El turismo es la historia contada por un imbécil

turismo

Por Alfredo Grande   
http://www.pelotadetrapo.org.ar
Buenos Aires, Argentina

Los refranes de la cultura represora son un catecismo del sometimiento. De la resignación. De la estupidez. Por ejemplo: “viajar es morir un poco”. Demasiado fácil contraponerlo a “morir es viajar bastante”. Pero en la actualidad de la cultura represora, donde 15 días de vacaciones equilibran 345 días de trabajos forzados, ese “morir un poco” es idealizado. Las compañías de vuelos, tours, hotelería de alto standing, cruceros, tierras exóticas, etc., son adicciones legales que ocupan el alucinatorio social y político de las clases medias para arriba.

La cultura turista y turrista promedio es: inmediata, superficial, fuera de todo contexto, oportunista, reduccionista, a-histórica, sensiblera, desmesurada y amarreta por igual. Y de una candidez, ingenuidad y sencillez que simplemente dan asco. El turista quiere conocer todo pero solicita no entender nada. El guía es su gurú espiritual, su mesías, el Majdi, el único esperado. Un mundo feliz en la cajita feliz de una combi. Obviamente, siempre hay una pincelada social, incluso política.

Un guiño a la realidad real de la cual no conviene despegarse del todo. Son las estrellas fugaces del tour. Quizá para diferenciar de la realidad virtual, el casco queda oculto. Como el turista promedio es clase media alta y alta, los matices deben ser cuidadosamente vigilados. La miseria que se nota debe ser banalizada con frases del tipo: pobres hay en todos lados. Y pasar rápidamente al lado iluminado de la luna ya que los oscuros de la historia son solamente para los resentidos, los anarquistas, los malnacidos y los hombres y mujeres lobo.

“Viajar es
anesteciarse un poco”
(Aforismo implicado A. G.)

El turismo es una industria sin chimeneas. No sale humo: salen dólares. Pero es su dimensión transnacional se ha convertido en otro opio no de los pueblos, sino de los que explotan a los pueblos. Cada uno tiene el opio que puede pagar. En el 2001 se puso de moda el turismo social. Europeos venían a entender cómo podíamos vivir con un dólar por día, como había titulado el diario Clarín. Turismo social que seguramente era sostén de interesantes papers de estudiantes y graduados de universidades de élite de la vieja Europa. También el turismo sexual. Cuidadosamente administrado por corporaciones internacionales. Con su cara más siniestra, el turismo sexual con niñas y niños. También el turismo económico y financiero, que algunos llaman inversiones y flujo de capitales.

El turismo quizá sea una de las formas de la modernidad líquida, de acuerdo con Baumann. La subjetividad turística es intensa y fugaz. Toca y se va. Por mucho que toque, nunca se queda. Y habitualmente tampoco sabe que está tocando y de dónde se está yendo. Me acuerdo del título de una película, muy anterior a la psicosis de internet y el tiempo on line. “Es martes, debe ser Bélgica”. Un título similar podría ser: “Son urnas, debe ser democracia”. Porque hemos entronizado un turismo democrático. O sea: diferentes paisajes, diferentes tours, diferentes beneficiarios, diferentes paquetes, diferentes compañías, diferentes operadores locales e internacionales… pero ¡siempre viajan los mismos!.

“En la cultura no represora
el perro no ladra, pero muerde”
(Aforismo implicado A. G.)

El turismo es la industria más funcional a la cultura represora. Es la expresión más contundente de la banalidad del bien. Sin obreros, sin cultura proletaria, con una simbiosis entre turistas y servidores, hace realidad el mito burgués de la alianza de clases y la armonía universal. A veces hay pequeños ruidos por una excursión que fracasa o una reserva que se cae. Pero poco ruido y siempre muchas nueces.

El fomento del turismo no es solamente una cuestión de ingreso de divisas. Las divisas ingresan, pero no solas. Cada turista es un Hernán Cortés que, sin quemar ninguna nave, intenta y muchas veces consigue, colonizar al turisteado. Turismo incluso matrimonial. Turismo político y turismo deportivo. En la selección argentina de fútbol tenemos un contingente de turistas 5 estrellas. Viajan mucho, entrenan poco, pierden y se van. Pero el operador AFA sigue facturando.

Afiliados a diversos partidos políticos, hacen turismo partidario. Cada partido, según le va en suerte, ofrece paquetes para turismo en el congreso, en el ejecutivo, incluso en el judicial. Ofertas que no se pueden resistir para que las vacaciones pagas que duran todo el año, puedan optar por nuevos destinos. Y siempre hay nuevas compañías con tours novedosos y atractivos paquetes. No faltará el imbécil que no solamente contará la historia que cuentan los vencedores, sino la historieta que cuentan los turistas.

