Paraguay_Martín Almada: Nuestro tablero de ajedrez

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Paraguay

NUESTRO TABLERO DE AJEDREZ          

Por Martin Almada (*)
martin.almada.py@gmail.com

Mi primer contacto con el medio juego, medio ciencia, que es el AJEDREZ, fue en una celda de la Comisaria Tercera, conocida más bien como el “Sepulcro de los vivos” de la calle Chile, en Asunción, el 3 de mayo de 1976.  

Fue en ese lúgubre lugar en el que nació mentalmente este primer intento de poema de dolor. (*)

ESA CADENA MUERA DE PENA

Cuatro paredes, un techo plano
una cadena con tres candados
la doble reja de la vergüenza
aloja al pueblo y a sus soldados.
El viento pasa tras la muralla
el aire no entra, muy sofocante
local obscuro, baño por dentro
calor que agota, cuerpo que estalla.
Por un mañana quien un sueño diera
allí resisten moral muy alta
en las tinieblas sigue el combate
de los soldados de la victoria.
Esos candados que injustamente
hoy aprisionan a los patriotas
serán guardados como trofeo
en el museo de la victoria.
Torturadores y criminales
serán juzgados por Tribunales
no más venganza, reine justicia
por los soldados de la victoria.
La doble reja, metal hiriente
una cadena con tres candados
no podrán nunca parar el cambio
que se avecina y que se siente.
Guardias infames, peor que hienas
no podrán nunca parar el cambio
ni la victoria de los de abajo
¡y esa cadena muera de pena!
(*) En la Navidad de 1978, en Panamá, pasé por primera vez en limpio el poema.
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AJEDREZ Y POEMAS

El poeta alemán Friederic Holderin escribió en 1843, año de su muerte: ¿Para qué poetas en tiempo de penuria? El poeta proclamaba que se tenía que resistir y sobreponerse, curar heridas y continuar adelante. Fue mi fuente de inspiración, y así me inicié como poeta y amateur del juego de Ajedrez.

Mis compañeros de prisión eran verdaderos campeones en la materia. Sabíamos que en 1952 ya funcionaba en Asunción la Federación Paraguaya de Ajedrez, pero dicha Federación nunca se dio por enterada de nuestra existencia como ajedrecistas.

Hay que recordar que en aquella época no era bien visto el juego del ajedrez porque, aunque parezca increíble, decían que estimulada mentalmente la lucha de clases. Con este argumento, de difícil lógica, el Ministerio de Educación no permitió su ingreso en las aulas. A pesar de ello, en aquel tiempo había un campeón ajedrecista callejero, Julio Cesar Lezcano, que se ganaba la vida vendiendo periódicos, que se instaló en la calle 15, en el centro de Asunción y que competía jugando al ajedrez básicamente con turistas extranjeros.

En esta celda de la Comisaria Tercera estaban también los líderes máximos del Partido Comunista paraguayo que desde 1958 dirigían esta formación política. Personas como Antonio Maidana, Alfredo Alcorta, Julio Rojas, Ananías Maidana, Virgilio Bareiro, Emilio Barreto Davalos, Dimas Prisciliano Acosta, Alfonso Silva, Felipe Vera Báez, Rogelio Mora y Antoliano Cardozo. Junto a ellos estábamos Ignacio Chamorro, (liberal) y yo, militante del MOVIMIENTO POPULAR COLORADO (MOPOCO).

AL CAMPO DE CONCENTRACION 

El 7 de setiembre de 1976 fuimos trasladados a Emboscada, Campo de Concentración a 45 Km de Asunción, con más de 400 prisioneros políticos. En ese lugar se incorporaron al juego-ciencia nuevos ajedrecistas, también campeones, como Roberto Paredes, Juan Salazar Villagra, Mauricio Svhvartzman, Victorio Villalba Suarez, Luis Alberto Wagner, Antonio Bonzi, Carlos Salaberri, Odón Oviedo, Rubén Orue, Carlos Fontclara y otros.

Inicialmente, la actividad ajedrecista comenzó con un torneo relámpago exclusivamente entre los que venían de la Comisaria Tercera, luego se fue generalizando hasta llegar a un torneo en serio que movilizaba a toda la población del campo de concentración.

El ganador, con una amplia sonrisa, abrazaba al perdedor y este le decía que era imbatible, como José Raúl Capablanca.  ¿Quién fue Capablanca? Un cubano que nació en 1888 y murió en 1942, a los 53 años de edad. Fue apodado “el Mozart del Ajedrez”. Empezó a jugar a los 4 años de edad y llegó a ser campeón mundial.

SIN NOVEDAD EN LA GUARDIA.

La aspiración máxima de nuestro carcelero era firmar en el libro del día: “Sin novedad en la guardia” y su máxima preocupación era la conducta de los presos. No podía entender como el juego del diablo, el ajedrez, levantaba tanto la moral de sus víctimas por culpa de José Raúl Capablanca (1888/1942) y sus socios(?): Carlos Marx (1818/1883), Fidel Castro (1926-2016), Mao Tse  Tung (1893/1976) y León Trotsky (1871-1940). No es necesario comentar la increíble lista de socios, el denominador común de los cuales era la ideología marxista que defendian, aunque todos fueran buenos jugadores de ajedrez.

Nuestros guardianes no tenían la mínima noción del tiempo y del espacio. En cuanto a los temas políticos que abordaban, provocaban, con sus palabras mal empleadas, un auténtico diluvio de estupideces. A pesar de todo ello, de la incultura de nuestros guardianes y de lo absurdo de sus planteamientos, la situación de los detenidos transcurría por derroteros de aburrimiento y pérdida de tiempo. En medio de esta aparente calma, nunca dejamos de resistir y realizar protestas contra la injusticia carcelaria, cruel e inhumana. Sobrevivimos así con dignidad.

EL AJEDREZ ESCOLAR COMO HERRAMIENTA EDUCATIVA.

Gozar de la compañía obligada de Mauricio Schvartzman fue un privilegio. Enseguida llamaba la atención por su elevada estatura de más de 2 metros y brillante inteligencia. Era un destacado militante del Partido Comunista y sociólogo de formación por la Universidad de Buenos Aires con especialización de post grado en la Universidad de Montevideo, en Uruguay. Todo lo social y económico le interesaba vivamente. Era un auténtico intelectual universal de nuestro siglo.

A fin de superar la chatura intelectual de nuestra sociedad y provocar el saneamiento moral de la Republica, soñábamos con una auténtica democracia. Para el efecto, y como instrumento importante para ayudar a conseguir nuestro sueño, pensábamos en promover juntos una campaña en favor del ajedrez escolar como herramienta educativa para despertar a los dormidos y organizar a los despiertos.

Cerramos este capítulo repitiendo las palabras de Don Quijote de la Mancha que dice: “Cambiar el mundo amigo Sancho, no es locura, ni utopía, sino JUSTICIA”.

(*) https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Almada

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