Argentina_Còrdoba PRT-ERP: Recuperaciòn històrica

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Historia de una epopeya en la lucha por la difusión de las ideas socialistas y revolucionarias

Una casa, un proyecto, una familia: la vida

Argentina_Còrdoba PRT-ERP:

Crónicas de un día que será infinito

Existe en Córdoba Capital, en el barrio Observatorio, una casa que no está dispuesta al olvido; existe detrás de ella, un proyecto político que nunca dejó de latir. A mediados de 1973 se inician allí las tareas más arduas de construcción de una imprenta subterránea.

En la parte de arriba vivía una familia integrada por Victoria Abdonur y Héctor Eliseo Martínez, ambos militantes del PRT-ERP, junto a sus tres hijos. Ella, “la Gorda” como solían decirle, ama de casa, con la alegría que la caracterizaba, se encargaba de cocinar para todxs aquellxs que habitaban la casa. Compraba la mercadería necesaria para preparar la comida en Providencia, barrio ubicado en la otra punta de Córdoba. Transitaba hasta allí para que nadie sospechara que en esa casa no vivía únicamente la familia tipo para la época. Ella hacía del barrer la vereda una de las tareas claves, salir y observar el movimiento del barrio, asegurarse de que no hubiera rastro posible que el monstruoso enemigo pudiera aprovechar. Él, “el Negro”, había sido operario en Fiat, delegado gremial hasta que lo despidieron por encabezar una huelga. Laburaba por entonces como cerrajero y herrero, sabía de eso. En la casa, trabajaba en la herrería situada en la parte trasera, junto a una F100 característica por su sonido gasolero, llevaba y traía diferentes encargos.

Nadie imaginaba que allí había una trinchera que producía día y noche dos diarios que se distribuían por toda la provincia cordobesa y por el norte de nuestro país. Nadie jamás se imaginó, que ése era un centro político de vida y lucha por la existencia de otro mundo.La construcción de la imprenta ubicada bajo tierra fue el resultado de un esforzado trabajo realizado durante el periodo de un año y medio. En conjunto con compañerxs de la organización Tupamaros de Uruguay, más ingenieros, arquitectos, albañiles y técnicos de la construcción, se trabajó en el armado de esta estructura, se trabajó en la apuesta porque efectivamente las ideas jamás se mueran.

Por fuera, una casa como cualquier otra, dos ventanas, una puerta y un portón. Por dentro y a 10 metros de la superficie, una obra maestra. El cotidiano durante los años 1973 hasta 1974 era el siguiente: lxs realizadorxs de semejante obra, entraban al inmueble “tabicados”, por su cuidado y el del resto, así al no saber cuál era la dirección exacta, si llegaban a ser capturados, no podrían decir el lugar exacto en el que se encontraba la imprenta y de esta forma, resguardar la seguridad del resto. Ingresaban escondidos en la F100 manejada por Héctor un lunes y volvían a salir un sábado. Comían y dormían allí abajo. Profundizar ese inmenso “sótano” clandestino a puro pico y pala, llenar bolsas de tierra, sacarlas por la noche, apalancar para que no hubiera desmoronamientos, construir los techos y paredes, habilitar un ascensor, bajar una gigantesca y modernísima impresora Offset importada de Alemania, una Guillotina y demás maquinaria necesaria, no era para nada una tarea sencilla. Menos, hacerla sin despertar sospechas. Así, los días pasaban y el proyecto iba tomando forma, entre bolsa y bolsa de tierra que a la noche era tirada al río. Crujía desde lo más profundo de la tierra una de las mayores formas de defender la convicción por la vida.
El acceso a la imprenta podía realizarse desde dos entradas situadas en la cocina y es, hasta el día de hoy, una obra imposible de dimensionar: a partir del corrimiento de un aparador, era posible pisar lo invisible del montacargas que descendía hacia la imprenta. Desde el otro costado, se corría una pared que ocultaban dos baldosas en el suelo. Una de ellas encubría una angosta escalera que comunicaba la planta alta con los dos subsuelos insonorizados. Bajo Tierra, a unos cuatro metros, el primer subsuelo era utilizado como depósito de papel y tinta; en el segundo, a diez metros desde la cocina, se extendía un espacio en forma de arco de cinco metros de ancho por veinte metros de largo, que contaba con un baño y una habitación usada como laboratorio. Allí, en el salón principal, se encontraban las máquinas que imprimían unos 70mil ejemplares mensuales de los periódicos El Combatiente, órgano del PRT y Estrella Roja, órgano del ERP. Una vez empaquetados, eran llevados a la superficie mediante el montacargas, éste como si fuera un ascensor los elevaba hasta la superficie para ser subidos a la F 100.

