Grillos y crímenes en el negocio de apropiación de tierras

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Grillos y crímenes en el negocio de apropiación de tierras

Daniel Raventós y Julie Wark
01/07/2019

En portugués, grilagem se refiere a la apropiación privada de tierra a través de medios irregulares o ilegales, fuerza, intimidación o fraude. La palabra viene de grilo (grillo), el insecto que fue usado para tintar documentos para que parezcan escritos antiguos. Así, en Brasil, grilagem de terra significa falsificar escritos para asegurar tierras, pero también significa apropiación violenta y devastación ambiental simbolizada por grillos machacados y silenciados muchos de ellos porque en 2016, los grileiros ya habían adquirido cien millones de hectáreas. El término grilagem es más informativo que «acaparamiento de tierras» pues refiere aquella situación donde la ley es anulada (aqui não tem lei), o se anula a sí misma en algo muy parecido a un estado de excepción.

No se trata solo de derecho estatutario mancillado porque el derecho consuetudinario se convierta en su víctima. El uso y la propiedad consuetudinarios suman más del 50% de la tierra mundial, pero los pueblos indígenas –más de 2,5 mil millones de mujeres y hombres- disfrutan de derechos de solo el 10%. El resto está disponible para tomar. Por ejemplo, alrededor del 90% de la tierra de cultivo, sabana, montes, bosques y marismas en el África subsahariana no tienen título de propiedad y, por tanto, están bajo control estatal. Otra táctica colonial fue declarar las tierras ocupadas tradicionalmente como “terra nullius” (por ejemplo en Australia), o clasificarlas como tierra “libre”, haciendo así al estado el propietario legal. Estos trucos siguen utilizándose hoy. De este modo, la aabana guineana, cuatro millones de hectáreas de prados que atraviesan veinticinco países, casi la mitad de grande que Estados Unidos, es designada por el Banco Mundial como “la última gran reserva del mundo de tierra infrautilizada”. ¿Qué ley dio la autoridad para hacerlo? Esta tierra “infrautilizada” es hogar de unos 600 millones de campesinos, casi el 10% de la población mundial. Evidentemente, la gente no aparece bajo la noción del Banco Mundial de “reservas” cuando Monsanto tiene intereses en ella.

La tierra de propiedad consuetudinaria gobernada por leyes tradicionales o naturales tiende a ser bosques o montes, matorrales, sabanas, humedales, prados, desiertos o los bosques espinosos de Chaco cubriendo dos tercios de Paraguay. Graves violaciones de derechos humanos han sido infligidas a sus habitantes durante mucho tiempo. Comunidades enteras, despojadas de sus medios de vida –población “excedente” hacinada en campos de refugiados o “aldeanizada”, como en Etiopía– son diezmadas por el hambre y la enfermedad y, si alguna vez llegan a las ciudades, son explotadas en talleres clandestinos, como trabajadoras sexuales, máquinas de bebés para la adopción y proveedores de órganos. Quizás esta apropiación de tierras, depósito de los derechos humanos más básicos, es una clara pero no a menudo reconocida expresión de un estado de excepción del que ninguno nunca nos ha hablado.

La apropiación de tierras es también acaparamiento de aguas. Arabia Saudí, por ejemplo, está comprando o tomando en arriendo tierras ricas en agua en Sudán, Etiopia, Malí, Mauritania, Níger, Senegal, Nigeria, Egipto, Vietnam, Camboya, Papúa Occidental, Filipinas y Pakistán. Y Qatar ha hecho tratos en Vietnam, Camboya, Uzbekistán, Senegal, Kenia, Argentina, Ucrania, Turquía, Tayikistán, Australia y Brasil. Una cosa es segura: los inversores no se preocuparán por la conservación del agua en estos países. En Australia, por ejemplo, el agua está siendo succionada de antiguos acuíferos y promocionada como “agua nueva”.

En junio de 2012, los ricos grileiros se reunieron en Londres en una “Cumbre de Inversión Agraria” de 3.660 libras por cabeza para discutir cómo “superar los obstáculos percibidos a la inversión” al adquirir tierra en África. El impacto local de su proyecto no fue, por supuesto, “percibido” y los “obstáculos” eran legales por naturaleza pero, cuando los intereses son altos y las manos están engrasadas, la ley gana, como Franz Nuemann advirtió en Behemoth (1944): “Como artificio para fortalecer a un grupo político a expensas de otros, para eliminar a los enemigos y ayudar a los aliados políticos, el derecho amenaza entonces las convicciones fundamentales en que descansan las tradiciones de nuestra civilización.”[1]

