Argentina_Misiones: Recuperar la tierra, una lucha por la justicia social y una vida digna

___Arg Misiones__WRM 2022

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Argentina_Misiones

Recuperar la tierra, una lucha por la justicia social y una vida digna

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Boletín WRM 261
Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales 
https://www.wrm.org.uy/
16 Junio 2022
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Productores Independientes de Piray (PIP) en Misiones, Argentina, se conformó en 2005 para frenar el avance del monocultivo de pinos de la multinacional Arauco, y recuperar la tierra. El WRM conversó con Miriam Samudio, una referente de la familia de PIP, para reflexionar sobre el proceso de lucha y los aprendizajes adquiridos.

La cooperativa de Productores Independientes de Piray (PIP) en Misiones, Argentina, se conformó en 2005 para frenar el avance del monocultivo de pinos y recuperar la tierra, la soberanía alimentaria, la salud y una vida digna. Su constante resistencia y unión logró algo pocas veces visto: la expropiación de tierras a la multinacional de plantaciones industriales Arauco (antes llamada Alto Paraná). Aún queda mucho por hacer tras 18 años de lucha  Las socias y socios del PIP continúan unidas y trabajando, manteniendo al centro la búsqueda de la justicia social.

La resistencia frente a los monocultivos industriales en Puerto Piray (1)

Alto Paraná S.A. (APSA) es la empresa de plantaciones más importante de la Argentina y una de las más grandes de América Latina. Pertenece desde 1996 al grupo chileno Celulosa Arauco, el cual es el segundo mayor productor de celulosa en el mundo. Desde su creación Arauco ha recibido numerosos beneficios fiscales que propiciaron su continua expansión.

En Argentina, Arauco posee 264 mil hectáreas de tierra, de las cuales más de 131 mil hectáreas están plantadas con monocultivos de árboles. En la provincia de Misiones, la transnacional maneja una fábrica de celulosa ubicada en Puerto Esperanza, dos viveros, una planta de remanufactura, una fábrica de tableros de mediana densidad (MDF) y dos aserraderos, incluyendo al más grande de Argentina, con sede en Puerto Piray. Este aserradero bota cotidianamente formaldehído de su chimenea, un tóxico que los vecinos describen como “una sustancia con olor a huevo podrido”.

Actualmente, Arauco es dueña de casi el 12 por ciento del total de la superficie de Misiones. Solo en el municipio de Puerto Piray posee el 63 por ciento de la tierra. Según la agencia de noticias Tierra Viva, de Argentina, se estima que cada hectárea plantada consume tres litros de agrotóxicos por año, lo que significaría que la empresa derrama cada año más de 70 mil litros de químicos en Piray. Los efectos sobre la salud de la población son muchos: cáncer, infecciones respiratorias y dérmicas, malformaciones, entre otros males. Además de este grave impacto, Arauco ha acaparado tierras de pueblos campesinos e indígenas, destruido sus medios de vida y su biodiversidad, contaminado sus fuentes de agua y desalojado a sus habitantes.

En el año 2000, en un contexto de profunda crisis económica y social en la Argentina, la falta de tierra y trabajo llevó a que familias de Piray comenzaran a organizarse. Hacia 2003, se habían conformado cuatro grupos de base de entre ocho y diez familias cada uno. A todos los unía algún proyecto colectivo: producción de miel de abejas, de caña dulce, cría de pollos o envasado de mermeladas. Dos años más tarde, en 2005, grupos de los barrios Unión, Santa Teresa y Kilómetro 18 formaron la organización Productores Independientes de Piray (PIP), que hoy es parte de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), donde se agrupan organizaciones en lucha de todo el país.

Desde el comienzo, la principal lucha de PIP fue por la tierra. Por eso debieron enfrentarse a Arauco, principal acaparador de tierra en Misiones. Las plantaciones de pinos de la multinacional no sólo habían invadido el territorio y cercado a las familias, sino que además causaban daños en la salud por el uso de agrotóxicos.

