Kobanê: Guerrilleras kurdas más allá del fetiche

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Chicas guapas con fusil: guerrilleras kurdas más allá del fetiche

Nora Miralles 

PIKARA MAGAZINE 

Kobanê, una ciudad kurda del norte de Siria, fronteriza con Turquía, está siendo fuertemente atacada por el Estado Islámico, también conocido como ISIS, el último y más reciente grupo extremista islámico. Algunas de las imágenes más recurrentes del conflicto muestran a bellísimas mujeres kurdas combatiendo a los milicianos con los célebres fusiles rusos AK-47.

Las guerrilleras han protagonizado, y sobretodo ilustrado, infinidad de reportajes, cuyos autores -hombres casi en su totalidad, pero también algunas mujeres- se muestran sorprendidos porque hasta las mujeres han cogido las armas ahora que ISIS está tan cerca de tomar la ciudad para luchar”.

“Fíjate, ¡incluso combaten juntas madres e hijas y tienen mujeres comandantes!”, resaltan fascinados. En ocasiones, los artículos han alcanzado puntos demenciales como afirmar que ahora las dejan (ojo, las dejan) luchar porque los islamistas tienen pánico a que les dispare una mujer porque ya no pisarán el prometido paraíso. Estas mujeres se han convertido, sin pretenderlo, en el nuevo fetiche de la prensa occidental.

La práctica totalidad de los reportajes que protagonizan se quedan en la superficie y no van más allá del fetiche de mostrar a mujeres ataviadas con el uniforme de la guerrilla y haciendo cosas “de hombres”, como combatir y disparar. Uno de los criterios, precisamente, junto con el hecho de ser “mujer de” o de ser asesinada, que convierten a las mujeres en noticiables. Las imágenes suelen venir acompañadas de una ristra de estereotipos típicos en estos casos: “pega tiros pero es muy amable con los otros guerrilleros”, “es muy buena comandante, siempre tiene una sonrisa en la boca”, “bellas y fuertes”, etcétera. Con algunas loables excepciones -y con matices-, como los reportajes de Andrés Mourenza, de Ilyap Topper, los de David Meseguer y, especialmente, la entrevista a la activista Dilar Dirik de las compañeras María Rodó y Marta Jorba publicada en Pikara entre otros medios, muchos de estos textos muestran un desconocimiento casi absoluto sobre las particularidades del proceso revolucionario en el Kurdistán sirio y, especialmente, sobre el nivel de empoderamiento y participación pública de sus mujeres.

Que las mujeres participen de la lucha armada no es algo novedoso, ya lo hicieron en El Salvador, Nicaragua, Cuba, Argelia, Vietnam, el País Vasco, el Sáhara Occidental o Palestina, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Tampoco lo es que las kurdas cojan las armas para autodefenderse: llevan haciéndolo desde el año 93, cuando crearon su propia unidad -la YJA Star- adscrita a la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK. Cuando las protestas contra el Gobierno sirio de Bashar Al Asad se extendieron y se convirtieron en un enfrentamiento militar descontrolado, los kurdos de Rojava (como llaman al Kurdistán de Siria) crearon sus propias unidades de autodefensa, las YPG, bajo la premisa de utilizar las tropas únicamente para defender las fronteras de su territorio. Casi al mismo tiempo, las mujeres creaban sus propias unidades armadas, bajo el nombre de Unidades de Autodefensa Femeninas (YPJ), que hoy cuentan con entre 8.000 y 10.000 combatientes.

Entonces, ¿por qué de repente lo más noticiable de Kobanê, además, por supuesto, de los detalles sobre el desarrollo de los combates, la intervención estadounidense y la pasividad de Turquía, es que “incluso” las mujeres luchan? Y lo más importante, ¿por qué nadie cuenta qué es lo que defienden estas kurdas -y no solo kurdas, que también hay árabes y asirio-caldeas- con tanto ahínco?

