La Banda Oriental del Uruguay: LIBERTOS VERSUS LIBERTADORES

 

LIBERTOS  VERSUS  LIBERTADORES

por Rodrigo Vescovi

anarquismouruguay@gmail.com

200 años de dominio en la Banda Oriental del Uruguay

Los libertadores y las independencias nacionales de América, lejos de liberar a los seres humanos de la desigualdad social impuesta por la colonización, ayudaron a desarrollar un sistema basado en la propiedad privada y el trabajo asalariado.
El capitalismo siempre ha sido antagónico a los intereses de las comunidades indígenas y cimarronas, de ahí la resistencia.
En la actualidad, el rol de defensa y gestión del capital, entre otros, lo desempeñan presidentes indigenistas y de izquierda a quienes les interesa recordar las gestas independentistas para afianzar la unidad nacional y, por lo tanto, la paz social entre explotados y explotadores.
Entre 1960 y 1970, surgieron distintos grupos armados que revitalizaron la simbología de libertadores y de indios, negros y gauchos, para presentarse en la vida política y criticar al imperialismo.

INDICE
Ruptura de la comunidad y resistencia
Privatizar la tierra, liberar el mercado
La privatización de los medios de subsistencia
Hecha la ley, hecha la trampa
Los movimientos de independencia
Artigas, la tierra y los indios
Artigas apátrida de Uruguay
Años 60’ y 70’: Guerrilleros y símbolos independentistas
Sobre el paradero de la bandera de los 33 Orientales
Presidentes populistas: guardianes del capital
Bibliografía

Ruptura de la comunidad y resistencia

“Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan”

Como en otras partes de América, la irrupción del sistema colonial alteró la vida de los indígenas que habitaban al este de los ríos Paraná y Uruguay (hoy territorios argentinos y uruguayos).
La economía cambió radicalmente, paso de ser autónoma y suficiente a estar limitada por las condi¬ciones que impusieron los colonos. La introducción del caballo y el ganado vacuno; la instalación de chacras y de estancias y la forma¬ción de pueblos guaranís por misioneros transformaron el territorio oriental y, por lo tanto, el hábitat indígena.
La tierra que era colectiva y estaba ligada a las migraciones estacionales de los indios, en muchos casos, no fue defendida al invasor, que se fue apropiando de tierras.
El sistema capitalista, que empezaba a imponerse en el mundo entero, violentó a grupos regidos por valores y formas de producir donde el interés común era la base social.

“No tienen ni leyes, ni costumbres obligatorias, ni recompensas, ni castigos, ni jefes que mandarlos –escribía el español Félix de Azara sobre los charrúas–. Tenían otras veces caciques que no ejercían ninguna autoridad sobre ellos. Todos son iguales, ninguno está al servicio del otro, a no ser alguna mujer vieja, que por carecer de recursos, se reúne a una familia o se encarga de amortajar y enterrar a los muertos”.

La primera resistencia que encontró dicho sistema fue la de los indios. Más tarde, cimarrones y gauchos también lo rechazaron y se autoexcluyeron.
Similar a la Araucanía chilena, la Pampa y la Banda Oriental de los ríos Paraná y Uruguay fue una tierra de «indios bravos» que lucharon por mantenerse libres de la dominación española y, por lo tanto, de la explotación económica de colonos y autoridades.

Cuando los colonizadores españoles y portugueses empezaron a controlar tierras y ganado el indio estuvo condenado a sobrevivir a base de “pillaje”, de la prestación de servicios al europeo y de actividades ocasionales.
En este contexto, las cuatrerías indígenas –por ejemplo de ranqueles y charrúas– se convirtieron en un estorbo, para el comercio cristiano y oligárquico, y fueron perseguidas en nombre de la civiliza¬ción y el progreso. Debido a su diestra actitud para  la lucha, se les pidió colaboración para la recupera¬ción de territorios, pero finalmente fueron engañados y exterminados a sangre y fuego.

En el caso de los charrúas –cazadores recolectores y nómadas, al menos en la época de la conquista–, el invasor, europeo primero y criollo después, los fue desalojando de sus espacios itinerantes y por tanto de su libertad y los fue arrinconando en las zonas menos desea¬das, y de mayor riesgo, por ser fronterizas. Ante estos hechos, los charrúas nunca dejaron de luchar. Su primer acto de resistencia se produjo en 1515, al matar al conquistador Solís y el último en 1832, cuando fueron exterminados por el ejército de la nueva República del Uruguay. Entre esas dos fechas, la batalla contra el invasor fue constante. En el siglo XVI, destruyeron fuertes y pueblos. Más tarde, cuando aprendieron a montar a caballo y fueron más efectivos en los combates, cercaron Montevideo y atacaron aldeas de misioneros y de indios sometidos.

Las tribus más agrícolas y sedentarias del área fueron pronto acultura¬das por el conquistador. Guaraníes y arachanes, realizaron trabajo servil en las encomiendas religiosas, estuvieron al servicio de los ejércitos reales y fueron mano de obra en agricultura, ganadería y construcción, pero también fueron desapareciendo debido al brusco cambio de costumbres.

A los charrúas también se les trató de domesticar –con mucho menos éxito que a otras tribus—mediante la crea¬ción de reducciones: asentamiento fijo, cuya vida  política y civil estaba tute¬lada por sacerdotes y protegida por corregidores españoles. La reducción india estaba obligada a tener alcaldes y regidores, imponiéndole una organización política más efectiva para mantener el nuevo orden social que tantos privilegios otorgaban a sus beneficiarios. Un orden que no solo rechazaban la mayoría de los indios sino otros explotados que, de tanto en tanto, intentaban formar comunas o sociedades alternativas.

Los esclavos de origen africano también protagonizaron levantamientos. A veces se sublevaban en los barcos que los transportaban, otras, en los barracones donde se los hacinaban en el puerto de Buenos Aires, en la bahía de Montevideo o Colonia, o finalmente ante sus amos.

Llegaron a ser el veinticinco por ciento de la población de la Banda Oriental y una seria amenaza para la consolidación del sistema clasista en la región.

Los zambos, hijos de la unión entre negros e indias, o viceversa, también constituyeron un grupo importante en la región y en la resistencia contra el colonialismo.

Las autoridades tomaron distintas medidas para sofocar las rebeliones: «se prohíbe a los negros libres y esclavos el uso de todo género de armas […] y pronunciar discursos sediciosos tanto a libertos como a esclavos».
El acto de rebeldía de los negros orientales más importante fue la huida en masa que realizaron esclavos negros y libertos de Montevideo, en 1803, para instalarse en los bosques de las islas del río Yí y allí crear una especie de «república dos palmares» platense. Según el Cabildo de Montevideo, que construyó un patíbulo para la ocasión, la fuga se produjo gracias a las «doctrinas subversivas de los marineros negros (haitianos) que venían en barcos franceses  y anclaban en el puerto de Montevideo».

En Haití en 1801, dos años antes, se había abolido la esclavitud, se realizó una reforma agraria y se constituyó la primera república independiente latinoamericana. No obstante, la desigualdad social y las penurias para los asalariados fueron, y siguen siendo, enormes. Entre otras cosas porque aquel incipiente movimiento revolucionario fue canalizado hacia meras reformas, luego que fuera derrotada la revolución social en Francia. En Haití los revolucionarios habían puesto demasiadas ilusiones y expectativas en el proceso francés. Ver al respecto la película Queimada, dirigida por Gillo Pontecorvo y protagonizada por Marlon Brando.

El filme que recomiendo –por no haber otro– para hacerse una idea de la importancia de “La república dos Palmares” es Quilombo , titulada así porque en Brasil era como denominaban a sus comunidades los esclavos fugados.

“En Argentina [y Uruguay] se dice popularmente que una institución, lugar o situación es ‘un quilombo’ para indicar que es desordenado o caótico. Se utiliza también la expresión ‘armarse un quilombo’ o ‘se armó un quilombo’ para describir una riña confusa y violenta. El quilombo es así sinónimo del caos, pero la palabra ha llegado a esta significación después de un largo recorrido.  Originariamente era la denominación de los poblados negros escapados a la esclavitud y que se organizaban en forma autónoma; en el siglo pasado la palabra pasó a designar a los burdeles que prosperaban en Buenos Aires a partir del proceso de expansión urbana. En realidad este camino de desplazamientos semánticos, señala bien la relación ideológica entre desorden y grupos subalternos: el concepto que denominaba una realización de un grupo que se había vuelto exterior a la estructura social (los poblados de negros cimarrones) se extiende a una realidad interna pero marginal (los prostíbulos) y de allí pasa a designar el desorden en abstracto. El mismo proceso pasa en Catalunya con ‘casa de barrets’ que designa también tanto a un burdel como a un desorden”.

El fenómeno del indio indomable o del esclavo fugado se dio por casi toda América, sin embargo la rebeldía solitaria del gaucho es propia de la pampa y de la Banda Oriental de los ríos Uruguay y Paraná. No el único caso, pues hubo similares, como el de los llaneros del chaco, hoy venezolano.
La organización del ganado y el cercamiento de los campos provocaron la desocupación masiva de quienes se empleaban en el manejo y cuidado de ganado. Ese fenómeno, sumado a algunos desertores del sistema colonial que ya vivían libres por los campos, dio origen al «hombre suelto» que, al faltarle el jornal, solventó su manutención de otra forma, abatiendo vacunos y extrayéndole el sebo y el cuero, de forma clandestina, para cambiar por yerba, tabaco, aguardiente y cuchillos.

“Aventureros libres, valientes, baqueanos, resistentes al sufrimiento físico, ariscos, bravos y lúcidos como el yaguareté al que le codiciaban su guarida. Ásperos y hospitalarios, ágiles y vivaces a la vez que socarrones. Rápidos en el cuchillo, se jugaban la vida en cualquier eventualidad con un desprecio fatalista hacia la muerte. La misma capacidad del indio como jinete y su misma habilidad para manejar la boleadora. El mismo enemigo que para el indio, el orden y la ley del hombre blanco. Pero unidos únicamente para vaquear y faenar. O tal vez buscar refugio en su toldería en caso de persecución”.

Serafín J. García (1905-1985), claro exponente de la poesía gauchesca, ilustró en “El Orejano”, que Jorge Cafrune popularizaría con voz y guitarra, la vida y pensamiento del gaucho.

“Porque a mis gurises los he criado infieles
aunque el cura chille que irán al infierno,
pues de nada valen los que solo saben
estar todo el dia pirichando el cielo.

Porque aunque no tengo donde caerme muerto
soy más rico que esos que ensanchan sus campos
pagando en sancocho de tumbas resecas
al pobre peón que deja los bofes cinchando

Por eso en el pago me tienen idea,
porque entre los ceibos estorba un quebracho,
porque a tuitos eyos le han puesto la marca
y tienen envidia al verme orejano.

Y a mi que me importa, soy chucaro y libre!
no sigo a caudillos ni en leyes me atraco
y voy por los rumbos clareaos de mi antojo
y a naides preciso pa’ hacerme baqueano”.

Debido a la miseria de muchos hogares, a las deserciones de guerras absurdas y a las ansias de libertad de muchos mozos, ese grupo social fue creciendo y mezclándose con los indios libres o negros fugados, sin reconocer gobierno ni ley. Fenómeno que la sociedad basada en el trabajo asalariado no podía tolerar.

