Argentina_Còrdoba: Recuperaciòn de espacios de la Memoria para la lucha

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Un acto de libertad: la imprenta del PRT-ERP – Parte 1

*Por Guadalupe Scotta y Débora Cerutti para La tinta.

Tras la recuperación de la casa donde funcionó la imprenta clandestina del PRT-ERP en barrio Observatorio de la ciudad de Córdoba, comenzó la construcción de un Espacio de la Memoria. Entrevistamos a César y Walter Martínez, hijos de Victoria Abdonour y Héctor Martínez, asesinados por la dictadura, y a María Abdonour, hermana de Victoria. El testimonio del Vasco Orzaocoa completa el relato. Aquí, la primera parte de esta historia de militancia y lucha política.

Por Guadalupe Scotta y Débora Cerutti para La tinta

“Sabíamos bien lo que había sido, lo que tiene en sus entrañas. En la génesis de la casa, mi papá y mamá vinieron acá a hacer una imprenta para difundir ideas”. 

12 de julio 1976. El llamado, la caída de la casa

Victoria estaba en la peluquería a dos cuadras de su casa. Allí, entró una mujer que le dijo algo al oído en un idioma que nadie entendió. Salió tan rápido que no se sacó los ruleros. Huyeron de la casa con lo puesto. Walter, su hijo, tenía siete años en ese entonces. Su recuerdo del escape hacia Buenos Aires se sitúa en la noche, pero, con los años, corroboró que se fueron de día con un “bolsito”. En su memoria, se grabó un gesto de temor en el rostro de su mamá y su papá.

El allanamiento era inminente. La segunda imprenta clandestina más grande del país estaba a punto de caer en manos de los militares. El PRT-ERP sería golpeado en uno de los lugares más importantes de la guerrilla revolucionaria: la máquina de hacer y difundir ideas.


Cuando el Ejército sitió la manzana e ingresaron a la casa ubicada en Fructuoso Rivera al 1035 en barrio Observatorio, Victoria Abdonour, Héctor Eliseo Martínez y sus tres hijxs ya no estaban.


El más pequeño, César, fue parido por Victoria Abdonour una noche de mucho frío, pocos meses antes de la caída de la imprenta. Su papá, Héctor, manejaba una camioneta F100 rumbo al hospital a toda prisa cuando los interceptó la policía. Les explicó que su compañera estaba por dar a luz a un niño y los policías decidieron escoltarlos hasta el hospital. Las militantes del PRT-ERP que vivían en la casa imprenta llamarían, con cariño, Buluca a ese niño. César no recuerda el tono de voz o la mirada de quienes decidieron traerlo al mundo en medio de la clandestinidad. Tenía casi un año cuando su papá fue asesinado y su mamá detenida y desaparecida.

El dato había sido preciso. No había lugar al error. Sin embargo, la casa estaba deshabitada y sin rastros de tinta y papel. Los milicos informaron a sus superiores que allí no existía ninguna imprenta del PRT-ERP. A los días, encontrarían la entrada secreta al subsuelo.

El 22 de junio, en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, junto al allanamiento se había desmantelado una de las casas más relevantes del aparato de prensa del PRT.

14 y 15 de julio 1976. El secuestro, el piso de la casa

“Durante el periodo del 11-12 de julio de 1976, las unidades del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), en operaciones conjuntas con la policía provincial de Buenos Aires y la policía provincial de Córdoba, descubrieron dos imprentas en la provincia de Buenos Aires y la provincia de Córdoba. El SIE cree que el ERP ha quedado gravemente herido”. 
Cable de inteligencia Estados Unidos

Maruca no le gusta que le saquen fotos. Le proponemos ir al patio de su casa, antes de que se vaya la luz del sol de otoño, para retratarla entre sus rosas amarillas, el naranjo y el limonero, pero prefiere quedarse adentro. Maruca tenía 47 años cuando cae la casa. Es la primera de cinco hermanas y un varón. Victoria tenía un vínculo estrecho con su hermana. Le obligó a Walter a memorizar la dirección de Maruca segundos antes de ser arrastrada por la policía el día que la detuvieron.

El 12 de julio de 1976, Maruca estaba en su casa. Llegó del centro. Frente al aparato de televisor, su hermana Julia miraba el noticiero. La tele proyectaba imágenes de una casa de “extremistas” que había sido allanada. Maruca la reconoció. El altillo que filmaban era inconfundible. La casa de mi hermana, pensó. Hizo silencio y salió a la calle.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Cuando volvió por la noche, tarde, su hermana Julia estaba tomando mates junto a su marido y sus hijos, mientras la tele continuaba encendida. Un ruido en el techo las alarmó. Las botas sonaban tremendas. Las botas bajaron hacia el patio en el cual Maruca cultiva sus flores.

