para las clases dirigentes, pese a la experiencia de demagogia y de corrupción.  Y en los países del socialismo realmente existente, cada choque de los trabajadores con la burocracia, fue acompañado de la reivindicación de la Comuna de París, de la capacidad organizadora y creadora de los trabajadores.</p>
<p>C. Fases de aplicación:</p>
<p>Insistiremos en algunos casos históricos más lejanos.  Pero veamos si la autogestión es siempre posible.  Karl Marx imaginaba que la evolución histórica seguía fases automáticas, pero cambió de parecer al estudiar el caso ruso.  En el prefacio a la edición rusa de 1882 del Manifiesto escribió:  “¿podría la comunidad rural rusa – forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra – pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, o la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disociación que constituye el desarrollo histórico de Occidente?”  Y respondía que la simultaneidad de la revolución rusa y de la revolución en Occidente podría ser la solución.</p>
<p>De esta manera Marx adoptaba la postura de Bakunin de 1873 que al analizar el mir (comunidad rural rusa) como propiedad colectiva tradicional, señalaba tres ventajas:  “Toda la tierra pertenece al pueblo”, el mir “distribuye la tierra de modo temporario, entre los comuneros”, tiene una “autonomía casi absoluta y al mismo tiempo una autogestión1comunitaria; aunque anotaba también tres inconvenientes:  “el patriarcado, el aplastamiento del individuo por el mir, la confianza en el zar.”</p>
<p>Es evidente que así como es imprescindible que la autogestión nazca entre los mismos trabajadores para poder dar al traste de modo duradero con la explotación, es dudoso que esta autogestión se convierta enseguida en un modelo que responda a los cánones teóricos y librescos.  Pero como forma anticapitalista y antijerárquica en el Tercer Mundo o en los países industrializados, la autogestión nos parece la forma adecuada para provocar cambios sociales radicales.</p>
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<p>1 Hay que notar que en ruso y en serbo-croata, la palabra “samoupravlenie” tiene un uso corriente en el vocabulario social, con el sentido de “gestión local”, “autonomía”, lo que dista mucho a veces del sentido de autogestión.  En el texto de Bakunin de 1873 nos parece que “obstinnoe samoubravlenie” se puede traducir por “autogestión comunitaria”.</p>
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<p>Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía<br />
Cristian Ferrer Toro</p>
<p>“Independiente porque nadie depende de mí.  No soy esclavo porque no soy amo.”</p>
<p>Víctor Tausk</p>
<p>La autogestión es un vocablo que, desde hace unos 40 años, está gozando de un merecido prestigio entre aquellos intelectuales interesados en las transformaciones sociales hacia formas de sociedad horizontales, militantes de base, epistemólogos que trabaja en lo que puede denominarse “galaxia auto” (autonomía, autoproducción, autopoiaisis) cansados de la estéril disyuntiva entre proyectos sociales cuyo modelo de sociedad es altamente estatizado o aquellos otros que pregonan las buenas nuevas de la libertad del mercado.  Creo que ya es posible aprovechar las enseñanzas de todos aquellos experimentos comunalistas y cooperativos, o de la abundante teoría sobre el tema, para comenzar a pensar en la autogestión como una herramienta indispensable de autoadministración social a fin de diseñar una América Latina libre de sus endémicas crisis económico-sociales.</p>
<p>Tres grandes constelaciones causales han catapultado esta palabra hasta nuestro interés:</p>
<p>El desencanto por las promesas incumplidas de los procesos revolucionarios francamente adversos a la democracia directa, la creciente atención prestada a los resultados de los experimentos autogestionarios, la explosión de una cultura libertaria preocupada en el cambio de mentalidades y de vida cotidiana en la década de 1960 y que implicó el retorno al basismo, la autogestión de los conflictos sociales y la creación de organizaciones pequeñas autogestionarias y también “colectivos” de trabajo grupal y el impacto producido por la difusión del ideario “fourierista” del hipismo.</p>
<p>La aparición de numeroso intelectuales de prestigio que comenzaron a prestar atención a distintas y múltiples dimensiones analíticas que propone la autogestión  (Rene Lourau, Georges Lapassade, Fernando Savater, Murria Bookchin, Pierre Clastres, Félix Guattari, Cornelius Castoriadis, etc.)  Las propias experiencias de autogestión que, breves o duraderas, han construido un saber práctico concreto sobre el tema, experimentos comunitarios, cooperativas de trabajo y producción, microempresas de escaso capital, grupos dedicados a todo tipo de actividades que se organizan sobre la base de la distribución igualitaria de poder, luchas sociales autoadministradas que evitan ser devoradas por macroorganizaciones.</p>
<p>Por último mencionemos una creciente desconfianza hacia el Estado como dispositivo resolutor de las demandas sociales, lo que por un lado ha generado un auge sorprendente del liberalismo, pero, por otro también, alentó las estrategias de supervivencia populares a través de la experimentación autogestionaria.  Sería interesante pensar cuanto hay, en las demandas de privatización, y en la expansión del discurso neoliberal, de demanda de autogestión cuyos partidarios harían bien en “torcerlas a su favor”.<br />
Si bien hay autores que sostienen otra opinión1, creo que la idea de autogestión es descendiente directa y albacea actual aunque modernizada de las experiencias utópicas del socialismo consejista y libertario.  Sería conveniente que se investigara en la riquísima experiencia histórica acumulada por sucesivos intentos horizontalistas, igualitarios y colectivistas, en los últimos 100 años, y en ese sentido, la Revolución Española resulta ser una inagotable cantera que recién se está comenzando a investigar.  También en América Latina existe un historial hoy injustamente olvidado de experiencias cooperativistas y autogestionarias, pero, como bien lo ha hecho notar Ana Proietti-Boccol, aquellas experiencias difieren de las actuales porque las más cercanas poseen un carácter “defensivo” y no necesariamente alternativo2, luego, el Estado adquirió un rol benefactor sobre la sociedad y las experiencias que nos interesan adquirieron una creciente marginalidad3.  De todas maneras, de nada sirve hacer paleontología a fin de encontrar fósiles y huellas pioneras de la autogestión ya que los desafíos que esta ideología y a la vez práctica social enfrente hoy responden a otras condiciones sociales e históricas.</p>
<p>El objetivo de este artículo, necesariamente breve, es tratar con aquellos aspectos que son generalmente “descuidados”, cuando se suele hablar de autogestión.  Se le suele alabar como un instrumento que poseen los sectores populares para desafiar las crisis económicas, o bien se pone énfasis en que este dispositivo descentralizado es tanto o más eficaz que las megaempresas capitalistas para cumplir funciones productivas.  Pero como no suele existir perestroika completa si no la acompañaba un soviet fraternal y su glasnot solidaria, creo que es pertinente escribir sobre ella, en tanto organizadora de la autonomía humana y constructora de una libertad auténticamente digna.</p>
<p>En esta dirección, la autogestión representa la continuidad de la antigua demanda humana de libertad, como opuesta a la historia de la humanidad en tanto sucesivas postas de dominaciones de unos sobre otros.  Para ello deberemos hablar de la autogestión y sus vínculos con la distribución simétrica del poder, con la distribución igualitaria del trabajo y las posesiones sociales, y con la posibilidad de que constituya un medio para que el ser humano se libere del reino de la necesidad económica y pueda desarrollar capacidades humanas aún débilmente experimentadas.</p>
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<p>1 Tal es el caso de Pierre Rosanvallon.</p>
<p>2 “Sindicalismo argentino y autogestión”, en La Ciudad Futura, N° 8-9.</p>
<p>3 El riquísimo historial de las experiencias anarquistas y socialistas de principios del siglo pasado, en campos tan distintos como la pedagogía, la organización sindical o las sociedades de socorro mutuos son ejemplos cabales de autogestión.</p>
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<p>La democracia autogestionaria<br />
Podemos definir básicamente a la autogestión como un modelo de organización social que se fundamenta sobre la posibilidad de que los propios habitantes o constructores de la organización decidan sobre las modalidades en que el organismo será gestionado.  Esta forma de democracia directa, que implica la presencia en el lugar a fin de poder representarse a uno mismo, se encuentra tan alejado del domino estatal-burocrático sobre la sociedad, como del poder omnímodo de las megaestructuras capitalistas, y tanto define a un grupo de pocas personas organizadas en forma horizontal, como a un hipotético modo de producción autogestionaria, si nos permitiéramos apropiarnos momentáneamente del concepto acuñado por Marx y pensándolo como el extremo utópico de una sociedad sin desigualdades.  En tanto sinónimo de autogobierno, se trata de una práctica social que testifica que los esqueletos jerárquicos son estructuras inapropiadas (teniendo en cuenta su eficacia para gestionar una sociedad en libertad) para construir u organizar a la sociedad.  Por lo tanto, “el primer ámbito fundamental de autodeterminación colectiva no puede ser otro que la unidad asociativa elemental como el primer y fundamental ámbito de la libertad, no puede ser otro que el individuo y esta unidad debe ser a medida de asamblea.”  (Bertolo; 1986: 4), y ello exige una descentralización general de las funciones hoy gestionadas por el aparato estatal o por megaorganizaciones privadas, a fin de hacer máximo el apogeo de la sociedad civil.</p>
<p>El objetivo es que la sociedad se apropie de sí misma y no permita que sus asuntos sean gobernados por instituciones que tiendan a exteriorizarse de su base transformándose en vértices privilegiados.  En este sentido, el problema de la dimensión es vital para estos experimentos autogestionarios:   nunca deben sufrir explosiones “demográficas” porque inevitablemente perderán control sobre sus propios asuntos.  Es necesario diferenciar tajantemente estas prácticas del discurso liberal que solemos conocer:  no se trata de privatizar al Estado, sino de que los medios de gestión y de producción en la sociedad los administren los propios interesados en tanto propiedad social.  Un riesgo simétrico al liberal es el afán jacobino de la izquierda que ansia los vértices de la pirámide confiando en transformar al poder santificándolo en vez de renunciar de una vez por todas a él.  De esta manera, al colocar la tarea gestionadora en las administraciones locales, los municipios y en la especificidad de las diversas organizaciones de base que nos podamos imaginar, estaríamos forjando una sociedad descentralizada que necesariamente impide la planificación centralizadora:  ni plan económico general, ni decisiones políticas exteriores a los intereses de la base social o incluso planificación urbana que trate a una ciudad como una totalidad sin idiosincrasias locales.  La regulación solo es posible en un nivel local, necesariamente descentralizado, cuyos habitantes conocen mejor que cualquier experto las problemáticas que les conciernen.</p>
<p>La autogestión no es un fin en sí misma, sino más bien un instrumento que permita pedagogizar a sus miembros en la máxima libertad posible:  en la democracia directa.  Cuando se la acepta como un fin, se adopta una perspectiva muy limitada como visión de los asuntos humanos, si en cambio se la admite sólo como un medio, se transformará en una “técnica” que intenta racionalizar la producción y las opciones sociales.  Es por ello que es peligroso enfatizar su hipotética eficacia en tanto administración de la producción; este discurso de la eficiencia que ha plagado los actuales programas políticos oficialistas u opositores, debe ser ajena a la autogestión, la cual probablemente sea un instrumento adecuable solamente a otra estructura de necesidades de la población.  Se trata más bien de la posibilidad de experimentar, construyendo formas organizacionales que son extrañas a principios burocratizantes o a intereses sectoriales:  es la organización de la vida colectiva sobre nuevas bases igualitarias.  Afirmar esto es pertinente porque no podemos soñar con organismos de este tipo que sean “eficaces”:  el aprendizaje de la libertad, el apropiarse de la propia capacidad de decidir, de la propia vida y cuerpo, implica escaparse tanto de una ontología economicista-productivista, como de una programática estatista-autoritaria, para situar el acento sobre la ejercitación experimental de la autonomía.  El celo puesto en el crecimiento productivo o el desarrollo económico de un país ignora que los fundamentos humanos son del orden de lo afectivo, lo erótico, lo lúdico.  Una sociedad autogestionaria podría reclamar un tipo de modelo económico que si bien no reduzca el crecimiento, al menos no se sienta obsesionada por ello.  El gran proyecto de una sociedad futura debe ser liberar a lo humano del trabajo, del reino de la necesidad y proporcionarle a éste un peso específico menos en la cantidad de actividad socialmente necesaria para gestionar las relaciones sociales.  La autogestión es un medio para construir una estructura de necesidades (y de ser habitada por estas mismas necesidades) donde el ocio, los placeres, el desarrollo de las capacidades afectivas y creativas de los humanos constituyan la medida ontológica-antropológica y no el nivel de eficacia productiva o administrativa.  Recordemos que el stajanovismo fue el vicio simétrico del taylorismo.</p>
<p>La pirámide y el círculo<br />
Cuando pienso en una sociedad autoorganizada me remito a una sociedad que no posee reglas de constitución y dictaminadas desde organismos encargados de velar por la “salud” de la base social desde una dimensión superestructural, pero, asimismo es una sociedad que no conoce una prescriptiva legal o moral que sancione a los comportamientos que se desvíen de tales normas.  Llegamos al problema fundamental que la autogestión trata de resolver:  en la historia de la humanidad, la distribución asimétrica del poder ha sido la regla por excelencia que ha organizado las sociedades; en los momentos históricos convulsivos, cuando la base social se sublevaba contra ese poder dividido, inmediatamente se instauraba otro poder cayendo presa de los apremios estructurales que son inherentes a las formas piramidales, aún contando con las más sanas intenciones imaginables.  La autogestión debe pertenecer al orden de lo contrainstitucional, de aquello que lucha permanentemente contra las fuerzas instituidas y las instituyentes de nuevos poderes y que defiende tenazmente la plena capacidad decisoria de la base social.  La asunción de que es el ejercicio asimétrico del poder, la existencia de poder delegado por los individuos y la ideología de la necesidad de las jerarquías y de la autoridad (obviamente son los políticos aquellos que más están convencidos de esto, porque justamente legitima su función) lo que impide a la sociedad buscar sus propias reglas de autoconstitución, nos permite afirmar que la faena política de la autogestión consistirá en desactivar los instrumentos u organismos de imposición e instrucción de comportamientos y decisiones a fin de acabar con los grupos privilegiados que establecen reglas y se ocupan de hacerlas cumplir.</p>
<p>Lo anterior sugiere que las obligaciones deben ser reemplazadas por acuerdos operativos entre los miembros, sin duración obligatoria y con alta capacidad de reordenamiento en caso de ser necesario.  Cierta regularidad en algunos acuerdos será necesaria en los niveles de coordinación supralocales o regionales y a la vez deben construirse ciertas reglas prácticas que permitan la rápida reorganización de sistemas y dispositivos que se demuestren inadecuados.</p>
<p>Al definir al ejercicio del poder como la problemática fundamental que la autogestión enfrenta, estoy afirmando que es un error entender al Estado como referencia central del problema:  el Estado no es reflejo del poder de clase burguesa, aunque tampoco necesariamente su opuesto.  Pero aún si pudiéramos imaginar “achicado”, cuasi desaparecido o descentralizado y eliminados los mecanismos de expropiación de plusvalía, podríamos no estar resolviendo el problema de la distribución asimétrica del poder, que no solamente antagoniza a las clases sociales, sino que, también, permite la dominación de los adultos sobre los niños, las desigualdades étnicas, sexuales, etc.  Por ello, más que hacer un análisis de estructuras, de sistemas totales o buscar afanosamente los ejes de constitución de toda la sociedad, se hace imperioso analizar a las propias organizaciones e instituciones en donde  surgen problemas en actos electivos o de ejercicio de poder.</p>
<p>Ciertas invariantes le son necesarias a los mecanismos autogestionarios:  la rotación permanente en los lugares de liderazgo, la falta de división jerárquica de los puestos de trabajo, la máxima transparencia informativa, a fin de que todos puedan manejar la misma información en el momento de optar, la propiedad colectiva de la producción social, la ausencia de desigualdades o discriminaciones.  No obstante, las matrices autogestionarias deben posibilitar la máxima libertad para experimentar inventando nuevas formas decisorias, o de distribución del trabajo.  Lo fundamental es transformar los modelos de toma de decisiones de estilo centro-base o centro-periferia, hacia un organismo autogestor que sea el centro de las relaciones y decisiones que le conciernen:  la emancipación no debe ser delegada en nadie.  Algunos experimentos realizados por Heinz Von Foerster4 muestran que cuando un grado de desorden es introducido en grupos acostumbrados a una organización rígida y liderada, se ingresa a etapas de desintegración grupal, mientras que grupos autoorganizados sobre el modelo autogestionario, sometidos a grados de desorden más intensos que los acostumbrados son capaces de seguir operando, porque poseen una alta capacidad para reorganizar sus estados internos.</p>
<p>Estamos tan acostumbrados a que otros decidan por nosotros, a la existencia de la autoridad, al privilegio decisorio de la palabra del “experto” (que suele hacer una ecuación equivocada entre un saber específico y el poder de decidir a partir de este saber), y que distintas posiciones estratégicas sobre un mismo tema se resuelvan excluyendo algunas de las dos posiciones, de manera que la distribución igualitaria al poder en las nuevas organizaciones deberá parecerse más aun proceso de aprendizaje de la democracia directa, que a un decreto distributivo.  Pero, aunque el igualitarismo deberá ser la matriz solidaria y democrática que le es imprescindible a la autogestión, no puede ser sinónima de ausencia de diferencias humanas:  muy por el contrario, una sociedad autogestionaria deberá poseer el máximo de diversidad de costumbres, preferencias, modelos afectivos, eróticos, vocacionales, de modos de producción (individuales, comunitarios, colectivistas, cooperativistas):  una sociedad libre es una sociedad compleja que permite el incremento de los grados de barroquismo social, a fin de que la novedad social y la multiplicación de posibilidades de opción sean la regla y no la excepción. No se trata de una sociedad que se instituye de una vez para siempre, sino que experimenta sobre sus mismas virtualidades:  el problema estriba en cómo vincular adecuadamente la descentralización completa a nivel micro local con plena capacidad de decisión con las formas regulativas necesarias que deben coordinar las autogestiones regionales.</p>
<p>Al ser pensada como una nueva forma igualitaria para regular el ejercicio del poder (especialmente en la práctica colectiva de las decisiones) se intenta resolver la separación tradicional entre dirigentes-dirigidos, y la creciente autonomización que suponen los poderes delegados a través de la participación personal en las asambleas decisorias.  La autogestión solo es viable si opera a través de la máxima libertad de pensamiento y de expresión, a fin que ninguna opinión pueda quedar insatisfecha.  Por ello, la relación entre medios y fines es fundamental, porque no cualquier método sirve para constituir organizaciones libres; la elección de los fines condiciona ineludiblemente a los medios a utilizarse; la autogestión contienen inherentemente a la libertad.</p>
<p>La incapacidad de pensar al poder como verdugo de la libertad, ha encandilado a sucesivas generaciones de intelectuales y políticos con la posibilidad de utilizar el poder piramidal para favorecer al pueblo.  Hoy sabemos que es necesario inventar mecanismos que neutralicen la posibilidad de que un sujeto o grupos social sea afectado en su autonomía.  La imagen geométrica del círculo es más adecuada como modalidad de potenciar estructuras libertarias:  la asamblea y el pequeño grupo, como lugar de elaboración de decisiones y el consenso a partir de condiciones igualitarias, como modo de elaboración de decisiones; por otra parte en lo que concierne a la naturaleza de las decisiones debe prestarse atención a “las condiciones de posibilidad de un tipo de decisión cuyos efectos solo comprometan y afecten a los que consienten a ese proceso decisorio, es decir, cuyas consecuencias sean controladas y selectivas, a fin de que sea un tipo de decisión que no hiciera participar en sus consecuencias, incluso indirectas, a aquellos que no lo desean.”  (Ibáñez; 1983: 121).  La libertad de un sujeto debe estar medida por su capacidad para practicar su autonomía y para multiplicar sus opciones:  estas opciones no deben entenderse solamente como transparencia informativa o como plena capacidad de decisión, sino también a la posibilidad de cambiar y despistar de los circuitos de recorrido rutinario de los sujetos, contemplando de esta manera la movilidad espacial de un sujeto por todo el territorio social (intersectando a través de distintas vocaciones, identidades, placeres, trabajos, grupos, etc.)  En nuestras sociedades, ya desde la familia o la escuela primaria, las informaciones suministradas a los sujetos, resultan ser instrucciones que moldean y determinan las identidades, construyendo los propios criterios decisionales del sujeto.  La tarea de una pedagogía de la libertad supone potenciar la autoestima de los individuos, reforzarles sus propios criterios éticos de comportamiento en contra de las obligaciones morales generales, y permitirles estar alerta cuando los individuos tengan el sentimiento subjetivo de que su libertad está siendo limitada o manipulada.</p>
<p>Aún cuando asegura mayores grados de participación y autonomía, los organismos autoadministrados no implican la ausencia de conflictos.  Soñar con inmóviles paraísos libertarios donde el amor todo lo puede, es el privilegio de un dios totalitario; por el contrario, vivir es sostener una tensión improbable con nuestras condiciones de existencia y la autogestión no es una pócima mágica que todo lo resuelva.  Lo único que la autogestión puede asegurar es que las divergencias conflictivas  consigan llegar a un punto óptimo de consenso e impidan que aquellos disconformes con las decisiones se separen de la organización.  En la historia de Occidente, lo múltiple siempre ha sido reducido a lo uno, en la historia a ser escrita de la autogestión los unos conviven en lo múltiple sin intentar llegar a una unidad monoteísta.  Por todo esto, decimos que la autogestión deberá pensarse como ligada indisolublemente a la conducta solidaria de los miembros y a la búsqueda intensa de las formas más libertarias posibles:  no vincularlas implican caer en otro tecnicismo más en donde se transforma en un instrumento para producir industrialmente, aunque en forma micro local:  perestroikas sin glasnost.</p>
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<p>4 Self administration systems, Berkeley Press:  1985.</p>
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<p>Las tecnologías apropiadas<br />
La distribución desigualitaria del trabajo, el trabajo obligatorio no vocacional, las escalas estratificadas de sueldos, las tareas socialmente prestigiadas:  estas son algunas de las lacras heredadas por nuestra sociedad.  La autogestión permite, en primer lugar, poder participar en la planificación y organización del trabajo, poder de decisión sobre las modalidades de producción (qué se va a producir, cómo, con qué criterio de necesidades sociales, etc.) y apropiación colectiva de la producción.  Pero, además, el reparto equivalente de las responsabilidades instituyendo criterios de rotación y revocación a fin de que todos puedan ejercitarse en los lugares de responsabilidad.  La rotación de tareas o el trabajo social obligatorio, pero sobre todo la construcción de una sociedad a escala humana (como una novedosa estructura de necesidades y con modalidades de distribución laboral que no obliguen a sus habitantes a realizar tareas que les disgustan) es lo que permitirá concluir con la milenaria y desigual dupla trabajo directivo-trabajo de ejecución.  Esta integración del trabajo manual y del intelectual, ejecutivo y organizativo, evitará la adopción de escalas salariales separadas por abismos e impedirá la obligación actual que tienen las clases desposeídas de hacer los trabajos desagradables y penosos.  Pero, sobre todo, al desestimar a las pirámides como modalidades de organización social, se desactivará también la carrera desesperada por llegar a ser “alguien” en la sociedad, por llegar alto hasta niveles de consumo de bienes onerosos:  la estética de las uñas y de los dientes.</p>
<p>Ninguna tecnología material o tekhné mental o afectiva es neutra:  se adecuan al modo de producción o a la formación social de poder existente.  Las finalidades sociales perseguidas por la autogestión precisan asimismo de instrumentos adecuados:  no existen reactores atómicos humanistas, por más que puedan autoadministrarse o fábricas de armamentos progresistas autoorganizadas, ellas son intrínsicamente inadecuadas para una sociedad libre.  Todas las herramientas sociales, tecnológicas, mentales o afectivas y las de gestión y administración de organizaciones, deberán poseer un carácter “blando”, lo cual no representa una petición de principios, sino el convencimiento de que un hipotético modo de producción autogestionario exige instrumentos sociales que no le sean neutros.  Es probable que ciertos imperativos técnicos que se usan actualmente en el Estado y la industria, favorezcan la división jerárquica del trabajo:  la autogestión deberá proporcionar algo parecido a las “herramientas convivenciales” de Iván Illich o los “instrumentos polifuncionales” de Murria Boockhin.  Todo software a utilizarse deberá ser no centralizador y servir solo para interconectar necesidades locales.</p>
<p>Aquellos que supongan que los fines justifican los medios caerán en la paradoja mencionada por Pierre Rosanvallon:  “Quería el socialismo, encontrará la tecnocracia; quería la igualdad, hallará la jerarquía; quería la autogestión, topará con la burocracia; quería comprender, hallará una jerga; quería una comunidad, hallará ciudades-dormitorios; quería trabajar con alegría y tendrá que conformarse con la monotonía abrumadora.”</p>
<p>El regionalismo, habitat de la libertad<br />
La división territorial adecuada a la autogestión es la separación por regiones definibles a partir de idiosincrasias étnicas, históricas, culturales, geográficas que les sean comunes.  El objetivo es construir modelos regionales de administración social; pueden ser municipios, barrios, ecosistemas provinciales, comunidades locales o incluso asociaciones de consumidores:  las cuales, a su vez, se intersectan en distintos dominios de interés.  El problema de la dimensión es clave, a fin de construir conjuntos sociopolíticos solo administrados por grupos locales:  es imposible construir sociedades libertarias de millones de habitantes o empresas de producción con miles y miles de empleados, inevitablemente se producirá una exteriorización del poder delegado y comenzarán a instituirse formas burocráticas y estatizadas.  Pierre Clastres ha investigado desde al etnología los procesos tribales en los cuales las explosiones demográficas o la creación de organismos privilegiados (guerreros, liderazgos permanentes) guían el camino hacia la división jerárquica de la sociedad.</p>
<p>Las economías a escala la urbanización comunitaria de las ciudades, la descentralización del poder, la “desurbanización” de las macrociudades deberán insertarse en estructuras regionales construidas a partir de identidades ya sedimentadas, evitando la creación artificial de “unidades nacionales” que solo terminan produciendo una balcanización bélica, o la interminable desdicha africana intertribal o bien una complejización desordenadora del territorio que es resuelta manu militari.</p>
<p>La desaprobación redistributiva<br />
La autogestión supone la propiedad social o individual (dependiendo si son formas de producción colectivas o individuales) de los medios de producción, lo cual no quiere decir nacionalización o estatización de la economía.  Esta propiedad social está atravesada por su consecuente planificación democrática.  Pero el asunto es más complejo, porque si bien podemos definir a una empresa como todos aquellos que en ella trabajan, lo que hay que expropiar son también procedimientos de fabricación, sistemas de organización laboral, dispositivos de información, modalidades de ejercer la autoridad, modos de relacionarse afectivamente en los lugares de trabajo, es decir, no se puede expropiar una estructura material que en nuestras sociedades solo genera desigualdad y alineación:  es necesario mutar su naturaleza.  Rosanvallon está en lo cierto cuando afirma que hay que arrancar a la fábrica el monopolio de la producción de bienes y reemplazarla por una miríada de formas de producir (incluso por algunas hoy consideradas anacrónicas) que deben coexistir a fin de distintas modalidades de inserción en organizaciones autogestionarias.  En otras palabras, desarrollo económico y producción industrial no es lo mismo.</p>
<p>Por otra parte, es necesario apropiarse de todo un saber experto sobre la gestión de la producción o la sociedad, a fin de evitar el monopolio de los expertos:  esto implica, por un lado, separar el saber específico de una persona de su capacidad de decisión, que no son sinónimos, y por otro lado, construir formas organizativas y productivas que no precisen de una capa de expertos.</p>
<p>En principio, la autogestión se opone a la propiedad privada, mas no a la propiedad individual.  La práctica de la autogestión disuelve hasta sus últimas consecuencias la ideología de la propiedad:  todos-nadie es dueño-propietario de los medios de producción disolviéndose así el dominio.  En América Latina las posibilidades de instituir una autogestión generalizada son remotas todavía, pero no se deberían impugnar, mas bien alentar todo tipo de experiencias que instituyan un tejido de organismos autogestionados, tendiendo a desapropiar y redistribuir las posesiones sociales y el ejercicio del poder en una modalidad igualitaria.  Las estructuras monopolistas y transnacionales del capitalismo tradicional y las empresas que concentren sus estructuras productivas están asimismo en vías de extinción:  la descentralización empresarial y productiva parece resultar más eficiente en esta etapa de la reproducción del Capital.  Probablemente vamos a conocer numerosas formas de autogestión que abarcan desde las micro unidades empresariales hasta sistemas de cogestión obrero-empresariales.  Poseer cierta cuota de autogestión al interior de sistemas autocráticos o “establecer un tercer sector cooperativista de la economía dentro y por debajo de los otros dos sectores hegemónicos y verticalistas.”  (Guiducci; 1980) pueden resultar coartadas para dominar por otros medios, pero no debiera impugnárseles totalmente por cuanto pueden llegar a anticipar experimentando formas más libertarias de gestión.  Estas formas son más convenientes cuando la apropiación por la base se realiza a nivel de organismos barriales, municipales, comités escolares y sanitarios o asociaciones basistas.</p>
<p>La metamorfosis cultural<br />
Si uno pensara en un sistema de experimentos autogestionarios federados y generalizados, inevitablemente debe pensar en cómo llegar a conseguirlo.  Hay una sola respuesta, la autogestión es una mutación de la racionalidad dominante en nuestras sociedades:  por ejemplo, para que los habitantes puedan autoorganizarse es preciso que se desprestigie el concepto de autoridad, que ocurra una mutación simbólica hasta ahora desconocida por la cual los sujetos humanos desconfíen de mesías, Estados benévolos o en la necesidad de niñeras institucionales.  Esta mutación simbólica produce a la vez cambios materiales en el mundo de la producción, la familia, las relaciones de pareja, etc.  La competencia es otra de las muchas prácticas conductuales (consumismo, rencor, culpa, sexismo) que deben sufrir una transformación a fin de que la cotidianeidad social genere isomorfismos igualitarios entre los miembros de los organismos institucionales o los grupos autoadministrados.  La comunicación a partir del conocimiento mutuo entre los miembros (sin referirnos con esto a las habermasianas transparencias comunicativas o a cualquier beata ideología de las “buenas ondas”) debería ser un modelo relacional ideal, aunque no debe suponerse por esto, la utopía de la comuna maternal y autosuficiente:  las obligaciones morales que solemos conocer, ya que los espacios de libertad deben ser cuidados permanentemente, así como se debe proteger a todos los que no quieran organizarse autogestionariamente o a los pocos gregarios.  Lo fundamental es la creación de un tejido social intrincado y superpuesto en distintas dimensiones por múltiples formas de asociaciones, mutualidades, afinidades, autogestiones:  un palimpsesto descentralizado.</p>
<p>Un presupuesto fuerte es que la minimización u obsolescencia de las instituciones verticales y autoritarias permitirá que afloren todas las capacidades y potencias creativas de los individuos y de la comunidad.  A salvo de vicariatos e instructores institucionales, la ontología comunitaria subsiguiente es una tarea social “heroica”:  la autotransformación del propio mundo de la vida.</p>
<p>Los debates sobre los procesos de transición hacia sociedades más libres suelen enfatizar esos momentos agitados de la historia que son los acontecimientos insurreccionales, olvidando la lenta y casi sorda preparación de diversas prácticas sociales alternativas y a los cambios de mentalidad que van sedimentando una tierra fértil para expandir estas mismas prácticas novedosas.  La construcción de una cultura más democrática, antiautoritaria y dispuesta a admitir en forma general los ideales autogestionarios germina en el mismo seno de una sociedad aún desigualitaria.  No es posible colocar como condición sine qua non a la”revolución”, porque se estarían impugnando los actuales experimentos autogestionarios (las pequeñas empresas, las cooperativas barriales, las comunidades de producción y vida en común, etc.):  la cultura es la que cobija el acontecimiento y no el evento estelar el que funda a toda una época:  la lenta pedagogía libertaria que deberá permear en nuestro pueblo antes que podamos realizar plenamente la máxima libertad que implica el aprendizaje y práctica de las técnicas mentales, afectivas y materiales adecuadas a una sociedad autoadministrada.  Esa sociedad no puede ser construida por decreto de un Estado revolucionario o por gobiernos que decretan modelos institucionales de autogestión reglamentados por ley; tan solo puede ser generada por la cultura actual, experimentando en las condiciones locales de asimilación de estos dispositivos igualitarios.  Las epistemologías de la dominación se han fundamentado en la incapacidad de poder pensar por fuera de la unidad y contra el poder; la emergencia y consolidación de las jerarquías fue acompañada de la división social económica en clases, por la distribución asimétrica del poder y por el uso de tecnología jerarquizadora; la economía humana de las necesidades medida solamente por la satisfacción del hambre o la mera autoadministración eficaz de los bienes institucionales o empresariales debe ser superada por una sociedad más lúcida, más creativa, más libre.</p>
<p>La autogestión debe ser a la sociedad como lo que la virtud, la ética y la bondad de corazón son al ser humano íntegro.</p>
<p>Bibliografía<br />
Bertolo, Amadeo.  La gramínea subversiva:  la autogestión.  Revista Comunidad, N° 54/55, Estocolmo, 1986.</p>
<p>Bookchin, Murray.  Ecology of freedom.  The emergence and dissolution of hierarchy.  Cheshire Books, Palo Alto, 1982.</p>
<p>Guiducci, Roberto.  Autogestión y división del trabajo.  Revista Bicicleta, número especial sobre Autogestión, Barcelona, 1980.</p>
<p>Ibáñez, Tomás.  Poder y libertad.  Estudio sobre la naturaleza, las modalidades y los mecanismos de las relaciones de poder.  Ed. Hora, Barcelona, 1982.</p>
<p>Illich, Iván.  La convivencialidad.  Ed. Barral, Barcelona, 1972.</p>
<p>Lapasssade, Georges.  Grupos, organizaciones e instituciones.  La transformación de la burocracia.  Ed. Gedissa, Barcelona, 1977.</p>
<p>Lourau, Rene.  El Estado y el inconsciente.  Kairos, Madrid, 1980.</p>
<p>Lourau, Rene.  Autogestión e institución.  Revista Fahrenheit 450, N° 1, Buenos Aires, 1986.</p>
<p>Rosanvallón, Pierre.  La autogestión.  Ed. Fundamentos, Madrid, 1979.</p>
<p>Varios autores.  Crisis, autogestión y nuevas formas de producción social.  En La Ciudad Futura, N° 8/9, diciembre, 1987.</p>
<p>Varios autores.  La autogestión, el Estado y la revolución.  Ed. Proyección, Buenos Aires, 1969.</p>
<p>Varios autores.  Interrogations sur l’autogestion.  Atelier de creation libertaire, Lyon, 1979.</p>
<p>Varios autores.  Revista Volontá, número especial sobre la autogestión, Milán, julio/octubre 1979.</p>
<p>Autogestión y autoritarismo</p>
<p>Comunidad del Sur</p>
<p>Bases para una sociedad autogestora<br />
• En lo económico social:</p>
<p>En general, la cuestión económico social debe decidirse con un doble criterio:  el de la emancipación del hombre en el plano de la creación o la creatividad, y el de la justicia en el plano del consumo y reparto.  Como productor, el hombre debe reclamar su libre y responsable iniciativa en la contribución diaria al acervo común.  La liberación y también la eficacia humana, resultan primordialmente de la responsabilidad creativa al nivel del trabajador mismo.  El reparto debe adecuarse a las necesidades, entre hombres desprovistos de poderes para imponer desigualdades.  En consecuencia:  trabajo humanizado por autogestión productora, contra trabajo enajenado.<br />
La socialización es dar a los medios instrumentales de producción su destino natural, como herramientas de los grupos que las operan.  Esos grupos “a necesaria escala humana” – son los núcleos intermediarios y autónomos en que han de ubicarse y desarrollarse solidariamente en el plano productor – las potencias de los hombres.  En consecuencia:  socializar es atribuir a tales grupos la disponibilidad de sus útiles, contra cualquier expropiación – ostensible o disimulada – a favor de clases privilegiadas, tecnócratas o aparatos políticos.<br />
La planificación debe ser el programa colectivo, dictado por la voluntad política de la comunidad, en vista del bien común.  Propuesta – no impuesta – a la espontánea colaboración de hombres y grupos.  En consecuencia:  la planificación de información o indicación, contra despotismo planificador y contra centralización subrepticia en el neo-capitalismo de grandes unidades.<br />
En la perspectiva revolucionaria, el desarrollo económico es una de las dimensiones de la tarea mayor de promover al hombre.  Considerar aquél desarrollo como fin en sí, es una actitud reaccionaria, cualquiera sea su origen, en cuanto procura facilitar con mejoras de consumo relaciones de servidumbre.<br />
En esa misma perspectiva, la función educacional debe perseguir el desarrollo del espíritu creativo de todos y su inserción en la vida social, por responsabilidad comunitaria sin egoísmo competitivo.  Y debe fomentar la libertad esencial de la cultura.  En síntesis:  dotar al hombre para resistir cualquier “miedo a la libertad”.<br />
• En lo político-social:</p>
<p>Estructurar la sociedad a partir de los agrupamientos básicos de la misma, buscando la participación más activa de sus integrantes y eliminando el dominio político de unos sobre otros.<br />
Administración descentralizada de los intereses sociales, en un sistema dinámico y de control directo por parte de los directamente involucrados.<br />
Organización federalista en el conjunto de los problemas de la sociedad, integrándose a distintos niveles y por actividad.<br />
Supresión del militarismo, no solo por lo que significa como creador de un espíritu autoritario, nacionalista y como elemento opresor, sino también por la carga económica.<br />
Búsqueda de formas de relación, coordinación e integración con los pueblos hermanos de América Latina, para solucionar problemas comunes en un orden regional o continental o mundial, destruyendo las fronteras estatales autoritarias, unívocas y rígidas. </p>
<p>La autogestión como medio<br />
Al plantearnos la autogestión lo hacemos a dos niveles:  como medio y como fin.  Aunque estos están íntimamente relacionados, en el sentido de que los medios tienen que estar empapados de los fines y que estos sean consecuencia de los medios, ya que es difícil imaginar que la libertad pueda ser consecuencia de la negación de la misma.</p>
<p>El problema actual está en encontrar y dar vida a formas sociales que consagren el protagonismo de todos, es decir, que ha de ser posible que todo hombre asuma la responsabilidad de su quehacer social en condiciones de libertad creadora.</p>
<p>La autogestión como medio de transformación social se basa en el principio de que toda acción político-social reposa en una interacción creativa entre hombres agrupados.  En ella se originan las ideas, se seleccionan y depuran, se toman las decisiones y se las lleva a la acción.</p>
<p>Al plantearnos la autogestión como una forma de transformación que ya se puede concretar ahora y aquí, postulamos nuestra creencia de que la manera de destruir radicalmente un tipo de organización y relación es reemplazándola por estructuras diferentes.  La creación de un orden nuevo es lo que puede destruir a fondo el antiguo estado de cosas.  Esto no excluye las etapas.  Pero sí debe haber un modo de organización transitorio:  es necesario que este haya roto con el viejo espíritu y el viejo tipo de relaciones, que la organización se haga fuera de toda orientación centralista y autoritaria.  Para ello se necesitan condiciones elementales:  hombres preparados en la iniciativa, en la gestión colectiva; organizaciones sociales activas y eficaces, bien ligadas los unos a las otras, capaces de tomar el relevo para responder a las necesidades de la hora y para echar bases sólidas de una sociedad socialista y libertaria.</p>
<p>Sintetizando, la autogestión como medio de transformación promueve relaciones diferentes entre los hombres.  Y la tarea es crear desde ahora, organismos autogestores que reanimen la vida social, familiaricen a los hombres con los problemas socio-económicos y que puedan en un momento de ruptura, convertir esto en revolucionario y constituir la base de la nueva organización social.</p>
<p>Todas estas disponibilidades han sido históricamente negadas al predominar la explotación del hombre por el hombre, dando lugar al acaparamiento por parte de unos pocos, del poder político y económico.  La técnica de la administración se ha basado, en consecuencia, en el centralismo, siendo su resultado inmediato, la burocracia.</p>
<p>El centralismo<br />
Lo característico de la centralización es que todos los conductos, entre la cúspide, donde mora el poder político y económico y la gran base social, solo son vías de captación y dirección a disposición de aquella.  Los hombres de la base están privados de toda forma de control y responsabilidad; han quedado limitados a la tarea de encontrar y conservar su pequeño sitio de usufructo dentro del inabarcable aparato.  Se desarrolla en ellos una óptica individualista; poseer más y más cosas, consumir más, llegando a lo que decía Marx:  “el lugar de todos los sentidos físicos y mentales ha sido usurpado por la autoenajenación de todos estos, por la sensación de poseer.”  “La propiedad privada nos ha vuelto tan estúpidos e impotentes que las cosas solo llegan a ser nuestras si las tenemos, o sea si existen para nosotros como capital y las poseemos, las comemos, las bebemos, esto es, las usamos.  Somos pobres a pesar de nuestra riqueza, porque tenemos mucho pero somos poco.”</p>
<p>Esta enajenación del individuo hace que no pueda concebir un mejoramiento de su condición más que a través de caminos individuales.  La orientación del aparato (centralista y burocrático) es fomentar el consumo individual, impidiendo la creación de una conciencia colectiva, desviando hacia la esfera individual la satisfacción de todo tipo de necesidades.  Se convierten así, en vías de evasión y de repliegues sobre la esfera privada, que son satisfechas de buen o mal grado por el sistema, a los efectos de no tener que hacer concesiones más fundamentales (de orden político) o para impedir la politización de los descontentos.</p>
<p>Resumiendo entonces, podríamos decir que las consecuencias de una organización social piramidal, es que el individuo es despojado de toda posibilidad real de decisión, tanto en la esfera del trabajo como en todas las demás esferas de la vida.  Y como consecuencia se da el repliegue a la esfera privada, sentido como única esfera de soberanía.</p>
<p>Crítica a la autogestión como medio<br />
Al igual que los individuos, los grupos se escapan a la influencia esterilizante de la situación social y política actual.  Esta esterilización se puede expresar en la integración al régimen o al aislamiento.  Por un lado, la integración al régimen se da por el abandono de los valores que la motivaron.  Al nivel del trabajo ha significado que muchas empresas se hayan reducido a atender las necesidades de sus integrantes, pero determinadas por el régimen dominante.  Facilitan de esa manera la ascensión en la escala social, pasar de la condición de obreros a pequeños burgueses, con todo lo que eso significa como afirmación de los valores del sistema.</p>
<p>Otro tipo de autogestión, la acción directa de los sindicatos, ha perdido poco a poco su postura revolucionaria de que “tienen que ser lo obreros lo que guíen el tren”, como dice la Internacional, para pasar a una lucha reivindicativa puramente económica, que asimila a los obreros al régimen a través de un mejoramiento del “nivel de vida!.  De la toma de las fábricas se ha llegado a la franca colaboración con el mejoramiento de la maquinaria del régimen.</p>
<p>Otro peligro importante es el aislacionismo, que lleva a los grupos aislados a cerrarse, alejándose del resto de los movimientos que persiguen los mismos fines, tratando de lograr un estéril perfeccionamiento interno y creyendo que es posible llegar a una sociedad socialista y libre, por mera agregación de individuos a las pequeñas comunidades formadas dentro del sistema capitalista.  Olvidando lo que señalaba Kropotkin:  “Cada intento socialista de variar las actuales relaciones entre capital y trabajo será un retroceso, si descuida la tendencia a la integración.”</p>
<p>Tenemos que entender que la autogestión no es solo una forma de organización que se da en pequeños grupos específicos (cooperativas, comunidades) sino una forma de encarar los problemas comunes en todo momento y en cualquier lugar.  Entendida como una respuesta vital y significativa, como un asumir la total responsabilidad por sí mismo y con los demás, es la tarea aquí y ahora, en las fábricas, en los centros de estudio, en los barrios, allí donde la gente se encuentre y comparta sus necesidades o problemas.  La extensión y profundidad de sus logros dependen de muchos factores, pero tanto como realización, como proyecto, nace en todo intento humano por eliminar intermediarios, parásitos o estructuras sobreimpuestas.</p>
<p>Se anota otro peligro de desviación o desvirtuación.  Las experiencias aisladas, en su intento de sobrevivir en la hostilidad ambiental, pueden caer en pautas autoritarias o en estructuras jerárquicas, que vuelvan a empobrecer la realidad social al reponer en manos de técnicos o administrativos, lo que debe ser tarea de todos:  la orientación y gestión más general y determinante.</p>
<p><a href="http://www.asambleadelpueblocr.org/documentos/laautogestion.html" rel="nofollow">http://www.asambleadelpueblocr.org/documentos/laautogestion.html</a></p>
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	</item>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-121</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 17:53:40 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=666#comment-121</guid>
		<description>Dossier:  La autogestión