Auto-organización política: más allá de la lucha armada

Las mujeres de Rojava llevan casi tres años encabezando un proceso de transformación política que tiene como premisa una sentencia con unas implicaciones estructurales tan profundas como ésta: sin liberación y empoderamiento de las mujeres simplemente no puede existir la democracia. Más allá de lo estético, esta frase implica que, sin la entrada total de las mujeres en el ámbito público, y es más, sin la ruptura entre esa división entre público y privado que nos ha estado invisibilizando desde hace siglos, ninguna sociedad puede considerarse realmente democrática. Y no sólo han estado filosofando. Venciendo las resistencias de sus propios compañeros y convecinos, cuyo background proviene de una sociedad fuertemente tradicional, han conseguido institucionalizar avances que en los países occidentales ni siquiera hemos llegado a oler.

“Veníamos de una situación de violencia patriarcal extrema, con matrimonios forzosos acordados por los padres, poligamia, crímenes de honor, violencia doméstica y violaciones, que todavía persisten en algunas zonas. La diferencia es que ahora existen espacios en los municipios y cantones gobernados por el movimiento kurdo dónde las mujeres pueden acudir si son agredidas”, explica Meral Cicek, periodista y militante del movimiento de mujeres kurdas. Asiya Abdullah, co-presidenta del Partido de la Unidad Democrática (PYD en sus siglas en kurdo), que lidera el proceso de transformación democrática en Rojava, añade: “Ante estos casos, se aplica una perspectiva empoderadora y no asistencialista. Se ha creado un sistema de justicia paralelo, en el que los casos de violencia contra las mujeres son juzgados por tribunales exclusivamente formados por mujeres, cuya decisión es vinculante para toda la comunidad”. Sí, habéis leído bien.

Además, en los tres cantones kurdos de Rojava -Cîzre, Afrin y Kobane- se han creado escuelas de pensamiento y de formación para mujeres y fábricas para emplearlas y fomentar su autonomía económica, La fuerte apuesta por feminizar la política no se ha quedado, como suele, sólo en lo macro. Aunque han nombrado alcaldesas, ministras y hasta a una presidenta cantonal, también han optado por descentralizar el poder de decisión para que no radique sólo en estructuras políticas hechas a la medida de los hombres adultos. Así, se han creado asambleas locales, regionales y cantonales de mujeres y de jóvenes con un peso de decisión real, y representantes en todos los consejos y niveles de gobierno. Un sistema de representación centrado, sobre todo, en las estructuras de base, de abajo a arriba, esas estructuras dónde las mujeres hemos tenido tradicionalmente más voz, presencia, influencia y poder de decisión. “Al principio hubo, evidentemente, resistencias. Los hombres tienen demasiada afición al poder y están acostumbrados a ocupar todo el ámbito público, así que la primera batalla es reeducarlos”, confiesa Abdullah.

En el ámbito económico, a pesar de la guerra y la falta de inversión e infraestructures, herencia del Gobierno de Al-Asad, su intención es impulsar una economía cooperativa, no centrada en el mercado, sino en la comunidad, cuyas ganancias revierten en lo común y no en una pequeña oligarquía de la que sólo forman parte los hombres, como las estadísticas mundiales demuestran.

No me malinterpretéis, a todas nos encanta ver a esas mujeres bravas, casi siempre abrazadas a otras compañeras, defendiendo la que probablemente sea la primera revolución feminista de la historia. Pero llama la atención que, en una Europa donde mueren centenares de mujeres al año en feminicidios, en la que la violencia física, sexual y simbólica, el abuso de poder y la humillación forman parte de nuestra cotidianidad, dónde todas las medidas e instituciones que combaten -en teoría- la violencia de género no sólo fallan, sino que en muchos casos contribuyen a reforzar los estereotipos de la cultura de la violación, los medios de comunicación estén más centrados en contarnos que unas mujeres han cogido las armas que en contarnos qué es lo que defienden con tanto ahínco. Sobre todo, si el proyecto que decidieron -hace ya tres años- es una alternativa mucho más efectiva a la hora de acabar con la impunidad machista. Pero mira, ¡qué guapas y qué curiosas con fusil y todo!.

http://arainfo.org/2015/01/chicas-guapas-con-fusil-guerrilleras-kurdas-mas-alla-del-fetiche/

 
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