“Preguntaron por mí, por María. El tipo, el milico me llevó a la cocina. Me puso contra la pared y me empezó a preguntar por mi hermana, por mi hermana, mi hermana. Yo lo miraba de frente al tipo, no le bajaba la vista. Nos llevan con mi cuñado. Yo estaba bien abrigada. Nos llevan a un lugar, entramos, nos sentamos y yo miro hacia abajo. Reconozco el piso. Estábamos en la casa de mi hermana”.

Los quince días siguientes, Maruca tendría los ojos vendados.

1973. La construcción de una imprenta en la casa

Mirá, Maruca, vamos a comprar una casa, pero quiero que la pongamos a tu nombre, le dijo Victoria. Ella aceptó. A los días, fueron a firmar los papeles que decían que Maruca era la dueña del inmueble ubicado en Barrio Observatorio de la ciudad de Córdoba. Para ese entonces, Victoria estaba casada con Héctor Eliseo, militaban en el PRT y dos de sus tres hijxs ya habían nacido. Poquito tiempo después, la casa pasaría a los legítimos dueños: Victoria y Eliseo.

En el transcurso del año siguiente, Maruca comenzó a realizar unos arreglos a la casa donde hoy vive. Su hermana Victoria le había ofrecido unos azulejos celestes que sobraron y que habían sido usados para arreglar la cocina por la que se accedía al subsuelo donde se hallaba la imprenta. Walter lloró la primera vez que entró a la casa de Fructuoso porque reconoció los mismos azulejos de la cocina de Maruca.


En el 73, Cámpora había sido elegido presidente con el el 49,5 % de los votos. El ERP decidió no realizar acciones armadas durante su gobierno. El PRT-ERP contaba con 5.300 miembros orgánicos, tenía unos 30.000 simpatizantes, se vendían semanalmente más de 10.000 ejemplares de “El Combatiente” y quincenalmente 14.500 de “Estrella Roja”.


En los documentos del PRT, entre las tareas centrales del partido, se encontraba la propaganda, su regularidad y calidad para “combatir sistemáticamente la abundante y constante propaganda burgués”. Las ideas revolucionarias y su difusión tenían lugar en el horizonte político del PRT.

El Vasco Orzaocoa, ese que vimos tantas veces acompañando por la madrugada los reclamos a lxs presxs por luchar, señala que la comunicación de las ideas socialistas era el alma mater de la imprenta. El Vasco nació en la provincia de La Pampa, pero abraza Córdoba con su militancia. Participó de la construcción y el funcionamiento de la imprenta, y, con la vuelta a la democracia, fue uno de los abogados que impulsó la recuperación del espacio.

El Vasco explica que, por influjo de todos los “azos”, había una radicalización de las ideas políticas en aquellos años: “Paradójicamente, cuando nosotros iniciamos la construcción a 10 metros bajo el suelo, existía una primavera democrática que nos permitía tener El combatiente y la Estrella Roja en los quioscos de la esquina. Sin embargo, la previsión política era que la primavera iba a ser de corto plazo”.

1974. ¡Córdoba se mueve, por otro 29!

Ya para julio de 1974, el partido explicitaba su preocupación en sus comunicados al entender que la línea ultra represiva impulsada por López Rega se imponía en la forma de gobernar.

Victoria y Héctor se habían mudado con sus tres hijxs a la casa. Ella era reconocida en el barrio como una ama de casa dedicada a las tareas del cuidado de su familia. Salía con frecuencia a la vereda a barrerla, a conversar con las vecinas, a hacer las compras en el barrio. El Vasco la recuerda como una compañera simpática, que hacía amistades fácilmente. Héctor demostraba ser un herrero perfeccionista que tenía su taller en el patio de la casa.

Mientras estaban construyendo la imprenta, la vecina del frente le contó a Victoria que escuchaba ruidos de noche. El Vasco narró que esto les permitió darse cuenta que, en la tarea de topos, se habían pasado del plano y casi llegado a la vereda. De allí los ruidos.