De las decenas de miles que hacen del turismo la razón de su vida, hay muy pocos que tienen privilegios extraordinarios. El Jefe de Gobierno sin dudas es uno de ellos. Ya que tiene incluso residencia propia cuyo alto alquiler pagamos todos o casi todos los argentinos. Y parafraseando a Bernardo Verbitsky, puedo decir que Villa Riqueza también es América.

fuente:  http://delacalle.org/el-turismo-es-la-historia-contada-por-un-imbecil/

El turismo es la historia contada por un imbécil (II)

4 Noviembre 2016
Por Alfredo Grande

(APe)

El turista, como dijo alguna vez el jugador de fútbol Pentrelli, toca y se va. O sea: mira todo, entiende poco, comprende algo, y luego pasa a otra pantalla. Es un zapping de lugares, costumbres, historias, personas. En el nivel fundante, el turismo es un deporte psicofísico y económico que consiste en incorporar la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible y con el margen de utilidad más reducido que se consiga.

Los guías turísticos son los sacerdotes de los templos del consumo, y los encargados de realizar un mix entre naturaleza y centros comerciales. Incluso lo importante, el turismo lo trivializa y lo compacta. La intensidad arrasa con la profundidad, y todo queda planteado en una trivialidad y banalidad constante. De tal forma que la subjetividad del turista es plana, compacta, sin pasado y sin futuro. Un presente continuo que se extiende una semana, una quincena o más según la perfomance económica financiera.

Las estrellas de los Hoteles iluminan el camino, y los pasajeros frecuentes, priority, firts class, son los semi héroes frente a la plebe que viaja en clase común y no pasa de 3 estrellas. Es una minoría poco ilustrada, pero altamente consumista. No es un tema de cantidad sino de intencionalidad. Una forma de vivir. Un dassein existencial. Es la apuesta permanente a las sensaciones de la realidad, no importa cuál es la realidad. Paisajes, población local, todo rigurosamente vigilado.

En los tiempos del 2001, cuando la Argentina era saqueada y apareció la dignidad del “que se vayan todos”, los europeos hacían turismo social visitando los movimientos de resistencia. La forma intelectualoide del turismo son las investigaciones, las tesinas, las publicaciones, sobre el horror social. Hoy pasa con los emigrados que son objeto de varios tipos de análisis, que permiten obtener fotografías de alto impacto, pero que nunca podrán resolver su desarraigo y su desesperación. Mientras haya turismo hay esperanza para el capitalismo redentor. Denomino de esta manera a todos los beneficios secundarios que el capitalismo brinda. El maxi consumo hasta la plegaria grupal de los tour de compras.

Hoy Chile es la Meca de los adoradores de todas las mercancías. Resucita el “deme dos” tan popular en la dictadura militar. Mientras los militantes eran secuestrados y torturados y masacrados, la alegre clase media y alta consumía en el exterior gracias a la plata dulce. Cada época tiene los dulces que se merece. Y hoy el macrismo es neo menemismo y post kirchnerismo. Demasiado. El remedio ha resultado mucho peor que la enfermedad. Ante los efectos secundarios de los antibióticos, extrañamos la neumonía. Qué bien estábamos cuando estábamos mal. Cualquier duda escuchen a Pichetto, liberado de su mochila nacional y popular. Incluso la gloriosa revolución cubana ha sido clonada en un hecho turístico. “Revolucionado el turismo” dice la voz de uno de los mejores periodistas. Turismo y revolución.

El capitalismo encuentra otro “nicho del mercado”. No solamente el capitalismo redentor no combate al socialismo cubano. Simplemente lo transforma en objeto de culto turístico. Turismo y revolución. Otra de las formas de esterilizar, capturar, neutralizar que el capitalismo redentor ha inventado. Ir a Cuba era un acto de militancia ideológica y política. Pienso en todos los luchadores latinoamericanos que fueron para ayudar con el territorio libre de América. Hoy los Hoteles Meliá son al menos tan importantes como el Moncada.

El turismo es la historia contada por un imbécil y por un traidor. También podemos hacer turismo en nuestro país. Vivir rodeados del hambre, la miseria, la desesperación, la injusticia, el horror social, y pensarlo y sentirlo con la mente desquiciada de un turista.
El ciudadano ha degradado a ser apenas, un turista con derecho a voto. Donde los verdaderos dueños de estas tierras, la gran mayoría residentes en zonas de los primeros mundos, nos venden paquetes y tours para disfrutarnos. ¡Al gran pueblo argentino, un tour!

fuente:
http://www.pelotadetrapo.org.ar/2013-09-05-12-30-19/2016/3443-el-turismo-es-la-historia-contada-por-un-imb%C3%A9cil-ii-2.html

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