Las marginales por antonomasia

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LAS MARGINALES POR ANTONOMASIA

por Nònimo Lustre. LQS. Marzo 2019

Introducción. “Decíamos ayer” que, durante el franquismo y más acá, en Ejpaña la mujer había sufrido prisión desde su parto -y los bebés desde su mismísimo nacimiento- a manos, garras y pezuñas de “monjas secuestradoras, curas à la astilla, médicos con el cazo puesto, pías familias franquistas y etcétera.”. Hoy, nos vamos de excursión a las otrora conocidas como Yndias Occidentales donde encontramos el mismo genocidio pero ampliado en el tiempo y en el espacio: desde 1492 y en todo el Nuevo Hemisferio. Por tanto, hoy podemos comenzar este poste con ilustraciones similares a las primeras de ayer.

Tres ejemplos:

El primero, una fotografía tomada en el campo de exterminio -sí, lager de exterminio- de Isla Dawson circa 1896. Relata un testigo: “Horror y pesar experimenté al ver el abandono, el desaseo repugnante, la hiriente desnudez y miseria en que yacen ciento y tantas mujeres adultas… los enfermos en Dawson no reciben atención alguna ni se los aísla siquiera… ¡En cerca de ocho años los señores misioneros no han podido aún establecer una enfermería a que, de paso sea dicho, están obligados por su contrato con el gobierno de Chile! El único régimen o sistema interno de la misión se reduce a cuidar… de los mocetones cuyas fuerzas pueden aprovechar fácilmente en la explotación de los negocios establecidos en la isla. Es así como han muerto abandonados centenares de esos desgraciados que han caído en las manos de la misión” (testimonio de Domingo Canales, en Menéndez, rey de la Patagonia)

Idílica escena absolutamente falsa

Pero, al igual que obró la sucia propaganda franquista, también el arte occidental más ortodoxo se ha empeñado no sólo en borrar las huellas del crimen sino, más allá, siempre ha querido construir una Historia Sagrada Oficial dominada e instruida por la más infame inversión sobre las víctimas, ahora retratadas como beneficiarias.

The Scream, Denver Art Museum. Canadá, al igual que Australia, tiene su infame stolen generation (generación robada)

Si en Ejpaña sufrimos la pandemia de los bebés robados, igualmente e incluso en mayor medida la han sufrido -y la sufren- todos los pueblos amerindios, desde el -según su propaganda-, pacífico y arcádico Extremo Norte hasta la Tierra de Fuegos: Canadá, ¿creías que te ibas a escapar? Pues no, porque tú también robaste niños y bebés indígenas sistemática y masivamente. ¿Cómo convenciste a sus padres? Pues con el infalible argumento que sostiene el Policía Montado RCMP que vemos a la derecha del siguiente cuadro de Kent Monkman, 2017.

[Lo siento, este pintor canadiense es indígena de ascendencia Nehiraw (antes, Cree)… pero es varón; aunque, bien pensado, podemos considerarle como algo femenino puesto que, a efectos artísticos, a veces utiliza un desconcertante alter ego medio trans medio sarcástico: Miss Chief Eagle Testickle]
Dentro de este serie sobre las mujeres artistas marginales (art brut, outsider art), hoy hablamos de indígenas porque ¿hay alguien más outsider que los pueblos indígenas? Como de costumbre, no incluimos objetos ni -salvo un caso- obras de mujeres no indígenas. Partiendo de esos postulados, nos centraremos en los amerindios y, más en concreto, en los indígenas ‘latinoamericanos’. Dejamos constancia de que hoy nos ha sido más difícil que en los postes anteriores encontrar las debidas ilustraciones. Y ello por varios motivos: porque no hemos querido buscar en inglés, porque no hay en la Amerindia artística-femenina un corpus tan voluminoso como lo hay “en inglés” y, finalmente, porque no hemos querido empezar por pueblos concretos -hubiera sido más expeditivo- sino por el panorama cibernético general.
Otrosí, además de las consabidas notas definitorias de los artistas crudos, los amerindios también viven prisioneros. Y es que, menos un puñado de indígenas aislados -léase, en aislamiento voluntario- que sobreviven en la Amazonía y, quizá, en algún remoto rincón del Chaco, todos los amerindios están encarcelados, a veces tan hacinados como los prisioneros de Gaza, a veces con alguna holgura menor.

En cuanto a las condiciones de sus cárceles, si ayer finalizábamos el poste con el caso de Kari Parsons 2015, hoy aportamos un caso similar pero fechado en 2016: el de la presa política Lorenza Cayuhan, mapuche, quien también dió a luz con grilletes. Tres años después, ninguno de sus carceleros ha pagado por aquella tortura.

 

Esta niña, Sayen, nació en 2016 mientras su madre estaba presa y engrillada

El nefasto poder del turismo entre los “huicholes

 

 

 

 

 

Al grano. Las restantes once ilustraciones siguen un orden geográfico descendente, de Norte a Sur. Comenzamos en México y con los antes llamados “huicholes”, sufrido pueblo famoso por sus cuadritos de hilos coloridos y por sus aficiones psicotrópicas al que ahora matan con los besos de los turistas con dinero y sin dinero.