La construcción de la imprenta llevo un año y medio. Lxs compañerxs ingresaban escondidos en la F100 conducida por Héctor. El recorrido hasta la vivienda se realizaba con las personas “tabicadas”, con el objetivo de no reconocer la dirección exacta. Walter tenía siete años, jugaba con la tierra que sacaban de la construcción y, misteriosamente, ésta desaparecía al día siguiente. Para Walter, la camioneta era amarilla y el sonido que hacía cuando estaba encendida es todavía nítido en su memoria. De grande, supo que Héctor se llevaba la tierra al río Suquía, de noche.


A Walter, su papá le había dicho “acá vamos a hacer una imprenta y vos no tenés que decir nada a nadie, porque, si no, nos van a matar”.

Emprender una obra de ingeniería secreta no puede atribuírsele al azar. Las lecturas y el análisis del contexto, hoy, las entendemos como predictivas. Sin embargo (no hace tantos años), el olor a otros mundos se encendía en las barricadas del Cordobazo y no caían sobre el proyecto socialista la estampa de la nostalgia. El aquí y ahora corrían como las rotativas subterráneas.

1974 a julio de 1976. El funcionamiento de la imprenta

Las tareas múltiples estaban organizadas. Comenzaba en la redacción, luego, alguien viajaba a Córdoba con las notas nacionales. Llegaban en un maletín de doble fondo, en una especie de esténcil, y, en la imprenta clandestina, se imprimían. El momento de la distribución de los periódicos implicaba uno de los niveles más altos de exposición de los cuerpos a la represión.

Las personas asignadas a la tarea de impresión eran, centralmente, dos con la colaboración de Victoria y Héctor. Se trabajaba todo el día en una intensa jornada. Se manejaba maquinaria de aparatos gráficos de muchísima tecnología que estaban a la altura de los diarios de la época. Se imprimían 120 mil ejemplares mensuales, libros de economía, historia, revoluciones y de poesías, recuerda el Vasco.

La casa vivió instantes de gesta entre la tinta y el papel, y también de encuentros entre dos de las organizaciones más fuertes de la Argentina. Así fue que una oficial montonera ingresó tabicada a la imprenta. Se levantaron las banderas del PRT-ERP y Montoneros, y, durante un día, se trabajó conjuntamente sobre el eje comunicación. Tiempo después, los diarios publicaron fotos de Vicky Walsh. Había caído en un enfrentamiento. Fue allí que los militantes del PRT-ERP se enteraron de que la oficial que había acudido a la imprenta era Victoria (hija de Rodolfo Walsh).

24 de marzo de 1976. El golpe

“Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar”, escuchó Maruca por la radio. Con la emisión del primer comunicado de la Junta militar, iniciaba la dictadura más sangrienta de Argentina. El comunicado recomendaba el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar.

Ese miércoles, Victoria y Héctor junto a sus hijxs visitaron la casa de Maruca en barrio San Martín. Se fueron a despedir y decirle que se iban a Santa Rosa de Río Primero. Maruca no tendría noticias de ellxs hasta el año siguiente

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

 

 

Un acto de libertad: la imprenta del PRT-ERP – Parte 2

*Por Guadalupe Scotta y Débora Cerutti para La tinta.

Tras la recuperación de la casa donde funcionó la imprenta clandestina del PRT-ERP en barrio Observatorio de la ciudad de Córdoba, comenzó la construcción de un Espacio de la Memoria. Entrevistamos a César y Walter Martínez, hijos de la pareja militante Victoria Abdonur y Héctor Martínez, asesinados por la dictadura, y a María Abdonour, hermana de Victoria. El testimonio del Vasco Orzaocoa completa el relato. Aquí, la segunda y última parte de esta historia de militancia y lucha política.

Por Guadalupe Scotta y Débora Cerutti para La tinta 

“Callarse y no hablar durante años. Ahora, quiero hablar, llorar y reírme. Quería ver la casa, recuperarla y contar lo que pasó”.

22 de marzo de 2013. Perder el miedo

Walter Martínez ya no le cuesta hablar en público. Dice que ya no tiene miedo. Cuando era niño, callaba. A Walter lo invitaron a abrir el corazón y contar sus recuerdos en la escuela de su hijo, cuando este tenía 12 años. Eran los días previos al 24 de marzo. Un niño le preguntó si todavía extrañaba a su mamá. Más vale que sí, le respondió llorando.

