Argentina_Pichón Riviére: Un adelantado del pensamiento crítico

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Por María del Carmen Barcia

Al aceptar la propuesta de reflexionar sobre Enrique Pichon-Rivière en tanto autor latinoamericano, el título me convoca al despliegue de múltiples trazos. Para facilitar el derrotero, trataré de ordenarme e intentar algunas puntuaciones.

1º: Qué es un autor
2º: Qué es el latinoamericanismo

“Desde el punto de vista semiótico, un autor es un operador eficaz capaz de establecer una función específica y singular en un universo dado de signos”
1 (Albano, 2005).

Un escritor es alguien que a partir de sus competencias lingüísticas-, puede trascender sus expresiones subjetivas para lograr una inteligibilidad universal. Tolstoi decía “pinta tu aldea y pintarás el mundo”.

¿Cumple Pichon-Rivière con esta premisa? Como sujeto creador de un texto encuadrado en un espacio-tiempo determinado, Pichon, a la vez que descubre nuevas instancias del psiquismo, tomando como punto de partida al psicoanálisis, va dibujando nuevas cartografías que -en relación a su audacia, su espíritu innovador, y su rigurosa observación del sujeto social- le permiten el salto dialéctico que se produce al pasar de la práctica del electroshock a la praxis del grupo operativo, como dispositivo corrector de las dificultades que se producen en los procesos de aprendizaje. O sea: de la práctica psiquiátrica a tono con el espíritu de la época, a una visión adelantada a toda teorización existente en el campo de la salud mental.

Interpreta los signos de la conducta manifiesta, arriesgándose a componer compases de una nueva música con características contraculturales, disruptiva, adelantada al oído profesional epocal. Por otro lado, Horacio González planteaba, al inaugurar este seminario, lo dificultoso que resulta enlazar el latinoamericanismo:
en efecto, la conformación de “lo latinoamericano” está atravesada por una multiplicidad de orígenes, lenguas y raíces étnicas e históricas, que tienen -tal vez- en el mestizaje un lugar común.

Un primer disparador: la asociación inevitable que me permitió enlazar la propuesta con la evocación de un libro de Jorge Gissi Bustos (2), psicólogo por la Pontificia Universidad Católica de Chile, en el cual plantea que la literatura latinoamericana, representada por los cinco Premios Nobel (Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Miguel Ángel Asturias y Gabriel García Márquez nacidos en nuestro continente (en la actualidad son seis, con Mario Vargas Llosa), deben al mestizaje la expresión de una cosmovisión del mundo que representan, tan particular y a la vez tan universal. Pichon no era mestizo: era ciento por ciento europeo. Pero tal vez, el doble desarraigo que padeciera en Europa (su nacimiento en Ginebra no lo acreditó como suizo, según las leyes de ese país) y en Argentina (como inmigrante de una cultura europea), haya tenido la impronta de un mestizaje, si no de sangre, seguramente cultural. Su vida en el contexto de la cultura guaraní en sus primeros años, fue además de un inevitable proceso de aculturación- la posibilidad de integrar esa visión en uno de sus postulados clásicos: la coherencia entre el sentir, el pensar y el hacer.

Ese gajo injertado en un tronco mítico, prendió con la singularidad del sincretismo, que le permitió parir ideas fuerza como quien se abre camino a machetazos por el terreno virgen de una selva de ideas. Como dijera Alejandro Scherzer
“Pichon no hubiera sido quien fue, si no fuera por la cultura guaraní, con todas las relaciones fundantes que tuvo…esas marcas de infancia allí…”.

O, como expresara Zito Lema, “en la selva está el sueño…la palabra es el ser en acto y no en representación…”.

Pichon, al crear su dispositivo de grupo operativo, nos invita a bucear en lo obvio, a indagar en lo cotidiano, a tomar la expresión, lo manifiesto, e intentar ponerle voz a lo no dicho, a lo latente, lo que insiste, al nudo, al carozo del ser que permanece en la zona oscura de los miedos, esos miedos que se manifiestan como obstáculos en el proceso que lleva al objetivo, a la meta. Nos propone una mirada crítica, reaprender lo mal-aprendido, o –como diría Bauleo- “se trata, como en el cine, de rodar de otra manera la historia grupal que estuvo implicada en nuestra vida cotidiana” ( 3) (De Brasi et alt,1990).

