México: Rememorando a los rebeldes yucatecos de 1974

___Yucatan_Efraín Calderón Lara_
Rememorando a los rebeldes yucatecos de 1974:
Efraín Calderón Lara y cientos de estudiantes y sindicalistas,
a 40 años de un bárbaro crimen y una gran lucha meridana
___enLucha
por Mauricio Macossay Vallado

El 13 de febrero de 1974 fue secuestrado, torturado y asesinado Efraín Calderón Lara, el joven abogado que asesoraba a un grupo de nuevos sindicatos independientes yucatecos. Era uno de los principales integrantes del grupo estudiantil independiente Jacinto Canek, que desde 1971 apoyaba firmemente el surgimiento de nuevos sindicatos, con trabajadores que hasta ese entonces no habían podido sindicalizarse.

Fue secuestrado casi a las 12 de la noche del 13 de febrero, por policías y ex-policías, por órdenes del gobernador priísta Carlos Loret de Mola (que seguramente consultó y recibió aprobación del entonces presidente de México Luis Echeverría), en una acción concertada con la cúpula de las cámaras empresariales yucatecas (respaldadas probablemente por las cámaras nacionales), especialmente de los dueños de las empresas MITZA y CUSESA y con la cúpula local (y tal vez con la avenencia de Fidel Velázquez también) de la Confederación de Trabajadores de México -CTM-. Fue torturado, asesinado de un tiro en la cabeza y dejado en la carretera que va de Carrillo Puerto a Chetumal en Quintana Roo, a varios cientos de kilómetros al sur de Mérida. Fue el 16 de febrero cuando se encontró el cadáver, fue trasladado a Mérida donde se le hace la autopsia en la escuela de medicina de la Universidad de Yucatán y se constatan las torturas.

Trataba de ser un duro escarmiento para los cientos de activistas estudiantiles y populares y para los trabajadores que luchaban por el respeto a sus más elementales derechos laborales y sindicales, desde junio de 1973, cuando se formó el primer sindicato independiente de esa camada, el sindicato de choferes de los camiones urbanos de Mérida Jacinto Canek.

Tenía apenas 26 años, era pasante de abogacía por la Universidad de Yucatán. Originario de Hopelchén, Campeche, vivía en Mérida desde hacía años y creía en la justicia social, por ello se sumó a la lucha sindical independiente como abogado asesor de las nacientes organizaciones. Era un joven humanista, con influencias marxistas y libertarias, profundamente honesto y arrojado. El papel que tuvo como abogado asesor, en un medio donde muy pocos se atrevían a asesorar honestamente a trabajadores y causas populares, arriesgándose, lo puso en el flechero de la represión empresarial y gubernamental. Recibió múltiples amenazas e intentos de soborno, que denunció valientemente en su momento, y se mantuvo a pie firme en la asesoría limpia a los trabajadores que luchaban. La creencia generalizada de empresarios y gobernantes de que los trabajadores no actúan por cuenta propia, sino movidos, manipulados, por líderes, llevó a que decidieran asesinarlo, para frenar las luchas laborales y sindicales.

No sólo no las calmaron, sino que las encendieron. El bárbaro crimen horrorizó a toda la sociedad yucateca y regional y provocó una gran huelga en casi todas las escuelas, de la Universidad, el Tecnológico, bachilleratos, secundarias e incluso primarias de Mérida y casi todo Yucatán. Huelga que duraría dos meses, de mediados de febrero a mediados de abril de 1974; múltiples grupos populares de Mérida y poblaciones cercanas se movilizaron organizadamente, exigiendo castigo ejemplar a los asesinos y respeto a los derechos de los trabajadores. Yucatán y especialmente Mérida se transformaron. Los centros organizadores estuvieron en las escuelas de economía, medicina y en la preparatoria de la universidad. Ante la tergiversación de los hechos que hacían los periódicos y medios locales, se recurrió a un efectivo volanteo masivo, donde se informaba con detalle de todo lo que iba sucediendo. De la apacible ciudad pobre, conformista, pacífica, donde los poderosos dominaban y hacían casi todo lo que querían sin resistencia aparente alguna; que había finalmente aceptado el fraude electoral de unos años atrás, cuando el PRI se impuso a la mala y evitó el triunfo del candidato panista Víctor Correa Rachó; cuando precisamente llegó Carlos Loret de Mola al gobierno de Yucatán. En esos meses se transformó en una ciudad donde la gente alzaba la voz por sus derechos, actuaba organizadamente, repudiaba no sólo el crimen de Efraín, sino muchos de los mecanismos cotidianos de la dominación y el control que tan bien les habían funcionado a los poderosos y sus personeros. Fueron comités estudiantiles y de barrios donde miles de estudiantes, trabajadores y amas de casa, se organizaron y dieron un gran batalla.

