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	<title>Comentarios en: MURRAY BOOKCHIN</title>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-176</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 13:37:52 +0000</pubDate>
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		<description>Arquitectura-Ecológica
&quot;El objetivo de la sociedad autogestionaria y ecológica establece el derecho de cada individuo a adquirir el control total de su vida cotidiana y de lograr, en lo posible, que cada día sea una experiencia gozosa y sorprendente... es decir la disolución del poder del hombre sobre el hombre, de la ciudad sobre el campo, del Estado sobre la comunidad y de la razón sobre la sensibilidad.&quot;

Murray Bookchin 
Por una sociedad ecológica 
 
http://www.arquitectura-ecologica.com.mx/Ecologia/Ecologia1.htm#anchor708646</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Arquitectura-Ecológica<br />
&#8220;El objetivo de la sociedad autogestionaria y ecológica establece el derecho de cada individuo a adquirir el control total de su vida cotidiana y de lograr, en lo posible, que cada día sea una experiencia gozosa y sorprendente&#8230; es decir la disolución del poder del hombre sobre el hombre, de la ciudad sobre el campo, del Estado sobre la comunidad y de la razón sobre la sensibilidad.&#8221;</p>
<p>Murray Bookchin<br />
Por una sociedad ecológica </p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-175</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 13:15:33 +0000</pubDate>
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		<description>http://www.ecosofia.org.mx/biblioteca2.php

De esa urgencia para explicar la condición social en su totalidad, de esa urgencia para desafiar todo antes de él, resultan las grandes aportaciones que Bookchin nos ha dejado en su trabajo, aportaciones tanto sociales como ecológicas. Y la fusión de estas dos áreas dentro de Bookchin —uno de los primeros escritores en hacer esto— logran que su magnífico trabajo destaque en alcance y originalidad como el que hiciera Marx hace un siglo. En cuanto a su estilo, para todos aquellos de nosotros que investigamos en el campo del anarquismo y de la ecología, el mundo será un lugar más complicado para el conocimiento al no haber nuevos escritos provenientes de la brillante pluma de Murray Bookchin. Y a pesar de las polémicas que se encendieron alrededor de su último pensamiento, la característica que más extrañaremos de él, es su profunda y radical humanidad, la que brillaba en cada uno de sus trabajos —ese esfuerzo de entender el mundo y hacerlo un mejor lugar para vivir

Murray Bookchin falleció el 30 de julio de 2006, hoy queremos recordar a quien fuera un pensador y luchador libertario. Bookchin nos deja su visión anticipatorio de una conciencia ecológica enmarcada en una práctica política revolucionaria. Nuestro asociado Braulio Hornedo Farriol nos envía su traducción del ensayo de Andy Price publicado el 18 de agosto de 2006 por AK Press.Ecología y libertad. Murray Bookchin (1921-2006).
Andy Price
&quot;Quizás el hecho real más importante que los radicales de nuestra era no han afrontado adecuadamente —escribió Murray Bookchin en 1991— es el hecho de que hoy en día el capitalismo se ha vuelto una sociedad, no sólo una economía.&quot; En esta frase se encapsula la esencia de lo que llevó a este erudito autodidacta, quien falleció el 30 de julio de 2006 a los 85 años, a una prolífica producción de escritos e investigaciones a lo largo de los últimos 50 años. Esa esencia era el compromiso con la creencia de que el análisis de las crisis y transformaciones sociales —y la acción revolucionaria que éstas requieren— deberían tener un enfoque mucho más amplio que el estrictamente económico.
Naturalmente un compromiso con tal enfoque llevaría inevitablemente a Bookchin a un conflicto directo con el decano en las interpretaciones económicas de la transformación social: Karl Marx. Un enfoque que estaba basado en una &quot;revolución social más general&quot;, como alguna vez la describió, con algo que se extendía más allá de la tradicional lucha de clases —en la que él participó entre en las décadas de 1930 y 1960—, más allá de las preocupaciones estrictamente económicas del control de los trabajadores, y que llevaría a Bookchin no sólo a un profundo conflicto intelectual y filosófico con los textos de Marx, sino también a un conflicto aún más directo con los seguidores de Marx. Y este enfrentamiento no siempre sería educado. En su tristemente célebre ensayo de 1969, ¡Escucha, marxista!, Bookchin comienza así: &quot;Toda la vieja morralla de los años treinta está de regreso: la mierda sobre la &#039;línea de clase&#039;, el &#039;papel de la clase trabajadora&#039;, los &#039;cuadros formados&#039;, el &#039;partido de vanguardia&#039; y la &#039;dictadura proletaria&#039;. Todo aquello ha vuelto una vez más, pero de una forma más vulgarizada que nunca.&quot;
Veterano en la política de la lucha de clases en Nueva York durante los años treinta, profundo estudioso de las lecciones aprendidas en la Guerra Civil Española —otra víctima del partido comunista en el pacto Hitler-Stalin—, Bookchin se rebeló a la imposición de las más viejas interpretaciones del marxismo en una década tan fluida como los años sesenta; viejas interpretaciones cuyos fracasos morales habían sido revelados en la Unión Soviética sólo una década antes. Pero aun más que esto, Bookchin no sólo intentaba defender al marxismo comprometido y revolucionario de los errores de las viejas interpretaciones, intentaba defender al marxismo de sí mismo, de sus propios fallos intrínsecos. Para Bookchin los problemas que habían sitiado al movimiento revolucionario hasta el momento, se habían presentado, no por una errada interpretación de Marx, sino por una errada interpretación marxista de la historia.
Lo que Marx claramente veía como un fundamento plausible para explicar el cambio revolucionario —la predominante naturaleza económica de la vida bajo el capitalismo emergente, el crecimiento frenético y la transformación sin paralelo de este proceso— fue de hecho sólo un producto de su tiempo, un profundo proceso de cambio que emanaba de la transición de la sociedad feudal a la sociedad capitalista. Esto es, este terreno social no era el paradigma para basar los análisis en cómo los cambios sociales ocurren y podrían ocurrir. En todo caso eran los efectos específicos de un proceso de cambio emanando de la transición de la sociedad feudal a la capitalista. El tratar este modelo para explicar el movimiento del capitalismo al comunismo —de una sociedad de clases a una sociedad sin clases— fue el más fundamental error de Marx, y la causa matriz de la profunda degeneración en que devinieron los movimientos después de los 50 años que prosiguieron a la muerte de Marx. Por lo tanto era claro para Bookchin que un modelo alternativo de transformación social sería necesario.
Cuando Bookchin comenzó a escribir sobre los fallos del marxismo en 1969, aún no tenía claramente definido qué modelo explicativo podría ser éste. Naturalmente, como pensador maduro, él no se conocía a sí mismo. Lo que le resultaba claro es que sabía en qué aspectos el modelo analítico marxista abandonaba a los vastos movimientos de activismo social. Los nuevos movimientos sociales de los sesenta —particularmente el feminismo, el comunitarismo y los movimientos ecológicos— eran clara evidencia para Bookchin del terreno fundamentalmente diferente en el campo de la acción revolucionaria de sus días, en los que se expresaban fenómenos que Marx simplemente no podía prever. Pero tal como podía esperarse de un pensador tan dialéctico como Bookchin, hay un momento de emergencia en su trabajo, una camino claramente delineado que puede trazarse desde el desarrollo de su pensamiento, primero como un re-compromiso con los trabajos de Marx, emanando como resultante su propia filosofía en el proceso. Por tanto, los factores que él veía originalmente como meras diferencias entre su propio tiempo y el de Marx ahora se convertían en algo mayor —los factores sociales reales que siempre habían estado presentes en la historia pero que fueron completamente ignorados por Marx y el modelo analítico marxista.
Los nuevos movimientos sociales por tanto, vinieron a representar los verdaderos puntos de soporte de una revolución para Bookchin, pero no por las particulares tendencias o detalles de cada uno de ellos, sino por las arrebatadoras implicaciones en los aspectos que todos ellos compartían. Esto es, no eran las preocupaciones particulares de cada uno de estos movimientos —no una lucha contra los despilfarros ecológicos, la dominación de género o la burocracia—, sino los aspectos comunes a los que estos movimientos se oponían: la jerarquía y la dominación Crucialmente, los conceptos de jerarquía y dominación pueden tener poco que ver con la explotación económica. Bookchin empezó a observar que no importando que tan completa pudiera ser una revolución basada en el modelo analítico marxista, en ella existiría un gran rango de jerarquías —y dominación— que quedarían intocadas. Más específicamente, la meta marxista de la abolición del estado capitalista sólo terminaría con la jerarquía y dominación económica; por lo tanto sería requerida una más completa revolución social que pudiera identificar y disolver las jerarquías y la dominación donde quiera que éstas fueran halladas .
Ciertamente la obra de Bookchin no era completamente única: las reformulaciones de la teoría marxista ya tenían una profunda y rezagada necesidad después de sus fallos en la práctica, tan aparentes en los sesenta. De cualquier manera Bookchin fue único en la extensión de su crítica a Marx; ningún teórico de izquierda comprometido con abolir el capitalismo rechazó tan profundamente las premisas centrales de Marx (un instancia que nunca le permitiría obtener un lugar en la Escuela de Frankfurt). Como él señaló en 1969: &quot;el marxismo ha cesado de ser aplicable a nuestro tiempo, y no porque sea demasiado revolucionario o visionario, sino porque no es suficientemente visionario y revolucionario.&quot; Más tarde Bookchin buscaría un crítica más profunda en un ensayo titulado El marxismo como sociología burguesa (1979), en donde él señalaba que los fallos más profundos de Marx emergían de su posición y compromiso al más burgués pensamiento decimonónico.
Para Bookchin, el &quot;mito&quot; de Marx acerca del proletariado como agente revolucionario, una vez que éste ha sido suficientemente inmerso en la lógica capitalista, es un ejemplo claro de las sensibilidades burguesas del autor. Aquí la dominación y la coordinación de masas en el sistema fabril bajo el capitalismo es aceptado por Marx como un positivo proceso para la formación de la conciencia de clase. Es decir, que es a través de este proceso que el camino al comunismo sería formado. Pero mientras tanto, el hecho de que las masas fueran coordinadas y hasta fusionadas a la lógica del capital —en cuyo proceso se introducía su propio servilismo— no sólo era pasado por alto, sino que era hasta bienvenido. El cómo estas masas coordinadas cambiarían de ser un adjunto organizado al capitalismo a un movimiento revolucionario nunca fue adecuadamente comprendido por la teóricos de la inmersión. Más aún, el concepto de la inmersión, previendo un futuro donde las masas estarían al punto de la revolución, implicaba que mientras las vicisitudes enfrentadas por la clase trabajadora bajo el capitalismo —la industrialización y el imperialismo— ocurrían como algo indeseado, éstas eran al mismo tiempo bienvenidas desde una perspectiva más amplia; estos acontecimientos serían difíciles y hasta crueles, pero eran vistos positivamente como el progreso labrado por el movimiento histórico de la sociedad hacia la revolución proletaria. En este aspecto Marx era un claro adeherente a la máxima de &quot;progreso&quot;: la dominación que se había presentado era un producto infortunado pero necesario; claramente un aspecto que Marx compartió con los colonialistas del siglo XIX, quienes justificaban las atrocidades en nombre de llevar el &quot;progreso&quot; al resto del mundo (los escritos de Marx sobre los británicos en la India es un claro ejemplo de esto).
Además para Bookchin la sensibilidad burguesa de Marx proviene también de su mismo deseo, en armonía con el pensamiento burgués de su tiempo, de probar irrefutablemente la veracidad objetiva de sus recién descubiertas leyes sociales; muy a la par de la manera en que los científicos naturalistas victorianos avanzaban en el intelecto humanano con sus demandas a una apertura objetiva de la evidencia, así Marx se propuso hacerlo en el terreno de las ciencias sociales. Pero hay una desventaja fundamental en el cientificismo del modelo marxista, pues aquí el proletariado mismo, al igual que todo el proyecto revolucionario, se objetivizan durante el análisis —así todo el contenido ético y moral es eliminado o subordinado a un movimiento histórico más amplio. Por otra parte, desde este momento, cualquier desviación al programa de Marx ya podía etiquetarse como poco científica, como subjetiva, como el utopismo que emanaba del trabajo de un soñador —algo que Marx haría con gran determinación en sus discusiones con Fourier y otros—, pues sólo el &quot;modelo científico&quot; de Marx había destapado las fuerzas objetivas del cambio social. Una vez más, con este conjunto mental, el espacio para el desafío moral o ético basado en las realidades de la vida del proletariado en el capitalismo decimonónico era eliminado, o en el mejor de los casos reducido a una posición secundaria, detrás de la primacía de la marcha hacia el comunismo.
El rechazo de Bookchin al marxismo como programa filosófico y político lo separó de otros excomunistas durante los años 60, y lo colocó firmemente al lado de los anarquistas. Aquí Bookchin habría permanecido —con toda probabilidad, indistinguible de muchos otros críticos anarquistas— de no ser por el posterior desarrollo dialéctico que ocurrió mientras los años 60 daban paso a los 70. Este desarrollo se puede remontar claramente a las dos conclusiones principales que Bookchin había alcanzado hasta el momento. Primero, si la revolución estaba sobre la abolición algo mucho más amplio que las clases —la jerarquía y la dominación—, entonces la aparición de estas condiciones y la trayectoria hacia su superación tendrían que ser justificadas y explicadas; tal como Marx había contorneado el origen de las clases y el Estado, Bookchin tendría que explicar la aparición de las jerarquías y la dominación. En segundo lugar, como Bookchin había descontado al proletariado como agente del cambio revolucionario, ¿por qué podría ser ahora substituido? Es decir, si no era el proletariado, ¿cuál factor o agente sería el impulso primario hacia la revolución? 
Estos dos aspectos —la necesidad de examinar la jerarquía y la necesidad de encontrar un remplazo para el proletariado como agente revolucionario— llevarían a Bookchin a la misma conclusión: La ecología. En primera instancia, la ecología formaría la base de la crítica bookchiniana a la jerarquía: en ninguna parte del mundo natural hay un sistema similar de jerarquías como los que afectan a la sociedad humana. Sistemas de rango entre animales, sí; actos individuales de agresión por los miembros más fuertes del grupo, sí; pero no los institucionalizados e inmutables sistemas de jerarquía y control que se desarrollan en el mundo social. En segunda instancia, la fragilidad de la ecología planetaria —del ecosistema mundial—, llevada casi a su extinción por el capitalismo, sería ahora el principal hilo conductor del cambio revolucionario. La humanidad no tenía ninguna opción de si deseaba derrocar al capitalismo o no —o de si esto se podría retrasar hasta una época futura en la que fuera más conducente el cambio—, sino que su misma supervivencia dependía de trascender el capitalismo. Bajo el modelo de Bookchin, los enterradores del capitalismo se presentarían no de la inmersión del proletariado, sino de la inmersión del planeta en su conjunto.
En la confluencia de estas dos conclusiones emergería la filosofía completa de Bookchin, que él llamaría ecología social. Y esta confluencia daría a su pensamiento y propuesta de acción una unidad completa: si el capitalismo hacía el mundo inhabitable, en gran parte debido a la existencia de jerarquías y de dominación no solamente económica, y si las jerarquías se podían demostrar como artificiales debido a que no eran encontradas en ningún otro lugar en el mundo natural, entonces su disolución se debería trabajar con una comprensión y adeherencia a los paradigmas no-jerárquicos de la ecología natural. Aquí el pensamiento de Bookchin cierra su círculo e infunde un profundo holismo en todos sus aspectos: la sociedad a la que se pretender llegar debe ser el fiel reflejo de la sociedad que se intenta construir ahora. Esto exige una reformulación de cada estructura social dentro de la sociedad actual, para reordenarlas en estructuras no jerárquicas. Crucial es, sin embargo, que esta reformulación venga de la sociedad humana —el único depósito de ética reflexivo— e implica la imposición activa de valores humanos sobre el mundo natural: un aspecto de la ecología social que enfrentaría a Bookchin con muchos de los eco-centristas del movimiento ecologista. 
Es en este holismo sobrecogedor, en esta magnífica narrativa del planeta en su conjunto —de la sociedad humana en su más amplia ecología— es lo que señala a Bookchin como un pensador sobresaliente en los últimos 50 años. Esto es aún más notable a la luz del hecho que sobre el mismo período hemos visto un total rechazo al concepto de una gran narrativa histórica, tanto en el mundo académico y en el activista, en favor de un relativismo o un individualismo a menudo tan indefinibles como irrealizables. Y esta gran narrativa es tan magnífica como podría resultar cualquiera: una reforma completa de la condición humana para acordarlos con los procesos y crecimientos no-jerárquicos encontrados en el mundo natural. Bookchin estaba completamente enterado del alcance de su proyecto, de su naturaleza utópica. De hecho, él escribió una vez del &quot;desconcertante carácter mesiánico&quot; de su obra, de su esfuerzo por definir un proceso casi objetivo hacia una libertad utópica. Pero en armonía con su visión dialéctica, el Bookchin mesiánico abrió su teoría a la tensión dialéctica que él valoraba más: la tensión entre el lector y el escritor. Es otras palabras, su trabajo debería ser tomado y encendido por otros, redefinido y vuelto a trabajar.
Desafortunadamente en sus últimos años, debido a un número cada vez mayor de conflictos con activistas y círculos académicos, junto con ese estilo de escritura tan directo y omnipresente en Bookchin, muchos lo acusarían de olvidarse de su compromiso con esa —por él valoradísima— tensión dialéctica, de buscar no dejar ningún disidente en la polémica. Pero es justo esa visión excesivamente simplista la que niega los muchos matices y contradicciones que están presentes a través de la toda la obra bookchiniana. Más aún, falla en reconocer la importancia que cobra la contradicción en su pensamiento —utilizando el concepto en el más profundo sentido hegeliano. Para Bookchin la contradicción era enteramente alrededor de la lucha, tanto en pensamiento como en acción. Desde sus discusiones de la lucha por la vida en los ecosistemas naturales hasta la lucha por la vida de entre los más pobres del capitalismo, uno termina teniendo la idea de que no todo será agradable en la marcha hacia una sociedad mejor. Así también en el forjado de las ideas: la necesidad de cumplidos o de una excesiva cortesía en la discusión fueron para Bookchin una curiosidad en un mundo donde la cortesía y la civilización estaban ellas mismas en juego. Aún más, esa abrasividad encontrada tan a menudo en la escritura de Bookchin fue también un producto de sus raíces, educado como él fue, en las calles del Nueva York de los años 30. Nacido en 1921 de inmigrantes rusos, ellos mismos politizados radicalmente en el proceso mismo de huir de las agitaciones sociales de la Rusia revolucionaria, Bookchin afiló su discurso como activista del partido y orador público en un momento en que los temas de discusión —imperialismo, fascismo, y opresión— eran, en un sentido muy real, temáticas de vida o muerte. Por otra parte, el mismo ambiente del debate —las esquinas de los distritos más empobrecidos de la clase obrera neoyorquina—, &quot;donde las muchedumbres&quot;, Bookchin nos dijo en 1997, &quot;eran salvajemente hostiles&quot;, introdujo una mentalidad de lucha en el joven Bookchin, pues para ser tomado seriamente en estos debates eran necesidades absolutas, una franqueza directa y un estilo callejero de pelea. Este período de definición radical, respaldado más adelante por las experiencias fabriles, infundirían en Bookchin una urgencia para cortar las sutilezas en las discusión, para eliminar los tecnicismos —y ser resistente tanto en la argumentación como en la respuesta.
Posteriormente, mientras la mayor parte del mundo desarrollado se movía en diversas fases de la socialdemocracia, y las muy extendidas creencias de la inestabilidad del mundo debido a los peligros anteriores a la segunda guerra mundial eran ya vistos como cosa del pasado, Bookchin —desde 1962 en nuestro medio ambiente sintético— escribía sobre los costes ambientales del capitalismo y las crisis inminentes que éstos traerían. Por lo tanto, la urgencia no se había disipado para Bookchin, las crisis no habían parado, simplemente habían cambiado de terreno, del social al ambiental.
De esa urgencia para explicar la condición social en su totalidad, de esa urgencia para desafiar todo antes de él, resultan las grandes aportaciones que Bookchin nos ha dejado en su trabajo, aportaciones tanto sociales como ecológicas. Y la fusión de estas dos áreas dentro de Bookchin —uno de los primeros escritores en hacer esto— logran que su magnífico trabajo destaque en alcance y originalidad como el que hiciera Marx hace un siglo. En cuanto a su estilo, para todos aquellos de nosotros que investigamos en el campo del anarquismo y de la ecología, el mundo será un lugar más complicado para el conocimiento al no haber nuevos escritos provenientes de la brillante pluma de Murray Bookchin. Y a pesar de las polémicas que se encendieron alrededor de su último pensamiento, la característica que más extrañaremos de él, es su profunda y radical humanidad, la que brillaba en cada uno de sus trabajos —ese esfuerzo de entender el mundo y hacerlo un mejor lugar para vivir. A Bookchin le sobreviven su compañera de largo tiempo Janet Bielh, su ex-esposa y amiga Bea, un hijo y una hija.

(Traducción del inglés: Braulio Hornedo Farriol)</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.ecosofia.org.mx/biblioteca2.php" rel="nofollow">http://www.ecosofia.org.mx/biblioteca2.php</a></p>
<p>De esa urgencia para explicar la condición social en su totalidad, de esa urgencia para desafiar todo antes de él, resultan las grandes aportaciones que Bookchin nos ha dejado en su trabajo, aportaciones tanto sociales como ecológicas. Y la fusión de estas dos áreas dentro de Bookchin —uno de los primeros escritores en hacer esto— logran que su magnífico trabajo destaque en alcance y originalidad como el que hiciera Marx hace un siglo. En cuanto a su estilo, para todos aquellos de nosotros que investigamos en el campo del anarquismo y de la ecología, el mundo será un lugar más complicado para el conocimiento al no haber nuevos escritos provenientes de la brillante pluma de Murray Bookchin. Y a pesar de las polémicas que se encendieron alrededor de su último pensamiento, la característica que más extrañaremos de él, es su profunda y radical humanidad, la que brillaba en cada uno de sus trabajos —ese esfuerzo de entender el mundo y hacerlo un mejor lugar para vivir</p>
<p>Murray Bookchin falleció el 30 de julio de 2006, hoy queremos recordar a quien fuera un pensador y luchador libertario. Bookchin nos deja su visión anticipatorio de una conciencia ecológica enmarcada en una práctica política revolucionaria. Nuestro asociado Braulio Hornedo Farriol nos envía su traducción del ensayo de Andy Price publicado el 18 de agosto de 2006 por AK Press.Ecología y libertad. Murray Bookchin (1921-2006).<br />
Andy Price<br />
&#8220;Quizás el hecho real más importante que los radicales de nuestra era no han afrontado adecuadamente —escribió Murray Bookchin en 1991— es el hecho de que hoy en día el capitalismo se ha vuelto una sociedad, no sólo una economía.&#8221; En esta frase se encapsula la esencia de lo que llevó a este erudito autodidacta, quien falleció el 30 de julio de 2006 a los 85 años, a una prolífica producción de escritos e investigaciones a lo largo de los últimos 50 años. Esa esencia era el compromiso con la creencia de que el análisis de las crisis y transformaciones sociales —y la acción revolucionaria que éstas requieren— deberían tener un enfoque mucho más amplio que el estrictamente económico.<br />
Naturalmente un compromiso con tal enfoque llevaría inevitablemente a Bookchin a un conflicto directo con el decano en las interpretaciones económicas de la transformación social: Karl Marx. Un enfoque que estaba basado en una &#8220;revolución social más general&#8221;, como alguna vez la describió, con algo que se extendía más allá de la tradicional lucha de clases —en la que él participó entre en las décadas de 1930 y 1960—, más allá de las preocupaciones estrictamente económicas del control de los trabajadores, y que llevaría a Bookchin no sólo a un profundo conflicto intelectual y filosófico con los textos de Marx, sino también a un conflicto aún más directo con los seguidores de Marx. Y este enfrentamiento no siempre sería educado. En su tristemente célebre ensayo de 1969, ¡Escucha, marxista!, Bookchin comienza así: &#8220;Toda la vieja morralla de los años treinta está de regreso: la mierda sobre la &#8216;línea de clase&#8217;, el &#8216;papel de la clase trabajadora&#8217;, los &#8216;cuadros formados&#8217;, el &#8216;partido de vanguardia&#8217; y la &#8216;dictadura proletaria&#8217;. Todo aquello ha vuelto una vez más, pero de una forma más vulgarizada que nunca.&#8221;<br />
Veterano en la política de la lucha de clases en Nueva York durante los años treinta, profundo estudioso de las lecciones aprendidas en la Guerra Civil Española —otra víctima del partido comunista en el pacto Hitler-Stalin—, Bookchin se rebeló a la imposición de las más viejas interpretaciones del marxismo en una década tan fluida como los años sesenta; viejas interpretaciones cuyos fracasos morales habían sido revelados en la Unión Soviética sólo una década antes. Pero aun más que esto, Bookchin no sólo intentaba defender al marxismo comprometido y revolucionario de los errores de las viejas interpretaciones, intentaba defender al marxismo de sí mismo, de sus propios fallos intrínsecos. Para Bookchin los problemas que habían sitiado al movimiento revolucionario hasta el momento, se habían presentado, no por una errada interpretación de Marx, sino por una errada interpretación marxista de la historia.<br />
Lo que Marx claramente veía como un fundamento plausible para explicar el cambio revolucionario —la predominante naturaleza económica de la vida bajo el capitalismo emergente, el crecimiento frenético y la transformación sin paralelo de este proceso— fue de hecho sólo un producto de su tiempo, un profundo proceso de cambio que emanaba de la transición de la sociedad feudal a la sociedad capitalista. Esto es, este terreno social no era el paradigma para basar los análisis en cómo los cambios sociales ocurren y podrían ocurrir. En todo caso eran los efectos específicos de un proceso de cambio emanando de la transición de la sociedad feudal a la capitalista. El tratar este modelo para explicar el movimiento del capitalismo al comunismo —de una sociedad de clases a una sociedad sin clases— fue el más fundamental error de Marx, y la causa matriz de la profunda degeneración en que devinieron los movimientos después de los 50 años que prosiguieron a la muerte de Marx. Por lo tanto era claro para Bookchin que un modelo alternativo de transformación social sería necesario.<br />
Cuando Bookchin comenzó a escribir sobre los fallos del marxismo en 1969, aún no tenía claramente definido qué modelo explicativo podría ser éste. Naturalmente, como pensador maduro, él no se conocía a sí mismo. Lo que le resultaba claro es que sabía en qué aspectos el modelo analítico marxista abandonaba a los vastos movimientos de activismo social. Los nuevos movimientos sociales de los sesenta —particularmente el feminismo, el comunitarismo y los movimientos ecológicos— eran clara evidencia para Bookchin del terreno fundamentalmente diferente en el campo de la acción revolucionaria de sus días, en los que se expresaban fenómenos que Marx simplemente no podía prever. Pero tal como podía esperarse de un pensador tan dialéctico como Bookchin, hay un momento de emergencia en su trabajo, una camino claramente delineado que puede trazarse desde el desarrollo de su pensamiento, primero como un re-compromiso con los trabajos de Marx, emanando como resultante su propia filosofía en el proceso. Por tanto, los factores que él veía originalmente como meras diferencias entre su propio tiempo y el de Marx ahora se convertían en algo mayor —los factores sociales reales que siempre habían estado presentes en la historia pero que fueron completamente ignorados por Marx y el modelo analítico marxista.<br />
Los nuevos movimientos sociales por tanto, vinieron a representar los verdaderos puntos de soporte de una revolución para Bookchin, pero no por las particulares tendencias o detalles de cada uno de ellos, sino por las arrebatadoras implicaciones en los aspectos que todos ellos compartían. Esto es, no eran las preocupaciones particulares de cada uno de estos movimientos —no una lucha contra los despilfarros ecológicos, la dominación de género o la burocracia—, sino los aspectos comunes a los que estos movimientos se oponían: la jerarquía y la dominación Crucialmente, los conceptos de jerarquía y dominación pueden tener poco que ver con la explotación económica. Bookchin empezó a observar que no importando que tan completa pudiera ser una revolución basada en el modelo analítico marxista, en ella existiría un gran rango de jerarquías —y dominación— que quedarían intocadas. Más específicamente, la meta marxista de la abolición del estado capitalista sólo terminaría con la jerarquía y dominación económica; por lo tanto sería requerida una más completa revolución social que pudiera identificar y disolver las jerarquías y la dominación donde quiera que éstas fueran halladas .<br />
Ciertamente la obra de Bookchin no era completamente única: las reformulaciones de la teoría marxista ya tenían una profunda y rezagada necesidad después de sus fallos en la práctica, tan aparentes en los sesenta. De cualquier manera Bookchin fue único en la extensión de su crítica a Marx; ningún teórico de izquierda comprometido con abolir el capitalismo rechazó tan profundamente las premisas centrales de Marx (un instancia que nunca le permitiría obtener un lugar en la Escuela de Frankfurt). Como él señaló en 1969: &#8220;el marxismo ha cesado de ser aplicable a nuestro tiempo, y no porque sea demasiado revolucionario o visionario, sino porque no es suficientemente visionario y revolucionario.&#8221; Más tarde Bookchin buscaría un crítica más profunda en un ensayo titulado El marxismo como sociología burguesa (1979), en donde él señalaba que los fallos más profundos de Marx emergían de su posición y compromiso al más burgués pensamiento decimonónico.<br />
Para Bookchin, el &#8220;mito&#8221; de Marx acerca del proletariado como agente revolucionario, una vez que éste ha sido suficientemente inmerso en la lógica capitalista, es un ejemplo claro de las sensibilidades burguesas del autor. Aquí la dominación y la coordinación de masas en el sistema fabril bajo el capitalismo es aceptado por Marx como un positivo proceso para la formación de la conciencia de clase. Es decir, que es a través de este proceso que el camino al comunismo sería formado. Pero mientras tanto, el hecho de que las masas fueran coordinadas y hasta fusionadas a la lógica del capital —en cuyo proceso se introducía su propio servilismo— no sólo era pasado por alto, sino que era hasta bienvenido. El cómo estas masas coordinadas cambiarían de ser un adjunto organizado al capitalismo a un movimiento revolucionario nunca fue adecuadamente comprendido por la teóricos de la inmersión. Más aún, el concepto de la inmersión, previendo un futuro donde las masas estarían al punto de la revolución, implicaba que mientras las vicisitudes enfrentadas por la clase trabajadora bajo el capitalismo —la industrialización y el imperialismo— ocurrían como algo indeseado, éstas eran al mismo tiempo bienvenidas desde una perspectiva más amplia; estos acontecimientos serían difíciles y hasta crueles, pero eran vistos positivamente como el progreso labrado por el movimiento histórico de la sociedad hacia la revolución proletaria. En este aspecto Marx era un claro adeherente a la máxima de &#8220;progreso&#8221;: la dominación que se había presentado era un producto infortunado pero necesario; claramente un aspecto que Marx compartió con los colonialistas del siglo XIX, quienes justificaban las atrocidades en nombre de llevar el &#8220;progreso&#8221; al resto del mundo (los escritos de Marx sobre los británicos en la India es un claro ejemplo de esto).<br />
Además para Bookchin la sensibilidad burguesa de Marx proviene también de su mismo deseo, en armonía con el pensamiento burgués de su tiempo, de probar irrefutablemente la veracidad objetiva de sus recién descubiertas leyes sociales; muy a la par de la manera en que los científicos naturalistas victorianos avanzaban en el intelecto humanano con sus demandas a una apertura objetiva de la evidencia, así Marx se propuso hacerlo en el terreno de las ciencias sociales. Pero hay una desventaja fundamental en el cientificismo del modelo marxista, pues aquí el proletariado mismo, al igual que todo el proyecto revolucionario, se objetivizan durante el análisis —así todo el contenido ético y moral es eliminado o subordinado a un movimiento histórico más amplio. Por otra parte, desde este momento, cualquier desviación al programa de Marx ya podía etiquetarse como poco científica, como subjetiva, como el utopismo que emanaba del trabajo de un soñador —algo que Marx haría con gran determinación en sus discusiones con Fourier y otros—, pues sólo el &#8220;modelo científico&#8221; de Marx había destapado las fuerzas objetivas del cambio social. Una vez más, con este conjunto mental, el espacio para el desafío moral o ético basado en las realidades de la vida del proletariado en el capitalismo decimonónico era eliminado, o en el mejor de los casos reducido a una posición secundaria, detrás de la primacía de la marcha hacia el comunismo.<br />
El rechazo de Bookchin al marxismo como programa filosófico y político lo separó de otros excomunistas durante los años 60, y lo colocó firmemente al lado de los anarquistas. Aquí Bookchin habría permanecido —con toda probabilidad, indistinguible de muchos otros críticos anarquistas— de no ser por el posterior desarrollo dialéctico que ocurrió mientras los años 60 daban paso a los 70. Este desarrollo se puede remontar claramente a las dos conclusiones principales que Bookchin había alcanzado hasta el momento. Primero, si la revolución estaba sobre la abolición algo mucho más amplio que las clases —la jerarquía y la dominación—, entonces la aparición de estas condiciones y la trayectoria hacia su superación tendrían que ser justificadas y explicadas; tal como Marx había contorneado el origen de las clases y el Estado, Bookchin tendría que explicar la aparición de las jerarquías y la dominación. En segundo lugar, como Bookchin había descontado al proletariado como agente del cambio revolucionario, ¿por qué podría ser ahora substituido? Es decir, si no era el proletariado, ¿cuál factor o agente sería el impulso primario hacia la revolución?<br />
Estos dos aspectos —la necesidad de examinar la jerarquía y la necesidad de encontrar un remplazo para el proletariado como agente revolucionario— llevarían a Bookchin a la misma conclusión: La ecología. En primera instancia, la ecología formaría la base de la crítica bookchiniana a la jerarquía: en ninguna parte del mundo natural hay un sistema similar de jerarquías como los que afectan a la sociedad humana. Sistemas de rango entre animales, sí; actos individuales de agresión por los miembros más fuertes del grupo, sí; pero no los institucionalizados e inmutables sistemas de jerarquía y control que se desarrollan en el mundo social. En segunda instancia, la fragilidad de la ecología planetaria —del ecosistema mundial—, llevada casi a su extinción por el capitalismo, sería ahora el principal hilo conductor del cambio revolucionario. La humanidad no tenía ninguna opción de si deseaba derrocar al capitalismo o no —o de si esto se podría retrasar hasta una época futura en la que fuera más conducente el cambio—, sino que su misma supervivencia dependía de trascender el capitalismo. Bajo el modelo de Bookchin, los enterradores del capitalismo se presentarían no de la inmersión del proletariado, sino de la inmersión del planeta en su conjunto.<br />
En la confluencia de estas dos conclusiones emergería la filosofía completa de Bookchin, que él llamaría ecología social. Y esta confluencia daría a su pensamiento y propuesta de acción una unidad completa: si el capitalismo hacía el mundo inhabitable, en gran parte debido a la existencia de jerarquías y de dominación no solamente económica, y si las jerarquías se podían demostrar como artificiales debido a que no eran encontradas en ningún otro lugar en el mundo natural, entonces su disolución se debería trabajar con una comprensión y adeherencia a los paradigmas no-jerárquicos de la ecología natural. Aquí el pensamiento de Bookchin cierra su círculo e infunde un profundo holismo en todos sus aspectos: la sociedad a la que se pretender llegar debe ser el fiel reflejo de la sociedad que se intenta construir ahora. Esto exige una reformulación de cada estructura social dentro de la sociedad actual, para reordenarlas en estructuras no jerárquicas. Crucial es, sin embargo, que esta reformulación venga de la sociedad humana —el único depósito de ética reflexivo— e implica la imposición activa de valores humanos sobre el mundo natural: un aspecto de la ecología social que enfrentaría a Bookchin con muchos de los eco-centristas del movimiento ecologista.<br />
Es en este holismo sobrecogedor, en esta magnífica narrativa del planeta en su conjunto —de la sociedad humana en su más amplia ecología— es lo que señala a Bookchin como un pensador sobresaliente en los últimos 50 años. Esto es aún más notable a la luz del hecho que sobre el mismo período hemos visto un total rechazo al concepto de una gran narrativa histórica, tanto en el mundo académico y en el activista, en favor de un relativismo o un individualismo a menudo tan indefinibles como irrealizables. Y esta gran narrativa es tan magnífica como podría resultar cualquiera: una reforma completa de la condición humana para acordarlos con los procesos y crecimientos no-jerárquicos encontrados en el mundo natural. Bookchin estaba completamente enterado del alcance de su proyecto, de su naturaleza utópica. De hecho, él escribió una vez del &#8220;desconcertante carácter mesiánico&#8221; de su obra, de su esfuerzo por definir un proceso casi objetivo hacia una libertad utópica. Pero en armonía con su visión dialéctica, el Bookchin mesiánico abrió su teoría a la tensión dialéctica que él valoraba más: la tensión entre el lector y el escritor. Es otras palabras, su trabajo debería ser tomado y encendido por otros, redefinido y vuelto a trabajar.<br />
Desafortunadamente en sus últimos años, debido a un número cada vez mayor de conflictos con activistas y círculos académicos, junto con ese estilo de escritura tan directo y omnipresente en Bookchin, muchos lo acusarían de olvidarse de su compromiso con esa —por él valoradísima— tensión dialéctica, de buscar no dejar ningún disidente en la polémica. Pero es justo esa visión excesivamente simplista la que niega los muchos matices y contradicciones que están presentes a través de la toda la obra bookchiniana. Más aún, falla en reconocer la importancia que cobra la contradicción en su pensamiento —utilizando el concepto en el más profundo sentido hegeliano. Para Bookchin la contradicción era enteramente alrededor de la lucha, tanto en pensamiento como en acción. Desde sus discusiones de la lucha por la vida en los ecosistemas naturales hasta la lucha por la vida de entre los más pobres del capitalismo, uno termina teniendo la idea de que no todo será agradable en la marcha hacia una sociedad mejor. Así también en el forjado de las ideas: la necesidad de cumplidos o de una excesiva cortesía en la discusión fueron para Bookchin una curiosidad en un mundo donde la cortesía y la civilización estaban ellas mismas en juego. Aún más, esa abrasividad encontrada tan a menudo en la escritura de Bookchin fue también un producto de sus raíces, educado como él fue, en las calles del Nueva York de los años 30. Nacido en 1921 de inmigrantes rusos, ellos mismos politizados radicalmente en el proceso mismo de huir de las agitaciones sociales de la Rusia revolucionaria, Bookchin afiló su discurso como activista del partido y orador público en un momento en que los temas de discusión —imperialismo, fascismo, y opresión— eran, en un sentido muy real, temáticas de vida o muerte. Por otra parte, el mismo ambiente del debate —las esquinas de los distritos más empobrecidos de la clase obrera neoyorquina—, &#8220;donde las muchedumbres&#8221;, Bookchin nos dijo en 1997, &#8220;eran salvajemente hostiles&#8221;, introdujo una mentalidad de lucha en el joven Bookchin, pues para ser tomado seriamente en estos debates eran necesidades absolutas, una franqueza directa y un estilo callejero de pelea. Este período de definición radical, respaldado más adelante por las experiencias fabriles, infundirían en Bookchin una urgencia para cortar las sutilezas en las discusión, para eliminar los tecnicismos —y ser resistente tanto en la argumentación como en la respuesta.<br />
Posteriormente, mientras la mayor parte del mundo desarrollado se movía en diversas fases de la socialdemocracia, y las muy extendidas creencias de la inestabilidad del mundo debido a los peligros anteriores a la segunda guerra mundial eran ya vistos como cosa del pasado, Bookchin —desde 1962 en nuestro medio ambiente sintético— escribía sobre los costes ambientales del capitalismo y las crisis inminentes que éstos traerían. Por lo tanto, la urgencia no se había disipado para Bookchin, las crisis no habían parado, simplemente habían cambiado de terreno, del social al ambiental.<br />
De esa urgencia para explicar la condición social en su totalidad, de esa urgencia para desafiar todo antes de él, resultan las grandes aportaciones que Bookchin nos ha dejado en su trabajo, aportaciones tanto sociales como ecológicas. Y la fusión de estas dos áreas dentro de Bookchin —uno de los primeros escritores en hacer esto— logran que su magnífico trabajo destaque en alcance y originalidad como el que hiciera Marx hace un siglo. En cuanto a su estilo, para todos aquellos de nosotros que investigamos en el campo del anarquismo y de la ecología, el mundo será un lugar más complicado para el conocimiento al no haber nuevos escritos provenientes de la brillante pluma de Murray Bookchin. Y a pesar de las polémicas que se encendieron alrededor de su último pensamiento, la característica que más extrañaremos de él, es su profunda y radical humanidad, la que brillaba en cada uno de sus trabajos —ese esfuerzo de entender el mundo y hacerlo un mejor lugar para vivir. A Bookchin le sobreviven su compañera de largo tiempo Janet Bielh, su ex-esposa y amiga Bea, un hijo y una hija.</p>
<p>(Traducción del inglés: Braulio Hornedo Farriol)</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-174</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 13:04:18 +0000</pubDate>
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		<description>Ecoaldeas, un paso hacia la sociedad ecológica
Javier Manzano

Murray Bookchin en su libro La Ecología de la Libertad. La emergencia y la disolución de las jerarquías, nos acerca a la concepción de una sociedad ecológica partiendo de la certeza de que la sociedad y la naturaleza no son inherentemente antitéticas. Claro está que al remitirnos a la cruda realidad rápidamente concluiremos, al igual que el autor, que una sociedad deformada ha pasado a representar a la sociedad en sí misma. La debate de fondo es si realmente tiene algún sentido plantear alternativas ambientalistas en términos utópicos o, en términos reformistas, esperando corregir la tendencia de macroestructuras como las multinacionales, los sistemas políticos, y sobre todo las mentalidades, cuando el ritmo de destrucción medioambiental es tan rápido que antes de leer el siguiente párrafo habrá otra catástrofe ecológica en curso. No trato de alentar a nadie a caminar hacia la resignación o la inercia, sino todo lo contrario. Por ello quiero exponer una visión particular ac erca de la creación de la sociedad ecológica como alternativa a la sociedad esperpéntica de la que formamos parte.

Antes de seguir es preciso matizar que no empleo el término sociedad con la corrección de su sentido sociológico, contrapuesto a al término Comunidad. La diferencia entre comunidad y sociedad ya había sido planteada por los sociólogos alemanes Tonnies, en Gemeinschaft und Gesellschaft (Comunidad y Sociedad), y Weber, en Wirtschaft und Gesellschaft (Economía y Sociedad). Para el primero, la Comunidad corresponde a la vida real orgánica, mientras que la Sociedad implica una forma ideal y mecánica. La Comunidad es un producto espontáneo de la vida social que se estructura naturalmente, a diferencia de la Sociedad que resulta de la voluntad de los individuos en orden al propósito de unirse para colaborar entre sí. No hago uso de Sociedad en ese sentido ya que pretendo encontrar abordar una zona de transito entre ambos conceptos. En la Comunidad los miembros están unidos, a pesar de todo lo que los separa; en la Sociedad permanecen separados, a pesar de todo lo que hacen para un irse, en el paso de uno a otro puede que resida nuestro fracaso y es donde tendremos estar alerta.

Para ir poniendo un poco los pies en el suelo, según The Economist en los últimos cinco años el precio de la vivienda se ha duplicado en el Estado Español. Esto convierte en prácticamente imposible encontrar un lugar donde vivir por los múltiples abusos, legales o no, que día a día perpetran los especuladores que a consecuencia de la inestabilidad de la bolsa desde el 11-S han pasado a invertir en el sector inmobiliario.

A esto hay que añadirle el papel que juegan nuestros supuestos representantes a todos los niveles. Las administraciones Locales y Regionales se suben al carro de la especulación y venden el suelo disponible para edificar a precios astronómicos, además de realizar otras prácticas especulativas muy poco compatibles con la transparencia democrática. El Gobierno, por otro lado, es consciente de que abandonando un elemento de estabilización social como lo es la vivienda, genera un crecimiento económico artificial que oculta la situación real. A esto debemos añadirle la liberalización del mercado laboral y la consecuente precarización del empleo.

Pero, aún y todo, ante la falta de una oferta atractiva de ocio, comunicación o desarrollo personal en las zonas rurales los jóvenes prefieren permanecer en las ciudades en una situación de total precariedad. Mientras en las zonas rurales avanza progresivamente el envejecimiento de la población La desaparición de muchos pueblos es inminente. Además la dirección que va tomando la política agrícola europea muy condicionada por los dictados de la OMC, augura un oscuro futuro para las comunidades dedicadas a la agricultura tradicional. Las Multinacionales de la Biotecnología agroalimentaria van ganando terreno con la consiguiente incertidumbre medioambiental y todo lo que supone el control de las multinacionales sobre la alimentación.

A riesgo de ser interpretado como una reproducción del un cliché «New Age», es cierto que es necesario bajarse del tren. A pesar de que el ecologismo se ha identificado como una valor típico del postmaterialismo. El ecologismo, tal y como lo interpreto, no está impulsado por valores postmaterialistas. Las reivindicaciones ecologistas deben ser materialistas si quieren hacerse realidad. La cuestión a estas alturas es más bien de supervivencia que de calidad de vida. Por ello el paradigma ecológico debe estar necesariamente en conflicto tanto con la racionalidad económica dominante. Pero tampoco quiero caer en un debate trasnochado sobre el modelo de desarrollo capitalista por miedo a caer en la frivolidad. De hecho pienso que si Marx hubiera sabido de la existencia de la Biotecnología moderna no habría vinculado tan directamente la Libertad humana a la superación de los límites y constricciones de la naturaleza.

¿Cuál es la alternativa de las próximas generaciones?. Yo creo que comenzar a construir a partir de las cenizas del modelo anterior. Hay que constituir comunidades ecológicas atractivas capaces de desarrollarse hasta constituir sociedades ecológicas. Pero para ello la oferta de estas comunidades ha de ser atractiva. No pueden ser islas de utopía ecológica ya que corren el riesgo convertirse en reductos sectarios de los que muchos de los potenciales ciudadanos desconfían. Creo firmemente que este proceso ha comenzado ya a partir de la Ecoaldeas. Estas son comunidades en las que se practica formas de democracia participativa y se vive en condiciones ecológicamente sostenibles. Además en muchas de ellas existen programas de formación y ocio encaminadas al desarrollo personal. La cuestión es que estas se encuentran aún en una fase inicial. Aunque el fenómeno de las Ecoaldeas no es nuevo, las nuevas tecnologías han permitido cierta coordinación y la creación de redes para avanzar en algunos aspectos intercambiando información y experiencias. En mi opinión estas aldeas ecológicas no deben aislarse del exterior ya que eso imposibilitaría superar las primeras fases hacia una sociedad ecológica.

La venta de productos ecológicos en lasa ciudades, la bioconstrucción o el turismo ecológico son fuentes de ingreso imprescindibles para estas comunidades. Hay que interpretar la relación Aldea - Ciudad como una relación parasitaria en un sentido positivo hasta convertir las Ecoaldeas en alternativas reales y para dar el paso de convertirse de comunidades en sociedades.