Como muchxs no conocen, el PRT-ERP, pese a las diferencias políticas, mantenía una muy buena relación con las organizaciones del peronismo revolucionario, tal es así como “el Gringo Franco”, obrero gráfico calificado, militante del FAS (Frente Antiimperialista y por el Socialismo) y del FRP (Frente Revolucionario Peronista) entrenó a una pareja de compañerxs del PRT durante un mes y medio en el manejo de todo lo necesario para el funcionamiento de dicha imprenta. Miguel Barberis y Matilde Sánchez aprendieron de tintas, papeles, maquinaria en general, producción de libros y volantes. Así, convertidos en obreros gráficos, cumplían jornadas de muchas horas y como si fueran topos, responsables de poner en actividad la imprenta subterránea, las ideas, lecturas políticas, producciones y definiciones, brotaban como semilla.

La presencia de quienes habitaban la obra maestra era invisible para cualquiera, salvo para los demás habitantes de la casa, con los que compartían no sólo un proyecto político, sino un sueño que se cumplía en cada paso que daban. Arriba una supuesta herrería de casa de familia, abajo, la batalla de ideas a llama encendida.

Una llamada inesperada interrumpió los quehaceres habituales. Desde Buenos Aires, logran avisar a tiempo a los habitantes de la casa. Habían sucedido una serie de allanamientos en la localidad de San Andrés, éstos vinculados al sector de Propaganda del Partido por lo que era necesario salir con urgencia de allí. No había tiempo para recoger juguetes, ropa o alguna mochila con provisiones, lo único que importaba era salir y dirigirse hacia los refugios ya previstos. Tal es así, que el mismo 12 de julio de 1976, un fuerte operativo militar y provincial a cargo del coronel Carlos Alfredo Carpani Costa, allana la propiedad sin encontrar a nadie dentro, ni rastros de una imprenta. Tardaron más de diez días en encontrarla.

La familia entera logra refugiarse en Buenos Aires, sin embargo en 1977, Victoria, Héctor, Miguel y Beatriz pasan a formar parte de las listas de lxs compañeros desaparecidos que buscamos hasta el día de hoy.

El Enemigo de todo un proyecto

Después de vallar las calles paralelas a la cuadra de Fructuoso Rivera 1035, la Brigada Aerotransportada IV, con asiento en La Calera, del Tercer Cuerpo del Ejército decide instalar allí un Centro Clandestino de Detención y Torturas y de esa forma, desplegar su manto negro en el lugar. A partir de ese momento, comienzan a salir de la casa grupos de tareas que secuestraban, detenían y torturaban a todxs aquellxs que apostaron por construir otras formas de humanidad.

Por aquel centro, pasaron militantes del PRT-ERP y de otras organizaciones que se encuentran hasta hoy desaparecidxs. Los rastros de aquel bello espacio de vida y resistencia, hicieron que cuando la hermana de Victoria, María Abdonur, tuvo la mala suerte de ingresar como detenida con los ojos vendados, al correrse la venda pudiera reconocer gracias a los coloridos azulejos característicos de la cocina, dónde estaba y qué había sucedido con la casa de su hermana.

Un año funcionó como lugar de muerte, ubicado a pocas cuadras del centro de la Ciudad, en un barrio de trabajadores, rodeado de miradas curiosas que sospechaban de los nuevos movimientos del lugar. Desde entonces, el inmueble quedó deshabitado hasta 1979.