De junio de 1973 a febrero de 1974, en sólo 8 meses, cientos de trabajadores: choferes urbanos, empleados de limpieza del aeropuerto, empleados de CONASUPO, zapateros de la empresa Cananea (quienes fueron el eje de la lucha sindical independiente hasta 1977), empleados de gasolineras, empleados de la maquiladora extranjera Romarco, administrativos y manuales de la Universidad de Yucatán, obreros de las empresas de construcción CUSESA y MITZA y fileteadores de pescado de Progreso, se habían decidido a luchar por sus derechos colectivos e individuales organizadamente, por los derechos mínimos que se reconocen en la Constitución y en la Ley Federal del Trabajo. Empresarios y gobierno, con el sindicalismo charro cetemista, hizo enormes esfuerzos por parar esta ola reinvindicativa, pero sus mecanismos no funcionaron. Recurrieron entonces al crimen, al secuestro y asesinato de uno de los dirigentes más visibles e importantes. Volvieron a mostrar su cara criminal y represiva; como en 1761 cuando ejecutaron públicamente a Jacinto Canek y reprimieron con lujo de violencia a los alzados; como en 1847 y hasta 1900 cuando ahogaron en sangre, con lujo de violencia también, el levantamiento maya campesino (conocido como la guerra de castas); como en 1924 cuando ejecutaron a Felipe Carrillo Puerto y un puñado de dirigentes socialistas y reprimieron a las ligas de resistencia socialistas hasta desaparecerlas y controlarlas; como en 1936 cuando asesinaron en una emboscada al dirigente socialista Rogerio Chalé y emprendieron una nueva ofensiva represiva contra los reductos socialistas de aquellos años. En 1974 repetían la historia, pero los estudiantes y el pueblo trabajador meridano y de sus alrededores no se dejaron, tomaron las calles y exigieron sus derechos.

En marzo de 1974 el gobernador Loret de Mola se vio obligado a entregar a los policías asesinos materiales de Efraín, y el aparato judicial oficial tuvo que encarcelarlos y enjuiciarlos; pero los autores intelectuales fueron protegidos y se mantienen impunes hasta hoy.

A mediados de abril de 1974 las huelgas estudiantiles fueron levantadas y poco a poco se regresó a la normalidad.
La marcha independiente, popular, estudiantil y de trabajadores del 1º de mayo de 1974 fue imponente. Estas marchas independientes de los 1º de mayo de cada año fueron las más importantes con mucho, hasta 1990. Los trabajadores siguieron luchando por sus derechos.

El Frente Sindical Independiente, surgido a fines de 1973, llamado desde febrero de 1974 “Efraín Calderón Lara”, continuaba y se fortalecía. Se mantendría hasta 1977, cuando finalmente se diluyó con la desaparición del sindicato de zapateros. Durante algunos años estas luchas permitieron el respeto de los derechos de los grupos de trabajadores que dieron la batalla y de otros, como los obreros salineros de Las Coloradas y los avícolas de la empresa Campi, entre otros, que en los años ochenta lograron con unidad y organización independiente ejemplar, el respeto de importantes derechos laborales y sindicales.

La ola de sindicalismo independiente fue nacional, en muchas ciudades y lugares se dieron importantes batallas. En el DF, en Puebla, en Campeche y muchas más. En Mérida y Yucatán fueron especialmente importantes y significativas. El trío charros-gobierno-patrones fueron particularmente prepotentes y torpes, represivos y criminales, en Yucatán. Efraín fue sacrificado.