«Convenía mucho al servicio de Dios, del Rey y del común, el establecer una partida volante […] que persiguiese y arrestase a los muchos malévolos, desertores y peones de todas las castas, que llaman gauchos y gauderíos, los cuales sin ocupación alguna y sin beneficio, solo andan vaqueando y circulando entre poblaciones […] viven de lo que pillan, ya en changadas de cueros, ya en changadas de caballada robadas, y otros insultos para el tráfico clandestino, sin querer conchabarse con los trabajos diarios de las estancias, labranzas, ni recogidas de ganados, por cuya razón se halla todo en suma decadencia, y sin temor a nadie, ni a las justicias».

Iniciativas como las de este gobernador –que conducían a los gauchos a enrolarse a la fuerza en los ejércitos reales y nacionales, a los calabozos o entre la peonada de las haciendas– sumadas a una nueva transformación del campo, acabaron con el gaucho como «hombre suelto». Además, en tales circunstancias, para constituir familia, la mayoría no tenía más remedio que pasar al estado de peón.
Las estancias con corrales, tranqueras y alambrados hicieron innecesario el mozo de caballo, lazo, boleadoras y cuchillo.
Igual que hicieron con Artigas, estancieros y autoridades enterraron al gaucho pero enseguida le levantaron un monumento y, años más tarde, lo convirtieron en símbolo de la independencia nacional.

Privatizar la tierra, liberar el mercado

La gestión de la propiedad y la explotación de la tierra, y demás recursos naturales, también fue determinante para el pasaje de la sociedad colonial a la creación de naciones como Argentina, Uruguay y Paraguay.
Cuando se fundan las ciudades, como es el caso de Montevideo en 1726, la Banda Oriental estaba habitada por unas cincuenta mil personas, de ellas treinta mil vivían en ciudades, por lo tanto era una sociedad muy urbanizada. En el campo vivían los indígenas libres y los miles de indios agricultores de las misiones. Se calcula que eran más de dos mil los hombres sueltos, gauchos, cimarrones, contrabandistas, desertores y matreros. Luego estaban los agentes del orden, los comerciantes y la población que trabajaba en las chacras.

En la sociedad colonial de lo que hoy es  Argentina y Uruguay, no había una aristocracia como en Perú o Chile, ni contaba con una nobleza de origen peninsular. Había un núcleo de poderosos latifundistas residentes en Buenos Aires, algo más de un centenar de familias, que eran originariamente funcionarios civiles y militares. Por debajo de ellos estaban los medianos comerciantes –dueños de pulperías y chacras—y universitarios, curas y militares.

El reparto de la tierra si bien al principio se intentó hacer con pequeños estancieros y colonos, pronto la acapararon latifundistas, muchas veces ausentistas que vivían en España, Buenos Aires o Montevideo. El mismo Cabildo de Montevideo confesaba en 1789 que faltaban tierras libres para darlas a los hijos y nietos de los fundadores de la ciudad. En sesenta años ya no había posibilidad para todos los colonos de ser propietarios, lo que creó una diferencia de clase notable.

Un número elevado de campesinos se establecían como «ocupantes» o «denunciadores de tierras» lo que provocaba pleitos y un endurecimiento de las leyes frente a los transgresores de la propiedad.
La privatización de las tierras, la imposición del trabajo asalariado y la persecución a quienes no aceptaron dicho proceso fue un fenómeno histórico que se produjo a nivel mundial y que sirvió de base del capitalismo de hoy en día. De ahí que merezca un capítulo aparte.

La privatización de los medios de subsistencia

En América, igual que en el resto del planeta, los habitantes libres, que no conocían la propiedad privada ni obtenían ganancias del trabajo ajeno, comían de lo que cazaban, recolectaban o plantaban en tierras, también, libres.

Debido a la generalización de la propiedad privada, del cercamiento y el alambrado y de la sentencia: “esto es mío y está defendido por la ley y las fuerzas del orden”, aquellos seres humanos libres se vieron obligados a arrinconarse en parajes más inhóspitos y a no poder seguir obteniendo frutos de los lugares en los que, repentinamente, alguien había “demostrado” que se trataba de una propiedad privada.

Con el paso del tiempo el planeta fue perdiendo lugares libres. El alambrado, las vallas, los registros de propiedad fueron ganando terreno hasta que, prácticamente, todos los paisajes más fértiles fueron de alguien.
Imagino que llegado a este punto muchos seres humanos tuvieron que preguntarse “¿Pero dónde vamos a cazar, a recolectar, a recoger leña, a plantar, a instalar el rancho? Si cuando entramos en vuestras propiedades nos convertimos en bandidos y somos represaliados ¿cómo queréis que sobrevivamos sin lugares donde vivir y alimentarnos?”. Para los propietarios, la respuesta era fácil y lógica: “seguiréis cazando y usando estas tierras, hoy cercadas, pero con una diferencia: todo lo que recojáis o cacéis será nuestro; a cambio, os daremos un salario, lo mínimo indispensable para que podáis sobrevivir y seguir generando riqueza”.

La diferencia social entre propietarios y asalariados llega hasta nuestros días. Para averiguar si los antepasados de uno fueron de una u otra clase, en muchas ocasiones basta con constatar si se está obligado a perder la vida ganándose la vida. Es decir, si uno tiene que pasarse el día trabajando –enriqueciendo a otros– para tener un sustento diario.

El liberalismo burgués, vencedor de la revolución francesa y muy presente en el proceso de independencia americana –en el ideario de sus libertadores y sus constituciones–  no hizo más que regular y consolidar este sistema económico, hoy conocido por capitalismo.

Karl Marx  es uno de los principales analistas de la paulatina privatización de los medios de producción en Europa y resto del mundo.

«Por otra parte, estos seres que de repente se veían lanzados fuera de su órbita acostumbrada de vida, no podían adaptarse con la misma celeridad a la disciplina de su nuevo estado. Y así, una masa de ellos fue convirtiéndose en mendigos, salteadores y vagabundos; algunos por inclinación, pero los más, obligados por las circunstancias. De aquí que a fines del siglo XV y durante todo el siglo XVI se dictase en toda Europa Occidental una legislación sangrienta persiguiendo el vagabundaje. De este modo, los padres de la clase obrera moderna empezaron viéndose castigados por algo de que ellos mismos eran víctimas, por verse reducidos a vagabundos y mendigos. La legislación los trataba como a delincuentes “voluntarios”, como si dependiese de su buena voluntad el continuar trabajando en las viejas condiciones, ya abolidas […].

En Inglaterra, esta legislación comenzó bajo el reinado de Enrique VII, 1530: Los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos capaces de trabajar, por el contrario, azotes y reclusión. Se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre mane de su cuerpo, devolviéndolos luego, bajo juramento, a su pueblo natal o al sitio en que hayan residido durante los últimos tres años, para que «se pongan a trabajar» (to put himself to labour). ¡Qué ironía tan cruel! El acto del año 27 del reinado de Enrique VIII reitera el estatuto anterior, pero con nuevas adiciones, que lo hacen todavía más riguroso. En caso de reincidencia de vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja; a la tercera vez que se le coja, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad. Eduardo VI: Un estatuto dictado en el primer año de su reinado, en 1547, ordena que si alguien se niega a trabajar se le asigne como esclavo a la persona que le denuncie como holgazán. El dueño deberá alimentar a su esclavo con pan y agua, bodrio y los desperdicios de carne que crea conveniente. Tiene derecho a obligarle a que realice cualquier trabajo , por muy repelente que sea, azotándole y encadenándole, si fuera necesario. Si el esclavo desaparece durante dos semanas, se le condenará a esclavitud de por vida, marcándole a fuego con una S [S-Slave, esclavo, en inglés] en la frente o en un carrillo; si huye por tercera vez, se le ahorcará como reo de alta traición».

Miquel Izard, analiza de forma similar lo ocurrido en Cataluña. En Sin leña y sin peces deberemos quemar la barca  narra la autonomía con lo que vivían los llamados boscanos o rurales en los siglos XVII y XVIII y explica que formaban una sociedad igualitaria y anárquica, antagonista y en los márgenes del sistema liberal que se estaba imponiendo por todas partes.  Asegura que perduró hasta mediados del siglo XIX, cuando fue aniquilada con medidas coercitivas ideológicas  y materiales, como la creación en 1846 de la Guardia Civil.

Hecha la ley, hecha la trampa

La resistencia a la imposición de la explotación del hombre por el hombre no nace con la divulgación de tesis de un teórico socialista, ni se expande en América con la llegada de ideas igualitarias venidas de Europa. Surge en el mismo momento que un ser humano pretende sacar beneficio de otro, el mismo día que un propietario cerca un predio, en cuánto se persigue a una tribu que no respeta la organización colonial.
La lucha por la comunidad y la tierra libre estuvo presente en América mucho antes de la llegada de revolucionarios europeos. Si bien apenas tenemos escritos o declaraciones de los luchadores anónimos de tiempos antiguos, sería absurdo pensar que la lucha y pensamiento por el socialismo, comunismo y anarquismo fueron exportados de Europa a América.

Antes, durante y después de los procesos de independencias nacionales, que lejos de significar una verdadera liberación significaron una nueva vuelta de tuerca del sistema social clasista, hubieron movimientos y líderes que esbozaron las teorías de igualdad y justicia social, de una manera precomunista. Hidalgo y Morelos en México,  a inicios del siglo XIX, son un ejemplo.

A pesar de no haber documentos escritos de la mayoría de los habitantes de América que se enfrentaron a las Colonias y a las oligarquías locales, por los actos que realizaban se puede intuir el pensamiento liberador y antagónico al esclavismo y a la sociedad de clases en general. Ganga-Zumba, uno de los líderes del mayor quilombo del continente, es un ejemplo. La resistencia de los indios de los Estados Unidos sería otro.

Uno de los pocos textos escritos que hay en este sentido y que de alguna manera representa a los indígenas de América, es la carta que envió en 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce, en respuesta a la oferta de compra de las tierras.

“Así termina la vida y comienza la supervivencia”. Carta del Jefe indio Seattle.

El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras […]. ¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua. ¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? […] Trata a su madre, la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas. El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos […].

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas […]. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes. ¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Así termina la vida y comienza la supervivencia.”

* * *

En Europa, las teorías comunitarias, que se extendieron antes de la llegada del siglo XIX, son más fáciles de encontrar porque fueron escritas. Ideas, corrientes, grupos y personas que, lejos de conformarse con las ideas predominantes de la revolución francesa que servirían para consolidar lo que hoy en día es el capitalismo, criticaron la desigualdad social, la propiedad y las clases sociales.
Weishaupt (1748-1830) y la Orden de los “iluminados”, con actividad entre 1776 y 1784 fueron un ejemplo:

“En la vida salvaje se gozaba de abundancia y libertad, esos dos bienes supremos de la humanidad. Con la multiplicación de la raza humana, se empezó a carecer de medios de subsistencia. Abandonando así la vida nómada, los hombres se apegaron al suelo, se dedicaron a la agricultura e implantaron la propiedad privada. Los más fuertes e inteligentes establecieron su dominación sobre los más débiles. Así desaparecieron la libertad y la igualdad, al propio tiempo que la seguridad contra las ofensas y las injurias. La necesidad de seguridad obligó a fundar Estados y a entregar todo el poder a un pequeño número de individuos a quienes se puso al frente de tales Estados. Ello condujo al despotismo, el cual, lejos de dar seguridad y libertad, oprime y atemoriza. […] Se trata, pues, de retroceder a los hombres a la libertad primitiva aunque no al estado de salvajismo y barbarie en que se hallaban entonces, sino a un nivel de sociedad superior. “

Mientras en América y Europa se extendía las ideas nacionalistas, los “Iluminados” fueron críticos a ellas y las guerras patrióticas.

