Uruguay_Santa Catalina, asesinato y “periodismo” amarillo

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Un buen titular escandaloso para los señores feudales del “periodismo” amarillo

En una nueva exhibición de estupidez nada ingenua ni original, el diario “El País” –primero siempre- subtitula una nota de tapa del 6 de noviembre referida a los acontecimientos en Santa Catalina, farfullando que todo ha venido ocurriendo “En el feudo de Zabalza”… Y en la nota misma, se afirma –palabras más, palabras menos- que “el fenómeno Santa catalina” es fruto de la acción planificada y organizada extramuros por gente que ha hecho de los jóvenes “soliviantados” del oeste su “carne de cañón” radical y desestabilizadora…

(Se alude, obviamente, al mismo vecino “radical” entrevistado intermitentemente por algunos medios, al que cuando la crisis del 2002 estos mismos medios le atribuyeron estar organizando y conduciendo a los desacatados menesterosos de ese año dramático, a los mil copamientos de supermercados que protagonizaría salvajemente una horda humana que iría desparramándose como reguero de pólvora desde la falda del Cerro hasta el Paso Molino y más lejos; eso sí, dirigiéndolos este hechicero de la lucha de clases, desde su casa, con mágicas señales de humo y algún milagroso teclado morse, claro, porque aún no funcionaban como hoy las famosas “redes sociales” virtuales).

Anticipando esta ingeniosa primera plana del diario caganchero, algunas radios y algunos canales trataron de pintarnos desde la noche misma del brutal asesinato de Sergio Lemos, un panorama de barrio copado por “grupos extremistas” que nada tienen que ver con el lugar, y, también, diciendo tonterías como que “Santa Catalina es como un barrio privado”, en el que al que llega de afuera, la gente lo hace sentir “como sapo de otro pozo”, algo así como si “el Santa” fuera la emulación tugurizada, maloliente y contaminada de los opulentos y señoriales “Beverly Hill” de Carrasco y Punta Gorda, en los que nadie es sapo de otro pozo sencillamente porque ahí no entra nadie más que la crema privilegiada de nuestra desvencijada “tacita de plata”…

Ya cuando ocurrió la golpiza policial y la arbitraria detención de tres chiquilines de hace un par de meses frente a la casa de una vecina “catalinense” comprometida en la lucha por los DD.HH., la prensa estúpida pintó un panorama de “zona roja” manipulada desde lejos por no se sabe qué agentes diabólicos del mal pretendiendo prevalecerse de su supuesto “profesionalismo militante” para utilizar a la muchachada del cercano Oeste como si fuesen tontos nenes de pecho esperando a los salvadores ilustrados que vendrán a librarlos de las fuerzas del bien, y enrolarlos en las filas de la temible caterva ultra que desea voltear a toda costa al gobierno y ejecutar de parado al sistema.

La técnica mediática imperante, si así puede llamársele, responde a su misma razón de ser: preservar el statu quo, garantizar la existencia de una sociedad profundamente polarizada entre pobres y ricos, prolongar relaciones sociales fundadas en el sometimiento de la inmensa mayoría laboriosa por una ínfima minoría parasitaria; en fin, eternizar perversamente opresiones y desigualdades a través de una prédica incesante y una versión de la realidad, que son, de hecho, el complemento “cultural” de la función coercitivo-represiva del Estado y su caballito de batalla de siempre, el “principio de autoridad”, eufemismo grosero tras del cual se mimetiza el “principio del autoritarismo”.

Por supuesto que del primero al último de los dueños de estos medios prácticamente monopolizados por la clase dominante, cuenta con disponibilidad de preparación educativa e informativa como para ser plenamente conscientes de la obra magníficamente mentirosa que desarrollan sin que haya “ley de medios” que los frene. Son, en verdad, los dueños de la mentira industrializada y empaquetada con que día y noche los poderosos siembran en la población semillas de ignorancia y engaño colectivo al por mayor, sin atenerse en lo más mínimo a una objetividad con la que se llenan la boca muy buena parte de quienes se autoconsideran periodistas e informativistas, al servicio de los que sí sin exageración hay que identificar como los señores feudales de la prensa burguesa.

Es probable que fuera del Oeste de Montevideo, haya una considerable masa poblacional a la que esta fábrica de falsedad cotidiana pueda hacerle creer, por el momento, que lo que viene ocurriendo en Santa Catalina es el fruto camuflado de la acción disolvente del “profesionalismo militante” o de alguna gente con superpoderes mentales que lo hagan ser el satánico “señor feudal” del barrio capaz de encender una llamarada de odio y de dolor sin consuelo como la que sigue irradiándose sobre todo desde los corazones y la voluntad herida de quienes no son solamente un porcentaje demográfico del país sumergido: los jóvenes, esa franja etarea que en realidad va desde la media infancia hasta por lo menos los treinta años.

