Kafka y la deconstrucción del imaginario colonialista

 

Kafka y la deconstrucción del imaginario colonialista
Un lúcida obra que emparenta al autor de El Proceso con el colonialismo y sus secuelas

Por Iñaki Urdanibia
Abr 27, 2020

« La escritura de ficción construye la posibilidad de esta zona en las que las operaciones imaginativas de descolonizan lo imaginario, en donde se cesa de ocupar su propio lugar y de coincidir consigo mismo. Ser extranjero a sí mismo es la vía que conduce a otra bien diferente »

Decir que la obra de Kafka da para mucho es pura tautología: desde las interpretaciones religiosas a las políticas, pasando por las existencialistas, apocalípticas, y hasta por algunos osados análisis que han hurgado en la supuesta psicología del escritor, muchas y variadas han sido las interpretaciones y comentarios a los que han dado lugar sus libros. No cabe duda de que entre ellos, uno cuya significación resulta más transparente es En la colonia penitenciaria de la que en su momento escribí en esta red ( Franz Kafka, avisador de incendios – Kaos en la red ) .

Acaba de publicarse en libro de Marie-José Mondzain, filósofa y directora emérita de investigación en el CNRS, que no tiene desperdicio: « K comme Kolonie. Kafka et la décolonisation de l´imaginaire» ( La fabrique, 2020). Tomando el relato, o novela corta, nombrado y recurriendo también a otras obras, muy en especial a su inacabada América para ocuparse de los aspectos relacionados con la culpabilidad, sin obviar a los perros discordantes, y buscando esbozos y confirmaciones en sus diarios, subraya la importancia de las artes ( literarias y cinematográficas) a la hora de desvelar el peso y las trazas que el colonialismo han dejado no solamente en las víctimas de los países colonizados sino también en los ciudadanos de los países imperialistas; señala así la autora en la inexactitud, tramposa, de hablar de tiempos postcoloniales ( coletilla que deja para su utilización en los ámbitos académicos) como si las fechorías cometidas ya hubiesen pasado, sin tener en cuenta que la herencia de las tropelías cometidas siguen actuando tanto en los terrenos económicos como ideológicos, lo que se traduce en ideas acerca de la inferioridad o superioridad en relación al color de la piel, la necesaria labor civilizadora con respecto a los salvajes.. . es decir, que la huella presente del racismo e ideas asociadas continúan planeando en la mentalidad de no pocos ciudadanos.

