Uruguay: Luchadores sociales, 1968–1973

_____________Urug___Ecos revolucionarios

Uruguay: Luchadores sociales, 1968–1973

Rodrigo Vescovi

anarquismouruguay@gmail.com

Prólogo de Osvaldo Bayer
Primera edición © 2003, nóos editorial
Segunda edición 2015

La editorial y el autor autorizan el fotocopiado parcial o total de la obra.

 

Prólogo: La explicación de lo inexplicable 

I. PRESENTACIÓN

I.1. Elección del tema
I.2. La manera y el porqué
I.3. Historia oral
I.4. Lo formal y lo real
I.5. Objeto de estudio
I.6. «La culpa es de los de afuera»
I.7. Estructuración del trabajo

II. CONTEXTO Y ANTECEDENTES
II.1. Aproximación a Uruguay
II.2. Estancamiento y mercado mundial (1957-1967)
II.3. El fin de la Suiza de América, el antiimperialismo y la utopía como realidad
II.4. 1964: Tensión social y comandos del hambre
II.5. 1965: Rumores de golpe militar, Congreso del Pueblo, CNT y Coordinador
II.6. 1966: Plan del Che, aparición de los tupamaros y elecciones
II.7. 1967: Acuerdo Época y política fondomonetarista

III. CONFLICTO SOCIAL
III.1. 1968, 1969 y 1970. Polarización de dos proyectos antagónicos
III.1.1. Características generales del período
III.1.1.1. Intensificación de la lucha de clases
III.1.1.2. La nostalgia por el Uruguay de las vacas gordas
III.1.1.3. Aumento de la militancia y politización de la vida
III.1.2. 1968: La resistencia mundial al sistema también en Uruguay
III.1.2.1. Congelación de precios y salarios
III.1.2.2. El asesinato del primer estudiante
III.1.2.3. Primavera de flores y sables
III.1.3. 1969: Brechas por todos lados a la nave del estado
III.1.3.1. Huelgas y militarización de frigoríficos, bancos.
III.1.3.2. Incremento de las acciones de la guerrilla urbana
III.1.4. 1970: Euforia combativa y contrapoder
III.1.4.1. Comités de barrio
III.1.4.2. Intervención de la enseñanza secundaria
III.1.4.3. Justicia popular y armada
III.1.5. La dialéctica de las balas y los calabozos
III.1.5.1. Secuestro del maestro de la tortura
III.1.5.2. Dan Mitrione
III.1.5.3. Caída de la calle Almería
III.1.5.4. Matar o no matar al maestro de la tortura
III.1.5.5. Asamblea General del 10 de agosto
III.1.5.6. Un símil en los años treinta: el ajusticiamiento del comisario Pardeiro
III.2. 1971: ¿Tiempo de lucha o tiempo de elecciones?
III.2.1. Creación del Frente Amplio
III.2.2. Acción directa o tregua electoral
III.2.3. Verano caliente y acciones clandestinas
III.2.4. El Chueco Maciel
III.2.5. Fuga de 38 presas y 111 presos políticos y llamado a las fuerzas armadas
III.2.6. La crispación preelectoral
III.2.7. Victoria del conservador Partido Colorado
III.3. 1972: «Guerra Interna»

III.4.

IV. ORGANIZACIONES CONTRARIAS AL RÉGIMEN
IV.1. Integrantes del Frente Amplio
IV.1.1. Apuntes sobre el Partido Comunista del Uruguay (PC o PCU)
IV.1.2. Notas sobre el Partido Socialista (PS)
IV.1.3. Movimiento Revolucionario Oriental (MRO)
IV.1.4. Movimiento cristiano de resistencia
IV.1.5. Grupos de Acción Unificadora (GAU)
IV.2. Grupos extraparlamentarios
IV.2.1. Tendencias anarquistas
IV.2.2. Federación Anarquista del Uruguay (FAU)
IV.2.2.1. Fundación
IV.2.2.2. Escisión
IV.2.2.3. Programa, participación y ámbitos de influencia
IV.2.2.4. Resistencia Obrero Estudiantil (ROE)
IV.2.2.5. Organización Popular Revolucionaria 33 (OPR 33)
IV.2.2.6. La «escuelita», lucha armada y prácticas anarquistas
IV.2.2.7. Secuestro de Molaguero
IV.2.3. Escuela Nacional de Bellas Artes
IV.2.4. Comunidad del Sur
IV.2.4.1. Orientación política
IV.2.4.2. Convivir en comunidad
IV.2.5. Movimiento de Unificación Socialista y Proletario (MUSP)
IV.2.6. Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
IV.2.7. Frente Estudiantil Revolucionario (FER)
IV.2.8. Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (FARO)
IV.2.9. Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores (FRT)
IV.2.10. Movimiento 22 de Diciembre (Tupamaro)
IV.3. Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T)

IV.5.1. CAINSA: feudo, miseria y resistencia
IV.5.2. ¡UTAA, UTAA, por la tierra y con Sendic!
IV.5.3. Tras las cañas, el fusil
IV.5.4. Contra el latifundio y el alambrado
IV.6. La lucha en el ámbito estudiantil
IV.6.1. Conciencia y antisectorialismo
IV.6.2. Cuadernos, piedras y asambleas
IV.6.3. Liceos, preparatorios y facultades: aprendizaje y combate
IV.6.4. Movilizaciones de 1968 a 1973
IV.6.5. Asamblearismo, federalismo y polémicas
IV.6.6. Sobre el carácter de la lucha
IV.7. Contradicciones entre organizaciones
IV.7.1. Oposición al Partido Comunista
IV.8. Confraternización intergrupal
IV.8.1. Convención Nacional de Trabajadores
IV.8.2. La tendencia combativa
V. LOS LUCHADORES SOCIALES
V.1. Formas de lucha

V.3. Vida cotidiana
V.3.1. Características de los luchadores sociales
V.3.2. Compromiso y abandono
V.3.3. Introspección
V.3.4. Afiliación y separación
V.3.5. Círculo familiar y vecinal
V.3.6. Reuniones
V.3.7. Lecturas y canciones
V.3.8. Género y militancia
V.3.9. Amor en tiempos de lucha
V.3.10. Clandestinidad
V.3.11. Un día cualquiera
V.3.12. La lucha transforma la vida cotidiana
V.4. Los hijos de los luchadores sociales
V.4.1. Ricos y pobres
V.4.2. Vivir los conflictos sociales siendo un niño
V.4.3. Infancias particulares
V.4.4. El ogro con botas: la visita menos deseada
V.4.5. Padres prisioneros
V.4.6. Dibujos, cartas y regalos
V.4.7. Los hijos como botín de guerra
V.4.8. Crecer en un régimen militar o en el exilio
V.4.9. Balances de juventud sobre la niñez
V.4.10. Valoración de la implicación política de los padres
V.4.11. Los hijos: ¿también luchadores sociales?
V.4.12. «Y… ¿qué hacemos con los torturadores de nuestros viejos?»

VI. REFLEXIÓN FINAL

VII. BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES
VII.1. Bibliografía consultada
VII.1.1. Obras generales
VII.1.2. Obras específicas
VII.1.3. Revistas vaciadas
VII.2. Fuentes
VII.2.1. Publicaciones del período 1968-1973
VII.2.2. Bibliotecas y organismos visitados
VII.2.3. Archivo del autor
VII.2.4. Herramientas de trabajo
VII.2.5. Fuentes fotográficas

VIII. APÉNDICES
VIII.1. Breve diccionario
VIII.2. Reseña biográfica de los entrevistados e índice de las entrevistas
VIII.2.1. Testimonios
VIII.2.2. Entrevistas grabadas
VIII.2.3. Entrevistas escritas
VIII.2.3.1 Charlas informales
VIII.2.4. Hijos de luchadores sociales
VIII.2.4.1 Entrevistas grabadas
VIII.2.4.2 Entrevistas escritas
VIII.2.4.3 Charlas informales
VIII.2.5. Entrevistas de apoyo
VIII.2.6. Guión orientativo para las entrevistas

Luchadores sociales, Uruguay, 1968–1973

Prólogo de Osvaldo Bayer
Primera edición © 2003, nóos editorial
Segunda edición 2015
Rodrigo Vescovi: anarquismouruguay@gmail.com

La editorial y el autor autorizan el fotocopiado parcial o total de la obra.

A los luchadores de ayer, de hoy y de siempre

Agradecimientos

A mis abuelos Lilia y Enrique, por su insistencia en mis estudios. A mis padres Amaya y Ricardo por la vida y los valores que me dieron. A Vicente por asumir parte de la edición de la obra. A Mona por ayudarme en la búsqueda de datos desde Uruguay. A May, Sole, Mónica, Paula, Marc, Marta y Alba por las correcciones. A Pablo por colaborar a introducirlas. A Neta, María Angélica y Laura por la lectura y las recomendaciones. A Andrés por solucionarme dudas a lo largo del trabajo. A Álvaro por digitalizar las entrevistas para el cedé y a Erika por el diseño del mismo. De la primera edición: a Ariel por la maquetación, a Bruno por el diseño de la portada y a Gabriela por el escaneado de las imágenes. A Brecha, Carta Popular, Teresita, Cristina, Carusa y Lucía por las fotografías. A Miquel Izard por enseñarme a historiar. Por solucionarme dudas y facilitarme material, a los profesores Rodolfo Porrini, Carlos Demasi, Sonia Romero y Reyes Abadie de la Universidad de la República del Uruguay; a Diego Stulwark, de la Cátedra del Che de Buenos Aires; al Centro de Estudios Independientes del Uruguay y al Centre International de Recherche sur l´Anarchisme. Al Museo Torres García por colaborar en la presentación del libro. Y a todas y todos los que ofrecieron su testimonio para esta investigación o colaboraron de alguna u otra manera para su publicación.

Presentación a la segunda edición

Se da la info porque las fuerzas represivas del Estado ya la tiene

Prólogo

Y aquí el autor se basa en un principio y lo dice: «Adoptando el criterio de las ciencias sociales, la legitimidad legal de encarcelar o usar armas no se considera válida para defender a los legales y criticar a los ilegales, para denominar a unos “pacificadores” y a los otros “terroristas”».

El fenómeno comienza, sin lugar a dudas, con la tercerización del Uruguay, dejando para siempre aquello de la Suiza de América. Lo dice Vescovi cuando escribe: «Entre 1960, año en el que Uruguay firma su primera carta de intención con el FMI, y 1973, en el Cono Sur de América los aumentos de salarios reales fueron nulos o casi nulos, mientras que en países europeos de ese mismo período casi se duplicaron». Ya en 1957 se comienzan a aplicar métodos represivos en el Uruguay que luego se iban a generalizar. En la huelga de los peones de tambo intervino la policía y castigó duramente a sablazos a los huelguistas, y algunos de ellos tuvieron que ser hospitalizados por las heridas sufridas. Comenzaría, así, todo un largo período donde la tortura del enemigo preso y muchas veces su asesinato y desaparición fue la manera oficial de responder a los requerimientos obreros y al espíritu revolucionario. En esos comienzos «se plasma la unidad obrero–estudiantil, a través de las movilizaciones por la Ley Orgánica de la Universidad conseguida en 1958».

Un año después, llega la Revolución Cubana «que nos descubre –transcribe el autor a Coriún Aharonián– que la utopía es posible». Comienzan las manifestaciones procubanas y antiimperialistas, que en los últimos años de la década del sesenta estarán presididas por el infaltable retrato del Che Guevara. Nace una cultura basada en las canciones revolucionarias y el culto a las tradiciones de los pueblos originarios. La educación pública va tomando otro color, las vidas barriales, también; en los partidos políticos tradicionales ocurren verdaderos movimientos internos para finalmente no cambiar nada. A los partidos de izquierda no les va mejor. El futuro, en ese momento, se veía en los movimientos fuera de la política eleccionaria.

Vescovi incluye luego el Plan del Che, con toda su fuerza irreal y su desparramo de idealismo y su fin. Será otro duro paso hacia la experiencia final. Pero creadora de esperanzas y de ilusiones que hacen a los cambios. Al mismo tiempo las organizaciones políticas de izquierda iban modificando sus dudas y su exclusivismo. Tal vez un paso firme y adelante fue la unión de grupos y partidos proletarios y de izquierda del Acuerdo Época y la creación del diario Época. Es decir, lucha armada como «parte inseparable de la militancia» y la ineludible necesidad de combatir al reformismo. Toda esta parte y su posición frente al gobierno oriental están llevados paso a paso por el autor: los paros, las revueltas estudiantiles, la Conferencia de Presidentes de Punta del Este, la polémica con el Partido Comunista sobre la lucha armada y finalmente la muerte del Che.

En el capítulo II, el autor nos hace un dilatado análisis del conflicto social uruguayo en los tres años que van de 1968 a l970. Califica así a esos años: «La dominación ideológica y el consenso social –producto de un bienestar relativo– ya no es posible por la pauperización y la crisis estructural; y entonces la dominación pasa a ejercerse por medio de la violencia y el terror, primero policial y paramilitar, y luego militar». La izquierda contestó «con paros generales, que inmovilizaron a toda la producción nacional, ocupaciones de fábricas, contrainformación y lucha armada». Y un aspecto que caracterizó de alguna manera al movimiento revolucionario oriental: «uno de los objetivos más reivindicados fue la confiscación (u ocupación) de tierras, quitándoselas a los latifundistas». De cualquier manera –como lo remarca el autor– «hubo una radicalización entre la población: los del centro se convirtieron en progresistas, los progresistas en izquierdistas y los izquierdistas fueron hacia posiciones revolucionarias». En 1968 podríamos decir, de acuerdo con el autor, que se rompe inclusive la estructuración–separación formal entre progresistas y «revolucionaristas». Y que «la unidad es un hecho».
La cúspide emocional se alcanzará cuando trescientas mil personas concurran al entierro del estudiante Liber Arce, muerto por un policía en una manifestación.

La muerte del héroe. La emoción, la reivindicación. Ya tenían los revolucionarios el mártir joven y generoso. Aquí el libro de Vescovi entra en una detallada descripción de los problemas internos de los revolucionarios y los siguientes incidentes callejeros que terminarán con más muertos por la policía. Y aparecen los infaltables comandos de la extrema derecha, como en todo el resto de América Latina, y la militarización de frigoríficos y bancos. Se van reproduciendo como calcados los métodos de los militares y policías argentinos.

En 1970 ocurrirá lo que el autor califica de «Euforia combativa y contrapoder». Es el tiempo de los atentados de las organizaciones guerrilleras y la consiguiente represión y la creación de los comités de barrio, «espacios en los que el vecindario –a veces hasta cientos de personas– se reunía para pedir mejoras en las condiciones de vida y del barrio y coordinaba la resistencia del régimen.

En este capítulo, Vescovi no deja de aclarar también las debilidades del movimiento revolucionario. Y después de ello, el relato de los hechos tomará el camino de una descripción integral de los acontecimientos y de las modificaciones del clima que se iba formando en la sociedad uruguaya. Uno de los capítulos más brillantes, sin duda alguna, por su descripción, es el titulado «La dialéctica de las balas y los calabozos» que lleva como subtítulo: «Secuestro y muerte del maestro de la tortura». Fue el caso del estadounidense Dan Mitrione. Por su vida pidió hasta el Papa. Y el gobierno uruguayo hasta editó un sello de correos en homenaje al agente de la CIA ejecutado por sus captores.

Será el tiempo también de la captura de Raúl Sendic en manos de los represores.
Pero todo iba a pasar después a la discusión: «¿Tiempo de lucha o tiempo de elecciones?», ya en 1971. Y un paso importante en la unidad de las organizaciones de izquierda, la formación del Frente Amplio. La gran pregunta era participar o no en la creación de una fuerza parlamentaria de izquierda. ¿Se lograría un paso adelante en el camino a la revolución o sólo se convalidaría un procedimiento que siempre terminaba por darles la razón a los partidos tradicionales y al sistema injusto del capitalismo? Por supuesto que al mismo tiempo nació otra pregunta fundamental: ¿Acción directa o tregua electoral? Lo concreto fue que, como razona el autor, «la burguesía tuvo una nueva oportunidad de encauzar la lucha dentro de su campo de juego donde ella es juez y parte» y, además, «las elecciones no se darían en el marco liberal de las anteriores como en un principio prometieron los políticos parlamentarios». Todo lo contrario: «se celebrarían con censura de prensa, ilegalización de grupos y presos políticos». Finalmente triunfará el conservador Partido Colorado y segundo su oponente clásico, el Partido Nacional, y sólo con el 18 por ciento de los votos, el Frente Amplio. Pero la derrota significó que se hubiera producido algo positivo, que en esta constelación quedaría formado un grupo compacto que quedaría en el mapa democrático oriental para el futuro.
Después, aunque con mucha discusión, se siguió con la «guerra interna».
Se estaba frente a una dictadura, tal como las otras del continente latinoamericano, con la represión ilegal, también con sus escuadrones de la muerte.

Allí hubo un principio de negociación entre tupamaros y militares. Muchos creían que el caso de Velazco Alvarado serviría para la situación uruguaya. Lo mismo que en la Argentina, muchos dirigentes de izquierda creyeron que iba a ser exitosa una alianza con oficiales jóvenes nacionalistas. Está el caso patente de Alende, el dirigente argentino de la UCRI que creyó en esa tesis y colaboró con el general Levingston, dictador en los sesenta por sólo nueve meses.

Pero la derrota fue total para las organizaciones de lucha armada y ese final puede calcularse para fines del 72. Cuando el golpe militar, Seregni afirmó que era claramente «antinacional y antipopular». Y no se equivocaba. La gente que había soñado con un cambio siguió su lucha a través de las huelgas generales y las manifestaciones. Pero, como dicen varios testigos en el libro: «al llegar la dictadura estábamos desechos. Apenas teníamos presencia en la calle, en medio de un pueblo que se encontraba inerme y que no estaba en condiciones de transformar por sí mismo una huelga de resistencia en una huelga insurreccional».

Mientras tanto la dictadura encapucha y tortura, aplica el submarino, la electricidad, el caballete, las colgaduras. Método que finalmente triunfará y logrará vencer a las huelgas. Fernando Castillo lo explica con pocas palabras: «Cuando vi pasar el primer ómnibus, dije: perdimos».

El libro luego pasará a ser un verdadero vademécum para el investigador. Por ejemplo,
«Organizaciones contrarias al régimen», donde también se incluyen las interpretaciones de la actuación de cada una de ellas y el esfuerzo por explicar la derrota. Un capítulo interesante es el del quehacer revolucionario de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Y también una referencia bien útil para los que vienen, las listas de las bibliotecas y organismos visitados, o el archivo del autor y las denominadas «herramientas de trabajo».

El lector se va a entregar ahora a la tarea de leer y anotar este libro. Un trabajo enorme pero esclarecedor. Después de las derrotas de los movimientos revolucionarios ha llegado el momento para el historiador y el protagonista, y hasta el mero lector, de analizar causas y motivos. Para el argentino lo ocurrido en el Uruguay fue siempre entre misterioso y complicado. Aquí va a comenzar a entender todo. Y le servirá para hacerse también mil preguntas sobre lo ocurrido en su propio país, tan diferente pero al mismo tiempo tan parecido, tan latinoamericano–rioplatense.

Es también este libro un recuerdo para los héroes del pueblo, los que tal vez, equivocados o no, enfrentaron la situación, demostraron vergüenza y amor a la justicia. Ellos, podemos decir, murieron en dignidad.

Linz am Rhein, Alemania, 8 de enero de 2003.

Osvaldo Bayer

«No son sólo memoria, son vida abierta, son camino que empieza y que nos
llama.»1

I.1. ELECCIÓN DEL TEMA

La historia, a veces, se presenta como una leve brisa. Otras, como un violento ciclón. Los acontecimientos ocurridos durante el período 1968-1973 en Uruguay fueron vientos huracanados que cambiaron para siempre el rumbo de varias generaciones.

El tema estudiado, los luchadores sociales en Uruguay, 1968-1973, ha sido tratado en numerosos ensayos y monografías. Si se ha optado por escribir nuevamente sobre este mismo asunto es porque ninguno de los trabajos realizados es del todo completo. Éste tampoco pretende serlo, pero, sin duda, ayudará, junto con los otros, a completar y mantener viva la memoria y la reflexión sobre una generación de hombres y mujeres que estuvieron dispuestos a transformar la sociedad y que, por ello, cambiaron sus vidas.

El volumen de esta obra se debe a la intención de esbozar la globalidad con la que se debería abordar cada uno de los acontecimientos históricos u objetos de estudio. Por eso, la primera tarea que se ha acometido es explicar el contexto en que actuaron los protagonistas de esta investigación, así como la narración cronológica de los hechos en que participaron, o que padecieron. En una segunda parte, se presentan las principales organizaciones que fundaron o integraron los luchadores sociales, las formas de intervención política que utilizaron y el abanico de medidas represivas que sufrieron. Por último, se analizan sus peculiaridades y la relación entre la actividad política, que caracteriza al luchador social, con su vida cotidiana e íntima, en la que las relaciones afectivas y familiares tienen un peso fundamental.

La originalidad de la obra reside en la amplitud temática del estudio. Coadyuvan a ello, el uso y la elección de las fuentes: historia oral, trabajo de archivo –diarios, panfletos y actas parlamentarias de la época, textos, cartas y balances inéditos de los propios luchadores sociales–, manifestaciones artísticas y culturales, y una amplia bibliografía. Asimismo, el hecho de que el historiador, que escoge, interpreta y ordena la información, relate los acontecimientos y describa el objeto de estudio con la propia ayuda de éste, proporciona a la obra un carácter introspectivo, de balance y de autocrítica.

I.2. LA MANERA Y EL PORQUÉ

«Si por ellos fuera le pondrían / un durísimo freno a la historia / tienen pánico de que ésta se desboque / y les galope por encima.»2

La historia oficial ha ninguneado o desprestigiado a aquellos que, a lo largo de su discurrir, se han enfrentado a la clase dominante.
Esta investigación pretende llegar a ser el antilibro de la obra escrita por las fuerzas armadas, titulada La Subversión3 en la que se realiza un estudio de los luchadores sociales desde la óptica militar y, por lo tanto, desde el punto de vista de una fracción del partido del orden establecido. Obra llevada a cabo con informaciones arrancadas de la tortura y de allanamientos, en la que se elabora una caricatura mal intencionada de los luchadores.

«Poner en desnuda evidencia al grupo sedicioso, tal cual es, sin ropaje engañoso de pérfida dialéctica, por lo que el pueblo uruguayo conoció rápidamente, como la conoce hoy, a esa pequeña minoría de exaltados de extraviada mentalidad.

Los entretelones de la vida íntima de la organización –que en su afán de originalidad llegó hasta producir una modalidad especial del amor sedicioso, el “tupamor”– descubren un cuadro repugnantemente sórdido de bajezas, deslealtades, felonías e inmoralidades, del que deliberadamente se prescinde para no rebajar el nivel de este análisis ni entrar en chocantes individualizaciones […].Información rigurosamente verídica e imparcial […]. A quienes no han abdicado del derecho más importante del hombre, que es el de pensar por sí mismo, está, pues dirigida fundamentalmente esta publicación.»4

Ecos revolucionarios. Luchadores sociales, Uruguay, 1968-1973 es, por contra, un homenaje a éstos y ha sido realizado gracias a su ayuda,5 concretada principalmente en la información proporcionada mediante entrevistas, charlas, grabaciones y correo –convencional y electrónico– en citas programadas, universidades, bares, casas, asados y viajes.

El carácter independiente y riguroso de esta investigación es la causa de que, en ella, no se diferencien los actos por lo que dice la ley, sino por los factores y las consecuencias de la guerra social. Por eso, por ejemplo, aunque se utilice un lenguaje convencional, se considera como personas secuestradas tanto a aquellas que estuvieron encerradas en los zulos de la guerrilla como a las presas por la Constitución y los jueces. Por la misma razón, adoptando el criterio de las ciencias sociales, la legitimidad legal de encarcelar o usar armas no se considera válida para defender a los legales y criticar a los ilegales, para denominar a unos, «pacificadores», y a otros, «terroristas».

Por lo demás, el objetivo historiográfico de la obra pretende aportar nuevas maneras de historiar y, en un plano social, y, por lo tanto, ligado a la aspiración anterior, un balance realizado con los propios testimonios de los protagonistas, en el que éstos analizan sus aciertos y errores, para que sea una herramienta de intervención ética y política en un mundo que, cada vez más, reclama ser transformado.6

1.3. HISTORIA ORAL

«Otro hallazgo que me impresionó fue la fuerza de la historia oral. Cuando después de años de trabajar en los archivos decidí realizar “trabajo de campo”, el mundo bibliográfico en que hasta entonces me había basado se trocó en papel muerto. Me di cuenta de que la memoria de las gentes más sencillas guarda un tesoro de sentido común desconocido y buen compañero del historiador.»7

Para un historiador no es fácil encontrar un acontecimiento de rango histórico lo suficientemente cercano en el tiempo como para que los testigos no hayan fallecido, o tengan serias dificultades en recordar.
Sin embargo, el hecho de que 1968-1973 sea un período relativamente reciente hace que los protagonistas guarden en la memoria gran parte de lo acaecido y que, en su mayor parte, estén vivos. Con todo, se debe mencionar que muchos de los fundadores de las organizaciones aquí citadas y otros tantos anónimos de aquella batalla han desaparecido, asesinados, por enfermedades (muchas de ellas producidas por las torturas y el largo encierro sufrido), o de muerte natural. Uno de los entrevistados, así como tres luchadores sociales que, de manera informal, ofrecieron opiniones sobre la materia, fallecieron durante la elaboración de esta obra. Para ellos, Héctor Rodríguez, Roberto Noriega, Susana Barcelona y Sergio Falcón, va un recordatorio especial.
Las entrevistas realizadas a los testimonios partían de un cuestionario orientativo, que fue cambiando a lo largo del tiempo, debido a los intereses analíticos; seguían con preguntas específicas, que dependían de la agrupación política en la que el entrevistado había militado, y finalizaban, fuera de todo guión, según el transcurso de la charla o de lo que ellos mismos tenían interés en explicar.

El procedimiento en que fueron utilizadas las grabaciones siguió el proceso de audición repetido, la confección de un índice y la introducción, en la obra, de algunos fragmentos. Esta última es la causa por la que, en la mayoría de las oportunidades, las opiniones de los entrevistados aparecen sin la pregunta efectuada por el investigador. Por otra parte, para evitar la reiteración constante de presentaciones, se ha incluido, al final de la obra, una reseña biográfica –simple mención, si las intervenciones son escasas y la entrevista fue informal– de todos los entrevistados, que aclara que el testimonio fue consultado para este estudio. Se ha optado, además, por enunciar sus opiniones en presente. El indicativo más claro, para especificar que el que opina es uno de los entrevistados y que no se trata de una fuente escrita, es la ausencia de referencia bibliográfica.

La trascripción de los testimonios ha sido fiel y solamente se ha añadido –entre corchetes– algunas anotaciones, para mayor comprensión, o se han cambiado preposiciones o tiempos verbales que podrían haber llevado a equívocos. Por lo mismo, la lectura de algunos pasajes puede resultar dificultosa, debido al argot empleado. Dificultad que, no obstante, vale la pena afrontar, teniendo en cuenta que se estudia a un grupo humano del que, treinta años después, se podrá conocer detalles de su forma de expresión oral. Es necesario recordar que algunos tacos o expresiones vulgares utilizados por los testimonios son fiel reflejo del contexto de la charla. Muchos de ellos, en escritos, conferencias o diálogos más formales, presentan un vocabulario totalmente diferente.

Gran parte de las entrevistas fueron realizadas en 1995, en Montevideo. Debido a las incógnitas que aún se mantenían y con el objetivo de presentar con un mayor equilibrio a las corrientes políticas mencionadas, en los últimos años fueron sumándose nuevos testimonios, que viven en distintas partes de Europa. De todas ellas se guarda gratos recuerdos. Permitieron conocer a personajes de los que se había leído o escuchado varias hazañas, transformar las entrevistas en charlas y presenciar aportes de sinceridad, algunas veces con la pausa puesta en el grabador. Anécdotas como la de un tupamaro que, en plena entrevista, y tras comer un guiso de lentejas, se puso a dar pasos para aquí y para allá, y preguntó: «¿no te importa si camino, no? Me queda la costumbre de la cárcel. Siempre, tras comer, “caminaba” un poco para bajar la comida». Fue tan larga la condena de este ex preso como la de una mujer, ex guerrillera, de la que aún hoy conmueve su fortaleza, tras tanto sufrimiento. O la del sindicalista, nacido en 1934, que me dijo un tanto despistado: «acordate de las distintas líneas de acción». Anécdotas, en fin, como la de la incertidumbre al escuchar hablar, en pleno Palacio Legislativo, a un ex sedicioso sobre explosivos y sabotajes; o la de admiración y el respeto hacia el abuelo anarquista que, estando afiebrado, respondió el cuestionario y saltó de la cama para ir a visitar a unos obreros del Cerro que habían ocupado una fábrica. «Están medio solos –dijo–, hay que ir a darles ánimos.» Sin duda, una experiencia hermosa.

I.4. LO FORMAL Y LO REAL

En este estudio se ha intentado huir de las explicaciones formales. De todos modos, el éxito ha sido parcial. Las limitaciones del mismo y la influencia de muchas fuentes, que hacen un análisis formal, no permitieron otro resultado. Fuentes en las que no aparecen las clases y los movimientos sociales, sino sólo organizaciones políticas y en donde se analizan los acontecimientos por lo que decían los protagonistas de un bando u otro, y no por lo que realmente hacían.

Algunos militantes, sobre todo de Europa, autoproclamados «revolucionarios», afirman que el conjunto de la lucha en Uruguay (y por extensión, en Latinoamérica) fue reformista, meramente antiimperialista, nacionalista y foquista. Se quedaron en la formalidad de unas proclamas de liberación nacional, de unas consignas contra los «yanquis», y de algún discurso reformador. No pudieron, o no quisieron, ver lo que se narra en esta obra.
Lo defendido en los hechos, en la práctica real, coincide muy pocas veces con las banderas de un movimiento social. Por ejemplo, que miles de proletarios se enfrentaran directamente contra las autoridades iba mucho más allá de algunos de los puntos de su programa. Así, para el caso, aunque reclamaban la nacionalización de la banca, puesto que ese movimiento social no sólo atacaba a las finanzas extranjeras sino también a las nacionales ponía en cuestión las bases mismas del capitalismo: sociedad de clases, trabajo asalariado, explotación del hombre por el hombre, propiedad privada, mercancía, etcétera.

I.5. OBJETO DE ESTUDIO

Para delimitar el objeto de análisis se usa un término tan amplio como «luchadores sociales», entendiendo por éstos quienes, pretendiendo cambiar la realidad social (más o menos profundamente), se vieron enfrentados al régimen de Uruguay, y, más allá de su afinidad y afiliación política, arriesgaron sus vidas por ello.
Se descartó el término «militante» por ser demasiado limitado. Marginaba a los luchadores que, en cierta forma, también militaron, pero no organizados en un grupo político, aunque sí con la gente de su barrio y colectivos de afinidad. Además, obviaba a otros protagonistas de movimientos sociales y a personas que, por circunstancias dadas, se vieron implicadas en los sucesos: vecinos, familiares, amigos de presos y detenidos, que aparentemente «no tenían nada que ver».

En un principio, se pretendió abarcar a todas las organizaciones en las que actuaron los luchadores sociales, mas la amplitud de la investigación permitió profundizar tan sólo en algunas fuerzas políticas. Es decir, que desde una óptica general y no de análisis de donde se militaba, sí que se abarca a todos los luchadores sociales y sus características –sueños, formas de lucha, vida cotidiana, pensamiento, peculiaridades–, pero, en el momento de presentar a las organizaciones de las que formaban parte, no se incluye a la totalidad, aunque sí a la gran mayoría.

En cualquier caso, se ha profundizado sobre los grupos políticos que cumplían, al menos, alguno de los siguientes requisitos: el haberse gestado en los albores del período de estudio; el ofrecer una forma novedosa de organización y de actividad política; o el que cuestionaran e hicieran tambalear el estado de cosas, debido al programa que tenían y, sobre todo, al uso de la acción directa en su sentido más amplio (ver al respecto el apartado «Acción directa»).

Si se ha elegido 1968 como inicio de la profundización del estudio, es porque fue el año en que la lucha fue masiva y cuando se polarizaron dos grandes grupos: el del régimen y el de la lucha por el cambio y la justicia social. También, por el carácter internacional de la resistencia, por el incremento de la presencia en las calles montevideanas de luchadores sociales y formas de lucha, como la guerrilla urbana, inéditas para el país. Por otra parte, si la investigación acaba en julio de 1973, es porque con la consolidación de la dictadura militar, la actividad social y política cambió substancialmente. Fue en esa fecha que concluyó la huelga general en respuesta al golpe de estado y, en definitiva, cuando aquel intento por transformar la sociedad resultó derrotado. A partir de entonces y hasta principios de la década de los ochenta, se combate como se puede y en pocas ocasiones en la calle. La mayoría de las veces se resiste de paredes hacia dentro –en casas o cárceles–, o bien en el exilio. Los seis años analizados son los de más resistencia al sistema capitalista y de más posibilidades de cambio social en la historia de Uruguay; de acontecimientos en el país que marcaron, por lo menos, a tres generaciones.

I.6. «LA CULPA ES DE LOS DE AFUERA»

«No dejes que te roben tu forma de pensar. No dejes que maten tus sentimientos de uruguayo, llevándote a sueños de tierras extrañas. Todo lo que ves en América ha sido programado desde Moscú, Pekín o La Habana… Defiende tu tierra frente a los uruguayos traidores.»8

Al abordar el estudio de los conflictos sociales de un país, se encuentran muchos puntos en común con los de cualquier otro. Uno de ellos es que los dos movimientos –el del régimen y el del cambio social– acusan al otro de estar influido por algún pensamiento, grupo o país extranjero y que, por lo tanto, no es legítima su actuación en el país en cuestión. Eso cuando directamente no se le acusa de «traidor a la patria» y de «estar a las órdenes» y «defender los intereses de otro país». En este caso, un sector se autoproclama «defensor de la nación» y afirma estar acorde con el interés general de la patria. Al movimiento comunista mundial se le ha acusado siempre de estar al servicio de la URSS, Cuba, etc., a pesar de que, a decir verdad, poco o nada han tenido que ver dichos estados con el comunismo: la abolición del capital y del estado. No han entendido que la necesidad de la transformación social, de dejar de estar explotado, no surge porque llegue un teórico o un libro de la URSS, sino por la condición misma de oprimido.9 De igual modo, la represión no se desencadena por la llegada de un agente de la CIA, o porque los oligarcas se vendan a una potencia extranjera. Se desata porque esos oligarcas, a fin de cuentas, burgueses, para seguir siéndolo, no tienen más remedio que reprimir todo intento de revolucionar la sociedad. En otras palabras, la represión es inherente a la naturaleza misma de las clases dominantes de todos los tiempos. Para ser dominante, valga la redundancia, hay que dominar y, para ello, hay que aterrorizar.

En el caso del Uruguay, las campañas de que la culpa era de «los de afuera» fueron muy amplias. Unos acusaban a otros de ser extranjerizantes y traidores a la patria: los partidarios del régimen diciendo que la lucha contra ellos estaba organizada por la URSS, o financiada por Cuba,10 y los luchadores sociales denunciando que los sectores políticos reaccionarios defendían los intereses de Estados Unidos, cuando lo que hacían, en realidad, era defender los suyos propios, que concordaban, no con los de los explotados del país norteamericano sino únicamente con los de sus sectores pudientes y reaccionarios.11
Muchos de los investigadores de los conflictos sociales en vez de contextualizar el objeto de estudio, por ejemplo analizando la influencia de la denominada guerra fría en todo el planeta, se recrean y exageran la importancia que tuvo la CIA o la ayuda de Cuba en aquel período histórico.12 La culpa no fue de los de afuera, aunque, como se explica más adelante, la intervención en uno y otro sentido fue muy importante. El enfrentamiento social se dio porque en cualquier país en que unos se aprovechan del trabajo y de la condición del otro y en cualquier lugar donde exista miseria humana a todo nivel, en determinado momento se puede romper el consenso y estallar la lucha abierta. El objetivo es desvelar qué hizo desencadenarla, cómo se llevó a cabo y quién protagonizó las situaciones de rebelión contra su propia situación precaria y la del resto de la población explotada.

Acto seguido, van varios ejemplos hallados en un libro obligatorio, hasta hace pocos años, en Uruguay, para los estudiantes de secundaria, que muestran cómo la historia oficial enseñaba lo ocurrido.
«En los enfrentamientos se pudo apreciar el alto grado de adiestramiento recibido en el exterior […]. Agitadores profesionales provocan disturbios […]. Ante el dictado de la ciudadanía en las elecciones de 1971, se vuelve de nuevo al terror, ahora sí más violento. Tales eran las esperanzas de triunfo frenteamplista que el gobernante cubano, principal instigador de estos sucesos, de visita en Chile, estuvo pronto a volar hacia nuestro país a festejar el triunfo de sus acólitos. […]. En ocasión de visita de Rockefeller se llega a izar la bandera de Vietnam del Norte en la Facultad de Medicina.»13

León Lev opina, aunque no explícitamente, que el desencadenante de la intervención militar vino de fuera.
«Las dictaduras no fueron una respuesta autóctona a los fenómenos nacionales. Formaron parte de una ofensiva de los EEUU, en su política regional y latinoamericana. Significaron también una estrategia de control del avance de las fuerzas de izquierdas y una cortina de humo para imponer el neoliberalismo».14

A tenor de lo visto, parecería que lo bueno se hacía en Uruguay y lo malo era externo…
Un panfleto de la Unión de Jóvenes Comunistas, difundido tiempo después del golpe militar y titulado «Información sin censura», manifestaba:
«Nos hablan de orientalidad, quienes simpatizan y emulan con Brasil apoyados y al servicio del yanqui; los que han entregado el Uruguay en sus entes autónomos, paralizando su industria, contrabandeando ganado, vendiendo el oro, sus tierras, y últimamente algún parque de vacaciones».
Se trataba, además, de saber quién era patriota. Los luchadores sociales decían que eran ellos y que sus enemigos eran los extranjerizantes (y los proimperialistas); los reaccionarios, decían lo contrario.
Se debe aclarar que la propaganda estatal que vinculaba a los luchadores sociales con el extranjero era tan agresiva que éstos, como defensa, insistieron siempre en el carácter nacional de sus organizaciones, lo que en muchos casos no era falta de internacionalismo.
A lo largo del trabajo, se descubren algunas de las ayudas exteriores que tuvo uno y otro bando15.
Aquí tan sólo mencionar que Mujica reconoce que hubo varios tupamaros que se entrenaron en Cuba y aclara que únicamente recibieron apoyo económico de ese país en 1971, cuando estaban muy golpeados. El propio Fidel Castro reconoció públicamente el apoyo que Cuba le dio a las guerrillas latinoamericanas, hasta el punto de que, en 1998, Manuel Aguilera, embajador cubano en Montevideo, dijo que había sido un honor entrenar guerrilleros. Según las fuentes consultadas, una parte de la financiación del diario Época de Uruguay la realizó Cuba.16

Es tal la voluntad de combatir la creencia de que la lucha vino de fuera que algunos testimonios evitan decir que tuvieron colaboraciones del extranjero, escondiendo cualquier tipo de asistencia cubana o de grupos guerrilleros del continente, en vez de sostener que hubo cooperación por una concepción internacionalista de la lucha. Reconocer una ayuda guerrillera, a escala estatal, era impensable en medio de la guerra fría. Cuba, si hacía pública su colaboración, hubiera incrementado las posibilidades de ser invadida, fenómeno que vuelve a ser peligroso tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001.
Al respecto, cabe mencionar, que tras la persecución de «terroristas» a escala mundial, alguno de los entrevistados pidió el anonimato en ciertos operativos detallados, sobre todo los relacionados con personalidades provenientes de EEUU.

I.7. ESTRUCTURACIÓN DEL TRABAJO

Pasar de aprender y asumir la globalidad de aquella época y de aquellos seres a tener que explicarla y, por lo tanto, estructurarla, es una tarea complicada y poco gratificante. No por el ejercicio de hacerlo, sino por clasificarla y separarla, como hacen ciertos científicos, para analizar las partes sin comprender el todo. Cómo separar la búsqueda del amor, de la lucha abierta; la represión, de los contrarrevolucionarios; las formas de lucha, de las características de aquellas personas; las fuerzas armadas, del Poder Ejecutivo; la tendencia combativa, de los grupos extraparlamentarios; las fugas de presos, de las acciones tupamaras más espectaculares; y la huelga general, de la vida cotidiana. Se pide, por ello, disculpas, aunque se intentó estructurar la información de la mejor manera. Hubo que desmenuzar la integralidad (para, justamente, aproximarse a ella) que creó y rodeó a aquella generación de hombres y mujeres.
El trabajo se ha dividido en ocho partes con varios apartados, algunos de los cuales llegan a parecerse. Por ejemplo, cuando se narra la cronología de los conflictos sociales, se observa la participación tupamara, organización que cuenta con un apartado específico. Se ha procurado, claro está, no repetir demasiada información y ninguna de las anécdotas ni citas testimoniales. La abundancia del material recogido lo ha permitido.

La información obtenida, en algunos casos, condicionó la estructura e inclusive lo relatado.17 Recoger el testimonio de personas tan relevantes, pero nunca antes entrevistadas, como es el caso del ex tupamaro Fernando Garín, hace que sus comentarios sean extensos. Hay varios episodios que aquí sólo se mencionan sobre los que se podrían elaborar libros enteros. De hecho, se han escrito obras como, por ejemplo, las que se centran en la tregua armada o la evasión de presos de Punta Carretas. Se podría, la temática lo merece, confeccionar una colección de libros o una enciclopedia de los conflictos sociales en Uruguay, de 1968 a 1973, que tuviera estadísticas, anécdotas, cronologías, biografías, detalles, fotografías, artículos de opinión, documentos, canciones…

En el apéndice, para facilitar la compresión del relato y para destacar el hecho de que en el ámbito militante hubo una innovación lingüística,18 se presenta un breve diccionario.
Por último, cabe realizar una aclaración. Cuando se mencionan las estaciones del año, se está haciendo referencia a Uruguay; de ahí que se hable de clima caluroso en enero. En otro orden de cosas, se debe pedir disculpas a aquellas personas, en su mayor parte del sexo femenino, por utilizar un léxico machista. Dada la limitación de nuestro lenguaje, su falta de dinamismo y el ser resultado de una sociedad patriarcal; y el no haber encontrado una alternativa mejor, se ha optado por utilizar la forma convencional. Por ejemplo, para no repetir los artículos y las terminaciones: los y las luchadores/as, se ha escrito los luchadores. Se entiende que son tanto las mujeres como los hombres y así está expresado a lo largo de la obra. Si hay menos entrevistados o menos episodios protagonizados por mujeres ello se debe a las fuentes halladas. Pero, a pesar de esta limitación, la investigación mantiene un carácter amplio pues trata también las vivencias de anónimos, ancianos y niños, otros de los sectores ninguneados por la historia.

Contexto y
II.1. APROXIMACIÓN A URUGUAY

«Montevideo es una ciudad que pelea con la historia
aún quedan viejos italianos de la primera guerra
que el tango los quiere zapateros remendones
y gallegos buenazos y cuadrados que son los dueños
de la mitad más uno de los boliches
y hay plazas y en las plazas los viejos
entre gripe y gripe arreglan el mundo
y hay doña María que rezonga con el carnicero
y hay chiquilines que corren tras la de trapo
y hay obreros que toman mate
y escuchan a Gardel en alpargatas
y hay estudiantes que siempre recuerdan
que en algún lugar alguien lucha.»1

FOTO 1
• Montevideo es la capital de Uruguay, país del que se dice tiene importantes paradojas: un cerro Chato, un arroyo Seco, los Country Grill Club (cantegriles) más pobres del mundo y una cárcel llamada Libertad.
• Superficie terrestre: 176.220 km2
• Aguas jurisdiccionales: 137.567 km2
• Población: 3.421.339 (abril 2015)
• Idioma: castellano
• Densidad de población: 19 hab. por km2
• Régimen político: democrático republicano representativo
• Presidente desde marzo del 2015: Tabaré Vázquez
• Moneda: peso uruguayo
• Miembro de: ONU, OEA, ALADI, Mercosur
• Constitución vigente: 2004
• Visado: se otorga por noventa días
• Requisitos migratorios: de países limítrofes, documento de identidad; del resto del mundo, pasaporte
• Temperaturas medias: primavera 17°C, verano 23°C, otoño 18°C, invierno 12°C
• Fiesta nacional: 25 de agosto, declaración de independencia
• Copas del mundo de fútbol: 1930 y 1950
• Perfil cultural: alfabetismo 97 %
• Alumnos por maestro: 21
• Sistema educativo oficial: laico, gratuito y obligatorio
• Religión: bautizados católicos 56,2 %, protestantes 2 %, judíos 1,7 % y un gran porcentaje de afro-umbandistas y otros grupos religiosos.

II.2. ESTANCAMIENTO Y MERCADO MUNDIAL (1957-1967)

Aunque varios analistas sitúan el inicio de la crisis profunda en el año 1955,2 fue en el período 1957-1968 en el que se constata un proceso histórico-estructural de caída continuada.
El estancamiento productivo generalizado de la economía uruguaya sólo puede ser explicado viendo a Uruguay como subespacio menor y subordinado del sistema capitalista mundial.3 Ello implica que, al estar sometida la sociedad uruguaya a la ley del valor, ésta determina tanto el desarrollo capitalista con crecimiento productivo, que la caracteriza hasta 1957, como la crisis (desarrollo capitalista sin crecimiento productivo) que se da a partir de esa fecha.

La crisis trajo como principal consecuencia la intensificación de los conflictos sociales. De hecho, en todo el Cono Sur de América Latina, la guerra de clases, de aquel momento, se resolvió de una manera directa y rápida.
El proletariado de esa zona, sin haber reconstituido el mínimo de su propia experiencia y programa, se vio volcado a luchar sin haber aclarado suficientemente, por ejemplo, que había otro tipo de «comunismo» que la estatización de los medios de producción y un régimen en el que predomina el trabajo asalariado, o que la sociedad comunista se trataba de un sistema totalmente diferente a Cuba, China o Rusia.

¿Por qué no había una posibilidad de postergar el enfrentamiento? ¿Por qué estalló en esa zona del mundo? La respuesta genérica es que el conjunto de condiciones materiales obligaron al proletariado de la zona a desarrollar una lucha autónoma y radical, pero al mismo tiempo pobre en su coordinación internacional y en gran parte de sus consignas contra todo el capital internacional y su estado.
Los conflictos sociales y las dificultades económicas produjeron que algunos burgueses fueran sacrificados mientras que otros, con mayor capacidad de adaptación, con un tipo de capital menos ligado a un medio de producción dado –como el capital comercial y financiero–, y con mayor fuerza, pudieron situarse en otro espacio geográfico –fuga de capitales y compra de medios de valorización en otras regiones.

Ante la crisis, el capital intenta preservarse y reconstituirse, para lo cual –sea cual sea la fracción de él que gobierne– se ataca el nivel de vida y de trabajo de la clase obrera, intentándose, así, reconstruir la tasa de ganancia sobre la base del aumento de la tasa de explotación. Algunas concretizaciones de este fenómeno son la pérdida directa del poder adquisitivo de los salarios –aumentos de precios no compensados por aumento de sueldos–, así como la disminución de las «prestaciones sociales» y el aumento de todas las rúbricas represivas frente a previsibles revueltas.

Por lo tanto, el punto de partida de las especificidades de esa región del mundo viene del capital, de la consecuente actuación de la burguesía y de todos sus aparatos y no, como se cree a menudo, del proletariado o de tal o cual guerrilla o grupo revolucionario. La burguesía estaba obligada, para seguir siendo lo que era, a disminuir el salario real, en un período en el que, en otros sitios del mundo, esa misma clase podía desarrollarse permitiendo buenos e importantes aumentos aquél. Entre 1960, año en el que Uruguay firma su Primera Carta de Intención con el FMI, y 1973, en el Cono Sur de América los aumentos de salarios reales fueron nulos o casi nulos, mientras que en países europeos de ese mismo período casi se duplican.
Hasta la mitad de la década del sesenta, el estado atenuó las tensiones sociales incorporando la mano de obra sobrante de los sectores primario y secundario, y aumentando las ayudas por desempleo y las jubilaciones. Este factor lejos de incrementar la productividad la disminuyó aún más y acentuó una crisis.

En Uruguay, hasta 1968, la lucha entre la burguesía y el proletariado, notablemente acelerada por el extraordinario –y casi sin precedentes a nivel mundial por su duración– estancamiento productivo desde mediados de los años cincuenta, se desarrolló bajo una forma descentralizada. Cada sector burgués se enfrentaba a un sector obrero en particular y la correlación de fuerzas precisas en cada lugar o sector determinaba las nuevas condiciones de explotación –salarios, condiciones de trabajo, otros «beneficios» laborales, etc.–, lo que facilitaba la vieja práctica sindicalista de corporativismo y la división de los obreros. A escala general de la reproducción capitalista, ello tenía como resultado un «empate», la no resolución de nada fundamental, lo que, desde el punto de vista burgués, implicaba la continuación general de las condiciones de estancamiento. La centralización de las fracciones más dinámicas del capital y su estado defensor, que se opera a través del gobierno de Pacheco Areco, intenta liquidar esta situación, imponiendo un aumento brutal y centralizado de la tasa de explotación para recomponer las condiciones capitalistas de inversión y acumulación.
Siguiendo el ejemplo de otros países de la zona –véase las medidas adoptadas, en Argentina, por Onganía– en junio de 1968 se decreta la congelación de sueldos y salarios. Esta medida, como otras de cuño represivo, constituyó una declaración de guerra al proletariado. Desde ese momento, la posibilidad de aislar las luchas se complica enormemente y la generalización de los enfrentamientos está al orden del día. La clase obrera se encuentra en la encrucijada de responder al mismo nivel de centralización y fuerza de su enemigo histórico o dejarse arrollar por el aterrador avance del capital y someterse a las imponentes condiciones de explotación que éste intenta imponerle.

II.3. EL FIN DE LA SUIZA DE AMÉRICA, EL ANTIIMPERIALISMO Y LA UTOPÍA COMO REALIDAD

A principios de 1957, hubo una gran huelga protagonizada por los peones del tambo (industria láctea), que fue reprimida por las autoridades y provocó el primer paro general de veinticuatro horas en solidaridad con los jornaleros rurales. Los detenidos, acusados de realizar acciones contra los carneros (esquiroles) y rompehuelgas, fueron castigados a sablazos en comisaría y algunos de ellos tuvieron que ser hospitalizados por las heridas sufridas.

En este período se plasma la proclamada unidad obrero-estudiantil, a través de las movilizaciones por la Ley Orgánica de la Universidad (autonomía universitaria), conseguida en 1958.
A fines de ese año se celebraron elecciones generales que significaron una histórica victoria para el Partido Nacional, que no ganaba una elección presidencial desde 1860. La política económica blanca fue de signo liberal: anulación del Contralor de Exportaciones e Importaciones, liberación de las importaciones, eliminación de subsidios, detracciones a la producción exportable y devaluación vertical de la moneda por la Reforma cambiaria.

FOTO 2 Y 3

En 1959, se produce la revolución cubana que, en Uruguay, divide a la población entre defensores y detractores.4 Casi todos los luchadores sociales, escasos aún por aquellos años, simpatizaban, de uno u otro modo, con ella, y le daban suma importancia, porque pensaban, como recuerda Coriún Aharonián, que «nos descubre, sobre todo, que la utopía es posible».
El inicio de la década de los sesenta está marcado por las movilizaciones, los comités de apoyo a la revolución cubana y las manifestaciones antiimperialistas. También es destacable la organización gremial de los cortadores de caña y de otros trabajadores, así como el abandono, por parte de varios militantes destacados, del PC y, sobre todo, del PS, a fin de buscar nuevas formas de lucha.
En el plano cultural, sobresalen algunas creaciones que generan conciencia. Coriún Aharonián ofrece un ejemplo:

«La canción que le supone el éxito a Viglietti, fuera de las fronteras, y que es tomada por músicos populares de otros países es Canción para mi América, en 1962. Y dice “dale tu mano al indio”. De golpe se está tomando conciencia, un país que ha negado sistemáticamente su condición de mestizo, del americanismo y de lo indígena.»

En las elecciones de 1962 vuelve a vencer el Partido Nacional. Para Carlos Quijano, responsable de Marcha, el semanario más leído de las fuerzas progresistas y de izquierdas, en aquel período electoral lo que realmente estaba en juego, más allá del desfile partidario, eran dos proyectos diferenciados: el antiimperialismo, el nacionalismo consecuente y el progreso, por un lado, y el imperialismo y el inmovilismo, por el otro. Un texto publicado en el nº 1.124 de Marcha, 14 de setiembre de 1962, caracterizó a los partidos tradicionales como incapaces de gobernar y les acusó de estar vacíos de contenido y paralizados por el caos. Señaló, también, la necesidad de crear una fuerza de reemplazo que frenara el proceso de depauperización e injusticia, consiguiera la liberación del país y un bienestar más generalizado. Este tipo de demandas provocó, casi una década más tarde, la formación del Frente Amplio, coalición de partidos políticos de izquierda.

El relato de Ariel Collazo aporta datos sobre la izquierda parlamentaria del momento, la Unión Popular y el FIDEL (Frente de Izquierda de Liberación):

«Desde fines del 61, la izquierda uruguaya se dedicó a buscar la unidad. [Los compañeros del MRO] estábamos reuniéndonos con el Partido Socialista, Nuevas Bases y Erro. Después de un año reuniéndonos nos enteramos de que se habían empezado a reunir sin nosotros. El único excluido era el MRO, porque nosotros entendíamos la unidad sin exclusiones y ellos no estaban de acuerdo en la presencia del PC. A partir de febrero, deciden crear la Unión Popular y nosotros seguimos trabajando solos, aunque coincidíamos con otros grupos en la defensa de Cuba. Finalmente, tuvimos que buscar un acuerdo con el PC, algunos batllistas (Avanzar) y movimientos universitarios, y creamos el FIDEL.5 Duplicamos la votación que había tenido el PC en el año 58, quiere decir que había habido razones para hacer esta unión. Y, en cambio, la Unión Popular sacó menos votos que los que sacó el Partido Socialista en el 58.»

En el transcurso de los primeros años de la década de los sesenta, se van buscando soluciones a la crisis y a las injusticias sociales. Entre los luchadores sociales se intensifica el debate acerca de si en Uruguay es o no posible un cambio como en Cuba y si para ello es legítimo y útil el uso de la lucha armada revolucionaria, discusión que continuará hasta principios de los años setenta.
Quijano también participó de esta disyuntiva. Al ser consciente de que «nada» tiene remedio sin aquel «ir hasta las raíces», se planteó la cuestión de la revolución; sin embargo, en 1964, escribió un editorial para Marcha titulado «Contra cualquier malón» en el que deja claro que no ve posibilidad de repetir una revolución como la cubana en Uruguay, llegando a afirmar que las características del país hacen de aquellos que usen la violencia revolucionaria meros aventureros.6

II.4. 1964: TENSIÓN SOCIAL Y COMANDOS DEL HAMBRE

En el año 1964, se incrementan la crisis económica y las tensiones sociales y comienzan los rumores de un posible golpe de estado,7 acrecentados tras el que se produce en Brasil, contando con el reconocimiento de EEUU, y se empiezan a conformar las nuevas organizaciones de los luchadores sociales. De hecho, durante el período 1957-1968, se crean los gérmenes de casi todas las agrupaciones de la tendencia revolucionaria, que empiezan a disputarle la hegemonía de la izquierda a organizaciones tradicionales como el Partido Comunista y el Partido Socialista. Al definirse dichas tendencias, en la escena política, como la opción más radical y violenta, se constituyen en elementos claves del proceso y fueron, para muchos, la principal fuerza de la clase trabajadora, en su defensa contra la aplicación de la política económica redistributiva capitalista.
Ese mismo año se realiza una sonada marcha cañera hacia Montevideo y manifestaciones, reprimidas por la policía y el ejército, en defensa del mantenimiento de relaciones con Cuba.
Se dan varias acciones del tipo Comandos del Hambre, que consistían en robar comida y repartirla en cantegriles, denominación que reciben los barrios de chabolas en Uruguay como ironía popular a las diferencias con el lugar de mayor opulencia del país, el Cantregrill Country Club de Punta del Este.
J. C. Mechoso, que participó en esas tempranas acciones, recuerda cómo funcionaban:
«Camiones que los llevábamos a varios cantegriles. La gente reaccionaba bien. Uno de los operativos se hizo sobre las fiestas de fin de año. Se hacía un pedido, y luego se levantaba [expropiaba] y se llevaba para allí. Nosotros hicimos uno como FAU (Federación Anarquista Uruguaya). Hicimos un pedido en una confitería de lujo, sandwiches, bombones. Pedimos lo más lujoso, como algo contradictorio para que vieran lo que comían los ricos. Llegó la furgoneta, cargada hasta los topes, se levantó en una casa ciega y se llevó a un gran cantegril. Estaban las exquisiteces más insólitas, los tipos lo miraban y no podían
creerlo.»

II.5. 1965: RUMORES DE GOLPE MILITAR, CONGRESO DEL PUEBLO, CNT Y COORDINADOR

Este año adelanta lo que ocurrirá hasta 1973: conflictos generalizados, represión, rumores de golpe militar y anticipos de acciones armadas de luchadores sociales.
En las primeras semanas de 1965, hay conflictos en varias fábricas y un paro general que provoca el decreto de las medidas prontas de seguridad, que se vuelven a implantar por dos veces a lo largo del año.
1965 es importante en cuanto a la coordinación y organización de los luchadores sociales, que, si bien todavía son muchísimos menos que en el período 1968-1973, resultan muy activos y, sobre todo, se dan interesantes discusiones políticas y concretizaciones estructurales como la fundación de la central obrera y de pequeños núcleos guerrilleros.
Se organiza la primera sesión de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT)8 y, a partir de ahí, se convoca el Congreso del Pueblo, plataforma político-sindical sin partidos, que reúne a unas setecientas organizaciones de barrios, pueblos, fábricas, sindicatos, cooperativas, jubilados, centros estudiantiles, etc., que deciden coordinar sus luchas y reivindicaciones. Hay dos grandes corrientes, una piensa que la práctica del Congreso no tiene que ser proelectoral y la otra, que hay que preparar unitariamente las elecciones de 1966.
Héctor Rodríguez, uno de los máximos protagonistas de este evento, recuerda:

«Cuando la CNT se forma convoca lo que se denomina el Congreso del Pueblo que da una uniformidad de criterios al movimiento popular y elabora un programa político, muy amplio y muy abierto que, […] en años posteriores, empieza a agitarse por parte de todos estos sectores sociales.»

Lo último que señala este testimonio fue la realidad para gran parte de grupos políticos y plataformas sindicales. Como se observa a lo largo de la obra, la conflictividad creciente y la escalada represiva dejaron poco tiempo para los debates de fondo y la búsqueda del programa revolucionario. A partir de 1968, entre los luchadores sociales, lo que va a imperar son las reuniones para preparar acciones, la participación en movilizaciones y la adopción de medidas defensivas ante la represión.
En el Congreso del Pueblo se acuerda también una estructura de organización territorial, con vistas a nuclear a todos los sectores populares e impulsar la lucha. Los organismos de base que se creaban, denominados juntas vecinales, trascendían a la organización por gremios o profesional de los delegados participantes en el Congreso. De ahí, que muchas de estas juntas vecinales fueran independientes de partidos políticos y precursores de los comités de barrios.
«El Congreso del Pueblo –explica López Mercado– es una particularidad de la izquierda uruguaya que tenemos que tener muy presente, porque mientras en otros países de Latinoamérica la izquierda no había acertado en ponerse de acuerdo sobre el qué hacer, en Uruguay se empieza a laburar desde el año 64, 65. Y estaba muy claro. Había un programa muy pormenorizado. Con respecto a cuales eran las medidas fundamentales que había que tomar en la sociedad uruguaya para romper su dependencia y para encaminarse hacia una revolución socializante. No había prácticamente diferencias [entre los grupos de izquierda]. Las diferencias eran con respecto al cómo: “¿Qué medidas vamos a adoptar para llegar a ese punto?”».
Si bien la coordinación de los movimientos sociales, gremiales y vecinales tiene un pequeño auge en este año, no pasa lo mismo en el ámbito de la política parlamentaria de izquierda. Por ejemplo, Héctor Rodríguez, con respecto a las reuniones para una unidad política de cara a las elecciones de 1966, relata:
«Aquello fue un fracaso y en las elecciones, desde el punto de vista de la presencia política de la izquierda en el país, un verdadero desastre. En 1946, veinte años antes, había siete diputados de izquierda y un senador; en 1966 quedó reducido a tres diputados y un senador. Era indicativo que había que encontrar otro camino para encontrar a la gente.»9

Se observa, en los párrafos siguientes, que esos caminos fueron las coordinadoras y la acción directa. Como recuerda Yessie Macchi: «Dejan de funcionar los esquemas clásicos de la izquierda. Se da una crisis en la ortodoxia de la izquierda».
Los sectores más radicalizados y activos de los luchadores sociales, nucleados en torno a los Comandos del Hambre y, más tarde, al Coordinador,10 rompen ciertos lazos que les unen para profundizar su militancia allí donde lo creen más conveniente. Por ejemplo, cuando se acaba el Coordinador, de esa ruptura sale el grupo tupamaros. Otra agrupación de las que estaban en la coordinadora de grupos y militantes independientes era la FAU. J. C. Mechoso cuenta las razones por las que veía necesario un coordinador de grupos que practicara la lucha armada y el desacuerdo político con los tupamaros.

«Vamos como FAU y lo vemos como parte de nuestra actividad, una tarea más, como la barrial, sindical y política.11 En una reunión con el Bebe [Sendic], Gerardo Gatti, Duarte y yo le decimos: “somos la FAU”. El objetivo del Coordinador era nuclear a toda la gente disidente de los partidos políticos que estuvieran de acuerdo con la lucha armada.
¿Por qué un coordinador? Vemos que el cambio sin un movimiento popular fuerte y combativo no es posible en el país y que eso tampoco es posible si ese movimiento no cuenta con herramientas de ruptura, lo que hace necesario cierta capacitación técnica o cierto grupo técnico que comience a incorporar acciones armadas vinculadas a esa problemática […]. [Pero] pensamos que el hecho por el hecho no genera conciencia, nos parecía insuficiente la propaganda por el hecho.»
Estos planteamientos hicieron que, años después, los integrantes de la FAU fundaran el grupo armado denominado Organización Popular Revolucionaria 33.
Ante el aumento de la conflictividad social y de la movilización proletaria, se considera necesario crear otras plataformas que nucleen a todo ese nuevo potencial. Este fenómeno y la voluntad de apoyar las reivindicaciones de los cañeros de Artigas lleva a la creación del CAP, Coordinadora de Apoyo al Campesinado, en la que, según palabras de Yessie Macchi, «participan tanto estudiantes como gente del campo y clase media, así como algún integrante de la pequeña burguesía, y empieza a confluir gente que de una u otra forma está siendo tocada por la crisis, ya sea económica o política».
J. C. Mechoso cuenta que el CAP lo componían personas tan relevantes como «Benedetti, Idea Vilariño y sus hermanos, el padre de los Errandonea y Héctor Rodríguez».

II.6. 1966: PLAN DEL CHE, APARICIÓN DE LOS TUPAMAROS Y ELECCIONES

En Uruguay, 1966 es un año electoral; en Argentina, el del golpe de estado –diez años antes que el de 1976– y, en el continente americano, el del plan del Che.
Ariel Collazo, uno de los principales seguidores de la revolución cubana e involucrado de cierta forma en dicho plan, explica en qué consistía el proyecto de Guevara.12
«Decide realizar la lucha contra el imperialismo en América Latina, pero primero hace una experiencia apoyando a los lumumbistas del Congo. Donde le fue muy mal.13 No logró formar una fuerza importante para la lucha. Otra vez en América Latina, idea un plan que ya llevaba mucho tiempo [elaborando], que desde el punto de vista estratégico era muy bueno pero que, desde el punto de vista táctico, no se sostenía. [Elige] un lugar que fuera apto para que se pudiera instalar la guerrilla. No para actuar en ese país, sino más que nada para ir formando la fuerza, entrenando a la gente, preparando el grupo o los grupos. [Emplazamiento] que está, además, en el centro del continente y desde el cual se podía irradiar hacia distintos lados y hacer una guerrilla continental. Ahí había peruanos, algún chileno, bolivianos, algún paraguayo, que se estaban preparando o estaban por ir. Había uruguayos, brasileños y argentinos que se pensaba que podían colaborar.
Él, a donde pensaba llegar era a Buenos Aires. Pero había que tener un grupo preparado,14 porque ya se sabe, la gendarmería argentina es una fuerza militar importante. Para el Che fue una obligación muy importante hacer esto por la muerte de Massetti15 del EGP (Ejército Guerrillero del Pueblo).16
La idea era que el comandante segundo, como se denominaba a Massetti, se instalara primero y luego fuera allí el comandante primero, Guevara. Esa fue la razón, quizá, por la que el Che no quiso aceptar el razonamiento de Fidel en los dos días de discusión, tras volver del Congo.17 La discusión estaba muy clara, Cuba daba apoyo material, pero Fidel creía que, de entrada, no era bueno que fuera. Primero, había que crear el grupo, o si no la CIA, que seguía al Che, alertaría al imperialismo. Pero el Che no quería tener la carga de otro grupo que fuera para iniciar la cosa, sin él estar, por lo de Massetti. Paralelamente a eso, y ésa era nuestra tarea en el Uruguay, se trataba de acercarse a los brasileños. Brizola estaba aquí, exiliado, y había un grupo que había tenido que irse por la dictadura brasileña, y se formaron grupos que finalmente hicieron la guerrilla de Caparaó, una guerrilla justo al norte de Río de Janeiro, a la que le fue muy mal.18
El plan consistía en instalar focos en los máximos lugares posibles y aprovechar los que ya había. Existía un grupo guerrillero que pretendía desembarcar en Venezuela y hubo contactos con el ELN de Fabio Vázquez, de Colombia.
–¿Y en Uruguay cómo se iba a llevar a cabo el Plan del Che?
Aquí se había preparado un grupo del PC, se había preparado gente nuestra [MRO]y de algunos otros grupos. Estábamos esperando un poco el desarrollo, esperábamos a que aquella guerrilla, más que fortalecerse en Bolivia pudiera entrar en Argentina […]. Los militares dijeron que el Che llegó aquí y que desde aquí, con la ayuda del PC, fue en avioneta hasta algún lugar de Bolivia. Era lo lógico, qué otro apoyo mejor que ése iba a tener para la instalación de la guerrilla y, sobre todo, para algo tan delicado como su traslado.
Tratar de desarrollar un plan continental al máximo, en el momento en que EEUU estaba muy exigido por la guerra de Vietnam, desde el punto de vista estratégico era un buen momento.
–¿Ustedes tuvieron conversaciones con el Che?
–No, con el Che no».
Diego Stulwark también aporta interesantes datos sobre el plan:
«El objetivo no era tomar el poder en Bolivia, […] lo elige por la cantidad de fronteras que tiene con otros países del Cono Sur.19 El punto a favor con el que contaba el Che era la emergencia de guerrillas en casi toda América Latina, un clima de mucha simpatía hacia la lucha revolucionaria. El papel del Che era dinamizar todos esos procesos. Ahí está la idea de que la Sierra Maestra de América Latina van a ser los Andes. La idea es que batallones y columnas surgieran de todos los países […] y hacer un ejército común, como planteó Bolívar.
–¿Y qué relación tenía con cada uno de los grupos armados del continente?
Dependiendo de cada grupo había más o menos contacto orgánico. Estoy seguro de que hay material no desclasificado en Cuba, hay que ver los documentos que puedan aportar los grupos revolucionarios, estamos en plena fase de reconstrucción.
–¿Por qué fracasa el plan?
–Por muchas cuestiones, pero hay una que es el enfrentamiento que esto significaba con la política de la URSS y, por lo tanto, con la mayoría de los partidos comunistas de América Latina […], que estaban en contra de la lucha armada. Es el caso del PC de Bolivia20 pero también del argentino, que denuncia incluso de aventurerismo y terrorismo a la guerrilla.
–Y, sin embargo, el PC uruguayo lo ayuda a instalarse en Bolivia.
Había un nivel de coordinación con los PC sin duda, el problema era otro, la línea estratégica no pasaba por la lucha armada.»

FOTOS 4 Y 5

Por su parte, Règis Debray, en el capítulo V del libro La guerrilla del Che, publicado en castellano, en 1975, escribió:
«En aquel momento, el Che no tenía con el Uruguay sino relaciones indirectas que no pasaban en absoluto por los tupamaros. A fines de 1966, estos últimos no constituían sino un grupo minúsculo replegado sobre sí mismo, casi sin infraestructura y sin relaciones internacionales notables […]. Personalmente, jamás oí mencionar al Che una sola vez la existencia de los tupamaros o de una guerrilla urbana en el Uruguay.»21
Sobre la relación directa entre Guevara y los luchadores sociales uruguayos se le preguntó a Pedro Montero, quien entra en el MLN en 1968, dos años más tarde de la discusión interna de los tupamaros de si ir a apoyar, o no, al Che, a la selva boliviana.
«En el 66 el MLN eran once, ¡no jodamos!, esa discusión de si se ibao no se iba también la tuve yo en el boliche. El MLN no tuvo nada que ver. El que le dio soporte aquí al Che fue el PC, que fue cuando cambió de personalidad y pasaporte. Eso lo hizo el PC, lo hizo Arismendi.»22

Sin embargo, otros testimonios, como el del propio Huidobro, afirman que fue una oferta seria, que se discutió. Quienes les hicieron la propuesta a Huidobro y Sendic, en una casa ubicada en el barrio Pocitos, fueron miembros del FIDEL, algunos de ellos estaban inclusive en el Parlamento, y aquélla consistía en que se fueran todos los tupamaros a un lugar de combate situado en Bolivia, junto al Che. Les intentaron convencer diciéndoles que en Uruguay no había condiciones para la guerrilla y les plantearon qué era la mejor solución tal como habían quedado tras el golpe de diciembre de 1966. En esa oportunidad habían perdido a dos compañeros y gran parte de la poca infraestructura que tenían. Hay que tener en cuenta que, antes de esa reunión, Sendic y Huidobro, como el resto de los tupamaros, no sabían muy bien en qué consistía el plan del Che ni en qué lugar exacto se encontraba junto a los otros guerrilleros. Por ese motivo, sintieron aquella propuesta como una muestra de confianza muy grande, pero no contestaron enseguida, porque debían hablar antes con el resto de compañeros. Horas más tarde, se reunió el Comité Ejecutivo (dirección tupamara) y decidió, excepcionalmente, que cada uno decidiera una de las dos opciones: o sumarse a la guerrilla del Che, con cierto apoyo de los tupamaros, o quedarse a crear el foco guerrillero en Montevideo. El Comité, aún dejando la decisión a cada militante, aconsejó quedarse, pues entendía que el mejor modo de ayudar al Che era pelear en Uruguay.
Cuando los tupamaros toman esta decisión, marzo de 1967, estaban en plena fase de preparación y recuperación por dos tiroteos con la policía, el 22 y 27 de diciembre del año anterior, en los que murieron, por este orden, Carlos Flores y Mario Robaina, además del comisario que encabezaba la operación. Diciembre de 1966 es la fecha en la que se dan a conocer públicamente, sacando un comunicado en el que explican la causalidad y casualidad del tiroteo y firman, por primera vez, como Movimiento de Liberación Nacional (MLN)-Tupamaros. Pero sus raíces se remontan a los primeros años de la década de los sesenta, cuando asaltan el Club de Tiro Suizo para conseguir armas con las que apoyar la ocupación de tierras de UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), y a 1963, cuando se coordina la lucha que está llevando Sendic –como guerrillero, por un lado, junto a compañeros argentinos, y en los sindicatos, por otro, junto a los cañeros de Artigas–, con algunos miembros del PS y militantes independientes del barrio de La Teja y, sobre todo, al momento en que Sendic pasa a la clandestinidad. La negativa de éste a entregarse y, en particular, la red de apoyo para cobijarlo, crean una estructura que será el embrión del MLN. A partir de ahí, muchos de los que defendían la lucha de los cañeros apoyaron la clandestinidad de Raúl y se vieron comprometidos en las tareas de buscarle un lugar donde dormir, la plata para su comida y cómo moverle de un lado a otro.
En las elecciones nacionales, celebradas a fines de 1966, vence el Partido Colorado, con casi la mitad de los votos. Los partidos de izquierda no llegan al 10 % y, a través de un referéndum, se le da mayor poder al Ejecutivo. La reforma constitucional, denominada Reforma Naranja, fue planteada como instrumento para dotar de «fuerza», «orden» y «seguridad» a la nueva constitución. Así fue, desde Gestido hasta el golpe militar, la política de gobierno por decreto será constante.

II.7. 1967: ACUERDO ÉPOCA Y POLÍTICA FONDOMONETARISTA

Este año se produce el Acuerdo Época, unión de grupos y partidos, proletarios y de izquierda: Partido Socialista (PS), Movimiento Revolucionario Oriental (MRO), Federación Anarquista del Uruguay (FAU), Movimiento Independiente Revolucionario, Movimiento de Acción Popular Uruguayo (MAPU) e independientes –cuyo grueso eran los tupamaros–. Impulsan la publicación conjunta del diario Época y establecen una plataforma de puntos en común. Algunos de ellos son el apoyo a la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), considerar a la clase obrera como columna vertebral de la revuelta y a la lucha armada como parte inseparable de la militancia, y la necesidad de combatir el reformismo.23
En el diario Época24 los grupos contrarios al régimen avisan de cómo será el año. «Va a ser un año terrible. Las famosas patas de la sota se están viendo cada vez más. Mientras que con un ahínco que no tiene desperdicio se dedican a la caza de brujas, los precios suben y suben» pronostica el MRO. Ante los desmanes policiales que vienen sucediéndose en estos últimos días […] la FAU llama a todas las fuerzas dispuestas a enfrentar la represión […] para aunar esfuerzos en una enérgica acción pública común», es la llamada de una parte de los anarquistas de Uruguay. La de los trotskistas del Partido Obrero Revolucionario (POR) es la siguiente: «El objetivo de esta acción es golpear para desalentar la intervención de la población trabajadora, preparar la represión contra las organizaciones obreras, políticas y sindicales. Obstaculizar el proceso de formación de las tendencias de clase».
Otros grupos que denuncian el incremento de la represión en el país son la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), con un artículo cuya principal consigna es «Cerrar paso a la reacción», la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) con uno titulado «Respetar las normas legales» y el Movimiento Socialista Unitario y Proletario (MUSP) bajo el título «El sentido de la provocación».
En 1967 asume la presidencia Gestido. Héctor Rodríguez analiza el significado histórico de este hecho.

«Intenta crear un gabinete que de alguna manera tendía a hacerse eco de estos problemas [demandas del Congreso del Pueblo] en algunos aspectos. Respondiendo a algunas ideas de ese programa envía al Parlamento lo que se llamó Ley de Emergencia. Pero aquello no caminó, el propio movimiento sindical no advirtió que allí había una oportunidad, la izquierda tampoco […]. El clima en el país, las promesas de los partidos, eran de tal naturaleza que a cierta altura Gestido se vio obligado a cambiar su gabinete, en el seno del cual había una lucha sorda entre los partidarios [y los adversarios] de una política fondomonetarista: Garzón (el padre de Villegas), Jorge Batlle, Cesar Charlone [por un lado], y el grupo Michelini, el de Vasconcellos (que ahora es pachequista pero que en aquel entonces tenía una posición propia), Manuel Flores Mora, Alba Roballo [por el otro]… La presión de ese [segundo] grupo y la presión popular determinaron un cambio de Gabinete. [Gestido] lo cambia de tal manera que para aquellos momentos en América Latina parecía casi revolucionario porque pone a Michelini de ministro de Industria y Comercio, a Vasconcellos de ministro de Economía y Finanzas, y dice un discurso rompiendo con el FMI. […]. [Pero] los cambios en el sector productivo, en el sector real, no se produjeron, las dificultades continuaron y bueno, al cabo de pocos meses, de nuevo Gestido tuvo que apelar a medidas prontas de seguridad contra una huelga de funcionarios públicos y ahí renuncian Michelini, Vasconcellos… y asume el grupo de políticos fondomonetaristas.»

Como hechos relevantes de 1967 destacan una espectacular devaluación del peso uruguayo, las múltiples manifestaciones de trabajadores y estudiantes en repudio a la Conferencia de Presidentes de Punta del Este y el cerco policial, 11 al 21 de abril, a la Facultad Central, a raíz de los incidentes ocurridos en sus alrededores y por refugiarse en ella los manifestantes. También fue muy importante el paro general, la posterior detención de cuatrocientos sindicalistas y asamblearios, la censura de prensa y las torturas a estudiantes.
El presidente del gobierno, Gestido, aunque sigue el diálogo con los dirigentes sindicales, mantiene la lógica preocupación burguesa de conservar el orden imperante. «No permitiremos que el país retorne a la ley de la selva, y combatiremos a quien proponga crear un estado de anarquía social».25
En agosto de 1967, mientras el Che avanzaba con serias dificultades por las montañas de Bolivia, Fidel Castro clausuraba en la Habana, la reunión de la OLAS.

«Esto no quiere decir que la acción deba esperar el triunfo de las ideas. Éste es uno de los puntos esenciales de la cuestión: los que creen que es necesario primero que las ideas triunfen en las masas. Nadie se haga ilusiones de que se conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirle a las masas semejante cosa, las estará engañando miserablemente. Esto no quiere decir que hay que agarrar un fusil mañana mismo, en cualquier sitio y empezar a combatir. Pero no se trata de eso, no se trata de eso. De lo que se trata es de la pugna ideológica entre los que quieren hacer la revolución y los que no quieren hacerla, es la pugna entre los que la quieren hacer y los que la quieren frenar.»

Poco después de pronunciar estas palabras acusó al PC de Venezuela de traidor y criticó a ciertos países denominados socialistas, como la URSS, por prestarle ayuda financiera a los países capitalistas del continente. Tras arremeter contra esta política de algunos PC, casi todos los asistentes al acto le dieron una gran ovación. Sin embargo, Rodney Arismendi (secretario general del PC uruguayo), que estaba en el estrado por ser el vicepresidente de la primera conferencia, no aplaudió. Allí estaba el hombre de confianza de Moscú, la línea oficial internacional del PC, que pasaba por mantener, a todo precio, la coexistencia pacífica con EEUU. El incidente del aplauso fue muy comentado y discutido en Uruguay, porque Arismendi, al no aplaudir, ponía de manifiesto su distanciamiento de la lucha armada. La disyuntiva foquismo-elecciones se dio de forma permanente por varios días, reemprendiéndose con la misma fuerza años después.

FOTOS 6, 7 Y 8

Tras las declaraciones de la OLAS, favorables a la acción guerrillera, en Uruguay aumentaron los simpatizantes de esos métodos de lucha. Incluso quienes antes los criticaban ahora los defendían. Una gran parte de la militancia decía apoyarla, pero no para el caso de un país civilista y pacifista.26
El 8 de octubre de 1967 es uno de los días más duros para los luchadores sociales de todo el planeta pues empiezan a recibir noticias sobre la detención y posterior asesinato de Che Guevara, el 9 de octubre.27 En Uruguay hasta que no llegan las fotos del cadáver, muchos desconfían de la noticia y no creen que el gran guerrillero pueda haber sido derrotado.28
Cota cuenta cómo vivió aquel momento:
«Me enteré de la muerte del Che estando en el trabajo, por comentarios jocosos de mis “compañeros”. En el departamento de contabilidad, donde trabajábamos doce personas, fui la única en lamentarlo, aunque, a decir verdad, no me lo creí ni cuando vi las fotos. La imagen que tenía del Che era otra totalmente distinta, había cambiado muchísimo, pero creo que aunque el cadáver de la foto se hubiera parecido mucho al Che, aunque lo hubiera reconocido, me habría costado aceptarlo. Mis hermanas y yo hablábamos esos días de si esa foto era un montaje, de si se habría escapado y escondido en algún país, tal vez Uruguay. Luego vino el convencimiento, y empezó a circular un librito que todavía no sé si es un invento, o si era de veras el diario del Che.
La muerte del Che para mí era un poco perder las esperanzas en un cambio, y la duda sobre lo que había pasado entre Fidel y el Che nos molestaba bastante, no queríamos pensar en un abandono de Fidel, pero…»29
En las semanas y meses siguientes, son numerosos los homenajes a Guevara y sus compañeros caídos. También son sonados los festejos oligárquicos y militares, en los que muchas veces se homenajea también a los soldados muertos por la guerrilla. El 4 de enero del 68 un grupo de oficiales –Aguerrondo, Cristi y Ribas– propone un acto de homenaje a sus camaradas de armas caídos de Bolivia y Latinoamérica en general. La propuesta genera una gran polémica dentro de las fuerzas armadas, pues un importante sector, encabezado por Seregni, no cree conveniente inmiscuir en asuntos políticos y «foráneos» a la nación y declara: «nosotros no sentimos la presión de EEUU» en clara referencia a los «seguidistas» de Washington. Como no se llega a un acuerdo, se decide votar, y 543 lo hacen en contra de que se celebre el acto y 308 a favor, abriéndose así una brecha en el seno de la familia castrense.
La represión protagoniza las últimas semanas del año. En noviembre son torturados, nuevamente, varios militantes detenidos, en diciembre se clausura Época y El Sol, y se ilegalizan los grupos firmantes del Acuerdo Época.30 Las medidas de diciembre son las primeras que realiza Pacheco, el nuevo presidente, tras la repentina muerte de Gestido.

«La cojonuda gente a la orientala
que en la avenida gritó tiranos temblad
hasta que llegó al mismísimo temblor del tirano
y la muchacha y el muchacho desconocidos
que se desprendieron un poco de sí mismos
para tender sus manos y decirme
adelante y valor.»31

El final del año se muestra revoltoso, en las calles montevideanas seis ómnibus son incendiados en respuesta al aumento del precio del transporte, y varios locales de grupos obreros son allanados. Ante la escalada represiva, algunos militantes, para evitar ser detenidos y torturados, pasan a la clandestinidad. El debate social se generaliza y una parte importante de la iglesia toma partido:
«Nosotros, sacerdotes, que compartimos las angustias de las clases que con mayor intensidad padecen las consecuencias de la difícil situación económico y social, sentimos el deber de unir nuestra voz a sus exigencias de justicia».32
Para finalizar el relato de 1967 se ofrece la constatación, realizada por los periodistas internacionales, de la situación: «Uruguay se hunde en una ciénaga de deterioro económico y huelgas». También hablaban de un acuerdo de intervención argentino-brasileño, si «los comunistas toman el poder».3

III.1. 1968, 1969 Y 1970. POLARIZACIÓN DE DOS PROYECTOS ANTAGÓNICOS

«En estos años el oeste de la ciudad de Montevideo está en plena guerra […]. Nuestra población vivió una situación de guerra como nunca había ocurrido en nuestra historia.»1

III.1.1. Características generales del período

III.1.1.1. Intensificación de la lucha de clases
Antes de seguir explicando los principales acontecimientos del período de estudio se hace una presentación general del período 1968-1970, en Uruguay, los países vecinos y el resto del mundo, analizando la correlación de fuerzas de los sectores que, a partir de 1968 y hasta mediados de los setenta, mantienen una lucha directa en el Cono Sur. Por lo tanto los siguientes párrafos, más que cronológicos, son una conceptualización sintética de la lucha de clases en aquel contexto.
El invierno de 1968 marca el fin de una etapa en el desarrollo económico,2 social y político de Uruguay y el comienzo de otra cualitativamente distinta. Esta nueva etapa, que dura hasta 1973, se caracteriza por la predominancia de los aparatos centralizados del estado y por la generalización y polarización de la lucha de clases.
Hasta los años sesenta, y en particular hasta 1968, el ejercicio de la dominación burguesa se había realizado, a diferencia de en otros países del mundo, de una forma predominantemente pacífica. En esta época se da un cambio. La dominación ideológica y el consenso social –producto de un bienestar relativo– ya no es posible por la pauperización y la crisis estructural; y entonces la dominación pasa a ejercerse por medio de la violencia y el terror, primero policial y paramilitar y luego militar.
Los años en que más claramente se polarizaron los dos proyectos revolución-reacción fueron 1968, 1969 y 1970.3 Se produjo una articulación entre todos los niveles de lucha de los sectores oprimidos que se caracterizó por el uso de la acción directa: paros generales que inmovilizaron toda la producción nacional, ocupaciones, contrainformación y lucha armada.
La burguesía, consolidada como clase y con un nivel de cohesión y de solidaridad que nunca había tenido, intensifica su guerra contra el proletariado desde los aparatos centrales del estado.4 Toda la clase asalariada se vio afectada por la voluntad burguesa de querer reconstituir la tasa de ganancia sobre la base del aumento de la tasa de explotación, es decir el alza de precios y disminución del salario real. Por lo aquí expuesto, se observa que la dictadura del valor es paralela, o a veces anterior, a la dictadura política.5
Sin desconocer lo discutible que puede resultar asimilar clase trabajadora con proletariado e incluir a todos los asalariados, se ha procedido así pues:6
• La clase que objetivamente se definió en oposición a la burguesía fue la de todos los trabajadores y no únicamente los obreros manuales, ya que la política económica burguesa de congelación de salarios afectó por igual a todos los asalariados.7
• Los conflictos sindicales y políticos más intensos e irrecuperables para la burguesía son de ambos sectores: proletariado agrícola –en especial trabajadores de la caña de azúcar– y proletariado urbano-industrial –obreros de frigoríficos, neumáticos, textiles (Alpargatas)…– e igualmente funcionarios públicos, bancarios y trabajadores de la salud. Por ello la violencia represiva afectó objetivamente a toda la clase trabajadora y la contra-violencia fue organizada por los trabajadores en general y no solamente por los obreros manuales.
2. La clase asalariada tuvo como aliado seguro al denominado movimiento estudiantil y sus luchas se articularon entre sí.8 En la polarización proletariado-burguesía –revolución-reacción–, los estudiantes más combativos, en la medida que luchaban por el cambio social y el fin del dominio burgués, sufrieron la misma represión que los obreros y se situaron claramente con el primero. Un documento de balance sobre 1968, escrito por estudiantes de Medicina, aclaraba:

«Nuestra participación en la resistencia al cerco policial, en torno a la planta ocupada fue realmente una lucha unida con los obreros que para nosotros iba más allá del objetivo, más o menos limitado, de lograr la reapertura del Frigonal, sino que significaba una lucha política contra la dictadura y un avance muy importante de un sector del estudiantado al comprender el papel fundamental en la lucha popular que le cabe a la clase obrera y que las otras clases serán revolucionarias en la medida que se unan a su lucha.»

Por su parte los trabajadores de Alpargatas declaraban:

«Desembocó en el recordado sitio a la mencionada facultad. Ese día los trabajadores nos sentimos por primera vez identificados con los estudiantes, nos encontramos todos embarcados en una lucha común, en los dos sectores hubo lesionados como consecuencia de la acción policial, tuvimos oportunidad de materializar gestos solidarios. Luego de esos hechos, el contacto con nosotros, venían a la fábrica a interesarse por nuestros lesionados, a tratar de ayudarnos en las necesidades que pudiéramos tener y nosotros comenzamos a entrar frecuentemente en la facultad. Nos acostumbramos a salir juntos, no sólo en las manifestaciones sino también en las pegatinas y pintadas de muros, en las volanteadas; la relación fue haciéndose cada vez más natural, encontramos un lenguaje común y, en ambos sectores, fue aumentando el número de compañeros que comprendía, en definitiva, luchábamos por las mismas cosas […]. Todo este proceso fue operándose al margen de los respectivos organismos de dirección, los contactos se hicieron entre las bases y, si en otras épocas los trabajadores jóvenes encontrábamos dificultades opuestas por las capas dirigentes para procurar contactos con coetáneos de otros gremios, ahora la presión conjunta de estudiantes y obreros jóvenes fue irresistible.»9

En resumen, la unidad de la clase trabajadora, y la obrero-estudiantil, fue objetivamente una unidad contra la burguesía, es decir, que su definición misma en tanto que clase no estuvo determinada por las condiciones diferenciales de «producción», sino por erigirse en fuerza portadora de un proyecto social anticapitalista.
A partir de la congelación de salarios, al carecer de sentido la lucha contra un patrón, el aislacionismo en los distintos sectores asalariados se rompe. La misma política económica burguesa instrumentada a través del Poder Ejecutivo, prohibe otorgar beneficios ante reivindicaciones aisladas. Los aumentos y salarios, los decide el Ejecutivo y la COPRIN (Comisión de Productividad, Precios e Ingresos).10
El proletariado es empujado a luchar contra el capital –llámese estado u organizaciones estatales del capital internacional– ya no sólo por una subida de salarios, sino por la defensa de las condiciones de vida y existencia. El gobierno, que se da cuenta de este hecho, buscando nuevamente dividirlo, decreta un aumento de sueldos en el interior. A lo largo de este estudio se explican las tentativas y concretizaciones de la división de la clase explotada catalogando a unos como legales y a otros como ilegales y estructurándola en diferentes partidos parlamentarios.
Todas estas medidas económicas y represivas fueron captadas por gran parte de los luchadores sociales, que incrementaron sus fuerzas sobre la base de una unidad real y revolucionaria y, contraviento –reaccionarios– y marea –reformistas–, intentaron que su respuesta tuviera el mismo nivel de centralización y violencia que la que los administradores del capital imponían. El ataque al estado, la lucha por su destrucción y la revolución social dejan de ser temas de discusión exclusivos de círculos de revolucionarios o de teóricos de café, para hacerse masivos e intentar llevarse a la práctica.
En muchas partes, las respuestas del proletariado desbordaron el cuadro de la izquierda tradicional. A la violencia del régimen se respondió con la violencia popular y armada.11 Gran parte de las tácticas sindicalistas –pactistas– y reformistas de siempre fueron denunciadas y se proclamó la acción directa.12
La ruptura programática con la contrarrevolución, que en cierta forma se asumió en la calle, no logró formularse explícita y consecuentemente ni constituirse en organización propia. Los manifiestos y las proclamas tuvieron, en muchas ocasiones y en comparación con otros movimientos proletarios del pasado, un tinte marcadamente reformista. Hay que recordar que en otras épocas los luchadores sociales repetían una y otra vez la necesidad de abolir el estado y el trabajo asalariado. Atacaban el sistema educativo y la concepción de la familia, como instituciones reproductoras del orden burgués y ciertas formas de organización de la izquierda por considerarse que tenían más que ver con la sociedad capitalista que con la comunista o anarquista. Una minoría dentro de los militantes sí expresaron toda su radicalidad (necesidad de transformar la sociedad desde sus raíces) en sus escritos, pero muchos otros tenían la política de «no asustar a las masas» y creían que, en la medida que no crecieran más las fuerzas revolucionarias, proclamar algunos objetivos sociales significaba autocriminalizarse. De ahí que muchas de las consignas más radicales de varias organizaciones, que oficialmente no se pronunciaban sobre ciertos temas, se escucharan en los discursos de los actos en la calle, las reuniones internas y la cotidianidad de algunos militantes. Unos de los objetivos más reivindicados era la confiscación (ocupación) de la tierra –expropiandosela a los latifundistas–. Una buena parte de los luchadores sociales se pronunciaban inclusive por el uso de la lucha armada para la toma del poder y la abolición de la propiedad privada.
Por su parte la burguesía, reaccionó rápidamente a toda esa resistencia proletaria y se quitó la máscara que portaba hasta entonces. Los banqueros y estancieros no tendrán los prejuicios electorales de sus predecesores; por el contrario declararán abiertamente que sus intenciones y sus intereses son los del capital mundial, los de Estados Unidos,13 y procederán en consecuencia.
En su lucha contra la clase trabajadora, la burguesía parlamentaria se ve obligada permanentemente a suicidarse, atribuyéndole cada vez mayor poder al Ejecutivo y al ejército: medidas de seguridad permanentes, suspensión de garantías individuales y militarización de las empresas en conflicto. A pesar de la existencia formal del Partido Colorado y del Partido Nacional, en realidad ambos ceden el lugar a un partido único que defiende el estado, a un verdadero partido del orden capitalista. Pacheco Areco es el hombre fuerte, su gabinete es uno de los principales centros de decisiones de los negocios burgueses; los políticos tradicionales son cuestionados, denunciados y desprestigiados.
Para finalizar la síntesis de los años 68, 69 y 70, se presenta otro fragmento del texto nº 2 que aporta una visión internacional del conflicto y critica el papel del sindicalismo oficial:

«A partir de esa fecha, la centralización del ataque contra las condiciones de vida del proletariado será total, no sólo a nivel de cada país, sino que existió una centralización de la burguesía de todos los países de la región potenciado por sus fracciones más poderosas (capital bancario junto con los sectores competitivos de la industria) que llevó una estrechísima colaboración de todas las fuerzas estatales: fuerzas armadas, policías, partidos políticos, centrales sindicales…, así como el apoyo más o menos abierto de otros estados de afuera de la región (Estados Unidos, estados europeos, Israel y, en muchos casos, incluso la URSS).»

Cuando la burguesía del Cono Sur, en coalición con aparatos centrales del capital mundial, fue reconociendo paulatinamente la necesidad de la guerra abierta contra la clase explotada, lo hace sin conocer el desarrollo ni los resultados de ésta. Es decir, aplica un conjunto de medidas, pero no percibe aún toda la respuesta de los explotados,14 y cuando ésta se desarrolla y llega a sus máximas expresiones de lucha –como por ejemplo en «el Cordobazo»–15 la burguesía entera retrocede aterrorizada, sin saber en realidad hasta dónde llegará el proletariado.16

III.1.1.2. La nostalgia por el Uruguay de las vacas gordas

«A través de las movilizaciones de masa de fines de los sesenta, vastos sectores de la población comenzaron a percibir que la lucha por mantener el nivel de vida que poseían antes de la crisis, por la defensa de sus derechos, por la misma aplicación de las leyes, exigía también enfrentarse al poder estatal en formas no convencionales. Esta percepción fue posibilitada por la política duramente represiva hacia el movimiento popular.»17

En Uruguay la lucha se ha polarizado en las dos clases y proyectos antagónicos. Defendiendo el sistema, y por lo tanto los intereses de los sectores pudientes, actúa un partido del orden establecido que prefiere dar más protagonismo a la represión directa que al Parlamento y a otras formas de dominación y consenso social. Del otro lado, ante la creciente represión y medidas como la congelación de salarios, hay una enorme unidad de clase y una mayor fraternización entre los luchadores sociales. Aumenta masivamente la militancia, bien defendiéndose del rápido deterioro en la calidad de vida –tendencia que pretendía volver al «Uruguay dorado de épocas pasadas»– o bien participando en un proyecto revolucionario. De ahí que se haya dicho que los luchadores sociales, a nivel referencial, estuvieron entre José Batlle y el Che.18 Y es que la búsqueda de estos dos proyectos convergió en un sólo movimiento de rechazo al régimen; sería incorrecto separarlos e imposible determinar dónde empezaba uno y acababa otro.
A lo largo del proceso de investigación se ha ido viendo que gran parte de la izquierda y de lo que se denominaban sectores progresistas hablaban más de vuelta al pasado que de cambio social. Es decir, ansiaban de que todo quedara como estaba, o concretamente, de como había sido hacía un par de décadas atrás: la Suiza de América, la ciudad de los teatros, «del progreso y bienestar.» Yessie Macchi dice: «nunca me lo planteé de esa manera. La izquierda que quería volver… más que nostálgicos los llamábamos reformistas». Pedro Montero piensa que el reformismo fue algo muy extendido en la sociedad uruguaya y que las fuerzas revolucionarias eran más bien escasas. «No hubo un movimiento revolucionario, sí reformista y sí reformista radical, pero no revolucionario, aunque individualmente sí hubiera personas que planteaban cosas revolucionarias».
López Mercado en cambio habla de la existencia de revolucionarios y de las fuentes para la formación de esas fuerzas.

«Estábamos en completa ruptura, a veces ingenuamente, con lo que era el liberalismo burgués. De ahí el atractivo que tuvo para nosotros el tema de la teoría, el descubrimiento que significó para mí y para los otros compañeros, […] descubrir a los diecisiete o dieciocho años a Lenin, en El estado y la revolución, por ejemplo, sobre todo aquel planteo de Lenin de que, independientemente de las formas institucionales que adopte cada estado, cada estado es un instrumento de dominación de clase. Que cada estado es, en esencia, una dictadura.»19

D’Elía, militante socialista, veía en 1969 la conformación de las tendencias que surgían en respuesta a la crisis de la siguiente manera:

«La historia enseña que en los períodos de crisis en que las clases pierden su estabilidad, en que se destruyen los modelos sobre los cuales venían actuando, las reacciones individuales o colectivas tienden a ubicarse en uno de estos dos polos: en una idealización del pasado y un esfuerzo por su restauración, o en extremismos revolucionarios desarraigados de la realidad.»20

Muchos de los «nostálgicos» al llegar a la conclusión de que la vuelta atrás no era posible vieron en las fuerzas de izquierda e incluso revolucionarias, la salvación de la población de esa zona del mundo. Otros llegaron a la defensa del ideario revolucionario escalonadamente, defendiéndose de los ataques del régimen, cada vez más agresivos, pataleando ante la pérdida del nivel de vida, llorando a los compañeros que caían por defender algo tan legítimo y democrático como el presupuesto universitario o los precios populares en los transportes.
Como colofón a este apartado se presenta la siguiente cita:

«Vivimos todos un gran sacudimiento, casi un terremoto. El Uruguay está sacudido. La Universidad está sacudida. ¿Qué significa esta especie de cataclismo? El vendaval ha roto la forma institucional del país, ha roto sus ramas, quizás hasta el tronco, pero la raíz está viviente, y de la raíz vendrá la savia de la nueva vida. No debemos refugiarnos en ninguna nostalgia. Aquí no caben ilusiones de volver al pasado.»21

III.1.1.3. Aumento de la militancia y politización de la vida

«El mayo francés; América Latina, que era una gran llamarada, la revolución cubana…, fueron determinantes en todos nosotros y sobre todo el estar viendo como una sociedad, el liberalismo batllista, había llegado a un punto que no daba más.» LÓPEZ MERCADO

Tras explicar, a grandes rasgos, que la agudización del conflicto fue debida a la aplicación de medidas, necesarias para los intereses de la clase dominante, y a la respuesta obrera ante tal política,22 se analiza en qué consistió esa reacción proletaria que algunos luchadores sociales pensaron transformar en una respuesta dialéctica, en una respuesta-ataque, en una reacción que no proyectaba defender el antiguo nivel de vida sino transformar la vida y la sociedad en la que ésta se desarrollaba. Para ese sector revolucionario, su acción era un ataque al sistema y a quienes se beneficiaban de él, y la reivindicaron como tal, aunque más tarde muchos concluyeron, seguramente por el resultado de la contienda, que la reacción en todo momento había sido defensiva.

«Nosotros pensamos –dice Rodrigo Arocena– que teníamos la ofensiva en algún momento y yo creo que no, que en el fondo siempre la tuvo el régimen. Es cierto que el pachequismo encontró dos cosas que no esperaba: la respuesta estudiantil y el Frente Amplio –sobre todo el hecho de que un militar batllista (el primero de su promoción, el más respetable de su generación) encabezara una confluencia que iba desde la democracia cristiana hasta Raúl Sendic–. Pero, al revés de lo que nosotros nos creíamos, en conjunto hicimos una resistencia y no una ofensiva transformadora.»

Sobre el tema de la formalización –sobre la base de discursos y consignas– de la ofensiva revolucionaria se le preguntó a Héctor Rodríguez, conocedor de la historia de España:

«–¿Había algún proyecto de hacer la revolución, con expropiaciones, parecido al movimiento en los años treinta en España?

–Como fenómeno de masas, no. Muchos estábamos convencidos de que en definitiva algún día se iba a dar un proceso revolucionario, pero, en ese momento, estas grandes acciones, para muchos de nosotros, estaban concebidas como defensivas de los derechos que ya teníamos; restableciendo las libertades que estábamos perdiendo. Por supuesto que otros compañeros pensaban que entrando en ese camino se iba a entrar en el camino del ascenso revolucionario.»
De cualquier modo lo cierto es que en el período 1968-1970 aumentó enormemente el compromiso social y la militancia. Crecimiento que no se detuvo en 1970, sino que siguió hasta el golpe de estado. Como confirma Huidobro, hubo:

«Un crecimiento vertiginoso ininterrumpido a partir de mediados del año 67, hasta el 72, 73. [En el caso del MLN], en diciembre del 66, eran cincuenta compañeros en total y serán miles en el 71, 72.
–¿Las razones?
–La situación de crisis, el “pachecato”, la radicalización de los contigentes obreros, estudiantiles.23 Crece toda la izquierda, acá no hay un crecimiento que se hace a expensas de la otra izquierda. Crecen todos, los sindicatos, cantidad de gente se incorpora a la actividad política, a las manifestaciones. Hay un crecimiento global, no es sólo el MLN.»
No sólo las fuerzas revolucionarias y de izquierda crecieron, también lo hizo la reacción, se derechizó la burguesía. La polarización de la sociedad lleva a que cada vez haya menos neutrales, a la politización de la vida. Hasta en las relaciones amorosas se observó la polarización de clases, así cómo era rareza encontrar una pareja formada por un/a luchador social y un/a reaccionario, del mismo modo que los militantes de los partidos tradicionales no tenían amor con la gente de izquierda. La confrontación revolución-reacción se llegó a dar hasta en los escenarios musicales: una payada (encuentro de música folclórica con letra improvisada) entre un payador complaciente con el poder y otro contestatario terminó en una pelea a cuchilladas.
Hubo una radicalización entre la población: los de centro se convirtieron en progresistas, los progresistas en izquierdistas y los izquierdistas fueron hacia posiciones revolucionarias.24 En febrero de 1968, el sacerdote Zaffaroni fue procesado porque declaró en televisión estar dispuesto a tomar la «metralleta» y luchar al lado de los revolucionarios.

III.1.2. 1968: La resistencia mundial al sistema también en Uruguay

«Aquel verano caliente del 68 había sido encendido por las llamas de las barricadas obreras, las ocupaciones de fábricas, las marchas cañeras y las acciones de los comandos guerrilleros.»25

En 1968 se suceden grandes luchas por todo el mundo:26 París, Berlín, Washington, Belgrado, Roma, Amsterdam, Londres, Tokio, Ciudad de México, zonas mineras de Bolivia, Lima, Río. Todos ellos lugares donde amplias capas de la población llaman a la revuelta por considerarla motor de los cambios y donde los centros de estudio son utilizados como trinchera y lugar desde el cual cuestionar y prepararse para el combate. En todos ellos se pintan consignas en las paredes «destruir todo lo que queda y construir todo lo que falta»; «piensen, luego rebélense»; «seamos realistas, pidamos lo imposible»; «la barricada cierra la calle pero abre el camino»…
En Uruguay son las medidas económicas o los estallidos emocionales provocados por circunstancias especiales –represivas, propaganda de la guerrilla– los que movilizan a la gente. La lucha se generaliza por toda la capital y otras partes del país, que vive un momento único de confrontación social.
A continuación, parte del Suplemento del Documento nº 1 de los tupamaros, en el que se realiza un minucioso balance de la situación y los actores del momento:

«3. a) Que la división entre un sector legalista y progresista, y un sector golpista en las FFAA ha adquirido caracteres nítidos y públicos; b) que dado el panorama en el mando de las unidades no cabe esperar un golpe militar inmediato sino medidas dictatoriales tomadas por el gobierno legal, como hasta ahora. La división en el seno de las fuerzas armadas y el cultivo de las contradicciones entre sus miembros, debe ser un factor estratégico a tener en cuenta en nuestra acción contra las fuerzas represivas […].
5. El decreto que disolvió varios grupos políticos de izquierda, confiscó sus bienes y clausuró Época y El Sol, no ha creado por el momento el cambio cualitativo que era de esperar. En lugar de aceptar este pasaje a la clandestinidad como un paso lógico de toda organización que proclama la lucha armada para liquidar al régimen, las direcciones de algunos grupos se han dado a luchar por un estatuto anterior, lo que hace imposible una lucha común de todos los grupos para pasar a una etapa superior de la lucha. (Lo que dijimos en 1967: “Lo verdaderamente aventurero es proclamar la lucha armada sin montar una organización capaz de afrontarla”).
6. La línea del PC ha dado un sensible vuelco a la derecha, reflejado en su posición en la Conferencia de la OLAS y sobre todo, en sus claudicaciones en el campo sindical frente a atentados antiobreros del gobierno que ha llevado a la CNT al nivel más bajo de lucha de los tiempos. Frente a la amenaza que significa el decreto contra organizaciones de izquierda, no cabe sino esperar más claudicaciones en el futuro.»27
Los primeros seis meses de 1968 se caracterizan por el desalojo, en el interior del país, del campamento de UTAA, sindicato de los cañeros,28 por un caso de corrupción relacionado con la devaluación de la moneda nacional 29 y, sobre todo, por la lucha reivindicativa de los trabajadores de varios puntos del país. El personal del frigorífico Anglo de Fray Bentos es protagonista de incidentes con la policía y una marcha a Montevideo. Los empleados de los tambos también mantienen una huelga intransigente. Los denominados intelectuales progresistas aclaran, en numerosos artículos, que las tensiones y los reclamos no son el origen de los males sino la consecuencia.
Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del sistema en el acto del 1º de mayo ilustran lo que vive la avenida 18 de Julio y otras calles montevideanas durante el resto del año: lucha callejera y represión cada vez más contundente de la policía. Pero no es sólo la policía la que reprime para asegurar el orden. Para varios testimonios, el PC, en este aspecto y en algunas manifestaciones, juega un papel parecido por capítulos como el que aquí se narra:

«El 1º de mayo, una multitud se había congregado en el mitin de la CNT. Una poderosa columna donde se juntaban sindicatos, agrupaciones y militantes identificados con la tendencia combativa dinamizan la manifestación.
Frente a la embajada de Estados Unidos, en la avenida Agraciada (hoy Libertador), entre Mercedes y Uruguay, se producen incidentes entre manifestantes de algunos grupos de la tendencia, los cañeros de UTAA y acompañantes solidarios con su marcha enfrentados a grupos de seguridad del PC, alineados como contención, frente a la embajada.
Este incidente no fue primero ni único entre las distintas corrientes durante ese período y los años que siguieron, pero en 1968 fue uno de los más graves, sobre todo por el número de personas que directa o indirectamente se vieron involucradas, queriéndolo o no. Posteriormente la policía carga contra el mitin y lo disuelve, en medio de enfrentamientos.»30

Los estudiantes protagonizan diversas movilizaciones en mayo, que se acentúan en junio y julio, y que no paran hasta fin de año. En 1968, los éxitos que obtuvieron los alumnos de secundaria y universidades, y el nivel de movilización fueron tan grandes y atípicos, que crearon enormes expectativas de un cambio social, sobre todo, porque la unidad con la resistencia de los obreros fue una realidad cotidiana.31
En mayo se da la lucha contra el aumento del billete de transporte, en la que participan, principalmente, alumnos de secundaria y de la Universidad del Trabajo (UTU) –que a su vez piden que se cumpla el presupuesto pactado para su centro–. Se ocupan una decena de liceos y a fines de mayo los estudiantes de magisterio ocupan la sede del Instituto Normal reclamando nuevas becas, cursos nocturnos y un comedor estudiantil –reclamos que conseguirán al poco tiempo–. En junio, también hacen huelga profesores y funcionarios de todas la ramas de la enseñanza y son constantes, casi diarias, las ocupaciones de centros de estudios, las manifestaciones relámpago, en las que hay detenidos y heridos graves, y el levantamiento de barricadas con neumáticos incendiados, actividades sumamente arriesgadas teniendo en cuenta que muchas de ellas son realizadas en el marco de las medidas prontas de seguridad, decretadas el 13 de junio.
Esta vez la excusa gubernamental para imponer tales medidas es la situación por la que atraviesa la actividad bancaria oficial y la huelga por parte de los funcionarios de la Administración Central. El gobierno afirma que éstas servirán para defender a una sociedad conmocionada por el comportamiento de los asalariados en huelga.32 También se prohíbe por decreto la información –«comentarios, convocatorias»– sobre huelgas, manifestaciones y ocupaciones o «intervenciones de la fuerza pública».
El 14 de junio el ministro del Interior, E. Jiménez de Aréchaga, aclara que las medidas no son contra las centrales sindicales, con las que sigue negociando, sino contra los proletarios que aplican la acción directa, muy a pesar de algunos dirigentes de la CNT.
«De ninguna manera el gobierno interrumpió el diálogo con las distintas organizaciones gremiales […]. Las medidas están dirigidas a defender el orden público del clima de violencia que se ha desencadenado en las calles por quienes no representan a los intereses auténticos de la clase trabajadora.»33
La CNT reclama la derogación de las medidas; culpa a «los nefastos dictados emanados del FMI» de la crisis del país, llama a «estrechar filas en defensa de la libertad» y convoca un paro general para el 18 de junio, que no será ni el primero ni el último del año.
Finalizado el primer semestre de 1968, ocurren dos de los fenómenos que caracterizará a este período: la congelación de salarios y la militarización de los centros de trabajo en huelga. El 24 de junio unos cinco mil empleados del Banco Central y del Banco República son puestos bajo jurisdicción militar: a más de cien se les aplican códigos disciplinarios de la Ley Orgánica Militar y son trasladados a distintos cuarteles.
En el apartado cultural, de enero a julio, conviene resaltar el estreno en teatro de El Principito dirigido y adaptado por J. Sclavo; la instalación del primer ordenador del Centro de Computación de la Universidad en la Facultad de Ingeniería; la mención en el festival documental de Mérida de la película Me gustan los estudiantes; la aparición del disco de Daniel Viglietti Canciones para el hombre nuevo y la prohibición de la exhibición del filme La batalla de Argel, estrenado poco antes del decreto del Ministerio de Interior.
A nivel internacional destacan, de la primera mitad del año, la ofensiva contra tropas de Estados Unidos en Vietnam y las declaraciones de los responsables americanos que apuntan el final de la intervención estadounidense; la denuncia de Raúl Castro de las actividades del grupo «microfraccional» de A. Escalante; las acusaciones del fracaso de la operación hacia el Partido Comunista boliviano, por parte de cinco sobrevivientes del grupo guerrillero del Che; la detención de todos los obreros que ocuparon una fábrica de pintura en Argentina, el asesinato de Martin Luther King y «el mayo francés».3

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III.1.2.1. Congelación de precios y salarios

El 1968 el salario real siguió descendiendo a pasos agigantados. La situación de los trabajadores era desesperada. Para contener la inflación, el 28 de junio, Pacheco tomó una medida tan drástica como impopular: la congelación de salarios y precios.35 Ello implicaba la supresión del derecho laboral vigente desde 1943, al decretar la eliminación del régimen de negociación salarial en los Consejos de Salarios de la actividad privada. Como organismo sustitutivo para controlar los precios y salarios creó la COPRIN.
Algunos dirigentes sindicales que vivieron esta medida, y los días anteriores a ella, recuerdan:

«Nos convocan para un acuerdo: adoptar medidas que contengan la inflación –señala Héctor Rodríguez– Contra ella querían congelar los salarios. Nosotros decimos que no estábamos de acuerdo, que había otras medidas mejores. En la reunión Flores Mora y Lanza no estaban de acuerdo, el que llevó la voz cantante fue Peirano Facio: –Bueno, dennos por escrito su propuesta.
Fuimos al local sindical y elaboramos la propuesta. Descartamos la congelación, pero aceptamos seguir trabajando. El punto básico era que se había llegado a un caos con el tema de los salarios. Se fijaban salarios, no ya por industrias, sino por grupos industriales o empresas en fecha diferentes.36 O sea que cada subida de salario, en un sector de la economía, significaba un aumento de precios en todos los sectores de la economía, lo cual era absurdo y un estímulo de la inflación. Les propusimos partir de una cosa lógica: establecer una fecha de ajuste salarial (cada tres o seis meses).
La idea fue discutida y apoyada incluso por la Cámara de Industria [de la patronal]: Flores Mora, Lanza y Peirano.
Se elaboró un proyecto de ley y, cuando íbamos a empezar a concretar cómo hacerlo, se suspenden las reuniones de trabajo y se ponen medidas prontas de seguridad por la agitación estudiantil […]. Una semana después detienen a seiscientos militantes sindicales. Muchos de ellos dos o tres meses. El movimiento sindical no paró. Hubo una corriente a transar [transigir, ceder o pactar] con el gobierno, sobre todo de los compañeros del PC, pero no era el sentimiento de la mayoría de la gente.»

La respuesta proletaria se había iniciado meses antes en el ámbito rural, ante el rumor de su inminente aplicación.37 Desde Paysandú, los remolacheros tiempo atrás habían iniciado una marcha hasta la capital que llegó en marzo y manifestaron: «En estos momentos [dijo Leonardo Santana] toda la clase obrera, de la ciudad y el campo, se une para derrotar el intento de congelación de salarios y la reglamentación sindical. Todos estamos juntos en la gran CNT».38
Esa medida del Ejecutivo provoca el incremento de las huelgas y de las manifestaciones con levantamiento de barricadas.39 En julio son detenidos sesenta y ocho empleados de UTE (Usinas y Teléfonos del Estado) y otros tantos destituidos, al igual que en Ancap, por hacer huelga; o como decía la patronal: «deserción simple» debido a la militarización de la empresa. También en este mes, la Federación de Ferroviarios hace varios paros parciales, sobre todo, en trenes de carga. El 14 de julio, varias instituciones, Colegio de Abogados, Asociación de Escribanos, Consejo Directivo Central de la Universidad de la República, etcétera, se manifiestan en desacuerdo a la militarización. Los estudiantes de derecho y notariado, declaran el boicot a los profesores Jiménez de Aréchaga, Peirano Facio, R. Díaz, C. Pirán y H. Georgi por ser ministros del Poder Ejecutivo y por tanto responsables de las medidas prontas de seguridad y la militarización.40
Otro método para intentar paliar la contraofensiva obrera fue la creación desde el gobierno de sindicatos amarillos,41 pero ante el poco arraigo entre los trabajadores, y al ser denunciado en el propio Senado por Wilson Ferreira –lo que supuso la renuncia del ministro de Trabajo–, tuvieron que disolverse en poco tiempo.
En 1968, el MLN, entre otras operaciones, vuela la planta emisora de Radio Ariel –dirigida por J. Batlle–, el 7 agosto secuestra al presidente de UTE, Ulyses Pereira Reberbel,42 lo cual significa la primera acción relevante de los tupamaros, y el 29 de noviembre asalta el casino de Carrasco.

III.1.2.2. El asesinato del primer estudiante
«¿Cómo compaginar / la aniquiladora / idea de la muerte / con este incontenible / afán de vida?»43

En la madrugada del 9 de agosto se producen allanamientos de locales universitarios –en total cinco facultades–, sin orden judicial ni aviso previo a las autoridades universitarias, en busca de pistas que permitan encontrar al secuestrado U. Pereira Reberbel. Horas después, dentro de la Universidad, el Consejo Directivo Central hace público un manifiesto repudiando el allanamiento. Fuera del recinto, frente a los locales allanados, los estudiantes protestan contra la intromisión policial: manifestándose y enfrentándose a la policía. Varios jóvenes resultan heridos, uno de ellos queda en coma. El 11
de agosto es liberado U. Pereira Reberbel.44
El 12, según el diario El Día, ocurría lo siguiente.45
«A unos cincuenta metros de la entrada principal de la Facultad de Veterinaria se produjo […] un enfrentamiento entre estudiantes –probablemente un centenar– y tres funcionarios policiales dependientes de la seccional 9ª que trataron de impedir que aquellos realizaran una manifestación relámpago […]. Fueron arrojadas piedras sobre los tres policías. En determinado momento, por efecto de algún puñetazo o una piedra, se vio caer al oficial, quién entonces hizo uso de su revólver de reglamento efectuando uno o más disparos.
Uno de los dos alcanzó a Líber Alvez Rissoto,46 uruguayo, soltero de veintiocho años de edad. Al parecer la bala le penetró en el bajo vientre, por la región inguinal. Se produjo seguidamente una tumultuosa escena y el oficial (que no volvió a usar el revólver, por su voluntad o por haber agotado las balas) logró retroceder. Alvez Rissoto, que es estudiante de los cursos superiores fue transportado al Hospital de Clínicas. Ingresó en el block quirúrgico a la 1:45 horas y permaneció hasta las 17 horas. Su estado es grave pues la bala, en su trayectoria, habría afectado la masa intestinal.»

El 14 se da a conocer la muerte de Líber Arce y para el 15 se convoca el multitudinario entierro. En los muros de Montevideo aparecen pintadas de denuncia: «Líber Arce murió luchando por la libertad».
El sepelio se torna en un homenaje al estudiante caído y un repudio a la escalada represiva del régimen. Asisten al evento unas trescientas mil personas47«desde el Arzobispo de Montevideo hasta las más altas autoridades universitarias».48 Es una de las manifestaciones populares más grandes de la historia de Uruguay.