Historia de un juicio, una lucha impostergable

En el año 1979, después de que la casa fuera abandonada por el Ejército, el Juez Federal de nombre Miguel Puga, que en aquel entonces tenía a su cargo el Juzgado N°2, decide disponer de la propiedad y por motus propio, como si nada pasara, “prestársela” a un empleado de Tribunales, Héctor Varela. De esta forma, el magistrado, emite un Certificado a nombre de Ofelia Cejas, esposa de Varela, como Depositaria Judicial.

La lucha por la justicia y por defender la memoria de nuestro pueblo logró que en el año 2012 Miguel Puga fuera procesado por complicidad con la dictadura cívico militar. Pese a ello, desde 1979 hasta hace dos semanas del corriente 2019, la familia Varela-Cejas vivió allí.
Una nueva pisada en el camino por defender la vida: la recuperación de la memoria histórica que contiene Fructuoso Rivera 1035
Allá por el 2005, más precisamente el 8 de noviembre de dicho año, Walter el hijo mayor de Victoria y Héctor, inició junto a los abogados Carlos “Vasco” Orzaocoa y Pedro Salvadeo el legítimo reclamo por recuperar la casa, aquella en la que había vivido con su familia hasta sus siete años. Así, se presenta la causa ante el Juzgado de Instrucción Civil y Comercial número 23 de la Provincia de Córdoba y desde entonces, se instaló en la justicia cordobesa una causa histórica que pugnaba por salir.

Poco tiempo después, aparece una escritura con la fecha del 1º de abril de 1976 en la cual se exponía una supuesta venta de la propiedad por parte de los padres de Walter y César, a la señora Juana Ercilia Bianchi de Jaroszwok, teniendo como testigo de dicha venta a la escribana Melba Rosa Catoira de Torchio. Pese a las denuncias en su contra, por sostener hechos falsos ante la justicia, dicha escribana defendió la total validez del documento público que supuestamente aseguraba la compraventa del inmueble. Sin embargo, existen ciertos detalles que permitieron demostrar la ilegalidad del negocio: la compradora aseguró que en el momento de producirse la operación inmobiliaria en abril de 1976, la casa se encontraba en “posesión material”. Algo totalmente improbable ya que en dicha fecha funcionaba como imprenta clandestina y nadie podría explicar por qué se definiría venderla. Además, pocos meses después de la fecha en que se habría realizado la compra del inmueble, precisamente el 12 de julio la vivienda es allanada, no encontrándose allí la supuesta dueña. Aún más curioso es el dato de que la compradora Ercilia Bianchi, en realidad había fallecido en agosto del año 1973, mucho tiempo antes de la fecha en que se estipulaba había comprado la casa, lo que otorgaba total certeza de que se trataba de una operación fraudulenta. Pese a las mil y una maniobras que el ejército realizó para apropiarse de inmueble, al punto de inventar documentación falsa, los abogados, a partir del acta de defunción que probaba la muerte de la supuesta compradora, logran el dictado de una sentencia que justamente anulaba la escritura de compra. Un triunfo revolucionario.

Sin embargo, el enemigo no se queda quieto tan fácilmente. Aparece en la causa una apelación que demoraba la ejecución de la sentencia, hasta posiblemente tres años. Frente a esta situación, Carlos “Vasco” Orzaocoa y Pedro el “Negro” Salvadeo, resignaron el cobro de sus honorarios que ascenderían a más de medio millón de pesos, a cambio de que la escribana retire la apelación que había elevado el expediente a una Cámara Civil Comercial. Habiendo quedado Firme la Sentencia a favor de los herederos Walter y César Martínez, se procedió al desalojo de los ocupantes y la ocupación por sus legítimos propietarios.

Así fue como el pasado viernes 15 de marzo, un grupo de compañerxs, entre ellxs varixs de Venceremos, junto a los hijos de Victoria y Héctor, ingresamos en la histórica casa de Fructuoso Rivera 1035. Este día, abrimos las puertas de una de las más grandes imprentas clandestinas de nuestro país, la “Imprenta del Pueblo Cro Roberto Matthews”.