En agosto de ese año, las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron que un nieto más había recuperado su identidad. En más de tres décadas de lucha, consiguieron identificar a 130 bebés que fueron apropiados, en la mayoría de los casos, tras la desaparición y asesinato de sus madres.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

13 de julio de 1976. La vida y la muerte en la casa

La imprenta es allanada y pasa a ser un centro de operaciones de los militares. La operación estuvo a cargo del Grupo de Artillería Aerotransportada 4 del Tercer Cuerpo del Ejército con el teniente coronel Carlos Alfredo Carpani Costa al frente del operativo.


El Vasco Orzaocoa señala que la casa vivió dos etapas. El paso de una a la otra estuvo marcado por la caída de la misma. La primera fue de vida, de militancia, de proyección de sueños revolucionarios. La otra fue de muerte, de tortura, de negación de la vida. Durante mucho tiempo, la casa de Fructuoso Rivera al 1035, donde había funcionado la imprenta clandestina del PRT-ERP , y las manzanas circundantes a la casa, en barrio Observatorio de la ciudad de Córdoba, estarían militarizadas.


Durante aproximadamente un año, varias personas pasaron por allí y fueron torturadas. Tiempo después, el poder militar generó falsa documentación en la que se afirmaba que Juana Ercilia Bianchi de Jaroszowok era propietaria del inmueble a partir del 1 de abril de 1976. La mujer había fallecido tres años antes.

Después de la apropiación del inmueble, la casa fue ocupada por Ofelia Cejas y un hijo (ella viuda de un ex empleado de Tribunales Federales), quienes vivieron hasta el proceso de restitución a lxs hijxs de Victoria y Héctor Eliseo.

19 de julio de 1976. El secuestro y la tortura

A Maruca Abdonour, hermana de Victoria, la secuestraron el 14 de julio, dos días después del allanamiento de la imprenta. Maruca estuvo 15 días detenida desaparecida hasta que fue liberada.

El 19 de julio de 1976, las preguntas fueron insistentes, repetitivas. ¿Dónde está tu hermana, dónde está tu hermana? Las respuestas de Maruca también. No sé, no sé. Hubo golpes y silencios. El día de su secuestro, le habían puesto una bolsa de arpillera pesada que la cubría entera. Con olor a muerte.

Al día siguiente del secuestro, la trasladan a Campo de la Ribera. Ella no supo dónde estaba hasta mucho tiempo después. La llevaron a uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio más grandes de Córdoba. Campo de la Ribera funcionó como base operativa del Comando Libertadores de América desde diciembre del 1975 a 1978. Por allí, pasaron alrededor de 4000 personas de las cuales 100 están aún desaparecidas.

Maruca hacía cuatro días que estaba allí. Sin comer, sin moverse de la habitación donde la habían encerrado. Se acuesta en una cama de elásticos hundidos, vestida. Siente frío, aunque está abrigada. La primera noche, acostaron a cuatro mujeres a su lado. Estaban heladas y yo calentita, se calentaban con mis pies, dice Maruca. Solo le quedaba esperar.

La cuarta noche de su secuestro, Maruca comenzó a sentir camiones que se detenían. Muchas mujeres fueron trasladadas a Campo de la Ribera, todas ellas vendadas. Algunos datos sabíamos, pero no los nombres, dice Maruca. Les habían prohibido hablar. El miedo se incrementó cuando Maruca salió del centro clandestino. Ser reconocida por los militares en la calle y no poder reconocer a sus captores le provocó encerrarse durante un tiempo.

Yo llevaba una cartera, llevaban anillos, el reloj, me lo habían sacado todo, me lo devolvieron todo, me hicieron firmar y nos soltaron. Nos trajeron hasta la puerta junto a mi cuñado. Salí y veía un camión con los militares, se me aflojaban las piernas, confiesa Maruca.

En febrero de 2014, Maruca declaró en la megacausa del juicio La Perla – Campo de la Ribera que comenzó el 4 de diciembre de 2012. Ella fue una de las 580 testimonios de víctimas sobrevivientes que, junto a 10 mil personas, esperó la sentencia en Tribunales Federales el último día del juicio. De lxs 43 imputados, 38 recibieron condena por su responsabilidad en el terrorismo de Estado entre 1975 y 1978.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

19 de julio de 1976. Armar un Frente / Informes de la represión

En los documentos desclasificados de la inteligencia estadounidense, se detallan los movimientos de persecución al PRT- ERP y su buró político. El 15 de junio de 1976, los servicios de EE.UU. comunican los golpes a las imprentas, incluyen la captura de los hermanos de Mario Roberto Santucho y también afirman que estuvieron cerca de atrapar al “legendario líder del ERP”, aunque este último punto se aleja de los testimonios de lxs compañerxs.

