Chile 2019–2020: Contribuciones en torno a la Revuelta Popular (LIBRO)

____CH_Libro_La Revuelta Popular

DESCARGAR LIBRO COMPLETO

Chile 2019–2020: Contribuciones en torno a la Revuelta Popular (LIBRO)

Desembocaduras inciertas en tiempos de post-Revuelta 

Ignacio Abarca Lizana
Investigador de Instituto de Estudios Críticos 

A casi dos años del inicio de la Revuelta Popular en Chile, podemos preguntarnos con un poco más de frialdad y distancia relativa -para una posición de entendimiento, no en el sentido afectivo y militante-: ¿Qué fue la Revuelta Popular? Se podría sugerir, de manera hipotética, que fue el modo particular de manifestar la acción autónoma de los pueblos en la región ocupada por el Estado chileno, contra toda una historia de dominación capitalista, patriarcal, colonial y política-burguesa. Ponemos un énfasis relevante en esta visión, que es la expresión histórica de una acción autónoma popular, en tanto que despliega de manera completa las razones, los sentidos, los recuerdos, los afectos, los odios y amores, las músicas, artes e imágenes culturales del conjunto del pueblo trabajador, nos gusten o no, nos parezcan adecuadas o no. Esto, sin el efecto deformador de las representaciones políticas y las traducciones institucionales que -desde siempre- siguen intereses propios a nombre del resto. 

¿En qué consiste fundamentalmente este modo particular de manifestación? Por una parte, consiste en una movilización violenta, radical y ofensiva de masas dirigida en contra de las instituciones, cuerpos represivos, edificios, monumentos y símbolos que representan o sostienen directamente la dominación capitalista, patriarcal, colonial y democrático-burguesa: bancos, retail, AFP’s, peajes, supermercados y farmacias -estos fueron principalmente recuperados, pero también atacados por la población-, metros y micros, iglesias, monumentos de conquistadores, sedes municipales, gobernaciones y otras instituciones públicas, comisarías de carabineros e, incluso, sedes de la PDI y Fuerzas Armadas. Y, por otra parte, se trata de una movilización directa de masas, no mediatizada por instrumentos, instituciones o poderes que, justamente al operar como mediatizadores, son externos al pueblo trabaja- dor mismo, como los partidos políticos del Estado. En efecto, gran parte de este desate ofensivo fue dirigido hacia los partidos políticos del sistema-, organizaciones burocráticas del campo sindical, instrumentos del Estado o privados, ONG’s, asociaciones particulares, etc. Vale indicar que la Revuelta no está exenta de todas las potencialidades y limitaciones políticas, organizativas, de consciencia, culturales y morales características del período histórico que vivimos. 

Empezamos deslizando que la Revuelta ya pasó. Efectiva- mente, la Revuelta Popular como tal duró más o menos los últimos tres meses de 2019. Luego de eso, una vez consumidas las llamas que cubrieron al conjunto de las instituciones, figuras e instrumentos del poder, ya no se llama Revuelta, pero sí se le puede decir y entender como las condiciones del nuevo período histórico abierto por la misma. Al respecto, podemos destacar dos condiciones sustantivas: a) La legitimación social de la movilización radical de masas como un medio para conseguir fines políticos, dado que el propio poder burgués, patriarcal y colonial se ha encargado históricamente de bloquear y deteriorar las vías democráticas institucionales; y b) Un notable avance cultural y de consciencia en el sentido de que es válido y necesario luchar contra todas las injusticias sociales, dado que, como tales, han dejado de parecer “naturales”, aceptables y tolerables a los ojos del pueblo trabajador. 

¿Cómo se podría decir que fue, en líneas muy generales, el proceso transitado desde la Revuelta hasta hoy? A riesgo de abusar de una explicación demasiado sintética acerca de un fenómeno complejísimo y no acabado, consideramos que se ha desarrollado en este tramo un proceso de restablecimiento, regeneración y relegitimación del poder burgués, a la base del cual los sectores políticos dominantes supieron y pudieron canalizar la energía disruptiva y destituyente de vuelta al interior del régimen democrático-burgués, siendo el proceso de reformulación constitucional, en el sentido señalado, la carta estratégica por excelencia del poder burgués. 

Lo anterior no se comprende si no es por el hecho de que se complementa con un proceso en el cual la mayoría de los sectores populares y, particularmente aquellos que de una u otra manera fueron activos en las movilizaciones de 2019, han aceptado la carta jugada por el poder, ya sea por una percepción de que no hay más alternativas o porque se cree genuinamente que de allí pueden surgir conquistas o avances populares. Lo mencionado presenta matices, como todo: desde luego que la confianza del pueblo trabajador en las élites políticas y la institucionalidad democrática no se ha recuperado, el ejercicio de la protesta y la acción directa de masas conserva cierta fuerza, vigencia y altísima legitimidad, la tendencia al desarrollo de la auto organización popular también mantiene una vigencia histórica, más allá de los retrocesos contingentes, etc. Pero estos matices o gradaciones no contradicen el cauce general que expresa el proceso histórico, al menos hasta este momento. 