«El entierro de Líber Arce fue una demostración en cuanto a magnitud, como no había habido en el Uruguay –afirma Arocena–. Sobre todo por el tipo de gente: estaba medio Montevideo. Hubo la sensación de que se podía lograr la renuncia de Pacheco, la reversión del proceso, eran expectativas muy infundadas.»

A la vuelta del sepelio, tras el cese del control del orden de la manifestación por parte del Partido Comunista, algunos manifestantes expropian tiendas y dañan fachadas de bancos, empresas y medios de comunicación estatales, etc. Estos episodios vuelven a mostrar la distinta práctica del PC con la tendencia combativa, que reivindica la acción directa: ocupaciones, peajes obreros, sabotajes, enfrentamientos con la policía, etcétera.49
Juan Nigro, por aquel entonces simpatizante de los MUSP, cuenta aquella manifestación de la siguiente manera:

«El PC garantiza el orden en Montevideo,50 muestra revólveres, etcétera. Los MUSP no van a la marcha pacífica, van hacia el centro, con muchísima gente, pero una minoría comparada con la manifestación.51 Van a saquear; se une gente pobre para robar.»

Años después, en un texto anónimo se podía leer:
«Recordamos también el día del entierro de Líber Arce en momentos decisivos de desorganización del estado burgués (amotinamientos en la Guardia Metropolitana,52 problemas de la Guardia Republicana y en el ejército), en donde la tentativa de la manifestación de más de trescientas mil personas de responder por la violencia al régimen y apropiándose de todo lo que se podía en lo más representativo de la calle 18 de Julio y llegando incluso a la Casa de Gobierno, encontró como única barrera represiva seria a los cuerpos de choque del Partido “Comunista” que lograron dispersar a la mayor parte de los manifestantes (sólo una minoría logró llegar a 18) y lesionar o herir seriamente a muchos de los principales agitadores que impulsaban la marcha adelante del proletariado.»53

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Este evento fue un ejemplo de aquél período de lucha; una manifestación unitaria y masiva, con pugnas duras, amenazas, tensión, odio a las autoridades, una minoría que se desmarcaba que iba a por el todo y pensaba en la revolución, otros que iban a desahogar su frustración, su rabia y, seguramente, su aburrida vida rutinaria.
El diario El País dio a conocer la versión oficial de los altercados tras el sepelio bajo el titular: «Hubo anoche agresiones, daños y saqueos a lo largo de todo 18 de Julio. La policía ausente de la calle».
«La Jefatura de Policía hace saber que con posterioridad al sepelio del estudiante Líber Walter Arce, llevado a cabo con total normalidad, se organizaron sorpresivamente manifestaciones integradas por grupos de trescientas o cuatrocientas personas que convergieron desde la avenidas Rivera y 8 de Octubre sobre la avenida 18 de Julio.
Algunos manifestantes portaban armas de fuego, toda clase de elementos arrojadizos, y garrotes.
Al llegar a una sucursal bancaria, en la avenida 18 de Julio y Magallanes, efectuaron varios disparos de armas de fuego y nutrida pedrea. Ocasionaron múltiples destrozos en los comercios céntricos, rompiendo luminosos y vidrieras.
En la firma Ovalle Hnos. causaron rotura total de sus vidrieras y se dieron al saqueo de la mercadería existente.
Los diarios El Día y El País fueron objeto de pedreas que causaron ingentes daños de vidrios de las puertas y acceso. En Canal 4 de televisión y un club político de las inmediaciones fueron el blanco de los desmanes, con roturas de decenas de vidrios. Retiraron sillas del club mencionado y colocándolas en la vía pública les prendieron fuego. Efectuaron con objetos reunidos en la calle una enorme fogata; concurrió una dotación del Cuerpo de Bomberos para sofocarla y fue objeto de pedrea. Los acrílicos del cine Censa sufrieron grandes daños.
Cabe consignar al propio tiempo que la policía, en conocimiento que los manifestantes portarían armas de fuego –lo que se comprobó con posterioridad–, se abstuvo de intervenir para evitar choques cruentos que hubieran arrojado saldos lamentables.» 54
La población vivía días confusos y tensos. Entre las agrupaciones de izquierda y/o revolucionarios el balance de lo ocurrido durante la manifestación era desigual. Por su parte Juan Nigro recuerda:

«Al día siguiente se realizó una asamblea en la universidad. Los miembros del PC dijeron que los que protagonizaron los incidentes de la noche fueron provocadores del fascismo y que había que echarlos del gremio55 y encontrar a los que ensuciaron el entierro de “su muerto”. Los militantes del MUSP, sorprendieron a todo el mundo asumiendo toda “provocación”. “Fuimos nosotros quienes rompimos el cerco, a ver si nos echan…” No los pudieron echar, se armó un griterío bárbaro.»
Montero, estudiante de medicina e integrante del MLN durante años, rememora otra manifestación frente a la universidad reprimida a tiros por la policía, apenas un mes más tarde del asesinato del primer estudiante, cuando empezaba la primavera en Uruguay:
«Atendí a Hugo de Los Santos que tenía una bala que le hizo una hemorragia pericárdica, en la Facultad de Derecho. La sacamos y llegó muerto al Clínicas. A Susana Pintos también la atendimos con el grupo de Medicina. No nos dejaron salir, tiraban gases lacrimógenos. Salimos con pañuelos, los sacamos como pudimos.
–¿Cuando los milicos metían bala en las manifestaciones, el MLN no se planteaba responder con balas?56
–Sí, se estaba planteando –afirma Montero–. Nunca se hizo porque se entendía que el soldado no era el objetivo. Ni el soldado ni el policía. Además el MLN en el año 68 estaba muy inmaduro, se estaban formando los núcleos pro MLN.57 Así entré yo, hasta las pelotas de hacer la lucha pacifista para salir de fiesta. Carnaval universitario honesto, limpio y sano, pero vivir con la amenaza permanente de los fascistas, y de que te entren [a la Facultad] el ejército, la policía, que te arrasen adentro.
Sobre todo por la sensación de impotencia que producía el hecho de que aunque uno armara relajo en la calle, terminaba, como todo el mundo, en la máquina [detenido y torturado].»58

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Para finalizar, se presenta cómo explicaron estos episodios, durante la dictadura militar y los primeros años del restablecimiento del Parlamento, a los alumnos de liceo: «Las movilizaciones estudiantiles empiezan a cobrar víctimas que son utilizadas como mártires en la lucha contra los poderes democráticamente constituidos».59

III.1.2.3. Primavera de flores y sables

«Uruguayos: […] mucho menos, aún, podrá lograrlo, la acción disolvente y subversiva que, al servicio de ideologías foráneas, pretende desmantelar las bases de nuestra sociedad democrática. Contra sus responsables, usaré, por el contrario, sin vacilaciones, toda la fuerza y los recursos del poder constitucional.»60

Los sables de la Metropolitana cortan los «primeros» tallos en florecer. En septiembre se clausuran varias ediciones de algunos diarios de izquierda y todos los liceos de secundaria; varios detenidos son torturados;61 y mueren dos estudiantes más al ser reprimidos por la policía; en octubre el presidente amenaza con la disolución del Parlamento y nuevos empleados de UTE son internados en cuarteles. Pero la primavera viene con fuerza y nuevos brotes ya florecen y al parecer no hay suficientes sables para cortarlos. La lucha lejos de detenerse se intensifica: cientos de bancarios ocupan el Banco Italoamericano y el Hipotecario colocando pancartas contra la represión; se paralizan numerosas fábricas y empresas; se decreta un paro general el 24 de septiembre en repudio al asesinato de los estudiantes, cientos de intelectuales y artistas se solidarizan con ese repudio. En noviembre los obreros de la construcción cortan las calles y levantan barricadas en distintas zonas de Montevideo; se suceden ese día y los siguientes mítines de trabajadores metalúrgicos, textiles, de la lana y de Ancap y ocupaciones de lugares de trabajo: Acsa, Strauch S.A., entre otras. Las movilizaciones se extienden nuevamente en el interior: huelgas en Canelones, San José y Uruguayana.
La sensibilidad social y el repudio al régimen abarca todas las escenas de la vida pública. Es notable el compromiso social que reflejaron las manifestaciones culturales del segundo semestre de 1968.62 La polarización también llegó a la música, la pintura y el teatro. El día del sepelio de Líber Arce en el Sodre, antes de la presentación de un conjunto coral extranjero, se realizó un minuto de silencio. Un día más tarde en el teatro Solís, se suspendió un concierto de «Música Nueva» porque los intérpretes quisieron actuar en homenaje al estudiante caído y el Centro Cultural de Música se negó. Ante la insistencia de los músicos, éste optó por suspender el concierto. El 21 de septiembre debido a los asesinatos de Hugo de los Santos y Susana Pintos de ese mismo día, la sociedad Uruguaya de Actores y la Federación Uruguaya de Teatros Independientes suspenden todos los espectáculos expresando el duelo y dolor producido por las muertes de los muchachos.63
En el plano internacional, en la segunda mitad de 1968, destaca la invasión de Checoslovaquia por tropas de la URSS, que crea grandes discusiones en la izquierda y grupos revolucionarios en Uruguay,64 la pena de muerte en España para miembros de ETA; la matanza de Tlatelolco en México, donde el ejército disuelve una concentración a tiros, con el resultado de cientos de heridos y unos cuatrocientos muertos; la toma de poder, en Perú, de la Junta militar presidida por Velazco Alvarado, que anuncia la nacionalización del petróleo, la reforma agraria y una política exterior no alineada; la orden de L. B. Johnson del cese total de los bombardeos contra Vietnam del Norte; la disolución del Parlamento en Brasil por parte de A. Costa e Silva, y el descubrimiento de un foco guerrillero en Tucumán, donde tras un tiroteo son detenidas veintitrés personas.

«Esta revolución mundial de 1968 se dirigía ante todo contra el sistema histórico; contra Estados Unidos como potencia hegemónica de ese sistema, contra las estructuras económicas y militares que constituían los pilares del sistema –escribía I. Wallerstein–. Pero la revolución se dirigía igualmente, sino más, contra la vieja izquierda.»65

III.1.3. 1969: Brechas por todos lados a la nave del estado

«Cielito cielo que sí / cielo del sesenta y nueve / con el arriba nervioso / y el abajo que se mueve / que vengan o que no vengan / sabrán igual la noticia / se acabó la caridad / ya va a empezar la justicia.»66

El estado por aquella época se tambaleaba y la población estaba dividida.

«En medio de ese caos, la corrupción, la inflación hacen crecer el descreimiento en la población. Mientras, la Convención Nacional de Trabajadores, en manos del comunismo, hace conocer su plataforma de lucha: salario y jubilación mínimos, equiparación de beneficios sociales, tierras y trabajo, moratoria de la deuda externa, que elevaba al gobierno a principios de abril. Elementos estos sin duda muy justos, pero el problema era salvar el barco del país en la tormenta de la crisis en que se debatía y no amotinar a la tripulación que era la población, ya descreída de la posibilidad de salvación de nuestro país. Eran sus fuerzas morales las que el marxismo corroía. En vez de sacar el agua de sus bodegas, se abrían brechas por todos lados a la nave del estado.»67

En 1969 hubo un proceso de definición importante, que se va expresando también en el crecimiento y la fanatización de la derecha y la extrema derecha. Los escuadrones de la muerte son protagonistas de varias agresiones a militantes de izquierda, dos muchachas son atacadas por el Comando Oriental Anti-Comunista y tatuadas con una esvástica. En una manifestación, un obrero es asesinado por un militar retirado que vestía de civil.
Durante todo el año se suceden, en diferentes barrios, manifestaciones con enfrentamientos de obreros-estudiantes contra la policía.
A nivel de conflictividad laboral, participación de los luchadores sociales en la escena pública y enfrentamiento al estado no se podría decir que 1968 fue más combativo que 1969. Por eso en Uruguay no se puede hablar de un 68 como en Europa.

«Por el hecho de que 1968 no haya sido un año tranquilo no creo que pueda hablarse de un 68 uruguayo, porque menos tranquilo fue el 69 y menos aún fue el 70 sostiene Luce Fabbri. Más tajante es Demasi, para quien el 68 no sólo no se puede diferenciar del 69 y del 70, sino que la aparición de los movimientos juveniles en el país es incluso anterior al 68. Lo mismo sucede con los grupos armados. Lo específico del 68 fue que por primera vez hubo estudiantes muertos en la calle. Sin embargo, en el imaginario colectivo se lo recuerda como un año de ruptura, hasta el punto que a veces toda la década del sesenta se resume en el 68 […]. Tal vez la consecuencia más notoria del 68 haya sido la redistribución de los roles de los partidos. Ese año el gobierno se volcó a la derecha y ambientó el surgimiento de un espacio de izquierda nuevo. Hasta el 68 el Partido Colorado tenía una impronta batllista y populista y por eso todavía tenía sentido la frase “la izquierda será colorada o no será”, y el Partido Nacional era herrerista y conservador. A partir del 68 el discurso conservador lo asume el Partido Colorado y la izquierda se apodera del discurso batllista.»68
Por su parte, la izquierda y los luchadores sociales se ven constantemente polarizados por las distintas formas de acción y por las diferentes reivindicaciones. La principal contradicción se da entre el PC y la tendencia combativa, que en el Texto anónimo 2, expresaba que:

«El diálogo sin lucha como método gremial, el parlamentarismo, la coexistencia pacífica entre clases, manifestaciones de la ideología burguesa dentro del movimiento popular y de la izquierda, también van entrando en crisis.»
A partir de esas premisas, a la luz de una práctica militante en todos los terrenos, se desarrollan los métodos adecuados y se van forjando los instrumentos políticos para impulsar la lucha revolucionaria en el Uruguay.»69

III.1.3.1. Huelgas y militarización de frigoríficos, bancos…

«Se da el caso, por ejemplo, de ciudadanos que por ser empleados de UTE son llevados a los centros militares, que se han convertido en cárceles, donde se les rapa la cabeza y se les ultraja y veja. Ante estos hechos, el Parlamento no puede permanecer indiferente; tiene que asumir la responsabilidad de la hora.»70

Como se ha señalado en el anterior apartado, en 1968 varios centenares de bancarios y empleados de UTE se encuentran detenidos en el marco de las medidas de seguridad. En los últimos días de este año, la soldadesca se alineaba, a diario, frente a los bancos para «asegurar la actividad bancaria». En el caso de la actividad portuaria, son los propios soldados quienes hacen la carga y descarga.
La intervención militar de las empresas estatales consiste en la sustitución de gerentes por jefes del ejército y la imposición de la legislación militar a los trabajadores. No cumplir órdenes es un desacato a la autoridad castrense y no ir a trabajar equivale a desertar. La reunión de más de cuatro personas representa un motín.71
A fines de los años sesenta se extiende la huelga en los frigoríficos, en defensa de los dos kilos de carne diaria que les daba como forma de pago la patronal, con la instalación de cinco campamentos en el barrio del Cerro, donde se suceden ollas populares, debates políticos, mateadas y cantos. A este acto reivindicativo pretendieron unirse los obreros de los frigoríficos del interior, pero se les impide por varios días el acceso a Montevideo, en el km 142 de la Ruta 2.
Por su parte los empleados de la banca siguen en huelga. La lucha de los bancarios sorprende a propios y extraños72 pues hasta entonces era un sector bastante inmóvil y en el que se cobraba mucho más que en el resto. La idea de gremio y huelga, poco antes del conflicto, producía escozor entre algunos oficinistas, que pensaban que esos conceptos-acciones eran exclusivos de los obreros fabriles y jornaleros rurales, lo que se entiende equívocamente como clase obrera. Equívocamente, porque los bancarios huelguistas, con su accionar, demostraron a qué clase pertenecían. Durante los conflictos, la burguesía siempre habló de «gremio privilegiado» para intentar aislarlo del resto del proletariado y no dudó en aplicar medidas represivas contra ellos. Pero la intensa y trascendental conflictividad bancaria capitalina y la buena organización de los huelguistas hizo que la patronal prefiriera ceder en ciertos aspectos para desarrollar tranquila sus negocios. Ridiculizaban de esta manera las palabras del presidente del gobierno, quien pensó, en un principio –junio de 1968–, que con las medidas represivas no iba a tener que contentar las demandas de los bancarios:

«Tengo soluciones para el conflicto de Ancap, de OSE (Obras Sanitarias del Estado), de UTE y no recuerdo para cuál otro conflicto; pero con los bancarios nada, no doy un paso atrás y si tiene que morir un bancario morirá.»73
«La gran huelga bancaria del 69 –dice por su parte Arocena–, que duró tres meses, en gran medida se mantuvo porque se había hecho una organización de base muy buena. Se había cambiado la estructura.»

Cuatro noticias importantes relacionadas con este conflicto fueron la huelga de hambre protagonizada por varios empleados de la banca; los atentados con explosivos a cinco sucursales bancarias por parte de las FARO; los asaltos a tres bancos en un mismo día, 11 de abril de 1969, lo que lleva a la clausura de todas las sucursales bancarias hasta dotarlas de una seguridad más efectiva, y el secuestro por parte del MLN de G.Pellegrini Giampietro, dirigente de la patronal bancaria y de dos periódicos oficialistas. Acciones como ésta, y las primeras muertes de manifestantes universitarios, harán que muchos estudiantes entren a esa organización clandestina. Según Bravio el prestigio del MLN se da porque con la aplicación de las medidas de seguridad «muchos pararon, pero ellos igual siguieron. Se habían organizado para hacerlo».

«Seregni –explica Collazo– era el jefe de la Región Militar nº 1 y se vio obligado a tomar medidas por el conflicto bancario. Ésta fue una de las razones que lo llevaron a dejar la Región nº 1» además de ver, en la compra del seminario en Punta de Rieles para convertirlo en prisión, hacia dónde iba el proceso represivo.74

El malestar general ante el protagonismo de los militares se traslada al Parlamento y la Iglesia, donde se escuchan declaraciones contra las fuerzas del orden por corruptas y torturadoras:

«El jefe de policía de Canelones no se ocupa de lo que específicamente tiene que ver –denunciaba R. Camusso–. En ese departamento, prácticamente se puede decir que se ha instalado un casino que funciona al margen de todas las disposiciones legales. El jefe de policía no ve eso y traslada a los funcionarios policiales del departamento de Canelones, a los comisarios, fundamentalmente, cuando detienen esos juegos prohibidos. Pero estoy en condiciones de decir, y lo haré en otra oportunidad, señor presidente, que el jefe de policía de Canelones es el principal instigador en la privación de libertades de muchos ciudadanos […] se les ha torturado, se les ha tenido cuatro o cinco días sin comer, y sin ser sometidos a la justicia.»75
«Trato inhumano que reciben algunos detenidos […] aspecto sobre el que todos debemos ser conscientes por los peligros que toda arbitrariedad conlleva.»76
En junio y julio de 1969, el gobierno, en el margen de las medidas prontas de seguridad y aplicando las famosas «soluciones» del presidente, militariza nuevas empresas:77 OSE, Telecomunicaciones y la policía.78 Al mismo tiempo se clausuran varios periódicos de izquierda y alguno de tinte demócrata.
En pocos días se detienen a casi mil luchadores sociales. En el invierno de 1969, hay alrededor de setenta presos acusados de “colaborar con el terrorismo” y cientos de detenidos temporales, encerrados en cuarteles o comisarías.
El 17 de junio ocurre lo que se denominó popularmente gripefeller. Ante la visita de Rockefeller y por el temor a las movilizaciones estudiantiles que ésta puede provocar, el gobierno suspende los cursos en todos los centros docentes «por epidemia de gripe». Por su parte el MLN vuela las instalaciones de General Motors.79
En el plano internacional –como dijo López Mercado en la entrevista– América era una gran llamarada: en Bolivia hay un golpe militar y en Chile es controlado un levantamiento de un regimiento; en Córdoba, Argentina, se produce una insurrección proletaria, conocida como el «Cordobazo»;80 en Brasil es canjeado el embajador de Estados Unidos, en manos de la guerrilla, por varios presos políticos y a fines de año muere, en un enfrentamiento, Marighela, líder y teórico de la guerrilla urbana. En Italia el enfrentamiento al estado se generaliza y hay numerosos atentados de distinta procedencia.

III.1.3.2. Incremento de las acciones de la guerrilla urbana

Durante este año siguen creciendo las intervenciones del MLN, que entre otros operativos roba armas del juzgado y la recaudación del casino de Punta del Este, copa Radio Sarandí y asalta bancos y financieras, quedándose con el dinero y demostrando la corrupción de estas entidades, a través de los documentos incautados que envían a la justicia ordinaria.
A pesar de que hoy muchos luchadores sociales, e inclusive ex tupamaros, cuestionen ciertos aspectos del accionar y forma de ver las cosas del MLN, en aquel momento todas estas acciones tenían gran sostén de los luchadores sociales y, como tal, eran vitoreadas. Grandes capas de la población, sobre todo entre las estudiantiles, defienden el accionar subversivo. En una encuesta realizada por aquel entonces, en la Universidad, se descubre que el apoyo a las acciones, en general, del MLN, es del 20 al 23 %; al secuestro de Pereira Reberbel es del 40 % y a los operativos en la financiera Monty y en el domicilio de Maillos es de un 50 %.81
Pero sin duda el operativo guerrillero más importante de ese año fue el de la toma de Pando, localidad cercana a la capital, de doce mil habitantes, con gran actividad industrial y bancaria, y una sola comisaría. El 8 de octubre, mientras muchos luchadores sociales «lloran» nuevamente la muerte del Che en el segundo aniversario de su fallecimiento, cuarenta y nueve tupamaros realizan un entierro simbólico, simulando un sepelio cualquiera. Salen de Montevideo en caravana funeraria, llegan a Pando y la ocupan por espacio de media hora. Inmovilizan a la policía local, ocupan la comisaría, los bomberos y la central telefónica, cortan las comunicaciones, asaltan los bancos, emiten varias proclamas y escapan.82
Los objetivos de esa acción son incrementar la propaganda, las finanzas, el pertrechamiento, así como hacer una demostración de fuerza y posibilidades y, de alguna manera, señalar el camino de la lucha contra el estado. Las fuerzas del orden, policiales y militares –jeeps, aviones y helicópteros– no tardan en llegar a la zona. Un sector del comando tupamaro, tras intenso rastreo del terreno, es descubierto y capturado tras un supuesto enfrentamiento. En él muere un sargento y tres guerrilleros.83
A continuación se reproduce la transcripción de una entrevista a uno de los protagonistas del comando, meses después de ser detenido.84 En ella se observa en qué consistió el denominado «enfrentamiento»:

«–Avasallado, ¿por qué?
–Porque tenía previsto enfrentar una cosa que creía conocer perfectamente y no tenía nada que ver con esa previsión. Por eso digo que quedé avasallado… o descolocado.
–¿Usted está hablando del enfrentamiento con la muerte, con la arbitrariedad policial?
–Hablo de varias experiencias fundamentales y distintas que una palabra podría resumir: la guerra. Tuve una vivencia parcial de lo que es la guerra […]. Fundamentalmente por haber visto caer a un compañero.
–¿Salerno?
–Salerno.
–¿Usted estaba con él cuando cayó?
–Sí, estábamos juntos.
–Empiece por el principio.
–Bueno. Venimos corriendo casi sobre el camino, junto a un alambrado, cuando comienza un tiroteo con la policía. Salerno, que está armado, corre hacia un monte de eucaliptus cercano y me grita que lo siga. Yo lo sigo. Es en ese momento que recibo la primera bala en el brazo. El tiroteo prosigue, pero Salerno rápidamente se queda sin balas y me consulta qué hacer. Yo le planteo que tengo un tiro en el brazo, que debemos rendirnos. Él accede y se prepara para salir […]. Sale de atrás de un árbol en que estaba parapetado y ostensiblemente para que a la policía no le quepa duda sobre su gesto, tira su arma, un arma grande Lugger o Mauser. Levanta los brazos y tira el arma al tiempo que grita nuestra rendición […]. Empieza a caminar lentamente, muy lentamente, con los brazos en alto. Yo lo veo alejarse… cuando está a unos dos o tres metros comienza un fuego cerrado desde la derecha que lo abate. Diez tiros se le alojaron en el cuerpo.
–¿Hacía mucho tiempo que eran amigos?
–Acababa de conocerle hacía unos minutos apenas. Tuvimos sólo un breve diálogo que para él fue el último. Él no sabía quién era yo, yo no sabía quién era él: éramos dos pobres militantes de base, dos soldados rasos haciendo lo que podíamos.»85

Arocena, que argumenta «que hubo tres booms de adhesión al MLN, a nivel estudiantil» afirma que tras Pando se produjo uno de ellos:

«Porque los compañeros muertos ahí, muy particularmente Jorge Salerno, eran gente muy querida. Jorge era mi compañero de militancia, mi amigo del alma, fue un impacto para todos brutal. Fuimos impactados por la cuestión emotiva. Tenía una dimensión para nosotros… En cualquier país de América Latina hubiera sido diferente, pero acá eso no pasaba. Lo dejaron morir, en Uruguay no pasaba eso, después se hizo, desgraciadamente, el pan nuestro de cada día.»

Pero el asesinato no queda impune. Cinco semanas más tarde, el 15 de noviembre de 1969, los compañeros de Salerno ejecutan al responsable de su muerte y dos días después atacan a otros dos integrantes de la Guardia Republicana.86
Para finalizar la narración del año 1969, dos citas que muestran la enorme combatividad del período y esbozan el descenso posterior.
«Fue en esos años 68-69, en donde a pesar de todas las derrotas particulares del proletariado, el movimiento de clase fue indiscutiblemente ascendente y en términos globales la burguesía no logró sus objetivos. Incluso con respecto a la congelación, la burguesía había retrocedido notoriamente en los dieciocho meses que separan el decreto del fin del año 1969.»87
«En 1969 el movimiento empieza a hacer una regresión en cuanto a su capacidad de resistencia –reflexiona Héctor Rodríguez–. La gente joven sintió que si, en el campo sindical, no conseguía cambiar la situación, debía volcarse a la guerrilla. Esto se produjo así y de manera espontánea.»

III.1.4. 1970: Euforia combativa y contrapoder

Este año se puede considerar una etapa transitoria entre incremento imparable del movimiento revolucionario y el estancamiento, e incluso descenso del mismo, debido no a su falta de crecimiento en cuanto a número de combatientes y politización de la vida, que sigue aumentando, sino a que las formas de lucha que elige y se le imponen serán menos efectivas en general. Por un lado, en 1971, el electoralismo tomará un protagonismo aplastante y por otro, poco a poco, muchos de los proletarios más combativos se irán constituyendo, en muchos casos a pesar de ellos, en un aparato armado, que pretende enfrentarse a otro mucho más fuerte: las fuerzas de seguridad del estado. Dos terrenos en que la burguesía tiene las de ganar.
En 1970, el protagonismo lo sigue teniendo la acción directa, la lucha en la calle y la ocupación de lugares de trabajo y estudio. En este año, las grandes organizaciones (MLN, CNT, etcétera) tienen mucho peso, algunas veces radicalizando al movimiento, y otras frenándolo. Continúan dándose importantes huelgas en metalúrgica (TEM, ATMA), secundaria, fábricas de bebida (Pepsi-Cola), y en la industria del medicamento y la salud.
En el ámbito rural destacan iniciativas como la impulsada por los cañeros y otros colectivos, que consistía en la elaboración de un proyecto de cooperativa de producción, con el nombre Comunidad Tierra de Todos Lourdes Pintos.
Como forma de aproximación a este año, en todos sus ámbitos y a escala mundial, seguidamente se presentan las noticias más importantes de un diario oficial, El País, del 6 de mayo, un día como otro cualquiera. Los principales titulares de su portada fueron:

«Comandancia del ejército pide juzguen al ex jefe de policía».
«Uruguay con Guayaquil. Gol de Espárrago» (foto).
«Puja en la izquierda. Bomba contra el FIDEL».
«Desórdenes y manifestaciones en todo Estados Unidos para detener guerra en Camboya y como protesta de la política de Nixon en Indochina». «Protesta (de estudiantes) por cuatro muertos tras la represión de Kent» (dos fotos).
«ONU, el secretario general pide una conferencia mundial para poner fin a la guerra en Asia» y «Subió el oro en mercados europeos en vista a los conflictos béli cos».
En la sección internacional: (Fotos de las víctimas de Ohio)
«La Paz, apresaron por subversivos a varios dirigentes políticos».
«Santo Domingo, siete muertos en dos días, por la violencia pre electoral».
«Sobre el asesinato de Kennedy».
«Robo a residencia».88

Y en la nacional:
«Pacheco y Peirano viajan a España».
«Obras en la laguna Merín»
«Lucha entre grupos de izquierda. Sorprendieron a los del FARO. Tiroteos en la detención. Metieron una damajuana con nafta».
Tres de los anuncios publicitarios más destacados fueron:
«Regalos para el 10 de mayo, día de la madre».
«Cine: La pandilla salvaje»
«A México con la celeste».

De la programación de TV cabe destacar las películas:
Los italianos y las mujeres y La sombra maligna.

El 5 de junio, se indisciplina el personal de la Guardia Republicana reclamando mejoras y autorización para vestir de civil al abandonar el servicio diario, por temor al MLN. A fines de 1969 y durante los primeros meses de 1970, los tupamaros habían vengado las muertes de sus compañeros en la toma de Pando, atacando a varios miembros de las fuerzas de seguridad del estado. El 10 de junio de 1970, son arrestados setenta agentes por insubordinación. Durante el conflicto de la policía, y para ganar el apoyo de ese cuerpo o cuanto menos neutralizarlo, los tupamaros le otorgan una tregua de dos semanas y envían cartas a los guardias, al igual que a los militares, para aclararles que en la medida que ellos no defiendan directamente a la oligarquía y repriman al pueblo «la guerra no irá contra ellos».

III.1.4.1. Comités de barrio
Uno de los hechos más importantes de este año, y del período en general, es la creación de los comités de barrio, espacios en los que el vecindario –a veces hasta cientos de personas– se reunía para pedir mejoras en las condiciones de vida y del barrio y coordinaba la resistencia al régimen. Eran gérmenes de contrapoder donde se juntaban vecinos preocupados por arreglar los agujeros de las calles, militantes que hablaban de la necesidad de organizarse para llevar a cabo la revolución proletaria, o políticos parlamentarios que pedían votos para las próximas elecciones. Esta mezcla dio como resultado experiencias que recuerdan a los ateneos populares o libertarios del siglo xx y a las actuales asociaciones vecinales y centros sociales okupados del estado español.89
Antes de 1970 los vecinos que luchaban por la mejora de la calidad de vida y, a su vez, por el cambio social y para dar apoyo a obreros en huelga se reunían en la casa de uno de elllos. A partir de esta fecha, se habilitan espacios específicamente para estos menesteres.
Uno de los fenómenos que más hizo crecer la cantidad de comités barriales y radicalizar su actividad fue la lucha contra las medidas adoptadas por UTE para costear las nuevas infraestructuras de la empresa, como el préstamo compulsivo que significaba el pago por adelantado. Muchos comités fueron creados en repulsa a la subida de tarifas públicas y contra los cortes de luz. Pero el crecimiento vertiginoso se produjo cuando pasaron a fundarse como comités de base del Frente Amplio, momento en el que las organizaciones políticas sufragaban todos los gastos del alquiler de los locales. Algo recurrente en estos espacios era la solidaridad con gremios en lucha, que no consistía en simples proclamas en su defensa sino en organizar la comida y albergar las reuniones de apoyo a los trabajadores en huelga, para salir luego a pegar carteles, hacer pintadas de denuncia y agitación o participar en las ocupaciones. La acción directa fue una de las constantes de los comités
Desde estos espacios también salían iniciativas para arreglar los parques infantiles del barrio u otros lugares que el municipio de Montevideo había dejado abandonados.
El aspecto cultural de los comités fue algo muy importante. Se hacían exposiciones de pintura, obras teatrales y hasta alguna que otra celebración festiva.
Esos lugares de encuentro, en una sociedad capitalista –en la actualidad ese fenómeno es aún mucho más acentuado– en la que priman los espacios privados y el compartir la vida únicamente con el núcleo familiar y los compañeros de trabajo, son recordados con mucho cariño por los entrevistados. Hay inclusive quien, al rememorarlos, habla de fiesta cultural y política y sentimiento embriagador, «había mucho de sensación de primavera», apunta Rodrigo Arocena.
Quienes participaron de estos focos de poder popular al realizar su evaluación lo hacen, como todo lo que sucedió por esos años, con disparidad de opiniones. Hay quien afirma que en 1971 se convirtieron en meros «comités juntavotos», pero otros replican diciendo que inclusive cuando pasaron a llamarse comités de base del FA seguían haciendo un importante trabajo barrial. «En la campaña electoral –dice Pedro Montero– se hicieron las paradas de autobús con techo y pintadas, pero muy bien hechas, alegrando los muros semiderruidos. Trabajó muy bien el PC e incluso anarcos de Bellas Artes».
Horacio Tejera, defensor de los comités, critica sin embargo el papel jugado por algunos militantes, que según él tenían la idea fija de que:

«”Lo que es bueno para mí es bueno para los demás, y si los demás lo quieren o no, no importa”. Ése fue el gran fracaso de aquella época, no tener en cuenta lo que pensaba la gente, que era la depositaria de tus afanes. Eso llevaba a que cuando militantes de un grupo político iban a desarrollar sus tareas a una organización de base en la comisión de fomento de un barrio, no iban como aporte de ese lugar, sino con la voluntad de que esa organización defendiera sus propósitos, con lo cual se castraba todo lo que tenía un desarrollo genuino. Por ejemplo, si en un barrio se reunían para reclamar el agua doscientas personas, después de que un grupo político se adueñaba de la dirección de eso, la gente se iba y quedaban cinco militantes. Con lo cual no se conseguía el agua, no se fortalecía nada de base o genuino. Primaba la voluntad del grupo en organizarlos, no en función de lo que esa gente se había planteado, sino en función de tus objetivos superiores: la revolución.»

III.1.4.2. Intervención de la enseñanza secundaria
Uno de los episodios más destacados de 1970 fue el decreto, en febrero, de la intervención de la enseñanza secundaria por «la situación caótica imperante», y la respuesta estudiantil a esa medida, que provocó la clausura de los centros más combativos.
En secundaria y preparatorio, durante el período 1968-1973, hubieron varios conflictos, mencionados a lo largo de la obra, en concreto en el apartado «La lucha en el ámbito estudiantil». Pero sin duda, cuando participaron más alumnos en la lucha fue durante la resistencia a la intervención decretada por el Poder Ejecutivo.
A causa de los constantes conflictos, el IAVA (Instituto Alfredo Vázquez Acevedo) donde se cursaban los cursos de preparatorio a la universidad, fue clausurado en mayo y poco después lo fueron varios centros de secundaria. A través del relato de la actividad cotidiana de Nora, estudiante del IAVA, se observa la politización y el ambiente de lucha en el ámbito académico.

«Llegabas y hacías un par de clases, porque yo era de las que asistía. En ellas siempre entraba alguien y traía algo, una información, por ejemplo. En el recreo ya promovíamos el debate y la discusión, a veces íbamos a la azotea del IAVA y armábamos desde discusiones teóricas hasta cómo y por donde iba a llegar la revolución. Mucha mística y sobre todo mucho romanticismo. Luego volvías a clase o no volvías si había algo más importante. Otras veces, por ejemplo, en una clase habías dado un poeta y sabíamos que aparte de lo que habíamos leído de él había escrito algún otro verso más comprometido. Entonces colgábamos en el aula esos versos e íbamos preguntando a los otros alumnos qué opinaban. La gente se interesaba o si no la hacíamos interesar, éramos de tanto accionar que realmente generábamos respuesta. Difícilmente había un día en que la mañana no acabara en una manifestación. Volvía a casa y había una comida familiar en la que yo, seguramente, explicaba las batallas de la mañana. Por la tarde, por ejemplo, en mi casa primero nos reuníamos para estudiar y después para discutir. Nos solía faltar información sobre lo que estaba pasando. Después lo que tocaba era ir a la Facultad de Arquitectura para que nos dijeran dónde se hacía la manifestación o la acción en cuestión. “La bocha es a tal hora en Química”. Y para allá íbamos, muchas veces con volantes, en diferentes autobuses e intentando no coincidir en las mismas paradas, como norma de seguridad”.»

Por aquel entonces Nora empezó a salir con Roberto, un dirigente estudiantil, cuyo padre era inspector general de enseñanza secundaria y uno de los cinco interventores.
«En la puerta de la casa había un policía vigilando –recuerda Roberto quien ya vivía solo–. Mi viejo, que llegó a ver con simpatía las primeras acciones del MLN y en aquel momento era del Partido Colorado, consideraba que la enseñanza no tenía que estar contaminada por ningún tipo de actividad política.90 Tampoco podía permitir actividades de la derecha, y cuando ciertos militares intentaron intervenir en el Consejo Nacional de la Enseñanza mi viejo tuvo que renunciar y borrarse.
La intervención se hace para frenar, en el frente estudiantil, la situación pre revolucionaria. Y como no podían entrar a saco en la enseñanza a saco, porque la autonomía era sagrada, pusieron un equipo de profesionales y políticos para hacer ese mismo trabajo.»

La intervención levantada casi un año después –en junio de 1971–, fue derrotada entre otros fenómenos por los contracursos. Muchos profesores, padres y alumnos organizaron liceos populares en parroquias, clubes sociales y locales sindicales, con gran apoyo de la población.
En este episodio de enfrentamiento al régimen lo más sorprendente fue la juventud de muchos de los luchadores sociales. La edad de los principales actores oscilaba entre los doce y los veinte y pocos años, por lo que algunas víctimas de la represión también fueron muy jóvenes. El 8 de mayo, un policía mataba a un chico, de tan sólo trece años, que se burlaba de él.
Otra característica del momento fue la permanencia en la acción solidaria del estudiantado radical con el conjunto de sindicatos en conflicto, consolidando la consigna: «obreros y estudiantes, unidos y adelante». En esa lucha, las organizaciones que tuvieron mayor peso fueron la CESU (Coordinadora de Estudiantes de Secundaria de Uruguay) y, sobre todo, el FER (Frente Estudiantil Revolucionario). Otras con menor inserción pero que igualmente tuvieron un papel importante fueron las maoístas Agrupaciones Rojas (vinculadas al MIR/PCR) y la anarquista ROE (Resistencia Obrero Estudiantil), vinculadaa la FAU y con gran incidencia en UTU (Universidad del Trabajo de Uruguay).
Otros acontecimientos importantes de 1970 son, justamente, la consolidación de la ROE; la fuga de trece presas políticas de la cárcel de mujeres; el copamiento del cine Plaza por las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (FARO), grupo armado vinculado al MRO; la masificación de las torturas a los detenidos y la desaparición de un joven militante, secuestrado por el escuadrón de la muerte.
A nivel de cultura y espectáculo destacaron: la prohibición del film sueco Soy curiosa, por considerarla obscena;91 la publicación de varios libros que dieron mucho que hablar, como Uruguay en crisis, de Carlos Rama, Tortura. Uruguay 70, del Núcleo de Estudios Nacionales, Poeta pistola en mano, de Sarandy Cabrera, e Inventario 70, de Benedetti; la publicación del cuarto disco de Viglietti, Canto Libre, en el que aparecen dos canciones –La senda está trazada y Antojo– de uno de los tupamaros asesinados en Pando, Jorge Salerno; la actuación en el Solís de Zitarrosa, y la cuarta plaza conseguida por Uruguay en el mundial de México, la última en que la selección absoluta tuvo una actuación destacada en un campeonato del mundo de fútbol.
A escala internacional, destacan los acontecimientos en dos países cercanos: en Argentina los Montoneros hacen pública su presentación secuestrando al ex presidente que derrocó a Perón, y en Chile triunfa en las elecciones Salvador Allende.

III.1.4.3. Justicia popular y armada

«En el setenta es cuando empezamos con nuestra línea de justicia popular, que es algo que ya va perfilando el contraste entre lo que puede ser una justicia popular y una justicia burguesa. Nosotros empezamos a plantear, y quizás ese era uno de nuestros programas, que existe la posibilidad de una justicia popular. Es la etapa de los secuestros, como el de Mitrione. En otros casos lo que pedimos se nos dio. En el setenta planteamos que el país necesitaba una dualidad de poderes, está el poder de la burguesía y el poder revolucionario.» YESSIE MACCHI

La ejecución de H. Morán Charquero por parte del MLN es un ejemplo de lo que Yessie denomina justicia popular. Este inspector de policía había sido denunciado, inclusive a la justicia ordinaria, por haber torturado a prisioneros y haber mutilado los senos de varias detenidas.92 La desconfianza en la justicia burguesa hizo que el MLN decidiera ajusticiarlo, acribillándolo a balazos con una metralleta desde un vehículo que lo perseguía. Ese mismo año, los tupamaros dispararon a otro torturador que sobrevivió a pesar de que ser herido en el cuello y secuestraron a un juez y a otras personalidades.También expropiaron y realizaron sabotajes y atentados contra varias empresas y lugares turísticos, sobre todo en Punta del Este, para estropear los ingresos veraniegos de la burguesía. Estas últimas operaciones estaban inmersas en el plan denominado «verano caliente».
Este apartado, centrado en la justicia tupamara, tiene mucho que ver con el proyecto de doble poder impulsado en 1970 –tema desarrollado en el apartado «MLN-Tupamaros».
Aunque el MLN fue quien más teorizó sobre la dualidad de poder y la organización que más constituyó una alternativa de poder, lo cierto es que éste era ejercido por cada una de las clases sociales antagónicas –burguesía y proletariado– para enfrentarse entre sí.
El rechazo al régimen y el anhelo por mejorar e inclusive transformar la vida, se manifestaba en casi todos los ámbitos y rincones del país. Esa voluntad de cambio estaba presente, de forma generalizada, en la conciencia y el imaginario social.
La reacción, como ya no podía esconder la alternativa de poder del movimiento incorformista y/o revolucionario presente en todas las esferas sociales, tuvo que reprimirlo y asustar a los «jóvenes patriotas» con el «cuco del comunismo». El artículo presentado a continuación, del 3 de septiembre de 1970, es un claro ejemplo de esta táctica.

«Los sediciosos son comunistas adiestrados para destruir nuestra forma constitucional. Por eso roban, asesinan, imponen el terror. Son ladrones, asesinos, delincuentes. Son conscientes de lo que hacen. Su consigna es destruir el Uruguay como tierra libre. Por eso necesitaron meterse en secundaria, en la universidad, en primaria, en organizaciones gremiales, en la religión, en el teatro, en el mundo musical. Ellos saben que en estos lugares siempre hay muchachos soñadores, fáciles de ser engañados. Muchacho, tienes que hacerte hombre de esta tierra libre. No dejes que te roben tu forma de pensar. No dejes que maten tus sentimientos de uruguayo, llevándote a sueños de tierras extrañas.
Todo lo que ves en América ha sido programado desde Moscú, Pekín o La Habana… Defiende tu tierra frente a los uruguayos traidores […].
Arrancáles el disfraz a los que se ponen el título de universitario, o de rector, o de decano, o de miembros de “organismos internacionales” o de “empresas norteamericanas”, para tener patente de demócratas y tirarle al Uruguay una puñalada trapera.
Sacáles el disfraz a los “sacerdotes progresistas” […] disfraces que se ponen para que tú no te enteres de su complicidad con asesinos comunistas.
Sacáles el disfraz a los que pregonan ser “políticos de izquierda” dentro de los Partidos Colorado y Blanco, que ya están vendidos al comunismo para conseguir poder.
Sacále el disfraz de militar, general u oficial, que proclama que la violencia trae la violencia para engañarte y asegurar con falsedades su candidatura presidencial […].
Sacále el disfraz al “músico folclórico.”»93

III.1.5. La dialéctica de las balas y los calabozos

III.1.5.1. Secuestro del maestro de la tortura
En el mes de agosto de 1970, pleno invierno en Uruguay, ocurrieron algunos episodios de suma relevancia.94 Uno de los que tuvo más trascendencia para los posteriores acontecimientos fue el secuestro el último día de julio de Dan Mitrione, experto en «seguridad pública», realizado según algunas fuentes para exigir un trueque por los ciento cincuenta presos políticos.
Otro secuestrado en poder de la organización político-militar, en ese momento, era Aloysio Días Gomide, cónsul de Brasil. Por su parte, las fuerzas policiales tenían secuestrados (o presos, como los suelen llamar) a muchos tupamaros –inclusive miembros de la dirección–, además de a gran cantidad de luchadores sociales.
Dada la importancia y el peso político de los secuestrados por ambos bandos se inicia un proyecto de negociación, a modo de canje. Como afirma Huidobro, es «una negociación que, esta vez, el MLN le propuso al gobierno».95El comunicado nº 4 de los tupamaros exige la libertad de todos los presos y presas políticos, a cambio de los prisioneros que obran en su poder. En el Documento nº 12, publicado días más tarde y menos exigente, se lee: «la liberación de todos los detenidos por manifestaciones estudiantiles, sindicales, etc., el inmediato pasaje a juez de los demás presos políticos y la publicidad de un comunicado-programa por la libertad de los funcionarios extranjeros detenidos por nuestra organización».96
El MLN había planeado esta situación unos meses antes para pedir la liberación de los tupamaros presos a cambio de los secuestrados por la organización.97 Para ello monta la denominada «cárcel del pueblo», donde prevé retener por tiempo indeterminado a varias personalidades de máximo relieve. El canje de guerrilleros y otros presos políticos por autoridades y capitalistas secuestrados en Brasil, Bolivia y Guatemala, son antecedentes de ese mismo año que apuntaban la viabilidad de la operación.
El secuestro de Dan Mitrione fue llevado al cine por Costa Gavras, en la película Estado de sitio.98

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III.1.5.2. Dan Mitrione
«Sus ojos parecían de plástico, miraban sin vida.»99

Como siempre la definición de este tipo de personajes depende «del lado de la barricada» desde la que se realice. El diario Acción, prensa oficial, lo hizo así:
«Los cursos que daba al personal de la policía en el departamento de policía, se hacían de acuerdo con la administración. Todos trataban sobre la educación policial (comportamiento civil) y la defensa personal (actitudes para capturar delincuentes) […]. Fueron también objeto de estos cursos otras disciplinas relacionadas con el orden público. Sobre todo aquellas que apuntaban a inculcar a los niños, desde la escuela primaria, los principios del orden […]. Era, en suma, un hombre que cuidaba al detalle con el fin de que la policía fuera un cuerpo que colaborara directamente, en todo momento, con los ciudadanos.»
El espía cubano Manuel Hevia Cosculluela, en aquel entonces (1962-1971) infiltrado en la CIA, lo describía así:100
«Habíamos obtenido una casa en Malvín, la cual reunía los requisitos mínimos: sótano adaptable a modo de pequeño anfiteatro, provisto de aislantes a prueba de sonidos, garaje con puerta interior a la residencia y vecinos distantes101 […]. Lo verificaba todo personalmente (¡hasta cada parte de la instalación eléctrica!). Pero volvamos otra vez a la casa. Debía poner un tocadiscos a todo volumen en el sótano –le encantaba la música hawaiana– […]. Pronto las cosas tomaron un giro desagradable. Como sujetos de las primeras pruebas se dispuso de tres pordioseros, conocidos en el Uruguay como “bichicomes”, habitantes de los suburbios de Montevideo, así como una mujer, aparentemente de la zona fronteriza con Brasil. No hubo interrogatorio, sino una demostración de los efectos de diversos voltajes en las partes del cuerpo humano, así como el empleo de un vomitivo –no sé por qué ni para qué– y otra sustancia química. Los cuatro murieron.»102
Hevia recuerda cómo a los agentes que no aguantaban las pruebas se los apartaba; uno de ellos fue el oficial Fontana, un duro torturador.

«Pero no era para menos. Lo que ocurría en cada clase, era de por sí repulsivo. Lo que les daba un aire de irrealidad, de particular horror, era la fría y pausada eficiencia de Mitrione […]. Que toda acción estuviese encaminada al resultado final de obtener información. Le molestaba la fruición con que Buda manipulaba los genitales masculinos. El lenguaje soez de Macchi le resultaba chocante […]. “No dejarnos llevar por la ira en ningún caso. Actuar con la eficiencia y la limpieza de un cirujano, con la perfección del artista. Es ésta una guerra a muerte. Esa gente es mi enemiga. Éste es un duro trabajo, alguien tiene que hacerlo, es necesario. Ya que me tocó a mí, voy a hacerlo a la perfección. Si fuera boxeador, trataría de ser campeón del mundo, pero no lo soy. No obstante, en esta profesión, mi profesión, soy el mejor”.»103
«Las clases de Mitrione sirvieron de mucho para la lucha contra la “subversión” y la instrucción en el Uruguay de la tortura –afirma Garín–. Dan llevó lo del cuero mojado contra el cuerpo.»

Durante el cautiverio de Mitrione, miembros del MLN graban el interrogatorio al que fue sometido, en cinta magnetofónica, y la envían a Prensa Latina, que la hizo pública.104
El país entero está a la expectativa de las posibles resoluciones de las dos fuerzas en litigio.
Los primeros días de agosto se da publicidad a un comunicado del Ministerio del Interior que autoriza a abrir fuego sin previo aviso sobre cualquier persona sorprendida en actitud sospechosa, y se ofrece una gran recompensa a quien dé datos que permitan la captura de «sediciosos».105
El 4 de agosto, el MLN libera a Pereira Manelli, juez principal en la causa de los tupamaros presos, pero mantiene en cautiverio a Gomide y Mitrione, quien envía un mensaje público pidiendo al gobierno que negocie con sus secuestradores. Algunos políticos, como Rodríguez Camusso, legislador del Partido Nacional, declara que «ante la absoluta impotencia del gobierno para mantener el orden del país, lo menos que puede hacer es aceptar el canje».106 Pero jerarcas de la policía y del Ministerio del Interior rechazan cualquier intercambio: «Nos ha costado muchos muertos y sacrificios la lucha contra esta gente como para que ahora se vayan de golpe y porrazo todos los que conseguimos meter en la cárcel con esfuerzo tremendo».107
El 5 de agosto, Pacheco Areco declara que «no negociará con delincuentes» y el Ministerio del Interior emite un comunicado en el que aclara que los tupamaros no son «presos políticos» sino «presos comunes» y rechaza la propuesta de canje.108 De todas formas la polémica, que ha tomado tintes internacionales, no termina. Se piensa en un posible destierro como pena sustitutiva para los tupamaros clandestinos y una ley de amnistía para los presos.
La crisis política es de tal envergadura que se rumorea sobre una inminente dimisión del presidente Pacheco Areco.109
Wilson Ferreira, años antes de aparecer como el político progresista contra la dictadura, declara:

«No me sirve aquello que sólo conduce a fortalecer al adversario. Soy contrario al canje, cualquiera sea la forma que se le quiera dar, si en definitiva significa aceptar las condiciones impuestas por ellos».110

III.1.5.3. Caída de la calle Almería
El 7 de agosto, la organización tupamara da un ultimátum, Montevideo está rodeado y las fuerzas represivas van de casa en casa buscando pistas sediciosas. De todas formas el MLN, siguiendo con su plan, toma un nuevo prisionero, Claude Fly, técnico agrícola de Estados Unidos.
La dirigencia del MLN había quedado en reunirse en una casa de Malvín, en la calle Almería. Sin embargo, la policía se adelantó, pues había conseguido tras dos meses de investigación la información necesaria y sabía que allí se iba a dar la importante reunión. Allanaron la vivienda cuando apenas había un par de militantes, los maniataron y allí mismo, con la casa llena de policías, esperaron a que vinieran los otros dirigentes de la organización convocados para la reunión.111
La detención de la dirigencia y su líder histórico, Raúl Sendic, provoca que la balanza, el tira y afloja entre gobierno y tupamaros, se incline a favor del primero, y provoca que la Columna 15 asuma la dirección de los tupamaros. «Nunca un golpe policial contra el MLN fue dado tan oportunamente y con tanta puntería. La situación quedaba petrificada en un trágico callejón sin salida».112
El 8 de agosto, casi veinte mil policías y militares continúan la operación rastrillo por toda la ciudad. La Jefatura de Policía pide la autorización del juez para utilizar pentotal (denominado también suero de la verdad) en los interrogatorios. El magistrado no lo autoriza pero es igualmente empleado. Ante el incremento de las torturas y el previsible tormento que vivirán los recientes arrestados, el MLN emite un comunicado, el nº 7, en el que se lee que la vida de los prisioneros en su poder depende de la integridad física de los tupamaros detenidos en la comisaría central.

III.1.5.4. Matar o no matar al maestro de la tortura
«Este país es una porquería. La prueba la tenés en que nadie haya tenido suficientes cojones para matarme […]. Si muero tranquilamente de mi coágulo cerebral o de mi infarto privado, entonces querrá decir que este país está frito, que ha perdido para siempre sus reflejos.»113

Visto que el gobierno no iba a liberar a los presos y que se habían roto las negociaciones con la captura de Sendic y los otros dirigentes del MLN, a la organización parecía no quedarle otra alternativa que ejecutar a Mitrione. El dilema se abrió entonces entre los tupamaros: matar o no matar al maestro de la tortura. La elección se trasladó a algunos comandos, pero acabó concretándose en las reuniones de los máximos dirigentes. En la película Estado de sitio se observa cómo un tupamaro que viaja en autobús va recogiendo los votos de militantes que suben al mismo vehículo en diferentes paradas; el que recoge los votos apunta en una libreta, dando la idea que en ese momento había muchos otros que hacían lo mismo que él. Al parecer, la decisión fue mucho más jerárquica de lo que muestra la película.

«–¿Vos no te vas a fiar de una película?
–¿No eran así la toma de decisiones entre bases y dirección?
–No –insiste Huidobro–, eso es un invento de Costa Gavras.114 Las células se reunían, tenían un lugar a donde verse, discutir, valorar, y votar y todo lo demás.
–Si se podía decidir entre muchos se decidía y si no, supongo que no.
–Claro, en la guerra. ¡Sos loco!, ¿vos sabes lo que es una reunión de una célula, el riesgo que implica y reunirte sólo para discutir? ¡No, pará! Eso está bien ahora en la legalidad… Riesgo de vida de todos esos compañeros. No se puede. Una organización militar no toma las decisiones así. Las toma y chau, a quien le gusta que le guste y a quien no mala suerte. Después se consulta. La guerra tiene sus propias leyes y más cuando estás en una situación como esa. Vos no podés hacer grandes reuniones ni debates. Tenés que partir de la base que estás infiltrado. Cómo voy a discutir si lo vamos a matar a Mitrione o no, capaz que me está escuchando un tira. Se consultó sí, a muchísima gente, lo más que se pudo, pero lo más que se puede no es una asamblea democrática. Ni para secuestrarlo, ni para matarlo, ni para tomar las decisiones que se tomaron.»

Por su parte Garín opina que:

«La decisión de matar a Mitrione se hizo apresurada y anárquicamente. Influenció la decisión de los presos de adentro.115 Los de afuera también habrán votado, sobre todo la dirección. Había contacto. Fue una decisión apresurada, no digo que sea justa o injusta. Pero había que tener la palabra, porque si no los restantes grupos de Latinoamérica no iban a poder realizar ese tipo de acciones. Como los Tupac Amaru [con la toma de la embajada japonesa en Lima, en los años noventa].»

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Al día siguiente de la caída de la calle Almería, en el comunicado tupamaro nº 9 se anuncia la ejecución de Mitrione «en virtud de que no se concreta el canje». Ante la inminente ejecución, las fuerzas represivas queman sus últimos cartuchos: aviones cazas a reacción y helicópteros vuelan por el cielo de la nerviosa nación, se realizan mil allanamientos, y caen más miembros del MLN, entre los que hay nuevos dirigentes.
El 9 de agosto, a partir de las 12 del mediodía, cada minuto se vive dramáticamente; distintas personalidades, entre ellas el Papa Paulo VI, piden al MLN que no mate a Mitrione; cincuenta y nueve esposas de funcionarios acreditados en la sede diplomática brasileña se van a Brasil; se efectúan nuevos allanamientos y detenciones de «sediciosos», pero sigue sin aparecer el lugar más buscado: la cárcel del pueblo.
A las 13:32, tras más de hora y media del momento señalado para la ejecución de Dan Mitrione, un recién creado Movimiento de Mujeres pide una tregua momentánea al gobierno y a los secuestradores para que sometan su anunciada decisión de matar a Mitrione a un plebiscito popular, «que el pueblo decida la muerte o el canje».
Por la noche, sorpresivamente, Pacheco Areco se reúne con el Consejo de Ministros y resuelven enviar a la Asamblea General un proyecto de ley solicitando la suspensión de todas las garantías individuales, establecidos por el artículo 31, por veinte días, para buscar al agente de la CIA sin tener que respetar derechos constitucionales.
El lunes 10 de agosto, aún de madrugada, aparece el cadáver de Dan Mitrione en el interior de un coche.116 Se declara día de duelo nacional y a los dos años la Dirección Nacional de Correos emite un sello con su rostro, para desgracia de los presos torturados. Quizás el destino les reservó una casualidad de mal gusto: recibir una carta de algún ser querido con la imagen del maestro de la tortura.

III.1.5.5. Asamblea General del 10 de agosto
La muerte del agente de la CIA conmocionó a la globalidad del país. La Asamblea General del día 10 de agosto, horas después que se diera a conocer la noticia, se vivió con gran nerviosismo. En situaciones como las de ese día, se decidió la intensificación de la represión y el protagonismo de los milicos en la vida pública nacional. Acto seguido se ofrecen varias declaraciones para observar las distintas corrientes políticas y de opinión,117 así como el clima de crispación que vivía el Parlamento y en general la población uruguaya.
En esta Asamblea General del 10 de agosto de 1970 se aprobaron todo un paquete de medidas represivas con el voto de la mayoría de los parlamentarios; de todas formas, hasta la disolución del Parlamento voces disconformes votaron contra tales preceptos, explicando que las soluciones a la crisis nacional no estaban en su aplicación sino en cambio de estructuras. En esa línea se sitúa la intervención de Massera, miembro del PC.
«–No es con medidas represivas que se resolverán los problemas del pueblo, señor presidente; se resolverán sólo con un cambio radical de la orientación política con la vista puesta en soluciones de fondo a los problemas económicos y sociales, en el marco del restablecimiento pleno de las libertades públicas.»118
El paquete de medidas represivas preparado por el Ejecutivo y que buscaba su aprobación en la Asamblea General se centraba en el artículo 31 de la Constitución:
«Concédese anuencia al Poder Ejecutivo de acuerdo al artículo 31 de la Constitución de la República, para que en los casos de traición o de conspiración contra la patria, y para la aprehensión de los delincuentes pueda:
Artículo 1º. –
A) Prescindir de orden de juez competente para entrar en el hogar. (Artículo 11 de la Constitución).
B) Confinar sin proceso y sentencia legal. (Ar t. 12).
C) Detener a las personas sin que exista infraganti delito o semi plena prueba sin necesidad de orden escrita de juez competente. (Ar t. 15).
D) Prescindir del cumplimiento de los extremos establecidos en los artículos 16 y 17 de la Constitución.
E) Registrar correspondencia. (Art. 28)
F) Prohibir la salida del territorio nacional. (Art. 37)»119
A continuación se citan opiniones a favor y en contra de la aprobación de preceptos represivos, que aparecen por orden de intervención, todos ellas impregnados de una gran preocupación y casi todos rechazando el ajusticiamiento del agente de la CIA:
«Señor Planchón. –[…] Nosotros sentimos una profunda congoja ante esta muerte por métodos inhumanos y violentos, así como indignación y tristeza ante [este] hecho tan tremendo e ilógico. Pensamos que actos de esta naturaleza no pueden haber sido concebidos por nuestro culto pueblo oriental.120 […] Repito que no quiero extenderme en consideraciones; solamente digo que voy a votar el mensaje del Poder Ejecutivo tal cual viene redactado, porque considero que es lo que corresponde hacer y tengo la seguridad de estar interpretando fielmente el deseo de la ciudadanía del país […].
Señor Heber. –Ahora, señor presidente, viene recién, el Poder Ejecutivo, por las vías legales, y recién nos solicita una anuencia para, poder proceder con determinada libertad frente a estos hechos y estas luchas. La Asamblea General les responde que sí, que por el camino legal, va a tener los medios necesarios para poder combatir la verdadera subversión, no la falsa, que también combate con estas armas; pero que lo va a tener con los debidos plazos y con los debidos contralores. Porque es indudable, la Asamblea General es testigo, de que en otras oportunidades también fuimos sensibles al llamado del Poder Ejecutivo para sobrepasar momentos de tensión en el país. Le dimos armas para ello y, después, cuando las Cámaras quisieron volver la paz y la tranquilidad a la nación, el Poder Ejecutivo hizo caso omiso del mandato legal, que era la palabra de la Asamblea General.»121

A continuación Collazo explica por qué no asistió al homenaje del torturador caído.

«No asistimos hoy a la reunión de la Cámara; pero respecto de esto es bueno aclarar que no lo hicimos porque respetamos profundamente la muerte de todo semejante, aunque al mismo tiempo no nos podíamos solidarizar en homenajes que además se tributaron en esa sesión. Por esa razón, nuestra ausencia a la sesión. Fue, exclusivamente, porque respetamos, repito, la muerte de cualquier ser humano.»122
Minutos después se enzarza en una interesante y acalorada discusión política en la que se observan las dos corrientes predominantes en el Parlamento, la progresista y la reaccionaria de Silva.

«En el Uruguay, –continúa Collazo– la violencia ya ha cobrado más de veinte víctimas: unas en el campo de los jóvenes que están luchando por la patria; otra, en el de los agentes policiales, que modestamente han creído cumplir con su deber, sin darse cuenta que solamente están defendiendo a un grupo de millonarios que son los únicos que no dan la cara.
Señor Silva. –No es así.
Señor Collazo. –Todos los muertos importan.
Señor Silva. –No todos. Los delincuentes no pesan.
Señor Collazo. –Importa la muerte de Ricardo Zabalza, con las manos en alto asesinado…
Señor Silva. –Los policías asesinados, ¿no pesan?
Señor Collazo. –La de Jorge Salerno, cuyas poesías todavía recita por ahí la juventud de nuestro país, o la de Burgueño, dejado desangrar dos horas, porque se creía que era tupamaro, aunque no tenía nada que ver con el hecho.
Esta es la juventud a la que ha ido acorralando en este proceso, la que, como en tantos otros, cuando la masa todavía no se ha incorporado, paga con su vida, con su libertad y con todo lo que tiene, el derecho a creer en un país mejor.
Señor Silva. –Sus extravíos.
Señor Collazo. –No nos podemos olvidar, tampoco, señor presidente, de esa Agencia Internacional para el Desarrollo que presta fondos a la Jefatura de Policía, y que importó los perdigones que segaron la vida de Susana Pintos y de Hugo de los Santos.
Por eso, señor presidente, sólo queremos dejar estas constancias, y no hablar de las responsabilidades para no entrar en el debate político […].
Por lo tanto, no es el valor jurídico de esto lo que va a ayudar en las investigaciones. Simplemente, esta decisión de hoy es un respaldo al gobierno para dar respuesta a los problemas que él contribuyó a crear. Por lo tanto, no lo votamos, salvo que existiera algún tipo de agresión extranjera que no es el caso de que hoy se trata.
(Interrupciones)
Señor Silva. –Ya va a venir.
Señor Collazo. Cuando venga, entonces discutiremos de nuevo. Señor Silva. –Usted la está ayudando…
Señor Collazo. –Nadie más que usted ha entregado más este país al imperio norteamericano y nadie más que usted ha votado más cosas horribles en este Parlamento, para impedir que este país pudiera transitar libremente sin ninguna potencia extranjera por el costado (Interrupciones) […]. Pero estamos seguros de que nuestro pueblo habrá de encontrar el camino para que esta dependencia termine y podamos reencontrarnos con nuestro propio destino, sin interferencias de nadie.
Señor Silva. –Mandando a la cárcel a todos los vendepatrias.
Señor Collazo. –Eso es lo que haremos cuando el pueblo llegue al poder».123
A continuación Michelini habla de las manifestaciones de Pacheco –«no dialogaré con delincuentes»– y sobre las repercusiones nacionales e internacionales que significó que el secuestro de Dan Mitrione finalizara con su muerte.
«Señor Michelini. –El Poder Ejecutivo sostuvo, en uso de derecho, el no dialogar con delincuentes. Fue una expresión de autoridad […]. Sabido es que en el país son muchas las banderas políticas que resitúan votos electorales y el presidente de la República jugó la carta de la autoridad, la carta de solucionar el problema exclusivamente con sus propias fuerzas y solo, enfrentando, dentro del país, a los que pueden ser acusados falsamente de debilidad, partidarios de alguna solución, y enfrentando, además, al resto del concierto de los países latinoamericanos y no latinoamericanos que, velando por la seguridad de aquellos hombres secuestrados, reclamaban, por lo menos, algún paso que permitiese concertar alguna solución de paz […]. Sería un error detenerse aquí a juzgar la política de los tupamaros. La rechazamos. Ya lo hemos dicho repetidas veces […] sosteníamos que esos hombres que estaban al margen de la ley, enfrentando a la República, levantando supuestas banderas idealistas, perdían de vista que aplicaban un régimen mucho más riguroso e injusto que aquel contra el que se habían levantado.
Pero no es el caso de detenerse a juzgar la actitud de ellos. Lo que nos reúne hoy acá es la solicitud del Poder Ejecutivo para juzgar la situación del país y la actitud que ese Poder quiere tomar en la emergencia […]. Cuando sostuvo la imagen de autoridad, –no lo puede negar nadie–, el Poder Ejecutivo arriesgó la vida de esos hombres. Algún hombre allegado al gobierno con el que conversamos en estos días, nos dijo: no los van a matar, no se van a animar; al final van a terminar negociando, van a pedir dinero o alguna solución. Pensaron, también, que la policía iba a ser sumamente eficaz y los iba a encontrar.
Un hecho importante sucedió el viernes. Fueron detenidas principales figuras de la organización de los «tupamaros». Una de ellas, Raúl Sendic, a quién desde tiempo atrás se le mostraba como jefe prácticamente induscutido–, no había sido juzgado, todavía no había sido procesado ni pasado por el juez. Entonces, estaba pendiente todavía la vida de los dos diplomáticos –en ese momento eran tres– y el Poder Ejecutivo tenía en sus manos dos o tres hombres valiosos que pudo haber negociado. Nadie lo hubiera acusado de debilidad en esas circunstancias, nadie le hubiera reprochado el que, […] un canje, desterrando a esos hombres para conseguir la libertad de los diplomáticos. Pero siguió en su misma posición.
Señor Silva. –¿Cuáles eran los tres?
Señor Michelini. –Si alguien quiere una interrupción, que no me grite. Me la pide y se acabó. (Interrupciones. Campana de orden).
Señor Silva. –Usted no me grite…
Señor Michelini. –Como me grita a mí.
Señor Presidente. –Nadie le ha gritado, señor legislador. Yo no toleraría que le gritaran. Tranquilícense, señor legislador […].
Señor Michelini. –¿Ahora le sirve el Artículo 31 para venir a pedir permiso para allanar?
Pero, ¡sí ha sido la norma de todos estos últimos tiempos!
Señora Roballo. –Coincido en mucho con el discurso del señor legislador Michelini y admiro su gran valor. Solamente me parece que la oportunidad determina que no lo reitere en las partes más apasionadas; pero he sentido, con sus palabras, que traiciono aquellas motivaciones más ardientes de mi militancia popular y política, a lo largo de cuarenta años. Solamente los supremos intereses internacionales del país, el destino nacional de esta pequeña República, me mueven a votar con la inmensa mayoría que dará al presidente Pacheco Areco, sin duda, un inmenso respaldo.
Siento al Brasil allí y soy consciente del peligro de una historia que apenas tiene cien años.124 Por eso siento que, por encima de todo, ya no pertenezco ni al Partido Colorado ni a la izquierda, ni a la oposición colorada, sino, simplemente, al Uruguay, para el que es absolutamente necesario que salga fuera del país la imagen de un Poder Ejecutivo, sea cual fuere –es el que nos ha dado la mala suerte tenerlo– y un Parlamento, como una sola cosa nacional, acompañados, sin duda, por una ola emocional que recorre el país.
También como un acto de repudio al crimen político es que yo depongo lo que más quiero votar así en esta oportunidad. Yo, que nunca voté una medida de seguridad con carácter represivo o que significara una caída de las libertades opto con inmenso dolor, pero con la seguridad de que lo primero siempre debe ser el interés de esta pequeña República que veo en peligro, me adelanto a dar mi voto, a pesar de las objeciones. Que ello sirva además para evitar que el cónsul brasileño no pague con su vida, lo que es un conflicto interno de uruguayos. (¡Muy bien!).»125

Las reprobaciones son de la reacción, que ve como tiene otro voto para sus filas, con el que quizá no contaban. Alba Roballo, que en las elecciones de 1971 integra el FA, era una política respetada e incluso admirada por la gran mayoría de los luchadores sociales, quienes quedaron decepcionados por el apoyo a este paquete de medidas represivas,126 que implicaban «la anuencia se concede por el término de veinte días. La Asamblea General será convocada antes del vencimiento de dicho término al objeto de considerar si corresponde una extensión del plazo».
Varias fuentes afirman que días después de esta Asamblea General algunos gobernantes, que bajo ninguna circunstancia estaban dispuestos a asimilar la muerte de otro secuestrado, pidieron tener una reunión secreta con Sendic. Pensaban proponerle que a cambio de la liberación de los dos rehenes de la guerrilla, el gobierno se comprometía a hacer público un comunicado, levantar las medidas de excepción, liberar a los arrestados que no fueran procesables, y juzgar de forma inmediata a los acusados de sedición. Sin embargo, al filtrarse la existencia de la negociación por una emisora radial, se paralizaron los contactos.

III.1.5.6. Un símil en los años treinta: el ajusticiamiento del comisario Pardeiro
Este intenso debate parlamentario, producido por el homenaje a un funcionario de dudosa moral humana, no fue la primera vez que se dio en Uruguay. En 1932, en la Cámara de Representantes hubo una discusión parecida. El documental Ácratas, de Virginia Martínez, recoge gráficamente este episodio. En esa ocasión el personaje homenajeado, asesinado por tres anarquistas, era el comisario Pardeiro, otro conocido torturador. En el reportaje mencionado un panadero anarquista llamado Aparicio Espinola habla de él:

«Un personaje siniestro […]. Un verdugo de alma. Ha tenido a hombres colgados de los pies veinticuatro horas. Fui una de sus víctimas, hace pocos años […] un médico me sacó una cicatriz que conservaba de una patada que me dio en el suelo. Me rompió una costilla, estuve dos meses internado.»

El 24 de febrero de 1932, tres hombres disparan sobre el automóvil donde viajan Pardeiro y el chófer. El coche recibe diecisiete impactos de bala, el conductor dos en el pecho y el comisario una en la frente. El presidente de la nación asiste al entierro, y en la Cámara de Representantes se propone que los diputados se pongan de pie en homenaje al comisario asesinado… Fernando O’Neill, anarquista e investigador del anarquismo entrevistado en Ácratas, recuerda:

«Hubo diputados como el caso de Grauert,127 por ejemplo, que se negaron terminantemente por una razón de principios a avalar un homenaje a este funcionario asesinado […]. No podía avalar un homenaje a un torturador y también de parte de la bancada del Partido Comunista hubo expresiones similares […]. Desde mi punto de vista, y esta palabra no es espontánea, es abiertamente deliberada, lo de Pardeiro fue un ajusticiamiento anarquista […]. Era una especie de bestia negra para toda la izquierda uruguaya de la época, no sólo para los anarquistas sino también para los comunistas y los obreros en general. Era un hombre que dentro de sus funciones no tenía ningún escrúpulo en torturar a todas las personas que él sospechara que estaban en actividades más o menos ilegales […]. Era un hombre brutal en ese aspecto.»
Al parecer, el desencadenante de que los anarquistas expropiadores decidieran dar muerte al comisario fue el mal trato que éste tuvo con Roscigna, unos de los anarquistas expropiadores más queridos por los revolucionarios de la época, en el momento de su detención. En aquella ocasión Roscigna declaró frente a periodistas: «Un comisario me vejó de la manera más cruel, faltándome el respeto como padre y como hijo […]. Más vale no dar el nombre, dentro de dos años yo debo salir de la cárcel y entonces pienso pedirle explicaciones, como lo deben hacer los hombres».
O’Neill explica en el reportaje que:

«Francisco Sapia, conocido también como Bruno Antonielli y cuyo nombre de guerra era Faccia Brutta,128 de origen italiano, pero que vivía hace años en Argentina, visita a Roscigna [en la cárcel] y le pregunta si era cierta la versión según la cual Pardeiro lo había abofeteado. [Roscigna] lo confirma.»

III.2. 1971: ¿TIEMPO DE LUCHA O TIEMPO DE ELECCIONES?

«A la luz de estos hechos los sectores más lúcidos de la burguesía comprobaron que no basta ya sólo con la represión. Se propusieron entonces crear nuevas expectativas de “mejoramiento” dentro del sistema. Mientras intensificaban las operaciones policíacas, una prédica persistente trataba de volver a hacer creer a mucha gente, que ya no cree, en las excelencias de la democracia representativa. Persuadir de que con la acción directa no se va a ningún lado. Que la salida se conseguirá votando».129

El año marca el inicio del descenso del movimiento revolucionario por la división objetiva del proletariado debido al frenteamplismo, de la liquidación de la tendencia combativa, y la imposición por parte de la burguesía de un ambiente general de «tregua electoral», lo que ya fue un triunfo burgués en toda línea, con el consiguiente e inseparable aislamiento de los sectores en lucha. Un texto anónimo de balance, años más tarde, llegaba a afirmar: «aislamiento mucho más profundo aún que todo lo que la CNT había logrado en años anteriores».130

III.2.1. Creación del Frente Amplio

Fue importante la discusión sobre si participar o no en la creación de una fuerza unitaria parlamentaria de izquierda. El debate se dio en la totalidad de la izquierda y las organizaciones de los luchadores sociales y lo tuvo, individualmente e introspectivamente, cada uno ellos: ¿impulsar la creación del Frente, juntar votos y participar en las pegatinadas o criticar esta coalición pacificadora y buscar otro tipo de unidad entre los oprimidos? ¿Seguir fiel a la crítica de la democracia parlamentaria y burguesa o votar en las elecciones para dar el apoyo al Frente?
Mediante documentos y testimonios se puede tener una idea de lo que significó, teórica y emotivamente, aquel debate. El Frente empieza a formarse, «como algo que se ve que va a cuajar» señala Arocena, en la primavera de 1970, y es un fenómeno que no se da exclusivamente en Uruguay.131 En los años treinta en Bulgaria, Francia y España, y en los setenta, en países como Chile, se crearon importantes frentes populares, interclasistas y antifascistas y con ellos las críticas a integrarlos.132
Rodrigo Arocena explica cómo y por qué decide apoyar al Frente Amplio:

«En mi agrupación se da una gran discusión y ahí aparece el tema reformismo-revolución. La mayoría éramos partidarios, lo veíamos como un Frente de Liberación Nacional, como una gran confluencia de gente que sobre todo estaba vinculada al basismo […]. Tuve dudas hasta octubre de 1970, [fecha en la que] empiezan a aparecer los comités de base del FA y se funda el comité de base de Sayago. Ahí muchos nos dimos cuenta de que más allá de pequeñas cuestiones electorales había un fenómeno de abajo que era lo decisivo. Muchos llegamos al apoyo al Frente vía el basismo. Lo más importante del FA fueron los comités de base. Desde el punto de vista de partido sólido, de tradición, la Unidad Popular [chilena] había sido de más nivel, pero lo que no tuvo fue esa base participativa. Montevideo se llenó de comités de base. Y eso fue lo que provocó que los revolucionarios no se sintieran incómodos, o al menos no demasiado incómodos, metiéndose en una estructura electoral.»

María Barhoum, en cambio, recuerda su temprana negación a participar en la democracia parlamentaria:

«Hacia fines del sesenta y nueve o por ahí, nos llaman [los dirigentes de la FAU] por módulos para ver qué opinábamos sobre entrar en el FA. A mí me tocó discernir con una serie de compañeros que hoy están desaparecidos […]. De siete u ocho, dos compañeros votaron entrar. [Veíamos] que todo el mundo entraba al FA y nosotros no, pero llegamos a la conclusión que aunque íbamos a estar aislados durante unos cuantos años, debíamos seguir nuestro camino.»

En el seno del MLN también se produjo este debate, y finalmente se decidió apoyar su creación, ayudando a gestar una fuerza legal dentro de él, denominada 26 de Marzo, que fue una especie de «brazo político», pues aunque era independiente –con dirigentes como Mario Benedetti– de alguna manera acabó representando a los tupamaros y sus simpatizantes.133
«Tuvimos mucho que ver, muchísimo, en la creación del FA –afirma Mujica–. Negociábamos en la cárcel con los abogados del Frente [y afuera] con nombres históricos, intelectuales ligados al 26 de Marzo… Somos fundadores, si lo hicimos en la clandestinidad, bueno. Retiramos a compas [compañeros] del brazo armado y los pusimos a militar en el 26 Marzo, muchos de los cuales se sintieron cuasi sancionados.
Tuvimos la necesidad de combinar todos los frentes de lucha. También gente en el Parlamento sin ser compañeros de la misma organización, Erro, Michelini, Roballo…, tenían una concordancia. Teníamos relaciones con alguien que fue presidente de la cámara de representantes».
«Era una novedad absoluta, no había táctica antes para ese tipo de fenómenos –dice Huidobro para aclarar que la participación en el Frente no fue un cambio de táctica– […]. En el setenta hay un fenómeno nuevo que se estaba dando en el marco de una gran dispersión de las fuerzas populares a nivel político y ante él tomamos una medida muy clara.»

Varios testimonios dijeron que el sostén del proceso electoral del MLN se dio porque esta organiza ción representaba a muchas fuerzas, de las cuales la mayoría querían participar en el FA. En diciembre de 1970 se hace pública la declaración tupamara de apoyo crítico a este.134

«1. ¿Qué ocurrirá cuando el pueblo se proponga sustituir el poder de los opresores por el poder de los oprimidos? ¿Qué ocurrirá cuando el pueblo se proponga tomar el poder y no influir en el poder? ¿Acaso esta oligarquía, que por defender sus dividendos encarcela, tortura y mata, cederá sus tierras y sus bancos sin dar batalla? No. Los oprimidos conquistarán el poder sólo a través de la lucha armada.
2. Por lo tanto, no creemos, honestamente, que en el Uruguay, hoy, se pueda llegar a la revolución por las elecciones. No es válido trasladar las experiencias de otros países.135 En el Uruguay de hoy, la radio, la televisión y el 90 % de la prensa escrita están en poder de los capitalistas, y el 100 % está censurada. El gobierno determina lo que se puede informar y lo que no. Los oligarcas son los que detentan los ingentes medios económicos para financiar las costosas campañas electorales […]. Todo esto impide que se pueda hablar de una libre expresión de los ciudadanos de libertad de votos.
La dictadura está dispuesta a conceder elecciones para revitalizar un régimen desprestigiado, incluso aceptarán hacer un cambio de guardia entre los oligarcas de turno, pero dudamos que se avengan a entregar pasivamente el gobierno a sus prisioneros y torturados de ayer […].
4. El MLN–(T) entiende positivo que se forje una unión de fuerzas populares tan importantes, aunque lamenta que esta unión se haya dado precisamente con motivo de las elecciones y no antes.
5. Mantenemos nuestras diferencias de métodos con las organizaciones que forman el frente y con la valorización táctica del evidente objetivo inmediato del mismo: las elecciones. Sin embargo, consideramos conveniente plantear nuestro apoyo al Frente Amplio […]. Lo hacemos en el entendido de que su tarea principal debe ser la movilización de las masas trabajadoras y de que su labor dentro de las mismas no empieza ni termina con las elecciones. […] La lucha armada y clandestina de los tupamaros no se detiene.»
El 9 de noviembre de 1970, antes de que se publicara a diestra y siniestra esta declaración, la FAU, a través de una de sus cartas públicas, llamaba «a enfrentar al reformismo y a señalar las vacilaciones de quienes pactan con él, tras la ilusión de la vía muerta electoral».
En una línea parecida se enmarcaban casi todos los integrantes de Comunidad del Sur.

«Las expectativas de la clase obrera no deben estar centradas en las salidas electorales, que sólo favorecen a los ricos, sino en el desarrollo de su propia lucha, con sus métodos propios, ganando en conciencia, en combatividad, avanzando. Sólo así seremos fieles a la historia, al combate revolucionario que hoy se libra en toda América Latina y también en nuestro Uruguay.»136

Horacio Tejera, en cambio, se va de Comunidad del Sur poco antes de las elecciones de 1971, por discrepar con la crítica que allí se hacía: «me parecía que el FA era un fenómeno a tener muy en cuenta». Por su parte el sindicato de cortadores de caña declaraba:

«Si bien la preocupación inmediata del Frente Amplio es el acto electoral –que a nosotros apenas nos importa, porque sólo sirve para medir la madurez de la clase obrera y del pueblo pero no para cambiar las estructuras– UTAA se adhiere al Frente Amplio con el fin de ayudar a convertirlo en un eficaz instrumento de movilización y lucha de clases.»

El Partido Socialista, hasta entonces un poco perdido en la esfera política debido a las múltiples deserciones en su seno, encontraba en el Frente Amplio un nuevo marco para recuperar fuerzas e importancia.

«A nuestro entender, el problema político vital a tener claro, es que han surgido cauces políticos directos (Frente Amplio mediante) para procesar una experiencia política de masas. Éste es el aspecto relevante de la situación actual y él debe orientar nuestro trabajo .»137

Las fuerzas que compusieron finalmente el Frente Amplio fueron: Partido Demócrata Cristiano, Partido Comunista, Frente de Izquierda de Liberación, Partido Socialista, Partido Obrero Revolucionario, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Grupos de Acción Unificadora, Movimiento Independiente 26 de Marzo, Movimiento Independiente 7 de octubre, Movimiento Socialista, Asociación Popular Nacionalista, Movimiento Revolucionario Oriental, y agrupaciones que giraban en torno a políticos progresistas que habían abandonado los partidos tradicionales como Enrique Erro quien lideró la Unión Popular, Zelmar Michellini quien hacía lo propio con la Agrupación Avance, Rodríguez Camusso referente del Movimiento Blanco, Popular y Progresista y Alba Roballo, la figura indiscutible del Movimiento Pregón
Rodney Arismendi, dirigente máximo del PC, explicaba a sus camaradas de Moscú la identidad y los objetivos del Frente Amplio, de la siguiente manera:

«Por su declaración de principios y su programa, el Frente Amplio es un movimiento democrático avanzado y antimperialista. En la declaración se autodefine como una unión de amplias capas del pueblo contra el gran capital, el latifundio y el imperialismo. Se propone una politica exterior independiente, la nacionalización de la banca, los frigoríficos y el comercio exterior; la reforma agraria, medidas de desenvolvimiento industrial y agrario; el rescate del sector estatal infiltrado, a través de prestamos, por el imperialismo; un plan inmediato y de fondo con vistas a resolver problemas de bienestar popular, de la cultura y la salud pública. Se propone como forma de gobierno la participación popular y la representación obrera y de los trabajadores en todos los centros de la economía nacional, y encara reformas en la estructura jurídico-institucional. A diferencia de la Unidad Popular chilena no se plantea objetivos socialistas.»138

III.2.2. Acción directa o tregua electoral

Con la creación del Frente Amplio y la consolidación del proceso electoral, la burguesía tuvo una nueva oportunidad de encauzar la lucha dentro de su campo de juego, donde ella es juez y parte.
Las elecciones no se darían en el marco liberal de las anteriores, como en un principio, prometieron los políticos parlamentarios; se celebrarían con censura de prensa, ilegalización de grupos y presos políticos.
El movimiento de rechazo al régimen vio de todas maneras cómo nuevos militantes engrosaban sus filas; vivió un proceso de búsqueda de nuevas y «más altas» formas de lucha, y hasta la tregua electoral siguió creciendo el número de acciones de las organizaciones armadas. Además, en muchos barrios se crearon nuevos comités y se consolidaron los que ya existían. Ante esta dinámica revolucionaria, la reacción –de derecha, centro e izquierda– aprovechó las elecciones y encuadró la lucha en el marco de la legalidad y en un frente popular a la uruguaya.139 Éste es uno de los factores que ayudaron a transformar muchas de las expresiones de enfrentamiento directo y revolucionario contra el régimen en una oposición reformista, de pacificación y desarrollo nacional.
Una declaración del Partido Socialista apuntaba la necesidad del voto y criticaba a los abstencionistas:

«Ante el hecho concreto de las elecciones se plantean por lo menos dos posiciones: la correcta, que aspiramos encabece nuestra organización y la “izquierdista” expresada por el revolucionarismo pequeño-burgués y anarquista […]. No dudamos de las condiciones revolucionarias de muchos de estos compañeros, así como de su dedicación para con la revolución, pero tendremos que demostrarles hasta el cansancio que “se trata precisamente de no creer que lo caduco para nosotros ha caducado para la clase, para la masa”.»140

En agosto del setenta, Jorge Batlle lanza la consigna de enfrentar la «escalada sediciosa de violencia con la escalada cívica del voto» y Pacheco asegura enfáticamente que en noviembre del año siguiente habrá elecciones «pese a quién pese». En los meses sucesivos a estas manifestaciones se intensifica la actividad partidista de reelecionistas, quincistas y blancos y la ambientación periodística de la temática electoral. A mediados de septiembre el Senado aprueba por unanimidad de presentes la ley que reglamenta la obligatoriedad del voto. En diciembre, el Poder Ejecutivo levanta las proscripciones que pesaban sobre organizaciones políticas y las limitaciones al derecho de reunión de los partidos, con el fin que todas las corrientes de opinión se expresen en el marco de la ley y participen en las elecciones; y en enero de 1971, el ministro del Interior ofrece garantías para el libre desarrollo del juego político-democrático y permite volver a la legalidad a los seis partidos y grupos ilegalizados del Acuerdo Época.
En el transcurso de ese año electoral se producen allanamientos de locales, suspensiones de las garantías individuales, cientos de detenciones y muchísimos atentados de grupos de ultraderecha –muchos de ellos organizados por la misma policía– contra locales y militantes contrarios al régimen, provocando en más de una ocasión la muerte.
El movimiento revolucionario, a través de sus órganos de difusión, fue desmintiendo que existiera esa tal libertad en el país y siguió criticando las corrientes electoralistas. En mayo de 1971, en una carta FAU se podía leer:

«Toda esta prédica de la burguesía se desarrolla mientras en agosto de 1970 y en enero de 1971, se suspenden las garantías individuales. Mientras se invaden domicilios y hospitales, se tortura, se preparan al estilo nazi registros de vecindad y se construye en la Isla de Flores un campo de concentración […].
Alguno podrá pensar: “pero si hay elecciones podemos, votando bien, poner un presidente de nosotros, un presidente salido del pueblo, que esté del lado del pueblo, y todo estará arreglado”. Eso creen muchos y por eso hay tanta gente que vota. Parece fácil. Y sin embargo, hace añares que se va de una elección a otra, votando a uno y a otro, y las cosas van de mal en peor. ¿Es que siempre se “equivoca” el pueblo? Lo que pasa es algo diferente. Es que dentro del sistema actual, cualquiera que llegue al “poder”, tiene que actuar en beneficio de las clases dominantes o si no, no llega… o lo tiran abajo.»141

Como se ha observado, en los meses previos a las elecciones se produjo una fractura entre los luchadores sociales que estaban por la participación electoral y los que la rechazaban. El recuerdo de Aharonián del concierto de Alfredo Zitarrosa sirve para ilustrar ese momento:

«Zitarrosa estaba furiosamente afiliado al PC142 y estaba pidiendo votos para las elecciones en el 71 pero la gente le pedía a grito pelado Mire Amigo. Fue terrible porque la tuvo que cantar como bis. Tuvo que decir “pero miren que esto no es ahora, esto era antes y ahora hay que votar tal cosa”. Pero la cantó porque la gente gritaba y gritaba».143
Mire, amigo, no venga
con esas cosas de las cuestiones;
yo no le entiendo mucho,
disculpemé, soy medio bagual;
pero eso sí le digo
no me interesan las elecciones;
los que no tienen plata
van de alpargatas;
todo sigue igual.
Fíjese, por ejemplo,
en don Segismundo,
con diez mil cuadras:
tiene dos hijos mozos
que son doctores en la ciudad;
yo tengo cuatro crías,
y a la más grande tuve que darla;
ninguno fue a la escuela
y pa’ que hagan muela
me falta robar.
Mire, amigo, no venga
con que los gringos son gente dada;
yo lo vi a mister Coso
tomando whisky con los del club,
pero nunca lo vide
tomando mate con la peonada,
no dirá que chupaban
y que brindaban a mi salud.
Mire, amigo, disculpe,
no se moleste,
no tomo nada;
yo no sé si usted sabe
que pa’ la trilla hay que madrugar
los que nacimos peones
no conocemos las trasnochadas;
ando muy mal comido,
y si tomo vino me da por pelear.

A medida que se acerca la fecha para votar, se va intuyendo la inminente victoria, en cuanto a número, de quienes llamaron a participar en el proceso electoral. El miedo que provocaba la certitud de un brutal incremento de la represión, si se seguía la línea de la lucha armada, y las promesas electoralistas del FA –amnistía a presos políticos, profundas reformas sociales…– fueron algunas de las causas que llevaron a decenas de miles de luchadores sociales a votar y apoyar a uno u otro candidato.144 Sólo una escasa minoría del proletariado no apoyó a ningún partido parlamentario ni votó, o mejor dicho, saboteó su papeleta para no ser reprimido directamente debido a la obligatoriedad de echar la papeleta en la urna. Muy pocos grupos criticaron el proyecto frenteamplista, a pesar del descreimiento en las elecciones que había entre gran parte de los luchadores sociales tiempo atrás, y quienes lo hicieron no fueron capaces –por falta de efectivos y limitaciones propias– de ser una alternativa real a la canalización legalista y parlamentaria.145 De esta manera los sectores populares se dividieron y enchaquetaron en los distintos partidos políticos.
Los tupamaros, que se habían ido definiendo como una opción antireformista, optaron, como se ha señalado con anterioridad, por la tregua electoral, el apoyo crítico al Frente Amplio y la participación de la gestación del que sería su «brazo político». Los otros grupos de la tendencia radical y revolucionaria que no participaron en las elecciones quedaron un tanto al margen del protagonismo político, aunque no por eso dejaron de actuar.
La lucha conjunta y la unidad autónoma de los explotados se diluían. Toda ocupación, toda huelga, se la intentaba transformar en una huelga frenteamplista y en base a ello se pedía cierta moderación; había que garantizar la realización de las elecciones, que se veían peligrar por los constantes rumores del golpe militar. De esta forma se unían fuerzas para el Frente Amplio pero se aislaban para los conflictos obreros.146 Un claro ejemplo de transformación de la acción directa a la acción electoral fue lo ocurrido con los comités de barrio, que según algunos testimonios habían comenzado a surgir, entre otros factores, para oponerse a la política del aumento del coste de los servicios eléctricos y exigir la libertad de los presos políticos, y que en aquellos meses proliferaron más que nunca, pero transformados en «inofensivos» comités frenteamplistas dedicados a la campaña electoral.
Rodrigo Arocena rechaza esta teoría y matiza: «los comités de base no sólo hacían tareas electorales, sino de apoyo a los sindicatos, teatro de barrio, etc.».
A Pedro Montero se le preguntó al respecto: –¿Es verdad que hubo un cambio en los objetivos de los comités, apuntando únicamente al electoralismo?
«Eso depende de la zona. Yo vivía por el puente Santa Lucía. Allí nos quemaron autobuses, tuvimos guerra con los partidos tradicionales. Hubo batallas campales. El Frente estaba en pleno enfrentamiento.147 O sea, que no me digan que estábamos juntando firmas, cuando estábamos a bala prendida contra la policía y quemando carteles de unos y otros […]. A ver, es que la gente piensa que el militante que estaba en el frente legal se estaba rascando las bolas y eso es una equivocación, es una deformación fierrera terrible, de aparato, de estar aislado.»
Una característica constante en los debates de este período electoral, y de alguna manera desde 1968 a 1973, fue la disyuntiva elecciones-lucha armada. En muchos debates se hablaba de estas dos posibilidades como si no hubiera otras alternativas; en esta concepción tuvo mucho peso la ideología guerrillera y la frase del Che: «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución», y para él, y muchos de los que interpretaron esa frase, ser revolucionario significaba tomar las armas. Esta disyuntiva tan delimitadora recortó las posibilidades y las formas organizativas y de lucha de quienes combatían por el cambio social.
Como se observa en el apartado «Formas de lucha», hubo muchas otras maneras de participar en política y enfrentarse al régimen que no fueron el voto o la acción armada. Pero como teorización, el protagonismo lo tuvo el electoralismo frentepopulista por un lado, y el foquismo guerrillerista por el otro. Esta dualidad, en muchos casos ni siquiera antagónica, fue muy contraproducente.

III.2.3. Verano caliente y acciones clandestinas

El cambio de año, en Uruguay, llega en pleno verano. El sol se muestra majestuoso, como siempre en esa época, y la naturaleza de las playas presenta un buen aspecto. A pesar de que las condiciones climáticas para el turismo son idóneas, la temporada turística es pésima. El gobierno lo atribuye a la amenaza subversiva; otros, al descenso del poder adquisitivo de los habitantes de los países limítrofes, quienes habitualmente llenan la costa este del país.
El año empieza con el decreto por sesenta días de suspensión de garantías individuales.
El 7 de febrero, un grupo cristiano lee una proclama en la Catedral en la que se hace referencia a la situación laboral en el diario BP Color. Las fuerzas del orden rodean el recinto y detienen a algunos de los parroquianos. El 26 de marzo de 1971, hubo un masivo acto electoral: la presentación del FA frente a sus simpatizantes. En él, los distintos políticos de la coalición lanzan las reivindicaciones de la socialdemocracia: pacificación, desarrollo nacional, cambio de la situación socioeconómica desde el gobierno, unidad… El discurso tuvo un tono combativo, seguramente y como de costumbre para subirse al tren de las inquietudes y demandas de las masas más populares y combativas. Para no perder ese vagón había, por lo menos, que hablar de cambios profundos e incluso de revolución; sin embargo, la consigna más gritada desde el estrado fue «¡el pueblo unido jamás será vencido!».148 Desde ese lugar los políticos hacen un resumen de la represión del régimen y las luchas sociales y afirman que la victoria frenteamplista sería la base necesaria para una segunda independencia nacional.149
De esta primera mitad del año destacan, además, los atentados de las fuerzas del orden –oficiales o no–150 contra clubes políticos y centros estudiantiles, la clausura de liceos y los allanamientos en el Hospital de Clínicas y en los locales universitarios.
Los grupos armados contrarios al régimen también estuvieron muy activos, especialmente en secuestros. En los primeros seis meses el MLN capturó a cinco personas, y de julio a diciembre la OPR 33 a tres más. Hay que destacar que en este año, igual que en el anterior, la entrada de militantes al MLN fue notable, y que el primero de mayo volvió a ser una jornada combativa: «El signo de este 1º de mayo es el combate. La acción directa, a todos los niveles de la lucha social, tumultuosamente se abre paso».151
En el plano internacional destacó el intento de secuestro por parte del ERP del cónsul uruguayo, el fracaso del levantamiento militar contra el gobierno ecuatoriano de Velasco Ibarra y el estallido del conflicto armado en el Ulster.
En el ámbito cultural, de enero a julio, fueron famosos los discos, Hasta Siempre de Los Olimareños y Cuba va de S. Rodríguez, N. Nicola y P. Milanés y la actuación de Paco Ibañez en Montevideo.152

III.2.4. El Chueco Maciel

En Uruguay el 23 de junio empieza el invierno. Aquella noche de 1971 los termómetros de Montevideo registraron cuatro grados bajo cero. Tres días antes, en un «tiroteo»,153 la policía mataba a Nelson J. Maciel, conocido como Chueco Maciel, quien en ese momento tenía veinte años y ya había sido procesado por delitos comunes.154 Hay quien lo consideraba vinculado de alguna manera a los tupamaros, desde que coincidió con ellos en el presidio.
La trágica vida y muerte de aquel muchacho tuvo enorme eco en los grupos políticos y en su barrio, donde debido a la rabia proletaria se levantaron barricadas, concretamente en las inmediaciones del cantegril donde él vivía; para los sectores radicales, el Chueco simbolizaba al joven famélico de los barrios de chabolas rebelándose contra su condición. Un pequeño grupo de la universidad denominado Los Tigres hizo pintadas, «rayas en su homenaje», y convocaron una manifestación relámpago por su trágica muerte. Meses más tarde, un comando del Movimiento 22 de Diciembre (Tupamaro), grupo escindido del MLN, realizó una acción armada en la que difundió un panfleto:
«Mientras en este país quede un rebelde en armas continuará la lucha por justicia y libertad», que iba firmado con el nombre Grupo de acción autónoma Chueco Maciel. Por la misma época, unos cinco meses después de la muerte del Chueco, Viglietti presentaba el disco Canciones Chuecas, en el que había escrito una canción en su homenaje.
Bravio opina, sin embargo, que «El Chueco es una creación de Viglietti, era un lumpen de película, no repartía, eso es poesía. Pero fue un buen invento. De todas formas está claro que los delincuentes son un producto de la sociedad y se ven obligados a delinquir». Al encontrar alguna que otra opinión contradictoria con respecto a la forma de presentar al Chueco en la canción de Viglietti se consultó directamente al cantautor.
«No creo que abunden demasiado los ejemplos que desde una actividad que el sistema caracteriza como delictiva hayan tenido una actitud de reparto y unidad con la gente del cantegril, eso es un hecho conocido en el cantegril –señala Viglietti–. Probablemente se forme un poco el mito por la escasez. No creo que abunde gente que ataque la propiedad privada teniendo en cuenta en algún período de su vida, que atacando la propiedad privada ayuda a los que no tienen propiedad de nada.

FOTO 18

¿Por qué
tu paso dolido
del norte hacia el sur,
el pie que no supo
de risa o de luz?
Tu padre
abandona la tierra
de Tacuarembó
buscando su tierra,
una tierra suya,
y nunca la halló.
Encuentra
la triste basura
donde viven mil,
encuentra la muerte,
encuentra el silencio
de aquel cantegril.
El Chueco,
redondos los ojos
y sin pizarrón,
mirando a la madre,
mirando al hermano,
aprende el dolor.
La luna,
semana a semana,
lo ha visto vagar
armado de espuma,
buscando una orilla
como busca el mar.
El chueco
no sabe de orilla
ni sabe de mar,
él sabe de rabia,
de rabia que apunta
y no quiere matar.
Asalta el banco
y comparte
con el cantegril,
como antes el hambre,
comparte el botín.
Así les canto la historia
del Chueco Maciel,
suena la sirena,
suena la sirena,
ya vienen por él.
Los diarios publican dos balas,
son diez o son mil,
mil ojos que miran,
mil ojos que miran,
desde el cantegril.
El chueco era un uruguayo
de Tacuarembó,
de paso dolido,
de paso dolido,
de paso dolido.
Los chuecos se junten bien juntos,
bien juntos los pies,
y luego caminen
buscando la patria,
la patria de todos,
la patria Maciel,
esta patria chueca
que no han de torcer
con duras cadenas
los pies todos juntos
hemos de vencer.

Canté en el cantegril tras su muerte, conocí a su mamá Santa Maciel, que murió hace unos años, he ido reiteradamente a cantar al cantegril del Chueco y he encontrado comprensión por el personaje.
Creo que es un tema conflictivo, creo que la canción, como el Chueco, no se puede volver de mármol […]. Esa dialéctica de atacar al sistema y tener una conciencia de clase con el resto del cantegril, él lo captó. Su toma de conciencia básica la tuvo en prisión. Eso está documentado, cuando estuvo preso dialogó con presos políticos y eso también ayudó en su proceso. Eso no quiere decir que sea una especie de pureza química o un símbolo intocable.»
En julio, las noticias más tristes para los luchadores sociales son el asesinato de Heber Nieto, estudiante de UTU de dieciséis años y militante de la ROE, en la represión policial al peaje solidario con los obreros de CICSSA (Compañia Internacional de Cartones Sociedad Anónima); la aparición del cadáver mutilado de Manuel Ramos Fillippini, secuestrado por el escuadrón de la muerte, y el fallecimiento de Julio Spósito, producto de los tiros de bala de la policía para dispersar otro peaje, en el primer día de septiembre.

III.2.5. Fuga de 38 presas y 111 presos políticos y llamado a las fuerzas armadas

Uno de los principales objetivos del MLN en su accionar, durante el período 1968-1973, fue la liberación de sus integrantes encarcelados. Ante el frustrado intento de canje de tupamaros presos por autoridades secuestradas, Dan Mitrione entre otros, la organización elaboró, como principal plan, dos fugas que permitiesen salir de la cárcel e incorporarse a la lucha en la calle a un buen número de tupamaros y tupamaras.
Tanto para la evasión del penal de hombres como para el de mujeres se contemplaron varias posibilidades y en ambos casos se acordó que lo mejor era que fueran fugas subterráneas.
La mayoría de las prisioneras acusadas de pertenencia a asociación ilícita y de conspirar contra la Constitución estaban encerradas en el Cabildo de la calle Miguelete y Acevedo Díaz. Tras hacer un estudio del tamaño y la dirección de las cloacas de la zona se aprobó la idoneidad de su uso. A unas diez calles de la cárcel, casualmente, la organización poseía una casa vacía con un cartel en venta, que justificaba la entrada y salida de «posibles compradores» y de material de construcción. También tenía un patio que posibilitaba la entrada de un pequeño camión con los excavadores del túnel dentro y en el que se pretendía salieran las presas.155
El 25 de julio de 1971, una vez finalizado el túnel que comunicaba la red cloacal con el suelo de la cárcel, se ofreció la opción de evadirse o cumplir la pena a todas las presas que hasta entonces y en su práctica totalidad desconocían el plan. A pesar del temor al fracaso, la mayoría de ellas, unas cuarenta, decidieron evadirse.156 Tras vivir días de gran tensión, de alegría simulada, de sincronización de relojes y de pruebas con golpes a uno y otro lado del suelo, llegó el momento esperado.

A las nueve y cuarto de la noche del día 30 de julio, con ayuda de un gato hidráulico dos tupamaros perforaban el final del túnel. Al otro lado, las dos presas con más experiencia militar y las encargadas de cerrar la inminente columna de prófugas notaban como se quebraba el mosaico del suelo y, tras sentir un intenso olor a humedad, veían aparecer a Juan Fachinelli y otro de sus compañeros totalmente grises por el polvo y con una luz de minería en la frente. Nadie pronunció palabra. Ellas tomaron los dos revólveres que les dieron sus compañeros y regresaron con las demás internas. Esperaron hasta la última visita de las funcionarias, en la que daban medicamentos. Pasadas las once de la noche se reunieron treinta y ocho presas, todas tupamaras menos algunas que pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales, a la Organización Popular Revolucionaria 33 y al 22 de Diciembre-Tupamaro. Colocaron muñecos en sus camas y se escurrieron por el túnel. El orden de salida se hizo siguiendo factores humanos, como penas más largas, de salud y políticos, importancia en la organización. Las que sufrían asma, claustrofobia o de la columna, iban entre quienes pudieran ayudarlas en caso de surgir problemas.
Al final del estrecho túnel, Gabriel Schroeder Orozco las ayudó a salir y encabezó uno de los tres grupos que se formaron. Las mujeres se desplazaban con las manos libres y con un gorro o un pañuelo en la cabeza, pantalones, un cinturón del que colgaba un pañuelo blanco en la parte trasera para que sirviera de guía, zapatos con cordones para no perderlos y caramelos para comer en caso de mareos o sensación de vómito.
Para que las cloacas no se convirtieran en una ratonera en caso de ser descubiertos, los tupamaros habían bloqueado todas las entradas de la zona. Con alambre de acero ataron las tapas más cercanas para que no pudieran abrirse desde la calle, y en las más lejanas colocaron latas que simulaban ser explosivos. También habían abandonado prendas de ropa en direcciones opuestas a la salida.
Las fugadas, arrastrándose por las galerías subterráneas y esquivando las ratas, llegaron hasta el final del túnel. Allí las esperaban Aurelio Fernández Peña, responsable del grupo de acción que cubría la casa, y dos miembros de la dirección. Tras abrazarlas les enseñaron la fila de mocasines con números del 35 al 39, los cortavientos o chubasqueros, las pelucas, la ropa, las armas y los sobres con instrucciones y dinero. Inmediatamente se amontonaron ocultas en la caja del camión y salieron de la casa seguidas de un coche escolta.
Tras la espectacular fuga de prisioneras, el «cambiazo» de Bidegain por Bidegain157 y el descubrimiento de planos detallados de Punta Carretas, aumentó la vigilancia tanto dentro de la cárcel como en sus inmediaciones, y los reclusos fueron sancionados severamente. La situación en el penal se volvió muy tensa, pero a pesar de ello los presos seguían con la intención de escaparse. Garín recuerda las tareas previas a la evasión que debían llevar a cabo los militantes del grupo no encarcelados: «Había que dar locales, buscar donde esconder a ciento veinte personas. Yo sabía que se iban a fugar, pero del cómo y todo eso no sabía nada».
El proyecto de una evasión masiva al principio era sabido, únicamente, por un pequeño número de tupamaros presos en Punta Carretas. Su planificación, como casi todas las operaciones del MLN, se realizó en el más estricto secreto. Todos los que ignoraban el plan criticaron muchísimo algunas de las actitudes de aquél núcleo de tupamaros (los organizadores de la fuga), porque no entendían su postura en las polémicas que había con los funcionarios de la cárcel, suscitadas por el reclamo de mejoras carcelarias, y porque aceptaban sanciones sin protestar y no se solidarizaban con los reclusos que estaban en huelga de hambre o castigados sin recreo.
Si en las cárceles la situación entre luchadores sociales y agentes del orden era muy tensa, no lo era menos fuera de ellas. En varias ocasiones la policía reprimió las movilizaciones callejeras con armas de fuego; en una manifestación de textiles, a fines de invierno, dos obreros fueron heridos de bala y varios más contusionados y fracturados.
El 5 de septiembre, como cuenta Huidobro,158 «en la calle principal de un barrio montevideano ubicado en la otra punta del mapa; un joven arroja una botella que estalla en iluminadoras llamaradas». Eran los incidentes en la Teja para atraer la atención de los agentes del orden y poder llevar a cabo la fuga con más tranquilidad, menos presencia policial. «Ardía La Teja. La radio policial […] transmitía apremiantes órdenes, urgentes pedidos, alarmantes noticias desde aquel barrio».
Pocas horas después, ya el 6 de septiembre de madrugada, en el penal de Punta Carretas 111 presos –106 integrantes del MLN, tres de la OPR 33, otro de las FARO y un preso «común»– se introducían, en fila india, por un túnel que habían cavado desde dentro, acumulando la tierra en camas y colchones.

«La peor sensación: la de quedar por cualquier motivo atrapados allí. La gruta oprimía. La caravana se detenía cuando alguien quedaba “trancado” en el tramo más difícil: el pozo de salida […]. De pronto, iluminado para todos, aquel insólito cartel anunciador: “Aquí se cruzan dos generaciones, dos ideologías y un mismo destino: la liber tad”.
Enseguida la intersección con el túnel de los anarcos. Mis ojos nunca olvidarán las huellas de sus herramientas, bien visibles, nítidas, cruzándose con las nuestras en la cumbre de la bóveda.159 […]
Un abogado de presos políticos salía de la panadería con los bizcochitos calientes para tomar mate cuando creyó ver, en la ventanilla de un coche […], a uno de sus defendidos que hasta ayer estaba preso y hoy debía seguir estándolo.
–¡Adiós! –le dijo con la mano el defendido.
–¡Adiós! –contestó automáticamente el doctor con la boca abierta, moviendo la suya, cortito, para los costados.»160
Los más de cien prisioneros tardaron unos veinte minutos en salir. Tras la fuga, el panorama inmediato era el siguiente: en la avenida C. M. Ramírez, del barrio de La Teja, varios ómnibus incendiados, y en algunas celdas de Punta Carretas, carteles en los que se podía leer «se alquila» y «por la tierra y con Sendic». Este último hacía referencia a la consigna de los cañeros y al hecho de que los presos se habían fugado por debajo de la tierra y junto a Raúl Sendic.
¡Fue demasiado! Se escaparon tantos presos que a la fuga se le denominó El Abuso.
Al día siguiente, todos los diarios se hacían eco de la noticia; el conservador El País titulaba: «Fugaron 106 sediciosos» y El Matrero (fugitivo), periódico de la órbita tupamara, en su primer número: «Elecciones sin presos políticos».

FOTOS 19 Y 20

El 9 de septiembre de 1971, tres días después de la gran evasión, los carceleros quedaron sometidos a la disciplina y jurisdicción militar y Pacheco, en representación del gobierno, encargó a las FFAA la lucha antisubversiva; a partir de entonces actuaron conjuntamente con la policía, y extraoficialmente con los escuadrones de la muerte, formando las célebres fuerzas conjuntas (FFCC) y dando más argumentos a la forma común de denominar a policías y militares: milicos.
«Esta es la fecha –según Fernando Garín– en que comienza el gobierno de los militares en el Uruguay. Todo lo otro: Pacheco que no es reelecto, Bordaberry…, es la anécdota. Lo real es que los militares tomaron el mando de la lucha».
El Abuso es todo un tema a analizar y del cual hay teorías para todos los gustos. Han sido muchas las explicaciones que aseguran que ese operativo no hubiera sido posible sin la ayuda de elementos externos al MLN. Las versiones son de lo más dispares. Una de ellas afirma que Gran Bretaña ayudó a escaparse a los tupamaros para que éstos no ejecutaran al embajador británico Geoffrey Jackson, secuestrado por la guerrilla para pedir la liberación de los presos. Geoffrey Jackson en su libro Secuestrado por el pueblo insinúa que hubo un pacto para su liberación y el propio Juan María Bordaberry, quien asume la presidencia siete meses después de la fuga, contestaba en una entrevista:

«Salvador Allende […] era notoriamente masón. El gobierno inglés o la masonería inglesa, opino yo, se movió a través de Allende para, de alguna manera, lograr la liberación de este hombre, de Jackson […]. El jefe de la cárcel era un coronel que debió haber sido dado de baja luego de que se le fugaron más de cien tupamaros. Pero no sólo no tuvo esa sanción, sino que más tarde fue nombrado segundo jefe de la Región Militar IV. Es una cosa extraña. Eso fue una transacción entre la liberación de Jackson y la liberación de los tupamaros. Dónde se gestó esa negociación, quiénes participaron en ella, yo no lo puedo saber. Pero el hecho me parece que es revelador de que hubo un cambio de uno por otros.»161

Oscar Lebel, militar retirado, también tiene una original visión que explicó para esta investigación:

«Hubo un acuerdo y una sospecha de que aquel escape masivo de los tupamaros estaba en conocimiento de Pacheco. Algo que ni Pacheco ni tampoco los tupamaros dijeron. Pero siempre quedó una enorme duda, porque que se escapen ciento y tantos individuos, que se perforen tres o cuatro pisos, que se haga un túnel que hizo morir de envidia a los de la carbonería El Buen Trato, que se lleven los escombros en camiones y que nadie sepa absolutamente nada, es más que extraño. Los tupamaros le servían a Pacheco y Pacheco les servía a los tupamaros, hay un efecto de vaivén. Un gobierno que de cinco años gobernó cuatro años y medio con medidas prontas de seguridad, tenían como pretexto a los tupamaros. Uno realimentaba al otro. El resto de la gente, igual que los socialdemócratas alemanes en los años veinte, mirábamos cómo se corrompía la situación más y más. Esa pérdida de libertades era una luz que servía a las dos puntas.»

La mayoría de las fuentes consultadas rechazan la teoría de una colaboración externa; sin embargo, varias apuntan a que existió una ayuda o «vista gorda» de diferentes funcionarios de la prisión, ya fuera por haber recibido una importante suma de dinero, o por mero temor a la guerrilla. Alfonso Lessa, en las páginas 205 y 206 de su libro Estado de guerra, entrevista a Huidobro sobre esta cuestión.
«¿Los guardias de Punta Carretas estaban atemorizados? Claro, hay que ubicarse en el contexto, la guerra que había afuera, el Frente Amplio, las elecciones. Como decía mucho milico de Inteligencia: “Yo qué sé si éste no va a ser ministro dentro de poco”. La correlación de fuerzas cambia todo y la historia la escriben los vencedores. Cuando vos sos fuerte, ¿sabés como te respetan?»