La definición de la autogestión por Franz Mintz 
Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía por Cristian Ferrer Toro 
Autogestión y autoritarismo por Comunidad del Sur 
 

La definición de la autogestión

Franz Mintz

2006 señala a la par el aniversario de la revolución española (1936) contra el capitalismo y el de la insurrección húngara (1956) contra un gobierno pretendidamente obrero.  Más que una narración descriptiva histórica, nos interesa la aportación que podemos sacar para hoy día.  ¿Qué palanca puede acelerar la revolución?  El partido izquierdista parlamentario, la guerrilla, el sindicalismo, los atentados y la represión, la actitud ética ejemplar, la fe y el bajo clero, serían la panacea que sustentan múltiples ideologías, como el anarquismo, el catolicismo, el liberalismo y el marxismo (por orden alfabético).  En lugar de partir de la teoría, de los silogismos propagandísticos, vamos a arrancar de la realidad, dejando sentadas de paso nuestras convicciones, sin ocultar las insuficiencias ni los argumentos contrarios.

Los padres educan a sus hijos para que aprendan a vivir.  La sociedad forma a los ciudadanos para que obedezcan y trabajen, pero no les enseña ni les prepara para administrar las instituciones.  Las clases dirigentes se reservan esa función y la hacen para imponer sus propios intereses.  Así se van repitiendo los escándalos de sobornos y corrupciones, incluso en los países de tradición democrática.  A fines del siglo pasado hubo una cadena de sobornos ministeriales y de altos dirigentes en la casi totalidad de los países industriales y de los países subdesarrollados.  Los escándalos salpicaron a la mayoría de los Estados:  Francia, Alemania, Estados Unidos.  Tampoco brindaron, en aquel momento, una impresión muy diferentes los estados del agonizante socialismo realmente existente.  En China, ni el maoísmo ni el período actual han puesto punto final a los casos de explotación, corrupción y sobornos.

En todos los regímenes, los ciudadanos están al margen de las decisiones políticas y económicas fundamentales, sin control real.  Por eso se sucederán aún durante mucho tiempo los sobornos y las corrupciones, y hasta se presentan como normales:  “Un cierto nivel de corrupción parece inevitable en la vida pública de todos los países, pero a todos nos interesa que ese nivel sea lo más bajo posible.” 

En un nivel contrapuesto, estamos lo que no queremos seguir así y luchamos por la emancipación de los trabajadores por ellos mismos.  Pero este concepto ha sido y está siendo oscurecido por argucias y disquisiciones teóricas, incluso con falsificaciones históricas y quizás por la ausencia de una palabra común y clara.  Lo mismo que todos los gobiernos se proclaman a favor de la libertad, y la entienden y la aplican de modo sumamente contradictorio, la emancipación de los trabajadores por ellos mismos sufre múltiples interpretaciones.

Tres grandes ideologías se presentan en cuanto a establecer el fundamento del orden social.  La negación de la posibilidad de la emancipación del pueblo es la postura de la clase dirigente, con argumentos seudo científicos (inteligencia desigualmente innata), filosóficos (de La República de Platón a Nietzsche) e históricos (la constancia del liderazgo:  de Jesús a Hitler).  La negación de la capacidad inmediata de los trabajadores, sin la preparación y tutela de una casta superior, es la posición de los marxistas leninistas, que se fundan en argumentos científicos (behaviorismo y condicionamiento social), filosóficos (Lenin) e históricos (las revoluciones bolchevique, china, cubana).  La última postura es la de los anarquistas que sustentan que los mismos trabajadores son capaces de dirigir y reorganizar la sociedad; para ello se fundan en argumentos científicos (la sociabilidad y el estímulo revolucionario), filosóficos (la permanencia del rechazo de la autoridad, desde los griegos – Carpócrates, Zenón – y La Boetie hasta hoy) y casos históricos (La Comuna de París, los soviets en la revolución rusa, la revolución española).

Nosotros nos situamos en la última categoría, amplio sector en que encontramos a cristianos, marxistas (Pannekoek, en parte Gramsci, Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel), situacionistas, sindicalistas, individuos como Noam Chomsky, junto con anarquistas clásicos de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, o Abad de Santillán, Murray Bookchin.

La palabra actualmente aceptada para definir las tentativas de emancipación de los trabajadores por ellos mismos es “autogestión”.  Antes se hablaba de bakuninismo, anarcocomunismo, comunismo libertario, gestión directa.  Desde 1968 el término autogestión es el más cómodo, si bien lleno de ambigüedades.  Para aclarar el problema, tres enfoques son necesarios:  A. El historial del concepto.  B. Los diferentes significados.  C. Las fases socioeconómicas de aplicación; y los vamos a enunciar brevemente.

 

A. Historia del concepto:

Si desde Espartaco hasta hoy, los humildes y explotados siguen rebelándose, es durante la revolución francesa cuando las premisas teóricas se van fraguando.  En 1792, los republicanos burgueses denunciaban a los “anarquistas” de París que querían que los diputados y obreros tuviesen el mismo sueldo; que decían que había dos clases “la de los que tienen y la de los que no tienen, los sansculottes y los propietarios”.  En 1793, Jacques Roux afirmaba:  “la libertad sólo es un fantasma baladí cuando una clase de hombres puede impunemente dejar hambrienta a la otra.”  Y en el manifiesto de los Iguales de la conjura de Babeuf se lee:  “Desparezcan, por fin, odiosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y criados, gobernantes y gobernados.”  Y Varlet escribía en 1794:  “para cualquiera con capacidad de razonamiento, gobierno y revolución son incompatibles.”

