Brasil: “Bolsonaro es un gran promotor de la brutalización de la política”

_____Osvaldo Saidón

Osvaldo Saidón: “Bolsonaro es un gran promotor de la brutalización de la política”

Horacio Dall’Oglio y Laura Litvinoff

Revista Cítrica  

29 de octubre de 2018 

 

El psicoanalista Osvaldo Saidón se exilió en Brasil durante la última dictadura argentina. En ese tiempo conoció, estudió e integró diferentes organizaciones en el país vecino. Ahora, desde su perspectiva psicoanalítica, trata de explicar por qué ganó Jair Bolsonaro. La política de los coroneles, la esclavitud aún latente y un racismo solapado que empieza a potenciarse.

Osvaldo Saidón es un reconocido psicoanalista y analista institucional que, como tantos otros profesionales argentinos, durante la última dictadura cívico-militar se vio obligado a exiliarse del país, y fue Brasil el lugar en el que decidió alojarse por casi diez años. Allí coordinó y formó parte de organizaciones psicoanalíticas disidentes de las corrientes hegemónicas, y pudo conocer también en profundidad la historia y la cultura de uno de los países más desarrollados de América Latina.

Luego del contundente triunfo de Bolsonaro en la primera ronda de las elecciones, y en la previa al balotagge que lo confirmó como el nuevo presidente de Brasil, nos acercamos a su consultorio de Palermo para que intente explicarnos, desde una perspectiva psicoanalítica, la dolorosa coyuntura social que nos atraviesa. Y el encuentro resultó sumamente esclarecedor no solo por la gran capacidad humana e intelectual que lo caracterizan, sino también porque Saidón, como todo gran analista suele hacer, nos devolvió una mirada distinta, en donde las posibles respuestas a las preguntas que hoy como argentinos y argentinas, como latinoamericanos y latinoamericanas más nos preocupan, no parecen hallarse en agentes lejanos o externos que poco nos atañen o nos involucran, sino dentro de nuestra propia y compleja naturaleza humana. Es decir, en los lugares tal vez menos conocidos de nosotros mismos.

—¿Qué explicaciones pensás que tiene la victoria de Bolsonaro y por qué te parece que generó tanta sorpresa en las personas?

—Es cierto que estamos todos muy preocupados y asombrados, pero al mismo tiempo nada de todo esto es tan sorpresivo, porque de algún modo se veía venir. Hay una frase de Kafka que dice: “Nada de esto aconteció de repente, pero de repente nos dimos cuenta”. Yo creo que hay varias explicaciones para analizar esto. Una sería la situación esclavista que en Brasil todavía sigue pendiente y se manifiesta en una sociedad con desigualdades muy profundas, y también en un modo de someterse y de no reaccionar ante una serie de situaciones. La otra explicación sería la idea de que la gente quiere cambiar, y en eso es parecido a lo que pasa aquí. Hay un descontento generalizado que es propio de esta época pero también del ser humano. En nuestro país por ejemplo no se sabe muy bien porqué pero la gente siempre está descontenta por cómo vive. También hay otra explicación que tiene que ver con el uso político de internet, que hoy día pareciera haberse convertido en una especie de concentración planetaria del poder que está en manos de una mínima cantidad de personas, lo cual es sumamente peligroso. Pero hay una última explicación, y que yo creo que es la única sobre la que se puede actuar ahora y sobre la cual tenemos que hacer una profunda autocrítica, y es que la gente también desea la brutalización de la política. Si uno se fija en Bolsonaro, por ejemplo, es un gran promotor de la brutalización de la política: un hombre realmente con muy pocos atributos, típico capitán del ejército del interior, homofóbico, machista, tiene todas las cuestiones políticas bestiales que se pueden tener, e incluso en su discurso supera ampliamente la brutalidad de otros dirigentes fascistas italianos que hubo, o incluso del mismo Trump. Y fue el gran ganador de las últimas elecciones en Brasil. Es decir, pareciera haber un deseo muy profundo en la gente de ejercitar el odio, de destruir al que no es igual, de gozar con la marginalidad de los grupos marginales, sean estos por razones sexuales, raciales, de género, etcétera. El ser humano no es ningún ser bondadoso, y eso es algo que no es solamente de estos tiempos, sino que está comprobado a través de la historia.

“Hay una explicación de este momento sobre la cual tenemos que hacer una profunda autocrítica, y es que la gente también desea la brutalización de la política”

—En ese sentido, parecería que los partidos políticos de derecha saben aprovechar bastante mejor esta condición del ser humano para sus propios beneficios ¿no?