Las Ecoaldeas ofrecen muchos alicientes para ser una alternativa a considerar. En primer lugar es una solución al problema de la vivienda. Además ofrece formas de vida alternativas mas saludables: alimentación biológica, entorno saludable, terapias alternativa. Ofrecen formación en cuestiones como bioconstrucción, permacultura, macrobiotica, etc. Y en muchas de ellas el acceso al ocio y a la cultura esta muy avanzado a través de la realización de talleres de teatro, danza, música, yoga, etc. Lo importante esta en mantener el dinamismo de estas iniciativas, ya que no se trata de constituir burbujas mientras el mundo se hunde y tratar de difundir su mensaje pero siendo conscientes de que su éxito depende de que sean proyectos abierto capaces de crecer y hacer crecer de forma integral.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Ecoaldeas, un paso hacia la sociedad ecológica<br />
Javier Manzano</p>
<p>Murray Bookchin en su libro La Ecología de la Libertad. La emergencia y la disolución de las jerarquías, nos acerca a la concepción de una sociedad ecológica partiendo de la certeza de que la sociedad y la naturaleza no son inherentemente antitéticas. Claro está que al remitirnos a la cruda realidad rápidamente concluiremos, al igual que el autor, que una sociedad deformada ha pasado a representar a la sociedad en sí misma. La debate de fondo es si realmente tiene algún sentido plantear alternativas ambientalistas en términos utópicos o, en términos reformistas, esperando corregir la tendencia de macroestructuras como las multinacionales, los sistemas políticos, y sobre todo las mentalidades, cuando el ritmo de destrucción medioambiental es tan rápido que antes de leer el siguiente párrafo habrá otra catástrofe ecológica en curso. No trato de alentar a nadie a caminar hacia la resignación o la inercia, sino todo lo contrario. Por ello quiero exponer una visión particular ac erca de la creación de la sociedad ecológica como alternativa a la sociedad esperpéntica de la que formamos parte.</p>
<p>Antes de seguir es preciso matizar que no empleo el término sociedad con la corrección de su sentido sociológico, contrapuesto a al término Comunidad. La diferencia entre comunidad y sociedad ya había sido planteada por los sociólogos alemanes Tonnies, en Gemeinschaft und Gesellschaft (Comunidad y Sociedad), y Weber, en Wirtschaft und Gesellschaft (Economía y Sociedad). Para el primero, la Comunidad corresponde a la vida real orgánica, mientras que la Sociedad implica una forma ideal y mecánica. La Comunidad es un producto espontáneo de la vida social que se estructura naturalmente, a diferencia de la Sociedad que resulta de la voluntad de los individuos en orden al propósito de unirse para colaborar entre sí. No hago uso de Sociedad en ese sentido ya que pretendo encontrar abordar una zona de transito entre ambos conceptos. En la Comunidad los miembros están unidos, a pesar de todo lo que los separa; en la Sociedad permanecen separados, a pesar de todo lo que hacen para un irse, en el paso de uno a otro puede que resida nuestro fracaso y es donde tendremos estar alerta.</p>
<p>Para ir poniendo un poco los pies en el suelo, según The Economist en los últimos cinco años el precio de la vivienda se ha duplicado en el Estado Español. Esto convierte en prácticamente imposible encontrar un lugar donde vivir por los múltiples abusos, legales o no, que día a día perpetran los especuladores que a consecuencia de la inestabilidad de la bolsa desde el 11-S han pasado a invertir en el sector inmobiliario.</p>
<p>A esto hay que añadirle el papel que juegan nuestros supuestos representantes a todos los niveles. Las administraciones Locales y Regionales se suben al carro de la especulación y venden el suelo disponible para edificar a precios astronómicos, además de realizar otras prácticas especulativas muy poco compatibles con la transparencia democrática. El Gobierno, por otro lado, es consciente de que abandonando un elemento de estabilización social como lo es la vivienda, genera un crecimiento económico artificial que oculta la situación real. A esto debemos añadirle la liberalización del mercado laboral y la consecuente precarización del empleo.</p>
<p>Pero, aún y todo, ante la falta de una oferta atractiva de ocio, comunicación o desarrollo personal en las zonas rurales los jóvenes prefieren permanecer en las ciudades en una situación de total precariedad. Mientras en las zonas rurales avanza progresivamente el envejecimiento de la población La desaparición de muchos pueblos es inminente. Además la dirección que va tomando la política agrícola europea muy condicionada por los dictados de la OMC, augura un oscuro futuro para las comunidades dedicadas a la agricultura tradicional. Las Multinacionales de la Biotecnología agroalimentaria van ganando terreno con la consiguiente incertidumbre medioambiental y todo lo que supone el control de las multinacionales sobre la alimentación.</p>
<p>A riesgo de ser interpretado como una reproducción del un cliché «New Age», es cierto que es necesario bajarse del tren. A pesar de que el ecologismo se ha identificado como una valor típico del postmaterialismo. El ecologismo, tal y como lo interpreto, no está impulsado por valores postmaterialistas. Las reivindicaciones ecologistas deben ser materialistas si quieren hacerse realidad. La cuestión a estas alturas es más bien de supervivencia que de calidad de vida. Por ello el paradigma ecológico debe estar necesariamente en conflicto tanto con la racionalidad económica dominante. Pero tampoco quiero caer en un debate trasnochado sobre el modelo de desarrollo capitalista por miedo a caer en la frivolidad. De hecho pienso que si Marx hubiera sabido de la existencia de la Biotecnología moderna no habría vinculado tan directamente la Libertad humana a la superación de los límites y constricciones de la naturaleza.</p>
<p>¿Cuál es la alternativa de las próximas generaciones?. Yo creo que comenzar a construir a partir de las cenizas del modelo anterior. Hay que constituir comunidades ecológicas atractivas capaces de desarrollarse hasta constituir sociedades ecológicas. Pero para ello la oferta de estas comunidades ha de ser atractiva. No pueden ser islas de utopía ecológica ya que corren el riesgo convertirse en reductos sectarios de los que muchos de los potenciales ciudadanos desconfían. Creo firmemente que este proceso ha comenzado ya a partir de la Ecoaldeas. Estas son comunidades en las que se practica formas de democracia participativa y se vive en condiciones ecológicamente sostenibles. Además en muchas de ellas existen programas de formación y ocio encaminadas al desarrollo personal. La cuestión es que estas se encuentran aún en una fase inicial. Aunque el fenómeno de las Ecoaldeas no es nuevo, las nuevas tecnologías han permitido cierta coordinación y la creación de redes para avanzar en algunos aspectos intercambiando información y experiencias. En mi opinión estas aldeas ecológicas no deben aislarse del exterior ya que eso imposibilitaría superar las primeras fases hacia una sociedad ecológica.</p>
<p>La venta de productos ecológicos en lasa ciudades, la bioconstrucción o el turismo ecológico son fuentes de ingreso imprescindibles para estas comunidades. Hay que interpretar la relación Aldea &#8211; Ciudad como una relación parasitaria en un sentido positivo hasta convertir las Ecoaldeas en alternativas reales y para dar el paso de convertirse de comunidades en sociedades.</p>
<p>Las Ecoaldeas ofrecen muchos alicientes para ser una alternativa a considerar. En primer lugar es una solución al problema de la vivienda. Además ofrece formas de vida alternativas mas saludables: alimentación biológica, entorno saludable, terapias alternativa. Ofrecen formación en cuestiones como bioconstrucción, permacultura, macrobiotica, etc. Y en muchas de ellas el acceso al ocio y a la cultura esta muy avanzado a través de la realización de talleres de teatro, danza, música, yoga, etc. Lo importante esta en mantener el dinamismo de estas iniciativas, ya que no se trata de constituir burbujas mientras el mundo se hunde y tratar de difundir su mensaje pero siendo conscientes de que su éxito depende de que sean proyectos abierto capaces de crecer y hacer crecer de forma integral.</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-173</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 13:01:53 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=762#comment-173</guid>
		<description>EL ANARQUISMO ANTE  
LOS NUEVOS TIEMPOS 
MURRAY BOOKCHIN Nació en Nueva York en 1921.

Tomado de la Librería Utopía. 


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A menos que la sociedad se inmole en una catástrofe nuclear, nos espera una era marcada por una novedad de tal impacto que puede constituir la transformación más radical vivida por la humanidad desde la revolución industrial, o mejor dicho, tal vez desde cuando nuestros antepasados iniciaron la agricultura, milenios de años atrás.


Es cierto: no estoy exagerando la dimensión y la importancia de este cambio, más bien lo estoy subvalorando. Ya estamos experimentando los primeros efectos, con el descubrimiento de los secretos&quot; de la materia (nuclear) y de los secretos&quot; de la vida (ingeniería genética), de consecuencias incalculables, bombas de hidrógeno, y de neutrones, misiles inteligentes&quot; que pueden ser conducidos en la espalda y lanzados por un solo hombre, y en fin, estaciones espaciales, vehículos aéreos que vuelan a velocidades muy superiores a la del sonido, submarinos dotados de armas nucleares que pueden permancer sumergidos por períodos de tiempo casi ilimitados, y un armamento terrestre de armas automáticas, medios acorazados polivalentes, potente artillería, mortales toxinas biológicas y químicas, centros de mando superelectronizados, y, aún más, técnicas avanzadísimas de vigilancia desde los satélites que pueden fotografiar a un individuo desde centenares de kilómetros por encima de él, hasta los micrófonos direccionales que pueden captar una conversación a metros de distancia a través de una ventana cerrada... Todos estos medios de control y de destrucción son tan sólo los heraldos de una técnica que será considerada primitiva dentro de una o dos generaciones. Son asimismo la prueba de que el orden social existente carece incluso de los más mínimos rudimentos necesarios en cuanto a sensibili dad moral para hacer frente a cualquier gran descubrimiento en el campo científico y técnico.


Se puede afirmar, con una seguridad confirmada por una mole de pruebas realizadas, que el capitalismo, inevitablemente, por su propia naturaleza, utilizará cada progreso&quot; técnico con objetivos autoritarios y destructivos. Y cuando digo destructivos, no me refiero sólo al destino de la humanidad, sino también a ese mundo natural del cual dependen para su sobrevivencia todas las especies en su conjunto: no existe ninguna diferencia sustancial, en este sentido, tanto si se habla de bombas o de antibióticos, de gas nervioso o de sustancias químicas para la agricultura, de radar o de comunicaciones telefónicas. Las ventajas que la humanidad puede espigar del progreso técnico son tan sólo migajas caídas de un orgiástico banquete de destrucción que en este solo siglo ha sacrificado más víctimas que en cualquier otro período histórico. La tan alabada sensibilidad hacia los valores de la vida humana, de la libertad individual, de la integridad personal es irrisoria ante el recuerdo de Auschwitz o Hiroshima. Ningún sistema social ha ofendido todo elevado concepto de civilización más brutalmente que el nuestro, que tan devotamente habla de libertad, de igualdad y de felicidad: palabras que son hoy sólo un camuflaje para la tradicional fe&quot; en el progreso&quot; y en el continuo ascenso de la civilización&quot;.


Lo que más me preocupa en este asunto no son los cambios técnicos que abiertamente amenazan nuestra sobrevivencia y la del planeta. Lo que me preocupa profundamente son las singulares condiciones a las cuales podremos sobrevivir&quot; tras nuestra capacidad de destruir a nuestra propia especie. Me refiero a las nuevas aplicaciones de los descubrimientos científicos y técnicos en el campo de la industria y de la información que pueden determinar mutaciones radicales en las relaciones sociales y en la estructura del carácter, mutaciones capaces de minar nuestra voluntad de resistencia a la dominación. Atención: ya hemos sido cambiados, social y psicológicamente, desde fines del segundo conflicto mundial, durante el cual la ciencia fue aplicada sistemáticamente a la guerra, a la industria y al control social en una medida sin precedentes en la historia. He destacado el término sistemáticamente&quot; con toda intención. La tecnología militar en la primera guerra mundial, en cuanto a mortandad, era todavía primitiva, no sólo en su potencia homicida (la guerra de trincheras era por lo menos limitada geográficamente y dejaba gran parte de la población civil al margen de portar armas), sino tambien por su carácter ad hoc. El desarrollo de los armamentos dependía de ocasionales inventivas, no de elaborados programas de aplicación de los principios físicos y del know how (saber cómo) ingenieril al arte de la destrucción de masas.


Por su parte, la segunda guerra mundial cambió radicalmente ese modo simple de usar la ciencia a fines militares. E1 proyecto Manhattan&quot;, que produjo la primera bomba atómica, consistió en la movilización masiva y conscientemente planificada de los mejores cerebros físicos y matemáticos disponibles, para producir una sola arma: algo similar a la movilización de masas de la población total para sostener el esfuerzo bélico&quot;. Los científicos participaron también en decisiones militares importantísimas como cuando J. Robert Oppenheimer, que era el jefe del Proyecto&quot;, le dio al ministro norteamericano de la guerra los datos decisivos para el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Hoy, este uso de la ciencia y de la ingeniería para el desarrollo de los arrnarnentos no está vinculado por el mismo escrúpulo de moralidad e integridad científica. Si sobreviviéramos&quot; a la ilimitada potencia de la ciencia en términos de destrucción en masa, no hay nada que pueda impedir a los Estados y a sus ejércitos el invadir el espacio con los más letales sistemas de aniquilación humana y de invadir las mentes con técnica informática y métodos de condicionamiento que hacen palidecer cualquier cosa que se pueda leer en el 1984 de Orwell.


Otra cosa, asimismo preocupante, es que en los Estados Unidos, en Japón y en parte de Europa estamos asistiendo a cambios industriales que son no menos radicales que aquellos militares a que he aludido, cambios que predije veinte años atrás en Hacia una tecnología liberadora y que ingenuamente esperaba fueran al servicio de la liberación humana, mientras, por lo contrario, sirven en la actualidad al orden existente para alimentar el dominio del hombre sobre el hombre.


Me refiero a una amplia reestructuración de toda la economía sobre bases electrónicas, a un género de revolución industrial del todo nueva que amenaza con sustituir el mismo aparato sensorial humano con aparatos mecánicos electrónicamente guiados. Se debe tener en cuenta que estamos apenas en los primeros pasos de una serie de progresos&quot; técnicos que convertirán en obsoleta tanto a la fábrica y a la oficina, como a la hacienda agrícola tradicional, que alimentarán la centralización política y potenciarán el control policíaco, para no hablar del condicionamiento dirigido hacia los medios masivos de la mente y del espíritu, que alcanzará niveles inimaginables. La línea de montaje, que es tal vez la más relevante innovación industrial de la época entre las dos guerras mundiales, podía ser asociada al nombre de un emprendedor con inventiva como Henry Ford, o antes que él, con un Ely Whitney. Del mismo modo, la revolución en el ámbito de la comunicación, del transporte aéreo, de la iluminación eléctrica, del cinematógrafo, del telégrafo, de la radio eran asociados a sólo nombres personales. Hertz, Bell, los hermanos Wright, Edison, etcétera. Hoy los inventos técnicos son prácticamente anónimos. Al igual que el Proyecto Manhattan&quot;, ellos son el resultado del trabajo colectivo y sistemático de brigadas&quot; de investigadores del ejército o de las grandes empresas, que pueden producir a voluntad todo cuanto sea razonablemente necesario. No existen, por tanto, límites intrínsecos, en términos amplios, a no importa que sistema o aparato para conseguir -o casi- cualquier fin. La palabra invención&quot; ha perdido su significado tradicional de acto personal inspirado para descubrir o crear. No es un individuo, con sus escrúpulos morales o con su sentido del bien público, que da su contribución a la innovación tecnológica. Los Henry Ford y los Thomas Edison (a pesar de todas las connotaciones negativas con las que justamente se les asocia) han dejado el puesto al Pentágono, a la General Dynamics, a la General Motors y a todas las demás entidades y empresas que se hallan al abrigo del riesgo de consideraciones éticas y sociales en el anonimato de su actuar y en la impersonalidad de su trabajo en brigadas&quot;.


Debemos tener en cuenta que estos cambios tecnológicos-y el modo como se han operado-señalan el fin de toda la historia anterior a la segunda guerra mundial, de esa historia en que se basa tanta parte de nuestra teoría. E1 sindicalismo ha compartido con el marxismo la firme convicción de que el proletariado industrial era el sujeto histórico&quot; para el derrocamiento revolucionario del capitalismo. Aunque hace tiempo que he abandonado tal creencia, por razones tanto teóricas como prácticas, encuentro más bien irónico que esta cuestión se halle destinada a perder bien pronto su relevancia, para no hablar de su validez, desde el momento que el proletariado en cuanto tal está declinando en consistencia y en importancia estratégica. Contrariamente a la expectativa sindicalista y marxista, el proletariado va declinando históricamente junto con el sistema de fábrica y con la tecnología tradicional que le dieron origen como clase. Y no se cambian sustancialmente los términos del problema ampliando las definiciones del término proletariado&quot; hasta incluir los cuellos blancos&quot; e incluso los empleados estatales: aunque para éstos se perfila una drástica reducción numérica. En los Estados Unidos, que deben asimismo emprender seriamente su reconversión industrial&quot;, los cuellos azules&quot; han descendido de un veinticinco por ciento a un quince por ciento de la fuerza laboral: declinación que previsiblemente proseguirá hasta que la clase obrera tradicional sea reducida a una exigua porción de la población.


Ya ahora, todavía, ni los cuellos blancos&quot; ni los cuellos azules&quot; muestran aquel arrojo, aquella vitalidad característica del proletariado clásico de la época precedente a las dos guerras mundiales. Es, además, interesante desde un punto de vista teorético, preguntarse si una clase obrera de herencia industrial, como aquella alemana de los primeros veinte años de este siglo, fue alguna vez revolucionaria, en comparación a una reciente clase obrera de cuño agrícola, como la española y la rusa, que vivieron la dolorosa transición de un mundo rural a uno industrial, con todos los sufrimientos psicológicos y culturales conexos con una drástica readaptación a modelos de vida altamente racionalizados y mecanizados.


La evolución de las clases
La propia historia está emitiendo todavía una sentencia que tiene más contenido existencial que cualquier teoría. Hasta para los programadores de computadoras -para no hablar de los perforadores de tarjetas mecanográficas, de los empleados de tercera y de los pequeños burócratas-se delinea una declinación en términos numéricos y en relevancia social, a consecuencia de la introducción de las conocidas como computadoras inteligentes&quot;, cuyo ulterior desarrollo a niveles de increíbles sofisticaciones es sólo cuestión de tiempo. Todo movimiento radical que base su teoría de cambio social sobre un proletariado revolucionario -compuesto solo de obreros o de obreros y empleados-vive en un mundo que se va, en el supuesto caso que haya existido, con la desaparición de los oficios y de los trabajos de raíz campesina de la Europa latina y eslava del siglo pasado.


Se me permitirá destacar que no estoy diciendo lo que digo para disminuir la importancia de ganar el apoyo de la clase laboral para un proyecto de emancipación humana, ni intento denigrar los esfuerzos en este sentido de los sindicalistas. Hoy en día un proyecto liberador que le falte el apoyo de la clase trabajadora está destinado probablemente al fracaso: los cuellos azules&quot;, y aún más si se unen a los cuellos blancos&quot;, representan todavía una considerable fuerza económica. Pero, en cuanto a eso, también un proyecto liberador que no logre atraerse a su lado a los jóvenes que componen los ejércitos de todo el mundo está asimismo destinado al fracaso.


En los parámetros temporales que definen la unidad de nuestra época, el proyecto liberador se encuentra frente a los problemas típicos de un período de transición: la exigencia de trabajar con aquellos estratos sociales en declinación que constituyen todavía elementos decisivos de mutación social; la exigencia de trabajar con estratos sociales emergentes que están convirtiéndose en factores decisivos del cambio social, como por ejemplo los técnicos y los profesionales altamente calificados; la exigencia de trabajar con los oprimidos de siempre, que siempre serán decisivos elementos potenciales de cambio social, como las mujeres y las minorías étnicas; la exigencia de trabajar con los denominados grupos marginales&quot;, categorías socialmente no bien definidas, que pueden volverse elementos decisivos para el cambio social, como la inteligenCia radical, que ha jugado un papel estratégico en todas las situaciones revolucionarias, y los individuos que escogen estilos y normas de vida cultural y sexual no ortodoxos.


El tiempo, enemigo
Pero el tiempo no juega a nuestro favor. Es muy probable que, si no nos volvemos hacia aquella capacidad de penetración intelectual, hacia aquella praxis y a aquellas formas de organización adecuadas a los problemas que hemos de enfrentar, el tiempo trabajará contra nosotros. La innovación tecnológica está avanzando a una velocidad que supera todo visible cambio en la esfera social y en la política. Antes o después, lo social y lo político deberán ser radicalmente sincronizados con lo tecnológico, de otro modo se abren en el sistema fisuras inmensas que harían palidecer la era fascista de los años veinte y treinta comparadas a lo que nos espera. El 1984 de Orwell es simple, no porque describe una sociedad completamente totalitaria, sino porque no prevé ese enorme instrumental tecnológico que hubiera hecho de Oceanía un mundo todavía más deprimente. Para comprender plenamente el alcance de la vuelta que puede tomar la sociedad, deberemos ver qué cosa espera el capitalismo, así como ver que cosa nos espera.


En primer lugar, el capitalismo debe reestructurar drásticamente su sistema político para hacerlo congruente con la evolución económica y técnica en activo. La democracia burguesa&quot;, o sea las instituciones surgidas de las revoluciones inglesa, americana y francesa, son absolutamente inapropiadas en un mundo cibernético, altamente racionalizado y dominado por las grandes empresas. La dimensión utópica de esas revoluciones, que indujo a Kropotkin a escribir su famosa La gran revolución, aún pone un límite al uso interno del poder político y militar.


E1 reciente retiro de los marines norteamericanos del Líbano, por las presiones de la opinión pública nacional, es un ejemplo casi banal. Reagan y sus acólitos hubieran querido tener manos libres en el asunto libanés, así como Johnson lo hubiera deseado para Vietnam. En ambas ocasiones debieron echar marcha atrás a consecuencia de una ola creciente de críticas por parte del público y del Congreso, críticas que fueron posibles gracias a la estructura política republicana de los Estados Unidos. Esa estructura es a su vez el producto de una revolución popular y en gran parte rural que dos siglos atrás dio al pueblo norteamericano una Carta de los Derechos y un cuadro institucional basado en la separación del poder ejecutivo del legislativo y del judicial. Es fácil destacar como esta estructura fue más libertaria en sus origenes que ahora y que en los útimos tiempos se ha hecho más centralizada, pero lo que más cuenta, en este caso, es el hecho de que es todavía demasiado libertaria para los problemas que el capitalismo debe afrontar en el futuro y éste tratará de modificarla drásticamente para evitar que esos problemas produzcan difusos y peligrosos fermentos sociales.


¿A qué problemas aludo? Presumiblemente la tecnología cibernética, que se halla apenas en su infancia, convertirá en económicamente superflua a la mayoría de los norteamericanos que hoy trabajan. No estoy haciendo retórica. Cada decenio lleva en sí profundos cambios técnicos que van haciendo inútiles&quot; casi todo tipo de trabajo tradicional. Prácticamente toda operación conexa con la materia prima, con la manufactura, con los servicios, puede ser desarrollada, esencialmente, por aparatos cibernéticos, y, Si se prosigue la lógica del capitalismo, esta sustitución será una realidad. Aunque algunos millones de personas queden todavía de alguna manera implicadas en estas operaciones, ellas constituirán los márgenes&quot; de la economía, no su núcleo. Debemos enfrentarnos al hecho de que es posible una tan imponente sustitución del trabajo humano, asi como que es inevitable si el capitalismo sigue su curso. Ignorar esa posibilidad significa meter la cabeza bajo tierra como la proverbial avestruz... hasta que nos hayan arrancado todas las plumas, una tras otra.


¿Qué cosa significa existencialmente esa ilimitada revolución tecnológica?. Significa que el capitalismo deberá afrontar el problema de los innumerables millones de personsas que, desde el punto de vista burgués, no contarán con ningún puesto en la sociedad. Nadie de nosotros, militantes de los años treinta, se había imaginado como posible la solución final&quot; de Hitler para los hebreos y sus planes demográficos para exterminar gradualmente millones de eslavos de las regiones orientales, destinadas a ser recolonizadas por poblaciones de lengua alemana. Sin embargo, Auschwitz se convirtió en el testimonio terrorífico de la realización de lo que parecía fantasioso&quot;. Ningún movimiento radical -socialista, anarquista o sindicalista-hubiera podido jamás prever tal desenvolvimiento en una nación evidentemente civilizada de Europa. Y todos aquellos de nosotros que recordamos aquel tiempo debemos admitir que salimos de la guerra como de un infierno, totalmente trastornados por sus horrores.


Hoy y en los años por venir, ese mismo capitalismo que ha producido un Hitler es seguramente capaz de producir instituciones que acaben con la población superflua, sin importar cuán numerosa y recalcitrante pueda ser. ¿Padeceremos cualquiera otra estrategia genocida similar a la de Hitler? No excluyamos demasiado fácilmente una solución&quot; que ya ha sido dada en el pasado. Los métodos pueden ser más indirectos, como los actuales sistemas chinos de control demográfico&quot; o el escandaloso sistema de estirilización forzada impuesto por Indira Gandhi. O puede presentarse una solución de tipo parasitario, como el sistema de la Roma clásica, que transformó una buena parte de los ciudadanos de la República en inutiles consumidores. No lo sé. Y por fortuna el peso de mis años tal vez me permita no llegarlo a saber.


Lo que sí sé es que la democracia burguesa&quot; se percibe ya como anacrónica para los sectores más avanzados&quot; de la burguesía. Sé que viene dándose la máxima prioridad para una modificación gradual de su estructura institucional, pieza tras pieza. Por ejemplo, tan sólo el voto de dos estados de la Unión preserva hoy a los Estados Unidos de una Asamblea constituyente, la primera desde aquella de 1787, y es un detalle escalofriante para cualquiera que crea en las libertades civiles. Por otra parte, se han presentado enmiendas para extender el mandato presidencial de cuatro a seis años. La reestructuración del Estado democrático burgués&quot; está a la orden del día en casi todos los países industrializados del mundo. Lo único que detiene al capitalismo para la totalitarización completa de esos países es el enorme peso de las tradiciones que, en todas las partes del Occidente, frustra al poder ejecutivo, y en particular la tradición libertaria de los Estados Unidos, con su énfasis sobre los derechos individuales, sobre la autonomía, sobre el control local, sobre el federalismo. Además, también los cotidianos conflictos internos en el seno de la propia burguesía tienden por ahora-pero sólo temporalmente-a contrabalancear esta tendencia ultraautoritaria. Cómo debemos conducirnos-en cuanto anarquistas-ante tales tensiones, es un gravísimo problema que no se puede dejar de lado con respuestas más apropiadas para una economía industrial tradicional y un movimiento obrero vital que para una inminente economía cibernética con unos perfiles de clase menos definidos.


La omnipresencia del Estado
En segundo lugar, el Estado se ha convertido en algo omnipresente como jamás lo había sido con anterioridad. Asistimos a su crecimiento en forma tal que jamás hubieramos podido imaginar en épocas precedentes, mucho más simples. Es cierto, se puede pensar en los grandes despotismos del mundo antiguo como ejemplos de formas estatales más despiadadas, tales como el despotismo asiático estudiado por Karl Wittfogel y otros historiadores. Pero raramente el Estado ha tenido este carácter de omnipresencia, ese carácter típico de condición humana que tiene hoy y que todavía amenaza con serlo más en el futuro. Kropotkin, atinadamente, destacaba que por más tiránicos que fueran los Estados coexistían con un mundo subterráneo&quot; de villas, ciudades, barrios urbanos, para no mencionar diferentes asociaciones y corporaciones que eran impugnables a la invasión gubernativa. Todavía en los años treinta, en los Estados Unidos podía uno, tras su trabajo, retirarse del mundo industrial y acogerse en una sociedad preindustrial, doméstica y comunitaria, en la cual el individuo podía preservar su humanidad. A pesar de todos sus defectos patriarcales y de patrioterismo, ese mundo preindustrial excesivamente individualizado era profundamente social. Era el mundo de la extensa familia en la que varias generaciones vivían juntas o en íntimo contacto una con otra, preservando la cultura y las tradiciones de un espacio no burgués. Era el mundo de la patria chica, de la pequeña patria&quot;: la villa, la ciudad, el barrio, donde la amistad era íntima y donde existía un espacio público que nutría una esfera pública y un cuerpo político activo.


Existían todavía centros comunitarios que contaban con un lugar para la instrucción, la conferencia, el mutuo apoyo, los libros, los periódicos, la exposición de ideas avanzadas&quot; y aun para la ayuda material cuando los tiempos eran duros. Los centros obreros (ateneos libertarios), creados por nuestros compañeros españoles en numerosas ciudades y poblaciones de la península ibérica eran la expresión más consciente de un fenómeno profundamente espontáneo a la vez que típico de la era precedente a la segunda guerra mundial.


La calle, la plaza y los parques constituían un espacio de reunión todavía más amplio y fluido. Recuerdo, de mi juventud, los famosos mítines en una esquina de la calle, donde una sorprendente variedad de oradores radicales hablaban a un público cautivado, o más bien expectante. Ese fantástico mundo de la caja de jabón&quot; (los oradores hablaban mientras permanecían de pie sobre tales cajas, N. del T.), como era conocido en Norteamérica, era una fuente de activo intercambio político, un mundo que adiestraba tanto a los oradores como al público en el arte de la actividad pública radical. Más allá de esos niveles de vida doméstica y pública existía la esfera para la actividad local, regional e incluso nacional, más lejana quizá del beneficio individual pero altamente educativa y más enérgicamente contestataria de cuanto pueda serlo hoy.


E1 Estado y la sociedad industrial han destruido ese mundo social y político descentralizado. Sus medios de información entran en todos los hogares y sus computadoras los unen a sofisticados sistemas de administrtación y de control. Las grandes familias, ricas en diversidades generacionales y culturales, se han marchitado a través de la familia nuclear, constituida por dos genitores intercambiables y con sus dos o tres hijos intercambiables también. Los ancianos han sido oportunamente expedidos a barrios residenciales para ciudadanos de la tercera edad&quot;, así como la historia y la cultura preindustrial ha sido enterrada en los museos, en las academias y en los bancos de datos de las computadoras. La venta de alimentos, de artículos de vestir y domésticos, así como de diversos instrumentos, que en un tiempo fue una actividad muy personalizada, propia de comerciantes locales (muy frecuentemente negocios de gestión familiar) en estrecha conexión con los barrios o la ciudad, es hoy un gran negocio de empresas enormes. En los gigantescos centros comerciales que constelan el continente americano (siempre mayores que incluso los europeos), se trata ya de una forma de distribución impersonal, mecanizada, en que los adquirentes y los productos vienen envueltos juntos, al cajero, y reexpedidos en su automóvil a su lejana casa&quot;. Las calles están congestionadas de vehículos~ no de seres humanos, y las plazas se han convertido en estacionamientos, no en lugares donde la gente se reúna y dialogue.


Las autopistas desgarran los centros de la ciudad e irradian en los barrios con efectos espantosamente destructivos para la integridad cultural de la comunidad. En ciudades como Nueva York, los jardines son lugares de crímenes y de peligros personales a los que se entra temeroso de perder la propia vida. Los centros comunitarios han desaparecido de todas partes, excepto de los barrios más tradicionales, donde corren el riesgo de convertirse en objetos de curiosidad para los turistas y para los sociólogos. El discurso es preferentemente electrónico reservado a sedicentes expertos&quot; y estrellas de los medios masivos a debatir en las horas más importantes con una pasiva vacuidad que está produciendo una generación de idiotas y de mudos. La cultura subterránea&quot; celebrada por Kropotkin en el Apoyo mutuo está prácticamente desapareciendo en los Estados Unidos, sobre todo tras el declinar de los años sesenta, y el mundo en que florecía ha sido casi todo digerido por la red de estaciones de los medios de comunicación (propiedad del Estado y de las grandes empresas) que embrollan los sentidos más que dirigirse a la mente, que hablan a las vísceras más que a la cabeza.


Está surgiendo una generación que desprecia el pensamiento en cuanto tal y que ha sido adiestrada a no generalizar. La actividad cerebral apresa la forma de imágenes adocenadas idénticas a las que presentan la televisión y de una mentalidad&quot; (si así puede todavía llamársele) reductiva que obra con frenos&quot; cuantitativos de información antes que con conceptos cualitativos. Encuentro tal desarrollo simplemente aterrador, en cuanto subvierte la mente, impidiendo la capacidad de imaginar espontáneamente por la alternativa y de obrar de manera que contradiga las imágenes&quot; prefabricadas que la industria publicitaria (política y comercial) tiende a imprimir en el cerebro humano. La gente comienza hoy a percibir todos los fenómenos del mismo modo en que recibe las imágenes televisivas: como figuraciones ilusorias creadas por el movimiento rapidísimo de las partículas electrónicas sobre la pantalla televisora, figuraciones que despojan al dolor, el sufrimiento, la alegría y el amor de toda realidad, dejándonos tan sólo una cualidad unidimensional espectacular. Las imágenes, en realidad, comienzan a sustituir a la imaginación, y la figura impuesta por lo externo comienza a sustituir a la idea formada internamente.


¿Y si la vida viene confiada por una simple relación de espectador entre un público privatizado y un aparato electrónico, de qué otra cosa tenemos necesidad sino de figuras y de entretenimiento como substitutivos del pensamiento y de la experiencia?


Humanidad y Naturaleza
Todo ello nos lleva al tercer-y por fortuna último-problema que intento destacar: el problema de las relaciones de la humanidad con la naturaleza. Se trata de un problema que ha adquirido proporciones cruciales, muy diferentes a las que se podían prever en 1952, cuando publiqué mi primer trabajo sobre el desastre ecológico. Todavía en 1983, cuando escribí Ecología y pensamiento revolucionario, recuerdo que hablaba del efecto invernal&quot; que podría elevar la temperatura del globo lo suficiente como para desatar parte de los casquetes polares dentro de algunos siglos&quot;, de trastornos en el ciclo hidráulico y en los ciclos del azoe, del carbono y del oxígeno (que definía unitariamente como ciclos biogeoquímicos&quot;), que hubieran podido al final&quot; hacer saltar los mecanismos homeostáticos que conservan el equilibrio biótico y meteorológico del planeta; de un ambiente peligrosamente contaminado&quot;, desde el suelo hasta los alimentos cotidianos, y de una biosfera cada vez más simplificada que podía invertir el curso del reloj evolutivo en dirección a un mundo menos complejo y por tanto incapaz de mantener formas complejas de vida, como los mamíferos si no es que todos los vertebrados.


Jamás hubiera podido suponer, sólo hace veinte años, que en los años 90 y el inicio del próximo siglo (podría decir en este momento) nos encontráramos en una biosfera peligrosamente contaminada&quot; (podría decir catastróficamente contaminada). Sin embargo, la Academia Nacional de la Ciencia y el Ser para la Protección del Ambiente en los Estados Unidos señala que podremos ver el efecto invernal sobre el nivel de los mares en una docena de años aproximadamente. Eminentes ecólogos creen que los vitales ciclos biogeoquímicos se hallan al borde de un grave desequilibrio y que la gravedad y la extensión de la contaminación planetaria se halla a niveles increíbles, superiores a nuestros propios temores. La relación anhídrido carbónico-oxígeno en la atmosfera está aumentando de nuevo desde 1900. Con la tala de la faja de bosques ecuatoriales, junto con la destrucción masiva de los bosques septentrionales debido a la lluvia ácida&quot;, es probable que se vea esta relación crecer espantosamente en los años venideros.


Todos nuestros océanos están espantosamente contaminados. Vastas zonas del Golfo Pérsico tienen los fondos cubiertos con una espesa capa de sedimentos bituminosos, como consecuencia de la guerra entre Irán e Irak. El aire, el agua y los alimentos son vehículos de derivados orgánicos de cloro, altamente cancerígenos, prácticamente desconocidos a los ecólogos de hace unos pocos decenios, para no hablar del plomo, del mercurio, del amianto y de los compuestos azoados que el cuerpo puede transformar en mortales nitrosaminas; en suma, una variedad aparentemente sin fin de venenos que aumenta en número a un ritmo anual superior a la capacidad de los químicos ambientales para denunciar su presencia. Desechos tóxicos por decenas de miles proliferan en los continentes, derramando sus venenos de lentísima degradación en las capas acuáticas subterráneas, en los ríos, en los lagos, en fin, naturalmente, en el agua potable.


La simplificación del ambiente que me preocupaba antes, tiene lugar hoy bajo mis propios ojos. Los venenos y la lluvia ácida que arriban a los océanos están destruyendo ecosistemas marinos completos. E1 fitoplancton, base del ecosistema acuático, disminuye en cantidad, y zonas otrora abundantísimas en peces se van empobreciendo a un ritmo impresionante como consecuencia de la superexplotación. Vastas zonas del suelo se han convertido en desérticas y por doquiera se mina la integridad de nuestra flora planetaria. No nos engañemos: la cuestión ecológica no es secundaria respecto a la crisis política, económica, militar. Si la próxima generación no alcanza a vivir la extinción termonuclear, tal vez sea porque se hallará frente a la extinción ecológica. Nos enfrentamos no sólo a una sociedad moribunda, sino también a un planeta moribundo y ambos sufren del mismo morbo y la misma causa: nuestra mentalidad histórica de dominio, cuya pretensión de progreso&quot; es hoy día una dramática mofa de la realidad.


¿Qué hacer como anarquistas?
¿Cómo podemos, en cuanto anarquistas, hacer frente a los cambios radicales en el campo técnico, económico, social y ecológico que hasta aquí he tratado? ¿Se trata acaso de cuestiones marginales&quot; subordinadas o irrelevantes respecto a nuestra incesante tarea de organizar a la clase trabajadora y de combatir la explotación ¿Cuáles son las prioridades programáticas&quot;, cuál es la orden del día&quot; de nuestro movimiento para los años subsiguientes a 1984, de existir una orden del día que pueda comprender nuestros esfuerzos a nivel internacional, al lado de nuestra oposición al Estado y al autoritarismo en todas sus formas?


Tal vez sea una presunción exagerada sugerir que haya tal orden del día válido para todo el mundo, y de cualquier manera no creo hallarme en posibilidad de dar consejos pragmáticos y de prioridades&quot; a los compañeros mucho mejor informados que yo sobre sus situaciones regionales. Puedo, sin embargo, hablar con buen conocimiento de causa de los Estados Unidos, dado que hablo todos los años a miles de norteamericanos sobre una gran variedad de temas: desde la ecología a la planificación urbana, de la teoría social a la filosofía. Pienso asimismo que puedo desenvolverme con cierta competencia sobre una amplia parte de lo que he dicho al mundo de lengua inglesa&quot;.


A juzgar por el sectarismo y nihilismo que he encontrado en muchas publicaciones sedicentes libertarias de la zona linguística angloamericana, soy propenso a ser bastante pesimista.


Sin embargo, el anarquismo podría ser hoy el movimiento más activo e innovador del área radical, si quisiera serlo. De nuestros ideales de autogestión, descentralización, tederalismo y apoyo mutuo se han apropiado impúdicamente, sin una palabra de agradecimiento, escribas marxistas que se limitan a aplicar el rabo de esos conceptos al asno comunista o socialista, como un extraño apéndice notoriamente fuera de lugar. Nosotros, los anarquistas, hemos sido desde hace mucho tiempo los progenitores de una sensibilidad orgánica, naturalista y mutualista de la que se ha apropiado el movimiento ecológico, con escasísimas referencias a las fuentes: el naturalismo de Kropotkin y la ética de Guyau. Que muchos aspectos de esa sensibilidad denotan los finales de siglo en los que fueron formados no es un buen motivo para adoptar actituddes cautas de carácter puramente proteccionista y defensivo. Todas las ideas importantes son producto de su tiempo y deben ser elaboradas o modificadas para enfrentar nuevas condiciones, nuevos desarrollos.


Y las nuevas condiciones van emergiendo, como he tratado de demostrar. Lo que unifica al anarquismo del mundo clásico y también del mundo tribal hasta nuestros días, está todo en esta idea: ningún dominio del hombre sobre el hombre. Esa postura antiautoritaria es el corazón y alma del anarquismo, su autodefinición como cuerpo de la idea y la práctica. E1 hecho, en fin, de que las obras de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Pelloutier, etc., le hayan dado un contenido sistemático significa que hay una base para crecer... y ser podado, no que le deba faltar creatividad y fecundidad. Nuestras tradiciones son nuestro suelo; pero la vida que este suelo mantiene es un fenómeno en continua evolución y no puede ser limitado en el tiempo y en el espacio por la forma originaria de su hábitat. Osificar al anarcluismo en textos sacros y rituales significa emular a los marxistas, cuya devoción casi eclesiástica a los viejos pergaminos consagrados ha transformado un inmenso cuerpo teórico en pura exégesis y comentarios. No podemos permitirnos la vía de la disputa intramuros y de las riñas sectarias sobre la historia y sobre el significado textual, sin caer también nosotros en un formalismo asimismo esclerótico y en un contenido asimismo ambiguo para volverse pura ideología en el peor sentido del término: una apología de las condiciones existentes o-todavía más absurdamente-de las condiciones de tiempos pasados.


Debemos estar dispuestos a interrogarnos sobre cuál sujeto histórico&quot; llevará en sus espaldas la carga del cambio social en los años venideros.


Así, ¿todavía tiene sentido hablar de una clase hegemónica&quot; cualquiera en una sociedad en la que la estructura de clases se está desintegrando? Debemos estar prontos a definir las nuevas cuestiones emergentes, como la ecología, el feminismo, el racismo, el municipalismo y aquellos movimientos culturales que se ocupan de la calidad de la vida en el más amplio sentido del término, para no hablar de las tentativas de oponerse a la alienación en una sociedad espiritualmente vacía. ¿Se pueden ignorar los nuevos movimientos sociales&quot; que surgieron en la Europa central, como los Verdes y las coaliciones antinucleares y pacifistas que rebasan tantas líneas de clase y tantos confines nacionales. Debemos estar dispuestos a salir de las viejas trincheras ideológicas, para mirar con honestidad, claridad e inteligencia el mundo autoritario que se va remodelando en torno nuestro y a tomar nota de las tensiones que existen entre las tradiciones utópicas de las revoluciones democráticas burguesas y la marea ascendente del militarismo y centralismo que amenaza con cancelar esas tradiciones. ¿Se puede ignorar la política localista, los movimientos municipales y de barriada, la afirmación de los derechos democráticos contra las tentativas de incrementar la autoridad del poder ejecutivo?


Si los años sesenta me han enseñado algo, como norteamericano, es que no puedo hablar a mis compatriotas&quot; en el alemán de Marx, en el ruso de Lenin, en las lenguas asiáticas de Mao y de Ho Chi Min ni tampoco en el español de Fidel: son todas aquellas lenguas&quot; que hablándolas los bolcheviques de nuestra casa se aislaron completamente de la vida americana. Las grandes masas de inmigrantes que introdujeron en América el socialismo y el anarquismo europeos si no desaparecieron, están en vías de desaparecer. Ideológicamente, los norteamericanos se hallan de nuevo frente a sus propias tradiciones y lenguaje, aparte del marxismo académico, incestuoso y hermético en sí como casi todas las disciplinas académicas, no conocen otra ideología o mitología si no aquella amasada en casa, en la escuela, por los medios. Gracias a las tradiciones libertarias de la Revolución norteamericana-tradiciones bien observadas por Proudhon y por Bakunin y, si me permiten agregar, por ellos admirada-encuentro más útil hablar a los norteamericanos en la lengua de Sam Adams, Thomas Paine, Thomas Jefferson, Henry Thoreau, Ralph Waldo Emerson y gente como ellos.


Las palabras son más comprensibles y su realidad más llevada de la mano del lenguaje de los inmigrantes formados más en la lucha contra sociedades feudales o comerciales simples que no contra una sociedad altamente industrializada, como la presente, que contradice duramente las tradiciones de la América campesina. Lo que hago es reelaborar las palabras de los viejos revolucionarios americanos para explicar mis principios anarquistas, utilizándolas en nuevos contextos, al igual como mis compañeros españoles eran ibéricos hasta la médula y hablaban tanto en la lengua de Pi y Margall como en la de Mijail Bakunin. Soy y permaneceré siendo internacionalista bajo cualquier aspecto y me opongo a toda forma de patrioterismo y chovinismo que pueda ponerme sobre o fuera de mi humanismo anárquico universal. Sé, sin embargo, que no tiene sentido exhortar a los norteamericanos a las armas e invocar imágenes flamígeras de un pasado que les es extraño y tal vez incompresible, sobre todo cuando el armamento del Estado ha dado un gran salto y está muy por encima de aquel de las barricadas y de la potencia de fuego de la Comuna de París y de la Revolución española.


Puedo, en su lugar, hablarles de su poder dual en el sentido histórico del térrnino. Palabras como contracultura&quot;, o sea una reivindicación programática que puede ser orquestada por la base contra la cúspide, contra el poder estatal centralizado. No puedo llegar a los obreros en sus fábricas y sindicatos, porque unas y otros son escuelas de jerarquía y de dominio, pero sí puedo llegar a ellos-y a mucha otra gente-en mi barrio y a los citadinos limítrofes a mi comunidad. En Burlington, Vermont, los anarquistas han sido los primeros en instituir asambleas de barrio-versión urbana de los mítines citadinos de la Nueva Inglaterra-, que en esencia pueden ser igualmente instituidas en cualquier parte: Milán, Turín, Venecia, Marsella, París, Ginebra, Francfort, Amsterdam, Londres... Lo que obstaculiza su nacimiento no son dificultades logísticas o problemas de dimensión demográfica, sino el nivel de conciencia que sobre temas localísticos es más elevada en Nueva Inglaterra que en otras partes de Norteamérica. ¿Y no es por lo demás eso de la conciencia-conciencia de clase o conciencia libertaria-el problema central de todo proyecto liberador?


El Sindicalismo
No puedo más que augurar a nuestros compañeros sindicalistas el máximo éxito. Habiendo crecido en la industria metalúrgica y automotriz, he buscado desde hace mucho tiempo una conciencia de clase revolucionaria entre los obreros norteamericanos, una conciencia que nunca he hallado ni siquiera en los años treinta y cuarenta y mucho menos en los últimos decenios. He encontrado entre mis compañeros de trabajo una militancia ejemplar y una gran fuerza de carácter? pero ninguna prueba, a gran escala, de que el capitalismo sea un sistema más intolerable para los obreros que para los demás estratos de la sociedad-supuesto que sea intolerable-. Más bien he hallado tendencias libertarias entre los jóvenes de los años sesenta, entre las mujeres de los años setenta y entre los ecologistas de los años ochenta. Cada vez me convenzo más que deberíamos volver a la palabra pueblo&quot;: una gran y creciente mezcla de individuos que se sienten oprimidos y dominados, no sólo explotados, en todos los ámbitos de la vida: en el ámbito familiar, generacional, cultural, sexual, étnico y moral aparte de económico. Marx criticó a los anarquistas porque hablaban de masas trabajadoras&quot;, de trabajadores&quot; y de oprimidos&quot; en vez de usar el término científico de proletariado&quot;. E1 resultado es que nosotros teníamos razón y él estaba terriblemente equivocado, según el veredicto comprobado no sólo por la teoría sino por la misma historia.


Pero, ante un movimiento anárquico de tal género, siento que es mi deber empeñarme en una actividad pública que tenga un significado para todos aquellos norteamericanos que logro reunir. En cuanto norteamericanos, poseen una tradición libertaria superficial que procuro profundizar hacia el nivel del anarquismo. Me dirijo a su fe en los derechos individuales, en la descentralización, en una concepción activa de la ciudadanía, en el apoyo mutuo y en su aversión por la autoridad gubernativa. Y no critico en demasía el acoplamiento de libertad-propiedad. Les recuerdo las instituciones libertarias tipicas de su tradición revolucionaria norteamericana: asambleas de ciudadanos, formas asociativas confederales, autonomía municipal, procedimientos democráticos... Mi objetivo es claro: crear, a partir de las tradiciones libertarias norteamericanas, aquellas formas de la libertad que puedan oponerse al creciente poder del Estado y a la concentración de la autoridad política y económica. E1 núcleo central de mi planteamiento es tanto municipalista cuanto ecológico y contracultural: fortalecimiento y confederación de países, barrios, ciudad, como contrapeso a Washington y a los feudos estatales que constituyen la Unión Americana.