Blixen por su parte asegura que «no sabían un carajo» y que «los milicos de adentro fueron sobornados» para que no hicieran requisas, lo que hubiera provocado el descubrimiento de la tierra. Pero aclara que «ellos pensaban que se les sobornaba por otra cosa» y explica lo siguiente: Las celdas a pesar de ser para tres personas eran pequeñas, tenían un water, una mesa, un lavatorio, una ventana y una puerta con un visillo por donde miraban los guardias. Para el plan de fuga los tupamaros empezaron a copiar algunas costumbres de los presos «comunes». Adornaron el espacio, confeccionaron muebles y, en varias celdas, fabricaron un reservado con cortinas como el que los otros presos utilizaban para sus momentos de intimidad (sexo en solitario, en pareja o en grupo). Blixen explica que los milicos interpretaron que los presos políticos «habían entrado en lo mismo» y que los sobornaban para que les dejaran tener los reservados y para que no entraran. Como tampoco entraba nadie a limpiar, los tupamaros pudieron hacer cálculos teóricos para la elaboración del túnel, tirar parte de la tierra por el water, esconder herramientas y retirar algunos de los ladrillos que separan las celdas, estirando de un hilo de alambre por uno y otro lado de la pared.
Para saber realmente cómo se llevó a cabo esta evasión es fundamental conocer la opinión del coronel Pascual Cirillo, director de Institutos Penales en 1971, quién manifiesta (en una entrevista realizada por César Di Candia y publicada en la sección de El País «Qué pasa / historias coleccionables» n° 104 y n° 105) que varios responsables de la cárcel estaban totalmente compinchados con la fuga de los tupamaros, a cambio de importantes sumas de dinero o por tenerlos atemorizados. Según él, éstos no sólo tenían todas las copias de las llaves de las celdas sino que habían sobornado o amenazado al jefe de guardia (Leoncino, a quien misteriosamente alguien mata al poco de la fuga) y al director del penal para que no revisaran las celdas, que indudablemente estaban llenas de tierra, pero firmaran haberlo hecho. Incluso afirma que cuando telefónicamente alguien lo despertó para avisarle de que decenas de presos se escapaban de Punta Carretas, él llamó al recinto pero por dos veces le aseguraron que todo estaba tranquilo.
Sobre los incidentes en La Teja, denominados El Tejazo o El Tero,162 también hay varias valoraciones. Lo más importante de este episodio es que se ven reflejadas las características principales de aquella época y las formas de lucha utilizadas: combinación del accionar armado y lucha callejera, la relación entre una organización formal y una tendencia radical formada por proletarios independientes u organizados en distintos grupos o gremios, la combinación de la clandestinidad con la semiclandestinidad y la lucha pública, el compañerismo y las fricciones causadas por la mezcla de todo lo anteriormente mencionado.
De una de estas problemáticas, el cómo se planteaban las acciones, hablaron dos de los entrevistados. A uno de ellos, como integrante de la tendencia combativa, le llegó la invitación de provocar incidentes en aquél barrio obrero, el 5 de septiembre por la noche.
–¿Para qué? –preguntó él.
–No te lo puedo decir –le dijo el que le proponía la acción–. Es para algo importante.
–Mirá, importante o no, yo no participo en algo que después puede servir para cualquier macana de no sé quién –se separó del joven y pensó: «Esto de la clandestinidad y de la transmisión de información es un problema que tenemos que solucionar».163
Muchos otros sí aceptaron ir hasta La Teja. El enfrentamiento con la policía en aquel barrio, si bien estuvo convocado y coordinado por algunos miembros del MLN, se autonomizó de esa organización. Eso mismo pasó en aquellos años en muchísimos otros episodios.164
Para explicar la envergadura del Tejazo se presenta el relato de Huidobro:
«Por favor manden refuerzos, cambio. Se escuchaba en las ondas policiales. Por el momento no hay, cambio. ¡Nos hemos quedado de a pie! Tenemos todos los vehículos pinchados, cambio. Comprendido, cambio.
Pronto intervenía, como un tercero en discordia, otra voz, evidentemente suprema, que ordenaba a “todo el mundo”: movilizar a la reser va, cambio.
En base a la disciplina, compañeras y compañeros de los frentes del MLN iniciaron allá por las 20:30 de la noche anterior una verdadera ocupación de la Teja que desbordó ampliamente nuestros planes y los de ellos. Pronto, muy pronto, escapó por completo al control de los compañeros y comenzó a desenvolverse por sí sola. Como el aprendiz de brujo habíamos desatado fuerzas incontrolables e inesperadas. Tal era la rabia concentrada contra el gobierno en los barrios pobres.»165

III.2.6. La crispación preelectoral

A pesar de la moderación sindical ante las elecciones y la tregua electoral anunciada por el MLN, los últimos meses de 1971 fueron de una gran crispación. Había peleas entre pegatineros de distintos partidos políticos, tensión en el Parlamento, resistencia proletaria generalizada –aunque en menor medida que años anteriores– y varios rumores sobre militares, uruguayos y extranjeros, que avisaban de que éstos no aceptarían el resultado de las urnas si era favorable a la izquierda e intervendrían de una u otra manera. Además, los grupos que estaban claramente en contra de las elecciones –FER, ROE, MIR-Agrupaciones Rojas, 22 de Diciembre (Tupamaro), etcétera– decidieron incrementar la acción directa, como rechazo a las mismas. Por esta razón el grupo armado de la FAU, la OPR 33, realizó varios secuestros.
Con respecto a la intervención militar extranjera, distintas fuentes afirmaban, tiempo antes de las elecciones, que algunos militares de la armada habrían invitado a estar en aguas uruguayas a un buque de guerra, durante un período de unos seis meses, y que si ganaba la izquierda se daría el «Operativo treinta horas» que consistía en un plan del ejército brasileño para la invasión de Uruguay.
Los rumores sobre la intervención militar no eran infundados si tenemos en cuenta la profunda derechización de las FFAA desde 1970, en las que los colorados riveristas, como fue el caso de Cristi, pasan a ser golpistas. Pero es importante afirmar que éstos, al igual que en 1936 en España, también sirvieron para impedir la acción revolucionaria.
En el correr de 1971, ante la eventualidad de que se intentara desconocer el resultado de las elecciones –en las que se veía posible el triunfo del Frente Amplio–, tupamaros, militares legalistas y PC mantuvieron contactos para coordinar un plan antigolpista. Mientras el MLN debía impedir el acceso de fuerzas del interior a la capital, los militares constitucionalistas del grupo 1815 organizados alrededor de Líber Seregni, y el PC, se encargarían de copar Montevideo.166
Sobre este proyecto, que entre otras denominaciones recibió la de «plan copamiento», Huidobro contestó a las siguientes preguntas:
–¿Existía ese plan?
–Sí, era un plan que había.
–¿Y el PC iba a participar?
–Sí
–¿Cómo? ¿Tenía aparato armado?
–Tenía aparato armado, cómo no –apunta Huidobro.
–¿Pero para qué?
–El PC tenía un aparato armado para tomar el poder y hacer la revolución socialista.
–¿Y si se llegaba a dar el plan Copamiento y vencían, cómo iban a hacer para gobernar, para repartirse el poder con el PC, los militares legalistas, etc.?
Huidobro, tras reírse, contesta:
–No, en ese caso, ante un golpe, era para restituir el gobierno legal, el FA, y nada más: defensa de la democracia liberal burguesa, nada más.167

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III.2.7.
Victoria del conservador Partido Colorado

«El pueblo oriental ha sufrido una dura derrota, no por el resultado –que no mide nuestras verdaderas posibilidades de victoria en esta lucha– sino porque ha fortalecido sin proponérselo al régimen y sus instituciones, al legitimar esta mentira.»168

En el último acto electoral del FA hubo muchísima gente, tanta que los allí presentes pensaron que podían ganar. Las ansias de victoria y cambio hicieron que los más optimistas no tuvieran en cuenta que muchos de los que estaban en aquel acto y que habían apoyado la campaña de Frente eran menores de edad, y por lo tanto sin derecho a voto.169 Otro fenómeno que confundió fue que la mayoría de sus votantes eran militantes, no como muchos de los que dieron su voto a los partidos tradicionales. Tampoco se tuvo en cuenta el poco peso que iba a tener esta coalición política en el interior del país, ni que hubo bastante gente que había participado de sus actos propagandísticos y que terminó no votándola, por temor a un enfrentamiento mayor en caso de producirse la victoria de la izquierda. Por éstos y otros motivos nacionales –la modificación de la política de congelación salarial y cierta recuperación en el nivel de ingresos de la población–, muchos dirigentes frenteamplistas, al radicalizar su discurso para atraer a los luchadores sociales reacios a la democracia burguesa y los partidos parlamentarios, se distanciaron de un gran sector de la población antipachequista, pero moderada. El que los medios de comunicación oficiales hicieran una campaña contra el FA y «el comunismo»170 provocó que las elecciones –esa vez con voto obligatorio e irregularidades171– volvieran a dar como ganador al Partido Colorado (Bordaberry). El Frente Amplio alcanzó el 18 % de los votos, convirtiéndose en la tercera fuerza parlamentaria.172 La abstención consciente y política fue muy minoritaria.173
En diciembre se produce una gran subida de precios postelectoral, el agua sube un 50 %, la carne un 30 % y el transporte un 20 %. Otros acontecimientos relevantes de finales de año fueron la captura de varios dirigentes tupamaros fugados en El Abuso, las espectaculares acciones de la OPR 33 y el conflicto en el fútbol profesional. En el plano internacional y cultural destaca la designación de Pablo Neruda para el premio Nobel de literatura.
Huidobro, con respecto a la fase que se extiende desde las elecciones hasta el denominado golpe de estado, apunta:

«Podría decirse que posteriormente a las elecciones del año 71, el movimiento popular y las organizaciones políticas pasaron a la defensiva. La ofensiva pasa a estar del lado de ellos. Hasta ese momento hubo acciones de resistencia, mezcladas con una actitud de crecimiento, Frente Amplio. Pero a partir del resultado electoral parecería que pasamos todos a la defensiva. Casi todas las movilizaciones a lo largo del 72 y 73 fueron de defensa, de resistencia al avance de ellos.»

Este proceso de retroceso se plasma programáticamente en que la mayoría de las consignas que se gritan y publican a partir de entonces son contra el fascismo, la rosca oligárquica, los militares golpistas, la dictadura… Desciende el número de volantes y de discursos que proclaman el proyecto revolucionario, el fin de la sociedad dividida en clases y la injusticia social.174
El Frente Amplio no sólo hegemonizó la teoría de la gran mayoría de los luchadores sociales del año 1971, sino que la siguió hegemonizando hasta 1973, y lo sigue haciendo hoy en día.

III.3. 1972: «GUERRA INTERNA»

«Será un año decisivo, o salvamos al país o nos hundimos con el país.»175

Los tupamaros, luego de las elecciones, y con el objetivo de asumir el inevitable enfrentamiento armado –para el que, según ellos, estarían preparados a fines de año– ponen fin a la tregua. Toman varios centros importantes de la ciudad de Paysandú –donde roban armas, explosivos y radiotrasmisores–, y explican el motivo de esta decisión en una proclama.176
Si bien el fin de la tregua tenía total consenso entre los tupamaros, no había acuerdo sobre cómo seguir la lucha; una corriente afirmaba que había que incrementar la guerra contra el régimen, y otra, más precavida, apostaba por una lucha masiva, aunque fuera menos radical y más a largo plazo. Unos y otros discutieron bastante en ese momento y lo siguieron haciendo en los sucesivos balances y autocríticas de la organización. En el capítulo sobre los tupamaros –concretamente en los apartados «El aparatismo y el militarismo» y «Ofensiva y derrota»— también se aborda este tema.
A continuación se presentan algunas de las opiniones de los protagonistas para seguir y entender los acontecimientos del año 1972 y 1973.
«Se cambia la táctica después del Abuso, a la salida de la cárcel –afirma Pedro Montero–, pasándose la dirección vieja a las bases,177 se quedan dirigiendo el sector más militarista. Aún con el funcionamiento democrático que conservábamos, en las votaciones o toma de decisiones gana la corriente militarista por la sencilla razón de que había más columnas del aparato militar que de servicios y otros. Se empieza a sobrevalorar las armas, los que tienen fierros, los que actuaron en operativos militares. Hay como un desprecio por lo civil, como lo tendrán las FFAA. Se descalifica a todo aquel que no agarra un fierro. Se radicalizan las acciones de una manera absurda. Creen tener más fuerza de la que tienen y preparan el Hipopótamo, la toma de poder, la insurrección».
«Ese crecimiento alertaba sobre la cuestión del “aparatismo”, “el problema mayor que detectó el Bebe”, y que fue uno de los motivos de sus duras discusiones con el Nepo. “El Tatú, el Collar, el Hipopótamo, eran planes estratégicos. Pero afuera se los toma como tácticos, y se los tergiversa. Ahí aparecen las deformaciones de los que piensan en la respuesta inmediata.»178
Es necesario matizar la extendida teoría que afirma que unos dirigentes fueron más militaristas y aparatistas que otros, que los «jóvenes» fueron los que precipitaron la guerra y los «viejos» los que veían la toma de poder a largo plazo; no fue así, o en todo caso, no actuaron de esa manera. Hay que recordar que Sendic redactó la proclama de Paysandú, que estaba de acuerdo en responder a los escuadrones de la muerte, y que la dirección, a partir del 16 de marzo de 1972 –en el momento de la mayor ofensiva militar–, la componían Eleuterio Fernández Huidobro, Candán Grajales, y Henry Engler, es decir, varios de los «viejos». Es verdad que éstos dijeron que eran acciones que ya estaban acordadas y no tuvieron posibilidad de anularlas, pero sea como sea, como dirigentes del MLN, también fueron responsables.
«Dice Fernández Huidobro: “El 14 de abril ya estaba resuelto desde antes. No decimos nada, no nos oponemos a las acciones ya previstas. Entre nosotros coincidíamos en que la orga estaba en manos de gente muy frívola, con accionismo sin sentido”.»179
Garín recuerda que cuando Sendic frenó una iniciativa de violencia revolucionaria, le dijeron que era «un revolucionario pensionado, a la retirada», pero que en el tema de ir a por el todo, en 1972, estaba de acuerdo.

«Le dije que lanzar la guerra era una locura y él me contestó “yo me remito a los informes”. Era un tipo muy simple y carismático, pero muy “vamo’ arriba”. De teoría cuatro cosas, un librito y ya está […]. “Tenemos diez mil granadas” decía el Ñato, y con sus informes lanza la guerra. El plan de la guerra se lanza por los informes. Yo, sí sabía lo que teníamos, tanto nosotros como los milicos y por eso le decía a Rosencof: “Llegué hasta aquí, si se lanza, yo me voy con los montos [montoneros] o con quien sea, lanzar la guerra es una locura.»

Por su parte Blixen, en una entrevista para esta investigación, señala que «la guerra la lanza Sendic, pero además muy por la de él. Porque hasta el momento de la derrota el MLN era un doble poder, entonces, ¡qué ibas a lanzar la guerra si vos hacías una acción y los políticos te decían de negociar. Había otras líneas, la del Ñato (la insurrección apoyada por el aparato militar), la guerra prolongada, abrir otro frente en el interior…».
Henry Engler, uno de los dirigentes acusado de militarista, en una carta al autor explica cómo fue cambiando la dirección tupamara y cómo vivió los acontecimientos tras la fuga del Abuso.
«En la dirección después del Abuso, estábamos Wasen, Rosencof, Marrero y yo. El Tino [Pires Budes] tenía un rol de enlace con el interior y también participaba en las reuniones de la dirección.
Las acciones más pesadas, como aquellas contra el escuadrón, vienen con la nueva dirección, integrada por el Ñato [Huidobro], Candán y yo. Rosencof no estaba ya en la dirección del MLN, ni estuvo en la sucesivas, información que ha circulado en varios libros y no es correcta. El 14 de abril, matan a Candán y capturan herido al Ñato. Mando buscar a Sendic, porque me quedo solo en ese momento. Con Raúl, cooptamos por Marenales, de modo que en la dirección estábamos: Sendic, Marenales y yo. Luego cae Marenales y se integra Mujica. Luego cae Mujica y se integra el flaco. Después caigo yo y un mes después Sendic. De modo que estas son las direcciones del MLN. Anteriormente estábamos Rosencof, Wasen y yo. Y antes, Wasen, Rosencof y Fructuoso. Y antes, la debacle de Almería.
Hay montones de cosas que creo que se han distorsionado y me gustaría tener tiempo de poder leer y comentar.
De a ratos me asombra ver cómo se interpretan hechos desvinculándolos de la realidad de entonces. Los tupamaros no se hicieron conocidos en base a algún diario muy bien escrito, o a documentos brillantes políticamente, sino en base a un accionar consecuente, osado y cargado de contenido político, de mensaje. A veces tengo la sensación de que algunos intentan pintar las cosas como si en realidad lo que deberíamos haber hecho era jugar a las muñecas. Bueno, lo que hicimos fue hacer la guerra al régimen. Creo que hay que tratar de ver realmente dónde están las causas de los desastres sin caer en explicaciones de “militarismos” y otras yerbas que son salidas fáciles a una dinámica muy compleja con puntos de vista y concepciones diferentes. La antítesis viejos-no viejos es otra de las explicaciones fáciles. Con esto no niego el fenómeno del “accionismo”, que se dio en determinados momento de la vida del MLN y no sólo en los finales del 72. Esto es todo un tema. No he escuchado a nadie decir que la operación Pando fue una muestra de “voluntarismo militarista”, por ejemplo. O la toma de las armas de la marina. O las acciones de expropiación. ¿Cuáles fueron las acciones “militaristas”? Somos Wasen y yo los responsables del militarismo? En fin…»
Yessie siempre fue crítica con «la acción por la acción» y el uso indiscriminado del explosivo, que para muchos se dio en el plan Cacao; eso no significa que no justifique que en determinado momento los tupamaros pasaran a la ofensiva. En el párrafo siguiente aborda las causas del poco apoyo de la población al cambio táctico y divide la trayectoria de su organización en dos etapas, la primera de propaganda armada y la segunda de guerra popular:
«Mientras el MLN actuó con acciones de propaganda armada, simplemente, mientras evitó al máximo el uso de la violencia, de la violencia revolucionaria, había un gran apoyo de la población. En determinado momento nos dimos cuenta de que había que saltar a otra etapa, que la propaganda armada estaba muy bien, que las acciones tipo financiera Monty habían caído muy bien, servían para difundir la realidad del país, pero que estábamos asistiendo a un fenómeno que nosotros no queríamos. Y era que estaba operando un foco armado en la ciudad y el campo y la gente balconeaba, o sea, miraba el fenómeno con mucha simpatía pero desde sus balcones. Y nosotros lo que queríamos era que la gente interviniera en la guerra, que la guerra fuera popular.180 Y ahí empezaron las acciones donde hubo que usar violencia revolucionaria. Y pienso que mucha de la gente que antes miraba con simpatía el MLN ahí se asustó, y también hubo gente que se corrió y no le gustó. Y eso es bastante explicable. Es muy diferente asistir a una guerrilla que sea tipo Robin Hood (que le robe a los ricos para darle a los pobres pero que en definitiva no transforme realmente la realidad) a asistir a un movimiento revolucionario que pretende transformar la realidad, no solamente para robarle a los ricos para darle a los pobres, sino que no existan los pobres. Y eso hay un sólo camino de lograrlo y es mediante la violencia popular».
Pedro Montero insiste en la crítica a lo que muchos denominan militarismo, que se vio, por ejemplo:
«En el desarme del ala sindical del 26 de Marzo. Eso es un error de la dirección del MLN. Sacan a la gente de su lugar natural de militancia y la mandan a la mismísima mierda para meterlos en el aparato militar o en los servicios. Hay una desviación militarista grave. Y eso se da en el 71, y después se da en el 72. E incluso le plantean a compañeros, como a mí, formar gente para un alzamiento armado. Hacen una cuestión de aparato-aparato.»
Rodrigo Arocena explica que en este año la tendencia y otros sectores combativos tuvieron poco margen de actuación: «El radicalismo hasta el 71 tuvo dos almas, una basista y la otra guerrillera. Pero en el 72, cuando se empiezan a tirar los tiros, las bases desaparecen o están presas o se van para la casa».
Los tupamaros, así como otros luchadores sociales, no sólo pensaban que gran parte de los militantes de organizaciones no armadas iba a empuñar las armas contra el régimen, sino que creían que en un momento de lucha crucial, de vida o muerte, no cabrían los neutrales y que la mayoría de la población ayudaría al MLN, u otras organizaciones que estaban por la toma del poder, y participaría en una insurrección. Estas esperanzas fueron producto de una mala valoración del momento, se confundió la simpatía hacia los tupamaros, o el no denunciarlos cuando se los veía reunirse, con apoyo. A esta misma conclusión llega Pedro Montero cuando habla de las dificultades de sus tareas de apoyo al aparato armado:
«No te creas que es tan fácil. Movida de fierros por las noches, cargar armas en un coche, descargar… era un despelote. No pasó nada porque no pasó nada, pero pudieron pasar muchas más cosas. Recuerdo que hacíamos barbaridades. ¿La población en general?, y, supongo que tenía que estar enterada. Pero la gente no denunciaba al MLN. Y eso se entendió como que era un apoyo, y no lo era. Era respeto a una actividad que entendían que era legítima, pero que no se iban a subir a ese carro […].
Recuerdo las discusiones en las que yo preguntaba: ¿quién va a gobernar aquí?
En 71, 72 estaba seguro que iba a caer en cana. Me vinieron a buscar una semana antes, fui un imbécil por no haberme ido del país. Estaba seguro, porque era una locura. Los planteamientos que te llegaban eran imbéciles, estaban fuera de lugar. A esa gente no le podías hablar de otra cosa que no fuera la guerra. Que se veía que se perdía.
Establecieron una relación lineal entre los militantes que tenían, capaces de hacer cualquier cosa, a las posibilidades de obtener, con los recursos que teníamos, tanta cantidad de cosas. “Armamos a esta gente y armamos el despelote total, el levantamiento popular”, eso es lo que dijeron. Y que ese foco iba a motivar a la gente más de barrio.»
Cuando se analiza el tema de doble poder, en «MLN-Tupamaros», se ven las condiciones que produjeron las expectativas insurreccionales y el crecimiento del número de proletarios en armas. Las FFAA, en más de una ocasión, reconocieron el enorme poderío del MLN y otros grupos clandestinos:
«En 1972 […] la sedición ya constituía un doble poder, con un aparato militar de varios miles de combatientes, una organización clandestina de más de diez mil militantes y una dirección estratégtico-política que había causado admiración por la audacia y precisión de sus actividades terroristas.»181

Aunque la cifra pueda ser exagerada para contar a los miembros del MLN, no lo es para valorar la cantidad de luchadores sociales comprometidos de una u otra manera con el accionar armado. Muchos combatientes, al igual que las FFAA, inclusive de las bases del MLN, no sabían a ciencia cierta cuántos compañeros, orgánicos o potenciales, tenían: “¿quinientos, cinco mil o cincuenta mil?”, y esta ignorancia, debida a la compartimentación y la clandestinidad, ayudó a crear falsas expectativas, forjadas a lo largo de los años por la efectividad del accionar tupamaro y por el incremento imparable de sus filas.
Según varias fuentes, la ofensiva tupamara no se dio sólo por una cuestión de expectativas o una planificación político-militar que veía conveniente pasar a otra etapa. La propia dinámica de una organización –por aquel entonces con un grado de saturación muy grande– hizo necesario, a fin de evitar la inminente represión selectiva de luchadores armados, que «el pueblo se implicara», y así multiplicar cada baja o detención con nuevos combatientes.
En 1972, no sólo las organizaciones proletarias llamaban a la población a implicarse en la lucha;182 la burguesía y sus fuerzas armadas también le hacían constantes llamamientos para que tomara partido y ayudara, con la delación, a vencer a los «sediciosos». También invitan, pero con disimulo, a una mayor implicación de los escuadrones y grupos de derecha.

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Por esta época el MLN lleva a cabo el plan Tatú, que consistía en construir pozos en las zonas rurales para los posibles repliegues de la guerra. Estas especies de trincheras subterraneas servían de abrigo, de refugio o de lugar donde curarse.
Otra de las características de este período es que desde los primeros meses se exige un aumento de salarios: el alza del 20 %, decretado por Bordaberry el 29 de marzo es absolutamente insuficiente, y el 13 de abril tiene lugar un inmenso paro general en el que se pide el 40 % del aumento salarial y el fin de la represión.183
También destaca la lucha por la quita de los dos kilos de carne que asignaban a los obreros frigoríficos y las numerosas movilizaciones estudiantiles.
Los libros de historia oficial, con los que «desaprendían» los liceales en la dictadura, se lamentan de las movilizaciones obreras por la mejora de las condiciones de vida:
«Durante el primer año de su gobierno, debió soportar más de veinticinco paros organizados por la CNT quien, de esta manera, alentaba el proceso sedicioso, debilitando así en todos sus órdenes para luego de la destrucción, surgir como los salvadores de la nación ante la “incapacidad” de los gobiernos democráticamente elegidos por la ciudadanía […]. Los paros y huelgas […] no eran otra cosa que métodos de agitación y de subversión del orden social, económico, político y jurídico del país que tendían a la destrucción y sustitución por un nuevo orden de cosas […] la implantación del marxismo-leninismo, la lucha armada proclamada en las reuniones que tuvieron lugar en Cuba en 1967.»184
Pero lo que no especifican los libros de historia oficial es que la creciente deterioración de los servicios públicos fue en privilegio de los aparatos represivos del estado, por lo tanto, además de miseria, el proletariado pronto sufriría una dura represión.

III.3.1 Extensión de la represión y escuadrones de la muerte

Durante los primeros meses de 1972 siguen aplicándose constantemente las medidas prontas de seguridad y la tortura, en algún caso provocando la muerte. Los simulacros de fusilamientos funcionan para quebrar a detenidos, que se asustan en un período donde hay varios muertos en los cuarteles. En casos aislados, la represión empieza a extenderse a gente de centro, demócrata y hasta del Partido Nacional.185 La coacción laboral es importante, pero el trabajo a desgana, el ausentismo y el sabotaje a la empresa, también.
Se incrementan enormemente los ataques de la ultraderecha y de los grupos paramilitares (JUP, Comando Caza Tupamaros, DAM)186 cobrándose nuevas víctimas y siendo baleados numerosos locales. Dos años antes, Collazo, desde el Parlamento, ya advertía:
«En el día sábado y ayer, muchas llamadas telefónicas a mí y a mis familiares, me hicieron saber que también yo podía caer entre las víctimas de esta violencia que se viene escalonando sucesivamente en el Uruguay; pero como consideramos que nuestro deber es no abdicar de ninguna de nuestras convicciones […] daremos nuestra vida con gusto a los escuadrones de la muerte que, dicen, se están formando en el Uruguay.»187
En la enseñanza, los ataques fascistas eran constantes, pero la resistencia y la lucha en contra también era fuerte. En mayo empiezan a actuar las «brigadas de padres» para evitar incidentes en las inmediaciones del liceo Bauzá. En la publicación Unidad Universitaria, con un editorial que se titulaba «disolver las bandas fascistas», se decía:

«La Santa Hermandad de aparatos políticos e ideológicos del fascismo en el Uruguay, con la utilización de las bandas parapoliciales, JUP, CREI, MNG, MRN, quiso profundizar la agresión. Pensaron que las tropelias cometidas en secundaria, podrían encontrar campo fértil en la universidad.»

En los primeros meses del año hubo un promedio de un atentado cada dos días contra gente vinculada a la lucha contra el régimen: familiares de detenidos, abogados, militantes de izquierda, profesores e inclusive parlamentarios de izquierda –como ya había advertido Collazo– eran blancos de los ataques de la ultraderecha.188 Los atacantes empleaban bombas incendiarias y de plástico, baleamientos con ráfagas de metralla y hasta bazucas, en operativos dirigidos a menudo por jefes de la policía o del ejército vestidos de paisano (de civil), pero con coches y armas de sus cuarteles.
Los tupamaros empiezan a descubrir la estructura organizativa de los escuadrones de la muerte y su vinculación con las FFCC. En abril denuncian públicamente todo el entramado que hay entre estos grupos paramilitares y parte de los mandatarios y el Ministerio de Interior, secuestrando e interrogando a varios de sus miembros y enviando a los legisladores un casete con las declaraciones del policía Nelson Bardesio en las que afirmaba ser autor de atentados, descubría quién formaba dichas estructuras, y cómo éstas ejecutaron a Ramos Fillipini y Castagnetto.
Por su parte, el 4 de abril y ante lo que pudiera pasar en un futuro inmediato, las FFAA trasladan la urna que contiene los restos del general Artigas desde el Panteón Nacional a la sala de honor del Regimiento de Caballería nº 1.189
El 12 de ese mismo mes, quince tupamaros se fugan por un túnel excavado desde el alcantarillado hasta la enfermería de Punta Carretas. A ese operativo se le denominó El Gallo, y se había acordado que, una vez producido, se empezaría la represalia selectiva a los integrantes de las estructuras paramilitares.
El 14 de abril, comandos armados del MLN, tras eliminar a tres miembros de los escuadrones de la muerte,190 emiten un comunicado titulado «Aviso a la población» que decía «el Escuadrón de la muerte no se mueve en las sombras ni mucho menos, se mueve desde el ministerio del Interior, desde el Comando de las fuerzas conjuntas, desde el gobierno».
Sobre los hechos del 14 de abril, Ricardo señala:
«Los tupas matan a cuatro tipos claves de los escuadrones de la muerte. La prensa presenta el acto como de costumbre, la población duda de la prensa pero también de la eficacia del asesinato. Es necesario aclarar que con ese operativo no «se cagó todo» ni estaba todo perdido ni se tiraron a la gente encima como se dijo. Si bien no hubo el apoyo del pasado, tampoco fue una acción rechazada (como sí pasó con la campaña militar sobre los cuatro soldados, que dejó despegada a la vanguardia y solidificado al ejército). Todos los militantes pedíamos esa acción y, en general, fue acogida con simpatía aunque manifestarlo públicamente era mucho más complicado. Nosotros dimos cursos explicando esas ejecuciones de asesinos como lo que eran, al mismo tiempo que invitábamos a luchar, por todos los medios, contra el partido del orden. Todavía sacábamos miles de estudiantes, funcionarios y profesores a la calle con ese planteo. Luego del 18 de mayo fue más difícil.
Sobre ésta y otras acciones similares, Yessie declara: «cuando las acciones no fueron tan limpias y hubo muertos y bajas, algunos nos apoyaron mucho más y otros dejaron de hacerlo».191
El siguiente relato, sobre el apoyo a esas acciones, menciona la sorpresa por la respuesta de las FFAA, diferente en este caso a los episodios anteriores de justicia revolucionaria, en los que también se ejecutó a torturadores y sin embargo no hubo tal respuesta militar.
«En los asesinatos del escuadrón de la muerte en 1971-1972, el objetivo parecía apuntar a difundir el terror en los aparatos de masas del MLN, en la periferia de la guerrilla, cosa de desestimular su crecimiento, de reducir el colchón de simpatía. Las víctimas tienen todas ese carácter, son periféricos, simpatizantes. Había, por tanto, “un reclamo generalizado, fundamentalmente en las columnas de masas” del MLN para algún tipo de represalia contra el escuadrón. “Era un reclamo que venía de los sindicatos, de los barrios, de los estudiantes”, y que convergía en los actos del Frente Amplio, cuyos grupos políticos y comités de base eran objetivo permanente de los atentados fascistas. En términos generales existía la percepción de que una represalia tendría las mismas características de otras anteriores (Morán Charquero, los funcionarios de la Metropolitana responsables de los asesinatos de prisioneros en la retirada de Pando, la ejecución de un carcelero de Punta Carretas, entre otras). Más aún, algunos de los jerarcas policiales individualizados como miembros del Escuadrón (Delega, Macchi, Campos Hermida) fueron antes objetivos del MLN, ya sea para represalias o para secuestros que resultaron fallidos […]. Se calculaba que habría que resistir alguna forma de reacción dura, pero existía la convicción de que el gobierno finalmente “asimilaría” el golpe como lo había hecho anteriormente con Mitrione o con la fuga de 111 presos. En cambio, para los aparatos de masas la represalia podía significar la eliminación del accionar paramilitar; si la respuesta era lo suficientemente contundente, los impulsos terroristas quedarían definitivamente neutralizados, y esa era una aspiración muy sentida y reclamada […]. De modo que las acciones de represalia contra el escuadrón de la muerte fueron concebidas como hechos puntuales, desligados de esa ofensiva que se proponía para meses después. Nadie tuvo la percepción de que la represión estaba organizando, ella sí, un salto cualitativo, donde el factor sorpresa sería demoledor.»192

III.3.2. Declaración de «guerra interna» e imposición de la jurisdicción castrense
«Si quieres la paz, prepárate para la guerra […la] dialéctica de las palabras, debe ceder su lugar a la dialéctica de las pistolas».193

En el libro de las FFAA sobre la subversión, se observa cómo desde el 9 de septiembre de 1971 empieza la lucha sin cuartel contra la sedición, primero con una táctica defensiva y tras la victoria electoral de los conservadores, más bien ofensiva.
Una de los datos que llevan a asegurar que las fuerzas represivas preparaban el enfrentamiento militar mucho antes de la actuación de los tupamaros del 14 de abril es el incremento de las operaciones represivas extraoficiales y el hecho de que el gobierno encargara tiempo atrás la construcción de cárceles para «los prisioneros de guerra».194

«Se esperaba que con los escuadrones de la muerte que estaban formados se iba a lograr que las organizaciones de izquierda reaccionaran contra eso como un hecho importante –explica Collazo–, con lo cual entonces iban a tener las puertas abiertas para cambiar la legislación, decretar el estado de guerra interno primero, 15 de abril del 72, y luego la Ley de Seguridad en julio. A mí ya me llevaron detenido el 17 de febrero, no bien se me terminó el mandato como diputado, habiendo perdido la banca por cuatrocientos votos.»

Es importante recordar que la Asamblea General aprobó, con 118 votos a favor y 97 en contra –todos los partidos políticos menos el Frente Amplio– el estado de guerra interna que propició la en trada definitiva de las fuerzas armadas en la escena política.195 A partir de entonces, entre otras «ventajas», los militares que habían dado palizas o matado a escondidas y vestidos de civil pudieron hacerlo a plena luz del día y con el uniforme puesto. Algunos de los políticos que aprobaron ese estado de excepción, después fueron detenidos y reprimidos por los propios soldados. Pero parecía que, de cualquier manera, temían más al proletariado en armas que al ejército.196

FOTOS 24 Y 25

Tras la aprobación de la declaración del estado de guerra interna se producen atentados y allanamientos contra centros de reunión de luchadores sociales.197 Al día siguiente, una vez que el Parlamento –electo por la ciudadanía– había votado la medida requerida por el presidente –elegido también democráticamente–, las fuerzas conjuntas matan a sangre fría, ya que no había existido ninguna respuesta violenta a su provocación, a ocho militantes del PC que estaban en la seccional 20 de ese partido. Los nombres que se unieron a los asesinados por el régimen demócrata-dictatorial fueron: Raúl Gancio, Elman Fernández, Ruben López, José Ramón Abreu, Ricardo González, Julio Sena Castro, Héctor Cervelli y Luis Mendiola.198
A continuación se presenta unas declaraciones de miembros del partido del orden establecido, uno de ellos de la coalición política blanca y el otro del ejército, las dos muy diferentes pero complementarias. Fue esta ideología, en su conjunto, la que intensificó la represión y dio protagonismo a las fuerzas armadas:
«Votamos cosas tremendas –declara en la Asamblea General el senador y líder del Partido Blanco, Wilson Ferreira Aldunate– suspensión de las garantías individuales y el estado de guerra interno […]. Estas medidas rigen porque nosotros lo determinamos, porque el Partido Nacional quedó con el terrible dilema de ser el árbitro. Votamos para quienes están destruyendo la esencia misma de la nacionalidad […]. Votamos estas facultades extraordinarias y cuarenta y ocho después nos encontramos con este lamentable episodio de hoy en el cual, en un club político –y es doblemente trágico porque es un club político–, donde había veintiuna personas, siete [días después se confirmaba el fallecimiento de otra] terminaron muertas, doce heridas y sólo dos resultaron ilesas […]. Quiera Dios que venga el señor ministro de Defensa Nacional a decirnos –además de lo que hoy nos expresó– que están presos y sometidos a la justicia los criminales cuyos nombres todos conocemos».199
«Recuerdo que un capitán del ejército –explicaba Juan Pablo Terra–, en el período en que estaban haciendo las grandes torturas, en que estaban destruyendo el aparato tupamaro, allá por el mes de mayo o junio, vino a verme para darme una versión sobre los ocho comunistas fusilados en el Paso Molino. Más allá de ese episodio, la conversación derivó hacia otros temas y en ese momento él me dijo: “Mire, nosotros vamos a terminar de limpiar este país de la subversión y de la guerrilla, luego vamos a limpiarlo de la corrupción política y de la corrupción económica”. Yo le comenté alguna cosa porque me llamó la atención semejante propósito y me dijo: “Si los generales nos acompañan, lo haremos con los generales y si no nos acompañan, sacaremos a los generales y lo haremos igual”.»200
Para preparar «la guerra final», las fuerzas conjuntas usan una estrategia, típica de partido del orden establecido, que consiste en organizar el enfrentamiento militar de clases, afirmando que luchan por la paz. Cuando empieza la refriega sostienen que fue «la sedición» quien declaró la guerra y que ellos tienen que combatir para restablecer el orden para el desarrollo de la nación. En este combate final, el fiel apoyo de los escuadrones de la muerte es más abierto pero a la vez menos necesario pues, como se señaló anteriormente, lo que los militares empezaron a hacer antes –asesinatos, torturas…– lo hacen a partir de entonces con total impunidad y de forma masiva.
El plan bélico de las FFCC fue eficaz. Rodean Montevideo201 y empiezan a hacer una gran cantidad de allanamientos y detenciones a partir de información que obtienen de las tremendas torturas que infligen a los detenidos. En ocasiones, el daño físico y moral no se soporta y se dan numerosas delaciones. Las traiciones, en cambio, son muy pocas pero desgraciadamente demasiado productivas.202
Durante las primeras semanas de la guerra, los dirigentes del FA piden «el final de la espiral de sangre» y «paz para los cambios y cambios para la paz»; ante este llamamiento, los sectores más radicales responden:

«Nada de pacificación ni de repliegue para el movimiento obrero revolucionario. Mucho de lucha. Esto es lo que hace falta y lo que hay que comenzar a hacer ya. En esto debemos comprometer nuestro esfuerzo todos los que estamos realmente, en las palabras y en los hechos, contra el fascismo y el capital.»203

A pesar de las proclamas de intensificar la pelea, hay una sensación de que se está perdiendo una importante batalla de la lucha popular. No la definitiva, y ni mucho menos la guerra de clases. La mayoría de los luchadores tenía la certeza de que ante los acontecimientos que vivía, la confrontación social no podía hacer otra cosa que acentuarse y que, en la medida que la represión se incrementara, lo haría la indignación y la militancia. Pero muchos de ellos creyeron, sin embargo, que era un período propicio para el repliegue. Recuerdo el testimonio de una mujer, entonces muy joven, que le pidió consejo a un militante implicado en estructuras guerrilleras:
–Es hora de jugarse el todo por el todo ¿no?, ¿te parece entonces que me meta en la orga?
–La cosa está mal, ¡eh!, va para atrás…, esperá y vamos a ver lo que pasa en los próximos meses
–aconsejó él.
El 18 de mayo, día de las FFAA, los tupamaros realizan una de las acciones más cuestionadas. Como venganza a la terrible ofensiva de los militares, que habían matado a sangre fría a varios de sus compañeros, deciden ejecutar al jefe del ejército, el general Gravina. Pero al acercarse a su casa son vistos por la guardia, se produce un tiroteo con unos militares que custodiaban el domicilio del jefe desde un jeep, y resultan muertos cuatro soldados rasos. El ejército, con la ayuda de la prensa, presenta el hecho como un asesinato brutal e inhumano. Al día siguiente aparece una foto en los periódicos: los cuatro fallecidos aún sentados y con el termo y el mate en mano.204 De este modo justificarán la represión que preparaban hacía mucho tiempo. Nuevamente con la consigna de defenderse y restablecer la paz, el estado pasa a una gran ofensiva.205
Antes de describir esta brutal fase del accionar de las FFCC, se narra un aspecto de la controversia que produjo la acción de los tupamaros en la que murieron los soldados. Horacio Tejera recuerda que poco después de aquel operativo, su compañera Teresa y su hijo fueron al parque de todos los días. En las hamacas, había otro nene y una muchacha –probablemente la mucama (sirvienta) de alguna casa de la zona–, que lloraba.
–¿Por qué llora? –preguntó Teresa.
–Porque mataron a mi hermano –la muchacha explicó que era soldado y que estaba en el jeep.
–¿Sabes lo que pasa? –Reaccionó Teresa–. Torturan a la otra gente.
–No, pero si mi hermano entró la semana pasada –matizó la joven.
«Se llegó a decir que eran torturadores. Lo que pasa es que cuando uno empieza a explicar las cosas de manera que uno no quede en cuestión, siempre encontrás versiones. La del peón no sé cuál fue» se pregunta ahora Tejera, en referencia a la ejecución del trabajador rural, Pascasio Báez, por parte de los tupamaros, quienes hoy coinciden en asegurar que fue un grave error.206
El 10 de julio, tras la muerte de los cuatro soldados y la no atención de la demanda de inspección en la Comisión del Senado constituido en junio de 1972 para la investigación del escuadrón de la muerte, se promulga la Ley de Seguridad del Estado, que impone la jurisdicción militar para los civiles, sustituyendo al estado de guerra interna.
La omisión de las denuncias con detallados informes de políticos de izquierda y luchadores sociales por parte del Parlamento contrasta con la receptibilidad de las demandas efectuadas por los defensores del sistema. Una y otra vez, el Parlamento democrático uruguayo demostró estar al lado de la burguesía y contra el proletariado.
A continuación se cita la justificación de las fuerzas armadas, cuatro años más tarde, de la adopción de esta medida y, por extensión, del golpe militar:
«Hasta la aprobación del Estado de guerra interno, el inadecuado sistema jurídico legal y otras sensibles deficiencias de diverso tipo que el Parlamento nunca quiso corregir, hicieron posible que la sedición fuese en aumento, acumulando un poderío creciente que en definitiva le permitió convertirse en árbitro de la vida nacional, ejerciendo una capacidad de iniciativa que desbordó al poder público.
La inmediata aplicación del nuevo régimen, determinado por la criminal insania sediciosa, sustrajo los procedimientos antisubversivos del anacrónico sistema hasta entonces en vigencia y completamente inapropiado para las circunstancias a enfrentar. Las actuaciones de las FFCC, los allanamientos y los procedimientos pasaron así a regirse por la ley militar, según es rigor en estos casos».207
Otoño e invierno de 1972 son la crónica de la derrota, las detenciones208 y las bajas de luchadores sociales, unas veces muertos en combate y otras asesinados en las torturas.209 Más de treinta combatientes fallecidos que siempre seguirán entre los que luchan:

«Dicen que no están muertos
(escúchalos, escucha)
mientras se alza la voz
que los recuerda y canta.
Escucha, escucha,
otra voz canta.
Dicen que ahora viven
en tu mirada.
(Sosténlos con tus ojos,
con tus palabras;
sosténlos con tu vida,
que no se pierdan,
que no se caigan).»210

La mayoría de los militantes asesinados formaban parte de los aparatos armados –del MLN principalmente pero también del FARO y OPR 33– o eran colaboradores de ellos. Aunque, por supuesto, la represión fue extensiva y reprimió a muchísimos luchadores sociales que nunca habían visto de cerca una pistola ni habían colaborado en nada con el accionar armado.
«Empezó la avalancha represiva atacando, con bastante éxito, a las organizaciones armadas –publicaba por aquel entonces Politica Obrera–. Pero con el pretexto de la “sedición” y los tupamaros, aprovechando “la bolada”, extienden la represión a todos los centros de resistencia obrera y popular. Lo que buscan no es aplastar tal o cual forma de resistencia en especial, sino todas las formas de resistencia verdadera al capitalismo, a este orden de cosas. Éste es el fascismo criollo.»
«Otra vez los cortejos fúnebres, transidos y tensos. Vivimos para enterrar a nuestros muertos y en el desolador acecho de los que puedan caer –escribía Carlos Quijano sobre el otoño e invierno de aquel fatídico año–. Montevideo es ahora la ciudad de la angustia incierta.»211
Mucho se ha hablado del enfrentamiento armado entre las organizaciones proletarias y las fuerzas conjuntas.212 A continuación se presentan un par de opiniones que reflexionan sobre este momento de la lucha de clases.
La primera realiza un interesante análisis de la situación.
«Planteada la ofensiva violenta de la oligarquía, existían varias opciones:
La primera: entrar en el juego de los sectores fascistas, ir a la guerra sin masas, siendo la vanguardia la que sola iniciara formas de lucha armada, esto necesariamente lleva a desembocar en el terrorismo, y ésta es una vía muerta.
Pues es preciso ubicar el cuadro político y el estado de ánimo de las masas, según la metodología leninista, como el momento en el cual el Frente Amplio lanza la consigna de pacificación; en aquel entonces los sucesos del 14 de abril habían permitido un cuadro de contraofensiva de la oligarquía, con un movimiento popular que no tenía las fuerzas suficientes como para desarrollar formas de lucha superiores, por eso la oligarquía buscaba la guerra, porque la coyuntura le era favorable. Sin lugar a dudas el iniciar el camino de la lucha armada sin el aval de las masas degeneraría en el “golpe por golpe”, en la guatemalización del país […].
La segunda: cruzarse de brazos u optar por la política de las pequeñas concesiones como ciertos políticos de la burguesía, esto sería nefasto, la bestia fascista no se para dándole de comer… aquí hay que ubicar la actitud de algunos que votaron la Ley de Seguridad del Estado.
La tercera: ¿Defender el poder civil frente a la amenaza cierta, siempre latente del golpe de estado? No, esto sería ir a la cola de los burgueses, defender lo menos malo, rebajar la perspectiva del pueblo.
Frente a estas opciones, una muy clara, la acción independiente de las grandes masas. Seguir procesando su unidad, organización y lucha; pero esto que es verdad, puede transformarse en un recurso oratorio en la medida que no sea acompañado por las salidas a esa situación de violencia y sangre, entonces ni el temor, ni el aventurerismo, la opción clara: la que permite seguir acumulando fuerzas.»213
Lo más destacable del desarrollo de la siguiente opinión es la parte final, donde habla de una cantidad de pequeños núcleos revolucionarios también reprimidos que no estaban organizados orgánicamente en el MLN ni en ninguna organización conocida, fenómeno a tener en cuenta, analizado en el apartado «Los sinpartido».
«El origen proletario de dicha organización [MLN] no lo ponemos en cuestión, sin embargo la línea que predomina, en especial a partir del 70, es profundamente reformista, es decir burguesa. Incluso desde ese punto de vista, de lucha entre diferentes proyectos capitalistas, los tupamaros en 1972 cometieron errores políticos y militares fundamentales que condujeron a la liquidación de ese aparato y paralelamente a facilitar la operación de centralización del estado en base a las fuerzas armadas, la unificación de ellas, y la represión abierta de todas las fuerzas del proletariado […]. En ese año y principios del 73, las fuerzas armadas logran liquidar todo grupo de acción directa del proletariado con organización semi-militar (o militar). Al respecto cabe señalar que la burguesía ha intentado confundir explícitamente, todo grupo de acción directa con los tupamaros, lo que conviene directamente a sus intereses. En realidad no sólo había un conjunto de grupos más o menos estructurados, más o menos preparados militarmente, ligados a otras organizaciones y oposiciones políticas (OPR 33; FRT; FARO) sino que existían en fábricas y barrios centenas de estructuras clandestinas de acción directa del proletariado, que a pesar de las tentativas de encuadramiento realizado por los tupamaros en dirección a su periferia (CAT; FAF) representaban una dinámica totalmente diferente a la vida de esa organización y en muchos casos rechazaban abiertamente como nacionalista y burguesa los planteos de la misma.»214

En la segunda mitad de 1972 muchos luchadores sociales fueron sometidos a la desaparición temporal, al itinerario por distintos cuarteles, a la tortura sistemática y a brutales interrogatorios. A través de la entrevista al anarquista desaparecido y dirigente de la OPR 33, Alberto Mechoso, se puede apreciar el duro proceso represivo que padecieron.
«P.–¿A dónde le llevaron una vez detenido?
R. –Al cuartel de los regimientos 2 y 3 de infantería, en el kilómetro 14 del camino Maldonado, en Montevideo.
P. –¿Fuiste torturado desde el principio?
R. –Sí. Encapuchado y atado me pusieron de plantón, como hacen con todos los presos políticos, con las piernas abiertas en el patio. Después me hicieron subir por una escalera de caracol y al llegar al piso de arriba me cambiaron la capucha por unos lentes de goma cerrados, como los que utilizan los soldadores. Sentí que me levantaban en el aire y que me arrojaban de cabeza en un tacho lleno de agua. Éste es el “submarino”, que se aplica, casi sin excepción a los detenidos a quienes se acusa de pertenecer a las organizaciones revolucionarias. Me metieron unas treinta veces en el “submarino”, en esa oportunidad, mientras me daban patadas, puñetazos en el estómago y golpes de karate por todas partes. Me tiraron al suelo y me arrancaron las ropas. De repente el cuerpo se me arqueó haciendo convulsiones. Me estaban pasando un cable de electricidad directamente en los párpados, las encías, adentro de los oídos, en la cabeza y en distintas partes del cuerpo.
P. –¿Es también la electricidad habitual?
R. –Sí. De la picana no se salva nadie o prácticamente nadie […].
R. –Me llevaron al «burrito» o «caballete». Es un caballete de hierro con el travesaño filoso, montado en bloques para impedir que las piernas de uno lleguen al suelo. Me levantaron y me hacían caer violentamente, con las piernas abiertas, sobre el travesaño filoso. Cuando caía sobre el hierro filoso, le daban corriente eléctrica con el cable.
P. –¿Cuánto tiempo se prolongó?
R. –La primera sesión de torturas, unas tres horas. Luego todo esto se repitió, con variaciones en tiempo, dos veces por día, a la mañana y a la noche, durante once días seguidos. Cuando me bajaban me dejaban en un pasillo entre los calabozos, donde me seguían pegando los oficiales y los soldados. Me pateaban o me agarraban de la nuca y me golpeaban la cabeza contra la pared. Me tenían de plantón, atado y con los ojos vendados. Una vez escuché risas y gritos. Era un grupo de oficiales que estaban borrachos y se pusieron a jugar al fútbol conmigo. Aquel día la borrachera de los oficiales me significó una sesión “extra” de torturas en la pieza de arriba.
P. –¿Te vio algún médico en esos días?
R. –Bueno. Tenía el cuerpo cubierto de machucones y lesiones. Las piernas hinchadas apenas me cabían en el pantalón. Los pies eran ya una masa sin forma que no hubieran entrado en ningún zapato. Tenía una mano insensibilizada y varias costillas rotas. Entonces recibí la visita médica. Vino a verme el Dr. Serkisián, médico de la unidad militar, y me recetó cafiaspirina. De modo que continué el plantón y continuaron las torturas en el piso de arriba. Los guardias me levantaban a patadas cada vez que, en el delirio de la extenuación, empezaba a caerme en los plantones. Y arriba me seguían golpeando y dándome electricidad y metiéndome la cabeza en el tacho para hacerme tragar el agua podrida del submarino, llena de los vómitos y las flemas dejadas allí por otros torturados. Uno siente como si se le rompe los pulmones, parece que la cabeza se hinchara como si fuera a reventar. Lo que más los divertía a los oficiales era la “picana” eléctrica. Se reían a carcajadas.
P. –¿Estuviste siempre en el mismo cuartel?
R. –No, de allí me pasaron al 5º de artillería, en la calle Burgues, frente al cementerio del Norte.
P. –¿Siempre en Montevideo?
R. –Sí.
P. –¿Y allí?
R. –Desde atrás de una pantalla de alambre y un foco de luz me interrogaron. Para interrogarme me sacaron la capucha. “Aquí nos gusta tratar bien a la gente”, me dijo una voz persuasiva, casi amable, “pero si se ponen porfiados tenemos métodos que nunca fallan”. En el 5º de artillería me tuvieron de plantón doce días y doce noches de corrido. Me llevaron a la sala de torturas, en ese período, cinco veces. Las torturas eran más o menos las mismas. Pero el «submarino» me lo aplicaban atándome con correas y alambres a una tabla. Después de los doce días y doce noches de plantón y las nuevas “sesiones”, me dejaron sentado tres días con las manos atadas a la espalda. Ahí me revisó el Dr. Nelson Marabotto, igual que su colega del otro cuartel. Me dio analgésico.
P. –¿Y nuevamente te trasladaron?
R. –“Vas a recorrer todos los cuarteles hasta que cantes”, anunciaron. Pero me llevaron de vuelta al 2 y 3 de infantería. Allí me encerraron en un vagón junto a once presos. Al cabo de veinte días, otra vez me llevaron al piso de arriba, a la cámara de torturas. Y todo recomenzó. Las mismas preguntas, los mismos castigos. Y de vuelta al 5º de artillería. En el 5º estuve hasta el 21 de noviembre. Esa noche me fugué.»215

III.3.3. Tregua armada

En el mes de julio de 1972, y ante la evidencia del creciente descalabro de la organización tupamara, el Comité Ejecutivo del MLN planteó la posibilidad de llegar a una fórmula de paz.
«Nos están dando uno de los golpes más duros de nuestra historia, sino el más, nos han declarado la guerra, aprovechando una coyuntura dada por nosotros [por los sucesos del 14 de abril]. La guerra se nos adelantó y nosotros no supimos o no pudimos responder adecuadamente. Lo que va de ésta nos costó en infra y en compañeros la mayor parte del aparato con el que íbamos a dar esta guerra».216
En este capítulo, más que contar todo lo que sucedió en la tregua armada, que ya se narró de forma correcta en varios libros, Alto el fuego y La Tregua Armada, lo que se hace es explicar a grandes rasgos el contexto y poner algunas opiniones de los entrevistados sobre ella –testimonios que ayudarán a entender y a hacer un balance sobre aquel episodio, además de aportar datos nuevos–. Hay que insistir que tanto entonces como ahora éste es un tema bastante desconocido, del que muchos negaron su existencia y lo siguen haciendo en la actualidad.
La denominada tregua armada consistió en un alto al fuego y una paralización de las acciones con el fin de llegar a una pacificación del país a través de ciertos convenios. A fines de julio fracasa este proyecto, pero semanas más tarde se produce la segunda etapa de las negociaciones, en la que algunos dirigentes tupamaros detenidos y varios militares deciden desarrollar un trabajo conjunto para detectar los ilícitos económicos y sus actores, así como la elaboración de planes de desarrollo nacional. Si bien la primera fase de acuerdos y desacuerdos para el alto el fuego no es algo nuevo ni original en la historia de los conflictos sociales; el período de negociaciones sobre ilícitos económicos es muy poco común y por ello es necesario contar algunos detalles de ese proceso.
En julio de 1972, las demandas de los tupamaros para el alto el fuego ya no eran tan exigentes como cuando tenían su aparato armado entero, uno o dos años antes, época en la que consistían en la liberación de los presos y la adopción de medidas reformadoras. Entonces, como veían perdida la batalla, querían por lo menos que salieran de prisión quienes no tenían delitos procesables, se rebajara las penas a los acusados de pertenencia o colaboración con banda armada y se iniciara un proceso de mejora nacional, como por ejemplo la expropiación del latifundio para realizar proyectos cooperativos en la que algunos tupamaros estaban dispuestos a colaborar y dirigir. «Por lo menos que nuestra derrota sirva para mejorar en lo posible al país» repetían algunos. Los guerrilleros clandestinos dijeron estar dispuestos a marchar al exterior a cambio de que los presos políticos fueran como colonizadores a vivir a las tierras de Silva y Rosas, que previamente el estado habría expropiado. Pero los militares querían estar seguros de haber ganado la guerra, y que lo reconociera toda lo población, por lo que pedían la entrega de armas y Sendic –todo ello filmado por televisión–, peticiones que el MLN no estaba dispuesto a aceptar.217
La visión de Yessie Macchi sobre la tregua no tiene desperdicio. Ante la pregunta ¿participaron las presas del MLN en la tregua?, ella responde:
«Algunas compañeras a nivel aislado sí. Pero es importante decir que esa tregua no fue discutida entre todos los presos o presas en los cuarteles, porque no había posibilidad. Estábamos aislados y bajo tortura, fue la iniciativa de un grupo de compañeros en un batallón determinado. Solamente en el Batallón Florida. Dentro de ese grupo había algunas mujeres. Yo, personalmente, no lo hubiera compartido, por ejemplo. Porque una de las primeras condiciones fue la entrega de todas las armas, locales y Raúl, para mí esas dos condiciones eran inaceptables. Aun en la derrota total ninguna guerrilla puede entregar sus armas y a su fundador, su dirigente máximo. Y fue en definitiva el porqué las negociaciones no dieron resultados.
Estaba en el hospital militar, aislada con un tiro en la cadera, no podía discutir con nadie, solamente con los milicos, no tuve posibilidades de discutir con ningún compañero durante muchos años, pero sí me llegaba a través de un milico, a través del coronel Trabal, venía a verme casi todos los días y me hablaba de las negociaciones. Y lo que él planteaba, para mí, era inaceptable. Pero no conocía las valoraciones que estaban haciendo mis compañeros. En algún momento me preguntaron si quería ser trasladada al Batallón Florida y no quise.»218
La comprensión del proceso negociador resulta compleja por lo clandestino del mismo; en las FFCC no era sabido por todos y, en ocasiones, algunos batallones negociaban con los tupamaros a escondidas de otros –con grandes precauciones y a veces con propuestas mucho más beneficiosas para el MLN que las que ofrecían otras estructuras castrenses–. Sendic, el fugitivo más buscado de América junto al argentino Santucho, entraba a un batallón para negociar con los oficiales, mientras otros sectores del ejército seguían buscándolo con total empeño. O Huidobro, uno de los presos más importantes con los que contaba el régimen, salía de la cárcel para ir a hablar con la dirección del MLN con el permiso de un batallón –pero con la precaución de no ser visto por las calles por los integrantes de otro, pues al pensarse que se había fugado podrían detenerle e incluso dispararle–. Era seguido por un militar, pero de lejos, pues un tupamaro, al ver a Huidobro caminando junto a un miembro de las fuerzas represivas, podría haber pensado en una traición.
En la entrevista, Huidobro, como ya lo hiciera en su libro que trata este tema, explica cómo Sendic entraba en el batallón para intentar pactar y los militares, como buenos guerreros, respetaban el alto al fuego.
«–¿Es verdad que Sendic, siendo el más buscado, entraba al Batallón Florida?
–Sí –afirma Huidobro.
–¿Y porque no lo agarraban, ustedes tenían algo a cambio o era cuestión de palabra o interés?
–Cumplían la palabra. Eso pasa en todas las guerras, cuando hay negociaciones se respetan.»
En determinado momento, aunque algunos detalles de los pactos y los procedimientos sólo los conocían un puñado de militares y tupamaros, grosso modo se sabía que se estaba negociando. Estaban al corriente desde el presidente de la República, hasta ministros, políticos y la práctica totalidad de los presos, quienes vieron cómo durante el tiempo que duró la tregua armada apenas se les torturó.
Las palabras del general Gravina a los tupamaros sintetizan lo que fue aquel episodio, la primera fase de las negociaciones, cómo se desarrollaron y quién estaba al tanto de ellas:
«A mí me ordenaron que viniera acá porque me dijeron que ustedes se iban a rendir, porque ustedes están derrotados, militarmente vencidos. Acá no tengo más nada que hacer, vine por una cosa y ahora me salen con otra, hablando de planes económicos y cuestiones por el estilo. Voy a trasmitirle esto, al presidente a ver qué dice él.»219

Los testimonios de los entrevistados revelan y aportan más datos a lo anteriormente mencionado. Pedro Montero piensa que lo decisivo para que fracasaran las negociaciones fue la captura del miembro más carismático del MLN, poco después de la primera tregua:
«Si no agarran al Bebe la historia del Uruguay hubiera cambiado. Pues en el episodio de la tregua, las negociaciones iban muy lejos. Se había acordado liberar a todos los tupas.
–¿Y los otros presos?
–También. Los militares, con Trabal a la cabeza daban el golpe, y luego reformas, participación de políticos progresistas.»220
Como tantas cosas en esta época, la ruptura de la tregua y de los primeros acuerdos fue a sangre y fuego.
«Esa acción [la ejecución del coronel Artigas Álvarez, hermano del Goyo] se da en el marco del rompimiento de la tregua –nos dijo la tupamara Alba Antúnez, responsable de ese operativo–, tregua que rompen los militares. En medio de ella, los militares hacen un procedimiento –según sus propios términos– donde rematan a mansalva a compañeros, a Francisco en concreto; y después, mueren en tortura otros compañeros, Alvariza, concretamente. Estaba su compañera en el calabozo y presenció cuando lo mataron a trompadas. Y había muerto Amilivia también; nos llegó una información precisa de quiénes y cómo lo habían matado, tenemos el nombre del sargento y del cabo que lo agarraron desarmado en la calle, lo reconocieron y lo mataron.»221
De todas formas esta acción no fue la que provocó la ruptura del diálogo. Se iba a hacer al menos un último intento. Pero cuando Huidobro se preparaba para salir a la calle, afeitándose y vistiéndose, para llevar en persona la propuesta del Batallón Florida, dieron la noticia que habían detenido a Marenales, uno de los tupamaros más buscados del momento. Era el 27 de julio y las negociaciones para la paz terminaron.
Por ese entonces, las FFAA ya tenían el discurso bien preparado para dar el golpe; por un lado, terminar con la subversión y para ello suprimir las trabas legales que impedían hacerlo –derechos humanos, garantías individuales…–, y por otro, acabar con la corrupción y todos aquellos agentes que según ellos perjudicaban a la economía nacional.
Los militares exigen autonomía y protagonismo ante la ineficacia de los políticos para restablecer el orden y acabar con la sedición y la corrupción general. El 4 de agosto, en el apartado B de la Declaración del Club Naval, las FFAA:
«Manifiestan su profundo repudio a cualquier forma de subversión, ya sea la que empuña las armas para asesinar cobardemente, la que expolia la economía nacional, la que usurpa al pueblo el producto de su trabajo, la que propende a la corrupción moral, administrativa y/o política, la que practica el agio y la especulación en desmedro de la población o la que compromete la soberanía nacional.»222
Tras el fracaso de la tregua223 se reemprendieron los enfrentamientos armados, produciéndose varias víctimas del MLN y la detención de muchos de sus militantes. El 1 de septiembre capturan a Sendic, quien resulta herido en la cara al resistirse a su detención.224
El mismo mes empiezan las reuniones generalizadas y las tareas de anticorrupción. Huidobro y Wasen salieron a la calle, nuevamente, para ver si la dirección, ya sin Sendic, aceptaba ese proyecto. De paso les dijeron que el Batallón Florida no había jugado sucio con respecto a las negociaciones. El Comité Ejecutivo del MLN aceptó esa segunda fase de negociaciones conocida por el trabajo común contra los ilícitos económicos.
Al iniciarse las primeras charlas, y de un día para otro, algunos detenidos fueron sacados nuevamente de la sala de torturas a la de reuniones e inclusive, en esta ocasión, a la de conferencias, en la que explicaban a los militares conceptos como especulación o usura. También llegaron a sentarse codo a codo en una mesa a investigar tal o cual ilícito.
A continuación se presenta la explicación que da Amílcar Vasconcellos del inicio de ese segundo proceso:
«Los sediciosos internados en los cuarteles, fueron dejando caer progresivamente una labor de catequización en forma muy simple: “El problema no es con ustedes, es con los que cometen ilícitos económicos, es con la oligarquía, etc.” Los oficiales empezaron a hacerse eco involuntariamente de esa campaña de propaganda y se les oye repetir: “Limpiamos a los delincuentes, con las armas en la mano, del escenario nacional; ahora nos toca seguir con quienes comenten ilícitos económicos”.»225
David Cámpora narra un diálogo con sus torturadores que seguramente, al igual que muchos otros de este tipo, también ayudó a desencadenar el proceso de los ilícitos:
«–Ustedes me dan la máquina a mí, pero con ellos no se animan; no se atreven a dársela a los peces gordos, a los oligarcas que roban al país.
–¿Cómo que no se las damos?; se la damos sí.
–¡Qué se la van a dar!; ustedes son unos cobardes: me la dan a mí, pero con ellos no se atreven.»226

Algunos miembros del ejército parecían dispuestos a detener a los «oligarcas que roban al país», y para eso pidieron los datos que tenían sobre ellos los tupamaros u otros intelectuales, que por ejemplo escribían en las publicaciones de izquierda sobre «la rosca» –banqueros, financieras y personajes como Jorge Batlle y Peirano Facio, acusados de estar vinculados a negocios corruptos–.
Marenales, Ettore Pierri, Vergara y Lucía Topolanski fueron algunos de los presos con los que hablaron los militares interesados en investigar los ilícitos económicos. La primera condición que estos prisioneros pusieron a los responsables del Batallón Florida fue el cese inmediato de las torturas; y cesaron allí y en otros cuarteles. La segunda fue la creación de un gran equipo de presos –compuesto por economistas, bancarios, periodistas…– que pudieran aportar datos para la investigación. Los militares les dieron una lista con los nombres de muchos detenidos y sus respectivas profesiones, y entonces se pusieron manos a la obra:
«El trabajo consistía en traer información, obtenerla, estudiarla, extraer de ahí nombres de presuntos implicados en fraudes o en ilícitos y a partir de eso, instrumentar operativos cuyo objetivo era agarrarlos presos. Ahí estaban todos, piensen en los nombres de los políticos y empresarios de la época y puedo asegurar que estaban todos, obviamente Jorge Batlle, Peirano, Manini, los dueños de los frigoríficos, todos.
El planteo de los militares fue en un principio un poco superficial, venía uno y te decía: “Hay un tipo, que tiene una exportadora de franfruters, es un hijo de puta, debe comprar caballos muertos…” Yo les planteaba que podía ser que fuera estafador, pero que estaba muy por debajo de la cosa, que había nombres más importantes, que estaba el asunto de la industria frigorífica, los frigoríficos extranjeros y entonces ellos empiezan a interesarse y aprender sobre esos temas. Venían y te decían preguntas increíbles: “Vo, cómo es eso de la plusvalía”.»227
El operativo Fogata fue el primero que se ejecutó. Consistió en la investigación, por parte de algunos presos políticos, de varias compañías de seguros que actuaban de forma ilegal y la detención, por parte de los militares, de sus gerentes. Cuando Bordaberry se enteró de esto último envió a un oficial al Batallón Florida para que diese la orden de dejarlos en libertad inmediatamente. Cómo estarían las cosas en aquel ambiente pregolpista que los mandatarios del batallón no sólo se negaron a acatar las órdenes del presidente, sino que pusieron preso a su delegado personal. Tras tires y aflojes los oficiales decidieron no amotinarse contra el jefe supremo de las FFAA y dejar a su delegado y los gerentes en libertad.
Por esa época, el coronel Caballero manifestaba:

«Hay tres clases de tupamaros: los idealistas, los delincuentes y los héroes. A uno de ellos le pregunté por qué era tupamaro y no supo qué decirme. Ese es un delincuente común. Los otros sí son un caso serio y es un peligro mantenerlos en contacto con los militares porque los terminan convenciendo de lo que quieren».228
Pero si los tupamaros y otros presos políticos ejercían cierta influencia en la tropa, algunos jerarcas militares, «progresistas», lo hacían con miembros del MLN. Fenómeno que no empezó ni acabó en 1972 y menos aún con las negociaciones. Hay que recordar que en el secuestro de Dan Mitrione, Pacheco ya negoció con los tupamaros.229 En 1968 varios dirigentes sindicales se reunieron con tenientes para platicar sobre el porvenir del país, y seguramente esa tampoco fue la primera vez.
En América Latina, ciertos sectores militares siempre han estado en relación con los partidos de izquierda. Vivián Trías, miembro del PSU, formó parte del grupo asesor de Velasco Alvarado; las reformas realizadas por este jefe militar en el Perú hicieron que una parte de la izquierda uruguaya, entre ellos varios tupamaros, pensara que era posible conseguir la soberanía económica y la justicia social del país con la actuación de las FFAA en la política nacional. Esta izquierda reformista, que también tenía en su programa medidas que se adoptaron en Perú –nacionalización de ciertas industrias, fin del latifundio en provecho de la pequeña propiedad de la tierra…– empezó a buscar a los oficiales «peruanistas» que pudieran haber en la estructura castrense de Uruguay. Algunos miembros de esta izquierda, de la cual una parte se encontraba derrotada militarmente, empezaron a ver que la única salvación del país se daría si los militares «peruanistas» desbancaban a los que estaban comprometidos con «la rosca» oligárquica nacional y con el proyecto de la burguesía de EEUU y las medidas del FMI. Derrotado el movimiento proletario, para muchos aparecía la última esperanza: una fracción del ejército nacionalista y «progresista», influenciable además por las ideas de justicia social de los luchadores sociales. Dentro de la cárcel, por ejemplo, algunos tupamaros discutieron con los militares la necesidad de una reforma agraria y el un puerto oceánico como alternativa a la “boya petrolera”. Ver al respecto: http://elmuertoquehabla.blogspot.com.es/2011/07/tenemos-algo-que-contar.html
Al mismo tiempo, ciertos jerarcas castrenses veían que, para sacar al país del callejón sin salida, era necesaria su alianza con ciertas fuerzas de izquierda230 y aunque algunos presos se negaban a ayudar a los militares en lo de los ilícitos, otros estaban dispuestos a decir qué era un ilícito, cómo se producía e inclusive algunos señalaron nombres y dieron datos.
En una lucha entre burguesía y proletariado las FFAA son el principal garante de la primera, sin embargo algunos luchadores sociales pensaron que parte de los militares, como cuerpo que no se beneficia de los negocios de la clase dominante –al menos como ésta– podían primero volverse realmente neutrales y luego empuñar las armas contra la burguesía. Algo parecido llegaron a pensar algunos militares con respecto a los tupamaros cuando les preguntaron en el cuartel La Paloma si estaban dispuestos a defender con las armas en la mano esa unidad, dispuesta a acabar con la «rosca» corrupta del país, si la atacaba otra unidad comprometida con dicha corrupción.
Hoy resulta sorprendente que un sector de los luchadores sociales confiaran en las FFAA, pero en aquel entonces fue posible debido a la idea de que el proletariado sólo puede vencer por un desmoronamiento o divisionismo en las fuerzas del orden, y por el populismo izquierdista castrense desarrollado en los sesenta y setenta en América Latina.
«–¿Los tupamaros tuvieron expectativas en los oficiales con los que negociaban?
–Expectativas en algunos casos hubo, porque además existieron esos peruanistas. Los hicieron moco también –responde Huidobro–. Había contradicciones en el seno de las FFAA, y que son Seregni, Licandro… Hoy había uno de aquella época, de la fuerza aérea, tomando grappa con nosotros. Eran oficiales legalistas, constitucionalistas, de izquierda algunos, revolucionarios. Camarca, Mariguela, Tusio Lima en Guatemala, Velasco Alvarado, Torres en Bolivia231 son todos militares.232
–¿Pero en 1973 ya no tienen expectativas, no?
–No, ahí ya no. En el año 73 los comunistas levantan toda una línea en la que centralizan las principales expectativas en eso. En Argentina declararon que Videla no era fascista. Todos los partidos comunistas de América Latina, incluido el cubano. Porque claro, el proveedor de trigo de Argentina era la URSS. El PC era legal cuando estaban desapareciendo treinta mil compañeros.»
Horacio Tejera, siempre tan crítico, habla de ingenuidad de los tupamaros en la segunda fase de las negociaciones, la de los ilícitos económicos:
«Es de bebes de pecho, pensar que el enemigo que los tenía presos, se iba a aliar con ellos para hacer lo que ellos querían. Una megalomanía. Ese tema lo manejaban sólo los tupamaros.
–¿Y como reaccionaba la otra gente?
–Mirá, era un cague de risa, adentro y afuera de la cana. Estaban buscando con una lupa a los peruanistas en los cuarteles, para ver a quién le iban a largar todo. […] Nosotros [los anarcos y otros grupos intransigentes] les cantábamos “no rompan las bolas, no rompas las bolas, con los milicos piolas”.»233
«Te decían que no había que hablar contra los milicos –asegura Juan Nigro–. Que estaban preparando comandos conjuntos, “medidas revolucionarias” como la apertura, y expropiación si era necesario, de todas las cajas fuertes.234 La posición nuestra [la de los independientes y los pequeños grupos autónomos] antes de empezar cualquier charla o negociación con los milicos era exigir el cese de la tortura, la libertad de los presos más viejos y el permiso para realizar reuniones entre nosotros […]. Es verdad que el ejército perdió el control como cuerpo y que hubo división en su seno, pero los tupas también lo perdieron.»
No se liberó a los prisioneros más veteranos, pero sí que se sacaron capuchas, se flexibilizaron las visitas, se dejaron entrar paquetes, se otorgaron recreos y se permitió a los prisioneros reunirse en grupos, encuentros en los que los reclusos aprovecharon para realizar balances, poner en común sus expectativas o simplemente charlar, reírse y resistir.
Como introducción a uno de los puntos más oscuros de este apartado –las torturas por parte de las fuerzas conjuntas a los contadores de los burgueses acusados de ilícitos económicos, producidas en un clima social confuso, mezcla de redención militar, justicia social, confraternización «sediciosagolpista» y «radicalismo fascistoide» que tan bien ilustró aquella vieja pared montevideana a la que, a pesar suyo, pintó, seguramente, un militar: «Jorge Batlle al tacho (a la tortura)»– se presenta lo que Huidobro dice de los interrogatorios en la Cárcel del pueblo, tema abordado en el capítulo «Formas de lucha».235

–¿Vuestros detenidos en la Cárcel del pueblo, hablaban así nomás?
–Sí, nosotros no amenazamos, no torturamos a nadie, ni maltratábamos a nadie. Le preguntás y si te quiere contar te cuenta. Lo que pasa es que un tipo de esos cuando está en esa situación tiene un cagazo, como para cuarenta. Otro te llama y te dice “cuento todo con tal que ustedes me dejen en libertad”. Además ese tipo de gente no tiene firmeza de ningún tipo. Le importa un carajo. Es lógico, si a mí me secuestra alguien y me interroga sobre el Club Atlético Nacional, todo lo que sé lo digo. Ni me va ni me viene. Un burgués de estos ni le va ni le viene nada. Su plata es su mentalidad. Para él, decirte cosas no es lo que para nosotros implica decir cosas al enemigo. Ahora, estate bien tranquilo que si le preguntabas algo que le afectaba a su bolsillo podías matar que no te contaba nada. Porque vi torturar a burgueses en los batallones por ilícitos económicos y no cantaban nada. Se hacían matar por su plata. Ahí tenían la firmeza ideológica, ¡heroicos! Mi plata no. Preguntale cualquier cosa, no hay problema. Cada cual tiene sus valores ideológicos. Los burgueses tienen uno, los pesos. Matan a la madre. O se hacen matar ellos. Es mentira eso de que quien resiste a la tortura es el que está formado. El burgués también resiste, no te cuenta nada. Muere como un héroe. También lo vi en los delincuentes comunes. Ellos no entendían por qué nos hacíamos matar por ciertas cosas que ellos las contaban enseguida. Pero cuando les preguntaban dónde tenían la plata escondida se hacían matar y no contaban nada. Los valores no son los mismos para todos los seres humanos. Ni la firmeza ideológica es la misma.
Nosotros vimos torturar horriblemente a un contador de varias empresas. Y no cantó, y estaba defendiendo la plata de otros burgueses, pero eran sus clientes. No dijo nada. Lo deshicieron. [Él], como los anarquistas [de antaño decía] non saco niente, lo tuvieron que dejar en libertad e hizo una fiesta a todo lujo e invitó a todos sus clientes. Y sus clientes [lo felicitaban]: “Stegma, éste es un contador”. Le deben haber agradecido muy bien. Era una garantía ese hombre. Debe de estar en su palacio en Punta del Este recordando cuando lo torturaron y que gracias a cómo soportó esa tortura hoy vive la gran vida. Porque hay héroes en todos los terrenos. El problema de los cojones no es monopolio de nadie.»
El testimonio de Montero es profundamente crítico con algunas actitudes de los tupamaros que colaboraron en el combate contra los ilícitos económicos, asignada oficialmente a las FFAA el 4 de octubre:
«Es una cuestión visceral. El tema es que no puede ser que unos están siendo torturados y al mismo tiempo hablando de política en otro lado para que decir que van hacer esto y lo otro. No sé como lo vivís tú, pero yo soy un tipo muy espontáneo. ¡Que se vayana la mierda!
–¿Pero no era que una de las condiciones impuestas por el MLN para empezar a hablar era que dejasen de torturar? Y de hecho se dejó de hacerlo.
Sí, pero después se torturó a toda la gente de Jorge Batlle y participamos nosotros en la tortura. Recuerdo que dentro del Batallón Artillería 2, viví la tortura de civiles de la derecha y a eso me opuse. El contador de Peirano fue defendido por mí dentro de la Artillería 2. Le daba un Largatricien para que quedara con una borrachera que no se podía ni mover y lo traían todas las noches y “ble, blabblblblablu” y no podían reventarlo porque no podía decir ni una palabra. Al otro día se mejoraba y le metía otra, y así cada vez que lo iban a llevar a la máquina… Al final se lo tuvieron que llevar a otro lado, porque ahí no lo pudieron torturar más. No torturarlo, ni tocarlo ya.
Y lo que no puede ser es que hubiese compañeros nuestros haciendo, digamos, de soporte asistencial a los torturadores y preguntando. Y eso para mí, que me disculpen no lo paso ni lo dejo pasar, lo denuncio. A mí que me digan que se va a cimentar un gobierno de concentración nacional con esa mierda de gente. ¡Que se vayan a la mierda!, atrás de ellos iba yo muerto, así de claro.
–Y los interrogatorios de la Cárcel del pueblo, ¿sólo eran charlas? Sí, eso no tuvo nada que ver con lo que vino después.
–No eran interrogatorios duros ¿no?
No, eran cambio de impresiones, más o menos tedioso. Pero lo otro fue distinto. No pude participar en eso, era infame. Le dije al contador Busca: “los problemas entre tú y yo los arreglamos después afuera, pero aquí tenemos que salir todos: tú y yo, y cuando salgamos todos, si corresponde cuestionarte esto y esto, lo haremos a través de la justicia ordinaria si corresponde”.
Además el tema del dinero que iba y venía de Argentina era un fenómeno más complejo de lo que se entendía. Es el capital en sí. Reducir eso a Batlle, Peirano y Busca me parece una imbecilidad. Ahí estaban mezclados muchos intereses y capitales mucho más importantes que los de ellos.
–¿Y se torturaba a otros militantes detenidos no integrantes del MLN, del grupo negociador?***PARECE QUE FALTA TEXTO PÁGINA 124-126***

Diecisiete días después, un grupo de «locos» detenía al propio Jorge Batlle y allanaba su domiilio a causa de un discurso «por ataque a la fuerza moral del ejército con agravante de “Situación de peligro”».236 Los ministros Forteza, Sanguinetti y Pintos Risso renuncian a sus cargos por esa detención, al mismo tiempo que se realizan caravanas espontáneas de partidarios de J. Batlle reclamando su libertad.
Para finalizar este apartado, es importante aclarar, que este desesperado proyecto de los detenidos y derrotados prisioneros políticos (y no se hace referencia al innombrable Amodio Pérez) de enfrentar a las FFAA contra los grandes burgueses ultrareaccionarios y corruptos como Peirano Facio, también se siguió dando a la inversa. Estos burgueses, para salvarse, buscaron enfrentar al Frente Amplio con los militares que investigaban los ilícitos; y a las FFAA contra los luchadores sociales con el objetivo de que el centro de conflicto volviera a ser el de antes y les dejaran a ellos en paz. Un documento interno, con fecha del 1 de diciembre, del Partido Colorado, línea quincista, aconsejaba:
«2) Impulsar a la justicia ordinaria en la represión de los ilícitos económicos, con lo que sustrae a las FFAA una actividad que indudablemente hará crecer su prestigio. 3) Usar al Frente Amplio y desgastarlo contra el ejército, creando situaciones que hagan inevitable la tortura, promoviendo choques con sindicatos y estudiantes y haciendo aparecer a las fuerzas armadas como tiránicas. 4) Estudio de jefes que puedan asumir liderazgos y que al mismo tiempo sean manejables. Apoyar disimuladamente a éstos.»237

III.3.4. Derrota militar del MLN

«Pensá / que si allanan las sombras / y multiplican las pinzas si el verde amarillo / y el azul chanchita / inundan Montevideo / ¡arriba el ánimo, compañeros! / estando el enemigo / estamos nosotros.»238

A fines de 1972, el MLN está derrotado militarmente.239 El régimen y sus guardianes consiguieron llevar a cabo su plan paso a paso, primero aislándolo del movimiento popular masivo, y luego golpeándolo ferozmente. Consiguieron enfrentarse al movimiento de liberación nacional y social de aparato a aparato, terreno en el que siempre tiene las de ganar el aparato más potente a no ser que se desintegre por alguna razón (deserciones, derrotismo, desestructuración, traiciones…), aspecto que tuvieron en cuenta los tupamaros, pero sin éxito.
En el aislamiento del MLN y la ausencia de participación masiva de luchadores sociales en la lucha armada tiene su cuota de responsabilidad la propia organización, ya sea por sus postulados foquistas más que insurreccionalistas, como apuntan algunos, o por privilegiar la organización armada centralizada en defecto de la autonomía armada y difuminada, como dijeron otros.240 Está claro también que hubo un concepto equivocado de la temperatura social, una estimación de las condiciones objetivas y subjetivas que llevó a pensar que la lucha armada se iba a propagar con más fuerza y en mayor cantidad de gente.
Pero hay que aclarar que lo que ahora pudiera parecer una locura –la victoria armada de los tupamaros y otras fuerzas proletarias–, en ese entonces era algo que se veía viable, tanto en el campo de los trabajadores, y más aún en el de los estudiantes, como en el de los burgueses, agentes del orden y políticos. Tanto es así que varios individuos de estos dos últimos sectores, entre 1969 y 1971, tuvieron varias entrevistas o aproximaciones amistosas con los tupamaros para tantear qué les podía pasar, social y personalmente, si el MLN llegaba al poder.241
El año 1972 significó la derrota general, consolidada en julio de 1973, del proletariado.242 En los años anteriores no era tan fácil atacar a un sector específico sin atacar a toda la clase. La congelación de salarios, el aumento del precio del transporte y las sucesivas violaciones de la autonomía universitaria eran ataques a toda la clase trabajadora, y como tales fueron respondidos. A partir de 1972, al no haber la suficiente solidaridad y fuerza, es más sencillo para las FFCC, en representación de la burguesía, asumir la lucha en frentes aislados. De esta manera, las fuerzas represivas pudieron fijarse siete objetivos: seis de destrucción del movimiento popular y uno que tendería a asegurar el desarrollo capitalista. Los seis primeros fueron claramente cumplidos, y el séptimo lo fue de forma relativa. En menos de un año el movimiento de lucha queda menguado: las organizaciones armadas al borde de la desaparición, la mayoría de los grupos y militantes reprimidos, presos o vigilados permanentemente, y la población en general con el miedo en el cuerpo.243

«Cantamos porque el grito no es bastante y no es bastante el llanto ni la bronca cantamos porque creemos en la gente y porque venceremos la derrota.»244

Un factor secundario que ayudó a la derrota militar y organizativa del MLN y de otros grupos fue la traición. El caso más famoso, por ser el que –al parecer– más daño hizo al movimiento proletario y en concreto al MLN, fue el de Amodio Pérez, dirigente comandante y fundador de los tupamaros.245 También fue muy importante la ayuda que le dieron, entre otros, Alicia Rey –pareja del anterior– y Píriz Budes.246
Las denuncias de la población, el vecino, el profesor…, fueron muchas menos que las que dicen haber tenido las FFCC. Existieron, pero no fue algo generalizado aunque, como es lógico, la historia oficial dijera lo contrario.247
Amodio Pérez fue un personaje tan oscuro como su pseudónimo, Negro, que ayudó a las FFCC, no sólo denunciando a sus antiguos compañeros del MLN sino también a burgueses corruptos y a políticos que habían mantenido contactos con los tupamaros, como fue el caso de Erro. Este político a raíz de esta denuncia se verá implicado en un pedido de desafuero, episodio que, de alguna manera, acelera el golpe de estado. No se sabe cuándo empieza a colaborar Amodio pero lo detienen el 25 de febrero de 1972, cuando había perdido gran parte del poder que llegó a tener en el MLN siendo el comandante de la Columna 15.248
J. C. Mechoso conoció a Amodio en la huelga de gráficos de fines de los sesenta y asegura que «era un tipo normal, piola, muy bueno en cuestión de operativos y bastante débil en cuestiones teóricas y políticas». Dice que como la derrota «fue muy pero que muy dura para muchos tupamaros y las luchas en la dirección del MLN eran encarnizadas, fratricidas, de odio muy fuerte, tal vez por ahí se pueda encontrar la explicación». Bravío apunta: «Cayó en un momento en el cual estaba muy mal, realmente mal, había sido dado de baja de la organización tres o cuatro días antes, así creo que al caer vendió la información por su seguridad»; en cambio otro da como explicación los acuerdos políticos con las FFAA. El que pensara: «éstos tienen mejor línea» lo lleva a colaborar, a entregar la cárcel del pueblo, etcétera. Este mismo entrevistado explicaba que como Amodio Pérez era «fierrerero» como pocos y pensaba que todo se arreglaba a los fierros, al ver que las FFAA tenían más se alió con ellos.249
La rabia de los tupamaros con respecto a Amodio no es porque se quebró y cantó. Dijo todo, «cantó hasta la Marsellesa» –como se decía entonces– y, no contento con eso, dirigió operativos para capturar tupamaros vestido de capitán.250 En una ocasión un tupamaro se lo encuentra por la calle y, creyendo que estaba camuflado para hacer alguna acción, lo saluda discretamente, con complicidad. Pero Amodio le apunta con su pistola y le dice que está detenido. «No jodas, Negro» le pide su atónito «compañero». Pero no bromeaba, el tupamaro fue arrestado y torturado, y tuvo que cumplir una larga condena.

«Sí, ya sé que la venganza vendrá con la victoria
y que como es leyenda
los cuarteles serán convertidos en escuelas
que la reforma agraria dejará de ser cuento
que las chimeneas jugarán en primera
y el lápiz y el papel
recorrerán los cuatro puntos cardinales
y no habrá en ningún lugar de la patria
un gurisito con hambre
ni uno solo
y que precisamente ahí
justo ahí
estaremos sanando a los heridos
aliviando a los torturados
velando los camaradas caídos
Eo ya lo sé.
Para qué entonces
el viejo Lenin y su calva
y sus gauchos de izquierda
Pero que querés que te diga.
Yo al Amodio
al amodio y a todos los traidores
los haría harina
moco mierda
Eso mierda.»251

FOTOS 26, 27 Y 28

Los tupamaros detenidos fueron a parar a los cuarteles y los penales –Libertad, en el caso de los hombres, y Punta Rieles, en el de las mujeres–, donde fueron brutalmente torturados. Tiempo después, los dirigentes históricos del MLN serían dispersados y aislados, en condiciones severísimas, por diferentes unidades militares, bajo la calidad de rehenes.252 Muchos luchadores sociales requeridos por la justicia al no ver condiciones positivas para pasar a la clandestinidad, y/o por miedo a ser asesinados o torturados, se van del país.
Gran parte de los tupamaros exiliados viajan a Chile, donde gobierna la Unidad Popular: «era una retirada táctica. Estábamos convencidos que volverían las condiciones» me dijo uno de los entrevistados. Meses más tarde, un buen puñado de ellos entró de forma clandestina a Uruguay para reorganizar el MLN y ayudar a su repliegue.
Y así 1972 llegaba a su fin, atrás quedaba, además de lo ya narrado, el espectacular secuestro de Molaguero, protagonizado por la OPR 33;253 el gigantesco acto del 1° de mayo; el asesinato por parte de la policía del estudiante Joaquín Kluver; la incautación de 6 Kg. de marihuana;254 el incremento de la tasa de natalidad;255 la obra de teatro: Los días de la Comuna de París de B. Brecht, la actuación de Serrat, Troilo, Les Luthiers y Susana Rinaldi en el teatro Solís, y la detención de Viglietti;256 la aparición de los sobrevivientes del accidente aéreo en los Andes setenta y un días después de la coalición y una vez suspendida la búsqueda; la huelga de hambre de ochocientos policías reclamando mejoras de alimentación; los 135 casos de meningitis en Paysandú, y la filmación de la película Estado de sitio, de Costa Gravas, cuyo rodaje se terminó el 29 de julio en Viña del Mar, Chile.
En el plano internacional también destaca la actividad de los grupos armados: el copamiento del penal de máxima seguridad Rawson en Argentina y la posterior fuga de varios guerrilleros, algunos de ellos detenidos inmediatamente y asesinados.257
En la olimpiada de Munich, el grupo Septiembre Negro toma la sede de la delegación israelí y reclama la libertad de sus compañeros detenidos en Israel. En la acción y su posterior desenlace mueren desde componentes del comando, hasta atletas y policías. En Honduras, el general López Arellano da un golpe de estado.
Como síntesis de los años 1971 y 1972 se puede afirmar que en este período gran parte del proletariado ve reducidas sus posibilidades de actuación. Por un lado, la burguesía consigue apaciguar su lucha haciéndolo participar en las elecciones parlamentarias y por otro, logra presentar, y de alguna manera transforma, la lucha clase contra clase, en aparato contra aparato. Se impone la disyuntiva elecciones-lucha armada. En 1971 si uno no participaba en la campaña electoral del FA quedaba marginado. En 1972 si uno, que había estado criticando el pacifismo legalista de las elecciones, no combatía contra las FFAA con alguno de los grupos armados también quedaba relegado. El MLN, por ejemplo, empeñado en cierto aparatismo, coparon a militantes radicales y monopolizaron gran parte de las armas que había. Si bien en los años 68, 69 y 70 la acción directa, a todos los niveles, y la autonomía de clase fueron muy importantes, en el 71 y 72, el voto y el «fierro» fueron los protagonistas, aunque no los únicos en actuar; se siguió dando importancia a las manifestaciones, la violencia callejera, las reuniones, la lucha en los centros de trabajo y el barrio, la contrainformación, etcétera…
A fines de 1972, cuando el conflicto armado casi había acabado en favor de las FFCC, las masas militantes volvieron a salir a la calle, con mucho miedo, pero participando en paros y manifestaciones en repudio de la represión. Se preparaba de esta manera el germen de la huelga general de 1973.

«Antes, por ejemplo –explica Arocena– en los comités de base ocurrían cosas como la solidaridad de los comités de base de Pocitos con la huelga de los textiles de la curva de Maroñas, con la “guerra” eso desaparece, la gente que queda en los comités de base es mínima. Cuando hablan las balas, las asambleas desaparecen. A fines del 72 revive la participación popular pues la guerra ha terminado.»

III.4. 1973: GOLPE DE ESTADO Y HUELGA GENERAL

III.4.1. Crisis de febrero y expectativas con los militares
«Los comunistas, integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FFAA como salidas inmediatas para la situación que vive la República.»258

Mientras se preparaba el golpe militar, se torturaba en los cuarteles y se perseguían los múltiples actos de resistencia al régimen, la burguesía –la alta burguesía– seguía disfrutando de sus lujos, ahora más tranquila que años atrás, cuando operaba la guerrilla y la lucha era masiva. En 1973, gracias a sus fieles sirvientes, policías y militares, y a toda una serie de instituciones y personalidades…, los burgueses podían celebrar sus festejos y ostentar sus riquezas con mayor placer.
Este amplio estudio se ha centrado en la clase explotada, que luchaba por dejar de serlo y se ha hablado poco de la clase explotadora. Veamos en qué andaban los dueños del Uruguay en pleno 1973. El Día, recogió con detalle una de sus «esforzadas» actividades en Punta del Este:

«En su parte Este, la entrada en el mar de la península, se levanta una de las residencias tradicionales del balneario: la casona que construyera a mediados del siglo el Sr. Horacio Mailhos, y su esposa Letizia Ferriolo. Chalet de dos pisos, con jardín en varios niveles, que se prolonga hasta las rocas de playa Mansa, constituyendo un lugar privilegiado de la costa uruguaya. En este maravilloso marco se realizó la recepción nupcial de la srta. […]. Figuras del gobierno y de la diplomacia alternaban en todo los sitios de la residencia. La esposa del ministro de Ganadería […] lució modelo de jersey de seda en tonalidades del blue y verde. La esposa del ministro del Interior con creación de gasa de seda natural imprimée, rayada en blue, Isabella de Borbón con modelo de crepé verde esmeralda, con pieza flotante que se desprendía de un hombro, donde se destacaba valiosa joya de esmeraldas, línea cruzada la bata, y escote en V […]. La recepción tuvo contornos espectaculares por su magnificencia y refinamiento. Tres grandes mesas dispuestas en los jardines, bajo listados toldos ofrecieron el agasajo a los invitados. En una de las partes bajas de la casona se reunió un grupo de jóvenes en la parrillera en torno a jugosas carnes y en la “boite” bailando hasta el amanecer.»259

Por su parte, los militares, desde noviembre de 1972 y tras el éxito conseguido al vencer a la sedición armada, intensifican su discurso redentor, de salvadores de todos los males de la nación…, discurso que antecede al protagonismo castrense de febrero y junio. La contradicción dentro de las FFAA en febrero fue algo parecido a lo que pasó a mediados de octubre del año anterior; crisis y posibilidad de golpe.260
De febrero a junio fue cayendo lo que quedaba de las instituciones llamadas civiles y democráticas. La presencia de las FFAA, con la complicidad de Bordaberry y otros jerarcas del gobierno en el escenario político y la vida cotidiana, fue constante y prepotente.
Pero en febrero, los militares incrementan sus acciones. El día 9, la armada ocupa la Ciudad Vieja, las redacciones de algunos periódicos y emisoras de radio desde las que emite varios comunicados, en los que se recogen ciertos puntos de la contra propuesta de pacificación del MLN261 y algunas aspiraciones reformistas de un sector de los luchadores sociales: reforma agraria, participación obrera en la gestión de la producción, política exterior independiente y soberana, y creación de fuentes de trabajo.262 Los comunicados escritos para sumar apoyo entre este sector de la población civil fueron los famosos 4 y 7, destinados también a contentar a los sectores militares considerados más progresistas.
Días después, el 14 de febrero, se establece el acuerdo de Boisso Lanza y se crea el COSENA (Consejo de Seguridad Nacional), integrado por mandos militares. El presidente manifiesta por radio, en un tono tranquilizador, de que se trata de: «cauces institucionales apropiados para la participación de las FFAA en el quehacer nacional», encomendándoles «la misión de dar seguridad al desarrollo».263 Este acuerdo consolida la adhesión del mando de las fuerzas policiales al ejército y el plan de la burguesía internacional, sobre todo la de Estados Unidos y sus aparatos de defensa –Pentágono, CIA–: establecer dictaduras en América Latina para poder instaurar a su vez los decretos del FMI, proyecto que se veía cercano por la derrota del MLN y, en general, del sector armado del proletariado.
Con respecto a la intervención de las FFAA del 9 de febrero, es importante remarcar que gran parte de la izquierda pensó que los denominados, a partir de entonces, militares febreristas poseían mucha más influencia en la organización castrense que la que en realidad tenían. Gente influenciada, nuevamente, por la experiencia peruanista de Velazco Alvarado, y de algún modo también, por el resurgir del peronismo argentino con su vuelta al poder.
En todas las fuerzas electorales había sectores de apoyo crítico a los militares. Parte de la valoración de la CNT, en marzo de 1973, sobre los comunicados 4 y 7 fue ésta: «Nos satisface mucho que en otros sectores que no son clase obrera se manifiesten esas inquietudes».264 La dirigencia sindical estaba entre dos aguas; por un lado la clase obrera que seguía con sus formas de lucha –huelgas y movilizaciones contra la presencia militar en la vida pública y la represión en general–; y por otro la cúpula de las fuerzas armadas, con la que dialogó sobre «el sentido y la plataforma del paro y la movilización» para decirles que nada tenían contra ellos. Pero la Junta de Comandantes sí tenía claro que los «caminos preconizados por ambas instituciones son irreconciliables». Si un sector de los luchadores sociales dudaba si tildar o no de enemigos a la jerarquía castrense, ésta no tenía dudas sobre los primeros, ni sobre su verdadera misión: restablecer el orden y no, como creyeron muchos, reformar la realidad social nacional. Así se lo comunicaron a los dirigentes sindicales cuando se entrevistaron con ellos.265
Sobre las expectativas en los militares de la izquierda Arocena cuenta:

«La verdadera historia es que la gran mayoría de la izquierda las tuvieron en distintos momentos. En el 72 y hasta febrero el MLN […]. En febrero, el PC se hace mucho más febrerista que el MLN, no tanto el MLN que ya no juega, pero la periferia del MLN, el 26 de Marzo, empieza a tomar más distancia sobre la simpatía hacia los militares. Recuerdo que en febrero del 73 estaba totalmente en minoría en el penal de Libertad. Sólo faltaba que repartiéramos tortas con velitas, la mayoría de la gente festejaba el febrerismo “¡por fin el nacionalismo militar!” Eso estuvo muy preparado por los dirigentes tupamaros, que preparan esa influencia en el nacionalismo militar.266 […] Pero no es sólo el PC, Zelmar Michelini,267 tan brillante y audaz políticamente, escribió en febrero del 73 en Marcha, artículos que Carlos Quijano respondió en los editoriales diciendo que no estaba de acuerdo con la era militar. Fue de los pocos en no tener expectativas. Sí las tuvieron Erro, Seregni sin ninguna duda […]. En el PS había mucha divergencia sobre este tema […]. La izquierda no frentista no tuvo ninguna expectativa. La ROE estaba en contra.»

En un artículo aparecido el 13 de febrero en Compañero y titulado «Solo el pueblo salvará al pueblo», la ROE aclaraba:

«La clase obrera y el pueblo no pueden alentar ninguna expectativa en que sus intereses vayan a ser defendidos por civiles o militares. Para los trabajadores el dilema es de hierro. O nos movilizamos por nuestros, presos, por nuestras libertades, por un salario, y mediante la lucha pesamos en el conjunto de la situación o asistimos pasivamente a un arreglo que se hará sobre nuestras cabezas […]. Los trabajadores no pueden asistir pasivamente a las disputas y negociaciones entre civiles y militares del gobierno, o entre distintas fracciones de la burguesía».

León Lev, al ser preguntado sobre las expectativas del PC con respecto a los militares tras los comunicados 4 y 7, contestó:

«Nunca nos hicimos ilusiones, nunca creímos en el mesianismo militar. Siempre concebimos al sector militar como un integrante más de la sociedad uruguaya y considerábamos que teníamos que incidir ahí como en los sectores civiles. La demostración más flagrante de que nunca nos entregamos de brazos abiertos a la utopía de creer que el mesianismo militar nos apoyaría es que fuimos la fuerza política que actuó más organizadamente durante la dictadura y que nunca dejamos de resistir.268 […] Sin hablarlo expresamente, nosotros discrepamos frontalmente con la actitud del PC argentino con respecto a la dictadura de Videla –añade al hablar de la actitud del PCU con los otros golpes de América Latina–. Calificamos a todos los golpes de América Latina como fascistas, contra todas las tesis que eran las dictaduras tipo EL PATRIARCA de García Márquez. Compartíamos la estrategia del Septimo Congreso de la Internacional Comunista, los frentes democráticos antifascistas, toda la nación contra el enemigo común, el fascismo.»

El PC publicaba en su vocero, El Popular:

«El país necesita cambios. Es lo que no quieren entender quienes por los intereses que defienden o por pensar atendiendo a viejos esquemas, pretenden que todo siga gual […]. Las fuerzas armadas deben reflexionar sobre este hecho: los marxistas-leninistas, los comunistas, integrantes de la gran corriente del Frente Amplio, estamos de acuerdo en lo esencial con las medidas expuestas por las FFAA como salidas inmediatas para la situación que vive la República, y por cierto no incompatibles con la ideología de la clase obrera y sin perjuicio de nuestros ideales finales de una sociedad socialista.»269
Si los sectores reformistas de los luchadores sociales aceptaban el aumento de la participación militar en la escena política, las fuerzas reaccionarias ni que decir. Los sectores más conservadores de los partidos tradicionales, en especial la Unión Nacional Reeleccionista y los nacionalistas encabezados por Aguerrondo, se alegraban de la tutela y la injerencia (aunque se considerara anticonstituicional) de los militares en el poder civil. La justificación de esta política se hacía en nombre de la seguridad y el desarrollo nacional. A mediados de mayo el político Angel Rath manifestaba en el Senado: «Mi sector político tiene una hipótesis interpretativa, por la que se admite una mayor participación de las fuerzas armadas en la cosa pública y en la conducción del gobierno».270
A medida que transcurría el año, la justicia militar estaba cada vez más presente en todas partes, incluido el Parlamento, donde solicitó los desafueros de los senadores Vasconcellos y Erro. Durante esos meses casi todas las declaraciones de tal o cual político fueron replicadas por las FFAA.
Durante el otoño uruguayo de 1973 se dio un empate político en el Parlamento (por ejemplo con respecto a la suspensión de garantías individuales y el desafuero de Erro). Esta paridad se evidenció en dos sectores: por una parte, entre los grupos mayoritarios del Partido Nacional, fracciones minoritarias del Partido Colorado y el Frente Amplio (pese a las persistentes dudas sobre los militares), y por otra, todos aquellos que apoyaban al presidente y que no veían con malos ojos una salida de fuerza, militar.
Otra de las tónicas del primer semestre de ese año fue la insistencia en ocupar los puestos de trabajo, por tiempo indefinido, en caso de golpe de estado, y los debates en torno a una posible huelga general. La Unión de Obreros, Empleados, y Supervisores de Funsa avisaba en una carta abierta:
«9. Que en consecuencia nuestro sindicato considera que la anunciada huelga general, de concretarse, se realizará en condiciones inconvenientes, pues no estará inserta en un plan de lucha global y asentada en la combatividad y la radicación de la clase obrera.
10. Declara que los objetivos de la huelga general deben quedar claros desde el principio. Que si lo que se persigue es defender el nivel de vida y las libertades de los trabajadores y del pueblo, o solamente defender la Constitución y las instituciones de la burguesía.
11. Que de todas maneras y aún en condiciones inconvenientes, en la medida que los objetivos sean claros, la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo es un hecho político de enorme trascendencia, que nuestro sindicato fiel a su trayectoria acompañará hasta sus últimas consecuencias, por salario real, libertades, por la derogación de la Ley de Educación y contra el Proyecto de Reglamentación Sindical y contra todas las leyes represivas habidas y por haber.»
Estos puntos fueron escritos el 10 de febrero de 1973 y publicados tres días más tarde en Compañero. En la misma carta se decía que la «clase obrera, nucleada en la CNT, debe mantener ahora más que nunca su independencia de clase, como única garantía de influir y gravitar en el proceso revolucionario».
Los primeros seis meses de 1973, aunque se caracterizaron por la presencia militar y los debates en torno a ese fenómeno, fueron también meses de continuidad de la lucha contra el régimen y sus guardianes. La inquietud general por la represión y por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios se concretaba en movilizaciones. Ejemplos de la resistencia fueron los atentados dinamiteros contra el domicilio de un jefe de la UTE y de un alto oficial de la armada; el paro general en la enseñanza; la huelga de futbolistas (¡hasta éstos hacían huelga en aquella época!); la marcha hacia la capital de los obreros textiles de Juan Lacaze, y la imponente ocupación de viviendas en el barrio Cerro Norte por unas setecientas personas sin casa. Desde el primer día de ocupación, la policía formó un cerco alrededor de la barriada y al cabo de varias semanas desalojó por la fuerza.271 A escala internacional destacan: en Argentina, la implantación de la pena de muerte para los «terroristas»; poco después, la asunción de Cámpora, quien restablece relaciones con Cuba y promete la amnistía de todos los presos políticos, que finalmente son liberados por la fuerza de una inmensa masa social,272 y los san grientos incidentes en la llegada de Perón, entre peronistas de derecha e izquierda.273 En España, la cesión del poder de Franco a Carrero Blanco, posteriormente volado274 y el fallecimiento de Pablo Picasso. A nivel global lo más destacado fue la crisis del dólar.

FOTOS 29, 30, 31 Y 32

III.4.3. Disolución de las Cámaras y creación del Consejo de Estado

La noche del 26 de junio, Canal 12 emite el certamen Miss Uruguay que se celebra en el Victoria Plaza Hotel. Horas después se escuchan bocinas y sirenas policiales y militares, en el afán de intimidar a la población y llevar a cabo numerosas detenciones, la mayoría de ellas frustradas, allanando los domicilios de dirigentes de organizaciones políticas y sindicales, quienes habían tomado la precaución de no dormir en sus casas.
El 27 de junio, el presidente Bordaberry, junto con los comandantes de las fuerzas armadas y los generales, clausura el Parlamento por tiempo indefinido, acusando al órgano legislativo de violar la Constitución por no haber procedido al desafuero del senador Erro.275 Se concretizaba así lo que se ha denominado golpe de estado.
Algunos luchadores sociales, desde el principio de la década de los setenta o incluso antes, veían inminente el golpe militar; otros, en cambio, seguían pensando que en Uruguay no se daría dicho proceso. María Barhoum recuerda:

«Hicimos todo lo posible, nos arriesgamos todo lo que teníamos que arriesgar o más, grandes sueños y grandes esperanzas, lo hicimos con toda la buena intención. Pero que me digan que el golpe lo esperábamos…, porque no lo esperábamos, ni tampoco el exilio. Vivíamos en una chacra muy pequeña y muy cerrada que es el Uruguay. El golpe nos agarró a todos muy mal parados. Después de los años, muchos dicen que sí la esperaban, es mentira, no la esperábamos… Por algo pasó lo que pasó. El golpe del 73 fue el que destrozó a la sociedad uruguaya, los otros pequeños golpes destrozaron a las organizaciones y a los que participamos en ellas pero el del 73 le tocó a quien estaba y a quien no estaba.»

Al iniciarse la dictadura, el presidente siguió hablando de democracia y libertades. Según él, lo que se consolidaba no era un golpe militar que mermaba los derechos humanos y democráticos sino una reorganización del estado justamente para poder protegerlos. En un discurso retransmitido por radios y cadenas de televisión ocupadas por las fuerzas conjuntas, Bordaberry «tranquilizaba» a sus compatriotas y les advertía de posibles «enemigos», en referencia a huelguistas y saboteadores, de la nueva realidad nacional:

«Y va con ello entonces el rechazo a toda ideología de origen marxista que intente medrar con nuestras dificultades, que intente aprovechar de la generosidad de nuestra democracia, para presentarse como doctrina salvadora y terminar como instrumento de opresión totalitaria. Este paso que hemos tenido que dar no conduce y no va a limitar las libertades, ni los derechos de la persona humana. Para ello y para su vigilancia estamos nosotros mismos; para eso además hemos comedido esas funciones al Consejo de Estado y más allá, aun por encima de todo, está el pueblo uruguayo que nunca dejó avasallar sus libertades.»276

Sobre el papel jugado por el propio presidente de la República en el golpe, Ferreira Aldunate en una entrevista manifestó: «El que crea que él fue un títere en manos de un sector levantisco de las fuerzas armadas comete un gravísimo error, Bordaberry, realmente, encabezó el movimiento. Fue tan tonto que creyó que podría ser el jefe civil de una dictadura militar».277
Las opiniones sobre las causas del golpe varían según el testimonio, aunque como se ve hay muchas coincidencias: El ex teniente coronel Halty enumera las causas diciendo: «la convulsión y crisis del país juntada a la crisis interna de las FFAA, debido a las distintas maneras de reaccionar frente a esa crisis» mientras Lev afirma:

«El golpe no se dio contra los tupamaros, que ya no existían, se dio contra el pueblo, […] contra la democracia, y la universidad. Por eso es tan grave la frase del Partido Colorado: “Todos somos responsables del golpe de estado”, ¡mentira!, acá hay víctimas y victimarios, verdugos y gente que fue torturada, encarcelada y desaparecida […]. Las dictaduras no fueron una respuesta autóctona a los fenómenos nacionales, formaron parte de una ofensiva de los EEUU, en su política regional y latinoamericana, para imponer el neoliberalismo y una estrategia de control del avance de las fuerzas de izquierdas.»

Lev habla también del papel dubitativo de los burgueses «demócratas» que declaraban estar contra la disolución del Parlamento: «sectores de la burguesía, para evitar el golpe, hacen concesiones que en la práctica no generan la resistencia para evitarlo e imposibilitarlo». Y aclara que «los partidos políticos tradicionales no acompañan al golpe, lo acompaña un sector del Colorado y otro del Nacional».
A continuación se cita un fragmento de un texto en el que los militares realizan una cronología de su participación en la vida pública, diciendo que su actuación en la escena nacional fue a pedido de las instituciones legales –Ejecutivo, Constitución y Parlamento–:

«En el año 1970 el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, conforme a la Constitución, suspendieron las garantías individuales porque estimaron había una conspiración contra la patria. En 1971 el Poder Ejecutivo, cometió [sic] a las fuerzas armadas y policiales, la lucha anti-subversiva y en 1972 el Poder Ejecutivo declaró, también según los procedimientos constitucionales, el estado de guerra interno. El Poder Judicial primero y la justicia militar después, por mandato del gobierno constitucional, procesaron a terroristas subversivos […]. Dados esos hechos, la nación recurrió para su legítima defensa, a sus fuerzas armadas y policiales. La misión fue cumplida por militares, policías y civiles, siendo el enemigo derrotado militarmente y previa intervención de la justicia penal, se restauró el estado de paz pública.»278

En el anterior párrafo los militares explican que fueron el gobierno y todas las instituciones legales los que les encomendaron la lucha contra la «sedición». En esas líneas hay que darles la razón, mal que les pese a muchos de los parlamentarios de aquel momento, pues fue la propia democracia quien dio protagonismo a las fuerzas militares y golpistas.279 Lo que no aparece en este texto, y es sorprendente aunque no inocente, es que el golpe de junio de 1973, cuando las FFAA disuelven las Cámaras, se produjo sin consentimiento del Parlamento, aunque sí del Poder Ejecutivo.
En varios comunicados, algunos de ellos presentados en este trabajo, los militares se quejaban de las trabas legales que encontraron en su primera etapa de lucha contra los subversivos, para así justificar el golpe de estado. ¿Pero por qué les estorbaban tanto y en qué consistían esas «formalidades», derechos humanos, garantías constitucionales? Un ejemplo, que ayuda a comprender el malestar castrense y policial, ocurrió el 28 de febrero de 1971, cuando el rector de la Universidad, O. Maggiolo y el decano de la Facultad de Ingeniería, J. Ricaldoni, impidieron el allanamiento de esa facultad por efectivos militares que buscaban un tupamaro, permitiendo únicamente el ingreso de un juez de instrucción, que por supuesto no encontró a nadie.
Los políticos, que en muchas ocasiones habían criticado a los militares, ya no tenían la menor confianza de éstos para dirigir al país. Las fuerzas conjuntas en ese momento ya se veían como las salvadoras, las únicas que realmente podían enfrentarse a la «sedición» y a la corrupción generalizada. A continuación, y a modo de síntesis, se presenta la declaración de un militar que ilustra las razones que lo llevan a participar en el golpe de estado. Es necesario saber que esta manifestación del brigadier Jaume es de diez meses antes que se concretice la disolución de las Cámaras, el 23 de septiembre de 1972, durante el discurso de un homenaje a Artigas y una vez derrotado militarmente el MLN:

«No queremos ganar sólo la batalla, queremos ganar la guerra. Y la lucha no ha terminado ni terminará si además de extirpar el cáncer, no emprendemos con igual energía la tarea patriótica de remoción de las causas de la violencia.
Es necesario combatir aquellos factores que sin oponerse abiertamente, traban, obstaculizan y frustran el desarrollo nacional.
Tan enemigos son los que ocultos tras un seto, asesinan a mansalva o aquellos incapaces de ningún acto de valor, descargan su cobardía y su frustración sobre el que encuentra desprevenido e inerme. Tan enemigos como estos, repito, son los agiotistas, los usureros, los contrabandistas, los especuladores, los estafadores del erario público. Todos aquellos que usan las libertades orientales, en su indigno provecho y en desmedro del pueblo oriental transgrediendo la función esencial de la justicia distributiva.»280
En resumen el golpe se produjo porque llegó un momento en el que, debido al enorme antagonismo social, sólo parecían posibles dos proyectos: revolución o dictadura –que ya no sería constitucional sino militar–, quedaban lejos los años en que la salida reformista y la de la paz social predominaban. En este mismo sentido, un empleado de la banca ya advertía en 1970: «no van quedando más que dos salidas: o la reacción capitalista, oligarca y fascista del régimen, o el coraje sin vuelta atrás, bien organizado en la práctica y teoría, de las fuerzas del pueblo. No puede haber aguas tibias».281
Por lo tanto la teoría de los demonios no parece correcta, el golpe no fue por la existencia de los tupamaros, ni por monstruos inhumanos vestidos de verde-gris. Se dio por todos los factores sociales que lo determinaron y que se explican a lo largo de esta obra.
Hay que aclarar que si el sistema capitalista puede evitar los golpes de estado, los evita; el capital se desarrolla más en la denominada democracia, no sólo por la libertad en general que dice ofrecer sino por la libertad de comercio, siempre menor en épocas castrenses. Si en Uruguay hubiera habido congelación de salarios y nadie hubiera protestado, si hubiera habido despidos, miseria repentina, más y más represión y ni una voz, rifle, canto ni escrito se hubiera rebelado, no hubiera habido golpe (pero tampoco vida).

III.4.4. Dos semanas de resistencia frontal al golpe militar282

III.4.4.1. Un amanecer militarizado
El miércoles 27 de junio de 1973, a las seis de la mañana en una ciudad del interior, María Barhoum pone la radio y escucha una marcha militar. Afuera, en las calles, hace mucho frío y en los campos aún hay escarcha. Ante la evidencia de la concreción del golpe de estado, tiene la necesidad de reunirse con sus compañeros de la FAU y la OPR 33. Para llegar a Montevideo debe atravesar el puente Santa Lucía, una «frontera» improvisada por los militares. Para aminorar riesgos decide no ir en el ómnibus interprovincial, como lo hace cotidianamente, sino en el coche de un conocido comisionista. Apenas llega a Montevideo se dirige al local donde irán llegando sus compañeros, haciendo caso omiso de los comunicados de las FFCC en los que se establece la prohibición de todo tipo de reunión política sin previa autorización, así como la de divulgar cualquier tipo de información que «afecten el prestigio del Poder Ejecutivo y/o de las Fuerzas Armadas».
Inician el trabajo de «limpieza» del local y se reúnen para ver qué hacer. No hay tiempo para grandes análisis. Piensan incluso en la resistencia armada pero la descartan, entre otras muchas razones, porque gran parte de los compañeros que manejaban armas, de su organización y otros grupos, están en la cárcel. Sintetizan la situación que vivirá el proletariado a partir de entonces: una reacción defensiva pero que podría devenir ofensiva y convertirse en una huelga revolucionaria.283 «Toda acción es defensiva y ofensiva» concluyen.
Hay muchas otras reuniones, en ese momento, por todo el país. En la entrada a las fábricas del turno de las seis de la mañana, media hora después de los comunicados de las FFAA, habían comenzado espontáneamente las primeras asambleas obreras.
En una de esas asambleas estaban los dirigentes sindicales Ricardo Vilaró y Héctor Rodríguez, fundador de los Grupos de Acción Unificadora, agrupación que la noche anterior, ante los rumores del inminente golpe de estado, ya había decido que no esperarían órdenes de nadie y harían huelga.
«Como teníamos un gremio, el textil, que sabíamos que lo podíamos parar, lo paramos. Y desde la fábrica salimos a parar al resto. La verdad que no encontramos ninguna resistencia, donde llamamos parar, se paró. Encontramos sí, compañeros que decían:
–Mirá, todavía no nos llegó la orden, estamos esperando.
–Bueno, pero pídanla, averigüen –contestábamos nosotros.
Nunca encontramos a nadie que dijera a los trabajadores “no, no paren” el empuje de la masa no lo permitía.»

Héctor Rodríguez, en esos momentos de incertidumbre, extraños inclusive para un hombre de larga experiencia en la coordinación sindical, recuerda su visita al local del Partido Comunista.
«Me encontré con el velorio de Francisco Espínola, un gran escritor. No pude hablar con Arismendi, ya no estaba visible, el único hombre de dirección que encuentro es Rosario De la Roya.
–Mira Rosario, vengo porque la situación es suficientemente grave como para que no tengamos ninguna duda sobre lo que hay que hacer. Nosotros ya estamos parando, las fábricas están paradas.»

Por todo Montevideo, las asambleas deciden llevar a cabo lo que desde hacía años se repetía como consigna: «si dan un golpe de estado respondemos con la huelga general». Se vota entonces la ocupación de las fábricas,284 así como el envío de delegados a otros centros de trabajo. Se organizan en cada lugar abastecimientos, piquetes y propaganda hacia el barrio y otras fábricas aún no ocupadas. Se decide mantener el abastecimiento de los servicios esenciales, bajo control obrero: agua, luz, combustible para hospitales y transportes básicos, distribución de leche y atención médica de urgencia.
Las radios pasan música folklórica y marchas militares intercaladas con la lectura de los decretos del Poder Ejecutivo y fuerzas conjuntas; uno de éstos fue la suspensión de las clases en todo el territorio nacional, que tuvo como respuesta la ocupación de los locales universitarios y diferentes centros de enseñanza.
En general la gente se abriga y sale a la calle a ver qué pasa. En las ferias (mercados) de los barrios, en las colas para adquirir queroseno, a la salida de las parroquias o en las plazas, los huelguistas charlan con el resto de la población, explican sus intenciones y recolectan dinero, alimentos y maderas para hacer el fuego de las ollas populares y calentar los centros ocupados. En algunas paredes se pintan lemas antidictatoriales, en otros muros siguen presentes los carteles pegados la noche anterior llamando a proseguir la lucha. En la cartelera se anuncia películas como El Padrino o La Naranja Mecánica. La propaganda cinematográfica también vende las películas de «franja verde», eróticas, de reciente aparición, como por ejemplo La casa del placer o Sexo en vacaciones. A las diez de la mañana ya se encuentran ocupadas muchas fábricas, oficinas, bancos, centros estudiantiles. El régimen responde realizando allanamientos y detenciones. Algunas voces hablan de extender la lucha y llevarla a los niveles de violencia que sean necesarios hasta que «caiga la dictadura».
En un local sindical del transporte, situado en la calle Luis Alberto Herrera, varios obreros empiezan a sacar material útil para la lucha, pero muy comprometedor en esos momentos. Cuando están sacando un mimeógrafo pasa un camión lleno de miembros del ejército y allanan el recinto. Entre los trabajadores del transporte corre la noticia y surge un paro espontáneo; esto complica la manera como el círculo de Héctor Rodríguez y otros dirigentes obreros pensaban coordinar la huelga general. El plan, surgido en 1965, consistía en la concentración de la mayor gente posible en las fábricas. Para poder salir a la calle a manifestarse y transformar la ciudad en un hervidero había que parar y ocupar, no con un turno, sino con dos o tres. Según Héctor Rodríguez, para que eso fuera posible el transporte no podía parar a primera hora, debía hacerlo después de la entrada del segundo turno.
«Claro, pero ese plan no podía ser público [lo desconocía la mayoría de los trabajadores y toda la plantilla de transportistas]. Nadie transmitió esto al gremio de transporte. No les transmitió [siquiera] la orden de parar en caso de golpe […]. Entonces, cuando por la mañana vemos que el transporte funciona estábamos contentísimos, pero el paro del transporte nos complica la vida. Intentamos que vuelvan a funcionar, cuando les explicamos, entienden.
–Entonces, compañero, tiene que seguir circulando, haciendo su recorrido.
–Bueno, ¿pero dónde dejamos las unidades, después? No las vamos a dejar donde las dejamos siempre –opina un chofer de autobús.
–No, habrá que meterlas en las grandes fábricas. Es preciso quedarnos con el material de transporte en nuestras manos –le contesta uno de los agitadores de la huelga, expresando la consigna ya extendida por gran parte de la clase trabajadora.
El chofer fue a explicar estas consignas a la dirección de la Federación Obrera del Transporte, vinculada a la CNT. Pero la dirección sindical vio inapropiada esta medida.
–No, no se puede hacer eso.
–Entonces vamos a sacar la válvula de las cubiertas, las embolsamos en una bolsa de plástico y las llevamos para la casa de cualquiera –insiste el conductor.
–Mirá, si descubren ese material en casa de alguno va preso para toda la vida.
–Bueno, entonces la escodemos en el tanque de combustible.
–No, no podemos hacer eso.»
La línea de ese gremio durante la huelga general resultó confusa ante los ojos de los luchadores sociales por las negativas de la dirección del FOT y por el hecho de que el transporte funcionara en aquellos días. Ese día y el siguiente, son muchos los conductores que deciden volver a circular, a pesar del grito de «¡Carneros!» de los obreros que los ven pasar. Algunos vehículos son incluso apedreados. Sin embargo, muchos deciden secundar el paro. Y como es lógico, al dejar los ómnibus en los lugares de siempre, los militares empezaron a sacarlos a la calle. Cuando ya habían sacado varios, fueron a la casa de los choferes a buscarlos para que manejaran.285

III.4.4.2. Extensión de la lucha

Todavía en el relato del primer día del denominado golpe de estado, al mediodía comienzan las primeras manifestaciones de protesta en la calle. En el titular de la portada del diario El País se lee:
«Disolverán las cámaras. Crearían un Consejo de Estado; renuncian varios ministros, los salarios aumentarían 50 %; suba de servicios estatales del 20 %».
A pesar de la censura total de información y de que ningún medio de difusión oficial hable de la resistencia al golpe, las noticias y consignas circulan bastante bien entre la población de diferentes zonas. Pero con el paso de los días se minimizan las fuentes de información obrera, la tinta y el papel se acaban y una buena parte de mimeógrafos y técnicos gráficos son apresados.
Mientras tanto, el ministro del Interior se reúne con dirigentes del Partido Comunista y CNT para analizar la situación. Todos consideran normal un cierto nivel de protesta ante el levantamiento militar. La CNT, por el momento, no llama a los obreros a ningún tipo preciso de acción286 y el editorial de El Popular, periódico de gran influencia entre la dirección de la central sindical, por ser la mayoría de ésta militantes del PC, afirma:

«Dos caminos se abren ante la República: uno es el de una “salida a la brasileña”, camino acariciado por la rosca y el señor Bordaberry. El otro camino es el auténtico pueblo, el de la coincidencia patriótica por un programa de bienestar, libertades y transformaciones, para lo cual el general Seregni llamó a la unión de los orientales honestos, civiles y militares, lo que coincide en esencia con lo planteado en los comunicados 4 y 7, con lo aseverado por Ferreira Aldunate o lo que acaba de expresar el general Martínez.»

