Proyectos de comunicación para romper muros de censura y silencio…

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Y en los montes, montes soy: fragmentos de una maquinaria

Por Heriberto Paredes y María González
Fotografía de portada de Natalia Monroy

Yo soy de todas partes y en los montes, montes soy
y  como el diamante, antes que luz es carbón

(Cuba linda, guaguancó de dominio público)

Como toda composición musical que haya sido hecha con conciencia y virtuosismo, los proyectos de comunicación que ahora pretendan romper los muros de la censura y el silencio, el olvido, la negación y la apatía, tendrán que pensarse desde otras premisas distintas a las que la última década ha dejado como primera herencia. Se trata de ser parte del esfuerzo por superar varios rezagos, arriba y abajo, para construir proyectos con identidad, con certeza de que al interior hay un trabajo de formación constante que al exterior se expresa en el filo de las palabras y el alcance de los recursos utilizados. La tarea no es una, sino la multiplicidad de muchos vértices a partir de los cuales, mediante vasos comunicantes visibles y discretos, se define la posibilidad de modificar la enajenada realidad.

Trataremos de hacer mención ordenada –en la medida de lo posible– de las pautas que nos hacen pensar en la necesidad del cambio de estructuras para consolidar proyectos de comunicación certeros y legítimos. No se trata de recetas o manuales reunidos en el barato copy-paste, se trata del resultado de años de trabajo y reflexión, pero sobre todo, de errores cometidos al calor de los supuestos conocimientos inamovibles con los que uno se lanza a documentar y registrar la guerra y el desasosiego que se vive en este país.

Fotografía: Heriberto Paredes

Lenin, a lo largo de su trabajo organizativo y dentro de la lucha revolucionaria de la que fue parte, marcaba a la prensa como uno de los elementos centrales para hacer que la gente respondiera a ciertos impulsos, es decir, argumentaba a favor de una prensa que agitara no sólo a la población en general sino a la clase trabajadora, a los proletarios de su época. El periódico Iskra, órgano oficial, desarrollaba ciertas tareas en este sentido pero no lograba responder a todas las necesidades políticas, por lo que se creaban boletines, lo que antiguamente se conocía como octavillas, proclamas; pero también se apelaba a otras expresiones que no se encuadraban dentro de las actividades partidarias o conspirativas. La literatura fue –y es– una de estas actividades, aunque podemos hablar de la música, de la pintura, incluso del incipiente cine de aquellos años.

Lo que el pensador y político ruso proponía se iba desarrollando paulatinamente a partir de muchas y muy finas vinculaciones que correspondían, más que a una ordenanza o lineamiento obligatorio, a lo que en aquel entonces la lucha revolucionaria requería. La participación popular es una de las perspectivas más interesantes para comprender cómo, a través de la creación de un periódico y más tentáculos, se masificó una lucha y se convirtió en un hervidero propicio para la transformación. No decimos que esto asegura un triunfo innegable, pero sí que es un buen paso para empezar a transformar las relaciones sociales enajenadas.

Mucho tiempo ha pasado ya, una cantidad enorme de posibilidades existen ahora para intentar esto que parece ser el necio objetivo de hacer pasar un camello a través del ojo de una aguja. La tecnología se ha desarrollado de una manera voraz y vertiginosa hasta dimensiones que aún no alcanzamos a imaginar, y con esto viene el constante cambio de perspectiva. Sin embargo, a pesar de las distancias –o tal vez gracias a ellas– no podemos negar que aún existen ciertos parámetros que nos han ayudado a desarrollar este proyecto al mismo tiempo que se genera el debate. 

Lo que hemos interpretado estos años, a partir de la problemática sobre los medios de comunicación y sus implicaciones en la transformación de la sociedad, tiene que ver con la necesidad de construir una maquinaria de combate político –concepto que parte de una herencia histórica mucho más universal de lo que se piensa– que permita ejercer los diversos quehaceres dentro de una lucha que no inicia aquí y, por supuesto, seguirá después de nuestra muerte. Se trata de la comunicación como una labor revolucionaria de toda la vida, no de una anécdota o de una actividad profesional, limitada en tiempos y formas.

Fotografía: Gustavo Ruiz

¿De qué hablamos cuando mencionamos maquinaria de combate político? ¿Cómo se construye?