Mi lenguaje es más populista que proletario, con énfasis partícular en el dominio más que en la explotación. Mi programa consiste en crear un poder popular dual, antagónico al poder estatal que amenaza los residuos de libertad del pueblo norteamericano: un poder popular que reconstituya en forma anárquica aquellos valores libertarios y aquellos elementos utópicos que son el patrimonio más vital de la Revolución americana


El único planteamiento
Que este planteamiento pueda tener éxito o no es una cuestión a la que no puedo dar una respuesta cierta. Lo que me parece cierto es que es el único planteamiento que puede funcionar en los Estados Unidos: si fracasase no sabría qué otra estrategia proponer para esta parte del mundo. E1 pueblo norteamericano no está dispuesto a seguir una vía socialista que amenace su libertad, por lo que no está dispuesto a aceptar un programa de clases, que, por otra parte, el proletariado norteamericano no ha aceptado jamás.


La autoorganización, la acción directa, el antiautoritarismo y el municipalismo son todavía elementos significativos del Sueño norteamericano&quot;, un sueño-o, si se prefiere, un mito-que se imagina a Norteamérica como el reino de la reconstrucción utópica: una Norteamérica que es el Nuevo Mundo&quot; no sólo en la secuencia del descubrimiento geográfico, sino Nuevo&quot; en la historia de la libertad y de las experimentación política. Y si el sistema de partidos y los principios organizativos tomados en préstamo por la Izquierda&quot; terminaran por prevalecer a tal punto en la imaginación colectiva para sofocar del todo la herencia libertaria del país, las posibilidades se habrían esfumado tal vez para siempre en los Estados Unidos. Los norteamericanos tienen esta alternativa: volverse a una vía libertaria del género que he señalado o bien convertirse en el más peligroso flagelo que el mundo haya jamás visto en la historia de la humanidad. Y no debemos estar dudosos en el asunto: Norteamérica puede realmente jugar un papel nefasto.


Por consiguiente, en los Estados Unidos existe esa tensión entre una tradición libertaria que frena la expansión del imperio norteamericano y nuevas fuerzas que van soliviantando al país hacia un papel mundial más violento y destructivo. Sólo los anarquistas están en posibilidad de comprender apenas la intensidad de esta tensión y la extraordinaria potencialidad que ello representa para un programa y un movimiento de reconstrucción utópica. La Izquierda&quot; marxiana está insensible al argumento de la auténtica libertad: es economicista, centralista, burocrática y apasionada por la tecnología. Y, así es como la Derecha&quot; ha pasado a disfrutar la tradición libertaria norteamericana, en nombre de la propiedad, de un mítico laissez-faire que ha dejado el campo libre al desarrollo de las grandes empresas y de una representación de la guerra fría&quot; que ha llevado las tropas y las armas norteamericanas a casi todos los países occidentales y del Tercer Mundo. Si los anarquistas norteamericanos no logran limpiar esta tradición libertaria de sus escorias de propiedad y reaccionarias, el pueblo de los Estados Unidos será fácil presa de los totalitarismos que se camuflan con los ropajes de una historia revolucionaria que ha inspirado algo la lucha de emancipación popular en todo el mundo.


Conozco muy bien todos los argumentos que se pueden señalar contra la perspectiva que hasta aquí he señalado. Sé que los norteamericanos están divididos por intereses de clase, por la riqueza y por diferencias étnicas y sexuales, por conflictos regionales. ¿Cómo es entonces posible que un ideal de resistencia comunitaria y municipal ante la centralización estatal logre superar todas esas divisiones? ¿Y cómo y cuánto una municipalidad es cosa distinta al Estado? ¿No se ha visto ya con Paul Brousse el fracaso, como proyecto anárquico, del municipalismo?


Existen muchas respuestas a esas demandas, que exigirían un artículo sólo para ellas. Por ahora basta con esto: la tecnología cibernética amenaza con crear un nivelador social para todos los estratos de la sociedad norteamericana, tanto para la clase media como para la clase obrera, los blancos como los negros, los técnicos y los profesionales tradicionales como los peones y los agregados a las cadenas de montaje. Lo que viene remodelándose a partir de la tradicional estructura de clases del capitalismo industrial es un pueblo, no un proletariado.


Por otro lado vienen surgiendo inquietudes y valores populares que con frecuencia superan los intereses materiales: la libertad de la mujer, los derechos de los negros, la problemática ambiental... Esos valores emergentes y estas inquietudes emergentes con frecuencia marginan diferencias de intereses materiales que hacen del térrnino pueblo&quot; una amable caricatura de los ideales democráticos radicales. Por otra parte, el nacionalismo ha demostrado poseer entre la masa una fuerza siempre superior a la solidaridad de clase, y este hecho, por sí solo, desrniente el mito marxista de que la gente se mueve tan sólo por sus intereses materiales: si fuera verdad, hace tiempo habría triunfado el socialismo. Que la ideología sea capaz de impulsar a los humanos a otros confines por su propio instinto de sobrevivencia es un hecho de tal suerte demostrado (aun cuando, por contra, se piense por ejemplo en las guerras religiosas que tuvieron lugar en el Medievo y la Reforma) que no se puede ignorar su fuerza en cuanto tal. Como anarquistas hemos subrayado siempre la exigencia que la nueva sociedad tiene de acabar con la vieja y desde el siglo pasado, hemos heredado una dote&quot; de la burguesía: la fábrica, como clave destinada a abrir la puerta a una nueva y libre sociedad. Pero, como he dicho, me parece que esa tentativa no tiene ya hoy ningún sentido. Más bien, por una de las ironías de la historia pudiera darse que la llave siempre haya sido en forma ideológica; la dimensión libertaria de la tradición democrática que se opone ahora a la marcha del capitalismo cibernético hacia la realización de sus fines históricos.


De todos modos, lo que se olvida demasiado fácilmente es que los desastres producto de la ideología son propiamente la prueba de su latente éxito, igual como la capacidad humana de anular la vida es la prueba de su capacidad de hacer del mudno un paraíso. No son los males de las ideologías lo que debemos evidenciar frente a un mundo ya de por sí escéptico y secular, sino el tipo de ideología que lo puede salvar de su egoísmo y de su economicismo. En esa dimensión moral, el anarquismo representa la única ideología capaz de llevar a la humanidad más allá de sus angustiosas necesidades biológicas, hacia un espacio de libertad que es un fin en sí, en la aventura humana.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>EL ANARQUISMO ANTE<br />
LOS NUEVOS TIEMPOS<br />
MURRAY BOOKCHIN Nació en Nueva York en 1921.</p>
<p>Tomado de la Librería Utopía. </p>
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<p>A menos que la sociedad se inmole en una catástrofe nuclear, nos espera una era marcada por una novedad de tal impacto que puede constituir la transformación más radical vivida por la humanidad desde la revolución industrial, o mejor dicho, tal vez desde cuando nuestros antepasados iniciaron la agricultura, milenios de años atrás.</p>
<p>Es cierto: no estoy exagerando la dimensión y la importancia de este cambio, más bien lo estoy subvalorando. Ya estamos experimentando los primeros efectos, con el descubrimiento de los secretos&#8221; de la materia (nuclear) y de los secretos&#8221; de la vida (ingeniería genética), de consecuencias incalculables, bombas de hidrógeno, y de neutrones, misiles inteligentes&#8221; que pueden ser conducidos en la espalda y lanzados por un solo hombre, y en fin, estaciones espaciales, vehículos aéreos que vuelan a velocidades muy superiores a la del sonido, submarinos dotados de armas nucleares que pueden permancer sumergidos por períodos de tiempo casi ilimitados, y un armamento terrestre de armas automáticas, medios acorazados polivalentes, potente artillería, mortales toxinas biológicas y químicas, centros de mando superelectronizados, y, aún más, técnicas avanzadísimas de vigilancia desde los satélites que pueden fotografiar a un individuo desde centenares de kilómetros por encima de él, hasta los micrófonos direccionales que pueden captar una conversación a metros de distancia a través de una ventana cerrada&#8230; Todos estos medios de control y de destrucción son tan sólo los heraldos de una técnica que será considerada primitiva dentro de una o dos generaciones. Son asimismo la prueba de que el orden social existente carece incluso de los más mínimos rudimentos necesarios en cuanto a sensibili dad moral para hacer frente a cualquier gran descubrimiento en el campo científico y técnico.</p>
<p>Se puede afirmar, con una seguridad confirmada por una mole de pruebas realizadas, que el capitalismo, inevitablemente, por su propia naturaleza, utilizará cada progreso&#8221; técnico con objetivos autoritarios y destructivos. Y cuando digo destructivos, no me refiero sólo al destino de la humanidad, sino también a ese mundo natural del cual dependen para su sobrevivencia todas las especies en su conjunto: no existe ninguna diferencia sustancial, en este sentido, tanto si se habla de bombas o de antibióticos, de gas nervioso o de sustancias químicas para la agricultura, de radar o de comunicaciones telefónicas. Las ventajas que la humanidad puede espigar del progreso técnico son tan sólo migajas caídas de un orgiástico banquete de destrucción que en este solo siglo ha sacrificado más víctimas que en cualquier otro período histórico. La tan alabada sensibilidad hacia los valores de la vida humana, de la libertad individual, de la integridad personal es irrisoria ante el recuerdo de Auschwitz o Hiroshima. Ningún sistema social ha ofendido todo elevado concepto de civilización más brutalmente que el nuestro, que tan devotamente habla de libertad, de igualdad y de felicidad: palabras que son hoy sólo un camuflaje para la tradicional fe&#8221; en el progreso&#8221; y en el continuo ascenso de la civilización&#8221;.</p>
<p>Lo que más me preocupa en este asunto no son los cambios técnicos que abiertamente amenazan nuestra sobrevivencia y la del planeta. Lo que me preocupa profundamente son las singulares condiciones a las cuales podremos sobrevivir&#8221; tras nuestra capacidad de destruir a nuestra propia especie. Me refiero a las nuevas aplicaciones de los descubrimientos científicos y técnicos en el campo de la industria y de la información que pueden determinar mutaciones radicales en las relaciones sociales y en la estructura del carácter, mutaciones capaces de minar nuestra voluntad de resistencia a la dominación. Atención: ya hemos sido cambiados, social y psicológicamente, desde fines del segundo conflicto mundial, durante el cual la ciencia fue aplicada sistemáticamente a la guerra, a la industria y al control social en una medida sin precedentes en la historia. He destacado el término sistemáticamente&#8221; con toda intención. La tecnología militar en la primera guerra mundial, en cuanto a mortandad, era todavía primitiva, no sólo en su potencia homicida (la guerra de trincheras era por lo menos limitada geográficamente y dejaba gran parte de la población civil al margen de portar armas), sino tambien por su carácter ad hoc. El desarrollo de los armamentos dependía de ocasionales inventivas, no de elaborados programas de aplicación de los principios físicos y del know how (saber cómo) ingenieril al arte de la destrucción de masas.</p>
<p>Por su parte, la segunda guerra mundial cambió radicalmente ese modo simple de usar la ciencia a fines militares. E1 proyecto Manhattan&#8221;, que produjo la primera bomba atómica, consistió en la movilización masiva y conscientemente planificada de los mejores cerebros físicos y matemáticos disponibles, para producir una sola arma: algo similar a la movilización de masas de la población total para sostener el esfuerzo bélico&#8221;. Los científicos participaron también en decisiones militares importantísimas como cuando J. Robert Oppenheimer, que era el jefe del Proyecto&#8221;, le dio al ministro norteamericano de la guerra los datos decisivos para el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Hoy, este uso de la ciencia y de la ingeniería para el desarrollo de los arrnarnentos no está vinculado por el mismo escrúpulo de moralidad e integridad científica. Si sobreviviéramos&#8221; a la ilimitada potencia de la ciencia en términos de destrucción en masa, no hay nada que pueda impedir a los Estados y a sus ejércitos el invadir el espacio con los más letales sistemas de aniquilación humana y de invadir las mentes con técnica informática y métodos de condicionamiento que hacen palidecer cualquier cosa que se pueda leer en el 1984 de Orwell.</p>
<p>Otra cosa, asimismo preocupante, es que en los Estados Unidos, en Japón y en parte de Europa estamos asistiendo a cambios industriales que son no menos radicales que aquellos militares a que he aludido, cambios que predije veinte años atrás en Hacia una tecnología liberadora y que ingenuamente esperaba fueran al servicio de la liberación humana, mientras, por lo contrario, sirven en la actualidad al orden existente para alimentar el dominio del hombre sobre el hombre.</p>
<p>Me refiero a una amplia reestructuración de toda la economía sobre bases electrónicas, a un género de revolución industrial del todo nueva que amenaza con sustituir el mismo aparato sensorial humano con aparatos mecánicos electrónicamente guiados. Se debe tener en cuenta que estamos apenas en los primeros pasos de una serie de progresos&#8221; técnicos que convertirán en obsoleta tanto a la fábrica y a la oficina, como a la hacienda agrícola tradicional, que alimentarán la centralización política y potenciarán el control policíaco, para no hablar del condicionamiento dirigido hacia los medios masivos de la mente y del espíritu, que alcanzará niveles inimaginables. La línea de montaje, que es tal vez la más relevante innovación industrial de la época entre las dos guerras mundiales, podía ser asociada al nombre de un emprendedor con inventiva como Henry Ford, o antes que él, con un Ely Whitney. Del mismo modo, la revolución en el ámbito de la comunicación, del transporte aéreo, de la iluminación eléctrica, del cinematógrafo, del telégrafo, de la radio eran asociados a sólo nombres personales. Hertz, Bell, los hermanos Wright, Edison, etcétera. Hoy los inventos técnicos son prácticamente anónimos. Al igual que el Proyecto Manhattan&#8221;, ellos son el resultado del trabajo colectivo y sistemático de brigadas&#8221; de investigadores del ejército o de las grandes empresas, que pueden producir a voluntad todo cuanto sea razonablemente necesario. No existen, por tanto, límites intrínsecos, en términos amplios, a no importa que sistema o aparato para conseguir -o casi- cualquier fin. La palabra invención&#8221; ha perdido su significado tradicional de acto personal inspirado para descubrir o crear. No es un individuo, con sus escrúpulos morales o con su sentido del bien público, que da su contribución a la innovación tecnológica. Los Henry Ford y los Thomas Edison (a pesar de todas las connotaciones negativas con las que justamente se les asocia) han dejado el puesto al Pentágono, a la General Dynamics, a la General Motors y a todas las demás entidades y empresas que se hallan al abrigo del riesgo de consideraciones éticas y sociales en el anonimato de su actuar y en la impersonalidad de su trabajo en brigadas&#8221;.</p>
<p>Debemos tener en cuenta que estos cambios tecnológicos-y el modo como se han operado-señalan el fin de toda la historia anterior a la segunda guerra mundial, de esa historia en que se basa tanta parte de nuestra teoría. E1 sindicalismo ha compartido con el marxismo la firme convicción de que el proletariado industrial era el sujeto histórico&#8221; para el derrocamiento revolucionario del capitalismo. Aunque hace tiempo que he abandonado tal creencia, por razones tanto teóricas como prácticas, encuentro más bien irónico que esta cuestión se halle destinada a perder bien pronto su relevancia, para no hablar de su validez, desde el momento que el proletariado en cuanto tal está declinando en consistencia y en importancia estratégica. Contrariamente a la expectativa sindicalista y marxista, el proletariado va declinando históricamente junto con el sistema de fábrica y con la tecnología tradicional que le dieron origen como clase. Y no se cambian sustancialmente los términos del problema ampliando las definiciones del término proletariado&#8221; hasta incluir los cuellos blancos&#8221; e incluso los empleados estatales: aunque para éstos se perfila una drástica reducción numérica. En los Estados Unidos, que deben asimismo emprender seriamente su reconversión industrial&#8221;, los cuellos azules&#8221; han descendido de un veinticinco por ciento a un quince por ciento de la fuerza laboral: declinación que previsiblemente proseguirá hasta que la clase obrera tradicional sea reducida a una exigua porción de la población.</p>
<p>Ya ahora, todavía, ni los cuellos blancos&#8221; ni los cuellos azules&#8221; muestran aquel arrojo, aquella vitalidad característica del proletariado clásico de la época precedente a las dos guerras mundiales. Es, además, interesante desde un punto de vista teorético, preguntarse si una clase obrera de herencia industrial, como aquella alemana de los primeros veinte años de este siglo, fue alguna vez revolucionaria, en comparación a una reciente clase obrera de cuño agrícola, como la española y la rusa, que vivieron la dolorosa transición de un mundo rural a uno industrial, con todos los sufrimientos psicológicos y culturales conexos con una drástica readaptación a modelos de vida altamente racionalizados y mecanizados.</p>
<p>La evolución de las clases<br />
La propia historia está emitiendo todavía una sentencia que tiene más contenido existencial que cualquier teoría. Hasta para los programadores de computadoras -para no hablar de los perforadores de tarjetas mecanográficas, de los empleados de tercera y de los pequeños burócratas-se delinea una declinación en términos numéricos y en relevancia social, a consecuencia de la introducción de las conocidas como computadoras inteligentes&#8221;, cuyo ulterior desarrollo a niveles de increíbles sofisticaciones es sólo cuestión de tiempo. Todo movimiento radical que base su teoría de cambio social sobre un proletariado revolucionario -compuesto solo de obreros o de obreros y empleados-vive en un mundo que se va, en el supuesto caso que haya existido, con la desaparición de los oficios y de los trabajos de raíz campesina de la Europa latina y eslava del siglo pasado.</p>
<p>Se me permitirá destacar que no estoy diciendo lo que digo para disminuir la importancia de ganar el apoyo de la clase laboral para un proyecto de emancipación humana, ni intento denigrar los esfuerzos en este sentido de los sindicalistas. Hoy en día un proyecto liberador que le falte el apoyo de la clase trabajadora está destinado probablemente al fracaso: los cuellos azules&#8221;, y aún más si se unen a los cuellos blancos&#8221;, representan todavía una considerable fuerza económica. Pero, en cuanto a eso, también un proyecto liberador que no logre atraerse a su lado a los jóvenes que componen los ejércitos de todo el mundo está asimismo destinado al fracaso.</p>
<p>En los parámetros temporales que definen la unidad de nuestra época, el proyecto liberador se encuentra frente a los problemas típicos de un período de transición: la exigencia de trabajar con aquellos estratos sociales en declinación que constituyen todavía elementos decisivos de mutación social; la exigencia de trabajar con estratos sociales emergentes que están convirtiéndose en factores decisivos del cambio social, como por ejemplo los técnicos y los profesionales altamente calificados; la exigencia de trabajar con los oprimidos de siempre, que siempre serán decisivos elementos potenciales de cambio social, como las mujeres y las minorías étnicas; la exigencia de trabajar con los denominados grupos marginales&#8221;, categorías socialmente no bien definidas, que pueden volverse elementos decisivos para el cambio social, como la inteligenCia radical, que ha jugado un papel estratégico en todas las situaciones revolucionarias, y los individuos que escogen estilos y normas de vida cultural y sexual no ortodoxos.</p>
<p>El tiempo, enemigo<br />
Pero el tiempo no juega a nuestro favor. Es muy probable que, si no nos volvemos hacia aquella capacidad de penetración intelectual, hacia aquella praxis y a aquellas formas de organización adecuadas a los problemas que hemos de enfrentar, el tiempo trabajará contra nosotros. La innovación tecnológica está avanzando a una velocidad que supera todo visible cambio en la esfera social y en la política. Antes o después, lo social y lo político deberán ser radicalmente sincronizados con lo tecnológico, de otro modo se abren en el sistema fisuras inmensas que harían palidecer la era fascista de los años veinte y treinta comparadas a lo que nos espera. El 1984 de Orwell es simple, no porque describe una sociedad completamente totalitaria, sino porque no prevé ese enorme instrumental tecnológico que hubiera hecho de Oceanía un mundo todavía más deprimente. Para comprender plenamente el alcance de la vuelta que puede tomar la sociedad, deberemos ver qué cosa espera el capitalismo, así como ver que cosa nos espera.</p>
<p>En primer lugar, el capitalismo debe reestructurar drásticamente su sistema político para hacerlo congruente con la evolución económica y técnica en activo. La democracia burguesa&#8221;, o sea las instituciones surgidas de las revoluciones inglesa, americana y francesa, son absolutamente inapropiadas en un mundo cibernético, altamente racionalizado y dominado por las grandes empresas. La dimensión utópica de esas revoluciones, que indujo a Kropotkin a escribir su famosa La gran revolución, aún pone un límite al uso interno del poder político y militar.</p>
<p>E1 reciente retiro de los marines norteamericanos del Líbano, por las presiones de la opinión pública nacional, es un ejemplo casi banal. Reagan y sus acólitos hubieran querido tener manos libres en el asunto libanés, así como Johnson lo hubiera deseado para Vietnam. En ambas ocasiones debieron echar marcha atrás a consecuencia de una ola creciente de críticas por parte del público y del Congreso, críticas que fueron posibles gracias a la estructura política republicana de los Estados Unidos. Esa estructura es a su vez el producto de una revolución popular y en gran parte rural que dos siglos atrás dio al pueblo norteamericano una Carta de los Derechos y un cuadro institucional basado en la separación del poder ejecutivo del legislativo y del judicial. Es fácil destacar como esta estructura fue más libertaria en sus origenes que ahora y que en los útimos tiempos se ha hecho más centralizada, pero lo que más cuenta, en este caso, es el hecho de que es todavía demasiado libertaria para los problemas que el capitalismo debe afrontar en el futuro y éste tratará de modificarla drásticamente para evitar que esos problemas produzcan difusos y peligrosos fermentos sociales.</p>
<p>¿A qué problemas aludo? Presumiblemente la tecnología cibernética, que se halla apenas en su infancia, convertirá en económicamente superflua a la mayoría de los norteamericanos que hoy trabajan. No estoy haciendo retórica. Cada decenio lleva en sí profundos cambios técnicos que van haciendo inútiles&#8221; casi todo tipo de trabajo tradicional. Prácticamente toda operación conexa con la materia prima, con la manufactura, con los servicios, puede ser desarrollada, esencialmente, por aparatos cibernéticos, y, Si se prosigue la lógica del capitalismo, esta sustitución será una realidad. Aunque algunos millones de personas queden todavía de alguna manera implicadas en estas operaciones, ellas constituirán los márgenes&#8221; de la economía, no su núcleo. Debemos enfrentarnos al hecho de que es posible una tan imponente sustitución del trabajo humano, asi como que es inevitable si el capitalismo sigue su curso. Ignorar esa posibilidad significa meter la cabeza bajo tierra como la proverbial avestruz&#8230; hasta que nos hayan arrancado todas las plumas, una tras otra.</p>
<p>¿Qué cosa significa existencialmente esa ilimitada revolución tecnológica?. Significa que el capitalismo deberá afrontar el problema de los innumerables millones de personsas que, desde el punto de vista burgués, no contarán con ningún puesto en la sociedad. Nadie de nosotros, militantes de los años treinta, se había imaginado como posible la solución final&#8221; de Hitler para los hebreos y sus planes demográficos para exterminar gradualmente millones de eslavos de las regiones orientales, destinadas a ser recolonizadas por poblaciones de lengua alemana. Sin embargo, Auschwitz se convirtió en el testimonio terrorífico de la realización de lo que parecía fantasioso&#8221;. Ningún movimiento radical -socialista, anarquista o sindicalista-hubiera podido jamás prever tal desenvolvimiento en una nación evidentemente civilizada de Europa. Y todos aquellos de nosotros que recordamos aquel tiempo debemos admitir que salimos de la guerra como de un infierno, totalmente trastornados por sus horrores.</p>
<p>Hoy y en los años por venir, ese mismo capitalismo que ha producido un Hitler es seguramente capaz de producir instituciones que acaben con la población superflua, sin importar cuán numerosa y recalcitrante pueda ser. ¿Padeceremos cualquiera otra estrategia genocida similar a la de Hitler? No excluyamos demasiado fácilmente una solución&#8221; que ya ha sido dada en el pasado. Los métodos pueden ser más indirectos, como los actuales sistemas chinos de control demográfico&#8221; o el escandaloso sistema de estirilización forzada impuesto por Indira Gandhi. O puede presentarse una solución de tipo parasitario, como el sistema de la Roma clásica, que transformó una buena parte de los ciudadanos de la República en inutiles consumidores. No lo sé. Y por fortuna el peso de mis años tal vez me permita no llegarlo a saber.</p>
<p>Lo que sí sé es que la democracia burguesa&#8221; se percibe ya como anacrónica para los sectores más avanzados&#8221; de la burguesía. Sé que viene dándose la máxima prioridad para una modificación gradual de su estructura institucional, pieza tras pieza. Por ejemplo, tan sólo el voto de dos estados de la Unión preserva hoy a los Estados Unidos de una Asamblea constituyente, la primera desde aquella de 1787, y es un detalle escalofriante para cualquiera que crea en las libertades civiles. Por otra parte, se han presentado enmiendas para extender el mandato presidencial de cuatro a seis años. La reestructuración del Estado democrático burgués&#8221; está a la orden del día en casi todos los países industrializados del mundo. Lo único que detiene al capitalismo para la totalitarización completa de esos países es el enorme peso de las tradiciones que, en todas las partes del Occidente, frustra al poder ejecutivo, y en particular la tradición libertaria de los Estados Unidos, con su énfasis sobre los derechos individuales, sobre la autonomía, sobre el control local, sobre el federalismo. Además, también los cotidianos conflictos internos en el seno de la propia burguesía tienden por ahora-pero sólo temporalmente-a contrabalancear esta tendencia ultraautoritaria. Cómo debemos conducirnos-en cuanto anarquistas-ante tales tensiones, es un gravísimo problema que no se puede dejar de lado con respuestas más apropiadas para una economía industrial tradicional y un movimiento obrero vital que para una inminente economía cibernética con unos perfiles de clase menos definidos.</p>
<p>La omnipresencia del Estado<br />
En segundo lugar, el Estado se ha convertido en algo omnipresente como jamás lo había sido con anterioridad. Asistimos a su crecimiento en forma tal que jamás hubieramos podido imaginar en épocas precedentes, mucho más simples. Es cierto, se puede pensar en los grandes despotismos del mundo antiguo como ejemplos de formas estatales más despiadadas, tales como el despotismo asiático estudiado por Karl Wittfogel y otros historiadores. Pero raramente el Estado ha tenido este carácter de omnipresencia, ese carácter típico de condición humana que tiene hoy y que todavía amenaza con serlo más en el futuro. Kropotkin, atinadamente, destacaba que por más tiránicos que fueran los Estados coexistían con un mundo subterráneo&#8221; de villas, ciudades, barrios urbanos, para no mencionar diferentes asociaciones y corporaciones que eran impugnables a la invasión gubernativa. Todavía en los años treinta, en los Estados Unidos podía uno, tras su trabajo, retirarse del mundo industrial y acogerse en una sociedad preindustrial, doméstica y comunitaria, en la cual el individuo podía preservar su humanidad. A pesar de todos sus defectos patriarcales y de patrioterismo, ese mundo preindustrial excesivamente individualizado era profundamente social. Era el mundo de la extensa familia en la que varias generaciones vivían juntas o en íntimo contacto una con otra, preservando la cultura y las tradiciones de un espacio no burgués. Era el mundo de la patria chica, de la pequeña patria&#8221;: la villa, la ciudad, el barrio, donde la amistad era íntima y donde existía un espacio público que nutría una esfera pública y un cuerpo político activo.</p>
<p>Existían todavía centros comunitarios que contaban con un lugar para la instrucción, la conferencia, el mutuo apoyo, los libros, los periódicos, la exposición de ideas avanzadas&#8221; y aun para la ayuda material cuando los tiempos eran duros. Los centros obreros (ateneos libertarios), creados por nuestros compañeros españoles en numerosas ciudades y poblaciones de la península ibérica eran la expresión más consciente de un fenómeno profundamente espontáneo a la vez que típico de la era precedente a la segunda guerra mundial.</p>
<p>La calle, la plaza y los parques constituían un espacio de reunión todavía más amplio y fluido. Recuerdo, de mi juventud, los famosos mítines en una esquina de la calle, donde una sorprendente variedad de oradores radicales hablaban a un público cautivado, o más bien expectante. Ese fantástico mundo de la caja de jabón&#8221; (los oradores hablaban mientras permanecían de pie sobre tales cajas, N. del T.), como era conocido en Norteamérica, era una fuente de activo intercambio político, un mundo que adiestraba tanto a los oradores como al público en el arte de la actividad pública radical. Más allá de esos niveles de vida doméstica y pública existía la esfera para la actividad local, regional e incluso nacional, más lejana quizá del beneficio individual pero altamente educativa y más enérgicamente contestataria de cuanto pueda serlo hoy.</p>
<p>E1 Estado y la sociedad industrial han destruido ese mundo social y político descentralizado. Sus medios de información entran en todos los hogares y sus computadoras los unen a sofisticados sistemas de administrtación y de control. Las grandes familias, ricas en diversidades generacionales y culturales, se han marchitado a través de la familia nuclear, constituida por dos genitores intercambiables y con sus dos o tres hijos intercambiables también. Los ancianos han sido oportunamente expedidos a barrios residenciales para ciudadanos de la tercera edad&#8221;, así como la historia y la cultura preindustrial ha sido enterrada en los museos, en las academias y en los bancos de datos de las computadoras. La venta de alimentos, de artículos de vestir y domésticos, así como de diversos instrumentos, que en un tiempo fue una actividad muy personalizada, propia de comerciantes locales (muy frecuentemente negocios de gestión familiar) en estrecha conexión con los barrios o la ciudad, es hoy un gran negocio de empresas enormes. En los gigantescos centros comerciales que constelan el continente americano (siempre mayores que incluso los europeos), se trata ya de una forma de distribución impersonal, mecanizada, en que los adquirentes y los productos vienen envueltos juntos, al cajero, y reexpedidos en su automóvil a su lejana casa&#8221;. Las calles están congestionadas de vehículos~ no de seres humanos, y las plazas se han convertido en estacionamientos, no en lugares donde la gente se reúna y dialogue.</p>
<p>Las autopistas desgarran los centros de la ciudad e irradian en los barrios con efectos espantosamente destructivos para la integridad cultural de la comunidad. En ciudades como Nueva York, los jardines son lugares de crímenes y de peligros personales a los que se entra temeroso de perder la propia vida. Los centros comunitarios han desaparecido de todas partes, excepto de los barrios más tradicionales, donde corren el riesgo de convertirse en objetos de curiosidad para los turistas y para los sociólogos. El discurso es preferentemente electrónico reservado a sedicentes expertos&#8221; y estrellas de los medios masivos a debatir en las horas más importantes con una pasiva vacuidad que está produciendo una generación de idiotas y de mudos. La cultura subterránea&#8221; celebrada por Kropotkin en el Apoyo mutuo está prácticamente desapareciendo en los Estados Unidos, sobre todo tras el declinar de los años sesenta, y el mundo en que florecía ha sido casi todo digerido por la red de estaciones de los medios de comunicación (propiedad del Estado y de las grandes empresas) que embrollan los sentidos más que dirigirse a la mente, que hablan a las vísceras más que a la cabeza.</p>
<p>Está surgiendo una generación que desprecia el pensamiento en cuanto tal y que ha sido adiestrada a no generalizar. La actividad cerebral apresa la forma de imágenes adocenadas idénticas a las que presentan la televisión y de una mentalidad&#8221; (si así puede todavía llamársele) reductiva que obra con frenos&#8221; cuantitativos de información antes que con conceptos cualitativos. Encuentro tal desarrollo simplemente aterrador, en cuanto subvierte la mente, impidiendo la capacidad de imaginar espontáneamente por la alternativa y de obrar de manera que contradiga las imágenes&#8221; prefabricadas que la industria publicitaria (política y comercial) tiende a imprimir en el cerebro humano. La gente comienza hoy a percibir todos los fenómenos del mismo modo en que recibe las imágenes televisivas: como figuraciones ilusorias creadas por el movimiento rapidísimo de las partículas electrónicas sobre la pantalla televisora, figuraciones que despojan al dolor, el sufrimiento, la alegría y el amor de toda realidad, dejándonos tan sólo una cualidad unidimensional espectacular. Las imágenes, en realidad, comienzan a sustituir a la imaginación, y la figura impuesta por lo externo comienza a sustituir a la idea formada internamente.</p>
<p>¿Y si la vida viene confiada por una simple relación de espectador entre un público privatizado y un aparato electrónico, de qué otra cosa tenemos necesidad sino de figuras y de entretenimiento como substitutivos del pensamiento y de la experiencia?</p>
<p>Humanidad y Naturaleza<br />
Todo ello nos lleva al tercer-y por fortuna último-problema que intento destacar: el problema de las relaciones de la humanidad con la naturaleza. Se trata de un problema que ha adquirido proporciones cruciales, muy diferentes a las que se podían prever en 1952, cuando publiqué mi primer trabajo sobre el desastre ecológico. Todavía en 1983, cuando escribí Ecología y pensamiento revolucionario, recuerdo que hablaba del efecto invernal&#8221; que podría elevar la temperatura del globo lo suficiente como para desatar parte de los casquetes polares dentro de algunos siglos&#8221;, de trastornos en el ciclo hidráulico y en los ciclos del azoe, del carbono y del oxígeno (que definía unitariamente como ciclos biogeoquímicos&#8221;), que hubieran podido al final&#8221; hacer saltar los mecanismos homeostáticos que conservan el equilibrio biótico y meteorológico del planeta; de un ambiente peligrosamente contaminado&#8221;, desde el suelo hasta los alimentos cotidianos, y de una biosfera cada vez más simplificada que podía invertir el curso del reloj evolutivo en dirección a un mundo menos complejo y por tanto incapaz de mantener formas complejas de vida, como los mamíferos si no es que todos los vertebrados.</p>
<p>Jamás hubiera podido suponer, sólo hace veinte años, que en los años 90 y el inicio del próximo siglo (podría decir en este momento) nos encontráramos en una biosfera peligrosamente contaminada&#8221; (podría decir catastróficamente contaminada). Sin embargo, la Academia Nacional de la Ciencia y el Ser para la Protección del Ambiente en los Estados Unidos señala que podremos ver el efecto invernal sobre el nivel de los mares en una docena de años aproximadamente. Eminentes ecólogos creen que los vitales ciclos biogeoquímicos se hallan al borde de un grave desequilibrio y que la gravedad y la extensión de la contaminación planetaria se halla a niveles increíbles, superiores a nuestros propios temores. La relación anhídrido carbónico-oxígeno en la atmosfera está aumentando de nuevo desde 1900. Con la tala de la faja de bosques ecuatoriales, junto con la destrucción masiva de los bosques septentrionales debido a la lluvia ácida&#8221;, es probable que se vea esta relación crecer espantosamente en los años venideros.</p>
<p>Todos nuestros océanos están espantosamente contaminados. Vastas zonas del Golfo Pérsico tienen los fondos cubiertos con una espesa capa de sedimentos bituminosos, como consecuencia de la guerra entre Irán e Irak. El aire, el agua y los alimentos son vehículos de derivados orgánicos de cloro, altamente cancerígenos, prácticamente desconocidos a los ecólogos de hace unos pocos decenios, para no hablar del plomo, del mercurio, del amianto y de los compuestos azoados que el cuerpo puede transformar en mortales nitrosaminas; en suma, una variedad aparentemente sin fin de venenos que aumenta en número a un ritmo anual superior a la capacidad de los químicos ambientales para denunciar su presencia. Desechos tóxicos por decenas de miles proliferan en los continentes, derramando sus venenos de lentísima degradación en las capas acuáticas subterráneas, en los ríos, en los lagos, en fin, naturalmente, en el agua potable.</p>
<p>La simplificación del ambiente que me preocupaba antes, tiene lugar hoy bajo mis propios ojos. Los venenos y la lluvia ácida que arriban a los océanos están destruyendo ecosistemas marinos completos. E1 fitoplancton, base del ecosistema acuático, disminuye en cantidad, y zonas otrora abundantísimas en peces se van empobreciendo a un ritmo impresionante como consecuencia de la superexplotación. Vastas zonas del suelo se han convertido en desérticas y por doquiera se mina la integridad de nuestra flora planetaria. No nos engañemos: la cuestión ecológica no es secundaria respecto a la crisis política, económica, militar. Si la próxima generación no alcanza a vivir la extinción termonuclear, tal vez sea porque se hallará frente a la extinción ecológica. Nos enfrentamos no sólo a una sociedad moribunda, sino también a un planeta moribundo y ambos sufren del mismo morbo y la misma causa: nuestra mentalidad histórica de dominio, cuya pretensión de progreso&#8221; es hoy día una dramática mofa de la realidad.</p>
<p>¿Qué hacer como anarquistas?<br />
¿Cómo podemos, en cuanto anarquistas, hacer frente a los cambios radicales en el campo técnico, económico, social y ecológico que hasta aquí he tratado? ¿Se trata acaso de cuestiones marginales&#8221; subordinadas o irrelevantes respecto a nuestra incesante tarea de organizar a la clase trabajadora y de combatir la explotación ¿Cuáles son las prioridades programáticas&#8221;, cuál es la orden del día&#8221; de nuestro movimiento para los años subsiguientes a 1984, de existir una orden del día que pueda comprender nuestros esfuerzos a nivel internacional, al lado de nuestra oposición al Estado y al autoritarismo en todas sus formas?</p>
<p>Tal vez sea una presunción exagerada sugerir que haya tal orden del día válido para todo el mundo, y de cualquier manera no creo hallarme en posibilidad de dar consejos pragmáticos y de prioridades&#8221; a los compañeros mucho mejor informados que yo sobre sus situaciones regionales. Puedo, sin embargo, hablar con buen conocimiento de causa de los Estados Unidos, dado que hablo todos los años a miles de norteamericanos sobre una gran variedad de temas: desde la ecología a la planificación urbana, de la teoría social a la filosofía. Pienso asimismo que puedo desenvolverme con cierta competencia sobre una amplia parte de lo que he dicho al mundo de lengua inglesa&#8221;.</p>
<p>A juzgar por el sectarismo y nihilismo que he encontrado en muchas publicaciones sedicentes libertarias de la zona linguística angloamericana, soy propenso a ser bastante pesimista.</p>
<p>Sin embargo, el anarquismo podría ser hoy el movimiento más activo e innovador del área radical, si quisiera serlo. De nuestros ideales de autogestión, descentralización, tederalismo y apoyo mutuo se han apropiado impúdicamente, sin una palabra de agradecimiento, escribas marxistas que se limitan a aplicar el rabo de esos conceptos al asno comunista o socialista, como un extraño apéndice notoriamente fuera de lugar. Nosotros, los anarquistas, hemos sido desde hace mucho tiempo los progenitores de una sensibilidad orgánica, naturalista y mutualista de la que se ha apropiado el movimiento ecológico, con escasísimas referencias a las fuentes: el naturalismo de Kropotkin y la ética de Guyau. Que muchos aspectos de esa sensibilidad denotan los finales de siglo en los que fueron formados no es un buen motivo para adoptar actituddes cautas de carácter puramente proteccionista y defensivo. Todas las ideas importantes son producto de su tiempo y deben ser elaboradas o modificadas para enfrentar nuevas condiciones, nuevos desarrollos.</p>
<p>Y las nuevas condiciones van emergiendo, como he tratado de demostrar. Lo que unifica al anarquismo del mundo clásico y también del mundo tribal hasta nuestros días, está todo en esta idea: ningún dominio del hombre sobre el hombre. Esa postura antiautoritaria es el corazón y alma del anarquismo, su autodefinición como cuerpo de la idea y la práctica. E1 hecho, en fin, de que las obras de Proudhon, Bakunin, Kropotkin, Pelloutier, etc., le hayan dado un contenido sistemático significa que hay una base para crecer&#8230; y ser podado, no que le deba faltar creatividad y fecundidad. Nuestras tradiciones son nuestro suelo; pero la vida que este suelo mantiene es un fenómeno en continua evolución y no puede ser limitado en el tiempo y en el espacio por la forma originaria de su hábitat. Osificar al anarcluismo en textos sacros y rituales significa emular a los marxistas, cuya devoción casi eclesiástica a los viejos pergaminos consagrados ha transformado un inmenso cuerpo teórico en pura exégesis y comentarios. No podemos permitirnos la vía de la disputa intramuros y de las riñas sectarias sobre la historia y sobre el significado textual, sin caer también nosotros en un formalismo asimismo esclerótico y en un contenido asimismo ambiguo para volverse pura ideología en el peor sentido del término: una apología de las condiciones existentes o-todavía más absurdamente-de las condiciones de tiempos pasados.</p>
<p>Debemos estar dispuestos a interrogarnos sobre cuál sujeto histórico&#8221; llevará en sus espaldas la carga del cambio social en los años venideros.</p>
<p>Así, ¿todavía tiene sentido hablar de una clase hegemónica&#8221; cualquiera en una sociedad en la que la estructura de clases se está desintegrando? Debemos estar prontos a definir las nuevas cuestiones emergentes, como la ecología, el feminismo, el racismo, el municipalismo y aquellos movimientos culturales que se ocupan de la calidad de la vida en el más amplio sentido del término, para no hablar de las tentativas de oponerse a la alienación en una sociedad espiritualmente vacía. ¿Se pueden ignorar los nuevos movimientos sociales&#8221; que surgieron en la Europa central, como los Verdes y las coaliciones antinucleares y pacifistas que rebasan tantas líneas de clase y tantos confines nacionales. Debemos estar dispuestos a salir de las viejas trincheras ideológicas, para mirar con honestidad, claridad e inteligencia el mundo autoritario que se va remodelando en torno nuestro y a tomar nota de las tensiones que existen entre las tradiciones utópicas de las revoluciones democráticas burguesas y la marea ascendente del militarismo y centralismo que amenaza con cancelar esas tradiciones. ¿Se puede ignorar la política localista, los movimientos municipales y de barriada, la afirmación de los derechos democráticos contra las tentativas de incrementar la autoridad del poder ejecutivo?</p>
<p>Si los años sesenta me han enseñado algo, como norteamericano, es que no puedo hablar a mis compatriotas&#8221; en el alemán de Marx, en el ruso de Lenin, en las lenguas asiáticas de Mao y de Ho Chi Min ni tampoco en el español de Fidel: son todas aquellas lenguas&#8221; que hablándolas los bolcheviques de nuestra casa se aislaron completamente de la vida americana. Las grandes masas de inmigrantes que introdujeron en América el socialismo y el anarquismo europeos si no desaparecieron, están en vías de desaparecer. Ideológicamente, los norteamericanos se hallan de nuevo frente a sus propias tradiciones y lenguaje, aparte del marxismo académico, incestuoso y hermético en sí como casi todas las disciplinas académicas, no conocen otra ideología o mitología si no aquella amasada en casa, en la escuela, por los medios. Gracias a las tradiciones libertarias de la Revolución norteamericana-tradiciones bien observadas por Proudhon y por Bakunin y, si me permiten agregar, por ellos admirada-encuentro más útil hablar a los norteamericanos en la lengua de Sam Adams, Thomas Paine, Thomas Jefferson, Henry Thoreau, Ralph Waldo Emerson y gente como ellos.</p>
<p>Las palabras son más comprensibles y su realidad más llevada de la mano del lenguaje de los inmigrantes formados más en la lucha contra sociedades feudales o comerciales simples que no contra una sociedad altamente industrializada, como la presente, que contradice duramente las tradiciones de la América campesina. Lo que hago es reelaborar las palabras de los viejos revolucionarios americanos para explicar mis principios anarquistas, utilizándolas en nuevos contextos, al igual como mis compañeros españoles eran ibéricos hasta la médula y hablaban tanto en la lengua de Pi y Margall como en la de Mijail Bakunin. Soy y permaneceré siendo internacionalista bajo cualquier aspecto y me opongo a toda forma de patrioterismo y chovinismo que pueda ponerme sobre o fuera de mi humanismo anárquico universal. Sé, sin embargo, que no tiene sentido exhortar a los norteamericanos a las armas e invocar imágenes flamígeras de un pasado que les es extraño y tal vez incompresible, sobre todo cuando el armamento del Estado ha dado un gran salto y está muy por encima de aquel de las barricadas y de la potencia de fuego de la Comuna de París y de la Revolución española.</p>
<p>Puedo, en su lugar, hablarles de su poder dual en el sentido histórico del térrnino. Palabras como contracultura&#8221;, o sea una reivindicación programática que puede ser orquestada por la base contra la cúspide, contra el poder estatal centralizado. No puedo llegar a los obreros en sus fábricas y sindicatos, porque unas y otros son escuelas de jerarquía y de dominio, pero sí puedo llegar a ellos-y a mucha otra gente-en mi barrio y a los citadinos limítrofes a mi comunidad. En Burlington, Vermont, los anarquistas han sido los primeros en instituir asambleas de barrio-versión urbana de los mítines citadinos de la Nueva Inglaterra-, que en esencia pueden ser igualmente instituidas en cualquier parte: Milán, Turín, Venecia, Marsella, París, Ginebra, Francfort, Amsterdam, Londres&#8230; Lo que obstaculiza su nacimiento no son dificultades logísticas o problemas de dimensión demográfica, sino el nivel de conciencia que sobre temas localísticos es más elevada en Nueva Inglaterra que en otras partes de Norteamérica. ¿Y no es por lo demás eso de la conciencia-conciencia de clase o conciencia libertaria-el problema central de todo proyecto liberador?</p>
<p>El Sindicalismo<br />
No puedo más que augurar a nuestros compañeros sindicalistas el máximo éxito. Habiendo crecido en la industria metalúrgica y automotriz, he buscado desde hace mucho tiempo una conciencia de clase revolucionaria entre los obreros norteamericanos, una conciencia que nunca he hallado ni siquiera en los años treinta y cuarenta y mucho menos en los últimos decenios. He encontrado entre mis compañeros de trabajo una militancia ejemplar y una gran fuerza de carácter? pero ninguna prueba, a gran escala, de que el capitalismo sea un sistema más intolerable para los obreros que para los demás estratos de la sociedad-supuesto que sea intolerable-. Más bien he hallado tendencias libertarias entre los jóvenes de los años sesenta, entre las mujeres de los años setenta y entre los ecologistas de los años ochenta. Cada vez me convenzo más que deberíamos volver a la palabra pueblo&#8221;: una gran y creciente mezcla de individuos que se sienten oprimidos y dominados, no sólo explotados, en todos los ámbitos de la vida: en el ámbito familiar, generacional, cultural, sexual, étnico y moral aparte de económico. Marx criticó a los anarquistas porque hablaban de masas trabajadoras&#8221;, de trabajadores&#8221; y de oprimidos&#8221; en vez de usar el término científico de proletariado&#8221;. E1 resultado es que nosotros teníamos razón y él estaba terriblemente equivocado, según el veredicto comprobado no sólo por la teoría sino por la misma historia.</p>
<p>Pero, ante un movimiento anárquico de tal género, siento que es mi deber empeñarme en una actividad pública que tenga un significado para todos aquellos norteamericanos que logro reunir. En cuanto norteamericanos, poseen una tradición libertaria superficial que procuro profundizar hacia el nivel del anarquismo. Me dirijo a su fe en los derechos individuales, en la descentralización, en una concepción activa de la ciudadanía, en el apoyo mutuo y en su aversión por la autoridad gubernativa. Y no critico en demasía el acoplamiento de libertad-propiedad. Les recuerdo las instituciones libertarias tipicas de su tradición revolucionaria norteamericana: asambleas de ciudadanos, formas asociativas confederales, autonomía municipal, procedimientos democráticos&#8230; Mi objetivo es claro: crear, a partir de las tradiciones libertarias norteamericanas, aquellas formas de la libertad que puedan oponerse al creciente poder del Estado y a la concentración de la autoridad política y económica. E1 núcleo central de mi planteamiento es tanto municipalista cuanto ecológico y contracultural: fortalecimiento y confederación de países, barrios, ciudad, como contrapeso a Washington y a los feudos estatales que constituyen la Unión Americana.</p>
<p>Mi lenguaje es más populista que proletario, con énfasis partícular en el dominio más que en la explotación. Mi programa consiste en crear un poder popular dual, antagónico al poder estatal que amenaza los residuos de libertad del pueblo norteamericano: un poder popular que reconstituya en forma anárquica aquellos valores libertarios y aquellos elementos utópicos que son el patrimonio más vital de la Revolución americana</p>
<p>El único planteamiento<br />
Que este planteamiento pueda tener éxito o no es una cuestión a la que no puedo dar una respuesta cierta. Lo que me parece cierto es que es el único planteamiento que puede funcionar en los Estados Unidos: si fracasase no sabría qué otra estrategia proponer para esta parte del mundo. E1 pueblo norteamericano no está dispuesto a seguir una vía socialista que amenace su libertad, por lo que no está dispuesto a aceptar un programa de clases, que, por otra parte, el proletariado norteamericano no ha aceptado jamás.</p>
<p>La autoorganización, la acción directa, el antiautoritarismo y el municipalismo son todavía elementos significativos del Sueño norteamericano&#8221;, un sueño-o, si se prefiere, un mito-que se imagina a Norteamérica como el reino de la reconstrucción utópica: una Norteamérica que es el Nuevo Mundo&#8221; no sólo en la secuencia del descubrimiento geográfico, sino Nuevo&#8221; en la historia de la libertad y de las experimentación política. Y si el sistema de partidos y los principios organizativos tomados en préstamo por la Izquierda&#8221; terminaran por prevalecer a tal punto en la imaginación colectiva para sofocar del todo la herencia libertaria del país, las posibilidades se habrían esfumado tal vez para siempre en los Estados Unidos. Los norteamericanos tienen esta alternativa: volverse a una vía libertaria del género que he señalado o bien convertirse en el más peligroso flagelo que el mundo haya jamás visto en la historia de la humanidad. Y no debemos estar dudosos en el asunto: Norteamérica puede realmente jugar un papel nefasto.</p>
<p>Por consiguiente, en los Estados Unidos existe esa tensión entre una tradición libertaria que frena la expansión del imperio norteamericano y nuevas fuerzas que van soliviantando al país hacia un papel mundial más violento y destructivo. Sólo los anarquistas están en posibilidad de comprender apenas la intensidad de esta tensión y la extraordinaria potencialidad que ello representa para un programa y un movimiento de reconstrucción utópica. La Izquierda&#8221; marxiana está insensible al argumento de la auténtica libertad: es economicista, centralista, burocrática y apasionada por la tecnología. Y, así es como la Derecha&#8221; ha pasado a disfrutar la tradición libertaria norteamericana, en nombre de la propiedad, de un mítico laissez-faire que ha dejado el campo libre al desarrollo de las grandes empresas y de una representación de la guerra fría&#8221; que ha llevado las tropas y las armas norteamericanas a casi todos los países occidentales y del Tercer Mundo. Si los anarquistas norteamericanos no logran limpiar esta tradición libertaria de sus escorias de propiedad y reaccionarias, el pueblo de los Estados Unidos será fácil presa de los totalitarismos que se camuflan con los ropajes de una historia revolucionaria que ha inspirado algo la lucha de emancipación popular en todo el mundo.</p>
<p>Conozco muy bien todos los argumentos que se pueden señalar contra la perspectiva que hasta aquí he señalado. Sé que los norteamericanos están divididos por intereses de clase, por la riqueza y por diferencias étnicas y sexuales, por conflictos regionales. ¿Cómo es entonces posible que un ideal de resistencia comunitaria y municipal ante la centralización estatal logre superar todas esas divisiones? ¿Y cómo y cuánto una municipalidad es cosa distinta al Estado? ¿No se ha visto ya con Paul Brousse el fracaso, como proyecto anárquico, del municipalismo?</p>
<p>Existen muchas respuestas a esas demandas, que exigirían un artículo sólo para ellas. Por ahora basta con esto: la tecnología cibernética amenaza con crear un nivelador social para todos los estratos de la sociedad norteamericana, tanto para la clase media como para la clase obrera, los blancos como los negros, los técnicos y los profesionales tradicionales como los peones y los agregados a las cadenas de montaje. Lo que viene remodelándose a partir de la tradicional estructura de clases del capitalismo industrial es un pueblo, no un proletariado.</p>
<p>Por otro lado vienen surgiendo inquietudes y valores populares que con frecuencia superan los intereses materiales: la libertad de la mujer, los derechos de los negros, la problemática ambiental&#8230; Esos valores emergentes y estas inquietudes emergentes con frecuencia marginan diferencias de intereses materiales que hacen del térrnino pueblo&#8221; una amable caricatura de los ideales democráticos radicales. Por otra parte, el nacionalismo ha demostrado poseer entre la masa una fuerza siempre superior a la solidaridad de clase, y este hecho, por sí solo, desrniente el mito marxista de que la gente se mueve tan sólo por sus intereses materiales: si fuera verdad, hace tiempo habría triunfado el socialismo. Que la ideología sea capaz de impulsar a los humanos a otros confines por su propio instinto de sobrevivencia es un hecho de tal suerte demostrado (aun cuando, por contra, se piense por ejemplo en las guerras religiosas que tuvieron lugar en el Medievo y la Reforma) que no se puede ignorar su fuerza en cuanto tal. Como anarquistas hemos subrayado siempre la exigencia que la nueva sociedad tiene de acabar con la vieja y desde el siglo pasado, hemos heredado una dote&#8221; de la burguesía: la fábrica, como clave destinada a abrir la puerta a una nueva y libre sociedad. Pero, como he dicho, me parece que esa tentativa no tiene ya hoy ningún sentido. Más bien, por una de las ironías de la historia pudiera darse que la llave siempre haya sido en forma ideológica; la dimensión libertaria de la tradición democrática que se opone ahora a la marcha del capitalismo cibernético hacia la realización de sus fines históricos.</p>
<p>De todos modos, lo que se olvida demasiado fácilmente es que los desastres producto de la ideología son propiamente la prueba de su latente éxito, igual como la capacidad humana de anular la vida es la prueba de su capacidad de hacer del mudno un paraíso. No son los males de las ideologías lo que debemos evidenciar frente a un mundo ya de por sí escéptico y secular, sino el tipo de ideología que lo puede salvar de su egoísmo y de su economicismo. En esa dimensión moral, el anarquismo representa la única ideología capaz de llevar a la humanidad más allá de sus angustiosas necesidades biológicas, hacia un espacio de libertad que es un fin en sí, en la aventura humana.</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-172</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:59:43 +0000</pubDate>
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		<description>SOCIEDAD, POLITICA Y ESTADO 
Murray Bookchin
Hoy cuando los movimientos verdes y sociales se han consolidado en casi todos los países del Primer Mundo, cuando están creciendo en otros lugares (particularmente en América Latina), la cuestión de cómo encarar los conceptos de ´sociedadª, ´políticaª y ´Estadoª, ha adquirido una urgencia programática. Esta urgencia surge ante el hecho de que la mayoría de estos movimientos pone énfasis en la necesidad de descentralización, de comunidades a escala humana, de democracia de base y de un equilibrio viable entre la ciudad y el campo (temas que nos recuerdan los escritos de Proudhon y Kropotkin); pero al mismo tiempo, los verdes están comprometidos, de una u otra manera, en política electoral. En Alemania, donde la ideología verde nació hace una década aproximadamente, la tendencia ´fundamentalistaª (que en cierto momento fue la mayoría del partido verde) insistió en el esfuerzo por construir un partido ´no partidistaª, por crear una democracia de base, inspirada en la ´democracia participativaª de la ´nueva izquierdaª de los sesenta. Los cargos electivos, tanto en el gobierno como en la dirección del partido debían ser rotativos, los sueldos de los representantes electos debían ser compartidos con la organización del partido; se propuso, en forma vaga, establecer el derecho de revocar a los representantes que no cumplieran su mandato programático, pero esto nunca fue implementado. La teoría ecológica (más precisamente, la ecología social, que se originó realmente en Estados Unidos a comienzos de los sesenta) constituyó una perspectiva aglutinante para los primeros verdes, aunque no estuviesen completamente familiarizados con su origen libertario. Me refiero a la necesidad de suprimir la jerarquía, así como las relaciones de clase, como condición previa a la eliminación de la idea de dominio de la naturaleza y al logro de una sociedad ecológica. 
El surgimiento de movimientos verdes, que en gran parte toman como modelo a los Grünen (partido verde alemán), creó un dilema para la izquierda libertaria. Las reivindicaciones sociales de la mayoría de los grupos verdes eran claramente anarquistas. Los programas basados en la descentralización y la democracia participativa surgieron indudablemente a partir del socialismo antiautoriario, y fueron fuertemente influídos por la ´nueva izquierdaª. Además, muchos principios organizativos adoptados por los verdes contrastaban con la mentalidad centralista, esencialmente burocrática, del marxismo, por no hablar del liberalismo. Pero, øcómo podríamos explicar la orientación política, más exactamente la electoral, de los verdes? øCómo podríamos encarar temas como el parlamentarismo, las coaliciones de partido, y la entrada de los Grünen en gobiernos manifiestamente burgueses, como la coalición de Hesse? 