“Divididos en Estados hostiles, caen los hombres bajo el yugo del nacionalismo. En lo sucesivo, se juzgó virtud odiar y matar a sus semejantes, con tal que pertenecieran a otro país. Aun dentro del mismo país están divididos entre sí sus pobladores por toda clase de particularismos locales“.

Durante la Revolución Francesa también hubo expresiones que apuntaban a una transformación mucho más radical, y si se quiere comunista o libertaria, que la de los triunfadores. Eran críticos con la Constitución, por su defensa de la propiedad, y por limitar la igualdad a la esfera política y olvidar el aspecto social.
Algunas de las expresiones revolucionarias fueron los heberistas y Santiago Roux:

«La libertad no es más que un fantasma cuando una clase puede sitiar por hambre a otra, cuando el rico con su monopolio tiene derecho de vida y muerte sobre el pobre (…). La guerra que en el interior hacen los ricos contra los pobres es más temible que la que el extranjero riñe contra Francia. Desde hace cuatro años se enriquecen los burgueses con la Revolución. Peor que la nobleza territorial es la nobleza mercantil».

Otro caso fue el alemán L’Ange que sostenía que “La propiedad de los ricos no supone otra cosa que el excedente que quitan a los obreros” . Vivió en Lyon e influenció sobre Fourier, quien creó cooperativas agrarias para combatir el hambre e intentar terminar con el acaparamiento de los productos.
La corriente más conocida fue La Conjuración de los iguales de Babeuf y, el italiano, Buonarroti . Pensaban que debía completarse la revolución con una supresión de las relaciones de explotación, la implantación de la propiedad colectiva del suelo y la búsqueda de la justicia social, haciendo de Francia un modelo para otras naciones.

Los movimientos de independencia

La necesidad de controlar a indios libres, cimarrones y gauchos; la crisis de la España colonial y las pugnas con franceses, portugueses e ingleses; más la llegada de las ideas de la ilustración y las noticias de los movimientos burgueses liberales triunfantes –Estados Unidos 1776, Francia 1789– crearon las condiciones para el surgimiento de los movimientos de independencia victoriosos.

La invasión napoleónica de la península, entre 1808 a 1814, fue aprovechada por las clases superiores criollas para desarrollar sus ansias de independencia. Como afirma Carlos Rama:

«Especialmente la burguesía urbana y los latifundistas, entendían hacer la revolución contra España o Portugal para aumentar sus derechos y posibilidades sociales; pero nunca para alterar la jerarquía de las clases sociales coloniales, ni la estructura de que se favorecían».

En definitiva, con las crisis de las colonias surgieron distintos proyectos independentistas – federalistas o centralistas, respetuosos con los indígenas o genocidas, esclavistas o abolicionistas– pero ninguno rechazaba la explotación del hombre por el hombre, la propiedad y por lo tanto la desigualdad. Huérfanos de teóricos y líderes, europeos o criollos, la igualdad y la comunidad se defendió desde la resistencia indígena, desde el rechazo al trabajo forzado o asalariado, desde la creación de sociedades cimarronas; fueron, en todo caso, movimientos de resistencia más que revolucionarios.

A mediados del siglo XIX, ya empiezan aparecer escritos en los que se defiende el anarquismo y comunismo revolucionario. Por ejemplos los de Roig de San Martín en Cuba, Rafael Barret en Paraguay o Francisco Zalacosta y los hermanos Flores Magón en México.

El título de esta obra, Libertos  versus Libertadores, ilustra lo poco que tenían en común los seres libres –de alambrados, leyes y dinero— con quienes luchaban por liberarse, únicamente, de un país, un rey o un gobierno. Los primeros –indios, gauchos, cimarrones o antagonistas a la sociedad capistalista en general–, en su práctica, cuestionaron todo un sistema socioeconómico, los segundos –los famosos libertadores—, abrazando y apoyándose en el liberalismo burgués, se enfrentaron, únicamente, a un aspecto político, de gobierno.
Además, no son pocos los libertadores que tuvieron una política contraria a los intereses de los indígenas y cimarrones y llena de matanzas, arrinconamientos, traiciones, explotación y miseria.

Artigas, los indios y la tierra

“Yo pregunto si en la tierra
Nunca habrá pensado usted
Que si las manos son nuestras
Es nuestro lo que nos den.
A desalambrar a desalambrar
Que la tierra es mía tuya y de aquel”

Cuentan las crónicas que José Gervasio Artigas fue un criollo buen conocedor de la campaña y sus habitantes. Tenía amigos en las tolderías, tocaba la guitarra, cantaba, hablaba el guaraní y entendía de plantas y curaciones.

Los guaraníes lo llamaban Karai Guasú (guía o más grande señor). Otros indios se referían a él como el Hombre que resplandece, el Padre de los Indios o el Padre de los pobres. Guaycurúes y abipones, por ejemplo, llegaron desde la profundidad del Chaco en busca del protector.

Para Maggi  esta buena relación se debe a las acciones del legendario abuelo de Artigas, Juan Antonio, (1732- 1773) “quien lograba entenderse con los infieles, yendo solo y gallardamente de toldería en toldería, para salvar a Montevideo, una y otra vez”. Su nieto, José Gervasio, que convivió con él hasta los nueve años, habría escuchado de su propia boca alguna de las experiencias con los charrúas.

El investigador sostiene que cuando José Gervasio, con catorce años, desapareció de su ambiente familiar y pasó a vivir relacionado con los charrúas –dedicándose al transporte de ganado–, los indios aún recordaban el apellido Artigas.

A lo largo de los años logró establecer una relación de confianza y ayuda con diferentes grupos indígenas, llegando a tener compañeras y descendencia charrúa. En contraste con muchos colonos, o descendientes de familias criollas pudientes, vio en los indios, gauchos y negros personas a respetar y dar los mismos derechos que los otros habitantes de la Banda Oriental. Esa fue una de las principales razones para luchar contra las coronas española y portuguesa y para convencer a los gobernadores de otras provincias que respetasen a los indígenas.

“Deseo que los indios en sus pueblos se gobiernen por si para que cuiden sus intereses como nosotros los nuestros. Así experimentarán la felicidad práctica y saldrán de aquel estado de aniquilamiento a que los sujeta la desgracia. Recordemos que ellos tienen el principal derecho, y que sería una degradación vergonzosa, para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa que hasta hoy han padecido, por ser indianos […].
Es preciso que a los indios se los trate con más consideración, pues no es dable, cuando sostenemos nuestros derechos, excluirlos del que justamente les corresponde. Su ignorancia e incivilización no es delito reprensible; ellos deben ser condolidos más bien de esta desgracia, pues no ignora usted quien ha sido su causante ¿Y nosotros habremos de perpetuarla? ¿Y nos preciaremos de patriotas siendo indiferentes a este mal? Por lo mismo es preciso que los magistrados velen por atraerlos, persuadirlos y convencerlos y que con obras mejor que con palabras acrediten su compasión y amor filial.”

Fue uno de los libertadores más interesantes porque a diferencia de otros, cómplices del genocidio indígena, no contemplaba una tierra liberada sin indios ni derechos para los desprotegidos.
Este hecho lo convierte en un ser humano sensible y justo, dentro de la inaugurada justicia burguesa. Sin embargo, su proyecto tampoco era comunitario, o mejor dicho, comunista o libertario.

“Acordémonos de su pasada infelicidad, y si ésta los agobió tanto, que ha degenerado de su carácter noble y generoso, enseñémosle nosotros a ser hombres, señores de sí mismos. Para ello demos la mayor importancia a sus negocios. Si faltan a los deberes, castígueseles; si cumplen, servirá para que los demás se enmienden, tomen amor a la patria, a sus pueblos y a sus semejantes. […]. Todo consiste en la sabia disposición del Gobierno. Los indios, aunque salvajes, no desconocen el bien y aunque con trabajo al fin bendecirían la mano que los conduce al seno de la felicidad, mudando de religión y costumbres”.

El mundo de los indígenas y el de los colonizadores eran totalmente antagónicos, principalmente porque unos vivían en comunidad –y por lo tanto sin explotarse unos a otros– y los otros sacaban sus riquezas –o pobreza si no eran dueño de nada– haciendo trabajar a seres humanos, conquistando y privatizando tierras y cobrando a los que las usaban. Unir esas dos realidades de forma justa o equilibrada era totalmente imposible.
Al parecer Artigas, por un lado tendría un proyecto social burgués federal y, por otro, una sensibilidad y entorno indígena y de desheredados que lo hicieron situarse al lado de éstos. Cuesta imaginar que pensara en una tierra libre, sin propiedad privada, sin salario ni gobierno.

Para algunos historiadores Artigas, como algunos misioneros jesuitas, lucharon por los derechos de los indios, derechos burgueses, de propiedad, de no ser esclavizados, derechos por tener deberes. Y no por que los indios siguieran viviendo como indios, en comunidad y libertad.  Otros autores, sin embargo, opinan que el proyecto de Artigas era mucho más comunitario, al abordar el tema agrario hacia una forma de propiedad mucho más colectiva que otros líderes. No obstante, de haber tenido un proyecto más comunista no le hubiese quedado otro remedio que enfrentarse al sistema social capitalista. Si hubiera asumido ese hecho estaríamos hablando de uno de los primeros teóricos conocidos del anarquismo y el comunismo.

Como he mencionado anteriormente, en la época de Artigas e inclusive antes, en América, hubo expresiones libertarias, nacidas del rechazo a la esclavitud y la conquista. Existieron sociedades cimarronas como los quilombos brasileros o las uniones de los rebeldes del llano que, más tarde, sería venezolano.
Por desgracia todas esas expresiones no dejaron apenas escritos ni personajes demasiado conocidos. No obstante, para algunos historiadores, críticos con la Historia Oficial, es más interesante dar a conocer lo que hicieron libertos como el apache Gerónimo o el quilombola Zumbi de Palmares que narrar las gestas libertadoras de Bolívar o San Martín.
Artigas, se empeñó en dotar a los negros e indios de “derechos civiles” (considerándolos ciudadanos, asegurándoles propiedades) cuando lo que transformó su hábitat y sus vidas, fue justamente la imposición de esa civilización occidental que otorgaba derechos e imponía deberes.

“Igualmente recomiendo a usted mucho inspire usted a esos naturales el deseo de activar su comercio y expender sus frutos. Al efecto, hágales usted hacer carretas; que corten maderas para vender, que fomenten sus siembras de tabaco, algodón y demás frutos, como también el beneficio de la yerba. Por muy lentos que empiecen estos trabajos, aquí son plata de contado que pueden emplearla en otros renglones que sean más precisos para esos pueblos. Así se remediarán las necesidades y se inspirará a los naturales el amor al trabajo”.

Dar tierras a cambio de que los indios permitieran privatizarlas todas, derechos a cambio de domesticación.
Felix de Azara, un naturalista funcionario del rey de España, catorce años antes, escribió un memorial en el que decía que había que dar libertad y tierras a todos los indios cristianos, quitar las tierras a los que no las ocupaban, y redistribuirlas en pequeñas estanzuelas a todos los que quisieran establecerse en la campaña formando una clase de campesinos-soldados que defendieran la frontera. Algo parecido propusieron Mariano Moreno y Manuel Belgrano al otro lado del Río de la Plata. En Bolivia, Simón Bolívar decretó una ley en el que obtendrían tierras los indígenas que aceptaran educación y alfabetización.