Muchos de quienes integramos este proyecto venimos de diversas tradiciones de lucha, traducido de manera sencilla, esto significa que no es nueva la experiencia de tener reuniones, determinar objetivos, empezar a armar un rompecabezas muchas veces conocido; sin embargo no podemos dar por hecho que cada persona tiene un bagaje organizativo previo, lo que sí es una certeza es que cada persona que integra la maquinaria ha sufrido de alguna manera o vivido de cerca una injusticia. Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que dentro de esta diversidad hemos coincidido en algo esencial y que no tiene vuelta de hoja, para nosotros no se trata de sólo hacer periodismo, para nosotros el trabajo es integral y se cobija bajo la diversidad del quehacer de la comunicación. Pero hay más y para ello estamos trabajando en una serie de interpretaciones que nos ayudarán en un futuro inmediato.

Y como se trata de un proyecto más amplio, grandes deben de ser nuestras miras. Intentamos voltear con mayor certidumbre y seguridad a las bases, a las versiones de abajo que son el sustento mismo de los discursos que cambiarán esta sociedad agotada por la autorreferencia barata. Éste es nuestro primer paso, ir más allá del periodismo para entender que nuestro papel es otro, el de ser una prensa crítica y consciente, pero no sólo. En este punto nos detendremos un momento, sólo para subrayar las consideraciones pertinentes.

Fotografía: Heriberto Paredes

Una vez ampliada la perspectiva, de una periodística hacia una comunicacional, precisamos aclarar que no por ello se debe diluir la labor de reportear con precisión y detenimiento. No todos fuimos periodistas de formación pero todos somos comunicadores de profesión, nuestro camino ha sido el aprendizaje en la práctica, luego ha venido algo de teoría, pero sobre todo ha sido la práctica lo que nos permitió desde el principio tener experiencias –gratas y no tanto– de todo tipo. Una de las cosas que observamos es que el trabajo que hacen de manera honesta mujeres y hombres dentro del ámbito periodístico, muchas veces queda invisibilizado frente a la censura y el desprestigio de los grandes corporativos de medios que han sido, durante más de una década, acusadoras de esta gente. Se trata de los trabajadores que reportean día con día y tratan de tener un ojo crítico que muchas veces es muy fino y conlleva gran conocimiento; desafortunadamente los editores o los jefes de redacción los silencian y a veces hasta los colocan en la mira para que los enemigos de la prensa crítica puedan atacarlos.

Y cuando las arengas y consignas que se gritan en la calle o en determinados espacios no los toman en cuenta, son doblemente negados, primero por sus patrones y luego por los militantes que saben del cerco mediático establecido por intereses económicos y políticos. Muchos militantes han dicho luchar por una comunicación e información distinta, pero pocos se toman el tiempo para acercarse y aprender de estos reporteros y periodistas; de algunos ya no podremos tener noticia puesto que han sido desaparecidos o asesinados por haber ejercido su trabajo con honestidad y seriedad.

Fotografía: Cristian Leyva

Parte de la estructura que estamos proponiendo empieza en esta diferenciación de caminos, reconociendo que aprenderemos del trabajo periodístico actual (y del gran bagaje histórico que nos precede, desde Martí hasta Teresa y Felícitas, locutoras de una radio triqui [1] por ejemplificar de alguna manera) pero manteniendo el ideal de que iremos aún más lejos y pasaremos del periodismo a la construcción de mecanismos y formas de comunicación con miras a ser más integrales y diversas, más libres y liberadoras.

Dentro del proceso de la construcción de una maquinaria de combate político nos encontramos en la parte que precede las tareas específicas. No se puede hablar de un medio de comunicación como maquinaria hasta que las bases para la recolección de materia prima se hayan asentado. Estamos, digámoslo así, en el capítulo de prueba de la serie.

Antes de seguir queremos dejar asentado estas propuestas de caracterización sobre las maquinarias.

En nuestra experiencia y en el intento de construir un proyecto que cumpla las tareas de vinculación, construcción de discursos comunicativos, formación y amplificación de las diversas versiones que desde abajo se construyen, hemos coincidido en que la realidad nacional no es una monolítica y que su diversidad requiere una comunicación que busque la traducción de todos los hilos. Hace falta quienes hilvanen y vayan avanzando en las aportaciones revolucionarias que apremian en tiempos tan oscuros como los de ahora. Las agujas que hilvanan se mueven de manera coordinada y encadenada, como una máquina que cumple las funciones, eso es nuestro camino. Pero hay muchos pasos antes de ver algo parecido a ello.