Tejera recuerda: «un militante del PC de Artes Gráficas me dijo “pero después de todo, esta gente nunca estuvo, hay que darles una oportunidad”. Era tal el desprecio a la democracia burguesa que finalmente te daba igual cualquier cosa». Fernando Castillo señala que el miembro del PC que ocupaba con él su facultad era distinto: «incluso éste salía a tirar bombas y miguelitos, hasta que les llegó la orden de arriba, porque la base estaba en plan radical. Hasta que en una gran asamblea en la universidad, rodeados por los milicos, los comunistas dicen que los que eran golpistas resulta que eran peruanistas, revolucionarios. Se armó tal lío que hubo piña y todo».
El líder del Frente Amplio, Seregni, intenta unificar los criterios de la izquierda y emite un discurso rechazando el golpe.287
Por la noche algunos ciudadanos se quedan en sus casas escuchando las palabras del presidente, «Las instituciones, compatriotas, las estamos salvando hoy»288 y viendo la televisión. En el canal 4 pasan la serie policial del inspector Colombo y en el 12 la película Mesas separadas.
El jueves 28 de junio la huelga y las ocupaciones se extienden por todo Montevideo y empiezan a hacerlo en el interior del país, especialmente en las capitales de los departamentos con mayor actividad industrial. Hubo importantes manifestaciones y ocupaciones en Paysandú, Las Piedras, Florida, Mercedes, etcétera.
La fábrica se transforma en un centro de agitación y reunión, en el que no sólo participan los trabajadores sino gran parte de la gente del barrio, participando y colaborando en diferentes tareas.289 Fábricas de distinto tipo realizan actos comunes, como por ejemplo en Paso Carrasco, donde se unen obreros frigoríficos, de Fulgor, Ayax, Cicssa…
Todos los partidos –el Blanco,290 el Colorado y Frente Amplio– condenan el golpe y tratarán de conciliar, a través de una negociación, a todos los sectores del país enfrentados. A. Gelsi Bidart, una de las personas electas para entrevistarse con el presidente y los comandantes de las FFCC, frente a la negativa de éstos a recibirle dedujo: «no había voluntad de conciliación sino de imposición sobre la nación».291
El diario conservador Acción en su editorial también se muestra contrario al golpe y por eso es censurado por tres ediciones. Jorge Batlle, responsable del periódico, decide cerrarlo definitivamente «por no existir condiciones para su publicación» y difunde junto a los militantes de su sector político un panfleto titulado: «Muera la dictadura». Los integrantes de Unidad y Reforma del Partido Colorado también distribuyen volantes en esa línea.292
El mayoritario rechazo a los golpistas anima a la población a paralizar la producción y llevar a cabo iniciativas que expresen el repudio al protagonismo castrense. Durante la noche, la CNT declara de forma oficial que apoya la huelga aunque no acepta aún su carácter ilimitado.293 El Secretariado Ejecutivo nombra un Comando de dirección de la huelga que sigue las directivas del PC.
En Estados Unidos el Daily World titula: «Huelga general contra el golpe militar en Uruguay».
El combustible comienza a escasear, los camiones y tanques militares exigen a los obreros que les entreguen el petróleo refinado. El sabotaje –mezcla del crudo con el refinado– fue impedido por la federación de Ancap, filial de la CNT, que logra al fin que se le entregue el combustible a los militares.294 En muchos centros de lucha, los dirigentes de la CNT son denunciados e insultados. Se escuchan las consignas de los años 68-69 «militancia sí, burocracia no» y «militancia sí, reaccionarios no». Por su parte la central sindical aconseja no seguir ninguna directiva o acción que no proceda directamente de ella.295

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Hubo una gran polémica, llegando incluso a las manos en algún caso, entre partidarios de la huelga indefinida y todos los que siembran ilusiones en los militares cuatrosietistas que durante esos días sostienen que hay que esperar para ver qué deciden estos últimos: «Nosotros seguimos creyendo en la necesidad de una coincidencia de todas las fuerzas patrióticas, civiles y militares».296
El régimen reconoce que todo está paralizado. El ministro del Interior, luego de un discurso en el que llama a abandonar la lucha de clases por «el amor de la gran familia uruguaya» y «tira flores» a todos los progresistas, da un plazo perentorio, hasta el día siguiente, a partir del cual se emplearía la fuerza.297
El gobierno cambia de táctica y pasa de minimizar la huelga y las ocupaciones, a alarmar a la población sobre «las consecuencias de la paralización del país y de todos los servicios esenciales»; a justificar la anunciada operación desalojo y a intentar oponer los trabajadores y estudiantes en huelga «dirigidos por falsos líderes» al resto de la población, diciendo, por ejemplo, que a los enfermos no se les deja entrar a los hospitales –suceso que según las fuentes consultadas no era cierto– y que los jubilados no pueden cobrar su pensión. El proletariado responde profundizando la campaña de información en los barrios y explicando que mantienen guardias en los servicios esenciales. Desde los comités de base del Frente Amplio se organiza la recogida de basura y se impide la especulación y acaparamiento de productos de primera necesidad.
Las autoridades, antes de incrementar la represión, intentan desestabilizar la moral y la unidad de los ocupantes298 y propagan falsas noticias sobre el levantamiento de la huelga en tal o cual fábrica. El ministro del Interior declara:

«El gobierno considera eficaz la realización del plebiscito en los que los personales de cualquier labor paralizada puedan expresar mediante el voto secreto su voluntad de trabajar o no. Por encima de lo que son los muy justos y atendibles intereses del gremio, están los superiores intereses del país.»299

Las noticias que llegan desde Chile, sobre el fracaso de un intento de golpe militar contra el presidente Salvador Allende, provocan el optimismo entre amplias capas de la población combativa uruguaya.300 El Frente Amplio analiza la intentona militar en el cercano país declarando:

«No es por azar que el golpe de estado [en Uruguay] se haya producido casi simultáneamente con el frustrado golpe de Chile. Uno y otro manotazo se inscriben en la reacción del imperialismo contra el ascenso de las corrientes nacionales y populares en América Latina.»301

III.4.4.3. Operación desalojo

El sábado 30 de junio, las fuerzas armadas comienzan la operación desalojo. Calculan llevarla a cabo durante el fin de la semana para imponer el trabajo el lunes. Mientras, en dos comercios de la avenida 8 de Octubre, estallan cuatro molotov. Los desalojos se realizan con mayor o menor violencia, según los lugares. En general, no se emplean armas de fuego, sino bombas de gas lacrimógeno. Cuando pueden, tiran las puertas abajo; cuando no, hacen un boquete en las paredes. En muchos casos, la tropa apalea a los combatientes obreros, tanto a los que están dentro de los lugares de trabajo como a los que están concentrados fuera, en apoyo a la ocupación y abucheando a los militares.
«Los oficiales repetían en tono amenazador:
–Señoras, vamos a proceder si no se van. Y ellas repetían:
–No nos vamos; allí está mi marido, allí está mi hermano, son familiares nuestros los que están dentro.»302
En otros casos, los luchadores sociales buscan apoyo y derrotismo entre los soldados.303 Las FFAA, por su parte, dicen actuar por el bien de los trabajadores, para que puedan trabajar con garantías.304
Pasadas las horas, muchos centros ya han sido desalojados. Los militares creyeron que la victoria era desalojar, pero para la burguesía era restablecer el trabajo. Ante los desalojos, hay varias estrategias.
«La CNT, que a esa altura se consideraba propietaria de la huelga, propone que en caso de desalojo, los trabajadores se reúnan en “sus respectivos sindicatos”. Los trabajadores desde los primeros desalojos contraponen a esa consigna (que hubiese significado la liquidación del movimiento), la consigna de “reorganizarse y ocupar de nuevo” y se hacen llamados a los soldados a no obedecer.»305

«El PC cuando vio que el ejército empezaba a desalojar las fábricas dice a los obreros que se trasladen al local del sindicato, pero eso era reducir, nos llevaban presos a todos». Héctor Rodríguez quien recuerda que ante estas directivas sindicales algunos huelguistas proclamaron que en caso de desalojo lo que había que hacer era volver para sus casas y cuando convocaran a trabajar, presentarse y ocupar de nuevo.
«Hicimos trabajar diecisiete mimeógrafos en una noche, movilizamos a varios centros, los llevamos a todas las fábricas y esa fue la línea que se aplicó. El panfleto no iba firmado por nadie, al final del mismo se podía leer: ¡Viva la huelga general! ¡Viva la CNT!».306
En la fábrica vecina de la que se encontraba Héctor Rodríguez, el dirigente sindical era de «la otra corriente» y cuando ve que se está repartiendo la famosa octavilla, se acerca a Héctor y le increpa:
–¡Ché! No se puede repartir este volante.
–¿Por qué?
–Porque ésta no es la orden de la CNT, esto es una falsificación.
–¡Ah, no! –disimula Héctor–, a mí me lo trajo el mismo compañero que me trae toda la información desde que empezó la huelga. Yo la voy a leer.
–No, yo en mi fábrica no la leo.
Los trabajadores seguían las consignas de volver a ocupar y al día siguiente así lo hicieron.307 «Y así lo leyó [el mismo que se negaba antes] al día siguiente cuando vio que la ola le pasaba por arriba».
Llegan hasta Montevideo informes que aseguran que en otras ciudades y pueblos obreros de la industria, comercio, transporte, empleados públicos y privados se plegaron a la huelga: Las Piedras, Paysandú, Dolores, Tacuarembó, Artigas, Colonia, Salto, Florida, Rivera, Minas, Maldonado, Fray Bentos, Mercedes y San José.
El gobierno declara ilegal a la CNT, que paradójicamente recibe la noticia en el Ministerio del Interior, donde una delegación esperaba al ministro «progresista» para dialogar.308 La sede de la central sindical en la Ciudad Vieja es allanada y las cerca de cien personas que estaban en su interior arrestadas. Ciudadanos anónimos albergan a dirigentes obreros y estudiantiles perseguidos; parroquias y clubes barriales son facilitados para las reuniones, que desde el principio de la huelga son clandestinas.
El domingo 1° de julio, la ofensiva del régimen se acompaña de una primera serie de concesiones: la revaluación de pasividades (jubilaciones), un próximo aumento de sueldos…, anunciándose que «se han dado las condiciones adecuadas para que en el día de mañana, lunes 2 de julio, el país reinicie el camino del trabajo».
Se juegan casi todos los partidos de fútbol del campeonato uruguayo, con escasa afluencia de público en los estadios. Ni en tales circunstancias determinados individuos son capaces de descubrir las verdaderas causas de sus frustraciones: en el partido Nacional–Liverpool de la quinta división, algunos hinchas agreden al árbitro.
Los desalojos continúan a paso firme en todas las grandes concentraciones obreras y se hacen con un impresionante y desproporcionado equipo militar. Para desalojar Funsa, tradicional centro de proletarios revolucionarios, se emplean varios camiones, siete tanques y varios helicópteros. La operación es dirigida directamente por el ministro del Interior y el jefe de la Región Militar nº 1.

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En ningún caso hay enfrentamientos propiamente dichos, que hubiesen sido fatales para los obreros sin armas de fuego.309 Hay una cierta resistencia, pero los luchadores sociales comprenden que para emplear la violencia es mejor escoger los objetivos del enemigo, eligiendo hora y lugar y concentrando fuerzas, que defender una fábrica, en esas condiciones. Eso sí, deciden ponérselo difícil a los agentes del orden, ahora vestidos de verde marrón; traban y defienden todas las puertas de accesos y sobre todo se hacen operaciones que desorientan a los militares, como por ejemplo, poner en marcha toda la cadena de producción para que parezca que trabajan. En la planta textil La Aurora, cuando vieron llegar a los soldados para llevar a cabo el tercer desalojo activan los telares, y aquéllos se retiraron sin llegar a entrar.
El tupamaro José Mujica, que en esos momentos estaba en la cárcel, torturado y aislado, reconoce:

«El inmenso remordimiento que tengo es que cuando llegó la hora que nosotros habíamos vaticinado, […] lo que en definitiva había sido la razón de nuestro origen […], tal vez porque madrugamos mucho, no le servimos de nada a la sociedad uruguaya, especialmente a los sectores populares, para parar ese golpe. Al llegar la dictadura, estábamos desechos. Apenas teníamos presencia en la calle, pero en medio de un pueblo que se encontraba inerme y que no estaba en condiciones de transformar por sí mismo una huelga de resistencia en una huelga insurreccional.»310
En un momento de la entrevista, Mujica declaró que cuando en 1972 estaban deteniendo a tantos tupamaros, producto de las delaciones, tendrían que haberse replegado y tratar de, por lo menos, preservar un núcleo fuerte y organizado.
Los presos sentían una doble frustración, fruto de estar encerrados y de no poder sumarse al combate con los huelguistas. Los sabotajes simbólicos y otros pequeños actos solidarios con la huelga hicieron disminuir ese sentimiento y demostraron que, encerrados o no, los luchadores sociales seguían unidos y firmes. En la cárcel Libertad, los reclusos enchufaron a la vez todos los sums (resistencia eléctrica para calentar agua) que tenían y generaron un apagón en el penal y en la población más cercana.
El régimen, que desde el principio recibe ánimos internacionales, obtiene el apoyo material y militar desde Brasil. La población se entera de la llegada de camiones y jeeps militares por el Chuy. Al mismo tiempo se sabe que las fuerzas armadas brasileñas ponen a disposición de las uruguayas un permanente puente aéreo que servirá para el abastecimiento, especialmente de petróleo ya refinado.

III.4.4.4. ¿Vuelta al trabajo?
Como se ha explicado, para asegurar la reanudación laboral, el sector transporte era fundamental. El gobierno prepara la salida de muchos coches conducidos por policías o patrones de Cutcsa. Gracias a la Federación Obrera del Transporte, fiel a las directivas de la CNT, los ómnibus están juntos y no fueron saboteados.
El lunes 2 de julio el gobierno logra poner en funcionamiento un número importante de unidades de transporte colectivo para asegurar la entrada al trabajo. Cada ómnibus es acompañado por vehículos represivos: un jeep adelante y un camión o camioneta policial detrás.
Grupos de acción directa de todos los sectores responden. Algunas calles están regadas de miguelitos.311 Se incendian varios ómnibus y se pintan frases como: «resistir la dictadura militar fascista». En algunos casos se producen enfrentamientos con las fuerzas represivas. «En otros –según Juan Nigro– es gente del aparato de choque de la CNT los que se oponen físicamente a los sabotajes». Se logra también inutilizar, o dañar seriamente, un conjunto de vehículos militares y policiales. En estas acciones arriesgan la vida militantes de vanguardia, algunos de ellos adolescentes.312 Hay heridos de bala. La central sindical llama a continuar la huelga pacíficamente y sin dañar los medios de trabajo. A pesar de esa directiva, comienzan los sabotajes en los equipos de producción, unas veces por una voluntad manifiesta en las asambleas y otras por la lucha a contra corriente de pequeños grupos de obreros radicales.
Por todos lados se realizan nuevas reuniones que acuerdan seguir firme la huelga y las ocupaciones.313 A mediodía el proletariado controla, prácticamente, todos los lugares de trabajo. Algunos comerciantes que quieren abrir sus comercios son obligados por los huelguistas a cerrar a la fuerza.
Se producen muchos arrestos; y en todos los casos, como se hacía sistemáticamente en los últimos años, se encapucha y se tortura –submarino, electricidad, caballete, colgaduras.
Oligarcas y militares intentan nuevas medidas,314 desalojan nuevamente algunos centros y apalean a los obreros, quienes apaleados o no vuelven a ocupar.315 En otros casos intentan hacer trabajar con el fusil detrás y con perros de custodia, como en Ancap, Lanasur o la banca pública y privada, pero se requieren varios soldados por obrero produciendo y en muchos casos los trabajadores desaparecen, como sucedió el 3 de julio en Ancap (la única, por monopolio estatal, refinería de petróleo).
En Salto, las FFCC arrestan a «diecisiete sediciosos; varios habían recibido instrucción en el exterior».316 En Paysandú, unos quince mil manifestantes marchan por el centro de la ciudad en repudio del golpe. En Argentina, Chile, Bolivia y otros lugares, sectores del proletariado de esos países y exilados uruguayos realizan diferentes acciones de apoyo a la lucha en Uruguay, al igual que en Roma, París y Londres, donde se forman comités de solidaridad.
El fracaso de la operación desalojo fue considerado aquel mediodía como total y estrepitoso. Se sabe rápidamente, basándose en los informes de los obreros de las plantas eléctricas ocupadas, que el consumo de energía fue igual al de un día no laboral. Conviene subrayar que las plantas eléctricas estaban totalmente ocupadas. Si hay algo que sigue funcionando es la emisión de la programación televisa; los niños más pequeños, desconcertados o ajenos, al menos de forma racional, a la dura batalla social, miran en la pequeña pantalla los combates de Titanes en el ring.
Los militares no lograron poner en funcionamiento el transporte interdepartarmenteal ni los ferrocarriles. Durante la tarde, el número de unidades del transporte montevideano que se encuentran averiadas es tal que las fuerzas armadas deciden retirar las restantes de circulación.
Por la noche, el ministro de Interior anuncia el decreto de aumento de salarios que rige a partir del día siguiente, y responde a la prensa cuando se le pregunta por la central sindical: «La CNT no existe.
¿O es que acaso no han leído el decreto que la disolvió?».317
Al otro día en Ancap, donde se cumplía el tercer día de ocupación castrense, se logra sabotear el circuito eléctrico con una cadena, lo que provoca un principio de incendio. El pánico hizo que los militares presentes abandonaran el lugar, hecho que fue aprovechado por los obreros para paralizar todo el proceso de refinamiento del combustible y apagar la simbólica llama. Las fuerzas armadas intentaron luego reunir nuevamente a los obreros, pero a pesar de la búsqueda casa por casa sólo lograron llevar hasta la planta al 5 % del personal bajo amenazas. Con la consecuencia que la puesta en funcionamiento se demoró algún día más. El sabotaje fue recogido por la prensa «Informan sobre atentado contra la planta de Ancap. “Pudo haber volado”».318

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Según una de las entrevistadas, los que apagaron la llama de Ancap, una de las acciones proletarias contra el régimen más simbólicas de aquel período, fueron miembros del PC, que actuaron de forma autónoma. Lo que demuestra que si bien la dirección del PC tenía una línea dubitativa con respecto a los militares y la radicalización de la huelga, no pocos militantes de base estuvieron en ese momento, como en otros del pasado, en acciones contra el sistema burgués.
La totalidad de los partidos políticos, sindicatos y hasta algunos empresarios desbordados por las circunstancias se «solidarizan» con la resistencia popular, dándose casos de donaciones en dinero y víveres. Según varios testimonios, en todos los casos este tipo de regalos viene acompañado de la tentativa de cambiarle las consignas al movimiento proletario, sustituyéndolas por ejemplo por el himno nacional.319
La dictadura descarada sigue perdiendo adherentes por parte de aquellos que la prefieren «constitucional» y hasta varios ministros y el vicepresidente se desolidarizan y renuncian.
La organización Mujer Oriental convoca una misa contra el golpe de estado en la catedral de Montevideo, a la que asisten cuatro mil mujeres que llenan el interior y la plaza Matriz, donde son reprimidas por la policía.

III.4.4.5. «¡Acá no se trabaja! ¡Se ocupa y se pelea!»
El miércoles 4 de julio supuso uno de los puntos álgidos de la huelga. Los presos, a pesar de la censura y la incomunicación, logran tener noticias del combate popular. Arduas discusiones sobre el futuro de aquella lucha se llevan a cabo en todas las cárceles. En el penal de Libertad, el más optimista de todos trata de planchar el uniforme de preso para el desfile triunfal de la revolución que, según él, los prisioneros liberados iban a presidir.
El gobierno anuncia un aumento del 25 % de sueldos y salarios, tanto en el sector público como en el privado, y la destitución de todos los huelguistas; deja sin vigencia todas las leyes laborales eliminando toda indemnización por despido y agrega que quien haga huelga será sometido a la justicia penal como delincuente. Además, inicia una campaña publicitaria destinada a promover la vuelta al trabajo: «Ciudadano: el Uruguay lo necesita y usted tiene que ir a trabajar. No perjudique a su país. Póngale el hombro al Uruguay y verá como salimos adelante».320
En Tacuarembó, pese a la represión castrense, o justamente por ella, la resistencia se organiza y miles de proletarios se manifiestan contra la dictadura. Los obreros portuarios, que constituían la única gran excepción a la huelga, deciden por asamblea plegarse a ella. El puerto se paraliza por completo, con ocupación de instalaciones y barcos. En Buenos Aires sucede lo mismo, la tripulación de tres naves uruguayas se declara en huelga en solidaridad con la movilización popular del país vecino. Sin embargo, el sindicato de funcionarios públicos decide quebrar la huelga en todo su sector, y sólo una minoría continúa la lucha, quema expedientes y realiza otros tipos de sabotajes en entes del estado e intendencias.
La CNT define sus objetivos. Considera responsable de todo los males del país a la rosca y al equipo Bordaberry y pide la renuncia del mismo, pero parece seguir ilusionada con un sector de las fuerzas armadas. Su Boletín nº 9, publicado ese 4 de julio, el más radical de todos, exige la renuncia de todo el aparato de gobierno como condición para seguir negociando con los militares y –como suelen hacer casi todas las direcciones de partidos y sindicatos– llama a todo lo que ya se estaba haciendo: «organizarse para detener el transporte, […] juntar y almacenar nafta, papel, hojas, víveres, […] comunicarse permanentemente entre las fábricas, aumentar la propaganda, […] volver a ocupar, […] organizar desde ya las ollas sindicales y barriales».321 Pero también a ganar empresarios en nombre de la razón. Como escribirán en el Boletín nº 11: «Conversar y ganar empresarios, comerciantes, almaceneros y militares que se acerquen a las ocupaciones, para mostrarles de que lado está la razón».
Los medios de comunicación internacionales, sorprendidos por la envergadura de la resistencia, siguen de cerca la lucha en Uruguay.
«El servicio informativo internacional de la BBC de Londres brinda un amplia cobertura sobre la situación que se vive en el Uruguay, que comparó a la de los países ocupados por el nazismo durante la segunda guerra mundial, con la diferencia de que en este caso se trata del ejército nacional. Irritado con la BBC, el gobierno prohibió desde este día todas las transmisiones de los corresponsales extranjeros acreditados en el país.» 322
«Caza a los sindicalistas» titula en Italia L’Unitá. La represión se intensifica. Desde que comenzó la huelga se calcula que hay unos dos mil nuevos presos políticos que se agregan a los seis o siete mil con los que cuenta el país desde «antes de la dictadura». Como las cárceles y cuarteles no alcanzan, se utilizan como lugares de detención vagones de ferrocarriles, barcos y el mayor pabellón deportivo de Uruguay, el Cilindro municipal.323
Un fragmento del texto nº 2 que ahonda en el tema de la represión, en el período anterior a la huelga, analiza la necesidad y previsión que tuvo el régimen burgués y oligárquico en neutralizar, antes del golpe militar, a gran parte de los núcleos revolucionarios armados. De no haberse producido así, «otro gallo hubiera cantado» durante las jornadas de lucha de fines de junio.

«La casi totalidad de los cuadros revolucionarios del movimiento obrero que se habían ido gestando durante décadas o años anteriores, se encontraban identificados, perseguidos, presos y en general fuera de combate. Por lo tanto la huelga general llevada adelante por el proletariado se realiza cuando la gran mayoría de los sectores combativos y clasistas habían sufrido serias derrotas y cuando ya se había descabezado al proletariado en lo que concierne a sus cuadros históricos y militantes de vanguardia. Por lo tanto la huelga se desencadenó cuando dado el imponente ataque consciente y planificado del cual el proletariado era objeto, nadie más, ni siquiera la CNT, pudo impedir que aquel reaccionara como totalidad. Desde el punto de vista del proletariado la generalización de salir a jugar el todo por el todo, es por un lado tardía, y por el otro cuando el enemigo había castrado todos los sectores de la clase obrera por donde podía venir la reacción.»

III.4.4.6. Prisión y tortura para producir
El jueves 5 de julio, la tortura, la prisión, el encapuchamiento, la incomunicación…, se acompañan de otras medidas tendientes a restablecer el orden y el beneficio de los patrones. Se decreta la obligatoriedad de los plebiscitos para decidir si se ingresa a trabajar. Estas muestras de civismo, en todos los casos, eran organizadas militarmente. Cuando se resolvía volver a producir, se anunciaba a toda la población en qué sector u empresa los trabajadores, en pleno ejercicio de «sus derechos democráticos», habían decidido volver al trabajo. Las cifras se daban en porcentajes porque una parte importante de los obreros, a pesar de esas condiciones, rechazaba la votación.
En algunos casos el régimen consiguen triunfos importantes; en el transporte, en particular, las fuerzas militares logran asegurar servicios mínimos, «al mismo tiempo que en dicho sector se nota ya un debilitamiento de las posiciones obreras».324 Siguen practicándose sabotajes aislados contra los autobuses: en la terminal de la rambla Gandhi y Pagola arde en llamas un ómnibus gracias a un cóctel molotov.
Un gran triunfo del régimen es la relativa normalización de la zona céntrica de Montevideo, por su total militarización; el funcionamiento relativo del transporte; la apertura de una gran parte de los comercios y el retorno al trabajo de la mayoría de los funcionarios públicos.
El Partido Nacional y el Frente Amplio, preocupados por la situación que vive el país, publican el documento «Bases para la salida a la actual situación».
El viernes 6 de julio una masa de aire polar marítimo domina la nación, hace mucho frío y la huelga sigue perdiendo fuerza. El funcionariado, los comercios y el transporte se van normalizando.

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«Cuando vi pasar el primer ómnibus dije: perdimos», explica Fernando Castillo. Desde las ventanas y entre los barrotes los presos se vienen abajo cuando ven los ómnibus circular: «Esto se pierde, se acabó, de acá no nos saca nadie».325
Sin embargo, la huelga continúa en todos sus términos en la industria, banca y en casi todos los barrios obreros-industriales.326 En el Cerro y la Teja se construyen barricadas y prácticamente se imposibilita el tránsito, cortándole la posibilidad a los empleados –«carneros» como los llaman los huelguistas– de ir a trabajar, y dificultando también la circulación de fuerza represivas.
Siguen produciéndose actos y manifestaciones en distintos barrios de Montevideo, como el propio centro, y en el interior del país. En muchos casos estos sucesos terminan con el apedreamiento o incendio de instituciones o símbolos del régimen.
Los heridos se multiplican, especialmente en el bando de los huelguistas, y en este día hay varios graves y un muerto: Ramón Peré, baleado según unas fuentes cuando atentaba contra un vehículo de transporte; y asesinado por «tiras» que le siguieron de la Facultad de Veterinaria, donde era docente, y le dispararon por la espalda, según un volante anónimo.327
El sábado 7 de julio, la CNT, a través del Boletín nº 7, convoca a «una concentración de las fuerzas opositoras a la dictadura, pacífica y sin armas» para el lunes 9. La convocatoria dice además «no realizando ni permitiendo realizar actos voluntaristas de violencia de cualquier especie. Y el gobierno es consciente, las FFAA son conscientes, y la policía es consciente de que cuando la CNT compromete su posición ¡cumple!».328 El Partido Nacional y el Frente Amplio apoyan dicha manifestación.
Durante el fin de semana, las fábricas ocupadas cumplen más que nunca el papel de centro de toda la vida social, se realizan acaloradas discusiones políticas, cantos, ollas, asados y fogones en los que participan vecinos y familiares de los huelguistas.
Siguen llegando muestras de solidaridad internacional. Estibadores y obreros de astilleros de decenas de países deciden no descargar ni reparar ningún barco que haya tocado puerto uruguayo.
Desde que comenzó la huelga hay unos cuatro mil nuevos presos. En Philips, en una asamblea impuesta por las FFAA, en la cual no participan los dirigentes, se resuelve volver a trabajar. Pero los proletarios sabotean la producción y los productos no llegan a salir de la fábrica.
En una planta de sintéticos hubo un plebiscito publicitado por televisión y radio que salió setenta a cincuenta por volver a trabajar. Entraron, se reunieron en asamblea y resolvieron ocupar. Con estas acciones quedaba ridiculizado el comunicado nº 114 de las FFCC: «Los plebiscitos demuestran claramente que la voluntad de la masa obrera de reinciar su trabajo en bien del país, de la comunidad y de su propia familia, es muy superior al efecto que sobre ella pudo haber tenido la presión ejercida por minorías organizadas».
Burlando y desafiando la represión se convoca y se concentra la manifestación que acompaña el cadáver de Peré. La misma constituyó una demostración de fuerza de los huelguistas y de solidaridad con la acción directa.

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En poblaciones como Rosario y Carmelo se organiza un frente antifascista.
Se discute sobre la perspectiva de la huelga, la necesidad y los problemas para dar un salto cualitativo en el enfrentamiento al régimen.
«Dirigentes de la CNT y conocidos miembros del PC o de sus respectivos cuerpos de choque comienzan a decir que la huelga ha cumplido sus objetivos. Sin embargo la labor de los agitadores y de la red de información y organización de la lucha continúa intensamente tratando de responder al régimen. A esta altura en el proletariado se evalúa positivamente la correlación de fuerzas. Se tiene consciencia de que no se va hacia una insurrección, pero aún el régimen tendrá que recular en toda la línea, incluso los más pesimistas piensan que al menos se quebrarán las medidas represivas, que se arrancarán los presos de las cárceles, etcétera.»329
Algunas personas con gran influencia dicen que ante la escasez de provisiones hay que terminar con la huelga y empezar a producir otra vez.330
En casi todo el territorio nacional se producen lluvias tremendas. En Mercedes fueron más de setenta los evacuados por la crecida del Río Negro.

III.4.4.7. Última resistencia masiva 331
Durante la madrugada del lunes 9 de julio, un muchacho de dieciséis años llamado Walter Medina pinta en un muro cerca de su casa: «Consulta popular», un policía lo descubre y le dispara hasta que cae muerto.
El titular del diario La Mañana es: «Uruguay entre los 16 mejores». Y en el suplemento «Misión cumplida. Fieles a la tradición, respondiendo a la confianza depositada en ellos en las víspera, los celestes golearon y ya están en Alemania (en el Mundial de 1974)».332 En Italia L’Unitá destaca:

«Los trabajadores de Montevideo reocupan las fábricas» y en el editorial de El País se afirma:

«Las camarillas sindicales, comunistas, anarquistas, castristas, maoistas y trotskistas que detentan el dominio de los gremios enarbolan la bandera de la salvaguarda y reivindicación de instituciones por las que ni ideológica ni políticamente sienten la más mínima devoción».333

Toda la mañana de ese mismo día se desarrolla con nuevos bríos de propaganda y agitación. En muchos casos se saca a gente que había comenzado a trabajar y se vuelven a cerrar muchos comercios. Se incendian buses e incluso locales bancarios. Son desocupadas por la fuerza más de una docena de fábricas en Montevideo y otras tantas en el interior.
Durante toda la jornada corre de boca en boca la convocatoria de la manifestación: «A las cinco en punto todos a 18», en referencia a la céntrica avenida. Por supuesto está prohibidísimo cualquier evocación pública, y privada, de la protesta de la tarde. Pero la imaginación vuelve a estar del lado de la resistencia. Ruben Castillo, desde Radio Sarandí, organiza un concurso entre los oyentes para ver quien acierta el nombre del autor de los versos: «A las cinco de la tarde…».334
A las cinco de la tarde, en plena avenida 18 de Julio, un grupo de militantes empieza a gritar ¡Libertad, Libertad!, cientos de personas que «paseaban» por la zona se unen y empieza la manifestación, que cuenta al poco tiempo con decenas de miles de participantes, de todas las edades y sectores sociales. Se escuchan las sirenas de las fábricas ocupadas y los aplausos desde los abarrotados balcones del centro de la ciudad, en el que se despliegan banderas de los Treinta y Tres Orientales, con la consigna de «libertad o muerte». Muchos de los presentes comienzan a entonar el himno nacional. «Es típicamente una manifestación populista y dirigida por la burguesía de oposición» afirman los intransigentes militantes del texto n º 2. Las consignas centrales son: «Tiranos temblad» y «CNT, CNT». La manifestación es brutalmente reprimida y disuelta, pero una parte de los manifestantes, al grito de «¡libertad!», vuelve a concentrarse una y otra vez. Según los autores del texto n º 2:
«Cuerpos de choque de la CNT actúan en la detección y represión de militantes obreros que desafiando sus consignas apedrean e incendian comercios y otros objetivos». Tres manifestantes logran subirse a una unidad lanza-agua e intentan abrir la escotilla a puro golpe. Las fuerzas militares tiran con ametralladora por encima de las cabezas y emplean revólveres de distintos calibre para tirar directamente. Decenas de manifestantes resultan heridos tanto de proyectiles de sal como de balas, y uno de ellos queda en coma al impactarle una en la cabeza.335 Los detenidos son tantos, varias centenas, que tienen que ser trasladados en autobuses de transporte público. En la sede del diario del PC, El Popular, son arrestadas más de cien personas y llevadas encapuchadas al improvisado penal el Cilindro.336
El Comunicado nº 119 de las FFCC resumía así aquella movilización contra el régimen militar:
«“Turbas organizadas trataron hoy de dar una asonada en el centro de la ciudad” […]. Dos días más tarde, el ministro del Interior admitió a los periodistas que había dos policías y dos civiles heridos de bala por los hechos del lunes».337
A continuación se recrea, a través de su propio relato, la vivencia que tuvieron Fernando Castillo y Ana Marianovich en la manifestación, para ilustrar cómo fue aquella «última batalla» para algunos de los luchadores sociales. La joven pareja toma un taxi que los deja a dos calles de 18 de Julio, minutos antes de las 17 horas. Cuando caminan hacia la principal avenida montevideana, Fernando, que como él dice «fui con una tristeza tremenda, porque era la derrota», le comenta a su compañera:
–Hicimos bien en venir, teníamos que estar acá, pero nos van a cagar a palos. O están los tanques o nos dejan hacer todo y luego nos masacran.
Y cuando llegan a 18 de Julio, se unen a la manifestación y Ana le contesta:
–No, con toda esta gente, seguro que no –ella pensaba incluso en la posibilidad de que tras la protesta cayera el gobierno.
–Vas a ver… –le advierte Fernando. Y a continuación un «guanaco» (lanza-agua) empieza a tirar agua.
¡Pum, pum…!
–¡Mirá cohetes, cohetes! –dice Ana con alegría, al llegar a la Plaza del Entrevero. Y empieza la desbandada.
–¡¿Cohetes?! Esto son balas. ¡Corré!
«¡Pa, pa, pa! Nunca me olvidaré –añade Fernando Castillo–, «¡como en México en la plaza de las Tres Culturas!, pensé. Eran balas de salva digo yo, o si no hubiera sido una masacre. Recuerdo atravesar esa plaza, interminable, agarrando a Ana, que se quería meter en la fuente porque estaba ahogada por los gases. Mucha gente se quedó en la plaza, tirada en el suelo, protegiéndose. La cagaron a palos y se la llevaron en cana, porque después vino la Republicana con los sables. Atravesamos la calle Colonia y Ana dice: “un garaje” Nunca me olvidaré, pensé “un balazo”, entendí eso aunque no tenga nada que ver. Le miro la espalda y le digo “pero no tenés nada”. Justo veo una iglesia con la puerta abierta y nos metemos. Era de curas vascos, progresistas.338 Había gente desmayada, gente pisada, herida. Cuando nos ven entrar los curas nos dicen “vengan por aquí” y nos mandan a la cancha de basquetball [de la parroquia] y allí nos encontramos con Scarone y María Angélica. Todos con un cagazo, pero inclusive salíamos a la puerta que daba a la calle y les decíamos “¡hijos de puta!”. Los milicos seguían con revólveres y sable en mano, y el helicóptero arriba. Y los curas pedían “no hagan esto que van a entrar, éstos no respetan nada. Bueno y si entran, acá hay una salida, pero ojo que da al ministerio del Interior”. “Aquí marchamos” pensé yo “y no podíamos llamar a Juan” [su hijo de dos años y pico que estaba junto a los otros hijos de los manifestantes del barrio, cuidados por una persona solidaria] así que salimos otra vez a la calle.
–¿Y había grupos que aún resistían?
–Sí, había grupos que resistían, yo no resistía un carajo, había humo por todos lados, gases, sirenas y nos miramos [los cuatro] y decíamos “que pinta de sospechosos”. Vimos pasar un ómnibus y saltamos para adentro. Pero la policía lo para, entran y dicen “Bueno, sigan”. Nos alejamos y luego fuimos a buscar a Juan [y antes de un año ya viajábamos rumbo a España].»
Tras la manifestación, miembros de la dirección de la CNT sostienen por primera vez, públicamente, que hay que concluir la huelga. Pero como resultado de la acción desplegada por los grupos de agitación y propaganda, la huelga vuelve a repuntar en diferentes lugares, obteniéndose importantes triunfos incluso en aquellos sectores que el gobierno consideraba normalizados: transportes, oficinas, comercios…
En la mañana del martes 10 de julio, se lleva a cabo el entierro de Walter Medina, con mucha bronca y nutrida concurrencia. Las FFAA fortifican la ocupación militar del centro de Montevideo con enorme despliegue de soldados, armas y vehículos blindados.
La Federación de la Carne resuelve finiquitar la huelga. Por la tarde el PC y la CNT se muestran ya dispuestos, oficialmente, a levantar la huelga. En la Mesa Representativa Nacional de la CNT, con mayoría de miembros del PC, que al parecer se reúne por primera vez desde iniciada la huelga, se propone levantarla sin ningún tipo de condiciones y sin ningún tipo de consulta.339 Dicha proposición no llega a ser unánime en las fábricas. Por plebiscito se reintegran al trabajo más de ocho fábricas.
El miércoles 11 de julio, según lo escrito en el texto n.º 2:
«El nivel de paralización logrado volvía a ser el más alto alcanzado. Ello se verifica en las listas (no completas) de fábricas ocupadas o sin trabajar, de locales bancarios y otros lugares de trabajo en manos de los proletarios, publicada en Noticias nº 11 de este mismo día.»340
Las versiones del levantamiento de la huelga se generalizan. «Los gremios levantaron el paro» es el titular de la portada de Ahora. «El aparato de la CNT logra en algunos lugares la vuelta al trabajo, en otros las órdenes en ese sentido, son rechazadas».341 Horas después se reúne la Mesa Representativa de la CNT y oficializa el levantamiento de la huelga a partir del día siguiente, jueves 12, a la hora cero.
La decisión llega a los lugares ocupados. En los sindicatos controlados por el PC y la CNT, la resolución se esperaba y en algunos lados ya se había comenzado a trabajar. En los centros donde predominaba la autonomía obrera la resolución provocó diversas reacciones de cólera e indignación muchas veces descargada con rabia y violencia contra el «bolche» de la fábrica.342 Se discutió la posibilidad de continuar la huelga a pesar del dictamen oficial, proposición que encontraba a su vez muy divididos a los obreros. El debate llegó a los barrios y durante la noche repercute en el interior del país.
«El jueves 12 la huelga se quiebra. El PC y la CNT vuelcan todos sus esfuerzos en la aplicación de la resolución de “repliegue táctico”. La CNT se muestra mucho más eficiente que las fuerzas armadas en la operación normalización.»343
Se distribuye el mensaje de la CNT: «Los trabajadores han escrito una página maravillosa de su historia», en el que se explica que hay que parar la huelga, que hay que cambiar la forma de lucha:

«La huelga general que hemos realizado constituye una etapa gloriosa de esa larga lucha. Ella no ha permitido alcanzar aún la victoria deseada, pese al derroche de heroísmo de los trabajadores, que han tenido que enfrentar condiciones adversas, no han madurado todavía plenamente las bases para lograr esa victoria, la batalla debe pues proseguir, pero se hace necesario cambiar la forma de lucha.
El principio táctico fundamental en una lucha prolongada es desgastar y debilitar continuamente las fuerzas del enemigo y fortalecer las propias […]. En las presentes circunstancias su prolongación indefinida sólo llevaría a desgastar nuestras fuerzas y a consolidar las del enemigo, lo que violaría el principio básico a que hemos aludido y estaría en abierta contradicción con él.
No salimos de esta batalla derrotados ni humillados […]. Abrimos una nueva etapa, que no es de tregua ni de desaliento, sino de continuación de la lucha por otros caminos y métodos, adecuados a las circunstancias.»344

«Esto es una derrota
hay que decirlo
vamos a no mentirnos nunca más
a no inventar triunfos de cartón».345

En muchas fábricas, barrios, y locales bancarios y de enseñanza, se insulta a los miembros del
PC, «los mismos traidores de siempre», «colaboracionistas», «reaccionarios», «vendidos»…346
María Barhoum, quien durante casi toda la huelga estuvo actuando con la OPR 33 y en semiclandestinidad, opina que «el PC, que tenía la mayoría en la CNT, entregó la huelga, ahí fue la gran derrota, se quería resistir y no se pudo.
La gran mayoría de los que pensaban como María, dada la fuerza con la cual la CNT impuso la medida, no ve ninguna posibilidad de continuar la huelga; en muchos lugares la asamblea acepta con rabia la vuelta al trabajo.347
En el interior, el debate se generaliza y también la CNT triunfa en su posición de volver a producir.
«El repliegue ordenado y la unidad y disciplina gremial» son ahora sus consignas. La Corriente348 se pronuncia en ese sentido y el Frente Amplio, en la misma línea, hace una declaración llamando a continuar la lucha por otras vías.
El viernes 13 de julio y en los días siguientes la huelga prácticamente se desmorona, y en todas partes se acepta la entrada al trabajo.

«Los representantes de la CNT y los grandes sindicalistas, son repudiados por masas de obreros en todas partes, se los insulta, se los escupe. El hecho de que el PC y la actuación de la CNT constituyeron el mejor aliado de los militares es gritado y expresado de mil maneras por decenas de miles de proletarios combativos. Se dan aún casos aislados de tentativas de mantener, contra viento y marea, las ocupaciones […]. El argumento fundamental del levantamiento de la huelga fue el de preparar nuevas y más decisivas jornadas de lucha, resultó –como no podía ser de otra forma– una gigantesca mentira porque el proletariado quedaría liquidado».349

A continuación se transcribe la justificación del levantamiento de la huelga y el repudio a críticas como las realizadas por el texto nº 2,350 de un dirigente de la CNT:

«La huelga se definió, desde el primer momento, como una huelga no insurreccional, y en ese marco se desarrolló. Si hubiera estado acompañada de la resistencia organizada de las fuerzas políticas opositoras, así como de otros sectores sociales (exceptúo al estudiantado, que sí estuvo presente), sin duda hubiéramos encarado la posibilidad de radicalizar el carácter de la huelga. No debía descartarse, incluso, en esas condiciones, que los sectores democráticos de las fuerzas armadas, si es que existían, se incorporaran a la batalla popular en defensa de las libertades democráticas. Pero nada de esto ocurrió en las dos semanas subsiguientes al golpe.
Cuando por fin se logra un acuerdo político entre el Frente Amplio y el Partido Nacional, y se convoca a la manifestación del 9 de julio, que fue una verdadera manifestación de dignidad del pueblo uruguayo, ya el desgaste del movimiento huelguístico era muy grande, y era bastante evidente que la batalla había que continuarla por otras vías. En consecuencia, el l2 de julio la Mesa Representativa de la CNT resuelve el levantamiento de la huelga.
No todas las organizaciones sindicales integrantes de la dirección de la CNT aprobaron dicho levantamiento y el documento que lo fundamentaba. Quienes, no lo hicieron sostenían el punto de vista de que el levantamiento de la huelga debía condicionarse al logro de ciertos objetivos mínimos, lo que, naturalmente y más allá de la justeza de los mismos, implicaba una negociación con el gobierno. Y este asunto, el de levantar la huelga con o sin negociación, fue lo que realmente se discutió en la noche del 11 de julio.
Quienes sosteníamos la tesis del levantamiento sin condiciones entendíamos que la huelga era un supremo acto de lucha de los trabajadores contra el estado, y que no había negociación posible que no condujera al pleno restablecimiento de 1os derechos y libertades democráticas. Si las condiciones para tal restablecimiento no se habían logrado, y si el desgaste provocado por los quince días de huelga hacían peligrar su desfibramiento, no quedaba otro camino que un repliegue organizado que permitiera continuar la lucha por otros medios».351
Los procedimientos de destitución no paran, y más de cuarenta mil huelguistas son despedidos sin indemnización alguna.352 Sigue aumentando el número de presos políticos y torturados, habiendo en determinados momentos entre quince y veinte mil prisioneros.353
Se inicia una segunda gran ola de emigración protagoniza por miles y miles de derrotados, parados, perseguidos, denunciados, que sin ninguna posibilidad de encontrar medios de vida abandonarán el país. Son expulsados por las circunstancias y por fuerzas como JUP y su famosa frase: «Uruguay, ámelo o déjelo».
La CNT, al apostar por la línea «cambio en la forma de lucha», no habla de derrota y trata sin éxito de volver a reeditar los paros nacionales. Pero la derrota general es un hecho, la dura política económica se aplicaría sin grandes obstáculos durante diez años.
La represión es total, aumenta la tasa de explotación y se refuerza la política de libre empresa. El régimen militar se mantiene hasta 1984, con el claro descontento de la mayoría de la población.
«La huelga general hirió de muerte a la dictadura porque predispuso al pueblo contra el golpe, pero cambiar el curso de los acontecimientos a esa altura no era posible».354
Entre 1974 y 1976 se van unas doscientas mil personas del Uruguay.355 «El destierro masivo no empezó con la dictadura, aunque se aceleró con ella», «el país se queda sin una gran parte de sus jóvenes y los pocos que quedan se ven obligados a disfrazarse de viejos».356 En un muro de Montevideo alguien pinta: «El último, que apague la luz» y uno de los que se exilia escribe:

«A mediados de 1973, el ómnibus que me llevaba hacia el aeropuerto y el exilio atravesó unos basurales infinitos. Esta es la última imagen que me llevé de Montevideo: los enjambres de niños que revolvían la basura en busca de trapos, botellas y pan duro».357

IV.1. INTEGRANTES DEL FRENTE AMPLIO

IV.1.1. Apuntes sobre el Partido Comunista del Uruguay (PC o PCU)

El Partido Comunista y el MLN fueron las organizaciones formales más relevantes en el panorama nacional. El primero fue el referente de gran parte de los luchadores sociales, por su fortaleza estructural; por ser un organismo con lazos internacionales y estrecha relación con el gobierno de la URSS;1 por su implicación en los sindicatos, sobre todo de la gran industria y la construcción; y por la cantidad de militantes y afiliados que tenía.2 León Lev habla de un flujo de militantes orgánicos que osciló entre cinco mil y diez mil y llega a la cifra de cincuenta mil cuando se refiere a la gente que se sentía del PC y la UJC.3
«No es demasiado exagerado, se corresponde con los más de cien mil votantes. No todos eran militantes, pero estaban en la órbita, leían [la prensa del Partido] y tenían una misma línea sindical. Sólo mil en el apartado financiero. El aporte financiero lo daban entre diez y veinte mil afiliados por año […]. Concebíamos al Partido como un partido de masas, […] que aunque alguien no militara, se educara.»

Luchadores sociales, de otras agrupaciones políticas, como R. Noriega y A. Collazo (que tuvieron la oportunidad de intercambiar algunas palabras con Guevara y Castro, respectivamente, y hablar con guerrilleros de casi todos los países latinoamericanos) cuentan la importancia que para Fidel Castro y otros muchos dirigentes tuvo esa fuerza política.
«El PCU era uno de los más castristas –asegura Noriega–. Cuando Debray fue a escribir Revolución dentro de la revolución, Fidel le dijo que en su crítica a los PC latinoamericanos tenía que salvar al PCU.»
«¿De qué hablaban con Fidel Castro?», se le preguntó a Collazo.
«En general hablábamos del tema brasileño. Porque era de lo que yo aquí tenía más contactos y para ellos el Uruguay era un lugar muy importante. Había un PC fuerte, con gente muy probada, como Arismendi. Por lo que era un lugar a tener muy en cuenta. En Argentina, en cambio, no había ningún partido así, que tuviera la fortaleza, cohesión y capacidad que tenía el PCU.»
El peso en la política nacional y hasta internacional es innegable.4 Otra cosa es graduar en qué medida el PC era una organización comunista en lucha por el socialismo. Aspecto no reconocido por la militancia que no adhería esa fuerza política. León Lev caracteriza de la siguiente manera la praxis llevada a cabo por ese partido durante esos años:

«Seguíamos luchando por el socialismo desde el punto de vista ideológico y cultural, pero concebíamos que en nuestra primera etapa debíamos romper el predominio del gran capital financiero y latifundista […]. En el plano teórico la izquierda tradicional, PC y PS, era una izquierda batllista, en cierto sentido un partido liberal, anticlerical y reformista frente al partido católico, integrista, conservador y terrateniente.»

Los objetivos a corto plazo, en cualquier caso, eran bastante parecidos a los del Congreso del Pueblo y, a nivel genérico, una sociedad de igualdad y justicia social.5 Lev matiza y concretiza las aspiraciones de aquella masa militante, autoproclamada comunista, y habla sobre los objetivos de la lucha.
«–La democracia era el primer objetivo.
–¿Y a largo plazo?
–El socialismo. Pero nosotros planteábamos etapas en la revolución, incluso enfrentándonos, en algunos momentos como en 1967 en la OLAS, a las tesis de la revolución cubana. Comenzamos a reflexionar sobre la tesis de la dictadura del proletariado y empezamos a privilegiar más el costado democrático que el coercitivo del período de transición. La democracia avanzada. Era otra realidad a la de Rusia de 1917. Para nosotros la democracia es el camino y el fin. Quizás en la época pensábamos que la democracia era el mejor campo de lucha, hoy pensamos que también es el modelo […]. El planteo del capitalismo es injusto pero no irracional, porque es un camino para seguir acumulando riqueza, para seguir el desarrollo, tecnológico [Pero, que quede claro] que nosotros no queríamos el capitalismo.
–¿Y la abolición, por ejemplo, del salario?
–No, no teníamos ninguna visión utópica, ultra, ni extremista, partimos de una visión estrictamente marxista que hasta que el capitalismo no agota su desarrollo de acumulación no es posible el socialismo y que toda forma de anticiparse, a la corta o a la larga, va a producir un retroceso histórico. No planteamos la abolición de la propiedad privada, etcétera. Buscábamos una sociedad adonde el estado fuera importante, como redistribuidor de la riqueza, y caminos laterales intermedios entre el capital público y privado, como las cooperativas. Comenzamos a explorar los caminos del socialismo no estatal. El enemigo era la oligarquía, el gran capital y el imperialismo. No el pequeño y mediano capital. [Queríamos] nacionalizar la banca y el comercio exterior y [barajábamos] el concepto de reforma agraria y democratización de la propiedad.»
Como Lev señala, los objetivos programáticos del PC no eran extremistas. Tampoco, revolucionarios, según gran parte de los militantes de otros grupos de entonces. Era el moderador de las luchas, un partido que se caracterizaba por suavizar las consignas contra el capitalismo que emanaban de la resistencia proletaria, o según ellos, de la tupamara. En la actualidad y a modo de balance, los dirigentes de aquella época, lejos de criticar ese papel, lo justifican. Y si de algo se arrepienten es justamente de no haber sido más moderados, afirmando que perseguían: «un poder, no en la búsqueda de acrecentar ese poder para sí, sino en el esfuerzo de unir a todos los uruguayos honestos».6 Jaime Pérez (al igual que Turiansky en su libro El Uruguay desde la izquierda) se lamenta de la derrota electoral de 1971 diciendo: «“Pudimos ir más lejos” pero “algunos compañeros se dejaron llevar por el clima de radicalización”».7 Pero es obvio, que en un contexto tan combativo, si el PC no hubiese tenido un discurso transformador radicalizado, un importante sector de su militancia hubiese desertado. Para conseguir sus propósitos, el PC apostaba, por un lado, por la vía electoral y por otro; al menos a nivel teórico, por la huelga insurreccional.
«El PC del año 58 en adelante –dice Pedro Montero– era un partido marxista-leninista que llevaba la política de bloque y entendía que la toma del poder por parte de las masas se daba por huelga general revolucionaria, llevada por un partido de clase. Cuestionaban la guerra prolongada de Mao, decían que eso no era comunismo ni era nada.»8

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Un tema apenas estudiado es su visión con respecto a la lucha armada en América Latina –en particular, en Uruguay– y cómo y para qué creó un potente aparato armado. La aparente contradicción de apoyar al Che en el preparativo de su expedición boliviana y solidarizarse con otras guerrillas del continente, como la colombiana y la venezolana, y condenar toda acción armada en territorio uruguayo tuvo que ver con su concepción democrática y antifascista de la lucha. La misma optaba por rechazar toda acción directa violenta y abogaba por participar en las instancias legales –sindicales y parlamentarias– que ofrecía el sistema democrático-burgués. Sólo apelaba al uso de las armas, si era atacado. Si la resistencia a los golpistas se volvía insurreccional, como en España el 19 de julio de 1936, había que participar de ese proceso y encauzarlo hacia sus propósitos sociales.
En junio de 1964, cuando trascendió la existencia de una amenaza de golpe militar, el Partido Comunista elaboró un plan para enfrentarlo. Éste incluyó la creación de un brazo armado propio (así denominado para diferenciarlo de la concepción guerrillera, en el que toda la organización era un cuerpo político-militar único), clandestino y separado de la estructura legal del partido.9 Forma habitual en los partidos comunistas prosoviéticos de entonces. Siguiendo el modelo de 1917 en Rusia, para el triunfo del plan antigolpe se consideraba decisiva la división en las fuerzas armadas y, como en la España del 36, el control, con el apoyo de los sindicatos, de los centros estratégicos y económicos.
En cuanto a los números de este brazo armado, algunas fuentes hablan de más de mil contingentes, incluyendo servicio de sanidad, comunicaciones y producción de armamento, y trescientas cincuenta armas, sin contar granadas y morteros. Cifras que parecen demasiado elevadas ante la nula presencia armada del PC.10
En el período final de la investigación para este trabajo, un testimonio, hasta el día de hoy simpatizante del PC, explicó que en 1972 fue encarcelado durante dos años por considererárselo integrante del MLN. Aseguró que eso mismo le pasó a varios integrantes del PC. Según él (y es importante mencionar que este hecho está aún por confirmarse) en abril de ese año, los tupamaros le pidieron al PC que se involucrara en la guerra. Dicho partido se negó pero aceptó enviar a cincuenta de sus militantes, armados, a la Columna 5. Al parecer, éstos al ser detenidos, ocultaron su verdadera filiación. Otras fuentes aseguran que en aquél difícil período para el MLN, la dirección del PC emitió una orden a sus bases prohibiéndoles cualquiera implicación en esa batalla, como por ejemplo el cobijar en sus domicilios a tupamaros requeridos.
En un fragmento del artículo «Acotaciones a algunos temas de actualidad», publicado en la revista Estudios nº 44 en 1967 «cuando tenía plena vigencia la discusión, surgida tras la declaración de la OLAS, sobre la legitimidad o no de la lucha armada», José Luis Massera se muestra mucho menos reacio al uso de las armas que el conjunto de sus compañeros de partido años después, período en el que se situó claramente contrario a la lucha armada en el Uruguay.
«No aceptamos que se niegue, de hecho, a las masas uruguayas la posibilidad de participar, como tales, en las luchas revolucionarias.
No pensamos dedicarnos al ocioso pasatiempo de intentar peculiares formas de lucha para nuestro país, cosa que corresponde a la historia definir y decidir. Pero frente a las afirmaciones negativistas, en última instancia derrotistas, nos parece necesario afirmar que de ninguna manera pueden excluirse en el Uruguay formas de lucha armada urbana, concretamente en Montevideo, donde vive la aplastante mayoría del proletariado industrial y centro de definición del problema del poder […]. ¿Quién puede ser capaz de prever las formas que revestirán las luchas populares en el caso, por cierto nada descartable, de una invasión por fuerzas gorilas extranjeras, que podría determinar peculiares combinaciones de guerra “exterior” y “civil”? ¿No será más juicioso, en lugar de dedicarse a hacer cábalas, empeñar esfuerzos mayores para ayudar a las masas de la ciudad y del campo a prepararse mejor, subjetiva u objetivamente, para tales situaciones?»11
Roberto, aunque militó en el PS por parecerle que el PCU seguía la política de la URSS y la guerra fría «demasiado fría para mí», siempre reconoció la fuerza de ese partido y de sus militantes.
«Controlaba el sindicato de la construcción SUNCA. Tenía cuadros entrenados para enfrentarse a una asamblea del SUNCA y ganarla, y eso no lo hacía cualquiera. Elegían cuidadosamente los cuadros, gente con mucho coraje, con mucha personalidad, mucha inteligencia y capacidad intuitiva para hacer propaganda y hablar el mismo lenguaje del lugar. Muchos fueron a formarse fuera.»12

IV.1.2. Notas sobre el Partido Socialista (PS)

La historia del PS es la más larga de la izquierda partidaria uruguaya, únicamente el Partido Blanco y el Partido Colorado son más antiguos. Sus orígenes se remontan a fines del siglo XIX y se funda, formalmente, en 1910. En 1921, tras la consolidación de la denominada revolución rusa, se divide en dos fracciones. Una de ellas da como fruto el Partido Comunista, que seguirá a raja tabla los mandatos del PC soviético, y la otra, minoritaria y encabezada por Emilio Frugoni, reorganizó el PS, manteniendo su denominación e independencia.
En la década del cincuenta Vivián Trías lidera una renovación, que por su profundidad hay quien habla incluso de refundación13, consistente en llevar a cabo una política que se caracterizó por el neto perfil antiimperialista, por el esfuerzo de organizar sindicatos rurales y por el afán de unir el combate de los socialistas a la tradición nacional y la concepción del socialismo a las características de cada nación. Es con estos proyectos, que en 1962, ensayó su primer intento unitario, denominado Unión Popular –coalición de izquierda no integrada por el PC– y acudió a las urnas, obteniendo pobres resultados. Frugoni, al no apoyarla, propició una dura división en el interior del partido.
Para José Díaz, militante del PS desde 1950 y uno de los dirigentes más destacados de dicha agrupación en los años sesenta, afirma que los aportes más destacables de dicho partido fueron: su contribución ideológica sobre el latinoamericanismo, tanto en su etapa de fundación (Frugoni) como en la de su refundación (Trías); su teoría de la revolución nacional en oposición a la política batllista; su propuesta de socialismo nacional, encabezada por Trías; su insistencia por la unidad popular uruguaya, tanto a nivel político como sindical; a su no colaboracionismo con la derecha; y, en general, a su moral y ética política.
De 1962 hasta 1973, debido a las secuelas de las crisis internas y al nacimiento de agrupaciones que coincidían más con los objetivos políticos de algunos militantes del PS, este partido sufrió continuos desprendimientos que se sucedieron en su seno y que, en algunos casos, engrosaron las filas del Partido Comunista, en otros las del MLN o las de grupos menores. Por esta razón Yessie Macchi, a la hora de valorar a esta fuerza política de la izquierda uruguaya afirma que «su mayor riqueza fue que dio, permanentemente, muchos militantes a otros movimientos». Por otra parte, varios testimonios afirman que el PS en ciertos episodios se situó al lado del PC y en otros, del MLN.
En 1967, el PS es ilegalizado por mandato del presidente Pacheco Areco,14 y de 1968 a 1973 participó en distintas movilizaciones obreras y estudiantiles, buscando la unidad de los llamados sectores progresistas del Uruguay. Pero fue en las elecciones de 1971, y debido a su participación en la fundación y consolidación del Frente Amplio, cuando recuperó su peso electoral y su presencia en el país.

Juan Nigro señala que entre 1968 y 1973 los militantes del PS desarrollaban actividad de base y sindical en muchos barrios y que contaban con agrupaciones universitarias en casi todas las facultades, a veces solos y, a veces, en unión con otros grupos de izquierda.
En cuanto a su programa político, cabe destacar que aunque le dieran especial importancia a la actividad electoral, a fines de 1970, no descartaban que se produjera una inminente revolución en el Uruguay.15 Pero matizaban que, aunque las condiciones estuvieran prácticamente dadas, «aún no es posible elaborar, una estrategia revolucionaria acabada».16
Roberto, por aquél entonces militante del PS, señala que perseguían la «revolución en cada país dentro de un movimiento revolucionario internacional, combinando el internacionalismo proletario con la liberación de cada uno de los pueblos». Nora por su parte, asegura que salieron viajes a Chile para conocer la política que estaba desarrollando la Unidad Popular.
En diciembre de 1970, el PS publicó un libro con sus principales tesis aprobadas por un pleno clandestino de dicho año. Una de ellas esbozaba posturas radicales y criticaba al reformismo, demostración de la existencia de una corriente que nunca despreció la lucha armada y se enfrentó, dialécticamente, con la política más moderadora del Frente Amplio.17
«Pero ¿cómo construir esa alternativa? ¿Cuáles son las garantías para que sea realmente una alternativa revolucionaria y no un recondicionamiento dentro del sistema? […] Todo militante tiene que ver su acción en tres tareas inseparables e íntimamente relacionadas: la forja del partido, la creación del frente revolucionario, y la instrumentación de amplios y variados mecanismos que le den a la revolución una amplia y sólida base social […]. Una organización capaz de impulsar y conducir la lucha en los distintos niveles, sin despreciar ninguna de las múltiples formas de lucha.»18

En otra de las tesis mostraba, además de una influencia de Lenin, otras de las facetas de su programa, el antimperialismo y la defensa de la liberación nacional.
«En el campo ideológico, la educación y los medios de comunicación puestos directamente al servicio de la transformación revolucionaria de la sociedad, jugarán un papel importante. Todas estas medidas presuponen un duro enfrentamiento al imperialismo y por ende a la oligarquía y la burguesía intermediaria completamente fundidas en los intereses de aquél. Por esto, ya en esta fase, las medidas anticapitalistas, de signo socialista son imprescindibles, por otra parte tales medidas permiten el rápido tránsito a la fase socialista, sin el cual la revolución será ahogada. El estado en esta fase (nacional-liberadora) será un estado de dictadura del proletariado que se desarrolla sobre la base de una alianza de clases revolucionaria donde el proletariado es hegemónico; este carácter será el que permita la puesta en práctica de las medidas señaladas.»19

El desarrollo de las distintas líneas políticas dentro del PS fue fruto de su heterogeneidad. «Tenés el microcosmos de lo que era toda la izquierda uruguaya –manifiesta Roberto– y por lo tanto todas sus contradicciones». Según Roberto, muchos de los militantes que no eran de Montevideo, al estar influenciados por la línea tupamara que durante unos años existió dentro del PS, tenían concepciones más radicales que los de la capital y a principios de los setenta se fueron con la agrupación política encabezada por Erro.
«Hubo algunos militantes de base con una línea muy diferente a la dirección –afirma por su parte Juan Nigro–, que estaban con la acción directa y que incluso comenzaron o intentaron una actividad armada, que en los años 75 y 76 tuvo por objetivo algunos blancos importantes. ¡Hasta quisieron volar la represa de suministros de energía eléctrica!»

José Díaz, cuando fue consultado por esta corriente a la que hace referencia Juan Nigro, se refirió a aquellos «militantes de base» de la siguiente manera:
«Una táctica que, en rigor, llevó adelante la “micro fracción”, uno de los dos grupos que se fueron a comienzos de 1973. La micro, cercanos al MLN, se fue voluntariamente y la macro, la pro-comunista, la expulsamos en dicho año, al probarse su acción fraccionalista.»

Conscientes de que se enfrentaban a todo el poder capitalista de America Latina, y no sólo al ejército uruguayo, muchos militantes del PS apostaban más en una insurrección que en una guerrilla, lo que no significaba el descarte de las armas. «Era un partido marxista-leninista –explica Roberto– o sea que desde el punto de vista metodológico aceptaba todas las formas de lucha, parlamentaria, armada, sindical… De lo que se trataba era de saber cómo y cuándo combinarlas». Este militante del PS, desde 1967 hasta 1974, asegura que las pocas armas que tenían la usaban como autodefensa y que no había una estructura armada; «porque la estructura armada se fue, era el MLN, y porque las contradicciones no estaban para eso. Si había alguno que estaba muy por la lucha armada se iba con los tupas».

IV.1.3. Movimiento Revolucionario Oriental (MRO)

«Ariel Collazo [fundador del MRO] ni era PC ni tupa, o de los dos, quizás es lo que se tendría que haber hecho.» R. NORIEGA

La trayectoria de esta agrupación política está estrechamente relacionada con la denominada revolución cubana. En 1961, varios políticos, obreros y estudiantes enrolados en partidos y agrupaciones viajaron a Cuba para conocer el proceso reformador que allí se producía y, algunos de ellos, sufrieron un virage político. Éste fue el caso del diputado del Partido Blanco Ariel Collazo, que semanas después funda el MRO.
«Cuando varios legisladores, dirigentes sindicales volvemos de ese viaje, decidimos volcarnos en la defensa de la revolución cubana y en el ataque al imperialismo. Esto hace que nos vayamos del Partido Nacional el 10 de marzo de 1961 y formemos, semanas después (tras la victoria de Playa Girón) el Movimiento Revolucionario Oriental. Justamente el día que había una gran manifestación en apoyo a la revolución cubana, el 21 de abril.»

El MRO, desde sus órganos de prensa y los comités de defensa de la revolución cubana (principalmente impulsados por éste), apoyó la política de Fidel Castro. Para ello realizó actos en Montevideo y en casi todas las capitales del interior. Actividad que, con el tiempo, propició la creación de bases del grupo en varias ciudades. En 1968 el MRO estaba presente en Juan Lacaze, Rosario, Tacuarembó, Melo, Pando, Las Piedras y Salto.
Otra de las tareas centrales de esta agrupación fue participar en elecciones generales, presentándose en las dos citas que hubo en la década del sesenta y en la del año 1971. Ariel Collazo, fue diputado (desde 1962 a 1971) y uno de los principales responsables de la riqueza política que adquirieron las Cámaras de Representantes. Su participación en el Parlamento destacó por las reiteradas peticiones de la reincorporación de huelguistas sancionados, denuncias a la limitación de la libertad de expresión, lecturas de comunicados de grupos clandestinos, defensas de la reforma agraria, la nacionalización y por el reestablecimiento de relaciones con China, Hungría, Mongolia, Corea, Albania, RDA y Vietman. En 1962 defendió la soberanía nacional de Argelia; en 1968, la de Checoslovaquia y en diciembre de 1970 repudió a los tribunales militares españoles por el proceso de Burgos.
Otras de las características del MRO, señaladas por el propio Ariel Collazo, es que fue integrante de la tendencia combativa y que, a pesar de eso, tenía muy buena relación con el PC y su líder R. Arismendi. En cuanto a la cantidad de los luchadores sociales que nucleaba su organización, asegura que en el momento de máximo crecimiento llegó a ser de algunas centenas, más o menos orgánicos. En 1971, encabezando la lista 1811 denominada «Por la revolución oriental», llegaron a tener once mil votos. Aunque acota que fue gracias a que «se corrió la voz de que me iban a detener si no salía», de ahí que contara con votos de una organización abstencionista como la ROE.
La actividad pública del MRO, hasta que fue ilegalizado, consistió en la elaboración de programas radiales diarios, el funcionamiento de una consultoría jurídica gratuita destinada a trabajadores, jubilados y militantes, la organización de cine-fórum en varias de sus sedes los fines de semana y la publicación de la revista teórica del Comité Ejecutivo América Latina y del periódico Revolución. Sus otras actividades dependían de lo que decidieran las comisiones de finanzas, propaganda, movilización, publicaciones, sindical y orgánica; que se reunían semanalmente. Como los demás grupos, realizaban periódicamente, actos, plenarios de militantes, conferencias, cursos de capacitación. Militantes del movimiento se dedicaban a la constitución de nuevas sedes en barrios y centros de estudio y trabajo.
Uno de los aspectos que conformaron la peculiaridad del MRO reside en el hecho de que haya sido el primer grupo en intentar emular a los guerrilleros de Sierra Maestra, proyectando un aparato militar.20 Fue una actividad muy marginal, y más teórica que práctica, que funcionó hasta diciembre de 1967. En esa fecha se le ilegalizó. Lo mismo ocurrió con los demás grupos del Acuerdo Época.

«Hubo un cambio sustancial de todo lo que estaba pasando hasta entonces –declara Collazo–. Porque si bien a mí, que era parlamentario, no me pudieron quitar las inmunidades porque no había ambiente en el Parlamento para hacerlo, el hecho de que te impidieran organizarte políticamente [te limitaba la actividad]. Intentamos hacer una reunión allá en junio [de 1968] y nos allanaron, entraron a la reunión y se llevaron el material que teníamos allí, con lo cual nos cerraban el camino legal. Ésa es la razón por la cual el MRO decidió formar un aparato de tipo fundamentalmente defensivo, que fueron las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales, las FARO. De este tema no quiero profundizar más, por ahora. No descarto en el futuro ordenar las ideas de toda esta parte. Pero por ahora no quiero extenderme. El hecho, sí es cierto. Fue público y notorio en aquel momento.»

En este párrafo, Collazo, como otros de los entrevistados, fundamenta la toma de las armas como algo defensivo; por tener cerradas, debido a las medidas represivas, las otras formas de intervención política. Pero más tarde hace referencia a la parte ofensiva del proyecto y a las charlas con otros grupos latinoamericanos para extender la acción antimperialista. Se trataba de:

«Acompañar esa lucha por deber de honestidad. Si hemos proclamado esto y todo lo demás y ahora hay un montón de gente que está luchando aquí, nosotros también debemos integrarnos a esto. Era nuestro deber y es lo que hicimos. Con la aclaración de que para nosotros, la lucha urbana seguía siendo muy difícil y en la que el enemigo tenía más ventajas que en la lucha rural.
–¿También pensaban eso para el caso del Uruguay? –se le preguntó haciendo referencia a un paisaje marcado por las llanuras y escasos accidentes geográficos.
–No, siempre hablando en un plano continental, de donde hubiera condiciones.»21
De hecho, el propio Regis Debray, ubica al Uruguay dentro del Plan del Che, menciona al propio Ariel Collazo y hace referencia al MRO como máximo valuarte para dicha empresa.
«Cierto es que este país entraba en sus planes, pero a distancia y por intermedio de uruguayos separados de su medio de origen. No se había pensado en otra cosa que en la incorporación ulterior a la guerrilla de una joven organización cuyo líder más conocido procedía de filas del nacionalismo, el Movimiento Revolucionario Oriental. Descartando toda posibilidad de lucha armada en las ciudades, este movimiento hacía suyos, en aquel momento, los criterios, a la sazón predominantes, relativos a la índole rural y continental a la vez, de la guerra de guerrillas. Por esto, los miembros del MRO juzgaban necesario, en un primer momento, expatriarse para integrarse a un ejército continental en formación fuera de las fronteras de su país. Los tupamaros, como es sabido, no compartían esta opinión y se negaban, a pesar de los riesgos que allí corrían, a abandonar el Uruguay, convencidos al contrario y en contra de todos, de que la lucha armada tenía su lugar y un futuro próximo.»22

IV.1.4. Movimiento cristiano de resistencia

Debido a la amplitud temática de esta obra no se pudo profundizar sobre el movimiento cristiano y eclesiástico opositor al régimen. Pero son muchos los indicadores que muestran su existencia, así como las fuertes contradicciones que hubieron dentro de la iglesia uruguaya. Uno de estos indicadores son los numerosos escritos eclesiásticos reaccionarios que se lamentan del compromiso político marxista de monjas, obispos y curas. Uno de ellos, titulado «El izquierdismo en la Iglesia y el futuro uruguayo» (archivo del autor), se preguntaba:

«¿Cuál fue la actitud adoptada por los líderes religiosos naturales del Uruguay en esa hora decisiva de nuestra historia? La casi totalidad de los obispos y una parte impresionante del Clero abandonaron al pueblo cristiano agredido. Peor que eso, procedieron de manera que perturbaban las reacciones salvadoras y favorecían, bajo diversas formas, la causa revolucionaria marxista que estaban obligados a combatir.
Cuando el comunismo derrotado encogió sus garras, aquellos mismos obispos y sacerdotes que lo habían auxiliado durante el asalto al Uruguay tradicional, metamorfosearon su actuación, sin rectificar el triste rumbo adoptado. La Conferencia Episcopal Uruguaya (CEU) pasó a promover una atmósfera de distensión anestesiante, predicando la reconciliación relativista».
El movimiento cristiano de resistencia se reunía, por ejemplo, en parroquias y «casas de juventud» y llegó a estructurarse en grupos como el Partido Socialista o el MLN.23
Pero las fuerzas políticas que aglutinaron, de manera específica, al cristianismo opositor al régimen, fueron el Partido Demócrata-Cristiano (PDC) que venía de la Unión Cívica (empresarios católicos conservadores) y que como explica Roberto fue «la gente que rompió con la iglesia que apoyaba a la derecha y que aunaban posiciones progresistas con su fe católica», el Movimiento de Acción Popular Uruguayo (MAPU) y nucleamientos de jóvenes cristianos como la Juventud Obrera Católica, el Movimiento Cristiano Universitario, la Juventud Estudiantil Católica de secundaria e independientes que se reunían en las parroquias de barrio. Organizaciones que se caracterizaron por una política moderada y frenteamplista.
Hay quien considera que el grupo cristiano más radical y abierto era el MAPU. Éste llegó a tener estrecha relación con los grupos favorables a la lucha armada, como lo evidencia su participación en el Acuerdo Época y sus objetivos sociales:
«El MAPU constituye un movimiento político en formación, cuyo objetivo es trabajar políticamente a fin de cambiar las estructuras sociales del país, que considera injustas y opresivas.»24
El MAPU, está estrechamente relacionado a la izquierda cristiana brasileña y más en concreto a Herbert De Souza, Betinho, consejero de cultura durante el gobierno de Joao Gulart que llegó a Montevideo en 1964, huyendo de la dictadura de Brasil e impactó favorablemente en un grupo de muchachos progresistas. Junto a estos jóvenes estudiantes, como Rafael Guarga, Víctor Bacchetta y Martín Ponce De León, fundó una colectividad vecinal para vivir de acuerdo a sus valores. Desde allí denunciaron a los gobiernos hambreadores, despóticos e imperialistas y realizaron un trabajo barrial, parecido al que Betinho había llevado a cabo en el vecino país, como dirigente de la Acción Popular Brasileña, grupo político de base estudiantil y cristiana. Esta actividad social atrajo nuevos militantes y posibilitó la creación del MAPU, precursor de los Grupos de Acción Unificadora (GAU).

IV.1.5. Grupos de Acción Unificadora (GAU)

Los GAU nacieron en 1969 con el propósito de superar la dispersión de las fuerzas de izquierdas del Uruguay. Esta agrupación política tuvo su origen en los MAPU y estuvo estrechamente relacionada con el histórico dirigente sindical Héctor Rodríguez, quien en 1970 se fue del Congreso Obrero Textil,25 abandonando así la actividad gremial organizada, para dedicarse de pleno a la política parlamentaria y extraparlamentaria.
«En 1969, las cosas sindicales marchaban bien, a pesar de las polémicas internas. Y yo tenía un plan –comenta Héctor Rodríguez–. Estaba convencido que solamente con la acción sindical no se podía cambiar la situación del país, que era un factor importantísimo pero que se necesitaba también organización política.»
Los GAU, y en particular Héctor Rodríguez, participaron de pleno en la fundación del FA. Enrique Rubio se refirió a la actividad política-sindical de este «tejedor de sueños» –como lo denominó Huidobro en su ensayo biográfico– y a las características de la organización que él dirigía, de la siguiente manera:
«Una lucha dura pero con diálogo fácil ante los empresarios, una ilimitada comprensión de la problemática, aspiraciones y potencialidades de sus compañeros de trabajo. Fue, tal vez, esa doble filiación clasista la que facilitó sus planteos policlasistas de lucha contra enemigos comunes, su línea de diálogo social y de acuerdo social y político para desarrollar una política popular.
Esa misma actitud unitaria de Héctor orientó la creación de un movimiento político con características inéditas en nuestro país: los Grupos de Acción Unificadora (GAU), que antes de la creación del Frente Amplio lo procuraban y prefiguraban, ya que su objetivo era promover la acción unitaria de la izquierda sin competir con los partidos y movimientos ya existentes. Al llegar la instancia electoral de 1971, y constituido el Frente, los GAU no presentaron candidatos: sus candidatos eran todos los del Frente Amplio.»26
Una vez creada la coalición de izquierda, los GAU insistieron en que la unidad no debía reducirse a lo electoral, ni ignorar las diferencias con las fuerzas políticas con las que habían tenido, a lo largo de los años, varios desencuentros. Propusieron buscar definiciones programáticas comunes, plantearon la unidad de acción e hicieron una profunda valoración de los militantes independientes del Frente Amplio.
Sobre los GAU, Nora manifiesta que, junto al Partido Demócrata Cristiano, fue la única organización del Frente Amplio que tenía el cristianismo en su ideario ideológico, y que incluso estaban en contra del reparto de anticonceptivos. Pero eso, recuerda, «no impidió que se radicalizaran y también pusieran bombas».
En 1996 moría Héctor Rodríguez. Algunos de sus antiguos compañeros de los GAU habían sido asesinados en Argentina por los militares.27

IV.2. GRUPOS EXTRAPARLAMENTARIOS

IV.2.1. Tendencias anarquistas

Hablar de un movimiento anarquista separado del movimiento antagónico al régimen, en los años sesenta y setenta en Uruguay, sería un absurdo. En ese período se demostró que la insistencia de los denominados anarquistas oficiales y otros interesados en unir en la «familia libertaria» tendencias bien diferenciadas, excluyendo la «comunista» o «socialista», no fue posible. Lo mismo ocurrió décadas antes en España o Argentina,28 donde los autoproclamados ácratas –entre los que se encontraban quienes luchaban por una revolución y los que, tal vez a su pesar, defendieron el orden establecido– combatieron fraternalmente con los que se llamaban a sí mismos «comunistas», entre los que había sectores bien diferenciados y hasta enfrentados.
En Uruguay, a partir de 1968 y hasta 1973, la unión en un mismo grupo o coordinadora no dependió tanto de la «familia política» a la cual adherían los luchadores sociales sino, como se ha explicado a lo largo de la obra, de los métodos de lucha empleados, como el uso de las armas; o de la opinión sobre fuerzas políticas como el Partido Comunista o el Frente Amplio.
Por eso hubo militantes que se autodenominaban anarquistas en el FER y MLN, grupos de una clara línea marxista. También se evidenciaron influencias de Karl Marx y Ernesto Guevara en la propia Federación Anarquista del Uruguay (FAU).
Los tres espacios políticos considerados más particularmente de tradición y práctica anarquista fueron la FAU –en la que es correcto integrar a la OPR 33 y la ROE–, los militantes libertarios de la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Universidad del Uruguay y la Comunidad del Sur, con mucho menor capacidad de movilización que los otros dos.
Otros pequeños núcleos anarquistas, sin tanta relevancia en el plano político uruguayo, ejercieron influencias en sus ámbitos cotidianos. Por ejemplo, en el barrio de La Teja ancianos que habían luchado en la guerra civil española. En los círculos libertarios más intelectuales y con conexiones con el anarquismo internacional, destacó Lucce Fabri, proveniente de la FAU, y su entorno, quien rechazaba la violencia como práctica necesaria y daba una importancia fundamental a la educación y la cultura. El Grupo de Acción Libertaria (GAL), con más inserción entre el alumnado que entre los trabajadores, es un claro ejemplo de pequeños colectivos esporádicos que actuaban y publicaban puntualmente. En un panfleto de este colectivo se observa el rechazo a la autoridad burguesa y a la política reformista de sustituir unos gobernantes por otros.

«Repudiemos todos los autoritarismos: aquí, en Rusia, en EEUU, o donde sea. Es hora de convertirnos en un pueblo adulto. Rechacemos todos esos abusos paternales de los poderosos. Organicémonos como trabajadores, como estudiantes, como consumidores, como vecinos, para administrar nuestra vida sin patrones, sin jefes, sin gobernantes. Basta de explotadores. Resista la dictadura que comenzamos a sufrir y discuta con todo el mundo lo caro que salen esos parásitos de todo el mundo. La verdadera labor revolucionaría es: eliminarlos, no sustituirlos.»29

IV.2.2. Federación Anarquista del Uruguay (FAU)

IV.2.2.1. Fundación
El trabajo orgánico de las agrupaciones que conformaban la comisión pro-Federación Libertaria del Uruguay trajo los acuerdos del Congreso Constituyente el 27 de octubre de 1956, que posibilitaron el nacimiento de la que finalmente se denominó Federación Anarquista Uruguaya.30
Algunas de las conclusiones de aquella reunión inaugural que se realizó en el Ateneo Cerro-Teja ubicado en la calle Francia 1277, entre los que estaban Jorge y Alfredo Errandonea, Mauricio y Gerardo Gatti y Juan Carlos Mechoso, apuntaban a la plena vigencia de los principios anticapitalistas, antiautoritarios, internacionalistas, federalistas y socialistas libertarios del anarquismo31 y aclaraban que la nueva organización no debía ser entendida como un fin en sí misma, sino un medio para difundir los principios fundamentales de la anarquía para, entre otras cosas, revitalizar la lucha obrera. Se dijo también que la experiencia había demostrado «el fracaso en las tentativas de superar los males del capitalismo por la vía del poder»; que no se debía esperar limosnas ajenas, ni nada de arriba o afuera, especificando que lo que acontezca dependerá de lo que «todos juntos hagamos (o no hagamos)», y se elaboró un pequeño programa dividido en los siguientes puntos:
«1) Que la solución de los graves problemas sociales que afectan a la humanidad sólo será posible mediante una profunda transformación de carácter individual y social, es decir, en el plano ético y en el económico-social.
1. Que esa transformación tendrá como objetivo la socialización de los medios de producción y distribución, la organización y administración basadas en los principios de acción directa y federativa, y la vigencia integral de la libertad que posiblita un desarrollo pleno de la personalidad humana.
2) Que esta transformación que se designa con el nombre de revolución social, sólo podrá ser cumplida por el conjunto de las masas laboriosas (trabajadores de la ciudad y del campo; obreros manuales, intelectuales y técnicos), apoyada en la capacitación de los individuos.
3) Que de conformidad con los principios internacionalistas, la revolución deberá crear los elementos de la nueva sociedad prescindiendo de las fronteras políticas y tendiendo a formar agrupaciones regionales sobre la base de los vínculos económicos, lingüísticos y culturales.
4) Que en tanto ese cambio fundamental no esté alcanzado deben ser estimuladas y apoyadas todas las actividades e iniciativas populares tendientes a resistir y restringir la explotación capitalista y la opresión y división de los pueblos por los estados.
5) Que para contrarrestar la injerencia estatal en la esfera económica, educacional…, así como para educar al pueblo en las prácticas de la solidaridad y de la gestión directa, y demostrar de esta manera la superioridad de la convivencia al margen de las normas capitalistas y estatales, es necesario propender al máximo desarrollo de todas las formas de asociación popular para fines de cooperación social y apoyo mutuo.»32
Las actas del congreso constituyente destacan el apoyo de grupos anarquistas de otros países a la nueva federación y la importancia del carácter y la coordinación internacionales de la lucha anticapitalista.33
Se acordó que el ya existente diario libertario Voluntad fuera el órgano de difusión y su grupo editor, los responsables. Poco tiempo más tarde, pasó a llamarse Lucha Libertaria.
En los primeros años se formaron cooperativas, comunidades y ateneos y se concretó una importante inserción sindical evidenciada en la dirección de la huelga de FUNSA de 1958; el apoyo a la lucha por la Ley Orgánica de la Universidad en el mismo año y el atentado en 1962 contra el consulado español, por la ejecución de dos anarquistas en España.

IV.2.2.2. Escisión
J. C. Mechoso destaca el espíritu fraterno que había entre los anarquistas a principios de los cincuenta, debido a la unanimidad de criterios en puntos importantes, fascismo, nacionalismo y batllismo.
Pero, ya desde la fundación de la federación se vieron las diferencias entre las distintas tendencias. Algunos núcleos obreros del Cerro y La Teja veían a Comunidad del Sur y a los libertarios de Bellas Artes demasiado centrados en la lucha –de fondo pacifista– relacionada con la formación de comunidades («nuevos falansterios») y en las realizaciones de experiencias de vida colectivas diferentes. Aquéllos, en cambio, lejos de desear diferenciarse de la vida del proletariado industrial, trataban de insertarse en su cotidianidad, participaban en sus luchas y hacían suyas las necesidades más urgentes. Esta sustancial diferencia llevó, en la década de los sesenta, coincidiendo con el incremento del accionar ácrata, al quiebre de aquel espíritu fraterno.

«Cuando se dan las acciones de carácter popular se ven las grandes diferencias. Las prácticas de Bellas Artes y Comunidad del Sur son muy distintas a los grupos obreros, por estar absorbidos en su dinámica interna, nosotros estamos para afuera, en las huelgas. En un momento que están paralizados los frigoríficos, que hay hambruna, para nosotros era crucial agitar esa problemática, buscar salidas, convocar movilizaciones populares, paralizar las villas que rodeaban los frigoríficos, la gente de Bellas Artes nos propone una campaña de visualización como centro de su preocupación, que consistía en unos hermosos carteles para educar a la gente con aspectos estéticos y que el buen gusto también fuera patrimonio del pueblo. A nadie de los grupos del Cerro se le ocurrió que eso fuera importante. Lo trágico y lo dramático era otra cosa. La gente del frigorífico que cuándo éste cerraba, no tenía para comida, pedía en crédito a los almacenes y tenía dificultades con el alquiler. Ese era el drama del Cerro. Lo otro resultaba particularmente extraño, no quiere decir que esté mal ni nada por el estilo, simplemente que las preocupaciones eran tan distintas que no había forma de ponerse de acuerdo.
Nosotros, en cambio lo que hacíamos era expropiar a las cadenas de almacenes. Se organizaba a la gente se iba y se tomaba la mercadería, pero bajo la desautorización expresa de llevarse el dinero y el alcohol. No siempre se lograba, pero bueno si no quedaba el 100 % del alcohol sí el 90 %. [También] se paraban los camiones de carne que iban para el ejército y se repartía [la carga] con la gente en la calle. Sacábamos un manifiesto y lo fundamentábamos. La mayoría de las veces lo coordinábamos nosotros, con gran apoyo de la población […]. Los que tenían más prevención contra [este tipo de] acción directa eran los partidos de izquierda, no la población. Ésta, entre los que había inclusive votantes de los partidos tradicionales, […] decía: “Ah sí, sí, precisamos mercadería, vamos”.»
J. C. Mechoso, señala que en los desacuerdos sobre la acción empezaron a conformarse, también, las diferencias programáticas. Para Bellas Artes y Comunidad del Sur, la clase obrera no existía y lo que querían los grupos del Cerro era justamente, cuando todavía no había central obrera, articular las múltiples luchas y huelgas que se daban por separado. Por su parte, integrantes de la otra corriente, en este caso Horacio Tejera, de Comunidad del Sur, opinan que para los colectivos como los de J. C. Mechoso «la historia se terminaba al llegar a Malatesta». Otras diferencias las suscitaron distintas maneras de entender la estructura organizativa de la FAU, el rol de la violencia revolucionaria y la definición con respecto a Cuba.34
Cuenta que los acontecimientos en Cuba tuvieron mucha relevancia en el Uruguay porque, al ocurrir en un momento de crisis, hubo mucha receptibilidad para hablar del cambio social, la desestructuración del sistema capitalista y la necesidad de la violencia para ello. Y como ya se ha comentado, hizo reflexionar a la izquierda en temas estratégicos y metodológicos como la viabilidad de la lucha armada.
Rechazaban toda tendencia a que el proceso cubano fuera hacia el anquilosamiento, la no participación popular, la burocratización y la ausencia de independencia. Y así lo manifestaron en los comités de apoyo, abogando por nuevas formas de poder y de convivencia social que no implicaran la coerción ni la burocracia en las relaciones sociales.
La FAU, como las demás organizaciones que integraban los comités de apoyo a la revolución cubana, afirmaba que la mayor colaboración que podía prestarse a aquel proceso era iniciar otro en el Uruguay, pero teniendo en cuenta que su proyecto tenía sumas diferencias con el proceso cubano y con el de gran parte de la izquierda uruguaya. «Éramos contrarios a toda la tesis de liberación nacional, –aclara J. C. Mechoso– pensábamos que eso se correspondía con otro contexto, un movimiento de unidad nacional burguesa para combatir el imperialismo».
En 1963 se produjo la escisión y abandono de muchos militantes de la FAU, como la propia Lucce Fabri. Los tres puntos de discordia: fueron el apoyo a Cuba, la defensa de la lucha armada y la visión sobre el movimiento obrero.35
María Barhoum, que conoció a los miembros de la FAU en Bellas Artes en 1964, dice que la frase que resume la división de la federación, es «con Cuba y con los tiros o sin Cuba y sin los tiros». Ella se va con los de la primera opción y entra directamente en el aparato militar de la FAU, futuro OPR 33.
El Comando General del Ejército (293-294), a partir de materiales incautados a los militantes, detalla la contextualización del momento.
«El sector encabezado por los grupos estudiantiles (liderado por los Errandonea), que es mayoritario, sostiene que la FAU debe mantener la misma estructura que posee; no apoyaa la revolución cubana, no quieren ninguna alianza con otros grupos y considera, con respecto al tema de la violencia: que no hay que superar los niveles de ésta, hechos por las “masas” mismas, negando así la posibilidad de toda acción violenta proveniente de la organización.
Por el contrario, el sector encabezado por los grupos obreros sindicales (liderados por Gerardo Gatti y Juan Carlos Mechoso) propone una organización más centralizada, de las del tipo de los partidos políticos, apoya críticamente a la revolución cubana, ve la posibilidad de una alianza con otros grupos y con respecto a la violencia afirma que algunos niveles de ésta (todavía no se habla de aparato ni acciones militares) deben desarrollarse e impulsarse desde la organización.
Este último grupo, que cuantitativamente es minoritario, posee una mayor cohesión política e ideológica, lo que va a permitir, frente la dispersión del otro grupo, quedarse con el diario Lucha Libertaria, con el nombre de FAU y comienza a actuar teniendo como local de funcionamiento, el de la Cooperativa Obrero Gráfica, sito en Misiones 1280.»
La necesidad de trabajar con otros grupos se plasmó, por ejemplo, en el Coordinador. La FAU, estuvo estrechamente relacionada, a través del mismo, con el grupo fundacional del MLN, con quienes, sin embargo, no se juntaron por críticas políticas a su pensamiento.

«En una parte de un documento que se redacta (que va a ser el Documento nº 1 del MLN) se hace un análisis de la situación uruguaya [con la que no coincidimos] –declara J. C. Mechoso–. Nos opusimos a que se hicieran traslados automáticos a contextos sociales que no eran idénticos, nos parecía absurdo pensar la revolución uruguaya como la gran marcha, como lo planteaban los chino-soviéticos, lo mismo decíamos de lo cubano, nosotros pensábamos que había sido un triunfo político y no militar. Sabíamos que después de Cuba no iba a ser lo mismo. [Que el imperialismo] no se chupa el dedo y que no iba a permitir experiencias similares. Cualquier cosa que hiciéramos tenía que entroncar con nuestra propia historia y especifidad.»36

Tras las escisiones y el fracaso de una primera etapa de coordinación con otros grupos, se consolidaron principios programáticos que el secretario general Gerardo Gatti, resumió en 1966, en el discurso que clausuró el acto del décimo aniversario de la FAU. Insistió en la necesidad de apoyar toda rebelión que, espontáneamente, se manifiestara, sin frenarla ni desviarla; y de promover, orientar, organizar y llevar a fondo la lucha de clases, es decir lo contrario a la coexistencia pacífica; explicó que las condiciones para una acción revolucionaria no surgirían de manera espontánea:

«Si creemos, realmente, que la crisis que soporta el país, admite sólo una salida de ese tipo, las condiciones para ella deben ser creadas.»37

Defendió la acción directa como forma de resistencia proletaria.
«Las conquistas sociales, las libertades individuales, gremiales y políticas que existen en nuestro país, deben ser defendidas palmo a palmo. Como fueron conquistadas. Por la acción directa de los trabajadores y los sectores avanzados.»38
Y rechazó todo apoyo electoral y participación parlamentaria.
«La puja electoral no crea conciencia, confunde. No promueve la lucha, la paraliza tras espejismos. No apunta directamente al logro de conquistas, las desvía. De la misma forma que desvía, paraliza, confunde y divide la sustitución de la movilización popular por el programa obrero, por el juego de reformas y contra reformas de la Constitución. Las elecciones y la cortina de humo reformista son tácticas de la burguesía. Viejas y hábiles maneras de hacer creer al elector que es él quien está decidiendo. Cuando en verdad es una reducida oligarquía la que tiene en sus manos la riqueza y el poder. A ese mismo poder real sirve de decorado el Parlamento. En todos los casos las clases dominantes tienen como garantía su aparato de represión. Por todo esto es absurdo intentar, a esta altura, convertir al Parlamento en motor para la transformación social o en instrumento para la resistencia. (…) Hay quienes sostienen la posibilidad y la conveniencia de emplear simultáneamente la vía parlamentaria y la vía sindical y popular. Es cierto que del Parlamento pueden salir, y ocasionalmente salen, algunas leyes que convienen a los trabajadores. Pero cuando ello sucede es por la presión popular, no por la acción persuasiva que los legisladores de izquierda ejerzan sobre sus colegas.»

IV.2.2.3. Programa, participación y ámbitos de influencia
En el período 1968-1973 la FAU, con sus diversas estructuras, acciones y órganos de difusión, se erigió en uno de los referentes de los luchadores sociales. Se podría decir que fue una tercera opción frente a PC y MLN.
En cuanto a la inserción en centros de trabajo, FUNSA se constituyó en el pilar y con respecto a los centros de estudio, Magisterio se convirtió, poco tiempo después, en un lugar de discusión, difusión y puesta en marcha de las concepciones anarquistas. Gráficos, bancarios, panaderos, estudiantes de Bellas Artes y Medicina, se pudieron contar entre los luchadores sociales que vinculaban su accionar con la FAU.
Con respecto al programa y métodos, cuando se le pregunta a J. C. Mechoso dónde ubicaría a la FAU, si dentro del anarcosindicalismo, el individualismo o el especifismo; contesta que en el tercero. Pues sostenían que el anarquismo habría de organizarse con la finalidad de actuar políticamente, por ello los referentes teóricos eran, fundamentalmente, Bakunin y Malatesta. Además debían tener una prioridad obrera, de inserción en los problemas de la población, ruptura para el cambio y afirmación de que lo particular se articula con lo general. Esto no significa que pensaran que la lucha revolucionaria la llevaba a cabo la mayoría de la clase obrera, pues si bien rechazaban el vanguardismo leninista, del mismo modo se oponían a la teoría de esperar a que el conjunto de la población iniciara la revolución.39
Como se ha mencionado, una característica histórica de la FAU fue no encasillar a militantes, grupos o movimientos por el mero rótulo doctrinario, sino evaluarlas por las particulares características de los procesos y la importancia que éstos pudieran llegar a tener en su relación con las necesidades y aspiraciones populares. De todas formas, esta práctica es siempre relativa y comporta dudas sobre las razones por las cuales apoyó o impulsó determinadas realidades políticas y condenó otras. La herencia del anarcosindicalismo y abstencionismo explica que impulsara y participara en la CNT, incluso en los momentos más amarillos de esa central sindical y no lo hiciera en el Frente, ni tan siquiera en lo que éste tenía de corriente de bases.
«–¿Por qué a nivel político deciden no unirse en el FA y a nivel sindical se unen en la CNT, por lo tanto con el PC?
–Porque ahí siempre estuvieron los anarcos –responde María Barhoum–. Una cosa es la política a nivel más alto y otra a nivel sindical. Ahí la tenés que pelear de adentro no de afuera. Una cosa es la pelea dentro de un sindicato para ganar las posiciones de la clase obrera y otra, en un FA donde había ochenta mil ideas y donde el punto final era ganar las elecciones.
–¿Por qué no se fueron cuando la central tuvo actitudes vendehuelgas como la que decías de julio de 1973?
–Se vendió en aquel momento, pero siempre estuvo la pelea en cuanto al accionar. Además vos no te podés ir de todos lados».
Acto seguido María expone los objetivos de la FAU:
«Nosotros queríamos cambiar la realidad del Uruguay.
–¿Pero qué sistema concreto social querían?
–Nos planteábamos una sociedad revolucionaria
–¿Con sistema monetario, dinero, etcétera?
–No me acuerdo que se haya tocado ese tema, con dinero o sin dinero.
–¿Pero qué era una sociedad revolucionaria?
–Una forma de solidaridad, de trabajar todos para todos. Un país sin dinero es utópico. Tampoco fuimos tan clarividentes a largo plazo, ni nosotros ni el MLN.
–Decís un “país sin dinero”, ¿pero sin embargo no luchaban por una revolución internacional?
–Sabíamos que se tenía que dar en otros lados, Chile…, la lucha internacional es un slogan de siempre de los anarcos, pero de ahí a llevarla a cabo.
–¿Si uno lucha por algo, inclusive arriesgando su vida, no tendría que saber con bastante claridad por qué hace eso?
–A veces.
–Me extraña que no hayan hecho un programa más claro. Por ejemplo: ¿qué iban a hacer con las FFAA?
–En caso de ganar se eliminaban, eso lo teníamos claro, la policía también. Era una sociedad igualitaria.
–¿Sin explotación del hombre por el hombre?
–¡Claro! Ahora…, de cómo hacerlo, no recuerdo de haberlo discutido, tengo que ser sincera.
–Por ejemplo, en el campo, ¿cada campesino tendría su pequeña parcela o se colectivizarían las tierras? Es decir, ¿con propiedad privada o sin propiedad privada?
–Que no haya propiedad privada. La reforma agraria era otra cosa. Nosotros estábamos contra la propiedad. Estábamos por todo aquello que dice el anarquismo y no se ha logrado.
No fuimos tan maduros ni tan planificadores, ni el MLN, ni el PC, ni nosotros porque fue la primera experiencia que se hizo.»
Con respecto a la organización interna de esta agrupación, cabe señalar que la dirección, para tomar decisiones relevantes, dentro de lo posible, consultaba a la base.
En diciembre de 1970, la dirección organizó una consulta sobre los siguientes temas: integración a un polo socialista dentro del FA, según una propuesta del PS; sustitución de la publicación Carta de FAU por un periódico legal y convocatoria a un congreso interno. Esta última fue la única medida aprobada.

IV.2.2.4. Resistencia Obrero Estudiantil (ROE)
«Para nosotros la pelea es política, la pelea política de clase, es inseparable de la lucha concreta de los gremios en lucha. Es inseparable pero indudablemente no se agota en ella.»40

A fines de 1967 y principios de 1968, los dirigentes de la FAU se plantean la necesidad de nuevas estructuras. Por un lado lo que más tarde sería la ROE y por otro, y en cierta manera para conseguir medios para ella, la OPR 33.
J. C. Mechoso explica de forma introductoria: «Había que hacer algo más a nivel de masas, aprovechar la inquietud y el descontento de la gente».
Para los miembros de la FAU, tanto la CNT como la tendencia combativa, tenían un horizonte del que nunca podrían pasar. La primera por sindicalista y la segunda por su heterogeneidad. Por eso, la ROE nace con la voluntad de ser una estructura orgánica –de unidad obrero estudiantil–autónoma a la CNT. Con los propósitos de que estuviera vinculada y en paralelo a la central sindical, que dinamizara una orientación más radical en su seno para llevarla hacia planteamientos más combativos y que utilizara un grado de violencia mayor, por ejemplo, sabotajes. Estaba previsto, también, que el accionar de la nueva estructura no siempre se efectuara como respuesta o hecho aislado, sino que estuviera preparada a los enfrentamientos y a dar respuesta a la represión policial (ver al respecto el apartado «Estructuras para la acción y sabotajes»). En definitiva, el objetivo inmediato de la ROE era acentuar el proceso revolucionario, de ahí que la FAU volcará allí el grueso de su militancia.
Sobre la elección del nombre, J. C. Mechoso dice:

«A Cariboni le gustaba Resistencia porque pensaba que la resistencia era defensiva. Gatti decía que podía ser pasividad, de no avance ni ruptura. No necesariamente era eso decía Cariboni, estaban los maquis en Francia, la Sociedad de Resistencia en el Río de la Plata o los sindicatos revolucionarios de resistencia. Al final hubo acuerdo en [llamarle] Resistencia y en que había que vincular obreros y estudiantes.»

Con respecto a una agrupación que reuniera a los dos sectores, J. C. Mechoso explica la necesidad de esa unión y simbiosis proletaria:

«Para hablar de los obreros había que estar en contacto con ellos, no sólo saber cuatro cosas abstractas. Los estudiantes tenían que ganar en modestia, aspecto fundamental de un revolucionario. Conocer el mundo de la fábrica, las responsabilidades de la casa, saber que si el obrero no cobra no paga el alquiler de la vivienda y lo sacan a patadas. Pretendíamos con esa relación de convivencia, producir un militante estudiantil distinto. Pero se trataba de una síntesis. Del otro lado, a favor del estudiante y en contra del obrero, estaba las características conservadoras, poca costumbre para pensar en problemas y soluciones a largo plazo. Pensamos que esa unidad fortalecía [a ambos sectores]. Apoyar las ocupaciones de fábrica con estudiantes y que a determinadas manifestaciones fueran los obreros, como hicieron años antes con lo de la ley orgánica del 58 los de Funsa, cuando el Perro Pérez habló en el acto central.»

Del período 1968-1973, J. C. Mechoso cuenta de los fogones de la noche, en las fábricas ocupadas, como en el conflicto de SERAL, con la participación de estudiantes.

«Si venía la policía, de la parte estudiantil era de donde salía la mayor parte de los cócteles molotov para los enfrentamientos. [Entre los obreros] era menos la cantidad que usaban y fabricaban, en cambio entre los estudiantes era difícil no encontrar un mono sin un cóctel molotov en la mano […] [A su vez los trabajadores del Cerro iban a los liceos a defender a los estudiantes]. Los enfrentamientos no eran gran cosa, a pesar de que los fascistas tuvieran alguna pistolita y estuvieran vinculados a la embajada de EEUU, que les daba armas, y al grupo [ultraconservador] Familia, Patria y Propiedad.»

FOTOS 45, 46, 47, 48, 49 Y 50

Sobre la definición doctrinaria de la ROE dice que, para que no se fragmentara, no persiguieron definiciones políticas de tipo partidario ni que la organización fuera de matriz anarquista sino libertaria,41 pues pretendía ser una estructura de encuentro.
Este carácter abierto es una de las razones que no le permitió romper, de forma total, con la ideología democrática y del voto. La ROE que criticó la participación electoral en 1971,42 llamó, sin embargo, a las elecciones en el ámbito estudiantil, confiando que en ese campo no habría manipulación y que la mayoría votaría en contra de las leyes coaccionadoras del estado, cuando amplios sectores de la sociedad uruguaya llevaba años votando a los Pacheco y Bordaberry, máximos representantes de esas medidas de control.43
Este fenómeno quizá se debió a que tenían claro que no querían reproducir la federación anarquista en la ROE, «porque para eso nos quedábamos con la FAU más crecida». Otra pauta de esta agrupación fue evitar que se convirtiera en un partido político, que aquellos que no lo tenían fueran allí –como así ocurrió– a intentar hacer uno o que los pequeños partidos, sin apenas afiliación de masas, aprovecharan la ROE para reclutar militantes. Dicen que tuvieron especial cuidado con quienes lo pretendieron, como los marxistas libertarios o «los intelectuales que hablaban en nombre de la clase trabajadora y no tenían trabajadores, […] la teoría de Lenin de ir al proletariado a llevarle la conciencia».
Asegura que las diferencias en el seno de la ROE eran de matices pero importantes, «estábamos de acuerdo en estar contra el sistema social» y que la militancia era más de hecho que formal, de carnet.
La ROE contó con adherentes de los ambientes intelectual y artístico, lo que le confirió un carácter cultural. Daniel Viglietti, el murguista Pepe Veneno y el Gaucho Molina, entre otros, expresaron su solidaridad interviniendo en los festivales de la organización.
Como se ha mencionado a lo largo de esta obra, las tres grandes corrientes políticas de oposición al régimen fueron las estructuradas por el PC, el MLN y la FAU-ROE-OPR. Por esta razón es importante que los propios luchadores sociales realicen un balance de estas tres organizaciones. En este caso, quien opina sobre la FAU-ROE-OPR y, a nivel más amplio, sobre la derrota revolucionaria es Juan Nigro.
«Lo que les pasó a ellos es lo que me pasó a mí y, en general, a lo mejor del movimiento y a casi todos los fraccionalistas partidistas.44 Ellos también tenían claro que los sindicatos eran globalmente un aparato de estado, pero defendían el trabajo de base con los obreros.
Pero ese asociacionismo que impulsaban no tenía proyección política global sino sindical. Sus cuadros estaban demasiado inmersos en la práctica obrerista, de la empresa, del sindicato, perdiendo así una perspectiva global, nacional, internacional. Recuerdo una discusión muy importante en mayo de 1974 con Bernardo (compañero vinculado a la FAU desaparecido en Argentina) que decía que el gran problema no era el “anarquismo” sino el “sindicalismo”, decía que muchos de los compañeros más viejos no comprendían que la práctica social estaba ya mucho más lejos que la lucha de fábricas, que la lucha contra un patrón, que ahora debían pasar a trazar una perspectiva de poder, una perspectiva revolucionaria.45 Hubo una especie de división del trabajo que en el fondo liquidaba la perspectiva revolucionaria: los partidos parlamentarios seguían haciendo su parlamentarismo, los tupas el foquisimo y ellos la lucha de fábrica, eso sí de forma muy radical. Eso llevó al oportunismo de no criticar realmente ni a unos ni a los otros y al mismo tiempo a no forjar una alternativa revolucionaria que debía lógicamente contraponerse tanto a los bolches (y asimilados) como a los tupas.46 Para enfrentar a la patronal y el estado no lograron convertirse en fuerza social opuesta a todo el orden establecido, tanto por sindicalismo (por supeditar la política general a la política de la fábrica) como por no tener un proyecto revolucionario que como tal se contrapusiera totalmente a los PC y tupas. En realidad cuando resultaron totalmente obligados a romper con eso, cuando todos se clandestinizan por obligación, ya es tarde porque el proletariado ya está demasiado golpeado.47
Lo que es un hecho es que la pelea del proletariado buscaba proyectos y perspectivas. La FAU en la medida en que la lucha se radicalizaba más y más fue asumiendo diferentes niveles de organización y violencia, pero llegó un momento en que quien no aparecía como alternativa social general, al menos a nivel nacional, quedaba liquidado. Lo único que aparecía como alternativa social eran los tupas. La FAU comprendió parcialmente esto y se criticó su obrerismo y crearon la ROE para reclutar estudiantes, pero no sabía como tener una alternativa política concreta a nivel nacional y siguieron haciendo luchas obreras y agregándole un cierto accionar armado. No construyeron otro proyecto reconocido socialmente. Fue el problema, el drama del proletariado y la centena de estructuras que se habían desarrollado. La polarización nacional era tal que gente que quería pelear quería ser tupa y todo el resto le parecían cosas intermedias. Peor, los compañeros se enojaban si sabían que no eran los tupas que dirigían tal o cual expresión de la clase, y los tupas también, pedían que se les dieran los fierros.
En el 71 varios compañeros tuvimos la consciencia total y segura de que, nos gustase o no, se iba a jugar el todo por el todo, que o se ganaba o se perdía. Frente a esa disyuntiva lo que hubiese sido correcto era una política fuera y contra del Frente, asumiendo abiertamente el derrotismo revolucionario con una crítica verdadera y frontal contra el Frente. Pienso que si alguna fuerza conocida en la lucha hubiese asumido esto abiertamente tal vez otro gallo cantaría. Pero ninguna fuerza lo hizo realmente. La crítica al Frente y al frentismo, al electoralismo y a todo eso que se hacía en gremios, grupos de estudiantes, frentes de lucha diversos, sólo era asumida como tal por gente de base.48 En esa realidad los de la ROE y OPR (que no veían para nada que había una disyuntiva inmediata, que se jugaba el todo por el todo) y en su pequeña dimensión también el FRT se instalaron a hacer “trabajo de masas” a largo plazo, sin darse cuenta que no quedaba más espacio político para hacerlo, que nos comía la vorágine social y que en menos de un año todo el pescado estaría vendido. Además, durante el 71 “las masas” tan aclamadas ni se enteraron de lo que hacían esas organizaciones (FAU-FRT) salvo los obreros de tal o cual fábrica en las que tenían gente. No contrapusieron a la política burguesa electoral de todas las fracciones burguesas ninguna política proletaria global. Como no enfrentaban ni la política electoral, ni públicamente el foquismo, ni pareciera que hicieran otra cosa que contra tal o cual patrón. Le dejaron todo el terreno libre al Frente y los tupas, lo que facilitó la liquidación de la fuerza proletaria».

IV.2.2.5. Organización Popular Revolucionaria 33 (OPR 33)
OPR 33 se denominó a la estructura militar de la Federación Anarquista del Uruguay. La FAU consideraba prioritario el desarrollo de un movimiento popular combativo para el cambio social que contara con elementos de ruptura. «Lo que hace necesario cierto núcleo técnico que al mismo tiempo comience a incorporar acciones de tipo armado vinculadas a esa problemática» añade J. C. Mechoso, quien matiza que el grado de violencia tenía que ser acorde, aceptado y útil, para esa problemática.
María Barhoum cuenta que aunque la OPR 33 empezó a ser conocida a principios de los setenta, a mediados de la década anterior ya había un puñado de militantes y una estructura que se preparaba para pasar «a la acción directa más aguerrida: bancos, bombas y secuestros».49 En 1968, comienzan los operativos pero hasta tres años más tarde no le dan el nombre.
J. C. Mechoso señala que en las primeras acciones no sabían cómo firmar. En el robo de la bandera de los Treinta y Tres Orientales del museo Histórico Nacional se firma con una «R» dentro de una «V». A principios de 1971 los operativos ya se reivindican con las siglas OPR y el número 33 en honor a la bandera, robada, que durante casi siglo y medio había simbolizado la independencia y constitución del estado uruguayo.
«El robo fue planteado como un hecho de propaganda –explica J. C. Mechoso–. En las acciones posteriores, como la de Molaguero, los pasquines informativos en un lado tenían la bandera y en el otro el parte del episodio. En tono literario se decía que volvería a flamear en alguna de las luchas populares […]. No era porque nos identificáramos con el contenido de fondo nacional, no se le dio esa importancia a la bandera. Se le dio importancia de tipo propagandístico. Tenía elementos de lucha, de lucha armada. Es la única bandera que parla, nos atraía mucho la consigna: “Libertad o muerte”, muchas veces enarbolada por los movimientos de liberación. Tenía elementos como la libertad, obviamente más anarquista.»50
Es sabido que a muchos de los presos que estaban en relación con la FAU los torturaron para que aportaran algún dato que permitiera encontrar la bandera. En un comunicado de prensa en francés, de la sección europea de la ROE, se decía que la «OPR 33 aún hoy guarda la bandera de los “33”», que había sido enarbolada hacía ciento cincuenta años. Hoy, una fuente asegura que un miembro de dicha organización, al tener en su poder la famosa bandera –en la época de más represión y por temor a ser capturado con ella–, optó por quemarla.
Las acciones que realizó la estructura armada de la FAU, antes de denominarse OPR 33, fueron una serie de atentados contra empresas extranjeras llevadas a cabo entre los años 1964 y 1966, cuando funcionaba el Coordinador. Explosiones y sabotajes para apoyar a los conflictos obreros de 1969, firmados «Manos anónimas y brazos compañeros. Grupos de solidaridad obrera»; la interrupción de una misa en la Catedral de Montevideo en 1970 para lanzar, desde el púlpito, una proclama en solidaridad con los huelguistas de TEM y BP Color y los famosos «aprietes», que consistían en obligar a un millonario a firmar un cheque y retenerlo hasta haberlo cobrado, como, por ejemplo, los tres que realizaron el 29 de diciembre de 1970.
J. C. Mechoso cuenta que, en el medio obrero de Uruguay, siempre hubo momentos en que hubo unidades esporádicas para sumar fuerzas, medios y conocimientos para fabricar algún explosivo; responder con armas a las balas policiales, como el tiroteo en el Pantanoso u otras reprimendas a trabajadores, y realizar sabotajes. «Había uno que era un saboteador nato, en un solo día podía pinchar veinte ómnibus». Pero a mediados de los sesenta, afirma, «se empezó a ver necesario un aparato técnico, pero nada que ver con una vanguardia militarista, para actuar a niveles más altos y aumentar las finanzas» necesarias para sufragar los gastos de la ROE y para la lucha revolucionaria en general. Por ejemplo, cuando necesitaron medicinas asaltaron farmacias, cuando quisieron mejorar el taller gráfico expropiaron mimeógrafos eléctricos de la firma Orbis y cuando tuvieron que cambiar de aspecto robaron pelucas y apliques de Peinados Marta.
J. C. Mechoso aclara «Nos diferenciábamos del foco porque teníamos la parte sindical, el lugar de mayor inserción, desde siempre». También dejó claro que concebían la estructura armada para responder a coyunturas concretas y no para tomar el poder, ya que consideraban que esta tarea debía ser obra del proletariado armado insurreccional. Es evidente que la decisión de la utilización de las armas estuvo relacionada con el contexto general, explicado en otros apartados. Determinación que, en América, llevó a miles de luchadores sociales a empuñarlas. «No nos podíamos quedar atrás», asegura María Barhoum.

