Chile_Ante el temor y el “mal menor”: Autonomía, Territorio, Antifascismo y Anticapitalismo

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Chile

Ante el temor y el “mal menor”: Autonomía, Territorio, Antifascismo y Anticapitalismo

Ignacio Abarca
Psicólogo, miembro del Instituto de Estudios Críticos
https://apuntescriticos.com/
Noviembre de 2021

Como consecuencia de los resultados electorales del domingo 21 de noviembre que ubicaron al candidato presidencial J. A. Kast (Frente Social Cristiano) en primer puesto, dos puntos por encima de G. Boric (Apruebo Dignidad), se ha observado una suerte de pánico colectivo en el seno del amplio espectro de los sectores populares, de izquierda y, aun, socialdemócratas y social-liberales.

Partiendo del punto de comprender esta respuesta popular y su posición subjetiva, las siguientes líneas tienen el propósito de contribuir a despejar la problemática, sentando algunos elementos sobre los cuales realizar un diagnóstico de la situación y perfilar un rumbo político de autoorganización popular, autonomía y ruptura con el sistema capitalista, patriarcal y colonial.

a) Definir correctamente el fenómeno de la derecha radical

Lo que tenemos en frente actualmente es el fortalecimiento político de una derecha radical, liberal en lo económico, conservadora en lo ético, moral y cultural y autoritaria en lo político, no un ascenso del fascismo propiamente tal.

Para hablar de fascismo, deberíamos identificar, a lo menos: a) La capacidad de organizar y movilizar políticamente a vastos sectores populares para labores de choque contra la izquierda, la revolución, el comunismo o sectores sociales catalogados como “subversivos”, mujeres y disidencias, pueblos originarios, población afrodescendiente, etc.; b) Una independencia programática, orgánica y material respecto de los diversos sectores burocráticos enquistados en el Estado burgués; y c) Junto con, al menos en su origen, una relativa independencia de proyecto en relación con los grupos burgueses locales asociados al gran capital financiero, al cual el fascismo pretende combatir y superar. Nada de eso se verifica en la actualidad, sino más bien, se observan las señales inversas en cada uno de los puntos.

Lo anterior no significa, en absoluto, que el Partido Republicano, bajo el liderazgo de Kast, no represente una amenaza real para el pueblo trabajador, sus sectores movilizados, las mujeres y disidencias y las izquierdas. Pero, es imprescindible advertir que aquellos están fundamentalmente sujetos, condicionados y subordinados a los marcos que establece el Estado democrático-burgués para conservar y ejercer el poder burgués. No es que no haya “nada que temer”; es que las tendencias represivas policiales y contrainsurgentes continuarán en línea del desarrollo ascendente de las últimas dos décadas en el país (bajo mandato de la Concertación, la Nueva Mayoría y los gobiernos de derecha), conforme a los requerimientos que impone al enemigo de clase los avances en masividad y radicalidad de las luchas sociales y de clases, particularmente luego de la Revuelta Popular de 2019.

b) Comprender correctamente el proceso de la polarización política y social

Hemos oído repetir estos días que “la extrema derecha surge como reacción a la acción de la Revuelta”, o que “luego de toda movilización popular intensa sobreviene un reflujo natural”. Dichas frases, por lo bajo superficiales, se limitan a describir un fenómeno visible o, peor aún, en el fondo buscan naturalizar la relación de subyugación del pueblo trabajador por la dominación capitalista, planteando como inevitable que los procesos revolucionarios se debiliten, se estanquen y se reviertan. 

Falta explicar, en el contexto chileno, que la derecha radical encabezada por Kast se desarrolla y fortalece, particularmente este 2021, producto de que las fuerzas sociales de la Revuelta fueron cooptadas institucionalmente por el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, conformado de manera casi transversal por el conjunto de los partidos políticos del sistema. Dado que esta (la cooptación estatal-institucional del flujo popular) es la condición elemental del debilitamiento de la Revuelta, la puesta en suspenso de la movilización popular y, por lo tanto, la viabilización de la reacción de corte más radical precisamente en medio del contexto de reflujo.

Cabe indicar, en relación a lo planteado, que el Partido Republicano no firmó el Acuerdo por la Paz el 2019 (documento firmado por Boric personalmente, sin su partido Convergencia Social), puesto que estaban en contra de la idea de ofrendar la Constitución de Pinochet a cambio de salvar el conjunto del Estado burgués y la República chilena (este fue el razonamiento común de todos sus adherentes).

Lo anterior quiere decir, a las claras, que la socialdemocracia burguesa, donde se ubica el programa de Boric y su candidatura, tributa a la polarización política respecto de la derecha radical en la medida que opera como dique de contención de las aspiraciones populares, congelando o descomprimiendo la presión popular por transformaciones sociales concretas. Por esta razón, es coherente plantear que un posible gobierno de Boric, contrario a lo que piensa actualmente una porción del pueblo atemorizado, generaría un fortalecimiento del sector de Kast, mucho más que su contención.

c) Asumir una perspectiva estratégica

En relación específicamente al problema que estamos abordando (ciertas reacciones populares ante la primera vuelta presidencial y las miradas de tipo más bien históricas y estratégicas), una perspectiva estratégica debe proponerse, como piso elemental: a) Aportar a desmitificar la democracia burguesa como valor supremo de la humanidad, contrario a lo que vemos actualmente, donde la democracia burguesa como ropaje político, social y cultural del capitalismo y el patriarcado aparece incuestionable o como crítica secundaria, totalmente subterránea al lado de la “amenaza fascista”; b) Develar los intereses, los modos de organización política y social y las estrategias concretas de la acumulación capitalista, donde desempeña un papel un arco de sectores políticos en el Estado que van desde la derecha de tipo radical, pasando por derechas tradicionales, liberales, socialcristianos, social-liberales, socialdemócratas hasta reformistas más y menos moderados, todos protegiendo tenazmente la democracia capitalista; y c) Visualizar una senda de desarrollo autonómico de fuerzas sociales revolucionarias, independientemente, más allá y por encima de las contingencias electorales.