Según el historiador Carlos Maggi, Artigas les enviaba “regularmente mercaderías, vacunas y maestros p

rocurando sedentizarlos para que vivan en rancho, e incrementar su labranza y su industria”  .
Eso mismo recomendó hacer el coronel Lucio Mansilla (1831-1913) con los indios ranqueles (etnia mapuche), que vivían en La Pampa.  Mansilla, cansado de que la paz con los indígenas durara lo que les duraba el aguardiente, un día organizó una comitiva para llevarles de regalo dos bueyes y un arado: la representación de la colonización del territorio, del trabajador de campo, de la agricultura y por lo tanto de la sedentarización. Los indios si se quedaban en un lugar determinado serían mucho más fáciles de controlar. El Gran Hombre de los ranqueles, Panghitruz Guor (zorro cazador de pumas), se mostró muy satisfecho y empezó a dar instrucciones. Sin embargo, no preparaban la primera cosecha; hicieron brasas con el arado y pusieron a asar la carne de buey.

Quizá Artigas, al contrario de Mansilla, si invitó a los indios a ser sedentarios, propietarios, artesanos, comerciantes y agrícolas no fue por el convencimiento de que el modelo social occidental fuera mucho mejor que el comunitario y precolombino, sino porque fue la única manera que encontró de que pasasen de ser cuatreros –como empezaban a considerarlos y, por eso, a perseguirles— a ciudadanos con plenos derechos.

Artigas, en el “Reglamento provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de su campaña y su seguridad de sus hacendados” del 10 de setiembre de 1815, comienza a regularizar o legitimar los repartos de tierras y expropiaciones. En el artículo nº 6 determina:

“Las nuevas autoridades nacionales deben fomentar con brazos útiles la población de la campaña. Para ello revisará cada uno en sus respectivas juridiscciones los terrenos disponibles y los sujetos dignos de esta gracia; con la prevención de que los más infelices serán los más privilegiados. En consecuencia los negros libres, los zambos de esta clase, indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados en suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y de la Provincia […]. Haciéndolos pequeños propietarios, tierras que se expropian de aquellos emigrados, malos europeos y peores americanos […]. Los agraciados no podrán enajenar ni vender estas suertes de estancias, ni contraer sobre ellas débito alguno, bajo la pena de nulidad, hasta el arreglo formal de la provincia” .

La cruzada expropiadora de Artigas no se limitó al ámbito rural. Las propiedades y negocios urbanos de los partidarios del rey de España y de otras potencias coloniales, incluso de criollos oligarcas, también fueron expropiados, creándose una Junta de Propiedades Extrañas para administrarlas en beneficio del poder público.

“El proceso político de esta zona (la Banda Oriental y las demás provincias de la Liga Federal), tiene –según Carlos Rama — un radicalismo que se le asemeja, en algunos aspectos a la revolución independenstista mexicana de Higalgo y Morelos, es compresible que fuera vista con repudio tanto por las capas sociales superiores locales, como por los poderes extranjeros. En textos oficiales emanados del Rey de Portugal se dice que Artigas era el “rebelde de rebeldes” y el gobierno de Río de Janeiro tenía “recelos de que comunicaran a sus subditos las ideas incendiarias y el espíritu demagógico y anárquico de sus vecinos y los temores de que ocurrieran fugas, levantamientos y deserciones de esclavos y soldados, inspirados por los escritos y proclamas que entro ellos hacían circular los secuaces de Artigas […] Los portugueses invadieron el Uruguay so pretexto de resguardar sus fronteras de la anarquía de lo que llamaban la montonera de Artigas”.

La Batalla de Las Piedras la ganaron frente a tropas regulares españolas, unos tres mil hombres, comandados por Artigas, con cuchillos enastados en estacas de sauce y todo tipo de arma precaria. La princesa Carlota, hermana de Fernando VII, residente en Río de Janeiro, invadió la Banda Oriental para auxiliar a los sitiados españoles. Las tropas de Artigas, incapaces de resistir al Imperio de Portugal, decidieron evacuar la Banda Oriental –episodio conocido como “el éxodo del pueblo Oriental”– uniéndose gran parte de la población portando sus bienes en carretas y carruajes. Unas treinta mil personas, muchos de ellas familiares de los soldados y unos 400 charrúas acompañaron a las tropas hasta la provincia de Entre Ríos.  Los portugueses se hicieron dueños de una tierra vacía.

La derrota de Artigas no solo se debe a la ocupación de tropas extranjeras, sino al abandono y traición de muchas de las familias autodenominadas patricias, alarmadas por su radicalismo, en particular por el poco respeto al sacrosanto derecho de propiedad. Estancieros y comerciantes no tuvieron reparos en pactar con el extranjero y una vez derrotada la causa artiguista, hubo varios decretos para devolver las tierras confiscadas.

Artigas: apátrida de Uruguay

“En tu ayuda, ¡ay paisanos!, monten baguales;
vamos mano con mano, los orientales.
Lararairara, lailararará;
vamos mano con mano, los orientales”

Fernando Errandonea,  como ya hiciera Carlos Quijano  y otros en el pasado, explica la lejanía entre Artigas y la creación de la República Oriental del Uruguay. Parece claro que “el prócer de la patria” nunca pensó en ser “uruguayo”, es decir perteneciente a un país independiente llamado Uruguay.
En la declaración que formuló en abril de 1814 ya expresaba sus ideales federalistas: “La independencia que propugnamos para los pueblos no es una independencia nacional, por lo que ella no deberá conducirnos a separar a ningún pueblo de la gran masa que debe ser la patria”.

En los años posteriores, siguió dejando claro que no perseguía la fundación de un estado-nación sino un pacto federal con Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba. La doctrina artiguista se estructuró en torno a la soberanía particular de los pueblos (provincias) y la unidad confederal.
En 1816, finalizó una carta, enviada al caudillo guaraní, Andrés Guacurari, Andresito, en la que dejaba claro su proyecto: “Remito a usted esa obra de la revolución de Norte América. Por ella verá usted cuánto trabajaron y se sacrificaron hasta realizar el sistema que defendemos”.

Según Errandonea, Artigas fue alguien que soñaba con la comunión americana, la fraternidad federal, de la cual cada región, cada provincia dentro de la colectividad en su mayor parte, hoy argentina, debía conservar y ejercer su autonomía. El investigador añade que la gran diferencia entre él y los otros líderes provinciales fue que Artigas pretendía liderar todo el pacto federal, pero desde su territorio: la Banda Oriental. Además, tenía un proyecto alternativo al de Buenos Aires, ya que proponía la autonomía de las provincias, la descentralización del puerto bonaerense, mantener y reforzar las milicias provinciales y defendía el gobierno republicano con separación de poderes, todo esto contrario al proyecto de la oligarquía y las autoridades de la actual capital de Argentina.

¿Por qué y cuándo se convierte a Artigas en el héroe nacional uruguayo?

Errandonea sostiene que, la necesidad de toda comunidad a tener un héroe, en Uruguay fue mayor porque el país no surgió como consecuencia de una conciencia nacional independentista y autonomista  sino de un arreglo de intereses –por ser era la manzana de la discordia entre el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata–. “Surgimos a la vida independiente a través de la Convención Preliminar de Paz, en 1825”. Y añade que “es muy extraño que se haya redefinido a un héroe traicionado y derrotado como un ganador”.
Según Errandonea la construcción del mito comenzó a gestarse entre 1870 y 1890, época en que empieza a desarrollarse la idea de Estado y nación uruguaya y a gestarse un sentido de pertenencia y una memoria común entre la población.

“Surge la figura de Artigas como la única capaz de lograr un consenso, porque ni Rivera, ni Oribe, ni Lavalleja podían cumplir esa función, ya que eran representantes partidarios. Justamente Oribe y Rivera habían sido quienes instalaron las turbulencias y conflictos de los orientales, Guerra Grande mediante. Habían sido quienes separaron a los orientales y no los que los unieron.
Si bien la Guerra Grande había finalizado unas décadas atrás, en el decenio del 80 todavía los uruguayos se sentían primero blancos o colorados y después uruguayos, razón primordial que motivó la creación del sentido de pertenencia a una nación, la creación del mito artiguista”.

Guerrilleros y símbolos independentistas en los años 60’ y 70’

Papel contra balas / no puede servir,
canción desarmada / no enfrenta a un fusil.

Mira la patria que nace / entre todos repartida,
la sangre libre se acerca, / ya nos trae la nueva vida.

La sangre de Túpac, / la sangre de Amaru,
la sangre que grita / libérate, hermano.

En la década de los sesenta y setenta, del siglo pasado, los conflictos sociales se intensificaron y los enfrentamientos armados volvieron a estar presentes en el Cono Sur de América.

El deterioro del nivel de vida, el triunfo de los guerrilleros de Sierra Maestra, el cuestionamiento masivo e internacional al capitalismo y episodio concretos, como la trayectoria guerrillera del Ché, provocaron que una parte de la población viviera la necesidad de militar en alguna organización política, inclusive, armada.
Una parte de los luchadores sociales consideró que la independencia con las colonias había sido parcial, por la constantes influencias de las potencias mundiales en la política nacional, y/o que, en todo caso, se había conseguido la independencia política pero que había sido sustituida por una independencia económica. El colonialismo dejaba paso al imperialismo. El tío Sam (Estados Unidos) tomaba el papel de la antigua Madre Patria (España) y se beneficiaba de ello. Nuevas batallas serían necesarias y nuevos libertadores también. Mientras se admiraba al Ché, Lenin o Mao, se rescataba a los Bolívar, Artigas o San Martín.

Como antaño se mezclaban –en barricadas, fábricas ocupadas, manifestaciones e incluso en grupos — quienes únicamente perseguían la liberación nacional, con tintes socializantes pero totalmente reformista, con quienes querían acabar con el sistema capitalista y forjar una sociedad anarquista o comunista, pero totalmente diferente a la de Cuba o la URSS, donde siempre siguió predominando el capital, la desigualdad social, la mercancía y el trabajo asalariado.

Además de reivindicar a libertadores o marxistas, se recordaba mucho la resistencia indígena y se llamaba a aprender de ella. A principios de los años sesenta, Daniel Viglietti popularizó Canción para mi América:

“Dale tu mano al indio
Dale que te hará bien
Y encontrarás el camino
Como ayer yo lo encontré

Es el tiempo del cobre
Mestizo grito y fusil
Si las puertas no se abren
El pueblo las ha de abrir”

Los dos grupos armados más conocidos de Argentina y Uruguay, montoneros y tupamaros,   eligieron llamarse como los colonizadores y oligarquías locales denominaban a las “turbas” de gauchos, y otros criollos, que se enfrentaban a su dominio y que casi siempre iban acompañadas de indios y negros cimarrones. La guerrilla peronista Montoneros recogió el denominativo despectivo de “montoneras” y el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros el que hacía referencia a los que seguían el ejemplo del rebelde Tupac Amaru.

“Los tupamaros figuraban en primera línea; y sabido es que bajo ese dictador irónico era como distinguían a los criollos o nativos los dominadores, comparándolos a los adeptos del animoso cuanto infortunado Tupac Amaru […]. A esos tupamaros que sumaban las dos terceras partes del grupo, unían se zambos y negros cimarrones, vestidos de andrajos, que vagaban desde hacía tiempo en compañía de las fieras, menos crueles con ellos que sus amos. Esta sufrida raza sobre la que habían refluido bajo otra forma de labor inicua el tributo real, el obraje, la mita y todas las cargas abrumadoras del sistema, era un contingente estimable, vinculado al movimiento por el derecho a la libertad y a la vida”.