La experiencia y la práctica revolucionarias dictaron los conceptos que elaboraron luego Proudhon y Bakunin, agregando la revocación permanente de los delegados por los trabajadores y ciudadanos de la base, la rotación de las tareas para evitar un desequilibrio o una nueva casta (ya prevista en la Política de Aristóteles), la federación de colectivos.  Así, en 1864 la I Internacional se dotaba de estatutos – redactados por Karl Marx y ajustados por otros delegados – con el lema “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos.”  Y en 1865, Bakunin preveía en un estatuto de sociedad revolucionaria:  “Cualquier organización debe proceder de abajo hacia arriba, de la comuna a la unidad central del país, al Estado, por la vía de la federación”.

 

B. Significados:

Para determinar los distintos significados de la autogestión, hace falta ver la meta, el cómo lograrla y las tentativas en el terreno.  “De modo estricto, hablar de socialismo autogestionario o asociativo es un pleonasmo, porque sin autogestión no hay socialismo.”  Esta afirmación del yugoslavo Branco Horvat puede ser compartida por todos los socialistas, puesto que sitúan en algún momento de la historia la desaparición del Estado.  Más detalladamente, el socialismo sería entonces:  “la idea de consejo, autogestión y democracia directa; la superación de la propiedad privada sobre los medios de producción, así como de la esfera política dominante, que puede reproducir aún peor las relaciones capitalistas; la idea de la libre disposición del trabajo propio, con relaciones sociales consiguientes; de ahí la necesidad de la libertad de investigación, de ideas y de controversias”. (Predrag Vranicki)

Por otra parte y en intentos muy concretos, se engloban bajo el término autogestión, las cooperativas y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, con criterios muy conformistas y sin un claro cuestionamiento al sistema dominante.  Por eso, desde hace más de un siglo, anarquistas y socialistas en general, están en contra de tales experimentos.  “(...) la cooperación, en la mayoría de los casos, será aplastada por la omnipotente competencia del gran capital y de la gran propiedad agraria; en los pocos casos en que, por ejemplo, tal o cual sociedad de producción, que estará funcionando más o menos cerrada sobre sí misma, consiga aguantar y superar aquella competencia, tal éxito sólo tendrá como resultado engendrar una nueva clase privilegiada de felices cooperadores en la miserable mas de los trabajadores.  Así, en las condiciones actuales de la economía social, la cooperación no puede traer la emancipación de las masas trabajadoras.  Sin embargo, tiene la ventaja de que, incluso hoy por hoy, van acostumbrando a los trabajadores a unirse, organizarse y a administrar por sí mismos sus propios asuntos.”  Este último matiz de Bakunin en 1873 es importante, si bien es exacto que en la mayoría de los casos la participación obrera es una colaboración de clases y suavización de la explotación capitalista.

Sea como sea el origen de las distintas tentativas autogestionarias – recuperación, religiosa, capitalista, política o unión de individualistas, etc. – la práctica demuestra que los trabajadores terminan por sentir que pueden y deben alcanzar más, porque se sienten maduros, formados y alentados.  La misma idea de autogestión es peligrosa para las clases dirigentes, pese a la experiencia de demagogia y de corrupción.  Y en los países del socialismo realmente existente, cada choque de los trabajadores con la burocracia, fue acompañado de la reivindicación de la Comuna de París, de la capacidad organizadora y creadora de los trabajadores.

 

C. Fases de aplicación:

Insistiremos en algunos casos históricos más lejanos.  Pero veamos si la autogestión es siempre posible.  Karl Marx imaginaba que la evolución histórica seguía fases automáticas, pero cambió de parecer al estudiar el caso ruso.  En el prefacio a la edición rusa de 1882 del Manifiesto escribió:  “¿podría la comunidad rural rusa – forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra – pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, o la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disociación que constituye el desarrollo histórico de Occidente?”  Y respondía que la simultaneidad de la revolución rusa y de la revolución en Occidente podría ser la solución.

De esta manera Marx adoptaba la postura de Bakunin de 1873 que al analizar el mir (comunidad rural rusa) como propiedad colectiva tradicional, señalaba tres ventajas:  “Toda la tierra pertenece al pueblo”, el mir “distribuye la tierra de modo temporario, entre los comuneros”, tiene una “autonomía casi absoluta y al mismo tiempo una autogestión1comunitaria; aunque anotaba también tres inconvenientes:  “el patriarcado, el aplastamiento del individuo por el mir, la confianza en el zar.”

Es evidente que así como es imprescindible que la autogestión nazca entre los mismos trabajadores para poder dar al traste de modo duradero con la explotación, es dudoso que esta autogestión se convierta enseguida en un modelo que responda a los cánones teóricos y librescos.  Pero como forma anticapitalista y antijerárquica en el Tercer Mundo o en los países industrializados, la autogestión nos parece la forma adecuada para provocar cambios sociales radicales.


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1 Hay que notar que en ruso y en serbo-croata, la palabra “samoupravlenie” tiene un uso corriente en el vocabulario social, con el sentido de “gestión local”, “autonomía”, lo que dista mucho a veces del sentido de autogestión.  En el texto de Bakunin de 1873 nos parece que “obstinnoe samoubravlenie” se puede traducir por “autogestión comunitaria”.


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Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía
Cristian Ferrer Toro

“Independiente porque nadie depende de mí.  No soy esclavo porque no soy amo.”

Víctor Tausk

La autogestión es un vocablo que, desde hace unos 40 años, está gozando de un merecido prestigio entre aquellos intelectuales interesados en las transformaciones sociales hacia formas de sociedad horizontales, militantes de base, epistemólogos que trabaja en lo que puede denominarse “galaxia auto” (autonomía, autoproducción, autopoiaisis) cansados de la estéril disyuntiva entre proyectos sociales cuyo modelo de sociedad es altamente estatizado o aquellos otros que pregonan las buenas nuevas de la libertad del mercado.  Creo que ya es posible aprovechar las enseñanzas de todos aquellos experimentos comunalistas y cooperativos, o de la abundante teoría sobre el tema, para comenzar a pensar en la autogestión como una herramienta indispensable de autoadministración social a fin de diseñar una América Latina libre de sus endémicas crisis económico-sociales.

Tres grandes constelaciones causales han catapultado esta palabra hasta nuestro interés:

El desencanto por las promesas incumplidas de los procesos revolucionarios francamente adversos a la democracia directa, la creciente atención prestada a los resultados de los experimentos autogestionarios, la explosión de una cultura libertaria preocupada en el cambio de mentalidades y de vida cotidiana en la década de 1960 y que implicó el retorno al basismo, la autogestión de los conflictos sociales y la creación de organizaciones pequeñas autogestionarias y también “colectivos” de trabajo grupal y el impacto producido por la difusión del ideario “fourierista” del hipismo.

La aparición de numeroso intelectuales de prestigio que comenzaron a prestar atención a distintas y múltiples dimensiones analíticas que propone la autogestión  (Rene Lourau, Georges Lapassade, Fernando Savater, Murria Bookchin, Pierre Clastres, Félix Guattari, Cornelius Castoriadis, etc.)  Las propias experiencias de autogestión que, breves o duraderas, han construido un saber práctico concreto sobre el tema, experimentos comunitarios, cooperativas de trabajo y producción, microempresas de escaso capital, grupos dedicados a todo tipo de actividades que se organizan sobre la base de la distribución igualitaria de poder, luchas sociales autoadministradas que evitan ser devoradas por macroorganizaciones.

Por último mencionemos una creciente desconfianza hacia el Estado como dispositivo resolutor de las demandas sociales, lo que por un lado ha generado un auge sorprendente del liberalismo, pero, por otro también, alentó las estrategias de supervivencia populares a través de la experimentación autogestionaria.  Sería interesante pensar cuanto hay, en las demandas de privatización, y en la expansión del discurso neoliberal, de demanda de autogestión cuyos partidarios harían bien en “torcerlas a su favor”. 
Si bien hay autores que sostienen otra opinión1, creo que la idea de autogestión es descendiente directa y albacea actual aunque modernizada de las experiencias utópicas del socialismo consejista y libertario.  Sería conveniente que se investigara en la riquísima experiencia histórica acumulada por sucesivos intentos horizontalistas, igualitarios y colectivistas, en los últimos 100 años, y en ese sentido, la Revolución Española resulta ser una inagotable cantera que recién se está comenzando a investigar.  También en América Latina existe un historial hoy injustamente olvidado de experiencias cooperativistas y autogestionarias, pero, como bien lo ha hecho notar Ana Proietti-Boccol, aquellas experiencias difieren de las actuales porque las más cercanas poseen un carácter “defensivo” y no necesariamente alternativo2, luego, el Estado adquirió un rol benefactor sobre la sociedad y las experiencias que nos interesan adquirieron una creciente marginalidad3.  De todas maneras, de nada sirve hacer paleontología a fin de encontrar fósiles y huellas pioneras de la autogestión ya que los desafíos que esta ideología y a la vez práctica social enfrente hoy responden a otras condiciones sociales e históricas.

El objetivo de este artículo, necesariamente breve, es tratar con aquellos aspectos que son generalmente “descuidados”, cuando se suele hablar de autogestión.  Se le suele alabar como un instrumento que poseen los sectores populares para desafiar las crisis económicas, o bien se pone énfasis en que este dispositivo descentralizado es tanto o más eficaz que las megaempresas capitalistas para cumplir funciones productivas.  Pero como no suele existir perestroika completa si no la acompañaba un soviet fraternal y su glasnot solidaria, creo que es pertinente escribir sobre ella, en tanto organizadora de la autonomía humana y constructora de una libertad auténticamente digna.

En esta dirección, la autogestión representa la continuidad de la antigua demanda humana de libertad, como opuesta a la historia de la humanidad en tanto sucesivas postas de dominaciones de unos sobre otros.  Para ello deberemos hablar de la autogestión y sus vínculos con la distribución simétrica del poder, con la distribución igualitaria del trabajo y las posesiones sociales, y con la posibilidad de que constituya un medio para que el ser humano se libere del reino de la necesidad económica y pueda desarrollar capacidades humanas aún débilmente experimentadas.


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1 Tal es el caso de Pierre Rosanvallon.

2 “Sindicalismo argentino y autogestión”, en La Ciudad Futura, N° 8-9.

3 El riquísimo historial de las experiencias anarquistas y socialistas de principios del siglo pasado, en campos tan distintos como la pedagogía, la organización sindical o las sociedades de socorro mutuos son ejemplos cabales de autogestión.


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La democracia autogestionaria
Podemos definir básicamente a la autogestión como un modelo de organización social que se fundamenta sobre la posibilidad de que los propios habitantes o constructores de la organización decidan sobre las modalidades en que el organismo será gestionado.  Esta forma de democracia directa, que implica la presencia en el lugar a fin de poder representarse a uno mismo, se encuentra tan alejado del domino estatal-burocrático sobre la sociedad, como del poder omnímodo de las megaestructuras capitalistas, y tanto define a un grupo de pocas personas organizadas en forma horizontal, como a un hipotético modo de producción autogestionaria, si nos permitiéramos apropiarnos momentáneamente del concepto acuñado por Marx y pensándolo como el extremo utópico de una sociedad sin desigualdades.  En tanto sinónimo de autogobierno, se trata de una práctica social que testifica que los esqueletos jerárquicos son estructuras inapropiadas (teniendo en cuenta su eficacia para gestionar una sociedad en libertad) para construir u organizar a la sociedad.  Por lo tanto, “el primer ámbito fundamental de autodeterminación colectiva no puede ser otro que la unidad asociativa elemental como el primer y fundamental ámbito de la libertad, no puede ser otro que el individuo y esta unidad debe ser a medida de asamblea.”  (Bertolo; 1986: 4), y ello exige una descentralización general de las funciones hoy gestionadas por el aparato estatal o por megaorganizaciones privadas, a fin de hacer máximo el apogeo de la sociedad civil.

El objetivo es que la sociedad se apropie de sí misma y no permita que sus asuntos sean gobernados por instituciones que tiendan a exteriorizarse de su base transformándose en vértices privilegiados.  En este sentido, el problema de la dimensión es vital para estos experimentos autogestionarios:   nunca deben sufrir explosiones “demográficas” porque inevitablemente perderán control sobre sus propios asuntos.  Es necesario diferenciar tajantemente estas prácticas del discurso liberal que solemos conocer:  no se trata de privatizar al Estado, sino de que los medios de gestión y de producción en la sociedad los administren los propios interesados en tanto propiedad social.  Un riesgo simétrico al liberal es el afán jacobino de la izquierda que ansia los vértices de la pirámide confiando en transformar al poder santificándolo en vez de renunciar de una vez por todas a él.  De esta manera, al colocar la tarea gestionadora en las administraciones locales, los municipios y en la especificidad de las diversas organizaciones de base que nos podamos imaginar, estaríamos forjando una sociedad descentralizada que necesariamente impide la planificación centralizadora:  ni plan económico general, ni decisiones políticas exteriores a los intereses de la base social o incluso planificación urbana que trate a una ciudad como una totalidad sin idiosincrasias locales.  La regulación solo es posible en un nivel local, necesariamente descentralizado, cuyos habitantes conocen mejor que cualquier experto las problemáticas que les conciernen.

La autogestión no es un fin en sí misma, sino más bien un instrumento que permita pedagogizar a sus miembros en la máxima libertad posible:  en la democracia directa.  Cuando se la acepta como un fin, se adopta una perspectiva muy limitada como visión de los asuntos humanos, si en cambio se la admite sólo como un medio, se transformará en una “técnica” que intenta racionalizar la producción y las opciones sociales.  Es por ello que es peligroso enfatizar su hipotética eficacia en tanto administración de la producción; este discurso de la eficiencia que ha plagado los actuales programas políticos oficialistas u opositores, debe ser ajena a la autogestión, la cual probablemente sea un instrumento adecuable solamente a otra estructura de necesidades de la población.  Se trata más bien de la posibilidad de experimentar, construyendo formas organizacionales que son extrañas a principios burocratizantes o a intereses sectoriales:  es la organización de la vida colectiva sobre nuevas bases igualitarias.  Afirmar esto es pertinente porque no podemos soñar con organismos de este tipo que sean “eficaces”:  el aprendizaje de la libertad, el apropiarse de la propia capacidad de decidir, de la propia vida y cuerpo, implica escaparse tanto de una ontología economicista-productivista, como de una programática estatista-autoritaria, para situar el acento sobre la ejercitación experimental de la autonomía.  El celo puesto en el crecimiento productivo o el desarrollo económico de un país ignora que los fundamentos humanos son del orden de lo afectivo, lo erótico, lo lúdico.  Una sociedad autogestionaria podría reclamar un tipo de modelo económico que si bien no reduzca el crecimiento, al menos no se sienta obsesionada por ello.  El gran proyecto de una sociedad futura debe ser liberar a lo humano del trabajo, del reino de la necesidad y proporcionarle a éste un peso específico menos en la cantidad de actividad socialmente necesaria para gestionar las relaciones sociales.  La autogestión es un medio para construir una estructura de necesidades (y de ser habitada por estas mismas necesidades) donde el ocio, los placeres, el desarrollo de las capacidades afectivas y creativas de los humanos constituyan la medida ontológica-antropológica y no el nivel de eficacia productiva o administrativa.  Recordemos que el stajanovismo fue el vicio simétrico del taylorismo.

La pirámide y el círculo
Cuando pienso en una sociedad autoorganizada me remito a una sociedad que no posee reglas de constitución y dictaminadas desde organismos encargados de velar por la “salud” de la base social desde una dimensión superestructural, pero, asimismo es una sociedad que no conoce una prescriptiva legal o moral que sancione a los comportamientos que se desvíen de tales normas.  Llegamos al problema fundamental que la autogestión trata de resolver:  en la historia de la humanidad, la distribución asimétrica del poder ha sido la regla por excelencia que ha organizado las sociedades; en los momentos históricos convulsivos, cuando la base social se sublevaba contra ese poder dividido, inmediatamente se instauraba otro poder cayendo presa de los apremios estructurales que son inherentes a las formas piramidales, aún contando con las más sanas intenciones imaginables.  La autogestión debe pertenecer al orden de lo contrainstitucional, de aquello que lucha permanentemente contra las fuerzas instituidas y las instituyentes de nuevos poderes y que defiende tenazmente la plena capacidad decisoria de la base social.  La asunción de que es el ejercicio asimétrico del poder, la existencia de poder delegado por los individuos y la ideología de la necesidad de las jerarquías y de la autoridad (obviamente son los políticos aquellos que más están convencidos de esto, porque justamente legitima su función) lo que impide a la sociedad buscar sus propias reglas de autoconstitución, nos permite afirmar que la faena política de la autogestión consistirá en desactivar los instrumentos u organismos de imposición e instrucción de comportamientos y decisiones a fin de acabar con los grupos privilegiados que establecen reglas y se ocupan de hacerlas cumplir.

Lo anterior sugiere que las obligaciones deben ser reemplazadas por acuerdos operativos entre los miembros, sin duración obligatoria y con alta capacidad de reordenamiento en caso de ser necesario.  Cierta regularidad en algunos acuerdos será necesaria en los niveles de coordinación supralocales o regionales y a la vez deben construirse ciertas reglas prácticas que permitan la rápida reorganización de sistemas y dispositivos que se demuestren inadecuados.

Al definir al ejercicio del poder como la problemática fundamental que la autogestión enfrenta, estoy afirmando que es un error entender al Estado como referencia central del problema:  el Estado no es reflejo del poder de clase burguesa, aunque tampoco necesariamente su opuesto.  Pero aún si pudiéramos imaginar “achicado”, cuasi desaparecido o descentralizado y eliminados los mecanismos de expropiación de plusvalía, podríamos no estar resolviendo el problema de la distribución asimétrica del poder, que no solamente antagoniza a las clases sociales, sino que, también, permite la dominación de los adultos sobre los niños, las desigualdades étnicas, sexuales, etc.  Por ello, más que hacer un análisis de estructuras, de sistemas totales o buscar afanosamente los ejes de constitución de toda la sociedad, se hace imperioso analizar a las propias organizaciones e instituciones en donde  surgen problemas en actos electivos o de ejercicio de poder.

Ciertas invariantes le son necesarias a los mecanismos autogestionarios:  la rotación permanente en los lugares de liderazgo, la falta de división jerárquica de los puestos de trabajo, la máxima transparencia informativa, a fin de que todos puedan manejar la misma información en el momento de optar, la propiedad colectiva de la producción social, la ausencia de desigualdades o discriminaciones.  No obstante, las matrices autogestionarias deben posibilitar la máxima libertad para experimentar inventando nuevas formas decisorias, o de distribución del trabajo.  Lo fundamental es transformar los modelos de toma de decisiones de estilo centro-base o centro-periferia, hacia un organismo autogestor que sea el centro de las relaciones y decisiones que le conciernen:  la emancipación no debe ser delegada en nadie.  Algunos experimentos realizados por Heinz Von Foerster4 muestran que cuando un grado de desorden es introducido en grupos acostumbrados a una organización rígida y liderada, se ingresa a etapas de desintegración grupal, mientras que grupos autoorganizados sobre el modelo autogestionario, sometidos a grados de desorden más intensos que los acostumbrados son capaces de seguir operando, porque poseen una alta capacidad para reorganizar sus estados internos.

Estamos tan acostumbrados a que otros decidan por nosotros, a la existencia de la autoridad, al privilegio decisorio de la palabra del “experto” (que suele hacer una ecuación equivocada entre un saber específico y el poder de decidir a partir de este saber), y que distintas posiciones estratégicas sobre un mismo tema se resuelvan excluyendo algunas de las dos posiciones, de manera que la distribución igualitaria al poder en las nuevas organizaciones deberá parecerse más aun proceso de aprendizaje de la democracia directa, que a un decreto distributivo.  Pero, aunque el igualitarismo deberá ser la matriz solidaria y democrática que le es imprescindible a la autogestión, no puede ser sinónima de ausencia de diferencias humanas:  muy por el contrario, una sociedad autogestionaria deberá poseer el máximo de diversidad de costumbres, preferencias, modelos afectivos, eróticos, vocacionales, de modos de producción (individuales, comunitarios, colectivistas, cooperativistas):  una sociedad libre es una sociedad compleja que permite el incremento de los grados de barroquismo social, a fin de que la novedad social y la multiplicación de posibilidades de opción sean la regla y no la excepción. No se trata de una sociedad que se instituye de una vez para siempre, sino que experimenta sobre sus mismas virtualidades:  el problema estriba en cómo vincular adecuadamente la descentralización completa a nivel micro local con plena capacidad de decisión con las formas regulativas necesarias que deben coordinar las autogestiones regionales.

Al ser pensada como una nueva forma igualitaria para regular el ejercicio del poder (especialmente en la práctica colectiva de las decisiones) se intenta resolver la separación tradicional entre dirigentes-dirigidos, y la creciente autonomización que suponen los poderes delegados a través de la participación personal en las asambleas decisorias.  La autogestión solo es viable si opera a través de la máxima libertad de pensamiento y de expresión, a fin que ninguna opinión pueda quedar insatisfecha.  Por ello, la relación entre medios y fines es fundamental, porque no cualquier método sirve para constituir organizaciones libres; la elección de los fines condiciona ineludiblemente a los medios a utilizarse; la autogestión contienen inherentemente a la libertad.

La incapacidad de pensar al poder como verdugo de la libertad, ha encandilado a sucesivas generaciones de intelectuales y políticos con la posibilidad de utilizar el poder piramidal para favorecer al pueblo.  Hoy sabemos que es necesario inventar mecanismos que neutralicen la posibilidad de que un sujeto o grupos social sea afectado en su autonomía.  La imagen geométrica del círculo es más adecuada como modalidad de potenciar estructuras libertarias:  la asamblea y el pequeño grupo, como lugar de elaboración de decisiones y el consenso a partir de condiciones igualitarias, como modo de elaboración de decisiones; por otra parte en lo que concierne a la naturaleza de las decisiones debe prestarse atención a “las condiciones de posibilidad de un tipo de decisión cuyos efectos solo comprometan y afecten a los que consienten a ese proceso decisorio, es decir, cuyas consecuencias sean controladas y selectivas, a fin de que sea un tipo de decisión que no hiciera participar en sus consecuencias, incluso indirectas, a aquellos que no lo desean.”  (Ibáñez; 1983: 121).  La libertad de un sujeto debe estar medida por su capacidad para practicar su autonomía y para multiplicar sus opciones:  estas opciones no deben entenderse solamente como transparencia informativa o como plena capacidad de decisión, sino también a la posibilidad de cambiar y despistar de los circuitos de recorrido rutinario de los sujetos, contemplando de esta manera la movilidad espacial de un sujeto por todo el territorio social (intersectando a través de distintas vocaciones, identidades, placeres, trabajos, grupos, etc.)  En nuestras sociedades, ya desde la familia o la escuela primaria, las informaciones suministradas a los sujetos, resultan ser instrucciones que moldean y determinan las identidades, construyendo los propios criterios decisionales del sujeto.  La tarea de una pedagogía de la libertad supone potenciar la autoestima de los individuos, reforzarles sus propios criterios éticos de comportamiento en contra de las obligaciones morales generales, y permitirles estar alerta cuando los individuos tengan el sentimiento subjetivo de que su libertad está siendo limitada o manipulada.

Aún cuando asegura mayores grados de participación y autonomía, los organismos autoadministrados no implican la ausencia de conflictos.  Soñar con inmóviles paraísos libertarios donde el amor todo lo puede, es el privilegio de un dios totalitario; por el contrario, vivir es sostener una tensión improbable con nuestras condiciones de existencia y la autogestión no es una pócima mágica que todo lo resuelva.  Lo único que la autogestión puede asegurar es que las divergencias conflictivas  consigan llegar a un punto óptimo de consenso e impidan que aquellos disconformes con las decisiones se separen de la organización.  En la historia de Occidente, lo múltiple siempre ha sido reducido a lo uno, en la historia a ser escrita de la autogestión los unos conviven en lo múltiple sin intentar llegar a una unidad monoteísta.  Por todo esto, decimos que la autogestión deberá pensarse como ligada indisolublemente a la conducta solidaria de los miembros y a la búsqueda intensa de las formas más libertarias posibles:  no vincularlas implican caer en otro tecnicismo más en donde se transforma en un instrumento para producir industrialmente, aunque en forma micro local:  perestroikas sin glasnost.


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4 Self administration systems, Berkeley Press:  1985.


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Las tecnologías apropiadas
La distribución desigualitaria del trabajo, el trabajo obligatorio no vocacional, las escalas estratificadas de sueldos, las tareas socialmente prestigiadas:  estas son algunas de las lacras heredadas por nuestra sociedad.  La autogestión permite, en primer lugar, poder participar en la planificación y organización del trabajo, poder de decisión sobre las modalidades de producción (qué se va a producir, cómo, con qué criterio de necesidades sociales, etc.) y apropiación colectiva de la producción.  Pero, además, el reparto equivalente de las responsabilidades instituyendo criterios de rotación y revocación a fin de que todos puedan ejercitarse en los lugares de responsabilidad.  La rotación de tareas o el trabajo social obligatorio, pero sobre todo la construcción de una sociedad a escala humana (como una novedosa estructura de necesidades y con modalidades de distribución laboral que no obliguen a sus habitantes a realizar tareas que les disgustan) es lo que permitirá concluir con la milenaria y desigual dupla trabajo directivo-trabajo de ejecución.  Esta integración del trabajo manual y del intelectual, ejecutivo y organizativo, evitará la adopción de escalas salariales separadas por abismos e impedirá la obligación actual que tienen las clases desposeídas de hacer los trabajos desagradables y penosos.  Pero, sobre todo, al desestimar a las pirámides como modalidades de organización social, se desactivará también la carrera desesperada por llegar a ser “alguien” en la sociedad, por llegar alto hasta niveles de consumo de bienes onerosos:  la estética de las uñas y de los dientes.

