La revolución será feminista. O no será.

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‘La torre y las mujeres’ (Atrapasueños), la última novela del histórico dirigente comunista, insiste en la idea de revolución feminista que podría combatir la crisis generalizada que vive España. “Las mujeres son muy peligrosas para el sistema. La revolución será feminista. O no será”, concluye.

Felipe Alcaraz: “El amor no es posible en el capitalismo”

Olivia Carballar
ocarballar@lamarea.com

“A él le interesaba ese mundo de las mujeres al margen de los hombres, de las mujeres sin hombres. De las mujeres solas o entre ellas. Perseguía, investigaba el lenguaje de las mujeres cuando no estaban con los hombres. Creía que era un discurso especial. No exactamente una letra pequeña del discurso general de las relaciones sociales. Sino otra cosa. Una mirada diferente. Eso sí, era siempre un discurso contra el poder, o mofándose de él… o intentando construir un contrapoder. Una especie también de lenguaje clandestino”. Él es Gaviero, un hombre que no se soporta a sí mismo, que no soporta su propia voz, que nunca ha sabido entender el feminismo, que ha fracasado a la hora de escribir una novela sobre esa “complicidad” que tienen las mujeres, esa sororidad -“la conspiración”, la llama él-. Y encerrado en una torre en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), decide redimirse, resignarse, llorar y pagar esa culpa. Son ellas, las mujeres, las que hablan, la que se expresan, las que pelean por hacerse un hueco en el espacio público que el capitalismo y el patriarcado les han prohibido. “El amor no es posible en el capitalismo”, concluye Gaviero. Es la base de La torre y las mujeres (Atrapasueños), la última novela con la que Felipe Alcaraz, histórico dirigente comunista, insiste en la idea de revolución que podría combatir la crisis generalizada que vive España.

Con un café en la mano y la crisis del PSOE inevitablemente de fondo -“Si se abstiene pagará el coste a plazos; si va a terceras elecciones, lo pagará al contado”-, Alcaraz cuenta que, desde que estudió a Petrarca, tenía esta idea en la cabeza. “El amor apropiación se inicia un 6 de abril de 1327 cuando Petrarca ve por primera vez a la madonna Laura. A partir de ahí aparece un proceso ideológico grandísimo que nos ha llevado hasta estos días a través de esa ideología dominante. No como una cosa explícita, sino como una especie de aura que crees poseer pero que te posee y te presiona. Es el amor libre en el capitalismo que al final funciona como todo lo contrario. Y lo quería contar en un momento en que están matando a las mujeres”, explica en un bar justo en el punto exacto donde estalló el 15-M sevillano. En ese momento, la lista oficial dice que 32 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.

“Me tengo a mí misma”, recuerda Gaviero que decía constantemente Carmen Vargas, un antiguo amor, como reivindicación de su fortaleza. No. No es que no estuviera sola, como consuelan algunas campañas contra la violencia de género con la mejor de las intenciones: “Denuncian, pero luego no hay una estructura que las defiendan, se tienen que ir andado a las 10 de la noche por una ciudad vacía o quedarse sin piso”, afirma Alcaraz. No se trata de no estar sola. Se trata de tenerse a una misma, como insistía Carmen Vargas, un personaje que salpica todo el relato aun estando ya muerta. Se trata de no necesitar a ningún hombre. Se trata de no necesitar nada más. “Era ella por encima de cualquier contingencia. O todo podía ser en un momento determinado contingencia a su alrededor”, recuerda Gaviero de aquella mujer de nombre y voz contundentes en la que algunos lectores y lectoras pueden intuir a Concha Caballero. Alcaraz se encoge de hombros. Ya no queda café en su taza. “Cada cual puede interpretar lo que quiera. La novela se basa en historias. Descubres que es a través de la ficción como llegas al conocimiento de las cosas”, prosigue.

A diferencia de su última novela, Eclipse Rojo –en la que cita por sus nombres y apellidos a los protagonistas del panorama político español-, en La torre y las mujeres apenas existen personajes reales. Entre esos pocos sobresale Antonio Maíllo, coordinador de IU en Andalucía. “La vida es otra cosa, y te lo digo yo. La vida es la tragedia del conocimiento, y entre la tragedia y la nada, hay que elegir siempre la tragedia”, avisa Maíllo, recién salido de un cáncer de estómago. Y en ese conocimiento amplio que es la vida, Alcaraz resuelve que un nuevo amor, una nueva forma de entender las relaciones, sólo cabe en este momento en el feminismo. “No es el hombre quien aporta ese nuevo espacio. Tú puedes ser un aliado del feminismo. Pero es la mujer la que lo aporta, pero la mujer que es mujer. Porque, como decía Simone de Beauvoir, la mujer no nace sino que llega a serlo, con conciencia feminista de mujer. Por eso la lucha es tan grande ahora contra el feminismo y se envilece hasta límites insospechados -feminazis-. Y por eso las mujeres son muy peligrosas para el capitalismo, para el sistema”, resume Alcaraz. La chica de la mesa de enfrente atiende a la conversación de manera disimulada. Sabe que ha sido descubierta.

“Llegó a decir Hitler -continúa el escritor- que una mujer que llega a la política se debería sentir como violada y, en términos lingüísticos, un hombre público es un político mientras que una mujer pública es una prostituta”. Desde Hitler ha pasado un Franco por España, una transición -fallida, según Alcaraz- y una efervescencia en la calle que ahora anda descafeinada. Y ni los nuevos tiempos, ni estos tiempos modernos, han logrado cambiar el escenario que combaten las mujeres al pie de esa torre imaginaria de Sanlúcar de Barrameda. Tania Sánchez y Rita Maestre tuvieron que explicar que no son novias ni amantes de nadie, que son mujeres que vienen a hacer política. Es sólo un ejemplo reciente. A todos los partidos se les llena la boca: es el tiempo de las mujeres. Pero todos siguen, de momento, liderados por hombres, también IU, admite Alcaraz. Dice Gaviero en la novela que las mujeres llevan una mecedora dentro y van sentadas en ella: “Se balancean sin descanso y ejercen la espera. Pueden esperar mucho tiempo. Para ellas el tiempo es otra cosa. Pueden esperar la espera, incluso”. ¿Hasta cuándo?

Alcaraz incide en ello: “Una mujer en la cúspide choca. Siempre se dice que está por el novio, por el padre, porque es guapa o habla muy bien imitando a los hombres. Nunca por ella. Y esto no cambia para que aguante el sistema con el papel pasivo de millones de mujeres a las que lo único que se les concede es la ampliación de la cocina. Todo lo que se ahorra con las mujeres pasivas es lo que permite al capitalismo extraer la plusvalía. Si la mujer logra dar el paso de manera organizada y masiva, esto es la revolución. Y la revolución será feminista. O no será”, advierte. Hasta ese momento, la espera vivirá en muchos casos de manera interminable. “Por eso se crea el matrimonio, donde el Estado entrega a las mujeres las labores que tenía que hacer el Estado. El amor no es amor en el capitalismo, es mercado, es un contrato civil sobre cosas, lo saben aquellos que se separan. Y luego inventan la religión como complemento y refuerzo del amor civil. Lo llaman amor, pero es dominación. En el capitalismo, la mujer no puede ser libre”, sostiene Alcaraz.

El poeta Pruaño, curtido personaje de libros anteriores, resume la idea en un solo verso: “Te necesito: vete”.

fuente:  http://www.lamarea.com/2016/10/05/felipe-alcaraz-amor-no-posible-capitalismo/

 

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