El actual presidente de Uruguay, José Mujica, en una entrevista para Ecos Revolucionarios  explicaba que el nombre de Tupamaros fue usado antes que el de Movimiento de Liberación Nacional.

“En la reunión de Parque del Plata ya apareció el nombre de Tupamaros, aún no el del MLN, para designar al nuevo grupo. El nombre lo propuso Tabaré Rivero, uno de los cuatro miembros del recién formado Comité Ejecutivo, que lo halló en la novela Ismael.
En alguna medida también influyó en la denominación la canción de Osiris Rodríguez Castillo “Cielito de los tupamaros”.

Los guerrilleros de los años sesenta no solo se sentían identificados con los combatientes de los estratos más bajos del escalafón social, sino también con quienes comandaban los ejércitos anticoloniales.
Algunos eligieron darse a conocer, robando un objeto que simbolizara al Libertador del país. Una acción con doble objetivo, por un lado conseguir visibilidad, montando un gran escándalo y, por otro, explicar que su causa era, nuevamente, la independencia “de la oligarquía criolla y el imperialismo yanqui”. Además dejaba claro que en el caso de vivir, el prócer, combatiría con ellos y no con el ejército y la policía, que llenaba sus cuarteles con sus fotos pero que, en realidad lo traicionaba al estar al servicio del Imperio y el capital internacional.
A fines de los sesenta, el embrión guerrillero del peronismo robó la reliquia del museo histórico nacional: el sable de San Martín. Cuya finalidad también era la de enviarle la espada a Perón, “el nuevo Libertador”.

“Lo pensamos como un golpe de efecto, para revitalizar a la resistencia peronista, que estaba un poco bajoneada —manifestó uno de los protagonistas del robo–. Y lo hicimos sin matar ni herir a nadie. En el museo dejamos unos folletos con nuestros reclamos: el retorno de Perón, la devolución del cadáver de Evita, ruptura con el FMI, fin de la proscripción del peronismo, castigo a los fusiladores del 56 y libertad a los presos del Plan Conintes de Frondizi. Illia era un farsante de la democracia, que llegaba al poder porque el peronismo estaba proscripto. Lo que pocos saben es que hubo dos sables. Un coronel, ya muerto y cuyo nombre no daré porque así me lo pidió, me acercó una réplica. A ese sable lo mandamos a Rosario. El verdadero anduvo por una estancia bonaerense a la que llegaban jóvenes peronistas, con los ojos vendados, para jurar frente a esa espada fidelidad a la Patria y a Perón”.

La temible Brigada de Investigaciones de San Martín, a la que ya se le adjudicaba el secuestro, asesinato y posterior desaparición de un joven obrero –dirigente de la Juventud Peronista— se puso a la cabeza de la investigación para recuperar el preciado trofeo. La Brigada no escatimó en torturas a los detenidos.

“Nadie sale igual de una experiencia límite como esa –explica Agosto, uno de los inculpados–. Me rompieron todos los dientes, me picanearon, simularon fusilarme. No dije nada. Sentí que no me iban a matar. Y hoy, lo que peor recuerdo de ese horror es la humillación, el manoseo, el estar en pelotas frente a desconocidos. Pero aprendí a comprender y a perdonar a quien se quiebra cuando es torturado”.

Dieciséis días después del robo, los militantes montoneros devuelven la reliquia al Ejército para intentar poner fin a los secuestros y las torturas.
En cuanto a Uruguay, un capítulo interesante a rescatar, es que el 4 de abril de 1972, días antes de los enfrentamientos más duros entre militares y tupamaros, las Fuerzas Armadas trasladaron la urna que contenía los restos de Artigas, desde el Panteón Nacional a la sala de honor del Regimiento de Caballería nº 1. Fue un acto de precaución. Una manera de prevenir que los guerrilleros secuestraran un nuevo símbolo.

Sobre el paradero de la bandera de los 33 Orientales

Algunos grupos, que en su programa no tenían como objetivo la liberación nacional por considerarla reformista, también vieron en el robo de símbolos patrios una forma de propaganda eficaz.
La Federación Anarquista Uruguaya (FAU) eligió para el bautismo de su estructura armada, la Organización Popular Revolucionaria 33 (OPR33), el robo de la bandera que en 1825 acompañó a los treinta y tres orientales, comandados por Lavalleja, en una de las batallas cruciales por la independencia.

“El robo fue planteado como hecho de propaganda –me explicaba en una entrevista J.C. Mechoso, uno de dirigentes históricos de la organización de la acción–. No era porque nos identificáramos con el contenido de fondo nacional, no se le dio esa importancia a la bandera. Es la única bandera que parla, nos atraía mucho la consigna: ‘Libertad o muerte‘, muchas veces enarbolada por los movimientos de liberación. Tenía elementos como la libertad, obviamente más anarquista. En tono literario se decía que volvería a flamear en alguna de las luchas populares“.

Los miembros de la OPR33 la pusieron a buen recaudo y las fuerzas armadas iniciaron una búsqueda violenta y desesperada del símbolo patrio. Por aquella época, muchos de los interrogatorios con torturas se centraban en averiguar dónde estaba la bandera y hasta hubo negociaciones que no fructificaron para cambiar la bandera a cambio de reducción de penas para algunos presos.

“Aun hoy la tienen como trofeo de guerra y muchos integrantes de esa organización que hoy forman parte de este gobierno pueden saber algo sobre la misma –afirmaba el Coronel Ernesto Ramas, en Voz Alta, el 19 de diciembre de 2007– . Uno de los que si estoy seguro sabia donde estaba la bandera fue el extinto Hugo Cores que supo ser secretario del Presidente Vázquez, ¿nunca se le ocurrió preguntarle por la bandera? Sigo estando convencido que la bandera esta en Uruguay […].
En el año 1975 el superior le ordena al OCOA buscar la bandera al cumplirse 150 años de la gesta libertadora. Es cierto que los integrantes de la dirección del OPR 33 son trasladados desde los penales a una unidad militar para ser interrogados nuevamente mediante la autorización de la Justicia Militar”.

En el año 2000, al cumplirse 175 años del desembarco de los Treinta y Tres Orientales, hubo un homenaje en el Parlamento que derivó en un debate político. Hubo opiniones sobre los responsables de quienes secuestraron la bandera, su posterior desaparición y sobre quiénes tenían que revelar la verdad en ese caso, equiparándolo a la investigación del destino de los desaparecidos.
El diputado herrerista Jaime Trobo, al igual que minutos después haría Ronald Pais, reclamó a quienes tuvieran información que la dieran.

“Hay quienes saben qué fue de la suerte de ese pabellón y no lo han dicho. No han revelado la verdad cuando reclaman reconocimientos y verdades profundas, y no lo hacen en este caso. Quienes hayan tenido o tengan este glorioso pabellón, que lo revelen, como una contribución más a la paz”.

Por su parte, el diputado Guillermo Chifflet, habló de las investigaciones realizadas por el Parlamento, una vez finalizada la dictadura militar, y recordó la forma en que se efectuaban los allanamientos en Uruguay y Argentina: “los señores que estaban al frente de esos operativos, robaban todo, y deben saber dónde está la bandera”. También citó palabras del ex diputado Hugo Cores, antiguo miembro de la OPR33, en las que afirmaba que la reliquia estuvo en Buenos Aires hasta 1974, en perfectas condiciones, que después quienes tenían la bandera fueron detenidos y desaparecidos, y sus pertenencias robadas, entre las que debía estar la bandera.

El diputado del Nuevo Espacio, Felipe Michelini, hijo del desaparecido Zelmar, llamó a:

“No banalizar nuestra historia reciente. Lo primero es lo primero, empecemos con la gente, que se esclarezca qué pasó con los más de 140 uruguayos detenidos-desaparecidos. Después hablemos de la bandera. Hace 15 años que los familiares de desaparecidos están esperando a ser recibidos por el ejecutivo, vaya si han tenido paciencia. Creo que la bandera podría esperar”.

En la actualidad, aun hoy se leen artículos en los diarios más conservadores o en proclamas de candidatos presidenciales del partido Nacional, exigencias de la devolución del pabellón. Uno de las notas periodísticas que más me llamó la atención –por el afán bélico e inhumano del asunto– fue una carta de un lector de El País, de Uruguay, en la que afirmaba que el día que se diera información sobre el paradero la bandera sería lógico que se procediera, y no antes, a facilitar datos sobre donde enterraron o cómo mataron a los luchadores sociales desaparecidos.

Para evitar que se sigan haciendo comparaciones de este tipo –el destino de símbolos con el de vidas humanas— afirmo, por segunda vez, que la bandera ya no existe. Como tantas cosas, fue destruida en la guerra social de los años setenta.

Al igual que el dirigente Hugo Cores, distintos testimonios de la organización, hoy aseguran que la bandera fue llevada a Buenos Aires y escondida en uno de los muebles de un piso franco. Cuando las fuerzas armadas entraron al lugar para detener, torturar y asesinar a los militantes, aprovecharon para robar todo lo que tuviera algún valor comercial, entre ellos el armario con la bandera.

Sin poder desmentir esta versión de los hechos, mi intuición política me lleva a pensar que esa teoría busca pasarle la responsabilidad a las fuerzas represivas. Si bien los militares no están exentos de culpa en la desaparición del estandarte, por la imposición del terror y el sadismo en las torturas, creo que lo que en realidad pasó es lo que ya publiqué en Ecos revolucionarios (p. 183):

“Es sabido que a muchos de los presos que estaban en relación con la FAU los torturaron para que aportaran algún dato que permitiera encontrar la bandera. En 1975 en  un comunicado de prensa en francés, de la sección europea de la ROE (vinculada a la OPR33), se decía que ‘la OPR33 aún hoy guarda la bandera de los 33, que había sido enarbolada hacía ciento cincuenta años’. Hoy, una fuente asegura que un miembro de dicha organización, al tener en su poder la famosa bandera –en la época de más represión y por temor a ser capturado con ella–, optó por quemarla.”

* * *

A muchos de los luchadores sociales de Europa les cuesta ver a sus compañeros de América enarbolando banderas nacionales. En Europa, solo se permiten en las manifestaciones, las de los denominados “pueblos oprimidos” o que buscan la independencia. Es raro ver a un manifestante contra la guerra con los colores de España de capa o a un estudiante francés movilizándose por las calles de París con los colores de Francia. Aún más, a un ecologista de Alemania con los colores del país, en el que vive, usados por la ultraderecha.
Para uno mismo es triste acudir a manifestaciones a favor de la libre circulación de las personas (inmigrantes), en el que hay banderas de Pakistán o Ecuador, estados que también cierras sus fronteras a otros habitantes del planeta. Las fronteras nacionales, y sus símbolos patrios, son en sí mismo un problema para la libre circulación de las personas y algo que persiguen eliminar gran parte de los luchadores sociales.

