Angela Davis en Madrid: La conversación será antirracista o no será

______Angela-Davis

 

Angela Davis entra a la sala destinada para que la prensa le tome fotografías. Sabe qué es lo que va a hacer y actúa profesionalmente, se le nota dispuesta a que los colegas fotógrafos hagan su trabajo. Espera indicaciones y mira el sofá de color blanco enmarcado por un ventanal que se ha destinado como escenario para la sesión, pero ella duda un segundo y decide quedarse de pie, inclina un poco la cabeza -como si nos diera la señal de que podemos empezar-, luego se pone firme, espalda recta, semblante serio, manos entrecruzadas. Las cámaras empiezan a dispararse e iluminan la sala: dos, cuatro, diez, quince, quizá veinte o cuarenta flashes seguidos, uno tras otro sin parar. Angela no sonríe e intenta mantenerse calmada, casi neutra, sin embargo hay un atisbo de incomodidad que se acrecenta hasta que ella misma dice con los brazos abiertos que con eso basta, no más flashes, el tiempo ha terminado.

Una hora antes de dicha sesión, Angela está sentada frente a un grupo nutrido de periodistas que esperan puntuales el inicio de la conferencia de prensa que enmarca el ciclo anual “Mujeres contra la impunidad” organizado por La Casa Encendida y la Asociación Mujeres de Guatemala AMG desde 2014. Se le ha invitado para que imparta el día 25 de octubre, a las 19 horas, la charla El feminismo será antirracista o no seráMercedes Hernández, directora de la Asociación de Mujeres de Guatemala, da la bienvenida a las y los periodistas y explica el propósito del viaje de Davis a España: entablar una conversación que gire en torno a la situación que viven las personas inmigrantes recluidas en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) en España y la importancia de hablar del “feminismo español, de las contradicciones del feminismo blanco europeo y de cómo para ese feminismo las mujeres inmigrantes y las mujeres refugiadas seguimos siendo las otras (…)” así como de poner sobre la mesa lo que sucede en el Mediterráneo, “porque España no permitiría que hombres y mujeres de piel blanca se ahogaran todos los días y llegaran en forma de cadáveres a sus playas. Y esto es -le dice a Angela, que está a su lado- de lo que todas y todos queremos conversar contigo”.

Davis asiente, se acerca el micrófono y da los buenos días, dice que es maravilloso estar en La Casa Encendida y explica que cuando recibió la invitación por parte de las Mujeres de Guatemala, decidió aceptarla porque a ella también le parece importante hablar tanto de las personas migrantes así como de las mujeres refugiadas y de color, pero que además, al estar en Madrid quiere ofrecer todo su apoyo y solidaridad a todas las mujeres centroamericanas y africanas, quienes suelen ser prisioneras políticas en España.

Sin embargo, en el transcurso de las preguntas y respuestas, no recibe demasiadas preguntas respecto a los temas propuestos por las convocantes: los cuestionamientos se abocan a diversos temas que si bien están dentro de las preocupaciones de los feminismos, no tocan ni trastocan el racismo denunciado al inicio de la conferencia, por lo que cuando algún cuestionamiento se acerca a estos temas, la histórica activista inicia su respuesta agradeciendo la pregunta, lo enfatiza y lo remarca cuidadosa de que su agradecimiento sea atendido. Después, el tiempo se agota, y se da por terminada la sesión de manera oficial; entonces, Angela vuelve a estar silenciosa, como si más que hablar le importara escuchar. Y esto lo hace mientras se dirige a la sesión fotográfica que también acabará en el tiempo establecido. Angela sabe, sus respuestas lo expresan, su postura ante las cámaras lo reafirman, la conversación que ella quiere entablar será antirracista o no será y faltarían más de 24 horas para que esto suceda.

¿Ha pasado ya la época de las panteras negras?