Después de muchas marchas, protestas, cortes de ruta y campañas a diferentes niveles, en 2013, la Cámara de Representantes de la Provincia de Misiones  sancionó una ley  que declaró de utilidad pública y sujeto a compraventa y expropiación 600 hectáreas de tierras de la empresa Arauco en Piray. La entrega de esas tierras estaba pautada en etapas, respetando los turnos de corte de los pinos que la empresa había establecido. La primera tanda de 166 hectáreas, pautada para el 2013, se entregó recién a mediados de 2017 y se tituló definitivamente recién en 2021.

Así, las familias del PIP comenzaron a plantar maíz, poroto, batata, mandioca, sandía, melón, repollo y decenas de cultivos más. Cada socia o socio de la cooperativa recibió una hectárea de tierra con la condición de que la trabaje de manera agroecológica y comunitaria. Otras 45 hectáreas se trabajan de manera conjunta para plantaciones anuales. Y hay tierras que no son cultivables aún porque están degradadas y contaminadas y están en proceso de recuperación.

El fuerte compromiso con una alimentación saludable hizo que en los primeros meses de la pandemia del Covid-19, PIP cosechara y embolsara más de 30 mil kilos de mandioca y batata, que fueron enviados a Buenos Aires y distribuidos en la red de comedores de la UTT para paliar la situación de quienes más estaban sufriendo la emergencia sanitaria. Al mismo tiempo, en Piray, prepararon bolsones bajo la consigna “El PIP te alimenta puerta a puerta”, para ofrecer frutas y verduras a voluntad. Quienes no podían pagar se quedaban con los bolsones igual.

Pero la lucha continúa. Hasta hoy no se les ha entregado los dos tercios de tierras que les habían prometido. Arauco ya tendría que haber hecho entrega efectiva de una segunda tanda de tierras, 107 hectáreas más. Esto ha hecho que las y los campesinos salgan nuevamente a organizar protestas, marchas y cortes de ruta para hacer visible su justo reclamo.

El Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM) conversó con Miriam Samudio, una de las referentes de la gran familia de PIP, para reflexionar sobre el proceso de lucha y los aprendizajes adquiridos.

WRM: Antes de la lucha por la expropiación de tierras a Alto Paraná (Arauco), ¿habían tenido otras luchas o acciones colectivas? ¿Conocían otras experiencias?

Miriam: Antes de la lucha por la tierra, como organización, como vecinos, estábamos organizados en comisiones vecinales. Empezamos a luchar por los derechos de la comunidad. Nos unimos los tres barrios, armamos la Comisión Integradora, donde ahí estaba abierta a los reclamos de todos los vecinos. Luchamos por el arreglo del camino, por el alumbrado, por tener agua potable. Veíamos la necesidad de tener CAPS [Centros de Atención Primaria de la Salud], salitas de primeros auxilios. O sea, se fueron logrando algunas cosas básicas para nuestra comunidad, y eso lo hicimos en conjunto, como Comisión Vecinal.

Ahí fue donde nos dimos cuenta que de forma organizada se podía lograr mucho más, nos dimos cuenta que el tema de la salud nos implicaba a hacer algo entre todos, y ese algo era que se deje de largar agrotóxicos en la zona y que los pinos se retiren de detrás de nuestras casas. Todo esto ayudó para que después de unos años, como vecinos también, lográramos organizar y armar una organización independiente como es PIP, Productores Independientes de Piray.

A nosotros nos animó muchísimo la ocupación que se hizo, el arraigo y colonización en San Pedro (a 100 km. de Piray). La garra que tenían esa organización, lucharon juntos por la tierra y lo lograron. Nosotros apoyamos sus últimas luchas y eso nos animó totalmente a  luchar por lo nuestro. Visitamos también en Paraguay a un grupo de 300 familias que hacía un tiempo habían entrado en un gran latifundio sojero. Ocuparon 5000 hectáreas. No fue fácil, hicieron varios intentos hasta que lograron permanecer y quedarse ahí, aunque seguían en conflicto. Conocer esta lucha fue muy motivador.

WRM: En conversaciones anteriores con PIP nos comentaron que fueron las mujeres (que se quedaban trabajando en las casas mientras los hombres buscaban empleo) las que empezaron a tomar conciencia de la importancia de tener la tierra. ¿Cómo se dio eso?

