Guerra de la Triple Infamia: A 150 años de la guerra que devastó Paraguay

___Paraguay heroico

A 150 años de la guerra que devastó Paraguay

Los historiadores la llamaron Guerra de la Triple Infamia. La Argentina de Mitre, el imperio brasileño y Uruguay contra la nación que construía sus propios ferrocarriles y sus fundiciones de hierro. Un genocidio que forjó las nacionalidades que las élites rioplatenses pretenden para el cono sur.

27 de Febrero de 2020

El 16 de enero de 1870, Francisco Solano López cruzó el Río Ygatimí y se instaló en el cuartel general de Aquidabán-nigüí, donde el 25 de febrero entregó la Medalla de Amambay a los bravos paraguayos que con “abnegación ejemplar y patriótica actitud cruzaron dos veces la sierra de Mbaracayú”. Una semana más tarde, el 1 de marzo, un cabo brasileño lo atravesó con una lanza en la batalla de Cerro Corá.

“¡Muero con mi Patria!”, fueron sus últimas palabras, y no se equivocaba. “¡O, diavo do López! (Oh, el diablo de Lopez”), dicen las crónicas que gritaba el soldado brasileño mientras, aterrorizado, pateaba el cuerpo sin vida del hombre contra el que durante cinco años habían luchado en una guerra que los generales dijeron que iba a ser un paseo de tres meses, a lo sumo. Se había iniciado formalmente en febrero de 1865 con la declaración de guerra a Buenos Aires y terminó el 9 de marzo de 1870 con la rendición de los últimos jefes militares paraguayos. 

El Imperio de Brasil, la Republica Argentina y el Uruguay contra un país metido en la hondura de Sudamérica, sin salidas el mar ni conexiones al resto del mundo salvo por el río, era la promesa de una campaña fácil, casi un desfile. No fue así y del fin de esa horrenda guerra, que los revisionistas llamaron de la Triple Infamia, se cumplen 150 años.

En el secreto de cómo hizo ese pueblo para resistir ante los países más grandes de entonces -que además contaban con la ayuda del Imperio Británico- está precisamente el origen del odio que generó en las elites liberales y el motivo para destruir, como lo hicieron, a una orgullosa nación. El Paraguay que desde José Gaspar de Francia hasta el mariscal López había ido creciendo en un aislamiento estratégico y en cuanto pudo, silencioso, se estaba convirtiendo en una potencia industrial pero por sobre todas las cosas, autónoma. Violentando pos preceptos básicos del manual liberal: que estas regiones debían ser proveedoras de materia prima y consumidores de productos elaborados.

El Paraguay de Carlos Antonio López había afianzado su proyecto de desarrollo económico alejado de los centros de poder internacional. Cerrado, con una presencia determinante del Estado, era en la segunda mitad del siglo XIX el único país verdaderamente organizado del Plata. Tenía una población bastante homogénea que compartía tradiciones estrechas de patrimonialismo y solidaridad comunal, un idioma, el guaraní, y una identidad muy definida, forjada entre la tradición de los pueblos originarios y la impronta de los jesuitas desde la ocupación europea. Eso era mucho más de lo que podrían mostrar entonces argentinos, orientales y brasileños.

El servicio militar era obligatorio y en los cuarteles se juntaban ricos y pobres, sin distinciones. Descalzos, debían servir a la Patria, porque los pies desnudos son todos iguales, había dicho Francia, el Karaí Guasú (Gran Jefe).

Esa herencia igualitaria que mantenía Paraguay era precisamente una de las virtudes a defender de extraños. Don López, que no era sonso, había intentado soluciones diplomáticas para el futuro que se le venía encima luego de la muerte de Francia. Pero al mismo tiempo no permitía que lo vinieran a espiar. Ni mapas veraces había de ese territorio paradisíaco en que los médicos no prosperaban porque la naturaleza daba una planta para cada dolencia.

De manera que se propuso pacificar la salida al mundo, y fue importante su participación en la reunificación de la Confederación Argentina, dividida políticamente desde la batalla de Caseros entre porteños y el interior. Justo José de Urquiza –que gobernaba desde Paraná— estaba enfrentado con Bartolomé Mitre, que desde Buenos Aires hacía rancho aparte controlando los recursos aduaneros. Menudo éxito el de su hijo, Francisco Solano López cuando logró anudar, en 1859, el Pacto de San José de Flores.

Sin embargo, ya presidente, el Mariscal padeció en persona las presiones de Brasil para aceptar los límites territoriales que pretendían los yerbateros de Tacurupyta. Y de Charles Hontnam, ese que había cruzado Vuelta de Obligado en 1845, y procuraba la firma de un Tratado de Paz de Asunción con Su Majestad Británica. Acuerdo pensado por y para los ávidos comerciantes británicos.

En Brasil la situación no era mucho más relajada. El emperador  Pedro II -de la casa de Braganza, que ocupaba el trono de Portugal con su hermana, la reina María II- sufría los embates de la burguesía brasileña al interior de su país y de la reina Victoria al exterior, ansiosa por extender sus dominios. 