IV.2.2.6. La «escuelita», lucha armada y prácticas anarquista
J. C. Mechoso explica en qué consistía la preparación política y militar de los integrantes de la OPR 33.
«Había una evaluación regular donde el equipo mensualmente hacía un análisis de su funcionamiento y una serie de tareas regulares [que tenían que ver con el] contacto con el medio social en el que estaban. Se grababan algunas reuniones generales y discursos de la ROE para que los compañeros clandestinos pudieran tener acceso a ese tipo de problemática. En ese sentido, la preocupación era tal, que se hizo una escuelita (llamémosle así) compuesta por compañeros de distintas disciplinas, sociología, psicología, historia, pedagogía…, en la que se hacía una transferencia de conocimientos a los compañeros de los equipos operativos, que eran contados (dos por equipos), en condiciones de clandestinidad y encapuchados, tanto “profesores” como “alumnos”. Eso requería un esfuerzo bastante grande, casa adecuada y vehículos, pero dejó un saldo muy favorable. Eran compañeros de extracción obrera, que tenían lecturas básicas.
Había una exigencia de ir aumentando el nivel técnico de cada uno de los integrantes: clases de karate, saber manejar, armar y desarmar rápidamente un arma, ciertas nociones de estrategia, combate callejero […]. Se acondicionaban lugares para hacer prácticas de tiro, se procuraba conseguir algún silenciador, lugares acolchados o casas en el interior [del país]. Se podía tirar con un 22 en casas aisladas. Los propios compañeros fueron construyendo los dobles fondos, pozos, teniendo la precaución de no dejar la tierra cerca. La tierra fresca llamaba a las fuerzas del orden. […] Lo que tiene que ver con el período uruguayo (Argentina es otro episodio) tuvimos pocas caídas, se logró evacuar los lugares y salvar a la gente. Acá se manejó un manual muy sencillo, en ese tiempo estaban en boga enormes manuales con cantidad de páginas. Nos pareció preferible, un conjunto de principios básicos pero que se respetaran religiosamente. No era una teoría de la seguridad sino siete u ocho criterios que se respetaron.»
J. C. Mechoso dice que, para conformar el aparato armado, escogieron a la gente que tenía experiencia en el tipo de actos que se pensaban realizar. Por ejemplo, a luchadores sociales que ya hubieran hecho alguna expropiación por su cuenta o se hubieran enfrentado a esquiroles (carneros) recalcitrantes, «los perseguían con vehículos y les daban una biaba [paliza]». Entre los más expertos se podían contar con viejos anarquistas como Boadas Rivas, pero «había pasado veinticinco años en la cárcel y no daba para que lo pusieran veinticinco más». Por eso, los componentes de la OPR 33 no fueron ni los más ancianos ni los más jóvenes, sino gente de edades intermedias, fundamentalmente obreros.
«Varios factores contribuyen a que eso fuera así. Estaba la imagen clásica de los anarquistas que habían actuado en el Río de la Plata en períodos anteriores y el hecho de que la mayoría de los compañeros obreros llevaban más tiempo en la organización. Daban la imagen de mayor seriedad en el trabajo, más sentido común, menos inestabilidad y que cualquier acontecimiento no implicara el cambio inmediato de postura.»
En el plano operativo de la OPR 33 un 95 % eran obreros, pero no en la información, «pues se requería un tipo de trabajo mucho más apto para quienes venían del mundo universitario, docente y estudiantil, (encuestas, encarar gente, definir edificios céntricos). Todo un tipo de tareas que requerían determinadas modalidades y cualidades».
«Nos elegían para lo militar o sindical, por las características» recuerda María Barhoum quien afirma que para ser componente de la estructura armada de la FAU había que tener mucha convicción, coraje, imaginación, reflejos y que le «gustaran los fierros». Esta entrevistada matiza esa última condición y explica que el gusto no era placer de uso, sino disponibilidad al uso, comprobar que se estaba preparado para esa forma de lucha, según aquel grupo imprescindible para la revolución.
«Para los compañeros que conocí era una necesidad. No tenían el fierro atravesado. A nadie le gusta matar. Había uno que hacía ballet, o sea que te imaginás. Los fierros eran una necesidad para conseguir algo, pero no eran un mito ni el amor de mi vida. A mí no me gusta la violencia, pero es necesaria.»
En cuanto a la forma de organización es necesario comentar la constante preocupación por la relación de igualdad en la cotidianeidad de los grupos operativos y explicar que se hacía un análisis autocrítico de cada uno de los operativos. Pese a esa introspección de la agrupación y del propio papel del «encargado», la OPR 33, como casi todos los grupos que practican la lucha armada, tenía una férrea jerarquía. «Dentro del aparato armado había escalones, que podías ir subiendo» recuerda Barhoum.
Estaba organizada en base a un sistema celular. Cada célula estaba compuesta por tres o seis personas, una de las cuales asumía la responsabilidad de la misma. Dos o tres células formaban una unidad de trabajo que podía ser operativa, de servicio o de información. Cada uno de estos equipos estaba coordinado por un militante denominado responsable de la unidad, que no pertenecía a ninguna de las células. Éste último y los responsables de las células componían la Liga, la dirección de la unidad. Sus miembros y algunos dirigentes de la FAU formaban la dirección del aparato militar, a la que se llamó Aguilar.
Con respecto al accionar, cabe señalar que varios operativos fueron para su propio pertrechamiento –robo de armas a policías y serenos– y para amedrentar a sus enemigos –bombas contra sedes de agrupaciones políticas tradicionales, ocupación de oficinas provocando destrozos y pintadas reivindicativas–. Los secuestros fueron una constante en la acción armada de este grupo anarquista. Capturaban industriales o figuras representativas de las empresas donde hubiera una agudización de los conflictos, como en Funsa, Cicssa, Divino, Seral, TEM, etcétera. Por ejemplo, en junio de 1971, secuestraron a Alfredo Cambón, directivo de Funsa, abogado del Banco de Seguros y de Grupos Ferrés; y en agosto del mismo año, al vicepresidente del Frigorífico Modelo, Luis Fernández Lladó. También tomaron de rehén a José Pereyra González, redactor responsable del diario El Día, para que rectificase la propaganda contraria a la OPR 33, que había hecho durante el secuestro de Lladó.
El secuestro de la periodista francesa Michelle Ray en 1971 fue llevado a cabo para dar a conocer nacional e internacionalmente las posiciones de la organización con respecto a su no participación en el Frente Amplio y al rechazo a la política electoral. Por considerársela una periodista de izquierda, ser la compañera de Costa Gavras y haber sido secuestrada por el Viet Cong años atrás, las fuerzas armadas aseguraron que se trató de un autosecuestro.51 Sin embargo, las fuentes consultadas para esta investigación lo niegan. Un testimonio cuenta que irrumpieron en la casa de María Esther Gillio, donde se estaba alojando. Tras un momento de pánico, por pensar que se trataba de un grupo de ultraderecha a la que ellas criticaban en sus artículos, y tras aclarar que se trataba de una acción anarquista, las dos mujeres, muy a regañadientes, aceptaron lo decidido por el comando. María Esther Gillio se quedó en su casa, tranquilizando a Costa Gavras que llamaba, lleno de furia, desde Chile, donde rodaba Estado de sitio (la película que relata el secuestro de Dan Mitrione); y Michelle Ray fue conducida, con los ojos vendados, a un zulo de la organización. Allí mantuvo una charla con uno de los dirigentes de la FAU y tomó notas de sus posiciones. Días después fueron publicadas y ella puesta en libertad.
Las acciones de la OPR 33, al igual que las de los tupamaros, eran vistas con simpatía por una parte importante de la población. Sin embargo, los tiros, la sangre y los muertos producían un cierto alejamiento de ese apoyo. Aunque la OPR 33 no tenía como objetivo el enfrentamiento contra las fuerzas represivas, al ser una estructura armada ilegal y clandestina, en más de una ocasión sus integrantes tuvieron tiroteos con agentes de seguridad.52

IV.2.2.7. Secuestro de Molaguero
J. C. Mechoso explica las razones de una de las acciones que suscitó mayor atención en el Uruguay de entonces, el secuestro –durante un mes y medio– de un empresario ultraderechista, raptado el 11 de mayo de 1972.

«Lo que se procuraba era que el operativo tuviera un sentido social directo y que la gente lo percibiera como una experiencia útil. Se eligió a Molaguero no sólo por hacer apoyatura al conflicto sindical. No era ese el sentido, pues con la OPR 33 se esperaba operar a nivel político. Se habían agotado todas las instancias a nivel gremial, había una huelga desde hacía mucho tiempo, con mucho apaleamiento. Molaguero era el hijo del dueño de la fábrica [de Santa Lucía, Canelones], a su vez colaboraba en tareas de administración con el padre, era de la JUP (Juventud Uruguaya de a Pie) y tenía un grupito de jóvenes fascistas.
Hacía algunos estropicios, insultaba a los trabajadores, iba al fogón y les tocaba el culo a las mujeres. Si entraba a la comisaría salía enseguida. Prácticamente era el feudo de los Molaguero, el amo y señor del lugar […]. Un lobo con piel de cordero. Se caracterizaba, además de hacer “beneficencia”, por echar a los obreros cuando quería sin pagar indemnización ni licencia por maternidad u horas extras. [En su fábrica] los menores trabajaban hasta catorce horas, cuando la ley decía que debían trabajar seis. La prepotencia de Molaguero llegó hasta obligar a los obreros a trabajar el 1º de mayo bajo amenaza de despido.»

FOTOS 50 Y 51

Para llevar a cabo el secuestro, primero actuó el equipo técnico, quien recogió la información necesaria para su captura.
«Tenía la costumbre de ir por la carretera a un lugar para ver a la familia o a una novia –cuenta J. C. Mechoso–. En ese momento había muchas razias y destacamentos militares, por lo que hubo que buscar la forma más adecuada para parar en la carretera a un tipo que estaba prevenido. Lo que se hizo, fue vestir de policías a los compañeros, con la ropa y armas adecuadas. Algún arma no era del todo adecuada, pero como era de noche, entre una metralleta o escopeta recortada no había diferencia. En el momento que viene, con walkie-talkie se avisa su llegada y se le para, piensa realmente que es gente de la policía. De repente se da cuenta de algo, pero se le había metido mano a la gaveta a dónde tenía el revólver, intenta una fuga y se le pega un culatazo. Se queda quieto y un compañero de Medicina le da una inyección para dormir. Se le lleva dormido para que no conozca el lugar destinado a su primera etapa del secuestro.
Se le interroga [sobre grupos fascistas] pues tenía alguna dirección y cosas por el estilo. Sobre el conflicto, se le dice que se paguen los jornales, que retomen a todos los trabajadores, que cese la represión sindical53 y además que done bienes a la zona más pobre en torno a la fábrica, una especie de cantegril. A los niños que iban a la escuela, túnicas y zapatos, muchos iban descalzos. A la escuela, que no tenía nada (era muy pelada), útiles, cuadernos, lápices, todo lo que precisa durante un tiempo largo. Con la exigencia que todo fuera comprado en los comercios de la zona. Al mismo, y ya que estaba y la organización siempre tenía sus necesidades, se le cobró una cuota, digamos por daños y perjuicios por el tiempo perdido, por los gastos del operativo. Se le cobró un dinero directamente a él, que no fue importante, podía ser unos treinta mil dólares al día de hoy [1995], o sea que eso era algo que no estaba condicionando el operativo […]. Cobrar fue difícil porque tenía que tener un montón de filtros […]. El objetivo era resolver el conflicto y toda esa otra parte.54
Cayó muy simpático en la zona, a nivel de maestros, familias más pobres, trabajadores y comerciantes, que vendieron una cantidad de millones de pesos en mercadería en comercios, en los que se vendían muy poco. Cuando nosotros volanteamos toda la zona con un facsímil, que tenía por un lado la bandera y por el otro los detalles del operativo, los almacenes incluso los tenían en el mostrador.
Al mismo tiempo se instala un carro parlante en [la avenida] 18 de Julio (creo que dos, pero uno estoy seguro) que da todos los detalles del operativo. Como todo carro parlante que se copaba [se decía] que se había colocado un dispositivo de explosión, para que no se acercaran, para que no le metieran mano. Estuvo una hora y pico, al lado de la plaza de la Libertad, hablando del porqué y el contenido de la cosa.
Ese fue uno de los operativos de la OPR que de alguna manera contemplan las características de las acciones. Que sirviera para que la gente viera que la violencia estaba vinculada con un problema social, con un elemento de justicia y que tendía a resolver esos problemas. Que no estaba desprovista de contenido, ni aislada y que era para modificar situaciones de justicia.»55

IV.2.3. Escuela Nacional de Bellas Artes

La escuela de Bellas Artes de la Universidad del Uruguay es de los pocos centros estudiantiles del mundo –como las universidades de Berkeley y la Sorbonne– cuyo nombre, no sólo evoca un centro de enseñanza superior, sino lo que en su día fue un foco subversivo, un lugar donde se aprendía a vivir en plenitud, donde se impartía una enseñanza integral, no para acomodarse en la sociedad, sino para transformarla.
La Asociación de Estudiantes de Bellas Artes (AEBA) tenía como mayor objetivo «cambiarlo todo desde el entorno de la vida cotidiana»; el antiautoritarismo libertario y el socialismo autogestor y comunitario, que nunca podrían ser impuestos por decretos, imposiciones o minorías que emplearan o no la violencia. La Escuela se convirtió en la cocina de la revolución antiburocrática y de la crítica a la política discursiva, parlamentaria y representativa. Un espacio, organizado desde el cogobierno y la autogestión –incluso con respecto a los planes de estudio–, cuyo objetivo más concreto era desconstruir y reelaborar la «realidad», desde el deseo y la sensibilidad, en el que la motivación y el resultado coincidían en el acto creador. Se pretendía integrar al arte las formas de hacer política atendiendo las necesidades humanas. Todo este acto creativo se concretaba a través de modelar el barro, diseñar formas inéditas, o concebir arte para llevarlo a la vida de los barrios.
Mario Carrión afirmaba, en el comienzo de «Definición global de la experiencia de la ENBA, objetivo, contenido, método»:

«El ser humano por naturaleza es un ser singular. Tiene emociones, sensaciones, sentimientos, pensamiento. Es evidente que así como sucede en la naturaleza, si no se logra un desarrollo armonioso de todas sus capacidades, el orden general se quebranta y todo se confunde: los afectos se distorsionan, los sentimientos se deforman, y así como potencialmente el hombre desarrollándose adecuadamente puede amar, construir, crear, imaginar, su deformación le provocará la torpeza, la agresividad, la destrucción, el odio.»56

Este ex alumno del ENBA decía que, la que él denominó Antiuniversidad de Montevideo vivió, de 1960 a 1974, una experiencia de enseñanza libertaria, en la que los alumnos hacían un irremplazable aprendizaje de vida, tanto en el trabajo en la escuela como con los contactos con el mundo que la rodeaba. «Es un aprendizaje social, algo que se hace juntos, en el que hacemos parte de un organismo colectivo guardando su individualidad. Más allá de la formación estética, adquirías una formación personal de hacer y de vivir».57
Una de las principales premisas de aquel aprendizaje plástico era comprobar que la personalidad creativa se componía del ejercicio libre y pleno de todas sus facultades. Por lo que se aconsejaba poner, como paso imprescindible, la estimulación enérgica de todo aquel sector en desuso o deformado –sensibilidad, sentimiento, emoción– y destruir –literalmente– los subproductos de esa formación, como prejuicios, esquemas y recetas.
Pero los luchadores sociales que estudiaban en aquel centro de enseñanza superior no tenían plenos acuerdos. Las divergencias nacían por opiniones muy diversas sobre el proyecto social por el que luchaban. Se faltaría a la verdad si no se mencionara, también, la presencia minoritaria de estudiantes que no aspiraban a un cambio radical de la sociedad.
René Pena, libertaria y estudiante de Bellas Artes, explica la ligazón entre el aprendizaje académico y la implicación social que emanaba de aquella escuela del arte y de la vida.
«Se trataba de formar gente a todos los niveles, inclusive su potencial artístico. Porque el arte forma parte, no es que fuera lo más importante pero si uno tenía condiciones, desarrollarlas […]. En la campaña de sensibilización visual, estábamos varios días sin dormir, salíamos de noche porque no nos dejaban.58
¿Eso serviría para cambiar el mundo?
–Jorge [Errandonea] consideraba que la gente tiene derecho a expresar, y la mejor manera de ver su potencial es dejarlo que cree. Además, si eran monumentos históricos, por qué los dejaban pudrir.
–¿Cómo se situaban con respecto a las elecciones y a los par tidos de izquierda?
–El grupo en el que yo estaba siempre estuvo contra el Frente.
–¿Por qué?
–Parecía que estaban viendo lo que iba a ser en el futuro. “Esto no va a servir, no les va a servir ni a los tupamaros” decían.
–¿Por qué no hacían cosas con la FAU?
–Mi grupo éramos los anarquistas libertarios, y sí íbamos a las ocupaciones de fábrica […]. Había otro grupo que eran anarcos utópicos.
–¿Ustedes qué objetivos tenían?
–Queríamos cambiar el mundo, sabíamos que no lo íbamos a ver, que todo lleva su proceso y su tiempo, pero por lo menos [pretendíamos] allanar el camino para los que venían atrás. Alguien tiene que empezar.
–¿Cuál era el proyecto social por el que luchaban?
–Una sociedad en la que no hubiera ni ricos ni pobres.
–¿Pero con dinero o sin dinero?
–A mí, tanto me da que haya o no haya.
–¿Pero, en esa época hablaban de eso?
–No, no. Hablábamos de la autogestión.
–Sobre la escolarización de los niños, ¿qué opinaban?
–Que tenían que recibir educación.
–¿Y si un niño te decía: “Mirá, para mí, ir a la escuela ocho horas es como para vos ir a la fábrica”?
–Bueno, mijo, entonces te voy a enseñar yo, porque lo que no puede ser es que tú no sepas. Pensá que lo que más le interesa al imperialismo es que tú no sepas nada. Cuanto menos sepas, mejor para ellos, te ponen la pata arriba […].
–¿Cómo los veían los integrantes de los otros grupos y par tidos políticos?
–No fuimos muy aceptados, éramos la escoria. Ocupando con nuestros propios compañeros creían que éramos pequeñoburgueses porque usábamos pantalones de marca; y [los otros] creían que éramos demasiado combativos. Cuando les teníamos que decir las cosas no andábamos con rodeos: “Mirá compañero, estás equivocado”.»
Al igual que los tupamaros están asociados a la personalidad de Sendic; Comunidad del Sur a la de Prieto; la FAU a Gatti, Duarte o Mechoso; el PC a Arismendi; el PS –entre otros– a Vivián Trías y el semanario Marcha a Quijano; a Bellas Artes se la relaciona con Jorge Errandonea, dirigente y líder espiritual del centro y fundador de otras iniciativas.
«Le decíamos el cacique –apunta René Pena–. Era nuestro ídolo, un líder nato. Mi grupo lo financia él, era de una familia muy rica. Puso todo a disposición del grupo, yo también puse algo de mi padre. Jorge Errandonea fundó una comunidad con su propio dinero que se llamaba Eufemio Masculino, en Pocitos, ahí viví. Era una linda comunidad. Donde se podía vivir y trabajar. Nos respetábamos mutuamente, no precisábamos decir “tú ensucias, tú limpias”, ya sabíamos […]. Entre hombres y mujeres no había diferencias entre las tareas. Yo tenía dieciséis años. Vivían unas siete u ocho personas, aunque al ser un lugar de encuentro los amigos solían pasarse por allí. Llevábamos a todo aquél que tenía problemas: “¿No sabés a dónde dormir?, veníte para Eufemio Masculino”.»
Los libertarios de Bellas Artes, como toda corriente política, tenían sus detractores, incluso entre los anarquistas: «Era muy difícil, una especie de gueto. Si vos no estabas de acuerdo con Errandonea, Marcelino, el canario Miguez, etcétera, te desplazaban un poco» opina María Barhoum.
Pero también tuvieron enorme apoyo y respeto –por ejemplo de parte de los integrantes de la tendencia combativa– por su radicalismo, sus maratonianas ocupaciones universitarias y porque –con Errandonea a la cabeza– se rebelaban contra los servicios del orden del PC. Bravio coincidió en un enfrentamiento contra los miembros de dicho partido en una manifestación del 1º de mayo y explica que en plena trifulca golpearon con un palo el cráneo de Errandonea. Éste, de gran complexión física, se giró antes de que los que estaban detrás echaran a correr y sin inmutarse demasiado, pero con el semblante furioso, preguntó: «¿Quién fue?».
Otra de las anécdotas que circula sobre Errandonea tiene que ver con los trabajos que realizó en Francia para sobrevivir. Este combativo artista, a mediados de los setenta, al no conseguir otro trabajo se gana el sustento como pintor de brocha gorda pintando, entre otras, la casa de Gabriel García Márquez. El escritor no se muestra muy dialogante ni interesado en platicar con el desconocido pintor, hasta que alguien le advierte que se trata de una personalidad en el mundo artístico uruguayo y gran hombre de izquierda.
–Así que es usted el profesor Errandonea. Pase, pase, tomemos un café.
Pero el original docente, herido por la indiferencia de García Márquez con un anónimo pintor exiliado, prefirió avanzar en su trabajo y declinó la invitación.

IV.2.4. Comunidad del Sur

Esta experiencia comunal se fundó en agosto de 1955, en la capital uruguaya, por jóvenes anarquistas, como una manifestación más de la resistencia al sistema capitalista y como una forma de experimentar y exigir su radical transformación hacia una verdadera comunidad humana mundial.
En 1962, Andrés se integra al grupo, que ya consta de ocho miembros.
«Inicialmente, en la calle Salto, a la Comunidad del Sur se la llama La casa de los locos –explica Andrés–. A medida que se van haciendo funciones, se gana la gratitud [del entorno]; matar una rata en casa de una vecina, que estaba sufriendo; una fiesta para la que la policía dice que se tiene que pedir permiso, no se pide, se pone un camión en una esquina, otro en otra esquina, se corta la calle y se hace una fiesta en la que participa toda la manzana. Un día de Reyes, en Montevideo, hubo un ciclón que tiró una columna de alumbrado, como no venía la UTE, tuvimos la idea de levantarlo nosotros […] llamábamos a la puerta de los vecinos y les preguntábamos:
–¿Le cambiamos el hilo?
–¡Sí, sí! –[nos pedían y nos agradecían diciendo]–. ¡Los muchachos, otra vez!
Un vecino no quiso. Luego, los hechos demostraron que era un fascista, un hombre del orden.»
Tras iniciar el proyecto en pleno corazón de Montevideo, se mudaron a un barrio lejos del centro. Pudieron asentarse en un terreno que medía trescientos metros por setenta. Entre los años 1971 y 1973, eran más de cincuenta personas, con distintas formas de integración. En general, había cinco niveles: los habitantes estables, los que estaban experimentalmente, los que trabajaban en alguna de las cooperativas, los participantes de alguna actividad y los simpatizantes.
A fines de los sesenta, principios de los setenta, siendo fiel a su principio de no aislarse, la Comunidad desarrolló un foco de militancia a nivel barrial. Cooperativismo obrero, de producción y de vivienda; participación en los denominados liceos populares y ayuda a trabajadores en huelga.59 Además de participar en la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil) y los GAL (Grupos de Acción Libertaria), mantuvo una relación solidaria permanente con UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas).
La sensibilización y participación de la Comunidad en la transformación social y la colaboración de algunos de sus integrantes en diferentes estructuras de la resistencia al régimen provocaron que también les afectara la represión incrementada en 1972. Tras la consolidación de los militares en el gobierno, sus miembros optaron por abandonar el país.
«También éramos agitadores en algún sentido […]. Cuando venían a cazar a la Comunidad del Sur, no venían a intentar, inicialmente, la destrucción de un grupo; venían a cazar a los miembros del grupo. De alguna manera hacían una separación.
En esa represión indiscriminada de 1972-1973, no es que dijeran “cerremos la Comunidad del Sur”, pero sistemáticamente un cuerpo de fusileros, artillería o infantería, se turnaban y venían. Cuando desapareció, lo que nosotros denominábamos el tejido social, ya solamente estábamos sometidos al hecho de que torturaran a alguno o que algún loco, o no tan loco más bien un miembro del otro bando, dijera: “Éste, seis meses preso”. Entrábamos escalonadamente. Yo estuve dieciséis días, después dos años; otros compañeros estuvieron más o menos el mismo tiempo. Otra vez estuvimos presos un grupo de nueve.
No parecía posible que el grupo, en esas circunstancias, permaneciera allí. Entonces se empezó a investigar en América, la posibilidad de trasladar todo el colectivo, por lo menos las personas.»60

IV.2.4.1. Orientación política
«Si bien las ideologías son elementos básicos en la definición de toda situación y en la elección de los medios para lograr los fines, se vuelven realmente operativas cuando son compartidas y elevadas por los participantes como base de orientación.»61

A través del estudio de las diversas plataformas programáticas, publicadas a lo largo del tiempo, se pueden establecer las bases que orientaron la lucha y la vida de Comunidad del Sur durante los años sesenta y principios de los setenta.
Se basaban en la autogestión como meta y camino, que veían como una forma de transformación que se podía concretar en el presente y servir como inspiración a un nuevo modelo social.
Consideraban que los organismos autogestores debían preparar a los hombres y crear organizaciones sociales activas y eficaces, ligadas unas con otras, para que en un momento de ruptura y revolución, fueran capaces de responder a las necesidades del momento y cimentar bases sólidas de la sociedad socialista y libertaria. De ahí la importancia de la comuna como modelo, práctico y teórico, y como perspectiva federalista, es decir de comunidad de comunidades.
Pensaban que en esos organismos de lucha, los hombres reaprendían el sentido de la existencia, se proyectaban hacia una vida nueva y comenzaban la revolución. Y aclaraban que eso no significaba que fuera posible llegar al socialismo por mera agregación de individuos a las pequeñas comunidades formadas dentro del régimen capitalista.
Afirmaban que los grupos, al igual que los individuos, no escapan de la influencia del sistema. De ahí que dijeran que Comunidad del Sur, como expresión del movimiento comunitario, lejos de ser homogénea y coherente, reflejaba esa interdependencia entre el movimiento social general y las expresiones o experiencias de «vanguardia». Y que sólo, en la medida que se diera esa proyección, se superaría la institucionalización, el sectarismo y la disolución.62
En sus bases programáticas dejaban claro que sólo el cambio global, en tanto proyecto, daría sentido a cada experiencia parcial. Por ello se consideraban:
• Revolucionarios en la práctica y en las ideas, en la totalidad del hacer comunitario, en cuanto a cómo se procesa y se produce el cambio social proyectado, táctica y estrategia, eligiendo la acción directa como forma de luchar y organizarse; y por no buscar, dentro del sistema, mejoras de salarios, control o gestión obrera de la producción, ni elecciones libres.
• Comunitarios por cómo se organiza la vida cotidiana, teniendo en cuenta la estructura social y ecológica, basándose en el urbanismo y la educación.
• Libertarios por los medios y fines, democracia directa y federalismo, y por no limitarse a la crítica de la sociedad, sin vivir en la medida de lo posible, su abolición, forzando los límites en todo momento.
• Comunistas por la aspiración a que los seres humanos se organicen de forma comunitaria para producir, distribuir y administrar los bienes, que responden a sus necesidades.
Al ser conscientes de que los vínculos sociales están determinados por las relaciones de trabajo y producción, reclamaban la autogestión y la propiedad común. Rechazaban los «socialismos de estado» o «liberación nacional» porque, en todos esos casos, veían como las relaciones reales de producción y de vida eran similares a los otros países del mundo.
Buscaban crear un poder colectivo real sobre las condiciones de existencia, preguntándose los fenómenos sociales de manera común y no individual. Consideraban que el hombre comunista implica integrar al otro como necesidad.
• Antiestatistas y anticentralistas. Sentían la necesidad de una organización que abarcase todos los aspectos de la vida, garantizase el comunismo y la libertad y fuese una conjunción, mediante la formación de consejos, de todas las agrupaciones e individualidades de la región. Señalaban que los consejos o comisiones comunales debían centralizar los acuerdos emanados de la base, sin ejercer ninguna forma de poder clásico, dado que no dependerían de ninguna forma de poder central ajeno a la propia comunidad. Y que tendrían la tarea de asegurar la debida cooperación en los servicios de interés común, como educación, transporte y limpieza.
Más allá de la comuna como unidad fundamental, apuntaban que se organizarían federaciones regionales e internacionales de comunas.
• Antimilitaristas, internacionalistas y antireformistas. Estaban por una sociedad no militarista, por la destrucción de fronteras estatales y pensaban que, en general, los partidos, los sindicatos y las cooperativas sectoriales repetían los esquemas del capitalismo y el estatismo, por considerar al hombre como un simple elector, consumidor o productor, reclamando solamente su participación parcial.
Hay que destacar, por su originalidad, respecto a las demandas de los luchadores sociales de entonces, los reclamos de la satisfacción de las necesidades vitales, entendiendo por éstas no sólo las relativas a la subsistencia (vivienda, alimentación, salud…), sino también las afectivas.

IV.2.4.2. Convivir en comunidad
Al criticar, en su globalidad, el sistema imperante y al intentar no reproducirlo, se analizaba cada elemento; y a cada objeto se le intentaba dar su función humana correspondiente. De ahí que se hablara de juguetes jugados y dispusieran de un espacio lúdico; crearan una comisión de ropa encargada de comprar la vestimenta necesaria intentado esquivar modas y consumismo y, sobre todo, que se replantearan más de una vez, las relaciones personales y, por lo tanto, las amorosas y sexuales.63
Si bien, ciertas responsabilidades y hábitos se dividían por edades, de lo que se trataba era de que, en lo cotidiano, no existiera esa brusca separación cronológica que hay en la sociedad global. En Occidente, sobre todo, es costumbre desplazar a los ancianos de las tareas y decisiones, por visualizarlos como improductivos. A principios de los setenta, el anciano de ochenta años que vivía en la Comunidad tenía su función, se mezclaba con los demás miembros del grupo y solía realizar tareas comunitarias.
«No se entendía como una edad de acorralamiento social, todo lo contrario –señala Andrés–. Era un participante como otro cualquiera. Con su capacidad física. De repente, en una reunión que duraba hasta las cuatro de la mañana, a las dos estaba nocaut [KO]y se iba a la cama diciendo: “Están hablando demasiado”.»
Para los integrantes de esta común-unidad, lo importante era tender a suprimir la jerarquización de las figuras fijas. Por ejemplo, evitar el poder que pudieran adquirir aquellos que trajeran dinero. Pero también rechazaban la antítesis vulgar, el liberalismo de que cada uno haga lo que quiera. Consideraban que eso se traducía en una ausencia de roles, en no saber lo que hacen los demás porque no hay escenarios de convivencia.
Comunidad del Sur fue, y sigue siendo, uno de los tantos proyectos que han habido a lo largo de la historia que, además de atacar la miseria de esta sociedad, ofrecen una visión liberadora para toda la humanidad, mediante nuevas formas de vida en común.64
A través de ejemplos como el analizado en este artículo, el anarquismo y/o el comunismo no aparecen solamente como una sociedad futura, sino como movimientos históricos que nacen desde, y por antagonismo, a la existencia de clases sociales y como una comunidad mundial de la resistencia.
Comunidad del Sur se refundó a mediados de los años ochenta, aún continúa ampliando y variando proyectos y conocimientos. Están establecidos en un espacio en las afueras de Montevideo, en el kilómetro 16 del camino Maldonado; organizando con grupos afines, huertas y agricultura ecológicas en una parcela de tierra. En la capital, también tienen una sede que funciona como lugar de reunión, imprenta, librería, biblioteca y talleres de tejidos y cerámica.
La experiencia de Comunidad del Sur, con casi medio siglo de existencia, evidencia que, aunque con importantísimas limitaciones, se puede amar, jugar, relacionarse y vivir de otra manera a la impuesta. Pero demuestra también, que solamente habrá liberación integral de un individuo o grupo, cuando la sociedad en su conjunto sea libre. Si bien el futuro debe tener vida palpable en el presente, en la medida de lo posible y contra los límites impuestos por el modelo existente, no hay que pensar que un grupo o una región se puede liberar, íntegramente, del yugo del capital, aislándose de la sociedad, reclamando por decreto su liberación. La ideología que ha llevado a creerse que se puede fundar un nuevo sistema en tan sólo un rincón del planeta ha sido siempre un freno para los intentos de revolucionar el mundo entero. El famoso «socialismo en un solo país» de Stalin es tan sólo un ejemplo de ello.

IV.2.5. Movimiento de Unificación Socialista y Proletario (MUSP)

En 1966, dentro de un marco de crisis y fraccionamiento en el Partido Socialista, un pequeño núcleo de militantes se separa de ese partido, forma el MUSP, se proclama marxista-leninista y defensora del «socialismo proletario» en oposición al «socialismo pequeño-burgués».
El MUSP fue un grupo político con cierta trascendencia hasta el período de mayor confrontación social, 1968 fue su último año de relevancia. En 1969 algunos impulsaron el denominado Movimiento Marxista –que tampoco llegó a extenderse–, otros se integraron a diversos grupos –sobre todo en el MLN–, o eligieron la militancia independiente.
En 1966 eran más conocidos que los tupamaros y, debido a sus radicales posiciones políticas, en más de una ocasión fueron confundidos con ellos. A fines de 1966, el MLN colocó artefactos explosivos en la entrada de la casa de los responsables de la represión en el puente del Cerro. Tres miembros del MUSP fueron torturados e interrogados por este hecho, Julio Louis, Sila Contreras y Antonio Trabal. Éste manifestó: «Sentía que eran los electrodos pero con una patada más fuerte que la de la luz. Canté cualquier cosa. Yo puse la bomba en radio “Carve”. Yo llevé otra bomba a Uruguay y Yaguarón. El MUSP es el tupamaro. Cualquier cosa».65 Por su parte, el principal órgano de difusión del PC, El Popular, publicó la noticia y los detalles de la operación represiva, pero sin mencionar el nombre de los tres jóvenes ni el de la organización en la que militaban, lo que produjo malestar y un artículo en Marcha, denunciando la censura intencionada de la información.
A mediados de los sesenta y hasta 1968, «los muspos» –así se le denominaba– y la FAU fueron un referente para los luchadores sociales que rechazaban la política del PC.

«Denunciará a la burocracia rusa y caracterizará la existencia de una burocracia sindical y política. Este acierto se verá empañado, sin embargo, por una posición sectaria y ultimatista. El MUSP caracterizaba al PC como “socialfascista” y proclamaba el paralelismo sindical, rompiendo con los sindicatos “amarillos” dirigidos por el PC. En 1968 pasará a la clandestinidad, bajo la caracterización de que se estaba gestando una “tiranía” militar. Su incidencia, al principio muy importante sobre todo en la juventud socialista, fue decreciendo. No jugó ningún papel ante la emergencia del Frente Amplio en 1971, ni ante el golpe y la huelga general de junio-julio de 1973.»66

Si algo caracterizó al MUSP, fue su oposición al PC, su intransigencia con el reformismo y la importancia que sus miembros le daban al marxismo y la teoría política en general. Lo que hizo ganarse fama de dogmáticos y sectarios a sus militantes.
La lucha política contra el PC, se plasmó en enfrentamientos directos entre componentes de ambas organizaciones.67 Una de las grandes contradicciones ocurría en las movilizaciones callejeras, pues como dice Bravio: «Los del MUSP y el FER provocábamos enfrentamientos con la policía», práctica totalmente desaprobada, e incluso reprimida, por los cordones de seguridad que formaban, principalmente, CNT y PC. Por esto, y por la creciente represión policial, «los muspos», decidieron ir a manifestaciones en grupos de tres, para coordinar mejor el apoyo mutuo.
Juan Nigro en varias ocasiones formó parte de esos grupos de tres y recuerda la consigna que se daba en aquellos casos:

«O volvían los tres de la manifestación, o no volvía ninguno. Si uno veía que un milico había agarrado a uno de los otros dos compañeros, debía arriesgarse y ayudarlo a escapar. Por lo tanto, si la manifestación se disolvía, se tenían que ir juntos o buscarse rápidamente. Yo, a veces, iba con ellos porque tenían un planteo y una seguridad que no ofrecía nadie. No es que se gravitara en torno al MUSP, sino que en todas las estructuras que se creaban había una tendencia a aceptar las líneas del PC, FEUU y CNT. Los que se organizaban afuera, en contra de eso, y buscaban mejores condiciones de militancia, a veces, se organizaban al estilo de los MUSP.»

Sobre la incidencia del MUSP en el escenario político uruguayo, los datos son demasiados diferentes. Mientras algunos entrevistados dicen que era escasa y lo consideran el típico grupo minúsculo sin base social, Bravio lo considera un partido de cuadros dentro de las agrupaciones barriales y los frentes universitarios denominados MURAMP. Por su parte, otra fuente asegura que el MUSP llegó a incidir en unos treinta núcleos de luchadores sociales que se concentraban, principalmente, en las empresas de transporte público y en las universidades.
En los años 1968 y 1969, con el auge general del accionismo, en detrimento de la formación teórica, el MUSP resulta obsoleto incluso para varios de sus componentes. Esto, unido a rencillas internas, provoca la crisis de la agrupación. Bravio, por su parte, aporta un dato curioso: «se hizo mierda en el 68, por un infiltrado del PC».
«Su gran problema fue su derrota en la competencia con los tupas –declara Juan Nigro quien en la época era simpatizante de los MUSP–. Mientras los muspos estaban enfrascados en una lucha sin cuartel contra los PC, éstos hacían cosas que, para todo el mundo, resultaban sumamente atractivas. Y frente a las masas, unos eran “prácticos”, concretos y sin largas discusiones (el famoso estilo tupa que permitió todos los oportunismos y las renuncias) y los otros parecían de otro planeta. Mientras los tupas, con algunas acciones espectaculares, acapararon todos los titulares; la lucha de los muspos era oscura y aparecía como teoricista, como poco práctica.
Hay que decir también que la mayoría de los militantes muspos terminó en los tupas, aunque muchos de ésos, en los años posteriores fueran microfraccionalistas.»

IV.2.6. Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)

El MIR, grupo referencial en la década de los sesenta, era una agrupación importante por el simple hecho de ser una escisión del PC, denominada Partido Comunista Revolucionario (PCR).
Tras el año 1968, pierde importancia aunque aumentó el número de sus integrantes. La razón de este incremento hay que contextualizarla en la época comprendida entre 1968 y 1971, en pleno auge masivo de la militancia.
El desprendimiento del PC en el año 1965 se produjo por la ruptura entre URSS y China. El PCR-MIR nace del apoyo a China y por la defensa de las ideas de Mao Tsé Tung. A sus militantes se les puede denominar maoístas y, en su momento, se les llamaba «chinos».
El MIR formó parte del Coordinador y estuvo presente en las reuniones fundacionales del MLN, que tuvieron lugar en 1965. Fueron encuentros protagonizados tanto por militantes de agrupaciones como por independientes, que estaban bajo la coordinación de un Comité Ejecutivo, que el MIR tenía derecho a integrar con uno de sus miembros.
Huidobro, al analizar las distintas visiones de la organización que se estaba gestando en la trascendental reunión de Parque del Plata, declara sobre una de las posiciones.

«Estaba formada por una fracción del MIR que había concurrido a la convocatoria con una sola consigna: que aparecieran las armas “mejicaneadas” [expropiadas y mal repartidas]. Todo lo demás no le interesaba. Venía a ser la corriente que le daba “color” a la reunión, porque en medio de las más trenzadas discusiones, el portador de esa posición hacía oír su voz de bajo, acompañada con un golpe sobre la mesa: “¡Que aparezcan los fierros!” como una letanía rezada durante todo el día, fuera cual fuera el tema de discusión. La quinta posición, la que no se dio, era la posición real de los compañeros del MIR, quienes se plegaban a la línea de construir una nueva organización, sin especificar que ésta era, para ellos, el partido marxista-leninista, pensamiento Mao, cuyo embrión era el MIR.»68

Los militantes del MIR decidieron no integrar el MLN y tuvieron su propia trayectoria. Su segunda convención, realizada el 24 de junio de 1967, sirvió para plasmar el programa político y los objetivos por los que estaban luchando. Caracterizaron al imperialismo norteamericano, los latifundistas y la oligarquía (bancaria, importadora, industrial y burocrática) como los enemigos de la revolución. Y como fuerzas de la misma, consideraron a todas las clases que en la ciudad y el campo tuvieran intereses económicos opuestos a aquéllos. En primer lugar, y dirigiendo el proceso, veían al proletariado urbano y los asalariados agrícolas, y en segundo lugar, a los campesinos medios y pobres, la pequeña burguesía urbana y la burguesía media.
En el Uruguay, la revolución que proclamaba el MIR no era democrática y burguesa, ni tampoco socialista y proletaria. Tampoco veían factible un calco del proceso asiático que había encabezado Mao Tse Tung debido a las diferencias de este pequeño país con la gigantesca China. Decían de su naturaleza:
«Podemos caracterizarla como antimperialista, antilatifundista y antioligárquica. Esta caracterización es diferente de la del Partido Comunista: agraria y antimperialista. En ella no se precisa su carácter antioligárquico (grave error) y el término agrario no aclara nada, pues no apunta hacia los latifundios […]. Esta caracterización es diferente también de la consigna trostzkista-muspiana de antimperialista y anticapitalista, que la convierte en revolución socialista de entrada. Esta última es sectaria y echa contra la revolución a una serie de clases que objetivamente son antimperialistas y que en este planteo se ubican como enemigas.
Tampoco coincide con la caracterización de nacional y popular de Trías y posiblemente del PS, ya que la caracterización de nacional corresponde más bien a un país colonial o semicolonial y no al país dependiente que es el Uruguay.»69
El MIR, además de octavillas puntuales, difundía su actividad y pensamiento a través del periódico mensual Voz Rebelde. Como casi todas las otras organizaciones tenía una estructura juvenil y estudiantil denominada Agrupaciones Rojas (AR). Cota, que militó en la órbita de éstas, apunta algunas de sus características.
«En las AR se discutía mucho sobre si el Parlamento era o no necesario (estábamos en contra del parlamentarismo) y creo que en contra de todo. De los tupas (yo no, pero en general era así), por individualistas; de los PC, por revisionistas; del Frente Amplio, por supuesto, porque era más de lo mismo. Dado que estábamos contra el orden establecido, no podíamos participar de las actividades electorales. No podíamos entrar en el sistema, y de ahí las discusiones con la gente del Frente Amplio. En algún acto de la Corriente, tuvimos que irnos, con los periódicos bajo el brazo y muy cabreados, porque no nos dejaban ni regalarlo, que era lo que pretendíamos.»
En cuanto a los principales objetivos, Cota cree recordar que eran «desestabilizar, y hacer la revolución (je, je) pero bueno, yo creo que tenían buenas intenciones. Digo tenían, porque, como ya te expliqué, [con mi compañero] no estábamos allí por convicciones políticas, sino por amistad con alguien del grupo (¡qué profundo! ¿no?)». Y dice que la obra por excelencia de la organización era «por supuesto, el libro rojo de Mao. Era como un libro de cabecera. Lamento no tenerlo aquí para releerlo, aunque supongo que ahora no me bancaría ni las tres primeras páginas».
A continuación, Cota señala la relación que había entre el MIR y las Agrupaciones Rojas y la posición de éstas con respecto a la lucha armada.
«Con la gente del MIR no nos veíamos mucho, algún que otro fin de semana, y era más por casualidad que programado. Me parece que los MIR no descartaban nada. Aunque en las Agrupaciones Rojas nosotros no nos enteramos de que hubiera aparato montado, yo pienso que algo había […]. La actividad política del MIR, no sé. En cuanto a nuestra actividad, ya te conté, asambleas de clase, creación del grupo de clase, difusión del periódico, reuniones de discusión de algún caso concreto sucedido dentro del instituto. Que yo sepa…no tirábamos bombas ni cometíamos atentados. Repito, que yo sepa. También nos ocupábamos de algún que otro refugiado que andaba por ahí perdido.»

Según otras fuentes consultadas, los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria no le dieron importancia a la formación de una estructura militar por pensar que las armas no las debían utilizar una vanguardia, sino las masas en su conjunto. Criticaban a quiénes participaban de la guerrilla montevideana, por esa razón y porque, al ser maoístas, le daban más importancia al combate en el ámbito rural.
A pesar de que en la misma época en América Latina había otros MIR, no tenían relación con el de Uruguay. Incluso se llegó a desconsiderar a algunos de ellos. «El MIR chileno no caía bien, también le decían revisionista.» declara Cota.
El número de miembros del MIR y las Agrupaciones Rojas era pequeño, rondaría la centena.70
Estos dos colectivos formaron una de las organizaciones políticas menos numerosa, pero como se ha mencionado, en algunos episodios tuvieron especial relevancia (discusiones con PC y prototupamaros, ilegalización del grupo, apoyo a cañeros de Bella Unión, oposición al Frente Amplio, radicalización de la huelga bancaria de 1969). Dieron, además, militantes importantes como Beletti o Arizaga.

IV.2.7. Frente Estudiantil Revolucionario (FER)
«Otro asesinato de la dictadura. Despierta pueblo oriental es a tu hijo que asesinaron.»71

Como se comprueba a lo largo de la tesis, uno de los acontecimientos más relevantes ocurridos en el escenario montevideano fue la alta combatividad de estudiantes de signo radical.
«Al interior de este movimiento la agrupación estudiantil más significativa por su pertinaz presencia a lo largo de todo el período mencionado, por su capacidad de movilización, de organización y de elaboración política, fue el Frente Estudiantil Revolucionario (FER).»72

El FER se funda en enero de 1967, como ala gremial de la Juventud del Movimiento Revolucionario Oriental (JMRO) y en el local de esa misma agrupación. En su período fundacional se implanta, con contados militantes y escasa influencia, en los centros de estudio: IAVA, Miranda, liceo del Cerro y nocturno del Zorrilla; con el objetivo de concienciar y organizar en asambleas de clase a los alumnos y generar una mayor participación del estudiantado en el proceso revolucionario.73
Horacio Tejera con respecto al nacimiento de este frente estudiantil, que con el tiempo llegó a estructura de una u otra manera a más de un millar de personas,74 declara:

«Surge en el IAVA y arrancó siendo un grupo de jóvenes del MRO, eran cuatro, pero no te digo que eran cuatro como a veces se dice, eran cuatro de verdad. Tres de ellos que se habían ido descontentos de las juventudes comunistas por el abandono del PC a la lucha guerrillera del Che. Decían que eran la vanguardia marxista-leninista del IAVA. Ese mismo año son captados por el MLN y el FER pasa a ser un grupo estudiantil del MLN, del cual a medida que ibas teniendo una actuación más destacada dentro del FER pasabas al MLN.»

En 1967 participa en las elecciones de la Asociación de Estudiantes Preparatorios (AEP) con el lema: «por el socialismo y la libertad» y reivindica la acción directa como método de lucha, la unidad obrero-estudiantil, el socialismo y los planteos políticos castristas, aunque un año más tarde discrepa con Cuba por su apoyo a la intervención militar soviética en Checoslovaquia. El resultado electoral, con sus cinco votos,75 no mostraba un futuro muy halagüeño para aquel colectivo, sin embargo en mayo de 1968 obtuvo, por primera vez, la mayoría en una asamblea general de la AEP, que resolvió apoyar solidariamente la lucha de los cañeros de Artigas, quienes habían sido invitados a participar en un acto organizado por el FER.
Por esa época, los integrantes del FER se separan del MRO de mutuo acuerdo debido a la creciente atracción que ejercía el MLN sobre aquellos estudiantes.
A fines de 1968, los militantes del FER, con más o menos implicación, eran casi cincuenta regidos en asamblea y carentes de estructura jerárquica. Su órgano de prensa era un periódico mimeografiado llamado Barricada que en su primer número sacó en portada los rostros de Artigas, Guevara y Lenin, personajes que como Marx, Trotsky y Mao eran referentes.
Con el correr de los años sus estructuras organizativas se ampliaron: se creó una intergremial de agrupaciones de esa federación estudiantil, en la que se coordinaban militantes de distintos liceos y más tarde, a principios de 1970 –cuando algunas fuentes aseguran que eran unos doscientos miembros más o menos orgánicos–76 constituyeron la Liga Estudiantil Revolucionaria (LER) que coordinaba las agrupaciones del FER y otras de la tendencia combativa. Por ese período también se creó la primera agrupación universitaria del FER, en la Facultad de Derecho, la Alianza Estudiantil Revolucionaria (AER).
Mercado explica el rápido crecimiento de esta agrupación de la siguiente manera:

«Llegamos a tener el control completo de todo el gremio por la forma de organización asamblearia, completamente distinta a la planteaba por parte de sectores como la UJC. Potenciamos una forma de organización que era radicalmente distinta de la que se planteaba allí, una organización por asamblea de clase y junta de delegados. Llegamos a tener juntas de delegados con trescientos o cuatrocientos delegados.»

Alberto Correa, que primero fue militante del FER y luego de la FRT, afirma que la agrupación estudiantil de la que él formaba parte tuvo más militantes y simpatizantes que la propia UJC, la gran rival política por aquel entonces de ellos.
Nora al entrar en el IAVA se afilió a las Brigadas Estudiantiles Socialistas pero al poco tiempo pasó a integrar el FER.

«Estar en el IAVA y no ser del FER… Si no eras de la UJC eras del FER, no había otras opciones. Formar parte del FER era formar parte de la vida del IAVA. Fue mi etapa más linda a nivel de militancia. No me exigía ningún compromiso que no estuviera dispuesta a asumir. Preciosa época.»

Tejera, sobre la forma de organización y aquella época de militancia expansiva declara:

«La agrupación del FER del IAVA pasó a conformarse en base a pequeños grupos de discusión centralizados por una mesa coordinadora, de cuatro miembros e integración rotativa y un grupo de cuatro que era la coordinación. El FER tenía que estar cambiando constantemente de dirección porque siempre alguno del grupo de cuatro no venía más y ya se sabía dónde estaba, hasta Inteligencia sabía que estaba en el MLN, era una cosa muy evidente [Lo peor es que] no estaba clandestino y la policía podía seguir sus pasos.»

Muchos de los militantes que llegaron al FER en 1968 se fueron integrando a los diversos niveles del MLN, dejando de lado su militancia gremial. La relación entre los dos grupos se estrechó, pero a partir de 1970, hay un descontento de una parte de los componentes del FER con la política tupamara, pues se consideraba que el trabajo político era tan importante, o más, que el accionar armado y que había que desarrollar una dirección que no estuviera basada en el aparato militar, visión que chocó con la dinámica de la guerrilla urbana y que produjo desencuentros en movilizaciones y acciones.77 Como ejemplo de este fenómeno Nora cuenta la vez que salieron a pintar en los muros de la ciudad la frase «Quien siembra viento recoge tupamaros». No fue el hecho de que la consigna viniera de la organización tupamara lo que exasperó a varios militantes del FER sino que algunos proponían firmar MLN. Ante la polémica se decidió votar y salió que no se firmaría de ninguna manera. A pesar de eso algunos escribieron «MLN» y los propios dirigentes del FER los sancionaron. Eso pasaba a menudo, recuerda Nora, pero lo que la llevó a abandonar el FER fue la muerte de un compañero suyo que tenía una militancia legal, en su mismo grupo, y otra clandestina, con los tupamaros, en el atentado del Bowling.78 Ligadas a estas desavenencias y a la creciente influencia tupamara, la gran discusión partido-foco en el seno del MLN provocó la división del FER en dos vertientes. El sector que estaba por el MLN, organización en la que las teorías foquistas y «cortoplacistas» habían ganado a las partidistas y «largoplacistas», tomó el nombre de FER 68 en secundaria y utilizó los que ya tenía en el ámbito universitario. Los otros, entre los que estaban los fundadores, siguieron con el nombre inicial de la federación y, más tarde, se unieron a la escisión tupamara que se llevó una pequeña parte de la infraestructura militar y fue denominada por sus integrantes Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores (FRT) y «cartillistas» por gran parte del resto de tupamaros. Éste segundo grupo pensaba que el enfrentamiento armado y generalizado contra el estado iba para largo y que las actividades tenían que ir en función de esa hipótesis, por ejemplo en coordinarse con otros grupos del continente, como hicieron con algunos argentinos.79
En 1971 al surgir el Frente Amplio, la militancia del FER 68 se adhirió al Movimiento 26 de Marzo y la del FER optó por actuar fuera de esa agrupación política parlamentaria, con una actitud crítica al frenteamplismo por considerarlo una coalición electoral reformista.80 A pesar de sus críticas a los tupamaros y al FA, el FER, lejos de debilitarse, creció.
En 1972 se crea el Frente Obrero Revolucionario (FOR), plataforma sindical de la FRT y en cierta manera el equivalente del FER en el ámbito obrero, pero fue un proyecto que no prosperó y su órgano de difusión Política obrera tan sólo apareció en un par de ocasiones.81
Después del golpe militar de 1973, el FER obtiene representación en las elecciones universitarias pero al poco tiempo se disgrega; una parte importante se integra en la Resistencia Obrera Estudiantil y un sector minoritario en el Movimiento Marxista, organización lejanamente emparentada con el MUSP.
Como balance de la trayectoria del FER y posterior desintegración, varios testimonios aseguran que no pudo desarrollarse en el ámbito estudiantil por el auge que hubo de adhesiones al MLN y por el resultado de las elecciones nacionales de 1971. Y que no llegó a insertarse a nivel obrero, sobre todo, porque sus militantes eran casi todos de clase media-alta.

IV.2.8. Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales (FARO)

El accionar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Orientales, la estructura militar del MRO, siempre estuvo ligado al marco estratégico regional, guardando un estrecho contacto táctico-operativo, y con coordinación estratégica con organizaciones de América del Sur. Principalmente, con las Fuerzas Armadas de Liberación, de Argentina y con la Alianza de Liberación Nacional, orientada por Carlos Marighela; la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, conducida por el capitán Lamarca y con el Frente de Liberación Nacional, todas ellas de Brasil. En Bolivia, tuvieron contacto con el Ejército de Liberación Nacional dirigido por los hermanos Peredo y, en Chile, con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, fundado, entre otros, por Miguel Enríquez.
Al preferir, Ariel Collazo, no abordar el tema del aparato armado, se consultó a otros de los militantes históricos del MRO. Mario Rossi Garretano, quien sigue dirigiendo a dicha organización, facilitó documentos internos y públicos de las FARO. En dichos documentos, se caracteriza a la organización armada y se enumeran los objetivos de la misma.

«La ideología será el marxismo-leninismo, enriquecido con el pensamiento de los revolucionarios de nuestra época, que deberá orientar en nuestro continente el nacionalismo revolucionario latinoamericano. Por tanto nuestra lucha en el Uruguay será por la revolución en camino al socialismo […].
1) Liberar al Uruguay del imperialismo yanqui, descendiendo todos los compromisos contraídos con él, nacionalizando las riquezas que se encuentren en su poder en nuestro país, y socializando los grandes medios de producción que detente.
2) Nacionalizar y redistribuir las riquezas de la oligarquía y socializar sus medios de producción más avanzadas.
3) Realizar una reforma agraria primero y una revolución agraria después, colectivizando los latifundios improductivos o de poca productividad y entregando tierras a los campesinos que quieran trabajarlas, con el apoyo crediticio, sanitario, educacional técnica y habitacional del estado.»82
En otros materiales de la organización se insistía en la necesidad de acabar con el problema y monopolio de la vivienda, la banca, el comercio exterior, los servicios públicos y la urgencia en llevar a cabo una reforma sanitaria, nacionalizando todos los institutos privados y otra educacional que comprendiese la erradicación del analfabetismo. Con respecto a la política estudiantil, sus militantes proponían impulsar la consigna «todo el poder a las asambleas de clase» y, tal y como se establecía en un documento interno escrito en enero de 1970, se recomendaba agrupar a los estudiantes «conjuntamente con el resto de la enseñanza, incluidos los docentes y los funcionarios administrativos». Tenían a Lenin como principal referente teórico –aunque también a combatientes como Artigas y el Che– y se reconocían como de su mismo partido histórico, el bolchevique.
Como objetivos a más largo término luchaban por integrar al Uruguay en las futuras repúblicas unidas de América Latina;83 destruir el aparato represivo de la oligarquía e instituir en su lugar las fuerzas armadas (y policía) revolucionarias y «castigar ejemplarmente a todos los enemigos del pueblo y muy especialmente a los esbirros torturadores de patriotas». Perseguían, al fin y al cabo, una revolución antiimperialista, antilatifundista y antioligárquica.
En «Programa político», de un documento farista de enero de 1970, se aclaraba que «este programa podrá hacerse más minucioso y detallado, pero para tales efectos bastará con recoger los principios fundamentales incluidos en los programas del FIDEL, de la Unión Popular, del Congreso del Pueblo o de la CNT» y se afirmaba que «lo que hace revolucionaria a una organización no es su programa, sino su táctica o método de lucha».
En cuanto a la forma de organización establecieron que la dirección fuera colectiva y la responsabilidad personal;84 que la clandestinidad siguiera el principio de aparato reducido y disperso; la imposición de la mayoría sobre la minoría; la prohibición para los cuadros de actividades fraccionales; la autofinanciación y autoabastecimiento; una lucha interna contra el sectarismo y el dogmatismo; la educación ideológica para destruir el subjetivismo, el egoísmo y el individualismo y que las contradicciones no se resolvieran por la coacción sino por la discusión.
Las FAR “Orientales” contaban con su propio órgano de difusión, El Guerrillero Oriental, de aparición irregular y difusión clandestina, a través del cual informaban sobre su accionar. El mismo giró en torno al apoyo a conflictos obreros: copamiento de la fábrica de productos porcinos Ernesto Ottonello, donde expropiaron armas y leyeron una proclama a los trabajadores; atentados contra City Bank, Banco Comercial, Banco de Londres y América del Sud, Banco Mercantil, y al pertrechamiento: expropiación de armas a coleccionistas y policías, y de dinero en bancos, financieras, usureros privados, empresas como la The National Cash Registrer y cambios no regularizados. Otros operativos famosos fueron la reapropiación de alimentos de la cadena de almacenes Manzanares, con posterior reparto en barrios marginales y en las ollas populares de las fábricas en huelga; las acciones punitivas y de castigo como la ocupación de AFUTE, sindicato patronal; y las de propaganda armada, como la toma del cine Plaza y la embajada de Suiza. Muchas de estas operaciones formaron parte del plan Ñandú, un aporte de los presos de las FARO para posibilitar una fuga masiva y en función de la necesidad de impulsar su organización.85
La historia del MRO-FARO, además de estar estrechamente relacionada con las organizaciones guerrilleras de América Latina, estuvo marcada por su relación con el MLN. En referencia a este aspecto y a modo de balance, Rossi sostiene que las FARO no cayeron en el militarismo ni en el aparatismo porque fue una guerrilla que nació de un movimiento político y fue la continuación, no sustitución, del trabajo electoral, sindical y estudiantil previo. Explica que la autocrítica posterior se basaba no obstante, en el poco trabajo político en el movimiento popular y en que faltó una mayor inserción en la clase obrera. Aclara que esta carencia no se debió a un desmedido accionar militar y reconoce que hubo una subestimación de las fuerzas del enemigo.
Para finalizar este apartado véase uno de los panfletos distribuidos por esta organización.
«Exhortamos y exigimos a todos los verdaderos orientales capaces de sentir en su mejilla la ofensa en la ajena, su participación en la lucha, y que a nadie le faltará un lugar y un arma en las FAR “Orientales”, instrumento del pueblo para la revolución nacional, antimperialista y antioligárquica.
Libertad o muerte / América o muerte / Venceremos»86

IV.2.9. Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores (FRT)87

La FRT nació de una escisión en el seno del MLN. Para algunos de los entrevistados, ésta se suscitó por una cuestión política –«el FRT tenía un planteo más clasista» asegura Bravio; «fue por la discusión en torno a partido, foco y trabajo de masas» matiza Alberto Correa88–. No obstante otros opinan que el problema fue de liderazgo.
«Se van el negro Méndez, la Topolansky… Fue un problema de personas –manifiesta Pedro Montero–.
–¿No fue algo programático?
–¡Qué carajo! El lío vino de muy atrás, del 69. Se venía arrastrando. Salta por un problema de liderazgo en la Columna 15, que se va especializando hacia lo militar. Hay algunos problemas de concepción táctica pero no de estrategia general. De organización, más que nada, y de peso; de quiénes me siguen a mí y quiénes a ti. Ya se estaba dando aquello de que es más importante el caudillo, el que dirige determinado grupo, que el fin en sí. Eso es lo que marca. Después se dijeron muchas barbaridades personales y se echaron en cara unos y otros, pero para justificar por qué uno estaba en un lado y el otro en el otro.»
Como se comenta en el anterior párrafo, la separación fue complicada y llena de acusaciones. Por ello, muchos tupamaros llamaron al sector discordante «micro». Más tarde, sus integrantes formaron la FRT. La denominación «micro» venía de Cuba, de la llamada microfracción de la URSS que estaban allí infiltradas. «A un tipo decirle micro, era decirle microbio. “Micro” o “microfracción” se decía de gusto para amalgamar a los que planteaban la necesidad del Partido y la acción de masas como equivalentes a Escalante y el PC cubano y así a los PC en general», explica Juan Nigro.
López Mercado, cuando se le consultó sobre las principales escisiones del MLN, señaló:

«Lo del 22 de Diciembre no tuvo mucho fundamento, situaciones particulares, etcétera. La que tuvo una doctrina más doctrinaria se le llamó la micro [FRT] y tuvo que ver en la división del FER. Fue una corriente que después contribuyó a la creación del PVP.
–¿Concretamente por qué se dio esa escisión?
–Lo de la micro tenía que ver con una postura muy fuertemente intelectual, del medio estudiantil y entró en contradicción con lo que era el MLN. Con una inflexión ideologizante, opuesta al accionar armado que consideraba que iba a llevar a una confrontación sin salida. Con pautas de impugnación que yo muchas veces, en general, las podía compartir […]. Lo que se impugnaba era lo que se decía de un desprecio de la organización al frente de masas, una postura aparatista del MLN. Tenían un fuerte énfasis en la formación teórica, incluso ideológica, con un fuerte énfasis marxista-leninista.»
Alberto Correa, declara que lo que la FRT pretendía a largo plazo era participar en el cambio de un mundo ya gastado y, a corto plazo, luchar contra la dependencia nacional y el imperialismo. Y que su accionar era el frente de masas, las asambleas, las manifestaciones relámpago, la actividad propagandística –como el copamiento de radios– y el pertrechamiento, tomar armas, etcétera.89 Este testimonio, seguramente por la poca incidencia que tuvo la FRT en el movimiento obrero, no considera que su grupo fue el que mejor supo expresar la lucha del proletariado combativo. En este sentido menciona al MLN y la OPR 33. Sí valora mucho los aspectos referidos a las instancias de discusión que tuvieron con el PS, la OPR 33 y las Agrupaciones Rojas, y la posterior coordinación en Argentina con el MLN y el PVP.
Clara Aldrighi (página 131), que a la Fuerza Revolucionaria de los Trabajadores la denomina Frente Revolucionario de los Trabajadores, aporta datos muy interesantes para saber de donde vino y donde fue a parar esta agrupación.
«Entre sus integrantes se encontraban siete clandestinos. No se trataba de un grupo cohesionado en torno de una plataforma política, porque los motivos de su discrepancia con el MLN eran muy heterogéneos. Por esta razón, la mayor parte de los miembros del FRT se integró más tarde a la OPR 33, mientras algunos de sus militantes, como Amílcar Fernández y María Elia Topolansky, reingresaron al MLN en 1972.»
Además de comunicados puntuales, el principal órgano de difusión fue, aunque de forma oficiosa, la revista Surcos, publicación legal dedicada en su origen a temas agropecuarios y de la que, en cierta época, la FRT obtuvo el control.

IV.2.10. Movimiento 22 de Diciembre (Tupamaro)

El 22 de Diciembre (Tupamaro) es otra de las escisiones tupamaras. Ninguna de las agrupaciones que en sus nombres incorporaron la palabra “movimiento”, a excepción del MLN, llegó a convertirse por sí sola en uno.90
Como se observa en el apartado anterior y en el «Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros», las fracturas dentro de la guerrilla urbana fueron dolorosas. En ocasiones, se les dijo a los disidentes que estaban suspendidos. Se les aisló e impidió que sus críticas, a la línea tomada por la organización llegaran a los demás miembros del MLN quebrando, de esta forma, acuerdos estatuarios.91

«Cuando se hablaba de microfracción era herejía y pecado –asegura Garín–. Todo el mundo estaba predispuesto a no discutir. Nunca me puse a discutir por eso del 22 de Diciembre, no llegaba. Aparte de discutir con el tipo del Ejecutivo que me dijo vamos a sacarle los fierros. Pero hacer un estudio para ver si la organización se estaba equivocando en algo, no. El fanatismo en la línea, y en los dirigentes, era tal, que no lo permitía.»

Al no haber aceptado la tregua electoral propuesta por la izquierda parlamentaria y armada, algunas fuentes apuntan que su división con el resto de tupamaros se produjo por el apoyo del MLN al Frente Amplio y por considerar que éste se estaba desviando hacia el populismo.92 Otras, en cambio, ofrecen razones diferentes.
«–¿La escisión del 22 de Diciembre fue por el tema de las elecciones?
–No, eso es del 70, del 69, del 66 es muy anterior a las elecciones –contesta Huidobro–.93 Querían fundar el partido del proletariado. La vanguardia marxista-leninista […]. Más trabajo de masas, proponían. Hay algunas cosas que tenían razón y otras que no.»
«En el mismo período [que se forma el FRT] otro pequeño núcleo de disidentes se escindió de la organización, discrepando con la adhesión del MLN al Frente Ampplio y dando origen al Movimiento 22 de Diciembre –opina Clara Aldrighi (página 131), contradiciendo lo dicho anteriormente por Huidobro)–, cuya existencia se limitó a la realización de una acción, el atentado contra el Club de Golf. Uno de sus dirigentes, Daniel Ferreira, murió en un enfrentamiento armado en Chile en 1986, como integrante del MIR chileno […]. –Aldrighi, una página antes, hace referencia a otra ruptura por el apoyo a las elecciones del MLN–, fue separado de la organización, junto a una corriente de disidentes de la Columna 10, que cuestionaban el centralismo excesivo del Ejecutivo y decisiones políticas como la adhesión al Frente Amplio.»
Lo cierto es que semanas después de la derrota electoral de la izquierda, este pequeño grupo difundía un panfleto en el que se podía leer: «El pueblo uruguayo no será nunca derrotado si obliga al enemigo a pelear en “su cancha”. La cancha grande de la clandestinidad y la guerra sin treguas y coyunturas “fáciles”. Donde no precisamos la autorización para luchar».
La actividad política de esta agrupación giró en torno a la reapropiación programática; el pertrechamiento y los sabotajes a empresas extranjeras, pero también, y a diferencia de otros grupos, a las nacionales. Horacio Tejera –quien asegura, aportando un nuevo dato, que «dentro del 22 de Diciembre había anarquistas»– menciona el que fue su operativo más espectacular: «El intento de voladura del Club de Golf, que le cayó como una patada en el culo a todos». El malestar de muchos sectores de izquierda ante esta acción, se produjo porque rompió y criticó la paz electoral. Fue un grito de guerra social y una apología a la lucha armada y clandestina. En una octavilla escrita para la ocasión explicaban la elección del lugar para llevar a cabo el sabotaje.

«Compañero: en la madrugada de hoy un grupo del Movimiento 22 de Diciembre (Tupamaro) ha destruido las instalaciones del Club de Golf del Uruguay. Esta operación marca la continuación de la guerra contra el régimen, sus representantes más característicos y sus mercenarios.
El citado establecimiento es uno de los centros de descanso y esparcimiento, de vida social para el Sr. Millonario, que puede ser amante del juego y la diversión a horas insólitas, mientras el resto del pueblo trabaja sin pausa en su beneficio […]. Con estas ganancias se dan vida de lujo y derroches aislándose en zonas residenciales, ya que la miseria de la cual son responsables es “desagradable a la vista” de estos “asaltantes con patente” de gustos refinados.
Se encierran en clubes selectos rodeados y defendidos por milicos mercenarios, donde suponen estar a cubierto de la justa violencia del pueblo.
Pero de nada le sirve, el pueblo sabe quiénes son sus enemigos. Ya se cansó de pedir, ahora deberá tomar lo que suyo. El campesino, su tierra. El obrero, su fábrica. El cantegril, trabajo y vivienda.
Para tomarlo debe terminar con los explotadores y los milicos mercenarios que los protegen.
Por eso llegamos a sus lugares de distracción llevando la violencia allí donde ellos se encuentran. Los ricos no aflojarán sus privilegios sin lucha y volcarán todo el peso de la represión contra el pueblo. Por eso damos señal de largada a una guerra en que destruiremos violentamente el aparato mercenario.
Hoy los campos están bien divididos: los ricos y sus servidores –ejército y policía– de un lado, y del otro el pueblo en armas.»

IV.3. MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL-TUPAMAROS (MLN-T)

«Sería un error no aprender de su experiencia.»94

IV.3.1 Nacimiento: teoría y pertrechamiento

«Venimos de una generación que empieza a hartarse de las frases hechas, de la teoría, de las reuniones inconducentes y empieza a buscar otra forma de lucha que sea también accionar. Un accionar más claro con lo que es el Uruguay, sin dependencias con ideologías que puedan venir del exterior […]. Esas condiciones subjetivas empiezan a darse en el año 65, hasta que culminan, muy claramente, en el 67 y 68, en que ya está conformado el MLN y otros movimientos guerrilleros.» YESSIE MACCHI

Yessie Macchi hace referencia a las denominadas condiciones subjetivas que hicieron posible la fundación del MLN. En cuanto al marco social, condiciones objetivas, en el que se formó la organización cabe destacar: la lucha de los cañeros; las medidas prontas de seguridad; los ataques al derecho de reunión; la corrupción bancaria, con el correspondiente crac financiero y la protesta de los trabajadores bancarios; los rumores de golpe de estado y las movilizaciones estudiantiles, denunciando la intervención de EEUU en América Latina, algunas de las cuales fueron dispersadas con disparos al aire.95
Esta coyuntura, ligada a la crisis interna de la izquierda tradicional, provocó que muchos jóvenes politizados, hartos de las «meras teorizaciones» del PC y el PS, buscasen juntarse y «actuar» en base al apoyo a los jornaleros rurales y obreros urbanos en huelga.
Según Mujica, los tupamaros surgieron como un fenómeno de resistencia: «El MLN primero fue una cosa autodefensiva. Nos preparábamos para lo que se venía, bandas fascistas, asalto a la Universidad, apaleamientos. La carga liberal se descomponía, se notaba no sólo en la superestructura sino también en la base de la sociedad». Y como fenómenos que contribuyeron a la fundación de su organización y al aumento de la lucha entre la población del Uruguay «no vería una explicación sino muchas […], el movimiento obrero y estudiantil, la revolución cubana…» y apunta que «las revoluciones triunfantes tienden a exportar modelos».
La fundación del MLN se concretiza tras una gran reunión del Coordinador,96 aprovechando la llegada de la marcha cañera de 1965 a Montevideo. Aquel encuentro, en el que se insistió en la necesidad de una disciplina y una dedicación a la militancia mucho mayor que hasta entonces, separó a alguna gente pero unió fuertemente a otra. Surgieron las pautas necesarias para que cuando volvieran a reunirse, únicamente los militantes que concordaban con la misma visión política, concretaran las características y los objetivos de la lucha.
Las personas que más tarde formaron el MLN, muchas de ellas clandestinas ya en aquel entonces, se reunieron en una casa de Parque del Plata y acordaron ciertos puntos sobre los que actuar. Fue una especie de acto fundacional sin bombos ni platillos.97 En ese encuentro y en los siguientes ganó la postura de crear una nueva organización política, mientras quedaban atrás las posiciones que apuntaban a que ese colectivo fuera, tan sólo, el brazo armado de la izquierda o el partido marxista-leninista.98
En la reunión de Parque del Plata ya apareció el nombre de tupamaros, aún no el del MLN, para designar al nuevo grupo. El nombre lo propuso Tabaré Rivero, uno de los cuatro miembros del recién formado Comité Ejecutivo, que lo halló en la novela del siglo XIX Ismael, de Acevedo Díaz. El autor del libro, explica la razón por la cual los dominadores usaban, de forma despreciativa, esa palabra:

«Los tupamaros figuraban en primera línea; y, sabido es que bajo ese dictado irónico era como distinguían a los criollos o nativos los dominadores, comparándolos con los adeptos del animoso cuanto infortunado Tupac-Amaru […]. A esos tupamaros que sumaban las dos terceras partes del grupo, uníanse algunos zambos y negros cimarrones, vestidos de andrajos, que vagaban desde hacía tiempo en compañía de las fieras, menos crueles con ellos que sus amos. Esta sufrida raza sobre la que habían refluído bajo otra forma de labor inicua el tributo real, el obraje, la mita y todas las cargas abrumadoras del sistema, era un contingente estimable, vinculado al movimiento por el derecho a la libertad y a la vida.»99
El nombre, al poco tiempo, llegó a oídos de la policía, que aún no conocía las intenciones de quienes así se denominaban. Cuando ésta detuvo y torturó al miembro del MIR Arizaga le preguntó por ellos. Algunos militantes de la izquierda, tanto de Uruguay como de otros países del Cono Sur que tampoco conocían nada de los tupamaros, llegaron a decir que se trataba de antiimperialistas fascistas y nacionalistas desalineados.100
En 1966, los tupamaros en su afán de preparar y consolidar un grupo político-militar transformaron varias casas y locales, particulares o alquilados, en cantones para reunirse y prepararse, sin apenas descanso. En el local central de la organización, por el día, y como cobertura, daban cursos de idiomas a alumnos del barrio. Por la noche, seguían entrando y saliendo jóvenes, pero para aprender el lenguaje de la revolución.
En el garaje siempre había un automóvil para las diferentes actividades y en el patio varias motos. A unos metros de allí y en la misma calle, contaban con un taller que como tapadera arreglaba vehículos pero que, en realidad, tenían para, entre otras cosas, enseñar a hacer el puente a los coches que utilizaban para los operativos que, en cada ocasión, tomaban «prestados». Allí también arreglaban la imprenta que en aquel momento se hacía funcionar en un despacho del centro urbano. En otra parte de la ciudad, en un sótano, tenían almacenadas las pocas armas y los escasos explosivos que ya habían aprendido a fabricar.
A las afueras de Montevideo, disponían de varios ranchos para realizar encuentros y para que sirvieran de refugio en una futura época de enfrentamientos con la policía. En Rivera, ciudad fronteriza, también tenían un piso para esconder a sus compañeros requeridos por la justicia uruguaya o brasileña.
En el siguiente relato de Huidobro se observa la cotidianidad de estos combatientes y se adivina el precario, pero ya eficiente, accionar del grupo:

«“¿Vamos a dar una vuelta?”, invitó Manerales, “de paso charlamos” […]. Le fui contando Zorba el griego, que sería la última película que pude ver en un cine montevideano [hasta dos décadas más tarde].
Llegamos a su casa y compartimos la cena que esperaba […]. Comentamos la muerte de Camilo Torres en Colombia […]. Salimos a pasear.
Mientras bajábamos por la calle 26 de marzo al puertito del Buceo, alta ya la noche, íbamos comentando la reciente “operación” de la Organización en la carpa, que sobre el Palacio Legislativo, había levantado la Federación Uruguaya de Teatros Independientes; allí se había dado la obra de Rosencof “Las ranas” y más tarde “Papas fritas con todo” de Arnold Wesker. Para esta obra era necesario utilizar fusiles, y la Fuerza Aérea había prestado diez; nosotros sabíamos que no tenían aguja percutora en sus cerrojos, pero también sabíamos cómo hacerla en nuestros talleres. De modo que un día de febrero habíamos ido en su busca y dejado un volante que decía: “El pueblo confisca para sí estos instrumentos como única garantía de ser respetado […]. Tupamaros”. Nos llevamos también dieciocho uniformes que vistos en el “club”, comprobamos no servían para nada por no ser genuinos, y habíamos decidido con Julio devolverlos a la brevedad pues no tenía sentido causar el daño de quedarnos con ellos […]. Hablando de estas cosas llegamos a la playita del puerto de Buceo y previa vigilancia, nos metimos por la enorme boca que allí existía, cloaca adentro. Las ratas huían despavoridas ante nuestros pasos […]. Julio llevaba el farol. Manteníamos las linternas en reserva y yo iba anotando en un buen mapa, el lugar de las bocas de tormenta, las tapas, las encrucijadas […]. Sabíamos que muchos compañeros estaban haciendo lo mismo; formaba parte de un plan: el conocer mejor la red cloacal de Montevideo. Ni Julio ni yo soñábamos que a este trabajo le deberíamos un día la libertad.»101
Como explica Huidobro, los tupamaros, al igual que otras guerrillas urbanas, centraron parte de sus energías en conocer el alcantarillado de la ciudad elegida para su marco de acción, Montevideo. Pero aunque realizaron la mayoría de los operativos en la capital del país, razón por la cual se les consideró guerrilleros urbanos, también actuaron en las zonas rurales.102
El MLN, para su mejor preparación, estudió la resistencia francesa a la ocupación nazi y la anticolonialista de Argelia, la guerrilla judía (1945-48), la de Chipre y sobre todo la cubana a través de la teorización del Che.103 Pronto llegó a la conclusión de que en Uruguay era preferible la guerrilla urbana y que ellos no podían ser la única fuerza. Tenían que ayudar a que se generaran las condiciones para que se desencadenase una guerra popular y a preparar «al pueblo» para que la resistencia fuera como en Chipre, en la llamada guerra de la pulga, donde todo el mundo combatía o en la «guerra santa» de los judíos contra los ingleses, donde no se sabía de qué casa iba salir un fusil disparando.
Los tupamaros pronto comprendieron, por las lecturas y sus propias vivencias, que parte de lo que en la guerrilla rural provee la geografía, en la urbana hay que construirlo (lugares donde vivir, comer, dormir, reunirse, curar heridos, guardar materiales); que la lucha armada en la ciudad, como contrapartida al alto porcentaje de bajas que suelen haber, ofrece la posibilidad de un buen reclutamiento; que para que un pequeño grupo realice una acción, de unos pocos minutos, una gran cantidad de militantes tienen que trabajar durante mucho tiempo y que como toda guerrilla, la urbana es muy vulnerable en sus comienzos. La experiencia indica que la mayor parte de los intentos para organizar un movimiento armado urbano son destruidos en esa fase de gestación. De hecho el protagonizado por los tupamaros casi se vio frustrado por el terrible traspié sufrido el 22 de diciembre de 1966, cuando muere Carlos Flores y pone en la ilegalidad a veinte componentes de la organización. Antes de hacer mención de este episodio, cabe decir que el día de las elecciones, el 27 de noviembre de ese mismo año, lejos de realizar una tregua electoral como harían en la siguiente elección, asaltaron una armería de la que se llevaron 63 armas y diez mil proyectiles. Dejaron claro que lejos de conservar esperanzas en el escenario político parlamentario, las mantenían en la lucha armada. «Es el voto que el arma pronuncia» titulaba el diario Época al día siguiente.
El fortuito tiroteo en el que murió Flores dio varias pistas a la policía que, gracias a ello, allanó varios locales, como en el que mataron a Robaina. Las bajas y la cantidad de información incautada por los agentes del orden, obligaron al grupo a por un lado a desaparecer –refugio y pase a la clandestinidad de casi todos sus miembros de Montevideo– y por otro a dilucidar por fin quiénes eran. Y es así como el 27 de diciembre, se distribuyó un documento aclaratorio entre la izquierda firmado: Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), por creer que esta denominación era más explicativa y seria que la de tupamaros a secas.
Si el MLN supera esa grave situación es gracias a las medidas de precaución que toma a raíz de la muerte de sus dos compañeros, a la astucia y preparación para eludir la terrible persecución y a la solidaridad de otros luchadores sociales que les proporcionaron locales para albergarse y documentación falsa.
1967 es un año de recuperación. Al iniciarse el año, el MLN sólo dispone de dos locales, uno en el que esconde el material escrito y a varios clandestinos y otro en el que guarda las armas y en el que, por precaución, no vive nadie y cuya ubicación muy pocos integrantes del grupo conocen. Además de la reestructuración organizativa, el MLN en este período elabora documentos teóricos internos, que poco después salen a la luz, en los que se establece un esbozo de programa de definición y de proyecto a seguir. El más conocido de esa época fueron las «30 preguntas a un tupamaro» en el que se decía:

«6. A esta altura de la historia, ya nadie puede discutir que un grupo armado, por pequeño que este sea, tiene mayores posibilidades de éxito para convertirse en un gran ejército popular, que un grupo que se limite a emitir “posiciones” revolucionarias.
7. Sin embargo, un movimiento revolucionario necesita de plataformas, documentos… Desde luego; pero no hay que confundir. No es sólo puliendo plataformas y programas que se hace la revolución. Los principios básicos de una revolución socialista están dados y experimentados en países como Cuba y no hay más que discutir. Basta adherir a esos principios y señalar con hechos el camino insurreccional para lograr su aplicación […].
9. ¿Esto puede interpretarse como un menosprecio de toda otra actividad, salvo la de prepararse para combatir?
No, el trabajo de masas que lleve al pueblo a posiciones revolucionarias también es importante. De lo que el militante –incluso en que está en el frente de masas– ha de ser consciente, es que el día en que se dé la lucha armada, él no se va a quedar en su casa esperando el resultado. Y debe prepararse en consecuencia, aunque su militancia actual sea en otros frentes. Esto, además, dará autoridad, autenticidad, sinceridad y seriedad a su prédica revolucionaria actual.
18. Además, siempre para un estudio estratégico debemos tener en cuenta las fuerzas de la represión. Nuestras fuerzas armadas, de unos doce mil hombres precariamente armados y preparados, constituyen uno de los aparatos represivos más débiles de América.
20. Dentro de la policía (veintidós mil), solamente un millar ha sido capacitado y pertrechado para la lucha propiamente militar.
26. Crear una fuerza armada con la mayor premura posible, con capacidad para aprovechar cualquier coyuntura propicia creada por la crisis u otros factores. Crear conciencia en la población, a través de acciones del grupo armado u otros medios, de que sin revolución no habrá cambio. Fortificar los sindicatos y radicalizar sus luchas, y conectarlas con el movimiento revolucionario […].
Conectarse con otros movimientos revolucionarios de Latinoamérica, para la acción continental.»104
En el Documento 1, de junio de 1967, apartado «VII. Las tareas en el frente de masas» se observan los vestigios de la concepción leninista del proletariado y el partido –«La clase trabajadora, por si sola es incapaz de ir más allá de esa lucha, en referencia a las reivindicaciones económicas»– y en el apartado «VIII. La organización revolucionaria» se defiende la necesidad de la preparación militar y por tanto se crítica a las organizaciones de izquierda que no realizan esta tarea:
«No concebimos como un movimiento revolucionario puede plantearse la toma del poder sin prepararse para ello con la conciencia tranquila. Nos parece aventurero, inconsecuente e irresponsable llevar al pueblo y a la militancia a un callejón sin salida, a derrotas sin luchas».105
En este mismo documento se explican las tres fases de lucha previstas por la organización:
«1ª. Desarrollo del aparato armado, crear infraestructura de apoyo, capacitar y probar su organización de combate. Implica acciones de pertrechamiento, ejercitación, propaganda (destinada a ganar apoyo de la población, fundamentalmente de sus contingentes más combativos), acompañamiento, apoyo y radicalización de la lucha de clases. [Creación de condiciones subjetivas] […], creación del movimiento político que debe rodear al aparato armado y que es su brazo semilegal.
2ª. La realización de la fase anterior significa que la represión se generalice y el aparato pase al enfrentamiento directo de los organismos de represión de la oligarquía: profundizando sus consignas y en defensa de los intereses del pueblo y con su apoyo, el aparato armado actuará en defensiva estratégica, pero en constante ofensiva táctica. Hará una guerra de desgaste.
3ª. Fase inversión de la relación de fuerzas y el pasaje de la ofensiva estratégica al asalto definitivo del poder.»106

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Este documento muestra claramente los objetivos de la organización tupamara. Pues si bien hay componentes de autodefensa, como apuntaba Mujica y otros testimonios que afirman que el MLN se creó ante todo por razones defensivas, en el referido manifiesto el objetivo último es la toma de poder, lo que indudablemente es un proyecto ofensivo, revolucionario.
En la primavera de 1967, los tupamaros ya se habían repuesto del golpe de fines del 66 y vivían en varios locales y ranchos, aunque aún con una infraestructura muy rudimentaria que, unida al descalabro económico, hacía que la vida en los cantones fuera muy difícil.
«En los últimos diez meses, un 91 % de aumento [de precios] […]. En nuestros locales, no podíamos dejar de recibir estos impactos. El tuco era perenne porque nunca se sacaba de la misma olla. Permanecía día y noche en aquel fueguito. A medida que lo consumíamos, se le iban agregando aportes de variado tipo en especial pescado. Era más potente que las mezclas explosivas.
Todos los viernes llegaba al “Dos” un compañero legal con los suministros. Siempre traía, como fiesta de fin de semana, tor telines.»107
En los locales constantemente se debatían la intensificación de los conflictos sociales, plasmada en las fábricas ocupadas y la militarización de industrias en huelgas, y las noticias que llegaban de otras partes del mundo. Y fue entonces, en uno de aquellos ranchitos y sintiendo la total impotencia que los tupamaros lloraron la muerte del Che.
Curiosamente tras la muerte del «inmortal» guerrillero, así como poco antes con la declaración de la OLAS a favor de la lucha armada, varios luchadores sociales se acercaron al MLN para integrarse a sus filas.108
En los últimos días primaverales los tupamaros, evaluando que la fase de preparación básica ya estaba en su última fase y considerando la necesidad de dar una explicación por un tiroteo con dos policías que al confundirlos con ladrones quisieron allanar uno de sus locales, decidieron sacar el primer comunicado dirigido a la opinión pública firmado como MLN. Cabe recordar que el anterior había tenido una distribución muy reducida.109
En 1968, la organización realiza el primer operativo de envergadura, el secuestro de Ulyses Pereira Reberbel, y su crecimiento se multiplica, de dos pasa a siete columnas. Decisión tomada en la II Convención, última vez en que se reunieron, estructuralmente y respetando la compartimentación, gran cantidad de militantes para intercambiar los diferentes planteos políticos.110 A partir de entonces y según la dirección tupamara, el calor de la batalla no volvió a dar las condiciones –a excepción de la cárcel– para sentarse a debatir, tranquilamente, temas de fondo.
Varios testimonios, que en los dos primeros años de la década del setenta estuvieron implicados de una u otra forma con el MLN, muestran su disconformidad con la falta de análisis que había en aquella época:

«Cuando planteabas discutir el texto del falso dilema foco o partido te decían “después se verá, ahora estamos en plena acción” –declara Juan Nigro–. Solamente en fracciones como la de Franco se daba una formación teórica, ahí te daban para leer el capítulo tal del Capital, el Antiduring, se hacían preguntas como “¿Se puede hacer alguna alianza con las fuerzas burguesas?” y se concluía que no, también se ponía en cuestión el proyecto de reforma agraria por considerarlo reformista.»
«Luego entro en la Columna 15 –recuerda Carlos Ramirez–. Allí no se discutía ni se estudiaba tanto, hacías una acción y después preparabas otra.»
«Los documentos eran de un simplismo tal y una falta de profundidad –dice Garín que si bien explica que la Columna 15 era la más activista y menos programática que otras, afirma que la escasez teórica fue general–. Cuando algunos militantes trataban de analizar un punto de vista, otros no querían ni discutirlo. “Nosotros estamos pa’ la cosa –decían–, no vamos a discutir, acá, porque la toma del poder está a la vuelta de la esquina, ¡vamo’, amigo!”.»
Analizando los documentos tupamaros –públicos e internos– y los cambios estratégicos y programáticos –plan sindical, doble poder– se observa un constante cambio de táctica, casi siempre a pequeña escala. Por lo que se entiende que si bien es cierto que, en comparación a la cantidad de operativos, el trabajo teórico fue escaso, no se rechazó. Aunque casi siempre, quienes debatían formalmente sobre la marcha del proceso revolucionario eran los dirigentes y a los militantes de base se les hacía repetir consignas del tipo: «Hay que estar para la cosa, ¡eh!, no para la charla», «los hechos nos unen, las palabras nos separan». En el apartado «Matar o no matar al maestro de la tortura» se observa lo complicado que era reunirse y tomar decisiones en común, en plena vorágine de guerra abierta. Por eso, algunos luchadores sociales dicen que lo que hay que hacer ahora –que no se vive una confrontación de clases abierta y que existe cierta tranquilidad social– más que juzgar o justificar a los tupamaros en general y a su dirección en particular, es aprovechar esta coyuntura para realizar la reapropiación programática de la revolución, prepararse bien en el aspecto político y crear núcleos anticapitalistas bien cohesionados.

IV.3.2. Consolidación: hostigamiento y política armada

«El MLN tenía por objetivo radicalizar la cuestión política. Al mismo tiempo, y con la misma táctica, hostigar en el plano militar. No pretendíamos el enfrentamiento armado, sino el hostigamiento militar.»111 PEDRO MONTERO

En agosto de 1969, los tupamaros consideraban que, al estar prácticamente finalizado el período de construcción del mínimo aparato armado y organizativo, debían pensar en comenzar la etapa de enfrentamiento total y sistemático, el plan H: la hostigación. Este proyecto consistía en desmoralizar a las fuerzas represivas sostenedoras del régimen –desgaste y desmoronamiento– e incrementar las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución.
Otra meta inmediata, además del debilitamiento del enemigo, era el crecimiento de la organización, tarea en la que obtuvieron un enorme éxito pues en 1969 el MLN ya involucraba, comprometidas de una u otra forma, a unas dos mil personas.112 La forma principal para aproximarse a esos objetivos fue la propaganda armada que ejercían realizando acciones con criterios bien marcados. Algunas de las pautas eran, además de las que se explican en el apartado «El accionar tupamaro», que quedara claro que los ataques no iban dirigidos a la persona del agente sino al objetivo que él custodiaba y que las represalias contra miembros del régimen –que torturaban, despedían o asesinaban– tenía que ser proporcional. Otra norma era que antes de planificar un sabotaje, o determinar su envergadura, se debía estudiar la aceptación popular que pudiera tener. «Lo que los tupas hicieron muy bien fue el tema de la propaganda –declara R. Noriega–. Generaron una simpatía, más que apoyo, increíble. Cada día salías a la calle para ver qué habían hecho».
También insistían en que la revolución había que hacerla con el dinero de los capitalistas y las armas del enemigo: «Sólo expropiar a los grandes capitalistas o al estado, devolver lo que se haya tomado y pertenezca a gente del pueblo». Y así lo hacían, devolvían los coches robados e incluso el dinero, si éste pertenecía a los trabajadores. Días después del atraco perpetrado el 18 de febrero de 1969, en el Casino San Rafael –unos de los más oligárquicos de América del Sur y de donde se llevaron un cuarto millón de dólares–, repusieron una pequeña parte del botín: las propinas de los empleados. Acto que no gustó nada a las autoridades que amenazaron con procesar a quienes aceptasen el reembolso de las propinas, por «encubridores».
Otra línea de actuación, que causó enorme simpatía entre la población más desfavorecida, fue la aplicación de la justicia revolucionaria. Un ejemplo de esta actividad fue el secuestro del fiscal de Corte, Guido Berro Oribe, acompañado de proclamas explicando las razones. Éstas se referían a las sentencias a tupamaros, que en algún caso obligaban a que tuvieran un juicio militar; a la no liberación de presos que habían cumplido sus penas y a la negativa de procesar a personalidades relacionadas con negocios corruptos, que el propio MLN había descubierto y enviado las pruebas a la justicia. Acciones de este tipo apuntaban el carácter de la nueva fase: la consecución del doble poder.

IV.3.3. Política del doble poder
«Se ha hablado mucho del doble poder en el Uruguay ¿cómo conciben los tupamaros ese poder paralelo? –Toda revolución cumple etapas. Una primera etapa es la construcción de la organización revolucionaria: le sigue otra etapa donde esa organización se afianza y se acondiciona para operar en forma más o menos sistemática: luego en un tercer momento, debe aparecer como un poder dentro de otro poder, pasar después a transcurrir la etapa de ser una alternativa real de poder, a equilibrar más o menos los campos y, por último, el asalto del poder. Esto dicho muy esquemáticamente”.»113

La tesis del doble poder nace durante el invierno de 1970 y se aplica desde setiembre de ese año hasta diciembre de 1971, época en la que los tupamaros acrecientan su fuerza por medio de las acciones militares con objetivos políticos y por la propaganda a través de sindicatos y agrupaciones de obreros y estudiantes, a las que dirigen desde sus núcleos legales. Según sus comunicados no se trata entonces de una guerrilla que proyecta transformarse en ejército, sino de un poder popular que trata de vencer, en todos los terrenos, al oficial que no se destruye solamente con el poder militar del poder popular, sino también con el obrero y estudiantil.114 Con la combinación de todos los medios de lucha revolucionaria, la huelga general revolucionaria y la ofensiva militar.
Este principio revolucionó la concepción estratégica guerrillerista, pues establecía que el que realizaba el camino hacia el poder no era un foco militar, un mero hostigamiento, ni un partido, sino una combinación de varios elementos. Era, en parte, un poder popular «estatal», por lo tanto, con sus fuerzas armadas subordinadas al estado –o semiestado según otros–, aparato de justicia, economía, educación…
La estrategia guerrillera es esencialmente militar, cree en la omnipotencia de las armas y lo subordina todo a este aspecto, incluso la conquista de las masas y la concientización. La concepción del doble poder es, en este sentido, inversa al militarismo y lo sustituye por el «estatismo popular» y la lucha múltiple, cuyo centro puede ser en un momento una práctica electoral, un combate ideológico o un ataque armado. En este sentido es una teorización del empleo de las armas bastante original y con elementos de novedad. La lucha del poder dual por transformarse en poder único, revolucionario y popular, es por lo tanto de carácter múltiple: militar, político, cultural, psicológico–social, doctrinario e ideológico.
«No se trata de conquistar a las masas sólo con acciones militares. Hay que organizarlas y concientizarlas. Hay que aprovechar esa legalidad burguesa hasta el máximo y tratar de no perderla. Hay que combinar el trabajo clandestino con el legal. Quedan así fuertemente rechazados los conceptos extremistas pueriles sobre la caducidad del trabajo sindical legal, estudiantil o popular. La concepción poder dualista tiene por base la actividad de los sectores más avanzados de las masas, el apoyo de las masas, pues ellas constituyen la base del estado, y hay que quitárselo al estado enemigo. Así como al quitarle un arma al poder oficial se efectúa una acción doble, pues debilita en un arma a la represión y al mismo tiempo fortalece en un arma a la revolución, al quitarle una conciencia, efectúa un trasvase con doble efecto.»115
La política poderdualista hizo, porque la temperatura social así lo permitía,116 que aumentara aún más la simpatía que gozaba el MLN en el ambiente estudiantil, entre la juventud en general y en los medios obreros y de izquierda. Huidobro dice que en 1971 ya eran alrededor de cuatro mil tupamaros y añade: «De ser muy poquitos, tuvimos un crecimiento brutal, entonces todos nuestros esfuerzos diarios eran cómo asimilar esa cantidad de gente. Darle una forma, seguridad, ampararlos y seguir respondiendo frente a los ataques del enemigo».
La teorización sobre la defensa del poderdualismo nunca llegó a enterrar a la del militarismo. Las dos corrientes se fueron combinando según el contexto y quien compusiera el Comité Ejecutivo. De todos modos, fuera cual fuera su línea de pensamiento, para varios de los entrevistados el MLN, en su conjunto, en su praxis, estuvo muy por encima de ella. «Su teoría era el foquismo puro y duro, pero su práctica fue muy superior, hasta fines de 1971» comenta Rodrigo Arocena. En cambio, la ofensiva del 72 es catalogada por muchos como meramente «foquista y proyecto desubicado».
Para finalizar este apartado, se enumeran un par de episodios que demuestran como el MLN, en 1971, se había constituido en una especie de poder paralelo que llegó a disputarle al gobierno el monopolio de la legitimización de la violencia y la justicia.117 Así deteniendo en la cárcel del pueblo a industriales, altos funcionarios, ex-ministros y diplomáticos. Entre 1968 y 1973, secuestran a un total de catorce personalidades y son los principales responsables de cinco renuncias ministeriales. El operativo Monty obligó a presentar la dimisión al ministro de Agricultura a quien se le descubrió su asociación con la misma y se lo detuvo en los calabozos tupamaros. La fuga de las tupamaras y el asalto al cuartel de la marina hicieron caer otros ministros, esta vez al de Interior. El siguiente, Francese, renunció tiempo después por su fracaso en la búsqueda del embajador Jackson, secuestrado por la guerrilla.
El allanamiento de la financiera Monty fue una acción que trajo notable apoyo de la población pues descubrieron como parte del gobierno participaba de la especulación «que arruina al país». Los técnicos del MLN analizaron la contabilidad, las claves secretas y los libros de cuentas y entregaron todo ese material al juzgado diciendo que la actividad de la financiera, según la Ley 13.330 del 30-4-65, era ilegal.118 Tras la acción, los diarios oficiales del momento se preguntaban «¿quién gobierna y legisla en el país, el gobierno o los tupamaros?».
Uno de los fenómenos más claros de doble poder fue la justicia revolucionaria aplicada contra los torturadores y escuadrones de la muerte. Sobre esto, tras las acusaciones del policía Bardesio a sus colegas de estropicios, el MLN, en abril de 1972, hizo público el siguiente comunicado:

«Ofrecemos a los jueces, fiscales, ministros de la Corte, legisladores…, la posibilidad de interrogar directamente a Nelson Bardesio. Las únicas condiciones que ponemos para ello serán:
a) Autoridad moral para visitar la cárcel del pueblo, en carácter de invitados y
b) Medidas mínimas que preserven nuestra seguridad. Finalmente:
Ponemos en conocimiento de la opinión pública las resoluciones que ya ha tomado el tribunal del pueblo.
1. Han sido condenadas a muerte las siguientes personas: Subcomisario Delega (alias el Gordo) C. Corrales 3079 […]. Armando Acosta y Lara. San José entre Vázquez y Médanos […].
Se faculta y convoca a todos los revolucionarios para que hagan efectiva esta sentencia dónde, cuándo y cómo puedan.
2. Se recomienda la captura o cualquier información que contribuya a ello, de las siguientes personas:
Washington Grignoli. Tomás Gómez 3710 […].
Seremos implacables en el ejercicio de la justicia popular.»119

IV.3.4. Objetivos
«¿Los objetivos? Nosotros simplemente íbamos avanzando hacia la toma del poder.
¿La sociedad futura?, el movimiento tenía en su seno todas las corrientes de pensamientos posibles, había de todo, cristianos, trostquistas, marxistas, marxistas-leninistas, anarquistas, había gente sin ningún tipo de filiación política, ni filosófica.120 Nunca se llegó a plantear un programa de gobierno. Toda la energía estaba volcada a la lucha del presente […]. El objetivo fundamental era la toma del poder para la construcción del socialismo, para lo cual había que transitar por un camino de liberación nacional. Pero otra cosa es que nos planteáramos alianzas con la burguesía o los sectores industriales […]. Nuestra estrategia siempre fue el ataque al estado, al sistema no, al estado concretamente.» YESSIE MACCHI

Huidobro, con respecto a los objetivos del MLN, dice que tenían «una definición socialista», que coincidían con el programa histórico de la izquierda uruguaya –el del Congreso del Pueblo y el Frente Amplio–y añade:

«Hay un programa de gobierno que fue publicado en aquel entonces. Los objetivos finales están bien claritos a lo largo de todos los documentos, que no son tantos tampoco. A parte de eso hubo objetivos puntuales como la liberación de los presos y la restitución de los destituidos por las medidas prontas de seguridad.
–¿Y con respecto a la Constitución por ejemplo?
–Nosotros nunca hablamos ni de constitución ni de nada, estábamos hablando de reforma agraria, nacionalización de la banca y del comercio exterior…»

López Mercado, sobre este tema, se mostró sumamente reflexivo:

«Nuestro programa era fuertemente estatista.
–Es decir, expropiar esas grandes tierras y trabajarlas, ¿pero con bonos de trabajo o dinero?
–La economía dineraria iba a sobrevivir. No habíamos madurado demasiado en nuestra esencia política.121
–Pero ¿y el modelo de sociedad?
–Yo no sé qué hubiera pasado. A veces pienso que nosotros hubiéramos cometido errores, torpezas o cosas peores, de haber llegado al poder. De cualquier manera hubiera sido un avance tremendo. Ahí habían dos proyectos, y nosotros junto con organizaciones del movimiento popular éramos otra inflección, ¡evidentemente!, más humana.» 122
Sobre el poder en concreto, López Mercado también ha ido reflexionando desde esa época y ha cambiado algunos aspectos de su visión de este tema.

«Hoy, no tengo muy claro en qué consiste el poder. Porque nosotros decíamos “el poder consiste en el aparato armado”, sí pero los sandinistas tuvieron el aparato armado; “el poder consiste en la propiedad, en los medios de producción”, muy bien, ¿pero qué experiencia nos ha dejado la economía planificada?»

Según las FFAA, el proyecto político del MLN era el que decía querer realizar la burguesía y los partidos tradicionales.

«Salvo la estatización completa de los medios de producción, según la conocida receta marxista, ese programa no pasa a ser un conjunto de generalizaciones, muchas de las cuales o eran ya realidades nacionales, o estaban incluidas en las plataformas de lucha de los partidos tradicionales.»123
A pesar de la hipocresía de los militares o de los partidos, que decían defender esos cambios sociales, la verdad es que si bien el proyecto de los tupamaros a largo plazo era el socialismo, a nivel más inmediato se caracterizaba por ser generalista y reformista. De ahí la hipótesis que apunta a la disyuntiva política y que afirma que en la práctica eran revolucionarios y en la teoría, reformistas.
Pedro Montero manifiesta que no tenían un proyecto de sociedad definido,124 sino sólo un esbozo y piensa que:
«De haberse producido una revolución en el Uruguay, del nivel cultural que tenía el Movimiento de Liberación Nacional y el Frente Amplio, con el soporte de los sectores más progresistas de los blancos y los colorados, seguro que la revolución uruguaya hubiese sido otra cosa y un problema muy, muy, grave para los norteamericanos. Seguro, porque no era una cuestión radical, no se iba a plantear en los términos de Cuba ni en los términos de inocencia revolucionaria de los sandinistas. Había otro bagaje para armar una estructura socialista democrática. Ten en cuenta que nuestra gente se fue para Chile y allí trabajaron con los equipos de Allende. En Chile y Argentina estuvieron moviendo programas enteros, programas de desarrollo. Se pudo haber hecho mucho más.
La ilusión era transformar el Uruguay y hacer una patria para todos realmente. Terminar con los cantegriles, la injusticia a nivel rural, los hospitales para niños que se morían en las camas uno pegado al otro, como en el más tercer mundo.»
La escasa concreción de los objetivos tupamaros y de su programa político sorprendía incluso a dirigentes de otros grupos de América.
«La aparente unidad de criterios políticos e ideológicos con el MLN-T se debía a que dicho movimiento carecía en lo esencial de ideología y por lo tanto, vitales aspectos estratégicos no entraban en la discusión –declaraba Santucho–. No en vano la mayor parte de los temas tratados con los tupamaros giraban en torno a la “técnica” y al aparato militar. En cambio el MIR, definido ideológicamente y con gran experiencia política, tenía mucho que transmitir y discutir.»125

En este sentido Garín es muy autocrítico.
«Le presentamos al pueblo un programa mágico que se llama: reforma agraria, nacionalización de la banca…, sin saber lo que marcha o no marcha, sin tener en cuenta el desarrollo de la tecnología, sin tener en cuenta los precios internacionales.
–Y a más largo plazo: –se le consultó–. ¿Qué modelo social se perseguía?
–El socialismo, pero nadie sabía mucho. Lo que creíamos saber era que tomaríamos el poder.
–¿Y quién se pondría en el gobierno?
–Los tupamaros –sentencia Garín.
–¿Pero cómo, de forma vertical u horizontal, con comités barriales, asambleas?
–No, la organización social no se planteó. Creo que había una idea de repartir entre ellos los ministerios […]. Para algunos el modelo era Cuba e incluso la URSS.»
Otros militantes del MLN luchaban porque los cambios se hicieran desde el FA, desde toda la izquierda, y para que los tupamaros se convirtieran en el sostén defensivo de ese proyecto, organizados como columnas militares y considerados el ejército del partido de los sectores oprimidos.

IV.3.5. Organización y características

«Sendic ganó la batalla e impuso el criterio de la “centralización estratégica y autonomía táctica”, que en los hechos implicaba una radical descentralización de la guerrilla urbana.»126

Mucho se ha hablado de las características de los miembros del MLN y del «estilo tupa». De ahí el interés porque sean ellos mismos quienes se analicen. «Para ser militante del MLN –explica Ubaldo– era más importante el comportamiento y la conducta que la ideología. Se trataba de gente de buena voluntad. La honestidad, la responsabilidad y la disponibilidad eran tres pilares claves».
Se tendía al desarrollo del militante completo pues aunque existía la especialización se buscaba la globalidad, la formación político-militar integral. En los primeros pasos a la incorporación orgánica del MLN ya se daba tanto una formación militar como política, buscando que cada militante fuera una síntesis de la organización.

«Desde que se integraba los grupos de ingreso se daba una formación elemental, tanto en seguridad, como en el aspecto militar, uso y fabricación rudimentaria de explosivos –recuerda Yessie Macchi–. Pero claro, la formación era sobre todo política […]. Éramos un movimiento político-militar, quiere decir que cada militante tenía que ser en sí mismo una síntesis de lo político y lo militar. Si bien existían las especialidades y si bien había compañeros/as en servicios, en la columna formativa o en la militar, cada una de nosotros/as tenía que tener los elementos generales de las tres áreas. Porque siempre la teoría que existió, era que donde cayeran muchos compañeros, bastaba con que hubiera uno solo para que el MLN se pudiera volver a regenerar. Y eso nos pasó en los cuarteles y en la cana. Cuando estuvimos en estado de aislamiento total, el MLN estaba presente en cada una de nosotras que estaba en un calabozo. Ese, siempre, fue el pensamiento, de la organización, que el militante fuera completo […]. Existía la especialidad, pero también existía la globalidad en cada militante.»

Pedro Montero coincide con la explicación del militante completo, pero matiza que eso sólo se dio en los inicios de la organización porque después hubo una rabiosa especialización:

«Hasta el año 69 las columnas eran todas político-militares y de servicios. Después se especializaron en militar, servicio, explosivos… La 15 se hizo estrictamente militar, la 10 se transformó en estrictamente de servicio y se creó la 25 que era sindical. Después se crearon una o dos del interior. El tupamaro pasó de ser un militante que hacía todo, a un militante que estaba especificamente en un frente. Entonces los fierreros se hicieron fierreros, los investigadores se hicieron investigadores y los políticos, políticos. Antes todos hacíamos el fogueo para la acción urbana, la habilidad en el manejo de armas y explosivos y la discusión política, con documentos… Eso se hacía al comienzo, en 1968, pero en 1970 ya se acaba.
–¿Elegía cada militante dónde quería ir?
–No, tampoco. Te captaban de acuerdo a las condiciones y los contactos que tenías. Una vez que estabas adentro era difícil que cambiaras, por problemas de compartimentación.»

A continuación Montero, tras aclarar que «el MLN no fue un movimiento de todo el territorio o del interior, era de Montevideo y la franja litoral hasta Bella Unión», habla de la dirección y dice que el tipo de organización era el «centralismo democrático leninista que en clandestinidad funcionó bastante bien» y añade:

«Tuvo algunas variantes. Como por ejemplo que las propuestas iban desde la base hasta la cúspide de la pirámide, volvían de vuelta de arriba para abajo y se volvían a discutir […]. Pero ese mandato, cuando venía de arriba, venía con todo y lo tenías que cumplir, si no podías tenías que irte a la mierda. Esa era la realidad, pero es lógico porque era un aparato militar y si a nivel militar no cumplís una orden cagada de pato, un despelote. Desde el aparato después se inventó una semiperiferia que eran primero el Correo y luego el CAT. El Correo Tupamaro fue la forma primera de entrar, el mandadero tupamaro. Después se creó el 26 de Marzo y los CAT, entonces, pasaron a ser una cosa que no sabían qué eran; dónde empezaba el 26 de Marzo y dónde terminaban los CAT. Era un despelote tan grande que desde una unidad central, que era básicamente militar, era imposible asistir a toda esa gente que demandaba formación y orientación para trabajar […]. En el 68 y 70, el crecimiento fue más de lo previsto. No teníamos capacidad organizativa para tanta gente, fuimos demasiados laxos en aceptar gente, sin probarla, sin foguearla, que era el término que se usaba en aquel momento.»

Los CAT (Comando de Apoyo Tupamaros) era la estructura para los militantes, no estrictamente orgánicos, cuyas tareas podían ser las mismas que los militantes de servicio o las de dar solidaridad al MLN en cualquiera de sus actividades. A René Pena, perteneciente a los CAT, cuando se le pregunta qué opinaban de las acciones de los comandos, desconocidas por ellos hasta el momento en que se realizaban y se publicaban en la prensa, contesta: «si parecía bien o no parecía bien no interesaba, lo importante es que había que dar apoyo. Lo hacíamos por solidaridad, porque no se podía dejar sólo a un compañero o compañera, eso es una traición».
Al igual que casi todas las experiencias de guerrilla urbana, tenía la necesidad de una estructura de servicio al accionar armado, destinada a recaudar la información para poder realizar los operativos con el mayor éxito posible. Muchos consideraban esta tarea como una más, tan importante como una reunión de toma de decisiones o la participación, pistola en mano, de una acción militar. Pero otros veían a estos militantes –denominados de servicio–, o se veían a sí mismos si su tarea era esa, actuando en una esfera inferior.
En cuanto a cómo se llegaba a la dirección, Montero responde: «En las convenciones. Por votación. A través de grupos». Es preciso anotar que quienes dirigían a la organización no podían estar presos ni fuera del país, en caso de darse una de esas dos particularidades en un miembro del Comité Ejecutivo, se hacía un relevo inmediato. Hubo algunos capítulos en los que la dirección histórica, que estaba presa, ayudó en la toma de decisiones, por tratarse de resoluciones que podían cambiar el transcurso de la historia del MLN; como fueron la ejecución de Mitrione y la tregua armada. Pese a esas excepciones y el pensamiento, más o menos, extendido de que la figura de Sendic era única, para los tupamaros no había, ni podían haber, militantes ni estructuras insustituibles. Y fue precisamente esta forma de organización la que fue influyendo en los cambios tácticos. Los debates ideológicos y estratégicos se vieron afectados por las detenciones, que eliminaron de la dirección a partidarios de una u otra posición; y tuvieron importancia fundamental, en casos como cuando cayó toda la dirección reunida en una casa de la calle Almería.127
En cuanto al esquema de la organización en un documento se puede leer que «no debe ser el de una pirámide truncada, sino el de varias pirámides de este tipo, de tal manera que, cada una de ellas resulte una organización en pequeño».128 Estas «pirámides» eran denominadas columnas.

«La columna era “concebida como unidad orgánica político militar que reúne en sí misma las posibilidades de autonomía (servicios, grupos de acción, agitadores, infraestructura, periferia…)”. Cada columna debía de estar en condiciones de “mantener la lucha en nombre del MLN aun cuando el resto de la organización haya sido destruida. Y contar con los medios internos como para reconstruir lo destruido. Era una cuestión técnica, vinculada a la seguridad interna, para que la organización no “dependiera vitalmente de una cabeza que pudiera ser fácilmente ubicable y golpeable por el enemigo”; en fin, era una medida puramente administrativa, no política “pues de otra forma estaríamos creando varias organizaciones”.»129

Otras peculariedad del MLN era lo inmerso que estaba en según qué altas esferas sociales, debido a la simpatía que podía despertar en todos los ámbitos de la población y porque sus integrantes, muchas veces, eran amigos o directamente miembros de la alta sociedad.130

«Provocaba mucha simpatía en casi todas las capas de la sociedad, hijos de estancieros,131 empleados de la banca, fuerzas armadas, liceos… –señala Garín–. Sobre todo en los jóvenes, la gente de cincuenta o sesenta años era raro que nos apoyara. Pero hasta en magistratura se conocía gente de izquierda o progresista. Entonces toda esa gente acusada de atentado a la Constitución y subversión, delitos imputados a los tupamaros, salían para Chile y un año después los encontrabas en Uruguay clandestinos. Con la Junta Militar no, ellos se podían permitir meter a alguien diez años presos sin juicio, pero cuando funcionaba el aparato jurídico había que tener muchísimas pruebas para condenarte, poco menos [que agarrarte] con las manos en la masas y diciendo que pertenecías al MLN.»132

Véase la opinión de algunos testimonios sobre aspectos polémicos de la organización tupamara y de todas las agrupaciones políticas y/o armadas en general. Garín, por ejemplo, habla del seguidismo.

«Había algunos estudiantes universitarios que acostumbrados a hacer carrera, sabían que le tenían que decir sí a todos los jefes, denunciar a los compañeros que no estaban de acuerdo. Se fomentó el seguidismo. Llegaron a la dirección tipos capaces en ese dominio y no en el político.»

Harari escribió sobre los personalismos y los problemas de integración.

«Otras [columnas] se crean con católicos revolucionarios, pero el sacerdote que los lideraba, según algunos tupamaros, era muy personalista, no encajaba en la organización y se disolvió la columna […]. Otra columna se formó con revolucionarios que no pertenecían al MLN, los Comandos de Autodefensa del Pueblo, militando a nivel sindical […] pero el encargado de dirigirlos terminó sancionado y expulsado, por personalismo […]. En 1971 ingresarían los del sector clandestino armado, FARO, que se integran con más facilidad que los del 69 del MRO trayendo sus diferencias con el “estilo tupa de vida”.» 133

Uno de los temas más complejos y desagradables, pero que se deben aclarar, es el de la disidencia. Garín vivió de cerca el tema de las escisiones internas del MLN y el autoritario comportamiento del Comité Ejecutivo con respecto a esa problemática. En un momento su «jefe militar» le pide que vaya con otros miembros de la organización a confiscar las armas que tenían unos disidentes, encabezados por el tupamaro conocido como El lobo feroz y cuyo nombre era Daniel Ferreira y quien, como apunta Garín, estaba «sancionado de por vida, por estar acusado de microfraccionalista» una burda inculpación pues tenía que ver con el grupo cubano de Escalante, que las autoridades castristas aseguraron que trabajaba para el KGB.
Garín se propone cumplir la misión que le han encomendado, pero Ferreira se niega en rotundo y le dice: «las armas no son de un grupo, son de quienes quieren hacer la revolución». Cuando Garín le informa de lo sucedido, el encargado del comando le recrimina por no haber sido más duro y convincente, a lo que él propone: «Andá vos y sacáselas».
«Te ponían de lado y no te daban responsabilidades. Te terminabas rayando. Te enterraban en los locales o te mandaban para afuera –denuncia Garín–. Los cuadros hasta que no cayeran en cana eran intocables. Si se hacía un cuestionamiento de un tipo había que tener muchas pruebas o si no ibas claramente a la ruina, todos contra vos. La dinámica era darle el poder y la responsabilidad a los tipos que tiraban tiros […]. En Chile había una gran disidencia. Se reunían en un bar llamado El Black. Decían que eran todos los rayados, pero era toda la disidencia, que no creían más en la dirección y todo eso.
–¿Qué criticaban?
–La promoción de los cuadros. La disidencia se basaba en que la dirección promocionaba toda la pequeña burguesía y estudiantes y no a la gente con más experiencia. Porque los tupamaros hay que decir, era una máquina de destruir gente también. El diez por ciento de los clandestinos terminaban rayados, porque la organización lo único que hacía era utilizarlos y no formarlos. Y cuando no estabas de acuerdo con la dirección te mandaban en un grupo de base, a formarte. Además, el poder estaba en manos de la tendencia militar.»
«Ya en 1968-69 –opina Juan Nigro–, los mejores militantes del MLN criticaban esa organización por desarmar políticamente a la clase, por sacar a sus mejores militantes y hacerlos callar la boca en la lucha de masa, por hacerle por eso el juego al PC, por ser cómplice de éstos en el hecho de aceptar siempre lo que estos decían, hasta sobre los compañeros a los que se acusó de tira como a […] y muchos otros, por la ausencia de crítica política del reformismo, por el reaccionario estilo tupa que beneficiaba programáticamente a la contrarrevolución, por transformar militantes en sirvientes de “servicios”, por el hecho de que la lucha armada era fundamentalmente espectáculo y no armar a la clase. Ya en esos años muchísimos militantes adentro y afuera de la orga se referían a los […] y compañía como los oficialatas y en las ocupaciones de los frigoríficos y hasta en los campamentos cañeros se cantaban canciones criticando esa línea nefasta que llevaba a lo que llevó: que todo se postergaba en la lucha de masas en nombre de que la orga largaría un día la guerra que nunca largó […].Contra los grupos obreros que rechazaban abiertamente esa organización hubo calumnias, sabotajes y se llegó a la prepotencia policial, la apropiación violenta de materiales y armas.»

Clara Aldrighi, en su libro La izquierda armada, ha tratado en profundidad el tema de la disidencia, dando a luz las causas políticas de algunos disidentes: crítica a la adhesión del Frente Amplio por parte de la organización tupamara, crítica al excesivo centralismo y autoritarismo del Ejecutivo, discrepancias con la táctica del plan Cacao porque al usarse explosivos se daba la imagen de «terroristas», falta de una línea marxista en el MLN y reclamo de una autonomía militar y política para las columnas.
Rosencof, en su obra Valoraciones polítcas del período y en las respuestas a Clara Aldrighi narra los episodios más importantes sobre la disidencia y justifica la línea oficial del MLN con respecto a ella:

«La micro presiona para acceder a la dirección (manifiestan “ahora que cayeron las vacas sagradas de la línea bestia se pueden hacer las cosas bien”). Reclaman autonomía de columnas, con periódicos editados por cada una dando cuenta cada cual su línea, apuntando hacia una Convención para rectificar línea y elegir autoridades. L. (Rosencof) hace una consulta a Punta Carretas y recibe, vía Zenón (Marenales), la respuesta de que en las condiciones en que está la organización en esos momentos, es terminantemente inconveniente […].
Al clausurarse toda posibilidad de influir a través del ejercicio de la democracia interna –cuenta Clara Aldrighi–, los disidentes recurrieron a mecanismos no consentidos por la compartimentación y el centralismo. Observa Rosencof: “En una organización que practica el centralismo democrático, son válidas los agrupamientos circunstanciales de tendencias. Pero cuando estas tendencias tienen sus propias autoridades que no acatan resoluciones de la dirección, dejan de ser tendencias sino una microfracción que distorsiona y debilita el organismo. Eso determinó que la discusión llevada a delante por la dirección pos-Almería no estuviera centrada en los planteos políticos de la micro (muchos de los cuales eran correctos) sino en una metodología inmoral que grangrenaba el cuerpo de la Organización”.»134

Diferentes datos del MLN se han ido dando a lo largo de la tesis, si no se ha hecho con mayor detalle es por la falta de investigaciones y la confusión que hay con respecto a ellos. Por ejemplo, es dificilísimo saber el número de tupamaros, a partir de 1968, por la compartimentación, la no centralización de todos los que se autoproclamaban de la organización y porque aún hoy hay exmilitantes que dicen que nunca pertenecieron al MLN, la mayoría de las veces por la permanencia del miedo a la represión. Por su parte las fuerzas armadas consideraron como tupamaros a gran cantidad de luchadores sociales que nunca llegaron a integrar ese grupo político.