Pero en Santa Catalina, nadie, absolutamente nadie, podrá creerse tamaña fantasía mediático-burguesa. Hasta quienes son tremendamente cuestionadores de lo que se ha dado en llamar ligeramente “radicales”; ni el más flechado en este sentido, habrá de morfarse esta pastilla.

Por otra parte, lo que “El País” llama feudo, es, ni más ni menos, que un barrio humilde en el que el compañero Zabalza, entre muchos otros que saben cómo comportarse como buenos vecinos, es apreciado y respetado por esa simple condición, pero no por ninguna otra cualidad politiquera en la que los dueños de este diario son especialistas.

“El País” y los demás pasquines y canales y emisoras de radio, hay que decirlo en honor a la verdad y para no andar con gre-gre o disimulando orígenes y explicaciones “sociológicas”, si quieren cargar las tintas en el carácter “rojo” de este oeste cargado de furia, deberían señalar un aspecto que está en el fondo más profundo de la idiosincracia de esta juventud valiente y justiciera que hoy levanta los puños con orgullo y que no necesita que nadie venga a decirle qué debe hacer y cómo:

Estas muchachitas y estos muchachitos que no toleran un segundo más de prepotencia y atropello de asesinos uniformados o sin uniforme, son los hijos y los nietos de miles y miles de mujeres y hombres resueltos a no vivir en situación de calle o penando en pensiones de baja estofa, y que en sucesivas y masivas acciones directas, muchas veces resistiendo matoneadas diversas de milicos visibles y no visibles, durante más de 20 años, han venido ocupando estas tierras que no eran barrios, sino, sencillamente, predios baldíos estatales reservados para lo que hoy está en marcha en torno a la base militar naval que se trasladó de la Aduana al Oeste, por orden de las multinacionales saqueadoras, las zonas francas del narco-comercio, las amenazantes regasificadoras y cada gobierno asesino de los EE.UU.

La juventud del oeste de Montevideo es la heredera natural y enaltecedora de un conjunto social de miles y miles de familias laburantes, impelido por la miseria y el honor a una pequeña pero dignísima rebelión popular expresada a través de lo más elemental que debería mover a cada ser humano: el ejercicio del derecho natural a vivir bajo un techo que nos de cobijo y abrigo y sobre una tierra que nos pertenece y que nos alimenta no para destruirla, sino para enriquecerla y cuidarla de los que han hecho suya la imbecilidad mercantilista.

Los jóvenes y los no jóvenes de Santa Catalina ni necesitan ni toleran que de “extramuros” o de “intramuros”, se les diga desde alguna cabeza iluminada cómo deben seguir siendo respetuosos y celosos cuidadores de su propia dignidad heredada. Con aciertos y con errores, esta barriada es, como potencialmente podrían serlo todas las barriadas del territorio, un conjunto de individualidades capaces de hermanarse sin condicionamientos frente a los ataques de quien sea, y de discutir y valorar cómo seguir desarrollando una urdimbre de vida social lo más solidaria posible, sin que la ley sea el atropello, la prepotencia y el gatillo fácil, sino el respeto entre todos, sin menospreciar a nadie a pesar de una cultura que quiere hacer de nosotros ovejas obedientes y mezquinas.

Si “El País” y los demás esbirros mediáticos quieren un titular bien escandaloso, ya lo tienen servido: “El barrio SERGIO LEMOS/Sta. Catalina no tolera ni un solo abuso policial más, ni tampoco ningún abuso extra-policial que pretenda corrernos de nuestros hogares para que los ocupantes del oeste sean los gerentes de las multinacionales y la oficialidad de fuerzas armadas locales o combinadas con mercenarios extranjeros”.

(Medio largo, es cierto, pero entra perfectamente en el formato de cualquier primera plana o “telenoticiero” y en el entendimiento de cualquier iluso o distraído que sueñe con que el pueblo trabajador costero del Plata es territorio mesiánico de iluminados inventados en el teclado de los espupidizados o zona franca en la que cualquier ministrito mentiroso lleva a la gente de las narices al engaño y el matadero).

Gabriel –Saracho- Carbajales, Montevideo, 7 de noviembre de 2013

 

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