Miriam: Entre 1999 y 2000, que fue el momento más difícil por una crisis que atravesaba no solo el país sino las distintas provincias, nos tocó quedarnos las mamás en las casas y los varones -papás, hermanos- iban a trabajar lejos. En esa situación fue que las mujeres nos encontrábamos en las reuniones de la escuela, en la sala de primeros auxilios, y todas contaban lo mismo. La preocupación era que los chicos tenían heridas, problemas de respiración, conjuntivitis, diarrea. Empezaban a tener todos los mismos síntomas y fue entonces que las mujeres empezamos a tener conciencia de que pasaba eso justo en la época de la floración del pino, que el polen que largaba en ese tiempo estaba perjudicando no solo el ambiente de alrededor sino también la salud de nuestras niñas y niños y de las personas más adultas. Fue así que nos dimos cuenta nosotras, las mujeres, que algo estaba pasando y que algo debíamos hacer.

Pensábamos que era fácil. Al empezar obviamente uno no visualiza todo el problema. Le reclamábamos al municipio el tema de salud, de que se retiren más los pinos, que dejen de tirar agrotóxicos, y con el tiempo nos empezamos a dar cuenta que en realidad era una lucha grande. Y ahí empezó todo. Siempre hablando para tener la valentía, el coraje, para seguir resistiendo. Sentir que es una batalla que no se va ha terminar pronto. Ir buscando estrategias para ir avanzando y que muchas veces hay que parar si es necesario para después volver siempre con más fuerza, con más entusiasmo.

Entiendo que el rol de las mujeres en esta lucha por la tierra, fue muy importante, fue esencial. Porque éramos nosotras las que estábamos en el día a día viendo qué alimento poner sobre la mesa y ofrecer a nuestros hijos. Entonces fue como que abrazamos esa lucha por la tierra entendiendo que en esa tierra podíamos producir alimentos y como primer paso solucionar el tema del autoconsumo en la familia.

Entiendo también que las mujeres, a pesar de todos los desafíos que tenemos en el día a día, también somos capaces de soñar, de creer que eso que parecía tan imposible puede ser posible si nos organizamos y luchamos en conjunto entre todos, tanto vecinos, vecinas, como toda la comunidad, ponerse de pie. Y fuimos las mujeres las que empezamos a hablar del tema y a poder contagiar y transmitir a las demás familias e incentivar a que se animen. Esa convicción que tuvimos las mujeres al inicio de nuestra organización en esta lucha por la tierra fue con mucha intensidad, con mucha esperanza, con mucha convicción, mucho compromiso de parte de las mujeres y creo que eso no cambia. Siempre estamos al frente, siempre animando. Si bien hoy es mutuo el trabajo, el compromiso que hay de las dos partes, tanto de los varones como de las mujeres, las mujeres siempre estamos al pie del cañón, como siempre, como empezamos.

El manejo del balance entre el cuidado del hogar, los hijos y la resistencia, para nosotras es una lucha de cada día. Siempre decimos ¿cómo andan, cómo están? Y siempre en la lucha. Siempre preparadas, siempre organizándonos. A pesar de todo lo que hacemos también tenemos tiempo para nosotras. Además de lo que es atender el hogar, lo que es trabajo cooperativo, lo que es organizar las luchas, siempre vamos buscando el equilibrio ¿no? Tomándonos cada parte como corresponde, sin descuidar ninguna.

WRM: ¿Cómo toman las decisiones en PIP hoy? ¿Cuáles fueron los principales cambios en la organización desde que comenzó hasta ahora?

Miriam: Las decisiones siempre se tomaron en conjunto. Se hacen asambleas, reuniones de delegados, se va consultando entre todas y todos y después se decide en una asamblea general. Entonces, si acertamos, acertamos entre todos. Y si nos equivocamos, bueno, nos equivocamos entre todos.

Los cambios que hay siempre son para bien, en el sentido de que se va evaluando qué cosa se puede ir mejorando y a medida que se va planteando se va cambiando, se va mejorando. Pero en las tomas de decisiones seguimos con esa modalidad, con que todos puedan tener su voz, todos tengan oportunidad de plantear propuestas y que podamos ir corrigiéndonos para no equivocarnos. Y si nos equivocamos, volver a retomar y plantearnos de otra manera.