Que los Grünen sean hoy escasamente diferentes en el aspecto organizativo, y también en el programático, a los partidos socialdemócratas convencionales, no es motivo para que los libertarios se regodeen en sus predicciones de que la política corrompe. La degeneración de los Grünen ocurrió en el curso de una áspera lucha interna. No fue un proceso de lenta erosión imperceptible y de cooptación por parte del Estado. Ni pueden los grupos libertarios más puristas de Alemania pretender que las concepciones sindicalistas o anarquistas se hayan afirmado en Europa Central. Del mismo modo que esos grupos libertarios se complacen en la decadencia de los movimientos verdes a causa del parlamentarismo, también ellos pueden ser criticados por haber jugado un rol de espectadores frente a la declinación de un movimiento muy significativo, cuyo desarrollo deberían haber tratado de impulsar. Ni siquiera ofrecieron ninguna alternativa a la infeliz opción adoptada por los Grünen y por los grupos verdes que se orientaron por la vía electoral en otros países. Los intentos de los libertarios por revivir las ideas sindicalistas tradicionales tienen poquísimas probabilidades de éxito. Cualquiera sea la promesa del proletariado como clase hegemónica, como pudo haber sido durante el último siglo y la primera parte del actual, el sindicalismo proletario está históricamente agotado en todas sus formas. Todas las teorías, programas y movimientos que asignaron un rol revolucionario a la clase trabajadora yacen sepultados bajo las frías brasas de la Revolución Española de 1936-39, la más valiente y removedora, y también, último surgimiento histórico de radicalismo proletario tradicional. Desafiando todas las predicciones teóricas de los treinta, el capitalismo se restableció con más fuerza y adquirió extraordinaria flexibilidad en las décadas posteriores a la segunda guerra mundial. De hecho, todavía no se ha determinado claramente lo que constituye el capitalismo en su forma más ´maduraª, ni que hablar de su trayectoria social en los años venideros. 

Me parece que el capitalismo se transformó, pasando de una economía rodeada de muchas formaciones sociales y políticas precapitalistas, a una sociedad ´economizadaª en si misma. La vida social como tal está penetrada por los valores de mercado. Estos se han infiltrado crecientemente en las relaciones familiares, educacionales, personales e incluso espirituales, eliminando las tradiciones precapitalistas, que comportaban mayor ayuda mutua, mayor idealismo y responsabilidad moral, en contraste con las normas de conducta ´mercantilistasª. Términos como ´consumismoª e ´industrialismoª son meros eufemismos oscurantistas para designar una aburguesamiento que todo lo impregna, y que implica bastante más que apetito de mercancías y sofisticación tecnológica. Estamos asistiendo a la expansión de las relaciones mercantiles en todas las áreas de la vida y en los movimientos sociales, que en otro tiempo ofrecieron cierta resistencia (cuando no un refugio) contra las formas competitivas, amorales y acumuladoras de interacción humana. Existe un sentido en el cual cualquier nueva forma de resistencia, ya sea de los verdes, de los libertarios, o de los radicales en general, debe abrir espacios alternativos de vida que puedan contrarrestar y desarmar el aburguesamiento de la sociedad en todos sus niveles. Esto no quiere decir que los ´nuevos movimientos socialesª (usando la jerga sociológica), como los verdes, puedan acceder a los órganos parlamentarios nacionales, provinciales o estatales, sin pagar algún precio por ello. Los Grünen, que estaban lejos de ser un ingenuo movimiento popular, son prueba viviente de que la ´resistencia parlamentariaª conduce eventualmente a malos compromisos y al abandono de principios fundamentales. Se plantea el interrogante de si puede haber espacio para la esfera pública radical, más allá de las comunas, las cooperativas, las organizaciones de servicios barriales, promovidas por la contracultura de los sesenta, diría, estructuras que tan fácilmente degeneraron en negocios tipo boutique, cuando no desaparecieron por completo. øExiste un ámbito público que pueda ser campo para la interacción de fuerzas antagónicas que se mueven por el cambio, la educación, el desarrollo, en última instancia, en confrontación con el modo de vida imperante? 

El concepto mismo de ámbito público se contrapone a la noción radical tradicional de ámbito de clase. El marxismo, en particular, negó la existencia de un ´públicoª aparentemente indefinible, o lo que en las revoluciones democráticas de hace dos siglos se designó como ´el puebloª. Se consideraba que los conceptos de ´puebloª o de ´públicoª ocultaban los intereses específicos de clase, que terminarían por conducir a la burguesía a un conflicto implacable con el proletariado. Si la palabra ´puebloª significó algo para los teóricos marxistas, fue en referencia a una pequeña burguesía decadente, amorfa e indescriptible, legado del pasado y de pasadas revoluciones, de la cual podía esperarse que, en primer término se pusieron de parte de la clase capitalista, a la que aspiraba integrar, y por último, de parte de la clase trabajadora, cuyas filas se verían forzadas a formar parte. En consecuencia, el proletariado, en la medida en que se volviese una clase consciente, expresaría finalmente los intereses generales de la humanidad, una vez que hubiera absorbido a esa imprecisa clase media, particularmente durante una crisis económica general o ´crónicaª del capitalismo. Los treinta, con sus oleajes de huelgas, insurrecciones obreras, confrontaciones callejeras entre grupos revolucionarios y fascistas, y sus expectativas de guerra y levantamientos sociales sangrientos, parecieron confirmar esta visión. No podemos seguir ignorando el hecho de que la visión tradicional elaborada por los radicales durante la primera mitad de este siglo ha sido reemplazada por la realidad actual de un sistema capitalista organizado cultural e ideológicamente, así como económicamente. Por mucho que hayan sido rebajados los niveles de vida para millones de personas, también resta en pie el hecho sin precedentes de que el capitalismo no ha sufrido una ´crisis crónicaª desde hace medio siglo. El clásico proletariado industrial ha decrecido en el Primer Mundo (el locus histórico clásico de la confrontación socialista con el capitalismo), y está perdiendo no sólo la conciencia de clase, sino también la conciencia política de si mismo como clase históricamente única. Los intentos de reformular la teoría marxista, incluyendo a todos los asalariados en el proletariado carecen de sentido, y se encuentran en total contradicción con el modo en que esta población de clase media ampliamente diferenciada se concibe a sí misma y su relación con la sociedad de mercado. 

Tampoco existe ningún signo de que en un futuro previsible vayamos a afrontar una crisis económica comparable a la ´gran depresiónª. Con respecto al control de los factores internos de crisis a largo plazo, que pudieran crear un interés general por una nueva sociedad, el capitalismo tuvo mejores resultados en los últimos cincuenta años que en el siglo y medio anterior, el periodo de su ´ascenso históricoª. Tal como están las cosas hoy, es ilusorio vivir con la esperanza de que el capitalismo sufra un colapso desde dentro, como resultado de las contradicciones de su propio desarrollo. Pero existen signos dramáticos de que el capitalismo, organizado en un sistema de mercado basado en la competencia y el crecimiento, debería trastornar el mundo natural, trocando el suelo en arena, contaminando la atmósfera, cambiando todas las condiciones climáticas del planeta, y posiblemente volviendo la tierra inhóspita para las formas de vida complejas. El capitalismo está produciendo las condiciones externas para una crisis, una crisis ecológica, que bien podría despertar un interés generalizado por un cambio social radical. 

El capitalismo, en efecto, está demostrando ser un cáncer ecológico, capaz de simplificar los complejos ecosistemas que se formaron durante innumerables años. Se plantea la cuestión de si una sociedad, basada en un crecimiento insensato e incesante como fin en sí mismo, forzada por la competencia a acumular y devorar el mundo orgánico, puede crear problemas que sobrepasen muchas diferencias materiales, étnicas y culturales. Si es así, el concepto de ´puebloª y el de ´ámbito públicoª pueden convertirse en una realidad viviente en la historia. El movimiento verde, o por lo menos algún tipo de movimiento ecologista radical, puede adquirir así un significado político, único y cohesionador, comparable al de los movimientos obreros tradicionales. Si el ámbito del radicalismo proletario era la fábrica, el del movimiento ecologista sería la comunidad: el pueblo, el barrio, la municipalidad. Se debería elaborar una nueva alternativa política, que no sea ni parlamentaria&#039; ni tampoco exclusivamente limitada a la acción directa y a las actividades contraculturales. En realidad, la acción directa se combinaría con una nueva política bajo la forma de una autogestión de la comunidad, fundada en una democracia plenamente participativa, que de hecho es la forma más elevada de acción directa, aquella que reconoce en el pueblo la plena facultad de determinar el destino de la sociedad. 

El movimiento verde (usando este término en su sentido más genérico) está notablemente bien situado para convertirse en un ámbito donde elaborar dicha perspectiva y ponerla en práctica. Inadecuaciones, fracasos y retrocesos, como los que observamos en los Grünen, no eximen a los libertarios de tratar de educar a este movimiento, dándole la orientación teórica que necesita. Los verdes no se han congelado en una postura rígida desesperanzada, ni siquiera en Francia y Alemania. No es probable que la situación ecológica permita que un amplio movimiento político ambientalista se consolide hasta el punto de que pueda excluir la articulación de tendencias radicales. Es una gran responsabilidad del movimiento libertario, promover dichas tendencias radicales, fortaleciéndolas teóricamente, y elaborando una perspectiva ecológica radical coherente. En definitiva, lo que finalmente destruye todo movimiento en esta era de aburguesamiento arrollador, no es sólo la ´mercantilizaciónª de la vida, sino también la falta de conciencia para resistir ésta y sus amplios poderes de cooptación. 

Pero esto no disminuye la necesidad de darle a esta conciencia una forma real y palpable. Si los sesenta hicieron surgir la necesidad de una contracultura para resistir la cultura dominante, los años finales de nuestro siglo han creado la necesidad de contrainstituciones de naturaleza popular, para contrarrestar al Estado centralizado. La forma específica de estas instituciones puede variar según las tradiciones, los valores, los intereses y la cultura de cada región. Pero ciertas premisas teóricas básicas deben ser aclaradas, si se plantea la necesidad de nuevas instituciones, y más ampliamente, de una nueva política libertaria. Vivimos en un mundo históricamente nebuloso, en el cual los ámbitos institucionales que en el pasado eran claramente distinguibles uno de otro (el social, el político y el estatal) han sido confundidos y mistificados. En otro tiempo, el ámbito social podía ser claramente distinguido del político, y éste a su vez estaba bien delimitado del estatal. Para que un movimiento verdaderamente radical pueda existir en el futuro, deben ser detenidas y revertidas las tendencias actuales a la absorción de la política por el Estado, y de la sociedad por la economía. Con la aparición de nuevos movimientos que afrontan el deterioro ecológico, y con el surgimiento de nuevas cuestiones como la necesidad de una sociedad orientada ecológicamente que termine con la dominación de la naturaleza y de las personas, la necesidad de redefinir realmente la política, dándole un significado más amplio del que ha tenido en el pasado, se convierte en un imperativo político. La capacidad de los libertarios para responder a esta exigencia bien puede determinar el futuro de movimientos como los verdes y la real posibilidad del radicalismo de existir como una fuerza coherente para el cambio social. Es demasiado fácil pensar en la sociedad, la política y el Estado tal como se nos presentan hoy, separados de la historia y congelados en formas rígidas. Pero el hecho es que cada uno de ellos ha tenido un complejo desarrollo, que deberíamos entender si queremos tener claro el significado de los problemas que los mismos comportan en la teoría social y en la práctica. Mucho de lo que actualmente llamamos política realmente es gobierno del Estado, que consiste en la estructuración de un aparato estatal, integrado con parlamentarios, jueces, burócratas, policías, militares y demás, fenómeno que a menudo se repite desde la cumbre del Estado hasta las más pequeñas comunidades. Es así que fácilmente podemos ignorar lo que la política significó en otro tiempo. El término ´políticaª, que deriva del griego, se refería a un ámbito público formado por ciudadanos conscientes, que se sentían competentes para gestionar directamente sus propias comunidades o polis. 

La sociedad, en cambio, era un ámbito relativamente privado, concerniente a las obligaciones familiares, las amistades, el mantenimiento personal, la producción y la reproducción. Desde su emergencia como mera existencia de grupos humanos, hasta las formas altamente institucionalizadas que propiamente llamamos sociedad, la vida social estuvo estructurada sobre la familia u oikos (economía, de hecho significaba poco más que la gestión de la familia). Su núcleo era el mundo doméstico de la mujer, complementado por el mundo civil del hombre. En las comunidades primitivas, el ámbito civil estuvo en gran parte al servicio de lo doméstico, donde se cumplían las funciones más importantes para la sobrevivencia y el mantenimiento. Una tribu (entendida en un sentido muy amplio, que incluía bandas y clanes), verdadera entidad social, estaba atravesada por lazos sanguíneos, maritales y funcionales, basados en la edad y en el trabajo. Las potentes fuerzas centrípetas (que aún se originaban en hechos biológicos), que mantenían unidas a las comunidades (eminentemente sociales) y les daban un fuerte sentido de solidaridad interna, excluyeron en gran medida a los ´extrañosª, cuya aceptación normalmente dependía de las reglas de hospitalidad, y de la necesidad de adquirir nuevos miembros para remplazar a los guerreros, cuando la guerra se tornaba cada vez más importante. Una gran parte de la historia es un relato del posterior crecimiento del ámbito civil masculino a expensas del ámbito doméstico social. Los hombres adquirieron una autoridad creciente sobre las comunidades primitivas como resultado de las guerras intertribales, de las luchas por el territorio de caza, y particularmente, de los conflictos generados por la necesidad de los pueblos agrícolas de apropiarse de grandes extensiones, que a su vez eran requeridas por los pueblos cazadores para sustentarse a sí mismos y sus modos de vida. 

Fue a partir de este ámbito civil indiferenciado (si se me permite usar la palabra ´civilª en un sentido muy amplio) que surgieron la ´políticaª y el Estado. Esto no significa caer en la trampa ideológica de decir que lo político y el gobierno del Estado desde el comienzo fueron lo mismo. De hecho los dos a pesar de sus orígenes en el primitivo ámbito civil de los hombres, se encontraron en una marcada oposición. ´Los ropajes de la historia nunca están limpios y sin arrugas.ª La evolución de la sociedad, desde pequeños grupos sociales domésticos hasta sistemas autoritarios muy diferenciados y jerarquizados, que abarcaron vastos imperios territoriales, fue compleja e irregular. También las tradiciones domésticas y familiares, esto es las tradiciones sociales, desempeñaron en la formación de los Estados un rol a menudo comparable al de los valores civiles de los guerreros. Las aristocracias basadas en el linaje (sea femenino como masculino), que han persistido hasta los tiempos modernos, están impregnadas de valores sociales que fueron trasmitidos desde una época en que el parentesco, no la ciudadanía o la riqueza, determinaba el status y el poder de una persona. Los reinos despóticos primitivos como los de Egipto y Persia, para citar a los más notables, no eran considerados entidades civiles en sentido riguroso, sino como dominios domésticos de los monarcas. Fueron vistos como las vastas residencias de los reyes divinos y de sus familias, hasta que fueron divididos por familias menores en posesiones señoriales o feudales. 

Fue la ´revolución urbanaª de la edad del bronce (para usar la expresión de V. Gordon Childe) que lentamente removió las arcaicas trabas sociales o domésticas que pesaban sobre el Estado, creando un terreno nuevo para la política. El surgimiento de las ciudades, frecuentemente en torno a templos, fortalezas militares, centros administrativos y mercados interregionales, creó las bases para una nueva forma de espacio político, más universal y secular. Con el tiempo, este espacio evolucionó lentamente hacia un tipo de esfera pública sin precedentes. Tratar de señalar una ciudad determinada como modelo de tal espacio sería buscar formas puras que no existen en la historia o en la teoría social. Pero podemos identificar ciudades que no fueron ni predominantemente sociales en un sentido doméstico, ni estatistas, y que dieron origen a una gestión de la sociedad completamente nueva. 

Las más destacables de estas ciudades fueron los puertos de la antigua Grecia, las ciudades medievales de artesanos y comerciantes de Italia y de Europa central, también las ciudades modernas de los nuevos Estados nacionales en formación, como España, Inglaterra y Francia, que desarrollaron identidades propias y formas relativamente populares de participación ciudadana. Sus características ´pueblerinasª, aún patriarcales, no deberían impedirnos apreciar sus valores humanistas universales. Sería mezquino y antihistórico, desde un punto de vista moderno, poner el acento en los errores que las ciudades compartieron durante miles de años con el surgimiento de la ´civilizaciónª como tal. Lo más importante es que estas ciudades crearon, en mayor o menor medida, un ámbito radicalmente nuevo, de naturaleza política, fundado en formas limitadas, pero con frecuencia participativas, de democracia, y un nuevo concepto de personalidad cívica: el ciudadano. 

Definida según sus raíces etimológicas, la política significó la gestión de la comunidad o polis por parte de sus propios miembros o ciudadanos, el desarrollo de un espacio público en el cual los ciudadanos podían reunirse, como el ágora de las democracias griegas, el foro de la república romana, el centro del pueblo de la comuna medieval, y la plaza de la ciudad renacentista. La política significó el reconocimiento de los derechos civiles para los extranjeros, o quienes no estaban vinculados a la población por lazos sanguíneos, es decir la idea de una humanitas universal, que se distinguía del concepto de ´genteª relacionada genealógicamente. Además de estos valores humanos fundamentales, la política estaba caracterizada por la creciente secularización de los asuntos sociales, un nuevo respeto por el individuo y una creciente consideración de criterios racionales de conducta por encima de los irreflexivos imperativos de la costumbre. 

No quiero decir que con el surgimiento de las ciudades desaparecieron los privilegios, la desigualdad de derechos, las supersticiones, el respeto por la tradición, la desconfianza hacia los extranjeros. Durante los períodos más radicales y democráticos de la Revolución Francesa, por ejemplo, París estaba llena de miedos a las ´conspiraciones extranjerasª y de desconfianza xenófoba hacia los extraños. Las mujeres no compartieron totalmente las libertades de que gozaban los hombres. 

Mi punto de vista, sin embargo, es que la ciudad creó algo realmente nuevo, que no puede quedar oculto en los pliegues de lo social o de lo estatal. Este espacio se redujo o amplió con el tiempo, pero nunca desapareció completamente de la historia. Se mantuvo en contraposición al Estado, el cual trató en varios grados de profesionalizar y centralizar el poder, a menudo volviéndose un fin en sí mismo, como lo mostraron el poder estatal del Egipto Ptolemaico, las monarquías absolutas europeas en el siglo XVII y los regímenes totalitarios de Rusia y China en el siglo actual. 

El escenario de la política ha sido casi siempre la ciudad o el pueblo, o más genéricamente, la municipalidad. Para que una ciudad fuera políticamente viable, seguramente el tamaño era algo importante. Para los griegos, en particular para Aristóteles, el tamaño de una ciudad o polis debería ser tal que sus asuntos se pudieran discutir cara a cara, y que pudiera existir cierto grado de familiaridad entre sus ciudadanos. Estos requisitos, que no eran fijos ni inviolables, estaban concebidos para promover el desarrollo urbano, en un modo que directamente contrarrestaba el Estado. Siendo de tamaño moderado, la polis podía así ser organizada institucionalmente en modo tal que sus asuntos pudieran ser gestionados por hombres capaces, comprometidos con lo público, con un grado mínimo de representatividad, estrictamente controlado. Para que alguien pudiera ser capacitado para las funciones políticas, debía poseer ciertos recursos materiales. Se requería cierto tiempo libre, del cual se podía disponer, suponemos hoy, gracias al trabajo esclavo. 

Sin embargo, de ningún modo es cierto que todos los ciudadanos griegos políticamente activos fueran propietarios de esclavos. Aún más importante que el tiempo libre era la formación del carácter y de la razón (concepto griego de paideia), que confería a los ciudadanos el decoro necesario para que las asambleas populares fueran viables. Era necesario un ideal de servicio público que prevaleciera sobre los impulsos egoístas y mezquinos, y que le diera al interés general el carácter de valor. Esto fue logrado estableciendo una compleja red de relaciones, que iban desde las amistades leales (concepto griego de filia) hasta el compartir experiencias en las festividades civiles y en el servicio militar. 

El uso que hago de los términos griegos no debe ser interpretado como que la política fuera un fenómeno exclusivamente helénico. Necesidades similares surgieron y fueron tratadas de varias maneras en las ciudades libres de Europa y Nueva Inglaterra hasta tiempos relativamente recientes. En casi todos los casos, estas ciudades crearon una política que fue democrática en grados diversos, durante largos períodos, y que resurgió no sólo en la cuenca del Mediterráneo, sino también en Europa continental, en Inglaterra y en Norteamérica. Profundamente hostiles a los Estados centralizados, las ciudades libres y sus federaciones marcaron algunos de los hitos más importantes de la historia, verdaderas encrucijadas en que la humanidad tuvo la posibilidad de establecer sistemas sociales, basados en confederaciones municipales, o en Estados nacionales. 

El nacionalismo, así como el estatismo, estaban tan arraigados en el pensamiento moderno, que la idea misma de política municipal ni siquiera fue considerada como una opción para la organización social. Tal como he observado, la política ha estado identificada completamente con el gobierno del Estado y la profesionalización del poder. Se ha pasado por alto el hecho de que el ámbito político y el Estado a menudo estuvieron en conflicto entre sí, estallando en sangrientas guerras civiles. Los grandes movimientos revolucionarios del pasado, desde la Revolución Inglesa de 1640 hasta los movimientos revolucionarios de nuestro siglo, estuvieron marcados por la participación de las comunidades, dependiendo su éxito de fuertes vínculos comunitarios. Los argumentos que continuamente se presentan en contra de la autonomía municipal demuestran que ésta es considerada peligrosa para los Estados nacionales. Fenómenos presumiblemente ´muertosª, como la comunidad libre y la democracia participativa, no deberían despertar reacciones tan fuertes, ni ser objeto de restricciones como las que todavía se aplican. 

El surgimiento de las grandes megalópolis no ha eliminado la necesidad histórica de una política cívica y comunitaria, así como la expansión de las corporaciones multinacionales no ha suprimido la cuestión del nacionalismo. Ciudades como Nueva York, Londres, Francfort, Milán y Madrid pueden ser políticamente descentralizadas socializadas a nivel institucional, sea en redes de barrio o de distrito, a pesar de sus dimensiones estructurales y de su interdependencia interna. Realmente, el modo en que pueden funcionar si no se descentralizan estructuralmente es un asunto ecológico de capital importancia, como lo indican los problemas de la contaminación, del suministro de agua, de la criminalidad, de la calidad de la vida y del transporte. 

La historia ha demostrado que las principales ciudades europeas, con poblaciones de hasta un millón de habitantes, con primitivos medios de comunicación, funcionaban mediante instituciones bien coordinadas, pero descentralizadas, que mostraban una extraordinaria vitalidad política. Desde las ciudades castellanas que estallaron en la revuelta de los comuneros de principios del siglo XVI, las secciones parisinas y las asambleas de principios del siglo XVIII, hasta el movimiento de ciudadanos de Madrid de los años sesenta, citando sólo unos pocos, los movimientos municipales en las grandes ciudades plantearon de manera crucial el problema de dónde debe residir el poder y cómo debería ser gestionada la vida social a nivel institucional. 

Es bastante obvio que esa municipalidad puede ser tan estrecha de miras como una tribu, no menos hoy que en el pasado. Por tanto, cualquier movimiento municipal que no sea confederal, es decir que no se integre en una red de interrelaciones recíprocas con pueblos y ciudades de su propia región, no puede ser considerado como una entidad política real en un sentido tradicional, del mismo modo que un barrio que no reconoce la necesidad de cooperar con otros barrios de su misma ciudad. La confederación basada en responsabilidades compartidas, la plena responsabilidad de los delegados confederales frente a sus comunidades, el derecho de revocar a los representantes y la necesidad de establecer mandatos precisos, son partes indispensables de una nueva política. Argumentar que las ciudades y pueblos existentes reproducen el Estado nacional a nivel local, significa renunciar a todo compromiso de cambio social. La vida sería realmente maravillosa, quizás milagrosa, si naciéramos con la instrucción, la experiencia, la inteligencia y las habilidades necesarias para ejercer una profesión o cultivar una vocación deseable. Desgraciadamente, debemos realizar el esfuerzo de adquirir estas capacidades, y esto requiere lucha, discusión, educación y desarrollo. Probablemente tendría poco significado un enfoque municipalista radical que se redujera a ser un mero instrumento de un fácil cambio institucional. Hay que luchar por este objetivo si se desea alcanzarlo, del mismo modo que la lucha por una sociedad libre debe ser en sí misma tan liberadora y autotransformadora como la existencia de tal sociedad&#039;. 

El Estado plantea también serias cuestiones, que no pueden ser reducidas a una visión simplista y ahistórica. Si se lo concibe como un fenómeno en desarrollo, en el curso de la historia se sucedieron Estados nacientes, cuasiestados, Estados monárquicos, Estados feudales, Estados republicanos, Estados totalitarios que superaron a las tiranías más duras del pasado. Lamentablemente, no se ha prestado suficiente atención al hecho de que la capacidad de los Estados para ejercer plenamente su poder estuvo a menudo determinada por los obstáculos municipales que encontraron. Fue esencial para la consolidación del Estado nacional su habilidad para debilitar las estructuras de los pueblos y de las ciudades, sustituyéndolas por burocracias, policías y fuerzas militares. Una sutil interacción entre la municipalidad y el Estado, que a menudo estalló en conflictos abiertos, se ha dado a lo largo de la historia, configurando la imagen de la sociedad actual. 

Es de gran importancia práctica que las instituciones, tradiciones y sentimientos preestatistas permanezcan vivos en grados diversos en la mayor parte del mundo. La resistencia a la usurpación de los Estados opresores ha sido apoyada por las redes comunitarias de ciudades, barrios y pueblos, tal como lo muestran las luchas en Sudáfrica, Medio Oriente y América Latina. Los temblores que ahora estremecen a la Rusia soviética no se deben solamente a las demandas de mayor libertad, sino también a los movimientos por las autonomías locales y regionales que desafían la existencia misma del Estado nacional centralizado. Ignorar las bases comunitarias de estos movimientos sería tan miope como ignorar la inestabilidad latente de todo Estado nacional. Y peor aún sería considerarlo como seguro y tratarlo según sus propios términos. Realmente, el hecho de que un Estado permanezca como tal o no (cuestión no poco importante para teóricos radicales tan dispares como Marx y Bakunin) depende mucho del poder de los movimientos locales, confederales y comunitarios, para contrarrestarlo y establecer ´otroª poder que lo reemplace. El papel principal que jugó el movimiento de ciudadanos madrileños hace casi tres décadas en el debilitamiento del régimen de Franco merecería con justicia un estudio importante. 