«No sabíamos cuántos éramos por la compartimentación y el crecimiento caótico –manifiesta Garín–. Además, unos eran los compañeros que estaban en las células o direcciones; otros los de los grupos de ingreso y la columna política y otros los filotupas: en el marco territorial del MLN y que no estaban en la organización, los famosos CAT. Eran silvestres, surgían solos, a veces se conectaban y a veces no.»

Varias fuentes apuntan que en 1966 eran cincuenta componentes y en 1971 varios miles, unos cuatro mil.135 Hay, incluso, quien asegura que tuvieron relación, directa o indirecta, con el aparato militar unas diez mil personas.136 Pero la respuesta que parece acercarse más a la realidad, por lo concreta, es la de Blixen, quien tras advertir que es imposible saber el número aproximado137 y tras la insistencia para que dé alguna cifra, señala que en el momento de mayor número integrantes del MLN habría unas ochocientas personas, lo que concuerda con que tras la derrota militar de 1972 en Uruguay los miembros del MLN eran cuarenta. Y aclara que:

«No cuento a la persona que dice: “si necesitan mi casa…”, cuento a la que da cobertura, que podía ser una anciana que no salía a los operativos; al militante de servicio que eran los que te hacían los berretines, los que estudiaban todo para que vos tuvieras que ir a apretar…
Los CAT sí marcan una línea divisoria. Esos cinco mil son la estructura de simpatizantes, no del aparato. Son colaboradores, los que dan plata… Hay una formalización cuando te vinculas a la Columna, al grupo de acción. Si vos estabas en la Columna estabas dentro del aparato, del MLN, pero a su vez tenías tu red de colaboradores.»

IV.3.6. El aparatismo y el militarismo
«No había tiempo de ponerse a analizar, a pensar, si se hacía bien o mal. La dinámica no lo permitió.»138

La predominancia de lo militar y del aparato en el MLN son las críticas más repetidas por los luchadores sociales. Si hubo similitud en las respuestas de los entrevistados, de alguna de las preguntas-reflexión del cuestionario, fue en la que se hablaba de la cuestión del aparato. ¿Estamos de acuerdo que el estado-capital tiene todas las de ganar cuando logra parcializar la lucha del conjunto de la clase social oprimida, cuando logra encauzar su lucha por distintos sectores, dividiéndolos, cuando logra que se pidan meras reformas y cuando logra enfrentarse a los grupos y organizaciones más combativos no de clase a clase, sino de aparato a aparato, aislándolo del apoyo popular?
«La estrategia de crear un aparato mínimo capaz de operar ante la realidad y producir determinados elementos que iban a generar toma de conciencia se manifestó acertada en todo el período 68-69 –explica Mercado–, posteriormente, te diría que en lugar de capitalizar el aparato en el movimiento popular se intentó introducir lo más avanzado del movimiento popular en el aparato.»

De hecho según la evaluación realizada en el Documento 3 se aprecia que «no interesa la dirección de los sindicatos porque van a pasar pronto a la ilegalidad, ni polemizar con la izquierda, pues ya pronto también ellos estarán clandestinos y el MLN estará entablando la lucha por el poder a la cual podrán sumarse».139
Mujica tras la experiencia extrae la siguiente concusión: «Cuando vos construís un aparato armado, este quiere arreglarlo todo a tiros […]. Los aparatos armados son como las gallinas, que están programadas para poner huevos, y van a querer poner huevos».140 Estas dos últimas declaraciones ayudan a dilucidar la razón por la cual el MLN entró en la guerra aparato contra aparato, cuando su objetivo primero, como se observa en el siguiente testimonio, no era ése.
«Incurrimos en ese error que se señala ahí, pretender hacer una lucha de aparato contra aparato –dice Huidobro–. Como guerrilla aún en el marco de una gran movilización popular, como vos te desfases del nivel de conciencia de la gente y hagas cosas que no son comprendidas te quedás solo, nadie te apoya.
–Pero ustedes eran conscientes antes de darse esa coyuntura.141
–¡Ah, sí!, pero una cosa es lo que escribís en los papeles y otra es cuando la cagás […]. Suponés que nunca vas a cometer ese error, después entras a jugar a la cancha, y en el calor del juego, metiste la pata. Justamente en aquello que no tenías que haberla metido. Por que una cosa es escribir tranquilo en el escritorio… Si no nadie perdería una guerra. Está todo escrito. Hay manuales de hace cinco mil años, sin embargo, hay gente que gana y otra que pierde. Entonces el MLN tenía claro algunas cosas y las aplicó bien durante un tiempo y en determinado momento. Además en la ley de la guerra hay errores que no se te perdonan. En otras esferas de la vida vos podés cometer un error y no pasa nada. En la guerra, el enemigo no te lo va a perdonar.
–La guerra aparato-aparato fue más voluntad de ellos que de ustedes, lo consiguieron, por ejemplo, llamándoles sediciosos y extranjerizantes.
–Claro, forma parte de la guerra psicológica– matiza Huidobro.
–Pero a mí me han contado que si uno iba al comité de base con planteamientos revolucionarios o radicales: como por ejemplo la lucha por la liberación de los presos, ustedes o los del 26 de Marzo le decían a escondidas: “compañero acá no te quemés, acá no se habla de esto, si estás con la revolución hacete tupamaro” que era como meterlo en el aparato, era pues una política aparatista.
–No creo que fuera tan así. Puede haber ocurrido en un comité de base. Justamente las movilizaciones se caracterizaban por dos grandes consignas: ¡liberar, liberar a los presos por luchar! Eso gritaba la mitad de la manifestación mientras la otra gritaba ¡Unidad CNT!»
A continuación, en base al testimonio de Ricardo, se reconstruye lo ocurrido en el comité, claro ejemplo de política aparatista.
Después de su jornada laboral, y alternando la militancia pública con otra más clandestina, Ricardo aparece en el comité de su barrio. Observa que hay muchos asistentes, que en la mesa central están sentados varios integrantes del PC y que el debate gira en torno al tema electoral. Pide la palabra, algunos miran hacia arriba pues saben que les espera un monólogo incendiario, «hay que tocar los temas de fondo» insiste él. Para muchos ese no es el lugar para las discusiones profundas, pero al parecer tampoco para atender las demandas de ese joven que son las de la gran parte de tendencia combativa:
–¿Y de qué quiere hablar el compañero? –pregunta un componente de la mesa.
–De la pelea por liberación de los presos políticos.
–Se sabe que este es un tema en el que no todos estamos de acuerdo y abordarlo sólo serviría para la desunión, algo desastroso tan cerca de las elecciones.
–Yo creo que lo desastroso es dedicarse, únicamente, a juntar votos cuando nuestros compañeros están presos por luchar.
–Pero ahí, está el problema –se anticipa otro asistente–, en cómo luchar. Si unos por su lado, por aventurerismo o lo que sea, se dedican a la guerrilla es injusto que ahora nos preocupemos de ellos los que rechazamos sus formas.
–¡A los terroristas que los defiendan los terroristas! –protesta otro.
–¡Burócratas! Lo único que saben hacer es ayudar al régimen –clama una joven.
–Vio, lo que le decía –vuelve el de la mesa–, para qué se sacó este tema, parece que vengan a provocar, a desunir.
–Los que desunen las luchas son ustedes –dice Ricardo dirigiéndose a la mesa, pero es interrumpido.
–Éste debe ser de la CIA –murmura uno.
–¡Calma! –pide otro que está cerca de la mesa y añade–. Damos por concluida la reunión. Hasta mañana a la misma hora.
De repente un tipo, un tanto veterano, se acerca a Ricardo y le dice:
–Compañero –te equivocás al venir a plantear acá, públicamente, esas cuestiones.
–¿Y vos de adónde salís? –sigue molesto Ricardo.
–Del 26 de Marzo.
–¿Y hablás así? ¿Por qué me decís eso?
–Claro, pibe, acá también vienen las doñas, estamos haciendo trabajo de masas. Para pelear por la revolución hay otros espacios –le increpa el veterano.
–¿A ver cuáles?
–Ya sabes a que me refiero (al MLN), si querés quedamos un día y veo de presentarte a alguien. Pero no te quemés acá.
–No dejá, no preciso.
–El deber de todo revolucionario es hacer la revolución –insiste el tipo.
–Dejate de joder con las frases hechas –se separa Ricardo, dirigiéndose a la salida, dónde se cruza con una mujer.
–Hola, estuvo muy bien tu intervención –se presenta ella, una militante que luego se enteraría que era tupamara, pero según Ricardo de las denominadas no oficialistas.
–Gracias por ayudarme –le agradece él.
–No es por vos, es por todos los compas presos.
Éste más tranquilo, pero aún con cierta rabia, le dice:
–Estos bolches son terribles, y los del 26 de Marzo ¿?, que vienen aquí a no decir nada.
–Sí, por eso, vení salgamos y charlamos. ¿Vivís muy lejos? –le pregunta la mujer.
–No, acá a la vuelta.

A pesar de la posible voluntad de los dirigentes tupamaros de romper con el aparatismo, muchos miembros de esa organización, u otras, veían que prácticamente todas sus tareas militantes se centraban en el MLN, pudiendo quedar mal si no era así o si se tomaban decisiones autónomas. Justamente esto último es lo que ocurrió con un plan de Horacio Tejera y sus compañeros.

«Esto que te voy a contar es una cosa que me dolió mucho. Venía Serrat a cantar al Solís. Había un conflicto en la fábrica TEM, de metalurgia. Entonces yo, en mi ubicación totalmente anómala de estar en la Comunidad del Sur pero militar con el FER a nivel estudiantil y estar con el FER pero no estar adentro, llevé la idea de interrumpir el recital de Serrat, que iba a ser pasado por televisión, y hacer una especie de proclama. Por un lado planteando el conflicto que estaban teniendo los obreros de TEM y por otro lado pidiéndole a Serrat que cantara a beneficio de ellos. –Tejera ríe y añade– presenté esa idea en el FER y se aceptó. Compramos un montón de entradas, pintamos una sábana que tenía una gurisa que se llamaba la Mema que se iba a casar. Entonces trajo una sábana y pintamos la frase de León Felipe que dice: “yo no puedo tener un verso dulce porque no he venido aquí hacer dormir a nadie” y además “esta tempestad no hay quien la detenga”. Habíamos hecho todo, estábamos esperando a que llegara la hora del recital y llega Carlos López a la Facultad de Arquitectura, donde nos reuníamos desde el cierre del IAVA, y pide tener una reunión conmigo. Fuimos a un salón, me dijo de todo; anarco folklórico, que era un inconsciente. Se quejó de que usaba sandalias. Me dijo que porque no hacía que la plata que se había gastado en las entradas para ir a ver a Serrat, que era un cantante de la burguesía, no la usábamos para ir a ver a Viglietti, que era un cantante revolucionario. El cuestionamiento era que una cosa como esa quemaba militantes; que iba a haber presos y que eso quemaba a militantes. Y nosotros sabíamos que él si que estaba quemado, porque sabíamos que si no estaba viniendo era porque ya estaba en otra cosa. Él si que estaba quemado, todos sabíamos que estaba en el MLN, y uno de sus argumentos fue que nos íbamos a quemar.»

A continuación Tejera, reflexionando sobre el tipo de militantes que ocupaban los lugares decisivos de las organizaciones, habla nuevamente de su compañero Carlos López, para criticar una vez más la incorporación de los tipos más carismáticos y decididos al aparato militar.
«La de los grupos anarquistas: de dejar fuera del aparato armado a los militantes que podían tener una comunicación más fluida con el medio, salvo cuando ya no había más, y entonces crearon un aparato militar que estaba formado por aquella gente que demostró ser más capaz en el trabajo político. Estoy pensando en la ROE. El caso del MLN era chupar lo que hubiera. Por ejemplo, Carlos López era un tipo simpatiquísimo, esos tipos que hablan dos palabras y tienen a todo el mundo así. Buen compañero, combativo, muy seguro del camino que estaba llevando. Que como militante exterior hubiera sido valiosísimo.»
«Los tupas cuando veían a un tipo carismático –se queja Ricardo– lo ponían en el aparato armado y a los otros a juntar votos para el 26 de Marzo.»
Varias corrientes y documentos tupamaros querían escapar del aparatismo. De ahí que algunos militantes estuvieran en contacto, permanente, con dirigentes de la CNT y la tendencia combativa.142
Para otros evitar la política de aparato significaba la formación de un frente de liberación nacional o ser, simplemente, el brazo armado de coordinadoras como el Congreso del Pueblo o de la izquierda, en su conjunto. En el Documento 4 se especificaba que de lo que se trata es de ganar a las masas y no sólo a los sectores más combativos y en otro, titulado: «Los objetivos del trabajo en el movimiento obrero y en el frente de masas en general», se aconsejaba:
«-Llevar al pueblo a posiciones revolucionarias radicalizando sus luchas. Crear condiciones revolucionarios. Fortificar las organizaciones sindicales.
-Proporcionar cobertura, información, medios y hombres para la guerrilla.
-Hacer la propaganda de la guerrilla y su acción a fin de crear un ámbito favorable lo más amplio posible.
-Conectar y coordinar a la guerrilla con todos los sectores del pueblo y sus luchas.
El pueblo realmente desconforme con las injusticias del régimen y que desea un cambio, optará más fácilmente por el camino directo que encarna la organización armada y por su acción revolucionaria, que por el improbable y remoto camino que se le ofrece por medio de proclamas, manifiestos o acción parlamentaria.»143
A pesar de que en el párrafo anterior se habla de la guerrilla como una estructura al servicio de la lucha popular, a continuación se observa nuevamente el leninismo sobre el concepto de partido formal y vanguardia:144 «Es necesario “concientizar” y dinamizar al sector obrero en la lucha revolucionaria, para formar con él al núcleo básico del futuro ejército revolucionario, cuya vanguardia ha de ser, en todo momento, el MLN-T.»145
Algunos luchadores sociales del denominado entorno tupa, que creían más en la autonomía obrera que en la organización jerárquica y el monopolio armamentístico de un grupo, opinaban que se debían crear formas de autodefensa popular y masiva. Como concretización de esa voluntad intentaron conseguir armas y ponerlas al servicio del proletariado combativo. Hubo un plan frustrado que hubiera dado mucho que hablar, pues consistía en llevar de Argelia a Uruguay dieciséis mil armas de fuego.
Con respecto a la autonomía Pedro Montero declara:

«Hoy tenemos una idea más abierta, más libertaria del fenómeno. Los años nos han enseñado que la autogestión es saludable y eso no supone ningún riesgo a la organización. Fulano puede discrepar en determinadas cosas. Si un tipo es un líder en determinada zona, que está funcionando correctamente, lo que hay que hacer es que se quede ahí.146 Lo que hay que hacer es arrimarse a esa persona para darle más material y soporte. La gente pensaba que había que darle más que nada un soporte de tipo ideológico, de pensamiento marxista, de cómo se organizan las cosas. Y yo pienso que el líder natural lo tiene. Y en aquella época pasaba igual, el que lo tenía, lo tenía y el que no, no lo tenía.»

Otros miembros del MLN vieron en el sostén al FA la posibilidad de superar el aparatismo. Cuando a Yessie Macchi se le pregunta si apoyar a la coalición de izquierda significó pasar a una etapa más defensiva, contesta algo que ayuda a comprender el debate interno en la organización:

«El apoyo nuestro al FA no fue porque se pasara a otro plano de resistencia, fue porque pensamos que ya estábamos en condiciones de ampliar muchísimo más las bases sociales de la revolución y que una forma de hacerlo era mediante una acumulación de fuerzas que significaba el FA. El 26 de Marzo en cierta forma nos representaba. Eso no significaba un cambio de estrategia, al contrario en aquel momento ya estaba planteado la alternativa de poder, estábamos en una etapa en que nos considerábamos totalmente enfrentados al estado y con alternativas muy serias de tomar el poder; el FA en 1971 no podía ganar las elecciones pero sirvió para acumular fuerzas.»

Cierto aspecto del planteamiento de Yessie Macchi fue lo decidido en junio de 1967, en la 1ª Convención, dónde se concluye que «en el Uruguay lo decisivo para el futuro es la apertura de focos militares no políticos. Se va del foco militar al movimiento político». Y en la práctica lo que pretendieron hacer los tupamaros fue adaptar el foquismo militarista a las realidades políticas, características e idiosincrasia de los habitantes del Uruguay. Y afirman que eso lo consiguieron con la tesis del doble poder. Fenómeno que permitió superar la contradicción entre lo político y lo militar, entre los que veían primordial, la conquista de las masas y quienes veían más urgente el enfrentamiento armado con el régimen. Debate que se da a lo largo de toda la trayectoria del MLN en esos años y una de las formas de llamarlo fue ¿partido o foco? Esta discusión, en diciembre de 1970, alcanza su más alto grado de enfrentamiento teórico. Por un lado estaban, principalmente, los defensores de la visión leninista del partido, y por otro, los de las tesis foquistas de Guevara y Debray. La tendencia partidista privilegió, como tarea del momento, la construcción de un partido, con base obrera, al cual estaría subordinado el brazo armado. A este sector, más influenciado por la tradición marxista, se le denominó «partidista» o «cartilla», en referencia a una circular o cartilla que se había difundido antes de las escisiones. Varios de sus adherentes fundaron el grupo FRT.
Con respecto a la otra gran crítica que se le hace al MLN, el militarismo, Garín explica:
«En la Columna del interior, donde la promoción de los cuadros se hacía por respeto a su formación, a la visión que tuviera de la vida, de la revolución, de los campos y del Uruguay y en base a todo eso, y a su trayectoria, se hacía una promoción, era casi imposible infiltrar un milico, porque un milico no tiene valores. Pero en las columnas de la capital, donde primaban las desviaciones militaristas, fue fácil infiltrar a un milico. Porque el milico [estaba más que preparado] para ir a asaltar bancos, como íbamos nosotros que teníamos una protección enorme y un seguro de vida. Un tipo que participara en las acciones militares podía llegar a la dirección más fácilmente que en el interior, donde estaban los cañeros, los obreros de Juan Lacaze, de Paysandú y se hacía una valoración de las personas antes de darles responsabilidades, y no se daban de un día para el otro. La carrera de los cuadros, en la columna de la capital podía darse en jóvenes de secundaria con dieciséis años que estaban en los comandos. Y preguntabas “¿por qué está este niño en el comando?” y te contestaban “estuvo en tal lado, en tal otro, mató a este y al otro”. A partir de eso se promocionaban los cuadros. Esto nos llevó a una problemática interna y a dos tendencias. La tendencia humanista del interior y la tendencia militarista de Montevideo. La Columna del interior se llamaba a la del norte del río Uruguay y hacia el sur de ese río, e instalada en Montevideo, estaba la otra. Estaban dirigidas, por ejemplo, en una época determinada, la primera por Sendic y la otra por Marcelo.»
Pero sería injusto afirmar que toda la columna de la capital, nutrida sobre todo por estudiantes, era la militarista y, quizá también y como algún dirigente ha hecho, que la dirección era mucho menos militarista que las bases. En realidad no había tanta división, o al menos no sólo dos –interior-capital, dirección-bases, viejos-jóvenes–, había un cúmulo de contradicciones y tendencias mucho más compleja, que también se analizan en los apartados en los que se habla de lucha armada-elecciones: la falsa disyuntiva. Ya que como escape al aparatismo y militarismo, las fórmulas tendían, más que a la extensión de la acción directa y la radicalización proletaria, al trabajo electoral y sindical, lo que para algunos testimonios significaba claudicar con el reformismo, el pacifismo y el populismo.

IV.3.7. Ofensiva y derrota147

En unos años en que no sólo los tupamaros, sino gran parte de los luchadores sociales, pensaban que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, se veía necesario acelerar el proceso transformador, por eso a principios de la década del setenta varios eran los miembros y documentos del MLN que decían: «Debemos pasar de la actual etapa a una superior de guerra generalizada, de insurrección popular». En diciembre de 1971, una vez finalizada la tregua electoral, se pretende pasar a la tercera etapa, la lucha armada al más alto nivel y la formación del ejército de liberación nacional. Según Fernando Garín, ese hecho fue un error y en la entrevista enumera las limitaciones del MLN y apunta las causas de su derrota militar:
«En determinado momento se saca un documento sobre el acostumbramiento del pueblo a las acciones de los tupamaros; y que se debía pasar a otra etapa. Y ahí viene la arrogancia de la organización. Donde se declara la guerra. Con unas fábricas de armamento que eran arcaicas, con un aparato militar que era militarista pero que no conocía nada de la guerra ni de lucha. Sólo tenían a jóvenes que venían de la universidad o de escuelas secundarias, que robaron un día diez televisores y otro asaltaron un banco; y a partir de esos niños hicieron “cuadros militares” y todo eso se resquebrajó el primer día que las fuerzas armadas se pusieron al frente de la lucha contra la guerrilla. Porque de un lado había un estado con una preparación militar y accesorios y por otro un grupo de aventureros que confundió su voluntad con la realidad.
–Quizá pensaron que todos aquellos que apoyaban a la guerrilla urbana iban a agarrar los fierros y no fue así.
–El 26 de Marzo, –sigue Garín– fue gente que nos apoyó en momentos difíciles, que se jugó la vida en gran parte. Pero nosotros contábamos con que esos eran soldados para hacer la guerra y en eso nos equivocamos. Porque toda esa gente, profesores, cantantes, y artistas, no estaban preparados ni mental ni materialmente –tampoco estaban formados– como para dejar, como dicen Los Olimareños, su familia, sus amigos y sus bienes en nombre de las ideas. Cuando cantaban, sí apoyaban la lucha pero cuando llegó el momento de jugarse el todo por el todo, ellos sabían que no podían tomar las armas e ir a la guerra contra los militares.
–¿Vos vistes de antemano que era muy superior la fuer za de los milicos?
Solamente con lo que yo conocía de los fusileros navales podían haber acabado con toda la guerrilla –contesta Garín quien, volviendo al tema del militarismo y apuntando también a un elemento que facilitó la ofensiva de 1972, añade–. Tengo una gran responsabilidad en todo este problema catastrófico porque cuando empecé a simpatizar con los tupamaros, éramos un grupo como las Brigadas Rojas, armado, dividido y compartimentado, pero con pocas armas. Las armas que teníamos eran las que un día le sacábamos a un policía o un coleccionista. Pero nadie tenía armas. Entrenaban con palos de escoba, con tiro al seco. Después, un día, tomamos el cuartel de la marina, y proféticamente, cuando teníamos todos los milicos en el patio de armas, Juan Ventín dijo ”bueno ahora tenemos armas pero nos falta pueblo”. Porque habíamos robado una cantidad de armas, más de setecientas, buenas y no tan buenas. Las armas se dividieron por columnas y las columnas entraron en una dinámica desde punto de vista militar. No se miró tanto el reclutamiento, y quién es este y de donde viene, la formación, y el padre qué era, sino la necesidad militar [de gente para los comandos] para comprar locales y autos y documentos y viajar. Se crean grupos de acciones, uno de los viejos, por ejemplo, con tres nuevos. El viejo tenía un año, los dos nuevos tenían dos meses. Ahí viene todo una deformación militar, de cuadros nuevos, legales o no legales. Se hace todo un culto al fierro. Había tipos que nosotros decíamos que tenían un fierro atravesado en la cabeza, y era así. A partir de un análisis militar analizábamos la historia, y así analizaban la URSS, Vietnam, Cuba, y así creían que se solucionaban las cosas. A partir de un grupo de acero, preparado magníficamente, militarmente, [como muestra Costa Gavras –dirá en otra parte de la entrevista–]. Pero no estábamos preparados. Y digo que hay una gran responsabilidad en mí, porque sino hubiera pasado este asunto de la marina, este movimiento hubiera quedado en la humildad. Y se hubiera agrandado en la autocrítica, el análisis y las ideas de gente joven. Pero eso fue una inyección artificial que multiplicó por diez, el accionar militar de la organización con gente que no sabía operar. A partir de todas esas acciones fáciles, de asaltos a bancos o matar a un milico, se considera que es el momento de pasar a otra etapa superior. No todos los dirigentes estuvieron de acuerdo en lanzar la guerra, y no todos los cuadros tampoco. Había una gran cantidad de compañeros que conocían profundamente la organización que estaban callados y desmoralizados, porque cuatro se permitían el lujo de lanzar una guerra en nombre del pueblo, cuando a nosotros para hacer la lucha armada no nos seguía nadie.
–¿Pensaron además que los soldados se iban a pasar de su lado?
–En la marina estaban contra Pacheco, eran más de Wilson. Pero una cosa es esa y otra es que estén con la guerrilla. El 90 por % votaban a la derecha, los soldados, los oficiales votaban a Wilson. Algunos que estaban más informados votaron al FA pero ni lo decían.»
Como se explica en el apartado «Guerra interna», desde enero de 1972, los tupamaros desarrollan planes y acciones previas para el día de la batalla final: lucha armada sistemática, planteada para fin de año. Pero el 14 de abril, tras dar muerte a los cuatro miembros de los escuadrones de la muerte, las fuerzas conjuntas desencadenan las hostilidades bélicas. Mujica habla de la complejidad del operativo contra los grupos paramilitares, pues si bien le parece justo ajusticiar a cuatro torturadores y asesinos impunes, eso les llevó al combate directo con los guardianes del régimen.

«Tuvimos dos posibilidades, el enfrentamiento contra los escuadrones, una guerra policial y sucia que nos relegó de la gran guerra. Sin apoyo popular marchás. Tendríamos que haber tomado territorio. Nos preocupamos por la guerra chiquita, porque le dieron a un compañero, y no tuvimos en cuenta la gran guerra, no nos preocupamos por ejemplo que teníamos el cuartel de artillería en la mano, capitán y sargento y todo lo demás, y medio pueblo del Cerro y la Teja […]. Nuestra historia es como acumular capital rápidamente y como es fácil despilfarrar […]. A determinada altura nos quedamos sin estrategia […]. Vos no podés procesar acciones armadas que incentivan al enemigo, que lo asustan, que lo obligan a ir a una batalla en la que o ganás o te ganan.»148

Garín también dice que en vez de entrar en la «pequeña guerra» con las fuerzas del orden tendrían que haber realizado otro tipo de operaciones.
«Cuando hay un conflicto en una fábrica, en huelga hace seis meses, porqué no agarramos a un patrón y ya. Pero por ejemplo, matar a los cuatro jefes del escuadrón de la muerte que bien muertos están…, es un problema entre los militares y nosotros y no del pueblo. A nadie que trabaje en una fábrica va a ir el escuadrón de la muerte a buscarlo. Es un problema entre dos poderes.»

Sea como fuere, lo cierto es que en 1972 los tupamaros se vieron enfrentados plenamente a las FFCC y que a fines de ese mismo año ya habían sido derrotados. La guerra duró siete meses, pero las primeras semanas revelaron que el MLN era una organización político-militar mucho menos sólida de lo que se creía y que los militares estaban mucho más preparados de lo previsto.
Se pensó en una retirada estratégica para preservar los cuadros y las armas para cuando hubiera mejores condiciones. Algunos de los fundadores presos recomendaron a los que estaban libres que salieran del país. Pero éstos no estaban dispuestos a abandonar territorio uruguayo, a sus compañeros en presidio ni a ese pueblo por el que tanto habían luchado.
Y fue entonces, en plena derrota, como tantísimas otras veces, cuando la gran mayoría de los miembros de la organización demostraron el sacrificio, y entrega, al que estaban dispuestos. Concretamente, cuando la dirección rechaza la propuesta para la paz por parte de las FFAA, que incluía, entre otros reclamos, la entrega de las armas. Huidobro, encargado de las negociaciones dentro de prisión, recuerda:
«También nos trasmitió la resolución fría y calculada de la dirección: caer peleando. Resolución que va a ser cumplida cabalmente por los tres: Raúl. Marenales y Engler. Hoy [menos Sendic] están vivos por una cuestión de centímetros de puntería. Nada más.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Los sabía y se sabían prácticamente autocondenados a muerte porque ninguno ignoraba la gravedad de la situación: la virtual derrota militar del MLN.
Se adivinaba el mismo espíritu de sacrificio total en los compañeros que, junto a ellos, continuaban la lucha. […] Desde ese momento traté de convencerlos, y los demás compañeros presos me acompañaron en el propósito, de que se fueran. De que se replegaran y replegaran todo lo que quedaba. De que en ellos y con ellos estaba vivo el MLN.»149
Pero como menciona Huidobro, Raúl Sendic y los otros componentes de la dirección les contestaron que estaban dispuestos a replegarse, pero en el interior del país y no en el extranjero. Tiempo después eran gravemente heridos y detenidos.
En ese entonces, la derrota era un hecho. El aparato militar centralizado apenas lo componían cuarenta personas y había un montón de militantes clandestinos o legales, sin posibilidad de contactarse entre sí. Debido a la compartimentación muchos quedaron colgados. Éstos mismos, o militantes de otras organizaciones, sobre todo del 26 de Marzo, pintaron en las paredes frases en apoyo a los tupamaros, ofrecieron casas y locales para que los requeridos se cobijaran allí.

IV.3.8. El accionar tupamaro

«Un día de lluvia, cuando estábamos presos, el Bebe decía en un papelito, “no hay que confundir bulla con propaganda” y ponía como ejemplo “si secuestramos al Papa se arma una bulla en todo el mundo, pero eso no es propaganda, nos vamos a echar encima el odio del universo católico”.»150

La propaganda armada de los tupamaros se basaba en grandes operativos como secuestros de personas odiadas por los oprimidos; desenmascaramiento de instituciones y financieras que evadían impuestos; sabotajes a empresas; copamiento de medios de comunicación, acciones de pertrechamiento y represalias a integrantes de las fuerzas del orden. También colocando autoparlantes, repartiendo volantes en fábricas y autobuses, copando cines durante la función y leyendo proclamas. Como grupo ilegal nunca fueron con pancartas de la organización a las manifestaciones, a lo sumo iban –fueran clandestinos o «legales»– a título personal, como un manifestante más.
Las acciones eran muy diferentes que la de las guerrillas rurales pues no consistían en tomar territorios. El MLN hizo muy pocos operativos de guerrilla como en Soca y Pando.151 La dirección histórica, sin embargo, no acepta como justas las críticas y manifiesta –en referencia al militarismo– que lo principal en esa época seguía siendo la consolidación de la organización y no el trabajo entre las masas. A pesar de esto hay que decir que siempre tuvieron en cuenta la aceptación de sus acciones por la masa trabajadora. En varios de sus manifiestos aseguraban que no podía existir una guerrilla sin apoyo popular, de ahí que ésta tuviera que tener objetivos esencialmente políticos, es decir una concepción estratégico-política.
Como cuenta Yessie Macchi, el aparato armado del MLN no cesó nunca en su empeño de buscar el apoyo popular.
«Hicimos propaganda en los sindicatos, tomábamos fábricas en conflicto, les explicábamos el motivo de nuestra lucha, apoyamos conflictos, mediante acciones militares también. El más destacado fue el secuestro del banquero Giampietro, cuando el conflicto bancario del 1969,152 o un poco más atrás el secuestro de Pereira Reberbel cuando la militarización de UTE.
–¿Y la financiación de una huelga?
–No, apenas nos financiábamos, apenas comíamos en aquel momento.»153
La mayoría de las acciones de los tupamaros tuvieron en cuenta los criterios de la dirección.
«Debemos hacer una distinción clara entre el significado que tiene para nosotros la propiedad burguesa y la propiedad de los trabajadores, los pequeños comerciantes y pequeños productores. Debemos proceder con absoluto respeto y, cuando por razones de fuerza mayor, nos vemos obligados a utilizarla, debemos crear para ello un mecanismo de reintegro […] Se tomarán especiales precauciones para no afectar vidas humanas al concretarse este tipo de acciones [sabotajes].»154
«El Bebe siempre pensaba en el valor político de la acción –explica Mujica– […] estábamos contra el explosivo, porque da la imagen del terrorista.155 La mínima violencia y simpática. Eso complicó porque es difícil desarmar un milico sin matarlo –la preocupación de que le tenías que salvar la vida– ¡y hermanito!, sacarle el fierro a un tipo que va armado, te complicaba todo. Si vos ibas a lo mejicano y le encajabas un tiro era facilísimo.»156
Hasta la distribución de panfletos, mediante pequeñas cargas de pólvora de acción retardada, fue abandonada por la mala prensa que tuvo en una ocasión que se activó al lado de un vendedor ambulante, al parecer, sin ningún riesgo.
El explosivo, siempre fue motivo de debate en el MLN. En la época que más se empleó fue a fines de 1970, cuando se llevó a cabo el plan Cacao que consistió en atentados contra domicilios y empresas de grandes burgueses. Tras la muerte de dos tupamaros, una parte de la dirección histórica realizó una severa crítica y se abandonó el plan.
Las acciones tupamaras de gran contenido político causaban sensación pues denunciaban al régimen de una forma clara y directa. El 7 de agosto de 1968, cuando secuestran a Pereira Reberbel, un tipo odiado por ser claro representante de la oligarquía y el causante de la muerte de un canillita (vendedor ambulante de periódicos), crecen las simpatías hacia la organización. Una encuesta de la Universidad señalaba que el 40 % de personas comprendía y apoyaba el secuestro. Este mismo personaje, director de la compañía eléctrica, –según cuenta Juan Nigro– en momentos en que los precios de los bienes de consumo subían día a día, declaró que con el sueldo mínimo que pagaban en su compañía una familia de empleados podía vivir sin problemas. Los obreros hacían huelga para protestar por el miserable salario que tenían. Y él, con el habitual tono del patrón, los intentaba convencer que, con un poco de sacrificio y una buena administración del salario, podían vivir perfectamente, así que no tenían porqué quejarse. El MLN decidió que él demostrara personalmente cómo se podía lograr sobrevivir con dicho sueldo. Lo secuestraron y le dijeron que iba a subsistir un mes con el sueldo mínimo de UTE. Al empezar el día, el director hacía una lista encargando que le compraran lo que necesitaba: hojas de afeitar, papel higiénico… También debía optar entre una carta con comidas riquísimas y platos muy baratos. Evidentemente, el director, para no morirse de hambre, elegía la comida de subsistencia, pero a pesar de eso, al poco tiempo, se quedó sin qué afeitarse y sin ningún entretenimiento, libro, diarios, etcétera.
Siguiendo con algunas de las más famosas acciones tupamaras, otro testimonio explica el copamiento de un medio de comunicación: Fernando Castillo recordará toda su vida el partido de la final por la Libertadores entre Nacional y Estudiantes de la Plata –jugado en 1968 en un estadio Centenario a rebosar– porque el MLN copó radio Sarandí y emitió una misma proclama seis veces, una media hora, en la que advertían que habían dejado minada la entrada de la emisora. «Ya nadie seguía el partido. La gente escuchaba el informe de los tupas». La cinta se fue repitiendo hasta que la policía la paró. Solé, el comentarista deportivo que estaba en el estadio retransmitiendo el match, al ver que ya nadie lo escuchaba se indignó. Pero cuando se enteró de que los tupamaros habían dicho que eligieron esa emisora porque él era el mejor locutor y el más escuchado del país, no tuvo palabras de rencor hacia ellos «estos muchachos…» decía como disculpándolos.
Fernando Garín cuenta la operación Las brujas, detallada en Actas Tupamaras. Consistió en el robo del oro de una caja fuerte que para abrirla requería de cuatro llaves distintas, cada cual en poder de una persona diferente. Los miembros del MLN decidieron, entonces, presentarse en la casa de los que tenían las llaves para que los acompañasen a la caja, mientras otros integrantes del comando se quedaban con la esposa y los niños. Con los primeros tres no hubo problemas pero el cuarto no estaba en su domicilio sino en una recepción. Decidieron disfrazarse de policías e interrumpir su asistencia a la reunión social.
–Su mujer ha tenido un accidente de auto.157
–¡¡¡En auto!!! ¿Y con cuál? –Le dijo el sujeto seguro de haber venido él con el coche familiar.
–No sé, tiene que venir a declarar –le contestaron los «policías» que poco después abrían la caja fuerte.
Esta operación muestra la poca violencia con la que generalmente actuaba el MLN, en una época en que cuando alguien paraba un coche como pidiendo auxilio, ya se pensaba que serían tupamaros.
«Nunca vi gente más cortés que los tupamaros con las acciones –apunta Garín–. En los atracos o cuando te perseguían y tenías que apretar un tipo con el revólver para sacarle el auto seguías siendo cortés.
–¿Y la gente cómo respondía, atemorizada o tranquila?
–La mayoría bien. Una vez una señora se desmayó cuando vio que eran los tupas pero en general nadie se resistía. Mismo los milicos cuando le ibas a sacar el arma. Le decías “¡tupamaros, quedate quieto!”. No se resistía. Muchas veces me pregunto qué hubiera pasado si se hubiesen resistido, a veces eran niños de dieciocho y diecinueve años, con un revólver que no sabían ni tirar.»
Como se ha repetido, mientras evitaron los muertos en sus acciones el apoyo de la población fue grande, pero cuando empiezan a producirse víctimas mortales muchos le retiraron sus simpatías. La muerte de Mitrione, a pesar de que algunos pensaban que estaba más que justificada, fue una de las primeras en restar apoyo.158 También el asesinato de un agente al subir a un ómnibus al que se vio pisando a un tupamaro moribundo en los sucesos de Pando.
Las estadísticas sobre el accionar del MLN son confusas. Acto seguido se presenta una, elaborada por la reacción que esboza la envergadura de la actividad guerrillera en el Uruguay.
«Entre 1967 y 1973, la organización guerrillera asaltó incontables ciudadanos, ochenta agencias bancarias y cerca de doscientos establecimientos comerciales, robando más de diez millones de dólares. Practicó un número superior a trescientos atentados con bombas contra particulares o instituciones, sostuvo centenas de enfrentamientos con las unidades tácticas de las fuerzas armadas y policiales, secuestró numerosas personas y asesinó diez civiles y cuarenta militares y policías.»159

Aunque los tupamaros realizaron la mayor parte de sus acciones en la capital y alguna ciudad del interior, también desarrollaron un plan para la resistencia en las zonas rurales que se denominó el Tatú, por el animal que en lugares de América recibe ese nombre y en España el de armadillo. El objetivo era crear una cadena de tatuceras («madrigueras») de dos metros cuadrados, más alguna galería para guardar armas y alimentos cerca de los centros de operación, para golpear y desaparecer, y sobre todo para trasladar allí a los tupamaros que se preveía que se fugarían de la cárcel de Punta Carretas. Traían yerba, tabaco y galletas de la ciudad pero se abastecían de ovejas que perseguían y mataban con un cuchillo y, en alguna ocasión, con rifle. Almacenaron reservas y sazonaron la carne con ceniza cuando no tenían sal.
Entraban a estancias para expropiar a terratenientes;160 recorrían los caminos y los alrededores de las pequeñas poblaciones para hablar con la gente y hacer trabajo político.161 Uno que corta caña, otro que los lleva en coche…, se interesan por la insurrección, pero la mentalidad que tenía gran parte de la población del interior del país y el despoblamiento general hacen que el discurso tupamaro no llegue a cuajar. Este fenómeno, sumado al poco abastecimiento que ofrecían los montes, causando anemia en algunos de los combatientes, provocó que ese plan fuera abandonado por otros más urbanos.
«A los seis meses de existencia, la experiencia del Tatú era incierta: en algunos lugares la represión no dio tiempo para asentar los grupos. En Rivera, el Jota Jota Domínguez fue detenido a poco de iniciar el trabajo de apoyo en la ciudad. El Cholo González, en cambio, logró mantenerse casi un año en Tacuarembó, sobrevivió hasta octubre en los montes, primero en un campamento del arroyo Tranqueras: “Cuando crecía y nos aislaba, comíamos boniato”, cuenta el Cholo. Logró salir, sigilosamente, de varios cercos: “Cuando nos metían los helicópteros, nos quedábamos en el monte y los milicos no entraban”. Estuvieron quince días en una zona de bañados en Tacuarembó. “Salíamos a carnear con el agua por la cintura, hacíamos fuego con las hojas secas de los árboles y cuando se venía la crecida, construíamos una tarima con ramas.” Hubieran podido seguir así, pero no tenían contacto con Montevideo. Cuando uno de los integrantes del grupo desertó, fueron bajando hacia Montevideo, de monte en monte, de cerro en cerro, de chacra en chacra, sin ser detectados. Diego Picardo se instaló en Treinta y Tres, después del Abuso. Con su grupo construyó tatuceras en el Cebollatí y se movía en campamentos seguros. A pesar de la concentración de peonaje en las arroceras y de los antecedentes de organización sindical, el grupo no logró hacer base social. “Carneábamos, teníamos abrigo, nadie sabía dónde estábamos. Pero se nos había cortado el contacto con la orga. No bancamos el aislamiento y salimos a la carretera. Caí cerca de Rocha.”»162

Como síntesis del accionar de los tupamaros, se copia la frase con la que muchos –entre ellos Real de Azúa– los definieron: «políticos con armas».
Si bien fueron muchas las acciones llevadas a cabo por el MLN, hubo otras que se pensaron e, incluso, llegaron a iniciar pero que no pudieron finalizar. Algunas hubieran incidido, aún más, en la historia nacional, otras hubieran aportado más elementos de originalidad a la leyenda tupamara.
Se estudió la posibilidad de incautar las reservas de oro del país, depositadas en el Banco Central de la República. Para ello una maestra de escuela llevó a sus alumnos allí de visita, antes de ir al Zoo. A dos de los alumnos más aplicados les propuso un juego: contar todos los policías, teniendo en cuenta que los numerosos espejos los despistarían. Con esa información se llegó a elaborar un mapa, pero finalmente se desestimó el gran golpe por la imposibilidad de llevarlo a cabo sin tiroteo y víctimas de por medio.
Otra acción muy importante hubiera sido concretar el plan El Magnífico que consistía en secuestrar a Bordaberry, tras ser electo presidente y justo antes de asumir la presidencia.163
Para Mujica liberar a los cañeros presos, al principio de la trayectoria tupamara, fue una de las acciones que no pudieron hacer y que más le hubiese gustado. Pero aclara que «tal vez si lo hubiéramos podido hacer no hubiera tenido las repercusiones que tuvo al no poderse hacerla. Las explicaciones de porqué no la pudimos hacer en gran medida tiene que ver mucho con el origen del MLN» pues en el balance del fracaso se establecieron las pautas (formas de organización, disciplina y dedicación) del futuro de la organización.
Garín piensa que quizá la operación más importante planeada que no pudieron hacer fue el secuestro de alguien mucho más importante que Mitrione:
«El responsable de todo el Cono Sur, de todas la operaciones de la CIA. Tenía papeles de Paraguay a nombre de Caliendo o algo así.
–¿Y el embajador de USA en Montevideo iba a verlo, no?
–Era el súbdito de él. O sea que en vez de ir este tipo a la embajada tenía que ir el embajador a su casa. Y estaba camuflado en Uruguay. No sé que cobertura tenía. Antes vivió en Panamá.
–¿Por qué fracasó el operativo?
–La operación la montaron y el tipo no salió de la casa ese día, capaz porque estaba al corriente o porque justo ese día se engripó.»

IV.3.9. Asalto al Centro de Instrucción de la Marina

En la historia del Uruguay esta acción, perpetrada el 29 de mayo de 1970, fue importante porque antes de ella, los tupamaros tenían alrededor cien armas y después como dijo el propio presidente con mucho pesar: «Se puede afirmar que ahora tienen unas mil armas».
Este operativo ilustra a la perfección el famoso estilo tupa de los mejores momentos: atacar un cuartel con más de sesenta soldados en su interior sin pegar un sólo tiro, utilizando como armas el espionaje, la destreza, la inteligencia y la perfecta sincronización.164
Fernando Garín, el hombre clave de esta acción que permaneció infiltrado en la marina aproximadamente dos años para poder realizarla, tras advertir que daría solamente los nombres de los que no están vivos,165 cuenta cómo prepararon y llevaron a cabo el robo de armas del cuartel.
«A las dos menos cuarto de la mañana, me llama el dirigente de la Columna del sur para confirmar si hacíamos la acción. “Se hace la fiesta con tu hermano…” Le dije que sí. Muchas veces había llamado antes y estaba todo preparado y le había dicho que no, porque a último momento había cambios. Entonces se viene un camión cargado de gente armada y se pone en la calle Buenos Aires. Después de que colgué el teléfono le dije al cabo de guardia:
–Van a venir dos oficiales de inteligencia porque encontraron a un tipo en la Ciudad Vieja, uno de la marina, que armó lío– eso era común.
–Bueno, sí– contesta él.
Nadie le dio pelota. Después, quince minutos, llega un Ford con tres compañeros. Entonces le digo al centinela:
–Éstos vienen al servicio de inteligencia– y hago pasar a uno, al jefe de la columna del sur y el otro se queda en el carro. Entonces el que está en el auto le dice al centinela:
–Viene una pareja.
La pareja es Raúl Bidegaín y otra muchacha [Yessie Macchi quien recuerda que “simulamos ser una pareja de enamorados que se estaba peleando porque él quería llevarme a un hotel, por lo que intervino la ‘policía’ (un auto con dos compañeros disfrazados) y pedimos para hacer una llamada telefónica a mi supuesto padre, al guardia del CIM que observaba todo desde el portón. Éste accedió y así se abrió el portón, donde irrumpimos rápidamente para desarmar al guardia y arrestar al comandante del CIM que estaba en la cama con una mina”].
Los centinelas de arriba no veían para abajo, no se puede ver. A partir de ahí, llega el camión, entra por la puerta. Voy con Sendic a buscar al cuartelero, arriba. El tipo está con el fusil. Primero me acerco yo soloy le digo “te vengoa relevar, teléfono”.Y [cuando me sitúo mejor] le digo: “tupamaros”. Empezó a forcejar, le puse la pistola y casi se cae del susto.
Del camión descienden ocho, toda gente que sabía donde estaban las llaves y las armas. Cuando nosotros terminamos de subir prendí todas las luces. Otro sustituye al centinela. Ahí se dan cuenta que yo estaba en la cosa.
Vamos a buscar al oficial de guardia que estaba durmiendo:
–¡Oficial!
–¡Déjenme tranquilo!
Estaba en calzoncillos y así lo llevamos al patio de armas.
Después con cuatro fui a la enfermería, con otro a la radio. Esa gente sabía que estaba de guardia, me veían todos los días. Le dije algo, no sé, algo como “traigo este telegrama”. Después voy a buscar cinco más y fuimos al casino a donde estaban jugando al truco. Y ahí ocurre la anécdota, que abrimos la puerta justo cuando se había pedido la falta y Bidegaín dice “38” [“aquí gané yo: tengo 38 –en honor a su revólver– y somos tupamaros”]. Después vamos al arsenal.166
Nadie podía entrar, había una contraseña, dormían tres adentro, les había comprado whisky y vino y habían estado chupando. Golpeé y golpeé hasta que abrieron:
–Soy yo– dije la contraseña y entramos todos [al grito de] “¡Tupamaros!”
Los pusimos todos en el patio de armas, unos sesenta [la mayoría en calzoncillos]. Nosotros éramos veintiuno o veintidós, toda la dirección, casi toda Columna del Sur.
Y empezamos a cargar todas las armas: granadas, fusiles…
–¿Y archivos?
–Eso no interesaba, había otros que se ocupaban de eso.167
Ulyses Pereira Reberbel había traído unas cajas de armas, aquellos Chifs que eran revólveres pequeños calibre 38 con destino a los grupos de extrema derecha.
Cuando metimos a todos en el calabozo,168 cargamos el camión y se fue. Le teníamos que dar una o dos horas para salir de Montevideo, cambiar la carga de vehículo y que los compañeros se fueran en autos. El camión lo cambiaban en Santa Lucía, volvía a entrar a Montevideo, agarraba para Minas… Nos quedamos cinco ahí. Varios de guardia y yo en el teléfono y radio. Si llamaba alguien había que saber qué decir.169
Una de las compañeras que estaba vigilando a los presos [Yessie Macchi]. Le pregunta al cabo:
–¿Qué hora es?
–Las tres de la mañana –contesta. Y ésta le dice:
–A esta altura ya están todos los cuarteles tomados.
Y uno de los milicos se dirige a los oficiales y les grita:
–Hijos de puta, ahora la van a pagar. Y éstos le ordenaban:
–Cállese la boca.
–Yo no me callo nada, ahora el pueblo está en la calle. Ustedes perdieron el poder, hijos de puta.
–¡¡Cállese la boca!!
[¿Y por qué no se llevaron a ese soldado con ustedes?] A mí me preguntaron, pero dije que no. Tomaba.
Cuando estaba en el teléfono llegan dos de las fuerzas especiales que se habían ido con mujeres. Se habían medio escapado. Venían de civil, y ahí no se puede entrar de civil, entonces le preguntan al compañero que estaba de guardia [disfrazado de centinela] y al que yo le había enseñado a saludar:
–¡Chzzz! ¿hay bulla?
–No, entrá no pasa nada –entran y le dicen:
–¡Tupamaros!
–¿Qué pasa?
–¡Tupamaros!
–Los estaban esperando siempre hasta que vinieron –les dije yo.
A las cinco de la mañana, nos vamos con un coche de la marina, los fierros que teníamos los metemos en una valija y los pasamos a otro auto. Y ahí entramos a un local, donde viví mis primeros días de clandestinidad, frente a una comisaría. Me pinté el pelo y el bigote de rubio. Ellos no tenían foto mía porque había pedido a quienes pudieran tener que las tiraran.170 Después cada columna recibió sus armas,171 se las dieron a los grupos, escondieron y enterraron otras. Hasta tal vez hoy hallan cosas enterradas.»172

Hay que aclarar, una vez más, que Garín no fue un militar que se pasó a filas tupamaras, fue un luchador social que odiaba a la miliqueada pero que tuvo que infiltrarse en filas enemigas para preparar ese operativo y facilitar otros gracias a su tarea de contraespionaje. Es lógico, no obstante, que desde los sectores populares se haya cantado victoria diciendo que un soldado se pasó al contraejército popular.

«Ahí tenés el ejemplo del marinero Garín. Él estuvo cuando por órdenes superiores tuvieron que apalear a los compañeros de UTE el año pasado. Pero su amor por el pueblo se impuso a la necesidad de ganarse un sueldo “aunque fuera de marinero”. Y eso es todo un índice en los tiempos que corren.»

Explicaba en la época, 1970, un bancario a un entrevistador del periódico Tierra y Libertad. Sorprende no obstante que después de tantos años hayan historiadores y periodistas que sigan manteniendo esa falsa teoría.
Un caso claro de derrotismo fue el borrachín que increpó a los oficiales aprovechando el balance de fuerzas proletarias. Su caso se hubiese hecho famoso si él hubiera pedido el ingreso al MLN y si los tupamaros, pese al enorme riesgo, hubieran decidido llevarlo consigo.

IV.4. LOS SINPARTIDO

«No te olvides que es siempre un poco falso decir “el militante de tal orga”. La gran mayoría militó en varias organizaciones o bien hizo más por la revolución como militante “sin partido”, en estructuras de base, de fábrica, de estudios, etcétera o en verdaderos grupos de conspiradores informales.» JUAN NIGRO

Varios de los protagonistas manifiestan que lucharon sin la estructuración de un partido o grupo político. Afirman haber estado organizados, pero en coordinadoras, asambleas o comités. No pertenecían a una agrupación en concreto, por eso recibieron el nombre de militantes independientes. Hay que hacer la salvedad de aquellos que algunos que se presentaban de esta manera y en realidad integraban un grupo, escondiendo su afiliación. A veces, la barrera sobre la pertenencia o no a un grupo, no era tan clara. En aquel período fue común dar apoyo logístico –casa, coche, información– y económico, a grupos afines; pero de los cuales, por varias razones, se prefería no formar parte.
Muchos entrevistados e historiadores destacan la importancia del fenómeno en sus ponencias sobre este período.

«En 1968, nació en Montevideo un extendido y vigoroso movimiento de masas, de ideología predominantemente radical e integración sobre todo estudiantil, que no respondía en conjunto a una organización política determinada, aunque afiliados a los partidos de izquierda, e incluso a los partidos tradicionales que participaban en él. Sin estudiarlo no podríamos explicar los acontecimientos […]. La extrema izquierda se hizo masiva gracias a un estallido espontáneo, influido por la tradición de izquierda pero no encuadrado por sus agrupaciones. Y sin embargo, los jóvenes movilizados en 1968 […] no eran nihilistas en materia de organización.»173

Entre las posibles “ventajas” del sinpartidismo se podrían comentar la autonomía de decisión en la acción y las posiciones políticas; y la mayor dificultad en la criminalización. No se debe olvidar que una de las primeras acusaciones fuertes que se imputaron a los luchadores sociales fue la de asociación ilícita. Precisamente, es en el tema represivo donde también se encuentran las «desventajas» de la militancia independiente. Bravio dice que «era peligroso quedar aislado» y asegura que:
«Los no encuadrados no tuvieron solidaridad, los dejaron en pelotas. Tras la amnistía de 1985 algunos se dedicaron a la rapiña para sobrevivir y los volvieron a poner presos». Aunque lo que cuenta Bravio no fue frecuente, existió algún caso de militante sinpartido, sin compañeros de confianza y con total ruptura familiar, que se quedó solo.
Arocena, hace una síntesis de las ventajas y desventajas de la militancia independiente y plantea que «la partidización tiene aspectos muy malos (divisiones sectáreas, etcétera) pero también es un apoyo. Es un movimiento de gente en el que los militantes de terreno, llamémoslo así, te alimentan de ideas, información y experiencias».
Sin embargo, que los sinpartido fueran algo común en los espacios de resistencia, no duró mucho tiempo. El inicio de la década siguiente mostró otro escenario. Arocena señala el momento en el que el partidismo pasa a ser mayor que el sinpartidismo.

«Los radicales, si bien incluían, con peso creciente a lo largo de los años, gente del MLN u otros grupos, muchos eran independientes; y, como tal, una corriente definida (estudiantil o gremial) pero no partidizada. [Eso sucedió], sobre todo, en el 68. Con el surgimiento del FA, se fue partidizando mucho más. Y a fines de 1971, era muy difícil encontrar un militante estudiantil, activo, que no estuviera además en un grupo político.»

El hecho de que muchos luchadores sociales, en determinado momento, optaran por integrar una agrupación política, no sólo estuvo vinculado al auge de la participación parlamentaria (debido a la formación del Frente Amplio), sino también a la necesidad (ante el incremento de la represión) por organizarse con criterios y compañeros de total confianza. También influyó la visión que consideraba demasiado limitadas las reivindicaciones sectoriales que hacía un gremio o una coordinadora y la carencia de espacios para proclamar, con total claridad, los objetivos revolucionarios. Un conjunto de militantes, posiblemente, acabara por crear un grupo político desde el cual proclamar y practicar la lucha revolucionaria, luego de haber sido criticado en diversos ámbitos. Por ejemplo, en una asamblea estudiantil por el presupuesto, por no haber hablado del «tema de reunión», sino de las repercusiones de la oligarquía y la legitimidad de combatirla por la vía armada; y, en un comité de barrio, porque hablaron de la revolución, cuando los convocantes habían decidido explicar el posible fraude electoral que habían padecido.
Es importante aclarar, de todos modos, que en gran parte de las reuniones de facultades o comités de barrio, los temas concretos se relacionaban con los generales, el aumento del precio del pan con el imperialismo de las multinacionales estadounidenses, y la pegada de carteles con la represión a los sectores populares.
Pero la militancia, a partir del año 1970, si por algo se caracterizó fue por la pertenencia a una agrupación determinada. Al contrario de muchos de los contextos combativos actuales, estaba bien visto ser de un partido, conspirar desde un grupo clandestino e incluso ir a una coordinadora, presentándose como independiente, y hacer trabajo político para determinada organización.
El militar en dos o más agrupaciones políticas, la multimilitancia, fue un fenómeno más extendido que el sinpartidismo. Nora cuenta que hasta 1969 era común la creación de pequeños núcleos que se ponían nombres del estilo Camilo Torres y que incluso se podía participar de ese grupo y del que se formaba en la clase. Después lo normal era frecuentar el comité de barrio, el grupo político surgido en la clase de secundaria o de la universidad y la agrupación política a la que se perteneciera, en caso de Nora el FER y luego el PS.
Buscar el programa político de los sinpartido es, debido a la enorme heterogeneidad que los caracterizó, una tarea inútil. Muchos adoptaron el mismo de la organización a la que consideraban más próxima a sus aspiraciones; otros, el del Congreso del Pueblo y Frente Amplio; y, unos pocos, la crítica al programa de la izquierda en general. A pesar de que éstos últimos fueron minoría, tuvieron su importancia porque, al no estar «casados» con ninguna organización en concreto, buscaron programas diferentes. A continuación se presentan las principales reflexiones de un pequeño sector, que pueden considerarse una crítica al común denominador de los objetivos formales174 de la mayor parte de las organizaciones políticas de izquierda del Uruguay.
«Coinciden en plantear una supuesta revolución “antioligárquica y antimperialista”, “liberación nacional y popular”, “democrática avanzada” y otras variantes similares. ¿Cuáles son las medidas que proponen?: reforma agraria, nacionalización de la banca, nacionalización de los monopolios, control estatal del comercio exterior, moratoria de la deuda externa, etcétera.
Entendemos que todas estas caracterizaciones acerca del “atraso” capitalista del Uruguay son falsas y encubridoras. El Uruguay es un país capitalista, no capitalista “en parte” ni “semicapitalista”. Sus relaciones de producción son burguesas: tanto en la ciudad como en el campo. En la industria como en la producción agropecuaria hay quienes se ven obligados a vender su fuerza de trabajo por un salario (inmensa mayoría de la población considerada “activa”) y quienes, por otra parte, son los propietarios del capital (inmensa minoría) […]. Si acordamos en lo anterior, coincidiremos en que la contradicción planteada es burguesía-proletariado. No es oligarquía y pueblo, planteo éste último que pretende desplazar sólo a un sector de los capitalistas y meter de “contrabando” en el “pueblo” a todo el resto de ellos; perpetuar el actual orden […]. La revolución planteada es socialista, sin ningún tipo de etapas o transiciones, que en realidad no son tales, sino al contrario, proyectos de contrarrevolución. Lo que está planteado es la dictadura del proletariado para la abolición del sistema de trabajo asalariado y no “democracias avanzadas” ni ninguna propuesta de este tenor. Frente al programa del proletariado, todos los demás contribuyen a mantener, de una u otra forma, la dictadura del capital.»175

IV.5. LOS CAÑEROS Y LA LUCHA EN EL MEDIO RURAL
«¡A desalambrar, a desalambrar, que esta tierra es tuya, mía y de aquél!»
DANIEL VIGLIETTI

IV.5.1 CAINSA: feudo, miseria y resistencia

En los años sesenta, Cainsa era un «feudo», desde la carnicería hasta la escuela pertenecían a los mismos dueños. A los trabajadores de esas tierras les pagaban con los famosos bonos (cualquier papel que el dueño tuviera al alcance y lo firmara, entonces muy comunes en las zonas rurales de Latinoamérica) que le servían a los cortadores de caña para adquirir alimentos en el almacén, propiedad del patrón, pero ni siquiera eran válidos para coger un ómnibus y trasladarse a otra zona, en la que nada podrían hacer con aquellos papeles garabateados.
Los proletarios que allí trabajaban, conocidos como cañeros o peludos,176 eran correntinos, riograndeses y artiguenses. Hablaban castellano y portugués o una mezcla de ambos, debido a que cuando la zafra se acababa en Artigas, familias enteras se desplazaban a las arroceras brasileñas o correntinas.
Mujeres y hombres trabajaban por igual en el corte de caña y los niños cargaban todo lo que podían, porque la zafra era una y se cobraba a destajo. Semana tras semana, se sucedían las agotadoras jornadas sobre la negra ceniza de las cañas quemadas que impregnaba a los cortadores que, en pleno invierno, caminaban varios kilómetros para llegar a las aguas del Uruguay o del Itacumbú, donde con un baño desintoxicaban sus poros. Empleaban el facón con suma destreza.
Hasta 1920, en algunas zonas rurales de Uruguay había habido fuertes conflictos sociales, pero desde entonces y hasta mediados de los cincuenta,177 las resistencias colectivas o individuales se contaban con cuenta gotas.178
En ese medio y en los años cuarenta, nace Chela Fontora. Sus padres, analfabetos, cortan caña de azúcar desde que eran niños, a ella como a sus once hermanos les espera el mismo futuro. Empiezan a trabajar entre los seis y siete años y ninguno acaba la primaria «porque antes que el estudio, está el vivir, comer y subsistir» dice ella. Al cobrar por la cantidad de caña entregada, se trabaja sin descanso, en un empleo ya de por sí duro. En el momento de la quema y recogida es imposible no tragar carbón, de ahí que, tras la jornada laboral, los cañeros sigan escupiendo el mineral almacenado en sus cuerpos. Chela Fontora recuerda que algunos días, cuando su familia volvía del trabajo, apenas la reconocía, «estaban todos negros». Pero las palabras de su padre, militante del sindicato URDE, eran inconfundibles: «uno puede ser pobre, pero debe conservar la honra. Esta consiste en no aceptar determinadas cosas del patrón ni de aquellos que lo defienden, en este caso los milicos, que sólo son gente cuando están en el baño». Chela Fontora, a pesar de la escasa formación académica de su progenitor tiene una educación bastante combativa. Su padre, que como ella dice «siempre nos enseñó a diferenciar las clases, quien era el patrón quienes éramos nosotros», no sólo le infunde ciertos valores de rebelión sino otros que van ligados a ella, como la solidaridad. Así, en su casa, como en muchas otras de la campiña uruguaya, siempre que se tenía, se le ofrecía un plato de comida al andante, llegara a la hora que llegara.
Las pésimas condiciones en las que se vivía, y se vive en la actualidad, en los cañaverales y lo insalubre del trabajo, entre otras cosas por el uso de insecticidas, producen secuelas de por vida, provocan alergias y dañan los bronquios. «Todo eso sigue pasando en el día de hoy y no se le da bolilla» afirma Chela Fontora, quién cuenta que: «Cainsa era realmente un feudo cerrado, en el que te encontrabas atrapado». En aquella época, uno de sus hermanos quería salir de aquél lugar para ir al hospital de Bella Unión, y la única manera que encontró para ello fue cortarse un pie.

IV.5.2. ¡UTAA, UTAA, por la tierra y con Sendic!

Chela Fontora, como el resto de sus hermanos, cuando ya es una joven se casa y se marcha del hogar. Se va, junto a su compañero, a buscar trabajo a El Espinillar, departamento de Salto, donde cortará caña y trabajará como niñera y empleada doméstica. Allí, conoce a un hombre, con quien entablará una profunda amistad, que le habla de la mejoras de las condiciones de vida y de los valores fundamentales de la lucha. El hombre, de nombre Raúl y de apellido Sendic, les ofrece su humilde rancho e incluso su misma pieza, para que vivan con él en Bella Unión. «Vos aunque seas pobre tenés tus derechos» les decía como buen conocedor de las leyes.
En Bella Unión, sólo tres meses al año se trabaja con intensidad, cuando se corta la caña y se industrializa. Los nueve meses restantes se realizan pequeños trabajos esporádicos: riegos y circuitos de riego, abonadas, extracción de malas hierbas, empleos que ocupan a pocas personas. Por eso un vasto sector de los trabajadores del lugar parten hacia las cosechas de Río Grande Do Sul en Brasil, sufriendo la separación familiar forzosa. Para evitar esta desunión, otros optan por cazar en los montes del río Uruguay, el Cuareim y el Cairó, hacer carbón de leña, cortar paja, cazar zorros, nutrias, lobos de río, carpinchos o salir en las «avestruceadas» para hacerse con cueros y plumas, que luego venden por unos pocos pesos. En Bella Unión y en todo ese medio, Chela Fontora desarrolla su militancia sindical179 y participa en la primera resistencia importante que ocurre en esos parajes desde la década de los años veinte: la ocupación de la fábrica de Cainsa. Esa acción, como la elaboración de un proyecto de ocupar cien hectáreas «muertas» de la zona, para trabajarlas y hacer una cooperativa, se planeó en las asambleas celebradas cerca de Bella Unión, a orillas del arroyo Itacumbú. Durante la ocupación, algunos de los cortadores de caña se quedan en la retaguardia y otros entran y toman la fábrica. Cuando llegan las fuerzas represivas y rodean el recinto, los cañeros muestran un elemento a su favor: tienen encerrados a toda la dirección fabril. Se viven momentos de tensión por el tira y afloja con los directivos y la presencia de milicos en el exterior.

«Por primera vez los patrones ven que la cosa va en serio –rememora Chela Fontora–. Cuando ves esa maquinaria esa abundancia, esos nuevos escritorios y que [a los cortadores] ni siquiera le pagan con moneda, ves lo difícil que es […] que no agarren a los patrones y los acogoten.»
Hasta para fumar les pedían permiso. Con esta medida radical de protesta, los trabajadores consiguen sus demandas, entre otras, integrar a los trabajadores despedidos.
En 1962, fogueada por esa experiencia y con el entusiasmo de esa pequeña victoria, Chela Fontora, junto a Raúl Sendic y otros compañeros cañeros, organizan la primera marcha de protesta hacia la capital nacional. La consigna principal de la marcha es la aplicación en los cañaverales de la ley de ocho horas que aún no se cumplía, «se trabaja de diez a dieciséis horas» apunta, Fontora. Otras demandas fueron: integración de los compañeros despedidos, pago con moneda nacional y reconocimiento de la mujer y del niño como trabajadores. Estos derechos legislativos eran desconocidos, hasta poco antes de la llegada de Sendic, por la práctica totalidad de los cañeros. El campamento itinerante de los peludos, como se empieza a conocer en todo el territorio a los cortadores de caña, demora meses en recorrer los más de seiscientos kilómetros que separan Bella Unión de Montevideo. En el camino realizan actos informativos. Todo el trayecto, menos un trozo en el que son ayudados por camiones de organizaciones obreras, lo realizan caminando. Por todos los pueblos por donde pasan recogen la solidaridad proletaria para seguir la marcha: alimentos, abrigos y abrazos.
A la llegada a la capital, se dirigen al Palacio Legislativo a presentar sus reclamos. Para los cañeros todo aquello es una novedad. Quedan impresionados al ver trolebuses y discuten si estaban o no colgados de los cables. «Desconocíamos todo lo de Montevideo […]. Conseguimos algunas cosas y volvemos» recuerda Chela Fontora. Cuando vuelven observan que gente pagada por los patrones había quemado sus ranchos, con todas las «miserias» que tenían dentro.180 Enseguida que nace el sindicato UTAA (Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas), surge otro amarillo, representante de la patronal.
La autorganización y el combate gremial de los cañeros va en aumento. Las demandas se van radicalizando. En el Congreso de Asalariados Rurales de 1963, la mayoría de las opiniones apuntan a movilizarse por la conquista de mejoras económicas pero Julio Vique, el delegado de UTAA, replica:
«La lucha económica ya no resuelve nuestros problemas […]. No se puede seguir padeciendo esta situación. Hay que buscar soluciones de fondo. La lucha por vender mejor la fuerza de trabajo no es incorrecta pero hay que terminar con ella […]. Tenemos que luchar por la expropiación en particular. Nosotros los de Silva y Rosas, otros trabajadores por otros latifundios.»181
El principal objetivo inmediato de los cañeros de Bella Unión fue la ocupación de las tierras de Silva y Rosas. En varios documentos públicos denunciaron el estado de abandono de esos latifundios y abogaron por su expropiación.
«Son unas de las tierras más fértiles del país. […]. Cuando la creciente desborda, cientos de ovejas y vacas mueren ahogadas o empantanadas. Ni siquiera el cuero le sacan. Los campos de Silva y Rosas, son el reino de la desorganización y del abandono. Es criminal que en el Uruguay, todas las noches se acuesten miles de hombres con hambre, mientras se están desperdiciando esos ricos campos, de donde se podría sacar tanta comida […]. Los peludos queremos ser dueños de las 33.000 hectáreas de tierra para hacer una gran cooperativa, trabajar todos en común, todos para todos, y donde no haya explotados y explotadores. (Se podrían tener cientos de vacas lecheras, miles de ponedoras y todos los niños de estos pueblos y ciudades podrían tomar leche y comer huevos a muy bajo precio, cosa que hoy les está prohibido) […]. Si en lugar de tierra nos dan palos, que sepan que antes o después, también nosotros utilizaremos la violencia, para alcanzar el pan, la igualdad y la justicia. Si tenemos que desenterrar las armas, con las que luchó el jefe de los orientales, don Gervasio Artigas, para conquistar “la felicidad de la criollada pobre”, lo haremos teniendo la seguridad que esas armas alcanzarán la victoria y se volverán a cubrir de gloria. UTAA por la tierra y con Sendic.»182

IV.5.3. Tras las cañas, el fusil

Con el correr de los años, la mayoría de las tres mil personas que trabajan en Bella Unión giran en torno a UTAA, y las marchas hacia la capital se suceden. Los desposeídos del norte del país van haciendo escuchar su voz, también otros trabajadores rurales como los peones del tambo –en su mayoría ordeñadores de vaca– o los jornaleros de los arrozales.183 A pesar de este avance, el contexto social no permite que se llegue a dar una lucha conjunta de la mayor parte de los jornaleros zafrales y peones rurales.184 Lo que sí ocurre es que el drama social de la explotación rural y la aparición en escena de un Uruguay desconocido conmociona a la opinión pública.
En esos años, varios cañeros, entre ellos Chela Fontora, pasan a engrosar las filas del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.185 En las ciudades importantes del país, sobre todo en la capital, el proletariado muestra su unidad de clase apoyándolos en la lucha y gritando sus consignas en las manifestaciones.186

«UTAA fue el sindicato con más apoyo a nivel popular –asegura Chela Fontora–. […] Hubo mucha participación de los estudiantes y obreros […] no tanto de la CNT, sino de los obreros. Esta central sindical negaba el apoyo porque nuestros planteamientos estaban afuera de los suyos. Para aceptar a los cañeros tenían que aceptar la lucha por la tierra y si vos planteas que no te la van a dar, si no es por las armas, tenés que aceptar la lucha armada y ellos no aceptaban. El PC peor, con ellos había enfrentamientos.»

En una de las marchas cañeras muere una sobrina de Chela Fontora, una bebé de apenas unos meses.187 La tristeza y el silencio se apodera de todo el campamento. El doctor Bianchi reúne a todos los allí presentes y, tras confirmar el fallecimiento de la niña, pronuncia las siguientes palabras, recordadas por Chela Fontora:
–De repente es duro lo que voy a decir, pero no les puedo mentir, nadie pasa a té y agua durante dieciséis días, la bebita murió de hambre –tras una pausa, siguen las palabras y sentimientos de rabia–. Ustedes tienen derecho a comer todos los días. De ahí la importancia que tiene que sean fuertes y luchen.
«Aquel episodio sacudió bastante –recuerda Chela Fontora–. Eso, y la presencia de Raúl.»

La lucha solidaria que estos hombres, Sendic, Bianchi, Belletti188 y muchos más, llevaron a cabo junto a los cañeros también es recogida por los libros de la historia oficial. En una de esas obras, destinadas a la desenseñanza de la historia en los liceos, se dice que los cañeros: «serán utilizados como futuro elemento de choque por la subversión que se ha venido incubando contra la nación. Bajo el rótulo de fuentes de trabajo los líderes extranjerizantes, elementos de ciudad, los emplearán como ariete destructor».189
Véase como recuerda una de las cañeras al «extranjerizante» Raúl Sendic.

«Raúl nos dio todo, dio su vida –le agradece Chela Fontora–. Nunca mandaba, estaba junto a nosotros. [Y lo importante] no es el decir las palabras sino el estar. Siempre que pudo estuvo. [Incluso] estando en clandestinidad, trató de trabajar con nosotros. Eso fue una ayuda. La humildad de Raúl [le permitía] llegar a la gente. Hasta el día de hoy no a surgido otro, yo al menos no lo veo. Que haya podido llegar a la gente más humilde, pobre y necesitada. No hay. Todavía no ha surgido.»

Por su parte, Pedro Montero asegura que «el Bebe [Sendic] tenía un carisma mágico, era un líder mágico, no dogmático». Uno de los manifiestos más conocidos de los cañeros se tituló: «Sendic no es un político juntavotos».
«Queremos decir que Raúl Sendic, no pidió nada para él, ni quiso nada, ni se presentó de candidato en la farsa electoral, que hacen los burgueses.
Raúl Sendic, no es un politiquero, es un líder campesino, amigo del peón rural, el gran dirigente de los cañeros, de los trabajadores de los arrozales, de los changadores y jornaleros del campo y de los pueblos.
Raúl Sendic, no hizo como algunos politiqueros interesados, que nos dieron alguna ayudita y después vinieron a cobrarnos, pidiéndonos el voto.
Los cañeros sabemos, que mientras los ricos estén en el poder, con las elecciones no se arregla nada. Un gobierno sale, otro gobierno entra y los trabajadores cada día estamos peor.
Tenemos que unirnos todos los explotados, tomar el poder, y ahí sí la cosa va a cambiar.»190
Mauricio Rosencof, dramaturgo e integrante del MLN, en su obra La rebelión de los cañeros retrató, con suma emotividad y cantidad de detalles, las características y desarrollo de UTAA:
«Una organización sindical distinta. Que no temió a la violencia. Que la enfrentó. Que no aguardó los golpes para responderlos, sino que tomó la iniciativa. Que nucleó a dos mil cañeros y sus familias en torno a un programa que plantea como punto básico la conquista de la tierra y para ello, la toma del poder. Inspirado por un ex militante socialista, hoy con ideas más radicalizadas, que plantea y ejecuta el asalto al Tiro Suizo y expropia armas. Movimiento cañero que dio hombres como Vique, Santana y Castillo,191 capaces de penetrar a cualquier plantación para organizar, pero también capaces de asaltar un banco y fugarse de la cárcel.

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Desde hace algunos pocos años, el tema de los cañeros vuelve regularmente al tapete: una plantación que se incendia, una marcha hacia la capital, una batida policial en los montes de Silva y Rosas buscando armas. Y con igual frecuencia, desde hace menos tiempo, una organización sobre la que se hicieron muchas conjeturas; a la que se ha vinculado a los cañeros y su inspiración, atribuida a Raúl Sendic, a través de algunas acciones espectaculares llevadas a cabo por comando tupamaros, da al movimiento cañero, a su rebelión, una proyección que rebasa los límites de la lucha salarial, marcando en el ámbito sindical una conducta propia, definitiva, radical, y para muchos, revolucionaria.»192
El comisario Bertiz era el encargado de las investigaciones sobre la vinculación entre cañeros y tupamaros. Sus pesquisas, como la mayoría de los policías de la época, las conseguía a través de terribles torturas. Pero cuando le colocaron una bomba incendiaria en su casa, provocando un pequeño incendio y un gran susto, fue más cauteloso.

IV.5.4. Contra el latifundio y el alambrado

En Uruguay, en América Latina, y en el mundo entero, estas consignas son de las más repetidas por los desposeídos de la tierra, y la primera de ellas, incluso por sectores burgueses o por partidos de izquierda que han demostrado defender la perpetuidad del sistema capitalista. A veces, estas proclamas van juntas y otras separadas. Durante el proceso revolucionario de los años treinta en España, fueron numerosas las batallas por luchar contra el latifundio, pero también contra el minifundio y en general contra la propiedad privada.
En demasiadas ocasiones, se ha obviado el tema y se han realizado, o intentado realizar, reformas agrarias que, buscando un reparto equitativo de tierras, expropiándoselas a los latifundistas y repartiéndolas entre todo aquél que las quisiera trabajar, no acabó con la desigualdad y la pobreza. Lo que produce injusticia social y miseria es la existencia de la mercancía y la ley del valor. El latifundio, que indudablemente provoca esos desajustes, lo único que hace es agravarlos.
Por todo esto, uno de los debates programáticos –sobre el qué hacer en plena insurrección proletaria– más interesantes de la historia de la resistencia al capital fue el que se produjo durante la revolución y contrarrevolución en España, 1936-1937: colectivizar los campos y abolir la propiedad privada, realizar cooperativas estatales o dejar la tierra a los propietarios. Debate magistralmente llevado al cine por Ken Loach en Tierra y Libertad. En Uruguay esa discusión no se dio de la misma manera, entre otras cosas porque la lucha no llegó tan lejos: en el sentido que no se echó, de forma masiva, a los grandes propietarios para expropiar sus extensas propiedades, tierras o fábricas.193 A nivel de objetivos o deseos, luchar (a corto plazo) por la colectivización y contra la propiedad privada ocurrió en círculos de jornaleros rurales muy pequeños. Imperaba el ejemplo ruso o cubano de reforma agraria. Algunas agrupaciones proletarias sí plantearon, claramente, la lucha contra la propiedad o señalaron que conquistar la tierra si bien no era sinónimo de revolución constituía un elemento esencial de ésta, el primer intento serio de encaminarse a ella. Otras veían en la creación de cooperativas la solución a los problemas o, por lo menos, una manera para conquistar reclamos dentro del sistema y una forma de no estar a la espera hasta que éste cambiara.194 En el debate sobre esta lucha, participaron UTAA, MNLT (Movimiento Nacional de Lucha Por la Tierra) y NEAC (Núcleo de Estudio y Acción Cooperativo) que publicó, en el periódico Tierra y Libertad en febrero de 1969, las siguientes conclusiones para la transformación:
«Del medio rural y, por ende, de la sociedad toda, por medio de cooperativas integrales o unidades cooperativas agrarias, donde se vivan concretamente, hoy y aquí. Estas cooperativas tienen que estar estructuradas; en lo organizativo: autogestión con participación activa de todos sus miembros por medio de asamblea periódicas, descentralización de funciones en base a una coordinación general centrada en la fidelidad del objetivo. En lo económico: cada uno aportará de acuerdo a sus capacidades y recibirá de acuerdo a sus necesidades, los bienes de consumo y de producción. Estas unidades a su vez federadas en unidades mayores […] podrán ser el elemento decisivo del cambio. Es necesario transformar el medio rural, porque es necesario terminar con el latifundio. Es necesario terminar con el minifundio eliminado así los siguientes problemas sociales.
– Exaltación de la propiedad privada, que impide al minifundista ver al trabajo, a la tierra y a sus frutos como un bien social.
– Escasos beneficios –sólo para subsistir– por la poca productividad a causa del agotamiento de la tierra al no ser posible la rotación de cultivos, imposibilitando las inversiones en fertilizantes y técnicas adecuadas necesarias para lograr una tierra productiva.
Desocupación disfrazada al emplear mano de obra plena a escaso rendimiento. El problema de la transformación rural, es también un problema urbano que trasciende nuestras fronteras. Por lo tanto al encarar la transformación del medio rural encaramos de hecho la sociedad y su estilo de vida. Esta forma de ver el problema deberá estar siempre presente en la idea que guíe la transformación […]. Esto no se conseguiría con cursos de cooperativismo a cargo de esclarecidos, sino con la acción de grupos militantes activos, orgulloso del trabajo de sus manos, realizando su tarea codo con codo y viviendo los problemas del hombre y del medio que quieren transformar. En síntesis, ser en la acción y desde el primer momento el “hombre nuevo” y revolucionar la vida cotidiana.»

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El MNLT (Movimiento Nacional de Lucha Por la Tierra), creado en 1970 por jornaleros rurales, obreros y estudiantes a orillas del río Uruguay, participó de todo este debate y matiza el proyecto del NEAC.
«Igual que el sindicalismo, el régimen capitalista lo va moldeando [al cooperativismo] y adoptándolo a su forma, llegando así a utilizarlo como una organización más dentro del régimen.
Analizando todo esto y ante la necesidad de hacer y organizarnos para que nada siga como está, los compañeros de distintos lugares del país que se han reunido para esto han sacado algunas conclusiones que vamos a tratar de transmitir.
En primer lugar, para iniciar experiencias cooperativas a nivel del campo se debe partir de la necesidad del trabajo común y en una tierra que sea de todos ya que la propiedad individual de la tierra es uno de los valores del actual régimen con el cual debemos romper. Este trabajo en común lleva también, especialmente a los trabajadores del campo, a vivir en común. Al mismo tiempo todo lo que consumen estos trabajadores se adquiere en común. Si analizamos por separado cada una de estas actividades vemos que de acuerdo al régimen tenemos una cooperativa de trabajo, otra de vivienda, otra de consumo, pero todas estas unidas llegan a formar una cooperativa integral o comunidad de vida.
En segundo lugar, para que esto pueda llevarse a cabo con una finalidad verdaderamente revolucionaria, hay que lograr la participación activa de todos los compañeros, incluidas sus familias, en las decisiones de los distintos aspectos analizados.
En tercer lugar, en esta forma de vida diaria no puede estar ausente la conciencia de cambio en cada uno de los integrantes y esta necesidad debe ser planteada para encarar cualquiera de los aspectos vistos. Para esto se hace necesario que este grupo esté insertado dentro de un movimiento más global, que no permita que se pierda de vista la finalidad última a que llevan estas experiencias como es el cambio total del actual régimen capitalista, por otro basado en la libertad y en la participación directa o autogestión.
Esto es fundamental: la cooperativa va a ser un arma revolucionaria, en la medida que continuamente cuestione el régimen del cual depende, con la particularidad de que puede ir creando formas de vida de la nueva sociedad.»195
Como se ha visto a lo largo de este apartado, UTAA fue un pilar clave de la lucha en el medio rural y en la toma de posiciones sobre cómo llevarla a cabo. Esta agrupación tenía un doble discurso. Al ser un sindicato, se presentaba como intermediario entre patronal-gobierno y los trabajadores rurales, y entonces perdía la radicalidad que ganaba en las actividades que iban más allá de la meramente sindical. Pero en repetidas ocasiones, se afirmaba como fracción del proletariado, cuyo proyecto ya no era sólo las demandas económicas sino la transformación radical de la sociedad. Un fragmento de un texto titulado: «UTAA y las Cooperativas» –bajo la consigna: «unos doblan el lomo pa’que los otros doblen los bienes»–, del periódico Tierra y Libertad (febrero de 1969), muestra como esta agrupación se defiende de quienes la califican de reformista; y es, en definitiva, una de las síntesis programáticas más destacadas del movimiento revolucionario en el Uruguay:
«A los que nos acusan de reformistas y de abandonar la lucha de clase por haber levantado la bandera de la expropiación de la tierra, les contestamos que el compañero Sendic, los compañeros cañeros presos y los que están luchando en los más variados frentes, no lo están haciendo por aumento de salarios ni el cobro de algún aguinaldo impago, sino para derrotar a los explotadores y tomar el poder. UTAA, no pierde de vista que las formas cooperativas de trabajo adquieren gran importancia, una vez que el poder del estado se halla en manos de la clase obrera. Mientras esto no ocurra existen problemas de mercados, de falta de herramientas, de créditos, y de asesoramiento técnico. La cooperativa por sí sola no puede llevar adelante la lucha por el cambio de las estructuras. La sociedad de clases no desaparecerá, mientras existan clases, sin utilizar la violencia, sin instaurar una dictadura del proletariado, para aplastar a los burgueses.
A esta conclusión arribamos, porque la lucha entre las dos clases antagónicas, la burguesía y el proletariado, es irreconciliable.»

IV.6. LA LUCHA EN EL ÁMBITO ESTUDIANTIL
«Vamos, estudiantes, / por calles y plazas, / vamos que la vida nos llama […]. / Hoy son brazos, / mañana, ¿qué serán? / ¿Qué serán, que serán? Hoy son piedras, / es cosa de pensar, / De pensar, ¡de pensar! […] Somos aire nuevo / de la primavera, / contra nuestra voz no hay barreras. / Sobre el aire oscuro / vamos a vencer, / andamos formando / un amanecer.»196

IV.6.1. Conciencia y antisectorialismo
«Los obreros se niegan a dejarse explotar por el régimen capitalista y los estudiantes nos negamos a transformarnos en dirigentes de un sistema basado en la explotación.»197

La lucha en el medio estudiantil no se diferenció demasiado –en cuanto a sus reivindicaciones, métodos de lucha y represión sufrida– de la del movimiento obrero y la de los luchadores sociales en general. Los estudiantes primero padecieron fuertes preceptos académicos de control y leyes punitivas que abolieron sus garantías individuales y luego, selectivamente, torturas y cárcel. Algunas de las medidas represivas tuvieron su originalidad en que fueron legisladas exclusivamente para los alumnos e impuestas en cada una de las aulas de enseñanza. Este fue el caso del CONAE (Consejo Nacional de Educación).198 También soportaron la anulación de las clases y el ataque armado, en sus propios centros, de policía, militares y otros individuos –no profesionales– defensores del orden.199 Por último, y tras el golpe, padecieron manu militari en todos los aspectos de su vida, incluido el académico.200
Distintas publicaciones reflejaban con viñetas humorísticas la escalada represiva que padecieron los luchadores sociales que en aquel momento eran estudiantes. En una de ellas, un personaje llamado Cosme aparecía en cuatro viñetas diciendo:

«1. El gobierno está decidido a combatir la infiltración de ideas foráneas en nuestra juventud. 2. Primero fue el asalto a la Universidad, luego la intervención en secundaria. 3. ¡Ahora el adoctrinamiento policial en las escuelas! 4. Sólo falta intervenir las maternidades.»

Se ha preferido incluir en el título de este apartado «La lucha en el ámbito…», y no «El movimiento…», justamente porque los militantes y movilizados en general que en aquel período estaban cursando secundaria, preparatorio o universidad tenían como horizonte de su actividad la transformación nacional y social y no, solamente, la de su centro de estudio. Fue, justamente, en la medida que dejó de ser un movimiento meramente estudiantil cuando aquellos luchadores sociales pasaron a combatir, codo a codo, con los otros oprimidos del sistema, cuando tomaron la bandera revolucionaria y sufrieron la misma represión que el resto de la población que rechazó el régimen de forma activa. Por eso, en aquel combativo contexto, muchas de las agrupaciones meramente estudiantiles, que se negaron a ampliar su campo de acción y salir del mundo académico, quedaron obsoletas y tuvieron que soportar las críticas de los revolucionarios. En cambio las que fueron más allá de ámbito de la enseñanza crecieron y se radicalizaron.201
Lo mismo pasó con los cortadores de caña o los bancarios, en la medida que su pelea cotidiana, por mejorar sus condiciones de vida, se mezcló a la de los otros explotados dejaron de actuar como un sindicato corporativo o un sector aislado y pasaron a formar parte de una clase que se reconocía a sí misma, de un movimiento de oposición a la no-vida y a un sistema económico impuesto por otra clase social.
La historia de la lucha en el ámbito estudiantil latinoamericano, en cuanto a movilizaciones se refiere, se inicia con la reforma universitaria de Córdoba de 1918, año que pertenece al período (1917-1923) en el que el enfrentamiento entre burguesía y proletariado fue más directo, fuerte y mundial. Fue un elemento que ayudó a concretar la idea que consideraba que los estudiantes latinoamericanos y la universidad en su conjunto tenía que estar vinculada a los problemas políticos y sociales. A partir de ese momento, y a lo largo de las décadas de los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta, fueron muchos los alumnos que opinaban que tenían que estar vinculados a la realidad social que los rodeaba, dejar de ser «cuadros de élite» de las clases dirigentes y convertirse en portadores de diversos conocimientos para apoyar a las masas desfavorecidas. Durante esas décadas, en muchas universidades latinoamericanas, la acción de las agrupaciones estudiantiles de izquierda giró en torno a cuatro puntos fundamentales: reforma de la universidad, autonomía universitaria, reforma social y lucha antiimperialista. Estos mismos objetivos se oyeron en Montevideo en la lucha por la Ley Orgánica de la Universidad –que se centraba sobre todo en los dos primeros puntos–, conseguida en 1958 y apoyada por sectores obreros que ya estaban movilizados por otros reclamos. Con la aprobación de la ley se consagró la soberanía y el sistema de co-gobierno universitario, con participación de profesores y alumnos.
A partir de mediados de los años sesenta, los ataques a la autonomía universitaria, el recorte presupuestal y la subida del transporte provocan movilizaciones protagonizadas por estudiantes y otras personas solidarias. La extensión y combatividad de la lucha del alumnado fue un importante elemento de denuncia al sistema social en su conjunto y un termómetro de la crítica política nacional. Como muestra de que el denominado movimiento estudiantil no estaba separado de los otros vectores de lucha y pertenecía a un amplio movimiento de resistencia nacional e internacional, hay que recordar que el alumnado de distintas edades estuvo sensibilizado, muy a menudo, con el combate anticolonialista y la resistencia obrera, llegándose a pronunciar abiertamente por una sociedad sin explotados ni explotadores y, una buena parte, se integró a los grupos revolucionarios o de izquierda. Con esta trayectoria no es de extrañar que en 1968, se enfrentara directamente contra las medidas represivas del pachecato, diera un salto cualitativo en sus objetivos y formas de lucha, iniciara una actividad combativa cotidiana e hiciera cambiar la visión que sobre él tenían los luchadores más radicales o «desconfiados». «Nunca me gustó el movimiento estudiantil –manifiesta Yessie Macchi– lo encontraba muy discutidor y teórico. En el momento que empieza a adoptar otras actitudes yo ya estaba en Cuba.»

IV.6.2. Cuadernos, piedras y asambleas
«La idea era que iniciábamos un proceso irreversible que ese proceso de la marcha a la dictadura no tenía vuelta atrás, que ese proyecto de resistencia había que transformarlo en ofensiva, en cambio social. Y por lo tanto no se trataba de atenuar los aspectos de confrontación sino más bien de radicalizarla.» RODRIGO AROCENA

Muchas veces, como explicación y justificación de la rebelión se apunta la pobreza como única causa. En Uruguay, si bien una buena parte del alumnado no padecía las penurias económicas de otros sectores del país se vio sorprendido por la rapidez con la que descendió el poder adquisitivo de sus familias.

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El estudiante también sufre las consecuencias del capitalismo y si se rebela no es por una mera iluminación teórica filantrópica como a continuación se afirma: «parte de la teoría, asume una posición ideológica que también lo lleva al cuestionamiento del sistema imperante y a asumir la necesaria militancia para cambiarlo».202 La alienación, el aislamiento, la angustia urbana y el dolor que produce la miseria ajena –la económica por ejemplo, por que la humana también la padece– son motivos suficientes para rechazar al capital. Además, si ello ocurre en un marco de recortes presupuestales, incremento de la represión y propicio para la lectura, el debate y la militancia, la insurgencia estudiantil tiene mayor posibilidad de manifestarse y organizarse de forma permanente.
A nivel generacional, hay que tener en cuenta que los jóvenes de Uruguay, de la década de los sesenta, siendo pocos demográficamente empezaron a encontrarse con problemas que tenían sus pares en países con una demografía juvenil alta: poca oferta de empleo, en relación a la formación académica; dificultad de independizarse; poco equipamiento de sus lugares oficiales de aprendizaje… Muchos de ellos, debido a la crisis nacional, notaron un rápido deterioro en las instalaciones y el nivel de enseñanza. Sobre todo en la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), dónde los descubrimientos tecnológicos no podían ser seguidos por los docentes por falta de material, quedando muchos cursos obsoletos o incluso suspendidos, por ejemplo, por falta de televisores.
Por otro lado, las estadísticas mostraban una diferencia abismal entre los ingresos y los egresos universitarios. En 1967, en Derecho hubo 1.343 nuevas inscripciones y sólo 131 licenciaturas, en Humanidades 1.115 y únicamente catorce licenciados. En otras facultades la proporción de licenciados fue mucho más alta, en Medicina, por ejemplo, hubo 744 ingresos y 234 egresos, lo que no dejaba de irritar a quienes estudiaban otras carreras.203
El malestar no se daba sólo entre el estudiantado sino entre los jóvenes en general; que en muchos casos optaron por irse del país. Aunque la participación en las movilizaciones fue minoritaria –si se compara con la totalidad de esa franja de la población – entre el alumnado y la juventud en general, el descontento sí fue genérico.204
Un documento tupamaro explica, según la visión de esa organización, los pros y contras de ese potencial combativo.
«(El frente estudiantil del MLN) fue el que más rindió últimamente (1968-1971) en materia de reclutamiento y sentido político, debido principalmente a que:
a) No dependen de un salario.
b) No tienen el mismo caudal de compromisos que los obreros.
c) Se inclinan más fácilmente a posiciones de carácter revolucionario.
d) Por su horizonte cultural, llegan más pronto que los obreros a la comprensión intelectual de la situación revolucionaria.
Como factores negativos, en cambio, ofrecen:
a) Su inestabilidad.
b) Su tendencia a tomar decisiones precipitadas.»205
En cuanto a los orígenes y causas del uso de la violencia por parte de un sector del estudiantado hay que decir, ante todo, que muchas veces fue para defenderse de las agresiones de las fuerzas represivas. Pero también hay que reconocer que la aplicación de la acción directa violenta formaba parte de la concepción de la lucha revolucionaria que tenían algunos de ellos. Al proclamar, una y otra vez, la acción armado de Guevara, pensaban que por lo menos debían usar las armas que tuvieran a su alcance: piedras, cócteles molotov, barricadas…, y de esa manera radicalizar las movilizaciones e iniciar un proceso insurreccional. Por otro lado y complementaria con esta hipótesis, existían razones sociológicas que explicaba aquella rabia desatada contra las autoridades y símbolos del capital. D’Elía, aunque de forma muy parcial, analizó las razones de aquella violencia juvenil:
«Jóvenes que se enfrentan a un mundo que nada les ofrece, a una sociedad en desintegración, que sufre la violencia como única respuesta a su rebeldía, es explicable que en la violencia traten de encontrar el camino para la consagración de sus aspiraciones.»206
Los estudiantes de determinadas fracciones, en reiteradas ocasiones, denominaron a los protagonistas de la violencia estudiantil «provocadores» o «infiltrados en el movimiento». Más allá de las distintas formas de lucha y tendencias políticas que existían entre ellos, la generalidad fue que los militantes del sector estudiantil se hicieron responsables de sus actos, incidieron como nunca antes en lo social y tuvieron que ir tomando decisiones, día a día, victoria tras victoria y derrota tras derrota. Para los más activos –con respecto a las movilizaciones– sus referentes dejaron de ser padres y profesores y pasaron a ser combatientes, teóricos de la revolución y en general militantes de más edad que ellos.

IV.6.3. Liceos, preparatorios y facultades: aprendizaje y combate

«Se constató que los salones eran restados a la actividad docente para dedicarlos exclusivamente a la actividad subversiva, como puede ser la producción de explosivos, material incendiario, objetos para agresión a la autoridad pública e impresos de propaganda, todo con tolerancia de los jerarcas de la Universidad.»207

La rebelión emanada de liceos, preparatorios, centros de enseñanza técnica y facultades tuvo varios puntos comunes. Hay que tener en cuenta que muchos de los que cursaban secundaria a fines de los sesenta se convirtieron en universitarios en 1971, 1972 o 1973 y que los problemas con los que se enfrentaban, en una u otra época, eran globalmente los mismos. Una de las constantes en todos centros de estudio, aunque a diferente nivel teórico, fueron las discusiones, sobre los distintos acontecimientos nacionales e internacionales, que se daban en clase, aulas magnas, pasillos y bares:

«Se pasaba por las clases para dar comunicados, interrumpiendo a los profesores –confirma Cota–. Algunos protestaban, pero les servía de poco. Incluso algún profesor se retiró voluntariamente para hacer guardia en el hall del instituto, ante una amenaza de ataque de los Juventud Uruguaya de Pie (JUP). Se aprovechaba hasta el tiempo de recreo entre clase y clase, y muchas veces se le decía al profe que estábamos en asamblea, que esperara o suspendiera la clase. Esto pasó en los últimos tiempos, antes del golpe. También pasaba que se convocaba asamblea general y desaparecía todo el mundo, muchísimos iban a la asamblea y otros a distintos menesteres. Era raro que se quedara alguien en clase.»

Uno de los aspectos más destacados de la lucha protagonizada por estudiantes fue la precocidad de los militantes de liceo, entre los doce y dieciséis años, en el turno de día, un poco más en el de la tarde y podían ser adultos y tener hijos en el de la noche. Los adolescentes también ocupaban los centros de estudio y se solidarizaban con los profesores en huelga.208 J. C. Mechoso cuenta que a esos prematuros luchadores sociales «les llamábamos cariñosamente los “monos “ porque de repente vos mirabas, y no sabías de adonde, aparecían sesenta o setenta que estaban prendiéndole fuego a todo. “Aparecieron los monos” decíamos».
La juventud de los militantes liceales no fue óbice para que las bandas fascistas, por considerarlos como «un peligro social», en varias ocasiones los atacasen, teniendo que defenderse ellos mismos o los padres y trabajadores de la zona. En 1973, varios liceos fueron cerrados por estos incidentes, que en una ocasión llegaron a producir doscientos detenidos.

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En 1968, el IAVA era el único centro público, de la capital uruguaya, donde se daba el preparatorio diurno, los otros eran privados o nocturnos. Reunía a un montón de jóvenes en permanente asamblea, con edades que oscilaban entre los quince y dieciocho en el diurno y los veintipico en los cursos de la noche.209 La centralización y coordinación tan difícil de conseguir en determinados ámbitos, allí se dio de forma natural, aunque en su interior había, al igual que en la universidad, varias tendencias.
El ambiente combativo era notable, allí los luchadores sociales, aunque tampoco eran mayoría, tenían un balance de fuerzas favorable.210 Eran numerosísimos, al igual que las consignas, frases y dibujos estampados en los muros que le dieron a aquel recinto un aire radical y sumamente politizado.
«Mandaban a pintar las paredes –cuenta Horacio Tejera–. En un momento bajando la escalera veo, que la Mema, que era la gurisa del FER, estaba pintando estrellas, estrellas con las T [de tupamaros]. Esperaba a que se secara la pintura del pintor y pasaba con el tizón por donde el tipo iba pintando. El tipo chocho, [encantado] tenía trabajo para toda la vida.
Habían estado cambiando los directores y en un momento hubo un director que pensó que poniéndose los pantalones, como había hecho Pacheco, iba a conseguir ponerlos en vereda [controlarlos]. Entonces una tarde hizo entrar a la policía. Sacaron a la gente para fuera. Ahí a Teresa [mi compañera] la golpearon en la espalda, por que le había pegado una patada en las bolas al milico, ¡y bueno!, fue todo una cosa de indignación. Al día siguiente, estaba cerrado el colegio, pero fuimos a buscar al director a dirección. Le hicimos una ronda. A medida que le hacíamos la ronda iba apareciendo más gente, a medida que aparecía la gente el tipo se iba asustando. [En un momento], vi que el tipo se movía, que había una muchacha que le estaba metiendo la mano en el culo. Finalmente lo llevamos hasta Canal 4, donde siempre había una guardia de Coraceros y se lo entregamos. El tipo estaba totalmente asustado. Volvimos al IAVA, fuimos a su despacho y tiramos una bomba molotov.»
En la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), destacaron la innovación que supuso las «ocupaciones abiertas» en la que se impartieron cursos o «contracursos», de materias programadas o improvisadas, a las que asistieron personas no matriculadas, como algunos obreros de la zona.
La Universidad de la República era, y sigue siéndolo, gratuita y más de la mitad del alumnado venía de lo que se denomina un nivel económico medio. En 1968 únicamente se cursaba en Montevideo y tenía 18.650 inscritos,211 de los cuales en los primeros años de la década del setenta el 42 % eran mayores de veinticinco años. Muchos de ellos trabajaban y vivían con independencia de sus padres.
Un volante de la Unión de Jóvenes Comunistas, de agosto de 1972, llamaba al alumnado, de los diferentes ciclos educativos, a comprometerse con el movimiento social de resistencia y abandonar el conformismo y el individualismo.
«Compañero estudiante: ¿Qué eres? Un joven sensible con los sufrimientos del pueblo, con su miseria, con su opresión, e indignado ante el lujo insultante de un puñado de oligarcas.
O un conformista, viejo de alma, que pasa inconmovible ante la injusticia y padece la enfermedad precoz del servilismo.
Un estudiante consciente de sus responsabilidades con la patria […].
O lo único que te preocupa es recibirte de cualquier manera para ocupar un lugar en alguna gran empresa yanqui y recibir migajas de la oligarquía.
Un antifascista, que está dispuesto a derrotar las bandas criminales que asuelan secundaria […].
O un observador “imparcial” que no asume ninguna postura, que no se “compromete” cuando la patria reclama gritos por el espíritu democrático de los orientales.
Un artiguista, que conoce y proyecta el sentido vigente del espíritu de las instrucciones de 1813 o del reglamento de tierras, del grito indómito de los charrúas y de las montoneras gauchas.
O un genuflexo recitador de fechas y nombres históricos sin valor ni significado para el dramático presente de la patria.»212
Las autoridades y los diarios oficiales de aquel momento se lamentaban del alto grado de politización del alumnado y de la fuerza y la capacidad de influencia de la militancia estudiantil.
«Una universidad que fue cayendo progresivamente en un proceso de politización cada vez más activo, a la par que se experimentaba un decaimiento de la autoridad universitaria… que fue cediendo hasta llegar a un momento en que entran en crisis los verdaderos y principales cometidos del instituto (la enseñanza, el estudio, la investigación) y se transforma en una plataforma de lanzamiento político, en poder de esa minoría que por su actividad y decisión llega a controlar la vida universitaria.»213
Y aunque exageradas y tendenciosas estas palabras indican el grado de compromiso social entre los universitarios, algo que no veían como negativo –sino todo lo contrario– muchos de los propios jerarcas de las facultades. El rector de la Universidad, en su discurso de homenaje a Líber Arce, pronunció estas palabras:
«Aspiramos a que nuestra Universidad no forme sólo hombres cargados de ciencia y sapiencia, sino hombres rebeldes, incorformistas y de espíritu crítico, para la sociedad en que viven, buscando en el gran laboratorio que es la vida, la misma verdad que el hombre de ciencia busca en su laboratorio y transmite en la cátedra.
Lo reafirmamos con todo énfasis […], la Universidad no cumpliría con su misión si no formara hombres capaces de descubrir las imperfecciones de la sociedad en que viven y si no les infundiera el valor para rebelarse contra esas imper fecciones.»214
Era tantas las ansias de abrir la universidad a lo que pasaba en el mundo que se creó el Ciclo Básico, cursos impartidos por alumnos más avanzados que daban cursos de marxismo y de crítica social en general relacionados con cada carrera en cuestión. «Gente que había abandonado la universidad aburrida de lo que eran las asignaturas de derecho más tradicional que se habían vuelto a anotar fascinada con esas clases –asegura Nora, quien apunta que este fenómeno– se acaba con el golpe».
Para finalizar este apartado se debe apuntar otra de las razones que provocaron el crecimiento de la influencia en la sociedad por parte de los estudiantes: el gran aumento de alumnos en todos los ciclos educativos. En 1972 el número de matriculados era, más o menos, el doble que en 1960.

IV.6.4. Movilizaciones de 1968 a 1973

«Del boleto estudiantil al socialismo y la libertad.»

El año 1968 destaca por el carácter mundial de repudio al capitalismo y por la lucha protagonizada por estudiantes. En la Universidad de Berkeley y otros centros de USA hay varios disturbios; en la masacre de México, la mayoría de los cuatrocientos asesinados son estudiantes; en Argentina se suceden las manifestaciones del estudiantado contra el gobierno militar; en Río de Janeiro los choques con la policía provocan varios muertos y la revuelta se extiende a otras cinco ciudades; en Francia ocurren los famosos incidentes de mayo; en Yugoslavia hay numerosas ocupaciones de centros de estudio; en España los estudiantes se rebelan en varias ciudades, en Barcelona echan abajo el busto de Franco; en Roma se producen altercados entre ocupantes de la universidad y grupos de derecha que quieren desalojarlos; en Oxford también hay incidentes en las calles protagonizados por una parte del alumnado radical; en Bolivia el estudiantado unido al proletariado rural protagoniza una huelga de cuarenta y ocho horas y en Chile apedrea las embajadas de México y Uruguay.
En Montevideo quienes iniciaron la revuelta fueron los estudiantes de secundaria, a los que se unieron rápidamente los de UTU, cuyas consignas iban encaminadas a denunciar la injusticia social e impedir el incremento del precio del tiquet del bus. Una de las formas que utilizaron para impedirlo fue sentarse e interrumpir el tránsito del transporte. Cuando un vehículo no respetaba la barrera humana e intentaba pasar era apedreado. La principal compañía de transporte público, en una ocasión, llegó a suspender todos los servicios por falta de garantías.
La anunciada subida del boleto estudiantil causó tanta indignación por el elevado número de alumnos que usaba el ómnibus para acudir al liceo que, en algunos centros, llegaba al 80 %, y en el caso de la UTU todavía más porque muchos de los allí inscritos provenían de familias de ingresos bajos. Según algunas fuentes el que un importante ramo del transporte estuviera en manos de capitales privados aumentó el resquemor.
De hecho cada vez que había una subida de precios en este sector, generaba algún tipo de protesta. Antes de 1968, era casi por lo único que protestaba, masivamente, secundaria. Lo había hecho también en repudio de la pena de muerte aplicada en los EEUU o contra medidas represivas en Uruguay.215
Ante la promesa de las autoridades de no subir el precio,216 la CESU (Coordinadora de Estudiantes de Secundaria del Uruguay) acordó desocupar los centros ocupados. Pero una parte del estudiantado movilizado decidió no acatar dicha resolución, continuar la ocupación en trece liceos, llamar a esa agrupación «entreguista» y acusarla de frenar las movilizaciones.217 Las reivindicaciones aunque con puntos comunes empezaron a tener diferencias importantes. Unos reclamaban que el denominado boleto estudiantil no subiera y que se nacionalizara la principal empresa de transporte urbano, Cutcsa; otros un billete popular porque rechazaban el beneficio sectorial. Matizaban, además, que su coste estuviera subsidiado por la banca y el latifundio, a lo que militantes sindicales, como Valentí, respondían:

«Entretanto no podemos gastar la efectividad de la ocupación del instituto, reclamando cosas tales como la nacionalización del transporte o la financiación de los gastos de la enseñanza con impuestos del latifundio y la banca. No debe olvidarse que, en lo que va del año ya ocupamos los liceos en tres oportunidades distintas; en el tren que ellos preconizan, habría que quedarse dentro de los institutos hasta que desaparezca la última injusticia del Uruguay y ello no es posible.»218

La siguiente reflexión resume correctamente aquella pelea diaria dentro y en los alrededores de los centros de enseñanza:

«Cuando se tuvo la certidumbre de que el boleto no subiría –lo que era todo un éxito– ya era demasiado tarde. La movilización marchaba por sí misma, sin necesidad de justificaciones inmediatas. Los liceos continuaron ocupados a pesar de las órdenes de la CESU, que debió admitir ante la prensa la existencia de contradicciones en el movimiento. En realidad no podía controlar lo que nunca había controlado.»219
Y tampoco se paralizó por la dura represión policial y las acusaciones de asonada para algunos militantes. Los fuertes chorros de agua, los gases lacrimógenos y vomitivos, el garrote protegido con casco y escudo plástico, los sables de los milicos a caballo y los perros, no pudieron contener la decisión de los estudiantes de salir a la calle a manifestar su protesta, contando solamente con pedazos de baldosas y algún que otro cóctel molotov para defenderse.
En mayo los profesores realizaron un paro para pedir aumento de sueldos y abaratamiento de útiles y libros, pero fue a partir del 5 de junio, cuando las movilizaciones devinieron cotidianas. Un día después, lo hizo la FEUU, que exigía –como todos los años– el aumento del presupuesto universitario, organizando manifestaciones por el centro de la ciudad pero desmarcándose de los actos «vandálicos», quema de coches y autobuses.
De hecho casi todas las manifestaciones acababan con incidentes y enfrentamientos en los alrededores de las facultades, que sirvieron de refugio cuando la violencia de las fuerzas del orden era extrema, provocando, en más de una ocasión, la formación de un cerco policial en sus alrededores.
El 12 de junio, el Ministerio de Interior desautorizó una manifestación convocada por CNT, FEUU y CESU y ordenó a la policía confeccionar un cordón para frenar a los manifestantes que, al verse desbordada, usó gases lacrimógenos. Pero ni siquiera de esta manera pudo detener el avance de los manifestantes que a su vez lanzaban cócteles molotov. Entonces sonaron los primeros disparos al aire, la marcha se dispersó y la muchedumbre huyó hacia las calles laterales de 18 de julio, desde donde, reunida en pequeños grupos, volvió hacia la gran avenida y empezó a romper las vidrieras del diario El Día, las ya clásicas de Pan American y las de muchos otros lugares.
Cuando apareció la policía Republicana a caballo, los comercios ya habían cerrado las persianas. Este cuerpo policial junto a la Metropolitana y la Dirección de Seguridad e Investigaciones se dedicó, entonces, a derrumbar barricadas, allanar la Escuela de Bellas Artes y detener 266 manifestantes. Los arrestos masivos tras las manifestaciones se volvieron una práctica habitual, un mes más tarde fueron detenidas 109 personas y, a los pocos días, 64 más.
A fines de julio, los estudiantes heridos con armas de fuego, desde que en mayo se iniciaran las movilizaciones, eran ocho y en octubre los muertos ya sumaban tres.
El cansancio y el desgaste del estudiantado era enorme. En agosto las movilizaciones de UTU y secundaria decrecieron y sólo parecían resistir el incombustible preparatorio IAVA y el instituto Héctor Miranda.
El gobierno, aunque más preparado para la lucha, también demostraba síntomas de agotamiento y miedo. Ante el incremento constante de las acciones encaminadas a derrocarlo, llegó a reconocer que lo que se estaba atacando era la sociedad en su conjunto y por eso proclamó la: «legítima defensa de una sociedad amenazada en las bases mismas de su existencia […] si una sociedad es agredida tiene el deber de responder a la fuerza con la fuerza».220
Pero al ver que la «fuerza» no paralizaba la rebelión, en septiembre el Ejecutivo decretó la suspensión de las clases diciendo:
«Lo que la Universidad opine de sí misma no importa, no interesa. La tesis oficial es que se trata de un “foco subversivo”, de una llaga purulenta que puede infectar a toda la sociedad uruguaya. Desde allí emana, como ha metaforizado el ministro de Cultura, una especie de viruela ideológica. Y la epidemia, postula, debe ser aislada»221.
Esta medida y el propio desgaste entre los militantes redujo la actividad de los estudiantes con respecto a sus movilizaciones. Los locales fueron vigilados constantemente por fuerzas del orden. A mediados de noviembre, la FEUU en su convención resolvió una especie de repliegue táctico en cuanto a la intensidad de la lucha. Finalizaba la revuelta de 1968 en los centros de enseñanza montevideanos.222

«Sin embargo –concluía Landinelli, dirigente estudiantil–, el sentimiento generalizado, más allá de divergencias políticas y evaluaciones dispares de la experiencia vivida, no fue de frustración. Por el contrario, prevaleció la noción de que quedaba atrás el acto inaugural de una nueva y difícil fase histórica, en la que los estudiantes deberían poner en juego su aptitud para contribuir a la transformación radical de un modelo de dominación social rechazado por injusto y perverso.»223

La acción contra el régimen de 1968 debido a su radicalidad, vigor, espontaneidad, asambleísmo e importancia de los sinpartido marca un antes y un después en la historia de los conflictos sociales en Uruguay. Los «intelectuales» y las organizaciones formales tuvieron su relevancia, pero en muchas ocasiones, al contrario de lo sucedido en épocas anteriores, fueron a la zaga del movimiento social.
En 1969, las movilizaciones estudiantiles fueron más minoritarias:

«En preparatorio –recuerda Tejera– éramos muy poquitos. 18 de Julio, siempre patrullado con caballos, coraceros. Nosotros decíamos “Es en tal lado”, entonces ibas a tal lado. Había alguien, que siempre era un gurí que se llamaba Memo, encargado de empezar la movilización y de terminarla. La cosa era aparecer en tal esquina, quince o veinte como mucho, caminar por 18, gritando lo que tuviéramos que gritar en ese momento. Dar vuelta todos los autos que pudiéramos, apedrear alguna vidriera, apedreable, que generalmente eran todas, y avanzar hasta que llegaban los milicos. Cuando llegaban, resistir un poco para no quedar como unos cagones y después irnos.»

En el ámbito universitario, a pesar de que el impago de las mensualidades del presupuesto para la enseñanza alcanzó niveles sin precedentes, la capacidad de movilización de la FEUU decreció visiblemente –según Ricardo– porque seguía demasiado centrada en el tema del estudiantado y no en el social. La universidad en su conjunto, estudiantes y docentes, bajo el rectorado de Oscar Maggiolo, respondió a este hecho y a los constantes ataques del gobierno, conviertiéndose en un factor de denuncia permanente al régimen de Pacheco.
En 1970 las movilizaciones estudiantiles estuvieron a la par que las obreras, siendo el sector liceal el más destacado. A mediados de curso se clausuran las clases de secundaria por el resto del año, a causa de los constantes conflictos. Fue entonces cuando se crearon los liceos populares, en el que maestros, profesores, padres y alumnos organizaron la continuidad de las clases en centros sociales, clubes deportivos, casa regionales, parroquias –como la de Malvín– o facultades, como la de Medicina, en la que según Cota: «seguimos dando clases de literatura con “la profesora”, la mejor que he tenido nunca. Las clases de literatura no eran tales, se hablaba de todo».
Para dar una idea de lo ocurrido en 1971 se transcribe un panfleto titulado «El FER frente a la Asamblea General».
«Un factor de gran peso es la desmovilización popular durante casi todo el 71 que halla su punto cúlmine [sic] en las elecciones. Cuando todos los elementos, nos planteaban que ésta era una nueva trampa que la oligarquía tendía a las clases trabajadoras, cuando prometía “elecciones libres”, pero por otro lado reprimían sin cuartel todas las manifestaciones del descontento popular, en fin, cuando era más necesario que nunca el fortalecimiento de los gremios desde las bases y su movilización.»224
La participación combativa en secundaria volvió a ser masiva en 1972, por lo que el 12 de febrero, el gobierno decretó la Intervención del Consejo Nacional de Secundaria. A pesar de esa medida, la rebeldía emanada de las aulas no decreció. Hubo ataques de la policía y bandas fascistas lo que provocó una reacción general de alumnos, profesores y padres. La resistencia fue tan contundente que tras una serie de clausuras parciales, el 12 de agosto el gobierno decidió dar por terminados todos los cursos por el resto del año lectivo.
Antes de finalizar el año, no obstante, las autoridades volvieron a abrir los centros de enseñanza que continuaron siendo alterados por varios factores. Un panfleto del FER muestra el tenso clima que se vivía en 1972 y una de las razones de esa conmoción:
«El viernes pasado mientras se realizaba en el liceo 8 una asamblea de padres, profesores y alumnos, entran grupos fascistas armados que asesinan por la espalda al compañero Santiago Rodríguez. Este asesinato es la culminación de una serie de ocupaciones “demócratas” (Larragañaga, Zorrilla, Miranda, 14, etc.), ejecutadas por los mismos grupos fascistas, apoyados directamente por las FFCC […]. La prensa seria luego de haber reporteado los centros ocupados por los fachos mostrando los desmanes “subversivos” lloran lágrimas de cocodrilo por la muerte del compañero, exhorta y clama por la intervención a la enseñanza.
El Poder Ejecutivo plantea la necesidad de una salida de “orden”, que pacifique la enseñanza y “los enfrentamientos entre grupos antagónicos”. Pero detrás de toda esta campaña de mentiras y violencia, la oligarquía procura controlar férreamente aquellos sectores de masas (movimiento estudiantil, sindicatos obreros) que plantean un enfrentamiento decidido a su política de hambre y miseria. Nuestros explotadores para vivir más cómodamente […] poseen un Parlamento integrado al ejercicio de la dictadura que está dispuesto a legalizar sus medidas represivas, un aparato represivo de proporciones y una prensa “seria” que dedica la mitad de sus editoriales semanales a mostrar el “caos” de la enseñanza y la necesidad de “normalizarla”. Pero no tienen a la masa, a la gran mayoría del estudiantado que repudia su política de hambre y violencia. Por esto utilizan una forma especial de represión: los grupos fascistas armados, verdaderos grupos de choque, mercenarios de la burguesía que actúan paralelamente a los grupos de choque “legales” […]. Ante esto, ¿qué camino seguir?225 […] Debemos fortalecernos para impedir que la intervención directa o indirecta se asiente tranquilamente. Este fortalecimiento pasa por la resistencia que el movimiento estudiantil plantee a las medidas reaccionarias, por ganar la calle en forma organizada y violenta, desarrollando la propaganda y la agitación que esclarezca al movimiento popular; pasa por la verdadera unidad con el movimiento obrero, procesada en las movilizaciones conjuntas.»
Finalmente se produjo la mencionada intervención de los centros de estudio por parte del gobierno, por lo que la lucha en 1973 estuvo marcada por las acciones contra esa medida que fue cambia da por la Ley de Educación General, también rechazada por medio de huelgas y manifestaciones. Ésta modificaba las leyes orgánicas de la enseñanza primaria, secundaria y Universidad del Trabajo y eliminaba las respectivas autonomías; consagraba normas dirigidas a la persecución de las ideas antirégimen o antisistema y controlaba la actividad gremial de estudiantes, profesores y funcionarios a través de un organismo superior, el Consejo Nacional de Educación (CONAE).226

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El control y la represión a través de esta nueva institución se volvió más selectiva. Vieja táctica burguesa que consiste en reprimir criminalizando, únicamente, a los combatientes más radicales y no a toda la masa estudiantil movilizada.
El CONAE, al estar designado por el Poder Ejecutivo, posibilitó la «repartija» de cargos entre los partidarios del régimen, transformándose así la enseñanza en un nuevo centro de repartos «politiqueros»; estableció programas y libros de estudio, anunció medidas represivas: «perderán el año los estudiantes que promuevan desórdenes»; y disminuyó el presupuesto para la enseñanza.227
La opresión institucional siempre estuvo acompañada por la que no lo era. Julio Spósito y Heber Nieto, en 1971, Nelson Rodríguez Muela e Ibero Gutiérrez, en 1972, fueron asesinados por los aparatos de choques de la burguesía: policía, bandas fascistas y escuadrón de la muerte. Una octavilla de 1973, titulado: «La enseñanza la defiende el pueblo», sintetiza el estado en el que se encontraba el ámbito estudiantil en la primavera de 1972:

«Dentro de la campaña de ataques a la enseñanza se sitúa el asalto y ocupación del local central universitario. El asalto reveló sintomáticas relaciones entre los ocupantes y los encargados del procedimiento. El grupo estaba provisto de transmisores, receptores y armas (entre ellas, granadas de fabricación norteamericana). No hubo interés ni investigación del hecho por parte de las FFCC.»228

En los años 1972 y 1973 fueron muchos los paros y miles los panfletos contra la escalada represiva, el creciente protagonismo militar y por la liberación de los presos políticos. El final de una de las octavillas denota cierto antifascismo y una enorme indignación y disponibilidad para la lucha a pesar de la masificación de las torturas y la cárcel.
«Hoy hay un sólo camino para salir de esta situación: desarrollo y profundización de nuestra movilización junto a la clase obrera y el pueblo por las libertades, las verdaderas soluciones y contra quienes se oponen a ellas.
Llamamos pues a todos los compañeros del gremio a movilizarse junto al pueblo:
• Contra el avance fascista
• Por la plena vigencia de las libertades
• Repudio y denuncia de este nuevo crimen por torturas
• Libertad para todos los presos políticos
• Contra la reimplantación de la suspensión de garantías individuales o el posible decreto de medidas prontas de seguridad y otras leyes represivas.
¡Combatir el progresivo avance fascista!
¡Prisión para los asesinos de Oscar Fernández Mendieta!
¡Libertad para nuestros presos y todos los presos políticos!
¡Ni la cárcel ni la tortura ni la muerte detendrán a un pueblo que lucha por su liberación! 29 de mayo de 1973, Junta de AEM.»229
Este texto está escrito un mes antes del golpe militar. Tras la disolución del Parlamento y en la huelga general, las organizaciones estudiantiles tuvieron una participación activa, tanto en el repudio a los golpistas como en las discusiones sobre la continuidad o finalización de la huelga.
«Por esta razón, el delegado de la FEUU en la Mesa de la CNT, cuando se propuso levantar la huelga general –en la reunión del miércoles, porque a la del martes no fue convocado–, la sintió como una entrega. “El compañero de la FEUU no entiende que la lucha no se agota en un único medio”, le dijo el presidente de la reunión, Vladimir Turiansky, al cortarle la palabra con el alegato de que no había tiempo para fundamentaciones.
Fue así que la FEUU tuvo dos balances de la huelga. Una declaración del Comité Ejecutivo, que apoyaba la conducta de la CNT y saludaba el heroísmo de la clase obrera y el pueblo. Y una resolución del Consejo Federal, luego de un debate en asambleas, que criticaba a la CNT, por no haber puesto en juego toda la fuerza del movimiento sindical, y a la propia dirección de la federación, por subordinarse a las decisiones de la central obrera.»230
Con la consolidación de los militares en el poder, se extendió la represión a nuevos sectores de la población. A pesar de eso los estudiantes no dejaron de publicar panfletos. La UJC, en uno de ellos, reclamaba con grandes proclamas patrióticas:

«Solidaridad con todos los pueblos que luchan contra el imperialismo, por la democracia, la independencia y el socialismo. Unimos nuestra lucha a la del pueblo vietnamita, cubano y chileno. Llamamos a todos los jóvenes patriotas que quiera luchar por un Uruguay mejor: libre, soberano. A integrarse a la Juventud del Partido de la Clase Obrera […]. Libertad para Seregni, […] F. Díaz […]. Solidaridad con la CNT ¡Todos los estudiantes a traer 1 kilo de alimentos! La próxima semana será la “Semana de solidaridad con los dirigentes y militantes sindicales presos y destituidos”.»