WRM: ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que demoraron o debilitaron la lucha? ¿Cómo los sortearon?

Miriam: El principal obstáculo que se presentó al principio fue que la misma comunidad, la misma gente que estaba dentro de la organización le tenía miedo a la empresa, porque es una multinacional. Algunos inclusive veían con buenos ojos a la empresa, como diciendo “pero ellos dan trabajo”, sin mirar la otra parte que hay detrás de ese trabajo, todo lo que estaban destruyendo. Entonces era convencerles, era sembrar conciencia entre nuestros propios compañeros y después entre la comunidad. Porque la comunidad muchas veces nos vio al principio como los que quieren hacer lío, los quilomberos, los piqueteros. Como que no entendían en definitiva que la lucha no era solo por nuestra organización sino por la propia comunidad, para que no desaparezca, y para que la misma gente no termine desapareciendo del lugar. Eso costó muchísimo al principio.

Bueno, después otro de los obstáculos también fue que nos tuvimos que preparar, porque ¿quién sabía que íbamos a enfrentarnos a una multinacional y que teníamos que conocer algunos derechos, algunos artículos de la Constitución? Empezamos a estudiar algunas cosas, a capacitarnos. Con el tiempo ya aprendimos un montón de cosas. Pero era necesario hacer primero ese proceso, que fue para bien también, porque fuimos creciendo en ese aprendizaje y en esa lucha que hoy nos fortalece un montón.

Otro obstáculo ha sido el desgaste por los largos tiempos del proceso. Fueron muchos años, 14 años de lucha ininterrumpida implica mucho desgaste y fue así que de momentos éramos menos y luego repuntábamos, pero siempre luchando por los intereses de todas las familias. Muchas veces tuvimos que sacar fuerza de donde no había.

Después, en cuanto a cuáles son los obstáculos hoy, y creo que no solo hoy sino en todo el proceso. Como la empresa ve que somos una organización donde nos estamos organizando para seguir peleándoles la parte que nos pertenece de las tierras, lo que siempre hace es meterse con personas dentro de la organización para debilitarnos. Empiezan a salir cada 4 años, en época de votaciones, a buscar votos, y eso siempre es un dolor de cabeza. Parece que no se pierde todavía la mala costumbre de que venga un político y convence, no sé cómo, a algunos compañeros o compañeras a seguir intereses de la empresa y empiezan ahí a dividir las aguas hasta que pasa el tiempo electoral y después vuelve todo a la normalidad. Por eso, uno de los obstáculos que hasta hoy increíblemente todavía sucede es que cada vez que hay elecciones gubernamentales, hay diferencias entre opiniones y acciones que queremos hacer. Se nota, se siente mucho eso. Y después que pasan las elecciones y como que se calma todo y vuelve a la normalidad.

WRM: ¿Hubo un proceso de aprendizaje consciente a lo largo de los años?

Miriam: Creo que en todo este año, el proceso de aprendizaje, de conciencia que tomó cada familia, cada compañera, cada compañero y cada delegado, está mucho más fortalecido que cuando recién comenzamos. Cuando se reclama por algo, cuando se propone alguna estrategia de lucha, cuando se plantea algún tema, alguna inquietud, se nota que los compañeros tienen mucha conciencia a la hora de jugarse, comprometerse, en cómo defender la vida, en cómo defender nuestros territorios y sobre todo en cómo acompañar o ser apoyo de otras organizaciones, otras comunidades que están siendo amenazadas de desalojo.

Ese fuerte compromiso de PIP de seguir acompañando y solidarizándose se nota mucho. En la gente que se va sumando se nota al poco tiempo cuando plantea, cuando propone los temarios, que es con mucha más fortaleza.

WRM: En PIP no solo decidieron recuperar la tierra y ponerla en uso para producción de alimentos, sino que también formaron la Escuela para Adultos, ¿cómo y porqué la organizaron?

