Argentina_Miguel Bru: Vigilia a 30 años de su secuestro y desaparición

Miguel Bru: Vigilia a 30 años de su secuestro y desaparición
Este 17 agosto se cumplen tres décadas del secuestro, torturas, asesinato y desaparición del estudiante de periodismo de la UNLP en la Comisaría Novena de La Plata. Como todos los años se convoca a participar de la vigilia frente a esa dependencia policial, en las calles 5 y 59.
En 1993 Miguel Bru tenía 23 años y estudiaba en la Facultad de Periodismo y Comunicación de Social de La Plata, cuando fue detenido ilegalmente y torturado hasta su muerte por policías de la Comisaría novena. Su cuerpo fue desaparecido, y hasta el día de hoy no ha sido hallado.
En 1999 los policías Walter Abrigo y Justo López fueron condenados a prisión perpetua como autores materiales del crimen. En el mismo juicio recibieron una pena de tres años el comisario de la Novena en ese momento, Juan Domingo Ojeda, y el suboficial Ramón Cerecetto. En los últimos días, antes de cumplirse 30 años del secuestro y desaparición, se realizaron nuevos rastrillajes en busca de Miguel.
Este jueves 17 se realizará, como todos los años, una vigilia frente a la comisaría partir de las 19 horas hasta las 2 de la madrugada, que fueron las horas en que la Policía Bonaerense lo secuestró, torturó y asesinó, para luego desaparecer el cuerpo.
Además habrá una radio abierta con entrevistas a familiares de víctimas de violencia institucional y referentes de derechos humanos, proyecciones, actuará “Danza por la Identidad” y la murga “Mandale Murra”. Por otra parte, se realizará la inauguración de la muestra de fotos colectiva “¿Dónde está Miguel?” este miércoles 16 de agosto a las 15 horas en el Espacio para la Memoria ex Comisaría 5ta-Filial La Plata de Abuelas de Plaza de Mayo, en Diagonal 74 nro. 2873
Enviado por Equipo de Prensa y Comunicación CTAA Bonaerense

A 30 años del secuestro, torturas, asesinato y desaparición de Miguel Bru en la Comisaría Novena de La Plata, el jueves 17 de agosto convocamos a una nueva vigilia frente esa dependencia policial, en las calles 5 y 59.
A partir de las 19 y hasta las 2 de la madrugada, durante las mismas horas en las que aquel 17 de agosto de 1993, la Policía Bonaerense lo ingresó en la Novena para torturarlo hasta que lo sacó muerto para desaparecerlo.
Hoy, aún sin saber qué hicieron con él, con su mamá Rosa y su familia seguimos exigiendo saber ¿Dónde está Miguel?.
Habrá radio abierta con entrevistas a familiares de víctimas de violencia institucional y referentes de derechos humanos, proyecciones, actuará Danza por la Identidad y la murga Mandale Murra.
Muestra de fotos ¿Dónde está Miguel?
Además, en el marco de este aniversario, invitamos a la inauguración de la muestra de fotos colectiva ¿Dónde está Miguel? el 16/8 a las 15 en el Espacio para la Memoria ex Comisaría 5ta-Filial de La Plata de Abuelas de Plaza de Mayo, en Diagonal 74 nro. 2873.
Estarán Rosa Bru, Presidenta de la Asociación Miguel Bru (AMB); Leonardo Fossati, nieto restituido y Coordinador del Espacio de Memoria ex Comisaría. 5ta.; Florencia Saintout, Presidenta del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires; Andrea Varela, Vicepresidenta institucional de la UNLP; Matías Moreno, Subsecretario de DDHH de la provincia de Buenos Aires; Ayelén Sidún, decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (UNLP); Valentina González de la Agrupación Rodolfo Walsh de esa facultad; Gabriela Hernández y Laura Sottile, curadoras de la muestra de fotografías.
La muestra podrá visitarse de lunes a viernes de 10 a 16 hasta el 28 de agosto.
Las imágenes hacen un recorrido desde la desaparición de Miguel hasta hoy con momentos clave del proceso de búsqueda de justicia incluyendo las marchas, el juicio a los policías condenados, las búsquedas, las vigilias, el rol de Rosa como referente de derechos humano y el reconocimiento a su lucha, y el trabajo de la Asociación Miguel Bru, entra otras.