Considera Mondzain que la tarea de limpiar la visiones escoradas que continúan permaneciendo en las mentalidades es necesaria pensando que – como queda señalado- las artes pueden jugar un papel importante en tal tarea, y muy en especial la obra nombrada de Franz Kafka y también la del escritor James Baldwin. Y lo considera así ya que destaca que la máquina descrita por el escritor, subraya un aspecto esencial en el papel jugado por el colonialismo, en la medida que éste al igual que la máquina han dejado su marca no solo en los cuerpos sino también en las mentes de los sometidos y en las de los colonizadores; en estos aspectos de la marcas en los cuerpos, asoma el concepto de biopoder foucaultiano de la mano de Ann Laura Stoler, que destaca el paso de la sociedad disciplinaria a la pastoral, inspirada en el cristianismo que tampoco se quedó manco, dicho sea al pasar, en las excursiones colonialistas, eso sí siempre con la mano ocupada por la santa cruz, que acompañaba a la espada. Los usos y costumbres culturales, religiosas y otras fueron impuestas a sangre y fuego por la bota colonial con el fin de borrar los ancestrales hábitos, por descontado considerados atrasados y cercanos a lo animal, de los indígenas. Resultan clarificadoras hasta el deslumbre las referencias cinematográficas a las que se refiere y en las que se detiene la ensayista ( muy en especial las de Yervant Glanikian y Angela Ricci Lucchi, y también algunas cintas de Pier Paolo Pasolini) y algunas escenas en las que la repetición de la señal de la cruz, ordenada por unas pías monjitas, muestra a las claras la imposición hasta que las nuevas costumbres ( superiores, por supuesto) debía quedar incrustada en los aleccionados. Tampoco tiene desperdicio el retrato que se hace del colonialismo alemán y su brutal presencia en el Sudoeste africano ( la actual Namibia), política racial y bestial que puso las bases a la posterior políticas nacionalsocialista, no solamente en lo que hace a los modos de actuar sino incluso en la presencia de una serie de personajes ( digamos que biólogos e higienistas) que tuvieron decisiva presencia en las colonias y más tarde en el ideario nazi que no fue el que inventó ni el antisemitismo ni el racismo, sino que tuvo claros antecedentes y banco de pruebas en tierras africanas; ciertas críticas vertidas contra el nazismo parecen, en opinión contrastada de Mondzain, guiadas por la aplicación en blancos de los métodos utilizados contra los negros salvajes, pero usarlos en los negros-blancos…eso ya era pasarse ( Franz Fanon en los planteamientos sobre las pieles, sirve de apoyo a la ensayista) [ no me resisto a señalar el encomiable trabajo de Enzo Traverso, editado hace ya unos años, en 2002, por esta misma editorial en el presenta ciertos comportamientos brutales que sirvieron su posterior aplicación germana: La violence nazie, une généalogie européene ]. Tampoco queda exenta de la mirada de Mondzain la preocupación por la identidad y la pureza, quedando explícitamente expuesta en el caso israelí y más en concreto en la película de Avi Mrogahi, Entre les frontières, en la que se ve la discriminación y los obstáculos flagrantes de los falashas, judíos venidos de Etiopía.

No sería justo pasar por alto las precisiones de la autora con respecto al papel de observador implicado, al tiempo que ajeno, que ocupa el escritor cuya imaginación « crea un régimen de temporalidad que escapa a la ineluctable cronología de los encadenamientos – añadiendo líneas más abajo, la posición concreta del escritor praguense- Kafka da una salto peligroso, ya que se trata de un salto fuera de la vida pero sin el cual la vida es imposible de vivir; salto en una zona que escapa a la vida y a la muerte , zona de operaciones imaginativas». El escritor se situaba a un lado, en su obra y en su vida, en la vía de la risa, de la danza, de la música , excomulgado por propia voluntad de la comunidad judía con el fin de « entrar en la comunidad imaginaria de los danzantes libres que hacen llegar a la humanidad en sí misma».

La visión de Marie José Mondzain es la de una mujer que ha vivido la experiencia desde dos posiciones, geográficas, diferentes ya que nacida en Argelia, lugar en el que vivió diecisiete años, y posteriormente afincada en la metrópolis, con la presencia del racismo y los problemas de la inmigración, ha podido comprobar en propia carne las diferentes miradas y trazas, que le condujeron a estudiar la cuestión colonial acompañándola en paralelo la lectura de Kafka que en la obra citada presenta las diferentes ópticas ante la máquina colonial ( el viajero, el oficial que ejecuta, el condenado, el soldado y un guardián que se mueve entre dos tintas) que al final acaban pilladas todas por el aparato , y ver con claridad meridiana el quid de la cuestión: después de haber invadido países, esquilmarlos sin recato, negarles su ser y sus costumbres, se les niega su entrada a la fortaleza europea; « los colonizados deben permanecer para siempre “en su casa”, es decir en exilio, entregados a la barbarie de su dueño. Nada de evasión para “los que piden asilo”»…postura inclusiva – de ida y vuelta- que convierte a los ciudadanos de por acá en colonizadores y colonizados a un tiempo, « todos son las víctimas ejecutantes y ejecutadas por la máquina infernal».

fuente:
https://kaosenlared.net/kafka-y-la-deconstruccion-del-imaginario-colonialista/


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