Las prácticas de las instituciones internacionales y de las empresas transnacionales violando el derecho al alimento son auténticos crímenes contra la humanidad, tal y como lo define el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (1998), artículo 7. Incluyen el asesinato; esclavización; deportación o traslado forzoso de población; privación grave de la libertad física; persecución de un grupo con identidad propia por motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género u otros motivos; desaparición forzada de personas; apartheid; y otras actos inhumanos que causen intencionalmente grandes sufrimientos o lesiones graves a la salud mental o física. En octubre de 2014, un informe legal fue presentado en nombre de las víctimas camboyanas que establecía que la apropiación sistemática generalizada de tierras –involucrando inter alia asesinato, desplazamiento forzoso de población, aprisionamiento ilegal y persecución– por la élite gobernante camboyana durante más de una década constituía un crimen contra la humanidad. Esto significa que ejecutivos extranjeros, políticos y otros individuos pueden ser procesados bajo el derecho internacional por crímenes graves en relación con la usurpación de tierras. ¿Pero ocurrirá?

El grilagem actual puede ser rastreado en los cercamientos en Inglaterra (un proceso descrito por Tomás Moro como “ovejas comiendo hombres”), la expansión de los imperios europeos y el colonialismo, a través de la versión neoliberal de los cercamientos, ahora usada para monocultivos y saqueo de minerales, agua, bosques y junglas. La tierra no es solo usurpada para la producción externalizada de alimentos, sino también para la minería, especialmente de los diecisiete minerales raros superconductores que son esenciales para ordenadores, teléfonos inteligentes, turbinas de aire, equipos de alta tecnología como escáneres médicos y usos militares como helicópteros furtivos, láseres y gafas de visión nocturna. Existen otros intereses, también, como el turismo de lujo, parques de atracciones, reservas naturales privadas, infraestructuras, embalses, biocombustibles, madera y comercio de carbón.

La apropiación de tierras del pasado ha establecido los precedentes legales y políticos que permiten la presente expoliación, mientras que los actuales ajustes estructurales, la privatización de servicios públicos, inversión en desregulación y liberalización del comercio, sustentan todo este espectáculo lamentable. Una notable característica del grilagem de hoy en día es que, lejos de ser confinado al Sur Global, existe un fenómeno floreciente en Europa donde la concentración de tierra (2,7% del de las granjas controlan el 50% de la tierra cultivable) y la usurpación de tierras equivalen a lo que está ocurriendo en Brasil, Colombia y Filipinas. Europa es el segundo gran consumidor mundial de tierra después de Estados Unidos. Alrededor del 58% de la tierra que consume está fuera de sus fronteras, mayormente en China, la Federación Rusa, Brasil y Argentina. Y Europa misma es un caso de grilagem autofágico. En los años recientes, empresas de Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Suiza y Francia han estado acumulando tierra en Europa del Este, especialmente las áreas de “tierra negra” de Rusia y Ucrania, y también en el reino de España, Francia e Italia.

La mayoría de la producción alimentaria europea viene de unos veinte millones de pequeñas fábricas –69% con menos de 5 hectáreas– y unos 25 millones de trabajadores agricultores. Escasa atención se da al hecho de que estas pequeñas granjas son esenciales para la producción alimentaria, el empleo rural y la protección del medioambiente y la ausencia de una legislación clara y justa está facilitando el grilagem por todo el continente. No solo en el extranjero sino en nuestro propio jardín trasero, el consumo excesivo de Europa está aumentando los precios de la comida, causando extinción de especies, agravando la catástrofe climática y exacerbando la desigualdad social.

Es difícil de calcular la escala real del acaparamiento de tierras, precisamente debido a que es un afán ilegal de los ricos. El Instituto Internacional de Investigación sobre Política Alimentaria estima que los grandes tráficos de tierra ascendieron a 20 millones de hectáreas entre 2005 y 2009, mientras que la cifra del Banco Mundial es de 45 millones de hectáreas entre 2007 y 2008 y las de OXFAM 227 millones de hectáreas desde el año 2000, sobre todo a partir de 2008. Esta disparidad sugiere que esto es realmente un negocio muy secreto. Y que se mueve rápido. Las consecuencias no están calculadas, especialmente en términos de personas. Ellas no cuentan. La tierra es solo una superficie (con buenos suministros de agua) sin municipios, sin gente, sin animales, sin ecosistemas, solo algo a la espera de ser arrebatada. La palabra “territorio” no se usa. “Tierra”, más neutral en contenido político, es más cercana a la idea de propiedad privada (“ese dominio único y despótico”, como Sir William Blackstone la declaró, una noción que hizo suya fervientemente el liberalismo desde el siglo diecinueve). El signo más claro de que esas transacciones no son inocuas es la concentración de armas y milicia para proteger a muchas propiedades recientemente adquiridas.