Miguel tenía 23 años cuando lo desaparecieron. En estos 30 años ya se realizaron más de 40 rastrillajes de búsqueda. Su familia y AMB continuamos buscando la verdad: que el único detenido, Justo José López, los otros policías implicados o cualquier persona que sepa algún dato, cooperen para poder encontrarlo. El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires ofrece una recompensa de hasta 5 millones de pesos a quien aporte información que permita encontrar su cuerpo.
Miguel Bru
El 17 de agosto de 1993, marca un antes y un después en la historia del gatillo fácil en la Argentina. Desapareció Miguel. Tenía 23 años y estudiaba en la Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social – hoy Facultad, con una de sus sedes bautizadas con el nombre de Miguel- de la Universidad Nacional de La Plata.
Desde ese trágico día, sus familiares, amigxs y compañerxs nos preguntamos “¿Dónde está Miguel?”, un interrogante que pronto se convirtió en la consigna desde la cual nos convocamos y encaramos la lucha. Con ella pintábamos banderas y titulábamos los volantes y comunicados de prensa que entregábamos en lugares públicos, plazas, facultades y en los barrios.
A Miguel, sus familiares y todos sus amigxs y compañerxs de Universidad lo recordamos como una persona muy buena, generosa, de Boca, le encantaban los animales y siempre estaba acompañado por sus perrxs Dago y Magui. Un tipo muy afectivo y cariñoso que no soportaba los atropellos. Amaba la libertad por sobre todas las cosas.
Cristian Alarcón, amigo de Miguel, quien con su investigación periodística en el diario Página 12, fue uno de los impulsores para que se supiera la verdad, escribió: “Miguel era parte de una gran banda que sabía pasarla bien, aunque golpeada, solía caminar en zigzag en grandes patios llenos de rock cuando éramos universitarios y estudiábamos periodismo en lo que llamábamos la Escuelita. Solíamos escaparnos irresponsablemente de las clases aburridas para seguir el ritmo de la ciudad donde en esa época los pibes no querían dormirse y todo devenía en festejo, ruidos de baterías punkies, cierta nube de precoz desesperanza mezclada con la candidez y la virginidad más desenfadada que haya conocido”.
Sabíamos de los abusos y atropellos de la policía, resabios de la dictadura militar, como las detenciones de jóvenes por averiguación de antecedentes, que luego eran sometidos a provocaciones, malos tratos o torturas, y en el peor de los casos asesinados. Eran conocidos entonces los casos de Maximiliano Albanese, asesinado por policías en la puerta de un boliche bailable; de Andrés Núñez, un albañil asesinado por la Brigada de Investigaciones de La Plata; de Walter Bulacio, asesinado por efectivos en un recital de la banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota; entre otros.
Miguel vivía en una casa tomada, con tres amigos, integrantes de Chempes 69, la banda de música donde cantaba. Allí fueron víctimas de dos allanamientos violentos por personal del Servicio de Calle de la Comisaría Novena de La Plata. El primero, sin orden de allanamiento, con la excusa de que los vecinos habían denunciado ruidos molestos, aunque nunca se supo quién fue el denunciante, el segundo aduciendo un supuesto robo a un quiosco que nunca existió. La policía nunca reconoció estos hechos. En el primer allanamiento rompieron varios instrumentos y se llevaron a algunos detenidos, sin encontrar lo que buscaban.
Miguel, creyendo que se protegía, denunció al personal policial. A partir de eso empezó a ser víctima de un hostigamiento constante de parte del Servicio de Calle de la Novena. Lo amenazaban diciendo que si no retiraba la denuncia lo matarían, lo insultaban y perseguían a paso de hombre con sus autos.
Un día fue a cuidar la casa de unos amigxs que vivían en el campo, a 50 kilómetros de la ciudad de La Plata, y desde entonces nunca más volvimos a verlo. Cerca, en la orilla del Río de la Plata, aparecieron su bicicleta y su ropa. Su mamá recorrió varias comisarías donde no le quisieron tomar la denuncia por desaparición, y tampoco quisieron buscarlo. Las sospechas se convirtieron en la terrible certeza de que Miguel era otra víctima más del atroz accionar del personal policial. La Comisaría Cuarta de Villa Arguello de Berisso tomó la denuncia porque el padre de Miguel prestaba servicio en esa dependencia.
