E$pania: Todo el poder para las bases… de la OTAN

Julio José Rodríguez, una cuestión de Estado

_____Bases militares

En un artículo que escribí a finales del año pasado, justo antes de la campaña electoral del 20 de diciembre, ya di mi visión sobre la incorporación a las listas de Podemos del ex Jefe de Estado Mayor de la Defensa con el gobierno de Rodríguez Zapatero, Julio José Rodríguez Fernández, pero dentro del contexto más amplio de las elecciones que estaban en puertas y qué significaba políticamente la OTAN para el conjunto de los pueblos del Estado español y, más concretamente, para el pueblo andaluz, teniendo en cuenta el papel de gran base militar que los imperialistas occidentales han asignado a Andalucía, y el papel que la propia oligarquía imperialista española había asignado al pueblo andaluz como “carne de cañón” para las filas del Ejército español. El artículo se tituló “La OTAN y las próximas elecciones españolas” (http://www.ajierro24horas.com/la-otan-y-las-proximas-elecciones-espanolas/ ).

En ese artículo decía, y hoy sigo diciendo, que incluso el cambio propuesto, en esta ocasión por la coalición IU/Podemos y antes el 20 de diciembre por Podemos, limitado y recortado a una redistribución de rentas –más avanzada que la del PSOE en lo cuantitativo, más que en lo cualitativo- y a las propuestas de “regeneración democrática” –más avanzadas que las de Ciudadanos, también más en lo cuantitativo que en lo cualitativo-, estaban y están comprometidas, esto es, que serían, o son, irrealizables debido a los marcos legales establecidos: Constitución española de 1978, Unión Europea, el euro, y, que no se olvide, la OTAN. Sin una ruptura democrática con los marcos político-institucionales establecidos no habrá cambio democrático alguno, por muy limitado o por poco ambicioso que sea.

Con la decisión, vía dedazo de Pablo Iglesias, del ex JEMAD para que encabece la candidatura de la coalición por Almería asistimos a una nueva vuelta de tuerca a los argumentos ya expuestos. Me atrevo a lanzar una hipótesis al respecto, reconociendo mis limitaciones y reconociendo que difícilmente la puedo demostrar, quizá por eso, no debería utilizar la palabra hipótesis, quizá debería decir que quiero explicar una impresión o que simplemente estoy aburrido y que quiero hablar por hablar. Pero después de todo, últimamente la intelectualidad más progresista no para de lanzar hipótesis (populistas) al aire, como si fuera un ejercicio de tiro al plato; hipótesis que en todo caso se basan en un supuesto poder casi mágico del relato, un poder tal al de una piedra filosofal política capaz de transformar en realidad material lo que es nombrado y en votos toda aquel o aquella que es interpelado en la hipótesis. Ahí es nada. En fin no me enrollo, los rollos seductores sobre el poder del relatos se los dejo a Íñigo Errejón y sus artículos en Público o a Juan Carlos Monedero, que a pesar de ser crítico con la hipótesis populista (“Las debilidades de la hipótesis populista y la construcción de un pueblo en marcha” http://www.comiendotierra.es/2016/05/11/las-debilidades-de-la-hipotesis-populista-y-la-construccion-de-un-pueblo-en-marcha/) , al final termina de lleno cayendo en lo que critica, en un ejercicio de inutilidad teórica que recuerda a la imagen de aquellos perros que dan vueltas sobre si mismos intentando morderse el rabo.

Mi hipótesis es simple: la inclusión de Julio José Rodríguez en las listas de la coalición Podemos/IU es una cuestión de Estado. Vale, ¿pero esto qué quiere realmente decir? Que el ex JEMAD tiene la función de que determinados elementos constituyentes del Estado postfranquista español, del régimen del 78, no sean tocados ni cuestionados llegados el momento, entre ellos la pertenencia del estado español a la OTAN y al bloque imperialista occidental hegemonizado por los Estados Unidos. Hay algo que creo que no se puede negar y es la insistencia en que Julio Rodríguez esté presente en las listas y además llegue a ser parlamentario; pero esta insistencia, que ha motivado asegurarle un puesto de cabeza en Almería después de que en Zaragoza no consiguiera el escaño el 20 de diciembre, no explica por si misma mi hipótesis, pero no lo niego, es esa obsesión por la presencia del militar de la OTAN lo que motiva mi hipótesis, porque lo normal en una “máquina de guerra electoral” es que se aparte al soldado que ha fracasado en su misión, a no ser que se le tenga reservada una misión superior, más elevada. Julio Rodríguez no consiguió el acta de diputado el 20 de diciembre, ahora le ponen un objetivo más fácil: cabeza de lista por Almería, donde, en principio, tiene pocas, muy pocas, posibilidades de fracaso.

