Argentina: Los Villaflor de Avellaneda

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Los Villaflor de Avellaneda

Enrique Arrosagaray

lesahumanidad@miradasalsur.com

 

Prólogo
I. De conventillos y barro, de castañuelas, trabajo y hambre
II. De abuelo guerrero y tíos obreros, cuarteadores y artistas.
III. De semanas trágicas y panzas abiertas.
IV. De changador solidario a estibador, de bombas de estruendo y bailes
V. De madre laburante de pestañas cortadas
VI. De turcos y enanos, de logias y sindicatos
VII. De zurdos de derecha y de imperialistas democráticos.
VIII. Del miedo a la cana a levantar las fábricas.
IX. De ex radicales, ex socialistas, ex presos y de peronistas.
X. De papas escasas y coimas frustradas.
XI.. De blusita al puerto y de una piña a director.
XII De “La Real” y de capucha, de valientes y de asesinos.
XIII. De una mujer.
Epílogo.

http://www.peronlibros.com.ar/content/arrosagaray-enrique-los-villaflor-de-avellaneda

http://www.libreriahernandez.com/l/los-villaflor-de-avellaneda/83098/9505153708

 

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Raimundo Villaflor: Resistiendo hasta el final

A pocos días de iniciarse el juicio que llevó al represor asesinado Héctor Antonio Febres al banquillo, los jueces desestimaron para su juzgamiento el caso de Raimundo Villaflor. El dirigente obrero fue asesinado en una sesión de tortura en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) en la que participó Febres, tal como denunciaron los sobrevivientes.


Raimundo Villaflor era la “máxima autoridad política de la corriente que se conoció en aquellos años como el Peronismo de Base”, tal como lo definió Enrique Arrosagaray en su libro “Los Villaflor de Avellaneda”. Obrero metalúrgico, activo impulsor de lo que se conoció como la CGT de los Argentinos y uno de los interlocutores elegidos por el periodista Rodolfo Walsh para dar cuenta de los sucesos de la pizzería La Real que terminaron con la muerte del sindicalista Rosendo García.

“Mi viejo militó desde los 14 años en la Juventud Peronista. Estuvo en la resistencia peronista y después con toda una serie de organizaciones que venían de la resistencia conformaron lo que fue las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)”, relata Laura Villaflor, la hija menor del dirigente. Así fue como conoció a su compañera María Elsa Martínez, quien había participado de la formación del MLN Tupamaros en el Uruguay. Para fines de la década de 1960, las FAP y Tupamaros estaban haciendo una experiencia conjunta. Martínez se exilió en la Argentina, donde conoció a Villaflor y compartió la militancia en las FAP.

“Mi viejo, que venía de la resistencia peronista, tenía una cuestión muy clasista. Desde los 16 años fue obrero metalúrgico; laburó desde siempre en fábricas, era delegado sindical de cuantas huelgas hubo”, cuenta Laura. Además, agrega: “Mi papá nunca quiso salir de Avellaneda, era un obrero de barrio que le daba una mano a los vecinos. El quizá estaba haciendo un seguimiento o vigilando algo y de repente y dejaba todo, se iba a comer a la casa de la madre y volvía”.

La de Raimundo era una historia de compromisos, una estirpe de lucha. “Mi abuelo estuvo en la FORA, era del sindicato de panaderos. Era una familia que siempre laburó en fábricas. Mi abuela, con el cuero; mi abuelo, de changarín en el puerto, en la Siam, en frigoríficos. E iban de conventillo en conventillo hasta que en un momento se pudieron comprar la casa”, resume Laura- quien al momento del secuestro de sus padres solo tenía once meses.