Walter y César Martínez quieren que esa casa se convierta en un lugar para preservar la memoria de sus padres y de todos sus “tíxs” revolucionarixs de los 70, para recrear los sueños y proyectos de esa generación.

fuente: http://venceremos-arg.org/2019/03/21/una-casa-un-proyecto-una-familia-la-vida/

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*Cómo continuación de esta nota y reflejando las sensaciones de lxs compañerxs en el momento de ingresar a la imprenta ver: 

Crónicas de un día que será infinito.

El pasado 15 de marzo de 2019 un grupo de compañerxs, entre ellxs varios de Venceremos, ingresamos en la casa de Fructuoso Rivera. La historia tiene conciencia y en el mes del aniversario del último Golpe Cívico Militar de Argentina, es posible acceder a esto. Este día se ha vuelto histórico en la conciencia revolucionaria, esta fecha se instala como hito de la integralidad militante que hace a unx revolucionarix; por lo tanto, se asienta en lo más profundo de nuestros corazones. Compañexs de la misma edad que aquellxs que dieron la vida por la revolución socialista, se encontraron en el más profundo y luminoso abrazo.

Frente a semejante obra maestra, ni los militares pudieron destruirla, no tuvieron el coraje ni la valentía, porque como dicen nuestrxs compañerxs en sus pintadas: “Las causas viven” ¡AVOMPLA!

Aquí, las voces del re-encuentro intergeneracional.

1- “Fueron 12 años me decía el Vasco. Fueron doce años de peleas en el juzgado, de apostarle todo porque sabíamos que teníamos todas las de perder, y eso significaba que teníamos que poner 600 mil pesos de nuestros bolsillos si perdíamos este juicio. Pero sabíamos lo que recuperar esa casa iba a significar. Y el Negro Salvadeo, el abogado con el cual llevaron el juicio, también ex militante de los 70, le decía: “si perdemos, de algún lado lo sacamos, pero esta pelea la damos sí o sí”.

Y el día llegó; el viernes 15 de Marzo fuimos un puñado de compañerxs a juntarnos con lxs hijxs de la Gorda y el Negrito, como le decían a Victoria Abdonur y a Héctor Martínez, lxs compañerxs que habitaban la casa.

Entrar en esa casa, estilo antiguo con esos techos altos, aberturas de pinotea, con la clásica disposición tipo chorizo, donde vas accediendo a las habitaciones por la galería del costado hasta llegar a la cocina, fue como retroceder en el tiempo.

Después de visitar cada una de las piezas, César (hijo de Victoria y Héctor) nos contaba dónde jugaban cuando eran niños y que al fondo de la casa estaba la herrería que hacía de fachada. Luego entramos a la cocina, devastada por los antiguos dueños y en un acto casi solemne el Vasco nos indica “…es por acá”.

Al frente de la mesada se encontraba una abertura, típica de las utilizadas para las alacenas, y en el piso de la misma una compuerta camuflada abierta; “es por acá” repetía. Con toda la compañereada nos acercamos para mirar esa verdadera obra de ingeniería. El primero en bajar fue un compañero de nuestro partido. Lo atamos con una soga porque dudábamos de la fortaleza de la escalera.

Primero bajó hacia el primer subsuelo a unos tres metros de profundidad donde se encuentra un descanso de unos 2 metros cuadrados y luego bajó por otra escalera unos cinco metros más, hasta el destino final. Con linterna en mano, gritó desde abajo “esto es impresionante”.

Luego que bajaron algunxs compañerxs pude bajar para atestiguar lo que el compa describía. Una verdadera obra de ingeniería, donde un sistema de poleas empujaba una compuerta de dos metros por uno y medio y el contrapeso, que se utilizaba para bajar y subir tremendo peso, estaba pintado con la bandera del ERP. Como la escalera estaba rota en su último tramo, teníamos que saltar hacia un pequeño depósito y de ahí a la bóveda donde se encontraba la imprenta.