—Sí, sin duda. Y me parece que ahí entonces aparece también una crítica a los demás partidos políticos, sobre todo a la izquierda progresista, que siempre que gobierna apela a lo jurídico, a la democracia, a las buenas intenciones. Es decir, tienen una actitud mucho menos radical que la que tiene la derecha cuando le toca gobernar, porque la derecha no duda en avanzar, en cambio la izquierda, para afirmar su poder, pasa por mil laberintos antes. Hay un ejemplo muy interesante de esto en Brasil también con el obispo Macedo, que es el jefe de la Iglesia Universal de Dios y que tiene todo tipo de juicios y de cargos por actividades mafiosas. En estos años del gobierno del PT a nadie se le ocurrió mandar en cana a este tipo. Entonces hoy él decide apoyar, con más del 30% de la población brasilera que es evangelista, a un líder fascista como Bolsonaro. Y el delincuente es Lula por arreglar la cocina de un departamento que no es suyo. Es muy curioso y muy absurdo todo lo que está pasando. Y, para complejizar aún más la situación, muchos dicen que si realmente el PT hubiese ido a fondo y no hubiera negociado con los sectores liberales con los que negoció, se hubiera caído antes. Por otro lado, el problema no estaría solo en los sectores más ricos o más postergados de la población, porque por ejemplo, hay algunas estadísticas que muestran que la mayoría de la población universitaria brasilera votó a Bolsonaro. Entonces ahora nos espantamos, pero el espanto se fue construyendo de varias maneras. Creo que de todas formas el tema ahora no es preguntarse solamente cómo se llegó a esto, sino más bien cómo hacemos para combatirlo, porque si nos seguimos lamentando por lo que está pasando nos van a pasar por encima muchísimo peor todavía.

—Recién hablabas sobre el deseo. Apelando un poco a tus conocimientos sobre Gilles Deleuze, ¿vos creés que en Brasil hay una producción del deseo fascista? Y de ser así: ¿de dónde te parece que viene?

—Creo que en principio eso viene de una vieja característica de la política fisiológica brasilera, que es lo que llaman la “política de los coroneles”, de todo el interior de los estados, y que también desemboca en las grandes ciudades con figuras muy patriarcales donde la política queda en manos de la gente de poder, en general del poder armado. Por otra parte, también viene del hecho de que la dictadura en algún sentido nunca terminó en Brasil, porque nunca nadie fue condenado. Por ejemplo, una clara política contra la promoción del fascismo en Brasil, sería algo que pasó hace no muchos años, cuando se consiguió hacer una comisión de la verdad para denunciar las acciones de la tortura y las desapariciones que se dieron durante la dictadura. En ese momento se documentaron todas esas situaciones, pero eso no llevó a juicio a nadie porque los militares pusieron en la constitución una serie de elementos que prácticamente impiden que sean juzgados y, al mismo tiempo, negaron de que eso sea cierto. Yo creo que sí, que hay una gran promoción fascista a través de los medios de difusión, pero a la vez veo también que todo llega tarde por parte de las posiciones “progresistas”; es como si se hubiesen dormido una gran siesta. Y por otro lado, esta negación de que hubo una dictadura tampoco nunca fue contrarrestada con una política educativa. Por ejemplo los chicos que cursaron la primera y la secundaria cuando gobernaba el PT no tuvieron una sola clase de historia que les diga o que se analice en profundidad que en su país hubo una dictadura, que hubo gente desaparecida, que Brasil fue el eje principal de los golpes de Estado de toda América Latina, que fue el primer golpe, que tuvo veinte años de dictadura. Lo que queda en la gente es lo otro; que durante el gobierno militar Brasil pasó a ser una gran potencia en el mundo industrial, eso sí está inscrito en la población. Y por eso ahora no hay ninguna reacción al hecho de que esto, Bolsonaro, sería un gobierno prácticamente militar, la mayoría de ese partido y él mismo son ministros militares. Entonces esa producción de subjetividad fascista existe, pero también yo creo que está amarrada a la propia construcción de la identidad brasilera que se fue dando desde hace muchísimos años, y en ese sentido las comparaciones con Argentina sirven algunas y otras no.

“Hay algunas estadísticas que muestran que la mayoría de la población universitaria brasilera votó a Bolsonaro”

 

—En esa construcción de la identidad brasilera, ¿también te referís al tema de la esclavitud?