IV.6.5. Asamblearismo, federalismo y polémicas

«Todo el poder a las asambleas de clase.»

Esta consigna, repetida habitualmente en aquel período, sintetiza el grado de politización que tenía el estudiantado. Inspirada en las lecturas de la revolución rusa, promulgaba una forma de organización basada en cierta horizontalidad, una total autonomía, gran radicalidad y el rechazo de las organizaciones tradicionales, concepción ligada a la crisis de los partidos parlamentarios en los sesenta.
Un estudiante de UTU definía de la siguiente manera la forma de organizarse:

«En cada reunión elegimos un presidente para que dirija el debate, pero no hay secretario general ni cosa que se le parezca. Reconozco que de esta manera se corre el peligro de prolongar demasiado las discusiones, con las consiguientes dilatorias en materia de decisiones, pero las que surgen de este proceso, cuentan con mayor respaldo. Muchas veces empleamos horas enteras en aclarar el verdadero papel de los delegados cuya actuación es permanentemente juzgada […] pero en compensación, evitamos la formación de un aparato directivo que rápidamente se alejaría del estudiantado y fomentaría los personalismos.»231

A partir de 1968, la actividad gremial y la organización del alumnado combativo en UTU y secundaria se desarrolló desde las asociaciones de estudiantes y un órgano central: la CESU, que en bastantes sectores perdió hegemonía por el carácter descentralizado y federal de las movilizaciones. La coordinación entre los alumnos de los distintos liceos respondió más a un criterio de agrupación política o forma de entender la lucha que a la unificación gremial. Muchos alumnos de tendencias radicales no se sentían representados por la CESU porque estaba bastante controlada por la UJC, cosa que no pasaba con el sindicato coordinador universitario, FEUU, de carácter más independiente, y por eso más aceptado por aquellos.
En el IAVA, durante 1968 y otros episodios posteriores, el comité de movilización era el poder decisorio, estaba centrado en la organización de la resistencia y al igual que otros órganos nucleadores de secundaria, y a diferencia de la FEUU que gestionaba los intereses académicos del alumnado, no le interesaba el control del centro –dejaba esa tarea a directores y administrativos– sino «crear conciencia» para el cambio social. Tenía tanta fuerza, por el ímpetu de jóvenes luchadores sociales que se veían representados en él, que devino una verdadera estructura de contrapoder. Los otros órganos de representación, al no politizarse cada vez representaron a menos gente y perdieron toda capacidad de decisión. Su vigencia fue más nominal y formal, que real. La AEP (Asociación de Estudiantes de Preparatorios), por ejemplo, desapareció.
Aunque hubo algunos centros de estudio en los que las formas de delegación oficial y antiguos sindicatos de estudiantes se mantuvieron e incluso crecieron, la autonomía y espontaneidad también se dio de forma generalizada. Bastaba que unos pocos convocaran una manifestación relámpago para que se diera. «Era un mundo de militantes muy improvisados los que coordinaban todo el asunto» declara Arocena.
El poder se ejercía día a día y lo hacían quienes más activos se mostraban, los dinamizadores en las distintas movilizaciones y en determinadas ocasiones los asignados como delegados. Muchos de los que empezaron a militar en mayo del 68, en el mismo mes ya eran dirigentes.
Para presentar la FEUU y la forma de organización del alumnado universitario es adecuada la explicación que ofrece Arocena:

«El movimiento sindical uruguayo desde comienzos de los sesenta sin ninguna duda está hegemonizado por el PC, no es la única fuerza pero es la mayoritaria, […] la definición de la gente no comunista dentro del movimiento sindical era muy en relación con el PC. Para bien o para mal […] era muy claro que eran ellos los que dirigían. Eso no pasa a nivel estudiantil, no había tanto una definición en función de lo que hacía el PC […]. Esa corriente, genéricamente, primero llamada tercerista, luego independiente y después radical fue mayoritaria en la FEUU (el gremio mayoritario de estudiantes universitarios) hasta por lo menos el 71.»232

El predominio de esta corriente a la que se refiere Arocena hace posible episodios como, por ejemplo, «condenar la intervención de las tropas del Pacto de Varsovia en la República Socialista de Checoslovaquia […] [porque] la construcción del socialismo […] no podrá ser jamás impuesta por el poder de los ejércitos, sin la participación activa de la clase obrera y el pueblo en ese proceso».233
En 1968 la FEUU, a pesar de que era una institución con mucha antigüedad puesto que se creó en 1919, mostró bastante modernidad en las movilizaciones y tuvo un gran poder de convocatoria, aunque también fue duramente criticada por el sector más radical del alumnado. El antiimperialismo siempre estuvo ligado a esta agrupación y lo demostró, por ejemplo, participando en la fundación de la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes, en La Habana en 1966, época en la que además en su interior fue hegemónico el ideario socialista. En 1965 la federación de estudiantes declaraba:
«En América Latina no hay progreso posible sin cambio de estructuras económicas y sociales, porque no hay en toda la historia cambios de estructuras sin revolución, es decir, sin un cambio de clases en el poder.»234
«Era muy heterogénea, –añade Arocena en referencia a la FEUU– […]. Como la tendencia radical, era muy inorgánica. A veces se daba la hegemonía del PC, votaban siempre juntos, tenían un aparato en torno a ellos. Nosotros [la FEUU] éramos una federación propiamente de la época anarquista, el órgano máximo eran las asambleas y el consejo federal. En momentos de urgencia, que a veces sobraban, el Comité de movilización tomaba resoluciones […]. [El cual], no tenía comité ejecutivo, su organismo de conducción era elegido para cada movilización. En el 68 éramos siete compañeros, tres comunistas y los otros más bien de las corrientes, genéricamente, llamadas, radicales.»
Este testimonio añade que en 1969, en la FEUU aun se mantenía el leve predominio de la tendencia radical, que la participación estudiantil de universitarios descendió enormemente y que pasó a ser mucho más importante en el ámbito de secundaria y que en 1971, con la creación del FA, se dio la alianza PC-PS y la partidización. Concepto que hace referencia a la mayor implicación e integración de los luchadores sociales en los partidos y, en algunos usos también, en las organizaciones políticas. Es decir, el proceso contrario al sinpartidismo.235 En este año gran parte del sector estudiantil más radical se centralizó a través del 26 de Marzo, que controlaba buena parte de los centros, tanto de secundaria como universitarios, y se transformó, de alguna manera, en las juventudes de esa fuerza política, por lo que perdió su anterior autonomía.
Las agrupaciones formadas en secundaria durante este período fueron, entre otras el FER, la ROE, las Brigadas Socialistas y los Grupos Estudiantes Unificadores (GEU). Las cuales se coordinaban, respectivamente, con sus homólogos universitarios: la intergrupacional, la ROE, las Brigadas Universitarias Socialistas y el Sector Universitario de los GAU. Las coordinaciones se aplicaban tanto para movilizaciones propias del estudiantado, como para la solidaridad con trabajadores en conflicto, siguiendo las orientaciones de cada grupo. Por su parte los tupamaros también tenían algunas agrupaciones, como el Grupo Área de Arquitectura, en las que ejercían una gran influencia o con las que estaban directamente vinculados.236
Con respecto a la visión que tenían los alumnos de secundaria más radicales al respecto, Horacio Tejera asegura que:
«Los del IAVA pensaban que como los universitarios de la federación de estudiantes estaban cerca de recibirse, la burguesía los iba a comprar y por lo tanto ya estaban apuntando sus vidas a ser los técnicos del patrón […]. Menos la FEUU de Bellas Artes que acompañaba a secundaria, la FEUU o trataba de contener los ánimos o desaparecía.»237

Hacia 1970 la lucha universitaria había decrecido. Por ello, algunos estudiantes de secundaria que estaban en su máximo momento combativo, miraban con recelo a los universitarios y su órgano federativo. «La sensación entre los estudiantes del IAVA –declara Arocena– era que la FEUU se había aburguesado, se había retraído».
Ya en 1968 se hablaba de moderación «doctoral», de «burocratismo» de la FEUU y se matizaban gran parte de sus consignas: «Ante la muerte de los compañeros los universitarios escribían: “Los responsables deben renunciar”. Nosotros consideramos que no hay responsable; el responsable es el régimen».238
Por su parte, un grupo de estudiantes de Medicina planteó su cuestionamiento a la línea de la FEUU en 1968, de la siguiente manera:

«[A pesar del] perfeccionamiento de los métodos represivos, el baleo a mansalva, la protesta estudiantil no logró ser acallada registrándose como justa respuesta las acciones más violentas de los últimos tiempos. Sin embargo este nivel fue decayendo debido, en primer lugar, a interminables convenciones en las que a la línea combativa se oponía otra que aparentemente apoyaba medidas de agitación y propaganda, pero trataba intencionalmente [parar] la acción prolongando las discusiones; […] y, finalmente, por los reitereados encuentros y desencuentros de militantes en puntos prefijados para concentraciones que después se anulaban […]. La dirección de la FEUU se vio obligada a oír como la masa militante gritaba: “Militancia sí, burocracia no”. Como ocurre hace mucho tiempo, la dirigencia federal se perdió en discusiones y careció del más mínimo esquema organizativo para orientar esta nueva movilización.»239

La FEUU, para explicar su moderación, decía que había que preservar la autonomía universitaria porque peligraría si se hacían determinadas acciones. Otro factor, que de alguna manera moderó las movilizaciones, fue el cogobierno que ejercían en cada facultad junto a profesores y funcionarios de la enseñanza. En secundaria, como no había esa preocupación, se sobrepasó todo aparato formal «burocrático». En cambio los universitarios se sentían más responsables porque de alguna manera también eran los encargados del control y la gestión de las facultades.
Además, hay que tener en cuenta, sin descartar que alguno sí pudo «aburguesarse», que los universitarios más radicales aunque seguían cursando, en la medida de lo posible, sus estudios abandonaron la militancia estudiantil y empezaron a comprometerse con los grupos armados u otros grupos ilegales.
La rivalidad política más grande no era entre IAVA-FEUU o secundaria-universidad sino, como en todo este período, entre PC –o más concretamente entre el sector universitario de la UJC (las juventudes de ese partido) o la FEUU (en la medida que esta era copada por él)– y la tendencia combativa que en el ámbito estudiantil se denominó también, «radicales», «independientes» o «línea dura».240 Esta tendencia que atacaba al freno negociador, no tenía una gran preocupación por las definiciones ideológicas precisas, consideraba imprescindible la unidad con la clase obrera para la extensión de la lucha y a grandes rasgos estaba a favor del socialismo pero en contra de la burocracia de Europa Oriental y la izquierda clásica.
Al igual que los tupamaros muchos estudiantes, sobre todo de esta ala radical, se veían a sí mismos como el foco desde el cual se impulsaría el movimiento revolucionario y veían en su actuación «la chispa que enciende la pradera».
El PC, por su parte, al entender que no estaban dadas las condiciones para la revolución pensaba que reclamarla a través de consignas o acciones violentas era aventurerismo. Por eso defendía permanentemente la negociación, hasta que «la mayoría de la población adquiriera la conciencia necesaria».
Como crítica a los llamados estudiantes radicales, la visión que consideraba necesario el accionar violento y la política del MLN con respecto al estudiantado Landinelli manifestó:

«Es evidente que una zona relevante del movimiento estudiantil universitario, se consideraba a sí misma como adalid de la lucha popular y esa convicción la expresaba con elocuencia, tratando de ubicarse como centro de gravedad de la protesta social. De ese esquema teórico surgió una lógica política que atribuía a la capacidad de estremecer a la población con acciones agitativas una cualidad de “crear conciencia”. En consecuencia todo intento de moderar las confrontaciones con las fuerzas represivas, en atención a razones tácticas, era tipificado como un “freno burocrático” a la energía transformadora de los militantes. Los razonamientos de este tipo se entroncaron casi naturalmente con la tentación de ver un inminente panorama revolucionario, al que solamente le hacía falta la existencia de una forma de voluntad capaz de fomentar y agudizar el nivel de los enfrentamientos sociales. Quienes participaban de estas convicciones se sentían artífices de una historia espectacular, en la cual los estudiantes radicalizados eran según sus propios ojos los protagonistas centrales de la lucha de clases.»241

La divergencia más grande entre radicales y moderados, léase UJC u otros, era sobre todo en cuanto a métodos. «Discrepamos en torno a los procedimientos, pero esa discrepancia ha llegado a ser tan profunda, que casi podemos considerar a los comunistas como verdaderos reaccionarios, en lo que hace a las consecuencias de su actitud».242
Como explicó Landinelli, de forma crítica, los radicales buscaban altercados con las fuerzas del orden deliberadamente porque decían que:243

«[El] enfrentamiento con la policía sirve entonces, para mostrar al desnudo la verdadera naturaleza de un régimen que, normalmente, recurre a métodos de control más discretos. La dificultad para llegar racionalmente a un rechazo de la sociedad […] se elimina por la vía de una experiencia vital intensa que pretende demostrar […] lo que las palabras no logran probar: la indudable presencia opresiva del sistema. La acción sustituye a la palabra; el diálogo es traición.»244

Hasta cierto punto era normal que vieran las cosas de esta manera, porque al pensar que el cambio social sólo se podía dar tras una insurrección popular y violenta, veían en esos actos experimentaciones de la misma, una gimnasia revolucionaria, y avances hacia ella. Era preciso despertar de la siesta a todos los uruguayos –a quienes los radicales consideraban, al menos a una buena parte de ellos, individualistas y temerosos del cambio– y pensaban que el despertador bien podía ser un cóctel molotov reventando contra una tanqueta policial.
Siguiendo con esta vigorosa polémica, se ofrece una explicación de León Lev, por aquel entonces, dirigente de la UJC, en la que critica ciertas actitudes de los radicales, o tendencia combativa, por politicistas y divisionistas; y a algunas agrupaciones que, según él y probablemente refiriéndose al MLN, usaban la militancia que había en el ámbito estudiantil como mera cantera de cuadros:

«Para nosotros los sindicatos como los gremios estudiantiles representaban al conjunto de los trabajadores y los estudiantes y no debían expresar tendencias. No concebíamos las estructuras gremiales estructuras de agrupamiento político. Podía primar ciertos sectores, como nosotros tuvimos cierta primacía. [Rechazábamos] todo intento de restringir y estrechar. Para algunos el movimiento estudiantil era una forma de reclutamiento, para nosotros era un aliado natural estratégico de la clase obrera. Siendo aliado estratégico obteníamos una base social, para nuestro partido pero no lo concebíamos como la cantera, no era una herramienta del partido […]. Por supuesto cometimos errores, de sectarismo, era en medio de la lucha. Una situación compleja.»

Para concluir este apartado sirve el testimonio, a modo de balance y reflexión, de Horacio Tejera, ex militante de la tendencia combativa, pero que rescata alguna de las críticas hechas por la FEUU a esa corriente. Más que por este aspecto, se eligió esta cita porque demuestra que ni entonces ni ahora hay acuerdo sobre la función social y las formas de lucha del estudiantado combativo y persiste la dificultad de relacionar los objetivos inmediatos con los históricos y a largo plazo.

«En el 68 la lucha empezó por la reivindicación por el boleto, que era una cosa que mucha gente podía sentir. Hasta ahí vamos bien. Después siguió por otras cosas. La lucha en Vietnam, la muerte del Che en Bolivia, que había sido un año atrás, siguió por la autonomía universitaria que había sido violada cuando la lucha por el boleto, siguió por la solidaridad obrera estudiantil, siguió, siguió y siguió y siempre había algún motivo. Me pongo en el caso de lo que sentían mis tías y la gente del barrio, “estos siempre están buscando algún motivo para armar relajo”. No simpatizo con la visión de la gente en ese momento, pero a esta altura la entiendo un poco. Vos no podés hacer una escalada que no tenga ningún límite. Por que si la gente se empieza a dar cuenta que el que comienza la escalada sos vos, que vos querés presentarte como víctima, que te la estás buscando y cuando conseguís un mártir, empezás a dar manija y parece que estás deseando conseguir otro, ya te empiezan a dar poca bola. Vos pensá en lo que fue la manifestación de Líber Arce y la de los otros. Cada vez te daban menos bola. Si hubiera habido elecciones al otro día de la muerte de Líber Arce, sin duda hubiera ganado la izquierda, pero después hubo muchos muertos, que a veces eran como buscados. Vos no podías parar pero la gente sabía que vos no querías parar. No le quiero sacar responsabilidad a los milicos, sabés que no estoy ni a favor del gobierno ni de los milicos, o sea que te puedo hablar con un poco de libertad. Pero cuando vos entrás en una escalada a la que no le querés poner límites, porque pensás cuanto más dura sea la lucha, más te va a beneficiar, porque partís de que la radicalización es lo que necesitas para que amplios sectores [se rebelen]: Mirá lo que pasó, a Pacheco lo votó gente que nunca lo hubiera votado […]. Después de lo de acá empecé a dudar de todo, la toma del Palacio de Invierno, habrá sido el pueblo ruso o habrán sido cuatro energúmenos.»

IV.6.6. Sobre el carácter de la lucha

«Es notorio que existen dentro de la Universidad núcleos estudiantiles que preconizan –no sólo preconizan sino ejercen– la acción directa en las calles, con la finalidad y el propósito de derrocar al gobierno… Los demás jóvenes que acompañan esta acción no lo hacen –muchos de ellos– con ese objetivo político-revolucionario que impera en esos grupos de alrededor trescientas personas.245 Hay cierto contagio en la acción de los demás […] pero esas minorías activas a que me he referido, son los grupos que empujan, sirviendo de estímulo y de modelo a una masa que no está tan decidida y que no tiene finalidades políticas tan determinadas.»246
E. JIMÉNEZ DE ARÉCHAGA, ministro del Interior.

Como dijo el ministro, algunos de los estudiantes luchaban conscientemente y de forma decidida contra el régimen y por la revolución social, pero se debe tener en cuenta que muchos otros, en su práctica y más allá de sus consignas formales, también lo hicieron.
Los análisis que se presentan a continuación y explican las razones de aquella rebelión, en ciertos aspectos se podría afirmar que, por no considerar el dinamismo real del movimiento, tienen la limitación de quedarse en lo formal. Sin embargo son interesantes por su originalidad y acertado análisis de otros aspectos de aquel convulsionado pasado.
«Lo que ya teníamos: autonomía universitaria, los estudiantes al gobierno de la universidad. Y por otro lado la revolución –es la respuesta de Lucce Fabbri ante la pregunta ¿qué reclamaba el estudiantado?–. Pero no había nada estructurado para alcanzarla. Fue un movimiento revolucionario de las ideas. No había una preparación cultural para un cambio de estructuras, señaló esporádicamente la autogestión, pero no fue un movimiento autogestionario, […] [terminaron] subordinándose al cauce principal, a la estrategia de la izquierda institucionalizada, y en eso consistió la frustración de ese movimiento, que empezó como ruptura y terminó institucionalizado.»
«El movimiento estudiantil en el que yo milité a fines de los cincuenta -recordaba Alfredo Errandoneaera de izquierda, pero estaba en cierta tensión con la izquierda institucional; a fines de los sesenta ya se había operado un crecimiento importante del PC y la FEUU oficial, formal, ya estaba masivamente integrada a la izquierda. Todo ese movimiento desemboca en la formación del Frente [Amplio] y en el esplendor de los tupamaros. Cuando se llega al 68, aquí se tiene un movimiento popular muy institucionalizado alrededor de la izquierda tradicional.»247
«La insurgencia estudiantil si bien fue similar en todas partes, en cuanto a métodos de lucha se refiere, no podemos decir que sucedió lo mismo en el plano ideológico –afirmaba una publicación combativa en 1998 que hacía un balance de aquellas movilizaciones–. En Europa, en general, el movimiento estudiantil adquiere un carácter más claramente libertario. En Francia, Italia, Portugal y España –por ejemplo–, las tendencias anarquistas se traducían claramente en las reivindicaciones globales y las consignas del estudiantado. En Latinoamérica y Asia, si bien el movimiento libertario incidió decisivamente en la lucha, los cuestionamientos permitían reconocer el peso de la influencia del marxismo y el maoísmo. En EEUU, mayormente, la protesta adquirió un tono pacifista, de confusos rasgos socialistas, influenciados por la lucha antisegregacionista de los negros y la “explosión cultural”.»248
En alguna medida, si uno se queda con las banderas más generalizadas de las movilizaciones, las razones por las que se decía luchar –la subida del boleto, la disminución del presupuesto para enseñanza…– no son de una importancia trascendental. Son importantes, pero no, la causa real para que un joven arriesgue su integridad física, le tire un cascote a un policía y «sacrifique» horas y horas de su cotidianeidad en tareas militantes.249 Se jugaban, en cambio, temas fundamentales que tenían más que ver con el sentido de la vida; con la obligación moral por hacer algo por un país que se desvanecía; por un compromiso social; por el sueño y la necesidad de transformar el mundo; por la solidaridad con los compañeros en lucha e incluso porque estaba de moda y, en según qué círculos, se quedaba mal si uno no hacía nada mínimamente combativo.
Aunque en algún caso sí se dieron, por lo general no hubo críticas al sistema educativo como lugar de domesticación cotidiana. A lo sumo se decía que la universidad, y la educación en general, era un centro de formación de cuadros del sistema, futuros gestores y por lo tanto rechazada en esta medida.250 En cambio, para muchos estudiantes de Italia y Francia no era sólo eso, era un aparato represivo disfrazado de aprendizaje, un lugar de administración de muerte cotidiana, donde se padecían los mismos efectos que en el resto de la sociedad: competitividad, rendimiento y obediencia. Por lo que el enemigo era tanto el estado como todos aquellos que le servían en sus tareas, muchos profesores y casi todos los jerarcas de los centros de estudio. En Uruguay, además de alguna diferencia con respecto a esta visión de las cosas,251 lo que pasó es que las autoridades de secundaria y universidad muchas veces se implicaron en la defensa de la autonomía y, en algún caso, de la rebelión estudiantil.252 En ocasiones la rechazaban y no dudaban en cerrar las puertas de las facultades cuando los alumnos salían a manifestarse para que no volvieran a refugiarse en ellas y evitar las constantes críticas gubernamentales por permitir el desorden producido desde los centros de estudio.253 A pesar de éstas actitudes los estudiantes muy pocas veces se enfrentaron a estas autoridades e incluso se movilizaron contra la solicitud del gobierno por destituirlas. Los integrantes del MUSP sí lo hicieron.
Otra diferencia del proceso uruguayo con el europeo es que en Uruguay, seguramente debido a la fuerte carga liberal de los padres, no hubo por parte de los jóvenes una crítica fuerte a la familia.254 Varela aporta una hipótesis interesante, que explica por qué en Francia o EEUU sí se dio esa ruptura, recuérdese la cantidad de jóvenes – hippies o no– que se iban «prematuramente» y con grandes discusiones de casa de los padres. O lo que gustó, en esos lugares, obras como las de David Cooper, La muerte de la familia o las citas de Marx y Engels contra esta institución.

«En cambio no hubo una crisis de la institución familiar propiamente dicha y ello se explica probablemente por la misma situación económica y política. Las sociedades que han sufrido recientemente una crisis de su modelo de organización familiar se caracterizan por tener economías sólidas y sistemas políticos estables. En Uruguay, la restricción del mercado de trabajo más la mutación del estado benefactor en un estado represivo, reforzó el papel del núcleo familiar como protector, financiador e integrador del individuo, especialmente de los jóvenes. Aunque la protesta exteriorizara, como hemos señalado, una crítica de la sociedad que iba más allá de la política, la lucha se concentró en torno al estado y al sistema político.»255

Aunque, a nivel masivo, no se dio ruptura entre padres e hijos, sí hubo varias expresiones tendientes a generar ruptura, no familiar, pero si generacional; «en realidad, pienso que el verdadero motivo de la inquietud estudiantil es la lucha contra un estado de cosas implantado por nuestros padres y las generaciones precedentes» decía una estudiante que ocupaba un liceo en 1968.256

IV.7. CONTRADICCIONES ENTRE ORGANIZACIONES

La conflictividad social de fines de la década de los sesenta no sólo provocó antagonismos entre el régimen y todos aquellos que lo rechazaban; entre las fuerzas represivas gubernamentales y las revolucionarias. También los hubo entre los luchadores sociales, produciendo fraccionamientos dentro de las organizaciones y fuertes contradicciones entre ellas. En algunas situaciones, motivados porque un sector de éstas apoyaba, en la práctica, la política del estado; y en otras, por pugnas de liderazgo, sectarismo ideológico y la lectura esquemática y superficial de escritos como los de Marx. Es, por lo tanto, importante no caer en imágenes idílicas respecto a la militancia de entonces, que también se caracterizó por la división, la desconfianza y los insultos políticos.
Los aspectos anteriormente mencionados y el hecho de sentir la lucha revolucionaria como el componente que daba sentido a la vida provocaron la defensa radical de las convicciones políticas y una alta carga de fanatismo. Horacio Tejera rememora aquel contexto, concretamente cuando era estudiante de preparatorio:

«En el año setenta estuve recorriendo las clases del IAVA con gente del FER, explicando a los nuevos la situación: que en cualquier momento el IAVA iba a ser clausurado. Y yo decía una cosa más o menos así: “Aquí no se viene a estudiar, se viene a hacer la revolución, el que se sienta preocupado por el inminente cierre del IAVA que se anoté en otro lado”. A ese yo lo recuerdo con mucho cariño, pero en realidad, sumá muchos de esos y podés obtener desde un fracaso, como el que tuvimos, como hasta una Camboya. No te digo que todo el mundo fuera tan fanático como lo fui yo, pero en general sí.»

Como se observa en este apartado, y otros, algunas de las discordancias grupales se produjeron por problemas personales; otras, en cambio, por diferencias políticas, sobre todo en lo que tuvo que ver con los métodos de lucha. Arocena manifiesta que las principales divisiones se dieron por motivos metodológicos, sobre el carácter radical o no de la forma de participación política. Y Huidobro apunta que «si bien había una coincidencia general de carácter estratégico de las mismas fuerzas sociales y políticas, en cuanto a la situación del país y posibles soluciones, hubo una gran fragmentación táctica. Ese fue uno de los problemas que hubo».
Las diferencias metodológicas podían darse por la preferencia de la denominada lucha de masas frente a la guerrillera;257 o por la adopción de la actividad electoral y no de la acción directa. Por lo tanto eran visiones muy enfrentadas de ver la política. Por eso, algunos, reivindicaron las discusiones teóricas, aún a riesgo de reducir el número de combatientes para una misma causa ante lo que consideraban discursos que defendían una estéril unidad y las manidas frases del tipo «las palabras nos separan, los hechos nos unen» o «el pueblo unido jamás será vencido». En este sentido Gerardo Gatti escribió:
«No es bueno caer en una impostura de moda en algunos círculos, […] discutir diciendo que no hay que discutir. Hemos conocido especies de decretos de extinción de la polémica ideológica dentro de la izquierda. La pelea a nivel de lucha de masas, de clase, implica simultáneamente y a partir de ella, la lucha ideológica. Tenemos la experiencia a través de estos años. No hay una sola concepción a nivel de lucha de masas. Hay varias, o dos por lo menos. Es legítima, necesaria e imprescindible la discusión. Tarea que han hecho siempre y en todas partes los militantes y los movimientos revolucionarios. No una discusión “ideologicista”, no una discusión inútil, a partir de si fulano dijo o mengano dejó de hacer, si tal página o tal texto y tal cita, sino una discusión a partir de qué política es la justa, de cuál hace avanzar y cuál retroceder, cuál ayuda al enemigo y cuál a la revolución. Por eso, simultáneamente a la pelea contra el enemigo principal, a la lucha en todos los niveles contra el enemigo de clase, hay que dar la batalla ideológica contra el reformismo que actúa dentro del movimiento de masas. Porque el reformismo ayuda a enfriar el partido, ayuda a retrasar las condiciones, ayuda a que el enemigo tenga más campo para jugar, ayuda a confundir, trata de dividir a los que luchan e intentan aislarlos: Nada por lo tanto de ningún “anti”. Y nada tampoco de querer corrernos con el poncho de las unidades, cuando lo que se hace son divisiones.»258
Otros militantes pensaban que no se debían producir fragmentaciones por más desacuerdos que hubiesen, en las plataformas unitarias y coordinadoras sindicales.
«El movimiento sindical uruguayo es más unido que muchos otros –declara Rodrigo Arocena–. Y ha sido siempre, para la izquierda uruguaya, una especie de valor a preservar de cualquier manera. La unidad del movimiento sindical, del movimiento estudiantil, a nadie se le ocurría que se pudiera partir en el grupo comunista y el grupo no comunista. Eso no pasaba. Se perdía, se ganaba, se agarraban a las trompadas, todo lo que fuera, pero no se dividía. Costó muchos años la unidad sindical, muchísimos.»
«Para el PC el tema medular era la unidad del pueblo –declara León Lev […]. No éramos partidiarios de llevar la lucha de ideas a la polarización y las rupturas.»259
Hubo errores entre nosotros –se lamenta René Pena–. ¿Por qué, en cambio de pelearnos entre nosotros…? ¡Juntos podríamos haber hecho algo bueno!
–Por ejemplo…
–Tener cosas claras entre la gente que quiere cambiar el mundo. Empezamos a agrupar aquí y allí y a formar grupúsculos que no llevaban a nada.»
Los primeros enfrentamientos directos de más resonancia fueron los protagonizados por el MUSP y el PC, ya fuera porque los primeros iban a romper un acto de los segundos o porque ambos grupos se encontraban –con posiciones y tácticas diferentes– en los actos del 1º de mayo.

«Ese mismo día, tal vez a la misma hora, los afiliados al Partido Comunista propinaban una descomunal paliza a los del MUSP, quienes, en neta inferioridad numérica y según sus propias declaraciones posteriores, prefirieron organizar un “repliegue táctico” desde la manifestación del 1º de mayo a las calles aledañas. También terciaron en la gresca los trosquistas y los anarquistas. La prensa de izquierda estuvo, durante semanas, ocupada en comentar y discutir no sólo los incidentes, sino las densas declaraciones al respecto que cada quien sacó. Ante la indiferencia generalizada y de la derecha, ese era el espectáculo que se brindaba. Hasta la misma policía admiró y disfrutó, tranquilamente, la garroteadura ideológica del 1º de Mayo.»260

Huidobro responde a la parte del cuestionario que trata los motivos y las características de los antagonismos entre los luchadores sociales. Señala los períodos en que este fenómeno se acrecienta y afirma que las contradicciones se dieron más entre las bases de las agrupaciones que entre las direcciones de las mismas.
«La lucha ideológica y estratégica se dio en todos los revolucionarios del mundo. Detrás de cada consigna hay una estrategia. No es cuestión de ser soretes. Yo tengo grandes amigos comunistas. No eran malos por malos. Tenían una concepción estratégica diferente. Discrepaban con nosotros, pensaban que la habíamos cagado, que nos estábamos adelantando a los acontecimientos. Y otros compañeros opinaban lo contrario y había compañeros más radicales que el MLN, todavía. Había de todo, un zoológico. En esos momentos de ebullición, de lucha de clases hay de todo. Hasta los locos sueltos que proponen poner un hombre en la luna, y vos tenés que bancar todo eso. Es el pueblo discutiendo. En los comités de base hay de todo, el que propone comprar mucha dinamita y volar todo y las grandes organizaciones MLN, PS y PC que llevaban sus consignas. Eso es pluralismo, lo acepto. Hay momentos justamente en que no. Que hay unanimidad. En que el enemigo está tan claro. La tarea es tan clara. Que todo el mundo ni discute, sale derecho a hacer lo que hay que hacer. Pero hay momento que hay debate de cómo posicionarse.
–¿Y con los otros grupos cómo se llevaban, con los del Acuerdo Época por ejemplo?
–Teníamos muy buena relación. Nosotros teníamos buena relación con todo el mundo de la izquierda. Fraternales. Y de colaboración mutua en todo lo que podíamos. Este otro tipo de lucha que te estoy diciendo se daba a nivel de comité de base, pero la relación de organización a organización fue fraternal. Aparte había una persecución de la derecha. El fascismo no discrimina mucho.»
A pesar de que las contradicciones más profundas se daban entre los adherentes al PC y sus opositores, también hubo otras, más moderadas, entre otros grupos. Algunos de los problemas se produjeron, justamente, al intentar coordinarse y planear acciones conjuntas. Según el testimonio de Mario Rossi, los distanciamientos entre militantes del MRO y el MLN se iniciaron por la resolución de los primeros de formar parte del FIDEL junto al PC, en 1962; por la decisión del MRO de no entregar fusiles para la ocupación cañera de las tierras de Silva y Rosas y por haber descompartimentado este plan con la dirigencia del FIDEL. Continuaron porque el MLN evaluó como insuficiente la disposición del MRO de sacar del país a los tupamaros requeridos tras el golpe de diciembre de 1966, pues lo que pidió fue en territorio nacional. Según M. Rossi eso no fue posible debido a la falta de condiciones e infraestructura. Con la intensificación de la polarización de la lucha de clases y de la represión, se dejaron de lado las contradicciones pasadas y, en varias ocasiones, se produjeron alianzas tácticas –discusiones y acciones comunes–. Pero en 1971 se volvieron a distanciar.
«La discusión política dentro del penal no prosperó debido a diferencias ideológicas estratégicas y a una acusación denominada “cagarandum” contra A. Collazo, que A. Collazo hizo los descargos correspondientes. Fuera del penal, algunos militantes, la mayoría que participaban en las acciones, se pasaron al MLN, pero la discusión política tampoco permitió la integración.»261

Aunque muchos militantes, a lo largo de los años, cambiaron de agrupación política, cuando estaban en una, la defendían a ultranza. Muchas veces, y como forma de reafirmar que se había elegido la buena, se criticaban las otras. Casi siempre desde el desconocimiento y el esquematismo.
«Los anarquistas éramos algo así como débiles mentales simpáticos. Combativos, buenos tipos, pero que no entendíamos», señala Tejera.
A veces, para realizar las valoraciones de las otras organizaciones, se utilizaba un «radicalómetro». Consistía en situar a su colectivo de militancia como lo más revolucionario, a las fuerzas reaccionarias como las más conservadoras y a todas las demás en el medio, más o menos cerca de los dos extremos.
«Nadie que estaba en la tendencia consideraba al MAPU como compañero sino todo lo contrario: “Teja traidora” –manifiesta Juan Nigro–. En general estaban todavía a la derecha del PC. Hubo más gente interesante en la juventud de la democracia cristiana, en la medida que iba rompiendo, que en el MAPU.»

La crítica política seria, con el tiempo y en ambientes de amistad, podía desembocar o mezclarse con la burla.
«Para nosotros, el GAU era de lo peor –recuerda Juan Nigro–.Tanto es así que cuando empezamos a tener bebes, nos reíamos ante la sorpresa de que los primeros sonidos de un bebe pudieran asemejarse tanto al sonido “agu”. Los AGU, el sector estudiantil de los GAU, para nosotros eran los rompehuelgas.»

Los militantes de cada una de las agrupaciones recibían una denominación irónica sobre su influencia ideológica («chinos»; «bolches») y una caracterización sarcástica («fierreros»; «tirabombas»; «pequebús»).
Las antagónicas discusiones entre los diversos colectivos de resistencia se podían producir en medio de reuniones abiertas, con vecinos del barrio o trabajadores de una fábrica cercana, quienes, en muchas ocasiones, se decepcionaban al presenciar las trifulcas verbales.
María Barhoum recuerda una contradicción con los militantes del MIR en el marco de una asamblea por una huelga municipal en el interior.
«No opiné, y uno que era chino [maoísta] dice:
–¿Y la compañera, no va a tirar bomba?
Lo miro y le digo:
–¿Y vos de dónde me conocés, que me estás insultando?
–Bueno, tenemos datos tuyos.
–¿Ustedes son policías o qué?, que ya saben quien soy.
Tuve una fuerte discusión, porque los chinos con los anarcos eran bravísimos.
Más tarde hablé con un compañero y le dije que les dijera a los chinos que pararan la mano, que había fachos en ese departamento y a mí me habían puesto una bomba, que la cana desarticuló, donde me estaba quedando. No todos los chinos eran así, sería algún imbécil como hay en cualquier organización que se tira de conocer gente y te corta la cara en público. Estupideces de chiquilín, que está militando y se cree el Che Guevara cuando los peligros eran tan grandes.»
Roberto cuenta que en una asamblea «un pedazo de chino de metro ochenta, dijo: “Compañeros tenemos que detener los conflictos internos en la universidad y discutir pacíficamente”, y cuando dijo “pacíficamente” se le cayó un garrote de hierro al suelo». Por su parte Rafael Cárdenas dice que lo que le alejó de las tendencias anarquistas fue que uno de sus congresos acabó a los tiros, y Nora asegura que un militante sindical de la CNT le dijo que a veces estaban en la seccional del PC y que venían los chiquitos llorando porque los del FER del IAVA les habían pegado.
«Lo más grave de la izquierda uruguaya –afirma Nora– fue que, en vez de ganar gente de los grupos de derecha o de las juventudes del Partido Colorado, iba a otras organizaciones, creando fracciones. Pienso que parte de nuestro trabajo político tendría que haber sido entrar en el Partido Blanco y captar gente pero lo hacíamos dentro de la izquierda porque tenían el mismo sustrato ideológico.»

IV.7.1. Oposición al Partido Comunista

Las contradicciones intergrupales se plasmaban sobre todo entre favorables y contrarios a la política del PC. Por esa razón, y para comprender a buena parte de los luchadores sociales, es necesario ofrecer los motivos de las críticas a esta organización. No los de la burguesía sino los de un vasto sector de los protagonistas de este estudio. No sólo las críticas efectuadas por los tupamaros, que ya han sido publicadas en varios libros, sino las de otras fuerzas políticas. No con la intención de desprestigiar a los militantes del PC quienes, como los demás, se arriesgaron y lucharon para conseguir un mundo más justo; sino para dejar claro que la política reformista, moderadora y semidependiente de un estado tiene, tuvo y tendrá sus críticos.262
En Uruguay, en las décadas de los años sesenta y setenta muchos núcleos antisistema basaron su concepción política en su diferenciación y crítica al PC.
Los primeros cuestionamientos fueron por su trayectoria histórica. Por algunos episodios gremiales en los que tuvo una actitud demasiado contemplativa con respecto a la patronal, y muy poco clara con los obreros. Por eso, la militancia de los sesenta pronunciaba frases como la de Mujica:
«Entregó el conflicto de la carne en la década del cuarenta». Pero más que por su pasado, las críticas se produjeron por el papel que día a día realizaba.
Las contradicciones más tempranas se produjeron con los cañeros, sector que despertó la simpatía de gran parte de la población. La segunda marcha cañera recibió el apoyo de varios colectivos, pero no del PC, que decidió desentenderse de ella y su entorno por la reivindicación que hacían de la lucha armada.
«Ningún comunista o “fidelero”, dirigente o de base, o de su prensa, se ha hecho presente a lo largo de nuestra marcha […] hubo militantes sindicales comunistas que no movieron los dedos (ni siquiera los dedos de los pies), como es el caso de aquellos que estaban todos los días en un local frente al campamento cañero, sentados tomando mate en la puerta, y que jamás cruzaron a darnos una voz de aliento en nuesta lucha.»263
Actitud que les costó la denuncia pública de las agrupaciones solidarias con la causa cañera. En una carta del Movimiento de Apoyo Campesino a un dirigente del PC no sólo se les acusa de ser pasivos con respecto a la lucha llevada a cabo por UTAA, sino de sabotearla.
«Compañero Enrique Rodríguez: La organización abajo firmante se dirige a usted como secretario de propaganda del PC para plantearle algunos hechos sucedidos en los últimos días […]. La propaganda de apoyo a Sendic y a los cañeros ha sido sistemáticamente destruida por los organismos de difusión del PC mientras que la del apoyo al pueblo panameño, si bien no ha sido destruida en su totalidad, ha sido “censurada” en los hechos por compañeros comunistas. A este respecto citamos como ejemplo el hecho de que a nuestros murales que decían: “Latino América en armas aplastará a los yanquis” les han sido tapadas con murales del PC las palabras “en armas” y la sigla de nuestro Movimiento […]. Por el Movimiento Apoyo al Campesinado. Secretario de propaganda: Eleuterio Fernández.»264
Otra de las primeras críticas, basada en el trotsquismo, se debió a su dependencia de la política de la URSS. País que para muchos no era comunista sino capitalista de estado o, para otros, un sistema semisocialista al que la burocracia estaba carcomiendo.
En 1962, Mujica visitó la URSS, se decepcionó con el régimen soviético, con sus portavoces en el Uruguay y con quienes lo consideran el proyecto a lograr. «Para mí fue un viaje absolutamente decisivo para no estar nunca en el PC […]. Fue una de las cosas que me antagonizó con la dirección del
PC, no con el pueblo comunista, que era otra cosa.»265
Pedro Montero, por su parte, señala: «Cuando dicen que ellos eran apéndices de Moscú era cierto, como los maoístas apéndices de Mao». Hay que tener claro que Moscú no sólo tenía una política antipopular en Rusia o Europa (concretamente en Checoslovaquia), sino también en Uruguay. Por ejemplo en 1970, en el marco de las medidas prontas de seguridad, el embajador de la URSS en el Uruguay, Nikolai Demidov, visitó al ministro de Relaciones Exteriores, Peirano Facio, para hacer llegar «la comprensión y el apoyo de su país, a la posición adoptada por el gobierno uruguayo a raíz de la ola de secuestros políticos.»266
Arocena, aunque se refiera a los problemas surgidos en tan sólo uno de los colectivos del ámbito estudiantil, sintetiza tres de los principales cuestionamientos al PC: condena de la violencia como método de lucha obrero-estudiantil, moderación sindical y apoyo de la política imperialista soviética.

«Las diferencias con el PC eran más a nivel internacional, por el bloque […]. En mi centro de estudiantes, la agrupación Reforma Universitaria se rompió en el 69, después de un año de discusiones en torno a tres grandes temas. Estrategia de la movilización estudiantil. Los comunistas más bien tendían a evitar la violencia, los enfrentamientos con la policía. Nosotros no es que las propiciáramos, pero creíamos que era una faceta irreversible. Que eso iba a pasar y no había más remedio que preparase para eso. Una divergencia sobre una resolución concreta que tuvo que tomar el movimiento sindical. Los comunistas decían que había que participar en la COPRIN, nosotros creíamos que no. Y el tercer hecho; Checoslovaquia. Toda cuestión internacional, hasta fines de los sesenta, repercutía enormemente. Dio una discusión brutal, las dieciséis asambleas de los centros estudiantiles condenaron, por votación, la actuación de la URSS.»

Otros aspectos que se le criticaba era la concepción de la convivencia pacífica de clases, la defensa de la democracia y la confianza en las elecciones como impulsoras de cambios. Bravio recuerda:
«Te decían que había que esperar a las elecciones. Y tené en cuenta que en algunos lugares, a los que defendían la democracia, se les echaba. Equivalía a ser fascista.».
También se los tildó de reformistas y se entró en una larga discusión por la condena del PC a la práctica de la lucha armada en el Uruguay. País en el que tampoco veían óptima la acción directa y los enfrentamientos con la policía como método de lucha.267
Otras de las actitudes que exasperó a los luchadores sociales, que integraban o defendían los grupos armados, fue la negación a considerar presos políticos a aquellos que estaban encarcelados por la práctica de la acción directa violenta.

«Sí, ellos trataban de diferenciarse de los presos –asegura Huidobro–. Porque acá había dos tipos de presos. Los presos por medidas de seguridad, sindicales, militantes estudiantiles y los presos tupamaros que estaban por delitos de sangre. Los comunistas estaban dispuestos a levantar la libertad de los primeros y nuestros compañeros decían a todos. “Liberar, liberar a los presos por luchar”, sin andar averiguando por qué estaban presos. Los comunistas decían: “Liberar a los presos por medidas prontas de seguridad”. Pero como era una consigna muy larga, gritaban “Unidad CNT”. Gritaban o te daban con un fierro en la cabeza, y nosotros le dábamos en la cabeza también. Porque vamos a no hacernos los niños. La lucha ideológica pasaba a términos pugilísticos. Los comunistas tenían un diario famoso: El Popular, un diario que no se doblaba. Porque ellos a las asambleas iban con El Popular debajo del brazo, resulta que después te daban con el diario en la cabeza y no se doblaba, porque adentro había un pedazo de fierro. Pero nosotros también, no nos quedábamos atrás.»

El PC se comportaba como el partido del orden establecido en los espacios de lucha, tenía como objetivo que las movilizaciones no se desbordaran a su control.
«El gran enemigo era el PC, era el orden en las manifestaciones y el control en los gremios –explica Bravio–. El 1º de mayo les pegan a los de UTAA y en 1967 hay lío con los del MUSP».
«Ellos tuvieron un gran entrenamiento en el aparato de seguridad –asegura María Barhoum–. La rivalidad con el PC era obvia y plasmada. Ellos armaban las cosas, nosotros entrábamos y luego nos cagaban a nosotros y ellos se iban. Eso es lo que recuerdo.»
Las batallas de gritos, manos y barras de hierro llegaron a provocar heridos, y en una ocasión, según una de las entrevistadas, un muerto –un anarquista que falleció por golpes propinados por militantes del PC.
«Mi tío estuvo en España luchando durante la revolución, en Argentina y luego en Uruguay, donde siguió militando y encontró la muerte –señala René Pena–. Era dirigente de la lana, no lo mató la policía, lo mataron en un enfrentamiento entre anarcos y bolches, le dieron una paliza tan grande que le provocó una embolia y murió. Eso fue en 1967, cuando los bolches hicieron su gran grupo de choque. Los bolches tomaron parte del sindicato y los anarcos no lo querían dejar tomar. Fue en una asamblea, le golpearon afuera. Le dieron una buena paliza y lo tiraron en la puerta de la casa.
–¿Y denunciaron lo sucedido?
–Nuestra familia no quiso. Él estuvo lúcido tres días. Decía que se les había ido la mano, que también eran compañeros, equivocados o no. Que se agarraron a las trompadas, sólo que era él contra varios.»268
La vasta mayoría de los luchadores sociales coincidían con las palabras del moribundo anarquista al considerar a los miembros del PC como compañeros equivocados y no como enemigos. «Si se podía salvar a un compa que fuera bolche se lo salvaba», dice René Pena.
En las treinta preguntas a un tupamaro, el MLN insistía en no presentar a este partido como enemigo, es decir, nunca se debían usar las armas contra él, ni ninguna de las fuerzas de izquierda.
«14 ¿Que le parece que podrían exigir los militantes de los aparatos armados partidistas a sus respectivas direcciones?
Que su acción sea dirigida solamente contra el enemigo de clase, contra el aparato burgués y sus agentes.»269
Un pequeño sector radical de la tendencia combativa si bien consideraba a la militancia del PC como luchadores enchaquetados en una organización contrarevolucionaria, a ésta la situaban del otro lado de la barricada, por lo tanto como enemigo de clase.
«Dicha lista se podría prolongar enormemente, si tenemos en cuenta, la represión ejercida por esas estructuras durante los primeros de mayo, o las famosas jornadas de violencia de los viernes en 18 de Julio, o la violencia empleada para defender las marchas mortuorias de los actos de la CNT contra cualquiera que gritase consignas clasistas o la violencia desatada contra sectores radicales del movimiento obrero como los cañeros, el MUSP, la FAU, los obreros de los frigoríficos, los de Funsa, el FER. Pero basta con esta afirmación, que nadie podrá desmentir, para que las cosas le queden suficientemente claras a los proletarios que no conocieron dicha represión directamente: las famosas armas del P“C” y “aparato militar” nunca fueron utilizados contra el gobierno ni contra los militares, sino exclusivamente contra sectores radicales del proletariado de oposición al P“C”. El P“C” es por eso uno de los más fuertes del mundo occidental, y ello a pesar (y en relación) de la pequeña dimensión e importancia del país. En cualquier lado (manifestación, fábrica) el P“C” era el mejor guardián armado del orden capitalista. Sólo aquellas minorías proletarias organizadas para responder a ese nivel, lograban parar esa obra represiva.»270

Por más duras que fueran las críticas, o sabotajes a las sedes de este partido, nunca se integraban en ellas a su masa militante. En un comunicado de las FARO se observa esta diferenciación entre dirección y bases.
«La cabeza del reformismo en el Uruguay se encuentra hoy en la dirección derechista del PC, responsable de una política de entrega y traición que tomó estado público cuando la Conferencia de la OLAS y estuvo signada luego, por la entrevista Pacheco Areco-Arismendi en enero de 1968; su actitud doble cuando la clausura de Época y la asechanza posterior en sus dificultades económicas, la entrega ignominiosa de los conflictos de la salud, de la carne, de UTE y de los bancarios, su crítica a los métodos de lucha del MLN y el silencio de las acciones revolucionarias, etc. Sin embargo, la masa de afiliados y simpatizantes del Partido Comunista es revolucionaria, y por eso ha dado mártires como Líber Arce, Susana Pintos o Hugo de los Santos, cuyo sacrificio ha sido utilizado para su menuda política de la dirección derechista. Para la lucha ideológica nunca deberá olvidarse esta distinción entre la dirección derechista y la masa revolucionaria del PC.»

Los periódicos oficiales se hacían eco de las contradicciones entre los denominados grupos de izquierda. El diario El País del 6 de mayo de 1970, titulaba «El atentado contra el Club Comunista: una represalia», y afirmaba que tras el «incidente con baleados por el 1º de mayo, componentes del recalcitrante grupo del FARO (Frente Armado Revolucionario Oriental) [sic] […] compuesto por anarquistas y ex MRO, en represalia por la “represión” y el “aburguesamiento” de los comunistas moscovitas» intentaron incendiar una sede del PC con una garrafa llena de gasolina.
Hasta aquí, algunos de los testimonios detractores de la política del PC. A continuación, y en base al testimonio de tres dirigentes históricos, León Lev, Jaime Pérez y Vladimir Turiansky, la defensa de esa política y la justificación de las actitudes anteriormente criticadas.
León Lev fue consultado por las hostilidades en las movilizaciones y sobre acusaciones al PC de reprimir:

«El movimiento sindical tenía su plataforma, no era la del PC, era la suya, entonces nadie podía querer imponerle una plataforma propia. Lo que nosotros resistimos y enfrentamos es a todo intento de desnaturalización de los sindicatos dentro de su legalidad. Cosa que todavía sigue sucediendo, grupos extremistas que se creen con el derecho de imponerle a una organización de los sindicatos algo que no está en la plataforma. Entonces era notorio que la consigna “UTAA, UTAA por la tierra y por Sendic”, era una consigna política no de un sindicato real. Que en una manifestación sindical se reivindicara una estructura política como era el MLN, era como si dijéramos por las fuentes de trabajo y por el Partido Comunista. Para nosotros eso era inadmisible, tampoco se lo admitíamos a otros.»

En un momento de la resistencia al régimen, los luchadores sociales se polarizaron en dos grandes sectores, por un lado los defensores de la política del PC y por otro los de la del MLN.271 Los dirigentes de ambas organizaciones querían evitar, a toda costa, que el potencial militante de las masas acabara en lo que consideraban una línea equivocada. En el caso del PC querían evitar, por ejemplo, que los comités de barrio se transformaran en un gigantesco CAT (Comité de Apoyo Tupamaro); por ello decidieron coparlos. Jaime Pérez en su libro El ocaso y la esperanza. Memorias políticas de medio siglo justifica esta medida por la permeabilidad de los militantes independientes a la aureola guerrillerista tupamara. Esa misma razón es la utilizada para justificar el aparato militar del PC, que según él, buscó y logró evitar que en ese período decenas de miles de jóvenes movidos por el cortoplacismo se incorporaran al MLN y se generara «una auténtica tragedia nacional».
Vladimir Turiansky reflexiona en el mismo sentido y explica la radicalización del PC. Era la única manera de ganar a las masas que miraban con simpatía las posturas más rupturistas. Con esa radicalización, el PC, y por extensión el FA, conservaron sus bases y ganaron adeptos entre quienes estaban aproximándose a la esfera tupamara. Pero perdieron el apoyo de los sectores demócratas y moderados, descontentos con la política de Pacheco, pero temerosos de las posturas radicales.

«Transformar la elección, por sobre todo, en una gran derrota de Pacheco y el pachecato, de cerrar el paso a la rosca financiera. Esa debió ser la estrategia de la campaña electoral, para el conjunto de la oposición. Pero no fue así. Muchas cosas se dieron por sabidas, y muchas veces preocupó más la disputa de votos opositores, o el discurso radical y efectista con vistas a ganar posiciones en el propio seno de la izquierda, que aquella cuestión central. Fue un error de históricas consecuencias. Por lo menos esa es mi percepción de lo ocurrido.»272

El PC justificó la moderación sindical.
«Tras el planteo de la radicalización de las luchas, de la multiplicación de los conflictos, estaba presente la necesidad de acentuar el clima social en cuyo seno pudieran desenvolverse con mayor profundidad las acciones armadas de los tupamaros y otros grupos integrantes de la guerrilla urbana en el país. (Recuerdo haber reprochado alguna vez, en alguna de las tantas discusiones desarrolladas en particular en mi gremio, la falta de ética que implicaba, a mi juicio, el intento de “usar” a los trabajadores para objetivos que no han sido discutidos con ellos.)
En definitiva, quienes pensábamos que la lucha obrera y popular debía conducir a nuevos escalones de “acumulación de fuerzas”, y que esa acumulación debía materializarse en la creación de un frente político y social capaz de disputar el poder a las clases dominantes, todavía en el terreno clásico electoral tradicional y vigente aún en el país, procurábamos ajustar la táctica sindical al logro de tal objetivo. Me estoy refiriendo, en primer término, a los comunistas. Debo reconocer que no siempre fuimos claros en la explicación a los trabajadores, de esto, cayendo también nosotros muchas veces en la falta de ética a que hice referencia más arriba.
De otro lado, quienes pensaban que la lucha obrera y popular debía conducir a formas superiores, de lucha armada, con vistas a desalojar del poder a la oligarquía financiera entronizada en él, ajustaban su táctica sindical a ese objetivo.»273
Con respecto a la lucha armada, es necesario mencionar, que antes de que los tupamaros tomaran protagonismo en el Uruguay; el PC no negaba la posibilidad de participar en ella, ni por tanto, prepararse en ese sentido.

«Por otra parte, nunca hemos identificado la concepción de la vía pacífica con la de una simple victoria electoral de las fuerzas de izquierda. Por el contrario, tal hecho, si es aislado, no garantiza de ninguna manera la conquista del poder. La vía pacífica presupone una compleja combinación de diversas formas de lucha de masas: huelgas, manifestaciones, etcétera, sin excluir la acción parlamentaria, resultados electorales, etcétera, en el marco de una aguda crisis política de las clases dominantes, de un proceso más o menos acentuado de descomposición de las fuerzas armadas y del paso de parte de las mismas, a las posiciones populares.»274

Pero como se ha observado, una vez en marcha la polaridad PC-MLN, realizaron una dura crítica a las concepciones «guerrilleristas» y sus defensores, a quienes denominaron «bocamaros». Esta polémica llegó incluso a darse entre los cantautores. Si bien Viglietti, simpatizante de la causa guerrillera, nunca polemizó ni atacó en una de sus canciones la política del PC, Zitarrosa, por ejemplo, se colocó claramente al lado del PC.

«Zitarrosa cuando está haciendo su viraje –Coriún Aharonián– se presta a las maniobras de los recalcitrantes de la lucha interna y lanza una canción en un disco editado por sectores vinculados con el Partido en el que lanza un concepto muy embromado, la palabra bocamaros. Es un ataque frontal. Ahora, a quién se refiere, no se sabe. Pero pega muy duro, molesta muchísimo a mucha gente porque en realidad está acusando a quienes estén planteando consignas revolucionaristas a ser bocones sin sustento, es decir, no dispuestos a dar la cara, no dispuestos a poner el cuerpo frente a las balas. Entonces, es bastante feo como actitud.»

Para finalizar este apartado cabe resaltar que los críticos del PC no fueron únicamente los tupamaros, sino también, la gran mayoría de las organizaciones. La imponente fortaleza y homogeneidad ideológica le bastó al PC para empatar, en la guerrilla dialéctica, con las fuerzas reacias a él.

«Algunos de los que desde hace mucho tiempo nos denigran, hoy hacen gárgaras con lo que –y pese a ellos—en años hemos contribuido a forjar. Los anarcos, antes de constituirse la CNT, pusieron piedras en el camino de la unidad. Ahora que nadie discute el poder de la central, la presenta como de su hechura; los “bocamaros” antes de constituirse el Frente Amplio, veían lejos esa gran perspectiva, luego de integrarlo consideraron que éste respondía a factores externos al proceso de unidad y lucha de las masas que fueron, incuestionablemente las que determinaron la nueva conciencia que hizo posible la plasmación del frente; a los “maoístas” quienes, luego de haber fracasado estrepitosamente en el propósito de dividir el Partido, reducidos a un grupito, plantean la necesidad de constituir el partido de vanguardia marxista-leninista, lamentamos hayan llegado con un retraso de cincuenta y dos años.»275

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IV.8. CONFRATERNIZACIÓN INTERGRUPAL

En períodos de confrontación social abierta, en los que se arriesga la vida y los destinos de una comunidad; la pasión es un elemento cotidiano y la política se vive con intensidad. Las contradicciones entre los propios luchadores sociales son fuertes, pero los lazos suelen serlo aún más.
Si algo caracterizó, y posibilitó la resistencia al sistema capitalista en Uruguay (1968-1973) fue el reagrupamiento de las fuerzas contrarias al régimen y la coincidencia de actitudes en los mismos espacios, grupos y coordinadoras. Las sangrantes pugnas entre diferentes colectivos no impidieron la unidad de muchos de ellos. Y si bien es cierto que, como dice Huidobro «la unión en la lucha, nunca se llegó a dar» no es menos cierta la frase de Viglietti, en la entrevista, cuando afirma que en aquellas «situaciones de confrontación con un sistema injusto, […] de peligro [y] represión […] la manada se junta, el rebaño se une».
La unidad surgió por el ansia revolucionaria (unirse y crecer para ser más efectivos, la revolución social necesariamente está relacionada con proyectos comunitarios) y por la resistencia a las embestidas del estado (represión y medidas de austeridad). De no haberse producido una identificación de gran parte de la población con los grupos contrarios al régimen, éstos no se podrían haber desarrollado de la forma que lo hicieron.
La recíproca solidaridad entre los explotados urbanos y rurales, los empleados de la banca y los trabajadores de las fábricas, los estudiantes y los obreros, los presos y los no presos, los profesores y los alumnos, se plasmó en la confraternización intergrupal y se dio, en alguna medida, gracias a ella. Fenómeno que no debe confundirse con la unión estéril y populista de las fuerzas políticas. Fue la expresión de la solidaridad de clase y el sentimiento convocante de un mismo proyecto social. El concepto de la unidad en sí misma, formal, de los obreros o de los grupos opositores, es evaluado coincidentemente por varios entrevistados, en forma negativa. La unidad proletaria es decisiva si se estructura en base a los intereses de clase y por lo tanto, en la lucha contra el capitalismo. Juan Nigro afirma que «cuando la “unidad” se basa en un programa y una práctica de reforma del sistema, de reorganización y, por lo tanto, de defensa del capitalismo; no es una unidad del proletariado, sino una unidad contra él. Por lo cual, propicia su división, aislando a los sectores combativos y liquidando, por todos los medios, la lucha revolucionaria». En este sentido, las FARO encabezaban uno de sus comunicados con la frase de Engels: «Nadie ha sido tan traicionero como los gritones por la unidad».
Algunos políticos e historiadores abordan el tema de la unidad como si todo, en la trayectoria de los movimientos revolucionarios, se resumiera por las uniones y las divisiones de los grupos. Consideran la unión como sinónimo de victoria y la desunión, de derrota. La lucha revolucionaria es mucho más compleja que eso.
Las uniones policlasistas, superficiales equivalen a las separaciones por cuestiones personales que, muchas veces, no son más que la reproducción del sistema global en el ámbito de lucha (competencia, individualismo, desconfianza, hipocresía, etcétera). Por eso, los testimonios coinciden en evitar unas y otras. No se ponen de acuerdo, sin embargo, al evaluar los casos concretos. Para algunos, el Frente Amplio y la CNT son ejemplos de unidad contraproducentes. Para otros, el mayor logro de la izquierda uruguaya del siglo xx. A continuación se explican ejemplos de unidad evaluados, coincidentemente como positivos. Al final de este apartado se abordan los casos que sustentaron polémica.
A fines de los años sesenta, hubo dos situaciones que demuestran que los empleados rurales y urbanos forman una misma clase explotada, con intereses comunes. Una de ellas fue la reanudación de la coordinación entre los obreros industriales y los trabajadores del campo de la industria láctea luego de veinte años de distanciamiento, producido, en parte, por la derrota de la huelga de 1948. La otra fue el intercambio de conocimientos de las comunas rurales y las urbanas. Entre 1969 y 1971, pequeños grupos de cañeros realizaron una experiencia en Comunidad del Sur, para aprender formas de organización autogestionaria. A su vez, miembros de esa comunidad libertaria convivieron en el campamento de UTAA, sumándose a las múltiples tareas del mismo, principalmente a la construcción de una policlínica. Entre ambos colectivos se establecieron grupos de discusión permanentes y ayudaron a organizar el segundo Encuentro Intercomunitario de América del Sur.
Otro ejemplo, es el que se da a mediados de los sesenta y se denominó el Coordinador.276 J. C. Mechoso explica los motivos que le llevaron a impulsar una coordinación sistemática entre las fuerzas revolucionarias, a pesar de que tuvieran distintas ideologías.
«Mauricio Gatti y yo fuimos como FAU. Pensamos que a priori no valía la pena enfrascarse en que no eran libertarios y que tenían un modelo distinto. Se acababan de ir del PC los chinos y lo que más tarde será el MLN estaba en formación. Vimos cierta simpatía por el área militar revolucionaria, digamos por la parte fierro. De todas maneras en formación. Encontramos una cantidad de afinidades. La diferencia entre PC y PS y cualquiera de esos grupos, era abismal. Había ahí gente que estaba hablando de la necesidad de la violencia revolucionaria para romper la figura capitalista […]. Los Comandos del Hambre son pasados por la televisión y la prensa los denomina operaciones tipo Robin Hood.»277

Tras esta experiencia, la confraternización intergrupal se concreta en la solidaridad con los tupamaros perseguidos, tras los incidentes del 22 de diciembre de 1966. Ofrecida, en gran parte, por militantes del PC que, a pesar de sus duras críticas a la preparación guerrillera tupamara, les facilitaron cobijo y posibilitaron su recuperación. Uno de los tupamaros entrevistados asegura que los del PC «en 1966 se portaron muy bien con nosotros, pero después hicieron mucha cagada». Por su parte, Jaime Pérez, en sus memorias, reconoce la protección que les brindaron en aquella oportunidad y describe como magnífica la relación entre ambas organizaciones, destacando que en prisión los tupamaros se mostraron fraternos y solidarios. Queda por confirmarse hasta que punto es verídico que en abril de 1972, en plena ofensiva militar a la guerrilla, cincuenta militantes del PC pasaron, con armas, a integrar la Columna 5 del MLN (ver al respecto «Apuntes sobre el Partido Comunista»).
La cárcel fue uno de los espacios en el que más claramente se fortalecieron los lazos entre las distintas agrupaciones. Una de las presas señala el logro de una buena armonía y convivencia entre las distintas organizaciones, las reuniones intergrupales para comentar informaciones y asuntos de interés común y condiciones que se facilitaban mutuamente, para que cada grupo pudiera funcionar políticamente.
Meses después de los sucesos del 22 de diciembre, se concreta el Acuerdo Época. Máxima expresión de la unidad de varios grupos que sirvió para publicar un periódico en común, proyectar alianzas y propagar las ideas de la OLAS (en este sentido sirvan como ejemplo las conferencias en el local de la FAU ofrecidas por Carlos Núñez, Carlos María Gutiérrez, Eduardo Galeano y Mario Benedetti). El MLN consideraba en un documento interno que aquella experiencia había posibilitado una mayor centralización de las fuerzas más combativas.

«La FAU ha planteado la necesidad de crear un centro político que dirija la lucha. El MIR brega por la construcción del partido revolucionario de la clase obrera uruguaya. El MAPU ha dejado paso al GAU cuyo nombre es ya una definición: Grupo de Acción Unificadora. El MRO sigue en la línea unitaria practicada desde el Acuerdo de Época. El Partido Socialista se prepara ahora para promover una mayor unidad política. El MLN, en sus documentos, ha afirmado también esa posibilidad y lo mismo ha sucedido con grupos cristianos, estudiantes. En nuestra opinión esa unidad revolucionaria debe adaptarse a la actual realidad, para lo cual deber seguir un doble curso: creando un Frente de Liberación Nacional, con todas aquellas organizaciones que ya están en la lucha armada o preparándose para ella, que al comienzo no es imprescindible que sea publicitado, pero debe ser acordado desde ahora.»278

Los grupos armados tuvieron muchos más encuentros que desencuentros.279 MLN y FAU establecieron una solidaridad recíproca que se evidenció en reuniones políticas y aspectos técnicos. J. C. Mechoso cuenta que cuando ellos necesitaban metralletas, para disfrazarse de militares y realizar operativos de expropiación, los tupamaros se las prestaban; y que cuando éstos necesitaban documentos; ellos, que tenían un taller gráfico, hacían lo propio.
«Eso era interno de las direcciones –señala Barhoum, ex integrante de la OPR 33– pero supe que hubo acciones que se hicieron en conjunto. Yo nunca estuve en una dirección, por eso no las sé, las sentí [oí] o me las dijeron.»

«–¿Con la OPR 33?
–Hubo acciones coordinadas –contesta el ex tupamaro Montero.
–¿Con las FARO?
–Hubo acciones coordinadas.»

En 1971, a raíz de un planteo de unificación entre faristas y tupamaros, concebido por Mario Rossi, se decide explorar sobre esa posibilidad, organizando operativos conjuntos entre las FARO y el MLN y discusiones dentro y fuera de la cárcel.280
La confraternización guerrillera se plasmaba también en los nombres de los comandos. Algunos de éstos llevaban el de los mártires de las otras agrupaciones, incluso de aquellas con los que no había buena relación. Los comandos de las FARO que asumieron la responsabilidad de la toma del cine Plaza se denominaban: “Indalecio Olivera”, “Arturo Recalde”, “Hugo de los Santos” y “Mario Robaina Méndez”.
Garín comenta que hasta «los microfraccionalistas [del escindido grupo 22 de diciembre-Tupamaro] cuando las habas cocieron se pusieron al servicio, con armas y militantes, de los tupas, por eso Daniel Ferreira, el Lobo Feroz, estaba en Cuba».
A nivel continental, Cuba fue el principal escenario en el que las diferentes guerrillas latinoamericanas establecieron los vínculos de compañerismo. Las FARO en uno de sus documentos afirmaba que «las alianzas no deberán ser sólo dentro de cada país, sino también regionales y continentales, con vistas a la creación del Frente de Liberación Latinoamericano y del Ejército de Liberación de América Latina.»281
Los tupamaros también le dieron importancia a la coordinación continental, aunque, como señala López Mercado, tenían «bastante desconfianza a cualquier internacional. Pero siempre le dimos apoyo a los perseguidos y también nos hemos comido nuestros buenos garrones por eso. Como que la solidaridad internacional está por encima de todo, pero que nadie nos venga a decir lo que tenemos que hacer. Eso lo mantuvimos mucho».
Garín recuerda los contactos, tanto en Cuba como en Chile, con el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, dirigido por los hermanos Peredo, quienes posibilitaron episodios como el «envío de armas de la marina a Bolivia, cien o doscientos fusiles». Es sabido también que, ya en 1971, Roberto Santucho, –dirigente del ERP de Argentina– se reúne en la isla del Caribe con miembros del MLN.282 Contactos que dieron como resultado la Junta de Coordinación Revolucionaria. ELN (Bolivia), PRT (Argentina), MIR (Chile) y MLN (Uruguay); los cuatro integrantes de aquella coordinadora, empiezan a concretizar sus acuerdos en 1974, fecha que se aleja del período de estudio de esta investigación y sobre los que poco se ha escrito.283

«A 1968 se remontan los antecedentes de la colaboración mutua entre las cuatro organizaciones que hoy integran la Junta de Coordinación Revolucionaria. Hasta noviembre de 1972, que como veremos es la fecha en que comienza a concretarse la idea de una coordinación orgánica permanente, se producen numerosos contactos bilaterales entre el ELN, el MIR, el MLN (T) y el PRT-ERP. Recordamos, entre ellos, la reunión entre un miembro de la dirección nacional del PRT y el Inti Peredo, en 1969 en La Paz; la serie de reuniones entre un delegado del MLN y Chato Peredo, en 1970 en La Paz; varios contactos entre compañeros del MLN y del PRT-ERP en Buenos Aires y Montevideo en 1971 y 1972; varias reuniones entre dirigentes del MIR y del PRT en Santiago de Chile desde Julio de 1971 en adelante. […] Un “pequeño Zimmerwald” llama Enríquez a la organización que propone construir, en referencia inequívoca al antecedente leninista de 1915. Unir a la vanguardia revolucionaria que ha emprendido con decisión el camino de la lucha armada contra la dominación imperialista, por la implantación del socialismo […], frente a un enemigo bárbaro, el imperialismo yanqui, y ante la actividad diversionista del populismo y del reformismo […]. La propuesta de Miguel Enríquez es aceptada unánimemente sin observaciones y en pocos minutos se pasa a discutir los pasos prácticos para concretar el objetivo propuesto. Así, son adoptadas un conjunto de resoluciones (preparación de un proyecto de declaración conjunta, preparación de un proyecto para la edición de una revista política, organización de escuelas de cuadros conjuntas, proyectos de funcionamiento, formas de funcionamiento orgánico, etc.) que abren una nueva y más profunda etapa de colaboración, durante la cual se consolidan lazos, se avanza en el conocimiento mutuo […]. A principios de 1974 se prepara un proyecto de declaración conjunta que sirviera de lanzamiento público a la nueva organización internacionalista del Cono Sur Latinoamericano. Ella fue discutida por las cuatro organizaciones y aprobada con aportes y modificaciones. Se hizo conocer a Latinoamérica y al mundo en el año 1974 oficializándose así la existencia de la Junta de Coordinación Revolucionaria […]. Que con la agudización del proceso revolucionario cobrará más y más importancia. Así lo ven distintas organizaciones hermanas del Perú, Venezuela, Guatemala, Brasil, Paraguay, México, Colombia, Nicaragua, Santo Domingo y El Salvador, con las que hemos establecido relaciones con propósitos unitarios. El poderoso auge popular que acompañará en los próximos años la crisis mundial del capitalismo favorecerá el desarrollo de la JCR y su lucha internacionalista y la encontrará en las primeras filas del combate revolucionario, siguiendo con honor el luminoso ejemplo guevarista.
“Declaración constitutiva de la JCR”. Revista de la Junta de Coordinación Revolucionaria.»284

Los intentos de coordinación de los movimientos guerrilleros, sindicales y comunitarios285 de Latinoamérica fueron un proyecto de resistencia global, con el fin de aumentar sus fuerzas y paliar las de la burguesía, unida continental e internacionalmente. Entre otros muchos factores, la ideología de liberación nacional y antimperialista dominante en gran parte de los luchadores sociales, produjo que el internacionalismo, defendido en anteriores fases combativas del movimiento obrero; se limitara a una cuestión continental, subcontinental o de los países denominados del tercer mundo. Los grupos armados de Europa y el impresionante movimiento contra la guerra y por el cambio social de EEUU, por citar dos ejemplos, quedaron relegados de las ansias de coordinación de los militantes del Uruguay y resto de América Latina. Tras la enorme diáspora de estos últimos, se invierte el fenómeno y se vuelven a dar experiencias con el mismo carácter internacionalista de fines del siglo XIX.
Como ejemplo de lucha continental (intento de ruptura con el patriotismo) y de limitación con el internacionalismo, ver el siguiente fragmento, en el cual se polariza a los uruguayos contra los «yanquis», y no a los proletarios que habitan tanto en los Estados Unidos como en el Uruguay contra la burguesía de ambos países.
Nada más erróneo pues hay que la arcaica concepción de algunos partidos de izquierda latinoamericanos, que todavía sostienen que la lucha debe ser país por país […]. Si los gorilas se unen, con más razón deben unirse los pueblos, en la lucha armada concreta y no sólo en reuniones y declaraciones. Si los gorilas proclaman su derecho a intervenir de país a país, los pueblos deben intervenir en la lucha de país a país. Si los gorilas consideran desaparecidas las fronteras geográficas que los mismos colonialistas e imperialistas impusieron en otro tiempo, con más razón deben abolirlas los pueblos, que no tienen ni deben tener fronteras […].
En América Latina no hay hoy más extranjeros que los yanquis que dirigen nuestros ejércitos, intervienen nuestras policías, y mandan sobre nuestros gobiernos. Los hermanos venezolanos, ecuatorianos, chilenos, uruguayos, argentinos, deben unirse en la lucha revolucionaria para expulsar para siempre a los gringos de nuestras tierras.»286

IV.8.1. Convención Nacional de Trabajadores

Se escogieron las siglas CNT para denominar a la central obrera en Uruguay. No significan Confederación Nacional de Trabajadores como en el caso español, pero fueron elegidas en reconocimiento a los idearios anarquistas de los años treinta en España.
En el siguiente párrafo, Héctor Rodríguez sitúa los años de gestación y formalización de la CNT.
«Nos llamábamos los ex, ex socialista, ex comunista, ex anarquista, toda una gente que, con respecto a los movimientos ideológicos, no encontraba un camino para reconstruir la unidad sindical en el país. Entonces empezamos a fabricar nuestra propia línea sindical con la que fuimos teniendo, gradualmente, éxito. A la altura del 67, puedo decirte que ya habíamos logrado lo que queríamos, restablecer la existencia de una central única en el país. La CNT se forma en el 65 como coordinadora y en el 66 como central con estatutos.
El desarrollo del movimiento sindical, fue definiendo programas que en definitiva eran programas políticos. Convoca el Congreso del Pueblo y elabora un programa, muy amplio, muy abierto. A partir de 1967 este programa empieza a gritarse, a dar cierta uniformidad de criterios al movimiento popular.»287

FOTOS 66 Y 67

J. C. Mechoso señala que ante «el desparrame de las luchas obreras», que no era «lógico ni servía» de mucho, se hizo necesario un espacio para coordinar los gremios en conflicto, pero evitando la burocracia; «que no fuera una central, por eso es una convención». También apunta otra de las singularidades de la CNT, «no queríamos que hubiera gente viviendo de ella. No podía ser que quien coordinaba eso no viviera, en él mismo, el drama y la angustia de los trabajadores […]. Las primeras reuniones se hicieron en gráficos, Gatti fue uno de los impulsores, como Héctor por los textiles. Los del STU eran los del PC».288
El dirigente sindical D’Elía, en 1969, manifestaba que la CNT se proponía asumir la responsabilidad de arbitrar soluciones de fondo para los grandes problemas del país.
«Se constituye para impulsar a un plano superior la lucha por las reivindicaciones económicas y sociales de los trabajadores de la ciudad y del campo; por el mejoramiento de las condiciones materiales y culturales del conjunto del pueblo; por la liberación nacional y el progreso de nuestra patria, en el camino hacia una sociedad sin explotados ni explotadores.
En el cumplimiento de tales objetivos la CNT se esfuerza por unir en su seno a todas las organizaciones sindicales del país, a todos los trabajadores, cualquiera sea su opinión ideológica, política o religiosa. Desenvuelve la más amplia democracia sindical para unir a todos los trabajadores e impulsar la lucha por sus intereses inmediatos e históricos.
Con la misma preocupación, estrecha sus lazos de amistad y solidaridad con los campesinos, intelectuales y demás sectores progresistas, constituyendo con ellos un amplio frente de unidad de acción que facilita la obtención de sus reivindicaciones y que impulsa hacia el progreso la vida del país.
Mantiene en alto las banderas de solidaridad y fraternidad internacional de los trabajadores, participando en los avances de la unidad sindical latinoamericana, en defensa de las conquistas de la clase obrera mundial, en el afianzamiento de la paz, la amistad entre los pueblos y en la lucha que éstos libran por su emancipación de la explotación capitalista.»289
La Convención, además de organizar mítines contra el fascismo; convocar paros o movilizaciones obreras a favor del cese de la interventora de la enseñanza, el aumento de salarios, la reposición de destituidos, el levantamiento de las medidas de seguridad, la libertad de los presos en los cuarteles y el programa de soluciones de la CNT; se solidarizó con los gremios en lucha y mantuvo su preocupación por la sindicalización de los trabajadores del ámbito rural. En el congreso de la CNT de mayo de 1969 se hizo incapié en este aspecto.
«El fortalecimiento del movimiento sindical en el interior del país por la vía de los plenarios departamentales y locales, nos permitirá superar el retraso de nuestras tareas de organización de los asalariados rurales […] empezar a organizar de algunos sectores de obreros zafrales como esquiladores, arroceros, etcétera.»290

En marzo de 1971, se dio el primer encuentro plenario de asalariados rurales de la CNT en el que participaron SUPT, URDE, CUTRP, CUTRS y UTAA (sindicatos remolacheros, arroceros y azucareros) que declararon representar a unos dos mil trescientos trabajadores. Esta reunión fue todo un avance para la organización del sindicato en el campo y para la unificación de criterios,291 pero la lucha entre las tendencias más o menos finalistas, más o menos radicales (que se sucedieron a lo largo de los años) en el interior de la CNT, estuvieron presentes «Pedro Aldrovandi (presidente de la Comisión de Interior de la CNT): Hay que hablarle al trabajador con las reivindicaciones concretas que a él le interesan; no se les llega hablándole sólo de la reforma agraria, de la moratoria de la deuda externa y de las fuentes de trabajo en abstracto.
Nelson Santana (delegado de UTAA): Nuestra posición es que, primero, al compañero hay que ganarlo para las luchas económicas inmediatas, pero en seguida hay que ganar al compañero para la revolución (ahí está el trabajo de los cuadros) […].
Pedro Aldrovandi: Educar, educar, educar. Organizar a los trabajadores para la batalla por las leyes sociales y económicas que los amparan y no se cumplen. En ese mismo momento los estamos educando para las luchas revolucionarias.
Nelson Santana: Los sindicatos de orientación auténticamente revolucionaria deben formar cuadros revolucionarios y clarificar las cabezas de las grandes masas de trabajadores, para que vean con claridad la necesidad de trabajar disciplinadamente para organizar la revolución».
A pesar de las contradicciones surgidas dentro de la Convención y de las polémicas decisiones de sus dirigentes, prácticamente todos los luchadores sociales, la consideraron útil y aliada en el enfrentamiento al capitalismo, entre otras cosas porque nunca hubo tantos obreros sindicados como a fines de los sesenta. Tras la decisión de poner fin a la huelga general de 1973, aumentó el número de críticos. Los autores del texto anónimo número 2 la llegaron a considerar, incluso, enemiga de la clase explotada.
«La experiencia del proletariado uruguayo en esos años no deja lugar a dudas. Todas las luchas importantes, fueron llevadas adelante por sectores combativos del proletariado y sindicatos clasistas (UTAA, obreros frigoríficos, funcionarios públicos, empleados bancarios, Federación de Estudiantes Revolucionarios…) contra las indicaciones y directivas de la CNT. El desencadenamiento de esas luchas, la organización de las mismas, el tipo de acciones durante ellas, la solidaridad encontrada en otros sectores de la clase, todo, todo, se hizo por impulso de los propios proletarios que se organizaban por su cuenta, sin apoyo o incitativa por parte de la CNT y en base a criterios totalmente contrapuestos a los de esa central (marchas, ocupaciones, expropiaciones, acciones violentas) ¿Para qué sirvió la CNT? Decir que no sirvió para nada sería piropearla. En realidad la CNT constituyó durante todas esas luchas, justamente en base al argumento cínico de la “unidad”, el mejor instrumento para aislar los proletarios en lucha del resto de la clase. Cuando un gremio no estaba controlado tajantemente por la CNT, y los bolches en particular, era fácil ir a la fábrica, pedir solidaridad, hablar con los hermanos de clase y de una forma u otra siempre se lograba apoyo. Pero ahí donde la CNT era fuerte, había que pasar por el burócrata de turno y nunca pasaba nada. En el terreno más general, fue precisamente la CNT, el único aparato que pudo impedir que esfuerzos de generalización de lucha como los de los cañeros, rindieran mejores frutos, la única fuerza capaz de haber mantenido aislada la lucha de los obreros de los frigoríficos contra la reducción del salario real que implicaba la quita de los dos kilos de carne; la única estructura del estado que estuvo en condiciones de impedir la huelga general en momentos de alza como en el 68-69 (y en especial en junio del 69), en fin el órgano decisivo del capitalismo contra la huelga del 73 como hemos visto.»

Vladimir Turiansky, en aquel entonces dirigente de la CNT, justifica algunas de las decisiones criticadas en los párrafos anteriores, en particular la de no decretar la huelga general en 1969.
«El movimiento sindical discutió por aquellos días la propuesta de huelga general. Quienes nos opusimos a dicha propuesta, lo hicimos convencidos que, en el contexto político y social en que habría de desenvolverse la huelga, su trascendencia iría mucho más allá de los objetivos reivindicativos que pudieran postularse, y habría de llevar a los trabajadores a una confrontación con el gobierno y sus estructuras de poder, que sólo debía realizarse en el marco de una alianza de sectores sociales y políticos, no construida hasta esos momentos. No significaba esto que toda huelga general pudiera tener tales derivaciones. Pero en las condiciones de junio de 1969 entendíamos que sí las tendría.
Luego de arduas discusiones en el Secretariado y en la Mesa Representativa de la CNT, la decisión mayoritaria fue no ir a la huelga, adoptando en cambio otras medidas de lucha. Hasta el día de hoy el tema se sigue discutiendo, sin que en general los protagonistas de aquellos días hayan variado sustancialmente sus posiciones originales.»292
Con respecto a las críticas sobre el coorporativismo y aislamiento de unos sectores obreros con respecto a otros, Turiansky ve acertadas las críticas, al menos en el rol jugado en 1969.293 Hay que tener en cuenta que, al menos en sus bases programáticas, la CNT se opuso al particularismo, al economicismo, al parcelamiento y al fragmentarismo, que según varios dirigentes sindicales era dominante en la masa trabajadora del Uruguay:

«El economismo […] condujo a un parcelamiento de la acción, a una visión fragmentada de los problemas y, como derivación lógica, a un encasillamiento gremial y a una estrechez de pensamiento. En tales condiciones el trabajador ve los problemas a nivel de grupo y no a nivel de clase […] cada gremio ha aspirado a tener “su” seguro, “su” jubilación, “su” ley de vivienda, anteponiéndolos a las soluciones de carácter colectivo y a veces a expensas de otros sectores laborales.
Esta práctica, sistemáticamente aplicada durante años, ha creado una mentalidad particularista, de gremialismo estrecho, que se orienta hacia la solución inmediata, que ignora o desprecia los problemas de fondo e impide el desarrollo de una conciencia histórica.
Es evidente que la constitución de la CNT apunta hacia la superación de ese esquema en que se ha desenvuelto el movimiento sindical […]. En tales términos, pues, se pone en evidencia la importancia de esa herencia negativa, que se expresa en la distancia que media entre una dirección que plantea los problemas a nivel de clase y una gran masa que continúa apegada a la esfera de lo inmediato, localizado en el gremio, y ajena a la lucha de clases en dimensión nacional.»294
Si algunos dirigentes de la CNT sostienen que su política sindical tuvo que moderarse por el inmediatismo y la poca conciencia combativa de la mayoría de la clase trabajadora, varios de los entrevistados opinan, por el contrario, que lo que limitó la actuación de la central sindical, con unas tesis de orientación muy radicales, fue, justamente, su dirección.
«En aquel momento la CNT tenía una plataforma muy clasista y la fue perdiendo con el correr de los años, también pienso eso –manifiesta Yessie Macchi–. Cuando surgió, fue de las plataformas más avanzadas, sinó la más avanzada a nivel continental. Donde se preveía cosas que después no se llevaron a cabo por las distintas direcciones que hubieron. Por ejemplo, la huelga general por tiempo indefinido si hay un golpe de estado, y ahí hay que recordar cuando la misma dirección de la CNT manda a levantarla.»

IV.8.2. La tendencia combativa

A mediados de los años sesenta, los obreros del Cerro y la Teja gritaban desde los camiones: «¡UTAA en el campo y FUNSA en la ciudad!», al regreso de su participación en los actos conmemorativos del 1º de mayo o los solidarios con algún gremio en lucha. La tendencia combativa se forja por la reivindicación de estos dos sindicatos radicales, como en general la del sindicalismo revolucionario, y la demarcación de la política del PC. La tendencia fue fundamentalmente una manera de hacer más que una línea política centralizada; una necesidad del proletariado, antes que algo ideado por un sector del sindicalismo uruguayo; un sentimiento de negación a los gestos moderadores y conciliadores, más que una positivización de la sociedad futura; un movimiento, más que una coordinadora de agrupaciones.295
«La tendencia no fue una organización, ni un grupo de organizaciones (al contrario de lo que sería años después su caricatura: la Corriente) –explica Juan Nigro–, sino una línea de ruptura revolucionaria con el reformismo, con la que se ratificaban no sólo un conjunto de grupos políticos, sino, sobre todo, miles de militantes proletarios combativos sin partido.»

La tendencia se concretó en algunos núcleos que la impulsaron, a pesar de que su origen y sus características fueron la espontaneidad y la manifestación de una expresión de la unidad intergrupal del proletariado rural y urbano, por lo que no se la debe encerrar en ciertas personas y grupos. Ejemplos de aquellos núcleos, obreros de la fabrica neumáticos Funsa, entre los que se encontraban Jacinto Ferreira y León Duarte; Gerardo Gatti de las Juventudes Libertarias; Juan Carlos Mechoso de los grupos anarcoespecifistas del Cerro y los dirigentes de los denominados sindicatos de punta como el del textil y la bebida. En el ámbito estudiantil, distintas fuentes sitúan el nacimiento de la tendencia, e incluso el de ésta denominación, en 1968 en el IAVA. Concretamente, cuando estuvo ocupado por los estudiantes y se realizaron debates en el salón de actos con militantes barriales de distintas orientaciones y participaban panelistas como Abraham Guillén y los dirigentes bancarios Hugo Cores y Carlos Gómez.
J. C. Mechoso asegura que la formalización de la tendencia se produjo a fines de 1966 o principios de 1967, en una reunión de siete gremios entre los que estaban el de Ghiringhelli, el de Funsa y el de TEM y militantes como Héctor Rodríguez, marxistas libertarios e integrantes del MRO. En la misma se planteó la creación de una tendencia combativa a nivel sindical. Esta necesidad surgió del análisis de la situación social latinoamericana y de la defensa de la autonomía de clase. Sus principales objetivos eran ayudar a crear las condiciones para el cambio social; radicalizar la central sindical, acorde a aquellos tiempos; apoyar a los gremios en lucha y crear otros, en espacios con organizaciones obreras incipientes.
«El proyecto no era crear una estructura disciplinada, sino una tendencia: posturas y consignas comunes, reuniones permanentes –explica J. C. Mechoso–. La gente se buscaba entre sí, se reconocía como de la tendencia.
Estaba dentro de la CNT, no como la ROE. Gráficos, bancarios, textiles, Funsa son gremios dirigidos por gente de la tendencia, por lo que era muy importante. Los bancarios llegan a tener la vicepresidencia en la CNT con Hugo Cores. Pasan de ser un gremio amarillo, siete años atrás, a ser un gremio puntal que tiene muchos enfrentamientos con la policía, ocupa bancos, tranca la economía y hace estropicios […]. Era útil, no era lo mismo una tendencia, que el verticalismo burocrático adentro de la CNT. Expresaba otra cosa, aunque tenía su techo por lo heterogéneo. Para los acuerdos era complicado. Vimos que no podía ser suficiente. Si vos apurabas la tendencia más allá, la rompías o te separabas.»
En el congreso de la CNT de mayo de 1969, al que asistieron quinientos delegados, ciento cincuenta representaban a la tendencia. En el contexto político nacional la corriente radical y la moderada contaron con similar cantidad de adherentes, por lo menos, hasta 1971, cuando el frenteamplismo acaparó la mayor parte de las agrupaciones. Bravio, incluso, apunta que «la tendencia y el MLN éramos mayoría, pero cuando el MLN se va [en referencia a su apoyo crítico al Frente Amplio] quedamos en minoría. Sólo MUSP, FAU-ROE, FER, PCR, no apoyábamos ni al Frente ni a las eleciones».
Ariel Collazo insiste en que fue la oposición al PC lo que aglutinaba a los luchadores en torno a la tendencia. El PC «prefería seguir la lucha sindical con los canones más o menos tradicionales. Se hace un conflicto, se busca lograr unas ventajas salariales, se llega a un acuerdo y se levanta el conflicto, y así sucesicamente». Rodrigo Arocena, quien también denomina a la tendencia, corriente independiente radical,296 matiza la extendida apreciación que la caracteriza como opositora al PC297 y señala que no es que estuviera contra dicho partido, sino que estaba contra un estilo de hacer política sindical, que unas veces era del PC y otras del PS u otro partido de izquierda. También especifica una de las principales diferencias con los partidos estructurados de la izquierda; al caracterizarla como muy basista, ya que promovió la participación de las bases y las asambleas de clase. Apunta que la vieja tradición anarquista de la FEUU y las revueltas internacionales de 1968 ayudaron y confluyeron en su gestación.
Según Ariel Collazo, era la ROE la agrupación que tenía más influencia dentro de la tendencia. Otros testimonios hablan de los tupamaros como el otro referente político dentro de ella. Rodrigo Arocena señala que sus seguidores intentaron radicalizar las luchas, combinando la lucha sindical, sobre todo el control obrero y la acción directa, con la lucha armada. Explica que contar con una expresión armada fue lo que más irritó a una CNT que en su programa no aprobaba la lucha guerrillera, ya que no le correspondía por no ser un grupo político.
La posición de los militantes sindicales con respecto a la lucha armada fue variada. Si bien había quién no la aceptaba, otros, de algún u otro modo, la apoyaron e incluso hubo quienes participaron de ella, como fue el caso de algunos miembros de la FAU. Muchos sindicalistas se mostraron contrarios a esa práctica, sobre todo, en su concepción foquista y vanguardista. Garín recuerda la posición de su padre, militante sindical de Juan Lacaze, al respecto:

«”Un puñado de iluminados no puede cambiar la historia. Mismo si son cincuenta o cien mil”. Encontraba que hacer operaciones militares en nombre de la clase obrera era una falta de respeto hacia ella. Y decía: si “querés hacer acciones populares participá en la olla popular o agarrá a un capataz que echa a la gente a la calle en las arroceras, ese tipo de operaciones sí, son en nombre de la clase obrera por la clase obrera. Lo otro, asaltar bancos y todo ese asunto es sólo para la vida de la organización”.»

Aunque gran parte de los tupamaros no consideraron que integraban la tendencia, y aunque varias fuentes los sitúen fuera, es más correcto integrarlos, debido a su radicalidad en el discurso y los métodos de lucha empleados. Además, una de las consignas unitarias de la tendencia era: «¡¡UTAA, UTAA, por la tierra y por Sendic!!». Ésta encrespaba al PC y otros grupos contrarios a la lucha armada porque Sendic significaba el paradigma del guerrillero y la reivindicación de los tupamaros. El MLN pocas veces formuló, orgánicamente, críticas al reformismo sindical y menos aún las hizo públicas, pero en algunos de sus documentos internos se encuentran reflexiones que indican la idoneidad de considerar a los tupamaros integrantes de la tendencia combativa.

«Las tendencias “reformistas” a que nos referimos no actúan de acuerdo a estos principios. No realizan el trabajo en el seno del movimiento obrero con perspectiva insurreccional revolucionaria, sino por el contrario:
– lo utilizan en campañas electorales como si no fuera más importante que cuatro, cinco y diez bancas parlamentarias,
– lo mantienen sin movilizaciones durante meses,
– fomentan el espontaneismo económico que fragmenta la lucha en combates aislados,
– impiden y traban la unidad real, (por la base) del movimiento obrero,
– paralizan de hecho la aplicación de planes de lucha conjuntos, por objetivos comunes.
– Por no preparar las condiciones necesarias (al trabajar sin perspectivas revolucionarias), llevan a veces a la clase trabajadora a callejones sin salida, a derrotas sin lucha, altamente desmoralizadoras.
Dichas tendencias responden fundamentalmente al PC y asientan su control sobre una sólida y eficaz burocracia. Esta burocracia no será desalojada en base a declaraciones y manifiestos radicales en su contra. No será desalojada a fuerza de teoría, sino anteponiendo a su inacción la acción revolucionaria de los sindicatos más aguerridos obligándola como sucedió muchas veces, a definirse en apoyo a esa acción o quedar por el camino […]. No se debe transformar la lucha contra esas tendencias en un fin en sí, olvidando quienes son nuestros enemigos fundamentales.»298
Los años más importantes de este movimiento radical fueron 1969 y 1970, cuando agrupaciones y militantes de la tendencia combativa se solidarizaron con los gremios en lucha de la enseñanza; de la industria frigorífica, la bebida, la salud, los medicamentos, la banca y con las empresas Ghiringhelli, TEM, ATMA y BP Color.
En 1971, 1972 y 1973 no hay tantas huelgas y ocupaciones de fábricas, pero los distintos núcleos de la tendencia siguen proclamando el sindicalismo revolucionario.
«Sólo cuando los obreros radicalizan la lucha, y emplean su propia violencia como método para enfrentar a la violencia del régimen, es posible arrancarle algo a los capitalistas. De este modo el sindicato se va transformando en una escuela de la lucha de clases donde el obrero comprende que si sus salarios son bajos es porque la ganancia del burgués que lo explota es alta, que luchar por mejores salarios significa enfrentar a fondo a toda la clase capitalista al estado y a sus instituciones (Parlamento, Ministerios, COPRIN, policía y ejecutivo, etc.) oponiéndole a la violencia de los de arriba la violencia clasista de los trabajadores unidos en el combate contra las patronales y el gobierno.
¡No alcanza con la lucha sindical!
Al mismo tiempo, la lucha por reformas dentro del capitalismo fue demostrando al obrero que éstas eran insuficientes para alcanzar un nivel de vida decoroso. Por ejemplo, después de una intensa lucha en un sindicatos se logra arrancarle a la patronal y al gobierno, un aumento salarial, y a los pocos días aumentan nuevamente los precios de artículos de primera necesidad o aparecen nuevos impuestos y el salario vuelve a ser tan o más escaso que antes.
¿De qué se trata, entonces se pregunta el obrero? Se trata de destruir al sistema de la esclavitud asalariada.»299

Una de las principales características de la tendencia fue su heterogeneidad. A continuación se presentan dos testimonios que se refieren a ese fenómeno, pero que, justamente, representan a distintas corrientes dentro de ella. La primera pertenece a Héctor Rodríguez (es preciso recordar que los MAPU y luego los GAU también participaron de ella), que representa la opinión de aquellos que creían que la tendencia tenía que ser una fuerza más radical dentro de la central sindical. La segunda es de los autores del texto anónimo nº 2, que consideran una importante limitación la no ruptura con la CNT.
«No tuvo organicidad, fue una denominación que abarcó a todos los que en determinados momentos coincidieron con apreciaciones tácticas. No fueron tampoco coincidencias totales. Una parte de los compañeros de la tendencia encaraban la cosa con demasiado primitivismo. Creían: veinticuatro, cuarenta y ocho, setenta y dos, horas y huelga general, a cualquier altura y en cualquier circunstancia. Y eso no servía. Había que encontrar el momento apropiado. Mientras que el golpe no se produjera, a la huelga general había que apelar con mucha cautela. Los que como yo veíamos la cosa desde un punto de vista realista, no huelga general-revolución, estábamos pensando en esas armas de lucha para reestablecer las libertades democráticas que no queríamos perder. Y que eran condición para el desarrollo tanto del movimiento sindical como de las actividades revolucionarias en el país. Sobre esto, en la tendencia combativa, no había ni concepto político común ni criterios tácticos […]. Lo que se denominó tendencia combativa fue el MLN, la OPR 33, la ROE y lo que considero que era una fracción de izquierda dentro de la CNT en la que estábamos gente de distintas extracciones.»
«En cuanto a la tendencia, expresión heterogénea de los avances y límites del proletariado revolucionario, que convergía en el llamado a enfrentar por medio de la violencia el estado burgués, en el rechazo a las orientaciones de la CNT, en la necesidad de la huelga general. No presentaba una coherencia orgánica, y no tuvo ni la capacidad, ni la claridad (y el proyecto político que dicha claridad implica) para llamar a desobedecer a la CNT, a organizarse fuera y contra sus orientaciones y a llevar adelante la lucha -incluso militarmentecontra el PC. A pesar de los enfrentamientos radicales, de algunos sectores que planteaban abiertamente tales orientaciones…, la mayoría de los heterogéneos componentes de la tendencia siguieron considerando que la unidad formal que la CNT representaba era un avance del proletariado y que había que enfrentar a su dirección “reformista” y a los aparatos de choque de esas fuerzas. Este fundamental error teórico y político, fue de una importancia decisiva, antes y durante la huelga general.
Irma Torres y Walter Pérez también hacen referencia a la falta de ruptura de la tendencia con el reformismo.

«Significó una línea a la que adscribían los sectores y militantes más radicalizados –con o sin partido– cuestionando y disputando en la práctica la dirección que, al movimiento de masas, daba la dirigencia tradicional, aunque sin romper en el fondo con las políticas reformistas.»300

Por su parte, el periódico Tierra y libertad, el 1 de julio de 1970 aseguraba que «nuestro error se debe en parte a que hay compañeros de la tendencia que no están todavía esclarecidos ni politizados, éstos hacen algunas cosas cerca de sus narices nomás. Nosotros no podemos ser tan paternalistas, ni pasarles por arriba».
José Mujica, al ser consultado por las contradicciones y las confraternizaciones intergrupales, afirma que en lo teórico hubo acuerdos entre casi todas las organizaciones; pero que en los métodos y en el quehacer concreto, no. En cuanto a la tendencia dice que era una «corriente que fue minoría en cuanto al número de gremios, que estuvo salpicada por el MLN» y que:

«Eran sindicatos de punta que estando en la misma central querían profundizar las luchas y dar respuestas puntuales de mayor envergadura que aquellas corrientes que, en mayor o menor medida, estaban influenciadas por el PC y otros. Va a haber un dibujo de tendencias. Hay unidad formal, con contradicciones importantes y sistemáticas pero se convive, y se mantiene cierto margen de unidad. Tal vez no éramos conscientes, pero va desembocar más adelante en el Frente Amplio.»

Afirmar que la tendencia combativa fue un germen del Frente Amplio, por no tener relación la unidad electoral con la confraternización revolucionaria intergrupal, es tan erróneo como considerar a la Corriente como continuadora de aquélla.

«La Corriente fue en todo sentido una pseudotendencia, y prácticamente su liquidación –afirma Juan Nigro–. Mientras la tendencia había actuado por la revolución y contra la reforma (ese era su abc), la corriente fue abiertamente reformista; la primera se delimitó en la práctica, en la calle, la segunda fue una alianza de fuerzas frenteamplistas. Nació cuando estaba todo el pescado vendido, cuando la derrota ya había sido operada. Cuando estaba todo el mundo en cana, por el fin de 1972. Muchos de la corriente pretendieron darle así, adentro del Frente, una continuidad, pero contribuyeron a su liquidación.»

La afirmación o negación de que la Corriente fue una expresión intergrupal, depende de la óptica de quien la analice. Otras fuentes, a diferencia de lo señalado por el anterior testimonio, afirman que representó el más importante intento de unidad de las fuerzas que veían indispensable la preparación del movimiento popular para un enfrentamiento, en todos los planos, con las clases dominantes y el imperialismo. Y que surgió de la necesidad de profundizar los acuerdos tácticos y estratégicos del Frente Amplio, de defender la democracia interna y la participación de los militantes a través de los comités de base y de impulsar la movilización popular en todas sus formas.
Para finalizar este apartado se apuntan las razones por la cuales la tendencia combativa ha sido tan poco estudiada y mencionada en los libros de historia. Para eso se realiza un paralelismo entre ella y los «incontrolados» de la denominada guerra civil española, otros de los ninguneados por los historiadores.
Detrás de las siglas de una importante organización obrera caminan, a veces juntos, y otras separados, agrupaciones de todo tipo.301 Algunas incluso se forjan en el compañerismo de esos momentos. No es de extrañar que, a unos vecinos, la confianza y la praxis los lleve a estar juntos en los lugares de lucha, aunque provengan de distintas «ideologías» o que se formen los denominados colectivos de afinidad.
Todo ese mar de gente, en muchos libros, queda reducido a unas simples siglas. Poco se habla del maremoto que se produjo en la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), en la España de 1936, producido por miembros afiliados a ella, que operaban con autonomía.302 Gran parte de los núcleos militantes del llamado movimiento especifista anarquista; los milicianos que abandonaron las trincheras cuando fueron militarizados, como muchos de los de la Columna de Hierro; la agrupación Los Amigos de Durruti; ciertos militantes poumistas y socialistas, mantuvieron una línea de ruptura con el Frente Popular. Cuando el movimiento revolucionario fue canalizado en una batalla contra el fascismo y se consolidó la guerra entre el bando republicano y el nacional, los frentepopulistas llamaron incontrolados a todos ellos, a todos los que criticaban el colaboracionismo con el enemigo de clase, a los que siguieron enfrentándose y expropiando a los burgueses y a los que, como en los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, se negaron a responder a los mandatos de la CNT u otras fuerzas gubernamentales. También los llamaron provocadores o fascistas, costándoles, en ocasiones, la máxima represión.

V.1. FORMAS DE LUCHA
«Así, a modo de ejemplo, en el momento de la lucha de los trabajadores de la carne predominó la huelga económica combinada con la resistencia en los cantones y la lucha de barricadas; mientras que durante el conflicto de TEM fue la huelga económica combinada con el ataque masivo de la propiedad. El paro general de veinticuatro horas, desgastado por el uso mecánico que le dio el reformismo, quedó relegado a un segundo plano.»1

Sin duda, uno de los aspectos más ricos de este período fue la forma de resistir y atacar al sistema dominante. El compromiso, la fuerza, la sensibilidad y la imaginación estuvieron centrados en cómo no dejarse seguir pisoteando por los explotadores y cómo acabar, en cuanto a clase social, con ese sector.
En este apartado se reflexiona sobre los métodos empleados y se analizan algunos episodios y estructuras.2
En Uruguay no hubo explosiones sociales de uno o varios días en la que participaron grandes masas proletarias, como sí ocurrió en otros lugares de América, como por ejemplo en Rosario y Córdoba, Argentina, en esos mismos años.3 No es tan cierto, sin embargo, que todos los ejemplos de resistencia tuvieran una «planificación intelectual», aunque sí, gran parte de ellos. En las protestas de 1968, el accionar de los estudiantes fue bastante espontáneo.
La mayoría de las decisiones se fueron adoptando sobre la marcha, durante los enfrentamientos. Pero enseguida las organizaciones más preparadas empezaron a realizar manuales y cada uno de los grupos de proletarios más combativos aprovechó la experiencia y medios que tenía al alcance para «armar» o defender a sus compañeros. Así ya en 1968, algunos estudiantes de Medicina elaboraron un informe sobre productos que contrarrestaban los efectos de los gases lacrimógenos y varias personas que trabajaban en una fábrica de neumáticos experimentaron con varios tipos de goma para realizar hondas más potentes.
Durante los años 1968-1973, cualquier luchador social accedía fácilmente a confeccionar, preparar y utilizar diversos artefactos de autodefensa. El Uruguay de esos años se caracterizaba por la circulación de decenas de manuales de instrucciones (sobre armas caseras, guerrilla urbana, interrogatorios u otros), y por la existencia de lugares semipúblicos donde se confeccionaban ese tipo de materiales: locales de estudio o sindicales, fábricas ocupadas, campamentos de obreros en lucha, etcétera.
Al igual que cualquier otro lugar en una época de lucha de clases abierta, todos los espacios sirvieron para la lucha contra el poder establecido. La cárcel no fue una excepción. El ministro del Interior preocupado por este hecho informaba a los parlamentarios.

«Los sediciosos utilizan el mensaje en clave, la tinta invisible, la palabra de sentido oculto; la requisa de sus celdas es mucho más dificultosa, ya que hacen “berretines” en las paredes y pisos, que luego disimulan con yeso que previamente han recibido simulando ser harina y utilizan muchos otros medios ingeniosos que el preso común nunca ha utilizado. La censura de la correspondencia y los libros del preso común es fácil y rutinaria, en cambio la de los sediciosos tiene que ser minuciosa y hecha por personal de suma confianza y experiencia para dar un resultado positivo […]. Amenazan en forma directa o indirecta al personal encargado de su custodia utilizando frases especiales, como: “¿Cómo está su hija Laura señor empleado?”; “¿Señor, todavía vive usted con su familia en tal calle?”, en esta forma eluden caer en falta disciplinaria. Conocen la forma de acercarse a las debilidades humanas de los otros reclusos y de los mismos guardias, sus sueldos, días de cobro, atrasos en los pagos, carestía de artículos de primera necesidad, en fin, todo aquello que les sirve a largo plazo para socavar la integridad del un guardián, muchas veces muy inferior intelectualmente al preso sedicioso.»4

Otra característica significativa es que, aunque se emplearan determinadas formas de lucha, no se descartaban otras en el caso de que cambiaran las condiciones. Esto mismo se puede constatar en una cita del Partido Socialista.
«Si bien los sindicatos y su central deben ser organismos lo más amplios posibles y menos clandestinos posibles, es necesario tomar previsiones, en la medida de que el propio régimen impondrá su ilegalización. Ello impone prever estructuras nuevas, organismos de resistencia, de dirección y base, que pueden funcionar sin necesidad de locales sindicales y lo más vulnerables a la represión, son prácticamente de seguridad que nuestra militancia debe trasmitir.»5

Como se observa en el apartado «Organizaciones contrarias al régimen», se fueron creando estructuras nuevas –como la OPR33 o las FARO–, que atendían a las nuevas condiciones sociales. Y como se narra en el apartado «Vida cotidiana», en la lucha de negación del capitalismo se afirmaron aspectos del modelo social por el que se luchaba. Por eso es falsa la acusación de ciertas autoridades de que «sólo se dedicaban a destruir». A un nivel más abstracto, porque la negación del capitalismo significa la afirmación de un modelo social contrapuesto, y en un plano más palpable, porque sobraron ejemplos de los denominados constructivos: la Universidad, con la participación directa e igualitaria de estudiantes, profesores y profesionales y autónoma del poder político; los contracursos; las múltiples manifestaciones artísticas contra el régimen; los comités barriales, organizándose para resistir el registro de vecindad, los aumentos de los alimentos básicos o para encarar soluciones a problemas de saneamiento, salud o vivienda –Comité Popular del Barrio Sur, Villa García–; las iniciativas de los obreros en huelga, como los empleados de prensa que llegaron a hacer su propio periódico, Verdad, gracias a la solidaridad de canillitas y gráficos; las organizaciones sindicales, con un nuevo planteamiento y una profunda reestructuración sindical (bancarios, funcionarios del Casmu), la sindicalización combativa de los trabajadores rurales –arroceros, peones del tambo, remolacheros y, especialmente, cañeros de Bella Unión–; y las experiencias de administración colectiva y directa de los medios de producción (hospital popular durante huelga de la salud, ocupaciones y puesta en funcionamiento de fábricas: Alpargatas, Funsa, Lanasur, diarios Ya y BP Color y ferrocarriles);6 el cooperativismo obrero de producción –Federación de cooperativas de Producción– y el de viviendas –Federación de Cooperativas de Viviendas por Ayuda Mutua–, promoviendo una práctica social de gestión directa. Construcciones en las que el trabajo político y sindical –negociaciones, participación de organismos institucionales– fue acompañado de la acción directa.
De las formas de lucha, las más innovadoras e interesantes –por las posibilidades reales de cambio que expresaban– fueron las enmarcadas dentro de la acción directa.

V.1.1. Acción directa
«No asimilábamos acción directa sólo a la violencia, era un aspecto nada más. Acción directa en lo ideológico, en lo político, en las luchas económicas y en todos los planos. Por eso decíamos acción directa en todos los niveles, no solamente en el sentido militar de la palabra.» J. C. MECHOSO

Tras comparar algunas definiciones, analizar su contenido histórico e investigar lo que significa para quienes la han ejercido en los últimos siglos, se puede afirmar que es acción directa toda la tendiente a incidir en la sociedad o a transformarla, sin uso del Parlamento ni de la negociación con cualquier institución legal a través de partidos parlamentarios o sindicatos.7 De ahí que la definición de la Real Academia Española resulte parcial: «Empleo de la violencia preconizada por algunos grupos sociales, bien con fines políticos, bien para conseguir ventajas económicas. Suele manifestarse en forma de huelgas, sabotajes, atentados terroristas, etcétera».8 Pues no engloba a las manifestaciones denominadas pacíficas; la realización y difusión, por parte de los luchadores sociales, de la prensa alternativa a la oficial, o actuales movilizaciones como «escraches» o Reclaim the Sreet (recupera las calles).
Más correcta es una de las definiciones que da el Diccionario Unesco de Ciencias Sociales.
«La acción directa se ha definido también como “el recurso a métodos no políticos, tales como huelgas, sabotaje, violencia o resistencia no violenta al gobierno, con el fin de conseguir cambios políticos, sociales o económicos”, en contraste con la acción política o “uso de la maquinaria política” para obtener parecidos resultados (cf. Henry Pratt Fairchild: Diccionario de Sociología. Edición Española del Fondo de Cultura Económica. México-Buenos Aires, 1949.»9

Aquí en vez de poner la expresión «uso de la maquinaria política» hubiera sido más preciso poner parlamentaria o sin participación de partidos políticos parlamentarios. Tampoco son del todo correctas las definiciones que dicen que todo aquello que haga un partido político no es acción directa, pues hay que recordar que muchos partidos –en los años sesenta y setenta– estaban, por ejemplo, contra la participación en el parlamento y por la lucha armada. De ahí que haya que hablar de partidos políticos parlamentarios.
Por último, un mismo colectivo puede alternar la acción directa con la parlamentaria y de negociación con el gobierno e instituciones. El Movimiento Sin Tierra brasilero es un ejemplo. Al ocupar tierras y organizarse en comunas autónomas para la convivencia, la producción y la autodefensa, practica la acción directa y cuando negocia con el gobierno –muchas veces a través del Partido dos Trabalhadores–, no.
Los siguientes fragmentos de panfletos de Uruguay, 1968-1973, del movimiento denominado anarquista, ayudan a entender tanto la definición del concepto tratado como el significado que le daban los propios luchadores sociales de entonces.
«En la acción directa creando conciencia con hechos, creando conciencia en la pelea cotidiana. Para producir hechos, y simultáneamente esclarecerlos políticamente en la batalla, también ideológica, contra las concepciones del imperialismo y de las clases dominantes, a la vez que contra el reformismo y los claudicantes de todo tipo.»10
«Esta posición nuestra, esta valoración del fenómeno electoral y de sus alcances se encuadra en la concepción estratégica de que las reales transformaciones sólo habrán de lograrse a través de la lucha armada. Concepción estratégica que implica la integración armónica de lucha armada y del trabajo a nivel de masas. Esta concepción de acción directa a todos los niveles.»11
Gatti, uno de los militantes más carismáticos del movimiento sindical y anarquista, hace una explicación y una defensa de la acción directa e intenta señalar que la lucha debe ser global y radical, criticando, de algún modo, a otras organizaciones de izquierda que ponían el acento en lo militar, lo electoral o lo sindical (ya fuera en el ámbito obrero o estudiantil).
«Tenemos claro, los militantes de la ROE, que en esta lucha hay varios niveles y que es importante saber cuáles son. No es una lucha que pueda dilucidarse solamente en el plano de la acción sindical y de masas, en el combate del plano ideológico, del combate propagandístico, en el plano de la acción militar. Es lo que llamamos la acción directa a todos los niveles.»12

A continuación se abordan, a grandes rasgos, la mayoría de formas de aplicación de la acción directa que hubo en Uruguay por aquel entonces. Algunas de ellas no aparecen aquí porque ya han sido comentadas o porque no se emplearon en ese lugar: como por ejemplo, la exhibición del cuerpo desnudo, utilizado en Estados Unidos y Europa.