¿Dónde está Miguel?
Miguel Bru fue secuestrado, torturado hasta la muerte y desaparecido el 17 de agosto de 1993 en la Comisaría Novena de La Plata. Fue el primer desaparecido en democracia. Este crimen de Estado se convirtió en un caso testigo por el proceso de lucha en reclamo de justicia , el apoyo social, la gran repercusión mediática, y la resolución judicial que tuvo.
A pesar del argumento “si no hay cuerpo, no hay delito”, utilizado por los genocidas responsables de la desaparición de personas durante la última dictadura militar, las torturas y el asesinato pudieron comprobarse a través de otras pruebas. En un fallo inédito, en 1999 se logró la condena por homicidio en un caso de desaparición.
Reclamos de justicia
A pesar de haber sido condenados en mayo de 1999, los policías Justo López, Juan Domingo Ojeda y Ramón Ceresetto recién fueron detenidos un año y tres meses después.
Luego de la sentencia los abogados defensores interpusieron una apelación pidiendo la libertad de los asesinos y encubridores. Por eso cuando finalizó el juicio, comenzamos otra etapa de lucha en reclamo de justicia para que quede firme la sentencia, con nuevas movilizaciones y una vigilia que duró más de cien días. Rosa se instaló en una casilla rodante frente al Tribunal de Casación provincial donde vivió más de tres meses reclamando que confirme la sentencia. Una de esas noches recibió la visita de León Gieco quien fue a manifestarle su apoyo.
Finalmente, en septiembre de 2000 la Sala I de la Cámara de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires confirmó la sentencia y fueron detenidos López, Ojeda y Ceresetto.
En 2003, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires dejó firme la condena a López y Abrigo. Walter Abrigo murió el mismo año de un paro cardíaco cuando jugaba un partido de fútbol en el penal de máxima seguridad de Florencio Varela.
López obtuvo salidas transitorias y en 2014 recibió la libertad condicional. Pero en 2017 un fallo del Tribunal de Casación Penal ratificó la continuidad de su detención. Hoy, el único detenido de los asesinos es Justo López, quien nunca aportó un dato que permita encontrar a Miguel.
El juicio
Sin un juez corrupto al frente de la investigación penal, y con la presión ejercida por el estado público que había tomado el reclamo de justicia, las pruebas se sumaron y fueron irrefutables. En 1996 el Juez Ricardo Szelagowsky ordenó la detención preventiva del subcomisario Walter Abrigo, e imputó al comisario Juan Domingo Ojeda y al efectivo Ramón Cerecetto. En 1997, en respuesta al pedido de absolución que presentaron los abogados de los cuatro policías imputados, Rosa se instaló con una carpa varios días frente al Juzgado para exigir que no dieran lugar a ese pedido.
El 28 de abril de 1999, seis años después de la desaparición de Miguel Bru en la Comisaría Novena, comenzó el juicio oral y público. López llegó al juicio en libertad ya que sus abogados defensores habían pedido la excarcelación argumentando que había estado tres años con prisión preventiva sin sentencia.
Durante dos semanas de extensas audiencias, declararon alrededor de 70 testigos. Además de los testimonios de los detenidos, fue fundamental la pericia caligráfica sobre el libro de guardia de la Comisaría, en donde figuran la entrada y salida de los detenidos. Quedó demostrado que habían escrito el nombre de Miguel Bru, pero lo borraron, y encima del borrón asentaron el nombre de otro detenido.
La medianoche del 17 de mayo de 1999 el tribunal integrado por los jueces Eduardo Hortel, María C. Rosentock y Pedro Luis Soria condenaron a prisión perpetua a los policías Justo José López y Walter Abrigo, acusados de tortura seguida de muerte, privación ilegal de la libertad y falta a los deberes de funcionario público, y también por apremios ilegales contra otro detenido, Roberto Díaz . Juan Domingo Ojeda y Ramón Ceresetto fueron condenados a dos años de prisión e inhabilitación de seis y cuatro años respectivamente para ejercer cargos públicos. Pero solo quedó detenido Abrigo. La sentencia fue apelada por la defensa de los condenados, quienes siguieron en libertad hasta el año 2000.