A fines de 1864, las tropas imperiales brasileñas, al mando de general José Luis Mena Barreto, se apoderaron de la ciudad uruguaya de Melo, con intenciones de arbitrar en la política oriental, otra vez inmersa en enfrentamientos internos. La perdida de la Cisplatina luego de la guerra con el Río de la Plata en 1827, era una herida abierta para la familia imperial y la vuelta a Montevideo podría significar una reivindicación su recuperación. Pero además, los ganaderos “gaúchos” miraban con codicia las tierras orientales.

Solano López, que tomó posesión en 1862, a la muerte de Carlos Antonio, y quiso atacar el mal de raíz, cruzando a Rio Grande, luego de pedir permiso al gobierno argentino. Pensó, quizás ingenuamente, que Mitre, ahora presidente, recordaría aquel antiguo esfuerzo por la unidad argentina y no opondría resistencia al paso de tropas por Corrientes.

Pero no, el general porteño era más afín a otros intereses. Con poca gana de tener una tercera guerra entre Buenos Aires y Río de Janeiro. O aliado con los copetudos de Buenos Aires, que habían decidido que el “futuro de la Patria” estaba en acomodarse a la luz del sol, que era por esos días una alianza con Pedro de Braganza y Victoria de Hanover.

El dato concreto es que Paraguay se vio envuelto en su guerra final contra los dos países más poderosos de Sudamérica y ese inestable Estado tapón de laotra orilla del río de la Plata. Con muy pocas posibilidades de ayuda exterior.

Así y todo, cuando periodistas ingleses publicaron un escandaloso tratado secreto de la Triple Alianza para repartirse los despojos de Paraguay, surgieron reacciones a favor de la causa paraguaya.

Ejércitos enteros desertaron para no combatir contra un pueblo hermano. Queda para la histórica Proclama de los Pueblos Libres del riojano Felipe Varela

“¡Abajo los traidores a la Patria! ¡Atrás los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente! ¡Soldados federales! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas”-

Podés ver la Proclama de 1866 acá.

Y la de 1868 en este link.

Juan Bautista Alberdi, desde Europa, y los países del Pacífico rechazaron con fervor la masacre que se avecinaba. Pero todo fue en vano. En Brasil las familias más acomodadas evitaban mandar a sus hijos “contratando” sustitutos. Negros, pobres, que fueron a la muerte por ellos.

Que Solano López era un déspota, dijeron las mentes embanderadas con el “progreso”. Que veía conspiraciones por todos lados y por eso terminó haciendo matar a sus propios soldados, además de algunos de sus familiares. Con lanzas, para ahorrar municiones. Que había hecho combatir a niños de 12 años, se dijo.

Se dijo menos, en cambio, que hombres, mujeres y niños fueron a la batalla convencidos de una causa. Que no iban hacia la muerte por miedo a morir, argumento ridículo si los hay. Que la pensaron una lucha por la propia subsistencia de sus valores, de sus descendientes. Y tuvieron razón, porque hubo un genocidio. Que continuó aún luego de la muerte de Solano López. Se calcula que en la guerra murieron alrededor de 700.000 paraguayos, algo así como el 90% de la población.

Un artículo del diario británico The Guardian recuerda que si antes la propiedad de la tierra era de la comunidad, o estatal en nuestros términos, en la actualidad “el 85% de la tierra agrícola está en manos de solo el 2.5% de los propietarios, y los pequeños grupos de agricultores e indígenas se enfrentan a la falta de tierras”. Otra buena razón para a aquella guerra, porque el despojo a la nación se inició con la muerte de Solano López.

De la mano de esos reclamos de tierras para los que la quieren trabajar fue que en 2008 el ex obispo Fernando Lugo fue ungido presidente de Paraguay. Fue lo más progresista que gobernó esa nación en estos 150 años. Un golpe parlamentario lo expulsó del poder en 2012.

fuente:  https://www.tiempoar.com.ar/nota/a150-anos-de-la-guerra-que-devasto-paraguay

 

_____Guerra-de-la-Triple-Alianza-Infografía

La infame triple alianza

A 150 AÑOS DE LA FIRMA DEL INFAME TRATADO DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY

“Un pueblo sin memoria, esta resignado a cometer siempre los mismos errores.”

El 1° de mayo de 1865 el imperio de Brasil (Pedro II), la reciente República ensangrentada de Argentina (Mitre) y el nuevo gobierno dictatorial de Uruguay (Flores) firmaron en secreto el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían al Paraguay (Solano López).

El conflicto se desencadenó, cuando el mariscal Francisco Solano López, presidente paraguayo, decidió acudir en ayuda del gobierno de tendencia federal ejercido por el Partido Blanco del Uruguay, en guerra civil contra el Partido Colorado, apoyado éste militarmente por el Brasil. López advirtió a los gobiernos de Brasil y la Argentina que consideraría cualquier agresión al Uruguay “como atentatorio del equilibrio de los Estados del Plata”, pero tropas imperiales invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864.

La guerra fue promovida por intereses ingleses, que se beneficiaron con grandes empréstitos, como la venta de armas a las tres naciones y la posterior expansión comercial del “librecambio”. El objetivo era destruir el modelo autónomo de desarrollo paraguayo que “amenazaba” expandir sus ideas liberadoras al continente: “Bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. La mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos.”