Según el testimonio de varios militantes, en Uruguay –a diferencia de en Argentina–, en los momentos de más lucha social y mayor politización de la vida (años sesenta y setenta), nunca usaban la bandera de la patria para acompañar sus movilizaciones. Eso solo lo hacían las fuerzas de la izquierda más reformistas o directamente los rancios conservadores. Un protagonista de aquella época, indignado porque la agrupación de ex presos CRISOL homenajeara a militantes de entonces con el símbolo patrio, escribió una nota a los responsables de dicha agrupación:

“Estimados Compañeros:
Cómo ustedes saben la bandera uruguaya fue símbolo del nacionalismo y de la extrema derecha durante toda la historia del país. El Uruguay mismo como país fue un invento de las potencias imperiales y se constituyó como país en contraposición con todos aquellos que habían luchado por la patria grande, como Artigas y en general los orientales que siguieron a Artigas en el éxodo. En los años de lucha importante (1968 al 71) los luchadores sociales enarbolaban otras banderas (como la de Artigas, la roja, la negra, la roja y negra) frente a los de la Juventud Uruguaya de a Pie o de Patria, Familia y Propiedad.
Por lo expuesto propongo que se elimine la banderita uruguaya de todo homenaje a los ex presos políticos. La misma me parece un insulto a los compañeros.
Estando dispuesto a argumentar esto publica y detalladamente, les solicito que consideren formalmente este pedido.
Saludos cordiales”.

Hay que recordar que en los años sesenta, en Uruguay, se produjeron acciones y se difundieron varios comunicados dejando claro que “Habrá patria para todos o para nadie”. Fue la consigna más repetida por el MLN-Tupamaros. Advertía que en el país habría guerra social hasta que toda la población disfrutara por igual de los recursos naturales, hasta que todos echaran una mano en la producción y dejaba claro que se había acabado las épocas de privilegios.  Algunos eran más continentalistas y hablaban de revolución en América Latina o, hasta en África y Asia (la tricontinental), pocos eran los que luchaban realmente por una transformación social radical a nivel planetario. Lo que no cabe duda es que estuvo latente un debate sobre quiénes eran los patriotas (para algunos los socialistas y los que querían una patria liberada de miseria, desigualdad y oligarcas) y quiénes los vende patrias que le seguían el juego a las multinacionales o al “Estado yanqui”. Y En este sentido, también se generó una disputa sobre quiénes eran los verdaderos herederos del “Libertador” Artigas, a quien, absolutamente, todos reivindicaban. En ese contexto Daniel Viglietti cantaba estas estrofas.

“Mano con mano el humilde,
Mano con mano y acción,
Que retorne la bandera
A manos del cimarrón.

Azul y blanca en el aire,
Siempre camino del sol,
Sol que ilumine a los pobres
Como quiso el protector.

Franjas de arriba y de abajo,
Ninguna quiere ser más,
Son todas bien compañeras
Y que viva la igualdad.

La igualdad de mi bandera
En la tierra hay que lograr,
Y el que se oponga que caiga;
Nadie lo va a disculpar.

Pero permítame, amigo,
Fijarme como lo doy,
Que un señor abanderado
También puede ser traidor.

Fíjese que el poderoso
Suele vestirse de peón,
Hablar de escudo y bandera
Y a la patria hacer traición”.

Tuve la oportunidad de preguntarle a Viglietti sobre si consideraba esa canción, y a él mismo, patriota y me respondió que no, que ahora no escribiría esa letra pero que tenía que tener muy presente el contexto en el que la escribió –explicado anteriormente–, la guerra que se estaba desarrollando sobre el destino del país –el de la justicia social o el de los oligarcas–.
Si algo caracteriza a este cantautor es su solidaridad internacionalista con luchas lejanas  geográficamente, pero cercanas por su contenido y objetivos.

“Tanta distancia y camino,
tan diferentes banderas
y la pobreza es la misma
los mismos hombres esperan.

Yo quiero romper mi mapa,
formar el mapa de todos,
mestizos, negros y blancos,
trazarlo codo con codo”.

Presidentes populistas, guardianes del capital

A los presidentes de izquierda, que en la actualidad gobiernan en América, les gusta identificarse con los antiguos libertadores. Como aquéllos, dicen gobernar para los menos privilegiados pero lo hacen para la burguesía, más o menos, nacional y/o internacional, según el caso.
Tras los momentos insurreccionales vividos en Argentina 2000 y Bolivia 2003, los pequeños saqueos en Uruguay, más los disturbios que hubo por esa época en Chile, Ecuador, Perú y México, un importante sector de la burguesía y de dirigentes del FMI, apostaron por gobiernos populistas, indigenistas o izquierdistas. El modelo de pacificación social y progreso capitalista de Lula en Brasil estaba siendo un éxito. Con presidentes de cariz autoritario, conservadores y manu militari se corría el riesgo de que la llama insurreccional se extendiera por todo el continente.

“La asunción de cargos presidenciales en manos de líderes izquierdistas, indígenas y populistas, en distintas capitales del continente americano, no responde a una mera casualidad –sentencia la antropóloga Laura Nuñez–. Evidencia un desgaste de los partidos de centro y derecha y un apoyo del sector más lúcido de la burguesía (aquel que salvaguarda los intereses de toda su clase) que sabe que los Lula, Evo Morales, Kirchner, etcétera, son los mejores gestores del orden capitalista, quienes mejor asegurarán la paz social y controlarán las revueltas. De ahí que sea lógico suponer que, una vez más, el proletariado de Bolivia, como en otros lugares del mundo, se sentirá engañado por este tipo de gobernantes y se volverá a alzar en armas, ojalá que con la fuerza, coherencia y claridad de objetivos que nos debería aportar la experiencia”.

El caso de la asunción a la presidencia de Uruguay de un ex dirigente tupamaro es ilustrativo.
Tuve oportunidad de entrevistar a José Mujica en tres ocasiones, en 1995, cuando estrenaba despacho de diputado en el Palacio Legislativo.  Conocí su carácter afable y campechano. Su carisma y sencillez. También su reconversión –si es que alguna vez no lo fue– en socialdemócrata y su oportuna transformación de la historia: “agarramos las armas para defender al país de un posible golpe de estado”. Como tantos otros, que buscamos forjar una sociedad antagónica a la que hay, nunca tuve confianza en su papel como parlamentario y, menos aún como jefe de los guardianes del capitalismo y de los represores de los oprimidos y luchadores sociales.
El día que asumió la presidencia una multitud fue a celebrarlo, otra, se quedó en casa, con bronca y tristeza, por lo que eso significaba para todos los compañeros asesinados y torturados durante los años setenta. El hecho más curioso, fue el de aquellos que fueron hasta el lugar de los festejos pero con la actitud de los situacionistas de antaño :

“¡Viva el capitalismo!

Con la tristeza de quien vio pelear a un hombre por una sociedad nueva, convertido hoy en el mayor títere del capital, salimos para la Avenida 18 de Julio.
Íbamos mi compañera y yo, con los gurises, recordando en el ómnibus la dignidad con la que resistió tantos años de cárcel y maltrato. Maltrato de los que son hoy sus subordinados. Mujica ya es el jefe de las Fuerzas Armadas.
El responsable máximo de reprimir cualquier intento revolucionario, cualquier acto de reparto de mercancías expropiadas, cualquier huelga salvaje, cualquier piquete prolongado, cualquier resistencia vecinal contra la suba de precios o los abusos policiales, cualquier acto subversivo ante el tedio y la explotación.
Con la misma tristeza compramos dos banderas del Frente, en la chiquita estaban las iniciales: “FA”, fue en la que mi compañera pintó: “Arriba el capital”. En la otra escribimos “Viva el capitalismo”. Era una forma de dejar claro qué era el Frente Amplio y el presidente del Uruguay.
Deambulamos por 18 de Julio unas ocho cuadras, hasta dos de la Plaza Independencia. Con la mirada al horizonte, como si ingenuamente siguiéramos al pie de la letra el discurso de Mujica en el Hotel Conrad de Punta del Este.
“Estos están confundidos” fue lo primero que escuchamos. Sorpresa, tremenda sorpresa, fue la cara del que acompañaba a Gargano. El ex ministro se limitó a sonreír. “Tampoco tanto” suspiró una mujer al vernos pasar. Otros nos miraron con caras incrédulas, decepcionados por comprobar que, efectivamente, en el Frente, en el nuevo Uruguay, caben todos, capitalistas, bichicomes, empresarios, pobres, fascistas, luchadores, torturadores…
Para algunos éramos el ala derecha del Frente, para otros, la izquierda crítica con la que tampoco nos identificamos.
Hubo quién nos paró y trató de convencer de lo malo que era el capitalismo, la mentalidad del máximo beneficio individual, sin comprender que los que lo estaban defendiendo, con ese festejo lleno de botones, eran ellos mismos.
Los que más se acercaron fueron chiquilines que no podían entender porqué asociábamos a Mujica con el capital.
También había gente que se enojaba con nosotros, “los rompehuevos de siempre” “ché les digo en una buena, porque yo comparto con ustedes lo que dicen, pero no les parece que esto es una provocación”, “el proyecto revolucionario de los setenta fracasó, hoy toca hacer política dentro del sistema”, “evitemos líos, miren que se los digo en una buena, soy bolche y los entiendo”, ” estos se están ganando una piña”, “hoy es un día para festejar”.
Pero nosotros pensamos que no hay día en el que sea malo reflexionar, recordar, sincerarse con uno mismo y los demás.
Por suerte hubo, y de eso se trataba también, los que levantaban el pulgar como aprobación, los que se pasaban y decían bajito -como en aquellos tiempos grises–“yo también opino lo mismo” o los que se arrimaban a dar el apoyo abiertamente, los que traían a sus hijos adolescentes para que hablaran con alguien que no había claudicado, que aún veía la necesidad de un cambio revolucionario de la sociedad.
Pero seamos claros, la mayoría nos miró como a quien le duele el culo y descubre una almorrana. Un grano molesto que avisa que algo se pudre por dentro. La putrefacción de un frente amplio y parlamentario que cada vez huele más ha podrido.
Cuando delante del Mac Donalds algunos paseantes se detuvieron a fotografiar las banderas frenteamplistas, con el lema “Viva el capitalismo”, se formaron corros de discusión. En uno, que había banderas del MPP, algunos desaprobaban nuestra acción, otros eran conscientes que su formación política había ido demasiado lejos en el pacto social.
Concedimos dos entrevistas a periodistas de medios alternativos, uno argentino en el que le explicamos, sinceramente, el porqué de esa acción, y otro de Brasil, en el que, irónicamente, nos limitamos a decir:
“Somos inversores, de momento solo pequeños inversores, que venimos a festejar la asunción del nuevo presidente. Empresarios que nos quedamos a las puertas del Conrad pero que hoy venimos a darle nuestro apoyo. Sabemos que él nos apoyará en el crecimiento de nuestra empresa, asegurando la paz social y dejando que explotemos a nuestros empleados tranquilamente. ¡Viva el Pepe, viva la Domesticación (perdón educación), viva las limosnas! ¡Viva el Capital!”.
Dos son multitud”

  NOTAS:

1- Canción compuesta por Nicolás Guillén (letra) y Daniel Viglietti (música).
2- Para intuir cómo era la vida del ser humano antes de la imposición de la propiedad privada y el sistema de clases recomiendo leer investigaciones antropológicas de Pierre Clastres y Marshal Sahlins, así como el artículo “Abundancia y escasez en las sociedades primitivas”, Guerra Sociale, París, 1977. También aconsejo la lectura de “Democracia y dictadura: el sostén del Estado”, capítulo V.2.1. de Ecos revolucionarios. Vescovi (Ed. nóos, Montevideo, 2003) donde se afirma que la desaparición paulatina de la unidad orgánica del ser humano con la comunidad provocó el nacimiento de la democracia. La democracia nace con la imposición de la propiedad privada, los individuos y la división de la sociedad en clases, con la formación del estado. Es, por lo tanto, un sistema político social, y económico, ajeno al comunismo primitivo y, totalmente, ligado al Estado y el capital.
3- Fragmento de la crónica Los Viajes de Félix de Azara, citado de Los indios del Plata, (p. 80). VVAA. Ed. Arca. Montevideo, 1968.