Al primer recorrido lo hicimos para constatar la seguridad del lugar y luego empezamos a admirarlo. La primera sorpresa fue encontrar un grafiti en el revoque deteriorado donde dice “Imprenta del pueblo Cro Roberto Matthews”. Inmediatamente recordé que el Vasco cada vez que mencionaba la imprenta recordaba este grafiti. “Este compañero cayó repartiendo la prensa” me decía. Más allá, una frase de Lenin donde dice: “Hay que preparar hombres que no consagren a la revolución sólo sus tardes libres, sino toda su vida”.

Con lxs compas que estábamos ahí se nos mezclaban las emociones … Ese lugar fue un centro clandestino de tortura a nuestrxs compañerxs, pero también jugó un rol fundamental en la batalla de ideas de aquella época.

Cada paso que dábamos era un pedazo de historia que nos encontrábamos. “Pisa con cuidado ahí”, me decía una compa cuando se dio cuenta que había una placa donde se notaban las letras y el símbolo de “El Combatiente” …¡algunas placas con las que se hacían las prensas del órgano oficial del PRT están ahí!!

Al rato baja César y nos cuenta que él de niño había bajado un par de veces a jugar con lxs compas que estaban haciendo las prensas y nos cuenta “…mi vieja salía todas las mañanas y las tardes a barrer la vereda para chequear el lugar y entre medio se iba a barrio Providencia (un barrio en la otra punta de la ciudad) para comprar los víveres sin levantar sospecha; en ese barrio vivía mi tía que la bancaba. Cuando mis viejos caen nosotros nos vamos a vivir con ella”.

Llega el momento en que baja el Vasco y ni bien baja dice “ahí está la pintada… ¡cuando la vea Alicia (Bello) cómo se va a poner!”. E inmediatamente empieza a contarnos cómo estaban las máquinas, por donde sacaban la prensa “…Qué obrita que se mandaron los compas acá, no?”, me dice orgulloso de semejante estructura. “Nosotros teníamos un equipo de técnicos que idearon esto, pero claramente estuvo la mano de los tupas”.

Después de repasar cada una de las pintadas, subimos. Fui el último en salir y me encontré con un silencio colectivo; estábamos empezando a caer. El Vasco toma la palabra muy emocionado y, dando el ejemplo de la entereza de un revolucionario, dice: “acá estuvo presente el horror, pero también la vida, la poesía, la cultura y sobre todo por lo que luchamos y eso es lo que vamos a rescatar”.

Creo que todxs nos fuimos pensando en lxs compas que habitaron ese lugar; en su entrega, en la moral que transmiten esas pintadas y que este pequeño gran triunfo es un gran empujón para continuar ese hilo rojo que nos lleve definitivamente al Socialismo.

 

Compañerx de Venceremos

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2- La ansiedad de bajar, la seguridad de que había que hacerlo, que nos esperaba algo ahí abajo. Algo que todavía no sé cómo poner en palabras. Muchos metros bajo tierra respiramos, sentimos, tocamos, nos vimos con lxs compañerxs que ahí estuvieron, leímos sus consignas, tan nuestras.
Una especie de vuelta al pasado, una máquina del tiempo que nos llevó a sentir la lucha, la causa en lo más profundo de nosotrxs, tenían nuestra edad pensábamos…

Movilizó mucho, pero eso que movilizar a seguir organizándonos, a leer, a entender un poco más cómo se organizaban, qué decían y qué pensaban. Respiramos el amor revolucionario a la Revolución… La historia creciendo desde abajo, siendo semilla.”

 

Compañerx de Venceremos

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3- “Desde que el Vasco nos contó las últimas noticias sobre el caso de la imprenta, la noticia de que teníamos en nuestras manos las llaves, la incertidumbre y emoción de que llegue el viernes 15 de marzo no eran posible de contener. No sabía qué iba a encontrar allí, fantaseaba con una casa modesta que seguro no contaba con los rastros que había escuchado al Vasco contar cuando hablaba de ella.