También existe otro elemento a tener en cuenta que ya señalé en su momento: un cable de la estación de la CIA en Madrid fechado en julio de 2008, hecho público por Wikileaks, ya se señalaba a Julio Rodríguez como “pronorteamericano”, fiel a la OTAN y “partidario de las acciones conjuntas”. Vale, este argumento, por si mismo, tampoco demostraría mi hipótesis, aunque incita a la sospecha.

Cambiemos de perspectiva, y veamos algunos de los argumentos a favor de la incorporación del militar. Nos encontramos razones de imagen, el ex JEMAD vendría a dar una imagen de moderación y sobre todo de sentido de Estado; ni Podemos, ni IU, olvidarían uno de los pilares fundamentales de cualquier Estado, pero sobre todo, del Estado español: el ejército. Por otro lado, según el relato, Julio Rodríguez, llegado el caso, tendría la misión de “democratizar” las fuerzas armadas, y por otro lado, tranquilizarlas ante un eventual referéndum de autodeterminación en Catalunya. Aún recuerdo un artículo del militar, coronel, por más señas, rebelde y republicano, Amadeo Martínez Inglés, en la revista Ardi Beltza, cerrada por el Estado español, cuyo título lo decía todo: “Constitucionalmente golpistas”. En ese artículo, Martínez Inglés recordaba como el Ejército español en virtud del artículo octavo de la Constitución tenía cierta manga ancha para intervenir “políticamente” contra cualquier proceso democrático y popular que cuestionase la “integridad territorial” del Estado español. En definitiva, Julio Rodríguez, vendría a tranquilizar a la tropa más exaltada en caso necesario.

Estos argumentos pueden parecer sólidos, sin embargo, no dejan de ser cascarones vacíos. En cuanto al primer argumento, el de la imagen, si lo aceptamos, de nuevo tendríamos como los grandes medios de comunicación condicionan el discurso –el relato- hasta llevarlo a su propio terreno, ganando la batalla cultural y condicionando, lógicamente una práctica. Esto ya lo hemos visto en determinados “ayuntamientos del cambio”, especialmente, en el Ayuntamiento de Madrid, donde al final, en lo verdaderamente importante, se termina haciendo lo que el PP y el PSOE quieren, paradójico, muy paradójico sin duda. En el caso del segundo argumento, la democratización de las fuerzas armadas y la actitud ante un posible referéndum de autodeterminación, hemos podido ver en estos meses como la línea roja del referéndum en Catalunya se desdibujaba, haciéndose cada más delgada y menos roja, y todo hace pensar que llegado el momento desaparecerá por completo. En cuanto a la democratización de las fuerzas armadas, no hay ninguna garantía de que se vaya más allá de determinadas medidas estéticas de valor simbólico, es decir, de medidas que ya se han tomado en el pasado, perfectamente asumibles por un ejército que hoy sigue siendo heredero del ejército franquista.

Por último, teniendo en cuenta que no siempre lo último es lo menos importante, comprobamos como el nacionalismo español, aunque pretenda tener un sesgo progresista o de izquierdas, no se puede comportar con Andalucía de otra manera que no sea despreciando y ninguneando. Qué más da Andalucía, y sobre todo, qué más da Almería, ese rincón olvidado al que nadie echa cuenta. No solo no ha habido una “confluencia andaluza”, que como mínimo pusiera en valor las necesidades más urgentes y los derechos del pueblo andaluz, sino que encima imponen candidatos que nada tienen que ver con el territorio, y que de alguna manera, refuerzan, como es el caso de Julio Rodríguez, el perfil más conservador y derechista del territorio de Almería, por si no estaba ya reforzado ese perfil por otro partidos, y la militarización no sólo de Almería sino de Andalucía entera.

Mantener Andalucía en la marginación, la opresión y la dependencia es una cuestión de Estado, del Estado postfranquista español.