A pesar de la visión marxista de un conflicto esencialmente económico entre el ´trabajo asalariadoª y el ´capitalª, los movimientos de clase revolucionarios del pasado no fueron simplemente movimientos industriales. Por ejemplo, el efímero movimiento de trabajadores parisinos, en gran parte integrado por artesanos, fue también un movimiento comunitario centrado en los barrios y nutrido por una rica vida barrial. Desde los levellers de Londres en el siglo XVII, hasta los anarcosindicalistas de Barcelona en nuestro siglo, la actividad radical estuvo sostenida por fuertes vínculos comunitarios, y por un espacio público conformado por calles, plazas y cafés. Esta vida municipal no puede ser ignorada en la práctica radical y debe ser recreada allí donde fue socavada por el Estado moderno. Una nueva política, enraizada en los pueblos, en los barrios, en las ciudades y en las regiones, es la única alternativa viable al parlamentarismo anémico que se está infiltrando en varios partidos verdes y en otros movimientos sociales similares. Los movimientos estrictamente sociales, comprometidos en cuestiones específicas como el poder nuclear, limitan su capacidad de convocatoria a los temas de los que se ocupan. Este tipo de militancia no debe ser confundida con la actividad radical de largo plazo, necesaria para transformar la conciencia, y en última instancia, a la misma sociedad. Tales movimientos tienen una existencia efímera aunque logren resultados positivos, pues carecen de las bases institucionales necesarias para crear movimientos duraderos de transformación social, y carecen de un ámbito donde situarse de forma permanente en la lucha política. Por otra parte, la municipalidad contiene una potencialidad explosiva. Crear redes locales y tratar de transformar las instituciones municipales que todavía reproducen el Estado, significa aceptar un desafío histórico, y realmente político, que ha existido durante siglos. Ciertos movimientos sociales nuevos están tratando de adquirir una perspectiva política que los introduzca en la escena política, de ahí la facilidad con que se deslizan hacia el parlamentarismo. Históricamente, la teoría libertaria siempre ha estado centrada en las ´comunasª, las ciudades libres reestructuradas que constituirían el tejido celular de una nueva sociedad. Ignorar el potencial de la ´comunaª porque aún no es libre, e impedir nuestro acceso a ella con consignas electorales (más apropiadas a una época de movimientos de masa obreros y campesinos) significa desatender un ámbito politico todavía inactivo, pero que podría dar vida y significado a la gran aspiración libertaria: una comuna de comunas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>SOCIEDAD, POLITICA Y ESTADO<br />
Murray Bookchin<br />
Hoy cuando los movimientos verdes y sociales se han consolidado en casi todos los países del Primer Mundo, cuando están creciendo en otros lugares (particularmente en América Latina), la cuestión de cómo encarar los conceptos de ´sociedadª, ´políticaª y ´Estadoª, ha adquirido una urgencia programática. Esta urgencia surge ante el hecho de que la mayoría de estos movimientos pone énfasis en la necesidad de descentralización, de comunidades a escala humana, de democracia de base y de un equilibrio viable entre la ciudad y el campo (temas que nos recuerdan los escritos de Proudhon y Kropotkin); pero al mismo tiempo, los verdes están comprometidos, de una u otra manera, en política electoral. En Alemania, donde la ideología verde nació hace una década aproximadamente, la tendencia ´fundamentalistaª (que en cierto momento fue la mayoría del partido verde) insistió en el esfuerzo por construir un partido ´no partidistaª, por crear una democracia de base, inspirada en la ´democracia participativaª de la ´nueva izquierdaª de los sesenta. Los cargos electivos, tanto en el gobierno como en la dirección del partido debían ser rotativos, los sueldos de los representantes electos debían ser compartidos con la organización del partido; se propuso, en forma vaga, establecer el derecho de revocar a los representantes que no cumplieran su mandato programático, pero esto nunca fue implementado. La teoría ecológica (más precisamente, la ecología social, que se originó realmente en Estados Unidos a comienzos de los sesenta) constituyó una perspectiva aglutinante para los primeros verdes, aunque no estuviesen completamente familiarizados con su origen libertario. Me refiero a la necesidad de suprimir la jerarquía, así como las relaciones de clase, como condición previa a la eliminación de la idea de dominio de la naturaleza y al logro de una sociedad ecológica.<br />
El surgimiento de movimientos verdes, que en gran parte toman como modelo a los Grünen (partido verde alemán), creó un dilema para la izquierda libertaria. Las reivindicaciones sociales de la mayoría de los grupos verdes eran claramente anarquistas. Los programas basados en la descentralización y la democracia participativa surgieron indudablemente a partir del socialismo antiautoriario, y fueron fuertemente influídos por la ´nueva izquierdaª. Además, muchos principios organizativos adoptados por los verdes contrastaban con la mentalidad centralista, esencialmente burocrática, del marxismo, por no hablar del liberalismo. Pero, øcómo podríamos explicar la orientación política, más exactamente la electoral, de los verdes? øCómo podríamos encarar temas como el parlamentarismo, las coaliciones de partido, y la entrada de los Grünen en gobiernos manifiestamente burgueses, como la coalición de Hesse? </p>
<p>Que los Grünen sean hoy escasamente diferentes en el aspecto organizativo, y también en el programático, a los partidos socialdemócratas convencionales, no es motivo para que los libertarios se regodeen en sus predicciones de que la política corrompe. La degeneración de los Grünen ocurrió en el curso de una áspera lucha interna. No fue un proceso de lenta erosión imperceptible y de cooptación por parte del Estado. Ni pueden los grupos libertarios más puristas de Alemania pretender que las concepciones sindicalistas o anarquistas se hayan afirmado en Europa Central. Del mismo modo que esos grupos libertarios se complacen en la decadencia de los movimientos verdes a causa del parlamentarismo, también ellos pueden ser criticados por haber jugado un rol de espectadores frente a la declinación de un movimiento muy significativo, cuyo desarrollo deberían haber tratado de impulsar. Ni siquiera ofrecieron ninguna alternativa a la infeliz opción adoptada por los Grünen y por los grupos verdes que se orientaron por la vía electoral en otros países. Los intentos de los libertarios por revivir las ideas sindicalistas tradicionales tienen poquísimas probabilidades de éxito. Cualquiera sea la promesa del proletariado como clase hegemónica, como pudo haber sido durante el último siglo y la primera parte del actual, el sindicalismo proletario está históricamente agotado en todas sus formas. Todas las teorías, programas y movimientos que asignaron un rol revolucionario a la clase trabajadora yacen sepultados bajo las frías brasas de la Revolución Española de 1936-39, la más valiente y removedora, y también, último surgimiento histórico de radicalismo proletario tradicional. Desafiando todas las predicciones teóricas de los treinta, el capitalismo se restableció con más fuerza y adquirió extraordinaria flexibilidad en las décadas posteriores a la segunda guerra mundial. De hecho, todavía no se ha determinado claramente lo que constituye el capitalismo en su forma más ´maduraª, ni que hablar de su trayectoria social en los años venideros. </p>
<p>Me parece que el capitalismo se transformó, pasando de una economía rodeada de muchas formaciones sociales y políticas precapitalistas, a una sociedad ´economizadaª en si misma. La vida social como tal está penetrada por los valores de mercado. Estos se han infiltrado crecientemente en las relaciones familiares, educacionales, personales e incluso espirituales, eliminando las tradiciones precapitalistas, que comportaban mayor ayuda mutua, mayor idealismo y responsabilidad moral, en contraste con las normas de conducta ´mercantilistasª. Términos como ´consumismoª e ´industrialismoª son meros eufemismos oscurantistas para designar una aburguesamiento que todo lo impregna, y que implica bastante más que apetito de mercancías y sofisticación tecnológica. Estamos asistiendo a la expansión de las relaciones mercantiles en todas las áreas de la vida y en los movimientos sociales, que en otro tiempo ofrecieron cierta resistencia (cuando no un refugio) contra las formas competitivas, amorales y acumuladoras de interacción humana. Existe un sentido en el cual cualquier nueva forma de resistencia, ya sea de los verdes, de los libertarios, o de los radicales en general, debe abrir espacios alternativos de vida que puedan contrarrestar y desarmar el aburguesamiento de la sociedad en todos sus niveles. Esto no quiere decir que los ´nuevos movimientos socialesª (usando la jerga sociológica), como los verdes, puedan acceder a los órganos parlamentarios nacionales, provinciales o estatales, sin pagar algún precio por ello. Los Grünen, que estaban lejos de ser un ingenuo movimiento popular, son prueba viviente de que la ´resistencia parlamentariaª conduce eventualmente a malos compromisos y al abandono de principios fundamentales. Se plantea el interrogante de si puede haber espacio para la esfera pública radical, más allá de las comunas, las cooperativas, las organizaciones de servicios barriales, promovidas por la contracultura de los sesenta, diría, estructuras que tan fácilmente degeneraron en negocios tipo boutique, cuando no desaparecieron por completo. øExiste un ámbito público que pueda ser campo para la interacción de fuerzas antagónicas que se mueven por el cambio, la educación, el desarrollo, en última instancia, en confrontación con el modo de vida imperante? </p>
<p>El concepto mismo de ámbito público se contrapone a la noción radical tradicional de ámbito de clase. El marxismo, en particular, negó la existencia de un ´públicoª aparentemente indefinible, o lo que en las revoluciones democráticas de hace dos siglos se designó como ´el puebloª. Se consideraba que los conceptos de ´puebloª o de ´públicoª ocultaban los intereses específicos de clase, que terminarían por conducir a la burguesía a un conflicto implacable con el proletariado. Si la palabra ´puebloª significó algo para los teóricos marxistas, fue en referencia a una pequeña burguesía decadente, amorfa e indescriptible, legado del pasado y de pasadas revoluciones, de la cual podía esperarse que, en primer término se pusieron de parte de la clase capitalista, a la que aspiraba integrar, y por último, de parte de la clase trabajadora, cuyas filas se verían forzadas a formar parte. En consecuencia, el proletariado, en la medida en que se volviese una clase consciente, expresaría finalmente los intereses generales de la humanidad, una vez que hubiera absorbido a esa imprecisa clase media, particularmente durante una crisis económica general o ´crónicaª del capitalismo. Los treinta, con sus oleajes de huelgas, insurrecciones obreras, confrontaciones callejeras entre grupos revolucionarios y fascistas, y sus expectativas de guerra y levantamientos sociales sangrientos, parecieron confirmar esta visión. No podemos seguir ignorando el hecho de que la visión tradicional elaborada por los radicales durante la primera mitad de este siglo ha sido reemplazada por la realidad actual de un sistema capitalista organizado cultural e ideológicamente, así como económicamente. Por mucho que hayan sido rebajados los niveles de vida para millones de personas, también resta en pie el hecho sin precedentes de que el capitalismo no ha sufrido una ´crisis crónicaª desde hace medio siglo. El clásico proletariado industrial ha decrecido en el Primer Mundo (el locus histórico clásico de la confrontación socialista con el capitalismo), y está perdiendo no sólo la conciencia de clase, sino también la conciencia política de si mismo como clase históricamente única. Los intentos de reformular la teoría marxista, incluyendo a todos los asalariados en el proletariado carecen de sentido, y se encuentran en total contradicción con el modo en que esta población de clase media ampliamente diferenciada se concibe a sí misma y su relación con la sociedad de mercado. </p>
<p>Tampoco existe ningún signo de que en un futuro previsible vayamos a afrontar una crisis económica comparable a la ´gran depresiónª. Con respecto al control de los factores internos de crisis a largo plazo, que pudieran crear un interés general por una nueva sociedad, el capitalismo tuvo mejores resultados en los últimos cincuenta años que en el siglo y medio anterior, el periodo de su ´ascenso históricoª. Tal como están las cosas hoy, es ilusorio vivir con la esperanza de que el capitalismo sufra un colapso desde dentro, como resultado de las contradicciones de su propio desarrollo. Pero existen signos dramáticos de que el capitalismo, organizado en un sistema de mercado basado en la competencia y el crecimiento, debería trastornar el mundo natural, trocando el suelo en arena, contaminando la atmósfera, cambiando todas las condiciones climáticas del planeta, y posiblemente volviendo la tierra inhóspita para las formas de vida complejas. El capitalismo está produciendo las condiciones externas para una crisis, una crisis ecológica, que bien podría despertar un interés generalizado por un cambio social radical. </p>
<p>El capitalismo, en efecto, está demostrando ser un cáncer ecológico, capaz de simplificar los complejos ecosistemas que se formaron durante innumerables años. Se plantea la cuestión de si una sociedad, basada en un crecimiento insensato e incesante como fin en sí mismo, forzada por la competencia a acumular y devorar el mundo orgánico, puede crear problemas que sobrepasen muchas diferencias materiales, étnicas y culturales. Si es así, el concepto de ´puebloª y el de ´ámbito públicoª pueden convertirse en una realidad viviente en la historia. El movimiento verde, o por lo menos algún tipo de movimiento ecologista radical, puede adquirir así un significado político, único y cohesionador, comparable al de los movimientos obreros tradicionales. Si el ámbito del radicalismo proletario era la fábrica, el del movimiento ecologista sería la comunidad: el pueblo, el barrio, la municipalidad. Se debería elaborar una nueva alternativa política, que no sea ni parlamentaria&#8217; ni tampoco exclusivamente limitada a la acción directa y a las actividades contraculturales. En realidad, la acción directa se combinaría con una nueva política bajo la forma de una autogestión de la comunidad, fundada en una democracia plenamente participativa, que de hecho es la forma más elevada de acción directa, aquella que reconoce en el pueblo la plena facultad de determinar el destino de la sociedad. </p>
<p>El movimiento verde (usando este término en su sentido más genérico) está notablemente bien situado para convertirse en un ámbito donde elaborar dicha perspectiva y ponerla en práctica. Inadecuaciones, fracasos y retrocesos, como los que observamos en los Grünen, no eximen a los libertarios de tratar de educar a este movimiento, dándole la orientación teórica que necesita. Los verdes no se han congelado en una postura rígida desesperanzada, ni siquiera en Francia y Alemania. No es probable que la situación ecológica permita que un amplio movimiento político ambientalista se consolide hasta el punto de que pueda excluir la articulación de tendencias radicales. Es una gran responsabilidad del movimiento libertario, promover dichas tendencias radicales, fortaleciéndolas teóricamente, y elaborando una perspectiva ecológica radical coherente. En definitiva, lo que finalmente destruye todo movimiento en esta era de aburguesamiento arrollador, no es sólo la ´mercantilizaciónª de la vida, sino también la falta de conciencia para resistir ésta y sus amplios poderes de cooptación. </p>
<p>Pero esto no disminuye la necesidad de darle a esta conciencia una forma real y palpable. Si los sesenta hicieron surgir la necesidad de una contracultura para resistir la cultura dominante, los años finales de nuestro siglo han creado la necesidad de contrainstituciones de naturaleza popular, para contrarrestar al Estado centralizado. La forma específica de estas instituciones puede variar según las tradiciones, los valores, los intereses y la cultura de cada región. Pero ciertas premisas teóricas básicas deben ser aclaradas, si se plantea la necesidad de nuevas instituciones, y más ampliamente, de una nueva política libertaria. Vivimos en un mundo históricamente nebuloso, en el cual los ámbitos institucionales que en el pasado eran claramente distinguibles uno de otro (el social, el político y el estatal) han sido confundidos y mistificados. En otro tiempo, el ámbito social podía ser claramente distinguido del político, y éste a su vez estaba bien delimitado del estatal. Para que un movimiento verdaderamente radical pueda existir en el futuro, deben ser detenidas y revertidas las tendencias actuales a la absorción de la política por el Estado, y de la sociedad por la economía. Con la aparición de nuevos movimientos que afrontan el deterioro ecológico, y con el surgimiento de nuevas cuestiones como la necesidad de una sociedad orientada ecológicamente que termine con la dominación de la naturaleza y de las personas, la necesidad de redefinir realmente la política, dándole un significado más amplio del que ha tenido en el pasado, se convierte en un imperativo político. La capacidad de los libertarios para responder a esta exigencia bien puede determinar el futuro de movimientos como los verdes y la real posibilidad del radicalismo de existir como una fuerza coherente para el cambio social. Es demasiado fácil pensar en la sociedad, la política y el Estado tal como se nos presentan hoy, separados de la historia y congelados en formas rígidas. Pero el hecho es que cada uno de ellos ha tenido un complejo desarrollo, que deberíamos entender si queremos tener claro el significado de los problemas que los mismos comportan en la teoría social y en la práctica. Mucho de lo que actualmente llamamos política realmente es gobierno del Estado, que consiste en la estructuración de un aparato estatal, integrado con parlamentarios, jueces, burócratas, policías, militares y demás, fenómeno que a menudo se repite desde la cumbre del Estado hasta las más pequeñas comunidades. Es así que fácilmente podemos ignorar lo que la política significó en otro tiempo. El término ´políticaª, que deriva del griego, se refería a un ámbito público formado por ciudadanos conscientes, que se sentían competentes para gestionar directamente sus propias comunidades o polis. </p>
<p>La sociedad, en cambio, era un ámbito relativamente privado, concerniente a las obligaciones familiares, las amistades, el mantenimiento personal, la producción y la reproducción. Desde su emergencia como mera existencia de grupos humanos, hasta las formas altamente institucionalizadas que propiamente llamamos sociedad, la vida social estuvo estructurada sobre la familia u oikos (economía, de hecho significaba poco más que la gestión de la familia). Su núcleo era el mundo doméstico de la mujer, complementado por el mundo civil del hombre. En las comunidades primitivas, el ámbito civil estuvo en gran parte al servicio de lo doméstico, donde se cumplían las funciones más importantes para la sobrevivencia y el mantenimiento. Una tribu (entendida en un sentido muy amplio, que incluía bandas y clanes), verdadera entidad social, estaba atravesada por lazos sanguíneos, maritales y funcionales, basados en la edad y en el trabajo. Las potentes fuerzas centrípetas (que aún se originaban en hechos biológicos), que mantenían unidas a las comunidades (eminentemente sociales) y les daban un fuerte sentido de solidaridad interna, excluyeron en gran medida a los ´extrañosª, cuya aceptación normalmente dependía de las reglas de hospitalidad, y de la necesidad de adquirir nuevos miembros para remplazar a los guerreros, cuando la guerra se tornaba cada vez más importante. Una gran parte de la historia es un relato del posterior crecimiento del ámbito civil masculino a expensas del ámbito doméstico social. Los hombres adquirieron una autoridad creciente sobre las comunidades primitivas como resultado de las guerras intertribales, de las luchas por el territorio de caza, y particularmente, de los conflictos generados por la necesidad de los pueblos agrícolas de apropiarse de grandes extensiones, que a su vez eran requeridas por los pueblos cazadores para sustentarse a sí mismos y sus modos de vida. </p>
<p>Fue a partir de este ámbito civil indiferenciado (si se me permite usar la palabra ´civilª en un sentido muy amplio) que surgieron la ´políticaª y el Estado. Esto no significa caer en la trampa ideológica de decir que lo político y el gobierno del Estado desde el comienzo fueron lo mismo. De hecho los dos a pesar de sus orígenes en el primitivo ámbito civil de los hombres, se encontraron en una marcada oposición. ´Los ropajes de la historia nunca están limpios y sin arrugas.ª La evolución de la sociedad, desde pequeños grupos sociales domésticos hasta sistemas autoritarios muy diferenciados y jerarquizados, que abarcaron vastos imperios territoriales, fue compleja e irregular. También las tradiciones domésticas y familiares, esto es las tradiciones sociales, desempeñaron en la formación de los Estados un rol a menudo comparable al de los valores civiles de los guerreros. Las aristocracias basadas en el linaje (sea femenino como masculino), que han persistido hasta los tiempos modernos, están impregnadas de valores sociales que fueron trasmitidos desde una época en que el parentesco, no la ciudadanía o la riqueza, determinaba el status y el poder de una persona. Los reinos despóticos primitivos como los de Egipto y Persia, para citar a los más notables, no eran considerados entidades civiles en sentido riguroso, sino como dominios domésticos de los monarcas. Fueron vistos como las vastas residencias de los reyes divinos y de sus familias, hasta que fueron divididos por familias menores en posesiones señoriales o feudales. </p>
<p>Fue la ´revolución urbanaª de la edad del bronce (para usar la expresión de V. Gordon Childe) que lentamente removió las arcaicas trabas sociales o domésticas que pesaban sobre el Estado, creando un terreno nuevo para la política. El surgimiento de las ciudades, frecuentemente en torno a templos, fortalezas militares, centros administrativos y mercados interregionales, creó las bases para una nueva forma de espacio político, más universal y secular. Con el tiempo, este espacio evolucionó lentamente hacia un tipo de esfera pública sin precedentes. Tratar de señalar una ciudad determinada como modelo de tal espacio sería buscar formas puras que no existen en la historia o en la teoría social. Pero podemos identificar ciudades que no fueron ni predominantemente sociales en un sentido doméstico, ni estatistas, y que dieron origen a una gestión de la sociedad completamente nueva. </p>
<p>Las más destacables de estas ciudades fueron los puertos de la antigua Grecia, las ciudades medievales de artesanos y comerciantes de Italia y de Europa central, también las ciudades modernas de los nuevos Estados nacionales en formación, como España, Inglaterra y Francia, que desarrollaron identidades propias y formas relativamente populares de participación ciudadana. Sus características ´pueblerinasª, aún patriarcales, no deberían impedirnos apreciar sus valores humanistas universales. Sería mezquino y antihistórico, desde un punto de vista moderno, poner el acento en los errores que las ciudades compartieron durante miles de años con el surgimiento de la ´civilizaciónª como tal. Lo más importante es que estas ciudades crearon, en mayor o menor medida, un ámbito radicalmente nuevo, de naturaleza política, fundado en formas limitadas, pero con frecuencia participativas, de democracia, y un nuevo concepto de personalidad cívica: el ciudadano. </p>
<p>Definida según sus raíces etimológicas, la política significó la gestión de la comunidad o polis por parte de sus propios miembros o ciudadanos, el desarrollo de un espacio público en el cual los ciudadanos podían reunirse, como el ágora de las democracias griegas, el foro de la república romana, el centro del pueblo de la comuna medieval, y la plaza de la ciudad renacentista. La política significó el reconocimiento de los derechos civiles para los extranjeros, o quienes no estaban vinculados a la población por lazos sanguíneos, es decir la idea de una humanitas universal, que se distinguía del concepto de ´genteª relacionada genealógicamente. Además de estos valores humanos fundamentales, la política estaba caracterizada por la creciente secularización de los asuntos sociales, un nuevo respeto por el individuo y una creciente consideración de criterios racionales de conducta por encima de los irreflexivos imperativos de la costumbre. </p>
<p>No quiero decir que con el surgimiento de las ciudades desaparecieron los privilegios, la desigualdad de derechos, las supersticiones, el respeto por la tradición, la desconfianza hacia los extranjeros. Durante los períodos más radicales y democráticos de la Revolución Francesa, por ejemplo, París estaba llena de miedos a las ´conspiraciones extranjerasª y de desconfianza xenófoba hacia los extraños. Las mujeres no compartieron totalmente las libertades de que gozaban los hombres. </p>
<p>Mi punto de vista, sin embargo, es que la ciudad creó algo realmente nuevo, que no puede quedar oculto en los pliegues de lo social o de lo estatal. Este espacio se redujo o amplió con el tiempo, pero nunca desapareció completamente de la historia. Se mantuvo en contraposición al Estado, el cual trató en varios grados de profesionalizar y centralizar el poder, a menudo volviéndose un fin en sí mismo, como lo mostraron el poder estatal del Egipto Ptolemaico, las monarquías absolutas europeas en el siglo XVII y los regímenes totalitarios de Rusia y China en el siglo actual. </p>
<p>El escenario de la política ha sido casi siempre la ciudad o el pueblo, o más genéricamente, la municipalidad. Para que una ciudad fuera políticamente viable, seguramente el tamaño era algo importante. Para los griegos, en particular para Aristóteles, el tamaño de una ciudad o polis debería ser tal que sus asuntos se pudieran discutir cara a cara, y que pudiera existir cierto grado de familiaridad entre sus ciudadanos. Estos requisitos, que no eran fijos ni inviolables, estaban concebidos para promover el desarrollo urbano, en un modo que directamente contrarrestaba el Estado. Siendo de tamaño moderado, la polis podía así ser organizada institucionalmente en modo tal que sus asuntos pudieran ser gestionados por hombres capaces, comprometidos con lo público, con un grado mínimo de representatividad, estrictamente controlado. Para que alguien pudiera ser capacitado para las funciones políticas, debía poseer ciertos recursos materiales. Se requería cierto tiempo libre, del cual se podía disponer, suponemos hoy, gracias al trabajo esclavo. </p>
<p>Sin embargo, de ningún modo es cierto que todos los ciudadanos griegos políticamente activos fueran propietarios de esclavos. Aún más importante que el tiempo libre era la formación del carácter y de la razón (concepto griego de paideia), que confería a los ciudadanos el decoro necesario para que las asambleas populares fueran viables. Era necesario un ideal de servicio público que prevaleciera sobre los impulsos egoístas y mezquinos, y que le diera al interés general el carácter de valor. Esto fue logrado estableciendo una compleja red de relaciones, que iban desde las amistades leales (concepto griego de filia) hasta el compartir experiencias en las festividades civiles y en el servicio militar. </p>
<p>El uso que hago de los términos griegos no debe ser interpretado como que la política fuera un fenómeno exclusivamente helénico. Necesidades similares surgieron y fueron tratadas de varias maneras en las ciudades libres de Europa y Nueva Inglaterra hasta tiempos relativamente recientes. En casi todos los casos, estas ciudades crearon una política que fue democrática en grados diversos, durante largos períodos, y que resurgió no sólo en la cuenca del Mediterráneo, sino también en Europa continental, en Inglaterra y en Norteamérica. Profundamente hostiles a los Estados centralizados, las ciudades libres y sus federaciones marcaron algunos de los hitos más importantes de la historia, verdaderas encrucijadas en que la humanidad tuvo la posibilidad de establecer sistemas sociales, basados en confederaciones municipales, o en Estados nacionales. </p>
<p>El nacionalismo, así como el estatismo, estaban tan arraigados en el pensamiento moderno, que la idea misma de política municipal ni siquiera fue considerada como una opción para la organización social. Tal como he observado, la política ha estado identificada completamente con el gobierno del Estado y la profesionalización del poder. Se ha pasado por alto el hecho de que el ámbito político y el Estado a menudo estuvieron en conflicto entre sí, estallando en sangrientas guerras civiles. Los grandes movimientos revolucionarios del pasado, desde la Revolución Inglesa de 1640 hasta los movimientos revolucionarios de nuestro siglo, estuvieron marcados por la participación de las comunidades, dependiendo su éxito de fuertes vínculos comunitarios. Los argumentos que continuamente se presentan en contra de la autonomía municipal demuestran que ésta es considerada peligrosa para los Estados nacionales. Fenómenos presumiblemente ´muertosª, como la comunidad libre y la democracia participativa, no deberían despertar reacciones tan fuertes, ni ser objeto de restricciones como las que todavía se aplican. </p>
<p>El surgimiento de las grandes megalópolis no ha eliminado la necesidad histórica de una política cívica y comunitaria, así como la expansión de las corporaciones multinacionales no ha suprimido la cuestión del nacionalismo. Ciudades como Nueva York, Londres, Francfort, Milán y Madrid pueden ser políticamente descentralizadas socializadas a nivel institucional, sea en redes de barrio o de distrito, a pesar de sus dimensiones estructurales y de su interdependencia interna. Realmente, el modo en que pueden funcionar si no se descentralizan estructuralmente es un asunto ecológico de capital importancia, como lo indican los problemas de la contaminación, del suministro de agua, de la criminalidad, de la calidad de la vida y del transporte. </p>
<p>La historia ha demostrado que las principales ciudades europeas, con poblaciones de hasta un millón de habitantes, con primitivos medios de comunicación, funcionaban mediante instituciones bien coordinadas, pero descentralizadas, que mostraban una extraordinaria vitalidad política. Desde las ciudades castellanas que estallaron en la revuelta de los comuneros de principios del siglo XVI, las secciones parisinas y las asambleas de principios del siglo XVIII, hasta el movimiento de ciudadanos de Madrid de los años sesenta, citando sólo unos pocos, los movimientos municipales en las grandes ciudades plantearon de manera crucial el problema de dónde debe residir el poder y cómo debería ser gestionada la vida social a nivel institucional. </p>
<p>Es bastante obvio que esa municipalidad puede ser tan estrecha de miras como una tribu, no menos hoy que en el pasado. Por tanto, cualquier movimiento municipal que no sea confederal, es decir que no se integre en una red de interrelaciones recíprocas con pueblos y ciudades de su propia región, no puede ser considerado como una entidad política real en un sentido tradicional, del mismo modo que un barrio que no reconoce la necesidad de cooperar con otros barrios de su misma ciudad. La confederación basada en responsabilidades compartidas, la plena responsabilidad de los delegados confederales frente a sus comunidades, el derecho de revocar a los representantes y la necesidad de establecer mandatos precisos, son partes indispensables de una nueva política. Argumentar que las ciudades y pueblos existentes reproducen el Estado nacional a nivel local, significa renunciar a todo compromiso de cambio social. La vida sería realmente maravillosa, quizás milagrosa, si naciéramos con la instrucción, la experiencia, la inteligencia y las habilidades necesarias para ejercer una profesión o cultivar una vocación deseable. Desgraciadamente, debemos realizar el esfuerzo de adquirir estas capacidades, y esto requiere lucha, discusión, educación y desarrollo. Probablemente tendría poco significado un enfoque municipalista radical que se redujera a ser un mero instrumento de un fácil cambio institucional. Hay que luchar por este objetivo si se desea alcanzarlo, del mismo modo que la lucha por una sociedad libre debe ser en sí misma tan liberadora y autotransformadora como la existencia de tal sociedad&#8217;. </p>
<p>El Estado plantea también serias cuestiones, que no pueden ser reducidas a una visión simplista y ahistórica. Si se lo concibe como un fenómeno en desarrollo, en el curso de la historia se sucedieron Estados nacientes, cuasiestados, Estados monárquicos, Estados feudales, Estados republicanos, Estados totalitarios que superaron a las tiranías más duras del pasado. Lamentablemente, no se ha prestado suficiente atención al hecho de que la capacidad de los Estados para ejercer plenamente su poder estuvo a menudo determinada por los obstáculos municipales que encontraron. Fue esencial para la consolidación del Estado nacional su habilidad para debilitar las estructuras de los pueblos y de las ciudades, sustituyéndolas por burocracias, policías y fuerzas militares. Una sutil interacción entre la municipalidad y el Estado, que a menudo estalló en conflictos abiertos, se ha dado a lo largo de la historia, configurando la imagen de la sociedad actual. </p>
<p>Es de gran importancia práctica que las instituciones, tradiciones y sentimientos preestatistas permanezcan vivos en grados diversos en la mayor parte del mundo. La resistencia a la usurpación de los Estados opresores ha sido apoyada por las redes comunitarias de ciudades, barrios y pueblos, tal como lo muestran las luchas en Sudáfrica, Medio Oriente y América Latina. Los temblores que ahora estremecen a la Rusia soviética no se deben solamente a las demandas de mayor libertad, sino también a los movimientos por las autonomías locales y regionales que desafían la existencia misma del Estado nacional centralizado. Ignorar las bases comunitarias de estos movimientos sería tan miope como ignorar la inestabilidad latente de todo Estado nacional. Y peor aún sería considerarlo como seguro y tratarlo según sus propios términos. Realmente, el hecho de que un Estado permanezca como tal o no (cuestión no poco importante para teóricos radicales tan dispares como Marx y Bakunin) depende mucho del poder de los movimientos locales, confederales y comunitarios, para contrarrestarlo y establecer ´otroª poder que lo reemplace. El papel principal que jugó el movimiento de ciudadanos madrileños hace casi tres décadas en el debilitamiento del régimen de Franco merecería con justicia un estudio importante. </p>
<p>A pesar de la visión marxista de un conflicto esencialmente económico entre el ´trabajo asalariadoª y el ´capitalª, los movimientos de clase revolucionarios del pasado no fueron simplemente movimientos industriales. Por ejemplo, el efímero movimiento de trabajadores parisinos, en gran parte integrado por artesanos, fue también un movimiento comunitario centrado en los barrios y nutrido por una rica vida barrial. Desde los levellers de Londres en el siglo XVII, hasta los anarcosindicalistas de Barcelona en nuestro siglo, la actividad radical estuvo sostenida por fuertes vínculos comunitarios, y por un espacio público conformado por calles, plazas y cafés. Esta vida municipal no puede ser ignorada en la práctica radical y debe ser recreada allí donde fue socavada por el Estado moderno. Una nueva política, enraizada en los pueblos, en los barrios, en las ciudades y en las regiones, es la única alternativa viable al parlamentarismo anémico que se está infiltrando en varios partidos verdes y en otros movimientos sociales similares. Los movimientos estrictamente sociales, comprometidos en cuestiones específicas como el poder nuclear, limitan su capacidad de convocatoria a los temas de los que se ocupan. Este tipo de militancia no debe ser confundida con la actividad radical de largo plazo, necesaria para transformar la conciencia, y en última instancia, a la misma sociedad. Tales movimientos tienen una existencia efímera aunque logren resultados positivos, pues carecen de las bases institucionales necesarias para crear movimientos duraderos de transformación social, y carecen de un ámbito donde situarse de forma permanente en la lucha política. Por otra parte, la municipalidad contiene una potencialidad explosiva. Crear redes locales y tratar de transformar las instituciones municipales que todavía reproducen el Estado, significa aceptar un desafío histórico, y realmente político, que ha existido durante siglos. Ciertos movimientos sociales nuevos están tratando de adquirir una perspectiva política que los introduzca en la escena política, de ahí la facilidad con que se deslizan hacia el parlamentarismo. Históricamente, la teoría libertaria siempre ha estado centrada en las ´comunasª, las ciudades libres reestructuradas que constituirían el tejido celular de una nueva sociedad. Ignorar el potencial de la ´comunaª porque aún no es libre, e impedir nuestro acceso a ella con consignas electorales (más apropiadas a una época de movimientos de masa obreros y campesinos) significa desatender un ámbito politico todavía inactivo, pero que podría dar vida y significado a la gran aspiración libertaria: una comuna de comunas.</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-170</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:58:25 +0000</pubDate>
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		<description>VISION LIBERTARIA DE HUMANIDAD Y NATURALEZA 
Ecología social, utopía del fin de siglo 
por Diana Cariboni 
http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435


Nacida en la tierra del despilfarro y el imperialismo, la ecología social realiza una crítica radical al ambientalismo, se nutre de la dialéctica de Hegel y las tradiciones anarquistas, entre otras, y encuentra en la existencia misma de la sociedad capitalista, asentada en los principios de la dominación y la jerarquía, la causa de la doble crisis social y ecológica que vive el planeta.


&quot;Por muy crucial que pueda parecer el deterioro de las instituciones y los valores, los problemas que aquejan a la sociedad actual no se agotan de ningún modo en dicha decadencia. Entremezclada con la crisis social yace una crisis que ha surgido directamente de la explotación que el hombre hace del planeta&quot;.

Lo anterior pertenece al libro &quot;Ecología de la Libertad&quot;, cuyo autor, el estadounidense Murray Bookchin, sentó las bases para lo que él definió como una disciplina específica para nuestra época: la ecología social.

Dan Chodorkoff, compañero de Bookchin y fundador y director del Institute for Social Ecology de Vermont, Estados Unidos, estuvo en Montevideo durante el mes de febrero. Chodorkoff es doctor en antropología e inició su militancia muy joven en diversos movimientos ecologistas e izquierdistas durante los años 60. El motivo de su viaje fue brindar un curso en el Instituto Latinoamericano de Ecología Social, ILES, donde expuso los fundamentos de este marco teórico.

La ecología social no es una ciencia, sino una forma de análisis filosófico y crítico de las relaciones entre los seres humanos y de éstos con el mundo natural al que pertenecen. Dicho estudio se efectúa a través de un abordaje interdisciplinario, aprovechando los aportes de la filosofía, la historia, la antropología, la biología y la ecología.

Procurando contextualizar los problemas contemporáneos, la investigación de la ecología social está orientada a la práctica.

Ecología y ambientalismo

La crisis ecológica es ante todo una crisis social. Por eso los ecólogos sociales no admiten que se los confunda con el extendido &quot;ambientalismo&quot;. Para Bookchin, el ambientalismo constituye &quot;una perspectiva mecanicista e instrumental que ve a la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto de &#039;objetos&#039; como animales, plantas y minerales, que deben administrarse del modo más aprovechable para el uso humano&quot;.

Para la ecología social, el ambientalismo no cuestiona la premisa básica de la sociedad actual: los seres humanos dominan y deben seguir dominando la naturaleza. Apenas plantea la necesidad de desarrollar nuevas técnicas para minimizar los peligros de la explotación indiscriminada del medio ambiente.

Puesto que la naturaleza incluye a los seres humanos, la ecología social considera que la ciencia debe examinar el papel que la humanidad juega en el mundo natural. Para esto no puede evadirse del análisis de &quot;la forma, la estructura y el contenido de las relaciones humanas con el mundo natural&quot;.

Dominación de la naturaleza

A partir de los aportes de la biología y la ecología, los ecólogos sociales rescatan la perspectiva ecológica como &quot;proceso liberador por sus desafiantes propuestas ante las nociones convencionales de jerarquía&quot;.

La dinámica natural no tiene leyes inmutables, sino tendencias y principios. Las supuestas &quot;leyes naturales&quot; constituyeron un concepto destructivo en el que se basó la biología social de Huxley y Spencer y el darwinismo social que justificó procesos como el colonialismo y el imperialismo.

Tendencias de la dinámica natural

De acuerdo a la ecología, los ecosistemas son una trama alimentaria o &quot;nexo circular de relaciones planta-animal, más que una pirámide estratificada con el ser humano en la cima&quot;. En este sistema cada especie integra &quot;una red de enlace interdependiente de todo el resto&quot;.

No existe la jerarquía en la naturaleza. Todas las representaciones tradicionales -la humilde hormiga, el rey león- no son más que proyecciones de las jerarquías sociales.

Desde el punto de vista antropológico, la jerarquía es poder y control institucionalizado. La ecología social niega a la jerarquía como principio estabilizador u ordenador del mundo natural y social.

La unidad en la diversidad es otro principio natural que asegura la estabilidad. En efecto, cuanto mayor es la biodiversidad más estable es un ecosistema. Cuantas menos especies se interrelacionan entre sí, crece la inestabilidad y el ecosistema es más vulnerable.

En las sociedades humanas la globalización y la imposición de un supuesto modelo cultural están provocando la pérdida o marginación de muchas culturas, hecho que va de la mano con la degradación ambiental.

Existe en el mundo natural otros principios que son factores del proceso evolutivo: la competencia y la predación. Pero estas tendencias fueron sobrevaloradas por la visión tradicional, reduciendo la importancia de principios como el mutualismo simbiótico.

La tendencia a la homeostasis, es decir la búsqueda permanente de la estabilidad como un balance dinámico, que permite una permanente adaptación a los cambios, es otro principio esencial de la naturaleza.

Naturaleza y naturaleza humana

La ecología social busca en las tendencias naturales los principios ordenadores de las relaciones humanas. Según los ecólogos sociales, la historia humana es en su origen tanto historia natural como social. Bookchin afirma que &quot;la humanidad es la naturaleza hecha conciencia de sí misma&quot;. Es así que la primera naturaleza (todo lo no humano) se proyecta sobre la segunda naturaleza (lo humano y social).

Comunidad, dimensión humana

En una búsqueda por el pasado humano la ecología social redimensiona los valores del ámbito comunitario que habilita relaciones horizontales, cara a cara, elementos fundamentales para una dinámica de participación y democracia directa.

Además de desterrar la jerarquía y la dominación, los ecólogos sociales proponen la acción cotidiana en la comunidad como forma de restauración de las relaciones armónicas de las personas entre sí y con su entorno.

Ya que el capitalismo obliga a la movilidad, el desarraigo y la masificación, destruyendo las economías locales y las particularidades culturales, las comunidades orgánicas o integradas serán ámbitos de recreación y afirmación de la identidad propia, profundizando los lazos de pertenencia personales y la propia cultura, en un sentido amplio.

La tradición utópica

Luego de estudiar el continium histórico del pensamiento utópico desde los gnósticos hasta la actualidad, la ecología social rescata la necesidad humana de este pensamiento, particularmente en los períodos de crisis.

&quot;Rara vez ha sido tan importante dirigir la imaginación hacia la creación de nuevas alternativas radicales para todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. Hoy, cuando la imaginación misma se está atrofiando o está siendo absorbida por los medios masivos de comunicación, la concretitud del pensamiento utopista bien puede ser su mejor tónico rejuvenecedor. El diálogo utopista, en toda su entidad, debe poblar las abstracciones de la teoría social&quot;. La utopía no es un modelo concreto de sociedad, sino un conjunto de principios.

La comunidad, por razones biológicas y culturales, aparece como la entidad por excelencia de este diálogo utópico. &quot;Los rudimentos de una sociedad ecológica probablemente estarán estructurados en torno a la comuna creada libremente, de dimensión humana e íntima en sus relaciones conscientemente cultivadas&quot;.

La comunidad compondrá en una escala mayor una comuna integrada por muchas comunidades. Estas comunas se vincularán confederalmente a través de ecosistemas, biorregiones y biomas.

Las formas de organización económica y social surgen más bien de la crítica al actual modelo que a otro completamente acabado. La ecología social cree en la necesidad de aprovechar los verdaderos logros de la ciencia y la tecnología, pero tiende a formas de producción más artesanales, donde los objetos producidos se conviertan en legados del pasado al futuro que pueden pasar de generación en generación, y no bienes desechables &quot;rápidamente sacrificados a los dioses de la obsolescencia&quot;.

Desarrollo ecológico

Como contrapartida al concepto de desarrollo capitalista y predatorio que se rige del principio &quot;cuanto más grande mejor&quot; así como de los meros intentos por controlarlo bajo la forma de &quot;sustentable&quot;, la ecología social propone un desarrollo holístico, comprometido con la vida comunitaria en sus aspectos culturales, de relaciones personales, así como en su economía y sensibilidad propias. Además este concepto de desarrollo debe considerar el impacto ambiental sobre la primera naturaleza, fuente de todo desarrollo.

Por otra parte, el desarrollo debe estar enfocado a la reproducción a través de la educación, el reciclaje de recursos, el mutuo cuidado, las técnicas regenerativas de producción de alimentos y las fuentes no contaminantes de energía.

Municipalismo libertario

Así se denomina la expresión política de la ecología social. Ya que la política es una práctica degradada a la manipulación masiva y la propaganda y su objetivo es el alcance del poder, el municipalismo libertario busca redefinir la acción política rescatando la tradición de participación local.

La política vuelve entonces a una idea de autogestión, con formas que permitan a las personas participar en las decisiones que los afectan. Para esto se requiere la creación de la &quot;esfera pública&quot;, es decir la comunidad, superando la alienación y el &quot;desempoderamiento&quot;.

En el municipio, por ejemplo, es posible la descentralización y la escala humana, que suplanten paulatinamente los gobiernos centralizados de las grandes ciudades.

No importa que estas experiencias al principio sean aisladas y en algunos casos fracasen. Lo valioso de la tarea inicial es su facultad educativa. Es necesario recuperar la práctica y la experiencia participativa de las personas y las comunidades.

Ya que el municipalismo libertario, que se asienta en la tradición anarquista, es el enfoque político del activismo ecológico, la estrategia de dirigir la lucha en movimientos reivindicativos y monotemáticos, como los reclamos del feminismo, las minorías discriminadas, etcétera, supone un esfuerzo cuya energía se agota en sí mismo, sin alcanzar nunca a las verdaderas causas de estos problemas.

Por eso la ecología social plantea superar los reclamos de los grupos y sectores hacia una visión de cambio estructural, sin abandonar los reclamos y las protestas puntuales.

El segundo aspecto de la práctica política es la acción reconstructiva, que sumada a la protesta y a la acción directa a nivel local son las tres direcciones en las que se despliega el municipalismo libertario. 



En Vermont

El Institute for Social Ecology (ISE) se encuentra en Vermont, Estados Unidos. Fue fundado por Murray Bookchin y Dan Chodorkoff y desarrolla tres vertientes de acción que propone la ecología social: investigación teórica, reconstrucción y activismo político. Apoyándose en la Educación Popular del brasileño Paulo Freire, el ISE cumple una tarea de educación formal y académica, que se combina con la investigación y el análisis. Por otra parte, despliega un esfuerzo en la educación extendida trabajando con comunidades en la difusión teórica de la ecología social y en técnicas reconstructivas: agricultura ecológica, reciclaje, uso de energías no contaminantes, etcétera.
El instituto se propone actuar en tres frentes: el frente urbano, en acción con comunidades, barrios y vecinos. El indígena -han trabajado con varios grupos como los Mohak- y el académico, procurando crear una &quot;intelligentsia&quot;.
En su acción internacional, el instituto pertenece a la Red Internacional de Ecología Social, que cuenta con grupos en Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Suecia y Uruguay, así como adherentes en México y Grecia.
Otro aspecto es la edición de libros y revistas, como la publicación &quot;Sociedad y Natura&quot;, (&quot;Democracia y Natura&quot; es su nuevo nombre).
Por otra parte, el ISE colabora y ha influenciado a algunos de los movimientos sociales más trascendentes como el movimiento antinuclear -fueron fundadores del Green Movement-, el ecofeminismo, el anti-racismo ambiental y el movimiento de tecnologías apropiadas. (D.C.) 
 


 
 


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Revista del Sur - Red del Tercer Mundo - Third World Network 
Secretaría para América Latina:  Jackson 1136, Montevideo 11200, Uruguay
Tel: (+598 2) 419 6192 / Fax: (+ 598 2) 401 9222
redtm@item.org.uy 
- 
www.redtercermundo.org.uy</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>VISION LIBERTARIA DE HUMANIDAD Y NATURALEZA<br />
Ecología social, utopía del fin de siglo<br />
por Diana Cariboni<br />
<a href="http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435" rel="nofollow">http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435</a></p>
<p>Nacida en la tierra del despilfarro y el imperialismo, la ecología social realiza una crítica radical al ambientalismo, se nutre de la dialéctica de Hegel y las tradiciones anarquistas, entre otras, y encuentra en la existencia misma de la sociedad capitalista, asentada en los principios de la dominación y la jerarquía, la causa de la doble crisis social y ecológica que vive el planeta.</p>
<p>&#8220;Por muy crucial que pueda parecer el deterioro de las instituciones y los valores, los problemas que aquejan a la sociedad actual no se agotan de ningún modo en dicha decadencia. Entremezclada con la crisis social yace una crisis que ha surgido directamente de la explotación que el hombre hace del planeta&#8221;.</p>
<p>Lo anterior pertenece al libro &#8220;Ecología de la Libertad&#8221;, cuyo autor, el estadounidense Murray Bookchin, sentó las bases para lo que él definió como una disciplina específica para nuestra época: la ecología social.</p>
<p>Dan Chodorkoff, compañero de Bookchin y fundador y director del Institute for Social Ecology de Vermont, Estados Unidos, estuvo en Montevideo durante el mes de febrero. Chodorkoff es doctor en antropología e inició su militancia muy joven en diversos movimientos ecologistas e izquierdistas durante los años 60. El motivo de su viaje fue brindar un curso en el Instituto Latinoamericano de Ecología Social, ILES, donde expuso los fundamentos de este marco teórico.</p>
<p>La ecología social no es una ciencia, sino una forma de análisis filosófico y crítico de las relaciones entre los seres humanos y de éstos con el mundo natural al que pertenecen. Dicho estudio se efectúa a través de un abordaje interdisciplinario, aprovechando los aportes de la filosofía, la historia, la antropología, la biología y la ecología.</p>
<p>Procurando contextualizar los problemas contemporáneos, la investigación de la ecología social está orientada a la práctica.</p>
<p>Ecología y ambientalismo</p>
<p>La crisis ecológica es ante todo una crisis social. Por eso los ecólogos sociales no admiten que se los confunda con el extendido &#8220;ambientalismo&#8221;. Para Bookchin, el ambientalismo constituye &#8220;una perspectiva mecanicista e instrumental que ve a la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto de &#8216;objetos&#8217; como animales, plantas y minerales, que deben administrarse del modo más aprovechable para el uso humano&#8221;.</p>
<p>Para la ecología social, el ambientalismo no cuestiona la premisa básica de la sociedad actual: los seres humanos dominan y deben seguir dominando la naturaleza. Apenas plantea la necesidad de desarrollar nuevas técnicas para minimizar los peligros de la explotación indiscriminada del medio ambiente.</p>
<p>Puesto que la naturaleza incluye a los seres humanos, la ecología social considera que la ciencia debe examinar el papel que la humanidad juega en el mundo natural. Para esto no puede evadirse del análisis de &#8220;la forma, la estructura y el contenido de las relaciones humanas con el mundo natural&#8221;.</p>
<p>Dominación de la naturaleza</p>
<p>A partir de los aportes de la biología y la ecología, los ecólogos sociales rescatan la perspectiva ecológica como &#8220;proceso liberador por sus desafiantes propuestas ante las nociones convencionales de jerarquía&#8221;.</p>
<p>La dinámica natural no tiene leyes inmutables, sino tendencias y principios. Las supuestas &#8220;leyes naturales&#8221; constituyeron un concepto destructivo en el que se basó la biología social de Huxley y Spencer y el darwinismo social que justificó procesos como el colonialismo y el imperialismo.</p>
<p>Tendencias de la dinámica natural</p>
<p>De acuerdo a la ecología, los ecosistemas son una trama alimentaria o &#8220;nexo circular de relaciones planta-animal, más que una pirámide estratificada con el ser humano en la cima&#8221;. En este sistema cada especie integra &#8220;una red de enlace interdependiente de todo el resto&#8221;.</p>
<p>No existe la jerarquía en la naturaleza. Todas las representaciones tradicionales -la humilde hormiga, el rey león- no son más que proyecciones de las jerarquías sociales.</p>
<p>Desde el punto de vista antropológico, la jerarquía es poder y control institucionalizado. La ecología social niega a la jerarquía como principio estabilizador u ordenador del mundo natural y social.</p>
<p>La unidad en la diversidad es otro principio natural que asegura la estabilidad. En efecto, cuanto mayor es la biodiversidad más estable es un ecosistema. Cuantas menos especies se interrelacionan entre sí, crece la inestabilidad y el ecosistema es más vulnerable.</p>
<p>En las sociedades humanas la globalización y la imposición de un supuesto modelo cultural están provocando la pérdida o marginación de muchas culturas, hecho que va de la mano con la degradación ambiental.</p>
<p>Existe en el mundo natural otros principios que son factores del proceso evolutivo: la competencia y la predación. Pero estas tendencias fueron sobrevaloradas por la visión tradicional, reduciendo la importancia de principios como el mutualismo simbiótico.</p>
<p>La tendencia a la homeostasis, es decir la búsqueda permanente de la estabilidad como un balance dinámico, que permite una permanente adaptación a los cambios, es otro principio esencial de la naturaleza.</p>
<p>Naturaleza y naturaleza humana</p>
<p>La ecología social busca en las tendencias naturales los principios ordenadores de las relaciones humanas. Según los ecólogos sociales, la historia humana es en su origen tanto historia natural como social. Bookchin afirma que &#8220;la humanidad es la naturaleza hecha conciencia de sí misma&#8221;. Es así que la primera naturaleza (todo lo no humano) se proyecta sobre la segunda naturaleza (lo humano y social).</p>
<p>Comunidad, dimensión humana</p>
<p>En una búsqueda por el pasado humano la ecología social redimensiona los valores del ámbito comunitario que habilita relaciones horizontales, cara a cara, elementos fundamentales para una dinámica de participación y democracia directa.</p>
<p>Además de desterrar la jerarquía y la dominación, los ecólogos sociales proponen la acción cotidiana en la comunidad como forma de restauración de las relaciones armónicas de las personas entre sí y con su entorno.</p>
<p>Ya que el capitalismo obliga a la movilidad, el desarraigo y la masificación, destruyendo las economías locales y las particularidades culturales, las comunidades orgánicas o integradas serán ámbitos de recreación y afirmación de la identidad propia, profundizando los lazos de pertenencia personales y la propia cultura, en un sentido amplio.</p>
<p>La tradición utópica</p>
<p>Luego de estudiar el continium histórico del pensamiento utópico desde los gnósticos hasta la actualidad, la ecología social rescata la necesidad humana de este pensamiento, particularmente en los períodos de crisis.</p>
<p>&#8220;Rara vez ha sido tan importante dirigir la imaginación hacia la creación de nuevas alternativas radicales para todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. Hoy, cuando la imaginación misma se está atrofiando o está siendo absorbida por los medios masivos de comunicación, la concretitud del pensamiento utopista bien puede ser su mejor tónico rejuvenecedor. El diálogo utopista, en toda su entidad, debe poblar las abstracciones de la teoría social&#8221;. La utopía no es un modelo concreto de sociedad, sino un conjunto de principios.</p>
<p>La comunidad, por razones biológicas y culturales, aparece como la entidad por excelencia de este diálogo utópico. &#8220;Los rudimentos de una sociedad ecológica probablemente estarán estructurados en torno a la comuna creada libremente, de dimensión humana e íntima en sus relaciones conscientemente cultivadas&#8221;.</p>
<p>La comunidad compondrá en una escala mayor una comuna integrada por muchas comunidades. Estas comunas se vincularán confederalmente a través de ecosistemas, biorregiones y biomas.</p>
<p>Las formas de organización económica y social surgen más bien de la crítica al actual modelo que a otro completamente acabado. La ecología social cree en la necesidad de aprovechar los verdaderos logros de la ciencia y la tecnología, pero tiende a formas de producción más artesanales, donde los objetos producidos se conviertan en legados del pasado al futuro que pueden pasar de generación en generación, y no bienes desechables &#8220;rápidamente sacrificados a los dioses de la obsolescencia&#8221;.</p>
<p>Desarrollo ecológico</p>
<p>Como contrapartida al concepto de desarrollo capitalista y predatorio que se rige del principio &#8220;cuanto más grande mejor&#8221; así como de los meros intentos por controlarlo bajo la forma de &#8220;sustentable&#8221;, la ecología social propone un desarrollo holístico, comprometido con la vida comunitaria en sus aspectos culturales, de relaciones personales, así como en su economía y sensibilidad propias. Además este concepto de desarrollo debe considerar el impacto ambiental sobre la primera naturaleza, fuente de todo desarrollo.</p>
<p>Por otra parte, el desarrollo debe estar enfocado a la reproducción a través de la educación, el reciclaje de recursos, el mutuo cuidado, las técnicas regenerativas de producción de alimentos y las fuentes no contaminantes de energía.</p>
<p>Municipalismo libertario</p>
<p>Así se denomina la expresión política de la ecología social. Ya que la política es una práctica degradada a la manipulación masiva y la propaganda y su objetivo es el alcance del poder, el municipalismo libertario busca redefinir la acción política rescatando la tradición de participación local.</p>
<p>La política vuelve entonces a una idea de autogestión, con formas que permitan a las personas participar en las decisiones que los afectan. Para esto se requiere la creación de la &#8220;esfera pública&#8221;, es decir la comunidad, superando la alienación y el &#8220;desempoderamiento&#8221;.</p>
<p>En el municipio, por ejemplo, es posible la descentralización y la escala humana, que suplanten paulatinamente los gobiernos centralizados de las grandes ciudades.</p>
<p>No importa que estas experiencias al principio sean aisladas y en algunos casos fracasen. Lo valioso de la tarea inicial es su facultad educativa. Es necesario recuperar la práctica y la experiencia participativa de las personas y las comunidades.</p>
<p>Ya que el municipalismo libertario, que se asienta en la tradición anarquista, es el enfoque político del activismo ecológico, la estrategia de dirigir la lucha en movimientos reivindicativos y monotemáticos, como los reclamos del feminismo, las minorías discriminadas, etcétera, supone un esfuerzo cuya energía se agota en sí mismo, sin alcanzar nunca a las verdaderas causas de estos problemas.</p>
<p>Por eso la ecología social plantea superar los reclamos de los grupos y sectores hacia una visión de cambio estructural, sin abandonar los reclamos y las protestas puntuales.</p>
<p>El segundo aspecto de la práctica política es la acción reconstructiva, que sumada a la protesta y a la acción directa a nivel local son las tres direcciones en las que se despliega el municipalismo libertario. </p>
<p>En Vermont</p>
<p>El Institute for Social Ecology (ISE) se encuentra en Vermont, Estados Unidos. Fue fundado por Murray Bookchin y Dan Chodorkoff y desarrolla tres vertientes de acción que propone la ecología social: investigación teórica, reconstrucción y activismo político. Apoyándose en la Educación Popular del brasileño Paulo Freire, el ISE cumple una tarea de educación formal y académica, que se combina con la investigación y el análisis. Por otra parte, despliega un esfuerzo en la educación extendida trabajando con comunidades en la difusión teórica de la ecología social y en técnicas reconstructivas: agricultura ecológica, reciclaje, uso de energías no contaminantes, etcétera.<br />
El instituto se propone actuar en tres frentes: el frente urbano, en acción con comunidades, barrios y vecinos. El indígena -han trabajado con varios grupos como los Mohak- y el académico, procurando crear una &#8220;intelligentsia&#8221;.<br />
En su acción internacional, el instituto pertenece a la Red Internacional de Ecología Social, que cuenta con grupos en Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Suecia y Uruguay, así como adherentes en México y Grecia.<br />
Otro aspecto es la edición de libros y revistas, como la publicación &#8220;Sociedad y Natura&#8221;, (&#8220;Democracia y Natura&#8221; es su nuevo nombre).<br />
Por otra parte, el ISE colabora y ha influenciado a algunos de los movimientos sociales más trascendentes como el movimiento antinuclear -fueron fundadores del Green Movement-, el ecofeminismo, el anti-racismo ambiental y el movimiento de tecnologías apropiadas. (D.C.) </p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</p>
<p>Revista del Sur &#8211; Red del Tercer Mundo &#8211; Third World Network<br />
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-171</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:56:11 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=762#comment-171</guid>
		<description>VISION LIBERTARIA DE HUMANIDAD Y NATURALEZA 
Ecología social, utopía del fin de siglo 
por Diana Cariboni 
http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435

Nacida en la tierra del despilfarro y el imperialismo, la ecología social realiza una crítica radical al ambientalismo, se nutre de la dialéctica de Hegel y las tradiciones anarquistas, entre otras, y encuentra en la existencia misma de la sociedad capitalista, asentada en los principios de la dominación y la jerarquía, la causa de la doble crisis social y ecológica que vive el planeta.