Guerra infame contra el Paraguay:

La impopularidad de la Guerra, más la histórica hegemonía porteña, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis.

Felipe Varela (caudillo catamarqueño) lanzó una proclama llamando a la rebelión que es igualmente derrotada: “Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin Patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas”.

 

Videos:
-Guerra infame a Paraguay
https://youtu.be/zDvspFgVwvs

-Guerra Guasú (HD) – Capítulo 01
https://youtu.be/YmtkwVK3tTY

-Guerra Guasú (HD) – Capítulo 02
https://youtu.be/iTKVqIBixM8

-Guerra Guasú (HD) – Capítulo 03
https://youtu.be/J7bVFwjgqIk

–Guerra Guasú (HD) – Capítulo 04
https://youtu.be/TyHKz8pDvxQ

La oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro, apoyaban al Paraguay… Pero el diario La Nación de Mitre respondía: “Algunos miopes creen que el fanatismo de los paraguayos es el temor que tienen al déspota (Solano López) y explican su servilismo por el sistema rígido con que son tratados. Soy de diferente opinión: ¿cómo me explica usted que esos prisioneros de Yatay, bien tratados por los nuestros y abundando en todo, se nos huyan tan pronto se les presenta la ocasión para ir masivamente a engrosar las filas de su antiguo verdugo?”.

Para los paraguayos, la guerra era una causa nacional: Todo el pueblo participaba activamente. Los soldados de la Triple Alianza peleaban por dinero o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, donde contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9.000 de los aliados, entre ellos Dominguito, el hijo de Domingo Faustino Sarmiento.

La guerra duró casi cinco años (finaliza en el Gobierno de Sarmiento), le costó al país más de 500 millones de pesos, 50.000 muertos y benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos. Además, el regreso de las tropas trajo a Buenos Aires, en 1871, una terrible epidemia de fiebre amarilla contraída por los soldados en la guerra. La peste dejó un saldo de trece mil muertos e hizo emigrar a las familias oligárquicas hacia el Norte de la ciudad, abandonando sus amplias casonas de la zona Sur. Sus casas desocupadas fueron transformadas en conventillos.. Todo esto a pesar de un pronóstico demasiado optimista que Mitre había hecho sobre la guerra: “En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en la Asunción”.

Solano López es fusilado, Paraguay quedó literalmente arrasado, con perdidas territoriales, la mayoría de su población cae en combate y la población masculina reducida teniendo secuelas hasta el día de hoy, por acción bélica o por hambre, estrés y pestes como la del cólera. En lo económico el ferrocarril nacional y las nacientes industrias fueron destruidos o intervenidos por las compañías británicas y también pasa a endeudarse por primera vez con empréstito de los bancos británicos. “El propio Conde D’Eu supervisó la destrucción pieza por pieza de la fundición de Ibicuy, que fue posteriormente incendiada e inundada. La producción agrícola fue puesta bajo su control a través de empresarios brasileños y fuerzas militares brasileñas, financiadas por éstos y por los inversionistas ingleses. Esta guerra condicionó en forma permanente el desarrollo ulterior de Paraguay y lo signó, hasta la actualidad, bajo la égida de Gran Bretaña y Estados Unidos”.

El actual reaccionario Partido Colorado A.N.R., que ocupa hoy el poder en Paraguay luego de perpetrar un golpe institucional al presidente Lugo, traiciona a sus orígenes…

Compartimos a continuación la serie documental Guerra Guasú, realizada TV Pública.
Cuatro capítulos de una hora de duración, que busca interrumpir largos años de silencio en la producción cultural argentina a propósito de la guerra más importante que vivió América Latina y que liquidó al Paraguay del siglo XIX, la experiencia política y social más igualitaria y celosa de su soberanía que quedaba en pie en la región.

Recomendamos la lectura del libro «La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas» de José María Rosa. El mismo puede descargarse desde nuestra Biblioteca Digital

fuentes:

http://www.labaldrich.com.ar/1-de-mayo-infame-se-firma-el-tratado-de-la-triple-alianza/

https://argentinavorticegeopoliticomundial.blogspot.com/2015/05/la-infame-triple-alianza.html

 

Contra Paraguay (2013) 75min. Argentina.

Director: Federico Sosa

Sinopsis: En el siglo XIX aconteció un hecho poco conocido para la importancia que tuvo: la guerra más grande de Sudamérica, en la que hubo cuatro países involucrados ¿Cómo entender esta guerra de la que se sabe poco y nada? ¿Fue una guerra entre países? ¿Se aliaron la Argentina, Brasil y Uruguay en contra del Paraguay? ¿Por qué se la llama de tantas formas distintas? La guerra del Paraguay. La de la triple alianza. La guerra del 70. ¿Cómo nombrarla, cuando el hacerlo implica ya una toma de posición? Los resultados: medio millón de muertos y casi el exterminio de la población guaraní.

En venta en Capital Federal en Solo Cine
Horarios: 10 a 20 30 hs de Lunes a Sábado
Dirección: Rodríguez Peña 402 esq. Av. Corrientes
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