Brasil: Una parte de la izquierda se alimenta de un negacionismo arrogante

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Una parte de la izquierda brasilera se alimenta de un negacionismo arrogante

Por Leonardo Sakamoto
@blogdosakamoto
18 Nov 2018

Parte de la izquierda brasilera se alimenta de un negacionismo preocupante y arrogante. En el inicio de 2016, cuando escribíamos sobre la posibilidad real de que Jair Bolsonaro fuera electo presidente, dada la coyuntura, muchos dijeron que el no sería candidato y que, por tanto, analizar como construía una base social era innecesario.

En 2017, cuando investigadores alertaban sobre el poder de fuego del ejército digital que él había conseguido crear en las redes, la respuesta de los progesistas era que eso no haría la diferencia delante del tiempo en TV de los partidos enanos que le darían refugio. Además, el aviso sobre el impacto de que empresas compraran tendencias en redes sociales y “disparos” en WhatsApp, en un nuevo tipo de “caja 2”, ya había ocurrido en las elecciones municipales y la respuesta era que eso era una bobada.

Al inicio del primer semestre de 2018, ante el avance del capitán en las encuestas y la perspectiva concreta de prisión de Lula, la respuesta era siempre que el ex presdiente ganaría en la primera vuelta o elegiría a cualquiera que lo representase. En el segundo semestre, aún con el impacto de la fatídica cuchillada, había gende importante en el PT alentando la idea para tener a Bolsonario en la segunda vuelta, afirmando que habría una ola en la sociedad contra el.

Ahora, con el diputado federal electo presidente, no son pocos los analistas y militantes de izquierda que juran que su gobierno no dura un año, implosionado por su propios errores o su incompetencia y siendo, posteriormente, tragado por los militares.

No hay variables explicativas decentes, por el momento, para sostener esta hipotesis, pero ella sigue existiendo aún así. La idea de post verdad, cuando la emoción al transmitir un hecho es más importante para generar credibilidad en torno de el, de lo que las pruebas de su veracidad en si, nunca pareció tan pertinente.

Quien va terminar implosionado con sus propios errores es parte de una izquierda que niega cualquier pronóstico que no encaje en una perespectiva en que ella misma sea vencedora.

La autocrítica, a ella cobrada, no es apenas a la corrupción sobre los gobiernos del PT o sus decisiones económicas equivocadas, pero – principalmente – a respecto de una arrogancia que impide que vea con claridad la coyuntura, que trate los resultados negativos como un error suyo, no como mérito del adversario, y que crea en la infiabilidad de sus creencias.

Parte de la izquierda deseaba retomar el poder cavalgando el discurso del retorno y la bonanza de la década pasada aunque el escenario económico no cuente con la abundancia del ciclo de commodities y no permite más la conciliación “lulista” entre capital y trabajo.

El mismo grupo tiene integrantes que no abandonan el discurso del desarrollo a cualquier precio – que condujo a aberraciones como Belo Monte, obra envuelta en tala ilegal, violencia contra poblaciones indígenas y lindantes, trabajo esclavo y tráfico de personas y, claro, corrupción.

No entienden muy bien quien es el nuevo elector de clase media baja que quiere representar, que toma a Lula como ejemplo no por la política, pero sí por haber vencido en la vida.

Sigue prepotente, creyendo que entiende como funciona la dinámica de manifestaciones sociales, culpando a los medios por todos sus problemas, aún cuando ellos propios contrubuyen en colocar más gasolina donde ya había fuego.

Y en nombre de la gobernabilidad, palabra grafiteada con sangre y heces en el muro del infierno, mantuvo alianzas con semovientes impronunciables.

El autoengaño, tal cual el odio y la ignorancia, es un lugar calentito. Un refugio delante de la realidad fría y desoladora. A través del autoengaño, dejamos de asumir muchas de nuestras ignorancias y responsabilidades y lanzamos la culpa en lo desconocido, en lo oculto, en lo sobrenatura, en lo extrangero, en la orquestación que nos transforma en víctimas del mundo.

Existe un largo desierto delante de la izquierda. Cabe a ella decidir si va a ver eso y dedicarse al trabajo de reconstruir, junto con las bases populares, una narrativa que entusiasme, movilice y le de sentido. O si va a continuar creyendo en las historias que parte de ella crea para dignificarse a si misma.

fuente: http://prensacdp.com/una-parte-de-la-izquierda-brasilera-se-alimenta-de-un-negacionismo-arrogante/
Publicado originalmente en: UOL / Brasil
Traducción de Víctor M Rodríguez para PrensaCDP


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