Llegó el día, y las horas pasaban lentamente. Agarré linternas y salí. Había llovido todo el día, así que a las cinco y cuarto como no encontré a nadie en la vereda, me animé a mirar por la ranura de la puerta que había visto millones de veces antes, miré a ver qué había dentro y reconocí unos pelos blancos que iban y venían en un largo patio, el Vasco.  Muy despacito abrí la puerta. Subí tres escalones y me sorprendió la luz y las flores amarillas que venían desde el patio. Lo primero que sucedió fue el abrazo con compañerxs. La casa es hermosa, no había visto otra igual. El Vasco me vino a recibir, como si fuera que estuviera en su casa, nos dimos un abrazo y me dijo: “Mirá, esta es la casa” mientras le ponía voz y me explicaba  lo que yo veía. Llegamos a la cocina, y me encontré con las dos entradas que conectan a la imprenta. Aún hoy, no encuentro palabras para describir lo que fue eso. La tranquilidad de ver a compañerxs del partido me calmó. Miramos entre varios hacia abajo mientras las palabras desbordaban las bocas de lxs que habían estado allí. Hicimos fila para bajar, ni lo pensé dos veces, quería ver eso, estaba segura. Esperé hasta que tocó mi turno, después de que Jesús dijo “está todo okey”. Con ayuda del resto, empecé a hundirme en el hueco del tamaño de una baldosa, bastante grande, se ve que en el PRT, había compañerxs de todos los tamaños. En el primer piso que hay, solo escuchaba las voces de mis compañerxs que estaban más abajo, prendí la linterna que tenía en la cabeza y me topé con un hueco inmenso que tiene pintada a mano la bandera inmensa del ERP. Me quedé mirándola dura… Seguí bajando, agarrada a una escalerita de hierro, hasta que pisé el primer subsuelo, vi basura y entre ella pedazos de diarios que fácil se distinguen en negrita las palabras PRT y Socialismo, una lata de tinta que pensamos es de la época, placas de la imprenta donde se puede ver el trabajo dedicado de lxs compañerxs, la letra impregnada en esa especie de vinilo lista para el papel. Bajé hacia donde estaba el resto, ahí los ojos no me daban más, a mi izquierda, a mi derecha, pintadas de lxs compañerxs. Pisando barro y mientras escuchaba a Walter contar de los dibujos que hacía ahí abajo y que no podía subir, caminé por algo así como un galpón subterráneo y quedé perpleja.  Vi sus manos en las paredes, pintadas con tinta roja, conocí su letra, en las consignas pintadas, aquellas que seguro eligieron a conciencia para embellecer un lugar que podría ser horrible y sin embargo, no lo es. Conocí sus símbolos, su existencia, es algo así como reafirmar que allí y aquí, en cualquier lugar, la revolución es posible y necesaria, infinita. Conocí sus nombres y la forma en la que se vuelven hermanos de la vida. Allí dentro se siente al Socialismo como la única vía para ser profundamente humanxs. Allí reafirmamos que el olvido no es posible, porque la misma historia hace que no lo sea.

El viernes pasado un grupo de compañerxs abrimos las puertas de un lugar que lleva consigo la vida y la muerte. Pero sobre todo la vida, porque allí es eso lo que más hay. Esa casa significa la posibilidad de conocer en carne propia a nuestrxs compañerxs revolucionarixs que caracterizan al hilo rojo de la historia y de nuestras luchas. Es la posibilidad de conocer el humanismo revolucionario de quienes dieron su vida por la política del pueblo y para el pueblo; es y será siempre abrazar el amor que lxs compañerxs del Partido Revolucionario de los Trabajadores hicieron y hacen a su ser militante, capaces de llegar a acariciar las injusticias de nuestro pueblo para volverlas banderas de lucha. Estar allí, es sentir ese amor por la vida, la convicción de defenderla, de jamás resignarla ni entregarla, allí se comprende lo que significa dejar de lado las miserias individuales para fundirse en un proyecto político de una organización, allí entendés qué es estar organizado y lo hermoso que hace al ser humano.  De aquí en adelante, cada uno de los días en los que cualquier persona ingrese en la casa de Fructuoso Rivera, quedará guardado en la memoria propia y en la de nuestro pueblo, será un antes y un después, ya que significa conocer lo hermoso de defender la vida. Cada una de las personas que desee ingresar se llevará consigo la responsabilidad y el deseo de pelear por los sueños de construir un mundo justo sin horror, miseria, muerte y explotación.