Para ese entonces, el PRT-ERP, OCPO y Montoneros venían trabajando en la conformación de un frente común. Se habían producido encuentros entre los dirigentes y se difundió, desde 1975, en la comunicación interna del partido, un “borrador programático”.

El 19 de julio de 1976, Mario Roberto Santucho (PRT ERP) y Mario Firmenich (Montoneros) habían pactado un encuentro en Villa Martelli, Buenos Aires. La salida del país del referente del PRT fue postergada para sellar en persona la Organización para la Liberación de Argentina (OLA) donde convergerían las principales organizaciones armadas del país.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Santucho habitaba junto a Liliana Delfino, Benito José Urteaga y Ana María Lanzilotto (compañera del Gringo Menna) en un departamento ubicado en la calle Venezuela 3149 en provincia de Buenos Aires. Ese mediodía, un grupo de tareas de la dictadura militar, al mando del capitán del Ejército Juan Carlos Leonetti, ingresó y abrió fuego. Allí fue herido de muerte Santucho, Urteaga y el propio Leonetti.

El operativo contó con unos pocos efectivos de las fuerzas militares, se habla de cuatro o cinco. Este indicio echa por tierra las versiones de prensa y de la inteligencia represiva sobre la certeza del escondite de Santucho. La conformación de la Organización para la Liberación de Argentina se vio truncada, el PRT- ERP acababa de sufrir la captura y muerte de sus principales referentes.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

22 de mayo de 1977. La desaparición y el despojo

Con el pastillero, una servilleta y un par de elementos más sobre la mesa donde la estamos entrevistando, Maruca traza la cartografía donde se produjo el asesinato de su cuñado y el secuestro de su hermana en Moreno, provincia de Buenos Aires.

Victoria Abdonour y Héctor Eliseo Martínez se habían refugiado en una casa en la calle La Tablada, luego de la huida de Córdoba. Allí, continuaban realizando tareas de militancia y prensa. Empezaron a escuchar tiros. Voy a quemar unos papeles, vos salí, le dijo Héctor a Victoria. Ella agitó un trapo blanco. Tenía a César en sus brazos y Walter y Laura a su lado. Boleta amarilla, gritaron y los militares dejaron de disparar.


Walter se despierta con los ruidos de las balas. Pensó que eran bombas. Algunos vecinos le contarían, décadas después, que el último grito de Héctor fue un regalo a la vida, a la revolución. Salió al patio y lo mataron. Walter recuerda cuando lo sacaron de la casa envuelto en una sábana, le vendaron los ojos a su mamá, la esposaron y la subieron a un camión militar. El 22 de mayo de 1977, Héctor fue asesinado de un balazo. Victoria fue secuestrada. Ambos aún se encuentran desaparecidos.


Los militares comenzaron a sacar todos los muebles. César, Laura y Walter fueron retenidos en una casa en construcción hasta que dejaron de cargar las cosas de su familia en las camionetas del ejército y repartir algunos objetos entre lxs vecinxs. Un militar preguntó si alguien quería a lxs niñxs.

María Rosa usaba el apellido de su marido, Villalba. Por eso, Walter no puede recordar cuál era el de soltera. Pero sí recuerda que lo tomó de la mano a él y a Laura. A César lo alzó en sus brazos. Esta mujer era peluquera y se había hecho amiga de Victoria.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Septiembre de 1977. El reencuentro

Acordate de la tía Maruca, Cassaffousth 743, le dijo Victoria a Walter mientras los milicos la apuntaban con un arma al cuello. Yo al número me lo olvidé, cuenta Walter.

Un cura llamado Jorge buscó la calle en Córdoba capital y se dedicó, durante unos meses, a intentar localizar a Maruca. En un mapa, localizó la calle Cassaffousth. Walter recordó también que su tía vivía cerca del río. Este fue un dato clave para dar con la dirección correcta.

Julia, hermana de Maruca, fue hasta el Mercado a avisarle que un cura la buscaba para decirle que a su cuñado Héctor lo habían matado y que a su hermana Victoria se la llevaron. Y que lxs chicxs estaban bajo el cuidado de una vecina en la localidad de Moreno, en Buenos Aires.