Ninguna tecnología material o tekhné mental o afectiva es neutra:  se adecuan al modo de producción o a la formación social de poder existente.  Las finalidades sociales perseguidas por la autogestión precisan asimismo de instrumentos adecuados:  no existen reactores atómicos humanistas, por más que puedan autoadministrarse o fábricas de armamentos progresistas autoorganizadas, ellas son intrínsicamente inadecuadas para una sociedad libre.  Todas las herramientas sociales, tecnológicas, mentales o afectivas y las de gestión y administración de organizaciones, deberán poseer un carácter “blando”, lo cual no representa una petición de principios, sino el convencimiento de que un hipotético modo de producción autogestionario exige instrumentos sociales que no le sean neutros.  Es probable que ciertos imperativos técnicos que se usan actualmente en el Estado y la industria, favorezcan la división jerárquica del trabajo:  la autogestión deberá proporcionar algo parecido a las “herramientas convivenciales” de Iván Illich o los “instrumentos polifuncionales” de Murria Boockhin.  Todo software a utilizarse deberá ser no centralizador y servir solo para interconectar necesidades locales.

Aquellos que supongan que los fines justifican los medios caerán en la paradoja mencionada por Pierre Rosanvallon:  “Quería el socialismo, encontrará la tecnocracia; quería la igualdad, hallará la jerarquía; quería la autogestión, topará con la burocracia; quería comprender, hallará una jerga; quería una comunidad, hallará ciudades-dormitorios; quería trabajar con alegría y tendrá que conformarse con la monotonía abrumadora.”

El regionalismo, habitat de la libertad
La división territorial adecuada a la autogestión es la separación por regiones definibles a partir de idiosincrasias étnicas, históricas, culturales, geográficas que les sean comunes.  El objetivo es construir modelos regionales de administración social; pueden ser municipios, barrios, ecosistemas provinciales, comunidades locales o incluso asociaciones de consumidores:  las cuales, a su vez, se intersectan en distintos dominios de interés.  El problema de la dimensión es clave, a fin de construir conjuntos sociopolíticos solo administrados por grupos locales:  es imposible construir sociedades libertarias de millones de habitantes o empresas de producción con miles y miles de empleados, inevitablemente se producirá una exteriorización del poder delegado y comenzarán a instituirse formas burocráticas y estatizadas.  Pierre Clastres ha investigado desde al etnología los procesos tribales en los cuales las explosiones demográficas o la creación de organismos privilegiados (guerreros, liderazgos permanentes) guían el camino hacia la división jerárquica de la sociedad.

Las economías a escala la urbanización comunitaria de las ciudades, la descentralización del poder, la “desurbanización” de las macrociudades deberán insertarse en estructuras regionales construidas a partir de identidades ya sedimentadas, evitando la creación artificial de “unidades nacionales” que solo terminan produciendo una balcanización bélica, o la interminable desdicha africana intertribal o bien una complejización desordenadora del territorio que es resuelta manu militari.

La desaprobación redistributiva
La autogestión supone la propiedad social o individual (dependiendo si son formas de producción colectivas o individuales) de los medios de producción, lo cual no quiere decir nacionalización o estatización de la economía.  Esta propiedad social está atravesada por su consecuente planificación democrática.  Pero el asunto es más complejo, porque si bien podemos definir a una empresa como todos aquellos que en ella trabajan, lo que hay que expropiar son también procedimientos de fabricación, sistemas de organización laboral, dispositivos de información, modalidades de ejercer la autoridad, modos de relacionarse afectivamente en los lugares de trabajo, es decir, no se puede expropiar una estructura material que en nuestras sociedades solo genera desigualdad y alineación:  es necesario mutar su naturaleza.  Rosanvallon está en lo cierto cuando afirma que hay que arrancar a la fábrica el monopolio de la producción de bienes y reemplazarla por una miríada de formas de producir (incluso por algunas hoy consideradas anacrónicas) que deben coexistir a fin de distintas modalidades de inserción en organizaciones autogestionarias.  En otras palabras, desarrollo económico y producción industrial no es lo mismo.

Por otra parte, es necesario apropiarse de todo un saber experto sobre la gestión de la producción o la sociedad, a fin de evitar el monopolio de los expertos:  esto implica, por un lado, separar el saber específico de una persona de su capacidad de decisión, que no son sinónimos, y por otro lado, construir formas organizativas y productivas que no precisen de una capa de expertos.

En principio, la autogestión se opone a la propiedad privada, mas no a la propiedad individual.  La práctica de la autogestión disuelve hasta sus últimas consecuencias la ideología de la propiedad:  todos-nadie es dueño-propietario de los medios de producción disolviéndose así el dominio.  En América Latina las posibilidades de instituir una autogestión generalizada son remotas todavía, pero no se deberían impugnar, mas bien alentar todo tipo de experiencias que instituyan un tejido de organismos autogestionados, tendiendo a desapropiar y redistribuir las posesiones sociales y el ejercicio del poder en una modalidad igualitaria.  Las estructuras monopolistas y transnacionales del capitalismo tradicional y las empresas que concentren sus estructuras productivas están asimismo en vías de extinción:  la descentralización empresarial y productiva parece resultar más eficiente en esta etapa de la reproducción del Capital.  Probablemente vamos a conocer numerosas formas de autogestión que abarcan desde las micro unidades empresariales hasta sistemas de cogestión obrero-empresariales.  Poseer cierta cuota de autogestión al interior de sistemas autocráticos o “establecer un tercer sector cooperativista de la economía dentro y por debajo de los otros dos sectores hegemónicos y verticalistas.”  (Guiducci; 1980) pueden resultar coartadas para dominar por otros medios, pero no debiera impugnárseles totalmente por cuanto pueden llegar a anticipar experimentando formas más libertarias de gestión.  Estas formas son más convenientes cuando la apropiación por la base se realiza a nivel de organismos barriales, municipales, comités escolares y sanitarios o asociaciones basistas.

La metamorfosis cultural
Si uno pensara en un sistema de experimentos autogestionarios federados y generalizados, inevitablemente debe pensar en cómo llegar a conseguirlo.  Hay una sola respuesta, la autogestión es una mutación de la racionalidad dominante en nuestras sociedades:  por ejemplo, para que los habitantes puedan autoorganizarse es preciso que se desprestigie el concepto de autoridad, que ocurra una mutación simbólica hasta ahora desconocida por la cual los sujetos humanos desconfíen de mesías, Estados benévolos o en la necesidad de niñeras institucionales.  Esta mutación simbólica produce a la vez cambios materiales en el mundo de la producción, la familia, las relaciones de pareja, etc.  La competencia es otra de las muchas prácticas conductuales (consumismo, rencor, culpa, sexismo) que deben sufrir una transformación a fin de que la cotidianeidad social genere isomorfismos igualitarios entre los miembros de los organismos institucionales o los grupos autoadministrados.  La comunicación a partir del conocimiento mutuo entre los miembros (sin referirnos con esto a las habermasianas transparencias comunicativas o a cualquier beata ideología de las “buenas ondas”) debería ser un modelo relacional ideal, aunque no debe suponerse por esto, la utopía de la comuna maternal y autosuficiente:  las obligaciones morales que solemos conocer, ya que los espacios de libertad deben ser cuidados permanentemente, así como se debe proteger a todos los que no quieran organizarse autogestionariamente o a los pocos gregarios.  Lo fundamental es la creación de un tejido social intrincado y superpuesto en distintas dimensiones por múltiples formas de asociaciones, mutualidades, afinidades, autogestiones:  un palimpsesto descentralizado.

Un presupuesto fuerte es que la minimización u obsolescencia de las instituciones verticales y autoritarias permitirá que afloren todas las capacidades y potencias creativas de los individuos y de la comunidad.  A salvo de vicariatos e instructores institucionales, la ontología comunitaria subsiguiente es una tarea social “heroica”:  la autotransformación del propio mundo de la vida.

Los debates sobre los procesos de transición hacia sociedades más libres suelen enfatizar esos momentos agitados de la historia que son los acontecimientos insurreccionales, olvidando la lenta y casi sorda preparación de diversas prácticas sociales alternativas y a los cambios de mentalidad que van sedimentando una tierra fértil para expandir estas mismas prácticas novedosas.  La construcción de una cultura más democrática, antiautoritaria y dispuesta a admitir en forma general los ideales autogestionarios germina en el mismo seno de una sociedad aún desigualitaria.  No es posible colocar como condición sine qua non a la”revolución”, porque se estarían impugnando los actuales experimentos autogestionarios (las pequeñas empresas, las cooperativas barriales, las comunidades de producción y vida en común, etc.):  la cultura es la que cobija el acontecimiento y no el evento estelar el que funda a toda una época:  la lenta pedagogía libertaria que deberá permear en nuestro pueblo antes que podamos realizar plenamente la máxima libertad que implica el aprendizaje y práctica de las técnicas mentales, afectivas y materiales adecuadas a una sociedad autoadministrada.  Esa sociedad no puede ser construida por decreto de un Estado revolucionario o por gobiernos que decretan modelos institucionales de autogestión reglamentados por ley; tan solo puede ser generada por la cultura actual, experimentando en las condiciones locales de asimilación de estos dispositivos igualitarios.  Las epistemologías de la dominación se han fundamentado en la incapacidad de poder pensar por fuera de la unidad y contra el poder; la emergencia y consolidación de las jerarquías fue acompañada de la división social económica en clases, por la distribución asimétrica del poder y por el uso de tecnología jerarquizadora; la economía humana de las necesidades medida solamente por la satisfacción del hambre o la mera autoadministración eficaz de los bienes institucionales o empresariales debe ser superada por una sociedad más lúcida, más creativa, más libre.

La autogestión debe ser a la sociedad como lo que la virtud, la ética y la bondad de corazón son al ser humano íntegro.

Bibliografía
Bertolo, Amadeo.  La gramínea subversiva:  la autogestión.  Revista Comunidad, N° 54/55, Estocolmo, 1986.

Bookchin, Murray.  Ecology of freedom.  The emergence and dissolution of hierarchy.  Cheshire Books, Palo Alto, 1982.

Guiducci, Roberto.  Autogestión y división del trabajo.  Revista Bicicleta, número especial sobre Autogestión, Barcelona, 1980.

Ibáñez, Tomás.  Poder y libertad.  Estudio sobre la naturaleza, las modalidades y los mecanismos de las relaciones de poder.  Ed. Hora, Barcelona, 1982.

Illich, Iván.  La convivencialidad.  Ed. Barral, Barcelona, 1972.

Lapasssade, Georges.  Grupos, organizaciones e instituciones.  La transformación de la burocracia.  Ed. Gedissa, Barcelona, 1977.

Lourau, Rene.  El Estado y el inconsciente.  Kairos, Madrid, 1980.

Lourau, Rene.  Autogestión e institución.  Revista Fahrenheit 450, N° 1, Buenos Aires, 1986.

Rosanvallón, Pierre.  La autogestión.  Ed. Fundamentos, Madrid, 1979.

Varios autores.  Crisis, autogestión y nuevas formas de producción social.  En La Ciudad Futura, N° 8/9, diciembre, 1987.

Varios autores.  La autogestión, el Estado y la revolución.  Ed. Proyección, Buenos Aires, 1969.

Varios autores.  Interrogations sur l’autogestion.  Atelier de creation libertaire, Lyon, 1979.

Varios autores.  Revista Volontá, número especial sobre la autogestión, Milán, julio/octubre 1979.



Autogestión y autoritarismo

Comunidad del Sur

Bases para una sociedad autogestora
• En lo económico social:

En general, la cuestión económico social debe decidirse con un doble criterio:  el de la emancipación del hombre en el plano de la creación o la creatividad, y el de la justicia en el plano del consumo y reparto.  Como productor, el hombre debe reclamar su libre y responsable iniciativa en la contribución diaria al acervo común.  La liberación y también la eficacia humana, resultan primordialmente de la responsabilidad creativa al nivel del trabajador mismo.  El reparto debe adecuarse a las necesidades, entre hombres desprovistos de poderes para imponer desigualdades.  En consecuencia:  trabajo humanizado por autogestión productora, contra trabajo enajenado. 
La socialización es dar a los medios instrumentales de producción su destino natural, como herramientas de los grupos que las operan.  Esos grupos “a necesaria escala humana” – son los núcleos intermediarios y autónomos en que han de ubicarse y desarrollarse solidariamente en el plano productor – las potencias de los hombres.  En consecuencia:  socializar es atribuir a tales grupos la disponibilidad de sus útiles, contra cualquier expropiación – ostensible o disimulada – a favor de clases privilegiadas, tecnócratas o aparatos políticos. 
La planificación debe ser el programa colectivo, dictado por la voluntad política de la comunidad, en vista del bien común.  Propuesta – no impuesta – a la espontánea colaboración de hombres y grupos.  En consecuencia:  la planificación de información o indicación, contra despotismo planificador y contra centralización subrepticia en el neo-capitalismo de grandes unidades. 
En la perspectiva revolucionaria, el desarrollo económico es una de las dimensiones de la tarea mayor de promover al hombre.  Considerar aquél desarrollo como fin en sí, es una actitud reaccionaria, cualquiera sea su origen, en cuanto procura facilitar con mejoras de consumo relaciones de servidumbre. 
En esa misma perspectiva, la función educacional debe perseguir el desarrollo del espíritu creativo de todos y su inserción en la vida social, por responsabilidad comunitaria sin egoísmo competitivo.  Y debe fomentar la libertad esencial de la cultura.  En síntesis:  dotar al hombre para resistir cualquier “miedo a la libertad”. 
• En lo político-social:

Estructurar la sociedad a partir de los agrupamientos básicos de la misma, buscando la participación más activa de sus integrantes y eliminando el dominio político de unos sobre otros. 
Administración descentralizada de los intereses sociales, en un sistema dinámico y de control directo por parte de los directamente involucrados. 
Organización federalista en el conjunto de los problemas de la sociedad, integrándose a distintos niveles y por actividad. 
Supresión del militarismo, no solo por lo que significa como creador de un espíritu autoritario, nacionalista y como elemento opresor, sino también por la carga económica. 
Búsqueda de formas de relación, coordinación e integración con los pueblos hermanos de América Latina, para solucionar problemas comunes en un orden regional o continental o mundial, destruyendo las fronteras estatales autoritarias, unívocas y rígidas. 
 
La autogestión como medio
Al plantearnos la autogestión lo hacemos a dos niveles:  como medio y como fin.  Aunque estos están íntimamente relacionados, en el sentido de que los medios tienen que estar empapados de los fines y que estos sean consecuencia de los medios, ya que es difícil imaginar que la libertad pueda ser consecuencia de la negación de la misma.

El problema actual está en encontrar y dar vida a formas sociales que consagren el protagonismo de todos, es decir, que ha de ser posible que todo hombre asuma la responsabilidad de su quehacer social en condiciones de libertad creadora.

La autogestión como medio de transformación social se basa en el principio de que toda acción político-social reposa en una interacción creativa entre hombres agrupados.  En ella se originan las ideas, se seleccionan y depuran, se toman las decisiones y se las lleva a la acción.

Al plantearnos la autogestión como una forma de transformación que ya se puede concretar ahora y aquí, postulamos nuestra creencia de que la manera de destruir radicalmente un tipo de organización y relación es reemplazándola por estructuras diferentes.  La creación de un orden nuevo es lo que puede destruir a fondo el antiguo estado de cosas.  Esto no excluye las etapas.  Pero sí debe haber un modo de organización transitorio:  es necesario que este haya roto con el viejo espíritu y el viejo tipo de relaciones, que la organización se haga fuera de toda orientación centralista y autoritaria.  Para ello se necesitan condiciones elementales:  hombres preparados en la iniciativa, en la gestión colectiva; organizaciones sociales activas y eficaces, bien ligadas los unos a las otras, capaces de tomar el relevo para responder a las necesidades de la hora y para echar bases sólidas de una sociedad socialista y libertaria.

Sintetizando, la autogestión como medio de transformación promueve relaciones diferentes entre los hombres.  Y la tarea es crear desde ahora, organismos autogestores que reanimen la vida social, familiaricen a los hombres con los problemas socio-económicos y que puedan en un momento de ruptura, convertir esto en revolucionario y constituir la base de la nueva organización social.

Todas estas disponibilidades han sido históricamente negadas al predominar la explotación del hombre por el hombre, dando lugar al acaparamiento por parte de unos pocos, del poder político y económico.  La técnica de la administración se ha basado, en consecuencia, en el centralismo, siendo su resultado inmediato, la burocracia.

El centralismo
Lo característico de la centralización es que todos los conductos, entre la cúspide, donde mora el poder político y económico y la gran base social, solo son vías de captación y dirección a disposición de aquella.  Los hombres de la base están privados de toda forma de control y responsabilidad; han quedado limitados a la tarea de encontrar y conservar su pequeño sitio de usufructo dentro del inabarcable aparato.  Se desarrolla en ellos una óptica individualista; poseer más y más cosas, consumir más, llegando a lo que decía Marx:  “el lugar de todos los sentidos físicos y mentales ha sido usurpado por la autoenajenación de todos estos, por la sensación de poseer.”  “La propiedad privada nos ha vuelto tan estúpidos e impotentes que las cosas solo llegan a ser nuestras si las tenemos, o sea si existen para nosotros como capital y las poseemos, las comemos, las bebemos, esto es, las usamos.  Somos pobres a pesar de nuestra riqueza, porque tenemos mucho pero somos poco.”

Esta enajenación del individuo hace que no pueda concebir un mejoramiento de su condición más que a través de caminos individuales.  La orientación del aparato (centralista y burocrático) es fomentar el consumo individual, impidiendo la creación de una conciencia colectiva, desviando hacia la esfera individual la satisfacción de todo tipo de necesidades.  Se convierten así, en vías de evasión y de repliegues sobre la esfera privada, que son satisfechas de buen o mal grado por el sistema, a los efectos de no tener que hacer concesiones más fundamentales (de orden político) o para impedir la politización de los descontentos.

Resumiendo entonces, podríamos decir que las consecuencias de una organización social piramidal, es que el individuo es despojado de toda posibilidad real de decisión, tanto en la esfera del trabajo como en todas las demás esferas de la vida.  Y como consecuencia se da el repliegue a la esfera privada, sentido como única esfera de soberanía.

Crítica a la autogestión como medio
Al igual que los individuos, los grupos se escapan a la influencia esterilizante de la situación social y política actual.  Esta esterilización se puede expresar en la integración al régimen o al aislamiento.  Por un lado, la integración al régimen se da por el abandono de los valores que la motivaron.  Al nivel del trabajo ha significado que muchas empresas se hayan reducido a atender las necesidades de sus integrantes, pero determinadas por el régimen dominante.  Facilitan de esa manera la ascensión en la escala social, pasar de la condición de obreros a pequeños burgueses, con todo lo que eso significa como afirmación de los valores del sistema.

Otro tipo de autogestión, la acción directa de los sindicatos, ha perdido poco a poco su postura revolucionaria de que “tienen que ser lo obreros lo que guíen el tren”, como dice la Internacional, para pasar a una lucha reivindicativa puramente económica, que asimila a los obreros al régimen a través de un mejoramiento del “nivel de vida!.  De la toma de las fábricas se ha llegado a la franca colaboración con el mejoramiento de la maquinaria del régimen.

Otro peligro importante es el aislacionismo, que lleva a los grupos aislados a cerrarse, alejándose del resto de los movimientos que persiguen los mismos fines, tratando de lograr un estéril perfeccionamiento interno y creyendo que es posible llegar a una sociedad socialista y libre, por mera agregación de individuos a las pequeñas comunidades formadas dentro del sistema capitalista.  Olvidando lo que señalaba Kropotkin:  “Cada intento socialista de variar las actuales relaciones entre capital y trabajo será un retroceso, si descuida la tendencia a la integración.”

Tenemos que entender que la autogestión no es solo una forma de organización que se da en pequeños grupos específicos (cooperativas, comunidades) sino una forma de encarar los problemas comunes en todo momento y en cualquier lugar.  Entendida como una respuesta vital y significativa, como un asumir la total responsabilidad por sí mismo y con los demás, es la tarea aquí y ahora, en las fábricas, en los centros de estudio, en los barrios, allí donde la gente se encuentre y comparta sus necesidades o problemas.  La extensión y profundidad de sus logros dependen de muchos factores, pero tanto como realización, como proyecto, nace en todo intento humano por eliminar intermediarios, parásitos o estructuras sobreimpuestas.