De aquellas luchas de 1973 y 1974, de la huelga por el crimen de Efraín, del Frente Sindical Independiente poco queda. El recuerdo de las batallas, la valía y valentía de Efraín, su sacrificio; pero también la valía de los cientos de hombres y mujeres que alzaron la voz, tomaron las calles, se organizaron en comités populares y lograron, al menos, que los policías asesinos materiales, fueran desenmascarados y entregados, y que durante años se respetaran, más o menos, los derechos laborales y sindicales.

A partir de 1990, cuando la gran batalla avícola de Tetiz y Hunucmá concluyó y bajo el influjo brutal y avasallador de las políticas neoliberales y la destrucción del viejo y corrupto aparato corporativo gubernamental y sus corporaciones afiliadas en Yucatán, los derechos colectivos, sociales, de todo el pueblo, especialmente de las y los trabajadores han sido tirados a la basura, son letra muerta, mientras pocos se organizan y luchan. La economía toda se ha trasnacionalizado y la pobreza y miseria, con una enorme cauda de desigualdad e injusticias, ha crecido.

La memoria es muy importante, no sólo el recuerdo de lo que hicieron las personas en la lucha social reinvindicativa, sino sobre todo porque es ocasión de recordar por qué y cómo pelearon, para alimentar nuestras luchas de hoy y de mañana.

Pese a todo, Efraín y esos cientos de luchadores, viven en nuestra memoria y algún día, pronto, volverán a alimentarnos y movernos a la lucha.

En memoria de Efraín y los luchadores sindicalistas y estudiantes de 1973 y 1974, y de todos aquellos que se han mantenido consecuentes y combativos, a pesar de los pesares, a pesar de la desmovilización y muchas veces de la desesperanza, fieles al pueblo trabajador indio y mestizo, levantemos de nuevo las banderas populares por los derechos legítimos del pueblo trabajador de Yucatán y todo México.

En febrero de 2014 se realizarán varios importantes y significativos actos en Mérida en memoria y homenaje a los luchadores de 1973-1974, en especial en memoria de Efraín Calderón Lara. Estemos pendientes para sumarnos y participar en ellos.

Rememorando a los rebeldes yucatecos de 1974:
Efraín Calderón Lara y cientos de estudiantes y sindicalistas,
a 40 años de un bárbaro crimen y una gran lucha meridana
Mauricio Macossay Vallado

El 13 de febrero de 1974 fue secuestrado, torturado y asesinado Efraín Calderón Lara, el joven abogado que asesoraba a un grupo de nuevos sindicatos independientes yucatecos. Era uno de los principales integrantes del grupo estudiantil independiente Jacinto Canek, que desde 1971 apoyaba firmemente el surgimiento de nuevos sindicatos, con trabajadores que hasta ese entonces no habían podido sindicalizarse.

Fue secuestrado casi a las 12 de la noche del 13 de febrero, por policías y ex-policías, por órdenes del gobernador priísta Carlos Loret de Mola (que seguramente consultó y recibió aprobación del entonces presidente de México Luis Echeverría), en una acción concertada con la cúpula de las cámaras empresariales yucatecas (respaldadas probablemente por las cámaras nacionales), especialmente de los dueños de las empresas MITZA y CUSESA y con la cúpula local (y tal vez con la avenencia de Fidel Velázquez también) de la Confederación de Trabajadores de México -CTM-. Fue torturado, asesinado de un tiro en la cabeza y dejado en la carretera que va de Carrillo Puerto a Chetumal en Quintana Roo, a varios cientos de kilómetros al sur de Mérida. Fue el 16 de febrero cuando se encontró el cadáver, fue trasladado a Mérida donde se le hace la autopsia en la escuela de medicina de la Universidad de Yucatán y se constatan las torturas.

Trataba de ser un duro escarmiento para los cientos de activistas estudiantiles y populares y para los trabajadores que luchaban por el respeto a sus más elementales derechos laborales y sindicales, desde junio de 1973, cuando se formó el primer sindicato independiente de esa camada, el sindicato de choferes de los camiones urbanos de Mérida Jacinto Canek.