El grupo Villaflor en la ESMA

A principios del mes de agosto de 1979, un grupo de tareas de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada “chupó” a Raimundo Villaflor y a María Elsa Martínez. Un día antes, Héctor Antonio Febres y otros marinos habían secuestrado a su hermana, Josefina Villaflor, y a José Luis Hassan- tal como lo documenta el periodista José Vales en su libro Ricardo Cavallo. Genocidio y corrupción en América Latina. El secuestro de Raimundo Villaflor se convertiría en uno de los casos paradigmáticos del accionar de la patota de la Armada Y precisamente esta particularidad es parte fundamental de una historia que en el juicio al ex prefecto Febres, asesinado el 10 de diciembre en su celda de privilegio, fue descartada del expediente para ser, quizá, evaluada en otra instancia.

El ex prefecto fue también quien participó de las sesiones de tortura que terminaron por asesinar al “Negro” Villaflor. Así lo relata Laura Villaflor: “De algunos testimonios, teníamos una primera versión y era que mi viejo cayó el 4 de agosto y que el 8 de agosto- después de una sesión de tortura- había tomado agua de un inodoro y le había dado un paro cardíaco. Pastillas de cianuro no tenía nadie de las FAP. Después, cuando leí los testimonios de Carlos Lordkipanidse y de otro compañero, ellos dicen que lo ven a Febres salir de la sala de tortura y que dice: ’Se me fue el Negro Villaflor’. Luego me enteré que Lordkipanidse lo vio a mi viejo muerto”.

El ensañamiento que los represores tenían hacia el Grupo Villaflor se demostró en la historia que desarrollaron a lo largo de sus testimonios las y los compañeros de cautiverio.

Así lo dejó asentado Carlos Lordkipanidse: “Todo ese grupo pasa por el proceso de capucha; conseguimos que bajen a trabajar hasta que en un momento los llevan a todos al sector de pecera. Y en ese sector donde estaba Ricardo Cavallo, quien siempre le tuvo rechazo a este grupo”.

Laura se pregunta y se preguntó a lo largo de su historia “a qué obedeció” la particular reacción de los represores con los Villaflor durante el tiempo que estuvieron en la ESMA. “Con los Villaflor- portadores de apellido Villaflor- como mi viejo y mi tía “Negrita” había un ensañamiento muy particular por los señores trabajadores de la ESMA. A mi tía la ven que la llevan a la rastra; a mi viejo lo tienen 48 horas y lo asesinan en la tortura. Ellos sabían que mi viejo sabía mucho”, relató Laura a ANRed y agregó: “Es el único grupo que dentro de la ESMA hace el proceso de recuperación y salen todos en libertad y luego los bajan de nuevo a capucha y después los bajan”.

Es la propia voz de los compañeros y familiares los que construyen la historia de los Villaflor y los que relatan los planificados manejos que los represores habían dispuesto para ellos: “Fue muy trágico porque este grupo no solamente estuvo un montón de tiempo trabajando sino que también a algunos de sus integrantes los llevaron a sus casas, vieron a sus hijos. Eso indicaba que iban a sobrevivir- porque eran los pasos necesarios para la supervivencia- hasta que un día los vuelven a capucha y los desaparecen”.

De esas salidas, Laura guarda un tesoro muy valioso. Ella la define como una “señora” de casi 30 años, testimonio del horror. “Mi vieja hizo algunas visitas. En una de ellas me trajo una muñequita de trapo que es probatoria del juicio a Cavallo, él era quien llevaba a mi vieja y a mis tíos a las visitas”. Esa muñeca es símbolo del trabajo esclavo al que fue sometida su mamá pero también es símbolo de una familia que resistió y que en voz de Laura se puso de pie para declarar contra uno de los genocidas. “Mi vieja también sabía coser. Trabajó un tiempo en el pañol. Ahí fue donde nos hizo la muñeca. Es una negrita con solerito, con los ojos de botones”.

La impunidad

En varias de las audiencias que se desarrollaron en el transcurso del juicio, las preguntas que la querella efectuaba en relación al caso de Raimundo Villaflor, eran inmediatamente desestimadas por el Tribunal Oral Federal (TOF) 5, argumentando, de manera ligera, que ese proceso sería analizado probablemente en otro juicio. Sin embargo, Febres murió impune, también, por el homicidio de Villaflor.