4-  Historia Social del Pueblo Uruguayo (p. 22) Carlos Rama. Ed. Comunidad del Sur. Montevideo. 1972.
5-  Diegues, Carlos, Brasil y Francia, 1984.
6-  Para una visión más profunda sobre los quilombos leer: Laviña, Javier; Ruiz-Peinado Alonso, José Luís. Resistencias esclavas en las Américas, Ed. Doce Calles, Madrid, 2006.

7-  Recorrido que la Real Académica Española no explica:” (De or. africano). 1. m. Arg., Bol., Chile, Par. y Ur. prostíbulo. 2. m. vulg. Arg., Bol., Hond., Par. y Ur. Lío, barullo, gresca, desorden. 3. m. Ven. Lugar apartado y de difícil acceso, andurrial”.
8-  Juliano, Dolores. Historia y fuente oral, nº 6, “El lenguaje de los tangos: sobre estructuras y culturas subalternas”. Ed. Publicacions Universitat de Barcelona. 1991.
9-  Citado de Almanaque, “Sobre José Artigas” (p. 164), Ofelia Piegas de Cardinal, Montevideo 2004.

10-  Marqués de Sobremonte, gobernador de Córdoba, 1795. Citado del artículo de Miquel Izard «Cimarrones, gauchos y cuatreros». Boletín Americanista nº 44, p. 143. Barcelona, 1994.

11-  En el caso de la Banda Oriental la primera propiedad que existió en las zonas rurales fue la de la vada, más que la de la vaca la de su cuero. En un principio no se castigaba a los que mataban una animal, se lo comía pero dejaba el cuero para el propietario. Pero las persecuciones por cuatrería y la propiedad de la tierra no tardaría en llegar.

12-  Este diálogo imaginario, lo recreo en mis conferencias a alumnos de secundaria y bachillerato, para explicar la acumulación del capital, la extensión de la propiedad privada y la aparición del proletariado y la plusvalía, sin embargo dicho sistema no surgió de ningún diálogo sino de un proceso que duró muchos años en el que se fue imponiendo, a sangre y fuego, la propiedad para unos pocos y el trabajo forzado para muchos.

13-  En El Capital. Volumen 3. Capitulo XXIV. “La llamada acumulación originaria”. Capítulo 3. “Legislacion sangrienta contra los expropiados”. Ed. Siglo XXI. Madrid, 1975.
14-  Según el diccionario María Moliner: Antes, «trebajar»; del sup. lat. vg. «tripaliare», de «tripálium», instrumento de tortura, comp. con «tres» y «palus»; v. «TRES, PALO».
15-  Páginas 38-49, Ed. Los Libros de la Frontera. 1998. Barcelona.
16-  De alguna manera, hoy, los herederos de aquellos, son los que ocupan casas vacías, viven en comunidades, más o menos, autosuficientes, o roban en supermercados y no pagan transporte con tal de evitar al máximo la esclavitud del trabajo asalariado. Siendo, más o menos, conscientes de que la privatización fue injusta y perjudicial para la inmensa mayoría, justifican sus actos y condenan a los latifundistas y empresarios que se enriquecen por explotar la tierra u otros seres humanos. Algunos de ellos, suelen además, solidarizarse con la resistencia de los mapuches y otras etnias que luchan para no ser expulsados del territorio donde viven, considerando que todo eso pertenece a la lucha revolucionaria del proletariado que ha de acabar con la sociedad dividida en clases.

17-  Hasta las fábulas y leyendas que trataban al bosque como un lugar peligroso sirvieron para separar a los seres humanos de esos lugares llenos de alimentos y libertad; como en otras partes se hizo con el universo marino.
18-  Hidalgo fue un sacerdote rebelde que en 1810, encabezó una insurrección de campesinos indios y mestizos, afectados por la escasez,  que tenía como primer objetivo la abolición del tributo exigido a los indios, la restitución de las tierras indias y la eliminación de los explotadores. Algunos historiadores afirman que durante la Comuna de Chalco animaron a los sublevados a destruir todos los títulos de propiedad y el propio Estado.

19-  http://www.ecopolitica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=78:carta-del-jefe-seattle-a-franklin-pierce-1854&catid=30:manifiestos&Itemid=57
20-  Max Beer. Historia general del socialismo y de las luchas sociales. Ed Ercilla. Santiago de Chile 1935. El autor en las páginas 329 y 330 explica las tesis de estos pensadores y el origen de su nombre: «Las masas populares no pueden por sus propias fuerzas libertarse de esta situación mísera. Sólo es capaz de llevar a bien tamaña empresa una organización secreta de “iluminados”, que laboren por el perfeccionamiento de la raza humana». Concepción que recuerda a la tristemente famosa visión leninista del cambio social.

21-  Max Beer Op. Cit. P. 330.
22-  Max Beer Op. Cit. p. 317.
23-  Max Beer Op. Cit. p. 317.
24-  Bueonarroti influyó en el revolucionario Augusto Blanqui que en 1851 avisaba: «Quien tiene hierro, tiene pan […]. Francia, erizada de trabajadores en armas, es el advenimiento del socialismo. En presencia de los proletarios armados obstáculos, resistencias, imposibilidades, todo desaparecerá. Pero, para los proletarios que se dejan entretener por paseos ridículos en las calles, por plantaciones de árboles en nombre de la libertad, por frases sonoras de abogados, habrá agua bendita primero, injurias luego y, al fin, metralla, y la miseria siempre. Que el pueblo elija» Blanqui, Auguste. La eternidad por los astros. (p. 112). Ed. Colihue. Buenos Aires 2003.
25-   (Op. Cit, p. 29).

26-  A pesar de no considerarse movimientos revolucionarios, como los de la Comuna de París de 1871, Rusia 1917 o España 1936, los anticapitalistas de hoy en día deberían reconocerse en esas resistencias y no en los libertadores americanos o nacionalistas de ningún tipo. Quienes hoy se reconocen en los Bolívar y San Martín suelen reformistas, nacionalistas o antiimperialistas.
27-  En esta obra Liberto no tiene la acepción histórica del término, como también la que define el Diccionario de la Real Academia “Esclavo a quien se ha dado la libertad, respecto de su patrono”, sino el del ser humano que ha conseguido esa libertad mediante la fuga, la autoexclusión, la lucha y la emancipación. Por eso se llama liberto tanto al gaucho, al cuatrero, al negro alzado, al cimarrón, al indígena que resiste o a cualquiera que durante ese periodo se enfrentó al orden establecido.
28-  En la extensa obra de Eduardo Galeano o de Miquel Izard se pueden encontrar información al respecto.
29-   Artigas y su hijo el Caciquillo. Ed. Fin de siglo, Montevideo, 1992.

30-   El primer fragmento pertenece a una carta de Artigas, de 1815, a José Silva , Gobernador de Corrientes, y el segundo a otra, enviada un año después a la misma persona. Citadas del apéndice documental de Artigas y los indios. Azcuy Ameghino. Ed. Andresito. Montevideo. 1991.
31-  Algunos analistas –como es el caso de Catriel Etcheverri (p. 21) Rafael Barret. Una leyenda anarquista. Ed. Capital Intelectual. Buenos Aires, 2007 y Jean Sellier (p.190)  Atlas de los pueblos de América. Ed. Paidós. Barcelona, 2007 — consideran que Gaspar Rodríguez de Francia también fue un libertador interesante. Afirman que aunque fue un gobernante autoritario –admirador de Robespierre y Bonaparte–, su preocupación por la igualdad social fue real. Aseguran que entre 1814 y 1840, Rodríguez de Francia, apoyado por su gobierno y masas campesinas, derrotó a la oligarquía paraguaya, instauró un Estado autocrático, propietario de la mayor parte de las tierras –confiscadas a la Corona, Iglesia y liberales– que las alquilaba a los campesinos, en su mayoría, para que las trabajaran colectivamente.  Etcheverri afirma que cuando Francia murió no había grandes fortunas y, de acuerdo con Galeano, sostiene que era el único país de América Latina que no tenía mendigos, hambrientos o ladrones. Tras la muerte de Francia, los gobiernos de su sobrino y sobrino nieto y sobre todo tras la llamada Guerra de la Triple Alianza, en 1867, el país fue empeorando. Esa alianza de Brasil, Argentina y Uruguay contra Paraguay fue un genocidio en nombre de la civilización y el libre comercio. Una guerra en la que los aliados contaron con mercenarios, financiados con préstamos de bancos británicos, y “voluntarios” forzados, llevados al campo de batalla con grilletes en los tobillos, lo que dio origen a violentos levantamientos. Las tierras, antes propiedad del Estado y entregadas a los campesinos para su explotación, fueron vendidas y dieron origen al latifundio paraguayo. Todo fue saqueado y subastado: las minas, los bosques, los yerbatales, hasta los edificios de las escuelas. El país, que además perdió más de 150 km cuadrados, quedó completamente destruido y con muy poca población, en su mayoría ancianos, mujeres y niños.

32-  El primer fragmento es de una carta de 1815 a José Silva  y el segundo de otra que le escribió en 1816. Citadas del apéndice documental de Artigas y los indios. Azcuy Ameghino. Ed. Andresito. Montevideo. 1991..
33-  En general, los que se llenan la boca hablando de derechos humanos –ONU, políticos, ONGs, premios nóbeles y reformistas en general—,en momentos de cuestionamiento al sistema, se han mostrado como auténticos apagafuegos de la llama anticapitalista.
José Batlle y Ordoñez, el presidente (de 1903 a1907 y de 1911 a 1915)  más relevante que tuvo Uruguay y, como Artigas, una de las figuras más respetadas del Uruguay –tanto por la mayoría de la derecha y la izquierda–, también se preocupó por los derechos de los más desfavorecidos pero, sobre todo, por consolidar el sistema capitalista en Uruguay y garantizar la propiedad privada y el usufructo que los burgueses y latifundistas sacaba de ella. Leer al respecto el libro que escribió Julio Louis, cuando era miembro del MUSP (Movimiento de Unificación Socialista y Proletario), Batlle y Ordoñez: apogeo y muerte de la democracia burguesa. Ed. Nativa, Montevideo, 1969.
34-  Siglo y medio después, en Uruguay proliferaron luchadores que proclamaban la sociedad sin clases ni propiedad privada. En febrero 1969, en el periódico Tierra y Libertad, “UTAA y las Cooperativas” se afirmaba: “El compañero Sendic, los compañeros cañeros presos y los que están luchando en los más variados frentes, no lo están haciendo por aumento de salarios ni el cobro de algún aguinaldo impago, sino para derrotar a los explotadores y tomar el poder. UTAA, no pierde de vista que las formas cooperativas de trabajo adquieren gran importancia, una vez que el poder del estado se halla en manos de la clase obrera. Mientras esto no ocurra existen problemas de mercados, de falta de herramientas, de créditos, y de asesoramiento técnico. La cooperativa por sí sola no puede llevar adelante la lucha por el cambio de estructuras. La sociedad de clases no desaparecerá, mientras existan clases, sin utilizar la violencia, sin instaurar una dictadura del proletariado, para aplastar a los burgueses. A esta conclusión arribamos, porque la lucha entra las dos clases antagónicas, la burguesía y el proletariado, es irreconciliable”.