Antonio Torres (Antón) para A JIERRO 24 HORAS

http://www.ajierro24horas.com/julio-jose-rodriguez-una-cuestion-de-estado/

https://www.facebook.com/Comit%C3%A9-Anti-OTAN-Canarias-1627735987502116/

 

 

Sr. Anguita: usted nos habla con lengua de serpiente

 por Aday Quesada / Canarias Semanal

Anguita González se erige en defensor del general que masacró Libia

    Decir a estas alturas que el Sr. don Julio Anguita  es un hombre que sobre todo “se oye  a sí mismo” es una perogrullada incuestionable. Esa es, posiblemente, una de las razones por la que  le salieron sapos y serpientes de la boca cuando escuchó los juicios adversos  pronunciados por  la coordinadora de IU en Almería, Rosalía Martín, que sin pelos en la  lengua expresó  la opinión contundente que le merecía el general Julio Rodríguez, hoy candidato impuesto digitalmente en la listas de Podemos-IU en Almería, ayer en las del PSOE, y anteayer en los aguerridos escuadrones aéreos de la OTAN.

    Dijo el hombre que se deleita hasta al orgasmo escuchando sus propias pláticas, que las declaraciones de Rosalía Martín “eran de mal gusto”. Miren ustedes por dónde,  Don Julio  define ahora como de “mal gusto” calificar con diáfana transparencia al militar al que no le tembló el pulso mientras trazaba los diagramas que conducirían a los aviones de la OTAN a acabar con la vida de  decenas de miles de libios.

Don Julio Anguita se manifestó a

favor de la “idoneidad” del general otánico

Julio Rodríguez para encabezar la lista

de Unidos-Podemos en Almería, y

amonestó a los militantes de IU que lo

criticaron”

      “Se pueden hacer todo tipo de valoraciones siempre y cuando se respeten determinadas formas de buen gusto”,  amonestó  el profeta a su compañera de formación política, asumiendo con ello de ‘pe a pa’ las reglas de oro del libro de estilo de los cortesanos del Régimen del 78, que aconsejan abordar la verdad con lenguaje críptico  para que de esa forma  nadie sea capaz de  entenderla.

    Les confieso que me espanta hasta la angustia que el hombre que ha pugnado por autoconstituirse en la “referencia bíblica” de la izquierda española, clame ahora contra aquellos que deciden llamar al pan, pan, y al vino, vino.

       Según tuve la oportunidad de escuchar en una de las numerosas emisoras de la COPE que monopolizan nuestro restringido  espacio radiofónico, don Julio Anguita se manifestó a favor de la “idoneidad” del general otánico Julio Rodríguez para representar justamente a un pueblo, el de Almería, que durante años ha tenido que sufrir las consecuencias termonucleares de las maniobras militares de los aviones de guerra estadounidenses establecidos en el área.

      Para darle más  fuerza a su magistral reconvención, el  mentor bíblico de Podemos hizo uso de un vil recurso comparativo, con la intención  de  desconcertar a los incautos:

       “Hay militares -pontificó “el referente“- que son de izquierdas, por ejemplo en Venezuela. Chávez era militar”.

       Y por si pareciera poca su estulticia  argumental, se atrevió a añadir: “La República española fue defendida por militares y también hubo miembros de la Guardia Civil que se enfrentaron a los rebeldes de Franco”.

     Por puro respeto a  la inteligencia de los lectores me niego en redondo a contrargumentar esta indecible memez que el “referente” ha tratado de convertir en “razón política”

 

       “La trampa saducea que usaba Carrillo en

los 70 se parece  como una gota de agua

otra gota de agua a la plática falaz de Don

Julio Anguita, comparando al militar

genocida del pueblo libio con Hugo

Chávez

 

    Pero dado que viene como anillo al dedo,  no quiero eludir, sin embargo, lo que un día me contara mi abuelo en relación  con las circunstancias, personajes y argumentos que hicieron posible la aceptación de la Monarquía por parte de no pocos  militantes del PCE, entre los que él mismo se encontraba.

 

    Para darle sentido  a mi relato, necesito explicar, no obstante, que mi abuelo fue  un humilde campesino nacido en Canarias, que tuvo la enorme  fortuna de que sus compañeros de campo de concentración le enseñaran a leer, en 1937 .

 

        Es evidente que con casi 23 años de edad que tenía entonces, aquel aprendizaje no  convirtió a mi abuelo en un intelectual. Pero a partir de entonces no hubo periódico, libro o revista que se escapara de la fruición escudriñadora de sus análisis. A su interés por conocer todo lo que sucedía a su alrededor le ayudaba también su apasionado apego a la tierra, lo que muy bien puede interpretarse como su firme voluntad  de no perder nunca de vista la brújula que otorga la misma existencia.