El proyecto Vochol emprendido por los huicholes, es un buen ejemplo de cómo algunos amerindios han derivado de la artesanía al arte -en este caso, conceptual/artesanal. Según explica un crítico mexicano sobre “nuestros paisanos considerados artesanos… sus obras son siempre las mismas. La diferencia entre los artistas y los artesanos es que aquellos fueron a escuelas superiores, mientras que los artesanos aprendieron en sus hogares, su escuela fue o es su entorno; no saben de la historia del arte ni que hubo un tiempo en el mundo cuando el poder lo tuvo en sus manos un rey, y él mantenía al artista. Que existieron los mecenas, y gracias a ellos el arte y el artista tuvieron vida, y que todo lo que se producía era para goce casi exclusivo de estos patrocinadores… cuando vio [el indígena] que su trabajo en realidad era un arte y a partir de entonces a eso se dedicó y así surgió el artista indígena. Desde entonces, tanto él como el que es conocido como artista hacen arte. La diferencia es que uno trabaja para los ricos y el otro lo hace para aquellos que no tienen tanto dinero.” (Javier Castellanos)

Vo-chol”, neologismo de vocho (carrito) y huichol (etnónimo colonial, hoy Wixárika) Vochito cubierto por las wixárika con 2.277.000 chaquiras -mostacillas, piedritas de colores. Año 2010.

 

Seguimos en México, ahora con el caso de Ana Pellicer (AP), una artista que no tiene nada de marginal ni tampoco es indígena pero que merece ser incluida en esta serie por sus vínculos con el arte indígena y, en especial, por el aprecio que ha demostrado hacia esos pueblos -y no es la primera excepción-. AP ha trabajado entre los Purépecha (porhé, juchari anapu, tarascos e incluso, para algunos invasores “tarados”) De AP hemos incluido su escultura La Libertad de Ocumicho, una pieza elevada con hule, fierro, fibra de vidrio, cobre y latón en la que, dejando aparte las alusiones a las estrellitas guadalupanas del plinto, destacan las cabezas de los indígenas y su dedicación a un pueblo indígena. Además, en la espalda de la escultura, reza una cita de Mary W. Shelley (W. por Wollstonecraft, autora de Frankenstein, uno de los pocos mitos duraderos del Occidente moderno): “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”. Sentencia más actual, imposible.

Ana Pellicer, La Libertad de Ocumicho, 1990.
Paula Nicho Cumes, maya chixot (antes, ‘kakchiquel’)

Un poco más al Sur, en la Guatemala maya del altiplano, son famosas las escuelas pictóricas Tzutuhil y la chixot de San Juan Comapala. En esta última, destaca una artista indígena que, metafóricamente, da alas a sus cuadros.

El hecho de que no hayamos querido buscar en inglés, no empece que la siguiente ilustración sea la obra de una indígena caribeña más anglófona que castellanohablante.

Sigamos navegando hacia el Sur, allá donde los cronistas coloniales aseguraban en frase poco coloquial que “allá no hay pecado”. Quizá por esta alusión, no queremos olvidar una breve mención al arte corporal femenino. Con tintes naturales cuasi indelebles y con tatuajes y/o escarificaciones, lo encontramos en toda Amerindia. Un ejemplo de la Amazonía brasileña.

Karen Spencer, miskita. Regiones autónomas del Atlántico nicaragüense
Mujer blanca pintada por mujeres kayapó

 

 

 

 

 

 

 

Y otro ejemplo amazónico pero ahora de la Amazonía peruana, concretamente la habitada -ya que no poseída legalmente- por los Harakbut o Haramkbet, un subgrupo Piro, involuntarios protagonistas de un plagio perpetrado por C.J., un ¿ex? misionero ejpañol quien copió los trabajos sobre los Ñihamwo (antes, Yaguas) pacientemente investigados por el distinguido antropólogo francés J-P.Ch.. El presunto y no tan presunto delincuente académico CJ, con sus rudimentarias traducciones de J-PCh pergeñó una dizque su tesis doctoral gracias a la cual siguió dando clases en la universidad Complutense hasta su bien remunerada jubilación. Desde hace 30 años, este plagio es el secreto a voces del gremio antropológico hispano; incluso llegó a los tribunales, pero en nada afectó a la suerte económica del interfecto, bien amparado por la Iglesia católica.

Yesica Patiachi, pintora harakbut y profesora de secundaria.

Yéndonos hacia el Noroeste, arribamos a los Andes ecuatorianos donde
son famosas las telas de Tigua. Estos cuadros, generalmente de pequeñas dimensiones, sobre cuero y con más acrílicos que tintes naturales, son producidos en masa por anónimas mujeres quichua y también por sus maridos.

 

Tigua, ¿arte naïve? Como quieran pero sus artistas, aunque anónimas, no tienen nada de ingenuas.


Y llegamos al Sur Sur, exactamente al Wallmapu, antes Araucanía de donde hemos seleccionado dos cuadros de la artista mapuche Guillermina Antinao. No ha sido fácil escoger porque las obras femeninas mapuches abundan. Por ejemplo, igual que Antinao, otras pintoras mapuche como María Cecilia Nahuelquin, Faumelisa Manquepilan, Paz Ñancuvil y Marcela Huitraiqueo también han expuesto en galerías de arte y museos no específicamente etnográficos. Ya ven, en Chile, a las mapuches, por un lado las obligan a parir encadenadas y por el otro, las dejan pintar -alabemosson famosas las telas de Tigua. Estos cuadros, generalmente de pequeñas dimensiones, sobre cuero y con más acrílicos que tintes naturales, son producidos en masa por anónimas mujeres quichua y también por sus maridos.

 

Nònimo Lustre. LQS. Marzo 2019
Texto tomado del articulo màs extenso titulado: “Cuatro minúsculas aportaciones al 08.III.2019”
Ver nota completa: http://loquesomos.org/cuatro-minusculas-aportaciones-al-08-iii-2019/

Guillermina Antinao, mapuche ‘chilena’ ante la ciudad

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