&quot;Por muy crucial que pueda parecer el deterioro de las instituciones y los valores, los problemas que aquejan a la sociedad actual no se agotan de ningún modo en dicha decadencia. Entremezclada con la crisis social yace una crisis que ha surgido directamente de la explotación que el hombre hace del planeta&quot;.

Lo anterior pertenece al libro &quot;Ecología de la Libertad&quot;, cuyo autor, el estadounidense Murray Bookchin, sentó las bases para lo que él definió como una disciplina específica para nuestra época: la ecología social.

Dan Chodorkoff, compañero de Bookchin y fundador y director del Institute for Social Ecology de Vermont, Estados Unidos, estuvo en Montevideo durante el mes de febrero. Chodorkoff es doctor en antropología e inició su militancia muy joven en diversos movimientos ecologistas e izquierdistas durante los años 60. El motivo de su viaje fue brindar un curso en el Instituto Latinoamericano de Ecología Social, ILES, donde expuso los fundamentos de este marco teórico.

La ecología social no es una ciencia, sino una forma de análisis filosófico y crítico de las relaciones entre los seres humanos y de éstos con el mundo natural al que pertenecen. Dicho estudio se efectúa a través de un abordaje interdisciplinario, aprovechando los aportes de la filosofía, la historia, la antropología, la biología y la ecología.

Procurando contextualizar los problemas contemporáneos, la investigación de la ecología social está orientada a la práctica.

Ecología y ambientalismo

La crisis ecológica es ante todo una crisis social. Por eso los ecólogos sociales no admiten que se los confunda con el extendido &quot;ambientalismo&quot;. Para Bookchin, el ambientalismo constituye &quot;una perspectiva mecanicista e instrumental que ve a la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto de &#039;objetos&#039; como animales, plantas y minerales, que deben administrarse del modo más aprovechable para el uso humano&quot;.

Para la ecología social, el ambientalismo no cuestiona la premisa básica de la sociedad actual: los seres humanos dominan y deben seguir dominando la naturaleza. Apenas plantea la necesidad de desarrollar nuevas técnicas para minimizar los peligros de la explotación indiscriminada del medio ambiente.

Puesto que la naturaleza incluye a los seres humanos, la ecología social considera que la ciencia debe examinar el papel que la humanidad juega en el mundo natural. Para esto no puede evadirse del análisis de &quot;la forma, la estructura y el contenido de las relaciones humanas con el mundo natural&quot;.

Dominación de la naturaleza

A partir de los aportes de la biología y la ecología, los ecólogos sociales rescatan la perspectiva ecológica como &quot;proceso liberador por sus desafiantes propuestas ante las nociones convencionales de jerarquía&quot;.

La dinámica natural no tiene leyes inmutables, sino tendencias y principios. Las supuestas &quot;leyes naturales&quot; constituyeron un concepto destructivo en el que se basó la biología social de Huxley y Spencer y el darwinismo social que justificó procesos como el colonialismo y el imperialismo.

Tendencias de la dinámica natural

De acuerdo a la ecología, los ecosistemas son una trama alimentaria o &quot;nexo circular de relaciones planta-animal, más que una pirámide estratificada con el ser humano en la cima&quot;. En este sistema cada especie integra &quot;una red de enlace interdependiente de todo el resto&quot;.

No existe la jerarquía en la naturaleza. Todas las representaciones tradicionales -la humilde hormiga, el rey león- no son más que proyecciones de las jerarquías sociales.

Desde el punto de vista antropológico, la jerarquía es poder y control institucionalizado. La ecología social niega a la jerarquía como principio estabilizador u ordenador del mundo natural y social.

La unidad en la diversidad es otro principio natural que asegura la estabilidad. En efecto, cuanto mayor es la biodiversidad más estable es un ecosistema. Cuantas menos especies se interrelacionan entre sí, crece la inestabilidad y el ecosistema es más vulnerable.

En las sociedades humanas la globalización y la imposición de un supuesto modelo cultural están provocando la pérdida o marginación de muchas culturas, hecho que va de la mano con la degradación ambiental.

Existe en el mundo natural otros principios que son factores del proceso evolutivo: la competencia y la predación. Pero estas tendencias fueron sobrevaloradas por la visión tradicional, reduciendo la importancia de principios como el mutualismo simbiótico.

La tendencia a la homeostasis, es decir la búsqueda permanente de la estabilidad como un balance dinámico, que permite una permanente adaptación a los cambios, es otro principio esencial de la naturaleza.

Naturaleza y naturaleza humana

La ecología social busca en las tendencias naturales los principios ordenadores de las relaciones humanas. Según los ecólogos sociales, la historia humana es en su origen tanto historia natural como social. Bookchin afirma que &quot;la humanidad es la naturaleza hecha conciencia de sí misma&quot;. Es así que la primera naturaleza (todo lo no humano) se proyecta sobre la segunda naturaleza (lo humano y social).

Comunidad, dimensión humana

En una búsqueda por el pasado humano la ecología social redimensiona los valores del ámbito comunitario que habilita relaciones horizontales, cara a cara, elementos fundamentales para una dinámica de participación y democracia directa.

Además de desterrar la jerarquía y la dominación, los ecólogos sociales proponen la acción cotidiana en la comunidad como forma de restauración de las relaciones armónicas de las personas entre sí y con su entorno.

Ya que el capitalismo obliga a la movilidad, el desarraigo y la masificación, destruyendo las economías locales y las particularidades culturales, las comunidades orgánicas o integradas serán ámbitos de recreación y afirmación de la identidad propia, profundizando los lazos de pertenencia personales y la propia cultura, en un sentido amplio.

La tradición utópica

Luego de estudiar el continium histórico del pensamiento utópico desde los gnósticos hasta la actualidad, la ecología social rescata la necesidad humana de este pensamiento, particularmente en los períodos de crisis.

&quot;Rara vez ha sido tan importante dirigir la imaginación hacia la creación de nuevas alternativas radicales para todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. Hoy, cuando la imaginación misma se está atrofiando o está siendo absorbida por los medios masivos de comunicación, la concretitud del pensamiento utopista bien puede ser su mejor tónico rejuvenecedor. El diálogo utopista, en toda su entidad, debe poblar las abstracciones de la teoría social&quot;. La utopía no es un modelo concreto de sociedad, sino un conjunto de principios.

La comunidad, por razones biológicas y culturales, aparece como la entidad por excelencia de este diálogo utópico. &quot;Los rudimentos de una sociedad ecológica probablemente estarán estructurados en torno a la comuna creada libremente, de dimensión humana e íntima en sus relaciones conscientemente cultivadas&quot;.

La comunidad compondrá en una escala mayor una comuna integrada por muchas comunidades. Estas comunas se vincularán confederalmente a través de ecosistemas, biorregiones y biomas.

Las formas de organización económica y social surgen más bien de la crítica al actual modelo que a otro completamente acabado. La ecología social cree en la necesidad de aprovechar los verdaderos logros de la ciencia y la tecnología, pero tiende a formas de producción más artesanales, donde los objetos producidos se conviertan en legados del pasado al futuro que pueden pasar de generación en generación, y no bienes desechables &quot;rápidamente sacrificados a los dioses de la obsolescencia&quot;.

Desarrollo ecológico

Como contrapartida al concepto de desarrollo capitalista y predatorio que se rige del principio &quot;cuanto más grande mejor&quot; así como de los meros intentos por controlarlo bajo la forma de &quot;sustentable&quot;, la ecología social propone un desarrollo holístico, comprometido con la vida comunitaria en sus aspectos culturales, de relaciones personales, así como en su economía y sensibilidad propias. Además este concepto de desarrollo debe considerar el impacto ambiental sobre la primera naturaleza, fuente de todo desarrollo.

Por otra parte, el desarrollo debe estar enfocado a la reproducción a través de la educación, el reciclaje de recursos, el mutuo cuidado, las técnicas regenerativas de producción de alimentos y las fuentes no contaminantes de energía.

Municipalismo libertario

Así se denomina la expresión política de la ecología social. Ya que la política es una práctica degradada a la manipulación masiva y la propaganda y su objetivo es el alcance del poder, el municipalismo libertario busca redefinir la acción política rescatando la tradición de participación local.

La política vuelve entonces a una idea de autogestión, con formas que permitan a las personas participar en las decisiones que los afectan. Para esto se requiere la creación de la &quot;esfera pública&quot;, es decir la comunidad, superando la alienación y el &quot;desempoderamiento&quot;.

En el municipio, por ejemplo, es posible la descentralización y la escala humana, que suplanten paulatinamente los gobiernos centralizados de las grandes ciudades.

No importa que estas experiencias al principio sean aisladas y en algunos casos fracasen. Lo valioso de la tarea inicial es su facultad educativa. Es necesario recuperar la práctica y la experiencia participativa de las personas y las comunidades.

Ya que el municipalismo libertario, que se asienta en la tradición anarquista, es el enfoque político del activismo ecológico, la estrategia de dirigir la lucha en movimientos reivindicativos y monotemáticos, como los reclamos del feminismo, las minorías discriminadas, etcétera, supone un esfuerzo cuya energía se agota en sí mismo, sin alcanzar nunca a las verdaderas causas de estos problemas.

Por eso la ecología social plantea superar los reclamos de los grupos y sectores hacia una visión de cambio estructural, sin abandonar los reclamos y las protestas puntuales.

El segundo aspecto de la práctica política es la acción reconstructiva, que sumada a la protesta y a la acción directa a nivel local son las tres direcciones en las que se despliega el municipalismo libertario. 



En Vermont

El Institute for Social Ecology (ISE) se encuentra en Vermont, Estados Unidos. Fue fundado por Murray Bookchin y Dan Chodorkoff y desarrolla tres vertientes de acción que propone la ecología social: investigación teórica, reconstrucción y activismo político. Apoyándose en la Educación Popular del brasileño Paulo Freire, el ISE cumple una tarea de educación formal y académica, que se combina con la investigación y el análisis. Por otra parte, despliega un esfuerzo en la educación extendida trabajando con comunidades en la difusión teórica de la ecología social y en técnicas reconstructivas: agricultura ecológica, reciclaje, uso de energías no contaminantes, etcétera.
El instituto se propone actuar en tres frentes: el frente urbano, en acción con comunidades, barrios y vecinos. El indígena -han trabajado con varios grupos como los Mohak- y el académico, procurando crear una &quot;intelligentsia&quot;.
En su acción internacional, el instituto pertenece a la Red Internacional de Ecología Social, que cuenta con grupos en Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Suecia y Uruguay, así como adherentes en México y Grecia.
Otro aspecto es la edición de libros y revistas, como la publicación &quot;Sociedad y Natura&quot;, (&quot;Democracia y Natura&quot; es su nuevo nombre).
Por otra parte, el ISE colabora y ha influenciado a algunos de los movimientos sociales más trascendentes como el movimiento antinuclear -fueron fundadores del Green Movement-, el ecofeminismo, el anti-racismo ambiental y el movimiento de tecnologías apropiadas. (D.C.) 
 
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Revista del Sur - Red del Tercer Mundo - Third World Network 
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		<content:encoded><![CDATA[<p>VISION LIBERTARIA DE HUMANIDAD Y NATURALEZA<br />
Ecología social, utopía del fin de siglo<br />
por Diana Cariboni<br />
<a href="http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435" rel="nofollow">http://www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1435</a></p>
<p>Nacida en la tierra del despilfarro y el imperialismo, la ecología social realiza una crítica radical al ambientalismo, se nutre de la dialéctica de Hegel y las tradiciones anarquistas, entre otras, y encuentra en la existencia misma de la sociedad capitalista, asentada en los principios de la dominación y la jerarquía, la causa de la doble crisis social y ecológica que vive el planeta.</p>
<p>&#8220;Por muy crucial que pueda parecer el deterioro de las instituciones y los valores, los problemas que aquejan a la sociedad actual no se agotan de ningún modo en dicha decadencia. Entremezclada con la crisis social yace una crisis que ha surgido directamente de la explotación que el hombre hace del planeta&#8221;.</p>
<p>Lo anterior pertenece al libro &#8220;Ecología de la Libertad&#8221;, cuyo autor, el estadounidense Murray Bookchin, sentó las bases para lo que él definió como una disciplina específica para nuestra época: la ecología social.</p>
<p>Dan Chodorkoff, compañero de Bookchin y fundador y director del Institute for Social Ecology de Vermont, Estados Unidos, estuvo en Montevideo durante el mes de febrero. Chodorkoff es doctor en antropología e inició su militancia muy joven en diversos movimientos ecologistas e izquierdistas durante los años 60. El motivo de su viaje fue brindar un curso en el Instituto Latinoamericano de Ecología Social, ILES, donde expuso los fundamentos de este marco teórico.</p>
<p>La ecología social no es una ciencia, sino una forma de análisis filosófico y crítico de las relaciones entre los seres humanos y de éstos con el mundo natural al que pertenecen. Dicho estudio se efectúa a través de un abordaje interdisciplinario, aprovechando los aportes de la filosofía, la historia, la antropología, la biología y la ecología.</p>
<p>Procurando contextualizar los problemas contemporáneos, la investigación de la ecología social está orientada a la práctica.</p>
<p>Ecología y ambientalismo</p>
<p>La crisis ecológica es ante todo una crisis social. Por eso los ecólogos sociales no admiten que se los confunda con el extendido &#8220;ambientalismo&#8221;. Para Bookchin, el ambientalismo constituye &#8220;una perspectiva mecanicista e instrumental que ve a la naturaleza como un hábitat pasivo, compuesto de &#8216;objetos&#8217; como animales, plantas y minerales, que deben administrarse del modo más aprovechable para el uso humano&#8221;.</p>
<p>Para la ecología social, el ambientalismo no cuestiona la premisa básica de la sociedad actual: los seres humanos dominan y deben seguir dominando la naturaleza. Apenas plantea la necesidad de desarrollar nuevas técnicas para minimizar los peligros de la explotación indiscriminada del medio ambiente.</p>
<p>Puesto que la naturaleza incluye a los seres humanos, la ecología social considera que la ciencia debe examinar el papel que la humanidad juega en el mundo natural. Para esto no puede evadirse del análisis de &#8220;la forma, la estructura y el contenido de las relaciones humanas con el mundo natural&#8221;.</p>
<p>Dominación de la naturaleza</p>
<p>A partir de los aportes de la biología y la ecología, los ecólogos sociales rescatan la perspectiva ecológica como &#8220;proceso liberador por sus desafiantes propuestas ante las nociones convencionales de jerarquía&#8221;.</p>
<p>La dinámica natural no tiene leyes inmutables, sino tendencias y principios. Las supuestas &#8220;leyes naturales&#8221; constituyeron un concepto destructivo en el que se basó la biología social de Huxley y Spencer y el darwinismo social que justificó procesos como el colonialismo y el imperialismo.</p>
<p>Tendencias de la dinámica natural</p>
<p>De acuerdo a la ecología, los ecosistemas son una trama alimentaria o &#8220;nexo circular de relaciones planta-animal, más que una pirámide estratificada con el ser humano en la cima&#8221;. En este sistema cada especie integra &#8220;una red de enlace interdependiente de todo el resto&#8221;.</p>
<p>No existe la jerarquía en la naturaleza. Todas las representaciones tradicionales -la humilde hormiga, el rey león- no son más que proyecciones de las jerarquías sociales.</p>
<p>Desde el punto de vista antropológico, la jerarquía es poder y control institucionalizado. La ecología social niega a la jerarquía como principio estabilizador u ordenador del mundo natural y social.</p>
<p>La unidad en la diversidad es otro principio natural que asegura la estabilidad. En efecto, cuanto mayor es la biodiversidad más estable es un ecosistema. Cuantas menos especies se interrelacionan entre sí, crece la inestabilidad y el ecosistema es más vulnerable.</p>
<p>En las sociedades humanas la globalización y la imposición de un supuesto modelo cultural están provocando la pérdida o marginación de muchas culturas, hecho que va de la mano con la degradación ambiental.</p>
<p>Existe en el mundo natural otros principios que son factores del proceso evolutivo: la competencia y la predación. Pero estas tendencias fueron sobrevaloradas por la visión tradicional, reduciendo la importancia de principios como el mutualismo simbiótico.</p>
<p>La tendencia a la homeostasis, es decir la búsqueda permanente de la estabilidad como un balance dinámico, que permite una permanente adaptación a los cambios, es otro principio esencial de la naturaleza.</p>
<p>Naturaleza y naturaleza humana</p>
<p>La ecología social busca en las tendencias naturales los principios ordenadores de las relaciones humanas. Según los ecólogos sociales, la historia humana es en su origen tanto historia natural como social. Bookchin afirma que &#8220;la humanidad es la naturaleza hecha conciencia de sí misma&#8221;. Es así que la primera naturaleza (todo lo no humano) se proyecta sobre la segunda naturaleza (lo humano y social).</p>
<p>Comunidad, dimensión humana</p>
<p>En una búsqueda por el pasado humano la ecología social redimensiona los valores del ámbito comunitario que habilita relaciones horizontales, cara a cara, elementos fundamentales para una dinámica de participación y democracia directa.</p>
<p>Además de desterrar la jerarquía y la dominación, los ecólogos sociales proponen la acción cotidiana en la comunidad como forma de restauración de las relaciones armónicas de las personas entre sí y con su entorno.</p>
<p>Ya que el capitalismo obliga a la movilidad, el desarraigo y la masificación, destruyendo las economías locales y las particularidades culturales, las comunidades orgánicas o integradas serán ámbitos de recreación y afirmación de la identidad propia, profundizando los lazos de pertenencia personales y la propia cultura, en un sentido amplio.</p>
<p>La tradición utópica</p>
<p>Luego de estudiar el continium histórico del pensamiento utópico desde los gnósticos hasta la actualidad, la ecología social rescata la necesidad humana de este pensamiento, particularmente en los períodos de crisis.</p>
<p>&#8220;Rara vez ha sido tan importante dirigir la imaginación hacia la creación de nuevas alternativas radicales para todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. Hoy, cuando la imaginación misma se está atrofiando o está siendo absorbida por los medios masivos de comunicación, la concretitud del pensamiento utopista bien puede ser su mejor tónico rejuvenecedor. El diálogo utopista, en toda su entidad, debe poblar las abstracciones de la teoría social&#8221;. La utopía no es un modelo concreto de sociedad, sino un conjunto de principios.</p>
<p>La comunidad, por razones biológicas y culturales, aparece como la entidad por excelencia de este diálogo utópico. &#8220;Los rudimentos de una sociedad ecológica probablemente estarán estructurados en torno a la comuna creada libremente, de dimensión humana e íntima en sus relaciones conscientemente cultivadas&#8221;.</p>
<p>La comunidad compondrá en una escala mayor una comuna integrada por muchas comunidades. Estas comunas se vincularán confederalmente a través de ecosistemas, biorregiones y biomas.</p>
<p>Las formas de organización económica y social surgen más bien de la crítica al actual modelo que a otro completamente acabado. La ecología social cree en la necesidad de aprovechar los verdaderos logros de la ciencia y la tecnología, pero tiende a formas de producción más artesanales, donde los objetos producidos se conviertan en legados del pasado al futuro que pueden pasar de generación en generación, y no bienes desechables &#8220;rápidamente sacrificados a los dioses de la obsolescencia&#8221;.</p>
<p>Desarrollo ecológico</p>
<p>Como contrapartida al concepto de desarrollo capitalista y predatorio que se rige del principio &#8220;cuanto más grande mejor&#8221; así como de los meros intentos por controlarlo bajo la forma de &#8220;sustentable&#8221;, la ecología social propone un desarrollo holístico, comprometido con la vida comunitaria en sus aspectos culturales, de relaciones personales, así como en su economía y sensibilidad propias. Además este concepto de desarrollo debe considerar el impacto ambiental sobre la primera naturaleza, fuente de todo desarrollo.</p>
<p>Por otra parte, el desarrollo debe estar enfocado a la reproducción a través de la educación, el reciclaje de recursos, el mutuo cuidado, las técnicas regenerativas de producción de alimentos y las fuentes no contaminantes de energía.</p>
<p>Municipalismo libertario</p>
<p>Así se denomina la expresión política de la ecología social. Ya que la política es una práctica degradada a la manipulación masiva y la propaganda y su objetivo es el alcance del poder, el municipalismo libertario busca redefinir la acción política rescatando la tradición de participación local.</p>
<p>La política vuelve entonces a una idea de autogestión, con formas que permitan a las personas participar en las decisiones que los afectan. Para esto se requiere la creación de la &#8220;esfera pública&#8221;, es decir la comunidad, superando la alienación y el &#8220;desempoderamiento&#8221;.</p>
<p>En el municipio, por ejemplo, es posible la descentralización y la escala humana, que suplanten paulatinamente los gobiernos centralizados de las grandes ciudades.</p>
<p>No importa que estas experiencias al principio sean aisladas y en algunos casos fracasen. Lo valioso de la tarea inicial es su facultad educativa. Es necesario recuperar la práctica y la experiencia participativa de las personas y las comunidades.</p>
<p>Ya que el municipalismo libertario, que se asienta en la tradición anarquista, es el enfoque político del activismo ecológico, la estrategia de dirigir la lucha en movimientos reivindicativos y monotemáticos, como los reclamos del feminismo, las minorías discriminadas, etcétera, supone un esfuerzo cuya energía se agota en sí mismo, sin alcanzar nunca a las verdaderas causas de estos problemas.</p>
<p>Por eso la ecología social plantea superar los reclamos de los grupos y sectores hacia una visión de cambio estructural, sin abandonar los reclamos y las protestas puntuales.</p>
<p>El segundo aspecto de la práctica política es la acción reconstructiva, que sumada a la protesta y a la acción directa a nivel local son las tres direcciones en las que se despliega el municipalismo libertario. </p>
<p>En Vermont</p>
<p>El Institute for Social Ecology (ISE) se encuentra en Vermont, Estados Unidos. Fue fundado por Murray Bookchin y Dan Chodorkoff y desarrolla tres vertientes de acción que propone la ecología social: investigación teórica, reconstrucción y activismo político. Apoyándose en la Educación Popular del brasileño Paulo Freire, el ISE cumple una tarea de educación formal y académica, que se combina con la investigación y el análisis. Por otra parte, despliega un esfuerzo en la educación extendida trabajando con comunidades en la difusión teórica de la ecología social y en técnicas reconstructivas: agricultura ecológica, reciclaje, uso de energías no contaminantes, etcétera.<br />
El instituto se propone actuar en tres frentes: el frente urbano, en acción con comunidades, barrios y vecinos. El indígena -han trabajado con varios grupos como los Mohak- y el académico, procurando crear una &#8220;intelligentsia&#8221;.<br />
En su acción internacional, el instituto pertenece a la Red Internacional de Ecología Social, que cuenta con grupos en Alemania, Gran Bretaña, Noruega, Suecia y Uruguay, así como adherentes en México y Grecia.<br />
Otro aspecto es la edición de libros y revistas, como la publicación &#8220;Sociedad y Natura&#8221;, (&#8220;Democracia y Natura&#8221; es su nuevo nombre).<br />
Por otra parte, el ISE colabora y ha influenciado a algunos de los movimientos sociales más trascendentes como el movimiento antinuclear -fueron fundadores del Green Movement-, el ecofeminismo, el anti-racismo ambiental y el movimiento de tecnologías apropiadas. (D.C.) </p>
<p>fuente:<br />
Revista del Sur &#8211; Red del Tercer Mundo &#8211; Third World Network<br />
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Tel: (+598 2) 419 6192 / Fax: (+ 598 2) 401 9222<br />
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	</item>
	<item>
		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-169</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:53:30 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=762#comment-169</guid>
		<description>continuación
LA UTOPÍA ES POSIBLE
BOOKCHIN / LIGURI
STOWASSER