La legislación de derechos humanos protege supuestamente la seguridad alimentaria y la nutrición adecuada como derechos sine qua non. La mayoría de los gobiernos son firmantes de documentos como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en cuyo artículo 11 incluye dos normas separadas pero relacionadas, el derecho a no pasar hambre y el derecho a una comida adecuada. Los estados están teóricamente obligados a (1) respetar el derecho a la alimentación con la no interferencia en el acceso a comida apropiada; (2) proteger los suministros de comida asegurando que los individuos no son privados a su acceso adecuado por otros individuos o empresas; y (3) garantizar el derecho a la alimentación con actividades destinadas a fortalecer el acceso de la gente a ella y el uso de recursos y medios para asegurar su supervivencia, incluyendo la seguridad alimentaria. El estado debe responder siempre que un individuo o grupo sea incapaz, “por razones fuera de su control”, de disfrutar el derecho a una alimentación adecuada por los “medios a su disposición”. Pero, así como la tierra, las estructuras estatales son también heredad de poderosos grileiros. El abecé del republicanismo democrático dice que un estado debe promover activamente su neutralidad y cuando los grandes poderes privados imponen su voluntad a buena parte de los ciudadanos, cuando la constitución oligopolista de los mercados significa que el bien público es asaltado por los grandes intereses privados, entonces el estado debe intervenir. De otra manera no puede reclamar neutralidad. Los estados de hoy, optando por la equidistancia entre partes no son neutrales, y así el grilagem está privando a millones de personas de los “medios a su disposición”. Casi el 60% de los aproximadamente treinta y seis millones de muertes anuales mundiales son un resultado directo o indirecto de infecciones, epidemias o enfermedades relacionadas con el hambre.

En su Two Treatises of Goverment (1689), John Locke reconoce que los límites de la propiedad privada están fijados por los derechos inviolables de todos los miembros de la sociedad a la riqueza de la tierra.

Y aunque todos los frutos que la tierra produce naturalmente, así como las bestias que de ellos se alimentan, pertenecen a la humanidad comunitariamente, al ser productos espontáneos de la naturaleza; y aunque nadie tiene originalmente un exclusivo dominio privado sobre ninguna de estas cosas tal y como son dadas en el estado natural, ocurre, sin embargo, que, como dichos bienes están ahí para uso de los hombres, tiene que haber necesariamente algún medio de apropiárselos antes de que puedan ser utilizados de algún modo o resulten beneficiosos para algún hombre en particular.[2]

Las personas que “cercan, sin el consentimiento de […] toda la humanidad” crean desperdicios, o lo que Locke llama “el perecer” y parte de este “perecer” hoy –en el sentido literal– es el desperdicio de la gente. Un hombre o mujer “labra, planta, mejora, cultiva” la tierra pero es expulsado para a perecer en alguna otra parte porque alguna empresa quiere tomar la tierra y acumular más de la “cosa duradera” que traerá “el perecer de [todo] inútilmente”.

Tras dos décadas de siglo veintiuno haríamos bien en mirar atrás a 1689 y atender a las palabras de Locke ya que, si aceptamos términos como “tierra desaprovechada” de empresas que realmente quieren decir que las van a limpiar de gente (“obstáculos percibidos”), nunca seremos capaces de hablar de derechos, incluso para nosotros mismos, ya que no sabremos qué son.

____Apropiacion de tierras

Notas

[1] Neumann, F. (1943). Behemoth: Pensamiento y acción del nacional-socialismo. México D. F.: Fondo de Cultura Económica., p. 38. [N. del T.]

[2] Locke, J. (2006). Segundo tratado sobre el gobierno civil. Madrid: Tecnos., §26, p. 33. [N. del T.]

Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, “Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa” (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, “Against Charity” (Counterpunch, 2018) recientemente editado en castellano (Icaria) y catalán (Arcadia).

Julie Wark es autora del “Manifiesto de derechos humanos” (Barataria, 2011) y miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso. En enero de 2018 se publicó su último libro, “Against Charity” (Counterpunch, 2018), en colaboración con Daniel Raventós, recientemente editado en castellano (Icaria) y catalán (Arcadia).

fuente original:
Counterpunch, vol. 26 núm 2
Traducción: Roberto Álava

tomado desde http://www.sinpermiso.info/textos/grillos-y-crimenes-en-el-negocio-de-apropiacion-de-tierras


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