Los testigos y el Jury a Vara
Uno de los presos que estaba en la Comisaría Novena el 17 de agosto de 1993, era Horacio Suazo, quien testigo de las torturas a Miguel. Esa noche desde su celda les gritaba a los policías “que le hicieron a ese pibe”. Suazo le contó a su hermana, Celia Giménez, quien conocía a Miguel, todo lo que había visto. Meses después, una vez liberado, fue asesinado en un operativo con pruebas “armadas”. Celia declaró lo que sabía ante Vara, pero el juez no volcó el testimonio en el expediente. “Ella era prostituta y no quise embarrar la causa”, le dijo a la madre de Miguel. Fue Rosa quien buscó a Celia y registró su testimonio con un grabador escondido en su cartera. Pocos días después, entregó la cinta a un diario que publicó el texto.
Ante la repercusión de esta noticia y el reclamo de justicia Vara no tuvo más opción que llamar a declarar a otros detenidos. Seis testigos permitieron acreditar que Miguel Bru fue ingresado en la Comisaría Novena el 17 de agosto de 1993 después de las 19 hs. Los presos, al escuchar los gritos de Miguel, espiaron por las ventanas de sus celdas y vieron cómo era torturado hasta la muerte con la práctica denominada submarino seco: golpes en el estómago con una bolsa de nylon en la cabeza que produce asfixia, un método también utilizado durante la dictadura.
Vara se vio obligado a ordenar la detención de Justo López, en junio de 1995. A partir de la investigación promovida por varias denuncias sobre su actuación irregular, la Procuración de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires Meses lo apartó de la causa. Fue suspendido y finalmente sometido a un jury de enjuiciamiento en 1998, donde resultó destituido por el encubrimiento en 27 causas distintas en las cuales siempre estaba involucrado personal policial.
Contra la impunidad policial y judicial
Tras la desaparición de Miguel Bru, encabezados por Rosa, su mamá, empezamos a movilizarnos y desde la Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social – hoy Facultad, que lleva el nombre de Miguel- de la Universidad Nacional de La Plata, generamos una estrategia para instalar el caso en los medios de comunicación. Miles de personas marcharon por las calles de La Plata, encolumnadas tras la bandera “Dónde está Miguel”. Desde Periodismo empezamos a elaborar los documentos políticos y periodísticos, que firmábamos como Comisión de Familiares, Amigxs y Compañerxs de Miguel.
Desde el principio tuvimos que luchar contra la impunidad policial y la complicidad judicial. El por entonces juez de la causa, Amílcar Vara, se negaba a vincular la desaparición de Miguel con la policía aseguraba públicamente “mantengo la íntima convicción de que Miguel está vivo”. En sus oficinas, varias personas escucharon frases tales como “mirá lo que parece en esta foto. Seguro que era homosexual y drogadicto”, e incluso llegó a decirle a Rosa Bru, sin fundamento alguno, “sospecho que se ha ido con alguna chica a Brasil”.
Vara no volcaba en el expediente las declaraciones que vinculaban a los policías, mantenía la carátula de la causa como averiguación de paradero y tampoco le permitía a Rosa intervenir en la misma como particular damnificado, alegando que “si no hay cuerpo, no hay delito”. Sus fundamentos fueron cayendo a medida que se aportaban más pruebas que incriminaban a la policía.
Otro gran obstáculo fue el “espíritu de cuerpo”, accionar histórico de encubrimiento y complicidad de las fuerzas de seguridad. Pedro Klodzyc, jefe de la policía bonaerense en ese momento, hoy recordado como uno de los máximos impulsores de la llamada “maldita policía”, afirmaba que “no hay ningún nexo que permita vincular el accionar de personal policial con la desaparición de Bru”, a pesar de las declaraciones de los familiares y amigxs que denunciaban que Miguel había sido hostigado y amenazado por efectivos.
Fuente: https://asociacionmiguelbru.org.ar/
asociacionmiguelbru@gmail.com

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- 16 agosto, 2023 / 12:02
- Etiquetas:
- Argentina, Homenaje, memoria, Miguel Bru, Ni olvido Ni perdòn

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