Venezuela: El agua nos une en El Naranjal, haciendo comunidad

_______Venezuela_El Naranjal 2021

Venezuela
El Agua Nos Une en El Naranjal
La voluntad de restablecer el diálogo comunario

Por Robzayda Marcos, Paulo Fredy Mendoza y Juan Carlos La Rosa*

Conociendo nuevos cauces de la voluntad comunaria:

En este relato nos retratamos tres identidades de la lucha campesindia que venimos de tres experiencias y tres prácticas muy diferentes: Una docente articulada con agroecólogos, conuqueros, yerbateros y citadinos sembradores de formación socialista y también freiriana, un indígena que forma parte del tejido de lucha contra las corporaciones transnacionales y contra la entreguismo de Estado en la sierra de Perijá y un campesino nacido y criado en El Naranjal que desde los ocho años (años 60) enfrentó a los amos de la tierra y su criminal despojo continuado hasta el día de hoy.

Estas breves lineas narran cómo estamos rehaciéndonos en la medida que nos comprometemos en un diálogo con
todxs y todo lo vivo que habita un territorio. Tejiendo casi todos los motivos para juntarnos más en un lugar y en
un tiempo que tiene la escala del aquí y el ahora; queremos contarles el contexto de la comunidad el Naranjal, el
restablecimiento de un diálogo comunario que se ha hecho en medio de los conflictos sociales y territoriales. Desde
el inicio de nuestro encuentro llevamos registro de lo que hacemos en nuestros cuadernos y reflexionamos en la experiencia y lo que en ella se dijo o se aprendió. De esa reflexión han surgido los proyectos colectivos e individuales y van surgiendo grupos de trabajo o experiencias dedicadas a distintas urgencias de la vida concreta. A continuación expondremos el contexto de tensiones que suceden en un caserío agrícola en la Venezuela del siglo XXI.

El Naranjal rodeado de amenazas
Refugio de la madre agua y privatización ilegal de sus nacientes:

En Venezuela se usa mucho una expresión despectiva contra la ruralidad: “Ca-racas es caracas y lo demás es monte y culebra”. Visto desde caracas, El Naranjal sería solo un territorio infectado de miseria y desolación, pese a que hace parte de la periferia del eje axial caraqueño y del estado rentista venezolano, toda esta cuenca hidrográfica que nace en la cima y recorre los valles del Tuy (centro del país) es la reserva de agua mineral más cercana a la capital, no obstante su cercanía no la hace parte del derecho a los servicios básicos, apenas le lloviznó progreso cuando el Estado negoció tierras para construir una autopista que impactó toda la economía en los años 70.

Al ser tierra olvidada por Instituciones y amos sus viejas propiedades o haciendas de grandes finqueros, actualmente improductivas y deudoras al fisco, pretenden aprovechar la existencia de manantiales en las mismas para venderlas a empresas que usan y comercializan el agua. Esto es ilegal en las leyes viejas y nuevas de manejo del agua en
Venezuela, donde el agua es de uso público. Sin embargo hay precedentes irregulares de este tipo de enajenación del derecho al agua en la región.

Comunidad Dormitorio:

Esta reserva de agua pasó de ser una montaña con decenas de haciendas propiedad de
unas pocas familias terratenientes (años 20) para convertirse en “población dormitorio” ya que las nuevas generaciones nacidas y criadas en nuestro caserío fueron educadas en escuelas públicas que evocaban el progreso y la modernidad como conocimiento superior, reconfortante y contrario a las actividades agrícolas.

La escuela de su propio caserío les enseñó que mas allá de la comunidad está el futuro, que no hay futuro aquí, que cultivar la tierra avergüenza. Ese influjo cultural ha despertado en los jóvenes la brújula que apunta al mercado laboral informal de la capital caraqueña, dando como resultado una desventajosa convivencia -a veces tensa- entre la oferta de trabajo urbano casi siempre a destajo y la siembra del conuco como arte para la sobrevivencia. Es decir la identidad se expresa con un conuco que pesa en la espalda de la memoria local y una motocicleta, una gorra, un vallenato -y cuando más- una pistola que denota poderío económico y físico.

Ejército de dependientes:

En ese escenario extinto de una economía campesina que muta hacia la cultura de barrio violento, el Estado (en
la actualidad) se vincula con la gente a través de mecanismos de control por hábitat que garantizan la cultura del
poder rentista venezolano y su modelo político que reduce a las y los Naranjaleños a simples listas de beneficiarios
atendidos precariamente, un ejército de dependientes. Esto tiene su expresión en las pugnas internas de la comunidad para distribuir las fracciones de esos beneficios que llegan de forma precaria e irregular a las comunidades (bolsas de productos industriales denominados CLAP**, bombonas de gas, bonificaciones financieras esporádicas y pírricas).