Se anota otro peligro de desviación o desvirtuación.  Las experiencias aisladas, en su intento de sobrevivir en la hostilidad ambiental, pueden caer en pautas autoritarias o en estructuras jerárquicas, que vuelvan a empobrecer la realidad social al reponer en manos de técnicos o administrativos, lo que debe ser tarea de todos:  la orientación y gestión más general y determinante.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Dossier:  La autogestión</p>
<p>La definición de la autogestión por Franz Mintz<br />
Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía por Cristian Ferrer Toro<br />
Autogestión y autoritarismo por Comunidad del Sur </p>
<p>La definición de la autogestión</p>
<p>Franz Mintz</p>
<p>2006 señala a la par el aniversario de la revolución española (1936) contra el capitalismo y el de la insurrección húngara (1956) contra un gobierno pretendidamente obrero.  Más que una narración descriptiva histórica, nos interesa la aportación que podemos sacar para hoy día.  ¿Qué palanca puede acelerar la revolución?  El partido izquierdista parlamentario, la guerrilla, el sindicalismo, los atentados y la represión, la actitud ética ejemplar, la fe y el bajo clero, serían la panacea que sustentan múltiples ideologías, como el anarquismo, el catolicismo, el liberalismo y el marxismo (por orden alfabético).  En lugar de partir de la teoría, de los silogismos propagandísticos, vamos a arrancar de la realidad, dejando sentadas de paso nuestras convicciones, sin ocultar las insuficiencias ni los argumentos contrarios.</p>
<p>Los padres educan a sus hijos para que aprendan a vivir.  La sociedad forma a los ciudadanos para que obedezcan y trabajen, pero no les enseña ni les prepara para administrar las instituciones.  Las clases dirigentes se reservan esa función y la hacen para imponer sus propios intereses.  Así se van repitiendo los escándalos de sobornos y corrupciones, incluso en los países de tradición democrática.  A fines del siglo pasado hubo una cadena de sobornos ministeriales y de altos dirigentes en la casi totalidad de los países industriales y de los países subdesarrollados.  Los escándalos salpicaron a la mayoría de los Estados:  Francia, Alemania, Estados Unidos.  Tampoco brindaron, en aquel momento, una impresión muy diferentes los estados del agonizante socialismo realmente existente.  En China, ni el maoísmo ni el período actual han puesto punto final a los casos de explotación, corrupción y sobornos.</p>
<p>En todos los regímenes, los ciudadanos están al margen de las decisiones políticas y económicas fundamentales, sin control real.  Por eso se sucederán aún durante mucho tiempo los sobornos y las corrupciones, y hasta se presentan como normales:  “Un cierto nivel de corrupción parece inevitable en la vida pública de todos los países, pero a todos nos interesa que ese nivel sea lo más bajo posible.” </p>
<p>En un nivel contrapuesto, estamos lo que no queremos seguir así y luchamos por la emancipación de los trabajadores por ellos mismos.  Pero este concepto ha sido y está siendo oscurecido por argucias y disquisiciones teóricas, incluso con falsificaciones históricas y quizás por la ausencia de una palabra común y clara.  Lo mismo que todos los gobiernos se proclaman a favor de la libertad, y la entienden y la aplican de modo sumamente contradictorio, la emancipación de los trabajadores por ellos mismos sufre múltiples interpretaciones.</p>
<p>Tres grandes ideologías se presentan en cuanto a establecer el fundamento del orden social.  La negación de la posibilidad de la emancipación del pueblo es la postura de la clase dirigente, con argumentos seudo científicos (inteligencia desigualmente innata), filosóficos (de La República de Platón a Nietzsche) e históricos (la constancia del liderazgo:  de Jesús a Hitler).  La negación de la capacidad inmediata de los trabajadores, sin la preparación y tutela de una casta superior, es la posición de los marxistas leninistas, que se fundan en argumentos científicos (behaviorismo y condicionamiento social), filosóficos (Lenin) e históricos (las revoluciones bolchevique, china, cubana).  La última postura es la de los anarquistas que sustentan que los mismos trabajadores son capaces de dirigir y reorganizar la sociedad; para ello se fundan en argumentos científicos (la sociabilidad y el estímulo revolucionario), filosóficos (la permanencia del rechazo de la autoridad, desde los griegos – Carpócrates, Zenón – y La Boetie hasta hoy) y casos históricos (La Comuna de París, los soviets en la revolución rusa, la revolución española).</p>
<p>Nosotros nos situamos en la última categoría, amplio sector en que encontramos a cristianos, marxistas (Pannekoek, en parte Gramsci, Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel), situacionistas, sindicalistas, individuos como Noam Chomsky, junto con anarquistas clásicos de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, o Abad de Santillán, Murray Bookchin.</p>
<p>La palabra actualmente aceptada para definir las tentativas de emancipación de los trabajadores por ellos mismos es “autogestión”.  Antes se hablaba de bakuninismo, anarcocomunismo, comunismo libertario, gestión directa.  Desde 1968 el término autogestión es el más cómodo, si bien lleno de ambigüedades.  Para aclarar el problema, tres enfoques son necesarios:  A. El historial del concepto.  B. Los diferentes significados.  C. Las fases socioeconómicas de aplicación; y los vamos a enunciar brevemente.</p>
<p>A. Historia del concepto:</p>
<p>Si desde Espartaco hasta hoy, los humildes y explotados siguen rebelándose, es durante la revolución francesa cuando las premisas teóricas se van fraguando.  En 1792, los republicanos burgueses denunciaban a los “anarquistas” de París que querían que los diputados y obreros tuviesen el mismo sueldo; que decían que había dos clases “la de los que tienen y la de los que no tienen, los sansculottes y los propietarios”.  En 1793, Jacques Roux afirmaba:  “la libertad sólo es un fantasma baladí cuando una clase de hombres puede impunemente dejar hambrienta a la otra.”  Y en el manifiesto de los Iguales de la conjura de Babeuf se lee:  “Desparezcan, por fin, odiosas distinciones entre ricos y pobres, grandes y pequeños, amos y criados, gobernantes y gobernados.”  Y Varlet escribía en 1794:  “para cualquiera con capacidad de razonamiento, gobierno y revolución son incompatibles.”</p>
<p>La experiencia y la práctica revolucionarias dictaron los conceptos que elaboraron luego Proudhon y Bakunin, agregando la revocación permanente de los delegados por los trabajadores y ciudadanos de la base, la rotación de las tareas para evitar un desequilibrio o una nueva casta (ya prevista en la Política de Aristóteles), la federación de colectivos.  Así, en 1864 la I Internacional se dotaba de estatutos – redactados por Karl Marx y ajustados por otros delegados – con el lema “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos.”  Y en 1865, Bakunin preveía en un estatuto de sociedad revolucionaria:  “Cualquier organización debe proceder de abajo hacia arriba, de la comuna a la unidad central del país, al Estado, por la vía de la federación”.</p>
<p>B. Significados:</p>
<p>Para determinar los distintos significados de la autogestión, hace falta ver la meta, el cómo lograrla y las tentativas en el terreno.  “De modo estricto, hablar de socialismo autogestionario o asociativo es un pleonasmo, porque sin autogestión no hay socialismo.”  Esta afirmación del yugoslavo Branco Horvat puede ser compartida por todos los socialistas, puesto que sitúan en algún momento de la historia la desaparición del Estado.  Más detalladamente, el socialismo sería entonces:  “la idea de consejo, autogestión y democracia directa; la superación de la propiedad privada sobre los medios de producción, así como de la esfera política dominante, que puede reproducir aún peor las relaciones capitalistas; la idea de la libre disposición del trabajo propio, con relaciones sociales consiguientes; de ahí la necesidad de la libertad de investigación, de ideas y de controversias”. (Predrag Vranicki)</p>
<p>Por otra parte y en intentos muy concretos, se engloban bajo el término autogestión, las cooperativas y la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, con criterios muy conformistas y sin un claro cuestionamiento al sistema dominante.  Por eso, desde hace más de un siglo, anarquistas y socialistas en general, están en contra de tales experimentos.  “(&#8230;) la cooperación, en la mayoría de los casos, será aplastada por la omnipotente competencia del gran capital y de la gran propiedad agraria; en los pocos casos en que, por ejemplo, tal o cual sociedad de producción, que estará funcionando más o menos cerrada sobre sí misma, consiga aguantar y superar aquella competencia, tal éxito sólo tendrá como resultado engendrar una nueva clase privilegiada de felices cooperadores en la miserable mas de los trabajadores.  Así, en las condiciones actuales de la economía social, la cooperación no puede traer la emancipación de las masas trabajadoras.  Sin embargo, tiene la ventaja de que, incluso hoy por hoy, van acostumbrando a los trabajadores a unirse, organizarse y a administrar por sí mismos sus propios asuntos.”  Este último matiz de Bakunin en 1873 es importante, si bien es exacto que en la mayoría de los casos la participación obrera es una colaboración de clases y suavización de la explotación capitalista.</p>
<p>Sea como sea el origen de las distintas tentativas autogestionarias – recuperación, religiosa, capitalista, política o unión de individualistas, etc. – la práctica demuestra que los trabajadores terminan por sentir que pueden y deben alcanzar más, porque se sienten maduros, formados y alentados.  La misma idea de autogestión es peligrosa para las clases dirigentes, pese a la experiencia de demagogia y de corrupción.  Y en los países del socialismo realmente existente, cada choque de los trabajadores con la burocracia, fue acompañado de la reivindicación de la Comuna de París, de la capacidad organizadora y creadora de los trabajadores.</p>
<p>C. Fases de aplicación:</p>
<p>Insistiremos en algunos casos históricos más lejanos.  Pero veamos si la autogestión es siempre posible.  Karl Marx imaginaba que la evolución histórica seguía fases automáticas, pero cambió de parecer al estudiar el caso ruso.  En el prefacio a la edición rusa de 1882 del Manifiesto escribió:  “¿podría la comunidad rural rusa – forma por cierto ya muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra – pasar directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, o la forma comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de disociación que constituye el desarrollo histórico de Occidente?”  Y respondía que la simultaneidad de la revolución rusa y de la revolución en Occidente podría ser la solución.</p>
<p>De esta manera Marx adoptaba la postura de Bakunin de 1873 que al analizar el mir (comunidad rural rusa) como propiedad colectiva tradicional, señalaba tres ventajas:  “Toda la tierra pertenece al pueblo”, el mir “distribuye la tierra de modo temporario, entre los comuneros”, tiene una “autonomía casi absoluta y al mismo tiempo una autogestión1comunitaria; aunque anotaba también tres inconvenientes:  “el patriarcado, el aplastamiento del individuo por el mir, la confianza en el zar.”</p>
<p>Es evidente que así como es imprescindible que la autogestión nazca entre los mismos trabajadores para poder dar al traste de modo duradero con la explotación, es dudoso que esta autogestión se convierta enseguida en un modelo que responda a los cánones teóricos y librescos.  Pero como forma anticapitalista y antijerárquica en el Tercer Mundo o en los países industrializados, la autogestión nos parece la forma adecuada para provocar cambios sociales radicales.</p>
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<p>1 Hay que notar que en ruso y en serbo-croata, la palabra “samoupravlenie” tiene un uso corriente en el vocabulario social, con el sentido de “gestión local”, “autonomía”, lo que dista mucho a veces del sentido de autogestión.  En el texto de Bakunin de 1873 nos parece que “obstinnoe samoubravlenie” se puede traducir por “autogestión comunitaria”.</p>
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<p>Autogestión:  filosofía de la libertad y práctica de la autonomía<br />
Cristian Ferrer Toro</p>
<p>“Independiente porque nadie depende de mí.  No soy esclavo porque no soy amo.”</p>
<p>Víctor Tausk</p>
<p>La autogestión es un vocablo que, desde hace unos 40 años, está gozando de un merecido prestigio entre aquellos intelectuales interesados en las transformaciones sociales hacia formas de sociedad horizontales, militantes de base, epistemólogos que trabaja en lo que puede denominarse “galaxia auto” (autonomía, autoproducción, autopoiaisis) cansados de la estéril disyuntiva entre proyectos sociales cuyo modelo de sociedad es altamente estatizado o aquellos otros que pregonan las buenas nuevas de la libertad del mercado.  Creo que ya es posible aprovechar las enseñanzas de todos aquellos experimentos comunalistas y cooperativos, o de la abundante teoría sobre el tema, para comenzar a pensar en la autogestión como una herramienta indispensable de autoadministración social a fin de diseñar una América Latina libre de sus endémicas crisis económico-sociales.</p>
<p>Tres grandes constelaciones causales han catapultado esta palabra hasta nuestro interés:</p>
<p>El desencanto por las promesas incumplidas de los procesos revolucionarios francamente adversos a la democracia directa, la creciente atención prestada a los resultados de los experimentos autogestionarios, la explosión de una cultura libertaria preocupada en el cambio de mentalidades y de vida cotidiana en la década de 1960 y que implicó el retorno al basismo, la autogestión de los conflictos sociales y la creación de organizaciones pequeñas autogestionarias y también “colectivos” de trabajo grupal y el impacto producido por la difusión del ideario “fourierista” del hipismo.</p>
<p>La aparición de numeroso intelectuales de prestigio que comenzaron a prestar atención a distintas y múltiples dimensiones analíticas que propone la autogestión  (Rene Lourau, Georges Lapassade, Fernando Savater, Murria Bookchin, Pierre Clastres, Félix Guattari, Cornelius Castoriadis, etc.)  Las propias experiencias de autogestión que, breves o duraderas, han construido un saber práctico concreto sobre el tema, experimentos comunitarios, cooperativas de trabajo y producción, microempresas de escaso capital, grupos dedicados a todo tipo de actividades que se organizan sobre la base de la distribución igualitaria de poder, luchas sociales autoadministradas que evitan ser devoradas por macroorganizaciones.</p>
<p>Por último mencionemos una creciente desconfianza hacia el Estado como dispositivo resolutor de las demandas sociales, lo que por un lado ha generado un auge sorprendente del liberalismo, pero, por otro también, alentó las estrategias de supervivencia populares a través de la experimentación autogestionaria.  Sería interesante pensar cuanto hay, en las demandas de privatización, y en la expansión del discurso neoliberal, de demanda de autogestión cuyos partidarios harían bien en “torcerlas a su favor”.<br />
Si bien hay autores que sostienen otra opinión1, creo que la idea de autogestión es descendiente directa y albacea actual aunque modernizada de las experiencias utópicas del socialismo consejista y libertario.  Sería conveniente que se investigara en la riquísima experiencia histórica acumulada por sucesivos intentos horizontalistas, igualitarios y colectivistas, en los últimos 100 años, y en ese sentido, la Revolución Española resulta ser una inagotable cantera que recién se está comenzando a investigar.  También en América Latina existe un historial hoy injustamente olvidado de experiencias cooperativistas y autogestionarias, pero, como bien lo ha hecho notar Ana Proietti-Boccol, aquellas experiencias difieren de las actuales porque las más cercanas poseen un carácter “defensivo” y no necesariamente alternativo2, luego, el Estado adquirió un rol benefactor sobre la sociedad y las experiencias que nos interesan adquirieron una creciente marginalidad3.  De todas maneras, de nada sirve hacer paleontología a fin de encontrar fósiles y huellas pioneras de la autogestión ya que los desafíos que esta ideología y a la vez práctica social enfrente hoy responden a otras condiciones sociales e históricas.</p>
<p>El objetivo de este artículo, necesariamente breve, es tratar con aquellos aspectos que son generalmente “descuidados”, cuando se suele hablar de autogestión.  Se le suele alabar como un instrumento que poseen los sectores populares para desafiar las crisis económicas, o bien se pone énfasis en que este dispositivo descentralizado es tanto o más eficaz que las megaempresas capitalistas para cumplir funciones productivas.  Pero como no suele existir perestroika completa si no la acompañaba un soviet fraternal y su glasnot solidaria, creo que es pertinente escribir sobre ella, en tanto organizadora de la autonomía humana y constructora de una libertad auténticamente digna.</p>
<p>En esta dirección, la autogestión representa la continuidad de la antigua demanda humana de libertad, como opuesta a la historia de la humanidad en tanto sucesivas postas de dominaciones de unos sobre otros.  Para ello deberemos hablar de la autogestión y sus vínculos con la distribución simétrica del poder, con la distribución igualitaria del trabajo y las posesiones sociales, y con la posibilidad de que constituya un medio para que el ser humano se libere del reino de la necesidad económica y pueda desarrollar capacidades humanas aún débilmente experimentadas.</p>
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<p>1 Tal es el caso de Pierre Rosanvallon.</p>
<p>2 “Sindicalismo argentino y autogestión”, en La Ciudad Futura, N° 8-9.</p>
<p>3 El riquísimo historial de las experiencias anarquistas y socialistas de principios del siglo pasado, en campos tan distintos como la pedagogía, la organización sindical o las sociedades de socorro mutuos son ejemplos cabales de autogestión.</p>
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<p>La democracia autogestionaria<br />
Podemos definir básicamente a la autogestión como un modelo de organización social que se fundamenta sobre la posibilidad de que los propios habitantes o constructores de la organización decidan sobre las modalidades en que el organismo será gestionado.  Esta forma de democracia directa, que implica la presencia en el lugar a fin de poder representarse a uno mismo, se encuentra tan alejado del domino estatal-burocrático sobre la sociedad, como del poder omnímodo de las megaestructuras capitalistas, y tanto define a un grupo de pocas personas organizadas en forma horizontal, como a un hipotético modo de producción autogestionaria, si nos permitiéramos apropiarnos momentáneamente del concepto acuñado por Marx y pensándolo como el extremo utópico de una sociedad sin desigualdades.  En tanto sinónimo de autogobierno, se trata de una práctica social que testifica que los esqueletos jerárquicos son estructuras inapropiadas (teniendo en cuenta su eficacia para gestionar una sociedad en libertad) para construir u organizar a la sociedad.  Por lo tanto, “el primer ámbito fundamental de autodeterminación colectiva no puede ser otro que la unidad asociativa elemental como el primer y fundamental ámbito de la libertad, no puede ser otro que el individuo y esta unidad debe ser a medida de asamblea.”  (Bertolo; 1986: 4), y ello exige una descentralización general de las funciones hoy gestionadas por el aparato estatal o por megaorganizaciones privadas, a fin de hacer máximo el apogeo de la sociedad civil.</p>
<p>El objetivo es que la sociedad se apropie de sí misma y no permita que sus asuntos sean gobernados por instituciones que tiendan a exteriorizarse de su base transformándose en vértices privilegiados.  En este sentido, el problema de la dimensión es vital para estos experimentos autogestionarios:   nunca deben sufrir explosiones “demográficas” porque inevitablemente perderán control sobre sus propios asuntos.  Es necesario diferenciar tajantemente estas prácticas del discurso liberal que solemos conocer:  no se trata de privatizar al Estado, sino de que los medios de gestión y de producción en la sociedad los administren los propios interesados en tanto propiedad social.  Un riesgo simétrico al liberal es el afán jacobino de la izquierda que ansia los vértices de la pirámide confiando en transformar al poder santificándolo en vez de renunciar de una vez por todas a él.  De esta manera, al colocar la tarea gestionadora en las administraciones locales, los municipios y en la especificidad de las diversas organizaciones de base que nos podamos imaginar, estaríamos forjando una sociedad descentralizada que necesariamente impide la planificación centralizadora:  ni plan económico general, ni decisiones políticas exteriores a los intereses de la base social o incluso planificación urbana que trate a una ciudad como una totalidad sin idiosincrasias locales.  La regulación solo es posible en un nivel local, necesariamente descentralizado, cuyos habitantes conocen mejor que cualquier experto las problemáticas que les conciernen.</p>
<p>La autogestión no es un fin en sí misma, sino más bien un instrumento que permita pedagogizar a sus miembros en la máxima libertad posible:  en la democracia directa.  Cuando se la acepta como un fin, se adopta una perspectiva muy limitada como visión de los asuntos humanos, si en cambio se la admite sólo como un medio, se transformará en una “técnica” que intenta racionalizar la producción y las opciones sociales.  Es por ello que es peligroso enfatizar su hipotética eficacia en tanto administración de la producción; este discurso de la eficiencia que ha plagado los actuales programas políticos oficialistas u opositores, debe ser ajena a la autogestión, la cual probablemente sea un instrumento adecuable solamente a otra estructura de necesidades de la población.  Se trata más bien de la posibilidad de experimentar, construyendo formas organizacionales que son extrañas a principios burocratizantes o a intereses sectoriales:  es la organización de la vida colectiva sobre nuevas bases igualitarias.  Afirmar esto es pertinente porque no podemos soñar con organismos de este tipo que sean “eficaces”:  el aprendizaje de la libertad, el apropiarse de la propia capacidad de decidir, de la propia vida y cuerpo, implica escaparse tanto de una ontología economicista-productivista, como de una programática estatista-autoritaria, para situar el acento sobre la ejercitación experimental de la autonomía.  El celo puesto en el crecimiento productivo o el desarrollo económico de un país ignora que los fundamentos humanos son del orden de lo afectivo, lo erótico, lo lúdico.  Una sociedad autogestionaria podría reclamar un tipo de modelo económico que si bien no reduzca el crecimiento, al menos no se sienta obsesionada por ello.  El gran proyecto de una sociedad futura debe ser liberar a lo humano del trabajo, del reino de la necesidad y proporcionarle a éste un peso específico menos en la cantidad de actividad socialmente necesaria para gestionar las relaciones sociales.  La autogestión es un medio para construir una estructura de necesidades (y de ser habitada por estas mismas necesidades) donde el ocio, los placeres, el desarrollo de las capacidades afectivas y creativas de los humanos constituyan la medida ontológica-antropológica y no el nivel de eficacia productiva o administrativa.  Recordemos que el stajanovismo fue el vicio simétrico del taylorismo.</p>
<p>La pirámide y el círculo<br />
Cuando pienso en una sociedad autoorganizada me remito a una sociedad que no posee reglas de constitución y dictaminadas desde organismos encargados de velar por la “salud” de la base social desde una dimensión superestructural, pero, asimismo es una sociedad que no conoce una prescriptiva legal o moral que sancione a los comportamientos que se desvíen de tales normas.  Llegamos al problema fundamental que la autogestión trata de resolver:  en la historia de la humanidad, la distribución asimétrica del poder ha sido la regla por excelencia que ha organizado las sociedades; en los momentos históricos convulsivos, cuando la base social se sublevaba contra ese poder dividido, inmediatamente se instauraba otro poder cayendo presa de los apremios estructurales que son inherentes a las formas piramidales, aún contando con las más sanas intenciones imaginables.  La autogestión debe pertenecer al orden de lo contrainstitucional, de aquello que lucha permanentemente contra las fuerzas instituidas y las instituyentes de nuevos poderes y que defiende tenazmente la plena capacidad decisoria de la base social.  La asunción de que es el ejercicio asimétrico del poder, la existencia de poder delegado por los individuos y la ideología de la necesidad de las jerarquías y de la autoridad (obviamente son los políticos aquellos que más están convencidos de esto, porque justamente legitima su función) lo que impide a la sociedad buscar sus propias reglas de autoconstitución, nos permite afirmar que la faena política de la autogestión consistirá en desactivar los instrumentos u organismos de imposición e instrucción de comportamientos y decisiones a fin de acabar con los grupos privilegiados que establecen reglas y se ocupan de hacerlas cumplir.</p>
<p>Lo anterior sugiere que las obligaciones deben ser reemplazadas por acuerdos operativos entre los miembros, sin duración obligatoria y con alta capacidad de reordenamiento en caso de ser necesario.  Cierta regularidad en algunos acuerdos será necesaria en los niveles de coordinación supralocales o regionales y a la vez deben construirse ciertas reglas prácticas que permitan la rápida reorganización de sistemas y dispositivos que se demuestren inadecuados.</p>
<p>Al definir al ejercicio del poder como la problemática fundamental que la autogestión enfrenta, estoy afirmando que es un error entender al Estado como referencia central del problema:  el Estado no es reflejo del poder de clase burguesa, aunque tampoco necesariamente su opuesto.  Pero aún si pudiéramos imaginar “achicado”, cuasi desaparecido o descentralizado y eliminados los mecanismos de expropiación de plusvalía, podríamos no estar resolviendo el problema de la distribución asimétrica del poder, que no solamente antagoniza a las clases sociales, sino que, también, permite la dominación de los adultos sobre los niños, las desigualdades étnicas, sexuales, etc.  Por ello, más que hacer un análisis de estructuras, de sistemas totales o buscar afanosamente los ejes de constitución de toda la sociedad, se hace imperioso analizar a las propias organizaciones e instituciones en donde  surgen problemas en actos electivos o de ejercicio de poder.</p>
<p>Ciertas invariantes le son necesarias a los mecanismos autogestionarios:  la rotación permanente en los lugares de liderazgo, la falta de división jerárquica de los puestos de trabajo, la máxima transparencia informativa, a fin de que todos puedan manejar la misma información en el momento de optar, la propiedad colectiva de la producción social, la ausencia de desigualdades o discriminaciones.  No obstante, las matrices autogestionarias deben posibilitar la máxima libertad para experimentar inventando nuevas formas decisorias, o de distribución del trabajo.  Lo fundamental es transformar los modelos de toma de decisiones de estilo centro-base o centro-periferia, hacia un organismo autogestor que sea el centro de las relaciones y decisiones que le conciernen:  la emancipación no debe ser delegada en nadie.  Algunos experimentos realizados por Heinz Von Foerster4 muestran que cuando un grado de desorden es introducido en grupos acostumbrados a una organización rígida y liderada, se ingresa a etapas de desintegración grupal, mientras que grupos autoorganizados sobre el modelo autogestionario, sometidos a grados de desorden más intensos que los acostumbrados son capaces de seguir operando, porque poseen una alta capacidad para reorganizar sus estados internos.</p>
<p>Estamos tan acostumbrados a que otros decidan por nosotros, a la existencia de la autoridad, al privilegio decisorio de la palabra del “experto” (que suele hacer una ecuación equivocada entre un saber específico y el poder de decidir a partir de este saber), y que distintas posiciones estratégicas sobre un mismo tema se resuelvan excluyendo algunas de las dos posiciones, de manera que la distribución igualitaria al poder en las nuevas organizaciones deberá parecerse más aun proceso de aprendizaje de la democracia directa, que a un decreto distributivo.  Pero, aunque el igualitarismo deberá ser la matriz solidaria y democrática que le es imprescindible a la autogestión, no puede ser sinónima de ausencia de diferencias humanas:  muy por el contrario, una sociedad autogestionaria deberá poseer el máximo de diversidad de costumbres, preferencias, modelos afectivos, eróticos, vocacionales, de modos de producción (individuales, comunitarios, colectivistas, cooperativistas):  una sociedad libre es una sociedad compleja que permite el incremento de los grados de barroquismo social, a fin de que la novedad social y la multiplicación de posibilidades de opción sean la regla y no la excepción. No se trata de una sociedad que se instituye de una vez para siempre, sino que experimenta sobre sus mismas virtualidades:  el problema estriba en cómo vincular adecuadamente la descentralización completa a nivel micro local con plena capacidad de decisión con las formas regulativas necesarias que deben coordinar las autogestiones regionales.</p>
<p>Al ser pensada como una nueva forma igualitaria para regular el ejercicio del poder (especialmente en la práctica colectiva de las decisiones) se intenta resolver la separación tradicional entre dirigentes-dirigidos, y la creciente autonomización que suponen los poderes delegados a través de la participación personal en las asambleas decisorias.  La autogestión solo es viable si opera a través de la máxima libertad de pensamiento y de expresión, a fin que ninguna opinión pueda quedar insatisfecha.  Por ello, la relación entre medios y fines es fundamental, porque no cualquier método sirve para constituir organizaciones libres; la elección de los fines condiciona ineludiblemente a los medios a utilizarse; la autogestión contienen inherentemente a la libertad.</p>
<p>La incapacidad de pensar al poder como verdugo de la libertad, ha encandilado a sucesivas generaciones de intelectuales y políticos con la posibilidad de utilizar el poder piramidal para favorecer al pueblo.  Hoy sabemos que es necesario inventar mecanismos que neutralicen la posibilidad de que un sujeto o grupos social sea afectado en su autonomía.  La imagen geométrica del círculo es más adecuada como modalidad de potenciar estructuras libertarias:  la asamblea y el pequeño grupo, como lugar de elaboración de decisiones y el consenso a partir de condiciones igualitarias, como modo de elaboración de decisiones; por otra parte en lo que concierne a la naturaleza de las decisiones debe prestarse atención a “las condiciones de posibilidad de un tipo de decisión cuyos efectos solo comprometan y afecten a los que consienten a ese proceso decisorio, es decir, cuyas consecuencias sean controladas y selectivas, a fin de que sea un tipo de decisión que no hiciera participar en sus consecuencias, incluso indirectas, a aquellos que no lo desean.”  (Ibáñez; 1983: 121).  La libertad de un sujeto debe estar medida por su capacidad para practicar su autonomía y para multiplicar sus opciones:  estas opciones no deben entenderse solamente como transparencia informativa o como plena capacidad de decisión, sino también a la posibilidad de cambiar y despistar de los circuitos de recorrido rutinario de los sujetos, contemplando de esta manera la movilidad espacial de un sujeto por todo el territorio social (intersectando a través de distintas vocaciones, identidades, placeres, trabajos, grupos, etc.)  En nuestras sociedades, ya desde la familia o la escuela primaria, las informaciones suministradas a los sujetos, resultan ser instrucciones que moldean y determinan las identidades, construyendo los propios criterios decisionales del sujeto.  La tarea de una pedagogía de la libertad supone potenciar la autoestima de los individuos, reforzarles sus propios criterios éticos de comportamiento en contra de las obligaciones morales generales, y permitirles estar alerta cuando los individuos tengan el sentimiento subjetivo de que su libertad está siendo limitada o manipulada.</p>
<p>Aún cuando asegura mayores grados de participación y autonomía, los organismos autoadministrados no implican la ausencia de conflictos.  Soñar con inmóviles paraísos libertarios donde el amor todo lo puede, es el privilegio de un dios totalitario; por el contrario, vivir es sostener una tensión improbable con nuestras condiciones de existencia y la autogestión no es una pócima mágica que todo lo resuelva.  Lo único que la autogestión puede asegurar es que las divergencias conflictivas  consigan llegar a un punto óptimo de consenso e impidan que aquellos disconformes con las decisiones se separen de la organización.  En la historia de Occidente, lo múltiple siempre ha sido reducido a lo uno, en la historia a ser escrita de la autogestión los unos conviven en lo múltiple sin intentar llegar a una unidad monoteísta.  Por todo esto, decimos que la autogestión deberá pensarse como ligada indisolublemente a la conducta solidaria de los miembros y a la búsqueda intensa de las formas más libertarias posibles:  no vincularlas implican caer en otro tecnicismo más en donde se transforma en un instrumento para producir industrialmente, aunque en forma micro local:  perestroikas sin glasnost.</p>
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<p>4 Self administration systems, Berkeley Press:  1985.</p>
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<p>Las tecnologías apropiadas<br />
La distribución desigualitaria del trabajo, el trabajo obligatorio no vocacional, las escalas estratificadas de sueldos, las tareas socialmente prestigiadas:  estas son algunas de las lacras heredadas por nuestra sociedad.  La autogestión permite, en primer lugar, poder participar en la planificación y organización del trabajo, poder de decisión sobre las modalidades de producción (qué se va a producir, cómo, con qué criterio de necesidades sociales, etc.) y apropiación colectiva de la producción.  Pero, además, el reparto equivalente de las responsabilidades instituyendo criterios de rotación y revocación a fin de que todos puedan ejercitarse en los lugares de responsabilidad.  La rotación de tareas o el trabajo social obligatorio, pero sobre todo la construcción de una sociedad a escala humana (como una novedosa estructura de necesidades y con modalidades de distribución laboral que no obliguen a sus habitantes a realizar tareas que les disgustan) es lo que permitirá concluir con la milenaria y desigual dupla trabajo directivo-trabajo de ejecución.  Esta integración del trabajo manual y del intelectual, ejecutivo y organizativo, evitará la adopción de escalas salariales separadas por abismos e impedirá la obligación actual que tienen las clases desposeídas de hacer los trabajos desagradables y penosos.  Pero, sobre todo, al desestimar a las pirámides como modalidades de organización social, se desactivará también la carrera desesperada por llegar a ser “alguien” en la sociedad, por llegar alto hasta niveles de consumo de bienes onerosos:  la estética de las uñas y de los dientes.</p>
<p>Ninguna tecnología material o tekhné mental o afectiva es neutra:  se adecuan al modo de producción o a la formación social de poder existente.  Las finalidades sociales perseguidas por la autogestión precisan asimismo de instrumentos adecuados:  no existen reactores atómicos humanistas, por más que puedan autoadministrarse o fábricas de armamentos progresistas autoorganizadas, ellas son intrínsicamente inadecuadas para una sociedad libre.  Todas las herramientas sociales, tecnológicas, mentales o afectivas y las de gestión y administración de organizaciones, deberán poseer un carácter “blando”, lo cual no representa una petición de principios, sino el convencimiento de que un hipotético modo de producción autogestionario exige instrumentos sociales que no le sean neutros.  Es probable que ciertos imperativos técnicos que se usan actualmente en el Estado y la industria, favorezcan la división jerárquica del trabajo:  la autogestión deberá proporcionar algo parecido a las “herramientas convivenciales” de Iván Illich o los “instrumentos polifuncionales” de Murria Boockhin.  Todo software a utilizarse deberá ser no centralizador y servir solo para interconectar necesidades locales.</p>
<p>Aquellos que supongan que los fines justifican los medios caerán en la paradoja mencionada por Pierre Rosanvallon:  “Quería el socialismo, encontrará la tecnocracia; quería la igualdad, hallará la jerarquía; quería la autogestión, topará con la burocracia; quería comprender, hallará una jerga; quería una comunidad, hallará ciudades-dormitorios; quería trabajar con alegría y tendrá que conformarse con la monotonía abrumadora.”</p>
<p>El regionalismo, habitat de la libertad<br />
La división territorial adecuada a la autogestión es la separación por regiones definibles a partir de idiosincrasias étnicas, históricas, culturales, geográficas que les sean comunes.  El objetivo es construir modelos regionales de administración social; pueden ser municipios, barrios, ecosistemas provinciales, comunidades locales o incluso asociaciones de consumidores:  las cuales, a su vez, se intersectan en distintos dominios de interés.  El problema de la dimensión es clave, a fin de construir conjuntos sociopolíticos solo administrados por grupos locales:  es imposible construir sociedades libertarias de millones de habitantes o empresas de producción con miles y miles de empleados, inevitablemente se producirá una exteriorización del poder delegado y comenzarán a instituirse formas burocráticas y estatizadas.  Pierre Clastres ha investigado desde al etnología los procesos tribales en los cuales las explosiones demográficas o la creación de organismos privilegiados (guerreros, liderazgos permanentes) guían el camino hacia la división jerárquica de la sociedad.</p>
<p>Las economías a escala la urbanización comunitaria de las ciudades, la descentralización del poder, la “desurbanización” de las macrociudades deberán insertarse en estructuras regionales construidas a partir de identidades ya sedimentadas, evitando la creación artificial de “unidades nacionales” que solo terminan produciendo una balcanización bélica, o la interminable desdicha africana intertribal o bien una complejización desordenadora del territorio que es resuelta manu militari.</p>
<p>La desaprobación redistributiva<br />
La autogestión supone la propiedad social o individual (dependiendo si son formas de producción colectivas o individuales) de los medios de producción, lo cual no quiere decir nacionalización o estatización de la economía.  Esta propiedad social está atravesada por su consecuente planificación democrática.  Pero el asunto es más complejo, porque si bien podemos definir a una empresa como todos aquellos que en ella trabajan, lo que hay que expropiar son también procedimientos de fabricación, sistemas de organización laboral, dispositivos de información, modalidades de ejercer la autoridad, modos de relacionarse afectivamente en los lugares de trabajo, es decir, no se puede expropiar una estructura material que en nuestras sociedades solo genera desigualdad y alineación:  es necesario mutar su naturaleza.  Rosanvallon está en lo cierto cuando afirma que hay que arrancar a la fábrica el monopolio de la producción de bienes y reemplazarla por una miríada de formas de producir (incluso por algunas hoy consideradas anacrónicas) que deben coexistir a fin de distintas modalidades de inserción en organizaciones autogestionarias.  En otras palabras, desarrollo económico y producción industrial no es lo mismo.</p>
<p>Por otra parte, es necesario apropiarse de todo un saber experto sobre la gestión de la producción o la sociedad, a fin de evitar el monopolio de los expertos:  esto implica, por un lado, separar el saber específico de una persona de su capacidad de decisión, que no son sinónimos, y por otro lado, construir formas organizativas y productivas que no precisen de una capa de expertos.</p>
<p>En principio, la autogestión se opone a la propiedad privada, mas no a la propiedad individual.  La práctica de la autogestión disuelve hasta sus últimas consecuencias la ideología de la propiedad:  todos-nadie es dueño-propietario de los medios de producción disolviéndose así el dominio.  En América Latina las posibilidades de instituir una autogestión generalizada son remotas todavía, pero no se deberían impugnar, mas bien alentar todo tipo de experiencias que instituyan un tejido de organismos autogestionados, tendiendo a desapropiar y redistribuir las posesiones sociales y el ejercicio del poder en una modalidad igualitaria.  Las estructuras monopolistas y transnacionales del capitalismo tradicional y las empresas que concentren sus estructuras productivas están asimismo en vías de extinción:  la descentralización empresarial y productiva parece resultar más eficiente en esta etapa de la reproducción del Capital.  Probablemente vamos a conocer numerosas formas de autogestión que abarcan desde las micro unidades empresariales hasta sistemas de cogestión obrero-empresariales.  Poseer cierta cuota de autogestión al interior de sistemas autocráticos o “establecer un tercer sector cooperativista de la economía dentro y por debajo de los otros dos sectores hegemónicos y verticalistas.”  (Guiducci; 1980) pueden resultar coartadas para dominar por otros medios, pero no debiera impugnárseles totalmente por cuanto pueden llegar a anticipar experimentando formas más libertarias de gestión.  Estas formas son más convenientes cuando la apropiación por la base se realiza a nivel de organismos barriales, municipales, comités escolares y sanitarios o asociaciones basistas.</p>
<p>La metamorfosis cultural<br />
Si uno pensara en un sistema de experimentos autogestionarios federados y generalizados, inevitablemente debe pensar en cómo llegar a conseguirlo.  Hay una sola respuesta, la autogestión es una mutación de la racionalidad dominante en nuestras sociedades:  por ejemplo, para que los habitantes puedan autoorganizarse es preciso que se desprestigie el concepto de autoridad, que ocurra una mutación simbólica hasta ahora desconocida por la cual los sujetos humanos desconfíen de mesías, Estados benévolos o en la necesidad de niñeras institucionales.  Esta mutación simbólica produce a la vez cambios materiales en el mundo de la producción, la familia, las relaciones de pareja, etc.  La competencia es otra de las muchas prácticas conductuales (consumismo, rencor, culpa, sexismo) que deben sufrir una transformación a fin de que la cotidianeidad social genere isomorfismos igualitarios entre los miembros de los organismos institucionales o los grupos autoadministrados.  La comunicación a partir del conocimiento mutuo entre los miembros (sin referirnos con esto a las habermasianas transparencias comunicativas o a cualquier beata ideología de las “buenas ondas”) debería ser un modelo relacional ideal, aunque no debe suponerse por esto, la utopía de la comuna maternal y autosuficiente:  las obligaciones morales que solemos conocer, ya que los espacios de libertad deben ser cuidados permanentemente, así como se debe proteger a todos los que no quieran organizarse autogestionariamente o a los pocos gregarios.  Lo fundamental es la creación de un tejido social intrincado y superpuesto en distintas dimensiones por múltiples formas de asociaciones, mutualidades, afinidades, autogestiones:  un palimpsesto descentralizado.</p>
<p>Un presupuesto fuerte es que la minimización u obsolescencia de las instituciones verticales y autoritarias permitirá que afloren todas las capacidades y potencias creativas de los individuos y de la comunidad.  A salvo de vicariatos e instructores institucionales, la ontología comunitaria subsiguiente es una tarea social “heroica”:  la autotransformación del propio mundo de la vida.</p>
<p>Los debates sobre los procesos de transición hacia sociedades más libres suelen enfatizar esos momentos agitados de la historia que son los acontecimientos insurreccionales, olvidando la lenta y casi sorda preparación de diversas prácticas sociales alternativas y a los cambios de mentalidad que van sedimentando una tierra fértil para expandir estas mismas prácticas novedosas.  La construcción de una cultura más democrática, antiautoritaria y dispuesta a admitir en forma general los ideales autogestionarios germina en el mismo seno de una sociedad aún desigualitaria.  No es posible colocar como condición sine qua non a la”revolución”, porque se estarían impugnando los actuales experimentos autogestionarios (las pequeñas empresas, las cooperativas barriales, las comunidades de producción y vida en común, etc.):  la cultura es la que cobija el acontecimiento y no el evento estelar el que funda a toda una época:  la lenta pedagogía libertaria que deberá permear en nuestro pueblo antes que podamos realizar plenamente la máxima libertad que implica el aprendizaje y práctica de las técnicas mentales, afectivas y materiales adecuadas a una sociedad autoadministrada.  Esa sociedad no puede ser construida por decreto de un Estado revolucionario o por gobiernos que decretan modelos institucionales de autogestión reglamentados por ley; tan solo puede ser generada por la cultura actual, experimentando en las condiciones locales de asimilación de estos dispositivos igualitarios.  Las epistemologías de la dominación se han fundamentado en la incapacidad de poder pensar por fuera de la unidad y contra el poder; la emergencia y consolidación de las jerarquías fue acompañada de la división social económica en clases, por la distribución asimétrica del poder y por el uso de tecnología jerarquizadora; la economía humana de las necesidades medida solamente por la satisfacción del hambre o la mera autoadministración eficaz de los bienes institucionales o empresariales debe ser superada por una sociedad más lúcida, más creativa, más libre.</p>
<p>La autogestión debe ser a la sociedad como lo que la virtud, la ética y la bondad de corazón son al ser humano íntegro.</p>
<p>Bibliografía<br />
Bertolo, Amadeo.  La gramínea subversiva:  la autogestión.  Revista Comunidad, N° 54/55, Estocolmo, 1986.</p>
<p>Bookchin, Murray.  Ecology of freedom.  The emergence and dissolution of hierarchy.  Cheshire Books, Palo Alto, 1982.</p>
<p>Guiducci, Roberto.  Autogestión y división del trabajo.  Revista Bicicleta, número especial sobre Autogestión, Barcelona, 1980.</p>
<p>Ibáñez, Tomás.  Poder y libertad.  Estudio sobre la naturaleza, las modalidades y los mecanismos de las relaciones de poder.  Ed. Hora, Barcelona, 1982.</p>
<p>Illich, Iván.  La convivencialidad.  Ed. Barral, Barcelona, 1972.</p>
<p>Lapasssade, Georges.  Grupos, organizaciones e instituciones.  La transformación de la burocracia.  Ed. Gedissa, Barcelona, 1977.</p>
<p>Lourau, Rene.  El Estado y el inconsciente.  Kairos, Madrid, 1980.</p>
<p>Lourau, Rene.  Autogestión e institución.  Revista Fahrenheit 450, N° 1, Buenos Aires, 1986.</p>
<p>Rosanvallón, Pierre.  La autogestión.  Ed. Fundamentos, Madrid, 1979.</p>
<p>Varios autores.  Crisis, autogestión y nuevas formas de producción social.  En La Ciudad Futura, N° 8/9, diciembre, 1987.</p>
<p>Varios autores.  La autogestión, el Estado y la revolución.  Ed. Proyección, Buenos Aires, 1969.</p>
<p>Varios autores.  Interrogations sur l’autogestion.  Atelier de creation libertaire, Lyon, 1979.</p>
<p>Varios autores.  Revista Volontá, número especial sobre la autogestión, Milán, julio/octubre 1979.</p>
<p>Autogestión y autoritarismo</p>
<p>Comunidad del Sur</p>
<p>Bases para una sociedad autogestora<br />
• En lo económico social:</p>
<p>En general, la cuestión económico social debe decidirse con un doble criterio:  el de la emancipación del hombre en el plano de la creación o la creatividad, y el de la justicia en el plano del consumo y reparto.  Como productor, el hombre debe reclamar su libre y responsable iniciativa en la contribución diaria al acervo común.  La liberación y también la eficacia humana, resultan primordialmente de la responsabilidad creativa al nivel del trabajador mismo.  El reparto debe adecuarse a las necesidades, entre hombres desprovistos de poderes para imponer desigualdades.  En consecuencia:  trabajo humanizado por autogestión productora, contra trabajo enajenado.<br />
La socialización es dar a los medios instrumentales de producción su destino natural, como herramientas de los grupos que las operan.  Esos grupos “a necesaria escala humana” – son los núcleos intermediarios y autónomos en que han de ubicarse y desarrollarse solidariamente en el plano productor – las potencias de los hombres.  En consecuencia:  socializar es atribuir a tales grupos la disponibilidad de sus útiles, contra cualquier expropiación – ostensible o disimulada – a favor de clases privilegiadas, tecnócratas o aparatos políticos.<br />
La planificación debe ser el programa colectivo, dictado por la voluntad política de la comunidad, en vista del bien común.  Propuesta – no impuesta – a la espontánea colaboración de hombres y grupos.  En consecuencia:  la planificación de información o indicación, contra despotismo planificador y contra centralización subrepticia en el neo-capitalismo de grandes unidades.<br />
En la perspectiva revolucionaria, el desarrollo económico es una de las dimensiones de la tarea mayor de promover al hombre.  Considerar aquél desarrollo como fin en sí, es una actitud reaccionaria, cualquiera sea su origen, en cuanto procura facilitar con mejoras de consumo relaciones de servidumbre.<br />
En esa misma perspectiva, la función educacional debe perseguir el desarrollo del espíritu creativo de todos y su inserción en la vida social, por responsabilidad comunitaria sin egoísmo competitivo.  Y debe fomentar la libertad esencial de la cultura.  En síntesis:  dotar al hombre para resistir cualquier “miedo a la libertad”.<br />
• En lo político-social:</p>
<p>Estructurar la sociedad a partir de los agrupamientos básicos de la misma, buscando la participación más activa de sus integrantes y eliminando el dominio político de unos sobre otros.<br />
Administración descentralizada de los intereses sociales, en un sistema dinámico y de control directo por parte de los directamente involucrados.<br />
Organización federalista en el conjunto de los problemas de la sociedad, integrándose a distintos niveles y por actividad.<br />
Supresión del militarismo, no solo por lo que significa como creador de un espíritu autoritario, nacionalista y como elemento opresor, sino también por la carga económica.<br />
Búsqueda de formas de relación, coordinación e integración con los pueblos hermanos de América Latina, para solucionar problemas comunes en un orden regional o continental o mundial, destruyendo las fronteras estatales autoritarias, unívocas y rígidas. </p>
<p>La autogestión como medio<br />
Al plantearnos la autogestión lo hacemos a dos niveles:  como medio y como fin.  Aunque estos están íntimamente relacionados, en el sentido de que los medios tienen que estar empapados de los fines y que estos sean consecuencia de los medios, ya que es difícil imaginar que la libertad pueda ser consecuencia de la negación de la misma.</p>
<p>El problema actual está en encontrar y dar vida a formas sociales que consagren el protagonismo de todos, es decir, que ha de ser posible que todo hombre asuma la responsabilidad de su quehacer social en condiciones de libertad creadora.</p>
<p>La autogestión como medio de transformación social se basa en el principio de que toda acción político-social reposa en una interacción creativa entre hombres agrupados.  En ella se originan las ideas, se seleccionan y depuran, se toman las decisiones y se las lleva a la acción.</p>
<p>Al plantearnos la autogestión como una forma de transformación que ya se puede concretar ahora y aquí, postulamos nuestra creencia de que la manera de destruir radicalmente un tipo de organización y relación es reemplazándola por estructuras diferentes.  La creación de un orden nuevo es lo que puede destruir a fondo el antiguo estado de cosas.  Esto no excluye las etapas.  Pero sí debe haber un modo de organización transitorio:  es necesario que este haya roto con el viejo espíritu y el viejo tipo de relaciones, que la organización se haga fuera de toda orientación centralista y autoritaria.  Para ello se necesitan condiciones elementales:  hombres preparados en la iniciativa, en la gestión colectiva; organizaciones sociales activas y eficaces, bien ligadas los unos a las otras, capaces de tomar el relevo para responder a las necesidades de la hora y para echar bases sólidas de una sociedad socialista y libertaria.</p>
<p>Sintetizando, la autogestión como medio de transformación promueve relaciones diferentes entre los hombres.  Y la tarea es crear desde ahora, organismos autogestores que reanimen la vida social, familiaricen a los hombres con los problemas socio-económicos y que puedan en un momento de ruptura, convertir esto en revolucionario y constituir la base de la nueva organización social.</p>
<p>Todas estas disponibilidades han sido históricamente negadas al predominar la explotación del hombre por el hombre, dando lugar al acaparamiento por parte de unos pocos, del poder político y económico.  La técnica de la administración se ha basado, en consecuencia, en el centralismo, siendo su resultado inmediato, la burocracia.</p>
<p>El centralismo<br />
Lo característico de la centralización es que todos los conductos, entre la cúspide, donde mora el poder político y económico y la gran base social, solo son vías de captación y dirección a disposición de aquella.  Los hombres de la base están privados de toda forma de control y responsabilidad; han quedado limitados a la tarea de encontrar y conservar su pequeño sitio de usufructo dentro del inabarcable aparato.  Se desarrolla en ellos una óptica individualista; poseer más y más cosas, consumir más, llegando a lo que decía Marx:  “el lugar de todos los sentidos físicos y mentales ha sido usurpado por la autoenajenación de todos estos, por la sensación de poseer.”  “La propiedad privada nos ha vuelto tan estúpidos e impotentes que las cosas solo llegan a ser nuestras si las tenemos, o sea si existen para nosotros como capital y las poseemos, las comemos, las bebemos, esto es, las usamos.  Somos pobres a pesar de nuestra riqueza, porque tenemos mucho pero somos poco.”</p>
<p>Esta enajenación del individuo hace que no pueda concebir un mejoramiento de su condición más que a través de caminos individuales.  La orientación del aparato (centralista y burocrático) es fomentar el consumo individual, impidiendo la creación de una conciencia colectiva, desviando hacia la esfera individual la satisfacción de todo tipo de necesidades.  Se convierten así, en vías de evasión y de repliegues sobre la esfera privada, que son satisfechas de buen o mal grado por el sistema, a los efectos de no tener que hacer concesiones más fundamentales (de orden político) o para impedir la politización de los descontentos.</p>
<p>Resumiendo entonces, podríamos decir que las consecuencias de una organización social piramidal, es que el individuo es despojado de toda posibilidad real de decisión, tanto en la esfera del trabajo como en todas las demás esferas de la vida.  Y como consecuencia se da el repliegue a la esfera privada, sentido como única esfera de soberanía.</p>
<p>Crítica a la autogestión como medio<br />
Al igual que los individuos, los grupos se escapan a la influencia esterilizante de la situación social y política actual.  Esta esterilización se puede expresar en la integración al régimen o al aislamiento.  Por un lado, la integración al régimen se da por el abandono de los valores que la motivaron.  Al nivel del trabajo ha significado que muchas empresas se hayan reducido a atender las necesidades de sus integrantes, pero determinadas por el régimen dominante.  Facilitan de esa manera la ascensión en la escala social, pasar de la condición de obreros a pequeños burgueses, con todo lo que eso significa como afirmación de los valores del sistema.</p>
<p>Otro tipo de autogestión, la acción directa de los sindicatos, ha perdido poco a poco su postura revolucionaria de que “tienen que ser lo obreros lo que guíen el tren”, como dice la Internacional, para pasar a una lucha reivindicativa puramente económica, que asimila a los obreros al régimen a través de un mejoramiento del “nivel de vida!.  De la toma de las fábricas se ha llegado a la franca colaboración con el mejoramiento de la maquinaria del régimen.</p>
<p>Otro peligro importante es el aislacionismo, que lleva a los grupos aislados a cerrarse, alejándose del resto de los movimientos que persiguen los mismos fines, tratando de lograr un estéril perfeccionamiento interno y creyendo que es posible llegar a una sociedad socialista y libre, por mera agregación de individuos a las pequeñas comunidades formadas dentro del sistema capitalista.  Olvidando lo que señalaba Kropotkin:  “Cada intento socialista de variar las actuales relaciones entre capital y trabajo será un retroceso, si descuida la tendencia a la integración.”</p>
<p>Tenemos que entender que la autogestión no es solo una forma de organización que se da en pequeños grupos específicos (cooperativas, comunidades) sino una forma de encarar los problemas comunes en todo momento y en cualquier lugar.  Entendida como una respuesta vital y significativa, como un asumir la total responsabilidad por sí mismo y con los demás, es la tarea aquí y ahora, en las fábricas, en los centros de estudio, en los barrios, allí donde la gente se encuentre y comparta sus necesidades o problemas.  La extensión y profundidad de sus logros dependen de muchos factores, pero tanto como realización, como proyecto, nace en todo intento humano por eliminar intermediarios, parásitos o estructuras sobreimpuestas.</p>
<p>Se anota otro peligro de desviación o desvirtuación.  Las experiencias aisladas, en su intento de sobrevivir en la hostilidad ambiental, pueden caer en pautas autoritarias o en estructuras jerárquicas, que vuelvan a empobrecer la realidad social al reponer en manos de técnicos o administrativos, lo que debe ser tarea de todos:  la orientación y gestión más general y determinante.</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-120</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 17:33:39 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=666#comment-120</guid>
		<description>BIBLIOGRAFÍA 