35-  Fragmento de una carta a Andrés Guacari, caudillo de los guaraníes, cita de Azcuy  (p.51 Op. Cit.).
36-  Artigas y su hijo el Caciquillo. Ed. Fin de siglo, Montevideo, 1992.
A pesar de la defensa de “los derechos” de los indígenas por parte de Artigas, llama la atención que en sus cartas siguiera usando el lenguaje de la época en la que se diferenciaban” los hombres” de los indios. “Hice marchar una división de quinientos hombres a la que uní cuatrocientos cincuenta y dos indios”. Azcuy (p 17, Op. Cit.)
37-  Leer al respecto Excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla. Ed. Errepar. Buenos Aires. 2006.

38-  Rama (Op. Cit) p. 32. Este reglamento, aprobado en 1815 en el congreso de Concepción del Uruguay, corresponde al cuarto episodio artiguista, conocido como “el apogeo de Artigas”, la revolución libertadora se extiende de la Banda Oriental a las provincias de lo que hoy es Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe y Córdoba (Argentina) y a las antiguas misiones orientales, el sudoeste del actual estado brasileño de Rio Grande do Sul. Esa unidad política se denominó Liga Federal y fue presidida por José Artigas con el título “Protector de los Pueblos Libres”.
39-  Op. Cit. (p. 33).
40-  Según, Carlos Rama (Op. Cit. p. 30), las milicias de Artigas eran una mezcla de distinto origen social, con distintos proyectos o esperanzas: “No eran los paisanos sueltos ni aquellos que le debían su existencia a un jornal o sueldo los solos que se movían; vecinos establecidos, poseedores de buena suerte y de todas comodidades que ofrece este suelo. Junto a los estancieros y sus peonadas, se incorporan a la revolución gauchos y otros ‘hombres sueltos’, así como indios, y los negros, que adquieren la libertad personal al formar parte de ‘los ejércitos de la Patria’ y junto a ellos los hombres cultos, como los sacerdotes patriotas, y los lectores y admiradores de las ideas revolucionarias de la época, todos ellos “tupamaros”, como decían con desprecio las gacetas españolas, refiriéndose a la rebelión india peruana de 1780 de Tupac Amaru III”.

41-  Inicialmente estos versos de la canción Vidalita a José Artigas eran diferentes: “En tu ayuda, ¡ay paisanos!, monten caballos; vamos mano con mano, los uruguayos”. En una decisión inicialmente no compartida por el coautor, Carlos Bonavita, Alfredo Zitarrosa cambió estos versos –uruguayos por orientales– en las ediciones posteriores, seguramente, por enterarse de que Artigas nunca luchó por un país independiente llamado Uruguay, cuyo puerto fuera la capital.
42-  En “La construcción de un mito perenne”, diario La República, 23 de septiembre, Montevideo, 2000.
43-  “Ser oriental es ser artiguista. Ser artiguista es ser rioplatense. Ser rioplatenses es ser hispanoamericano […]. Alguna vez  llamamos a Artigas ‘el gran traicionado’. Lo es y/o seguirá siendo por muchos años más.[…]. Artigas no es nuestro y la reivindicación provinciana lo empequeñece. Es de todos los de estas tierras de la patria grande. Está más allá de su tiempo; y también más allá de su solar. Es el héroe común de la repúblicas del Plata”. Quijano, en el capítulo “Patria chica y patria grande”, volumen III de sus obras, publicadas por el parlamento nacional. Citado de http://letras-uruguay.espaciolatino.com/lockhart/verdadero_artigas.htm
44-  Azcuy (p. 52, Op. Cit)
45-  Habría que preguntarle a Errandonea qué nación no se fundó por un arreglo de intereses. El caso de Alemania es histórico y el de las artificiales fronteras de África, con líneas rectas de hasta diez mil kilómetros, el ejemplo más ilustrativo. Ahora, diga en Uganda, Serbia o Uruguay que su patria es un invento de algunos que sacaron provecho de eso y comprobará la indignación.
46-  Fernando Errandonea (Op. Cit.) explica que “en esta reconstrucción mítica se seculariza lo profano, porque en un país cuyas élites fueron muy tempranamente secularizadas (Berro lo hizo con los cementerios, Latorre con los registros de estado civil, etc.), se eleva el concepto de Artigas, quien es casi intocable pues tocarlo es tocar la fibra íntima de pertenencia nacional. A partir de la década del 80 del siglo XIX, todas las interpretaciones que se hacen sobre Artigas tienden a resaltar los lados aspectos positivos de su obra e ideario, de su pensamiento y de su gesta. Actualmente existe unanimidad sobre la figura de Artigas, en el espectro político, en todos los sectores sociales y en las confesiones religiosas. Nadie discute la obra de Artigas y a quienes han discutido, desde las postrimerías del pasado hasta hoy, la personalidad, obra y gesta de Artigas le han puesto algún pero o han tratado de poner alguna mediatización a esa construcción. Esas voces fueron silenciadas.”

47- Sólo digo compañeros, Daniel Viglietti.
48-  Acevedo Díaz, Ismael, (p. 207 y 208). Ed. Barreiro, Montevideo, 1894.
49-  (Op. Cit. p. 215).

50-  López Mercado, otro miembro histórico del MLN-T, recuerda, en otra de las entrevistas para Ecos Revolucionarios,  (p. 215), que “curiosamente tupamaros le llamaban a los gauchos antiguistas, a los de la Banda Oriental. A los gauchos argentinos no. Por qué acá el componente indígena fue muy fuerte […]. Decirle indio a un argentino es un insulto, decirle indio a un uruguayo es casi un halago“.
51-  “Bonaldi fue hasta la vitrina dispuesto a romper el cristal de arriba. Le dije que rompiera el del costado, para no dañar el sable. Lo sacamos envuelto en unas telas y lo guardé en mi casa por unos días. Después se lo pasamos a Aníbal Demarco, que tenía la misión de llevárselo a Perón. Demarco tenía por entonces una compañía de seguros en Florida 1, y estacionaba el auto cerca de la Casa de Gobierno. Le decía cada mañana a un policía amigo: ‘Cuídelo bien, que adentro está el sable de San Martín.’ Y era cierto. Demarco fue después ministro de Isabel Perón.
A la misma hora en que la Juventud Peronista robaba el sable, la Asamblea Legislativa proclamaba la fórmula presidencial Illia-Perette que asumiría el 12 de octubre. La fecha del robo, también celebración de la Reconquista de Buenos Aires, no había sido elegida por casualidad. El plan de los jóvenes liderados entonces por Carlos Caride, Gustavo Rearte, Héctor Spina, Jorge Rulli y Envar El Kadri, entre otros, era más ambicioso. Iban a robar del Hotel des Invalides, el museo militar parisino donde reposan los restos de Napoleón, las banderas que Francia había capturado en la Vuelta de Obligado. Para eso se conectaron con Hussein Triki, el primer delegado de la Liga Árabe en América latina, de estrechos vínculos con grupos nazis argentinos y extranjeros. La operación quedó en la nada”. http://www.confraternidadferroviaria.org/?p=1922
52-  http://edant.clarin.com/diario/2008/08/12/um/m-01735922.htm

53-  http://www.confraternidadferroviaria.org/?p=1922
54-  Hoy en día, las cenizas o restos de un Libertador siguen siendo motivo de batallas políticas. A propósito de la exhumación ordenada por Chávez de los restos de Bolívar, para averiguar si el prócer había sido asesinado, Maite Rico (El País, Barcelona, sábado 17 de julio de 2010), “La reinvención del Libertador”, sostenía: “Chavez quiere apropiarse de la figura de Bolívar, como Fidel Castro, su mentor, hizo con José Martí. Es cierto que todos los gobernantes venezolanos han echado mano del culto del Libertador, pero Chávez ansía convertir a un aristócrata de abolengo en un mulato hijo de esclavo. A un déspota ilustrado, desconfiado del pueblo, en el ideólogo del socialismo del siglo XXI. Y ahora, asesinándolo, en el protomártir de la lucha anticapitalista”.
55-  http://envozaltauruguay.blogspot.com/2007/12/bandera-de-los-33.html

56-  La republica digital, 13 de abril, 2000

57-   Eso no menoscaba el cariño que uno tiene a la gente que quiere y reside donde uno nació, que no se alegre de estar o volver a su terruño, de comer las cosas de siempre, de que le inunden mil recuerdos hermosos, que no le encanten mil cosas de aquél lugar y hasta que si es futbolero –es muy difícil ser consecuente en todo– no se alegre al ver que el cuadro con el que uno vibra hace un buen mundial. Todas esas sensaciones no tienen que ver con el patriotismo que tanto sirve al capitalismo y tantas guerras ha alimentado.  Ni con la liberación nacional, ni la unidad nacional, que tanto beneficia a los empresarios y tantas luchas ha encauzado, ni con la defensa de la patria, la comunidad ficticia por excelencia, ni con la confraternización entre explotadores y explotados “para beneficio de todos” los del país, sobre todo de los burgueses y poderosos.

58-  Firmado por Ricardo Vescovi y publicado en el portal Postaportenia nº Nº 388 – julio de 2010. http://postaportenia.blogspot.com/2010/07/contra-la-violencia-e-inseguridad.html
59-  Hoy en las mismas calles montevideanas se puede leer: “Sin justicia no hay paz” o “mientras haya desigualdad habrá lucha” o “quien siembra miseria recoge la rabia”.

60-  Milonga de andar lejos.
61-  “Bolivia, 2003. Dinamita, asalto e impulso revolucionario”. Momentos insurreccionales. Revueltas, algaradas y procesos revolucionarios. (p. 27). Ed. Viejo Topo. Barcelona, 2005.

62-  Parte de la entrevista la volqué en el libro Ecos revolucionarios (Op. Cit.), la otra la doné, como el resto de las entrevistas realizadas, al Archivo de lucha armada – David Cámpora sito en la facultad de Humanidades de Montevideo.

63-  Los situacionistas fueron una corriente revolucionaria que participaron en la revuelta del mayo francés (1968) y que fueron críticos con la actitud entreguista de stalisnistas, trotsquistas y maoístas. En los años posteriores, cuando éstos, celebraban el día del trabajo, los situacionistas sacaban toda su artillería de crítica a la sociedad del trabajo asalariado. La artillería consistía en crear situaciones esclarecedoras. En un 1 de mayo,  pusieron una pancarta de punta a punta de la calle, por donde pasaba la manifestación sindicalista, con el lema nazi que había en la entrada de varios campos de concentración: “el trabajo os hará libres”, creando una situación embarazosa y de crítica radical al sindicalismo.

64-  Citado de El Muerto, video blog de información alternativa, miércoles 3 de marzo de 2010
http://elmuertoquehabla.blogspot.com/2010/03/viva-el-capitalismo.html

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La republica digital, 13 de abril, 2000.

  Cancionero

Viglietti, Daniel. Canción para mi América, Nuestra bandera, Sólo digo compañeros y Milonga de andar lejos.
Guillén, Nicolás (letra) y Viglietti, Daniel (música). Me matan si no trabajo.
Rodríguez Osiris Castillo, Cielito de los tupamaros.
Serafín J. García (letra) Jorge Cafrune (música). El Orejano.

  Filmografía

Diegues, Carlos, Quilombo. Brasil y Francia, 1984.

Pontecorvo, Gillo. Queimada. Italia, 1969
Charlone, César. La Redota, una historia de Artigas (aún por estrenar). Es el tercer título de la colección “Libertadores” producida por Wanda Films, Lusa Films y Televisión Española

 

 


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