Ecuador: Alternativas desde la Amazonía hacia una sociedad equitativa y resiliente

Alternativas desde la Amazonía Ecuatoriana hacia una sociedad equitativa y resiliente

Carlos Larrea

Tradicionalmente se ha considerado al crecimiento económico como el requisito más importante para el desarrollo, sin embargo, los efectos desalentadores del crecimiento alcanzado en las últimas décadas en términos de equidad, sustentabilidad ambiental y mejora en la calidad de vida han conducido a un sustancial replanteamiento del tema, e incluso a corrientes que planean la necesidad de una sociedad global estacionaria o un de-crecimiento en el futuro próximo.

Durante los últimos 60 años casi todos los países en desarrollo han alcanzado mejoras significativas en sus condiciones de vida, así como también resultados importantes en crecimiento y diversificación económica (UNDP, 2013a). Pese a ello, existen tres dimensiones en las que el crecimiento ha sido claramente insatisfactorio a escala global.

En primer lugar, el crecimiento económico ha sido acompañado por una tendencia de larga duración al aumento de la desigualdad social, que ha conducido al mantenimiento del 50% de la población en países en desarrollo bajo la línea de pobreza (196), mientras que los beneficios del crecimiento se han concentrado crecientemente en una fracción muy reducida de la población mundial.

En segundo lugar, el crecimiento alcanzado ha superado la biocapacidad del planeta para sustentarlo, y la economía mundial no puede continuar expandiéndose sin afectar, en un futuro cercano y en forma severa o catastrófica, a los ecosistemas que sustentan la vida sobre el planeta.

Aunque la economía mundial continúa creciendo a ritmos cercanos al 3% anual, este crecimiento carece de sustentabilidad, ya que la huella ecológica del planeta superó desde 1978 la capacidad natural de soporte de los ecosistemas frente a la actividad humana, y en varios temas críticos, como cambio climático, pérdida de biodiversidad y eutrofización, los índices actuales superan la capacidad de recuperación del planeta (Rockström et al, 2009). En consecuencia, de no tomarse correctivos sustanciales y urgentes a escala mundial, en especial en relación con el cambio climático y la biodiversidad, la actual civilización se aproxima a una crisis ambiental de gran magnitud que pone en peligro el progreso alcanzado desde la revolución industrial.

Finalmente, la asociación entre la realización humana y la mayor posesión de bienes y servicios más allá de la satisfacción de necesidades fundamentales se ha mostrado débil.(197)

El crecimiento continuo de la economía mundial, más allá de los límites de resiliencia del planeta, es el resultado del proceso de acumulación capitalista, impulsado por la búsqueda apenas regulada de ganancia individual o corporativa. Hasta el momento,  la capacidad de regulación pública o internacional al capital productivo o financiero se ha mostrado insuficiente, e incapaz de detener las tendencias a una crisis ambiental y social de proporciones planetarias.

Esta es la razón de fondo por la que se hace indispensable la construcción, desde la sociedad civil, de opciones locales, nacionales y globales que permitan ir tejiendo una sociedad estructuralmente distinta a la actual, en la cual los ciudadanos del mundo tengan capacidad para definir y controlar la economía global, encauzándola hacia la satisfacción equitativa y sustentable de las necesidades humanas.

Una sociedad participativa, equitativa y sustentable futura debe basarse en el control social de la economía, superando la estructura actual impulsada en la maximización débilmente regulada de la utilidad privada sobre el capital. En este sentido, la sociedad futura puede denominarse como post-capitalista; pese a ello, es muy poco lo que se puede vislumbrar en la actualidad, tanto sobre sus características más concretas como sobre las formas de transición haca ella.

Desde la Amazonía ecuatoriana se han originado algunas propuestas con alto potencial para avanzar hacia una sociedad alternativa, equitativa, participativa y resiliente. La Constitución ecuatoriana de 2008 ha sido la primera en reconocer derechos a la naturaleza, específicamente el derecho de los ecosistemas a vivir y prosperar. Todo ciudadano puede evitar jurídicamente la destrucción de la naturaleza presentando una demanda al amparo de los Arts. 71 y 72.

Aunque la aplicación de los derechos de la naturaleza en el Ecuador ha sido muy limitada, su reconocimiento ha creado un precedente internacional, impulsando un cambio de paradigma en la relación entre el ser humano con la naturaleza, cuestionando la visión tradicional antropocéntrica, que concibe a la naturaleza únicamente como un recurso a aprovecharse, a una visión alternativa y holística, que define a nuestra especie como parte integrante de la naturaleza, y a nuestra existencia como condicionada a una relación de armonía y equilibrio con los ecosistemas que la originaron. También ha aparecido con fuerza en Europa la campaña para el reconocimiento del ecocidio como un crimen contra la humanidad.