.- Abad de Santillán, Diego: El organismo económico de la revolución. Ed. ZYX. Madrid. 1978 
.- Adizes, Ichak: Autogestión: La práctica yugoslava. Fondo de Cultura Económica. México. 1977 
.- Álvarez Palacios, Fernando: Los justos pioneros de Rochdale. Aproximación al moderno cooperativismo democrático. Cuadernos Cooperativos. Serie de Historia. Sevilla. 1979 
.- Autogestión en Yugoslavia. Ed. ZYX. Colección “Lee y Discute”. Madrid. 1971 
.- Bilandzic, D // Tonkovic, S.: Autogestión: 1950-1976. Colección Autogestión 5. El Cid Editor. Buenos Aires. 1976 
.- Bonanno A.M.: Autogestión. Debate Libertario. Campo Abierto Ediciones. Madrid. 1977 
.- Brademas, John: Anarcosindicalismo y revolución en España. 1930-1937. Ed. Ariel. Barcelona. 1974 
.- Canne Meijer, H.: Movimiento de los consejos obreros en Alemania (1917-1921). Ed. ZYX. Col. “Lee y Discute”. Madrid. 1975 
.- Carr, Raymond: Estudios sobre la República y la guerra civil española. Ed. Ariel. Barcelona. 1973 
.- Carrasquer, Félix: La escuela de militantes de Aragón. Una experiencia de Autogestión educativa y económica. Ediciones Foil, Barcelona, 1978 
.- Castellote, J // Perez Turrado: La Comuna y el proletariado. Ed. ZYX. Colección “Lee y Discute”. 2ª Edición. Madrid. 1971 
.- Castellote, Jesús: Socialismo agrario en Israel. Ed. Zero. 2ª Edición. 1970 
.- Castells Durán, Antoni: El proceso estatizador en la experiencia colectivista catalana. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1997 
.- Chamorro Turrez, Eduardo: Introducción al cooperativismo. Ed. ZYX. Madrid. 1968 
.- Coates, Ken// Topham, Tony: El nuevo sindicalismo (El control obrero). Ed. ZYX. Madrid. 1973 
.- Colectivo Alternativa: La Autogestión a debate. 7x7 Edicions. Barcelona. 1976.- Colectivo autogestionario de Valencia: Apuntes históricos autogestionarios. Folletos autogestionarios. Colectivo autogestionario de Valencia editor. Madrid. 1977 
.- Colectivo Mira: Autogestión. Informe de la TMRI. Schapire Editor. Buenos Aires, 1974 
.- Debate Libertario: Textos situacionistas sobre los consejos obreros. Campo Abierto Ediciones. Madrid. 1977 
.- Díaz, Carlos: La tensión politicismo-antipoliticismo en el sindicato autogestionario. Madrid. 1977 
.- Documentación Social: Propiedad y Conflicto en la España en crisis. Ed. Cáritas Española. Madrid. 1980 
.- Elorza, Antonio: La utopía anarquista bajo al Segunda República española. Ed. Ayuso. Madrid. 1937 
.- Gandera Feijoo, Alfonso: La reforma estructural de la Empresa. Hacia una sociedad autogestionaria. Cuadernos de Derecho Público, nº 2. Venezuela. 1976. 
.- Gómez Casa, Juan: Autogestión en España. Folletos Autogestionarios. Juan Gómez Casa Editor. Madrid. 1976 
.- Goubart, Enmanuel: Autogestión en Argelia. Ed. ZYX. Colección “Lee y discute”. Madrid. 1970 
.- Grupe de Recherche pour l´Education Permanente: La Autogestión a examen. Ed. Marsiega. 1981 
.- Guillén, Abraham: Economía Autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1996 
.- Guillén, Abraham: Economía Libertaria. Alternativa para un mundo en crisis. Ed. Madre Tierra. Madrid, 1997 
.- Guillén, Abraham: Socialismo Libertario. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1996 
.- Guillen, Alain // Bourdet, Yvon: La Autogestión. Galba Edicions. Barcelona. 1977 
.- H. Darin-Drabkin: La otra sociedad. Fondo de Cultura Económica. México. 1968 
.- Kardelj, Edward: Propiedad Social y Autogestión. Colección Autogestión, 4. El Cid Editor. Buenos Aires. 1976 
.- Krumnow, Detraz, Maire: La C.F.D.T. y la autogestión. Ed. ZYX. Serie V. Madrid. 1974 
.- Leval, Gaston: Colectividades libertarias en España. Ed. Anatema. Madrid. 1977 
.- Lissagaray, P.O.: Historia de la Comuna. Ed. de Bolsillo. Barcelona. 1974. 
.- Mandel, Ernest: Control obrero, consejos obreros, autogestión (antología), Ed. Era. México. 1974 
.- Massari, Roberto: Las teorías de la Autogestión. Ed. ZYX. Madrid. 1977. 
.- Mate, Reyes: La Autogestión. Ed. Mañana. Madrid. 1977 
.- Meister Albert: Socialismo y Autogestión. Ed. Nova terra. Barcelona. 1965 
.- Mintz, Frank: La Autogestión, en la España revolucionaria. Ed. La Piqueta. Madrid 1977 
(Este libro ofrece un ensayo bibliográfico de gran importancia. Parte de la bibliografía que se publicó en “Archives Internationales de la cooperation et du Développment de Sociologie, nº 22, diciembre de 1967. Aparece una clasificación en Bibliografías generales, libros y folletos, periódicos y revistas, trabajos no publicados, obras recientes, estudios en curso. Señala los centros donde se encuentra parte del material: Instituto de Hª Social de Amsterdam, Archivo Municipal de Barcelona, BDIC, IFHS, Biblioteca Saint Geneviére de París, Archivos militares de Salamanca, Archivos privados) 
.- Mothé, Daniel: Autogestión y condiciones de trabajo. Ed. ZYX, Madrid. 1979 
.- Ollivier, A.: La Comuna. Ed. Alianza. Madrid. 1977 
.- Pannekoek, Anton: Escritos sobre los consejos obreros. Ed. ZYX. Madrid. 1975 
.- Pérez Barró, Albert: 30 meses de colectivismo en Cataluña (1936-1939). Ed. Ariel. Barcelona. 1974 
.- Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal (RIDAA). Instituto Intercultural para la Autogestión y la Acción Comunal (INAUCO). 
.- Rosanvallon Pierre: La Autogestión. Editorial Fundamentos. Madrid. 1979 
.- Saña, Heleno // Rubio Cordón, José Luis: Autogestión y Cultura. Ed. Voz de los sin Voz. Madrid. 1998 
.- Saña, Heleno: Fundamentos teórico históricos de la Autogestión. Folletos Autogestionarios. Heleno Saña Editor, Madrid. 1976 
.- Saña, Heleno: Sindicalismo y Autogestión. G. del Toro editor. Serie de Pensamiento Social. Madrid. 1977 
.- Sik, Ota: Autogestión en Checoslovaquia. Ed. ZYX. 2ª Edición. Madrid 1971 
.- Soler, Santiago: Lucha de clases y clase de luchas. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1978 
.- Sturmthal, Adolf: Consejos obreros. Colc. De base Fontanella. Ed. Fontanella. Barcelona. 1971 
.- T. Knight: Perú, ¿Hacia la Autogestión?. Ed. Proyección. Buenos Aires. 1979. 
.- Tomasetta, Leonardo: Participación y Autogestión. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1972 
.- Vaneigem, Raoul: Trivialidades de base. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1978 
.- VV.AA.: Autogestión y Socialismo nº 2. Castellote Editor. Madrid. 1978 
.- VV.AA.: Autogestión y Socialismo, nº 1. Castellote Editor. Madrid 1978 
.- VV.AA.: La Autogestión, el Estado y la Revolución. Ed. Proyección. Buenos Aires. 1971. 
.- VV.AA.: Los anarquistas y la Autogestión. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1977.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>BIBLIOGRAFÍA </p>
<p>.- Abad de Santillán, Diego: El organismo económico de la revolución. Ed. ZYX. Madrid. 1978<br />
.- Adizes, Ichak: Autogestión: La práctica yugoslava. Fondo de Cultura Económica. México. 1977<br />
.- Álvarez Palacios, Fernando: Los justos pioneros de Rochdale. Aproximación al moderno cooperativismo democrático. Cuadernos Cooperativos. Serie de Historia. Sevilla. 1979<br />
.- Autogestión en Yugoslavia. Ed. ZYX. Colección “Lee y Discute”. Madrid. 1971<br />
.- Bilandzic, D // Tonkovic, S.: Autogestión: 1950-1976. Colección Autogestión 5. El Cid Editor. Buenos Aires. 1976<br />
.- Bonanno A.M.: Autogestión. Debate Libertario. Campo Abierto Ediciones. Madrid. 1977<br />
.- Brademas, John: Anarcosindicalismo y revolución en España. 1930-1937. Ed. Ariel. Barcelona. 1974<br />
.- Canne Meijer, H.: Movimiento de los consejos obreros en Alemania (1917-1921). Ed. ZYX. Col. “Lee y Discute”. Madrid. 1975<br />
.- Carr, Raymond: Estudios sobre la República y la guerra civil española. Ed. Ariel. Barcelona. 1973<br />
.- Carrasquer, Félix: La escuela de militantes de Aragón. Una experiencia de Autogestión educativa y económica. Ediciones Foil, Barcelona, 1978<br />
.- Castellote, J // Perez Turrado: La Comuna y el proletariado. Ed. ZYX. Colección “Lee y Discute”. 2ª Edición. Madrid. 1971<br />
.- Castellote, Jesús: Socialismo agrario en Israel. Ed. Zero. 2ª Edición. 1970<br />
.- Castells Durán, Antoni: El proceso estatizador en la experiencia colectivista catalana. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1997<br />
.- Chamorro Turrez, Eduardo: Introducción al cooperativismo. Ed. ZYX. Madrid. 1968<br />
.- Coates, Ken// Topham, Tony: El nuevo sindicalismo (El control obrero). Ed. ZYX. Madrid. 1973<br />
.- Colectivo Alternativa: La Autogestión a debate. 7&#215;7 Edicions. Barcelona. 1976.- Colectivo autogestionario de Valencia: Apuntes históricos autogestionarios. Folletos autogestionarios. Colectivo autogestionario de Valencia editor. Madrid. 1977<br />
.- Colectivo Mira: Autogestión. Informe de la TMRI. Schapire Editor. Buenos Aires, 1974<br />
.- Debate Libertario: Textos situacionistas sobre los consejos obreros. Campo Abierto Ediciones. Madrid. 1977<br />
.- Díaz, Carlos: La tensión politicismo-antipoliticismo en el sindicato autogestionario. Madrid. 1977<br />
.- Documentación Social: Propiedad y Conflicto en la España en crisis. Ed. Cáritas Española. Madrid. 1980<br />
.- Elorza, Antonio: La utopía anarquista bajo al Segunda República española. Ed. Ayuso. Madrid. 1937<br />
.- Gandera Feijoo, Alfonso: La reforma estructural de la Empresa. Hacia una sociedad autogestionaria. Cuadernos de Derecho Público, nº 2. Venezuela. 1976.<br />
.- Gómez Casa, Juan: Autogestión en España. Folletos Autogestionarios. Juan Gómez Casa Editor. Madrid. 1976<br />
.- Goubart, Enmanuel: Autogestión en Argelia. Ed. ZYX. Colección “Lee y discute”. Madrid. 1970<br />
.- Grupe de Recherche pour l´Education Permanente: La Autogestión a examen. Ed. Marsiega. 1981<br />
.- Guillén, Abraham: Economía Autogestionaria. Las bases del desarrollo económico de la sociedad libertaria. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1996<br />
.- Guillén, Abraham: Economía Libertaria. Alternativa para un mundo en crisis. Ed. Madre Tierra. Madrid, 1997<br />
.- Guillén, Abraham: Socialismo Libertario. Ed. Madre Tierra. Madrid. 1996<br />
.- Guillen, Alain // Bourdet, Yvon: La Autogestión. Galba Edicions. Barcelona. 1977<br />
.- H. Darin-Drabkin: La otra sociedad. Fondo de Cultura Económica. México. 1968<br />
.- Kardelj, Edward: Propiedad Social y Autogestión. Colección Autogestión, 4. El Cid Editor. Buenos Aires. 1976<br />
.- Krumnow, Detraz, Maire: La C.F.D.T. y la autogestión. Ed. ZYX. Serie V. Madrid. 1974<br />
.- Leval, Gaston: Colectividades libertarias en España. Ed. Anatema. Madrid. 1977<br />
.- Lissagaray, P.O.: Historia de la Comuna. Ed. de Bolsillo. Barcelona. 1974.<br />
.- Mandel, Ernest: Control obrero, consejos obreros, autogestión (antología), Ed. Era. México. 1974<br />
.- Massari, Roberto: Las teorías de la Autogestión. Ed. ZYX. Madrid. 1977.<br />
.- Mate, Reyes: La Autogestión. Ed. Mañana. Madrid. 1977<br />
.- Meister Albert: Socialismo y Autogestión. Ed. Nova terra. Barcelona. 1965<br />
.- Mintz, Frank: La Autogestión, en la España revolucionaria. Ed. La Piqueta. Madrid 1977<br />
(Este libro ofrece un ensayo bibliográfico de gran importancia. Parte de la bibliografía que se publicó en “Archives Internationales de la cooperation et du Développment de Sociologie, nº 22, diciembre de 1967. Aparece una clasificación en Bibliografías generales, libros y folletos, periódicos y revistas, trabajos no publicados, obras recientes, estudios en curso. Señala los centros donde se encuentra parte del material: Instituto de Hª Social de Amsterdam, Archivo Municipal de Barcelona, BDIC, IFHS, Biblioteca Saint Geneviére de París, Archivos militares de Salamanca, Archivos privados)<br />
.- Mothé, Daniel: Autogestión y condiciones de trabajo. Ed. ZYX, Madrid. 1979<br />
.- Ollivier, A.: La Comuna. Ed. Alianza. Madrid. 1977<br />
.- Pannekoek, Anton: Escritos sobre los consejos obreros. Ed. ZYX. Madrid. 1975<br />
.- Pérez Barró, Albert: 30 meses de colectivismo en Cataluña (1936-1939). Ed. Ariel. Barcelona. 1974<br />
.- Revista Iberoamericana de Autogestión y Acción Comunal (RIDAA). Instituto Intercultural para la Autogestión y la Acción Comunal (INAUCO).<br />
.- Rosanvallon Pierre: La Autogestión. Editorial Fundamentos. Madrid. 1979<br />
.- Saña, Heleno // Rubio Cordón, José Luis: Autogestión y Cultura. Ed. Voz de los sin Voz. Madrid. 1998<br />
.- Saña, Heleno: Fundamentos teórico históricos de la Autogestión. Folletos Autogestionarios. Heleno Saña Editor, Madrid. 1976<br />
.- Saña, Heleno: Sindicalismo y Autogestión. G. del Toro editor. Serie de Pensamiento Social. Madrid. 1977<br />
.- Sik, Ota: Autogestión en Checoslovaquia. Ed. ZYX. 2ª Edición. Madrid 1971<br />
.- Soler, Santiago: Lucha de clases y clase de luchas. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1978<br />
.- Sturmthal, Adolf: Consejos obreros. Colc. De base Fontanella. Ed. Fontanella. Barcelona. 1971<br />
.- T. Knight: Perú, ¿Hacia la Autogestión?. Ed. Proyección. Buenos Aires. 1979.<br />
.- Tomasetta, Leonardo: Participación y Autogestión. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1972<br />
.- Vaneigem, Raoul: Trivialidades de base. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1978<br />
.- VV.AA.: Autogestión y Socialismo nº 2. Castellote Editor. Madrid. 1978<br />
.- VV.AA.: Autogestión y Socialismo, nº 1. Castellote Editor. Madrid 1978<br />
.- VV.AA.: La Autogestión, el Estado y la Revolución. Ed. Proyección. Buenos Aires. 1971.<br />
.- VV.AA.: Los anarquistas y la Autogestión. Ed. Anagrama. Serie Documentos. Barcelona. 1977.</p>
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	<item>
		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-119</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 17:16:55 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=666#comment-119</guid>
		<description>La autogestión comunitaria