Sucede que los propósitos políticos populares manifestados durante la Revuelta Popular, en realidad, cabían dentro de una propuesta institucional de “Asamblea Constituyente”, mediante la cual se ofreciera a los pueblos la posibilidad de volver a producir un marco normativo-reglamentario en un sentido de mayor justicia social y dignidad. En principio, conforme al estadio social de consciencia política actual, eso era suficiente para contener la Revuelta y absorber casi toda su energía de signo más bien destituyente, radical y totalizante -es decir, de perspectivas sistémicas-. Por cierto, en perspectiva de dos años, podemos balancear que así ocurrió. 

Lo anterior se explicaría por diversos motivos: a) A decir verdad, desde el pueblo trabajador no se cree -o confía- mayoritariamente en las élites políticas de estos treinta y más años, pero sí, todavía, en el Estado de democracia burguesa, como orden -régimen, organización política- único o preferente capaz de regular la vida social; y b) La mayoría de las de- mandas originales de la Revuelta se resolvían, desde el punto de vista de las expectativas y las aspiraciones populares, con la propuesta de un capitalismo que “funcione bien”, que no sea “tan injusto” como este que conocemos, que fuera “más digno”. Quiere decir que no está asentada aún la comprensión crítico-histórica en el seno del pueblo trabajador de que, para la ubicación de Chile en el circuito capitalista mundial -más en este contexto histórico, pandémico y de crisis económica profundísima-, las ideas de un “Estado verdaderamente democrático” y un “capitalismo más digno” son lisa y llanamente imposibles, irrealizables, ilusorias y ficticias. 

Cualitativamente, quedan varios estadios por recorrer en vías de una revolución, en el sentido de la generalización de las voluntades emancipadoras, las cuales -conviene advertir- no se identifican con tramos cronológicos, sino con procesos históricos -irregulares- de avances, profundizaciones y masificaciones cualitativas de las apropiaciones críticas de la realidad. 

A casi dos años, Sebastián Piñera continúa a la cabeza del Estado con desvergonzada impunidad. Lo cual simboliza y grafica, mucho más allá de su persona, que el cuerpo político burocrático de las clases dominantes resistió y se sostuvo en pie frente al embate popular. Hasta ahora, la fuerza histórico-social destituyente ha sido mayoritariamente -de forma temporal- contenida y reabsorbida, mientras que la fuerza histórico-social restituyente posee el flujo a su favor. Aunque, cabe señalarlo muy claramente, la fuerza o tendencia que podemos llamar restituyente avanza por un canal estrecho, taponeado y agujereado, lleno de dificultades e irregularidades que se desprenden del hecho de que el pueblo trabajador no ha visto mejorar en lo más mínimo su existencia material, real y concreta, sino que todo lo contrario. 

Una gran interrogante que cruza el actual momento político es si el pueblo trabajador chileno, posterior a la Revuelta, podrá ser contenido y domesticado con nuevas promesas de una vida mejor, o si -en oposición a lo anterior- hará falta que se verifiquen sustantivas mejoras en sus condiciones reales de existencia. Existen razones que costaría desarrollar aquí, para inclinarse por pensar que el camino recorrido será más bien este segundo, por lo que apuntábamos arriba del cambio de consciencia en el sentido de que las injusticias, desigualdades sociales, abusos y engaños por parte de los ricos y poderosos simplemente dejaron de ser tolerables. 

¿Es posible, entonces, identificar algún saldo o producto político, organizativo y subjetivo de la Revuelta Popular? Categóricamente sí. Queda una experiencia combativa de carácter colectivo y territorial que sin ninguna duda se volverá a activar ante cada coyuntura o proceso de intensa confrontación social y de clases. Las llamadas “primeras líneas” son una forma instalada de movilización del nuevo período de lucha de clases, más allá de que se manifiesten o no, ahora o más adelante, tal como en el 2019. También queda una experiencia de organización popular comunitaria y territorial: las asambleas populares o territoriales “autoconvocadas” que, si bien hoy se encuentran mayormente reducidas, dispersas y fragmenta- das, es seguro que recuperarán un cuerpo asociativo de carácter territorial frente a nuevas necesidades contextuales. Existen, por último, otras redes organizativas políticas y populares forjadas al calor de la Revuelta y las coyunturas posteriores, por ejemplo, las erigidas a propósito de la libertad de las, les y los presos políticos o las de inspiración feminista y disidente, las cuales, de algún modo “independientemente” de su suerte coyuntural, se encuentran indefectiblemente impresas como acumulado histórico y cultural. 

En este minuto, la madre de las problemáticas radica en cómo hacer para que la actividad movilizadora social y territorial que seguirá reproduciéndose, vaya adquiriendo una cada vez mayor contundencia y proyección política hacia un horizonte revolucionario. Los dos años son evidencia de que la Revuelta misma tuvo, a decir verdad, un escaso e insuficiente contenido y proyección de carácter revolucionario. La única alternativa que divisamos en la dirección señalada es seguir habitando los lugares del pueblo, formando parte de todas sus luchas y andando sus propios caminos, intencionando a cada paso la necesidad y posibilidad concreta de fracturar y dinamitar todo este sistema de opresiones, abriendo paso a un mundo de relaciones emancipatorias que vienen desplegándose desde hoy y ayer, hace años, décadas y siglos de historias de luchas, no en Chile, sino que en el planeta. 

Viviremos y venceremos. 

Santiago de Chile, Octubre de 2021

fuente: https://apuntescriticos.com/

About this entry