—Sí, también. Se esperaba por ejemplo que el movimiento negro sea una resistencia importante a Bolsonaro y sin embargo no lo está siendo. Se esperaba también que las comunidades de base católicas, que fueron las que le dieron sustento al  PT, se movilizaran, y tampoco, entonces ¿qué pasó con esos grupos? Y pasó que esos grupos también siguen siendo influenciados por una idea de la propia negritud, no como un valor intrínseco y propio, sino también como una disminución.

—Es decir que el racismo en Brasil sigue siendo algo muy pregnante.

—Claro, por ejemplo el 80% de los detenidos en las cárceles de Brasil son negros. Entonces todos esos elementos conjugan una sociedad con desigualdades todavía muy profundas, en las cuales se pueden inscribir tranquilamente situaciones como estas, que aparecen como sorpresivas, pero de ahí a pensar que la población brasilera se volvió de golpe fascista, como si fuese Alemania del ‘33, me parece un poco apresurado. Pero ya que citaron a Deleuze, lo que hay que explicarse, de todos modos, es por qué las masas gritaron “viva la muerte”, en un determinado momento, por qué las masas optaron por una nueva servidumbre voluntaria es decir, cuál es el deseo que había en ellas para elegir eso. Porque no se vota solo “contra algo”, lo digo porque mucha gente opina que “se está votando contra el PT”, o acá mismo cuando dicen “se votó contra Cristina”. Sí, está bien, puede ser, pero también la gente, cuando vota, vota por lo que quiere y si lo que quiere es eso, es ir contra eso, bueno, ese también es un deseo.

—¿Qué pensás que va a pasar de ahora en más en Brasil?

—Y, yo creo que dentro del campo de la derecha de ellos la cuestión no está para nada definida, porque hay sectores de Bolsonaro que impulsan una política más neoliberal, de ceos y de empresas, pero hay otro sector del ejército brasilero que trae una política mucho más nacionalista, más similar a la de la última dictadura que tuvieron. Entonces hay que ver qué pasa con esos dos “brasiles”, por decirlo de algún modo, porque lo más probable es que terminen enfrentándose, y eso seguramente va a derivar en un golpe de Estado, que es en realidad lo que muchos avecinan que va a pasar. Pero son todas hipótesis; la verdad es que puede llegar a pasar cualquier cosa, porque en Brasil hoy por hoy hay un problema de gobernabilidad muy serio.

—¿Cómo ves el tema económico en Brasil?

—Tampoco hay que desconocer esa dimensión ya más marxista. La realidad es qué es lo que les conviene hoy a las clases dominantes en Brasil para seguir con este ritmo de crecimiento y garantizarse un lugar en esta nueva conformación planetaria que se está armando. Se había dicho que para el 2019 Brasil iba a ser la sexta economía del mundo y de hecho pasó de ser octava a décima. Entonces, cómo hacer para recolocarla. La burguesía quiere recolocarse en ese lugar del mundo financiero; o sea, hay elementos que no manejamos. Quiero decir, que lo que más miedo da, que esta brutalidad que estaba mostrada en cuestiones de seguridad, de delincuencia, de narcotráfico en Brasil, empiecen a aparecer en la política. Y esta brutalización de la política lo que impide es la política. Porque ya dejamos de pensar políticamente, ahora lo único que queremos es ver que no te caguen a trompadas. Y me parece que ahí se pierde mucha iniciativa política. Yo he visto al candidato (Fernando) Haddad y es muy blandito para enfrentar a este tipo. Lula le hubiese dicho de todo, menos lindo. Ojo que por ahí así se ganan las elecciones también, pero así se pierden también. Bolsonaro propone otra cosa.

—Mucho más radical…

—La aventura política, lo revolucionario, el riesgo, que tendría que haber sido, iba a ser o se esperaba que fuese una característica de la izquierda se ha perdido, también porque perdió el leninismo como propuesta en el mundo. Nadie se atreve hoy a defender ni la Unión Soviética de Lenin, ni la China de Mao, que se basaban en ese tipo de actitudes, de un partido fuerte. Y está bien porque miren a lo que llevó. Pero tampoco lo nuevo surge, y tal vez surja, por qué no. Por ahí surge un desvío en la historia.

 

fuente: http://revistacitrica.com.ar/bolsonaro-es-un-gran-promotor-de-la-brutalizacion-de-la-politica.html


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