Ecuador_Mujeres de Frente: resistencia y dignidad  

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Mujeres de Frente: resistencia y dignidad  

Raúl Zibechi

https://jornadabc.com.mx/

03/12/2021 

Una de las alegrías profundas que me ha deparado la pandemia, pese a todos los dolores, es haber conocido a nuevas organizaciones, siempre abajo y a la izquierda, en diversos países de nuestra América. Teia dos Povos (Red de Pueblos) es una de ellas, que reúne comunidades indígenas, negras y campesinos sin tierra. Realiza la séptima jornada de agroecología en Bahía (Brasil) a fines de enero (https://teiadospovos.org/).

Al calor de la revuelta colombiana «descubrimos» Canal 2 de Cali (canal2.co), televisora comprometida con la calle, y Radio Contagio de Bogotá (contagioradio.com), con las que emprendimos el camino de coordinar medios independientes, alianza que esperamos ampliar a todo el continente.

Otra organización que desconocía es el colectivo Mujeres de Frente, que nació en la cárcel de Quito en 2004, «conformado por mujeres presas y no presas, embarcadas en un proceso de investigación-acción feminista antipenitenciaria».

En su página se definen como «una comunidad de cooperación y cuidado entre comerciantes autónomas de las calles, recicladoras, trabajadoras del hogar, estudiantes universitarias, profesoras, artistas, mujeres excarceladas, familiares de personas en prisión, niños, niñas y adolescentes» (https://mujeresdefrente.org/).

Las decenas de compañeras de abajo que integran Mujeres de Frente (como comprobamos en un taller sobre autonomías) se dicen «sexualmente diversas» y casi todas son del color de la tierra: indígenas, afrodescendientes, mestizas y «cholas blanquedas», como se nombran, lo que las diferencia de los feminismos de clases medias, blancas y académicas.

Eligieron trabajar en los espacios donde conviven, a partes iguales, los dolores y las resistencias. Nacieron en la cárcel, pero arraigaron «donde el tejido social es cotidianamente desgarrado por las dinámicas de acumulación de capital y del Estado penal», que las condena a la exclusión.

Como son mujeres de abajo, trabajan la autonomía material para no depender ni de políticos ni de patrones. En el centro de Quito crearon la Casa de las Mujeres, espacio de encuentros donde circulan personas y saberes, abierto a diversos colectivos y donde funcionan la Escuela de Formación Política Feminista y Popular, el Espacio de Wawas (para niños y niñas), la cocina y el comedor popular, un ambiente para talleres y reuniones, el Taller de Costura y La Canasta Comunitaria de Alimentos.

Con otros colectivos han creado la Alianza contra las Prisiones, porque consideran que la inmensa mayoría de las mujeres y varones presos en América Latina están en la cárcel por «delitos de pobreza», o sea robos de celulares, animales de crianza y el narcomenudeo. Denuncian la creciente criminalización de la migración, «delito» que afecta siempre a las personas más pobres.

El Taller de Costura es un espacio productivo y de aprendizaje, donde las máquinas y los saberes se comparten, así como el producto de las ventas. La Canasta Comunitaria de Alimentos, que también funciona en la casa, es «una solución colectiva al problema del hambre» y un emprendimiento productivo de un grupo de mujeres. Hacen compras colectivas al por mayor abaratando precios al negociar directamente con los pequeños campesinos que producen alimentos orgánicos.

Casi todas las integrantes de Mujeres de Frente son jefas y cabezas de hogar que no pudieron trabajar durante los primeros meses de la pandemia, ya que sufren persecución policial y estatal si salen a las calles a reciclar, a vender o a desarrollar cualquier otra actividad. Crearon una red de 70 mujeres para acompañarse y enfrentar juntas los momentos críticos.

Se inspiran en la educación popular y en la investigación-acción participativa, publican un periódico al que titularon Sitiadas, que es como se sienten las mujeres de abajo, con un lema que reza: «Reflexiones sobre el Estado punitivo y el sostenimiento de la vida sin Estado».