Aquelles que pretenden ser revolucionarios pisarán las baldosas coloridas que caracterizan la casa, sabiendo que no están solxs, que allí lxs abraza el color rojo que corre por las venas de los proyectos revolucionarios, ese color que tiñe los proyectos políticos y a las organizaciones que los llevan adelante, que ahuyenta la muerte, la alejan definitivamente para entregarse de lleno a la vida.”

 

Compañerx de Venceremos

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4- “El pasado.

Que muerde.

Que aparece.

Resucita.

Se olfatea. Lo pude tocar. Lo pude ver.

Vi el pasado y abracé sus hijos, en un saludo tierno y feliz.

Sentí la humedad del paso del tiempo, empapada bajo la tierra. Me costó bajar, respiré como nunca y me temblaba la voz.

Ver el pasado así, tan presente, tan consagrado a ser descubierto.

Te cambia la mirada, desde ya.

La imprenta.

La gráfica, las palabras, el relato, el titular, la descripción, el mensaje, impacto, voces, coraje, claridad, atención, poder popular, revolucionario.

La vida.

Las ideas, siendo escritas, bajo tierra, en la oscuridad y el silencio de una época. Convidadas, repartidas, entregadas, distribuidas, en las calles. En todas las calles.

Con claridad. Palabras de mucha claridad. Sin misterio, y con firmeza, la compañerada de los 60/70 decía lo que hacía y por qué lo hacía. Nunca perdonaron eso. Es intolerable pa los señores.

Las ideas. El lugar, las paredes, las inscripciones, los ladrillos, los recuerdos, la vida.

Fueron rescatadas.

Fue rescatada la vida que allí vivió, ese aire de libertad y ansias que se respiró. El coraje, el profundo y esperanzador coraje del que sabe qué tiene que hacer.

Fue rescatada la alegría de vivir en comunidad, en una vida en real comunidad y solidaridad.

Fue rescatado el cuidado, la entrega, la sabiduría, la seriedad, la confianza, el coraje, la coherencia.

La satisfacción, de estar haciendo la revolución.

Y ahora, puede ser que el pasado se siente distinto: hay fotos de ayer, podés encontrar hasta vídeos, canciones, libros.

Pero este pasado no es tan lejos, no están solo ahí, enfrascados en un reflejo. Hay quienes sobrevivieron, y hoy están al lado nuestro.

Nos hablan pasado.

Lo cuentan en la piel, ojos, pelos, joroba, cansancio.

Muerde, aparece, resucita.

Los ideales están vivos, y cada vez en más cuerpos.”

Militante antirrepresiva

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5- “Pude controlar la ansiedad todo el tiempo desde que me enteré de la lucha por la recuperación de la imprenta, hasta que llegamos a la mismísima puerta con mi compañero de militancia partidaria y de muchas otras luchas: el Vasco.  Yo no sabía a quiénes más había avisado para ir ese día, sí sabía que iban algunxs otrxs compas del partido y alguna gente más. A lo lejos vi que llegaba mi compañera Anto, me quedé a esperar que llegue, le abrazo y entramos. Al entrar el Vasco empieza a indicarnos quiénes vivieron en las distintas piezas y más o menos las dimensiones de la imprenta y cómo la habían construido.