versión completa en: 
http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf


.....
JUNTAR FONDOS ECONÓMICOS
Otro proceso que hay que realizar durante la fase preparatoria
es el de reunir las sumas de dinero necesarias que deben ser
invertidas. En principio, cada colectivo (doble-proyecto) tiene
que arreglarse por sí solo. Eso se hará probablemente de manera
muy convencional y clásica: trabajar y ahorrar dinero, conseguir
un crédito, contribuyendo con capitales ya existentes (libretas
de ahorro, venta de inmuebles, etc.), obtener préstamos
de familiares y amigos, organizar campañas de solidaridad,
cobrar herencias futuras o actuales. Otros pueden contribuir
inicialmente con bienes materiales como equipos, vehículos,
maquinaria, terrenos, casas, experiencias, etc. Adicionalmente
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 51
podemos vender bonos de solidaridad, organizar conciertos en
beneficio del proyecto y crear una especie de grupo de soporte
entre simpatizantes, amigos y compañeros fuera del proyecto,
que pueden efectuar donaciones. Por otra parte, desde el comienzo,
abriremos una cuente corriente común, en la que cada
interesado y futuro participante contribuirá con una mensualidad
determinada por él mismo, en función de su situación económica.
Este dinero, no demasiado al principio pero que irá acumulándose
como un ahorro nutrido por muchas pequeñas donaciones
mes por mes, no ha de utilizarse para ni por ningún “doble-
proyecto” específico, sino que será fondo común.
NUESTRA CAJA COMÚN
Es una primera suma “simbólica” de nuestra unidad colectiva,
y debe emplearse justo después del comienzo para beneficios
de todos, sea como caja de emergencia o para comprar
equipo general que todos necesitamos. Esta caja común y su
administración es el comienzo, la forma embrional, del “Consejo”
anteriormente descrito y de esta forma este “Consejo” ya
puede empezar a funcionar antes del comienzo real. Como ya
dije, posteriormente este fondo será nutrido por las ganancias
que cada “doble-proyecto” genere. Será, pues, una de las medidas
preventivas con las cuales pensamos superar las más diversas
crisis que, seguramente, sufriremos en la etapa de los primeros
meses y años.
INDEPENDENCIA FINANCIERA DEL ESTADO
Estamos todos de acuerdo que queremos mantener el volumen
de créditos y préstamos lo más reducido posible y que ningún
proyecto dependa de ayudas y subsidios estatales o semi--
estatales, muy frecuentes en Alemania, Escandinavia, Australia,
etc. Esta decisión no es tanto una decisión moral como pragmática.
No tenemos inconvenientes en aceptar dinero del Estado
(porque al fin y al cabo es dinero que viene del pueblo y
nosotros lo emplearemos mejor que, por ejemplo, el ejército),
sino que queremos evitar que nuestro proyecto dependa del
52 / HORST STOWASSER
Estado y se vuelva objeto de toda clase de presiones y chantajes,
como ha sucedido con muchos proyectos en Alemania. Cualquier
subsidio será pues, para nosotros, una suma extraordinaria,
pero cada proyecto debe ser conceptuado de forma que
pueda también existir sin esta clase de “propinas”.
¿DÓNDE ENCONTRAR A LA GENTE?
La última cuestión importante referente a la fase preparatoria
es la siguiente: ¿dónde y cómo encontramos la gente que
necesitamos para empezar el proyecto?
UN PROYECTO PARA TODOS
Obviamente, el primer “reclutamiento” se efectuará mediante
la difusión del libro. Esta gente vendrá en su mayoría, directa o
indirectamente del movimiento anarquista. Esto no es necesariamente
una ventaja. El Proyecto A no está definido como un
proyecto para anarquistas. Por contra se define como un proyecto
anarquista para todo el mundo. Tenemos a este respecto
otro lema muy sencillo: “Cualquier persona, que realmente desee
vivir de esta forma y lo demuestre con seriedad, para nosotros
es suficientemente anarquista, no importa cómo se defina
ella misma”. No ponemos etiquetas a la gente sino que queremos
valorarla como personas. Sin duda, ningún carácter autoritario
se sentirá a gusto entre nosotros y dentro de estas estructuras
libertarias. Lo que queremos lograr, ya desde el comienzo,
es crear estructuras abiertas y acogedoras para todos, especialmente
para esta dichosa “gente normal” que es a quienes
queremos convencer. Quisiera recordar lo que ya dije: que en la
fase inicial queremos ya emplazar a nuestros “pioneros” por la
“segunda generación” que queremos encontrar e integrar desde
la población local.
EVITAR LA PUBLICIDAD SENSACIONALISTA
Pese a todo, no dudamos que este proyecto empezará con un
80% de anarquistas. Esto se debe a que estamos cuidadosamente
evitando toda publicidad y prensa sensacionalista. No
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 53
queremos alertar de forma innecesaria ni a la policía, ni a la
justicia, ni a las autoridades locales, entidades bancarias, ni a la
administración, ni a la prensa, televisión, etc. De otra manera,
éstos podrían fácilmente montar el fantasma de una “oscura
conspiración anarquista” que podría obstaculizar nuestro camino
incluso antes de haber empezado, provocando así el fracaso
de todo el proyecto. Por eso, el libro y las demás informaciones
no se transmite ni por librerías ni públicamente, sino de
persona a persona y por las redes libertarias ya existentes en
Alemania. No quiere decir que sea un proyecto secreto o paranoico,
solamente queremos disminuir el riesgo de una publicidad
prematura y dañina.
EVITAR DEBILITAR EL MOVIMIENTO ANARQUISTA
El peligro de que de esta manera desviemos de otros proyectos
y organizaciones anarquistas a los mejores militantes, debilitándolos
de esta forma, es relativamente pequeño, ya que el
Proyecto A interesa, sobre todo, a aquellos anarquistas que hasta
ahora no tenían perspectivas claras o no estaban satisfechos
con el trabajo que iban realizando.
EL BALANCE DEL GRUPO. PROCESO DE “SELECCIÓN”
Por todo ello, estamos intentando crear cierto balance para
llegar a un grupo armónico. Decimos, abiertamente, que el proceso
de formar el “archigrupo” es un proceso de selección. Es
un proceso de selección “mutua”. No hay una autoridad que
decide, sino que decidimos todos en un proceso diario de conocernos
y compartir experiencias. Quien no aporte la seriedad
y el interés necesario, no encontrará a otros compañeros
que constituyan con él un doble proyecto y se autoexcluirá de
esta manera por falta de confianza, seriedad y madurez. Bajo
este aspecto, el Proyecto A no es abierto para “todos”. No
somos liberales, sino libertarios. Tomamos muy en serio el principio
del libre acuerdo y del contrato social, tal como cualquiera
puede hacerlo.
54 / HORST STOWASSER
ADVERTENCIA
Por eso dimos y seguimos dando una clara advertencia a todos
los entusiastas de poca voluntad, que puedan cruzar nuestro
camino: este proyecto significa trabajo duro y requiere disciplina,
dedicación, entusiasmo, realismo y entrega. No es un pasatiempo,
sino, para la mayoría de nosotros, una perspectiva para
toda la vida. Es un proyecto para soñadores, pero solamente para
soñadores realistas. En consecuencia, hemos publicado una especie
de “ideal” de la composición de nuestro grupo.
LA SIMPATÍA MUTUA. JÓVENES, MUJERES, NIÑOS Y ANCIANOS
En primer lugar, buscamos a gente simpática que no se una
al proyecto siendo frustrados, agresivos o indiferentes. Necesitamos
gente optimista, sin perderse en un entusiasmo ciego.
Probablemente el criterio de “simpatía mutua” adquirirá una
gran importancia en los primeros contactos, quizá más que la
afinidad teórica en ideales políticos. Sería peligroso, si la mayoría
de los componentes fueran muy jóvenes. Compañeros de
dieciséis o dieciocho años se entusiasman fácilmente por un
concepto, pero al cabo de unos meses o años sienten la gran
necesidad de un cambio, de andar por el mundo, de vivir otras
experiencias. Sería irresponsable someterlos a la presión moral
de permanecer y cumplir con sus compromisos. Por otra parte,
su marcha podría –si se tratara de muchos– poner rápidamente
en peligro todo el proyecto. Esta consideración, naturalmente,
es de carácter general y la edad sola no es siempre un factor de
peligro. En realidad, ya hay una serie de excepciones positivas.
Sólo queremos lograr que el promedio de los integrantes sea
equilibrado y, desde luego, habrá gente joven así como gente
adulta y de edad más avanzada. Por otra parte, las personas
que buscamos tienen que aportar alguna experiencia tanto en
el campo político como laboral.
EL PARTICIPANTE “IDEAL”
Una persona que nunca antes haya sufrido una derrota política,
fácilmente se desilusionará de tal manera al vivir las priLA
UTOPÍA ES POSIBLE / 55
meras frustraciones del proyecto que perderá todas las esperanzas.
Y no tenemos la menor duda que viviremos muchas
frustraciones y que sufriremos alguna que otra derrota... Una
persona que ya ha sufrido frustraciones anteriores, sin que éstas
la hayan hecho pesimista y amargada sería ideal para nuestro
proyecto. Otra preocupación es el equilibrio entre mujeres
y hombres que normalmente está en pésimas condiciones. Esperamos
firmemente que el marco de este proyecto sea capaz
de dar a las mujeres todas las posibilidades de realizarse y sentirse
bien y haga posible que, incluso los hombres, puedan convertirse
en buenos “feministas” en el mejor sentido de la palabra.
De hecho ya existe un grupo de mujeres que desarrolla su
propia actividad. También queremos integrar a muchos niños
en nuestro proyecto, ya que una educación libre y libertaria es
una de nuestras preocupaciones para el futuro. Un proyecto sin
niños es un proyecto sin vida y sin futuro... Por último, queremos
crear lugares donde la gente anciana pueda vivir con dignidad.
Tenemos muchos planes en este sentido, imposibles de
desarrollar aquí pero, al fin y al cabo, todos sabemos que nosotros
seremos los viejos de mañana y ninguno de nosotros quiere
vivir la vejez en estas condiciones inhumanas e indignas frecuentes
en los modernos estados sociales. Además, un aspecto
que llevó a estas consideraciones es el hecho vergonzoso de cómo
el movimiento anarquista, que reclama un alto ideal humanitario,
muchas veces dejó vivir y morir a sus propios compañeros
ancianos en lamentables condiciones.
En suma, estamos buscando personas de edad media, experimentadas,
con oficio, de inclinaciones libertarias, si es posible
que contribuyan material e ideológicamente siendo soñadores
realistas, con cierta capacidad de digerir frustraciones y la cantidad
necesaria de entusiasmo. Introduciendo estos criterios de
selección, preferimos crecer lentamente en favor de una más
elevada calidad del grupo. Estas condiciones, que pueden parecer
algo rígidas, están en realidad abiertas a excepciones que,
tanto el proyecto entero como cualquier “doble-proyecto” puede
hacer. Están previstas más que nada para la composición del
“archigrupo” y de los primeros “grupos pioneros” y sabemos
perfectamente que éstos se encuentran, en la fase inicial, en una
situación dura y difícil, que requiere todas las energías para la
56 / HORST STOWASSER
instalación del proyecto y sus defensas contra los primeros ataques.
En períodos posteriores, una vez el proyecto instalado y
sólido, podemos reducir estas condiciones o prescindir totalmente
de ellas.
APOYO PARA GRUPOS “PROBLEMÁTICOS”
Pensamos, incluso, que entonces el proyecto puede adquirir
una gran función de integración a grupos marginados o de cierta
problemática, como por ejemplo, drogadictos, alcohólicos,
psíquicamente débiles, etc. integrándolos en los diferentes colectivos.
INFILTRACIÓN DEL LUGAR
El primer paso hacia la ciudad elegida, desde luego, no será
de tal manera que una invasión de anarquistas hunda a la localidad
en un día determinado. Nos instalamos poco a poco y
comenzamos por instalar aquellos proyectos que, por su necesidad
técnica o para la infraestructura, son imprescindibles.
Queremos que también aquellos compañeros que se encuentran
actualmente en paro consten entre los primeros que se instalen.
Mientras tanto, otros proyectos menos importantes, que
ya funcionan, permanecen a la espera, al igual que aquellos
compañeros, que aún trabajan en sus antiguas profesiones y
cobran sueldos altos. Así, en caso de necesidad, ellos pueden
prestar ayuda financiera y moral a las primeras crisis que los
“pioneros” puedan sufrir. Éstos, a su vez, pueden buscar locales,
viviendas y terrenos adecuados para aquellos que están esperando.
Así efectuamos una especie de “infiltración” que puede
durar, aproximadamente, dos años.
SEGURIDAD
Evitamos así un “choque” masivo dentro de la población
que pueda sentirse invadida y a la vez damos una especie de
seguridad económica al inicio. Recién terminada esta “fase de
infiltración” con tres, cuatro o cinco olas de instalación, comienza
realmente el Proyecto A en cuanto a un factor político,
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 57
abierto y ofensivo. Una vez superados los primeros problemas
y crisis, tendremos el tiempo y la dedicación necesaria para salir
al público y presentarnos abiertamente como alternativa social,
política y cultural.
Y ahí se cierra el círculo. Lo que queremos que se desarrolle
y suceda, ya lo he explicado anteriormente.
CAMBIAR EL CONCEPTO, SI ES NECESARIO
Éstas son nuestras ideas básicas, para poner el Proyecto A en
marcha. Desde luego, la situación específica de la localidad también
debe ser considerada: si allí ya existen proyectos que nosotros
queríamos instalar, podemos cambiar nuestros planes o bien
intentar combatir los existentes; depende si nos son simpáticos
o no. En cambio, si vemos faltas y necesidades que no habíamos
considerado anteriormente, podemos cambiar de planes y
montar otros proyectos nuevos. Adicionalmente, antes de empezar,
queremos contactar con toda gente de tipo “alternativo”
en la ciudad, intentando saber su opinión hacia nuestros planes
y tal vez ganando su soporte o incluso su integración en el proyecto.
LA EXPANSIÓN DEL PROYECTO.
ATRACCIÓN PARA LA GENTE DE CONCIENCIA
UNA RED CUBRIENDO TODO EL PAIS
Obviamente, nuestra meta final no es la infiltración de una
pequeña ciudad, actuar allí subversivamente con el fin de crear
así una especie de isla anarquista.
...Nuestra meta final es, por el contrario, que el espíritu del
Proyecto A, su esencia, se difunda y crezca. Queremos ser contagiosos
en todos los sentidos. Queremos animar este proceso
en dos niveles: a nivel local y a nivel nacional, pensando en un
futuro tal vez no lejano, incluso vemos interesantes posibilidades
de contactos y cooperaciones internacionales. A nivel local,
queremos expandirnos rápidamente a los suburbios, a los pueblos
vecinos, a toda la comarca, a otras ciudades cercanas. No
creando nosotros, en primer lugar, nuevos “doble-proyectos” y
58 / HORST STOWASSER
núcleos subversivos, sino animando a los simpatizantes que
hayamos conocido poco a poco, a crear sus propias iniciativas,
tanto políticas, culturales y económicas. Pensamos que rápidamente
estableceremos lazos de confianza con la gente de la región
y que nosotros podremos darles un empuje, un apoyo moral
y material, para que ellos realicen el proyecto que crean oportuno.
Pensamos además que, en la primera fase, nuestra forma
de vida y actuación será más atractiva a la gente “alternativa”
y “progresista” que a la gente “normal”. Si realmente funcionan
nuestros modelos, pensamos que servirán de inspiración a
muchos de éstos. Así, el Proyecto A empieza a crecer y expandirse
en los alrededores de la ciudad. A nivel nacional, naturalmente
queremos mantener relaciones estrechas y fraternas con
toda clase de grupos e individuos libertarios, invitándolos también
a seguir experiencias similares o adaptar alguna que otra
de forma análoga. Es muy probable que la discusión del Proyecto
A, durante su fase preparatoria, no genere un solo proyecto
A, sino proyectos B, C, D, en diferentes lugares de Alemania,
Austria o Suiza. Pero incluso si no es así, pensamos que
al no fallar nuestra experiencia, podrá darle cierto entusiasmo
al movimiento libertario y llegar a inspirar a algunos, que acto
seguido intenten montar proyectos similares en sus ciudades,
siguiendo así nuestro ejemplo. Este proceso lo pensamos apoyar
editando una revista informativa del proyecto, realizando
un trabajo de relaciones públicas, recibiendo visitas e invitando
a los curiosos. De esta manera, en un período de unos diez años,
aproximadamente, pensamos cubrir toda Alemania con una red
más o menos densa de proyectos o iniciativas similares. Cada
uno de ellos, al igual que el nuestro, también se difundirá en su
propia región, haciendo esta red cada vez más densa.
LAS PERSPECTIVAS INTERNACIONALES
Existen también ideas maduras, para que “el Proyecto” pueda
convertirse en un fenómeno internacional. Primeramente nos
serviríamos de los múltiples contactos que ya existen con el movimiento
libertario internacional, informándoles, invitándolos y
animándolos a desarrollar conceptos similares, adaptados a las
realidades de sus países. Desde luego, no se trata de instalar una
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 59
nueva corriente ideológica, sino de transferir algunas ideas básicas
como la de romper con el gheto anarquista, conquistar popularidad
y confianza entre la población, tratar de unificar el sector
político con el privado y el económico, etcétera.
ADAPTAR LAS IDEAS
Y es evidente que una adaptación del Proyecto A, que fue
diseñado para las realidades de Alemania, será muy diverso por
ejemplo en Estados Unidos, España, Turquía, Australia o Uruguay.
Mientras que en España habrá probablemente que buscar
una unión de las luchas militantes del anarcosindicalismo
con la vida cotidiana, en Alemania aún es una meta futura de
crear o desarrollar un movimiento obrero libertario. En Turquía,
sin duda, la cuestión agraria jugará un papel más importante
que en EE.UU. y, en Australia, los proyectos probablemente
estarían muy influidos por la existencia de grandes comunas
en el campo. Pero eso son diferencias del “fenotipo”; en
cuanto al “genotipo”, podría perfectamente darse una solidaridad
y una cooperación internacional.
En Alemania tenemos para lograr esta difusión internacional
la gran ventaja de la emigración. Mediante los lazos que los
emigrantes turcos, norteafricanos, españoles, portugueses, italianos...
tienen, podemos crear núcleos en dichos países. Análogamente
hay posibilidades en los países del Este, como por ejemplo,
Alemania Oriental o Polonia.
Precisamente en países sin tradición ni movimiento libertario
como por ejemplo Marruecos o Turquía, pensamos que
modelos libertarios con base económica (por ejemplo, cooperativas)
tienen muchas ventajas respecto de la simple propaganda
anarquista de tipo “panfletario”, casi automáticamente
ilegal en estos lugares. En cambio con aquellos países donde
existen fuertes estructuras libertarias como por ejemplo España,
Francia, Italia, Estados Unidos y algunos lugares de América
Latina podemos ya establecer lazos fuertes y directos, tanto
a nivel político como a nivel económico y cultural. Pensamos
en un intercambio intensivo de compañeras y compañeros, viviendo
y trabajando una época en diversos colectivos en diferentes
países.
60 / HORST STOWASSER
CAMPAÑAS INTERNACIONALES
Podemos perfectamente organizar campañas de solidaridad
e información en apoyo a luchas directas que tengan lugar en
países extranjeros. Y finalmente podemos importar y comercializar
productos de cooperativas libertarias o talleres autogestionados
para comercializarlos en Alemania, utilizando la
venta de estos productos para una información política sobre
las condiciones específicas de su producción y distribución. Así,
otra vez, tenemos un ejemplo de unir lo político con lo económico...
Pero todo esto son planes para el futuro, una vez instalado
y estabilizado nuestro proyecto.
LA DIFUSIÓN DE UN “VIRUS”
Nuestra meta principal, pues, es la de convertir el Proyecto
A en una realidad social y de difundir este “virus” sobre toda la
superficie de nuestro país. Así pensamos dar un nuevo impulso
revitalizador al movimiento libertario y acercar a mucha gente
la forma de vida y a la cultura libertaria, es decir, al “anarquismo
vivido”. Esto podía ser fácilmente una nueva y fuerte estrategia
del anarquismo, que podría perfectamente completarse
con otras estrategias ya existentes como el anarcosindicalismo,
el antimilitarismo, la lucha ecológica, el pacifismo o la lucha
local militante.
ABRIR UN NUEVO FRENTE
Si queréis podemos hablar de abrir un “nuevo frente” en la
lucha contra el sistema; un “frente” muy sofisticado y difícil de
definir y combatir por nuestros enemigos por tratarse de una
superficie completamente legal y un dinamismo subversivo difícil
de detectar. Este dinamismo subversivo combate el Estado
en las mentes de la gente, genera experiencias autogestionarias,
crea formas embrionarias de contrasociedad y dará el coraje y
el ánimo necesario a mucha gente para oponerse directamente
al sistema. Estamos bastante convencidos de que, al expandirse
nuestras múltiples experiencias populares, mucha gente pierda
su confianza hacia el Estado y gane paralelamente una fuerte
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 61
confianza en sus propias capacidades. No creemos, sin embargo,
que toda esta gente “infectada” por el virus libertario se
convierta automáticamente en anarquistas convencidos.
LA TOLERANCIA “POSITIVA”
Tampoco es necesario. Pero sí creemos que, mediante este
procedimiento, tenemos por lo menos la posibilidad realista de
que mucha “gente normal” llegue a lo que llamamos una “tolerancia
positiva” hacia las ideas y formas de vivir y actuar anarquistas
que sustituirá la “identificación negativa” con el Estado,
anteriormente descrita. Es éste el primer paso. Este primer
paso significa nada menos que los anarquistas tendrían una
posibilidad que (al menos en Alemania) no existió durante cincuenta
años. Si en nuestra ciudad, por ejemplo, un 30% de la
población simpatiza abiertamente con nosotros, esta “tolerancia
positiva” sería un soporte y una base que los anarquistas
nunca han tenido en las últimas décadas. Y esta “tolerancia
positiva” podría convertirse en un soporte activo y directo en
cualquier conflicto concreto que pueda surgir.
SÍNTESIS
En resumen, con nuestro proyecto
• descomponemos la sociedad actual ;
• aprendemos, experimentamos y creamos formas embrionarias
de una nueva sociedad;
• enseñamos modelos de autogestión a la población;
• ridiculizamos, combatimos y sustituimos las instituciones
estatales, haciéndolas superfluas. Las debilitamos y derrumbamos;
• creamos nuevas estructuras mejores, accesibles a todos, y
• realizamos, al hacer todo ello, una vida modesta pero feliz
para nosotros.
ENTRAR EN LA SOCIEDAD EN LUGAR DE RETIRARSE
Nosotros no queremos así crear un “nuevo mundo” aparte
del capitalismo, aislado y autárquico como lo propuso, por ejemplo, 
el anarquista alemán Gustav Landauer antes de la Primera
Guerra Mundial (aunque estamos cercanos a Landauer en algunos
otros aspectos), sino que queremos ser núcleos activos,
virulentos y subversivos dentro de la sociedad, para vencer al
capitalismo. Sabemos perfectamente que la auténtica autogestión
y una verdadera sociedad libertaria no son posibles dentro
del capitalismo. Pero esto no debe llevarnos al fatalismo y dejar
por ello de construir nuevas estructuras embrionarias, capaces
de descomponer al sistema aunque sea, inicialmente, en sectores
aparentemente pequeños y poco importantes. No nos retiramos,
entramos. Atacamos al sistema en múltiples formas, en
múltiples niveles, abierta y subterráneamente.
EVITAR EL CONFLICTO MILITAR
No lo atacamos necesariamente allí donde el sistema está
extremadamente fuerte y preparado, sino en esos campos donde
esté débil y no tenga ya preparadas las contraestrategias a su
alcance. Consideramos, por ejemplo, una estrategia idiota, atacar
al sistema estatal-capitalista en batalla abierta precisamente
en aquel campo donde se encuentra en una superioridad clásica:
la lucha militar. No sólo perderíamos esta batalla debido a
nuestra increíble inferioridad de fuerza, experiencia y mentalidad,
sino que además tendríamos que sacrificar los ideales anarquistas
para convertirnos en aparato militar semiprofesional.
PRIVAR AL ESTADO DE LA LEALTAD DE LA GENTE
Nosotros preferimos vencer al Estado primero en las conciencias
y luego en las realidades sociales y mediante la actuación
ofensiva, subversiva y directa de la gente. Queremos que
la gente se desvincule de toda lealtad al Estado, tomando su
destino en sus propias manos.
Quisiera ahora haceros una simple pregunta:
¿Qué nación puede resistir a un movimiento así por largo
tiempo?
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 63
REVOLUCIÓN MUNDIAL
Por eso, en última instancia, nuestra perspectiva final no es
otra que la revolución mundial. Una revolución mundial anarquista,
desde luego. Quizá sería una revolución un poco diferente
a los clisés e imaginaciones clásicas de heroicas luchas en
barricadas, francotiradores y bombas que estallan. Sin embargo,
sería una auténtica revolución, con una posibilidad realista
de que de ella nazca una sociedad libertaria. Sería una revolución
que podemos iniciar ahora mismo. Y sería un proceso revolucionario,
que de paso, nos ofrece una vida satisfactoria al
realizarlo.
PUNTOS DÉBILES DEL PROYECTO
Esto, naturalmente, suena muy eufórico. Sin duda somos
entusiastas, sin ser eufóricos. Pero también vemos los muchos
puntos débiles de nuestro proyecto. En el libro, hay un capítulo
entero que trata de ellos. En la discusión, seguramente encontraremos
otros. El punto débil más importante será seguramente
la naturaleza humana, su subjetividad. Pienso que tendremos
muchos problemas que surgirán de los más diferentes e
irracionales sentimientos humanos, de comportamientos absurdos,
animosidades, celos, abusos, odios, competencias... Los
seres humanos no somos simples “factores” que funcionen dentro
de un planteamiento, por “genial” que sea.
Otro punto débil es el peligro de que el proyecto sea integrado
por el sistema, se aburguese o se comercialice. Las diferentes
formas de represión constituyen otro punto débil, que nos preocupa,
pues no pensamos que el sistema permanezca indiferente
a nuestros intentos, una vez comprendido el peligro que significa.
Y hay muchos otros puntos débiles, que no puedo enumerar
aquí...
REDUCIR LOS RIESGOS
Pero pensamos que los obstáculos tienen que ser superados y
que los problemas deben ser resueltos. No los superaremos con
lamentaciones. Nuestra estrategia general hacia estos puntos
64 / HORST STOWASSER
débiles es la de eliminar de antemano, en la fase preparatoria,
cuantos más mejor. Considerar todos ellos al crear nuestras estructuras
internas que deben ser diseñadas de tal manera que
impidan su desarrollo o, al menos, reduzcan el riesgo de que
esos peligros pongan en jaque al proyecto. Finalmente pensamos
que, al tener estos peligros presentes en nuestras conciencias,
dentro de un gran colectivo, podemos tal vez reconocer y
combatir toda clase de desvíos y desvirtualizaciones. Claro que,
con todos estos “filtros” instalados en nuestras estructuras, aún
quedan muchos obstáculos, pero tenemos coraje suficiente para
enfrentarnos con el resto.
EXPERIMENTO, PELIGRO Y ESPERANZA
Sólo reducimos los riesgos y no existen ninguna garantía de
lo que va a suceder. Pero, ¿cuándo ha habido un intento revolucionario
con un seguro de éxito? Claro que habrá aún mucho
experimento, mucho peligro y mucha esperanza, pero todo ello
basado en un fundamento realista.
Pero... ¿conocéis alguna otra alternativa? Yo no veo ninguna.
Todas nuestras vidas son riesgos, experimentos, peligros y
esperanzas y, sin embargo, no nos suicidamos. Luchamos. Queremos
que estos riesgos, experimentos, peligros y esperanzas ya
no permanezcan en las manos de otros. Yo, por mi parte, prefiero
tomar mis riesgos en mis propias manos.
Bakunin lo dijo con otras palabras:
“Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran nada. Pero
aquellos que reclaman lo imposible, al menos logran lo posible”.
Muchas gracias por vuestra atención y paciencia.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>continuación<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE<br />
BOOKCHIN / LIGURI<br />
STOWASSER</p>
<p>versión completa en:<br />
<a href="http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf" rel="nofollow">http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf</a></p>
<p>&#8230;..<br />
JUNTAR FONDOS ECONÓMICOS<br />
Otro proceso que hay que realizar durante la fase preparatoria<br />
es el de reunir las sumas de dinero necesarias que deben ser<br />
invertidas. En principio, cada colectivo (doble-proyecto) tiene<br />
que arreglarse por sí solo. Eso se hará probablemente de manera<br />
muy convencional y clásica: trabajar y ahorrar dinero, conseguir<br />
un crédito, contribuyendo con capitales ya existentes (libretas<br />
de ahorro, venta de inmuebles, etc.), obtener préstamos<br />
de familiares y amigos, organizar campañas de solidaridad,<br />
cobrar herencias futuras o actuales. Otros pueden contribuir<br />
inicialmente con bienes materiales como equipos, vehículos,<br />
maquinaria, terrenos, casas, experiencias, etc. Adicionalmente<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 51<br />
podemos vender bonos de solidaridad, organizar conciertos en<br />
beneficio del proyecto y crear una especie de grupo de soporte<br />
entre simpatizantes, amigos y compañeros fuera del proyecto,<br />
que pueden efectuar donaciones. Por otra parte, desde el comienzo,<br />
abriremos una cuente corriente común, en la que cada<br />
interesado y futuro participante contribuirá con una mensualidad<br />
determinada por él mismo, en función de su situación económica.<br />
Este dinero, no demasiado al principio pero que irá acumulándose<br />
como un ahorro nutrido por muchas pequeñas donaciones<br />
mes por mes, no ha de utilizarse para ni por ningún “doble-<br />
proyecto” específico, sino que será fondo común.<br />
NUESTRA CAJA COMÚN<br />
Es una primera suma “simbólica” de nuestra unidad colectiva,<br />
y debe emplearse justo después del comienzo para beneficios<br />
de todos, sea como caja de emergencia o para comprar<br />
equipo general que todos necesitamos. Esta caja común y su<br />
administración es el comienzo, la forma embrional, del “Consejo”<br />
anteriormente descrito y de esta forma este “Consejo” ya<br />
puede empezar a funcionar antes del comienzo real. Como ya<br />
dije, posteriormente este fondo será nutrido por las ganancias<br />
que cada “doble-proyecto” genere. Será, pues, una de las medidas<br />
preventivas con las cuales pensamos superar las más diversas<br />
crisis que, seguramente, sufriremos en la etapa de los primeros<br />
meses y años.<br />
INDEPENDENCIA FINANCIERA DEL ESTADO<br />
Estamos todos de acuerdo que queremos mantener el volumen<br />
de créditos y préstamos lo más reducido posible y que ningún<br />
proyecto dependa de ayudas y subsidios estatales o semi&#8211;<br />
estatales, muy frecuentes en Alemania, Escandinavia, Australia,<br />
etc. Esta decisión no es tanto una decisión moral como pragmática.<br />
No tenemos inconvenientes en aceptar dinero del Estado<br />
(porque al fin y al cabo es dinero que viene del pueblo y<br />
nosotros lo emplearemos mejor que, por ejemplo, el ejército),<br />
sino que queremos evitar que nuestro proyecto dependa del<br />
52 / HORST STOWASSER<br />
Estado y se vuelva objeto de toda clase de presiones y chantajes,<br />
como ha sucedido con muchos proyectos en Alemania. Cualquier<br />
subsidio será pues, para nosotros, una suma extraordinaria,<br />
pero cada proyecto debe ser conceptuado de forma que<br />
pueda también existir sin esta clase de “propinas”.<br />
¿DÓNDE ENCONTRAR A LA GENTE?<br />
La última cuestión importante referente a la fase preparatoria<br />
es la siguiente: ¿dónde y cómo encontramos la gente que<br />
necesitamos para empezar el proyecto?<br />
UN PROYECTO PARA TODOS<br />
Obviamente, el primer “reclutamiento” se efectuará mediante<br />
la difusión del libro. Esta gente vendrá en su mayoría, directa o<br />
indirectamente del movimiento anarquista. Esto no es necesariamente<br />
una ventaja. El Proyecto A no está definido como un<br />
proyecto para anarquistas. Por contra se define como un proyecto<br />
anarquista para todo el mundo. Tenemos a este respecto<br />
otro lema muy sencillo: “Cualquier persona, que realmente desee<br />
vivir de esta forma y lo demuestre con seriedad, para nosotros<br />
es suficientemente anarquista, no importa cómo se defina<br />
ella misma”. No ponemos etiquetas a la gente sino que queremos<br />
valorarla como personas. Sin duda, ningún carácter autoritario<br />
se sentirá a gusto entre nosotros y dentro de estas estructuras<br />
libertarias. Lo que queremos lograr, ya desde el comienzo,<br />
es crear estructuras abiertas y acogedoras para todos, especialmente<br />
para esta dichosa “gente normal” que es a quienes<br />
queremos convencer. Quisiera recordar lo que ya dije: que en la<br />
fase inicial queremos ya emplazar a nuestros “pioneros” por la<br />
“segunda generación” que queremos encontrar e integrar desde<br />
la población local.<br />
EVITAR LA PUBLICIDAD SENSACIONALISTA<br />
Pese a todo, no dudamos que este proyecto empezará con un<br />
80% de anarquistas. Esto se debe a que estamos cuidadosamente<br />
evitando toda publicidad y prensa sensacionalista. No<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 53<br />
queremos alertar de forma innecesaria ni a la policía, ni a la<br />
justicia, ni a las autoridades locales, entidades bancarias, ni a la<br />
administración, ni a la prensa, televisión, etc. De otra manera,<br />
éstos podrían fácilmente montar el fantasma de una “oscura<br />
conspiración anarquista” que podría obstaculizar nuestro camino<br />
incluso antes de haber empezado, provocando así el fracaso<br />
de todo el proyecto. Por eso, el libro y las demás informaciones<br />
no se transmite ni por librerías ni públicamente, sino de<br />
persona a persona y por las redes libertarias ya existentes en<br />
Alemania. No quiere decir que sea un proyecto secreto o paranoico,<br />
solamente queremos disminuir el riesgo de una publicidad<br />
prematura y dañina.<br />
EVITAR DEBILITAR EL MOVIMIENTO ANARQUISTA<br />
El peligro de que de esta manera desviemos de otros proyectos<br />
y organizaciones anarquistas a los mejores militantes, debilitándolos<br />
de esta forma, es relativamente pequeño, ya que el<br />
Proyecto A interesa, sobre todo, a aquellos anarquistas que hasta<br />
ahora no tenían perspectivas claras o no estaban satisfechos<br />
con el trabajo que iban realizando.<br />
EL BALANCE DEL GRUPO. PROCESO DE “SELECCIÓN”<br />
Por todo ello, estamos intentando crear cierto balance para<br />
llegar a un grupo armónico. Decimos, abiertamente, que el proceso<br />
de formar el “archigrupo” es un proceso de selección. Es<br />
un proceso de selección “mutua”. No hay una autoridad que<br />
decide, sino que decidimos todos en un proceso diario de conocernos<br />
y compartir experiencias. Quien no aporte la seriedad<br />
y el interés necesario, no encontrará a otros compañeros<br />
que constituyan con él un doble proyecto y se autoexcluirá de<br />
esta manera por falta de confianza, seriedad y madurez. Bajo<br />
este aspecto, el Proyecto A no es abierto para “todos”. No<br />
somos liberales, sino libertarios. Tomamos muy en serio el principio<br />
del libre acuerdo y del contrato social, tal como cualquiera<br />
puede hacerlo.<br />
54 / HORST STOWASSER<br />
ADVERTENCIA<br />
Por eso dimos y seguimos dando una clara advertencia a todos<br />
los entusiastas de poca voluntad, que puedan cruzar nuestro<br />
camino: este proyecto significa trabajo duro y requiere disciplina,<br />
dedicación, entusiasmo, realismo y entrega. No es un pasatiempo,<br />
sino, para la mayoría de nosotros, una perspectiva para<br />
toda la vida. Es un proyecto para soñadores, pero solamente para<br />
soñadores realistas. En consecuencia, hemos publicado una especie<br />
de “ideal” de la composición de nuestro grupo.<br />
LA SIMPATÍA MUTUA. JÓVENES, MUJERES, NIÑOS Y ANCIANOS<br />
En primer lugar, buscamos a gente simpática que no se una<br />
al proyecto siendo frustrados, agresivos o indiferentes. Necesitamos<br />
gente optimista, sin perderse en un entusiasmo ciego.<br />
Probablemente el criterio de “simpatía mutua” adquirirá una<br />
gran importancia en los primeros contactos, quizá más que la<br />
afinidad teórica en ideales políticos. Sería peligroso, si la mayoría<br />
de los componentes fueran muy jóvenes. Compañeros de<br />
dieciséis o dieciocho años se entusiasman fácilmente por un<br />
concepto, pero al cabo de unos meses o años sienten la gran<br />
necesidad de un cambio, de andar por el mundo, de vivir otras<br />
experiencias. Sería irresponsable someterlos a la presión moral<br />
de permanecer y cumplir con sus compromisos. Por otra parte,<br />
su marcha podría –si se tratara de muchos– poner rápidamente<br />
en peligro todo el proyecto. Esta consideración, naturalmente,<br />
es de carácter general y la edad sola no es siempre un factor de<br />
peligro. En realidad, ya hay una serie de excepciones positivas.<br />
Sólo queremos lograr que el promedio de los integrantes sea<br />
equilibrado y, desde luego, habrá gente joven así como gente<br />
adulta y de edad más avanzada. Por otra parte, las personas<br />
que buscamos tienen que aportar alguna experiencia tanto en<br />
el campo político como laboral.<br />
EL PARTICIPANTE “IDEAL”<br />
Una persona que nunca antes haya sufrido una derrota política,<br />
fácilmente se desilusionará de tal manera al vivir las priLA<br />
UTOPÍA ES POSIBLE / 55<br />
meras frustraciones del proyecto que perderá todas las esperanzas.<br />
Y no tenemos la menor duda que viviremos muchas<br />
frustraciones y que sufriremos alguna que otra derrota&#8230; Una<br />
persona que ya ha sufrido frustraciones anteriores, sin que éstas<br />
la hayan hecho pesimista y amargada sería ideal para nuestro<br />
proyecto. Otra preocupación es el equilibrio entre mujeres<br />
y hombres que normalmente está en pésimas condiciones. Esperamos<br />
firmemente que el marco de este proyecto sea capaz<br />
de dar a las mujeres todas las posibilidades de realizarse y sentirse<br />
bien y haga posible que, incluso los hombres, puedan convertirse<br />
en buenos “feministas” en el mejor sentido de la palabra.<br />
De hecho ya existe un grupo de mujeres que desarrolla su<br />
propia actividad. También queremos integrar a muchos niños<br />
en nuestro proyecto, ya que una educación libre y libertaria es<br />
una de nuestras preocupaciones para el futuro. Un proyecto sin<br />
niños es un proyecto sin vida y sin futuro&#8230; Por último, queremos<br />
crear lugares donde la gente anciana pueda vivir con dignidad.<br />
Tenemos muchos planes en este sentido, imposibles de<br />
desarrollar aquí pero, al fin y al cabo, todos sabemos que nosotros<br />
seremos los viejos de mañana y ninguno de nosotros quiere<br />
vivir la vejez en estas condiciones inhumanas e indignas frecuentes<br />
en los modernos estados sociales. Además, un aspecto<br />
que llevó a estas consideraciones es el hecho vergonzoso de cómo<br />
el movimiento anarquista, que reclama un alto ideal humanitario,<br />
muchas veces dejó vivir y morir a sus propios compañeros<br />
ancianos en lamentables condiciones.<br />
En suma, estamos buscando personas de edad media, experimentadas,<br />
con oficio, de inclinaciones libertarias, si es posible<br />
que contribuyan material e ideológicamente siendo soñadores<br />
realistas, con cierta capacidad de digerir frustraciones y la cantidad<br />
necesaria de entusiasmo. Introduciendo estos criterios de<br />
selección, preferimos crecer lentamente en favor de una más<br />
elevada calidad del grupo. Estas condiciones, que pueden parecer<br />
algo rígidas, están en realidad abiertas a excepciones que,<br />
tanto el proyecto entero como cualquier “doble-proyecto” puede<br />
hacer. Están previstas más que nada para la composición del<br />
“archigrupo” y de los primeros “grupos pioneros” y sabemos<br />
perfectamente que éstos se encuentran, en la fase inicial, en una<br />
situación dura y difícil, que requiere todas las energías para la<br />
56 / HORST STOWASSER<br />
instalación del proyecto y sus defensas contra los primeros ataques.<br />
En períodos posteriores, una vez el proyecto instalado y<br />
sólido, podemos reducir estas condiciones o prescindir totalmente<br />
de ellas.<br />
APOYO PARA GRUPOS “PROBLEMÁTICOS”<br />
Pensamos, incluso, que entonces el proyecto puede adquirir<br />
una gran función de integración a grupos marginados o de cierta<br />
problemática, como por ejemplo, drogadictos, alcohólicos,<br />
psíquicamente débiles, etc. integrándolos en los diferentes colectivos.<br />
INFILTRACIÓN DEL LUGAR<br />
El primer paso hacia la ciudad elegida, desde luego, no será<br />
de tal manera que una invasión de anarquistas hunda a la localidad<br />
en un día determinado. Nos instalamos poco a poco y<br />
comenzamos por instalar aquellos proyectos que, por su necesidad<br />
técnica o para la infraestructura, son imprescindibles.<br />
Queremos que también aquellos compañeros que se encuentran<br />
actualmente en paro consten entre los primeros que se instalen.<br />
Mientras tanto, otros proyectos menos importantes, que<br />
ya funcionan, permanecen a la espera, al igual que aquellos<br />
compañeros, que aún trabajan en sus antiguas profesiones y<br />
cobran sueldos altos. Así, en caso de necesidad, ellos pueden<br />
prestar ayuda financiera y moral a las primeras crisis que los<br />
“pioneros” puedan sufrir. Éstos, a su vez, pueden buscar locales,<br />
viviendas y terrenos adecuados para aquellos que están esperando.<br />
Así efectuamos una especie de “infiltración” que puede<br />
durar, aproximadamente, dos años.<br />
SEGURIDAD<br />
Evitamos así un “choque” masivo dentro de la población<br />
que pueda sentirse invadida y a la vez damos una especie de<br />
seguridad económica al inicio. Recién terminada esta “fase de<br />
infiltración” con tres, cuatro o cinco olas de instalación, comienza<br />
realmente el Proyecto A en cuanto a un factor político,<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 57<br />
abierto y ofensivo. Una vez superados los primeros problemas<br />
y crisis, tendremos el tiempo y la dedicación necesaria para salir<br />
al público y presentarnos abiertamente como alternativa social,<br />
política y cultural.<br />
Y ahí se cierra el círculo. Lo que queremos que se desarrolle<br />
y suceda, ya lo he explicado anteriormente.<br />
CAMBIAR EL CONCEPTO, SI ES NECESARIO<br />
Éstas son nuestras ideas básicas, para poner el Proyecto A en<br />
marcha. Desde luego, la situación específica de la localidad también<br />
debe ser considerada: si allí ya existen proyectos que nosotros<br />
queríamos instalar, podemos cambiar nuestros planes o bien<br />
intentar combatir los existentes; depende si nos son simpáticos<br />
o no. En cambio, si vemos faltas y necesidades que no habíamos<br />
considerado anteriormente, podemos cambiar de planes y<br />
montar otros proyectos nuevos. Adicionalmente, antes de empezar,<br />
queremos contactar con toda gente de tipo “alternativo”<br />
en la ciudad, intentando saber su opinión hacia nuestros planes<br />
y tal vez ganando su soporte o incluso su integración en el proyecto.<br />
LA EXPANSIÓN DEL PROYECTO.<br />
ATRACCIÓN PARA LA GENTE DE CONCIENCIA<br />
UNA RED CUBRIENDO TODO EL PAIS<br />
Obviamente, nuestra meta final no es la infiltración de una<br />
pequeña ciudad, actuar allí subversivamente con el fin de crear<br />
así una especie de isla anarquista.<br />
&#8230;Nuestra meta final es, por el contrario, que el espíritu del<br />
Proyecto A, su esencia, se difunda y crezca. Queremos ser contagiosos<br />
en todos los sentidos. Queremos animar este proceso<br />
en dos niveles: a nivel local y a nivel nacional, pensando en un<br />
futuro tal vez no lejano, incluso vemos interesantes posibilidades<br />
de contactos y cooperaciones internacionales. A nivel local,<br />
queremos expandirnos rápidamente a los suburbios, a los pueblos<br />
vecinos, a toda la comarca, a otras ciudades cercanas. No<br />
creando nosotros, en primer lugar, nuevos “doble-proyectos” y<br />
58 / HORST STOWASSER<br />
núcleos subversivos, sino animando a los simpatizantes que<br />
hayamos conocido poco a poco, a crear sus propias iniciativas,<br />
tanto políticas, culturales y económicas. Pensamos que rápidamente<br />
estableceremos lazos de confianza con la gente de la región<br />
y que nosotros podremos darles un empuje, un apoyo moral<br />
y material, para que ellos realicen el proyecto que crean oportuno.<br />
Pensamos además que, en la primera fase, nuestra forma<br />
de vida y actuación será más atractiva a la gente “alternativa”<br />
y “progresista” que a la gente “normal”. Si realmente funcionan<br />
nuestros modelos, pensamos que servirán de inspiración a<br />
muchos de éstos. Así, el Proyecto A empieza a crecer y expandirse<br />
en los alrededores de la ciudad. A nivel nacional, naturalmente<br />
queremos mantener relaciones estrechas y fraternas con<br />
toda clase de grupos e individuos libertarios, invitándolos también<br />
a seguir experiencias similares o adaptar alguna que otra<br />
de forma análoga. Es muy probable que la discusión del Proyecto<br />
A, durante su fase preparatoria, no genere un solo proyecto<br />
A, sino proyectos B, C, D, en diferentes lugares de Alemania,<br />
Austria o Suiza. Pero incluso si no es así, pensamos que<br />
al no fallar nuestra experiencia, podrá darle cierto entusiasmo<br />
al movimiento libertario y llegar a inspirar a algunos, que acto<br />
seguido intenten montar proyectos similares en sus ciudades,<br />
siguiendo así nuestro ejemplo. Este proceso lo pensamos apoyar<br />
editando una revista informativa del proyecto, realizando<br />
un trabajo de relaciones públicas, recibiendo visitas e invitando<br />
a los curiosos. De esta manera, en un período de unos diez años,<br />
aproximadamente, pensamos cubrir toda Alemania con una red<br />
más o menos densa de proyectos o iniciativas similares. Cada<br />
uno de ellos, al igual que el nuestro, también se difundirá en su<br />
propia región, haciendo esta red cada vez más densa.<br />
LAS PERSPECTIVAS INTERNACIONALES<br />
Existen también ideas maduras, para que “el Proyecto” pueda<br />
convertirse en un fenómeno internacional. Primeramente nos<br />
serviríamos de los múltiples contactos que ya existen con el movimiento<br />
libertario internacional, informándoles, invitándolos y<br />
animándolos a desarrollar conceptos similares, adaptados a las<br />
realidades de sus países. Desde luego, no se trata de instalar una<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 59<br />
nueva corriente ideológica, sino de transferir algunas ideas básicas<br />
como la de romper con el gheto anarquista, conquistar popularidad<br />
y confianza entre la población, tratar de unificar el sector<br />
político con el privado y el económico, etcétera.<br />
ADAPTAR LAS IDEAS<br />
Y es evidente que una adaptación del Proyecto A, que fue<br />
diseñado para las realidades de Alemania, será muy diverso por<br />
ejemplo en Estados Unidos, España, Turquía, Australia o Uruguay.<br />
Mientras que en España habrá probablemente que buscar<br />
una unión de las luchas militantes del anarcosindicalismo<br />
con la vida cotidiana, en Alemania aún es una meta futura de<br />
crear o desarrollar un movimiento obrero libertario. En Turquía,<br />
sin duda, la cuestión agraria jugará un papel más importante<br />
que en EE.UU. y, en Australia, los proyectos probablemente<br />
estarían muy influidos por la existencia de grandes comunas<br />
en el campo. Pero eso son diferencias del “fenotipo”; en<br />
cuanto al “genotipo”, podría perfectamente darse una solidaridad<br />
y una cooperación internacional.<br />
En Alemania tenemos para lograr esta difusión internacional<br />
la gran ventaja de la emigración. Mediante los lazos que los<br />
emigrantes turcos, norteafricanos, españoles, portugueses, italianos&#8230;<br />
tienen, podemos crear núcleos en dichos países. Análogamente<br />
hay posibilidades en los países del Este, como por ejemplo,<br />
Alemania Oriental o Polonia.<br />
Precisamente en países sin tradición ni movimiento libertario<br />
como por ejemplo Marruecos o Turquía, pensamos que<br />
modelos libertarios con base económica (por ejemplo, cooperativas)<br />
tienen muchas ventajas respecto de la simple propaganda<br />
anarquista de tipo “panfletario”, casi automáticamente<br />
ilegal en estos lugares. En cambio con aquellos países donde<br />
existen fuertes estructuras libertarias como por ejemplo España,<br />
Francia, Italia, Estados Unidos y algunos lugares de América<br />
Latina podemos ya establecer lazos fuertes y directos, tanto<br />
a nivel político como a nivel económico y cultural. Pensamos<br />
en un intercambio intensivo de compañeras y compañeros, viviendo<br />
y trabajando una época en diversos colectivos en diferentes<br />
países.<br />
60 / HORST STOWASSER<br />
CAMPAÑAS INTERNACIONALES<br />
Podemos perfectamente organizar campañas de solidaridad<br />
e información en apoyo a luchas directas que tengan lugar en<br />
países extranjeros. Y finalmente podemos importar y comercializar<br />
productos de cooperativas libertarias o talleres autogestionados<br />
para comercializarlos en Alemania, utilizando la<br />
venta de estos productos para una información política sobre<br />
las condiciones específicas de su producción y distribución. Así,<br />
otra vez, tenemos un ejemplo de unir lo político con lo económico&#8230;<br />
Pero todo esto son planes para el futuro, una vez instalado<br />
y estabilizado nuestro proyecto.<br />
LA DIFUSIÓN DE UN “VIRUS”<br />
Nuestra meta principal, pues, es la de convertir el Proyecto<br />
A en una realidad social y de difundir este “virus” sobre toda la<br />
superficie de nuestro país. Así pensamos dar un nuevo impulso<br />
revitalizador al movimiento libertario y acercar a mucha gente<br />
la forma de vida y a la cultura libertaria, es decir, al “anarquismo<br />
vivido”. Esto podía ser fácilmente una nueva y fuerte estrategia<br />
del anarquismo, que podría perfectamente completarse<br />
con otras estrategias ya existentes como el anarcosindicalismo,<br />
el antimilitarismo, la lucha ecológica, el pacifismo o la lucha<br />
local militante.<br />
ABRIR UN NUEVO FRENTE<br />
Si queréis podemos hablar de abrir un “nuevo frente” en la<br />
lucha contra el sistema; un “frente” muy sofisticado y difícil de<br />
definir y combatir por nuestros enemigos por tratarse de una<br />
superficie completamente legal y un dinamismo subversivo difícil<br />
de detectar. Este dinamismo subversivo combate el Estado<br />
en las mentes de la gente, genera experiencias autogestionarias,<br />
crea formas embrionarias de contrasociedad y dará el coraje y<br />
el ánimo necesario a mucha gente para oponerse directamente<br />
al sistema. Estamos bastante convencidos de que, al expandirse<br />
nuestras múltiples experiencias populares, mucha gente pierda<br />
su confianza hacia el Estado y gane paralelamente una fuerte<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 61<br />
confianza en sus propias capacidades. No creemos, sin embargo,<br />
que toda esta gente “infectada” por el virus libertario se<br />
convierta automáticamente en anarquistas convencidos.<br />
LA TOLERANCIA “POSITIVA”<br />
Tampoco es necesario. Pero sí creemos que, mediante este<br />
procedimiento, tenemos por lo menos la posibilidad realista de<br />
que mucha “gente normal” llegue a lo que llamamos una “tolerancia<br />
positiva” hacia las ideas y formas de vivir y actuar anarquistas<br />
que sustituirá la “identificación negativa” con el Estado,<br />
anteriormente descrita. Es éste el primer paso. Este primer<br />
paso significa nada menos que los anarquistas tendrían una<br />
posibilidad que (al menos en Alemania) no existió durante cincuenta<br />
años. Si en nuestra ciudad, por ejemplo, un 30% de la<br />
población simpatiza abiertamente con nosotros, esta “tolerancia<br />
positiva” sería un soporte y una base que los anarquistas<br />
nunca han tenido en las últimas décadas. Y esta “tolerancia<br />
positiva” podría convertirse en un soporte activo y directo en<br />
cualquier conflicto concreto que pueda surgir.<br />
SÍNTESIS<br />
En resumen, con nuestro proyecto<br />
• descomponemos la sociedad actual ;<br />
• aprendemos, experimentamos y creamos formas embrionarias<br />
de una nueva sociedad;<br />
• enseñamos modelos de autogestión a la población;<br />
• ridiculizamos, combatimos y sustituimos las instituciones<br />
estatales, haciéndolas superfluas. Las debilitamos y derrumbamos;<br />
• creamos nuevas estructuras mejores, accesibles a todos, y<br />
• realizamos, al hacer todo ello, una vida modesta pero feliz<br />
para nosotros.<br />
ENTRAR EN LA SOCIEDAD EN LUGAR DE RETIRARSE<br />
Nosotros no queremos así crear un “nuevo mundo” aparte<br />
del capitalismo, aislado y autárquico como lo propuso, por ejemplo,<br />
el anarquista alemán Gustav Landauer antes de la Primera<br />
Guerra Mundial (aunque estamos cercanos a Landauer en algunos<br />
otros aspectos), sino que queremos ser núcleos activos,<br />
virulentos y subversivos dentro de la sociedad, para vencer al<br />
capitalismo. Sabemos perfectamente que la auténtica autogestión<br />
y una verdadera sociedad libertaria no son posibles dentro<br />
del capitalismo. Pero esto no debe llevarnos al fatalismo y dejar<br />
por ello de construir nuevas estructuras embrionarias, capaces<br />
de descomponer al sistema aunque sea, inicialmente, en sectores<br />
aparentemente pequeños y poco importantes. No nos retiramos,<br />
entramos. Atacamos al sistema en múltiples formas, en<br />
múltiples niveles, abierta y subterráneamente.<br />
EVITAR EL CONFLICTO MILITAR<br />
No lo atacamos necesariamente allí donde el sistema está<br />
extremadamente fuerte y preparado, sino en esos campos donde<br />
esté débil y no tenga ya preparadas las contraestrategias a su<br />
alcance. Consideramos, por ejemplo, una estrategia idiota, atacar<br />
al sistema estatal-capitalista en batalla abierta precisamente<br />
en aquel campo donde se encuentra en una superioridad clásica:<br />
la lucha militar. No sólo perderíamos esta batalla debido a<br />
nuestra increíble inferioridad de fuerza, experiencia y mentalidad,<br />
sino que además tendríamos que sacrificar los ideales anarquistas<br />
para convertirnos en aparato militar semiprofesional.<br />
PRIVAR AL ESTADO DE LA LEALTAD DE LA GENTE<br />
Nosotros preferimos vencer al Estado primero en las conciencias<br />
y luego en las realidades sociales y mediante la actuación<br />
ofensiva, subversiva y directa de la gente. Queremos que<br />
la gente se desvincule de toda lealtad al Estado, tomando su<br />
destino en sus propias manos.<br />
Quisiera ahora haceros una simple pregunta:<br />
¿Qué nación puede resistir a un movimiento así por largo<br />
tiempo?<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 63<br />
REVOLUCIÓN MUNDIAL<br />
Por eso, en última instancia, nuestra perspectiva final no es<br />
otra que la revolución mundial. Una revolución mundial anarquista,<br />
desde luego. Quizá sería una revolución un poco diferente<br />
a los clisés e imaginaciones clásicas de heroicas luchas en<br />
barricadas, francotiradores y bombas que estallan. Sin embargo,<br />
sería una auténtica revolución, con una posibilidad realista<br />
de que de ella nazca una sociedad libertaria. Sería una revolución<br />
que podemos iniciar ahora mismo. Y sería un proceso revolucionario,<br />
que de paso, nos ofrece una vida satisfactoria al<br />
realizarlo.<br />
PUNTOS DÉBILES DEL PROYECTO<br />
Esto, naturalmente, suena muy eufórico. Sin duda somos<br />
entusiastas, sin ser eufóricos. Pero también vemos los muchos<br />
puntos débiles de nuestro proyecto. En el libro, hay un capítulo<br />
entero que trata de ellos. En la discusión, seguramente encontraremos<br />
otros. El punto débil más importante será seguramente<br />
la naturaleza humana, su subjetividad. Pienso que tendremos<br />
muchos problemas que surgirán de los más diferentes e<br />
irracionales sentimientos humanos, de comportamientos absurdos,<br />
animosidades, celos, abusos, odios, competencias&#8230; Los<br />
seres humanos no somos simples “factores” que funcionen dentro<br />
de un planteamiento, por “genial” que sea.<br />
Otro punto débil es el peligro de que el proyecto sea integrado<br />
por el sistema, se aburguese o se comercialice. Las diferentes<br />
formas de represión constituyen otro punto débil, que nos preocupa,<br />
pues no pensamos que el sistema permanezca indiferente<br />
a nuestros intentos, una vez comprendido el peligro que significa.<br />
Y hay muchos otros puntos débiles, que no puedo enumerar<br />
aquí&#8230;<br />
REDUCIR LOS RIESGOS<br />
Pero pensamos que los obstáculos tienen que ser superados y<br />
que los problemas deben ser resueltos. No los superaremos con<br />
lamentaciones. Nuestra estrategia general hacia estos puntos<br />
64 / HORST STOWASSER<br />
débiles es la de eliminar de antemano, en la fase preparatoria,<br />
cuantos más mejor. Considerar todos ellos al crear nuestras estructuras<br />
internas que deben ser diseñadas de tal manera que<br />
impidan su desarrollo o, al menos, reduzcan el riesgo de que<br />
esos peligros pongan en jaque al proyecto. Finalmente pensamos<br />
que, al tener estos peligros presentes en nuestras conciencias,<br />
dentro de un gran colectivo, podemos tal vez reconocer y<br />
combatir toda clase de desvíos y desvirtualizaciones. Claro que,<br />
con todos estos “filtros” instalados en nuestras estructuras, aún<br />
quedan muchos obstáculos, pero tenemos coraje suficiente para<br />
enfrentarnos con el resto.<br />
EXPERIMENTO, PELIGRO Y ESPERANZA<br />
Sólo reducimos los riesgos y no existen ninguna garantía de<br />
lo que va a suceder. Pero, ¿cuándo ha habido un intento revolucionario<br />
con un seguro de éxito? Claro que habrá aún mucho<br />
experimento, mucho peligro y mucha esperanza, pero todo ello<br />
basado en un fundamento realista.<br />
Pero&#8230; ¿conocéis alguna otra alternativa? Yo no veo ninguna.<br />
Todas nuestras vidas son riesgos, experimentos, peligros y<br />
esperanzas y, sin embargo, no nos suicidamos. Luchamos. Queremos<br />
que estos riesgos, experimentos, peligros y esperanzas ya<br />
no permanezcan en las manos de otros. Yo, por mi parte, prefiero<br />
tomar mis riesgos en mis propias manos.<br />
Bakunin lo dijo con otras palabras:<br />
“Aquellos que reclaman lo posible, jamás logran nada. Pero<br />
aquellos que reclaman lo imposible, al menos logran lo posible”.<br />
Muchas gracias por vuestra atención y paciencia.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-168</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:49:50 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/?p=762#comment-168</guid>
		<description>continuación
LA UTOPÍA ES POSIBLE
BOOKCHIN / LIGURI
STOWASSER