En 1972, Angela Davis, recluida dentro de la prisión estatal de California debido a una acusación en la que se le declaraba culpable de conspiración por el ataque a un juzgado en California, es entrevistada por un reportero sueco que le pregunta por las Panteras Negras y le insinúa que éstas han dejado de estar activas: ¿Ha pasado ya la época de las panteras negras? ¿Cómo se llega a la revolución, mediante confrontación y violencia? Angela, con esa tranquilidad que mantendrá con el paso de los años, le responde:

“Cuando se habla de revolución, la mayoría de las personas piensa en la violencia sin darse cuenta que el verdadero contenido de cualquier impulso revolucionario yace en los principios y en las metas que busca alcanzar y no en la forma en la que se alcanzan. Por otro lado, debido a la forma en la que está constituida la sociedad debido a la violencia que existe en todas las superficies hay que esperar que hayan muchas de estas explosiones, tienen que esperar cosas así como reacciones pues si eres una persona negra y vives en una comunidad negra toda tu vida y sales a la calle todos los días viendo a policías blancos rodeándote (…) -a mí me detenían constantemente en Los Ángeles, la policía no sabía quién era yo, pero yo era para ellos una mujer negra y supongo que pensarían que yo era militante-; y cuando vives en situaciones así de manera constante, es sorprendente que tú me preguntes a mí si yo apruebo la violencia. Eso no tiene ningún sentido. Si yo apruebo las armas o no (…) cuando amigos muy cercanos a mí fueron asesinados por bombas plantadas por racistas. Yo recuerdo el sonido de bombas explotando en la calle de enfrente, recuerdo cómo temblaba la casa y de cómo mi padre necesitaba armas al alcance porque en cualquier momento alguien podría venir a atacarnos. Así que cuando me vienen a hacer ese tipo de preguntas me doy cuenta de que quien hace ese tipo de cuestionamientos no tiene idea de las cosas que ha pasado la gente negra, de lo que ha tenido que soportar en este país desde el día en el que la primera persona negra fue secuestrada en las costas de África”.

Angela Davis no lo sabe todavía, pero 46 años después, un 25 de octubre de 2018, será recibida en Madrid por un grupo de mujeres que se ha formado durante varias horas afuera de La Casa Encendida y tendrá que reiterar lo que desde sus inicios dentro de su activismo social ha tenido que vivir en carne propia: la gente que no cumple con los estándares que exigen las personas blancas, suele ser criminalizada y racializada sólo por su color de piel o sus deseos de exigir justicia o incluso, por huir de situaciones de violencia en sus países de origen. No obstante, declarará Davis, aunque el racismo hoy se vive de manera más violenta, también hay movimientos como el #MeToo y el #BlackLivesMatter que dan atisbos de esperanza porque la percepción de la injusticia y la desigualdad es más profunda. Esta conciencia, a la que se refiere, puede constatarse con la larga fila de mujeres esperando escucharla y estar cerca de ella. La edad de éstas lo confirma: las nuevas generaciones están aprendiendo y quieren hacer algo participando de la “acción colectiva” que tanto enuncia la activista desde sus críticas personales contra el racismo, el capitalismo/colonialismo y el machismo, “cualquier acción individual debe de servir a un fin colectivo”.

No hay tiempo en Madrid

Muy cerca del edificio de La Casa Encendida, en las construcciones aledañas, en las casas, en los supermercados, en los centros de salud y a lo largo y ancho de toda la ciudad de Madrid, hay mujeres racializadas que no han ido a escucharla porque tienen horarios laborales extenuantes y porque su ritmo de vida no lo permite, las dobles o triples jornadas de trabajo heredan cuerpos cansados y explotados, no tienen tiempo de formarse para escuchar a una Davis que declara que son “las mujeres negras y latinas las que han reclamado un feminismo más holístico e integrador”.

Sólo en la ciudad de Madrid, el 60% de las mujeres dedicadas a los trabajos domésticos y de cuidados son extranjeras debido a que este trabajo no necesita que las personas cuenten con sus papeles reglamentados. Es la primera entrada al campo laboral, sin embargo, las condiciones de trabajo son precarizadas y las mujeres terminan metidas en un círculo administrativo complicado ante Extranjería pues no suelen cumplir con los requisitos necesarios para exigir todos sus derechos laborales y ciudadanos.

A unos minutos del barrio de Lavapiés, en el centro de Madrid, el 24 de octubre por la tarde, el mismo día que Davis se presentaba ante la prensa española, dentro de las instalaciones de la librería Traficantes de Sueños, el colectivo de mujeres Senda de cuidados presentaba la charla Trabajadoras no domesticadas. Contraataque desde la cocina, y contrario a lo que pasaría con la activista originaria de Birmingham, Alabama, ahí no habría mujeres esperando por horas, ni largas filas para entrar a escuchar las reivindicaciones puntuales de quienes sostienen en gran parte la economía de la ciudad. No hay acciones colectivas numerosas, parece que el feminismo, tal y como se afirmaba desde la presentación de Davis en la capital española, tiene pendiente revisar qué entiende por antirracismo y la manera en que lo incluirá en su agenda colectiva.