El tercer número, que puede encontrarse en su página, refleja testimonios de vendedoras ambulantes, trabajadoras domésticas y mujeres que, no teniendo empleo fijo, deben hacer de la calle su espacio primordial para sostener la vida. Todas denuncian el racismo imperante, la represión policial y lo que definen como «la guerra de los ricos contra nosotras, en la que la estrategia es despojarnos, herirnos, confundirnos, matar nuestra confianza, debilitar nuestra capacidad de lucha».

Tienen claro que es el Estado el que hace la guerra, que aprovechó la pandemia para intentar «una limpieza de nosotras comerciantes», destruyendo sus carpas y productos para erradicarlas de la calle, llevándolas al borde de la sobrevivencia porque comen de lo que venden cada día.

Hasta hoy se mantienen firmes, porque no tienen otra vía que luchar para que coman sus hijos. Pero, sobre todo, porque todas sus vidas han sido dolor y resistencia, porque no conocen otra vida que no sea tejerse con otras como ellas; ese modo de vida de los de abajo que llamamos dignidad.

fuente: https://jornadabc.com.mx/opinion/mujeres-de-frente-resistencia-y-dignidad-raul-zibechi/

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Quito Rebelde II: Mujeres de abajo, Mujeres de Frente

Raúl Zibechi

https://desinformemonos.org/

1 agosto 2022 

“Somos feminismo popular, autónomo y anticapitalista”, explica Andrea en la enorme sala de la cocina y comedor ubicada en el tercer piso de un viejo edificio frente a la Plaza del Teatro, en el centro histórico de Quito. A nuestro alrededor se mueven decenas de mujeres con sus hijos e hijas, rostros curtidos por la vida en prisiones o a la intemperie como vendedoras ambulantes.

Mujeres de Frente ocupan cinco pisos del edificio –cedido en comodato por la alcaldía- donde se suceden la cocina y el comedor, el espacio de guaguas (niñas y niños), el taller de costura, otro piso vacío que alojará una biblioteca y la azotea donde instalarán un huerto urbano.

En su espacio funcionan varias iniciativas: la Escuela de Formación Política Feminista y Popular en la que participan unas 40 mujeres, el Espacio de Wawas (para niños y niñas), la cocina y el comedor popular donde arman la Canasta Comunitaria de Alimentos (compran al por mayor a pequeños campesinos y reparten al menudeo entre las militantes) y el Taller de Costura que vende en puestos de mercado y online.

Mujeres de Frente es una comunidad de mujeres racializadas por su color de piel y criminalizadas por lo que llaman “delitos de la pobreza”, venta al menudeo de drogas y pequeños hurtos, sobre todo celulares. También se definen como “nómades”, ya que muchas de ellas migraron de sus pueblos o del exterior, porque no tienen nada propio y han vivido en varios lugares, porque vienen de la lucha, “de la cárcel, de la calle, del maltrato, de buscarse la vida”.

La compañera que nos enseña los espacios, Heidy, explica en detalle cómo funciona el Taller de Costura: “Empezamos con tres máquinas industriales y ya tenemos ocho”. Las consideran un medio de producción puesto en común y combinan aprendizaje y producción, porque muchas no conocen el oficio. Se trata de compartir conocimientos. Confeccionan y arreglan prendan y en ocasiones trabajan por pedidos.

Lo más interesante es cómo reparten el producto de las ventas: “En asamblea discutimos los criterios para repartir los ingresos. Por ejemplo, una costurera joven que trabaja muy rápido, puede ganar mucho más que una anciana que va lento. Pero nos proponemos evitar la desigualdad de ingresos y eso nos lleva a compartir lo que se recauda”. Además, han establecido un par de reglas muy estrictas: no faltar y mantener los espacios limpios.

Convertirse en sujetas colectivas

En la Escuela de Formación Política están intentando reconstruir la historia del Ecuador, para lo que fueron armando los árboles genealógicos de las compañeras y los de oficios, que se entrecruzan y apuntan que casi todas son jefas y cabezas de hogar que sufren persecución policial y estatal si salen a las calles a reciclar, a vender o a realizar cualquier otra actividad.

Por un lado, se consideran “mujeres excarceladas, familiares de personas en prisión, comerciantes autónomas de la calle, recicladoras de residuos urbanos, trabajadoras remuneradas a destajo, estudiantes y profesoras”. Por otro, sostienen que el problema principal que enfrentan es “la destrucción cotidiana de los hilos que tejen las comunidades urbanas”, por eso a través de la Escuela pretenden “comprender cómo las cuchillas de las élites cortaron y siguen desgarrando los hilos de nuestras tramas, y precisamos devolvernos a los caminos de nuestros pueblos”.