Miriam: Sí, dentro de PIP aparte de la resistencia y la lucha por la tierra, de resistir en el territorio, también vamos buscando opciones de poder tener derechos que nos corresponden. Una es tener una escuela de adultos, donde tuvimos una gestión larga y persistente para que se llegue a aprobar un núcleo de estudios, el SIPTEP, que es un sistema de educación integral provincial, donde logramos que nuestra sede sea un núcleo, y está abierto a toda la comunidad.

Hay muchos jóvenes que no terminaron su escuela, su secundaria, mucha gente grande que está haciendo la primaria. Y bueno, para nosotros es un orgullo poder decir que no solo pensamos en nosotros sino en la comunidad.

Otra cosa que también como PIP seguimos haciendo es tratar de ser protagonistas dentro de nuestra comunidad ante los reclamos, los derechos que nos merecemos. Seguimos luchando siempre por la salud, por los caminos, por el agua. Por ejemplo, también avanza un plan para la creación de un Banco de Semillas de PIP, para preservar y revitalizar la biodiversidad local. Tratamos de ocupar ese rol muchas veces de ser la voz de nuestra comunidad y eso también nos fortalece mucho.

WRM: ¿Cuáles serían las cosas más importantes a tener en cuenta en la auto-organización para iniciar y mantener una lucha? ¿Qué cosas habría que evitar o tener cuidado en el proceso?

Miriam: Siempre que tenemos la posibilidad de compartir charlas o reuniones con algunas comunidades, con algunos grupos que están en las luchas también por la tierra, intentamos compartirle nuestra experiencia. Sobre todo decirles que si hay convicción, si realmente creen que tienen derecho, si realmente abrazan esa lucha, con todo, con el corazón, con la conciencia, con el alma, hay posibilidad de que se arme un buen grupo y se pueda ir conquistando a más familias y comprometer no solamente a la gente del grupo sino también a la comunidad.

Una de las cosas que sería bueno tener mucho cuidado es de no resolver las cosas en forma individual. El peligro siempre está ahí. Uno a veces por acelerar las cosas o por querer responder pronto, se equivoca. A nosotros nos pasó, algunos compañeros pasaron por eso. Entonces, siempre tratar de que las tomas de decisiones se hagan en conjunto. Una vez consensuado recién poder avanzar. No importa que se pierda algunos días más, unas semanas más, pero lo importante es que la mayoría esté de acuerdo porque es la única forma en que van a abrazar ese compromiso, esa lucha, y van a empujar hasta que llegue a su meta.

WRM: ¿Consideran importante el apoyo o solidaridad desde fuera?¿Qué tipo de solidaridad que ustedes recibieron consideran fue valiosa o útil?

Miriam: Siempre, siempre es importante el apoyo de los de afuera, ya sea de instituciones, de la misma sociedad, de los medios de comunicación, de funcionarios, de distintos bloques. Porque es así, hay que involucrar a todos, hay que poner el tema sobre la mesa e involucrar a todos los que forman parte de nuestra sociedad.

Entiendo que con nosotros llevó su tiempo. Nosotros tratamos de seguir resistiendo y de a poco fuimos conquistando todos esos actores, que son importantes y que valen mucho a la hora de opinar, a la hora de decidir, a la hora de acompañar, a la hora de visibilizar nuestras luchas.

Siempre es muy importante buscar aliados, y sobre todo aliados que puedan visibilizar todo lo que se está haciendo, todo lo que se está reclamando y que en distintos espacios se hable del tema. Eso es muy importante. Eso a nosotros nos ayudó muchísimo.

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(1) Para más información sobre la lucha del PIP, pueden ver los siguientes enlaces (en español):

Tierra Viva, Despiertan tierras dormidas, Argentina, 2020; Tierra Viva, Productores Independientes de Piray: “Donde había solo tierra dura, ahora crecen alimentos sanos”, Argentina, 2021; y Alianza Biodiversidad, Nélida Almeida: “La agroecología es traer al corazón esos valores que están en la comunidad”, 2022
fuente: Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales
https://www.wrm.org.uy/es/articulos-del-boletin/recuperar-la-tierra-en-misiones-argentina

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