Febres hubiera sido condenado por sólo cuatro casos de más de 5000 sucedidos en los márgenes represivos de la ESMA: “Lo que se buscaba era una sentencia mínima por pocos casos. Para un tipo que se lo podría haber juzgado por 2500 casos de tortura y dentro de ellos, se lo podría haber juzgado por el caso de mi viejo por tortura agravada con privación ilegal de la libertad seguida de un asesinato y esa pena sola equivale a 25 años”.

Las distintas maniobras judiciales, una vez más, dejaban en claro cuáles eran las posiciones con respecto al inmediato juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado. Sumado al desguase de las causas que hacen que sólo se juzgue a pocos represores por un puñado de casos, se despliegan otras artimañas que hacen exponer a los familiares a prestar testimonio ante la fiscalía para luego ser notificados que finalmente el caso no será enjuiciado en esta oportunidad.

Es así como el caso de Raimundo Villaflor volvió a estar entre los más 5000 detenidos, desaparecidos y asesinados de la ESMA que el sistema judicial y político del círculo vicioso dejó y aún deja perdurar en el tiempo impregnándolo de mayor impunidad.

En las palabras de Laura Villaflor y en la gran cantidad de testimonios de compañeras y compañeros que conocieron a fondo la historia del “Negro” se vislumbra su vida de resistencia que permaneció perenne mientras enfrentaba, con la fuerza única de un militante comprometido, las condiciones de su cautiverio: “Mi viejo, que era referente y que conocía a muchos compañeros de otras organizaciones, sabía mucho y los represores eso lo tenían claro. Y él, desde ningún punto de vista, iba a hablar y eso se lo había dicho muy bien a mi familia y a todos”.

Valeria y Luciana B (ANRed)

fuente: http://www.anred.org/spip.php?article2423

 

Otro libro sobre la figura de Raimundo Villaflor

Nuevo libro sobre la figura de Raimundo Villaflor y la izquierda peronista argentina

Raimundo Villaflor. El Peronismo Alternativo.

Javier Onrubia Rebuelta, Ediciones Arcos, 109 páginas., PVP 10 Euros

Ha sido publicado recientemente un libro sobre la figura de Raimundo Villaflor (Buenos Aires, 1934-1979), quien llego a ser uno de los principales responsables de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y del Peronismo de Base (PB), organizaciones que formaban parte de la nuevas corrientes de izquierda (la TRP, la Tendencia Revolucionaria del Peronismo) surgidas en Argentina, tras la crisis del movimiento peronista en la década de 1960. Estas dos organizaciones fueron las principales promotoras de la llamada “Alternativa Independiente de la Clase Obrera y del Pueblo Peronista”, un proyecto político alternativo tanto el peronismo clásico, como a las opciones leninistas, que buscaba construir un Socialismo desde la base, sin ningún tipo de burocracias ni de centralismos. Villaflor fue asesinado el 7 de agosto de 1979 en la tristemente famosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) de Buenos Aires.

El libro puede solicitarse en la siguiente dirección:

Apdo. 10185  28080 – MADRID

 

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otro enlace relacionado:

https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-13052-2002-11-18.html

 

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http://archivos.cedinci.org/index.php/fuerzas-armadas-peronistas-y-peronismo-de-base

En recuerdo de un revolucionario: Raimundo Villaflor

Mítico dirigente de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), hace 30 años un grupo de tareas de la ESMA lo secuestraba y desaparecía.

En agosto de 1979 un grupo de tareas de la Armada Argentina que desde la Esma planificaba y ejecutaba diariamente secuestros, sesiones de tortura y asesinatos sobre la población, puso en su mira a algunos dirigentes de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas), entre ellos a Raimundo Villaflor.

De mediana estatura, flaco, huesudo, Raimundo tenía 45 años aquel 4 de agosto cuando fue a visitar a sus padres a la casa de la calle Pasteur al 600, en Sarandí. Seguramente sabía que horas antes, en la medianoche anterior, una banda de la dictadura había allanado la casa de su hermana Josefina y se la habían llevado junto al marido, José Hazán, ahuecando paredes y levantando pisos de su morada en Villa Domínico.