Fotografía: Cristian Leyva

Si algo hemos aprendido es que es fundamental crear nuevas instancias de producción cultural que descentralicen las distintas labores y tareas que el trabajo de comunicación requiere. Recuperando lo que Radio Venceremos (El Salvador, 1981-1992) hacía en el último tercio de su existencia, vemos que los espacios o instancias generados por el medio de comunicación, además de abordar temas distintos a los que el núcleo desarrolla, tienen completa autonomía para generar contenidos y propuestas, lo esencial es que se trabaja coordinadamente y de manera simultánea. En términos estratégicos esto contribuye a diluir la maquinaria para no ser identificada.

Pero la creación de estos bolsones que funcionan aparentemente separados del proyecto, elaboran sus contenidos y propuestas bajo la misma dinámica horizontal a partir de la cual se eliminan jerarquías y vanguardismos y su concepción está determinada por la eficacia del trabajo de comunicación (político) que realicen los integrantes de la maquinaria. A discreción, incluso debajo de la primera piel periodística, la labor elaborativa no termina nunca, no conoce límites pero sí temporalidades y lenguajes.

La diversidad de las estructuras

No es muy difícil imaginar cómo se compone en su interior un proyecto de estas características y por tanto no abundaremos mucho en ello, sin embargo, lo que sí es necesario resaltar es la indispensable condición de integralidad en el manejo de las herramientas de trabajo (escriturales y audiovisuales para empezar y luego las cibernéticas para completar) de la misma forma en que cada una o uno desarrolla su propio lenguaje para establecer el diálogo constante con los sujetos de las historias que se van recopilando y con quienes las reciben (lectores, cibernautas). La propia estructura incita a las personas a formarse y a establecer vínculos de formación que van más allá de las anécdotas y las coyunturas. Nuestra intención, por tanto, es incidir, abonar a los procesos de cambio.

Fotografía: Gustavo Ruiz

Los medios libres, al apostarle a la amplificación y visibilización de las versiones y las perspectivas sociales y políticas de las luchas que acompañan y que reiteradamente se contraponen a la oficial o hegemónica, buscan la diseminación de los discursos, de los actos, de agenciamientos colectivos de enunciación que atraviesan campos diversos, desde la escritura hasta la acción política. En este sentido la estructura no es una sola, definida o determinada sistemáticamente, sino más bien se comporta rizomáticamente, formando nodos que con el paso del tiempo cambian de centro o de lugar, pasando del ámbito cibernético a las calles, apareciendo y desapareciendo conforme las condiciones materiales lo permiten o impiden y confluyendo o divergiendo en actores diversos y alianzas varias. Dentro de dichos nodos, sus agentes se intercambian y reacomodan para cubrir las necesidades de articulación que requiere la labor comunicativa.

Aunque a lo largo de la historia y dependiendo el movimiento o lucha social de que se trate, algunos medios libres han adoptado estructuras jerárquicas, ya sea por organicidad o por consigna, actualmente en los diversos colectivos que surgen en México, las prácticas de organización mediante las que se tejen las tareas mínimas para brindar información desde abajo, con fuentes directas, así como para establecer un diálogo con la sociedad, buscan estructurarse de manera –en mayor o menor medida– horizontal, es decir, atendiendo a la consideración de que no hay una sola voz que es la autorizada para narrar los acontecimientos, por el contrario, intenta fomentar la asunción, por parte de cada participante, de una responsabilidad y una visión política para dar cuenta de algunas de las muchas capas de la realidad que no caben ni se insertan conformes en las representaciones minimizadas, tergiversadas o manipuladas que generan los grandes medios comerciales.

Los objetivos generales de los medios libres permiten pensar hilos de acción que servirán a la estructuración flexible y paulatina, pero constante, para su funcionamiento armónico hacia la consecución de dichas metas. Algunos de los más repetidos por diferentes grupos en diferentes momentos son: ampliar la difusión de las luchas sociales llevando las voces inconformes a lugares y oídos nuevos, (sobre todo a la gente de a pie); conocer de fondo las problemáticas que acontecen a los actores sociales para poder dar cuenta de ellas lo más integralmente posible; ejercer la libre expresión; mantenerse fuera de las lógicas consumistas y mercantiles del sistema al no pedir ni aceptar recursos o publicidad de partidos políticos, funcionarios públicos o empresas; dar a conocer propuestas alternativas de sustentabilidad y bienestar construidas mediante la participación comunitaria y solidaria; coadyuvar a generar procesos de simbiosis y solidaridad entre diferentes luchas; fisurar (y cuando sea posible romper) la censura y el cerco mediático corporativo; transgredir el límite del control que los Estados intentan ejercer sobre la información,  brindando elementos que permitan pensar más allá de los esquemas y razones del sistema; documentar los movimientos y luchas sociales para la generación de una memoria colectiva y, cuando sea necesario, para aportar pruebas de las acciones de las y los actores sociales ante cualquier instancia que los difame o acuse en falso (como sucede tan frecuentemente en México); guiarse por la voluntad de cambio y el deseo del bien común; dar a conocer y posicionar demandas y argumentos de los movimientos sociales ante la opinión pública; ejercer y defender el derecho a informar y ser informado; compartir experiencias y saberes para la multiplicación de los procesos de resistencia y de comunicación libre; motivar a aquellos que consideran que no es posible cambiar el estado actual de cosas; aprender en la práctica, fomentar el pensamiento crítico y la aceptación de la convivencia de la diferencia: la heterogeneidad.

