España_Feministas: Todos son nuestros hijos

Todos son nuestros hijos

Lidia Falcòn (*)

El niño de ocho años que se presentò en el Parlamento de Extremadura vestido de niña y leyò una ponencia lacrimògena que con toda evidencia no habìa escrito el, ante una audiencia embelesada compuesta por todos los partidos acreditados en esa Càmara, ya tiene el DNI de niña con el nombre de Elsa. Los partidos no se pronuncian, el Defensor del Menor no dice una palabra, la sociedad permanece indiferente y nadie se ha horrorizado. Me siento triste.

Nunca creì que esta España algo democràtica que contribuì a crear, mostrara su «modernidad» permitiendo que sus menores sean manipulados, inducidos, engañados y para desastre final, medicados y hasta mutilados, para complacer los caprichos de una infancia que seguimos sin saber proteger.

Desde la màs remota antiguedad los niños han sido utilizados por los adultos en su beneficio y segùn las necesidades de las clases dominantes: asesinados para controlar la poblaciòn -el infanticidio se practica legal o impunemente hasta entrado el siglo XIX-; explotados en el trabajo ; abusados sexualmente por los pederastas, la antigua Grecia lo un derecho de los adultos -lean El Banquete de Platòn-; vendidos como esclavos entrenados para asesinar, convertidos en soldados en guerras interminables, lo que todavìa està sucediendo. Las niñas son utilizadas desde muy pequeña edad como objetos sexuales, tanto por los hombres de la familia como vendidas para la prostituciòn, el servicio domèstico, el trabajo agrario.

En la revoluciòn industrial, el Capital utilizò la fuerza de trabajo infantil, ademàs de la masculina y la femenina, hasta la extenuaciòn.
El Reino Unido, donde comienza el desarrollo de la industria moderna, aprueba en 1830 las primeras «Acts» de protecciòn de los menores. España, siempre màs atrasada, discute la primera Ley de Trabajo de Mujeres y Niños en 1900, para impedir que a los 10 años fuera legal contratarlos en minas, canteras, fábricas, explotaciones agrìcolas.

Ha hecho falta que transcurrieran varios milenios para que Naciones Unidas aprobara en 1959 una Declaraciòn de los Derechos del Niño que incluìa 10 principios  (1).

Pero no era suficiente para proteger los derechos de la infancia porque legalmente esta Declaraciòn no tenìa caràcter obligatorio. Por eso, en 1978, el Gobierno de Polonia presentò a las Naciones Unidas la versiòn provisional de una Convenciòn sobre los Derechos del Niño.

Tras 10 años de negociaciones con gobiernos de todo el mundo, lìderes religiosos, oeneges y otras instituciones, se logrò aprobar el texto final de la Convenciòn sobre los Derechos del Niño el 20 de noviembre de 1989, cuyo cumplimiento serìa obligatorio para todos los países que ratificasen.

La Conveciòn sobre los Derechos del Niño se convirtiò en ley en 1990, despuès de ser firmada y aceptada por 20 paìses, entre ellos España. Hoy, la Convenciòn ya ha sido aceptada por todos los paìses del mundo, excepto Estados Unidos.

El 20 de noviembre se celebra en todo el mundo el Dìa Universal del Niño (*), que cada años recuerda la aprobaciòn de la Convenciòn sobre los Derechos del Niño, el 20 de noviembre de 1989.

La Declaraciòn de los Derechos del Niño y de la Niña por Naciones Unidas en 1989 comienza: «Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotaciòn econòmica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educaciòn, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo fìsico, mental, espiritual, moral o social.»

España ratificò esta declaraciòn en 1990. Su exposiciòn de motivos explica: «Teniendo presente que la necesidad de proporcionar al niño una protecciòn especial ha sido enunciada en la Declaraciòn de los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General el 20 de noviembre de 1959, y reconocida en la Declaraciòn Universal de Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polìticos (en particular, en el artìculo 10) y en los estatutos e instrumentos pertinentes de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del niño.

«Teniendo presente que, como se indica en la Declaraciòn de los Derechos del Niño, «el niño, por su falta de madurez fìsica y mental, necesita protecciòn y cuidado especiales, incluso la debida protecciòn legal, tanto antes como despuès del nacimiento»…»

¿Què està pasando en nuestro paìs? No solamente no cumplimos los mandatos internacionales ratificados formalmente por las Cortes y firmados por el Rey no solamente no aplicamos las leyes vigentes que establecen que la protecciòn del menor corresponde primero al padre y a la madre y que cuando èstos incumplen su obligaciòn el Estado dispondrà los medios para su tutela, sino que ya no tenemos lìmites morales a los abusos que los adultos vuelven a cometer contra sus hijos.