Los represores, numerosos y armados hasta los dientes, rodearon la camioneta y los secuestraron a todos. Horas después devolvieron a las nenas. De Raimundo y de (su compañera) Elsa no se supo más nada, salvo fragmentos valiosos y precarios.

Raimundo Aníbal Villaflor había nacido en Avellaneda, el 30 de marzo de 1934. Su padre fue don Aníbal Clemente Villaflor y su madre fue Josefina Gómez. Se habían casado el 4 mayo de 1933 y tuvieron otros tres hijos: Rolando, en el ’36; Clotilde, en el ’42 y Josefina, más conocida como La Negrita, en el ’51.

Se separó de su primer matrimonio y a inicios de los ’70, Raimundo se casó –aunque no hubo papeles– con Elsa Martínez, una uruguaya de la primera camada de militantes tupamaros, y nacieron Elsa y Laura.

Para 1966 formaba parte ya del Grupo Avellaneda, de la organización Acción Revolucionaria Peronista (ARP) –que dirigía John William Cooke–, junto a El Griego, a Juan Zalazar, Francisco Granato, Francisco Alonso, Miguel Gomar, Rolando Villaflor y Norberto Liffchitz.

Raimundo Villaflor no fue de los primeros que dejó la ARP para sumarse al naciente Peronismo de Base. Pero lo hizo, tal vez, para finales de 1969. Y durante su militancia formó parte de la dirección de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) junto a hombres tan valiosos como Enrique Ardetti.

Para 1979, la militancia revolucionaria había sido castigada duramente por la dictadura de Videla. Ya habían ocurrido miles de secuestros y cientos de muertes y asesinatos en enfrentamientos, verdaderos y fraguados. Las propias FAP estaban disminuidas notablemente. Militantes de la época resaltan que Raimundo fue uno de los hombres que más se esforzaron por vincular la lucha guerrillera al proceso de lucha del movimiento obrero, para no quedar como una “patrulla perdida”.

Raimundo puso junto a Ardetti un local de reparación de artículos eléctricos en Florencio Varela, muy cerca de la estación de trenes. No se sabe si como fuente de ingresos para sostener a sus familias o por otro motivo, pero así llegaron al trágico agosto de 1979.

Se supo mucho tiempo después que Raimundo fue ingresado en la Esma (campo de concentración de la Marina), que fue torturado durante varios días en el sótano y luego colocado en el tercer piso del Casino de Oficiales –en Capucha–, en donde mantenían engrillados y enceguecidos a los secuestrados.

Hay pocos testimonios, fragmentados, de lo que ocurrió con Raimundo dentro de su cautiverio, pero hay coincidencia en que lo asesinaron a los tres o cuatro días de haber sido secuestrado.

Su esposa Elsa fue mantenida con vida más tiempo. Al igual que su hermana Josefina, que Ardetti y que otros hombres de las FAP. Sin embargo no sobrevivieron más que algunas semanas o pocos meses. Casi todos fueron finalmente asesinados, sus cuerpos fueron escondidos y aún no han sido hallados.

fuente: Enrique Arrosagaray- extractos- lesahumanidad@miradasalsur.com


DE TACO RALO A LA ALTERNATIVA INDEPENDIENTE. FUERZAS ARMADAS PERONISTAS Y PERONISMO DE BASE: UNA HISTORIA DE MILITANCIA Y LEALTAD A LA CLASE OBRERA

Un destacamento de gendarmería rodea y reduce a un conjunto de 13 hombres y una mujer en la localidad tucumana de Taco Ralo, el 19 de septiembre de 1968, que habían instalado un campamento base con el fin de entrenarse para establecer, un poco más al norte, en la serranías del Cochuna, una base guerrillera.