La segunda noción que aporta a la construcción de una sociedad alternativa es la visión del buen vivir o sumak kawsay en lengua kichwa, basada en la cosmovisión de los pueblos indígenas del Ecuador y Bolívia, que un significado aporte de la Amazonía ecuatoriana, en particular del pueblo de Sarayaku.

Esta visión ha recibido aportes de intelectuales mestizos y ha sido sistematizada de varias maneras desde los años 1900 y principalmente desde inicios del presente siglo.

La Constitución ecuatoriana de 2008 la define como una meta alternativa para el desarrollo. Aunque este concepto, originado en una cosmovisión indígena y en su interpretación, ha sido entendido de diversas formas y lleva consigo cierta ambigüedad, algunos de sus elementos centrales pueden conllevar un aporte significativo hacia la elaboración de una forma de vida alternativa, con algunos elementos básicos que se pueden enfatizar.

Una sistematización reciente de la cosmovisión indígena Amazónica enfatiza su percepción del buen vivir principalmente como resistencia, en defensa de los territorios,  la lengua, la cultura, y los derechos de educación, salud y justicia propia de los pueblos indígenas (Seco, 2015) (198).

La noción del buen vivir conlleva también elementos propositivos, y puede entenderse como un proceso hacia la mejora participativa de la calidad de la vida, a partir no solamente de un mayor acceso a bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades humanas, sino también mediante la consolidación de la cohesión social, los  valores comunitarios, y la participación activa de individuos y colectividades en las decisiones relevantes para la construcción de su propio destino y la felicidad, sobre la base de la equidad con respeto a la diversidad. Este proceso se inscribe en una relación armónica con la naturaleza, que concibe a la sociedad humana como un elemento constitutivo de una totalidad dinámica en evolución, cuya realización plena no puede exceder los límites de los ecosistemas que la han originado.

En consecuencia, los elementos constitutivos del buen vivir se pueden sintetizar como:

1) Satisfacción equitativa y universal de las necesidades humanas. Éstas integran las necesidades básicas de acceso a la educación, nutrición, salud, empleo y trabajo, vivienda y hábitat, incorporando además una forma participativa y comunitaria de satisfacerlas, en concordancia con los derechos humanos y en ausencia de discriminación por etnicidad, cultura, género, grupos de edad, región de origen o residencia, nacionalidad, creencias políticas, valores religiosos y culturales, estado de salud y capacidad física de las personas.

2) Una mejora sostenible de la calidad de vida, que no se reduce a la mera posesión de bienes materiales y el acceso a servicios, sino que fundamentalmente implica una mayor solidaridad y cohesión social, la construcción colectiva de la felicidad y la consolidación de lazos comunitarios con un acceso universal y equitativo a los recursos necesarios para la realización humana.

3) El respeto a la diversidad cultural y a la pluralidad de cosmovisiones, de acuerdo con las tradiciones ancestrales de los pueblos y sus valores contemporáneos.

4) La eliminación de la inequidad social. Debe diferenciarse entre las nociones de desigualdad, que se refiere a toda diferencia individual o colectiva en el acceso a bienes y servicios, patrimonio y capacidades individuales, e inequidad, que se relaciona con diferencias sociales evitables y éticamente inaceptables.

5) Una relación sustentable entre la economía y la naturaleza, que implica que la capacidad productiva de bienes y servicios, la extracción de energía y materias primas, y la emisión de residuos se mantengan dentro de los límites de suporte de los ecosistemas naturales. La noción de sustentabilidad integra los derechos de la naturaleza, reconocidos en la constitución de 2008, y también el derecho de las generaciones futuras a una vida digna.

El tercer aporte de la Amazonía ecuatoriana hacia una sociedad futura es la Iniciativa Yasuní-ITT, presentada por el Ecuador en 2007, con apoyo de Naciones Unidas y cancelada en 2013. Esta propuesta constituye todavía la única herramienta para mantener inexplotadas las reservas de combustibles fósiles en lugares de alta sensibilidad ambiental o cultural en países en desarrollo, mediante un fondo internacional a invertirse en energías renovables, reducción de la deforestación y desarrollo social sustentable.

La evidencia científica establece que, para mantener el calentamiento global en el límite aceptable de 2 °C para fines de siglo, la humanidad debe mantener inexplotada la mayor parte (dos tercios) de las reservas probadas de petróleo, gas natural y carbón mineral.199 En América Latina, el 39% de las reservas de petróleo deben mantenerse bajo tierra.