Tenía apenas 26 años, era pasante de abogacía por la Universidad de Yucatán. Originario de Hopelchén, Campeche, vivía en Mérida desde hacía años y creía en la justicia social, por ello se sumó a la lucha sindical independiente como abogado asesor de las nacientes organizaciones. Era un joven humanista, con influencias marxistas y libertarias, profundamente honesto y arrojado. El papel que tuvo como abogado asesor, en un medio donde muy pocos se atrevían a asesorar honestamente a trabajadores y causas populares, arriesgándose, lo puso en el flechero de la represión empresarial y gubernamental. Recibió múltiples amenazas e intentos de soborno, que denunció valientemente en su momento, y se mantuvo a pie firme en la asesoría limpia a los trabajadores que luchaban. La creencia generalizada de empresarios y gobernantes de que los trabajadores no actúan por cuenta propia, sino movidos, manipulados, por líderes, llevó a que decidieran asesinarlo, para frenar las luchas laborales y sindicales.

No sólo no las calmaron, sino que las encendieron. El bárbaro crimen horrorizó a toda la sociedad yucateca y regional y provocó una gran huelga en casi todas las escuelas, de la Universidad, el Tecnológico, bachilleratos, secundarias e incluso primarias de Mérida y casi todo Yucatán. Huelga que duraría dos meses, de mediados de febrero a mediados de abril de 1974; múltiples grupos populares de Mérida y poblaciones cercanas se movilizaron organizadamente, exigiendo castigo ejemplar a los asesinos y respeto a los derechos de los trabajadores. Yucatán y especialmente Mérida se transformaron. Los centros organizadores estuvieron en las escuelas de economía, medicina y en la preparatoria de la universidad. Ante la tergiversación de los hechos que hacían los periódicos y medios locales, se recurrió a un efectivo volanteo masivo, donde se informaba con detalle de todo lo que iba sucediendo. De la apacible ciudad pobre, conformista, pacífica, donde los poderosos dominaban y hacían casi todo lo que querían sin resistencia aparente alguna; que había finalmente aceptado el fraude electoral de unos años atrás, cuando el PRI se impuso a la mala y evitó el triunfo del candidato panista Víctor Correa Rachó; cuando precisamente llegó Carlos Loret de Mola al gobierno de Yucatán. En esos meses se transformó en una ciudad donde la gente alzaba la voz por sus derechos, actuaba organizadamente, repudiaba no sólo el crimen de Efraín, sino muchos de los mecanismos cotidianos de la dominación y el control que tan bien les habían funcionado a los poderosos y sus personeros. Fueron comités estudiantiles y de barrios donde miles de estudiantes, trabajadores y amas de casa, se organizaron y dieron un gran batalla.

De junio de 1973 a febrero de 1974, en sólo 8 meses, cientos de trabajadores: choferes urbanos, empleados de limpieza del aeropuerto, empleados de CONASUPO, zapateros de la empresa Cananea (quienes fueron el eje de la lucha sindical independiente hasta 1977), empleados de gasolineras, empleados de la maquiladora extranjera Romarco, administrativos y manuales de la Universidad de Yucatán, obreros de las empresas de construcción CUSESA y MITZA y fileteadores de pescado de Progreso, se habían decidido a luchar por sus derechos colectivos e individuales organizadamente, por los derechos mínimos que se reconocen en la Constitución y en la Ley Federal del Trabajo. Empresarios y gobierno, con el sindicalismo charro cetemista, hizo enormes esfuerzos por parar esta ola reinvindicativa, pero sus mecanismos no funcionaron. Recurrieron entonces al crimen, al secuestro y asesinato de uno de los dirigentes más visibles e importantes. Volvieron a mostrar su cara criminal y represiva; como en 1761 cuando ejecutaron públicamente a Jacinto Canek y reprimieron con lujo de violencia a los alzados; como en 1847 y hasta 1900 cuando ahogaron en sangre, con lujo de violencia también, el levantamiento maya campesino (conocido como la guerra de castas); como en 1924 cuando ejecutaron a Felipe Carrillo Puerto y un puñado de dirigentes socialistas y reprimieron a las ligas de resistencia socialistas hasta desaparecerlas y controlarlas; como en 1936 cuando asesinaron en una emboscada al dirigente socialista Rogerio Chalé y emprendieron una nueva ofensiva represiva contra los reductos socialistas de aquellos años. En 1974 repetían la historia, pero los estudiantes y el pueblo trabajador meridano y de sus alrededores no se dejaron, tomaron las calles y exigieron sus derechos.