Provenían de variadas experiencias de la militancia: distintas expresiones de la Juventud Peronista; del nacionalismo que había roto con las expresiones liberales para acercarse al nacionalismo popular, relacionando cada vez más íntimamente la cuestión nacional con la social; la militancia de base cristiana, que se habían distanciado de la concepción asistencialista de la jerarquía eclesiástica, y orientaba su práctica hacia cambios más radicales de la estructura social; también, activistas del peronismo que habían ido incorporando el marxismo como herramienta de análisis, nucleados en torno a la figura y el pensamiento de John William Cooke.

Había, sin embargo, un denominador común para todos ellos: en sus distintas esferas de actuación -el barrio, la fábrica, la agrupación política- habían agotado sus prácticas. Contra los gorilas de la “Libertadora” primero; contra los patrones desarrollistas y los agentes del imperialismo, después. Contra las distintas variantes de dialoguistas e integradores, que pretendían la adecuación del peronismo al sistema de partidos liberales. Contra la burocracia política y sindical del movimiento que, funcionales al objetivo de sacarle su eje clasista al peronismo y constituirse como único negociador frente a las patronales, combatía cada vez con más dureza a toda expresión política que lo aparte de ese objetivo, llegando incluso al asesinato de militantes.

Un año después de la caída de los compañeros en Taco Ralo, la organización lanza su fase urbana, y desde la segunda mitad de 1969 hasta parte del ’71, tiene una intensa actividad guerrillera: recuperación de armas y dinero, reparto de juguetes en barrios carenciados, señalización de enemigos de la clase obrera, intervención armada en conflictos laborales. Al mismo tiempo, va creciendo en el número de militantes, y profundiza y discute internamente su línea política. Esto la lleva a ser la primera organización armada que cuestiona severamente al foquismo, en primer término, y luego –casi como consecuencia- al mismo movimiento Peronista y al Movimientismo.

En septiembre de 1971 lanza su propuesta de Alternativa Independiente, que es la de la construcción, desde la clase obrera y el pueblo peronista, de una organización revolucionaria, independiente de patrones y burócratas. A este acuerdo se llega no sin discusiones, debates y divisiones, que van a signar todo el año de 1972 y parte del ’73. Se había abierto el proceso electoral y la dictadura se retiraba, no sin dar pelea.

Curtidos en la lucha antiburocrática, los militantes de las FAP saben que combatir al sistema con las mismas reglas que éste proponía, y en el terreno en que eran más fuertes, no llevaba sino a un nuevo fracaso.

El asesinato masivo de militantes, que habían concurrido a Ezeiza para recibir al General Perón, por parte de la derecha peronista [y con el acuerdo del propio Perón], y más tarde el temible accionar de las Tres A, confirmaron esta posición que prescindía de la lucha por el control del Movimiento, para abocarse a la construcción, desde la base y con quienes habían sido el motor esencial en el desarrollo del peronismo, de una organización que les perteneciera, y que representase sus intereses: los de la clase obrera y el pueblo peronista.

En el congreso de La Falda, provincia de Córdoba, realizado en octubre de 1973, se asientan las formas organizativas de esta propuesta, que va a tener un importante desarrollo en Buenos Aires, Córdoba, Rosario-Santa Fe, Chaco y Tucumán, y otras provincias.

Pero una construcción de este tipo, con una diferencia cualitativa con respecto a lo hecho hasta entonces, necesita un tiempo de maduración, y justamente era ese tiempo el que faltaba en los acelerados procesos de 1974, 75 y 76. Con la muerte de Perón, se agudizan las contradicciones dentro de un modelo que mostraba claros signos de agotamiento, y las intensas y masivas luchas que da la clase obrera no logran consolidarse organizativamente, para superar el espontaneísmo y darle continuidad. Las patronales comienzan a respaldar la salida represiva, y el imperialismo ve la oportunidad para asestar el demorado golpe en la Argentina, último bastión que le faltaba en el cuadro latinoamericano.

A comienzos de 1977, con una Organización dividida y debilitada por la represión, lo que queda de la Dirección Nacional –el Negro Villaflor, Pocho Palazzesi y el Gordo Ardetti- deciden disolver las estructuras que aun se mantienen a fin de preservar para el futuro a los militantes sobrevivientes.

Enrique Arrosagaray

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