Mèxico: La medicina de hacer pueblo

Mèxico: La medicina de hacer pueblo

por Mandeep Dhillon, activista y médica

El sol empezaba su migración hacia el occidente, un camino empinado nos llevaba hacia las casas de algunas familias de la comunidad de Mathayúwàa/Zilacayota.

Eran los primeros días de mayo en la Montaña Alta de Guerrero. Encontramos una mujer sentada en el patio de su hermosa casa de adobe, los compañeros de la Policía Comunitaria la saludaron en mè’phàà, le avisaron que habíamos llegado para su consulta. El semblante de la joven no delató la fiebre de 38.4 grados que ardía contra la infección en su cuerpo, ni la saturación de oxígeno de 86% que marcaba la irrupción de la infección a sus pulmones.

Enterré en el fondo de mi estómago el malestar que se anudaba desde la mañana al conocer tantas personas con los síntomas innegables de una infección respiratoria, varias de ellas de gravedad. Sentí el hartazgo entre mis costillas, de nuevo una anticipación del vacío ante la incertidumbre de no saber cómo parar la catástrofe de la muerte impuesta, la impotencia de no saber a qué instancia dirigir el grito. 

En México, las normas oficiales dictan cuidados intensivos para personas con cuadros respiratorios graves al borde de la muerte, pero en la Montaña se tiene que viajar 5 horas sólo para ser rechazados de un hospital.

Mi formación como médica en la universidad y en los hospitales me preparó para muchas cosas: hacer que un corazón vuelva a latir, suturar heridas, tratar infecciones, evacuar sangre que está colapsando a un pulmón, mirar la muerte inevitable de otros y avisar de su llegada. Y todo eso, lo hago con responsabilidad, compromiso, consciencia compasiva y crítica. Sin embargo, la medicina en la cual me formé, ahora hegemónica, nunca me acercó a las otras formas que existen en el mundo de nombrar las enfermedades, explicar su origen, transmisión y cómo sanarlas. Me dejó sin muchos otros conocimientos necesarios para curar.

La visita a la comunidad no fue mi primera experiencia de trabajar en torno a la salud en un ambiente muy distinto a los hospitales en donde me formé. Desde el 2014 había participado en la Brigada de Salud Comunitaria 43 en Tixtla, Guerrero, un grupo formado en colaboración con una parte de la Policía Comunitaria de la CRAC-PC para atender a la gente del pueblo a través de la formación de promotores de salud.

Una de las primeras decisiones de nuestra Brigada fue proveer atención gratuita a todas y todos, independientemente de su afiliación política. También pusimos en práctica, aunque fuera en una sola comunidad, una relación distinta entre el conocimiento de médicos formados en las instituciones del Estado y el conocimiento territorial de las mujeres y los hombres del pueblo forjado a través de generaciones, practicar otra relación entre la ciencia de la medicina alópata y la ciencia de la medicina tradicional, poder ofrecer una consulta médica a manera de trueque, pedir a cambio un acto de solidaridad con las actividades de la Brigada o un artículo de despensa en vez de aceptar el pago monetario que se nos ofrecía.

También fue fundamental la participación de las mujeres, dedicaron su formación al servicio de su pueblo, antes, durante o después de su trabajo en la casa o en el campo, se reconocieron como promotoras de salud, una de las fortalezas más grandes de la CRAC-PC. Tras dos años de conocernos, en un taller sobre sanar nuestros miedos, una de las primeras promotoras de la Brigada relató que su sueño de niña había sido ser médica y que por fin, de alguna forma, estaba cumpliendo con ello.

Todas esas vivencias de la Brigada 43 volcaron los supuestos del sistema educativo y de salud en los cuales había aprendido a ser médica y que me habían encaminado a tener como objetivo principal, ubicar la enfermedad en un cuerpo y eliminarla, a eso, durante muchos años, consideré curar y por lo mismo, se fue aglomerando una frustración cruenta por todos los encuentros clínicos en los cuales los malestares de mis pacientes necesitaban soluciones a problemas profundamente económicos y sociales. Fue en la práctica colectiva de la salud en Tixtla que empecé a entender el poder curativo que vivía en el hacer comunidad, en el hacer de una medicina liberadora, de una salud con el territorio y no impuesto sobre el territorio.

En mi tiempo en La Montaña, las verdades absolutas del sistema de salud oficial cayeron. En la comunidad que visitamos, así como en muchas otras de la región, el sistema de salud es prácticamente inexistente. Lo que sí vi abundar fue unidad familiar y cuidados colectivizados, vi cómo hijos, hermanos, esposas de los enfermos se preocuparon por aprender a cuidarlos, darles de comer, administrarles sus medicamentos, sostenerlos con presencia. Vi la organización desde la comisaría y la policía comunitaria que permitió las visitas a domicilio, sin dejar de lado a una sola familia que había solicitado el apoyo. También supe de cómo se había cumplido con los rituales para despedirse de los recién muertos, a pesar de los riesgos inherentes en ese acompañamiento. En todo momento estaba presente el imperativo de pensarse, sentirse, curarse como pueblo o, al no ser posible, hacer pueblo aún en la muerte.

Para cuando llegaron las primeras lluvias en La Montaña de Guerrero, la ola de enfermedad que asfixiaba había retrocedido. Mientras recorrimos de nuevo las entrañas de la comunidad, esta vez en la Fiesta del Ratón, acompañados de risas y bromas. Pensé en la resiliencia de su gente y su mundo. Nada podía perdonar la negligencia histórica del sistema de salud en su territorio, y no quería caer en romantizar el sufrimiento causado por el mismo. Sin embargo, me habían dejado otra lección importante en cómo enfrentar la enfermedad en colectivo, un contraste severo y necesario ante las violencias normalizadas del sistema de salud.

La enfermedad que asfixia, como muchas otras, arrasa al mundo por un desequilibrio en la armonía que mantiene la vida, para curarla tendremos que entender con curiosidad, humildad y respeto cómo se sostiene la vida en cada territorio. Las y los médicos, ¿seremos capaces de hacer pueblo para lograr esa escucha?

Fuente: «Lucha Indìgena» Enero 2022
Lucha Indigena DIC21 ENE22 No 183

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