Cuando tenía ya medio cuerpo adentro del hueco por donde está la escalera me ve el Vasco y dice que no baje, que era inseguro, que César y Walter ya traían una soga. Ahí me entero que César y Walter eran hijos de una de las familias que vivieron ahí. Le hicimos caso al Vasco y salgo de la escalera, le decimos con Fede que está bien firme y segura la escalera, que está todo bien, igual no nos dejó bajar hasta llegar la soga. Debo reconocer que me daban muchas ganas de bajar, más nervioso me puse pero al salir hacia la galería y ver que estaban más compañeras del Partido Sofi y Valen, me puso muy feliz y me sentí más seguro de que íbamos a bajar ya me parecía que nuestrxs compas nos llamaban a nosotrxs desde abajo. Lo de sentirme más seguro con la llegada de las compas y ser más tiene que ver con que nos conocemos, la tenacidad que tenemos como militantes de Venceremos no nos dejamos avasallar por nadie. Al rato, llega Victoria Silof Abogada independiente con su pareja.  Al llegar Walter y César los hijos de la casa con la soga mientras se saludaban, con Fede y nuestras compas nos fuimos acercando al hueco de la escalera. Manoteamos la soga y me la até a la cintura, César me presta su linterna y Fede me agarra la soga y empiezo a baja, no podía creer semejante privilegio al ser el primero en bajar y hacer pie en el primer nivel. Me sentí mucho más tranquilo, rápidamente empecé a ver cómo bajar al siguiente nivel, veo otra escalera de hierro amurada a la pared y empiezo a bajar hasta llegar al nivel 2, veo un bulto como de bolsas y papel en una pieza chica tipo baño y al no verme lxs compás de arriba me gritaban si estaba todo bien, a lo cual respondo que sí, me detengo un instante ahí y empecé a caer en la cuenta de que ya estábamos con nuestrxs compañerxs del PRT ERP. Miro hacia el hueco del montacargas y veo la estrella roja y la bandera del PRT ERP pintada en el balancín que subía y bajaba el montacargas. Doy un salto pequeño para cruzar el hueco del montacargas hacia la entrada de la imprenta. Al llegar ahí grito a lxs compás de arriba que voy a sacar la soga, ¡ya era libre! Miro hacia la escalera del segundo nivel y veo que bajaba mi compañera Anto, llega hasta donde estoy y luego baja uno de los hijos, Walter y luego mi compañera Vale y luego Sofi y luego el Fede, sin palabras ya me sentía más feliz porque ellxs estuvieran ahí y no porque yo estaba, eso fue un instante que se refleja en una foto que les saco a mis compas de Venceremos, al recorrer la sala donde habían estado las máquinas. Empecé a imaginarme a nuestros compañerxs trabajando, conversando entre ellxs felices de que estemos ahí con ellxs, en ningún momento sentí angustia, empecé a imaginarme el ruido de las máquinas porque alguna vez yo cuando empecé a militar visitaba a unos compañeros de una imprenta partidaria y conozco ruido de imprenta. En un momento le pregunto a Walter si él había estado ahí y nos dice “estuve acá abajo jugando mientras trabajaban lxs compas cuando tenía 7 años”, no pregunté más nada. Cuando empezamos a subir cruzo nuevamente la pieza tipo baño me acerco a los bultos de nylon y papel y veo bien que eran tipo placa radiográficas finitas que se podían ver letras ahí me entra otra preocupación, que es cómo proteger todo el material de la época entonces le digo a Fede lo que hay ahí y que no lo deje tocar. Al llegar arriba escucho que bajaría el Nico a sacar fotos con su cámara, entonces le advierto a Fede. Nico nos advierte que él necesita un tiempo largo abajo para sus fotos, esperamos un rato largo.

Arriba creo que todxs empezamos a sentirnos más conmovidxs, nos encontramos en un abrazo profundo. El último turno en bajar fue de nuestro glorioso compañero Vasco. Creí que le iba a ser muy difícil por su contextura física, su edad y su peso, pero no fue así, lo ayudamos y bajó. Al estar con sus compañerxs, y al subir se lo veía muy feliz y nuevamente nos conmovimos junto al Vasco. Desde ahí nos fuimos rápidamente con Vasco a nuestro local, a seguir militando, teníamos una reunión de Poder Popular.

 

Compañerx de Venceremos  

http://venceremos-arg.org/2019/03/21/cronicas-de-un-dia-que-sera-infinito/

enviado por elabajero@yahoo.com

 


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