En marzo de 1974 el gobernador Loret de Mola se vio obligado a entregar a los policías asesinos materiales de Efraín, y el aparato judicial oficial tuvo que encarcelarlos y enjuiciarlos; pero los autores intelectuales fueron protegidos y se mantienen impunes hasta hoy.

A mediados de abril de 1974 las huelgas estudiantiles fueron levantadas y poco a poco se regresó a la normalidad.
La marcha independiente, popular, estudiantil y de trabajadores del 1º de mayo de 1974 fue imponente. Estas marchas independientes de los 1º de mayo de cada año fueron las más importantes con mucho, hasta 1990. Los trabajadores siguieron luchando por sus derechos.

El Frente Sindical Independiente, surgido a fines de 1973, llamado desde febrero de 1974 “Efraín Calderón Lara”, continuaba y se fortalecía. Se mantendría hasta 1977, cuando finalmente se diluyó con la desaparición del sindicato de zapateros. Durante algunos años estas luchas permitieron el respeto de los derechos de los grupos de trabajadores que dieron la batalla y de otros, como los obreros salineros de Las Coloradas y los avícolas de la empresa Campi, entre otros, que en los años ochenta lograron con unidad y organización independiente ejemplar, el respeto de importantes derechos laborales y sindicales.

La ola de sindicalismo independiente fue nacional, en muchas ciudades y lugares se dieron importantes batallas. En el DF, en Puebla, en Campeche y muchas más. En Mérida y Yucatán fueron especialmente importantes y significativas. El trío charros-gobierno-patrones fueron particularmente prepotentes y torpes, represivos y criminales, en Yucatán. Efraín fue sacrificado.

De aquellas luchas de 1973 y 1974, de la huelga por el crimen de Efraín, del Frente Sindical Independiente poco queda. El recuerdo de las batallas, la valía y valentía de Efraín, su sacrificio; pero también la valía de los cientos de hombres y mujeres que alzaron la voz, tomaron las calles, se organizaron en comités populares y lograron, al menos, que los policías asesinos materiales, fueran desenmascarados y entregados, y que durante años se respetaran, más o menos, los derechos laborales y sindicales.

A partir de 1990, cuando la gran batalla avícola de Tetiz y Hunucmá concluyó y bajo el influjo brutal y avasallador de las políticas neoliberales y la destrucción del viejo y corrupto aparato corporativo gubernamental y sus corporaciones afiliadas en Yucatán, los derechos colectivos, sociales, de todo el pueblo, especialmente de las y los trabajadores han sido tirados a la basura, son letra muerta, mientras pocos se organizan y luchan. La economía toda se ha trasnacionalizado y la pobreza y miseria, con una enorme cauda de desigualdad e injusticias, ha crecido.

La memoria es muy importante, no sólo el recuerdo de lo que hicieron las personas en la lucha social reinvindicativa, sino sobre todo porque es ocasión de recordar por qué y cómo pelearon, para alimentar nuestras luchas de hoy y de mañana.

Pese a todo, Efraín y esos cientos de luchadores, viven en nuestra memoria y algún día, pronto, volverán a alimentarnos y movernos a la lucha.

En memoria de Efraín y los luchadores sindicalistas y estudiantes de 1973 y 1974, y de todos aquellos que se han mantenido consecuentes y combativos, a pesar de los pesares, a pesar de la desmovilización y muchas veces de la desesperanza, fieles al pueblo trabajador indio y mestizo, levantemos de nuevo las banderas populares por los derechos legítimos del pueblo trabajador de Yucatán y todo México.

En febrero de 2014 se realizarán varios importantes y significativos actos en Mérida en memoria y homenaje a los luchadores de 1973-1974, en especial en memoria de Efraín Calderón Lara. Estemos pendientes para sumarnos y participar en ellos.

 enviado por  el rebelde <elrebelde@riseup.net>
Anuncios

About this entry