V.1.2. Huelgas y ocupaciones de centros de trabajo y estudio

En muchas huelgas, además de no producir, se ocupaba el lugar donde se trabajaba con lo que se conseguía que los asalariados que rechazaban la huelga y quisieran trabajar (los denominados carneros) –u otros contratados para la ocasión– no pudieran hacerlo. Otras veces que no se ocupó, algunos empleados pusieron en marcha la producción de la fábrica ante la irritación y a veces ataque de los huelguistas como en el famoso incidente del 8 de diciembre de 1971 entre obreros en huelga y contratados, en el que resultó herido de bala un dirigente de la CNT.
Las ocupaciones consistían en permanecer en el lugar de trabajo o estudio sin realizar la actividad ordenada por el gobierno o patrón –trabajar, asistir a clase– sino la elegida en asamblea por los ocupantes.13 Casi siempre se trataba simplemente de estar encerrado, prepararse para un posible desalojo, realizar reuniones permanentemente para decidir líneas de acción y tareas necesarias e improvisar actos como debates y guitarreadas.
Las ocupaciones casi siempre iban acompañadas de otros tipos de formas de lucha, por lo que desde el encierro se organizaban manifestaciones, mítines, sabotajes o todo lo que tenía que ver con propaganda gráfica.
Hubo ocupaciones con desenlaces pacíficos y otras no, unas victoriosas y otras, a pesar de los largos períodos de encierro, derrotadas. En 1967 la policía rodea Funsa, para poner fin a la ocupación. Todo el barrio está a la expectativa. Parece que las fuerzas represivas van a proceder al desalojo, pero de repente los obreros colocan tanques con doscientos litros de gasolina en la puertas de la fábrica y con antorchas en la mano amenazan con un incendio de tal envergadura que el patrón se quedaría sin su planta industrial. En una ocasión, apunta Bravio, eso fue lo que pasó. Como había que seguir la consigna de «resistir cualquier desocupación quemamos la fábrica. Le prendimos fuego y salimos por una ventana».
Con respecto a las ocupaciones en la universidad, el primer testimonio que se presenta, justamente no era estudiante, se tuvo que encerrar con ellos para refugiarse de la policía:
«Nos arrinconaron contra la universidad quedamos encerrados y no entraron. Se acordó salir pero fichando la gente que estaba dentro. Eso lo acuerda la FEUU. Hubo dos personas que declararon que no eran estudiantes: el chino Clavera y yo [Juan Carlos Mechoso]. El acuerdo pareció mal sobre todo entre los no estudiantes. La gente de Bellas Artes resistió muy bien. Trataron de entrar, los milicos, por una ventana, por la noche y no hubo manera.»
Como cuenta Montero el aspecto de los lugares ocupados se adecuaba a la manera de ver las cosas de quienes protagonizaban el encierro.
«En una ocupación por el 68, 69 pinté el escudo uruguayo en el hall de la Facultad de Medicina. Recuerdo que al caballo lo había colgado de una cuerda, la balanza la había inclinado de un lado, en el Cerro había puesto un policía dándole palo a un trabajador del Frigorífico Nacional y después quedaba la vaca que estaba en los huesos.
–¿Y qué se hacía durante el encierro?
Guitarreada de noche, cantorata… Alguno echaría algún polvo supongo; no sé, yo no me dedicaba a eso; la vida privada de cada uno… Pero tampoco ves lo que ves ahora: desmadre. De enfrente traían pizzas y coca-cola. Hacíamos guardia en el techo, nos turnábamos cada cuatro horas.
–¿Participaste de alguna ocupación obrera?
–Sí, estuve en la del Frigorífico Nacional.
–¿Qué diferencias observaste con la universitaria?
–La diferencia que había era de gente, de personajes y de comida, por la olla popular. Pero todo lo demás era igual.»

FOTOS 68, 69, 70, 71 Y 72

Olla popular, expresión solidaria extendida por toda Latinoamérica y otros continentes, era la comida que preparaban los trabajadores, cuando ocupaban una fábrica o realizaban cualquier otra movilización, para comer todos juntos. Si los encerrados eran hombres algunas veces eran las compañeras quienes se encargaban de esa comida común; otras veces, sin importar el género de los ocupantes, eran los vecinos de la fábrica en conflicto quienes solidariamente cocinaban.
Las ollas populares de los cañeros fueron famosas y relatadas por el dramaturgo Rosencof.

«Un fogón central, donde negrea sobre las llamas un tanque de nafta que será la olla única de la única comida de la marcha. Fogones pequeños, familiares, ralampaguean en los aledaños, calentando las latas para las cebaduras del mate eterno. El horno de pan, un enorme caparazón de tortuga parda, conserva todavía el calor de la última hornada de la tarde.»14

Con la organización de la olla popular se conseguía no sólo abastecer a los ocupantes, sino también extender el conflicto, estar juntos por la causa que fuera y hacer que la gente del barrio participara, aportando alimentos cocinados o por cocinar, comiendo de la misma olla, informándose a cada rato sobre la situación, preguntando si faltaba algo –frazadas, herramientas– o distribuyendo las octavillas reivindicativas de los proletarios.
«En estos momentos en la planta funciona la olla sindical. Es emocionante, nos dicen los compañeros que se acercan a Camino Carrasco, la solidaridad que reina en el barrio. Las fábricas de la zona, los almacenes, los quilos de acá, otro de allá, hace posible que todos coman […]. También en los puestos de los “canillitas” hay volantes del conflicto.»15

Por último, Juan Nigro señala las contradicciones que podían surgir cuando se daba una olla popular.

«Cuando unos obreros ocupaban la fábrica y se organizaba una olla popular iba gente de otros lados. Recuerdo que algunos sindicalistas de mierda en alguna ocasión nos dijeron: “acá no hablen de política” o “los que no sean de esta fábricwa que se vayan”. Por eso, si llegabas y te daban el mate, era otra cosa. Cuanto más abierta era la olla popular más radical era el sector.»

V.1.3. Participación de vecinos, artistas, etcétera

Para que los vecinos de un barrio actuaran contra el régimen, se autoorganizaran o respondieran a las agresiones burguesas, no siempre fue preciso la presencia de una agrupación política.
El 16 de marzo 1972 ocurrió un hecho que ilustra la espontaneidad vecinal y la indignación a la constante prepotencia policial. Fue en la feria de Pocitos, en la que algunos agentes exigían, a escondidas, una cantidad de dinero a cada feriante para dejarle vender. Cuando uno de los policías vestido de particular16 se acercó a un puesto y exigió la coima habitual, el puestero se negó a pagar. El personaje en cuestión se fue y volvió pistola en mano. La gente furiosa se le tiró encima, él disparó e hirió a un niño en el tobillo. La muchedumbre le propinó una paliza, llegaron las fuerzas armadas y detuvieron, no al funcionario policial, sino a varios vecinos.
Otras veces la movilización del vecindario sí era programada por los dirigentes de un grupo, que le decían a los militantes de base o simpatizantes que extendieran una consigna en su barrio.
Eso por ejemplo ocurrió horas antes de que el MLN ejecutara a Mitrone, cuando desde la dirección se encomendó a los Comandos de Apoyo Tupamaro que organizaran una jornada de ruido, de protesta –sin decir las razones, claro–. Para ello, miembros de los CAT repartieron fuegos de artificio para que a determinada hora se prendieran las mechas.
Rafael Cárdenas divide en tres las actitudes de los vecinos frente a la lucha que se desarrollaban en los espacios públicos.
«Los que pasaban de la cuestión, los que de alguna manera apoyaban la acción, ya fuera anímicamente o con elementos como, por ejemplo, llevar comida para la olla popular, y los que directamente participan de ella. Había de todo. Pero la clave es que al haber esas actividades colectivas se producía un contagio y se les estimulaba para que participaran o para que apoyaran. Toda acción política tiene que tender hacia eso, tener un fin concreto, visible, militante.»17

Otra forma de hacer participar al vecindario y a los ciudadanos de la capital era mediante los peajes –denominados también peajes obreros o solidarios–, que consistían en bloquear la calle y pedir a todo aquel que pasara una ayuda económica para el gremio en lucha. «El objetivo no era sólo recolectar dinero sino el de comprometer al otro en la ayuda, y en una proporción grande la gente respondía», manifiesta Cárdenas. Casi todas las fuentes afirman que quien atravesaba el «contracontrol» elegía si aportaba algo o no. Pero algunas apuntan que «todos los coches que pasaban debían contribuir a la huelga».
«–¿No era en plan coacción? –fue consultado Montero.
–No, nunca.
–¿Y si pasaba un Mercedes?
–No, el problema era quién pasaba y cómo.»
El «cómo» –coches que avanzaban bruscamente obligando a los participantes a apartarse– en más de una ocasión provocó cierta tensión. Pero el conflicto casi nunca se daba con la población sino con los milicos. En 1971, en una refriega con la policía, producido por un peaje solidario con los trabajadores textiles, fue asesinado Julio Spósito, militante del FER. Su entierro se convirtió en una manifestación.18
Nora señala que los peajes también se hacían en el transporte público.

«Deteníamos el autobús, un par subían para pedir la plata, y después se daba toda la colecta a los obreros en huelga. Cuando ocupábamos el liceo nos poníamos en la calle para pedir plata para la ocupación […] Sí que caíamos rápidamente en cualquier provocación, por ejemplo cuando un Ford Falcon pasaban deprisa.»

Las barriadas eran otras de las maneras de llevar el mensaje político a los vecinos. Los militantes de una agrupación elegían una zona, generalmente considerada «proletaria», hacían varios grupos de dos y recorrían calle por calle tocando el timbre de las casas y explicando la situación de los conflictos sociales. Luego se daban cita en una plaza, contaban que estuvieran todos y se iban. Nora rememora la forma en la que se dirigían cuando les abrían la puerta y las respuestas con las que se encontraban.

«Buenos días señora, somos estudiantes de secundaria, venimos a explicar que hay un conflicto y que si no conseguimos tal cosa habrán cincuenta familias en la calle. Había gente que nos decía que si no teníamos vergüenza y gente que nos escuchada.
Con el FER íbamos a barrios del extrarradio muy pobres o cantegriles pero allí nos iba mal, nos denunciaban enseguida y salíamos escaldados. Por eso acabamos yendo a barrios como el Cerro.»19

Como se observa en los apartados «Escuela Nacional de Bellas Artes» y «Lecturas, películas y canciones», el ámbito artístico y cultural uruguayo por un lado creció enormemente –Federación de Teatros Independientes, grupos de artistas plásticos, publicaciones autónomas, cine-clubes, nuevas editoriales–, y por otro desarrolló la crítica del arte burgués y meramente contemplativo, protagonizando varios episodios de rechazo al régimen. El 8 de julio de 1971, el plenario de escritores del Frente Amplio rechazó toda forma de participación en concursos oficiales, como protesta contra las limitaciones a la libertad de prensa. En 1973, la SEU (Sociedad de Escritores del Uruguay), como repulsa al golpe, resolvió negarse a participar en los concursos oficiales, ya fuera como concursante o como jurado. Por el mismo motivo los responsables del OSSODRE y gran cantidad de músicos suspendieron todos los conciertos previstos.
Aunque la huelga de hambre no fue una medida de presión demasiado utilizada, algunos proletarios la adoptaron. Entre otras ocasiones recurrieron a ella diecisiete bancarios, en septiembre de 1969; siete obreros de BP Color y de Vea, en una parroquia de Cordón, a principios de 1971; y varios presos a partir de 1972.
Rafael Cárdenas explica porqué no se utilizó más este tipo de resistencia.

«La huelga de hambre es una forma de lucha de carácter pasivo. Por crear una situación dramática esperás algo, estás pasivo, tratando de conmover el espíritu… Creo que allí ésa no era la tónica. La protesta y la acción política eran activas. Se trataba de crear situaciones que le generaran conflicto al adversario y que por contagio desarrollaran otras acciones.»

V.1.4. Estructuras para la acción y sabotajes

Como se ha podido constatar, cuando se abordaron las organizaciones de los luchadores sociales, todo grupo tenía estructuras, o militantes, destinadas al accionar y a la autodefensa de la organización. Como ejemplo, y en base al relato de J. C. Mechoso, se ofrece el funcionamiento de una de ellas para que se entienda mejor cómo se llevaban a cabo los sabotajes y la preparación de los enfrentamientos con la policía.
Violencia-FAI era una estructura dentro de la ROE; sus componentes estaban altamente organizados para regresar juntos de las manifestaciones y, en caso de peligro, defenderse unos a otros. Eran, además, los encargados de pensar la estrategia para enfrentar a la policía.

«Que todos tengan cócteles molotov; si uno no sabía enseñárselo a hacer, si era conveniente una cachiporra, hacerla antes, llevarlas hechas, todo eso que no se da espontáneamente –cuenta J. C. Mechoso, quien añade–. Tener piedras u otras veces levantarlas antes. Iban dos tipos antes y se ponían a levantar piedras [adoquines o trozos de baldosas], ¡pa, pa, pa! [hace gestos de estar usando una palanca contra el suelo], levantando antes de la bronca. Mientras que el espontáneo va a ir a buscar una piedra cuando empieza la bronca, o sea que está dispuesto, pero es distinto.
Con el conflicto de Seral sale la ROE a sacar todos los carteles de TEM como medida de sabotaje porque no arregló el conflicto, eso lo organizó FAI. [La encargada de la] violencia a nivel de masas, a nivel de calle, y que no podía tirar un explosivo. Los explosivos no correspondían, estaban desautorizados. [Para esa estructura se elegían] a los compañeros que tenían más rapidez, más reflejos, había dos o tres [por grupo de la ROE].»

Por ejemplo, dos o tres miembros de Violencia-FAI organizaron el sabotaje a las cocinas TEM, durante la lucha de los empleados de esa compañía. Coordinaron a las cincuenta «parejas» de la ROE, principalmente, que recorrieron todos los comercios de 18 julio y 8 de octubre, en los que se vendía alguna cocina de esa firma. Mientras uno hablaba con el dependiente, el otro le echaba el ácido.
«Quedaron hechas pelotas, –concluye J. C. Mechoso, quien añade– la indiada [los muchachos] fue a un gran comercio y puso todo lo de TEM en medio de la calle». En otra ocasión distintos grupos se dedicaron a destrozar, previa rotura de vidrieras, los productos de los escaparates de esa marca.
Siguiendo con los sabotajes y boicots a TEM, se narra una acción realizada por los propios empleados: A mediados de 1971, en una época que ya se habían dado los mayores conflictos en esa empresa, el directorio de la sociedad –creyendo que también se había conseguido la domesticación obrera– invita a la fábrica al ministro de Industria con el objetivo de que éste viera las instalaciones, lo bien que se trabajaba en ellas, el gran aporte que eso significaba para el país y, de esa manera, lograr una subvención. Pero los obreros pararon todas las actividades en las propias narices de la patronal y del ministro. No permitieron ser exhibidos como máquinas de propiedad de la empresa. Quienes protagonizaron este acto de rebeldía fueron suspendidos y en los nuevos contratos que ofreció la compañía fue preciso firmar que nunca se haría algo así.
Los sabotajes más extendidos eran sin duda la rotura de vidrieras, sobre todo de compañías de Estados Unidos y de medios de desinformación del estado. «Los de Funsa [como trabajaban con neumáticos] habían desarrollado una honda de mano, a lo boleadora que rompían vidrieras grandes, de compañías internacionales –informa J. C. Mechoso–. Otros llevaban la onda común, con orquetas de acero».
Muchas veces rompían los escaparates con los empleados del negocio dentro. H. Tejera relativiza el éxito de esa forma de lucha y cuenta la acción contra el diario Clarín en respuesta a la forma reaccionaria con la que había tratado el Cordobazo. Según este testimonio se produjo un terror injustificado al romper vidrieras: «Una persona que en algún momento puede simpatizar contigo pero que nunca más va a simpatizar. Que aparezcan veinte anormales a romper todo, contigo adentro y que se te caigan los vidrios encima, eso no se lo borra nunca más. Entonces ahí perdiste una compañera».
A Horacio Tejera le resultaban más simpáticas otro tipo de acciones:
«Imaginate un colegio católico, creo que era el Juan XXIII, los militantes del FER llegando y encerrando a la escripta o secretaria en el baño. Arrancando los teléfonos y pintando las paredes con consignas que decían: “mientras los hijos de los pobres estudien con hambre y frío, los hijos de los ricos estudiarán con miedo”.20
Lo trágico de todo el tema es que no era la gente que lo sentía en carne propia, era gente de la misma extracción social de los que estaban en el colegio. En ningún momento eran los que estudiaban con hambre y frío los que iban ahí.
–¿No había gente sin apenas recursos en el FER?
–Muy poquitos. Julio Spósito, muerto en el 71, era de clase baja, yo era de clase baja. Pero el FER era de Malvín, Punta Gorda y Carretas.»

También se propusieron sabotajes pacíficos contra firmas comerciales, llamando a no consumir sus productos. «La CNT decretó el boicot a las empresas que colaborando con la dictadura han despedido a militancia sindical. Las principales son: Coca-Cola (150 despidos), La Mañana y El Diario (66 despidos), Supermercados Chip, Circo, Dumbo y Mini Max (130 despidos).»21
En otra octavilla, escrita a mano por alguien de la FAU, se informaba:

«Todo aumenta: el azúcar, la carne. Ahora aumenta el pan. ¿Y qué puede hacer usted. para detener eso? Evidentemente no podemos esperar que los panaderos se apiaden de nosotros o que a algún político se le ocurra pensar en los problemas que usted. tiene. Ahora que pasaron las elecciones usted. ya no les interesa. Debemos resistirlo. La lucha es contra capitalistas y políticos pues ambos “negocian” con nuestras necesidades. El barrio Sur ha dado un ejemplo. Organizado en su comité popular, libró el año pasado una batalla contra el aumento del pan que conmovió a todo Montevideo. Ese es el camino. Boicotear a los panaderos, organizarse para hacer pan o conseguirlo más barato. Y apenas podamos, terminar con quienes nos explotan, haciendo cooperativas de producción y comenzar a abrir un camino de justicia y libertad para todos.»

Otra forma de lucha y boicot fue negarse a trabajar para las fuerzas represivas. Como fue el caso de la industria de la bebida, que no entregó refrescos a las cantinas de las fuerzas armadas. Como una fábrica de limpieza, que no les envió productos. O como en Alpargatas, donde por decisión del sindicato se suprimieron las entregas de uniforme y telas para la vestimenta militar.
Al hablar de las estructuras para la acción y los sabotajes es preciso señalar que en muchas ocasiones, como se ha observado, se desarrollaban en los mismos centros de trabajo y de estudio. Estudiantes de química que preparaban explosivos o matriceros que fabricaban miguelitos o piezas necesarias para el accionar armado.
«Había mucha demanda de miguelitos, que se tiraban para evitar la persecución de los automóviles de la represión, y piezas para romper vidrieras –recuerda Cárdenas–. Pero nosotros, cuando nos vincularnos al MLN, sobre todo hacíamos lo que nos pedía la organización, cosas más pesadas que esas. Al ser un taller de matricería la cobertura era buena, por el día trabajábamos en la producción (como solución de vida para los compañeros, algunos comprometidos con el MLN y otros no, aunque en su mayoría eran simpatizantes) y luego, cuando se terminaba la jornada, entrábamos de nuevo para hacer las cosas que teníamos que hacer.»

V.1.5. Manifestaciones y enfrentamientos con la policía

«Radicales: ¿Ha estado usted dentro de una manifestación?
Periodista: Sí, en cumplimiento de mi labor profesional.
Radicales: Pero ¿ha estado junto al manifestante que tira piedras, ha podido sentir lo que él siente?
Periodista: No.
Radicales: Entonces no ha podido percibir lo más importante de la cuestión y es bastante difícil explicárselo de manera que lo comprenda. Muchos jóvenes recién adquieren conciencia de su ubicación y papel en el sistema, cuando están en medio de una manifestación. En el gesto de tirar una piedra o volcar un automóvil hay mucho más que la liberación de un mero instinto agresivo. Es la explosión de conciencia sobre su absoluta falta de identificación con el sistema y la posibilidad que tiene, en ese instante, de expresar ese rechazo con toda su energía.»22

Aunque también hubo numerosas manifestaciones en donde no se produjeron enfrentamientos,23 hubo determinados períodos en esos seis años de lucha abierta donde prácticamente todas las movilizaciones fueron reprimidas por las fuerzas policiales, entre otras razones porque muchas ocurrían durante la aplicación de medidas prontas de seguridad. No se registraron incidentes, sin embargo, en las marchas de mujeres, en la del silencio o en las caceroladas, como la que hubo a mediados de 1973 en protesta por el desabastecimiento denominada marcha de ollas.
Las manifestaciones que siempre acababan con incidentes eran las llamadas relámpago: «Se organizaban en una esquina…, y salíamos quinientas personas», indica Montero. Éstas consistían en acordar un punto de la ciudad para iniciar una marcha a paso decidido durante unos minutos, esperar a que se sumara todo aquél que se tenía que sumar, y formar una barricada, donde esperar a la policía. Tras un breve enfrentamiento con ella se partía hacia lo que se consideraban objetivos políticos: sucursales bancarias, empresas de Estados Unidos o sedes de determinadas instituciones. Se apedreaban o, a veces, se tiraban cócteles molotov y se buscaba refugio.24 Esta forma de finalizar las convocatorias no era exclusiva a las acciones relámpago; un gran número de movilizaciones acababan con enfrentamientos y rotura de escaparates en 18 de Julio, lo que aún hoy sigue levantando polémica.

«¿A quién se le había ocurrido que con esto se captaba gente?25 Además en 18 de Julio –dice Horacio Tejera–. En un momento propuse: ¿por qué no hacíamos las manifestaciones en los barrios?,26 por ejemplo, en San Martín y Propios. Si vos le rompes, todos los días, las vidrieras a la misma gente y asustás a la misma gente, llega un momento que a la que escucha tres o cuatro gritos, baja la persiana de los comercios y se queda dentro, dispuesta a salir una hora después, cuando termina todo el despelote. La gente, cuando nosotros ya nos habíamos ido, levantaba las persianas y salía. Estaba todo lleno de gases, de agua, y los caballos todavía andaban por la vereda. Posiblemente, alguna persona ya con cierta formación de izquierda, ya con cierta animadversión a los militares, con cierta sensibilidad hacia no sé qué cosa social, percibía en eso algo que nos favorecía. Pero la gran mayoría lo único que pensaba era que había unos energúmenos que, día por medio, salían a romper vidrios y que después, durante una hora, estaban detrás de los autos que habían dado vuelta, tirándoles cascotes a los milicos.»

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A continuación se presentan algunas opiniones sobre los diversos componentes que conformaban las movilizaciones que se desarrollaban en el centro de la ciudad.

«Las vidrieras del City Bank y las de la Banca Internacional sí eran nuestras, pero otras, no –aclara Montero–. Que vinieran grupos revienta-vidriera para lo que fuera no lo niego. No éramos tan de romper vidrieras. El ochenta por ciento las reventaban las mangueras de los bomberos. Los bomberos te marcaban, así sabían quién había estado en la manifestación y quién no.»

Sobre la quema de automóviles había quien se hacía responsable de esos actos y otros que no, tan sólo reconocían haberlos movido o volcado. En 1968, una parte importante del movimiento de protesta culpó del incendio de coches a provocadores, interesados en desprestigiar al movimiento y a agentes de paisano (civil). Otros en cambio, sí reconocían e inclusive defendían esos actos, como única defensa ante los cuerpos de choque de la policía y, en algún caso, porque el lujo del coche indicaba que pertenecía a algún burgués.
«Con las discusiones internas que aún tenemos sobre el concepto de propiedad privada27, le presento el primer testimonio contrario a nuestra elección de ese recurso [decía uno de los manifestantes más activos durante 1968]. En segundo lugar, nosotros no necesitábamos la antipatía, sino todo lo contrario, y sabíamos que tales actitudes (como ocurrió) nos enajenarían el favor de la población. Finalmente, el empleo de automóviles para hacer barricadas requiere una organización y entrenamiento para la lucha callejera que nosotros no tenemos. La prueba es que ningún automóvil sirvió para formar barricadas efectivas.»28
«A veces en las manifestaciones de 18 de Julio hicimos barbaridades y les prendíamos fuego –afirma Montero, quien matiza–. Pero la quema de vehículos era selectiva. Se usaban aquellos coches que eran insultantes, pero nos pasamos.»
Mucho más común y reivindicado era la quema de neumáticos para cortar el tráfico y provocar disturbios, para que se notara más la protesta cuando, por ejemplo, se ocupaba una fábrica. El corte de calles con neumáticos en llamas u otros objetos era algo cotidiano.
También se quemaban símbolos de la opresión fabricados por los propios luchadores sociales. Como aquella inmensa rata de cartón construida por estudiantes de arquitectura, que portaba el característico sombrero del Tío Sam, que fue quemada frente a la embajada de Estados Unidos.
Como armas y proyectiles arrojadizos contra la policía, se utilizaban piedras y trozos de escombros o baldosas. Además de la onda de mano confeccionada por los proletarios de Funsa, se usaba la honda simple con la que se lanzaban piedras, miguelitos, bulones o cualquier trozo de acero. Los cócteles molotov se usaban más para sabotajes y para cortar calles con fuego que para lanzarlos contra las fuerzas represivas. El tipo que se usaba más era un envase de vidrio, casi lleno de gasolina, tapado con un trapo que se encendía poco antes de lanzarse. En el momento del impacto y rotura de la botella, el fuego de la mecha prendía toda superficie mojada con gasolina. También se confeccionaban otros cócteles molotov que no precisaban ser encendidos para que explotaran sino que lo hacían automáticamente al romperse. Entraban en contacto las gotas de ácido sulfúrico y la gasolina, vertidas en el interior de la botella, con el potasio que se impregnaba en un papel adhesivo –en el que también se pegaba azúcar refinada– que se enganchaba en el exterior del recipiente, poco antes de ser lanzado.
A nivel defensivo se usaron barricadas y en alguna ocasión, pimienta para provocar el caos entre los caballos de la Guardia Republicana e intentar detener a los perros, que también eran apedreados. En las ocasiones que se llenó de barricadas una zona en conflicto, la policía montada resultó ineficaz para reestablecer el orden.
Cuando aparecían los lanzagases (agentes que tiraban gases lacrimógenos), lo que se hacía era formar una línea de manifestantes, a unos cuarenta metros, que resistía tapándose boca y nariz con amoníaco o jugo de limón y tirando alguna piedra. Simultáneamente aparecían grupos de los lados, entre unos y otros, y hostigaban a los milicos todo lo que podían.
Cuando no se podía más o el avance de la miliqueada era demasiado fuerte, se huía dispersándose en pequeños grupos.29

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En esa época en que las cámaras fotográficas tenían menos precisión y la policía no filmaba cada una de las manifestaciones, la gente no se cubría la cara con pañuelos o pasamontañas. En algún caso se usó el taparse, pero poco. En el accionar armado se dio más. Los militantes, sobre todo los que eran legales, al realizar ciertos operativos se disfrazaban. «Un día, para ir a apretar a un reaccionario, me pusieron un bigote postizo, unos pómulos salidos y lentes», recuerda uno de los entrevistados. También se cubrían totalmente, a veces con una capucha, en reuniones ocasionales con compañeros de la misma organización (o de otras) para preservar la compartimentación.
A pesar de que en determinado momento los luchadores sociales llegaron a tener en su poder numerosas armas de fuego, nunca vieron propicio utilizarlas en manifestaciones o enfrentamientos masivos con la policía –sólo una vez en el puente del pantanoso hubo un tiroteo entre manifestantes (obreros del Cerro) y policías–, principalmente porque los grupos armados no consideraban al policía o soldado raso tan enemigo como para matarlo.
También se huía de la lucha cuerpo a cuerpo con la policía –aunque esto sí se repitió varias veces– por la equipación de los agentes, que en definitiva podían usar su arma reglamentaría, pero sobre todo porque a fin de cuentas, los milicos podían detener a los manifestantes y éstos a ellos no.
«Sólo se anotaron excepciones a este temperamento en el caso de ciertos grupos unidos por lazos ideológicos, que no vacilaron en ayudar a compañeros lesionados, en trance de ser detenidos o, simplemente, aislados abruptamente».30 Una de las excepciones a las que se refiere este testimonio fueron los militantes del MUSP, que tenían una estrategia concreta para acudir a las manifestaciones.

V.1.6. Expropiaciones

La expropiación es una de las formas más extendidas y antiguas de rebelarse contra un sistema en el que el reparto de los bienes y de lo que la naturaleza ofrece es escandalosamente desigual. De ahí que sea preferible que en vez de robo, se utilice la palabra expropiación o reapropiación, en el sentido de que los objetos apropiados son los mismos que el obrero construyó pero que no le pertenecen.
En Uruguay, durante el período de estudio, además de la expropiaciones de los grupos con aparatos militares,31 hubo otras en las que no se precisaron armas. Fueron necesarias para la lucha, perseguían un fin político o fueron realizadas en venganza de una acción represiva, como ocurrió tras el sepelio de Líber Arce. En Montevideo, los saqueos masivos, si se compara con lo sucedido en otras capitales latinoamericanas, fueron muy escasos.
Expropiaciones originales fueron las de los becarios: éstos, en más de una ocasión y para reivindicar la construcción de un comedor universitario y popular, no pagaron la cuenta de un restaurante.

«El movimiento becario –explica Roberto– no tenía una definición política, no participaba como tal en las asambleas ni proponían acciones concretas, pero hacían algunas acciones individuales; recuerdo que iban a las pasivas, y dejaban unos bonos del movimiento becario para que el gobierno pagara la comida».

Tanto los becarios como otros luchadores para realizar este tipo de acciones acudían a locales de propiedad de algún burgués. Casi siempre se intentaba no tomar nada de la clase trabajadora, aunque en alguna ocasión se llegó a hacer.32 Como fue el caso de la sustracción de gasolina de vehículos durante la huelga general de 1973. Ante la escasez de combustible, se utilizaron cañitos para succionar nafta de los depósitos de los coches estacionados. Este producto se almacenaba en recipientes para poner en funcionamiento pequeñas motos y otros vehículos en los que se desplazaban los enlaces del movimiento huelguístico.33

V.1.7. Lucha armada

«Para nosotros, lo ideal sería llegar a desarmar a toda la policía, dejar a los agentes en paz y utilizar sus armas contra los verdaderos responsables de la situación.»34

Esta frase resume la voluntad y objetivos de aquellos luchadores sociales que tomaron las armas antes y durante 1968. Después, con los primeros asesinatos del régimen y la extensión de la tortura, muchos quisieron venganrse o ajusticiar a algunos milicos protagonistas de los crímenes. Si bien en 1968 y buena parte de 1969 los grupos armados no tuvieron un gran protagonismo entre los luchadores sociales, después –en 1970, 1971 y 1972– fueron muy activos y sumamente relevantes en el enfrentamiento contra el régimen.
El accionar armado fue, sobre todo y por este orden, el de organizaciones como MLN, OPR 33, FARO, FRT y 22 de Diciembre (Tupamaro). Apenas existieron pequeños grupos vinculados a los anteriores que actuaron autónomamente, o, simplemente, combatientes que se armaron por su cuenta para defenderse de los escuadrones de la muerte o por cualquier otro motivo.
Es preciso recordar la estrecha colaboración entre militantes que no estaban armados con otros que sí lo estaban. Un ejemplo fueron las constantes llamadas de los primeros, algunos de ellos miembros de los CAT, dando falsas alarmas a la policía: «una bomba aquí, un local allí, movimientos raros en tal lugar». De esta forma se solapaba la tan deseada colaboración ciudadana pedida por el gobierno que resultó ser un fracaso. Además se conseguía crear cierto desgaste en el seno de los cuerpos represivos. «Cada vez que se iba a atracar un banco se mandaba a la policía para todos lados», recuerda Garín.

V.1.7.1. Violencia revolucionaria

«Nosotros no somos violentos, nosotros no queremos la violencia, por eso somos anticapitalistas, porque el régimen capitalista, es esencialmente violento, […] no somos nosotros quienes elegimos la violencia sino ellos, los de arriba. Su régimen es violento, se basa en la explotación, que es violencia. Defienden el privilegio y el poder que gozan por la violencia […]. Esta revolución que querríamos que no fuese violenta y que queremos que sea lo menos violenta posible; por lo cual hay que hacerla lo antes posible.»
GERARDO GATTI35

Así como la acción directa no implica, necesariamente, el uso de la violencia, la lucha armada sí, aspecto que provocó una profunda polémica. Existían mil matices sobre el dónde, cómo y cuándo, pero había un cierto consenso en torno a la legitimidad de que los oprimidos del mundo, quienes padecían violencia cotidianamente, usaran algún tipo de violencia para cambiar su situación.
Se tenía claro –y así era explicado en panfletos, murgas y canciones– que violencia, además de las piedras lanzadas contra la policía, son los niños muriendo de hambre, las personas durmiendo bajo la lluvia y, sobre todo, la forma de defensa del sistema cuando se lo intenta derrocar o cuando, simplemente, necesita imponer medidas antipopulares y de austeridad.36 Se sabía que el régimen utilizaría la violencia para protegerse, aunque, tal vez, nadie imaginó que hubiera seres humanos capaces de llevar a cabo grados de ensañamiento como los que se alcanzaron en Uruguay y, sobre todo, en Argentina.
Algunos cuestionaban su uso en un país civilista y pacífico como Uruguay, en el que veían posibilidades de cambios por otras vías. Otros objetaban que en una coyuntura como la de fines de los sesenta, con claro predominio a nivel de balance de fuerzas de los defensores del sistema capitalista, no era el momento de tomar las armas.
De todos modos había coincidencia, a diferencia de hoy en que se imponen los discursos antiterroristas y de defensa de guerras «humanitarias», en que violencia es tanto la oficial –legitimada por el estado– como la proletaria.37 A pesar de que en el resto de esta monografía se han podido constatar, una y otra vez, la crítica y la defensa de la violencia revolucionaria, se presentan algunos testimonios, que ayudan a comprender la sensibilización que provocaba y las razones para optar por una u otra forma de lucha.
La opinión de León Lev resume la visión que tenía el PC sobre este tema.
«Buscamos llevar una lucha política democrática y de masas. No concebimos la acción directa y la violencia en nuestra sociedad uruguaya. Buscamos que las explosiones de masas frente a las injusticias, la quiebra del modelo del Uruguay liberal, del Uruguay utópico de la década del cincuenta no cayeran en la desesperanza y la frustración. Buscamos canalizar eso hacia una acción de masas, por eso nuestra lucha en los sindicatos, en las universidades, nuestra concepción de la unidad obrero-estudiantil, del FA. Nunca concebimos que no fuera por el camino político y hasta electoral. No concebíamos que la vía armada, en el Uruguay, fuera la vía principal. En América Latina era una vía real, en países como Guatemala o Colombia, pero en la realidad uruguaya ese no era el camino.»
La FAU se expresaba en estos términos:
«El diálogo sin lucha como método gremial, el parlamentarismo, la coexistencia pacífica entre las clases, manifestaciones de la ideología burguesa dentro del movimiento popular y de la izquierda, también van entrando en crisis.
A partir de estas premisas, a la luz de una práctica militante en todos los terrenos, se desarrollan los métodos adecuados y se van forjando los instrumentos políticos para impulsar la lucha revolucionaria en el Uruguay […]. En el mismo período, dando batalla contra la represión, librando múltiples (acciones) del más diverso tipo, creciendo en medio de las condiciones más difíciles, las organizaciones de combate demostraron la viabilidad de la lucha armada en el medio urbano.»38

Los tupamaros, por su parte, declaraban:
«Y a la violencia del régimen, el pueblo respondió con su violencia: la violencia de los estudiantes y los trabajadores en sus movilizaciones de masas, en sus enfrentamientos callejeros, en sus ocupaciones de fábricas, y la violencia del aparato armado del MLN.»39

Y algunos militantes que habían pertenecido a la tendencia combativa señalaban:
«Los “marxistas” pacifistas han aprovechado esto para hacernos creer que el empleo de la violencia contra un individuo “no es marxista”. En realidad ello no quiere decir que el marxismo revolucionario renuncie al empleo del terrorismo revolucionario, a la ejecución de personeros de la contrarrevolución organizada, etc. Lo que sucede es que aunque torturado y torturador, explotado y explotador, oprimido y opresor, sean tanto uno como el otro ejecutantes de una política que los sobrepasa, la única solución histórica contra la explotación, la opresión y la tortura es la revolución comunista con la inevitable ola de venganza, de terrorismo, etc. En este sentido podemos decir que la única forma de actuar del explotado (oprimido o torturado) en concordancia con su ser histórico (el proletariado constituido en partido) es la de actuar revolucionariamente, sin ningún complejo de culpa (producto aún del humanismo burgués) al ejecutar a todo agente de la contrarrevolución que se meta en el camino. Pero en dicha ejecución, no se trata de “castigar culpables” en el sentido burgués del término, pues en ese campo sería muy difícil encontrar “no culpables” y el terrorismo perdería su carácter revolucionario; sino simplemente afirmar el ser del comunismo para lo cual, en la fase de desarrollo de la dictadura del proletariado, el imponer el terror frente a la contrarrevolución organizada es una cuestión histórica ineludible, impuesta por la contrarrevolución misma.»40

V.1.7.2. Preparación y entrenamiento guerrillero

«La operación se ha estudiado y discutido mil veces. Cada cual sabe su rol de memoria, lo repite ante otros y a sí mismo, como gurí chico que va con un pedido al almacén. Cuanto más lo repite y más lo piensa, más nervioso se pone. Un fenómeno parecido al que sufre quien tiene que ejecutar un penal que define el partido sobre la hora. Es el inconveniente de las operaciones militares en las que cada combatiente sabe lo que va a pasar y lo que tiene que hacer. Por eso no es tan irracional ir a un combate sin saberlo con mucha anticipación limitándose a obedecer órdenes: evita muchas horas de tensión. Otros, los que saben, llevan la carga total de la responsabilidad.»41

Una de las discusiones más recurrentes, en el seno de los grupos armados, pretendía responder a la pregunta: ¿Es mejor en la guerrilla urbana saber de antemano todos y cada uno de los detalles y movimientos, o no? Sea como fuere, para participar en acciones de este tipo, y antes de darse esta controversia, los actores tienen que prepararse a fondo a nivel físico, técnico y mental. La lucha armada requiere de un duro entrenamiento y un riguroso aprendizaje sobre el uso de las armas y conocimientos de estrategia militar.

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Diversas organizaciones elaboraron manuales para que sus militantes ejercitaran saltos de zanjas, carreras, cuerpo a tierra, escalada y desplazamientos por cuerdas horizontales –todo ello portando armas–, tiro con diversas armas de fuego, lanzamiento de granadas y botellas llenas de gasolina.
En ocasiones, se daban indicaciones muy precisas sobre el mantenimiento, porte y uso de armamento.

«Después de cada disparo hecho con un arma semiautomática o mecánica deberá soltar el disparador lo suficiente para que ésta pueda engranar nuevamente el mecanismo disparador […]. Se ha notado una tendencia a sentir que el fierro “quema” en la cintura, que hay que desprenderse rápidamente del fierro, y no se ha valorado que en un apuro el único que nos salva, hoy en día, es el fierro y no el verso.»42

A los guerrilleros urbanos también se les daban consejos médicos y recomendaciones para posibles salidas apresuradas del país. En un documento interno de las FARO se avisaba: «Compañero guerrillero: la cédula de identidad y pasaporte deben estar actualizados; libreta de conductor y moto al día, vacuna antitetánica y análisis de sangre hecho». Estas advertencias salvaron a militantes de varios problemas, sin embargo, pusieron en serios aprietos a otros. Las fuerzas represivas lo primero que hacían, cuando detenían a un posible integrante de una organización armada, era mirarle el antebrazo u otras partes del cuerpo, para descubrir vacunas recientes.
Para mejorar el entrenamiento guerrillero se acondicionaron lugares –que una vez preparados se denominaban cantones– para prácticas militares: sabotajes, supervivencia, topografía, guerrilla rural y urbana, tiro de normal y de precisión (francotiradores). Para esto último, en algunas estancias se hicieron polígonos bajo tierra de hasta cien metros de longitud.
En 1966, 1967 y 1968 enseñaron a disparar algunos argentinos vinculados a J. William Cook, como Joe Baxter.

«Y cubanos también vinieron –comenta Montero– y había viajes a Cuba para entrenarse y todo lo demás. Yo estuve cerca de zonas rurales y pude tirar, pero tiraba con una 22 y una 16 de doble caño. Tirabas con eso a las perdices. Fuera de ese tipo de tiro no tirabas. ¿Por qué no salimos a tirar tiros como quien va a cazar? Si en Uruguay nadie tenía licencia de armas. Teniendo tanto campo hubiese sido mucho más natural. Después haces un asadito para que parezca más normal. En el destierro, en Cardona [Cataluña] tiré más tiros que en toda esa época que en la anterior; salía con la gente de allí, salíamos a cazar con el 45. Se hizo para algunos grupos, pero la tendencia era formar cosas mucho más complejas. Parece que teníamos una guerra de innovación con otros movimientos revolucionarios del mundo. Eso sería un poco la desviación universitaria […]. A mucha gente la jodió el sentimiento aquel de conspirador. Le sesgó la creatividad y le complicó más la vida. Porque había una vecina que te denunciaba, al meter todo eso en un berretín, o tenías todo eso en tu casa y te pasaban cien personas en seis meses, y ¿cómo justificabas ese movimiento de gente en tu barrio?»

Fernando Castillo, que no pertenecía a la organización pero estaba en contacto con los equipos de formación, recuerda: «El MLN nos mandaba una muchacha con un librito, año 71, nos venía a dar clases de armas. Se daban cosas surrealistas. ¿Cómo te van a enseñar a tirar con un libro y sin un revólver?».
El peligro que podía significar tener, junto con publicaciones «sediciosas», una pistola y sobre todo la escasez de armas de fuego hizo que fenómenos como los señalados por este último testimonio o el entreno con chumberas fueran muy corrientes.43

V.1.7.3. Armas de fuego

«Había muy pocas armas. Muchos militantes no sabían ni disparar ni cargar. Murieron tipos por quedarse sin cargadores. Hubo clandestinos que pasaron años con las nueve balas del cargador y el revólver.» JUAN NIGRO

Debido a la escasez de revólveres se entrenaba con el denominado «tiro seco». Consistía en aprender a afinar la puntería y saber quién estaba capacitado para ello y quién no. Uno apuntaba, a través de dos miras y avisaba: «ahí», y otro marcaba un punto. Se hacía tres veces; si el triángulo formado por los tres puntos era muy grande, significaba que no se había apuntado bien. También se hizo apuntando a una luz, movida por otro compañero.
Los siguientes fragmentos de las entrevistas a Montero y a Garín tratan de las dificultades, limitaciones y poco armamento que tuvieron los luchadores sociales para la empresa que muchos se habían propuesto.
«Faltaron armas. ¿Por eso se hacían planes para irlas a buscar a otros lugares, como Argelia?
–Si no se sabía usar un talonario de cheques –contesta Montero–. Llevaban el dinero en valijas. ¡Qué locura! No sabían qué hacer con la plata.
–¿No sabían a quién comprarle armas?
–Ni a quién comprarle una casa para hacer un berretín. El punto de vista gestión era un desastre.
–Pero al menos en los años sesenta, las acciones desde el punto de vista operativo fueron espectaculares, además de limpias. ¿Cómo explicar que en ese plano técnico fueran tan buenos y en el aspecto militar no se supiera hacer una granada ¿Era así o no?
–Exactamente así no, pero parecido. El tema es que montar y trabajar con explosivos no es moco de pavo. Había que hacerlo a nivel urbano. Trabajabas de mañana y tenías que trabajar de nuevo de noche en la clandestinidad. Tenías que hacer el berretín, ventilación, iluminación, mecanismo de seguridad… Y mucha precisión. No es lo mismo el uso de una lámpara que el uso de un elemento de precisión. Si la lámpara cojea un poco, bueno. Pero si cojea el 30 % de las granadas que se van a usar, los compañeros se juegan la vida. Pero en realidad no había una voluntad de usar las granadas. Se entendía que era peligroso usarlas en la ciudad. Por lo tanto se fabricaban granadas para que no funcionaran. A veces, no sé para qué se fabricaban las cosas. Había una incongruencia. Y eso te lo digo ahora de veterano, como autocrítica al aparato armado, a su concepción. Nosotros hacíamos hostigamiento no resistencia. Nosotros atacábamos, ¡qué coño, eso no es resistir! Lo único era cuando te detenían que tenías que aguantar la picana hasta que ese comando se tomara los olivos y se fuera. Podíamos resistir el contrahostigamiento, pero cuando dejábamos de atacar a los milicos, [los compañeros] quedaban en babia. Como la inmensa mayoría era legal, no sabía a dónde carajo ir. No había un foco. Había que tener instrumentos adecuados al tipo de hostigamiento que se estaba haciendo. Si se estaban realizando operaciones limpias no podés ir con granadas en la mano. Es absurdo. Una granada no la controla nadie.»
«El 90 % de los revólveres eran Colt y Smith and Wesson –informa Garín repasando algunas de las armas que utilizaban–44 […]. Los Chifs era mandar a gente a la ruina porque no le pegabas de lejos, la Colt 45 sí era buena; [también se usaban] las metralletas Riot, USI PM 38, esa de los alemanes con un tambor; los fusiles M1, la M16 de los americanos en Vietnam. La bazuca la hacíamos nosotros. Había fábricas. A partir de un tubo de acero o fierro de esos de agua y un detonador, todo manual. Muy arcaico para hacer una guerra.
–¿Qué atacaron con la bazuca?
–Alguna furgoneta o comisaría.»
Garín cuenta que cuando probaron la bazuca, un tupamaro disparó contra un vehículo militar; el proyectil atravesó el cristal y le cayó al conductor entre sus temblorosas piernas. La recogió rápidamente y la tiró por la ventana. «El milico quedó loco y al otro, a partir de entonces, lo llamábamos El Bazuca».
Otra anécdota narrada por Garín sucedió cuando, después de la toma de Pando, fueron a probar las granadas al monte. Tiraron un par y algunos vieron que aquello no funcionaba. Otros decidieron probarla contra una vaca, que murió en el acto al impactarle el proyectil al lado. Uno de los que aseguraba que las granadas no podían matar a nadie lanzó una cerca suyo y comprobó que no pasaba nada. «¿Y la vaca?» «Murió del susto», aclara Garín, quien señala: «Teníamos dos mil granadas de demolición y tiramos una».
Aunque los grupos armados de Uruguay comprobaron el funcionamiento de algunas de sus armas en el monte, sufrieron las mismas limitaciones que todos los grupos de guerrilla urbana: la imposibilidad de entrenamiento militar. Por eso los tupamaros tuvieron mucha más fuerza en la época que utilizaron sus pistolas para amedrentar que en la del combate armado. Algunos se encontraron en pleno enfrentamiento teniendo que disparar con un arma que nunca habían probado. Por ejemplo, uno de ellos, que desconocía la sensibilidad de la metralleta que llevaba, en un momento crucial apretó el gatillo y vació el cargador, quedándose sin balas frente al enemigo.
Tras estos relatos, que muestran la ya conocida precariedad de ciertos tipos de armas del MLN, se consultó a Garín.

«–Si, por ejemplo, gran parte de los militantes del 26 de Marzo u otros sectores le hubiesen pedido armas, decenas de miles, ¿se las podrían haber suministrado?
–No.
–¿No sabían como traerlas de otros países?
–Sí, pero en el fondo creíamos que las armas había que tomarlas del enemigo.
–¿Cómo? ¿Asaltando los cuarteles, como en julio de 1936 en Barcelona?
–Sí. O que algunos patriotas dieran las armas. Con trabajo político.»

Por su parte Blixen explica que, ante la falta de mercado negro armamentístico, llegaron a pagar a soldados a cambio de alguna metralleta o pistola que robaban en el cuartel, pero asegura que eso apenas se hizo y que nunca pudieron comprar un cargamento. Entonces pensaron en autoabastecerse y por ello, además de confeccionar bazucas y proyectiles, inventaron una metralleta para fabricarse en clandestinidad. Lo sorprendente del caso no es que los tupamaros, entre los que había ingenieros y torneros especializados, pretendieran fabricar armas en serie, sino que los planos de esta metralleta se elaboraran en la cárcel. Hay que aclarar que desde que se hicieron los planos hasta que se fabricó pasaron muchos meses, tantos que cuando ya estaba hecho el producto, el MLN ya estaba derrotado militarmente.

«Lo único que no se podía construir era la herramienta con la cual íbamos a hacer las estrías del caño para que la bala girara sobre si misma y saliera en línea recta –señala Blixen–. Requería un material para perforar el acero o sea que tenía que ser más duro que él. Por eso, cuando nosotros salimos [de Punta Carretas] con esos planos, los mandamos para Cuba que a su vez mandaron a la Unión Soviética. Se llama La tupita y está en el museo de la Revolución en Cuba.»

Rosencof como limitación de la actividad guerrillera uruguaya no apunta tanto a la escasez de armas sino a la falta de militantes que supieran utilizarlas y apunta además el factor más importante de dicha causa:

«Influyó también el hecho de que en este país no existiera servicio militar obligatorio. Desde el punto de vista militar, cuando hablábamos de columnas o de aparato armado, hablábamos de algo muy débil, aparentemente muy poderoso pero en la práctica muy disminuido. Por ejemplo, cuando expropiamos los ciento setenta fusiles, la Marina y el Ejército se alertaron pensando qué íbamos a hacer con ellos. Y no sabíamos qué hacer. Es decir, no teníamos hombres preparados para manejarlos. Muchos de esos fusiles terminaron en Bolivia, en la guerrilla de Chato Peredo, así como los aparatos de comunicación. Por otra parte no había espacio para un adiestramiento.»45

V.1.7.4. Propaganda armada
Para explicar en qué consistió esta forma de lucha se narra una acción llevada a cabo por las FARO, denominada operación Zeta y situada dentro del plan Ñandú. Consistió en el copamiento del Cine Plaza en un momento de máxima asistencia, tres mil quinientas personas.
Antes de esa acción, a las nueve de la noche del 24 de mayo de 1970, se allana la sede de AFUTE, el sindicato amarillo de UTE, donde se establece el centro de operaciones para el copamiento del cine y en el que se incauta documentación que, según aquellos combatientes, cuando se hiciera pública «sería de sumo provecho para la creencia revolucionaria de los trabajadores de UTE».46
Instantes después, llegan al lugar los «guerrilleros» –que se distinguen por los brazaletes que llevan en el antebrazo– y los «conductores» –dos de ellos con coches requisados– y, junto con algunos colaboradores –que ya se encuentran entre el público del Plaza–, toman el cine.
En el edificio de espectáculos, diseminados por las tres plantas, hay en total treinta miembros de las FARO. Unos expropian la recaudación del día y otros intentan llevar a cabo otro de los objetivos de la operación: arengar al público mediante una cinta grabada, aclarando visualmente los conceptos políticos.47 Un fallo en la información recogida, para tomar el centro de proyección, imposibilita el pase de las cintas audiovisuales, por lo que se concreta la propaganda armada con el plan de recambio: la volanteada. Se distribuye un panfleto titulado «Luchar ahora».
«Frente al cierre parcial o definitivo, por parte del gobierno fascista y dictatorial, de los medios de expresión, como los diarios Época, Democracia, De Frente, Ya y los semanarios El Sol, El Oriental y Marcha.
Frente al avance represivo de un gobierno que traiciona a los intereses populares, tratando de monopolizar la información, alienar y desinformar.
Frente a la campaña de calumnias a profesores y estudiantes de secundaria y la universidad, verdaderos ejemplos de justificadas protestas y rebeldías.
Los comandos “Indalecio Olivera”, “Arturo Recalde” “Hugo de los Santos” y “Mario Robaina Méndez”, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias “Orientales”, se hacen responsables de la toma del cine Plaza, para explicar y educar el poder revolucionario en nuevos intentos revolucionarios de comunicación y de lucha.
Y al decir del Che, es necesario “llevar la guerra a donde el enemigo la lleve, a su casa, a sus lugares de diversión, hacerla total”.
¡América o muerte!
Fuerzas Armadas Revolucionarias “Orientales”.»

De forma sorpresiva, entran cuatro policías pero son reducidos por los guerrilleros, que tras vitorear algunas consignas, realizan una retirada escalonada, la mitad a pie y el resto en coches. En el comunicado nº 24 de las FARO, el operativo se consideró un éxito político y económico y una «demostración de poder y audacia que sólo las organizaciones revolucionarias tienen». Como puntos negativos se enumeró el fallo de observación, que imposibilitó la proyección de la arenga y el hecho de que, en la retirada, dos combatientes fueran olvidados en la sala. Aunque se aclaró que la «serenidad y la suerte» los devolvieron a la lucha. Se especificó que esos errores se debieron a que era la primera operación coordinada en comandos, en la que cada uno de ellos se encargaba de aspectos que sólo los principales responsables conocían.

V.1.7.5. Cárcel del pueblo
«Vivía en clandestinidad, una noche fui al barrio y ahí me encontré con el viejo Boadas48 que me dice:
–La estáis cagando.
–¿Por qué? –le pregunto.
–Por eso de los secuestros. No se puede privar a nadie de la libertad. Al enemigo o se lo ejecuta o se lo deja.» J. C. MECHOSO

La creación de las cárceles revolucionarias o del pueblo suscitó otra de las polémicas en el ámbito militante. Estaban quienes consideraban injustificado el sufrimiento producido a un ser humano, inclusive enemigo. Y afirmaban que el encierro, la indefensión, la aplicación de una inyección para dormir, la incertidumbre, la separación de sus seres queridos y la amenaza de muerte si no colaboraba, eran una tortura psicológica. Otros, en cambio, opinaban que, si en una guerra en la que uno de los dos bandos utilizaba los secuestros, los rehenes y las cárceles para vencer, el otro también lo podía hacer. Pero matizando que el trato debía ser, dentro de las posibilidades, lo más correcto posible. El humanismo profesado por los revolucionarios y lo importante que era para ellos tener en su poder a un líder destacado del régimen facilitó ese buen trato exigido por los comandos.49
«Teníamos un americano, Fly, y a este tipo le dábamos jamón porque tenía que estar bien tratado –recuerda uno de los testimonios–. El tipo que le daba el jamón cortaba el borde (viste que tiene grasa), y como no teníamos ni qué comer, porque estábamos aislados por diversas situaciones, comíamos los bordes esos con pan y galletitas.»
Quienes defendían la toma de rehenes, aclaraban que no se debía vejar ni torturar nunca a un secuestrado. Y, según las fuentes consultadas y a pesar de que varios detenidos eran reconocidos torturadores, así fue, nunca se torturó a ninguno de los secuestrados. Entre los luchadores sociales –en esto hay unanimidad– no se tolera ni se acepta, bajo ninguna circunstancia, torturar al enemigo.50 Sin embargo, y es normal, algún secuestrado habló de malos tratos y las fuerzas conjuntas de torturas. Pero los famosos interrogatorios a «los prisioneros del pueblo» iban en otro sentido, y éstos hablaron por distintos motivos (véase al respecto el apartado «Tregua armada»), entre los que podemos señalar el miedo o el no contar con la suficiente motivación para ocultar datos que comprometieran a sus colegas. Bardesio, por ejemplo dio un montón de información porque mientras él estaba detenido el escuadrón de la muerte mató a un tupamaro. Hecho que, en el diálogo de la guerra chica, significa la más que probable ejecución del rehén. Entonces éste, ya fuera por venganza a sus correligionarios –que actuaron sabiendo que eso significaba la muerte– o por miedo real a ser ejecutado, aportó los detalles necesarios para desenmascarar a varios de los integrantes de los escuadrones.

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Como ventajas, quienes –como el MLN y la OPR 33– llevaron a cabo operativos de secuestros apuntaban:

«Con ellos en poder de la guerrilla se garantiza la integridad física de los revolucionarios prisioneros y cierta mesura en los procedimientos de la represión. Se crea en ella una tremenda dispersión destinada a cuidar a cada uno de sus personajes en sus domicilios y en la calle. Se obliga al enemigo a hacer un enorme esfuerzo constante para buscar a los personajes prisioneros de la guerrilla […]. Las prisiones revolucionarias (que puede ser una de las formas de ejercer represalias) han demostrado en la práctica ser una de las formas más eficaces de trastornar los planes del régimen. Más eficaces que otras usadas clásicamente como el hostigamiento.»51

Los berretines donde escondían a los «chanchos», como se denominaba a los secuestrados, eran los lugares más buscados por la policía. Cada vez que había rapto, sobre todo si era de una autoridad de otro país y había presión internacional, el gobierno se desesperaba, ordenaba «peinar» todo Montevideo o directamente decretaba el Estado de Sitio. Pero hasta 1972, cuando debido a las delaciones se descubre la cárcel del pueblo más importante, las fuerzas represivas no pudieron encontrar a ningún secuestrado. Aunque, en más de una ocasión, estuvieron a punto de hacerlo.

«Más de cincuenta policías entraron como malón en una fábrica de detergentes y jabones en la avenida Lezica, donde trabajaba un obrero que acababa de ser detenido. Los policías revisaron minuciosamente la Química Colón, golpearon, buscaron huecos, extensiones eléctricas, derivados de agua corriente y finalmente se fueron, convencidos de que no había nada, que la fábrica de detergentes estaba limpia, como correspondía. Si el ministro hubiera sabido que allí, en la Química Colón, debajo del duchero de baño, estaba la mayor cárcel del pueblo; si hubiera sabido que durante el allanamiento los policías le estaba pisando las cabezas, por así decirlo, a dos secuestrados.»52

V.1.7.6. Alcantarillado

«Puede acceder un revolucionario, pero no un mercenario y un soldado… Es decir en un caño de cincuenta centímetros de diámetro, entre aguas servidas, orinas y excrementos, no puede trabajar un hombre a sueldo de la represión, pero sí un tupamaro, un revolucionario… Se trata de dos morales diferentes, de dos actitudes humanas que no pueden compararse.»53

Es oportuno mencionar el uso político-militar de las cloacas, porque la guerrilla urbana siempre las ha tenido como vías de acción y repliegue. En el caso uruguayo, el alcantarillado no fue utilizado en demasiadas oportunidades pero sirvió para que se fugaran de la cárcel hombres y mujeres. Lo que produjo que se viera recompensado, en alguna medida, el esfuerzo sobrehumano del conocimiento de la red cloacal montevideana.54 Había grupos del MLN especializados en esa tarea que conocían casi todo Montevideo a partir del alcantarillado y podían ir de un local a otro por él. Robaron todos los planos originales de las cloacas. Los berretines más grandes y la cárcel del pueblo tenían salida hacia ellas. Pero cuando esto fue conocido por los militares, dejó de utilizarse porque bajaban por dos esquinas y cerraban a quienes estuvieran en medio.
Dos tupamaras fugadas rememoran su paso por las vías subterráneas. «No recuerdo ni miedo ni sensación de asfixia. Las ganas de la libertad nos llevaban en andas»; «no sé si las cloacas son limpias o sucias, o si es que en una situación límite uno no ve nada las paredes eran negras y viscosas, por momentos, íbamos agarradas de ellas».55 En este operativo, en el que treinta y ocho luchadoras sociales se evadieron de la cárcel, estaban contemplados caminos alternativos, a tomar ante cualquier complicación.
Durante la denominada «guerra de los siete meses», que desde abril de 1972 hasta octubre enfrentó al MLN y las fuerzas armadas, la red cloacal sirvió de refugio y, en más de una ocasión, fue escenario de tiroteos.
«Nos fuimos por la cloaca, nos persiguieron y estuvimos casi dos días adentro, al final salimos cerca de la rambla, por donde estaba “Kibón”, pero estuvimos escondidos en las propias cloacas casi hasta el otro día de noche. Hubo un tiroteo y la compañera de Amodio (Alicia Rey), que había tenido un accidente en una motoneta y todavía estaba convaleciente, decidió entregarse. Le gritó a los milicos desde el caño en el cual estábamos escondidos y se entregó. Los otros compañeros me siguieron a mí, menudearon los tiros, hirieron a otra compañera de modo relativamente superficial y finalmente logramos zafar. Nos quedamos escondidos hasta el otro día en un caño chico porque nos dimos cuenta que los milicos tenían un miedo bárbaro de entrar. Destapamos una bocatormenta por la calle Scosería, salimos, a la primera camioneta que pasó, la apretamos y nos fuimos al local en el cual estaba funcionando el Ejecutivo.»56

V.1.8. Medidas de seguridad

«Que en caso de percatarse de ser seguido, hay que obrar con naturalidad y aun en el intento de despiste, hay que tratar de que el seguidor no se dé cuenta de que fue descubierto. En caso de no poder burlar el seguimiento no hay que concurrir a lugares comprometidos. Es preferible dejar de hacer un contacto y dirigirse a cualquier sitio intrascendente como un comercio.»57

Las medidas de seguridad eran de suma importancia en las agrupaciones clandestinas y se tenía la conciencia de que al descuidarlas, no sólo peligraba la integridad personal, sino también la del resto de los miembros del mismo grupo.
Como se observa en el apartado «Clandestinidad», la compartimentación consistía en la ocultación de señas de identidad de los integrantes de la misma agrupación para que, en el caso de ser torturado, no se aportasen elementos identificatorios. De ahí que establecieran criterios de seguridad incluso en los ámbitos de lucha legales.
«Los domicilios no pueden ser conocidos por nadie que esté en la militancia. Debe ser erradicada la costumbre de dar direcciones a todo el mundo. Un amigo de hoy puede ser un compañero mañana. Debe evitarse que los vecinos olfateen alguna actividad política. De ser conocida una actividad política anterior, hay que tratar de difundir el rumor de que fue abandonada.»58

Rafael Cárdenas recuerda que cuándo los llevaban a hacer un curso de algo, como por ejemplo manejo de armas, los trasladaban compartimentados y que otro miembro de la organización, que no conocía, lo llevaba en un coche, en el que tenía prohibido mirar para fuera, dando vueltas de desorientación antes de llegar al destino.59
«Nosotros la compartimentación y la seguridad la tomamos con mucha seriedad –manifiesta Cárdenas–, pero no todos los tomaron así, me di cuenta por anécdotas y desgracias. Había gente que conocía mucho, aunque hacían ver que no, sabían quién había estado allí, cuándo… Nosotros no, porque pensamos que el sistema de compartimentación era inseparable de la lucha armada clandestina, sobre todo urbana, y que había que mantenerlo por una cuestión de seguridad mínima. Nosotros cuando caímos fue porque nos cantaron.»

La base de aquellas prácticas era la confianza y el interés general en conocer lo menos posible para que si los torturaban, preguntándoles el lugar en cuestión, no tuvieran la disyuntiva de si soportar el dolor o dar la información. Si no se tenía respuestas a las preguntas la tortura era, psicológicamente, más soportable y se evitaba la posibilidad de delación.
«Existe la tendencia generalizada a preguntar y/o contar “cosas de la militancia” a compañeros y amigos allegados. La experiencia indica que tal actitud es negativa… La noticia innecesaria con “encargo de exclusivo secreto” corre de unos a otros hasta llegar muchas veces a oídos del enemigo. Cuando el militante pregunta por cuirosidad… se está cargando de información que en caso de que sea detenido y sometido a presiones por parte de la represión, lo hacen más inseguro (cuanto más elementos se tienen que ocultar en un interrogatorio, psicologicamente se es más vulnerable.»60

Este consejo pertenece a un manual de la FAU sobre medidas de seguridad. Es parte del apartado
«Discreción» del capítulo «Seguridad Personal». Los otros apartados eran: «Puntualidad», en el que se aconsejaba no esperar más de quince minutos en caso de que el contacto se retrasara; «Compartimentación», en el que se establecía la necesidad y la rigurosidad de esta práctica; «Seudónimos», en el que se daba la posibilidad de tomar tantos apelativos como actividades se desarrollaban en distintos niveles de la organización y en el que se aconsejaba no juntar a compañeros que usaban el nombre verdadero con los que no lo conocían; «Tenencia de documentos, papeles, impresos, etcétera», en el que instaba a deshacerse de todo papel comprometedor que no fuera a usarse para no convertirse en un archivo ambulante, en un prontuario del movimiento; «Cambio de vida», en el que se insistía en hacer lo más discreto posible la inserción en las actividades clandestinas, es decir no modificar demasiado la forma de vida y relación con la gente del pasado; «Uso del teléfono», en el que se aconsejaba el uso de lenguaje en clave y en el que se exigía que algunos de los elementos para darse una cita estuvieran fijados previamente; «Desplazamientos», donde se establecían ciertos criterios para intentar evitar ser seguido como: el uso del transporte colectivo, la modificación de recorridos y, en caso de usar un coche particular para transportar objetos o compañeros, el estacionar a una distancia prudencial del destino; «Lugares de apoyo», en el que se recomendaba tener sitios seguros donde esconderse en caso de peligro.
La compartimentación en algunos aspectos fue limitada. Por ejemplo, cuando una célula recibía una visita esporádica de un militante que, por ejemplo, les enseñaba a disparar, no se usaban capuchas ni se escondían los rostros, lo que facilitó el reconocimiento de integrantes por fotografías.
Las organizaciones clandestinas que adoptaban medidas de seguridad como la compartimentación no eran únicamente las armadas. Nora y Roberto explican que la estructura del PS durante los años que funcionó ilegalmente era semiclandestino o, directamente, clandestino, dependiendo las épocas. Los militantes estaban compartimentados y usaban «nombres de guerra» y se llegaron a hacer congresos con delegados elegidos en reuniones de grupos muy reducidos. Uno de ellos tuvo lugar en una casa en un balneario. Los asistentes llegaron en diferentes autocares y una vez allí se dividieron entre los delegados y los que daban cobertura al encuentro. Los primeros pasaron todo el día encerrados, con las persianas bajas, discutiendo y tomando resoluciones; los segundos hacían la vida en el exterior de la casa para que los vecinos vieran a un grupo de personas que había ido a pasar el día haciendo un asado y jugando al truco.
En 1971 debido a la celebración de elecciones, el PS fue legalizado pero, en algunos aspectos y como precaución de lo que pudiera pasar, mantuvo un funcionamiento clandestino. Por ejemplo, Nora recuerda que «de los que formaban parte del núcleo más del Partido, era muy pocos los que te lo decían. Podías estar militando con ellos y no saber» qué cargo ocupaban.
Volviendo a los grupos armados, uno de los consejos constantes que se comunicaban era el tener una coartada cuando se fuera a participar en un operativo, y sobre qué recomendaciones daban a los clandestinos para actuar ante una posible detención, se dialogó con Garín.

«–¿Cuando hacías las operaciones o transitabas por la vía pública llevabas la pistola?
–Siempre. Armado hasta los dientes. [Hasta con] una granada. Evitábamos andar en auto por las pinzas, andábamos a pie o autobús. En auto sólo si era necesario por las operaciones. A pie era lo más seguro.
–¿Y llevabas pasaporte o cédula, o ni te hiciste?
–No, en la Columna del Sur, preguntaban a cada clandestino “¿que elegís tú, revolver o carta de identidad?”. Porque se dio un momento que había gente que caía en una pinza con carta de identidad y estaban armados y no podían hacer nada. Entonces te dieron a elegir. O bien la carta de identidad sin revolver, y entonces después decían los diarios: “Tipo cayó en una pinza y no estaba armado”, o bien revolver y nada de carta de identidad; o sea que si te paraban tenías que tirar. Y para el más buscado esa era la mejor opción y para la organización también y no lo que pasó con uno de los dirigentes que cayó en una pinza armado hasta los dientes y con una carta de identidad. Y no se resistió ni nada. El tipo que va armado si cuando ve la pinza ya empieza a tirar tiene muchas opciones de escapar. Pero si tiene la carta de identidad piensa “capaz que paso”. Y una vez que estás ahí con las metralletas. […] Es cuestión de mentalidad.»

V.1.9. Programa, publicaciones y consignas

El movimiento revolucionario y la izquierda uruguaya no se destacaron por su elaboración programática. Fueron notables en otros aspectos: capacidad de arraigo en ciertos sectores sociales, de radicalizarse en su práctica y de unificarse, y mantenerse unidos en condiciones difíciles.
Su importancia actual no estriba en su fuerza ni originalidad programática. La ideología y las discusiones de fondo, comparativamente, a otros países y, sobre todo, a otras épocas, no fueron demasiado importantes.61 Como en todas las izquierdas y colectivos, hubo teóricos que hicieron excelentes búsquedas, avances y recuperaciones programáticas,62 pero en gran medida, como explica Arocena, se siguió aquello del MLN:
«”La discusión nos divide la acción nos une” fue muy relevante, interpretaba notablemente el espíritu de la gente. Yo no lo compartía. En ese sentido, me sentía, dentro de la izquierda independiente, un marginal. Creía que había que darle mucho más peso a las cuestiones ideológicas. Fue una discusión muy de métodos, no de programa ni de adónde se va, sino de táctica, de agudización de la lucha, de decisiones de coyuntura, de si se toman las armas o no se toman, si se ocupa una fábrica o no, si se radicalizan las manifestaciones con cócteles molotov o no, ese tipo de cosas, pero no como algunos temas [presentados en el cuestionario] “abolición del trabajo asalariado…”, esas cosas prácticamente no se discutían. El radicalismo era metodológico.»
Hay que recordar que varios grupos se crean, justamente, por las discusiones interminables sobre la búsqueda del ideario perfecto. Muchos de los que rompieron con las agrupaciones ya existentes –como el PC, el PS y en menor medida la FAU– lo hicieron también con la carga ideológica y la costumbre de la «búsqueda del programa» de éstas. Agrupaciones que siguieron fieles a su estilo y a sus teorías, crearon una enorme cantidad de material teórico y respondieron a «nuevas» teorías como el foquismo.
Por su parte, el MLN y, sobre todo, algunos componentes de la tendencia combativa también hicieron grandes aportes teóricos. Fue impresionante la aportación de varios movimientos, como los cañeros –o Funsa– y su entorno que llegaron a una radicalización programática pocas veces vista en un sindicato. Pero a su vez, como dice Arocena: «la izquierda radical trataba de mantener su unidad sobre la base a discutir poco». Con respecto a las causas de la poca carga teórica Arocena responde: «No sé, quizá porque había poca elaboración. O por la reticencias a los intelectuales».

«El programa de la CNT –añade Arocena–, como se decía en aquella época, era el programa de toda la izquierda, y también de los radicales. Si había criticas era por las vías de lucha (terminología ferrocarrilera) salvo en sectores muy pequeños, la izquierda prochina, que era mínima […]. Quizá esa poca ideología de la izquierda uruguaya es también su fuerza, por la unidad, el Frente Amplio, es el único frente que se mantiene en América.»63
La pobreza programática es una de las principales causas que provocan el gran arraigo del nacionalismo populista, con intereses tan poco comunes al movimiento antagónico al capital, y episodios como el de las expectativas con los militares.
Algunas de las grandes discusiones de fondo eran sobre reformismo y revolución, elecciones y lucha armada, Frente Amplio o abstencionismo electoral, revolución nacional o social, partido o foco, coexistencia pacífica o revolución, clase obrera o sectores marginales de la economía como fuerza social de la revolución, bloque soviético como proceso socialista o como capitalismo de estado, y el tercerismo.64
Las publicaciones de los grupos de los luchadores sociales presentan, tanto en su forma como en su contenido, rasgos comunes. Las principales discrepancias tenían relación con los métodos de lucha.
Cada organización, e inclusive alguna de las diferentes estructuras de ellas –juventudes, estudiantiles, clandestinas– tenía su órgano de difusión. A medida que iban cambiando de nombre se creaban nuevas estructuras, suprimiendo unos órganos de difusión y gestándose otros. En este aspecto, una de las experiencias más interesantes fue la creación de diversos periódicos coordinados por varias agrupaciones, por ejemplo, Época.
Llama la atención la gran cantidad de publicaciones que había en aquel período. Una misma organización podía publicar un semanario destinado a temas de actualidad, una revista con textos de fondo y un diario con noticias cotidianas. También había muchas octavillas, algunas de ellas periódicas que, por ejemplo, se repartían en movilizaciones o en los momentos previos a las asambleas.65
Los temas más reiterativos tanto en los periódicos como en las octavillas fueron, entre otros:66

–Denuncia de la situación y respuesta a la propaganda de la contrarrevolución.
«Con la misma naturalidad anuncian que una u otra jovencita han muerto acribilladas a balazos en la calle, o que hay niños que mueren de hambre, de desnutrición, como sucediera con una criatura de siete años recientemente en Rocha a pesar de que Fortaleza diga que en este país nadie se muere de hambre. Ambos, son los aspectos más salientes del Uruguay de hoy.»67
«Los que viven del trabajo ajeno, los del negocio escandaloso llaman al obrero a “poner el hombro”, así ellos siguen metiendo la mano.»68

– Defensa de la organización política y presentación de actos y publicaciones.
«Confianza en su aptitud (nuestro pueblo) y su fuerza para construirse un mañana más justo, más digno y más libre para todos. Sin chupasangres que engordan con el sudor ajeno. Sin mandones que nos quieran llevar a pechazos. Por eso, porque creemos en nuestra gente, en este pueblo nuestro, sufrido, sencillo y rebelde es que salimos a la palestra, confiando hacer de nuestro periódico un instrumento útil para promover la rebeldía, la organización y la movilización al pueblo en defensa de sus derechos.»69
«Lea lucha libertaria: la Federación Anarquista plantea las soluciones libertarias a la crisis. ¡Pídalo en quioscos!»70
«Martes 13 hora 19 Mesa redonda. Paraninfo de la Universidad. Hacia la marcha del 19.»71

–Estado de la cuestión; táctica ofensiva o defensiva.
«¿Cuál es la salida para el movimiento popular? Hemos caracterizado toda esta etapa como de resistencia popular. Esto implica reconocer que las condiciones, la correlación de fuerzas, no habilitan una batalla decisiva por el poder, pero si nos habilitan para defender y ampliar los derechos que pretenden pisotear y que fueron conquistados con la lucha. Resistir implica, defender la dignidad del pueblo luchando por: salario, trabajo, por libertad, por objetivos alcanzables, para irle ganando palmo a palmo el terreno al enemigo, sólo resistiendo lograremos pasar a la ofensiva.
Por eso no basta con plantearse la ofensiva con bellas frases; cuando en los hechos lo que se está haciendo es sustituir la confianza en la capacidad de pelea de la gente, por la confianza en el trámite o el diálogo con las autoridades. Por eso no podemos más que trazarnos la línea de la independencia política-ideológica de la clase trabajadora.»72

–Directrices y ánimos.
«Se ha demostrado, una vez más, la enorme fuerza del movimiento obrero. Se ha dado una movilización intensa, pero que no puso en juego toda la fuerza real del movimiento sindical, al insistirse en la táctica de que los gremios luchen por separado, sin un plan que los coordine, unifique y haga más potente su acción de modo de alcanzar objetivos más profundos que sólo el salario, pero que de todos modos ha sido positivo porque ha hecho retractar al gobierno de su decisión de no dar aumento antes de diciembre y ha dejado en evidencia su ruinosa política económica, al mismo tiempo de mostrar que sí se lo puede enfrentar por más camellos y chanchitas que ponga en la ciudad.»73

–1º de mayo.
«Lo que debemos hacer es partir entonces del análisis de la situación que vivimos hoy en nuestro país para determinar cómo debe ser nuestro 1º de mayo. Porque si no hacemos eso si por el contrario partimos de la aplicación mecánica y rígida de un determinado concepto, tal criterio nos puede conducir a gruesos errores y en la práctica está conduciendo a asumir planteos que fomentan la división en las fuerzas de la clase, que pretender erigir un “30 de abril” en alternativa frente a la jornada tradicional, olvidando las condiciones concretas, dividiendo fuerzas, jugando a favor del enemigo y en definitiva volviéndole la espalda a la vida y a la historia tal como discurre en nuestro Uruguay de hoy […]. Gracias a esta clase obrera organizada sindicalmente en su combativa central es que hoy podemos mirar con optimismo cierto y sereno el futuro de la patria. Toda la acción de los trabajadores ha abierto un camino de unidad entre las fuerzas patrióticas, para lograr el objetivo de reconstruir nuestro país […]. 1º de mayo por un gobierno de unidad nacional sin rosca. Los estudiantes junto a la clase obrera en la forja de una alternativa democrática. ¡Todo por el más grande 1º de mayo! ¡Unidad, solidaridad y lucha! Brigada Universitaria Socialista».74

–Sobre las expectativas en los militares.
«Lo denunciamos en ese momento, y los hechos se encargaron de confirmarlo, que las contradicciones planteadas eran de carácter secundario. En ningún momento se puso en tela de juicio el sistema, basado en la explotación, el hambre y la miseria de la mayoría. Lo que verdaderamente estaba en juego era una cierta reestructura en el esquema de dominación que tendiera a prestigiar el sistema, dañándolo dentro de su propio marco.
El resultado de toda esta estruendosa contienda entre políticos y militares, es el COSENA, que asesora, consulta o presiona al Poder Ejecutivo en la búsqueda ambos, de un mejoramiento en las actuales realidades de poder de las clases dominantes.
Pero hay una cosa positiva en todo este proceso. A pesar de las dudas creadas, a pesar de que el reformismo se empeñó, y se sigue empeñando en sembrar expectativas paralizantes, ilusiones que sólo favorecen a las clases dominantes, a pesar de todo eso decíamos, las clases dominantes y su expresión transaccional de gobierno cívico militar: el COSENA, no han sido capaces de ganarse y consolidar una base social.»75

–Sobre elecciones.
«Las contradicciones sociales se polarizan rápidamente, la oligarquía entonces se vio obligada, durante estos tres últimos años a reprimir salvajemente a un movimiento popular que ascendía tornando cada vez más consciencia. Sin embargo, en pleno desarrollo del fascismo, la oligarquía llama a elecciones.
¿Qué pretendía en este nuevo paso táctico? Pretendía canalizar todo ese avance de la conciencia del pueblo, generada en su experiencia de lucha, hacia los canales de la legalidad burguesa, constriñiendo asi al movimiento popular a un terreno en el que evidentemente la clase dominante tenia asegurada la victoria.
Así lograba distender las contradicciones sociales momentáneamente, como forma de ganar tiempo para reajustar los mecanismos de dominación, tan desgastados y por años de duro enfrentamiento y de esa manera poder controlar efectivamente la rebelión popular.
Sabiendo que en definitiva las contradicciones entre las clases, habrían de resolverse violentamente, al mismo tiempo que prometía elecciones “libres”, ilusionando al pueblo en una farsa, desarrollada y tecnificaba el aparato represivo del estado, creaba organizaciones fascistas clandestinas como el LYS, DAM, CCT, destinadas a sembrar el terror a nivel popular, y semiclandestinas como la JUP tendiente agrupar a sectores de la base social de la reacción y adoctrinarios lentamente contra el “comunismo” y la “subversión”.
Correlativamente, mediante la “revitalización” de la democracia, devolvía al pueblo la confianza en el sistema y aprovechaba para extenderse ideológicamente, a través del dominio de los medios de difusión sobre los sectores culturalmente atrasados, asegurando una base social que le permitiera continuar su política después de las elecciones.
El resultado electoral como índice de opinión nos da a las claras pruebas que manifiestan la imposibilidad de enfrentar a la oligarquía en su propio terreno.»76

–Nacionalismo, antiimperialismo y algo de internacionalismo.
«Y por último: ¿no es cierto que nuestro pueblo, los orientales honestos, que no se dividen por el traje, profesión o papel en la sociedad, sino que están unidos por el rasgo común de ser auténticos patriotas, de que sus intentos son los intereses del país y por lo tanto incompatibles con los de la oligarquía antinacional; ese pueblo que no soporta ya vivir como hasta ahora reclama un cambio de rumbo: reclama soluciones, las discute y las plantea de muy variadas formas y a muy diversos niveles?
Hay que desarrollar la intervención del movimiento obrero para decidir la lucha interior en los sectores nacionalistas del ejército, para que éste sienta la capacidad del movimiento obrero y ganar al sector de izquierda.»77
«Que sepan, que lo tengan bien claro: No son ellos distintos a los de siempre. No es nuestro pueblo distinto a los otros pueblos.»78

–Denuncia de la represión y liberación de los presos.
«Compañeros: Hoy la gran mayoría de los gremios obreros y estudiantiles tienen presos por luchar. La represión ha caído también sobre nuestro gremio, tenemos más de veinte compañeros presos por el único “delito” de su militancia gremial.»79
«Saludamos la libertad de nuestra camarada: Milte Radiccione. Luego de cuarenta y cinco días de detención. “A disposición del poder ejecutivo”. Libertad para todos los compañeros presos.»80
Aún sin profundizar en el estudio de diferentes diarios y octavillas, se constatan algunas características comunes. A nivel formal, la edición no era demasiado buena, sobre todo de panfletos, en los que encontramos titulares y consignas escritas a mano y tachaduras. Sin embargo, el nivel de redacción y ortografía era correcto. Casi todos iban firmados y sólo a unos pocos se les ponía la fecha.
Para esta investigación se encontraron muchos más volantes de los años 71, 72 y 73 que de los primero años. Seguramente porque, al ser mayor la cantidad de militantes integrantes de una organización, se escribieron más.
Llama la atención que la mayor parte de los comunicados, carteles, panfletos y cartas de los luchadores sociales, al igual que el material emitido por parte de las autoridades, estaba dirigido a la masa –el ciudadano y los «neutrales»–. Justamente a la gente que no estaba actuando y que, en muchas ocasiones, intentaba mantenerse al margen de los conflictos sociales. Pero el objetivo, lógico por otra parte, era ganar a esa masa, para tener más legitimidad en lo que se estaba haciendo, y porque sólo con nuevas fuerzas se podían lograr los objetivos. Pocos son los panfletos proletarios destinados a los luchadores sociales para aclarar cosas, afinar posiciones o denunciar prácticas.
Las consignas podían aparecer pintadas en una pared con la estrella tupamara al lado;81 o escritas al final de una octavilla de la UJC; pronunciadas desde un carro parlante del Frente Amplio, cantadas en una ocupación liceal82 o gritadas en el sector de la manifestación dónde iban los de la tendencia combativa. Algunas de las proclamas eran:83
–Arriba, arriba, arriba los que luchan.
–Unidad, unidad es la forma de luchar.
–UTAA, UTAA por la tierra y con Sendic.
–Tierra para trabajar, no podemos esperar.
–Basta ya de dialogar, hay que armarse pa’ luchar.84
–Liberar, liberar a los presos por luchar.85
–Calma, radicales, calma.
–Ya lo olí, ya lo olí, Nardone estuvo aquí.86
–Por fascista y por ladrón Acosta y Lara al paredón.
–Se siente, se siente el pueblo está presente.
–Cuba sí, yanquis no.
–Fidel, amigo, el pueblo está contigo.
–Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda.
–Si esto no es el pueblo, el pueblo dónde está, el pueblo está en la calle por pan y libertad.
–Militancia sí, reaccionarios no.
–Obreros y estudiantes unidos y adelante.
–Ay, que no alcanza, el presupuesto, de la enseñanza, y sobran en pila el presupuesto de los gorilas.
–Presupuestos sí, privilegios no.
–Soluciones sí, golpes no.
–Basta de torturas.
–No a la ley anti-obrera.
–CNT para luchar, no podemos dialogar
–Resistir, unirse y luchar, que a fachos y hambreadores hay que derrotar.
–Contra el fascismo y el capital, por el socialismo y la libertad.
–Organizarse, unirse y luchar.
–No rompan las bolas, no rompas las bolas, con los milicos piolas.
–Siento ruido de caballos y no sé lo que será, son milicos del gobierno que nos vienen a apalear, queremos un presupuesto, presupuesto para la universidad, lucharemos en la calle con permiso o sin permiso policial.
–Con las medidas no hay permiso para huelguear, pero tiro volantes igual, porque siempre a la cana me gusta torear.87
–Golpe por golpe, medida por medida, el pueblo responde a la tiranía.
–Militancia sí, burocracia no.
–«Universidad para los trabajadores y al que no le gusta, se jode».
–«Lucha o muerte».
–«Habrá patria pa´ todos o pa´ naide».
–«La tierra para quién la trabaja».
–«Estudiantes en lucha».
–«Mientras los hijos de los pobres estudien con hambre y frío, los hijos de los ricos estudiarán con miedo».
–«Esta tempestad no hay quien la detenga».
–«Abajo las medidas prontas de seguridad».
–«Peligran la cultura y la salud del pueblo».
–«Los hechos nos unen, las palabras nos separan».
–«La rosca por represión, el pueblo por la paz».
–«Venceremos».
–«La unión hace la fuerza».
–«A preparar la huelga general».
–«De cada uno, de acuerdo con su capacidad y a cada uno, de acuerdo con su trabajo».
–«Crear dos, tres…, muchos Vietnam».
–«Hasta la victoria siempre».
–«Prefiero morir de pie que vivir arrodillado».
–«Que los más infelices sean los más privilegiados».88
–«Resistir es combatir».
–«Triunfa quien lucha, no quien gime».
–«El presente es lucha, el futuro es nuestro».
–«Por paz, pan y libertad».
–«No al latifundio».
–«Al pueblo no lo doblega ni la tortura ni el crimen».
–«Hay que tenerse confianza, lo que no pueda el poder lo ha de poder la esperanza».
–«Presos por luchar, la lucha los liberó».
–«Elecciones, parlamento, piezas del sistema».
–«Las instituciones de la burguesía sólo a la burguesía pueden servir».
–«Los anarcos no creemos en la democracia».
–«Luchar hasta vencer. El pueblo con las armas conquistará el poder».89
–«El poder del pueblo habla por la boca de los fusiles clandestinos de los tupamaros».
–«Hemos ganado una batalla, pero no la guerra».
–«A la injusticia del régimen se opone la justicia del pueblo».
–«La imaginación al poder».
–«Una flor, un fusil».
–«El último que se vaya que apague la luz».90

FOTOS 82, 83, 84 Y 85

V.2. REPRESIÓN

«Qué vamos a hacer del país? ¿Una prisión general? ¿Un vasto campo de concentración? ¿Un inmenso cuartel?»
CARLOS QUIJANO.91

V.2.1. Democracia y dictadura: el sostén del estado

«Sin velos y sin máscaras. Nadie puede sorprenderse. Esta ominosa caída del 27 de junio es el resultado de un proceso que se inició hace tiempo y que se cumplió paso a paso, a la luz del día. Todo se consumó; pero algo se ha ganado de todos modos. Ya rasgado está el velo y caída la máscara.»92

Para Aharonián, «el fascismo significa el último manotazo de un sistema social que no quiere irse. Es la sacada de máscara del sistema democrático burgués, la cara real del sistema democrático burgués que cuando se ve acosado es fascista y cuando no está acosado se hace el democrático».
Estas citas son algunas de las conclusiones de quienes vivieron el proceso represivo de la democracia-dictadura capitalista; el paso de la dictadura constitucional o parlamentaria a la militar. Como se ha ido viendo a lo largo de la obra y como a continuación se observa, el sistema democrático burgués no implica ausencia de represión terrorífica y masiva. Es un error afirmar que la picana es fascista y el diálogo parlamentario, democrático, es falsa la disyuntiva democracia-dictadura. El submarino, la «libertad» de prensa, la militarización, el voto, la censura, las violaciones a las prisioneras, el permiso para fundar un partido político, los allanamientos y la presencia de militares en los liceos son todos fenómenos democráticos. En Uruguay, al menos, se dieron en democracia; si por ésta se entiende la presencia de un gobierno y un parlamento elegidos por sufragio universal. En la actualidad, muchos relacionan el comienzo de la represión con el de la «dictadura», es decir con el período iniciado tras el golpe de estado. Esto es una equivocación. Es evidente, aunque no se recuerde ni se diga, que la tortura y la cárcel también se aplicaron de forma masiva antes de la disolución de las Cámaras. Las prácticas represivas son características de la dominación de los explotadores sobre los explotados y necesarios para la perpetuidad del democrático sistema de explotación del hombre por el hombre.93 Así fue comprendido y denunciado en el Uruguay, uno de los países donde más claramente el propio Poder Ejecutivo y el Parlamento, elegidos democráticamente, dieron entrada a los militares. Para algunos, «fascistas»; según otros, «democráticos».94

«Todos tenemos, en estos últimos tiempos, tendencia a fijar nuestra mirada hasta el punto del hipnotismo en –pongamos por caso– la siniestra figura de Gavazzo, olvidando por forzoso adormecimiento, mirar los hilos que manejaban a Gavazzo para, a través de ellos, llegar a las manos del titiritero. Corremos el grave riesgo de creer que desaparecido el muñeco se acabó el problema y dejaremos sin denuncia a quien los fabrica y maneja.
A fin de cuentas los asesinos y torturadores no son más que instrumentos [del sistema democrático burgués que los tiene en reserva hasta cuando los precisa, podría haber añadido].»95

Para muchos, la justicia pasa por condenar, únicamente, a los «ejecutores directos» de las represalias y no a quien los prepara y necesita: la burguesía, el sistema de producción capitalista, la democracia, la Constitución y los políticos uruguayos que entre 1968 y 1973 encomendaron la represión y dieron el protagonismo a los militares.96 Los políticos más conservadores del Partido Blanco y del Partido Colorado votaron, por ejemplo, el Estado de Guerra Interno sin importarles que eso significara la entrada definitiva de las fuerzas armadas en la escena política nacional. Los menos conservadores lo hicieron, aunque a regañadientes, porque temían mucho más el proceso que podía desencadenar una insurrección social, que una «cruzada» militar.

«Es bueno recordar que la jeta tétrica de la dictadura del capital, la represión abierta, las decenas de miles de torturados y presos, no son el patrimonio exclusivo de los militares que se cagaron en la Constitución en el año 1973; sino que fue gloriosamente compartida por un gobierno y un partido democráticamente elegido el Partido Colorado; y que contaba, además, con la complicidad parlamentaria de todos los partidos “antidictatoriales” de hoy (Partido Nacional, Frente Amplio). Recordemos también el papel que jugaban entonces los líderes de la actual [1983] oposición burguesa: Jorge Batlle estaba abiertamente con el régimen; Ferreira Aldunate apoyaba parlamentariamente casi todas las medidas y Seregni, como jefe de la principal región militar, dirigía la represión necesaria en la aplicación de tales medidas cuando se declara la huelga en la banca privada.»97

Este fragmento, escrito años después del período, trata un tema hasta ahora poco debatido: la complicidad parlamentaria del Frente Amplio en el proceso represivo. Aún cuando sea exagerado vincular el accionar político de esta coalición con la represión, ya que nunca votó ninguna medida en ese aspecto, para algunos sectores su permanencia en las Cámaras significó legitimar el gobierno y con ello la coacción generalizada:
«Un grupo de parlamentarios respetables que salvo honrosas excepciones se lavan las manos cuando oyen hablar de subversión y de tupamaros; que no desperdician oportunidad para calificar a las organizaciones armadas de “terroristas y salvajes”, que hablan de pacificación cuando saben que esto no puede significar otra cosa que desmovilización popular, que es precisamente lo que interesa al gobierno y que es precisamente esto lo que hacen; que ensalzan a “las instituciones democráticas”, a la Constitución y a la Ley cuando son esas instituciones, esa Constitución y esas leyes las que encubren la acción del fascismo, la explotación económica de las masas populares, los campos de concentración en los que actualmente se encierran por millares a los luchadores sociales, la tortura y el fusilamiento; que impiden la movilización de las masas -que les interesaba mucho cuando se trataba de acumular votos en las urnasy la sustituyen por discursos y protestas en las cámaras, que para nada sirven; que dialogan con Bordaberry cordialmente cuando saben que éste comanda un gobierno de verdugos y hambreadores, cuando saben que ese gobierno es una dictadura surgida de las elecciones más mugrientas de nuestra historia de acuerdo a las mismas palabras del Frente en aquel entonces.
No son todos los dirigentes y partidos del Frente los que están actuando de este modo. Eso queremos dejarlo bien claro. Dentro del Frente también existen sectores revolucionarios que están en minoría. Pero los partidos que le imprimen la orientación oficial sí lo están haciendo, desembozadamente.»98
Este texto sintetiza varios puntos importantes. Uno de ellos apunta a la culpabilidad de la propia Constitución uruguaya y a la fórmula constitucional en general. En esa Ley Suprema estaban explícitas o implícitas las formas de represión e intervención estatal aplicadas a los luchadores sociales en Uruguay. Y si alguna no estaba, la Constitución podía facultar a cualquiera de los tres poderes su implantación. Algunas peticiones de ciertas autoridades nunca llegaron a ser aprobadas. En 1970, un sector del gobierno pidió a la Corte Suprema que aprobara inyectar a detenidos pentotal.99 Esta petición se basaba en la «necesidad» de conocer el paradero de personalidades secuestradas por la guerrilla. También hubo quien quiso legalizar la tortura, pero la Corte Suprema y el Parlamento siempre se negaron a ello, aunque castigaron a quienes luchaban contra su aplicación y no a quienes la ejecutaban. Algo parecido sucedió con la escalada represiva iniciada el 27 de junio de 1973, situación no contemplada por el Parlamento y la Constitución.100 En 1985, una vez repuestas estas instituciones, no hubo actos de castigo contra los militares, quienes habían impulsado esas violaciones. Sin embargo se siguió aprobando la intervención policial contra las movilizaciones. Es dable pensar que seguramente reprimirán, con la misma saña, todo conato revolucionario que pueda surgir.
Todas las constituciones del mundo castigan, con varios años de cárcel, a cualquier organización que use las armas para incidir en la sociedad o transformarla.101 Pero también penaliza aquellos que, sin recurrir a la lucha armada, utilizan otros medios con el mismo fin. Las constituciones, además de «garantizar los derechos individuales», crean mecanismos de defensa al sistema dominante e intentan impedir la insurrección popular o su previa organización, a través de conceptos delictivos como asonada, sedición y conspiración contra la Constitución en grado de colaboración o de hecho. En Uruguay, la Ley de Seguridad del Estado, aprobada por el Parlamento en 1972, establecía una pena de diez a treinta años de prisión por el hecho de «asociarse para atentar contra la Constitución». Por todas estas razones, los sectores más radicales de aquel entonces no dudaron en tildarla de salvaguarda de la clase dominante y documento legitimador de su represión.
«Que en consecuencia nuestro sindicato, ni apoya ni alienta ningún golpe militar, cualquiera sean sus características. Tampoco defiende la legalidad actual, pues se daría el hecho insólito, que al defender con huelga general la constitución burguesa y las instituciones de esas constituciones nacidas allí, se estará implícitamente defendiendo a los responsables directos de la miseria, de las torturas, de las persecuciones que hemos sufrido.»102
Incluso políticos con una larga trayectoria en el Parlamento, e inclusive antes de los convulsionados años sesenta, reconocían que la Constitución beneficiaba, casi siempre, a los sectores más adinerados. Alba Roballo, en la Asamblea General del 13 de agosto de 1959 y representando al Partido Colorado, manifestó:
«Tenemos la seguridad de que siempre que suba la reacción a ocupar las posiciones de gobierno, torcerá los textos constitucionales para reprimir a las clases obreras, para reprimir a las fuerzas populares, y para subyugar las aspiraciones económicas de los que están abajo.»103
En 1968 y 1969, en varias ocasiones, se «sacó del patio trasero» a la soldadesca para militarizar a diversas empresas. Las distintas lecturas de la Constitución sobre este episodio se pueden resumir en dos posturas: para algunos era anticonstitucional; para otros, en cambio, una huelga en determinadas empresas equivalía a una catástrofe natural, por lo tanto consideraban legítima la intervención castrense. Licandro, uno de los políticos frentamplistas más relevantes de aquel período, general y jefe de la Región Militar nº 3 hasta poco antes de ingresar en el Frente Amplio, declaró que ante una «huelga bancaria [se hacía necesaria] la movilización del personal y la militarización. Hay leyes que obligaban a eso. Empleo de las fuerzas armadas para [asegurar] los servicios esenciales».
Esta contradicción se llegó a manifestar entre dos de los poderes durante la militarización bancaria. En este caso, la Suprema Corte de Justicia la declaró inconstitucional, pero pese a ello el Ejecutivo dio la orden de mantener la medida. Esta discrepancia demuestra que la balanza de la justicia, en la interpretación de la Constitución, se inclina algunas veces hacia el lado más coercitivo y otras hacia el más tolerante. Pero al fin y al cabo, los hilos de ésta penden de las manos de la clase dominante. En Uruguay, el régimen y sus guardianes recurrieron a las más diversas «lecturas» de la legislación vigente y no dudaron en usar las artimañas que fueran necesarias para llevar a cabo el proceso represivo.

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En 1971, tras la fuga de los 111 presos, el gobierno decide encomendar la lucha antisubversiva a las fuerzas armadas. Sobre el creciente protagonismo castrense, en la hasta entonces civilista sociedad uruguaya, es interesante leer el testimonio de Juan Pablo Terra.

«Recuerdo que una vez un norteamericano decía “para acabar con la guerrilla hay que soltar los perros, pero el problema es cómo se hace luego para sujetarlos”. Esos oficiales que salían a la caza de tupamaros, tenían servicios de inteligencia centralizados con información y todo eso, pero les habían dado las garantías de que podían aplicar los métodos que quisieran que igualmente nunca los iban a responsabilizar.»104

Por los episodios aquí relatados es absurdo afirmar que la dictadura-represión se da a partir del 27 junio de 1973, fecha en la que sí se produce la dictadura-disolución de las Cámaras. En cierto sentido, eran absurdas las preocupaciones del primer período de investigación, cuando se pedía a los entrevistados que pusieran fecha al inicio de la «dictadura», pues ésta siempre estuvo guardada en el «armario de la rimbombante democracia», para cuando se necesitara. Hubiera sido mejor preguntar cuándo sacaron las medidas comúnmente denominadas dictatoriales del sistema democrático burgués.
Víctor Semproni, vicepresidente de la CNT, en febrero de 1970, ante la imposición de una nueva medida represiva del régimen, declaró: «Considero que es un nuevo eslabón de la cadena de ataques del Poder Ejecutivo contra el pueblo. En definitiva, es una demostración de la existencia de la dictadura».105 Sin embargo para el PC, la «dictadura» comienza en 1973, con la disolución de las Cámaras. Otros sectores, como los tupamaros, sitúan su inicio mucho antes. «Nosotros siempre sostuvimos que la dictadura de hecho empezó en el 68 –afirma Huidobro–. La dictadura comenzó con la muerte de Gestido, la fecha digo, fines del 67. Y no somos los únicos que sostuvimos eso, incluso sectores burgueses».
Las tres fechas mencionadas en el párrafo anterior –1968, 1970, 1973– se refieren al inicio de la dictadura. Más que buscar el hito histórico del proceso mencionado, la discusión que pretende plantear esta investigación se sitúa en un plano más conceptual, la ligazón entre democracia y dictadura; y la de estos dos fenómenos con una sociedad dividida en clases.
Este problema de definiciones ya estaba presente en las discusiones del período 1968-1973. Prueba de la intensidad y la dificultad de ese debate es su reaparición en las declaraciones de algunos testimonios. En la entrevista con Huidobro el debate fue en estos términos:

«–Pero el tema –se matizó, cuando Huidobro fijó el inicio de la dictadura en 1968– es que la Constitución y el gobierno, ya tenía contempladas todas las medidas represivas. Hoy mismo, en cualquier democracia del mundo, si creas un grupo armado te condenan a treinta años de cana.
–Y en cualquier país socialista también –añadió él–. Y los anarquistas también te van a meter en cana donde intentes cambiar su sistema. Te van a curtir a palos. Eso existe en toda legislación y existirá en toda legislación.
–¿En el seno del MLN, eran conscientes que eso podía ocurrir?
–Sí, sí, pero cuidado que hay límites. Hablando de democracia burguesa. Bueno. La democracia burguesa ofrece ciertas garantías formales, todo macanudo [correcto]. Yo le acepto. Cuando las está ofreciendo reconozco que las ofrece. Pero cuando ella misma, diciendo que las ofrece, no las ofrece; yo no le acepto ya más. Le digo “ni siquiera tu propia legalidad estás respetando”. Y ellos en el 68 empezaron a violar su propia legalidad burguesa, no la mía, su propia constitución comenzaron a violar, no la mía. Comenzaron a violar la constitución del 66, que es de ellos, no es mía. Hay sectores burgueses que decían, refiriéndose a otros burgueses, que esos burgueses estaban violando la constitución burguesa y tenían razón, la estaban violando. Entonces, yo no le acepto ni a los burgueses ni a la gente de izquierda reformista que me diga que había democracia burguesa en el 68. ¡Ni burguesa había! Y tengo elementos para demostrarlo. Entonces, por qué voy a otorgarles incluso ese argumento, diciendo que toda democracia burguesa es igual, y que todo es lo mismo. Ya sé que la democracia es una dictadura de clase, eso ya me lo leí todo, lo sé. Pero no es eso lo que estamos discutiendo. Acá estamos discutiendo una cosa peor. La Constitución que ellos mismos habían inventado la tuvieron que dejar de respetar, dejaron de respetar las mínimas garantías individuales, de derecho y legales. Transgredieron su propia legalidad y fueron ellos los primeros, no fui yo […]. La historia de América Latina es la historia de los golpes de estado […]. Y contra eso, estaba más que legitimado el levantamiento popular […]. Entonces cuando nos dicen: “Ustedes se levantaban contra la Constitución” Yo digo: “¡pelotas! ¿Qué Constitución? Si ustedes ya la habían hecho mierda, su propia Constitución”. Está más acá de la discusión teórica de que si la democracia burguesa es una dictadura de clase o no. Mucho más acá. Eso está bien para Europa.»106

La hipótesis de Huidobro, sobre el no respeto de la burguesía a su propia legalidad, no considera que casi siempre que se dejaron de respetar las mínimas garantías individuales, de derecho y legales, fue en aplicación de las medidas prontas de seguridad, incluidas en el texto constitucional, y aprobadas por el Parlamento.107
Acierta, aceptando la falsa disyuntiva democracia-dictadura, cuando señala que en la época de la «teórica democracia» se negaba la situación «dictatorial». Curiosamente, en la denominada «dictadura» se negaba tajantemente estar en tal situación.108 La declaración, realizada el 7 de julio de 1973 por el presidente del gobierno y uno de los artífices del golpe de estado, así lo demuestra.
«Quienes califican de dictadura esta situación no me agravian a mí mismo sino al pueblo uruguayo, que nunca toleró dictadura, según lo demuestra su historia. Por esta razón y por mis propias convicciones no osaría yo inventar siquiera una dictadura en el Uruguay.»109
Por todo lo citado –y las palabras del demócrata o dictador, como se prefiera describirlo, presidente del gobierno– no se debe olvidar la represión, sufrida por todo aquél a quien el régimen consideraba peligroso –fuera o no luchador social–, ni su brutal expansión tras el golpe. En 1974, ésta se extendió a periodistas y personas relacionadas con el mundo de la cultura. Fueron sometidos a la justicia militar por propagar «la apología de la sedición», entre otros, Quijano, Alfaro y Onetti; se prohibieron films como Jesucrito Superstar y, por supuesto, La Patagonia Rebelde. Sin embargo, las relaciones diplomáticas con la URSS continuaron. Tampoco se puede olvidar el giro castrense de 1976 que provocó la terrible persecución, sobre todo, de los incansables militantes del Partido Comunista.110 En 1978, uno de cada cuatrocientos cincuenta uruguayos estaba preso y la tercera parte de la población, exiliada.
En la hipótesis: «democracia y dictadura: el sostén del estado» no se hace, únicamente, una constatación del pasado, sino también un problema del presente y del futuro. Sobran los ejemplos en la actualidad de regímenes denominados democráticos que disparan a matar a los luchadores sociales. Si en el futuro, y en caso de revuelta social, los políticos cómplices legalizarán o no una represión parecida a la del pasado, para algunos es una incógnita, para muchos de los luchadores sociales, una realidad. María Barhoum inició la charla declarando: «No voy a dar nombres, porque no creí ni creo, ni creeré, nunca, en la democracia».111
Sería también una ingenuidad afirmar que la ascensión de Pacheco a la presidencia, cual monstruo culpable, fue lo que provocó el incremento de la violencia estatal. Primero porque Pacheco, en el fondo, sólo fue un mero títere ejecutor de la política de la burguesía;112 y segundo porque aunque con su gobierno la represión aumentó en todos los aspectos, antes de él y en determinadas ocasiones, ya se había dado de forma masiva.
Lo evidencia un episodio ocurrido dos años antes de su presidencia, cuando la policía agredió no sólo a militantes sino a proletarios en general, sin importar la edad que tuvieran. En el período de estudio, la represión se centró principalmente en los luchadores sociales; pero también se ha explicado, que en numerosas protestas, los milicos cargaron contra todo bulto móvil, ajeno a ellos.
En octubre de 1966, la policía desaloja el puente del Cerro, tomado por los empleados de los frigoríficos, ante la inminente ola de despidos. Una testigo relata lo sucedido desde el momento de la ocupación.

«Vinieron como a las once caminando con las mujeres y los chiquilines y se sentaron en la calzada del puente…
–¿No hicieron barricadas en el puente?
–¡Qué iban a hacer! Las hicieron después, cuando, si no se protegían, los mataban. Desde aquí yo los veía bien y cuando empezaron a llegar los camiones con policías, me di cuenta que los iban a masacrar. Pero le aseguro que aquí en el Cerro nunca se había visto nada igual, ni siquiera en 1957. Cuando se armó el lío en el puente. Los policías bajaron corriendo, como cien tipos con cascos blancos tirando tiros. Parecía una guerra. La gente se desparramaba por todos lados, y después, con los caballos, los apretaban contra la pared y les partían la cabeza. Algunas mujeres con chiquilines en brazos se metieron en la escuela, que estaba con el patio lleno de alumnos. Una autobomba los enfocó y los bañó a todos con la manguera. Las maestras se caían de rodillas, cubriendo con el cuerpo a los niños. Y esos animales, meta palos. Póngale que yo lo vi. Un milico me gritó que me metiera para adentro y en ese momento llegó mi nena de la escuela. Sin que tuviéramos tiempo, una autobomba nos barrió con la manguera. Mi hija pudo entrar. Le aseguro que si llegan a tocarla o a lastimarla, yo mato a alguien, le aseguro.»113

Con la presidencia de Gestido, y sobre todo con la de Pacheco, quien amenazó con disolver las Cámaras en 1969, las medidas prontas de seguridad eran tan comunes que, irónicamente, se decía: «La Constitución propone y Pacheco Areco dispone». Al respecto, el diputado Collazo manifestó:
«Nos encontramos dentro de este régimen de medidas ordinarias de seguridad, ya que hace un buen rato que han dejado de ser medidas extraordinarias, para transformarse en el sistema normal del derecho de la República, basado en un solo artículo de la Constitución, y además violado.»114

Estas medidas, previstas para casos de «conmoción interna», consistían en la supresión de las garantías individuales y eran el equivalente del Estado de Sitio que se aplicaba en otros países. Una especie de carta blanca para la actuación de las fuerzas del orden, como, por ejemplo, detener a sospechosos por un tiempo indeterminado y a huelguistas debido a la supresión del derecho de huelga.
La represión ordenada, por el Ejecutivo primero y las FFCC después, no fue sólo para acabar con los grupos armados y la combatividad de los luchadores sociales en su conjunto, ni solamente por la supervivencia de esas instituciones, sino también por intereses económicos de capitales nacionales e internacionales. Para que el Uruguay se consolidara como la caja fuerte del Cono Sur, no bastaba el secreto bancario; también debía ofrecer seguridad. Era preciso poner a salvo la Suiza de América de las convulsiones sociales. El capital exigía garantías. Por ello, hay quienes consideran el golpe de estado como un hecho independiente de la existencia de grupos armados y/o como respuesta a la militancia masiva. De hecho, los rumores de una intervención militar son anteriores a estos dos fenómenos, una vez constatada la crisis.115 Huidobro se pregunta: «¿Qué es antes? ¿Que nosotros nos armamos, o que ellos amenazan con el golpe? […] ¿El huevo o la gallina?».
La violencia que sufrieron los luchadores sociales fue aceptada e incluso aplaudida por algunos ciudadanos sin apenas recursos económicos, pero con miedo al cambio y gran sentimiento democrático. La «salvación» de esta parte de la población fue la excusa y el sustento teórico en el que se basaron las instituciones democráticas y las fuerzas conjuntas para aplicar las medidas contrarevolucionarias.

«Nosotras las viejitas democráticas ni huesos conseguimos para el caldo pero como escuchamos Radio Carve nosotras le tenemos miedo al cambio.»116

La justificación ideológica del accionar militar de las fuerzas armadas se apoyaba en la defensa de los derechos democráticos y en la salvaguarda de una nación y un sistema amenazado por el «peligro rojo».
La Constitución y las normas legales vigentes revistieron a las intervenciones castrenses de legitimidad institucional, por lo menos, hasta el golpe de estado. Así queda de manifiesto en un escrito de la Junta de Comandantes en Jefe, demasiado sincero para quienes hoy quieren lavarse las manos en su complicidad con la tortura y la cárcel, que evidencia el acuerdo de todos los reaccionarios-burgueses en la salvaguarda del sistema capitalista.

«El gobierno se ciñó tan estrictamente a las normas legales, que debió pedir reiteradamente al Parlamento la sanción de una legislación especial de salvaguardia del orden público, a fin de contrarrestar la ineficacia de los métodos judiciales que, con una prístina inocencia legal, amparaban las actividades terroristas, sin garantías ni seguridad de ninguna especie para la paz pública, la libertad y los derechos de los habitantes.»117

Es importante remarcar que el Parlamento permitió tanto la represión «legal» como la «ilegal».118 De ahí las iras de muchos militares cuando se acababa la dictadura militar y se hablaba de la posibilidad de que el Parlamento permitiese castigar a quienes hubiesen violado los derechos humanos.
«Lo que resulta inadmisible y hasta grotesco, es que se pretenda rever con instrumentos jurídicos que no sirvieron para enfrentar a la subversión, la situación de quienes la integraron, y menos aún, la de quienes con valor y patriotismo la combatieron.»119, manifestaba el militar Washington Varela el 18 de mayo de 1984. De todos modos, las autoridades y gran parte de la población opinaban algo parecido a este general, lo que permitió que, una vez cambiada la dictadura militar por la constitucional y en todos los gobiernos democráticos posteriores, ningún miembro de las fuerzas conjuntas fuera castigado por sus atropellos del pasado. Y eso a pesar de que los malos tratos denunciados en la Cámara de Senadores, como el de julio de 1985, fueran de los más canallescos y no tuvieran demasiado que ver con la lucha antisubversiva sino con la violación a prisioneras:

«Me desnudan y me cuelgan de las muñecas, los brazos hacia atrás. Estando así me manosean y me lastiman los pezones. Me hacen el submarino con agua. Luego con capucha de nylon o algo así, y estando colgada y agarrada por dos o tres tipos, me violan por el ano y la vagina. Primero con un palo, y luego uno de ellos, produciéndome lastimaduras y pequeñas hemorragias en el intestino, que me duran como diez días.»120

V.2.2. Represión a todo nivel

Las medidas represivas no sólo estuvieron vinculadas con la cárcel y la tortura, sino con muchos aspectos de la vida cotidiana de aquellos años. El peso de la opresión estatal se sentía en cualquier movilización o actividad política, como por ejemplo en las cargas policiales de las manifestaciones. René Pena cuenta que, en una de ellas, un policía a caballo le rajó su abrigo con un sable y que se salvó de otro corte, debido a que manos anónimas la empujaron hacia el interior de un café del que bajaron la persiana metálica, inmediatamente después de su entrada.
En diversos apartados de esta obra se narran ataques a las movilizaciones callejeras y el arsenal, muchas veces proveniente de Estados Unidos, del que disponían los defensores del sistema.121
Como anécdota, cabe citar la opinión de un manifestante, que en 1968 decía «en cuanto a los camiones lanza agua, la propia policía ha reconocido su escasa eficacia: no aparecieron en ningún momento».122 Aunque en los años posteriores, sí lo hicieron en alguna ocasión.

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Otras formas de opresión fueron los seguimientos y las averiguaciones a niveles general y pormenorizado; como por ejemplo, el estudio de la trayectoria política y de los contactos militantes.123

«El Servicio de Información de la Marina a los que más seguía era a los ex. A todos los que se habían ido de sindicatos, Partido Demócrata Cristiano…; a comunistas y socialistas que se iban y no aparecían más. A esos los bloqueaban –declara Garín–. Los aparatos de seguridad perdían gran tiempo en seguirlos porque sabían que a partir de esa persona disidente de todo aquello, no iría más a la derecha sino más a la izquierda y daba [de esa manera] con las organizaciones clandestinas […]. Todas las fuerzas armadas tenían sus aparatos de inteligencia, con los tipos más duros que se infiltraban o espiaban. Nosotros tuvimos en los tupamaros.»

Para motivar la persistencia en los seguimientos, el 4 de marzo de 1971, el Poder Ejecutivo aprobó el otorgamiento del premio Estímulo, que consistía en una cantidad de pesos para los funcionarios policiales que lograsen la captura de «elementos sediciosos».

«Señor molusco caballero lapa.
Ya sabés en qué malos pasos ando.
Conocés mis esquinas y mis fobias.
Mis bares mis amores mi bufanda.»124

También fueron famosas, porque levantaron una fuerte oposición, la aplicación del Registro de Vecindad para facilitar la lucha contra la sedición y las prédicas a la delación que efectuaban los defensores del orden.

«¿Cómo? Por lo menos observando. Y no le pedimos que se convierta en detective privado, pero sí que esté atento a cuanto sucede a su alrededor, informando sobre transeúntes y automovilistas en actitudes sospechosas, procurando en fin, registrar detalles que pueden ser útiles a quienes tienen la obligación de ser […] primeros.» 125

En marzo de 1972, un mes antes de la declaración de guerra interna, cuadrillas de UTE colocaron veinticinco mil lámparas en las calles de Montevideo y, tiempo después, el precio de la factura de la luz subió un noventa por ciento. De esta forma, los jerarcas de la compañía eléctrica, no sólo acondicionaban el terreno para la victoria bélica de las fuerzas del orden, iluminando calles y barrios de los que nunca antes se habían preocupado, sino que el gasto de esta operación se lo cobraron a los usuarios.126
Cuando los seguimientos y las investigaciones llevaban a la sospecha de que una persona realizaba «actividades subversivas», el juez –civil o militar según la época– ordenaba el allanamiento del domicilio para encontrar pruebas en su contra o documentos que permitieran iniciar nuevas pesquisas y efectuar más detenciones.

«El allanamiento de su casa había sido ultrajante: diez milicos manoseando sus objetos queridos. Pero esperar ese ultraje era parte de una lógica coherente con las posiciones que había decidido asumir. Por eso, no gastó mucha energía en indignarse. Por lo menos, se dijo, no nos pasó como a “fulano”, a quien le deshicieron todo. No es lo mismo, reflexionó, ser universitario y de clase media, que ser subversivo a secas, sin esos atributos. Se dijo esto y tenía razón, la posición de clase funciona aun con el enemigo […]. En la monotonía tensa de esa espera, le dijeron que habían hecho otro allanamiento en su casa. Un dibujo infantil con una cita del Che en el reverso demostraba cómo el fanatismo calaba hasta la adoctrinación de los niños pequeños. Un libro dedicado por el escritor descubierto como jefe guerrillero, pautaba sus nexos con la cúpula de la siniestra organización subversiva.»127

Los desalojos de los centros ocupados fueron constantes. La miliqueda entraba a golpes y apartando los objetos que bloqueaban las puertas de las fábricas y liceos en lucha. También usaba otros métodos, el más común era el lanzamiento de gases lacrimógenos. Una de las veces el gas fue introducido por un tubo que rompió un vidrio y que provenía de un enorme tanque.
Otra forma de represión fueron los despidos, la suspensión y las listas negras de empleados que se enfrentaban a la patronal o, simplemente, a quienes ésta quería excluir.128 Algunos patrones guardaron –ya fuera por humanidad o miedo a represalias– el puesto de trabajo a quienes tuvieron que cumplir condena en prisión. En cambio, otros les impidieron reintegrarse a su puesto laboral.
Era frecuente, sobre todo tras el golpe de estado, que los acusados de sedición recibieran visitas de control por parte de los militares en sus lugares de trabajo; poniendo en evidencia su implicación en la lucha contra el régimen. De ese período, cuenta Eduardo Galeano:

«Los uruguayos estábamos, y quizás estamos todavía, clasificados en tres categorías, a, b y c. Según el grado de peligrosidad. Hace tres años, en años de la dictadura, el peligrosímetro oficial decidía quién perdía el empleo, quién iba preso y quién marchaba al destierro o la muerte.»129

En la categoría a estaban los incondicionales del régimen, en la b los dudosos y en la c los enemigos, muchos de los cuales, al ser catalogados de esa manera, perdieron el trabajo o tuvieron poca posibilidad de encontrar uno. Ésta es otra de las causas del masivo exilio de aquel período y una forma en sí misma de represión.130 «Estos son los mismos que cuando estábamos en los cuarteles nos decían “cállensen o váyanse”. Y nos amenazaban “o se van del país o se pudrirán en los cuarteles” […]. Ni nos vamos ni nos callamos.»131
La censura de todo tipo fue una constante.132 El 12 de junio de 1971, efectivos de la Guardia Metropolitana interrumpen el pase de La Hora de los Hornos, tiempo después se prohibiría su proyección, piden documentos y revisan las pertenencias de los espectadores y también se impidió, a principios de 1973, la película Hair por atentar a las buenas costumbres.
Los diarios podían ser clausurados por publicar fotos de enfrentamientos entre estudiantes y policía, como le ocurrió a El Popular; por informar sobre problemas en el ámbito castrense, así la deserción del capitán y médico militar P. Guerrero, caso de