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Basados en el trabajo colectivo, en pos de la recuperación y recreación de las memorias e identidades de los pueblos y comunidades, generan tácticas y estrategias de visibilización y diseminación de las resistencias.

Gracias al aprendizaje mediante el método de ensayo-error y a la transmisión continuada de los saberes, diferentes colectivos y grupos de medios libres pueden hoy echar mano de algunos repertorios de esquemas de acción que se han conformado y afinado con el paso del tiempo, aunque sin llegar nunca a una cristalización determinante, para guiarse bajo la lógica autogestiva del hágalo usted mismo. Si bien es cierto que el avance tecnológico pone de manifiesto un reto que implica la constante actualización en cuanto a habilidades técnicas y de seguimiento de procesos para recoger, ordenar y compartir la información, hay algunas cuestiones básicas sobre las que siempre resulta necesario discutir y recrearse, y de las cuales existe una vasta cantidad de experiencias. Algunas son: el establecimiento de principios de afinidad socio-políticos; en este sentido hay colectivos muy estrictos y otros más flexibles en cuanto a sus ideologías, pero como medios libres, la constante, por la que toman su nombre, se refiere a que no están supeditados a ningún poder externo, es decir que dichos principios no les vienen dictados de afuera sino que se discuten en el seno de cada grupo para llegar a acuerdos en cuanto a sus reivindicaciones políticas hacia el exterior. Asimismo es crucial acordar la gama de temáticas que se abordarán, como el enfoque y profundidad con que serán trabajadas.

Otras cuestiones más prácticas pueden referirse a la organización para la selección, planeación y realización de las coberturas; las formas y canales para el establecimiento de vínculos con organizaciones y otros grupos o personas; la construcción colectiva de la agenda y los acuerdos internos de logística para la creación de contenidos; la publicación y difusión de sus materiales; así como los protocolos de seguridad y de respuesta en emergencias de los reporteros en situaciones potenciales de conflicto y represión.

Fotografía: Heriberto Paredes

Sin embargo, una de las consignas que permiten pensar más allá de estos esquemas básicos, es la que llama al desborde de la imaginación, a generar nuevas formas que logren permear las capas de apatía que, posiblemente como mecanismo de defensa, han desarrollado grandes masas poblacionales ante la inagotable barbarie humana o el recrudecimiento del homo homini lupus (el hombre que es un lobo para el hombre). Aquí, es donde vemos cómo muchos colectivos artísticos se relacionan con colectivos de comunicación e intercambian formatos, tácticas (espontáneas o de reacción inmediata) y estrategias (calculadas o de miras a largo plazo) abrevando unos de las experiencias de otros, en la búsqueda de diversificación para alcanzar el objetivo de sacudir las mentes y los corazones de la sociedad y el reconocimiento de la necesidad urgente de rescatar-recrear otras formas de comunidades humanas y los vínculos político-afectivos.

Pensamos que no hay manuales ex profeso ni recetas para generar estructuras en los medios libres, lo que resulta fundamental es conocer las historias que nos preceden para poder potenciar aquellas de las que somos parte o somos testigos activos. Y en eso, nuestro tiempo y los deberes sociales que nos planteemos serán los que nos den la pauta para establecer los modos, las líneas y las temporalidades del trabajo comunicacional. Saber leer críticamente hacia afuera, pero también hacia adentro de los espacios de organización, es el ingrediente fundamental.

[1] Estas dos jóvenes mujeres fueron asesinadas el 7 de abril de 2008 luego de haber concluido, lo que sería su última transmisión en la radio “La voz que rompe el silencio”, perteneciente al Municipio Autónomo de San Juan Copala.

Ver más aquí.

fuente: http://subversiones.org/archivos/113263

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