En el taller de la Escuela participaron 46 mujeres y conseguimos disparar el debate sobre las migraciones rural-urbanas. Muchas mujeres recordaron los latigazos del patrón y cómo eran vendidas por sus padres y madres para servir en la hacienda, prácticas que continúan hasta el día de hoy. Muy a su pesar, interiorizaron el brutal patriarcado de la “hacienda huasipunguera” (1), que lo llevaron en sus almas y cuerpos hasta la ciudad, donde suele reproducirse en las relaciones cotidianas y también en las organizaciones.

Este es uno de los principales desafíos de Mujeres de Frente: liberarse colectivamente de las opresiones interiorizadas durante cinco siglos, que son difíciles de superar porque resultan casi naturales, aunque depredadoras de cada quien y del entorno.

Junto a otros ocho colectivos –de derechos humanos, anti-prisiones, de apoyo a migrantes y medios alternativos-, han creado la Alianza contras las Prisiones, en defensa de las mujeres y varones presos por “delitos de pobreza”. Del mismo modo, defienden a quienes sufren criminalización por ser migrantes, ya que se trata de “delito” que afecta siempre a las personas más pobres.

El Manifiesto de la Alianza sostiene que “la prisión es un experimento de represión y anulación de la vida psíquica para que nosotros mismos construyamos nuestras propias prisiones, en nuestros vínculos y deseos” (https://bit.ly/3vmkp81). Ensayan una mirada anti-estatal y anti-patriarcal de las prisiones, “una mirada que reconstruya los puntos de vista de las mujeres y las personas disidentes de género atenazadas por el Estado penitenciario”.

Feminismo de abajo

Quienes trabajan por la abolición de las prisiones rechazan la lógica estatal; siendo mujeres racializadas, desembocan en un sentimiento de rechazo al colonialismo y al patriarcado. Concluyen que “cada vez más, los Estados hallan en el encierro una solución a los problemas sociales” porque, no son capaces de imaginar otros caminos.

Andrea esboza una reflexión clarificadora: “Sabemos que somos una excepción, porque el feminismo urbano es blanco y académico”. Son mujeres de abajo que no aspiran a escalar en el sistema, sino a permanecer donde siempre estuvieron, pero con dignidad y solidaridad con sus compañeras. Las pocas que vienen de sectores medios, optaron por “bajar y no subir”, una ética zapatista que parece necesaria para hermanarse con las oprimidas.

Un forma de hacer y pensar que recuerda los conceptos del brasileño Yedo Ferreira, miembro del del Movimiento Negro Unificado. A sus 88 años hace una reflexión bien importante: “La militancia es un movimiento de elite. Somos elite en relación a la masa de la población negra, por los estudios. No somos elite económica, porque nadie tiene dinero, pero sí por los estudios” (https://bit.ly/3Q3Y2vQ).

En este período donde predomina una cultura política del interés personal, Mujeres de Frente es un referente ineludible, por su nítido posicionamiento ético. Como señala el editorial del periódico Sitiadas, “tenemos con nosotras la insurrección y la lucidez”. Se saben diferentes a esa ciudadanía de clase media y se sienten fuertes al poder sostener la vida en medio del castigo y el estigma.

“Pese al desgarramiento de nuestras comunidades, luchamos para recuperar nuestra historia. Lejos de la política oficial construimos sentidos comunes, apegados a tramas colectivas en donde cabemos todas. Tenemos la fuerza creativa del afán de sobrevivencia y de la vida en paz” (https://bit.ly/3zFWov9).

(1) En la historia del Ecuador, en ese tipo de hacienda se entregaba una parcela a los indígenas a cambio de su trabajo en lugar de recibir una remuneración monetaria. En ella la población indígena construía chozas y usaba la tierra circundante para cultivar alimentos. Se trata de una de las formas de explotación del trabajo que fue abolida por las reformas agrarias de 1964 y 1974.

fuente: https://desinformemonos.org/quito-rebelde-ii-mujeres-de-abajo-mujeres-de-frente/

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