El despojo de tierras al conuquero:

En un abanico de argucias leguleyas, abandono o migración de los dueños legales es dificil precisar la verdad y lo
justo respecto al derecho y uso de la tierra, esta situación evadida por los entes responsables, sirve de escenario para
una ola de violencia que ha afectado a toda la cuenca de los Valles del Tuy y también a estados de la región de Los
Llanos.

La frecuente incursión de cuerpos policiales, bandas delictivas y sicarios paramilitares que allanan, fingen en-
frentamientos para asesinar o encarcelar a hombres que intentan sembrar comida y garantizar una bienechuría en
las proximidades de su sembradío. Los negocios ilegales han florecido en la crisis y han fortalecido el crimen organizado que aspira control territorial en la Cuenca del Tuy, sobran las evidencias de que el Estado hibrida su control del hábitat con estos grupos irregulares.

Esta condición de despojo ha definido la historia del naranjaleño nacido y criado aquí y también es la perenne
batalla de aquellos que han venido a refugiarse y provienen de otros estados del país e incluso provienen de
barrios violentos de la capital. Los derechos humanos, la constiuyente, la ley de tierras con la carta agraria ofrecida por el gobierno de Chavez, fue sólo un mínimo lapso procelitista que pervirtió aún más la relación con la madre tierra y agudizó los mecanismos de represión, aumentando las cifras de ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias. Nos ha costado mucho entender la reacción de los naranjaleños frente a estos desmanes ya que el miedo los hace callar y la parcial y débil argumentación respecto a la mano dura del papá Estado nos hace humo la impaciencia por alcanzar la dignidad y la justicia… No queda otra, más que seguir fortaleciendo el diálogo.

El gasoducto:

La comunidad ahora está atravesada por un gasoducto en plena construcción del que ha estado desinformada por las autoridades gubernamentales, se le ha dicho que ese gasoducto es para fortalecer el sistema termoeléctrico central del país, pero este proyecto no existe.
Si existe el gasoducto acordado en el maco de la IIRSA- Cosiplan para llevar gas desde el oriente del país, hasta la
Guajira y Panamá para alimentar el desarrollo de maquilas en el marco de los planes industriales del Plan Puebla Panamá (PPP) que es la IIRSA para Mesoamérica. Este gasoducto ya tiene un 40% de ejecución en el occidente del país y fue realizado plenamente en la Guajira colombiana; las violaciones a la consulta previa de esta obra se multiplicaron en su trayecto y El Naranjal no es una excepción, una más entre miles de comunidades afectadas en este trayecto, derrumbe de casas por movimiento de tierras, extinción de manantiales, deforestación ilegal, irrespeto a la normativa de que nuestras montañas son áreas forestales protegidas.

Además, la manera de licitar los contratos y de ejecutarla está viciada de varias maneras y las comunidades son afectadas por varias de las consecuencias de estos procedimientos, entre ellas por la llegada de “sindicatos” de la construcción que no son tales sino sindicatos criminales que cobran vacuna a las empresas para permitir la obra y además se instalan con violencia en la comunidad para ejercer control territorial, esto ha sido impedido por el activismo hasta ahora y además la profunda crisis económica nacional ha detenido la ejecución de la obra, pero de muchas maneras sigue siendo una amenaza latente dada la experiencia de otras comunidades de la cuenca de la que hacemos parte.

Minería no metálica:

Desde el 2018 el gobierno del estado Miranda anunció la creación del instituto de minas de la región para generar nuevos ingresos fiscales, como consecuencia han surgido empresas de canteras que suplen la industria de la
construcción, no se han hecho estudios de impacto ambiental en ninguna de las concesiones. Estamos atentos a esta
oleada extractivista que ha afectado a otras comunidades, ríos y cuencas de la región y a su acompañamiento represivo y de violencia.

Proyectos urbanísticos privados y estatales:

La ciudad de Caracas, aún en la más terrible crisis económica de nuestra historia es una devoradora de energía como toda gran urbe y atrae para sí energía humana para sus necesidades laborales y de servicios, una de las
maneras de solucionar el habitat para esta mano de obra es urbanizar la periferia sin planificación alguna y consideración de los impactos ambientales, sociales y culturales de esa periferia.

No han sido pocas las acciones firmes aunque pacificas de los Naranjaleños para frenar el negocio tergiversado de
la construcción civil que no solo causa extragos ambientales sino que no incluye a la comunidad en la planifcación
y la concepción del proyecto, los deja a un lado sin importar consecuencias futuras porque la corrupción administrativa y los negocios irregulares han creado capitales ilegales que llegan a la comunidad a comprar terrenos para construir viviendas suburbiales de lujo o para engordarlos y así regularizar ese dinero mal habido.