Es en ese-de-utero aprendizaje donde radica el proceso corrector, el que está al servicio del aprendizaje activo de la realidad.

Ese proceso innovador sólo podría darse en quien hace de la cercanía, de la alteridad, un motivo de vida. Así lo describió Joaquín Pichon-Rivière, cuando nos recordó la frase de Gabriel García Márquez: “la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos, sólo contribuye a hacernos cada vez más ajenos”
o cuando planteó que Enrique fue descubriendo cómo la interacción con la cultura originaria del chaco correntino constituyó una dialéctica mundo interno- mundo externo, aportando a su identidad.
O cómo, luego, fue generando un camino por Latinoamérica, transitado realmente (Uruguay, Brasil) o dejando su teoría como marca subversiva a través de sus discípulos en Cuba, México, Perú, Chile, Colombia y El Salvador. Testigos de la herencia de su obra son los Institutos pichonianos existentes en Montevideo, Porto Alegre, San Pablo, Bahía y Brasilia; la carrera de Psicología con orientación psicosocial -que tiene, desde primer año el grupo operativo como dispositivo privilegiado- en la Universidad Luis Amigó de Colombia (Medellín, Bogotá y Montería), y las numerosas Escuelas de Psicología Social en más de 10 provincias argentinas, continuadoras de la Primera Escuela fundada por el Maestro y dirigida por Ana Quiroga; en las que sus discípulos, formados en un ECRO común -algunos de ellos con desarrollos teóricos propios- continúan aportando nuevas reflexiones a la vigencia del pensamiento estructural de Enrique Pichon-Rivière.

A lo innovador de su teoría, sumó artículos periodísticos de diverso tenor: analizando tanto los roles que se ponen en práctica en un partido de fútbol, por ejemplo, como el significado de la nocturnidad o el consumismo de la época.
Esa mirada crítica sobre el mundo global, habilitó el pensar en un sujeto atravesado por múltiples dispositivos sociales, artificiosos mecanismos de control y disciplinamiento, al decir de Foucault. Y, como esteta de nuevas lógicas, incluyó al surrealismo como paisaje interpretativo del advenir de nuevos planos significantes.

Fernando Fabris, (4), en “Pichon-Rivière, un viajero de mil mundos.

Génesis e irrupción de un pensamiento nuevo”, cierra su exhaustiva investigación con frases que transcribo, que sirven como síntesis para pensar a Pichon como autor: “El problema de la originalidad no es una cuestión menor…
Lo necesario va haciéndose posible no sólo por el curso de la historia, sino por el papel que muchos hombres, e incluso algunos hombres particularmente, desempeñan en él. Éste es el caso de Pichon-Rivière, portavoz de su época y, a la vez, excepción. La tarea necesitada, la construcción de una psiquiatría y psicología vincular, social, operativa, histórica y concreta, fue proclamada por muchos intelectuales a lo largo del siglo XX pero por muy pocos hecha efectiva y quizás, por nadie con la potencia propositiva de Pichon-Rivière.”

Sin contar con la presencia pichoniana en Europa, que no es el motivo que nos convoca. Para cerrar, y en relación al común denominador que expresaran los integrantes de las mesas respecto a la limitada prensa que ha tenido en el mundo el Dr. Enrique Pichon-Rivière, en relación a lo sustantivo y revolucionario de sus teorías y dispositivos, me permito narrar una anécdota que escuché hace años, de boca de un Embajador argentino que había estado acreditado en París. En una reunión en la Embajada Argentina en Francia, con motivo de la Fiesta Patria, le preguntó al Ministro de Cultura por qué Juan Domingo Perón tenía tan mala prensa en Francia. El Ministro se inclinó levemente y le dijo: “Entre nosotros, Perón fue quien más daño hizo a nuestros intereses, al hablar de descolonización y Tercera Posición“.
Sin forzar demasiado una comparación, diría que Pichon-Rivière fue quien más resistencia activa opuso a los colonizadores mentales, proponiendo una teoría propositiva de la autonomía y la libertad del sujeto, apelando a la creatividad, y considerando al arte como la herramienta que permite el pasaje de lo siniestro a lo maravilloso.

María del Carmen Barcia Psicóloga Social

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fuente: http://es.scribd.com/doc/232602649/Pichon-riviere-Como-Autor-Latinoamericano_

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