La autogestión comunitaria, es una gestión de la comunidad, que ocurre como consecuencia de transformar la espiral descendente de la pobreza en espirales ascendentes de desarrollo. La fuente de la autogestión comunitaria es el cambio de una visión fatalista de la pobreza, sólo como suma de carencias, a una visión esperanzadora, como generadora del impulso necesario para el desarrollo. 

La autogestión comunitaria es, entonces, el canal a través del cual el potencial infinito inherente del ser humano se encauza hacia el logro de una vida digna a través de mejorar la calidad de vida de cada uno de los moradores, de acuerdo a sus propios objetivos,  metas y con el apoyo solidario de sus semejantes. 

La terminología “Auto” es un prefijo que significa “uno mismo”, o “por sí mismo” y Gestión se define como administrar o también como hacer diligencias para conseguir algo, como puede ser un producto, bien o servicio. Pero autogestionario no significa autosuficiente. La idea de autogestión persigue el poder para decidir por sí mismo sobre las decisiones que le afectan. 

Con lo expuesto, Autogestión es un proceso mediante el cual se desarrolla la capacidad individual o de un grupo para identificar los intereses o necesidades básicas que lo son propios y que a través de una organización permita defenderlos expresándolos con efectividad en la práctica cotidiana, basándose en una conducción autónoma y en una coordinación con los intereses y acciones de otros grupos, este concepto por su puesto que lleva implícito de planificación, democracia participativa y desarrollo sustentable

El proceso de autogestión comunitaria 

La autogestión es un proceso integral de fortalecimiento organizativo, secuencia en las acciones y una capacitación continua, que es robustecer las propias capacidades antes, durante y después de la entrega del bien adquirido, descubriendo las capacidades, destrezas, habilidades individuales, directivas y de grupo de la población. La autogestión comunitaria se conduce con autonomía en coordinación con los intereses y acciones con otros grupos. Ya que este proceso se genera al romper la dependencia y marginación previas para crear un espacio propio de representación, defensa y coordinación, la autogestión comunitaria conduce necesariamente a la conquista gradual de poder económico, social y político. 

La autogestión comunitaria comienza, se desarrolla y culmina transformando la actitud, disposición de los miembros de la comunidad hacia sí mismos y hacia los demás. La autogestión comunitaria no debe ser un episodio que brille fugazmente en la vida de una comunidad para luego desaparecer, la idea es lograr cambios que sean permanentes, por ello es imprescindible el proceso de sustentabilidad, para ello planteamos dos formas: 

Por un lado, debemos preservar el ecosistema, garantizando los recursos naturales a las generaciones futuras.  Por otra parte, el proceso debe ir ganando una estabilidad cada vez mayor, a fin de asegurar su continuidad, ya que la comunidad debe tener una imagen de sustentabilidad de los proyectos a ellos entregados, para poder negociar en el futuro con el resto de la sociedad u otras instituciones otro tipo de apoyo. Resultado que ha de ser el logro de la coordinación y el poder necesarios para proponer e impulsar la descentralización del Estado en esa comunidad, a través de contar con una visión y misión para llenar los vacíos que las instituciones relacionadas no pueden acceder a este tipo de necesidades comunitarias. 

La autogestión cuenta para su implementación en la comunidad con la Planificación alternativa, aspecto práctico del trabajo comunitario. La autogestión comunitaria, como práctica social, es un sistema de planificación alternativo que opera en la propia comunidad, poniendo en práctica actividades conjuntas en torno a intereses compartidos implica conocer la realidad desear un cambio positivo, idear un futuro mejor; definir las acciones necesarias para alcanzar esas metas definiendo el camino que facilita lo deseado para construir la organización adecuada que haga realidad esta meta. 

El sistema de planificación alternativo es un instrumento ajustable y flexible oponiéndose a las actitudes sociales nefastas, como el fatalismo, la resignación y la improvisación. La planificación alternativa ha demostrado ser una eficaz herramienta educativa, comunicativa, organizativa que puede transformarse en un instrumento técnico - político en poder de las comunidades. 

Herramienta educativa: Construye capacidades, soluciona problemas comunes, requiere conocimiento aplicado.  Todos tenemos una cantidad mayor o menor de conocimiento cuando éste no es suficiente para construir una escena más cercana al ideal, hay que adquirir nuevas destrezas y habilidades, con el método de aprender haciendo. 

Al integrar la acción con el aprendizaje, la reflexión y el intercambio de experiencias, todos los integrantes del proceso aprenden de todos. Lo anterior reafirma la importancia de la capacitación, pero no se reduce a ella, sino al proceso de aprendizaje colectivo el cual se apoya en la capacitación, pero va mucho más allá, porque se trata de construir capacidades a través de un aprendizaje integral para el desarrollo.  Este incluye la familia, los sistemas de comunicación los de educación formal, el arte, el deporte, la recreación, la ación comunitaria y todos los procesos que se dan en el conjunto de la sociedad. 

Herramienta comunicativa 

Para el logro de la fuerza colectiva y la ampliación de su poder, la autogestión comunitaria requiere un sistema de comunicación alternativo, permanente y eficaz. Al igual que la autogestión, para no desnaturalizarse, debe impulsar la autonomía de las decisiones, la expresión debe contar con la misma autonomía, las ideas, anhelos valores, inquietudes o propuestas de la comunidad deben tener una expresión válida desde los propios puntos de vista de sus integrantes, desde la protesta callejera, hasta las formas más variadas de arte popular no debiendo imponerse límites a su creatividad, ni a la audacia para manejar medios de un nivel tecnológico cada vez mayor. 

Herramienta organizativa 

Solidaridad 

En nuestro país, así como en otros países andinos existe, desde los tiempos precolombinos, la tradición de la “minga”, que consiste en una reunión masiva de los miembros de una comunidad que aporta con mano de obra no calificada, trabajo y materiales propios de la zona para responder a una necesidad individual o colectiva.  Por ejemplo, se realiza una minga para construir un sistema de agua potable, viviendas o la infraestructura necesaria para beneficio común. 

Así es el trabajo comunitario donde cada integrante cumple un rol específico y de la suma de todos  los aportes resulta la solidez del trabajo y la conquista de sus beneficios, señalando que nadie sobrevive solo y que la solidaridad es la toma de conciencia de la entrega responsable a la tarea asignada a cada uno en el proceso de alcanzar los objetivos propuestos. 

Organización comunitaria 

Cuando la comunidad está organizada, es más difícil vencer al grupo, que vencer al individuo, es por ellos que el ser humano se organiza por instinto, protesta o mejorar el nivel de vida y si la organización es deficiente se sienten inseguros, ya que no sabe dónde encaja, para ello organizarce es formar un todo con partes que dependen y se relacionan entre sí, formando una estructura definida y eficiente. 

Entonces, la organización es la división de las acciones, deberes y funciones especializadas, donde un grupo se organiza para que las comunicaciones, las personas y los objetos fluyan de adentro hacia fuera, partiendo de las pequeñas acciones o pequeños avances que se van logrando esto impulsa los propósitos del grupo. 

La prueba máxima para el grupo es su viabilidad que se encuentra en la capacidad para florecer y prosperar logrando un producto aceptable, sin estas acciones los grupos que no lo llegan no sobreviven. 

Uno de los objetivos primarios del Proyecto de Autogestión Comunitaria es fortalecer el tejido social de las comunidades y lograr que todas las organizaciones sean:  

·       Representativas, es decir que  sus directivos se elijan por voto  libre y secreto. 

·       Democráticas, es decir que su estructura funcione para garantizar la participación en igualdad de condiciones, desde la planificación, toma de decisiones, ejecución y posterior operación y mantenimiento de este proceso. 

·       Proporcionales, es decir que los directivos, según sus respectivos cargos representen un número correspondiente de personas o grupos y que mantengan la continuidad de lo alcanzado por los anteriores miembros de esa organización. 

Concertación 

Cuando una cantidad suficiente de gente se une en una causa, los ideales pueden alcanzarse.  Un ejemplo es la abolición de la esclavitud en el siglo pasado y muchas de las reformas del presente siglo, que parecían impensables unos 20 o 30 años antes.  Cuando los miembros de la comunidad se reconocen como iguales al enfrentar los problemas compartidos y son capaces de organizarse para una respuesta colectiva a esos problemas, surge la capacidad de concertar.  La concertación, es decir, las alianzas, asociaciones y transacciones son la única forma viable para lograr cambios pacíficos y sostenibles. 

Si vemos la sociedad como un escenario, podemos identificar un sinnúmero de actores, algunos poderosos, otros que comienzan a alcanzar protagonismo.  Entre éstos, se encuentran el Municipio, los Consejos Provinciales, la Empresa Privada, las ONGs, las instituciones académicas, las organizaciones de base, etc. Todos ellos, en el marco de su rol particular, pueden y deben promover los grandes consensos nacionales, los pactos y acuerdos sociales con miras a la erradicación de la pobreza humana. 

La concertación es el entendimiento y la asociación entre actores sociales, que complementan sus diversos roles, esfuerzos, capacidades e intereses para alcanzar objetivos comunes.  La característica fundamental de la concertación es que produce un efecto sinérgico, es decir, trasciende la mera suma de los aportes aislados.  La unidad lograda de esta manera, supera la simple suma de las partes. Según nuestra experiencia y de manera muy general, el proceso de lograr niveles cada vez más amplios de concertación tiene cuatro niveles principales: 

El primer nivel de concertación: Se inicia con acciones específicas, demandadas  coordinadas al interior de la misma comunidad para enfrentar y resolver problemas concretos y específicos. Un ejemplo, es la coordinación para la prestación de servicios sociales y servicios conexos, para el desarrollo de  la mujer, etc. 

El segundo nivel de concertación:  Aquí, los tres actores sociales interactúan en el mismo escenario para el logro de beneficios mutuos.  En este nivel ya se establecen acuerdos entre la comunidad y los gobiernos locales, municipios, comunidades vecinas, pudiendo ser a través de sus dirigentes o comisiones establecidas para el efecto. 

El tercer nivel de concertación: En este nivel, se impulsan los grandes consensos en el ámbito nacional, incorporando instituciones nacionales, regionales como son el Gobierno central y la sociedad civil.  El propósito en este nivel son los cambios y reformas del Estado que faciliten el clima propicio para una verdadera gestión participativa de las comunidades. 