Arthur Miller, el dramaturgo norteamericano (1915.-2005), escribiò la obra Todos eran mis hijos en 1947. Uno de sus primeros alegatos a la sociedad norteamericana contra la utilizaciòn de los jòvenes en las guerras imperialistas en que el Gobierno los implicaba. El protagonista descubre, tras su tragedia personal, que no sòlo debia proteger a su hijo sino a toda la juventud estadounidense que morìa continuamente que morìa continuamente por el delirio de los que gobernaban, y que «todos eran sus hijos».

La ciudadanìa española debe descubrir todavìa que todos los niños y niñas «son sus hijos», y no puede permitir que las desviaciones mentales de unos cuantos gobernantes los conviertan en objeto de experimentos.

Las sociedades civilizadas, es decir, aquellas que han aceptado la Declaraciòn de los Derechos Humanos de 1948, la eliminaciòn de todas las Discriminaciones contra la Mujer de 1979 y la de los Derechos de los Niños y Niñas de 1989, no pueden permitir que un grupo minùsculo de iluminados imponga legalmente lo que se ha dado en llamar «autodeterminaciòn de gènero», un constructo linguìstico que no tiene ninguna correspondencia en la realidad y que, segùn ellos, permite que cualquier persona se declare de otro sexo porque asì se siente, y que no sòlo lo hagan los adultos -que si no tuviera consecuencias legales allà cada cual con sus fantasìas- sino, lo màs lamentable, que se acepte que menores de seis años puedan declararse de otro sexo y sin màs tràmite -ni terapias psicològicas ni informes psiquiàtricos ni aùn el permiso de los padres- esa criatura pretenda vivir con la apariencia del sexo contrario, y en consecuencia se les cambie la identidad en el Regisstro Civil, en el DNI, en el trato social, en las relaciones con las demàs personas, en la participaciòn en el deporte y su pertenencia al Movimiento Feminista.

Pero esa fantasìa no ùnicamente es literatura, a la que todo le està permitido, sino que se implanta en el cuerpo del niño a travès de medicaciòn que va influir perniciosamente en su construcciòn fìsica, en su maduraciòn sexual y naturalmente en su salud mental. Los bloqueadores de hormonas impiden el crecimiento, debilitan el calcio de los huesos provocando osteoporosis, impiden la construcciòn de los caracteres sexuales secundarios, alopecia en el caso del cambio de hembra a varòn, incluso se discute si pueden producir càncer. A estas terapias previas pueden seguirse las operaciones quirùrgicas de reasignaciòn de sexo de cumplir la mayorìa de edad.

Cuando en todas las sociedades avanzadas hemos llegado al consenso de determinar la mayorìa de edad a los 18 años, considerando que antes no se tiene suficiente madurez mental ni emocional para tomar decisiones importantes como es adquirir propiedades, viajar sin permiso parental y votar, una opciòn de importancia vital e irreversible como es cambiar de sexo se les consiente a partir de 9 y hasta 6 años.

Si esa norma se aprueba, y se permite que las fantasìas infantiles se conviertan en «normalidad» legal, se se producirà ademàs un contagio entre los crìos que jugaràn a esa transformaciòn como las generaciones anteriores se disfrazaban de piratas o policìas. Este fenòmeno sucede en el Reino Unido, que consiente semenjantes atrocidades desde años, y que ha alarmado por fin al Gobierno cuando han comprobado que las demandas de cambio de sexo en los niños han crecido un 1.000 por cien.

Si la sociedad española, amaestrada y egoista no toma parte activa oponièndose a semejante despropòsito, las pròximas generaciones se encontraràn de pronto con muchos seres frustrados, desesperados y arrepentidos de una decisiòn transcendental para su estabilidad social y emocional que tomaron cuando no tenìan cordura suficiente para ello y que nos echaràn en cara no haberles protegido de sì mismos cuando lo necesitaban.

Porque todos son nuestros hijos.

nota: (1)  https://www.unicef.es/causas/derechos-ninos/dia-internacional-nino

 

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enlaces relacionados:

Una izquierda sin clases sociales, un feminismo sin mujeres
https://www.cronicapopular.es/2020/07/una-izquierda-sin-clases-sociales-un-feminismo-sin-mujeres/

La prostitución
Conferencia de Lidia Falcón
https://youtu.be/DdHTjKJplfA


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