versión completa en: 
http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf




REVOLUCIÓN E INSURRECCIÓN
Frecuentemente, se mezclan dos conceptos que no deberían
ser confundidos: la revolución y la insurrección. Una insurrección
es una revuelta, un motín, una contestación espontánea
que, quizá, pueda derrocar a un sistema. Esto no quiere decir
que una insurrección se transforme automáticamente en una
revolución. La historia nos ofrece experiencias de todo tipo:
hubo insurrecciones que sólo llegaron a instalar nuevas dictaduras,
hubo revoluciones que triunfaron sin insurrección y hubo
insurrecciones que llegaron a generar una revolución triunfante.
Todo, pues, es posible. Sin embargo, en la imaginación de la
gente –y de los anarquistas– el concepto de revolución está estrechamente
ligado con el de insurrección. Frecuentemente es
un simple sinónimo.
FENOTIPO Y GENOTIPO
Este punto de vista no sólo es incorrecto, sino dañino, porque
conduce a resultados equívocos. En realidad, aquellos que
piensan que todo lo violento es automáticamente revolucionario
y todo lo pacífico automáticamente reformista, tan sólo tienen
en cuenta los fenómenos de las cosas. Intentan calificar el
carácter de un acontecimiento atendiendo sólo a sus formas.
No podéis juzgar el contenido de una lata sin mirar en su interior.
En el Proyecto A solemos hablar de “fenotipo” y “genotipo”,
dos términos tomados de la biología. El “fenotipo” viene
a ser el aspecto exterior, la presentación superficial, la forma de
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 39
un acontecimiento. El “genotipo” es el desarrollo interior que
lleva este mismo acontecimiento, la dirección que va a tomar,
su calidad. En consecuencia, nos manejamos con muchísimo
cuidado juzgando si los movimientos sociales son revolucionarios
o reformistas, mirando sólo sus formas superficiales de actuación.
CHICAGO, 1886
Por ejemplo, los trabajadores anarquistas del Chicago de
1886, ¿eran revolucionarios o reformistas? Bueno, bajo el juicio
de algunos jóvenes anarco-puristas alemanes actuales, tienen
que haber sido llanamente reformistas. ¿Para qué han luchado?
¡Para la jornada de ocho horas! Tenían, pues, el mismo
fin que la sindical reformista alemana DGB. Tal punto de vista
sólo tiene en cuenta el “fenotipo” del movimiento y “olvida”
que aquellos obreros formaron parte de una estrategia con fines
revolucionarios y lucharon por la mejora de sus condiciones
de vida, mejores salarios y reducción de la jornada laboral
no como parte integral del sistema, sino como primer paso para
vencer ese sistema. La reivindicación como fenómeno puede
ser reformista o revolucionaria, depende del contexto de lucha
y perspectiva en la cual está envuelta, es decir, del “genotipo”.
Los trabajadores de Chicago desarrollaron sus luchas dentro
de un movimiento popular, contando con una base sólida y solidaria
y una buena estructura organizativa, al igual que nosotros
intentamos crearla (de una forma adecuada a nuestra sociedad
de hoy día) en nuestro proyecto. En síntesis: el “genotipo”
de las luchas de Chicago era revolucionario, si bien el “fenotipo”
de algunas de sus acciones, vistas separadamente, puede
parecer “reformista”.
ESPAÑA, 1936
O tomamos el famoso ejemplo español. Es realmente asombroso
que tan pocos anarquistas comprendan que la revolución
española no comenzó en 1936, sino unos cuarenta años antes.
¿Qué hacía la CNT durante todos estos años? ¿Qué hacía la
Internacional en España antes de crearse la CNT? No solamen40
/ HORST STOWASSER
te aquellos intentos heroicos y bien conocidos de huelgas generales,
revueltas, insurrecciones y expropiaciones, sino también
y al mismo tiempo, toda una serie de cosas “reformistas”: crearon
e instalaron sus sindicatos, crearon escuelas y economatos,
cooperativas obreras y agrarias, talleres, ateneos, editaron libros,
revistas culturales y filosóficas, formaron estructuras en
barrios y entre el vecindario, lucharon por pan, trabajo, mejores
sueldos, reducción del horario, condiciones dignas de trabajo
y muchas cosas más.
LA LABOR COTIDIANA
En otras palabras, también realizaron todo ese paquete de
trabajo silencioso de base, esa labor continua, cotidiana, aburrida,
sucia, frustrante y difícil de pasos pequeños, clásicamente
“reformista” y bajo un punto de vista “fenotípico”, idéntica
a la labor que realiza cualquier partido socialdemocrático, liberal
o democristiano de hoy en día o, incluso, como lo hace la
iglesia católica en sus tareas sociales. Pero sólo en la superficie.
Porque, precisamente, la CNT se preparó al mismo tiempo para
tomar las fábricas en sus manos, revolucionar el campo, organizar
la distribución, implantar el comunismo libertario. Se armó
para el caso de derrocar a la reacción y finalmente triunfó, aunque
sólo por pocos años. Pero sin esta base de fenotipo “reformista”,
nunca hubiera existido un “pueblo en armas” y aquellos
que hubieran tomado el fusil hubieran sido unos pocos locos,
totalmente aislados y sin la más mínima posibilidad de vencer.
Si miráis la actividad media de cualquier núcleo cenetista
habitual en cualquier año entre 1906 y 1936, encontraréis precisamente
un “fenotipo” reformista. Sin embargo, todos sabemos
que la CNT era extremadamente revolucionaria. ¿Una contradicción?
¡De ninguna manera! Justamente cuando tenéis en
cuenta el “genotipo”, la esencia, del anarcosindicalismo español,
podemos comprender que en su conjunto todo cambiaba
de valores: entonces incluso aquellos actos de “fenotipo” reformista
formaban parte de un proceso de “genotipo” revolucionario.
Ambos conceptos se condicionaron mutuamente. La CNT
logró varias mejoras, pequeñas reformas, antes del 36. Pero
ninguna de ellas jamás hubiera cambiado la sociedad de una
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 41
forma radical. Por otra parte, el puro gesto heroico e insurreccional
no hubiera triunfado como lo hizo en el 36, si la CNT no
hubiera creado esta base estable con su labor continua, de pequeños
pasos “reformistas” durante todos aquellos anteriores.
LA “RECETA SECRETA” DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA
Ésa es la “receta secreta” de la revolución española y de las
otras pocas revoluciones anarquistas que por corto tiempo lograron
triunfar: que los anarquistas de antaño no se consideraron
demasiado finos como para ocuparse también de los pequeños
problemas cotidianos de sus contemporáneos y de ellos
mismos, con el fin de proponer una solución radical en el momento
propicio, que podía ser seguida por las así llamadas
“masas”.
HAY QUE PREPARARSE PARA LA CRISIS DEL CAPITALISMO
La estrategia del Proyecto A sigue la misma filosofía: No
sabemos cómo y cuándo llegará aquel “momento propicio”.
Un sistema estatal puede caer en crisis muy rápidamente y de
forma imprevista, casi siempre debido a factores ajenos y no a
causa de nuestra agitación social. Nadie puede predecir, hoy en
día, si una situación revolucionaria en Alemania puede darse
mañana o dentro de veinte años. Pero tendríamos que estar
preparados, bien preparados, para responder a una situación
tal de forma adecuada. Un vacío de poder, como se efectuó en
España en julio de 1936, no debe necesariamente conducir a
una revolución libertaria. Puede fácilmente caer en el otro extremo:
una dictadura fascista u otra asquerosidad similar.
DERROCAR LA CONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES
Por eso, la mejor forma .de prepararnos es la de crear estructuras
sólidas, hacer vivir a mucha, mucha gente las más diversas
experiencias de Anarquía vivida, hacerles ver que la autogestión
es posible, hacerles perder todo miedo, respeto y confianza
en las instituciones estatales, hacerles capaces de tomar
su propio destino en sus propias manos en la ocasión dada y
42 / HORST STOWASSER
darles el coraje necesario. Y ese autocoraje se adquiere mediante
muchas experiencias pequeñas y cada vez más grandes, experiencias
que podemos empezar hoy mismo. Desde luego, la
revolución española no hubiera triunfado sólo con esos pequeños
pasos y sin que los obreros tomaran los fusiles de los cuarteles
y quebraran la resistencia de los generales facciosos. Ése
no era un paso pequeño, sino grande. ¡Pero es que los obreros
también se habían preparado para esto, lo habían aprendido de
antemano! Sin embargo, ellos no eran revolucionarios militaristas-
profesionales, sino simplemente trabajadores en lucha. Y
después de dos, tres días de lucha abierta en las calles de Barcelona,
estos mismos obreros sabían perfectamente cómo organizan
sus fábricas sin jefes y cómo organizar la vida social de
todo un país. ¡Porque se habían preparado también para esto!
Y tenían la base, la simpatía, la solidaridad y la confianza como
para vencer y realizar esta profunda revolución. Ellos no tenían
problemas en combinar inteligentemente elementos de fenotipo
“reformista” y otros de tipo “revolucionario”.
EL MITO DE LA LUCHA VIOLENTA
Es éste el camino correcto para lograr la revolución y, pienso,
que ésta es la razón por la cual muchos de los compañeros y
compañeras del Proyecto A no son ciento por ciento pacifistas.
Lo que pasa es que no glorificamos la violencia ni la vemos
como un valor por sí mismo. El problema es, lamentablemente,
que en los mitos históricos de las revoluciones viene a ser glorificada
siempre la lucha y la insurrección, olvidándose del resto.
LA ANALOGÍA CON EL ANARCOSINDICALISMO
En el Proyecto A no queremos olvidarnos de este “resto”.
Comenzamos a dar un primer paso y pensamos que, incluso
pareciendo “reformista” a algunos, es genuinamente revolucionario.
Cualquiera que relea las discusiones históricas que
tuvieron lugar cuando, a principio de siglo, la nueva idea del
“anarcosindicalismo” penetró en el movimiento anarquista –por
ejemplo, el famoso Congreso de Amsterdam de 1908– verá también
que, en aquel entonces, muchos anarquistas puristas sosteLA
UTOPÍA ES POSIBLE / 43
nían que cualquier tipo de sindicalismo debería ser necesariamente
reformista. También ellos sólo tenían en cuenta el “fenotipo”
del anarcosindicalismo y se olvidaron de su “genotipo”.
En la realidad, el anarcosindicalismo fue hasta nuestros días la
corriente libertaria con más éxito. Pero ya no vivimos en los
años treinta y lo único que intentamos nosotros es dar una respuesta
actual a nuestra realidad actual.
Este concepto nuestro de revolución es capaz de resolver la
aparente contradicción de que en la historia de las revoluciones,
esfuerzos idénticos llevaron a resultados diferentes. ¿Por
qué un levantamiento heroico, por ejemplo en Alemania, Italia
o EE.UU. falló, mientras que otro levantamiento igualmente
heroico triunfó en otras partes, por ejemplo en España, Ucrania
y la Argentina? La razón más importante es el hecho de que
para el triunfo de una revolución no es suficiente tanto el grado
de heroísmo y dedicación sino su contorno: la estabilidad y el
nivel de la base de la cual la revuelta emerge.
Base 1
Base 2
Proyecto A
Lugar / tiempo
Línea de resistencia
Base 1
Base 2
Proyecto A
Lugar / tiempo
Línea de resistencia
44 / HORST STOWASSER
LA “LÍNEA IMAGINARIA DE RESISTENCIA”
Cada revolución tiene que tratar con lo que llamamos la “línea
imaginaria de resistencia”. Esta línea está compuesta por
dos factores: la resistencia en las mentes de la gente que más
bien temen a una revolución en vez de desearla. El fin táctico de
cada revolución debe ser debilitar esta línea de resistencia, perforarla
y hacer que desaparezca.
PINCHAZOS Y LABOR CONSTANTE
Eso puede hacerse de dos maneras: perforarla y destruirla
con continuos pinchazos o bien debilitarla y vencer así la resistencia
en la mente de la población. Es obvio que no podremos
jamás vencer esta línea en la mente de dictadores y capitalistas
simplemente con buenos argumentos. Por eso, levantamientos,
rebeliones, huelgas generales, etc., es decir, los “pinchazos” serán,
con toda probabilidad, necesarios en momentos determinados.
Esto significa perforar la “línea” mediante la lucha directa.
Por otra parte, jamás podremos vencer la “línea de resistencia”
en las cabezas de esta gente que queremos “liberar”,
empleando la fuerza y la insurrección contra ellos. Por eso, la
tarea de debilitar esta “resistencia en las mentes” ha de efectuarse
con modelos de “Anarquía vivida”, mediante ejemplos,
creando contraestructuras virulentas, haciendo así de la revolución
algo que, cada vez más gente, en lugar de temer, desee,
contando con múltiples pequeñas experiencias, que les darán el
coraje y los conocimientos para realizarla. Esto quiere decir, en
consecuencia, que ambas formas son necesarias y que la tarea
de los anarquistas debe ser la de mantener la forma violenta lo
mínimo posible.
ELEVAR EL NIVEL DE LA BASE
Esto puede lograrse estando activo en dos campos: primero
tenemos que levantar el nivel de la base, desde la cual una revuelta
puede levantarse. Es ésta la “base sólida”, de la cual
hablé tantas veces en el principio. En segundo lugar tenemos
que debilitar la resistencia en las mentes de la gente. Es en estos
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 45
dos campos donde el Proyecto A quiere empezar a trabajar ahora
mismo. Nosotros enseñamos tan sólo un camino posible y cualquiera
puede realizar cosas similares y análogas.
Es éste el lugar del Proyecto A en el esquema de la revolución.
El Proyecto A no es, ni lo pretende, “la revolución”, sino
un paso preliminar necesario.
CREAR UNA VASTA CULTURA LIBERTARIA EN LA VIDA COTIDIANA
Lo que queremos lograr dentro de los próximos diez, veinte,
treinta años es precisamente crear una vasta cultura libertaria
en la vida cotidiana. En el croquis anterior, esto sería la capa
gris, el nivel del caso 2, la base para la revolución, que a su vez
puede alimentarse de esta misma base. En este dibujo podéis
ver fácilmente que un esfuerzo idéntico de revuelta, que parte
de una base débil e inferior no toca siquiera la “línea de resistencia”
o apenas la perfora durante escaso tiempo. Conocemos
todos –sobre todo en Alemania– esta dinámica de las pequeñas
luchas militantes locales de los últimos veinte años que precisamente
fallaron por falta de una base adecuada y cada vez, de
nuevo, cayeron a cero. Partían de un nivel muy bajo. Por otra
parte, la línea de resistencia que tenían que perforar aún era
muy espesa y fuerte. Un idéntico esfuerzo sin embargo puede
perfectamente perforar la línea de resistencia actuando de forma
repetida y constante, si parte de un nivel más alto y estable,
que –a su vez– ya haya debilitado esta línea de resistencia. Y si
estas perforaciones se repiten y se hacen frecuentes, tenemos lo
que llamamos por definición una situación revolucionaria y, si
la perforación es permanente, tenemos la revolución misma. La
revolución española, en realidad, partió de un nivel muy alto y
tenía que perforar una línea de resistencia muy débil, por parte
del sistema y muy pequeña en las mentes de mucha gente. Y
esta situación era precisamente el fruto de cuarenta años de
labor continuada, de dedicación y de una cultura libertaria vastamente
difundida. Es precisamente esto lo que queremos crear
con nuestro Proyecto A.
46 / HORST STOWASSER
LA “IDENTIFICACIÓN NEGATIVA” CON EL ESTADO
Quisiera ilustrar esta teoría con una simple experiencia, que
–probablemente– podéis compartir en muchísimas ocasiones:
hoy día, la mayoría de la gente no es entusiasta del Estado o del
gobierno ni mucho menos. Tiene lo que llamamos una “identificación
negativa” con el Estado. Es muy fácil hacer a una persona
cualquiera coincidir con vosotros en los siguientes juicios:
que el gobierno es una mafia, que el Estado es criminal, que los
impuestos son un robo, que los funcionarios son corruptos, que
las autoridades son una banda de arrogantes, que los precios
son un chantaje, etc.; muchos anarquistas entonces creen que
aquellas personas también son anarquistas en el fondo de sus
corazones y que quisieran igualmente abolir el Estado. Estos
anarquistas simplemente se olvidan de la otra cara de la moneda:
esta misma gente teme cualquier revolución y se acuerda
rápidamente de que el Estado, pese a todo, también es una especie
de compañía de seguros, que paga la renta y el subsidio
de paro, construye escuelas, carreteras y hospitales, mantiene
cierto orden e impide –en principio– que seas asaltado y robado
a golpes de navaja... “Pese a todo”, suele decir la gente, “las
cosas no están tan mal y si el Estado desaparece, podría ser
mucho peor”.
EL TEMOR A LA REVOLUCIÓN
Por eso no desean ninguna revolución. Tienen algo que perder
y lo que nosotros queremos ofrecer es muy nebuloso: no ha
sido jamás una experiencia vivida, al alcance, accesible. ¿De
dónde ha de venir la confianza de esta gente, de que ellos mismos
podrían construir un futuro mucho mejor? Esta “identificación
negativa” con el Estado de hoy día es probablemente
mucho más difícil de superar que el nacionalismo ciego y el
chauvinismo irracional de tiempos pasados. Por eso ya no podéis
convencer a la gente simplemente con algunos argumentos
bien estructurados que les hagan comprender su malestar ni
tampoco con alguna que otra acción ejemplar, sino más que
nada con ejemplos concretos, que los convenza de que las cosas
irán mejor si las tomamos en nuestras propias manos.
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 47
NUESTROS PRIMEROS PASOS CONCRETOS
Bueno, me parece que ya he hablado suficiente de sueños y
teoría. Al hacerlo, me he alejado bastante de aquella ciudad
alemana y la gris realidad que estamos viviendo ahora mismo.
La cuestión importante que se impone ahora es ¿cómo vamos a
pasar del “ahora” al “mañana” que acabo de describir y plantear?
¿Cuáles serán nuestros pasos concretos? ¿Cuál será el
horario que queremos seguir?
CRONOLOGÍA
La cronología que trato de daros ahora tiene que ser muy
corta y abreviada. Tiene muchos detalles técnico-administrativos
particulares de la República Federal Alemana y trataré de
no perderme en ellos, ya que la realidad en cada país es diferente.
Por lo tanto, poco se podrá concluir de ello dadas las diferentes
realidades nacionales.
LA “FASE PREPARATORIA”
Para nosotros, una muy buena preparación del proyecto es
de singular importancia. La mayoría de nosotros proviene, y
permanece activo, en el movimiento libertario alemán desde
hace muchos años. Así, todos sabemos lo rápido que pasa el
tiempo y la facilidad con la que se escapan los años. No queremos
gastar tiempo debido a una mala o precipitada preparación,
ni con tonterías prematuras. Nuestro lema al respecto es
muy sencillo: “tenemos mucha prisa, por eso lo preparamos
muy lentamente”.
HACERNOS GRUPO
Después de haber publicado el libro se definió la “fase preparatoria”.
En ella nos encontramos ahora mismo (nota del
autor: sobre la respectiva situación actual, ver la hoja de introducción).
Durante esta fase ciertas cosas tienen que lograrse:
tenemos que conocernos mutuamente, no sólo escribiéndonos
cartas o intercambiando ideas políticas y opiniones, sino tam48
/ HORST STOWASSER
bién como personas en nuestras vidas y nuestros caracteres.
Tenemos que hacernos grupo en el sentido amplio de la palabra:
política, económica, individual y psicológicamente. Son
procesos variados que necesitan tiempo.
PROFESIONES
Tenemos que encontrar personas con las profesiones adecuadas:
ya sea con título o conocimientos autodidactas o bien
concluyendo las formaciones profesionales en curso y los oficios
que los compañeros desean realizar en el futuro proyecto.
DISCUTIR EL CONCEPTO
Tenemos que formar los pequeños grupos que constituirán
los futuros “doble-proyectos”. Tenemos que juntar el dinero
necesario para la compra de equipos, inmuebles y terrenos, una
vez elegida la ciudad. Tenemos que volver a discutir críticamente
todo el contenido del libro “Das Projekt A”, que no es
otra cosa que una propuesta general, a fin de cambiarlo, completarlo
y así elaborar un nuevo concepto con el cual nos identifiquemos
todos.
Tenemos que conocernos en situaciones normales y extraordinarias.
Para ello nos visitamos mutuamente, organizamos
encuentros y mitines, campamentos y viajes, planeamos pequeños
proyectos temporalmente limitados para trabajar juntos,
etcétera.
ESTRUCTURA ORGÁNICA
Tenemos que organizar toda una estructura de encuentros a
escala nacional, regional o profesional, donde desarrollemos la
discusión, adoptemos decisiones, elaboremos los detalles y planeemos
los próximos pasos. Hemos de crear un boletín de debate
interno, de crítica e información, donde cada uno pueda
expresarse sin censura. Tenemos que hacer sesiones y juegos de
tipo psicodinámico e intentar abrirnos mutuamente, entrenar
nuestra sensitividad y nuestra comprensión entre todos. Tenemos
que analizar los puntos débiles y los posibles peligros de
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 49
nuestro proyecto e intentar elaborar contraestrategias. Tenemos
que prever y calcular el posible rechazo y represión. Todo
eso y mucho más ha de realizarse en dicha “fase preparatoria”.
FINAL DE LA PREPARACIÓN
Esta fase no se define por tiempo, sino por calidad. Es decir,
que esta fase no termina después de determinado tiempo, sino
en el momento en que estemos convencidos de haber cumplido
con todas esas necesidades y de que ya no hay nada de que
hablar sino que el asunto esté maduro para empezar. Una vez
que tengamos las personas precisas en el lugar correcto, el dinero
y las profesiones unidas, encontrada la ciudad adecuada y
elaborado el proyecto justo, sintiéndonos grupo, empezaremos.
ENCONTRAR EL LUGAR ADECUADO
La ciudad adecuada debe encontrarse durante la fase preparatoria.
Para ello elaboramos una especie de lista de criterios
con un sistema valorativo. Estos criterios abarcan aspectos como
por ejemplo el ambiente ecológico, la calidad urbanística, los
precios de casas, terrenos y locales, actividades políticas y culturales,
presencia de otros movimientos sociales, estructura
político-administrativa, fuerza económica, estructura coexistente
con industrias, servicios públicos y comercio, distancia a otros
centros urbanos mayores, agricultura y artesanía, posibilidad
de colaboración con otros proyectos alternativos locales y mucho
más. En una segunda fase, creamos “patronazgos” para las
ciudades preferidas y propuestas por diferentes compañeros,
reduciendo así las candidaturas a un número menor. En una
tercera fase, tras haber reducido nuevamente el número de ciudades,
enviaremos “espías” a los lugares restantes, con el fin de
vivir allí una temporada y obtener el máximo de informaciones
e impresiones. Al mismo tiempo, cada integrante del grupo tiene
la ocasión de visitar estas ciudades personalmente. Finalmente
tomaremos una decisión común de acuerdo con los resultados
obtenidos, esperando encontrar así para nuestro proyecto
específico una ciudad más o menos “óptima”.
50 / HORST STOWASSER
ARCHIGRUPO Y GRUPOS PIONEROS
Mientras tanto, los procesos de clarificación en los más diversos
grupos habrán progresado, de manera que ya podemos
crear lo que llamamos el “archigrupo”, es decir, gente, que ya
está del todo convencida y dispuesta a contraer compromisos y
obligaciones. Hasta este momento, la presencia en el grupo era
totalmente libre y no obligaba a nada. Ahora, sin embargo,
habrá compromisos de toda clase, libremente contraídos, de
tipo moral, legal y económico. Cada grupo puede unir a sus
componentes según su parecer y pensamos que, en los casos en
que existan grandes inversiones de dinero, conviene incluso firmar
contratos legales que eviten una pelea eterna en el caso de
que el compromiso político-moral fallase.
CONTRAER COMPROMISOS
Quisiera recordar, sin embargo, que cada “doble-proyecto”
es autónomo al fijar sus estructuras y que, hacia el proyecto
entero, solamente existen obligaciones de tipo moral. Sin embargo,
según la experiencia de muchos proyectos alternativos
de los últimos veinte años, parece ser conveniente que se fije de
antemano la manera en que un grupo se disuelve en caso de
pelea, convención que debería establecerse cuando el grupo esté
en plena armonía.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>continuación<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE<br />
BOOKCHIN / LIGURI<br />
STOWASSER</p>
<p>versión completa en:<br />
<a href="http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf" rel="nofollow">http://www.quijotelibros.com.ar/anarres/La%20utopia%20es%20posible.pdf</a></p>
<p>REVOLUCIÓN E INSURRECCIÓN<br />
Frecuentemente, se mezclan dos conceptos que no deberían<br />
ser confundidos: la revolución y la insurrección. Una insurrección<br />
es una revuelta, un motín, una contestación espontánea<br />
que, quizá, pueda derrocar a un sistema. Esto no quiere decir<br />
que una insurrección se transforme automáticamente en una<br />
revolución. La historia nos ofrece experiencias de todo tipo:<br />
hubo insurrecciones que sólo llegaron a instalar nuevas dictaduras,<br />
hubo revoluciones que triunfaron sin insurrección y hubo<br />
insurrecciones que llegaron a generar una revolución triunfante.<br />
Todo, pues, es posible. Sin embargo, en la imaginación de la<br />
gente –y de los anarquistas– el concepto de revolución está estrechamente<br />
ligado con el de insurrección. Frecuentemente es<br />
un simple sinónimo.<br />
FENOTIPO Y GENOTIPO<br />
Este punto de vista no sólo es incorrecto, sino dañino, porque<br />
conduce a resultados equívocos. En realidad, aquellos que<br />
piensan que todo lo violento es automáticamente revolucionario<br />
y todo lo pacífico automáticamente reformista, tan sólo tienen<br />
en cuenta los fenómenos de las cosas. Intentan calificar el<br />
carácter de un acontecimiento atendiendo sólo a sus formas.<br />
No podéis juzgar el contenido de una lata sin mirar en su interior.<br />
En el Proyecto A solemos hablar de “fenotipo” y “genotipo”,<br />
dos términos tomados de la biología. El “fenotipo” viene<br />
a ser el aspecto exterior, la presentación superficial, la forma de<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 39<br />
un acontecimiento. El “genotipo” es el desarrollo interior que<br />
lleva este mismo acontecimiento, la dirección que va a tomar,<br />
su calidad. En consecuencia, nos manejamos con muchísimo<br />
cuidado juzgando si los movimientos sociales son revolucionarios<br />
o reformistas, mirando sólo sus formas superficiales de actuación.<br />
CHICAGO, 1886<br />
Por ejemplo, los trabajadores anarquistas del Chicago de<br />
1886, ¿eran revolucionarios o reformistas? Bueno, bajo el juicio<br />
de algunos jóvenes anarco-puristas alemanes actuales, tienen<br />
que haber sido llanamente reformistas. ¿Para qué han luchado?<br />
¡Para la jornada de ocho horas! Tenían, pues, el mismo<br />
fin que la sindical reformista alemana DGB. Tal punto de vista<br />
sólo tiene en cuenta el “fenotipo” del movimiento y “olvida”<br />
que aquellos obreros formaron parte de una estrategia con fines<br />
revolucionarios y lucharon por la mejora de sus condiciones<br />
de vida, mejores salarios y reducción de la jornada laboral<br />
no como parte integral del sistema, sino como primer paso para<br />
vencer ese sistema. La reivindicación como fenómeno puede<br />
ser reformista o revolucionaria, depende del contexto de lucha<br />
y perspectiva en la cual está envuelta, es decir, del “genotipo”.<br />
Los trabajadores de Chicago desarrollaron sus luchas dentro<br />
de un movimiento popular, contando con una base sólida y solidaria<br />
y una buena estructura organizativa, al igual que nosotros<br />
intentamos crearla (de una forma adecuada a nuestra sociedad<br />
de hoy día) en nuestro proyecto. En síntesis: el “genotipo”<br />
de las luchas de Chicago era revolucionario, si bien el “fenotipo”<br />
de algunas de sus acciones, vistas separadamente, puede<br />
parecer “reformista”.<br />
ESPAÑA, 1936<br />
O tomamos el famoso ejemplo español. Es realmente asombroso<br />
que tan pocos anarquistas comprendan que la revolución<br />
española no comenzó en 1936, sino unos cuarenta años antes.<br />
¿Qué hacía la CNT durante todos estos años? ¿Qué hacía la<br />
Internacional en España antes de crearse la CNT? No solamen40<br />
/ HORST STOWASSER<br />
te aquellos intentos heroicos y bien conocidos de huelgas generales,<br />
revueltas, insurrecciones y expropiaciones, sino también<br />
y al mismo tiempo, toda una serie de cosas “reformistas”: crearon<br />
e instalaron sus sindicatos, crearon escuelas y economatos,<br />
cooperativas obreras y agrarias, talleres, ateneos, editaron libros,<br />
revistas culturales y filosóficas, formaron estructuras en<br />
barrios y entre el vecindario, lucharon por pan, trabajo, mejores<br />
sueldos, reducción del horario, condiciones dignas de trabajo<br />
y muchas cosas más.<br />
LA LABOR COTIDIANA<br />
En otras palabras, también realizaron todo ese paquete de<br />
trabajo silencioso de base, esa labor continua, cotidiana, aburrida,<br />
sucia, frustrante y difícil de pasos pequeños, clásicamente<br />
“reformista” y bajo un punto de vista “fenotípico”, idéntica<br />
a la labor que realiza cualquier partido socialdemocrático, liberal<br />
o democristiano de hoy en día o, incluso, como lo hace la<br />
iglesia católica en sus tareas sociales. Pero sólo en la superficie.<br />
Porque, precisamente, la CNT se preparó al mismo tiempo para<br />
tomar las fábricas en sus manos, revolucionar el campo, organizar<br />
la distribución, implantar el comunismo libertario. Se armó<br />
para el caso de derrocar a la reacción y finalmente triunfó, aunque<br />
sólo por pocos años. Pero sin esta base de fenotipo “reformista”,<br />
nunca hubiera existido un “pueblo en armas” y aquellos<br />
que hubieran tomado el fusil hubieran sido unos pocos locos,<br />
totalmente aislados y sin la más mínima posibilidad de vencer.<br />
Si miráis la actividad media de cualquier núcleo cenetista<br />
habitual en cualquier año entre 1906 y 1936, encontraréis precisamente<br />
un “fenotipo” reformista. Sin embargo, todos sabemos<br />
que la CNT era extremadamente revolucionaria. ¿Una contradicción?<br />
¡De ninguna manera! Justamente cuando tenéis en<br />
cuenta el “genotipo”, la esencia, del anarcosindicalismo español,<br />
podemos comprender que en su conjunto todo cambiaba<br />
de valores: entonces incluso aquellos actos de “fenotipo” reformista<br />
formaban parte de un proceso de “genotipo” revolucionario.<br />
Ambos conceptos se condicionaron mutuamente. La CNT<br />
logró varias mejoras, pequeñas reformas, antes del 36. Pero<br />
ninguna de ellas jamás hubiera cambiado la sociedad de una<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 41<br />
forma radical. Por otra parte, el puro gesto heroico e insurreccional<br />
no hubiera triunfado como lo hizo en el 36, si la CNT no<br />
hubiera creado esta base estable con su labor continua, de pequeños<br />
pasos “reformistas” durante todos aquellos anteriores.<br />
LA “RECETA SECRETA” DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA<br />
Ésa es la “receta secreta” de la revolución española y de las<br />
otras pocas revoluciones anarquistas que por corto tiempo lograron<br />
triunfar: que los anarquistas de antaño no se consideraron<br />
demasiado finos como para ocuparse también de los pequeños<br />
problemas cotidianos de sus contemporáneos y de ellos<br />
mismos, con el fin de proponer una solución radical en el momento<br />
propicio, que podía ser seguida por las así llamadas<br />
“masas”.<br />
HAY QUE PREPARARSE PARA LA CRISIS DEL CAPITALISMO<br />
La estrategia del Proyecto A sigue la misma filosofía: No<br />
sabemos cómo y cuándo llegará aquel “momento propicio”.<br />
Un sistema estatal puede caer en crisis muy rápidamente y de<br />
forma imprevista, casi siempre debido a factores ajenos y no a<br />
causa de nuestra agitación social. Nadie puede predecir, hoy en<br />
día, si una situación revolucionaria en Alemania puede darse<br />
mañana o dentro de veinte años. Pero tendríamos que estar<br />
preparados, bien preparados, para responder a una situación<br />
tal de forma adecuada. Un vacío de poder, como se efectuó en<br />
España en julio de 1936, no debe necesariamente conducir a<br />
una revolución libertaria. Puede fácilmente caer en el otro extremo:<br />
una dictadura fascista u otra asquerosidad similar.<br />
DERROCAR LA CONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES<br />
Por eso, la mejor forma .de prepararnos es la de crear estructuras<br />
sólidas, hacer vivir a mucha, mucha gente las más diversas<br />
experiencias de Anarquía vivida, hacerles ver que la autogestión<br />
es posible, hacerles perder todo miedo, respeto y confianza<br />
en las instituciones estatales, hacerles capaces de tomar<br />
su propio destino en sus propias manos en la ocasión dada y<br />
42 / HORST STOWASSER<br />
darles el coraje necesario. Y ese autocoraje se adquiere mediante<br />
muchas experiencias pequeñas y cada vez más grandes, experiencias<br />
que podemos empezar hoy mismo. Desde luego, la<br />
revolución española no hubiera triunfado sólo con esos pequeños<br />
pasos y sin que los obreros tomaran los fusiles de los cuarteles<br />
y quebraran la resistencia de los generales facciosos. Ése<br />
no era un paso pequeño, sino grande. ¡Pero es que los obreros<br />
también se habían preparado para esto, lo habían aprendido de<br />
antemano! Sin embargo, ellos no eran revolucionarios militaristas-<br />
profesionales, sino simplemente trabajadores en lucha. Y<br />
después de dos, tres días de lucha abierta en las calles de Barcelona,<br />
estos mismos obreros sabían perfectamente cómo organizan<br />
sus fábricas sin jefes y cómo organizar la vida social de<br />
todo un país. ¡Porque se habían preparado también para esto!<br />
Y tenían la base, la simpatía, la solidaridad y la confianza como<br />
para vencer y realizar esta profunda revolución. Ellos no tenían<br />
problemas en combinar inteligentemente elementos de fenotipo<br />
“reformista” y otros de tipo “revolucionario”.<br />
EL MITO DE LA LUCHA VIOLENTA<br />
Es éste el camino correcto para lograr la revolución y, pienso,<br />
que ésta es la razón por la cual muchos de los compañeros y<br />
compañeras del Proyecto A no son ciento por ciento pacifistas.<br />
Lo que pasa es que no glorificamos la violencia ni la vemos<br />
como un valor por sí mismo. El problema es, lamentablemente,<br />
que en los mitos históricos de las revoluciones viene a ser glorificada<br />
siempre la lucha y la insurrección, olvidándose del resto.<br />
LA ANALOGÍA CON EL ANARCOSINDICALISMO<br />
En el Proyecto A no queremos olvidarnos de este “resto”.<br />
Comenzamos a dar un primer paso y pensamos que, incluso<br />
pareciendo “reformista” a algunos, es genuinamente revolucionario.<br />
Cualquiera que relea las discusiones históricas que<br />
tuvieron lugar cuando, a principio de siglo, la nueva idea del<br />
“anarcosindicalismo” penetró en el movimiento anarquista –por<br />
ejemplo, el famoso Congreso de Amsterdam de 1908– verá también<br />
que, en aquel entonces, muchos anarquistas puristas sosteLA<br />
UTOPÍA ES POSIBLE / 43<br />
nían que cualquier tipo de sindicalismo debería ser necesariamente<br />
reformista. También ellos sólo tenían en cuenta el “fenotipo”<br />
del anarcosindicalismo y se olvidaron de su “genotipo”.<br />
En la realidad, el anarcosindicalismo fue hasta nuestros días la<br />
corriente libertaria con más éxito. Pero ya no vivimos en los<br />
años treinta y lo único que intentamos nosotros es dar una respuesta<br />
actual a nuestra realidad actual.<br />
Este concepto nuestro de revolución es capaz de resolver la<br />
aparente contradicción de que en la historia de las revoluciones,<br />
esfuerzos idénticos llevaron a resultados diferentes. ¿Por<br />
qué un levantamiento heroico, por ejemplo en Alemania, Italia<br />
o EE.UU. falló, mientras que otro levantamiento igualmente<br />
heroico triunfó en otras partes, por ejemplo en España, Ucrania<br />
y la Argentina? La razón más importante es el hecho de que<br />
para el triunfo de una revolución no es suficiente tanto el grado<br />
de heroísmo y dedicación sino su contorno: la estabilidad y el<br />
nivel de la base de la cual la revuelta emerge.<br />
Base 1<br />
Base 2<br />
Proyecto A<br />
Lugar / tiempo<br />
Línea de resistencia<br />
Base 1<br />
Base 2<br />
Proyecto A<br />
Lugar / tiempo<br />
Línea de resistencia<br />
44 / HORST STOWASSER<br />
LA “LÍNEA IMAGINARIA DE RESISTENCIA”<br />
Cada revolución tiene que tratar con lo que llamamos la “línea<br />
imaginaria de resistencia”. Esta línea está compuesta por<br />
dos factores: la resistencia en las mentes de la gente que más<br />
bien temen a una revolución en vez de desearla. El fin táctico de<br />
cada revolución debe ser debilitar esta línea de resistencia, perforarla<br />
y hacer que desaparezca.<br />
PINCHAZOS Y LABOR CONSTANTE<br />
Eso puede hacerse de dos maneras: perforarla y destruirla<br />
con continuos pinchazos o bien debilitarla y vencer así la resistencia<br />
en la mente de la población. Es obvio que no podremos<br />
jamás vencer esta línea en la mente de dictadores y capitalistas<br />
simplemente con buenos argumentos. Por eso, levantamientos,<br />
rebeliones, huelgas generales, etc., es decir, los “pinchazos” serán,<br />
con toda probabilidad, necesarios en momentos determinados.<br />
Esto significa perforar la “línea” mediante la lucha directa.<br />
Por otra parte, jamás podremos vencer la “línea de resistencia”<br />
en las cabezas de esta gente que queremos “liberar”,<br />
empleando la fuerza y la insurrección contra ellos. Por eso, la<br />
tarea de debilitar esta “resistencia en las mentes” ha de efectuarse<br />
con modelos de “Anarquía vivida”, mediante ejemplos,<br />
creando contraestructuras virulentas, haciendo así de la revolución<br />
algo que, cada vez más gente, en lugar de temer, desee,<br />
contando con múltiples pequeñas experiencias, que les darán el<br />
coraje y los conocimientos para realizarla. Esto quiere decir, en<br />
consecuencia, que ambas formas son necesarias y que la tarea<br />
de los anarquistas debe ser la de mantener la forma violenta lo<br />
mínimo posible.<br />
ELEVAR EL NIVEL DE LA BASE<br />
Esto puede lograrse estando activo en dos campos: primero<br />
tenemos que levantar el nivel de la base, desde la cual una revuelta<br />
puede levantarse. Es ésta la “base sólida”, de la cual<br />
hablé tantas veces en el principio. En segundo lugar tenemos<br />
que debilitar la resistencia en las mentes de la gente. Es en estos<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 45<br />
dos campos donde el Proyecto A quiere empezar a trabajar ahora<br />
mismo. Nosotros enseñamos tan sólo un camino posible y cualquiera<br />
puede realizar cosas similares y análogas.<br />
Es éste el lugar del Proyecto A en el esquema de la revolución.<br />
El Proyecto A no es, ni lo pretende, “la revolución”, sino<br />
un paso preliminar necesario.<br />
CREAR UNA VASTA CULTURA LIBERTARIA EN LA VIDA COTIDIANA<br />
Lo que queremos lograr dentro de los próximos diez, veinte,<br />
treinta años es precisamente crear una vasta cultura libertaria<br />
en la vida cotidiana. En el croquis anterior, esto sería la capa<br />
gris, el nivel del caso 2, la base para la revolución, que a su vez<br />
puede alimentarse de esta misma base. En este dibujo podéis<br />
ver fácilmente que un esfuerzo idéntico de revuelta, que parte<br />
de una base débil e inferior no toca siquiera la “línea de resistencia”<br />
o apenas la perfora durante escaso tiempo. Conocemos<br />
todos –sobre todo en Alemania– esta dinámica de las pequeñas<br />
luchas militantes locales de los últimos veinte años que precisamente<br />
fallaron por falta de una base adecuada y cada vez, de<br />
nuevo, cayeron a cero. Partían de un nivel muy bajo. Por otra<br />
parte, la línea de resistencia que tenían que perforar aún era<br />
muy espesa y fuerte. Un idéntico esfuerzo sin embargo puede<br />
perfectamente perforar la línea de resistencia actuando de forma<br />
repetida y constante, si parte de un nivel más alto y estable,<br />
que –a su vez– ya haya debilitado esta línea de resistencia. Y si<br />
estas perforaciones se repiten y se hacen frecuentes, tenemos lo<br />
que llamamos por definición una situación revolucionaria y, si<br />
la perforación es permanente, tenemos la revolución misma. La<br />
revolución española, en realidad, partió de un nivel muy alto y<br />
tenía que perforar una línea de resistencia muy débil, por parte<br />
del sistema y muy pequeña en las mentes de mucha gente. Y<br />
esta situación era precisamente el fruto de cuarenta años de<br />
labor continuada, de dedicación y de una cultura libertaria vastamente<br />
difundida. Es precisamente esto lo que queremos crear<br />
con nuestro Proyecto A.<br />
46 / HORST STOWASSER<br />
LA “IDENTIFICACIÓN NEGATIVA” CON EL ESTADO<br />
Quisiera ilustrar esta teoría con una simple experiencia, que<br />
–probablemente– podéis compartir en muchísimas ocasiones:<br />
hoy día, la mayoría de la gente no es entusiasta del Estado o del<br />
gobierno ni mucho menos. Tiene lo que llamamos una “identificación<br />
negativa” con el Estado. Es muy fácil hacer a una persona<br />
cualquiera coincidir con vosotros en los siguientes juicios:<br />
que el gobierno es una mafia, que el Estado es criminal, que los<br />
impuestos son un robo, que los funcionarios son corruptos, que<br />
las autoridades son una banda de arrogantes, que los precios<br />
son un chantaje, etc.; muchos anarquistas entonces creen que<br />
aquellas personas también son anarquistas en el fondo de sus<br />
corazones y que quisieran igualmente abolir el Estado. Estos<br />
anarquistas simplemente se olvidan de la otra cara de la moneda:<br />
esta misma gente teme cualquier revolución y se acuerda<br />
rápidamente de que el Estado, pese a todo, también es una especie<br />
de compañía de seguros, que paga la renta y el subsidio<br />
de paro, construye escuelas, carreteras y hospitales, mantiene<br />
cierto orden e impide –en principio– que seas asaltado y robado<br />
a golpes de navaja&#8230; “Pese a todo”, suele decir la gente, “las<br />
cosas no están tan mal y si el Estado desaparece, podría ser<br />
mucho peor”.<br />
EL TEMOR A LA REVOLUCIÓN<br />
Por eso no desean ninguna revolución. Tienen algo que perder<br />
y lo que nosotros queremos ofrecer es muy nebuloso: no ha<br />
sido jamás una experiencia vivida, al alcance, accesible. ¿De<br />
dónde ha de venir la confianza de esta gente, de que ellos mismos<br />
podrían construir un futuro mucho mejor? Esta “identificación<br />
negativa” con el Estado de hoy día es probablemente<br />
mucho más difícil de superar que el nacionalismo ciego y el<br />
chauvinismo irracional de tiempos pasados. Por eso ya no podéis<br />
convencer a la gente simplemente con algunos argumentos<br />
bien estructurados que les hagan comprender su malestar ni<br />
tampoco con alguna que otra acción ejemplar, sino más que<br />
nada con ejemplos concretos, que los convenza de que las cosas<br />
irán mejor si las tomamos en nuestras propias manos.<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 47<br />
NUESTROS PRIMEROS PASOS CONCRETOS<br />
Bueno, me parece que ya he hablado suficiente de sueños y<br />
teoría. Al hacerlo, me he alejado bastante de aquella ciudad<br />
alemana y la gris realidad que estamos viviendo ahora mismo.<br />
La cuestión importante que se impone ahora es ¿cómo vamos a<br />
pasar del “ahora” al “mañana” que acabo de describir y plantear?<br />
¿Cuáles serán nuestros pasos concretos? ¿Cuál será el<br />
horario que queremos seguir?<br />
CRONOLOGÍA<br />
La cronología que trato de daros ahora tiene que ser muy<br />
corta y abreviada. Tiene muchos detalles técnico-administrativos<br />
particulares de la República Federal Alemana y trataré de<br />
no perderme en ellos, ya que la realidad en cada país es diferente.<br />
Por lo tanto, poco se podrá concluir de ello dadas las diferentes<br />
realidades nacionales.<br />
LA “FASE PREPARATORIA”<br />
Para nosotros, una muy buena preparación del proyecto es<br />
de singular importancia. La mayoría de nosotros proviene, y<br />
permanece activo, en el movimiento libertario alemán desde<br />
hace muchos años. Así, todos sabemos lo rápido que pasa el<br />
tiempo y la facilidad con la que se escapan los años. No queremos<br />
gastar tiempo debido a una mala o precipitada preparación,<br />
ni con tonterías prematuras. Nuestro lema al respecto es<br />
muy sencillo: “tenemos mucha prisa, por eso lo preparamos<br />
muy lentamente”.<br />
HACERNOS GRUPO<br />
Después de haber publicado el libro se definió la “fase preparatoria”.<br />
En ella nos encontramos ahora mismo (nota del<br />
autor: sobre la respectiva situación actual, ver la hoja de introducción).<br />
Durante esta fase ciertas cosas tienen que lograrse:<br />
tenemos que conocernos mutuamente, no sólo escribiéndonos<br />
cartas o intercambiando ideas políticas y opiniones, sino tam48<br />
/ HORST STOWASSER<br />
bién como personas en nuestras vidas y nuestros caracteres.<br />
Tenemos que hacernos grupo en el sentido amplio de la palabra:<br />
política, económica, individual y psicológicamente. Son<br />
procesos variados que necesitan tiempo.<br />
PROFESIONES<br />
Tenemos que encontrar personas con las profesiones adecuadas:<br />
ya sea con título o conocimientos autodidactas o bien<br />
concluyendo las formaciones profesionales en curso y los oficios<br />
que los compañeros desean realizar en el futuro proyecto.<br />
DISCUTIR EL CONCEPTO<br />
Tenemos que formar los pequeños grupos que constituirán<br />
los futuros “doble-proyectos”. Tenemos que juntar el dinero<br />
necesario para la compra de equipos, inmuebles y terrenos, una<br />
vez elegida la ciudad. Tenemos que volver a discutir críticamente<br />
todo el contenido del libro “Das Projekt A”, que no es<br />
otra cosa que una propuesta general, a fin de cambiarlo, completarlo<br />
y así elaborar un nuevo concepto con el cual nos identifiquemos<br />
todos.<br />
Tenemos que conocernos en situaciones normales y extraordinarias.<br />
Para ello nos visitamos mutuamente, organizamos<br />
encuentros y mitines, campamentos y viajes, planeamos pequeños<br />
proyectos temporalmente limitados para trabajar juntos,<br />
etcétera.<br />
ESTRUCTURA ORGÁNICA<br />
Tenemos que organizar toda una estructura de encuentros a<br />
escala nacional, regional o profesional, donde desarrollemos la<br />
discusión, adoptemos decisiones, elaboremos los detalles y planeemos<br />
los próximos pasos. Hemos de crear un boletín de debate<br />
interno, de crítica e información, donde cada uno pueda<br />
expresarse sin censura. Tenemos que hacer sesiones y juegos de<br />
tipo psicodinámico e intentar abrirnos mutuamente, entrenar<br />
nuestra sensitividad y nuestra comprensión entre todos. Tenemos<br />
que analizar los puntos débiles y los posibles peligros de<br />
LA UTOPÍA ES POSIBLE / 49<br />
nuestro proyecto e intentar elaborar contraestrategias. Tenemos<br />
que prever y calcular el posible rechazo y represión. Todo<br />
eso y mucho más ha de realizarse en dicha “fase preparatoria”.<br />
FINAL DE LA PREPARACIÓN<br />
Esta fase no se define por tiempo, sino por calidad. Es decir,<br />
que esta fase no termina después de determinado tiempo, sino<br />
en el momento en que estemos convencidos de haber cumplido<br />
con todas esas necesidades y de que ya no hay nada de que<br />
hablar sino que el asunto esté maduro para empezar. Una vez<br />
que tengamos las personas precisas en el lugar correcto, el dinero<br />
y las profesiones unidas, encontrada la ciudad adecuada y<br />
elaborado el proyecto justo, sintiéndonos grupo, empezaremos.<br />
ENCONTRAR EL LUGAR ADECUADO<br />
La ciudad adecuada debe encontrarse durante la fase preparatoria.<br />
Para ello elaboramos una especie de lista de criterios<br />
con un sistema valorativo. Estos criterios abarcan aspectos como<br />
por ejemplo el ambiente ecológico, la calidad urbanística, los<br />
precios de casas, terrenos y locales, actividades políticas y culturales,<br />
presencia de otros movimientos sociales, estructura<br />
político-administrativa, fuerza económica, estructura coexistente<br />
con industrias, servicios públicos y comercio, distancia a otros<br />
centros urbanos mayores, agricultura y artesanía, posibilidad<br />
de colaboración con otros proyectos alternativos locales y mucho<br />
más. En una segunda fase, creamos “patronazgos” para las<br />
ciudades preferidas y propuestas por diferentes compañeros,<br />
reduciendo así las candidaturas a un número menor. En una<br />
tercera fase, tras haber reducido nuevamente el número de ciudades,<br />
enviaremos “espías” a los lugares restantes, con el fin de<br />
vivir allí una temporada y obtener el máximo de informaciones<br />
e impresiones. Al mismo tiempo, cada integrante del grupo tiene<br />
la ocasión de visitar estas ciudades personalmente. Finalmente<br />
tomaremos una decisión común de acuerdo con los resultados<br />
obtenidos, esperando encontrar así para nuestro proyecto<br />
específico una ciudad más o menos “óptima”.<br />
50 / HORST STOWASSER<br />
ARCHIGRUPO Y GRUPOS PIONEROS<br />
Mientras tanto, los procesos de clarificación en los más diversos<br />
grupos habrán progresado, de manera que ya podemos<br />
crear lo que llamamos el “archigrupo”, es decir, gente, que ya<br />
está del todo convencida y dispuesta a contraer compromisos y<br />
obligaciones. Hasta este momento, la presencia en el grupo era<br />
totalmente libre y no obligaba a nada. Ahora, sin embargo,<br />
habrá compromisos de toda clase, libremente contraídos, de<br />
tipo moral, legal y económico. Cada grupo puede unir a sus<br />
componentes según su parecer y pensamos que, en los casos en<br />
que existan grandes inversiones de dinero, conviene incluso firmar<br />
contratos legales que eviten una pelea eterna en el caso de<br />
que el compromiso político-moral fallase.<br />
CONTRAER COMPROMISOS<br />
Quisiera recordar, sin embargo, que cada “doble-proyecto”<br />
es autónomo al fijar sus estructuras y que, hacia el proyecto<br />
entero, solamente existen obligaciones de tipo moral. Sin embargo,<br />
según la experiencia de muchos proyectos alternativos<br />
de los últimos veinte años, parece ser conveniente que se fije de<br />
antemano la manera en que un grupo se disuelve en caso de<br />
pelea, convención que debería establecerse cuando el grupo esté<br />
en plena armonía.</p>
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		<title>Por: redlatinasinfronteras</title>
		<link>http://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2008/04/11/murray-bookchin/#comment-167</link>
		<dc:creator>redlatinasinfronteras</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 12:42:37 +0000</pubDate>
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		<description>RedLACES
Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social

http://www.ecologiasocial.com/presentacion/index.html

La Red Latino Americana y Caribeña de Ecología Social (RedLACES) es una iniciativa de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Iniciada en 1989, la red agrupó a instituciones y personas interesadas en la ecología social y humana. En 2002 se re-lanza el sitio web de la Red, y se potencia la estructura en red basada en comunicaciones electrónicas. Sus objetivos son promover la reflexión y análisis, vinculado a una práctica, y el compromiso ético con la defensa de la vida.

Un concepto amplio 

 

La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social apunta a un concepto amplio de ecología social, definiéndolo como el estudio y las prácticas en las relaciones de los grupos humanos y su ambiente. Bajo esta amplia definición se incluyen las perspectivas tradicionales de ecología humana, así como en buena medida otros campos como la ecología política, antropología ecológica, la sociología ambiental, y en parte la economía ecológica y la biología de la conservación. Pero además, muchas prácticas en temas ambientales deberían ser incluidas en el campo de la ecología social, y en especial la educación ambiental.

 

El concepto de ecología social tiene una larga historia que se puede rastrear al nacimiento de la ecología humana en la escuela de Robert E. Park en la Universidad de Chicago. Desde hace más de un siglo, se han desarrollado varias escuelas con distintos énfasis. La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social no defiende una posición sobre otras, y en cambio busca promover la mayor difusión sobre estas posturas y fortalecerlas a todas ellas.

 

Un poco de historia

 

La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social fue una iniciativa de CLAES orientada tanto a vincular a las personas interesadas en este campo, sea por sus prácticas como por tareas de enseñanza o investigación, como en promover y difundir esta perspectiva.

 

La Red se fundó en 1989. Como antecedentes inmediatos se encontraban los encuentros sobre &quot;sistemas hombre-ambiente&quot; celebrados en el Cono Sur. El primer boletín de la Red, &quot;Teko-Ha&quot; se publicó en junio de 1989, y se editaron 15 números en papel, hasta 1994. En esa primera etapa, la Red se conformó con miembros de varios países y consejo de coordinación. Los miembros de la Red y los integrantes de ese consejo se reunieron en cuatro ocasiones, además se participó en diversos encuentros internacionales, se editó el informe &quot;Todavía hay esperanza - vida para el futuro de nuestra América Latina y el Caribe&quot; en el marco del proceso de la Eco 92 de Rio de Janeiro, y se mantuvo el programa de publicaciones. 

 

En 1999, la difusión de los medios electrónicos de comunicación permitió que el boletín Teko-Ha pasara a distribuirse por correo-e en formato digital, y de esta manera la comunicación con los miembros se volvió mucha más fluida. A la vez, la Red se redefinió como un espacio más amplio de comunicación, con un acceso libre a todos los interesados. Sin exigencias en cuanto a pago de cuotas, y con un mecanismo de comunicación más ágil, la lista de integrantes de la Red comenzó a aumentar.

 

En 2002, la Red inicia un pequeño sitio en internet con informaciones y un sistema de inscripción. Entre 2002 y 2005, el número de personas registradas en la Red alcanzó los mil integrantes, y se mantuvo con altibajos la edición del boletín Teko-Ha. En diciembre de 2005 se inicia una nueva etapa con la inauguración de un sitio web propio de la Red.

http://www.ecologiasocial.com/</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>RedLACES<br />
Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social</p>
<p><a href="http://www.ecologiasocial.com/presentacion/index.html" rel="nofollow">http://www.ecologiasocial.com/presentacion/index.html</a></p>
<p>La Red Latino Americana y Caribeña de Ecología Social (RedLACES) es una iniciativa de CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social). Iniciada en 1989, la red agrupó a instituciones y personas interesadas en la ecología social y humana. En 2002 se re-lanza el sitio web de la Red, y se potencia la estructura en red basada en comunicaciones electrónicas. Sus objetivos son promover la reflexión y análisis, vinculado a una práctica, y el compromiso ético con la defensa de la vida.</p>
<p>Un concepto amplio </p>
<p>La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social apunta a un concepto amplio de ecología social, definiéndolo como el estudio y las prácticas en las relaciones de los grupos humanos y su ambiente. Bajo esta amplia definición se incluyen las perspectivas tradicionales de ecología humana, así como en buena medida otros campos como la ecología política, antropología ecológica, la sociología ambiental, y en parte la economía ecológica y la biología de la conservación. Pero además, muchas prácticas en temas ambientales deberían ser incluidas en el campo de la ecología social, y en especial la educación ambiental.</p>
<p>El concepto de ecología social tiene una larga historia que se puede rastrear al nacimiento de la ecología humana en la escuela de Robert E. Park en la Universidad de Chicago. Desde hace más de un siglo, se han desarrollado varias escuelas con distintos énfasis. La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social no defiende una posición sobre otras, y en cambio busca promover la mayor difusión sobre estas posturas y fortalecerlas a todas ellas.</p>
<p>Un poco de historia</p>
<p>La Red Latinoamericana y Caribeña de Ecología Social fue una iniciativa de CLAES orientada tanto a vincular a las personas interesadas en este campo, sea por sus prácticas como por tareas de enseñanza o investigación, como en promover y difundir esta perspectiva.</p>
<p>La Red se fundó en 1989. Como antecedentes inmediatos se encontraban los encuentros sobre &#8220;sistemas hombre-ambiente&#8221; celebrados en el Cono Sur. El primer boletín de la Red, &#8220;Teko-Ha&#8221; se publicó en junio de 1989, y se editaron 15 números en papel, hasta 1994. En esa primera etapa, la Red se conformó con miembros de varios países y consejo de coordinación. Los miembros de la Red y los integrantes de ese consejo se reunieron en cuatro ocasiones, además se participó en diversos encuentros internacionales, se editó el informe &#8220;Todavía hay esperanza &#8211; vida para el futuro de nuestra América Latina y el Caribe&#8221; en el marco del proceso de la Eco 92 de Rio de Janeiro, y se mantuvo el programa de publicaciones. </p>
<p>En 1999, la difusión de los medios electrónicos de comunicación permitió que el boletín Teko-Ha pasara a distribuirse por correo-e en formato digital, y de esta manera la comunicación con los miembros se volvió mucha más fluida. A la vez, la Red se redefinió como un espacio más amplio de comunicación, con un acceso libre a todos los interesados. Sin exigencias en cuanto a pago de cuotas, y con un mecanismo de comunicación más ágil, la lista de integrantes de la Red comenzó a aumentar.</p>
<p>En 2002, la Red inicia un pequeño sitio en internet con informaciones y un sistema de inscripción. Entre 2002 y 2005, el número de personas registradas en la Red alcanzó los mil integrantes, y se mantuvo con altibajos la edición del boletín Teko-Ha. En diciembre de 2005 se inicia una nueva etapa con la inauguración de un sitio web propio de la Red.</p>
<p><a href="http://www.ecologiasocial.com/" rel="nofollow">http://www.ecologiasocial.com/</a></p>
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