 

“Pensaba que los aviesos subterfugios del

tipo “OTAN, de entrada no”,  “Somos

republicanos, pero defendemos la

monarquía”  o “Rechazamos el sistema

capitalista, pero queremos humanizarlo”,

  habían sido abandonados”

 

    Ello le proporcionó una aguda sensibilidad a la hora de enjuiciar la miserable realidad que le rodeó toda su vida.  Debo decir, asimismo, que a él le debo ser portador del equipaje crítico que  me honro en llevar sobre las espaldas y que, frecuentemente,  me sirve de parapeto frente a las confusas circunstancias políticas que vivimos, en las que impostores de toda laya tratan  de sorprendernos en nuestros  ideológicos descuidos cotidianos.

 

       Me contaba mi abuelo, como les decía, que allá por la segunda mitad de los 70 del pasado siglo XX escuchó atónito por boca del mismísimo Santiago Carrillo explicar  las “razones” por las que los comunistas debían de apoyar el establecimiento de la Monarquía en España. “En Latinomérica – expresaba don Santiago Carrillo  relamiendo pausadamente  sus argumentos – existen repúblicas que son realmente dictaduras sanguinarias. En Europa, en cambio, hay monarquías que son constitucionales. ¿Por qué no aceptar una monarquía constitucional en España?”.

 

     Y para  conseguir redondear su celada ideológica, el hechicero del  brebaje  eurocomunista proseguía: “Sucede igual que con la bandera. Para nosotros los comunistas ese trozo de tela no significa especialmente nada. Esa es la razón por la que no  convertiremos  los colores con los que esté teñida  en una cuestión de principios”.

       De un plumazo, aquel viejo granuja  pretendía borrar del recuerdo de sus estupefactos camaradas la historia, las luchas, los sacrificios, los muertos, la II República, la lucha de generaciones enteras contra la dictadura, el derrocamiento de la Monarquía borbónica
que no eran solo la sintesis de un símbolo, ni un trapo en forma de bandera, sino el sentido por el que millones de hombres y mujeres habían dado a sus vidas a lo largo de casi cien años.

 

      Pero lo grave del asunto consistió en que el halo de sabiduría y prestigio inmerecido que envolvía entonces la testa de Don Santiago Carrillo fue capaz de  arramblar con cualquier atisbo de resistencia ante aquel tremendo atropello histórico-político. “Los comunistas españoles – me advertía sabiamente mi abuelo para explicarme aquella ignominiosa renuncia colectiva – aunque con el tiempo nos  hayamos convertido en ateos, conservamos la liturgia solemne y venerante que  los católicos tienen  hacia sus obispos y Papas. “Doctores tiene la Iglesia”, dicen ellos. Y ese espiritu de doblegacion ante las jerarquias también nos ha quedado  a nosotros, a pesar de que los fundadores de nuestra tradición y nuestro movimiento fueron siempre unos furibundos rebeldes iconoclastas” .   

 

“En los años 70, Carrillo utilizaba el

mismo recurso falaz al que hoy recurre

Anguita para justificar la aceptación de la

monarquía y del sucesor impuesto por el

dictador Franco

 

      Aquella maniobra de Don Santiago era, evidentemente, una trampa saducea, que se parece como una gota de agua a otra gota de agua a la plática falaz de Don Julio Anguita, comparando al militar genocida del pueblo libio, con el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o con los militares honestos que defendieron heroicamente  a su pueblo en 1936.

       Debo reconocer, en cualquier caso,  que a estas alturas no creía que nadie fuera capaz de utilizar todavía este tipo de argumento  miserable como cortina de humo para confundir a los más crédulos.
Estaba convencido de que los aviesos subterfugios del tipo “OTAN, de entrada no”, Somos republicanos, pero defendemos la monarquía”  o “Rechazamos el sistema capitalista, pero queremos humanizarlo”, habían quedado abandonados en las frustrantes cunetas de  las postrimerías de la pasada dictadura.

   Don Julio Anguita ha sido muy oportuno, pues,  al recordarnos que todavía hay políticos que, como  cantara el desaparecido  Javier Krahe, nos siguen hablando con venenosa lengua de serpiente.

http://canarias-semanal.org/not/18370/sr-anguita-usted-habla-con-lengua-de-serpiente/

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