Sucede que cuando entramos a confrontar desde un ángulo estratégico los múltiples discursos legitimadores de la candidatura de Boric y Apruebo Dignidad, amparados en el “mal mayor” de la “amenaza fascista” encarnada por Kast (que de amenaza tiene bastante, no lo negamos), los apoyos a Boric y su posible gobierno rápidamente se develan como lo que son, estratégicos, y no meramente tácticos, como algunes pretenden. ¿Por qué? Porque entrañan una concepción de la democracia burguesa y el Estado burgués, y revelan que ante el proceso continuo de crisis de la dominación capitalista y del Estado, van a ubicarse (hablamos de los discursos, no de las personas particulares) una y otra vez del lado de la defensa de la democracia, frente al temor generado por su quiebra violenta y el “caos” consiguiente. Exactamente como ya ocurrió en las coyunturas de la Revuelta Popular y el Acuerdo por la Paz, por eso somos majaderos en hacer el nexo histórico y estratégico que transita desde la Revuelta hasta la actualidad.  

Ahora bien, volviendo a lo que apuntábamos unos párrafos más arriba, la consecuencia más concreta y cercana de estos baches estratégicos es la pretensión (incluso esperanza) de que la democracia burguesa contenga a la reacción derechista, cuando en realidad, en la trama concreta de una fase de agudización de las luchas de clases como la que atravesamos, lo que hace es activarla y despejar el camino de la protesta popular y la organización popular autónoma, para su paso.

d) Impulsar el desarrollo de la autoorganización popular a nivel territorial

Otro de los mitos o confusiones que circulan por estos días dice relación con la idea de una contraposición entre una institucionalidad estatal fuertemente represiva presidida por Kast (donde en su extremo habría persecución política abierta, operaciones de inteligencia, prisión política y exterminios selectivos a miembres de las izquierdas, los movimientos populares, el Movimiento Mapuche, el feminismo, las mujeres y disidencias), versus otra no represiva o cualitativamente menos represiva conducida por Boric (donde, en su extremo, se habla de libertades, diálogo, comunidad, diversidad, etc.). Dicha noción desfigura completamente la realidad, porque un posible gobierno de Boric actuará de modo ferozmente represivo, coercitivo contra la protesta popular, robusteciendo el carácter policial y contrainsurgente del Estado. Como también, por supuesto, lo haría un gobierno de Kast. En este punto, no se trata del simplismo de decir que “Boric y Kast son lo mismo”, porque no son lo mismo, el sector de Kast representa una deriva mayormente autoritaria que la socialdemocracia que representa Boric; de lo que se trata es de comprender que cualquier posible gobierno siguiente será tripulante de una estrategia de Estado consistente en imponer, mediante el uso desatado de la fuerza, la dominación capitalista, el orden y la paz social burguesa. 

Vale la pena recordar, a propósito de una visión histórica del problema, que la persecución política estatal y para-estatal, las operaciones de inteligencia ejecutadas de forma sistemática, la prisión política contra luchadores/as populares y revolucionaries, los exterminios selectivos contra miembres de las izquierdas, luchadores/as socioambientalistas y militantes de la autodeterminación mapuche, los feminicidios y crímenes de odio hacia identidades disidentes, etc., han sido parte de la trama de luchas sociales y de clases de los últimos 20-30 años de transición democrática, y no serán, en los hechos, detenidas ni morigeradas (en este contexto histórico) por un gobierno de Boric y Apruebo Dignidad.

Frente a esta realidad, en pocas palabras, promovemos el desarrollo a nivel de los territorios de una política capaz de conjugar antifascismo, anticapitalismo, antipatriarcado, anticolonialismo y antirracismo, todo a la vez como unidad políticamente coherente, asentada sobre las redes de autoorganización popular. No tiene mayor importancia para el análisis que dichas fuerzas populares organizativas presenten tanto o menos capacidad real en este minuto; lo relevante es la puesta en movimiento del ejercicio, tal como se masificó y generalizó desde la Revuelta y como, de una forma u otra, no ha dejado de acontecer.

Por último, si las tendencias reaccionarias y conservadoras avanzan efectivamente en el seno de las bases, en los territorios, en los barrios y poblaciones, la forma más eficaz y concreta de autodefendernos y hacerles frente es desarrollando la autoorganización popular a nivel territorial. Aprovechar la coyuntura para fortalecer nuestras redes de comunicación territorial y cuidados colectivos, profundizar los acompañamientos y confianzas entre mujeres y disidencias, dotarnos de métodos más seguros para la movilización, afinar nuestra capacidad de respuesta territorial oportuna ante peligros, afianzar los medios territoriales y populares de difusión política, extender las redes de apoyos logísticos, técnicos y económicos frente a la prisión política y la necesidad de justicia, etc. Lo anterior es concreto y válido para el período que atravesamos, en el presente y en cualquiera de los dos escenarios de gobierno entrante.

 
fuente: https://apuntescriticos.com/?p=263
 
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