Maruca trabajaba con su hermano vendiendo empanadas en el Mercado Norte. Juana Tuma, su abuela, había comenzado, en el año 1955, a vender comidas árabes. Parte de la familia Abdonur siguió la actividad gastronómica en restaurantes y catering. El Vasco Orzaocoa ubicaría a la familia Abdonour por las empanadas tiempo después, cuando comenzaron el proceso de restitución de la casa a sus legítimos propietarios.

Maruca viajó con el cura Jorge a Buenos Aires. María Rosa estaba con Laura, los suegros de María Rosa vivían al lado y estaban con Walter, y a César se lo había llevado Clara que vivía en José C. Paz, a unos 10 kilómetros, recuerda Maruca.

De allí, fueron a la localidad de Mercedes a hablar con el juez. Ella le contó el caso y este le dijo que fuera a Córdoba y, de vez en cuando, a la policía federal: Yo no fui, tenía miedo. La cuestión es que, un día, llegaron los policías, averiguaron en la vecindad, vinieron aquí y recibí un telegrama para que viajara. Fuimos a Mercedes y me los dieron en guarda. El sábado, teníamos que ir a la policía de Moreno y ahí me los entregaban. La decisión mía era que estos tres niños se quedaran conmigo. El sábado ese que Maruca tiene tan presente en la memoria, Walter, César y Laura comenzaron a estar bajo su cuidado. Fueron a Retiro a sacar los pasajes de vuelta a Córdoba y, esa tarde, le compró una pelota de fútbol a César en la plaza Miserere. César, el más pequeño, jugó con los hermanos. En el viaje de vuelta, lxs tres niñxs se quedaron dormidxs.

7 de marzo de 2019 – Recuperación de la casa

El 8 de noviembre de 2005, comenzaron el reclamo judicial. La recuperación les llevó 14 años de batallas legales. Como abogados, Vasco Orzaocoa y Pedro Salvadeo fueron quienes desentramaron las complicidades entre la justicia y la dictadura: en el año 1979, el Juez Federal Miguel Puga (ver causa de los Magistrados) otorgó el inmueble a un empleado de Tribunales. Una vez que se iniciaron los reclamos de los familiares para recuperar la casa, surge la falsa escritura de venta que los abogados lograron desestimar a partir de la presentación del acta de defunción de la supuesta compradora de ese entonces.

La casa de la imprenta vuelve, ahora se convierte en un espacio para la memoria: Imprenta del pueblo Roberto Matthews. Ese es el nombre con el que funcionó, un homenaje de sus compañerxs a Roberto, quien fue detenido y desaparecido en el momento en que hacía la distribución de la prensa del partido. Lo eligieron para que siga brotando en ideas, tinta y papel.

Tras años de negación, se abrieron las puertas. No consiguieron apropiarse de las memorias. Los sueños y fuegos que guarda ese territorio vienen creciendo a fuerza de trabajo colectivo y la mirada puesta en construir un espacio de todxs.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

29 de junio de 2019

Che, leí la nota en La tinta sobre la imprenta del PRT-ERP. Ahí estuvo el hermano de mi viejo, al que secuestraron repartiendo la prensa. Es Roberto Matthews, si entraste, seguro viste el graffiti con su nombre, escribe el Mati Blanco, compañero fotógrafo de Buenos Aires.

Y es que la noticia alegra, conmueve. Queremos que las jóvenes generaciones conozcan la historia. En la imprenta, se gestaba el material de propaganda de las ideas socialistas, pero también un proyecto de país que, tras la dictadura, el capitalismo salvaje destruyó, dice el Vasco.

Me alegra, porque mi hermana y mi cuñado han dejado la vida por algo mejor que no está sucediendo, espero que, en el futuro, ayude a los más necesitados, a los desamparados. Un ejemplo de que ha sido una imprenta para educar a la población de lo que está pasando en este mundo, dice Maruca

Nosotros no crecimos con odio ni con rencor. Lo único que buscamos es justicia, porque ella, Maruca, es lo que nos enseñó, sonríe César.

fuente:

https://latinta.com.ar/2019/06/un-acto-de-libertad-la-imprenta-del-erp-prt-parte-1/

https://latinta.com.ar/2019/07/acto-libertad-imprenta-erp-prt-parte-2/

otros enlaces relacionados:

https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2014/11/26/argentina-biografias-y-relatos-insurgentes-la-historia-del-prt/

https://redlatinasinfronteras.wordpress.com/2019/07/24/argentina_cordoba-recuperacion-imprenta-prt-erp-para-crear-casa-de-la-memoria-historica/

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