La estafa económica y la pandemia como amenazas que hoy ofrecen oportunidades:

La renta petrolera desde sus origenes motorizó durante décadas una economía de maletín, es decir proyectos y empresas fraudulentas que multiplican sus ganancias con la sola adquisición de dolares preferenciales del Estado. Esta tradición usurera se les escapó de las manos a los actores de poder, generando una escasez crónica de divisas y productos de primera necesidad. Aunado a la crisis de las empresas básicas, las sanciones diplomáticas adoptadas por norteamerica y nueve años más tarde el estallido de la pandemia mundial; ha creado en El Naranjal una emergencia que comprometió el servicio de transporte, muchos aluden que hemos vuelto a la época del arreo de burros y las recuas. Este colapso y la pulverización del salario y honorarios ha provocado que mucha gente se afiance en el lugar creando un intercambio comercial mayor al que era posible anteriormente, también se han restablecido muchos conucos y tierras cultivables, también pequeños huertos de patio que suplen parte de la alimentación familiar, también han surgido preocupaciones por la gestión de los servicios de formas creativas que no siempre aspiran a una solución desde el Estado, cada vez más ausente.

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De la escuela a la comunidad de aprendizaje:

El proceso de construcción de un proyecto educativo Estatal Venezolano ha resultado casi siempre un proceso ajeno al sujeto común, más aún a campesinos e indígenas, incluso las grandes consultas por la educación son cruzadas promovidas por educadores comprometidos pero socialmente aislados en las esferas del poder y desde transformaciones programáticas basadas en teorías eurocéntricas, lo cual hacen de las prácticas educativas un lugar aparte y un tiempo ajeno al de la vida de la comunidad. La escuelita de El Naranjal es una sede con rejas y candado que se abren para que los niños ingresen al recinto mientras sus madres que los llevan a pie recorriendo un mínimo de 4km diarios, deben esperar sentadas en un enlozado sin protección del sol o la lluvia. A eso nos referimos cuando
definimos a La educación ajena. Estos escenarios nos presentan limitaciones difíciles de superar, pero si no hacemos
emerger procesos que aterricen Nuestra Educación, Nuestra Identidad, pues no habrá tampoco capacidad de respuesta a las amenazas materiales y espirituales que disuelven la vida y la memoria campesina e indígena en este territorio y esta emergencia no se trata de una proclama ideológica opositora a la escuela oficial, porque estas proclamas le hicieron aún más daño a las prácticas educativas escolares. Desde este condicionamiento hemos ido creando experiencias que restablezcan ese tiempo y haciendo ejercicios constantes de conciencia del conocimiento que nos es útil para vivir bien y en ejercicio constante de autoreconocimiento de ese conocimiento y lo hemos denominado: “Pedagogía del Nosotrxs.”

Esto no supone una apología de lo que somos, sino una apropiación de nuestras fortalezas y limitaciones tanto las
adquiridas como las que vienen de una persistencia de la cultura propia y que necesitan rehacerse para reafirmarnos
en nuestras identidades.

Así hemos aprendido en El Naranjal que si la educación supera las limitaciones de un servicio del Estado y de una manera de reproducir los mecanismos culturales de control y supresión de las identidades diversas que nos hacen, puede ser reinventada y rehecha por Nosotrxs una forma de organización política para la reexistencia, que resuelva problemas concretos mientras aprendemos y que rehaga el lenguaje y la mirada con la que se nos enseñó a ver y sentir. Pero esta organización política no es la política aprendida en nuestra trayectoria por la izquierda y el activismo social, ya que mantendríamos una práctica ajena al territorio. Esta oganización tiene por supuesto sus proyectos y sus protocolos pero fundamentalmente requiere que dialoguemos con la vida en el caserío.

Entonces ya no es de extrañar que se nos vea entrando a misas de la iglesia católica, compartiendo películas sobre
la vida de Lutero con vecinos evangélicos y obviamente hacemos acto de presencia en una de las organizaciones
más sentidas en el Naranjal como es “el velorio” o el funeral de un familiar fallecido. Con el mismo compromiso
nos ven discutiendo con algún jovencito adolescente acerca de sus prácticas para acercarse a una chica llegando a
la exagerada aventura de convencerlo y ayudarlo a dar una serenata como en antaño se acostumbraba, sentarse en el enlozado con las madres bajo la resolana, aceptar la invitación al juego de barajas de las mujeres Argüello como
también reclamarle a Rosita por haber pedido un préstamo en nuestro nombre.

Toda esta dinámica que dista mucho de aquella cultura asamblearia y militante, nos ha convencido que el diálogo termina por hacernos parte de una organización política no discursiva sino sentida y practicada, que puede ir creando límites a su propio tiempo y que sin duda consolida una cohesión social más fuerte que las relaciones sociales de carácter oficial o formal como las de un partido o una organización civil.

Desde este condicionamiento hemos ido creando experiencias que restablezcan ese tiempo y haciendo ejercicios constantes de conciencia del conocimiento que nos es útil para vivir bien y en ejercicio constante de autoreconocimiento de ese conocimiento y lo hemos denominado: “Pedagogía del Nosotrxs.”

fuente:
LUCHA INDÍGENA Nro 175 ABRIL 2021

Lucha Indigena-ABRIL 2021 No 175

___Lucha Indìgena 2021


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