España_Guijòn: Activistas del PCE agreden a representantes feministas nicaraguenses

¿Puede hablar una feminista subalterna?

El pasado fin de semana, se llevó a cabo en la ciudad española de Gijón, una reunión en la que participaron medio millar de representantes de colectivos feministas de distintos puntos de este país europeo, con el objetivo de organizar la huelga feminista del próximo 8 de marzo de 2019.

Durante esta actividad, se hizo presente una delegación de activistas de la Articulación Feminista de Nicaragua, con el propósito de exponer la ola de violencia patriarcal y violaciones a los derechos humanos de las mujeres que ha desplegado el Estado nicaragüense desde el inicio de la crisis, el pasado mes de Abril.

Tan pronto como las nicaragüenses tomaron la palabra para explicar la terrible situación de violencia a la que nos enfrentamos y somos vulnerables las mujeres nicas, representantes feministas del Partido Comunista Español interrumpieron la palabra de las delegadas y desataron una escena en la que acusaron a las activistas de Nicaragua —entre otras cosas— de mentirosas, agentes del imperio estadounidense y derechistas.

La escena fue tremendamente absurda y las militantes del PCE estaban tan desesperadas y pobres de argumentos e información, que llevaron a una mujer de procedencia colombiana para que se hiciera pasar por nicaragüense y mencionara la falsa existencia de colectivos feministas nicaragüenses pro-gobierno.

Yerling Aguilera, una de las representantes de la Articulación Feminista de Nicaragua, no tardó en denunciar esta desfachatez a través de sus redes sociales, en donde expuso la penosa situación y las acusaciones agresivas de las que fueron víctimas, tanto en la actividad en Gijón, como en las plataformas Facebook y Twitter.

Inmediatamente llovieron tweets de feministas nicaragüenses y españolas apoyando a la delegación nicaragüense y condenando la actitud patriarcal, abusiva y racista de las militantes del PCE, que no sólo se atrevieron a acusar sin fundamento a las activistas nicas, sino que defendieron y justificaron los bochornosos crímenes de la administración gubernamental liderada por el abusador sexual Daniel Ortega, bajo la falaz lógica “todos los gobiernos cometen errores”.

 

La matriz colonial en el discurso de las feministas del Partido Comunista Español, no solo está presente como un elemento muy visible, sino que constituye el gozne en el cual se sostiene su postura política: Una forma de pensar y vivir la izquierda y el feminismo tradicional, conservadora, patriarcal y colonial.

Situadas en las catatumbas barrocas del feminismo blanco eurocentrado, las feministas del PCE, del mismo modo que han hecho las feministas liberales, manifestaron que cuando se trata de los cuerpos de las mujeres subalternas, periféricas y descendientes de indígenas las fronteras raciales de su lucha se cierran, y únicamente tienen el legítimo derecho a la palabra aquellas cuyos cuerpos representan la verdad “absoluta” occidental, lo que las mujeres de los márgenes —disidentes de un proyecto que en el pasado fue izquierdas, pero que devino en mordaz neoliberalismo ultraconservador— tenemos que decir es ficción, mentira, es el resultado del injerencismo imperialista inyectado en nuestras manipulables y tercermundistas mentes.

El estereotipo racializado que tienen las feministas blancas del PCE sobre las mujeres latinoamericanas, puede explicarse a través de las palabras de Chandra Mohanty, como: religiosas (léase: no progresistas), orientadas hacia la familia (léase “tradicionales”), menores de edad (léase: “aún no están conscientes de sus derechos”), analfabetas (léase:“ignorantes”), domésticas
(léase: “primitivas”).

Una oportunidad para reflexionar

Más allá de la rabia e indignación que generó este vergonzoso hecho en numerosos colectivos feministas españoles y nicaragüenses, ha brindado una oportunidad importante para reflexionar en torno a ¿cómo son las estructuras en las que nos organizamos? ¿cómo son sus dinámicas internas? ¿cómo es el discurso feminista desde el cual nos enunciamos y posicionamos? ¿que tanto cuestionamos nuestras acciones cotidianas? o la forma en la que nos relacionamos con las otras? ¿qué tan conscientes estamos de nuestros privilegios? (si es que contamos con estos).

Esta vez el desequilibrio de poder se hizo visible por la herida colonial que subyace al hecho de ser una sujeta política, proveniente de un espacio geopolítico ubicado afuera de los pilares de la civilización occidental, pero ¿qué pasaría si estas dinámicas de poder colonial se reproducen en nuestros espacios? ¿seremos capaces de identificarlas y denunciarlas? ¿qué debemos hacer para evitar reproducir estas dinámicas en nuestros contextos y realidades?

A las Europeas les quedan las tareas de cuestionar y ser autocríticas con su discurso y praxis, respetar las voces de aquellas mujeres que carecen de sus privilegios de raza o clase y de abrirse a la comprensión —libre de prejuicios— sobre otras realidades, sus verdades, historias, saberes y elementos identitarios.

¿Qué nos queda?

A nosotras nos queda luchar por evitar reproducir esos errores, y apostar por la construcción de espacios feministas donde la sororidad no sea el privilegio de unas cuantas, sino una invitación a la apertura intercultural entre mujeres de diversos orígenes étnicos y estratos sociales, algo similar a lo que Bell Hooks relató una vez en su testimonio de organización:

Estábamos apostando por una sororidad en la que se pudiera hablar de todas nuestras realidades. No existe ningún otro movimiento contemporáneo por la justicia social con semejante intercambio dialéctico entre sus participantes como el surgido en torno a la raza entre las pensadoras feministas. Este intercambio supuso además la reformulación de la teoría y la práctica feministas. Las participantes del movimiento feminista afrontaron la crítica y los desafíos sin perder su compromiso más sincero con la justicia o la liberación, y este hecho demuestra la fortaleza y el poder del movimiento (…) en muchas feministas fue más fuerte la voluntad de cambiar, la voluntad de crear un espacio que hiciera posible la lucha y la liberación, que la necesidad de aferrarse a creencias y suposiciones erróneas (p-86).

Hooks, Bell (2017). El feminismo es para todo el mundo. Traficantes de sueños: Madrid. Mohanty, Chandra (2017). Bajo los ojos de occidente: Academia feminista y discurso colonial. Traficantes de sueños: Madrid.

fuente: http://www.managuafuriosa.com/puede-hablar-una-feminista-subalterna/


About this entry