 

Mercedes Hernández y Davis durante la rueda de prensa en Madrid./ B.N.

Mercedes Hernández y Davis durante la rueda de prensa en Madrid./ B.N.

 

Al respecto, Mercedes Hernández explica: “Mientras se eleva a la categoría de heróes a las personas emigrantes españolas que han tenido que abandonar su tierra a raíz de la crisis económica, a quienes huyen del hambre o de la guerra se nos trata como criminales, como terroristas peligrosos, -algo que tú Angela, conoces muy bien-. Mientras en este mismo ciclo de conferencias la premio nobel Tawakkol Karman denunciaba el asesinato sistemático de niños y niñas en Yemen, en el Estado español, vergonzosamente, nuestras propias izquierdas han llegado al extremo de colocarnos en el falso dilema de tener que decidir entre el pan o la paz”.

Angela Davis, atenta, escucha a su compañera de mesa, que prosigue: “Las contradicciones son muchas, Angela, por eso agradecemos especialmente en este momento en el cual muchas y muchos se preguntan los porqués del auge del fascismo global sin cuestionarse que son sus prácticas y sus privilegios en lo cotidiano los que alimentan ese fascismo, así como su indiferencia y su eterna comodidad ante las desigualdades”. Angela asiente, confirma, está de acuerdo con las declaraciones de Hernández, no deja de asentir. Le toca el hombro a Mercedes, le sonríe. Angela escucha. El más de centenar de mujeres reunidas para escuchar a Angela parecen que escuchan también, se sienten motivadas, han puesto a las mujeres racializadas al frente de la conferencia, incluso, en las filas, hay mujeres de piel blanca que le ceden su lugar en la fila a mujeres de color para que puedan estar cerca de Angela, el personal de seguridad de La Casa Encendida, afirma: “Estamos ante un evento de paz”.

El Guántanamo de Barajas

Parte del activismo central de Angela Davis se resume en su capacidad de escuchar, de tener empatía y mirar a las personas mientras le hablan. Traduce las historias que ve y ante los medios de comunicación, con mensajes claros y contundentes, traspasa las peticiones de la gente que no es escuchada y las convierte en propia. Angela es coherente con lo que escribe y por lo que ha luchado por muchos años, se siente parte de un colectivo que le rebasa en lo individual.

Si bien es verdad que Angela Davis da mensajes contundentes dentro de la conferencia oficial El feminismo será antiracista o no será y es aplaudida por todas las mujeres presentes ante sus posturas contra los sistemas de gobierno y sus políticas de criminalización, especialmente contras las personas migrantes y racializadas, son sus acciones de escucha y de conversación lo que hacen relevante su visita a Madrid ya que, después de visitar el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, interpela al presidente de gobierno Pedro Sánchez y al ministro de Interior Grande-Marlaska: “Deberían reconocer que nadie debe ser tratado de esta manera. Es totalmente inhumano y vergonzoso. España y todos los otros países de Europa deben asumir la responsabilidad histórica por la situación en la que nos encontramos hoy”. A la vez, reclamaba la liberación de Josbylle Yrure y de todas las personas migrantes encerradas en “cárceles cómo ésta, a las que se disfraza con otros nombres.” Mercedes Hernández lo había dicho ya: “No hay nada más político que encarcelar a una persona por lo que es y no por lo que hace”. Y Angela respalda esto cuando confirma lo que ha venido a hacer a España: convertir en una acción colectiva el reclamo de quienes no somos escuchadas y “recordar que Europa no sería lo que es hoy sin todo el proceso de colonialismo, sin toda la riqueza que fue extraída de muchos de los países de los que las personas huyen hoy buscando en países como España la posibilidad de una vida mejor”.

Angela Davis lo tiene claro, ser feminista hoy, es ser antirracista y quizá todas las mujeres que la han acompañado en su visita en Madrid lo sepan ya. Ahora, la acción colectiva es encontrar la manera de cómo vamos a actuar después de hacer lo que ella ha venido haciendo todo éste tiempo: escuchar y conversar.

 

fuente:

http://www.pikaramagazine.com/2018/10/angela-davis-madrid-antirracista/


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