El cuarto nivel de concertación: En este nivel la comunidad toma conciencia de lo que consiguió en los niveles anteriores, para ello tienen que establecer mecanismos de operación y mantenimiento de la infraestructura, servicios adquiridos y que son mecanismos de mejoramiento de la calidad de vida.   

Es importante entender que el alcance de la concertación aumenta gradualmente, cuando las expectativas irreales en los individuos, en la comunidad y en instituciones involucradas, conducen a sentimientos innecesarios de frustración y fracaso, que hay que evitarlas para sacar adelante esta concertación dentro de la autogestión. 

Herramienta de poder 

Participación 

La palabra participación tiene dos significados principales, el primero es “Dar parte”, es decir comunicar, informar o notificar, desde este punto de vista, la participación sólo es posible con el libre acceso a la información de lo que ocurre alrededor, que de una forma u otra afecta nuestra vida.  El otro significado que se utiliza más, es “Tener parte en una cosa”, es decir, compartir, entrar, intervenir, contribuir, donde cada integrante de la comunidad es una parte del todo y como tal interviene, comparte y contribuye. Así, la palabra implica al mismo tiempo el derecho a tomar parte, por ejemplo en las decisiones, así como él deber de contribuir, es decir tomar la responsabilidad por el grupo si estos están de acuerdo. 

Cada miembro de la comunidad, desde lo específico de su edad, sexo o actividad tiene un papel que cumplir y debe realizar su aporte para el beneficio común.  La participación, en la autogestión comunitaria, implica la intervención directa de cada uno de los integrantes de la comunidad en los procesos económicos, sociales, culturales, políticos y de sustentabilidad que afectan sus vidas, los cuales detallamos a continuación: 

En términos económicos, la participación significa la libertad para dedicarse a cualquier actividad productiva. 

En términos sociales, significa la capacidad para intervenir plenamente en todas las instancias de la vida de la comunidad, al margen de religión, sexo o etnia.  Además, significa  el libre acceso a los servicios sociales y conexos. 

En términos culturales, quiere decir el derecho a promover y elevar los valores culturales y experiencias que contribuyen de manera positiva a su supervivencia como grupo, reafirmando su identidad.  

En términos políticos, significa la libertad para elegir y para ser elegido. 

En términos de sustentabilidad, quiere decir que los miembros de la comunidad tienen que derechos y responsabilidades que han de cumplir con la sustentabilidad de las obras o acciones adquiridas por la autogestión. Este proceso a impulsar debe alcanzar una sustentabilidad en doble sentido, por una parte, debe preservar el ecosistema y garantizar a las próximas generaciones los recursos naturales que necesitarán. Por otra parte, el proceso a impulsar la estabilidad que asegure la continuidad de la obra, por medio de actividades prioritarias de prevención, fortalecimiento institucional, participación de los interesados en actividades de concientización, finalmente un monitoreo y evaluación de los proyectos. Cuatro son los ingredientes básicos para la aplicación de esta estrategia: 

1.La generación de destrezas y la adquisición de conocimientos técnicos por medio de la capacitación; 

2.La dotación de una capacidad económico en base a financiamiento y asistencia técnica; 

3.El fortalecimiento organizativo para alcanzar una capacidad de gestión empresarial que permita controlar y dar continuidad al proceso; y 

4.Una concepción de mundo actual y sus recursos, centrada en la responsabilidad que tenemos con las próximas generaciones.    

El logro de los objetivos, metas requiere de apoyo tanto interno como externo a la comunidad, pero las decisiones claves deben ser tomadas por ellos mismos, de forma libre y bien informada en cada una de las etapas del proceso, desde el conocimiento de su realidad, la identificación de los problemas, la asignación de prioridades, la programación de las acciones dentro del proceso de mantenimiento de la infraestructura, hasta su seguimiento, evaluación y la permanente retroalimentación durante todo el proceso, desde este enfoque integral se puede vincular al individuo con su familia y con el conjunto de su comunidad.

http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La autogestión comunitaria</p>
<p>La autogestión comunitaria, es una gestión de la comunidad, que ocurre como consecuencia de transformar la espiral descendente de la pobreza en espirales ascendentes de desarrollo. La fuente de la autogestión comunitaria es el cambio de una visión fatalista de la pobreza, sólo como suma de carencias, a una visión esperanzadora, como generadora del impulso necesario para el desarrollo. </p>
<p>La autogestión comunitaria es, entonces, el canal a través del cual el potencial infinito inherente del ser humano se encauza hacia el logro de una vida digna a través de mejorar la calidad de vida de cada uno de los moradores, de acuerdo a sus propios objetivos,  metas y con el apoyo solidario de sus semejantes. </p>
<p>La terminología “Auto” es un prefijo que significa “uno mismo”, o “por sí mismo” y Gestión se define como administrar o también como hacer diligencias para conseguir algo, como puede ser un producto, bien o servicio. Pero autogestionario no significa autosuficiente. La idea de autogestión persigue el poder para decidir por sí mismo sobre las decisiones que le afectan. </p>
<p>Con lo expuesto, Autogestión es un proceso mediante el cual se desarrolla la capacidad individual o de un grupo para identificar los intereses o necesidades básicas que lo son propios y que a través de una organización permita defenderlos expresándolos con efectividad en la práctica cotidiana, basándose en una conducción autónoma y en una coordinación con los intereses y acciones de otros grupos, este concepto por su puesto que lleva implícito de planificación, democracia participativa y desarrollo sustentable</p>
<p>El proceso de autogestión comunitaria </p>
<p>La autogestión es un proceso integral de fortalecimiento organizativo, secuencia en las acciones y una capacitación continua, que es robustecer las propias capacidades antes, durante y después de la entrega del bien adquirido, descubriendo las capacidades, destrezas, habilidades individuales, directivas y de grupo de la población. La autogestión comunitaria se conduce con autonomía en coordinación con los intereses y acciones con otros grupos. Ya que este proceso se genera al romper la dependencia y marginación previas para crear un espacio propio de representación, defensa y coordinación, la autogestión comunitaria conduce necesariamente a la conquista gradual de poder económico, social y político. </p>
<p>La autogestión comunitaria comienza, se desarrolla y culmina transformando la actitud, disposición de los miembros de la comunidad hacia sí mismos y hacia los demás. La autogestión comunitaria no debe ser un episodio que brille fugazmente en la vida de una comunidad para luego desaparecer, la idea es lograr cambios que sean permanentes, por ello es imprescindible el proceso de sustentabilidad, para ello planteamos dos formas: </p>
<p>Por un lado, debemos preservar el ecosistema, garantizando los recursos naturales a las generaciones futuras.  Por otra parte, el proceso debe ir ganando una estabilidad cada vez mayor, a fin de asegurar su continuidad, ya que la comunidad debe tener una imagen de sustentabilidad de los proyectos a ellos entregados, para poder negociar en el futuro con el resto de la sociedad u otras instituciones otro tipo de apoyo. Resultado que ha de ser el logro de la coordinación y el poder necesarios para proponer e impulsar la descentralización del Estado en esa comunidad, a través de contar con una visión y misión para llenar los vacíos que las instituciones relacionadas no pueden acceder a este tipo de necesidades comunitarias. </p>
<p>La autogestión cuenta para su implementación en la comunidad con la Planificación alternativa, aspecto práctico del trabajo comunitario. La autogestión comunitaria, como práctica social, es un sistema de planificación alternativo que opera en la propia comunidad, poniendo en práctica actividades conjuntas en torno a intereses compartidos implica conocer la realidad desear un cambio positivo, idear un futuro mejor; definir las acciones necesarias para alcanzar esas metas definiendo el camino que facilita lo deseado para construir la organización adecuada que haga realidad esta meta. </p>
<p>El sistema de planificación alternativo es un instrumento ajustable y flexible oponiéndose a las actitudes sociales nefastas, como el fatalismo, la resignación y la improvisación. La planificación alternativa ha demostrado ser una eficaz herramienta educativa, comunicativa, organizativa que puede transformarse en un instrumento técnico &#8211; político en poder de las comunidades. </p>
<p>Herramienta educativa: Construye capacidades, soluciona problemas comunes, requiere conocimiento aplicado.  Todos tenemos una cantidad mayor o menor de conocimiento cuando éste no es suficiente para construir una escena más cercana al ideal, hay que adquirir nuevas destrezas y habilidades, con el método de aprender haciendo. </p>
<p>Al integrar la acción con el aprendizaje, la reflexión y el intercambio de experiencias, todos los integrantes del proceso aprenden de todos. Lo anterior reafirma la importancia de la capacitación, pero no se reduce a ella, sino al proceso de aprendizaje colectivo el cual se apoya en la capacitación, pero va mucho más allá, porque se trata de construir capacidades a través de un aprendizaje integral para el desarrollo.  Este incluye la familia, los sistemas de comunicación los de educación formal, el arte, el deporte, la recreación, la ación comunitaria y todos los procesos que se dan en el conjunto de la sociedad. </p>
<p>Herramienta comunicativa </p>
<p>Para el logro de la fuerza colectiva y la ampliación de su poder, la autogestión comunitaria requiere un sistema de comunicación alternativo, permanente y eficaz. Al igual que la autogestión, para no desnaturalizarse, debe impulsar la autonomía de las decisiones, la expresión debe contar con la misma autonomía, las ideas, anhelos valores, inquietudes o propuestas de la comunidad deben tener una expresión válida desde los propios puntos de vista de sus integrantes, desde la protesta callejera, hasta las formas más variadas de arte popular no debiendo imponerse límites a su creatividad, ni a la audacia para manejar medios de un nivel tecnológico cada vez mayor. </p>
<p>Herramienta organizativa </p>
<p>Solidaridad </p>
<p>En nuestro país, así como en otros países andinos existe, desde los tiempos precolombinos, la tradición de la “minga”, que consiste en una reunión masiva de los miembros de una comunidad que aporta con mano de obra no calificada, trabajo y materiales propios de la zona para responder a una necesidad individual o colectiva.  Por ejemplo, se realiza una minga para construir un sistema de agua potable, viviendas o la infraestructura necesaria para beneficio común. </p>
<p>Así es el trabajo comunitario donde cada integrante cumple un rol específico y de la suma de todos  los aportes resulta la solidez del trabajo y la conquista de sus beneficios, señalando que nadie sobrevive solo y que la solidaridad es la toma de conciencia de la entrega responsable a la tarea asignada a cada uno en el proceso de alcanzar los objetivos propuestos. </p>
<p>Organización comunitaria </p>
<p>Cuando la comunidad está organizada, es más difícil vencer al grupo, que vencer al individuo, es por ellos que el ser humano se organiza por instinto, protesta o mejorar el nivel de vida y si la organización es deficiente se sienten inseguros, ya que no sabe dónde encaja, para ello organizarce es formar un todo con partes que dependen y se relacionan entre sí, formando una estructura definida y eficiente. </p>
<p>Entonces, la organización es la división de las acciones, deberes y funciones especializadas, donde un grupo se organiza para que las comunicaciones, las personas y los objetos fluyan de adentro hacia fuera, partiendo de las pequeñas acciones o pequeños avances que se van logrando esto impulsa los propósitos del grupo. </p>
<p>La prueba máxima para el grupo es su viabilidad que se encuentra en la capacidad para florecer y prosperar logrando un producto aceptable, sin estas acciones los grupos que no lo llegan no sobreviven. </p>
<p>Uno de los objetivos primarios del Proyecto de Autogestión Comunitaria es fortalecer el tejido social de las comunidades y lograr que todas las organizaciones sean:  </p>
<p>·       Representativas, es decir que  sus directivos se elijan por voto  libre y secreto. </p>
<p>·       Democráticas, es decir que su estructura funcione para garantizar la participación en igualdad de condiciones, desde la planificación, toma de decisiones, ejecución y posterior operación y mantenimiento de este proceso. </p>
<p>·       Proporcionales, es decir que los directivos, según sus respectivos cargos representen un número correspondiente de personas o grupos y que mantengan la continuidad de lo alcanzado por los anteriores miembros de esa organización. </p>
<p>Concertación </p>
<p>Cuando una cantidad suficiente de gente se une en una causa, los ideales pueden alcanzarse.  Un ejemplo es la abolición de la esclavitud en el siglo pasado y muchas de las reformas del presente siglo, que parecían impensables unos 20 o 30 años antes.  Cuando los miembros de la comunidad se reconocen como iguales al enfrentar los problemas compartidos y son capaces de organizarse para una respuesta colectiva a esos problemas, surge la capacidad de concertar.  La concertación, es decir, las alianzas, asociaciones y transacciones son la única forma viable para lograr cambios pacíficos y sostenibles. </p>
<p>Si vemos la sociedad como un escenario, podemos identificar un sinnúmero de actores, algunos poderosos, otros que comienzan a alcanzar protagonismo.  Entre éstos, se encuentran el Municipio, los Consejos Provinciales, la Empresa Privada, las ONGs, las instituciones académicas, las organizaciones de base, etc. Todos ellos, en el marco de su rol particular, pueden y deben promover los grandes consensos nacionales, los pactos y acuerdos sociales con miras a la erradicación de la pobreza humana. </p>
<p>La concertación es el entendimiento y la asociación entre actores sociales, que complementan sus diversos roles, esfuerzos, capacidades e intereses para alcanzar objetivos comunes.  La característica fundamental de la concertación es que produce un efecto sinérgico, es decir, trasciende la mera suma de los aportes aislados.  La unidad lograda de esta manera, supera la simple suma de las partes. Según nuestra experiencia y de manera muy general, el proceso de lograr niveles cada vez más amplios de concertación tiene cuatro niveles principales: </p>
<p>El primer nivel de concertación: Se inicia con acciones específicas, demandadas  coordinadas al interior de la misma comunidad para enfrentar y resolver problemas concretos y específicos. Un ejemplo, es la coordinación para la prestación de servicios sociales y servicios conexos, para el desarrollo de  la mujer, etc. </p>
<p>El segundo nivel de concertación:  Aquí, los tres actores sociales interactúan en el mismo escenario para el logro de beneficios mutuos.  En este nivel ya se establecen acuerdos entre la comunidad y los gobiernos locales, municipios, comunidades vecinas, pudiendo ser a través de sus dirigentes o comisiones establecidas para el efecto. </p>
<p>El tercer nivel de concertación: En este nivel, se impulsan los grandes consensos en el ámbito nacional, incorporando instituciones nacionales, regionales como son el Gobierno central y la sociedad civil.  El propósito en este nivel son los cambios y reformas del Estado que faciliten el clima propicio para una verdadera gestión participativa de las comunidades. </p>
<p>El cuarto nivel de concertación: En este nivel la comunidad toma conciencia de lo que consiguió en los niveles anteriores, para ello tienen que establecer mecanismos de operación y mantenimiento de la infraestructura, servicios adquiridos y que son mecanismos de mejoramiento de la calidad de vida.   </p>
<p>Es importante entender que el alcance de la concertación aumenta gradualmente, cuando las expectativas irreales en los individuos, en la comunidad y en instituciones involucradas, conducen a sentimientos innecesarios de frustración y fracaso, que hay que evitarlas para sacar adelante esta concertación dentro de la autogestión. </p>
<p>Herramienta de poder </p>
<p>Participación </p>
<p>La palabra participación tiene dos significados principales, el primero es “Dar parte”, es decir comunicar, informar o notificar, desde este punto de vista, la participación sólo es posible con el libre acceso a la información de lo que ocurre alrededor, que de una forma u otra afecta nuestra vida.  El otro significado que se utiliza más, es “Tener parte en una cosa”, es decir, compartir, entrar, intervenir, contribuir, donde cada integrante de la comunidad es una parte del todo y como tal interviene, comparte y contribuye. Así, la palabra implica al mismo tiempo el derecho a tomar parte, por ejemplo en las decisiones, así como él deber de contribuir, es decir tomar la responsabilidad por el grupo si estos están de acuerdo. </p>
<p>Cada miembro de la comunidad, desde lo específico de su edad, sexo o actividad tiene un papel que cumplir y debe realizar su aporte para el beneficio común.  La participación, en la autogestión comunitaria, implica la intervención directa de cada uno de los integrantes de la comunidad en los procesos económicos, sociales, culturales, políticos y de sustentabilidad que afectan sus vidas, los cuales detallamos a continuación: </p>
<p>En términos económicos, la participación significa la libertad para dedicarse a cualquier actividad productiva. </p>
<p>En términos sociales, significa la capacidad para intervenir plenamente en todas las instancias de la vida de la comunidad, al margen de religión, sexo o etnia.  Además, significa  el libre acceso a los servicios sociales y conexos. </p>
<p>En términos culturales, quiere decir el derecho a promover y elevar los valores culturales y experiencias que contribuyen de manera positiva a su supervivencia como grupo, reafirmando su identidad.  </p>
<p>En términos políticos, significa la libertad para elegir y para ser elegido. </p>
<p>En términos de sustentabilidad, quiere decir que los miembros de la comunidad tienen que derechos y responsabilidades que han de cumplir con la sustentabilidad de las obras o acciones adquiridas por la autogestión. Este proceso a impulsar debe alcanzar una sustentabilidad en doble sentido, por una parte, debe preservar el ecosistema y garantizar a las próximas generaciones los recursos naturales que necesitarán. Por otra parte, el proceso a impulsar la estabilidad que asegure la continuidad de la obra, por medio de actividades prioritarias de prevención, fortalecimiento institucional, participación de los interesados en actividades de concientización, finalmente un monitoreo y evaluación de los proyectos. Cuatro son los ingredientes básicos para la aplicación de esta estrategia: </p>
<p>1.La generación de destrezas y la adquisición de conocimientos técnicos por medio de la capacitación; </p>
<p>2.La dotación de una capacidad económico en base a financiamiento y asistencia técnica; </p>
<p>3.El fortalecimiento organizativo para alcanzar una capacidad de gestión empresarial que permita controlar y dar continuidad al proceso; y </p>
<p>4.Una concepción de mundo actual y sus recursos, centrada en la responsabilidad que tenemos con las próximas generaciones.    </p>
<p>El logro de los objetivos, metas requiere de apoyo tanto interno como externo a la comunidad, pero las decisiones claves deben ser tomadas por ellos mismos, de forma libre y bien informada en cada una de las etapas del proceso, desde el conocimiento de su realidad, la identificación de los problemas, la asignación de prioridades, la programación de las acciones dentro del proceso de mantenimiento de la infraestructura, hasta su seguimiento, evaluación y la permanente retroalimentación durante todo el proceso, desde este enfoque integral se puede vincular al individuo con su familia y con el conjunto de su comunidad.</p>
<p><a href="http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine" rel="nofollow">http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine</a></p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/03/27/autogestion-conceptos/#comment-118</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 17:01:45 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=666#comment-118</guid>
		<description>Un proyecto de práctica cotidiana
Por Jorge Robles - Tomado del fanzine GERMEN No. 3 de 1996

1.- Ninguna lucha puede tener éxito si no es consciente, si no persigue un fin concreto y definido. No es posible destruir  nada de lo existente si antes no hemosconvenido entre nosotros mismos que es lo que queremos poner en lugar de aquello que criticamos y queremos destruir. Los anarquistas concebimos la sociedad como una sociedad en donde todas las relaciones mutuas de sus miembros están reguladas, no por las leyes, no por las autoridades,sino por medio de convenios  entre sus miembros; estando siempre en continuo desarrollo y cambio, según las necesidades de la vida libre y así lograr el engrandecimiento de los ideales libertarios. 
2.- Entendemos como autogestión todas las opciones de auto organización social y comunitaria donde la comunidad misma,  ya sea sindical, cooperativa, campesina, de mujeres, jubilados, marginados y de cualquier otro sector social oprimido en  nuestra sociedad, tome en sus propias manos la tarea de resolver sus necesidades

3.- Entendemos como autogestión una serie de principios prácticos que encierran el funcionamiento básico de una
 sociedad autogestionaria:

Democracia Directa 

Acción Directa 

Apoyo Mutuo 

Extensión 

Formación 

5.- DEMOCRACIA DIRECTA: Son los interesados mismos los que toman sus decisiones, sin delegar en intermediarios la  responsabilidad de decidir sobre sus asuntos. Preponderando el concenso como la forma predominante en la toma de acuerdos, y solo en casos extremos recurrir a la votación, evitando el &quot;mayoriteo&quot; y permitiendo, en lo posible, posiciones  propias a las minorías.

6.- ACCION DIRECTA: Si son los interesados mismos los que toman sus decisiones sin intermediarios, en la acción directa son también ellos mismos los que gestionan sus propios acuerdos, también sin intermediarios.

7.- APOYO MUTUO: Desarrollar el concepto de solidaridad como principio ético de funcionamiento en todas las instancias en  las que participemos y asesoremos... empezando por nosotros mismos.

8.- EXTENSION: El crecimiento en nuestra práctica de estos principios autogestionarios, tanto en la comunidad, extendiendo  nuestra influencia tanto sectorial, como por regiones, así como la aplicación de los principios autogestionarios en nuestra  propia intimidad, no podemos manejar la autogestiónen el sindicato o en la cooperativa y ser unos tiranos e intolerantes en la  intimidad, con la familia, los compañeros o los trabajadores de la organización.

9.- FORMACION: El estudio y la actualización permanente nos permitirá manejar un mayor número de alternativas a valorar en  la toma de decisiones.

10.- Estos principios básicos de la práctica autogestionaria, que adaptados a las circunstancias particulares de cada caso, son aplicables en cualquier instancia organizativa, desde el pequeño grupo sindical, la cooperativa, el barrio, la comunidad, el  pueblo y la sociedad misma; Ninguno es prioritario sobre los demás, no son sacrificables unos en función de otros. Son cinco y  se toman juntos.

11.- La autogestión, no solo es un proyecto a largo plazo es en sí mismo el método práctico para llegar a ella. Los medios tiene que estar de acuerdo con los fines.

http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un proyecto de práctica cotidiana<br />
Por Jorge Robles &#8211; Tomado del fanzine GERMEN No. 3 de 1996</p>
<p>1.- Ninguna lucha puede tener éxito si no es consciente, si no persigue un fin concreto y definido. No es posible destruir  nada de lo existente si antes no hemosconvenido entre nosotros mismos que es lo que queremos poner en lugar de aquello que criticamos y queremos destruir. Los anarquistas concebimos la sociedad como una sociedad en donde todas las relaciones mutuas de sus miembros están reguladas, no por las leyes, no por las autoridades,sino por medio de convenios  entre sus miembros; estando siempre en continuo desarrollo y cambio, según las necesidades de la vida libre y así lograr el engrandecimiento de los ideales libertarios.<br />
2.- Entendemos como autogestión todas las opciones de auto organización social y comunitaria donde la comunidad misma,  ya sea sindical, cooperativa, campesina, de mujeres, jubilados, marginados y de cualquier otro sector social oprimido en  nuestra sociedad, tome en sus propias manos la tarea de resolver sus necesidades</p>
<p>3.- Entendemos como autogestión una serie de principios prácticos que encierran el funcionamiento básico de una<br />
 sociedad autogestionaria:</p>
<p>Democracia Directa </p>
<p>Acción Directa </p>
<p>Apoyo Mutuo </p>
<p>Extensión </p>
<p>Formación </p>
<p>5.- DEMOCRACIA DIRECTA: Son los interesados mismos los que toman sus decisiones, sin delegar en intermediarios la  responsabilidad de decidir sobre sus asuntos. Preponderando el concenso como la forma predominante en la toma de acuerdos, y solo en casos extremos recurrir a la votación, evitando el &#8220;mayoriteo&#8221; y permitiendo, en lo posible, posiciones  propias a las minorías.</p>
<p>6.- ACCION DIRECTA: Si son los interesados mismos los que toman sus decisiones sin intermediarios, en la acción directa son también ellos mismos los que gestionan sus propios acuerdos, también sin intermediarios.</p>
<p>7.- APOYO MUTUO: Desarrollar el concepto de solidaridad como principio ético de funcionamiento en todas las instancias en  las que participemos y asesoremos&#8230; empezando por nosotros mismos.</p>
<p>8.- EXTENSION: El crecimiento en nuestra práctica de estos principios autogestionarios, tanto en la comunidad, extendiendo  nuestra influencia tanto sectorial, como por regiones, así como la aplicación de los principios autogestionarios en nuestra  propia intimidad, no podemos manejar la autogestiónen el sindicato o en la cooperativa y ser unos tiranos e intolerantes en la  intimidad, con la familia, los compañeros o los trabajadores de la organización.</p>
<p>9.- FORMACION: El estudio y la actualización permanente nos permitirá manejar un mayor número de alternativas a valorar en  la toma de decisiones.</p>
<p>10.- Estos principios básicos de la práctica autogestionaria, que adaptados a las circunstancias particulares de cada caso, son aplicables en cualquier instancia organizativa, desde el pequeño grupo sindical, la cooperativa, el barrio, la comunidad, el  pueblo y la sociedad misma; Ninguno es prioritario sobre los demás, no son sacrificables unos en función de otros. Son cinco y  se toman juntos.</p>
<p>11.- La autogestión, no solo es un proyecto a largo plazo es en sí mismo el método práctico para llegar a ella. Los medios tiene que estar de acuerdo con los fines.</p>
<p><a href="http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine" rel="nofollow">http://www.punksunidos.com.ar/autogestion/index.htm#fanzine</a></p>
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