Si el mundo debe renunciar a la extracción de una parte importante de las reservas conocidas de petróleo, los depósitos a privilegiarse para la conservación son aquellos cuya explotación implica los mayores costos ambientales y sociales, en términos de biodiversidad, comunidades indígenas y patrimonio internacional. Debe priorizarse también la conservación de los lugares cuyos beneficios globales sean los óptimos en términos de mitigación y adaptación al cambio climático, y preservación de la biodiversidad. En estos grupos ocupan un lugar privilegiado las reservas bajo áreas de gran valor biológico y cultural en países en desarrollo.

El mecanismo creado para Yasuní-ITT puede convertirse en un instrumento permanente bajo el Convenio Marco de Cambio Climático, mediante la creación de un fondo internacional al cual los países megadiversos en desarrollo con reservas de combustibles fósiles en áreas biológica y culturalmente sensibles puedan aplicar. Este fondo puede ser enriquecido con un patrimonio suficiente para iniciar los procesos de preparación de proyecto y levantamiento de recursos adicionales, con un cuerpo central encargado de la coordinación de proyectos, monitoreo, control y evaluación. (200)

Al tomar los derechos de la naturaleza, el buen vivir y la Iniciativa Yasuní-ITT en forma integrada, se puede apreciar la verdadera dimensión de la ruptura epistemológica que representan frente a los paradigmas dominantes de la modernidad y la economía convencional de inspiración neoclásica.

El reconocimiento de los derechos de la naturaleza conlleva un cambio paradigmático ético, al pasar de una visión antropocéntrica, que concibe a la naturaleza meramente como un objeto que puede ser explotado, apropiado o destruido en beneficio de los seres humanos, hacia una visión biocentrica que define a los seres naturales como sujetos con el derecho a existir y evolucionar. La realización humana, según esta última concepción, solamente es posible en armonía con la naturaleza y manteniendo los limites de la resiliencia de sus ecosistemas. En consecuencia tanto el desarrollo de la ciencia y la tecnología como los beneficios de las políticas nacionales e internacionales encaminados a mejorar la calidad de la vida deben hacerlo incluyendo a los seres humanos y a su entorno natural. Esta visión concuerda con el enfoque de la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco, que confiere a todos los seres que conforman la naturaleza una dignidad intrínseca, al ser parte de la creación.(http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html)

Las prescripciones normativas de la economía y las ciencias sociales, que se proponen aplicar los conocimientos de estas ciencias en beneficio del bienestar común, deben incluir no solamente a los seres humanos sino también a su entorno natural.

Integrado en esta visión, el buen vivir integra las nociones de equidad, participación, respeto a la diversidad cultural y calidad de la vida, más allá de la posesión de bienes materiales, como elementos fundamentales de la realización humana, siempre en armonía con la naturaleza.

Finalmente, la Iniciativa Yasuní-ITT integra una forma de valorar la naturaleza, la biodiversidad y las culturas humanas, más allá de su valor de mercado, superando los estrechos límites de la economía convencional que ignoran los beneficios de los ecosistemas. La Iniciativa abrfe nuevos caminso a las acciones del Estado y los organismos internacionales al definir el valor de la conservación y la necesidad de prevenir amenazas ecológicas globales como la del cambio climático con nuevos instrumentos y nuevos criterios éticos, integrando los derechos de la naturaleza y el buen vivir.

Notas:

196 Según el Banco Mundial, en 2010 el 49.9% de la población en países en desarrollo se encontraba bajo una línea de pobreza de 2.5 dólares PPA por día (cifras calculadas con el programa PovcalNet).

http://iresearch.worldbank.org/PovcalNet/index.htm. Visitado en Septiembre 2014.

197 Larrea, Carlos. – “Límites de crecimiento y línea de codicia: un camino hacia la equidad y sustentabilidad”. En: Gustavo Endara (coordinador). Postcrecimiento y buen vivir. Quito: FES-ILDIS, 2014.

198 Seco, Carmen. “Sumak Kasay: una forma de caminar la vida”. Documento no publicado, 2015.

199 Meinshausen, Malte, Meinshausen, Nicolai, Hare, William, Raper, Katja, Knutti, Reto, Frame, David and Allen, Myles (2009). “Greenhouse-gas emission targets for limiting global warming to 2 ° C”. Nature Vol 458/30 Aril 2009 doi:10.1038/nature 08017. McGlade, Christophe and Ekins, Paul. “The geographical distribution of fossil fuels unused when limiting global warming to 2 °C”. Nature 517, 187–190 (08 January 2015), doi:10.1038/nature14016.

200 Murmis, María Rosa y Larrea, Carlos. “We can start leaving the oil in the ground right now – here’s how”, The Guardian, febrero 9, 2015. http://gu.com/p/45epj

fuente:

http://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/6086/1/PI-2018-03-Larrea-Storini-Lopez-Buen%20vivir.pdf


About this entry